miércoles, 18 de enero de 2017

El héroe del pueblo

Los partidos son entes complejos. Actúan como asociaciones privadas con sus objetivos, pero también se fusionan con las instituciones allí donde mandan, forman grupos parlamentarios en la oposición o en el gobierno, son tendencias ideológicas que sus intelectuales explican y propugnan, tienen a los medios a favor o en contra, representan culturas políticas distintas y en su interior a veces funcionan como familias. Véase cómo vive el momento Podemos, en una pelea interna que recuerda las grescas matrimoniales.

Hay una tendencia en los partidos a reproducir leyendas que apuntalen en uno u otro sentido sus enfrentamientos internos. Una de las más poderosas, de las que más mueve la imaginación colectiva, es la del héroe popular en alguna de sus múltiples manifestaciones. Una leyenda que se presta a justificar y legitimar la candidatura de Sánchez a la SG. Se construye una imagen polifacética que tiene mucha fuerza: el gobernante legítimo depuesto por una conjura de cortesanos malignos; la víctima de una defenestración injusta; el hombre que prefirió dimitir a votar en contra de su convicción; el líder injustamente tratado que se retira a meditar su futuro y esperar que sus seguidores lo reclamen. El héroe que vuelve a ajustar cuentas con la camarilla de conjurados y liberar al partido de su secuestro.

Es una imagen potente, fácil de defender desde el punto de vista de la comunicación y que tiene muchos seguidores. Las reacciones del aparato gestor para contrarrestar esa fuerza de la candidatura de Sánchez no hacen sino aumentarla. La presentación de la de López se interpreta como una maniobra de ese aparato para mermar las posibilidades de Sánchez segándole la hierba bajo los pies. Dividiendo el voto contrario a Díaz. El hecho de que esta siga paseándose por España como secretaria general in pectore sin proclamar su candidatura, los apoyos que implícita o explícitamente le dan los viejos lobos socialistas, todo eso únicamente consigue encrespar más a la gente y afianzar la leyenda del héroe popular, contra el que se confabulan los tiranos, sus delegados y esbirros. Un poco más y se oirá hablar de Pedro Hood, el que roba a los ricos para darlo a los pobres.

No parece que los conjurados del 1º de octubre puedan hacer gran cosa por evitar la mayoría de Sánchez excepto, precisamente, lo que han hecho: dividir su voto. Aun así, han de presentar una candidatura ganadora por sí misma y eso no es tan fácil cuando la candidata es precisamente la beneficiaria del golpe de mano que dio origen a la leyenda del héroe del pueblo.

La posible derrota de Sánchez quizá no provenga de sus adversarios sino de su incapacidad para formular un programa de izquierda para el PSOE que le voten las bases. Ese programa tiene dos puntos esenciales: un giro socialdemócrata en la política económica (tratando de explicar en qué consiste, que no es fácil) y la negociación de un referéndum de autodeterminación en Cataluña, tampoco cosa sencilla. 

Lo que no es evidente es si tal programa obtendría el apoyo mayoritario de la militancia. Si no lo obtuviera, el candidato debería decidir entre continuar en su partido bajo otro programa o escindirse en otro partido que represente un espacio existente entre el social-liberalismo del PSOE y el neocomunismo de Podemos y al que quizá pudiera sumarse alguna corriente fraccionaria de estos.

Bilateralidad

Mi artículo de hoy en elMón.cat, titulado De igual a igual, versa sobre la última formulación del independentismo catalán. En la poderosa carta de Puigdemont a Rajoy hace un par de días en la que el catalán rechaza una vez más la invitación a asistir a la conferencia de presidentes de CCAA y afima que no sirven para nada, sostiene que Cataluña se ha ganado hace ya tiempo el derecho a relaciones bilaterales con España. Se trata de una reivindicación catalana antigua que el nacionalismo español, empeñado en tratar a las naciones como regiones para someterlas a todas, no puede aceptar. Y si, por ejemplo, Rajoy la aceptara, los presidentes autonómicos se le echarían a la yugular, empezando por la presidenta andaluza, cuya idea de Cataluña todavía es más españolista, obtusa y malintencionada que su catolicismo trianero.

