martes, 21 de febrero de 2017

Los franquistas salen del armario

Ya iba siendo hora de que Cebrián dejara de engañar y reconociera expresamente lo que es: un franquista. Lo hace introduciendo una inverosímil gradación: su familia era franquista, pero no tanto como la de Aznar. Pura miseria. El franquismo es un modo de ser, de pensar y de hablar. Puede que haya alguna distancia entre un hijo de un franquista y otro, pero será siempre mucho menor que la que haya entre cualquiera de estos dos y una persona normal de la calle. Porque ¿qué define el franquismo? Desde luego, hubo y hay franquistas muy variados: algunos eran monárquicos, otros sindicalistas, otros católicos, otros ateos, unos aristócratas, otros plebeyos. Pero todos, absolutamente todos, daban por buena una farsa de Estado regido por un puñado de delincuentes que impuso la arbitrariedad, la ley del más fuerte como el ordenamiento jurídico y definió toda la vida social en función de sus parámetros católicos, autoritarios, despóticosy conformistas. Todos los franquistas piensan que su idea es la única válida y las demás deben someterse, silenciarse o suprimirse.

El caso de Cebrián lo ilustra muy bien. Probablemente no sea tan estúpidamente fascista como Aznar, pero está lejísimos de tener una actitud de apertura mental y respeto por lo que no sean sus manías, aceptable en una sociedad moderna. Su idea de que la memoria histórica es admisible, pero no una ley que la consolide, afiance y haga productiva revela el fascismo disfrazado de buena conciencia de esta caterva de hijos de los vencedores de la guerra. ¡Estaría bueno que no le pareciera bien que la gente tenga memorias! Solo falta a estos siervos ponerse a decidir lo que la gente pueda pensar o no. No quiere Ley de la Memoria histórica porque, en el fondo, como todos esos mansos historiadores del olvido lo que trata es de conseguir que las víctimas y sus allegados no protesten, que se resignen, que se callen, para que ellos puedan seguir disfrutando de su posición de gente abierta y democrática.

En cuanto a Cataluña, el fascismo le sale a Cebrián por la orejas. Nada de independencia, nada de consulta o de referéndum. Como el caudillo Franco. Palo y tente tieso: los independentistas a los tribunales. Y, si hay que enviar a la Guardia Civil para meter en cintura a los independentistas, s la envía. Su idea de España es la única válida y quien proponga otra (o ninguna) que se atenga a las consecuencias. No hay diferencia alguna entre Vidal Quadras, Albiol, Alfonso Guerra y Juan Luis Cebrián. Todos creen que someter por la fuerza a los catalanes, inhabilitar o encarcelar a sus dirigentes, suprimir sus instituciones, quebrantar sus derechos es lo que debe hacerse. Exactamente igual que Franco

Largando trapo

Si yo estuviera en la cofradía de Díaz o en la cuadrilla de López empezaría a preocuparme en serio. Con todos los medios en contra, como todos los barones del partido y los órganos de este y con un gobierno hostil, la candidatura de Sánchez se robustece por momentos, levanta expectativas y genera apoyos multitudinarios en las bases. Díaz hace campaña con cargos institucionales y duda si presentar su candidatura. López predica su talante conciliador ante exiguas audiencias. Solo Sánchez reúne apoyos suficientes entre la militancia para ser un candidato creíble.

La prueba ayer en el Bellas Artes era determinante: presentarse en Madrid, villa y corte. La convocatoria fue un éxito de asistencia, el aforo del teatro Fernando de Rojas y otro tanto que se quedó fuera y siguió el acto por una gran pantalla. Estuvo bien planificado, pues se trataba de hacer público el documento base de la candidatura para elaborar una alternativa a lo que se presente en el congreso. No era un mitin, ni una celebración de aniversario o una romería, sino una somera presentación de un texto político-ideológico y propositivo y se había buscado la asistencia de publicistas en general. Era un modo de medir fuerzas de antemano. Y se excedió el aforo.
Mucha gente se quedó fuera haciendo cola, como se ve en la foto de Alberto Blázuqez Sánchez. Esto dio pie al candidato a prometer un encuentro en breve con la militancia en Madrid; un mitin, es de suponer.

