sábado, 24 de septiembre de 2016

Terceras elecciones

Si los barones no existieran, hipótesis descabellada, habría que inventarlos. Aunque parezca mentira, ese amago de sublevación de las taifas socialistas viene muy bien a Sánchez. Refuerza su posición negociadora frente a Podemos. Él bien quisiera reconocer la esclarecida guía de los portavoces de la gente y aplicar las medidas salvíficas que se le aconsejen. Pero, por desgracia, tiene al partido levantisco y ha de respetar unos límites. Si la otra parte, la verdadera izquierda quiere negociar de verdad, con ánimo de concluir algo, tendrá que limar sus formas y moderar o aguar sus propuestas. Respecto a la posibilidad de algún acuerdo con los indepes catalanes, por ejemplo, su abstención, es aun más lejana. Los barones no quieren ni oler el independentismo.

A su vez, los indepes catalanes tienen escaso margen de maniobra. La exigencia de un referéndum es innegociable. Las posiciones no pueden acercarse más. Cabe discutir si el "no" al referéndum es una actitud justa o no. Pero es la que hay. Los barones aducen que, además, atrae el voto de los españoles de izquierda contrarios a la autodeterminación catalana. Puede que no sea cierto y que, haciendo la debida pedagogía, el electorado español se mostrara más tolerante con ese derecho. Pero no hay tiempo para comprobarlo y el PSOE prefiere no dar esa baza a su gran adversario, el PP que acusaría al otro de romper España, o sea, de lo que él hace.

Con eso, la posible alianza queda reducida a PSOE-Podemos, con el rotundo anatema de C's y la oposición de los barones socialistas. En esta situación los de Podemos, como siempre, dicen una cosa y hacen la contraria. Dicen querer una alianza con el PSOE, pero lo maltratan sistemáticamente de palabra y obra, con una arrogancia absurda, dada la situación en que se encuentran. Bajo ningún concepto quieren terceras elecciones, a la vista del pobre resultado de las segundas que ellos provocaron. Pero los hados los llevan a hacer todo lo posible para que sean inevitables. A estas alturas puede ser ya materialmente imposible que Sánchez convenza a los barones de que Podemos es de fiar; tampoco a una buena parte de la militancia. La gallardía del NO es NO de Sánchez le ha valido el apoyo activo en masa de los militantes que, de pronto, han encontrado una razón para movilizarse. Pero que lo apoyen no quiere decir que aprueben una alianza con un partido que no es de fiar, pues su objetivo final es acabar con el PSOE. Los militantes apoyan en el NO es NO de Sánchez y no temen a unas terceras elecciones.

La prensa se extiende en los dimes y diretes de las cuestiones internas del PSOE, Comité federal, Congreso, primarias. Todo importante, sin duda, para los militantes, pero solo para ellos. El PSOE, como partido, ocupa la centralidad política que los otros ansían y no consiguen. Sobre él, la responsabilidad de adoptar la mejor decisión para los intereses generales, al lado de un gobierno que no gobierna y una oposición que no sabe si oponerse al gobierno o a la otra oposición. Los barones parecen ya resignados a la opción de las terceras elecciones. De ser esa la vía, Sánchez se encontraría un partido de nuevo unido.

Terceras elecciones es la única opción abierta a Rajoy para ser investido. No tiene otra. Sánchez tiene aún abierta la de la negociación y, si esta fracasa, las terceras elecciones serán también su última opción. Pero con una diferencia crucial a la hora de articular la campaña electoral: que él ha hecho todo lo posible por evitarlas mientras que Rajoy no ha movido un dedo. Sobre los dos partidos emergentes es poco lo que hay que decir que no se haya dicho ya.