Cataluña tiene perfecto derecho a exigir esa bilateralidad en función de su condición nacional que los nacionalistas españoles no pueden aceptar porque temen quedarse sin país. En realidad responde a una vieja práctica eclesiástica cuando una sola diócesis se dividía en dos y ninguna de ellas quería quedar supeditada a la otra. La iglesia las declaraba entonces aeque principaliter, esto es, iguales en dignidad, jurisdicción y competencias. Eso es lo que quiere el independentismo catalán y si en el Estado español hubiera un adarme de inteligencia, se apresuraría a aceptarla. Pero no lo hará y será él mismo quien provoque la independencia de Cataluña que trata de evitar.

A continuación, la versión cstellana del artículo:

De igual a igual

Las relaciones de Puigdemont y Rajoy son una imagen de las de España y Cataluña. Rajoy dice en una entrevista en terreno amigo en “La Razón” que el referéndum catalán no se hará y que eso lo sabe todo el mundo. Ignoro si el presidente considera a los catalanes parte del mundo pero, por si acaso, muchos de ellos parecen desconocer esa brillante verdad y hasta persisten en el error. Puigdemont, por ejemplo, asegura que habrá referéndum y será vinculante. Es decir, según Rajoy, no sabe y no sabe que no sabe.

Junqueras, el vicepresidente, tampoco sabe que el referéndum no se celebrará y hasta profundiza en el error afirmando que el referéndum se hará y lo que está por ver es qué hará el gobierno para impedirlo.

Eso es imposible saberlo y es bastante probable que ni el gobierno lo sepa. Desde luego, intentar que lo explique Rajoy es perder el tiempo, pues ostenta el record de políticos capaces de hablar más tiempo sin decir nada o diciendo algo y su contrario. Está claro que el referéndum es el primer desencuentro y el más patente, justo en la línea de confrontación. De ahí que Puigdemont hable de adelantarlo en el caso de que la justicia española proceda a inhabilitar a representantes catalanes. No parece muy seguro que el gobierno tenga pensada una respuesta a la convocatoria oficial del referéndum y mucho menos de que la tenga si el llamado a urnas se acelera.

De igual modo, hace tiempo ya que Puigdemont anunció que no pensaba asistir a la conferencia de presidentes de las CCAA como, por otro lado, también ha hecho el presidente de la CA Vasca, Urkullu. La insistencia del gobierno (Sáenz de Santamaría y el propio Rajoy) en convencer al primero de que acuda a la reunión y su fracaso, en el fondo, relativiza el valor de los acuerdos que adopte el cónclave. La ausencia del vasco es llevadera por el asunto del concierto, pero la del catalán equivale a un veto, ya que es un contribuyente neto al fondo. Un veto al gobierno del Estado es una especie de ejercicio de soberanía de hecho. Un acto por el cual se pone un límite a la soberanía del Estado. Algo que este no puede aceptar por lo que se trata de otro desencuentro.

La carta de Puigdemont a Rajoy en respuesta a su invitación y rechazándola plantea que Cataluña se ha ganado el derecho a mantener una relación bilateral con el Estado. Es la vieja idea confederal del “aeque principaliter” o igualdad de jurisdicciones y soberanías. Un enunciado revolucionario que el gobierno no puede aceptar sin una reforma constitucional.

Cuando, en los años del terrorismo etarra en alguna ocasión se constituyeron mesas de negociación del gobierno con ETA, los ataques eran que el Estado no podía negociar con una banda terrorista. Que se depusieran las armas, llegara la paz y se podría hablar de todo. Y, sin embargo no era cierto. Esa exigencia de relación bilateral de España y Cataluña no es una petición de que el Estado negocie con una banda terrorista sino con una nación. Esta no está defendida por pistoleros sino por sus más altos cargos institucionales, una mayoría parlamentaria absoluta y millones de ciudadanos que los respaldan.

La cuestión es ahora si esa masa crítica que se supone aportará el referéndum puede esperar al resultado de un prolijo, incierto e inseguro proceso de reforma constitucional en España que, en lo referente a Cataluña, reformará muy poco. De aquí que en el sector independentista aumenten en volumen las voces que piden seguir con la hoja de ruta y también las de quienes propugnan una DUI ya. El argumento que usan para convencer a los confederalistas es que lo inteligente es ir a la independencia y si, más tarde, España tiene alguna propuesta interesante de unión, asociación o colaboración será bienvenida y estudiada.

martes, 17 de enero de 2017

Ese hombre del que usted me habla no habla

Todo el mundo interpreta la declaración de Bárcenas como una estrategia procesal pactada con el PP por la que aquel retira sus acusaciones anteriores, exonera todo lo que puede y hasta desiste de una acción procesal propia (los discos duros famosos) a cambio de indeterminados favores y garantías del PP en especial en pro de su esposa.