El acto evidenció el punto fuerte y el débil de la candidatura de Sánchez. El fuerte: su apoyo es la militancia y los simpatizantes; los barones rezongan en off. El débil: la edad media de la asistencia, muy elevada, lo cual habla mucho de la lealtad de los militantes pero poco sobre su sentido de innovación. Quizá por ello los oradores -también muy representativos del corte generacional de la asistencia- insistieron en que se emplearán a fondo en el empleo de las nuevas tecnologías (todavía dicen "nuevas tecnologías")  con el mensaje subliminal de que sea un método de rejuvenecer su partido. El digital gap, vamos. Dos exministras (o casi) y dos cargos institucionales intermedios del partido, de la generación del Programa 2000, restan crédito a ese firme propósito de reconstruir, renovar, etc.

El documento, llamado por una nueva socialdemocracia está condenado a ser conocido como el "programa de Sánchez". Allí se desgranaron sus puntos fundamentales. Entre la habitual melopea de conocidas intenciones sobre todo tipo de políticas, fiscales, medioambientales, de dependencia, de relaciones laborales, dos propósitos son los de más carga política y los que los medios han destacado: la alianza de la izquierda y el Estado plurinacional. 

La propuesta de ir a una unión de la izquierda concuerda con la de Palinuro de articular un Programa Común de la Izquierda. Innecesario razonar su conveniencia y posibilidad. Y su oportunidad. Tras la victoria del sector neocomunista en Podemos está claro que vuelven a la actitud de vender la piel del oso antes de matarlo, lo cual explica por qué se ha constituido un gobierno en la sombra sin espacio para algún posible aliado, ni siquiera dentro de UP. Es decir, el fin del bipartidismo era intentar el cambiazo de un bipartidismo por otro. En estas circunstancias, la propuesta de aglutinar a la izquierda en torno a la socialdemocracia presenta perspectivas halagüeñas. Si se puede hacer en Portugal, ¿por qué no en España? El PSOE, un partido de izquierda, socialdemócrata, laico y...federal.

A propósito del federalismo viene la otra llamativa propuesta de admitir la "plurinacionalidad del Estado". Sin duda es audaz y ahorra perder el tiempo hablando de la "nación de naciones", pero presenta dos dificultades: en primer lugar no es una consigna que concite entusiasmo en la militancia del PSOE y sí mucha inquina en las élites socialistas más conservadoras y poderosas. En segundo lugar parece claro que la fórmula federal no satisfará las aspiraciones de algunas de esas naciones que ven en ella una vuelta al "café para todos" de una descentralización política siempre precaria y susceptible de ser limitada o, incluso, suprimida.

Reconocer la plurinacionalidad del Estado implica postular la reforma del sacrosanto artículo 2 de la CE, núcleo de la postulada "nación española". Además se encontrará con una cerrada oposición de toda la derecha e importantes sectores de la izquierda. Y si ese reconocimiento no garantiza el derecho de las naciones a decidir si quieren ser Estados independientes equivale al reconocimiento de un flatus vocis. Solo el acuerdo de un referéndum pactado podría desbloquear esta situación que, en cualquiera de sus dos perspectivas conduce a una espiral de acción/represión/más acción, etc. El reconocimiento de la naturaleza plurinacional del Estado es un tímido paso en la dirección correcta. Ahora falta saber a qué derechos da acceso la condición de nación dentro del Estado español, si a decidir si se sigue siendo parte de él o no. 

Esa habría de ser la pedagogía de una unión de la izquierda.

lunes, 20 de febrero de 2017

Sin referéndum, nada

El País sigue exultante con complejo de consejero áulico de éxito. Rajoy gobierna a golpe de editorial de este periódico independiente que ve ya entreabrirse la solución al "problema catalán". El mastodonte se mueve y decide dar forma a la alternativa que pedía Mas. Ditirámbico, el periódico titula la oferta de Rajoy para Cataluña.