El código del honor

Estamos de enhorabuena los fans de Los siete magníficos, la película dirigida por John Sturges 1960. Con la nueva versión de Antoine Fucua, recién estrenada, vuelve esta preciosa leyenda de moral caballeresca. Aquellos siete magníficos de Sturges ya eran un remake de Los siete samurais, una película de Akiro Kurosawa, de 1954. El film japonés situaba la acción a mediados del siglo XVI, la época de los reinos combatientes, cuando imperaba el código Bushido o del guerrero que, en su versión romántica idealizada, venía a ser el equivalente oriental de la literatura caballesca occidental, el ciclo artúrico, el bretón. El samurai lo era por observar las virtudes caballerescas, justicia, valor, compasión, educación, honestidad, sinceridad, lealtad y autocontrol. Cuando el destino se le ponía en contra se quitaba de enmedio mediante el sepuku o harakiri.

La versión de Sturges echaba sus raíces en un pasado legendario, pero actualizaba la leyenda al Oeste americano del siglo XIX, en la raya con México. Obviamente hay una adaptación técnico-material inevitable. Por ejemplo, las armas blancas de los ronin, samurais libres pendientes de contratación, son sustituidas por las de fuego. Curiosamente, en el film de Kurosawa, los bandidos disponen de tres de las primeras armas de fuego, de avancarga. Y en el film de Sturgeon hay una sutil referencia al mundo de las armas blancas en la destreza en el manejo del cuchillo del personaje que interpreta fabulosamente James Coburn. Pero junto a la adaptación, había muchas referencias a los samurais y al código del honor y el relato seguía en buena parte el japonés, incluso en los lances amorosos. El espíritu caballeresco quedaba afirmado, a modo contrario, cuando los siete pistoleros aceptan jugarse la vida con muchas garantías de perderla, por veinte dólares. En el desarrollo hay frecuentes referencias a otro tipo de motivaciones y mucha sentencia. Pero, al mismo tiempo, la peli protagonizada por Yul Brynner, Steve McQueen y otros famosos del momento, tiene unos magníficos y muy chispeantes diálogos y algunos episodios memorables, que quedarán en la memoria del cine del Oeste, como el del enterramiento de un indio en el cementerio de un pueblecito tejano reservado solo a blancos.

La nueva versión se apoya mucho en la de 1960, tanto que reproduce en parte la banda sonora y trozos de diálogos. Pero cambia el contexto pues la acción ya no transcurre en Texas sino en California y no hay mexicanos en ella. Son colonos, mineros yanquies, pero sometidos al mismo expolio y la misma tiranía que los campesinos mexicanos en la versión anterior. La historia se ha simplificado y se ha americanizado del todo. Si la versión de Sturges estaba relacionada con los westerns de John Wayne o solo ante el peligro, esta otra es más al estilo de Sam Peckinpah y el grupo salvaje con elementos de "spaghetti western". El código del honor tiene aquí menos relevancia. Las cuestiones de la moral del guerrero palidecen frente a la vistosidad y espectacularidad de los tiroteos y las balaceras.

Pero, en cambio, la versión de nueva incorpora elementos llamativos de ruptura en el plano del metarrelato. Es como un deliberado intento de cuestionar las narraciones convencionales, dando entrada en esta al multiculturalismo en nombre de la necesidad de multiplicar las miradas, los puntos de vista y los relatos mismos. El protagonista, Dentzel Washington, es negro. Quizá por no otra razón que porque el director, Antoine Fucua también lo es. Pero hay otros elementos rupturistas. Uno de los siete magníficos actuales es un indio comanche con sus pinturas de guerra. Otro, un japonés experto, cómo no, con el cuchillo y vínculo lejano a la peli de Kurosawa.

La película desprende un tufo machista muy acusado. Solo una mujer tiene un papel de alguna entidad, aunque secundaria. Cuando menos no es como sujeto de un lance romántico sino de ardor guerrero. Queda la esperanza de que, así como Fucua ha roto el convencionalismo anglosajón, la siguiente versión, meta una o dos mujeres entre los siete magníficos. ¿Por qué no? La leyenda es eterna. Basta seguir con ella.