Todo humano y comprensible pero en la sala quedó claro que en el PP había caja B y que con ella se hicieron mangas capirotes con conocimiento (y presunto lucro) de muchos dirigentes. Bárcenas se niega a llamarla caja B y la califica de contabilidad extracontable que sería algo así como el ser que estuviera fuera de sí mismo, una pesadilla que se la habrá ocurrido a alguno de aquellos gnósticos retorcidos. Lo de la financiación ilegal va por otro lado. El resto de la cháchara es un confuso ajetreo de cantidades, millones, pagos, viajes que, desde luego, dibujan una existencia poco común y darán para incontables tertulias, pero no resta un ápice al nudo de la cuestión: el partido del gobierno bajo la dirección del que hoy es su líder estuvo funcionando durante años con una contabilidad extracontable. Algo por lo que en el mundo por ahí fuera se dimite a raudales. Tan bochornosa es la situación que el partido se ha visto obligado a defender en público la honorabilidad de sí mismo y de su presidente frente a Bárcenas.

Frente a Bárcenas.

Todo vale

Literalmente todo. La señora Díaz cuenta con las bendiciones de la antigua (más que vieja) guardia, especialmente de Rubalcaba. Tiene también las simpatías de los votantes del PP, muy por delante de Sánchez. Rajoy la mira con buenos ojos y hete aquí que La Razón demuestra fehacientemente, gracias a una encuesta de NCReport, su encuestador de cabecera, que hasta los socialistas prefieren a Susana Díaz abrumadoramente.

Esto de los sondeos cuyos resultados coinciden con la opinión política del medio que los encarga, paga y publica sin duda es una casualidad, aunque huela a chamusquina. Metroscopia no es NCReport, claro, pero eso de que los resultados de su encuestan coincidan al cícero con la línea editorial de El País tiene su gracia. El medio se ha convertido en el comité ideológico del PSOE con una doble doctrina: a) defensa del socialismo liberal frente al populismo; b) defensa de la nación española frente al separatismo. Es lo que se llama el "social liberalismo nacional".

No estoy muy seguro de que quepa elaborar un discurso de izquierda en este clima.

lunes, 16 de enero de 2017

Pugna por el liderazgo

No deja de tener gracia que un partido sin líder, en manos de unos gestores al servicio de las ambiciones de Susana Díaz, al que las encuestas dan por perdedor frente a Podemos de haber elecciones, dividido y enfrentado consigo mismo, siga siendo el centro político y aquel al que se dirigen todas las miradas. Una prueba más de que el PSOE ocupa la centralidad política. Por lo menos es lo que espera El País que, en un editorial redactado probablemente por Rubalcaba, se felicita de las decisiones adoptadas por el Comité Federal y todavía más por la marcha de la legislatura, en la que el PSOE es decisivo, todo lo cual lo sitúa en la centralidad política.

Es el razonamiento justificativo de la junta gestora y sus partidarios: recomposición tranquila, pausada, con tiempo suficiente para dejar presentable a Susana Díaz. Entre tanto, oposición eficiente en el Parlamento. Hay gobierno y se van adoptando medidas legislativas que o bien deshacen entuertos de la legislación anterior del PP o bien abren perspectivas en un punto de vista de izquierda. Lo que no se dice es que el intento de colocar en la secretaría general de Díaz es el sello de la opción del PSOE por el nacionalismo español, el mismo que alienta en el PP y C's, aunque con leves matices en asuntos tácticos. Esta cuestión, la cuestión catalana, es la que ha fracturado al PSOE.

La repentina presentación de la candidatura de Patxi López, aun siendo vasco, no presupone nada nuevo en la recuperación del espíritu "nacional" en el PSOE. Pero tiene su impacto en el batiburrillo interno del partido. Los más encendidos "sanchistas" acusan a López de presentarse para dividir el campo contrario a Díaz y, así, dar a esta la victoria. Otros aseguran que esta candidatura trata de polarizar el PSOE en un eje territorial Norte/Sur. Ignoro qué porción de realismo tienen esos juicios, pero también se reconocerá que, con su candidatura -la primera- López desguaza todas las murmuraciones acerca de la candidatura única que la dirección gestora podría estar organizando a favor de Díaz.