Bien, ¿qué Rajoy? El de los cuatro millones de firmas "contra los catalanes"; el del recurso del Estatut ante el Tribunal Constitucional que dio lugar a la famosa sentencia de 28 de junio de 2010 que negaba la condición de nación a Cataluña; el que llamaba "algarabía" a las multitudinarias manifestaciones de las Diadas, que comenzaron a partir de la manifestación de julio de 2010 ("Som una nació. Nosaltres decidim"); el que consideraba la consulta del 9N una especie feria verbenera; el que ha judicializado el conflicto, al que niega su carácter político considerándolo un problema de orden público; el que dijo "no" a Mas cuando se presentó en La Moncloa a pactar un sistema de cupo catalán; el que dijo "no" a las 46 peticiones que llevó su sucesor Puigdemont al mismo huerto.

Efectivamente, este Rajoy que considera una "amputación" la separación de Cataluña, parece haber visto de repente el camino a seguir a la luz de los editoriales de El País. Y de ahí eso de "la oferta de Rajoy para Cataluña". La materialización de la "alternativa" de Mas. Ahí es nada. Una alternativa para Cataluña. De golpe. Lo de menos aquí es si esa oferta existe y ya está en consideración por ambas partes o una de ellas anda dando cuartos al pregonero mientras la otra afirma no saber nada al respecto. Al extremo de compararla con el espíritu santo del que, según Puigdemont, habla todo el mundo pero nadie ha visto.

Lo importante es el contenido de la oferta. Es llamativo que se arme sobre los 46 puntos que llevó Puigdemont a la corte el 19 de abril de 2016, el doble de los que llevara Mas un año antes y cosechando el mismo rotundo "no". A fines de año, Sáenz de Santamaría mostraba disposición a negociar sobre 45 de aquellas propuestas. La que faltaba, y sigue faltando en la respuesta de Rajoy, es el referéndum. Siga como siga la negociación, la primera cuestión es por qué tarda el Estado, el gobierno central, casi un año en dar una respuesta a una iniciativa de la Generalitat. Me atrevo a decir que es el tiempo que le ha llevado comprender la importancia del independentismo catalán. Hace todavía un año en la meseta no se consideraba la independencia de Cataluña como algo verosímil. Se creía que el movimiento se resquebrajaría con la corrupción de los Pujol, que se desharía con las rencillas y enfrentamientos entre partidos. No ha sido así y hoy se ve la independencia catalana como una grave amenaza. Cataluña ha pasado de no existir a imponerse como la motivación número uno de la actividad del gobierno, quien ha destacado en el Principado a la virreina Sáenz de Santamaría. Misión imposible para quien no entiende el catalanismo desde su misma raíz.

La condición o requisito de abandonar el referéndum para empezar a negociar  está condenada al fracaso porque la otra parte no puede aceptarla. Cualquier mediano conocedor de teoría de juegos sabe que si una parte que lleva ventaja gracias a una amenaza, renuncia a la amenaza, pierde la ventaja. No creo que la Generalitat renuncie al referéndum. Y, por otro lado, no veo por qué no puede pactarse uno vinculante. Es lo más sensato para que todos sepamos a qué atenernos.

Hay una alternativa a la independencia: la no independencia, desde luego, pero tiene que salir en un referéndum.

A lo que no hay alternativa es al referéndum, diga Rajoy y diga El País lo que quieran.

Hoy, Palinuro invitado al acto de Pedro Sánchez

Hoy, 20 de febrero, Pedro Sánchez presenta su programa abierto a la militancia y la opinión pública. Y ha invitado a Palinuro. Este, como socialdemócrata de izquierda e independiente, se considera muy honrado y piensa asistir, como asiste siempre a todos los actos de fuerzas de izquierda cuando lo invitan, que no es frecuente porque esas fuerzas suelen ser bastante sectarias.

Es de suponer que en el acto estarán todos los que han mostrado su apoyo a Sánchez a lo largo de estos difíciles meses. Buena gente con la que Palinuro simpatiza porque siempre lo hará con quienes se alzan en contra de los atropellos y las cacicadas y, muchas veces poniendo en riesgo sus posiciones, defienden a las víctimas de las injusticias y hacen causa común con ellas. Al principio no tenía especial simpatía por Sánchez, por considerarlo un españolista cuartelero al estilo de Rubalcaba. Pero, luego, la dura realidad del país parece haber  hecho recapacitar al exsecretario general hasta el extremo de que ha levantado bandera por la izquierda socialdemócrata. De este modo ha ganado muchas simpatías entre la militancia y la inquina y el odio del hatajo de burócratas, vividores, paniaguados y simples profesionales de la política de intriga y cabildeo, al estilo Susana Díaz. Esta todavía no ha anunciado su candidatura a la SG porque no se atreve. Frente el enfervorizado apoyo de la militancia a Sánchez, Díaz puede contar con el de los enchufados de la Junta de Andalucía y algunos barones y eso si el voto es público.

Me parece de perlas el giro de Pedro Sánchez a la izquierda y también apoyo su proyecto de conseguir una unidad de acción con los neocomunistas de Podemos. Un programa común de la izquierda es lo único que puede garantizar la derrota de la derecha.

Me temo que no coincidiré tanto en el referente a Cataluña. Veremos.

El encuentro será en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, sala Fernando de Rojas, a las 19:30.

Allí estaré, escuchando.

domingo, 19 de febrero de 2017

Giro del PSOE

La junta gestora se ha lucido en todo el trayecto. Empezó creyendo que el golpe de mano del 1º de octubre sería aceptado por la militancia y no ha sido así. Ha sido al revés: ha provocado una rebelión que se ha articulado con la espontaneidad y flexibilidad que hoy se llevan y tanto propician las redes. Continuó pensando que su labor de oposición sería crucial y así podría dulcificar la amargura de la defenestración del SG. Ha resultado ser irrelevante, rehén del chantaje de elecciones anticipadas, y la gente no se traga el relato de la exigente oposición. Siguió preparando el camino a la candidatura de Susana Díaz de la que, en el fondo, la gestora es una especie de emanación, de ectoplasma y, para ello, postergó la convocatoria de primarias y congreso cuanto pudo. Se encontró, sin embargo, con que la prolongada campaña de primarias que abría iría en favor de los candidatos alternativos a la señora Díaz.

No ha dado ni una.

La campaña, por lo demás, tampoco es tan larga. Cuando quieran percatarse del todo, ya estarán votando las bases. Las temibles bases. Se las ve bastante entusiasmadas con la candidatura de Sánchez. Claro. Es requetesabido: la víctima de una injusticia como fue la defenestración de octubre tiene mucha fuerza atractiva, mucho carisma. Y que fue una injusticia se reconoce implícitamente en esa propuesta de Patxi López de que al SG solo pueda deponerlo la militancia. No cuatro burócratas. Claro que la mejor manera de asegurar el triunfo de esa propuesta es elegir a quien fue víctima de la injusticia que ahora se quiere remediar. López debe asesorarse con comunicadores políticos menos ingenuos o más avisados. Añádase a ello que Sánchez tiene buena imagen. Se nota en que las cámaras lo buscan. Cultiva, además, el romanticismo del beautiful loser.

La larga campaña tiene visos de larga marcha durante la cual los candidatos se verán obligados a formular su programa para el partido y para España, a contrastarlo ante la militancia y la opinión pública en general. Dato este último nada desdeñable. En las primarias los militantes tienen voz y voto, pero la opinión pública tiene voz. Y se oye. El hecho de que el electorado del PP sea mayoritariamente favorable a Susana Díaz en el PSOE tiene dos lecturas: es muy perjudicial o muy beneficioso para Díaz, según el punto en que el lector se encuentre, si es partidario de la gran coalición de hecho o de una unión de la izquierda.

Ese, el de la izquierda, dice el medio, "sin complejos", es el campo de Sánchez que los otros dos, López y Díaz no parecen dispuestos a reñirle. Dado que López trae porte y maneras de centro superultrarequeteconciliador, a Díaz solo le queda la derecha. No se ha hecho de necesidad virtud, sino de virtud necesidad. Pero eso lo borda la presidenta andaluza con ese ramalazo peronista que suele lucir.