La presentación de la candidatura de López a lo que, por supuesto, tiene perfecto derecho y sobrados merecimientos en los cargos institucionales que ha desempeñado, parece bastante meditada. La determinación de las fechas del congreso -que no su convocatoria- para el mes de junio ofrece la primera oportunidad de postularse y esa es la ventaja que ya lleva el candidato, cuestión importante porque, aunque el congreso se vaya a junio, las primarias están previstas en mayo y, en verdad, no queda tanto tiempo. Hay que elaborar programas, explicarlos, confrontarlos. Y hay que hacerlo a la luz pública, aunque en los partidos siempre hay confabulaciones de pasillo. No es tan fácil.

Los otros dos posibles candidatos, Díaz y Sánchez, están en situaciones muy distintas. Sánchez puede permitirse esperar un momento oportuno y seguir actuando en segundo término, sin protagonismo, en lo que llaman "perfil bajo", aunque quizá debiera vigilar que no sea tan bajo que dé en subterráneo, pues ya hay quien supone que no llegará a presentarse y lo da por difunto.

Díaz no puede esperar, tiene que presentarse como candidata y dejar de hacer esos viajes, visitas, peregrinaciones por el país. Continuar con esta actividad, que nadie le ha encomendado, sin aclarar su candidatura es, desde la presentación de la de López, puro juego sucio.

domingo, 15 de enero de 2017

Unidad de destino

Resulta ya patente que el sentido del golpe de mano en el PSOE y los acontecimientos posteriores no es la posible deriva derechista y/o neoliberal. Es la cierta deriva nacional española del partido. Van unidas, ya se sabe, la derecha y lo nacional. Y ese es el sentido del discurso joseantoniano de Javier Fernández, al que han puesto al frente del gatuperio. Se invoca la unidad y se pone en conexión con España y ya tenemos la unidad de destino en lo universal. Al fin y al cabo, fue un austromarxista quien acuñó esa definición de nación como unidad de destino, algo que mete miedo. Quiere decir que uno está condenado a aguantar a los compañeros de viaje hasta llegar a destino, que no puede uno apearse cuando el destino al que lo encaminan no le gusta. Debe de ser el colectivismo que late siempre en la izquierda,

Tiene chiste que llame a la unidad el que la ha roto, pero es muy frecuente en el discurso público general, decir una cosa y hacer otra. La junta gestora invoca la unidad, pero trabaja intensamente por dividir el partido. La invocación puede ser una advertencia o un conjuro y hasta una amenaza. El amor de la mentalidad autoritaria por la unidad es muy conocido y la habilidad de sus ideólogos para hacerla atractiva, muy refinada. Hay miles de libros explicando la excelencia de la unidad en política, hasta culminar en ese prodigio de inteligencia que fue Mi lucha, recientemente reeditada en Alemania: Ein Volk, ein Reich, ein Führer. Unidad al modo teutónico. Una, grande, libre, al hispánico.

Ese es el camino, desde luego, pero no es necesario recorrerlo entero, al menos de momento. No es esa unidad totalitaria en la que piensan los líderes de la izquierda que la reclaman a sus partidos, Fernández en el PSOE e Iglesias en Podemos. Es una unidad más político-filosófica, no al extremo parmenideano, pero tampoco muy alejada de él. Una unidad de espíritu, que desemboque en una unidad de acción. Se emplean fórmulas edulcoradas como "unidad en la diversidad" pero el hecho filosófico es terco: quien pide unidad no quiere multiplicidad. Luego lo justificará como le dé la gana o sepa, pero el hecho es que la unidad está reñida con la multiplicidad.

Negar la multiplicidad es negar la diversidad, algo imposible. Solo pueden hacerlo las mentalidades autoritarias que sueñan con universalizar la sumisión que le muestran sus seguidores y hacer sumisos también a todos los demás.  

La unidad se predica generalmente en torno a quien la invoca. En el caso de Javier Fernández es más por delegación, como un matrimonio por poderes. La unidad que pide es en torno a Susana Díaz y a la concepción que esta trae y ha podido verse en los últimos meses, desde el golpe de mano de octubre pasado. 

La petición de unidad de Iglesias en Podemos tiene una fuerte connotación autoritaria, procedente de eso que sus propios partidarios consideran un "hiperliderazgo". El enfrentamiento se ha personificado aunque ambas partes sostienen que no se trata de personalismos sino de propuestas. Y es verdad. Lo que sucede es que se trata de propuestas a corto plazo, inmediato, tácticas, sin referencia a cuestiones estratégicas (la parte de Iglesias) y de otras estratégicas, a largo plazo, sin referencia clara a las tácticas (la parte de Errejón) y, por lo tanto, no tienen modo de entenderse. Recuerda mucho el famoso intercambio entre Eduard Bernstein y Rosa Luxemburg. Decía el primero: el fin no es nada, el movimiento es todo. Respondía la segunda: el fin es todo, el movimiento el medio para conseguirlo. Viejo dilema de la izquierda, reforma o revolución. 