Hasta ahora por "izquierda" parece entenderse aquí el distanciamiento del PP y un propósito, por cierto muy grato de oír, de unificar la izquierda para derrotar a la derecha. Pero en los meses que se avecinan, será preciso llenar de contenido esos enunciados. En el aspecto negativo, en qué cristalizará la nueva oposición al PP. En el positivo, qué medidas van a tomarse en los asuntos que afectan a la ciudadanía: desempleo, dependencia, condiciones laborales, impuestos, pensiones, etc. Dejo para el final la espinosa cuestión de qué se propone en relación a Cataluña ahora que, según parece, el gobierno central va a hacer una propuesta de mayores competencias e infraestructuras a cambio de suprimir el referéndum. La respuesta más probable de la Generalitat será la negativa. Pero, a su vez, sin duda, responderá con otra que incluirá el referéndum pactado. Con lo cual el gobierno habrá de responder a su vez. Eso se llama negociar y para algo servirá.

El distanciamiento del PP es fácil de realizar y de justificar. No es de recibo que el gobierno siga actuando prácticamente como en la legislatura anterior, cuando no había oposición digna de este nombre.

Lo interesante es la propuesta explícita de unificar a las izquierdas. Se trata de un punto de tensión tanto dentro del PSOE (en donde muchos abominan de cualquier relación con el neocomunismo de Podemos) como entre el PSOE y Podemos, cuyo objetivo primordial sigue siendo el sorpasso. La justificación de la política unitaria está al alcance de la mano con solo mirar el gobierno de la izquierda en Portugal. No hay ninguna razón racional para que no suceda lo mismo en España. Hay razones irracionales que debieran ser suprimidas.

Al margen de los líos en cada una de ellas (ya veremos cómo se toma el personal ese shadow cabinet que ha montado Iglesias), las dos izquierdas tienen una obligación de unificar su acción. La forma más clara de reconocerla y aplicarla sería nombrar una comisión paritaria para establecer un programa común de la izquierda. Se trataría de copiar lo que hicieron los franceses a fines de los 70 y primeros 80 para acabar copiando lo que han hecho los portugueses. Sencillo. Por lo demás, eso no impide que ambas fuerzas, socialdemocracia y neocomunismo, sigan criticándose mutuamente. Las críticas escuecen, pero ayudan a mejorar. Y cuanto más duras, mejor. Lo que no debe practicarse es juego sucio.

 Por supuesto, todo ello en el caso de que salga SG Pedro Sánchez. Si sale otro, de unidad de la izquierda, nada y, por lo tanto, probable nuevo gobierno del PP quién sabe con qué mayoría.

Eso de la igualdad. Apostilla al caso Noos

Alguna perspicaz lectora calificó mi post de ayer (Allá van leyes do quieren reyes) de "benévolo" con la sentencia. Mi intención no era serlo y tampoco ser "malévolo" sino simplemente realista y distanciado. Excluí todo pronunciamiento sobre el contenido porque doctores tiene la Iglesia que ya dictaminarán. Me limité a considerarla una sentencia política no porque su intención fuera esa, sino porque esa ha sido la consecuencia o los resultados. Es absurdo decir que una sentencia que absuelve a una infanta real y condena a su marido no es política en cuanto a sus consecuencias.

Y no solamente es política. La levedad de las penas ha suscitado un sentimiento generalizado de injusticia por mor de la desigualdad de trato que evidencia. De inmediato han abierto fuego todas las baterías ideológicas dinásticas (los políticos, incluidos los socialistas, los medios, los comentaristas) afirmando que la sentencia prueba incontestablemente a) la independencia de la judicatura; b) la igualdad de todos ante la justicia.

No hablaremos aquí de la independencia de la judicatura porque ya habla ella sola. Hablamos de la consigna de la igualdad de todos ante la justicia. Es una mentira que tiene raíces muy largas y por eso omití su relato en el post de ayer. La sentencia no es en sí misma prueba de la desigualdad ante la justicia. Es la consagración judicial de una desigualdad que nace con sus titulares y los acompaña toda su vida. Es la radical desigualdad de oportunidades por motivo del nacimiento. Si Cristina de Borbón no fuera infanta, su destino hubiera sido muy otro, no hubiera tenido un puesto directivo en una institución de crédito ni su comparecenccia judicial hubiera pasado por los avatares por los que ha pasado. Igualmente, si Urdangarin no fuera yerno del rey, no habría tenido acceso a los medios y relaciones que posibilitaron sus estafas. Hasta entre los delincuentes hay clases. Cuántos butroneros darían una fortuna por poder delinquir en las altas esferas entre banquete y banquete.

La sentencia no puede demostrar la igualdad de todos ante la justicia (que, recuérdese, es algo más que la ley escrita porque incorpora la equidad), porque no es verdad. Los justiciables son desiguales cuando entran en el templo de la justicia y salen como entraron o más desiguales.

Dicho lo cual, la declaración de Roca Junyent es de risa. El juicio paralelo o la sentencia paralela, vienen ahora. Y con razón. Lea el señor Roca los comentarios de las feministas sobre la infanta. A lo mejor entiende por qué fue fácil defenderla.

sábado, 18 de febrero de 2017

¿Salida?

Ayer lo decía modestamente Palinuro, que los de El País estaban levitando con la oferta de Mas de escuchar alguna alternativa a la situación en Cataluña. Y tanto. Hoy, la gallina de la alternativa en Cataluña ha puesto un huevo en forma de editorial: una salida para Cataluña. Y dice y urge que hay que "aprovecharla". 

Salvando la gracia de usar el substantivo "salida" cuando se quiere decir "entrada", la alternativa con la que sueña El País no es a la independencia, sino al referéndum y eso parece un error difícil de subsanar. Al menos mientras el nacionalismo español siga sin entender que el apoyo popular en Cataluña a la independencia es la mitad del del referéndum y lo que esto significa. Cosa muy difícil de transmitir a alguien que solo razona en términos de principios, siempre que no se le apliquen a él. 

Absurdo parece que El País bata palmas por la aparición de una posibilidad, la alternativa, que el independentismo ha venido admitiendo desde siempre. Porque quien lucha por cambiar su futuro considera siempre todas las alternativas. El problema no está ahí. El problema está en que quien debe presentarlas, esto es, el gobierno central, no está dispuesto a hacerlo. Una vez más se certifica que la mayor fuente de independentistas es la política del gobierno central.

Allá van leyes do quieren reyes

Toda decisión judicial es susceptible de interpretaciones diversas, hasta contrarias. Incluso dentro de los mismos tribunales. Esta del caso "Noos" como todas. Para unos es un ejemplo de manual de justicia que place al príncipe, al poder político. Para otros, como El País, una vigorosa muestra del Estado de derecho que refuerza la independencia de la justicia en España. Para otros, el asunto no está del todo claro, aunque, por razón del cargo, no puedan ser más explícitos, como cuando el juez Castro dice que no se esperaba este tipo de sentencia. Es una forma de hablar. En realidad es la que esperaba todo el mundo, una sentencia política. Esto no prejuzga su calidad técnico-jurídica. Al fin y al cabo se han necesitado unos siete meses para trabajarla. Estará bien trabajada. Eso también se verá. Pero tiene un innegable efecto político, se quiera o no y favorable a la monarquía. Piénsese en cómo presentar un rey cuya hermana cumple condena por un delito. Está bien que el Estado de derecho impere, como dicen todos, pero sin pasarse. Al fin y al cabo, si el padre de la infanta ahora absuelta es inmune e inviolable, lógico es que algo de esa aura caiga sobre la hija. 

La generosidad de trato al consorte es lo más difícil de justificar. El país está lleno de reclusos con condenas similares o mayores por delitos que todo el mundo opina son menores. El trato de favor parece evidente. La justicia del príncipe, más que justicia, es gracia del príncipe hacia sus allegados y, aunque Urdangarin no es hijo, tampoco es un señor que pasaba por la calle.

En absoluto viene esta sentencia a hacer realidad los deseos de El País. Eso es claro. Pero, se nos dice, es que lo verdaderamente importante, lo que revela la verdad de la igualdad de todos ante la ley no son estas minucias de uno años arriba o abajo de condena, sino el hecho mismo de que personas de real alcurnia puedan ser procesadas como cualquier hija de vecina.  