En el caso del PSOE, la controversia es entre configurarse como un partido de centro  o de izquierda. Y la verdad es que cada vez se ve más claramente una formación de izquierda, compuesta por gentes desgajadas del PSOE y de Podemos. Sería una oferta con un inmenso tirón electoral. La votarían todos los desengañados de la política de las otras izquierdas. Millones.

sábado, 14 de enero de 2017

Marcando tiempos

Había un clamor (como suele decir la prensa) en las bases del PSOE por el congreso cuanto antes, en marzo. No interesaba nada que unas elecciones anticipadas pillaran al partido descabezado. Una contestación sostenida, una especie de rebelión democrática de la militancia. Había muchas cosas. Pero da igual. La junta gestora tiene un mandato implícito de su jefa en ausencia de echar el freno por ver si ella cobra aires de líder votable y si la aureola que ha rodeado a Sánchez se va desvaneciendo.

Este propósito es de un pragmatismo descarado: queremos que la gestora sea la plataforma electoral de Susana Díaz. Tan descarado que hasta les sobran los pretextos que habían invocado para postergar, por ejemplo, una fantasmagórica comisión de sabios presta a dibujar una nueva doctrina para un tiempo nuevo en un nuevo partido con una nueva líder. Totalmente innecesario. Se aparca el congreso hasta junio sin más explicaciones.

La gestora y su musa siguen sin calcular bien. No lo hicieron cuando, tras el golpe de mano del 1º de octubre, no previeron la rspuesta de la militancia ni supieron enfocarla. Y siguen sin hacerlo. Menosprecian la capacidad de organización y movilización permanente de las redes. Creen que el mundo se acaba en las conspiraciones de pasillos. Y no, las redes, lo digital son hoy el corazón de la realidad. El gobierno de Andalucia, la gestora, el aparato del PSOE y los apoyos exteriores de todo tipo apurarán el tiempo hasta junio haciendo la campaña de Díaz; pero en las redes esa campaña nace muerta porque es institucional y frente a ella tiene una organización espontánea, diversa, transversal, libre y viva. De ahí saldrá el candidato que venza a Díaz.

El humor no delinque

Eso es algo que se alcanza a todo el que no esté cegado por prejuicios o fanatismos de cualquier condición o estofa. A bote pronto se vienen a la memoria dos episodios -los más sonados- en los que la publicación de dos caricaturas de Mahoma provocó sendos actos terroristas en los que murieron varias personas. Todo el mundo se echó las manos a la cabeza por lo que se consideraba un depravado disparate: asesinar a alguien por un chiste.

En España, país civilizado, no se asesina a nadie por un chiste, faltaría más: se le encarcela.

La causa que se sigue contra la tuitera Cassandra V. y la petición fiscal de varios años de cárcel, más inhabilitación y libertad vigilada por unos chistes sobre Carrero Blanco es tan alucinante que casi parece otro chiste. Incluso lo es, si se piensa en el nombre que se ha puesto la tuitera : Cassandra, aquella que profetizaba desgracias pero nadie la creía. 

Efectivamente, el Código Penal castiga el delito de "descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas de los delitos terroristas o de sus familiares". La cuestión es averiguar si los chistes de los tuits encajan en ese tipo. Si así se admite, también habrán de ser delito los chistes sobre Dato, Canalejas, Cánovas o Prim. Aunque se recurra a la ridícula excusa de que han prescrito. El problema es que eso de la humillación es muy resbaladizo, como la falta de respeto a esto o a aquello o el "enaltecimiento" de aquello otro. Se aplica la vara de medir del juez, que suele ser la del poder... Y se llega a la situación de encarcelar a una persona por haber tuiteado unos chistes sobre un atentado hace 45 años, unos chistes que se habrán contado miles de veces en las sobremesas a lo largo de estos 45 años hasta que se han ido olvidando.

¿O es la persona misma del almirante Carrero la que justifica esa dureza penal? ¿Por qué? ¿Porque era el presidente del gobierno de un dictador, un títere a las órdenes de este durante toda su vida?

El humor no delinque, como no lo hace la poesía, ni la creación en general, sea de orden mayor o menor.