A la vista está que no fue así desde el principio, ni en el curso de su accidentado desarrollo ni, por supuesto, en su conclusión. Lo sabemos todos. Y cada cual lo interpreta luego como quiere. Per siempre allá van leyes do quieren reyes.

viernes, 17 de febrero de 2017

El procesado habla

El País no cabe en sí de alborozo. Le rebosa en el titular: una alternativa para Cataluña, un punto medio, el equilibrio, lo que todo el mundo valora tanto. ¡Y creencia del independentista Mas! Ese titular es una invitación abierta al gobierno a que indague en dónde se encontraría el áureo punto medio. Una ocasión que debe aprovecharse  por mor de la Patria. 

Dice Mas que la formulación de la alternativa corresponde al gobierno. Obvio. Hay dos polos, según Mas: polo 1: las cosas como están; polo 2: la independencia. Una de las partes está por el polo 2 y la otra no está por el polo 1 (porque acepta que son necesarias reformas de todo tipo) pero sí está contra el polo 2. Ahora bien, en una sociedad democrática no es posible justificar política alguna en función de su negatividad. Hay que proponer algo... una alternativa.

Muchos independentistas verán estas declaraciones como un amago de retirada, como la aceptación de que no haya independencia, como una concesión. Sin embargo, no es otra cosa que doctrina oficial del bloque independentista en el gobierno: hasta el último momento antes del referéndum, está abierto a la negociación con el Estado. Quizá la base del equívoco radique en la fijación del término ad quem, según que sea el referéndum o la independencia, que no son coincidentes. Mas no ha dicho que sea el referéndum, sino la independencia. Pero, el decirlo es de sentido común: el referéndum va de suyo pero uno de sus resultados puede ser un "no" a la independencia.  

La pelota, la patata caliente, la cuenta atrás las tiene el Estado y en su representación, el gobierno. Basar su política en un "no" absoluto al referéndum, sin ofrecer alternativa alguna lleva a la confrontación que, al decir de muchos, es justamente lo que se pretende. Aunque luego diga el señor Albiol que el ejército no entrará por la Diagonal, en un lapsus freudiano. El gobierno se niega a negociar con la Generalitat e incluso la excluye de esa política fantasmagórica a la que llama diálogo y de la que ni él mismo sabe en qué consiste. La idea de la vicepresidenta de que sea posible negociar con los niveles de gobiernos locales, sin duda hablando de cuestiones económicas, es decir, comprándolas, demuestra una ignorancia supina de la naturaleza del movimiento independentista catalán, cosa nada de extrañar si se tiene en cuenta que el PP gobierna en uno solo de los 947 municipios de Cataluña.

A estas alturas, no hay alternativa al margen del referéndum. Porque, aunque el Estado y la Generalitat dieran con una fórmula alternativa entre los dos polos satisfactoria para ambas partes, esa fórmula habrá de someterse a referéndum, a su vez. Será, además, irrelevante que ese referéndum sea a escala española o catalana porque, en definitiva, los únicos resultados que contarán para resolver el conflicto serán los catalanes.

En nombre del partido

Este gobierno ha destruido el crédito de todas los instituciones del Estado, excluida la Monarquía que se ha encargado de destruirse por su propia larga mano. Todo lo demás se ha deteriorado a extremos insólitos: el Parlamento en la anterior legislatura, los medios de comunicación públicos y en buena medida los privados por la vía de las subvenciones, los servicios públicos, la administración de Justicia, el Tribunal Constitucional y, según se ve, también el Ministerio Fiscal.

En este momento, la justicia en España es la justicia del príncipe que nunca tiene nada de justa. El gobierno sigue indultando delincuentes y la Fiscalía General da la impresión de actuar en defensa de los intereses del gobierno y no del interés público. El caso del presidente de Murcia, del PP, al que la Fiscalía ordena no investigar en contra del criterio de las fiscales del lugar, es justo el simétrico al caso del expresidente Mas, cuando la Fiscalía General ordenó investigar en contra del criterio unánime de los fiscales catalanes. Tan errático comportamiento, propio de casuística vergonzante, explica por qué la Asociación Progresista de Fiscales pide la dimisión del ministro de Justicia.

La situación es ya insostenible, entre una policía política como la que estuvo funcionando en la legislatura anterior y un ministerio fiscal al servicio del gobierno y su partido, aquí, de Estado de derecho no quedan ni las migajas.