En realidad, da igual lo que hagan en las versiones. Gracias a su fondo de literatura caballeresca al más clásico estilo, la historia aguanta lo que le echen. Hasta ametralladoras. Con ellas se cierra el ciclo desde los mosquetes japoneses hasta las primeras armas automáticas. El episodio de la ametralladora, por lo demás, también remite a las escenas finales de Grupo salvaje.

Con tanto tiro hay poco tiempo para profundizar en los siete personajes. Tienen fuerza los tres "fuera de norma", algo también el mexicano y muy escasa los tres yanquis al uso. Irónicamente, los tres supervivientes son el negro, el mexicano y el comanche. Esto no lo hubiera tolerado el código Hayes, que no tiene nada que ver con el Bushido.

viernes, 23 de septiembre de 2016

La voz del mayoral

El País ambicionó siempre el estatus de "intelectual orgánico" del sistema de la III Restauración borbónica. Porque ha habido tres: la de Fernando VII, El Deseado, la de Alfonso XII, triste de ti y la de Juan Carlos I. Hemos tenido dos fugaces repúblicas y tres interminables restauraciones. El abanderado, el confaloniero de la última, el intérprete de sus designios, el urdidor de su supervivencia, el gran guía de esta transición inacabable es este periódico. Capataz diligente de los designios de la oligarquía española, sector liberal-progresista, El País se enorgullece de seguir las órdenes del amo del cortijo con una mezcla de gracejo servil de mayoral antiguo y aparente eficacia de librecambismo neoliberal.

El editorial de hoy, La deriva de Sánchez, es una pieza a degüello contra el secretario general del PSOE por no doblegarse a los intereses de los que mandan en la empresa y en la banca, los que dictan los contenidos del diario. Este trabajo de matarife lo bordaba antaño Juan Luis Cebrián, acostumbrado a tumbar gobiernos con sus insufribles cuanto pedantes soflamas. Pero ya ha cansado a la audiencia. Ahora entran en la batalla las baterías institucionales. El editorial podría venir directamente de La Moncloa, o ser un producto del mismo Cebrián. Incluso puede serlo de Rubalcaba, recientemente incorporado al consejo editorial del periódico, un lugar muy cómodo desde el que disparar contra su propio partido sin que se note mucho.

De todos los editoriales inicuos y repugnantes que ha publicado el medio, este se lleva la palma. En sus líneas reverbera el orgullo y el desprecio de la España integrista (la que ganó la guerra, como acaba de recordar el psicópata de Interior) con la arrogancia de los sedicentes progresistas y liberales de la "otra España", siempre dispuestos a claudicar ante la derecha nacionalcatólica más cerril. Respira agresividad y hasta odio hacia un solo hombre, Sánchez, que ha tenido el arrojo de plantar cara al conformismo, a la resignación, a la claudicación ante la chulería de una derecha que, como puede verse, está dispuesta a todo para no salir del poder. Está literalmente fuera de sí pues no consigue trasladar sobre las espaldas del socialista la culpa de un bloqueo que recae exclusivamente sobre el presidente de los sobresueldos, obstinado en no cambiar la poltrona del poder por el posible banquillo de los acusados.

Acusa el editorial a Sánchez de irresponsable por anteponer su interés personal al general de España. Justo lo que hace Rajoy con todo descaro. Pero eso ni se menciona. Rajoy tiene derecho a bloquear; Sánchez, no. ¿Por qué? Porque El País es el periódico de Rajoy, el mayoral porcino de la piara. ¿Y qué decir de eso del "interés general de España"? Resulta que este interés manda que gobiernen los mismos que han robado a mansalva, destrozado y arruinado el país y lo han hundido en el descrédito internacional más profundo. Manda asimismo que se condone la corrupción sistemática de un partido cinco veces imputado en procesos penales y abarrotado de ladrones, sinvergüenzas, comisionistas, dafraudadores y delincuentes organizados. Manda también que se les garanticen otros cuatro años de arbitrariedades, enchufes, malversaciones y despilfarros.

El "interés general" de España manda que siga en el poder un gobierno de franquistas cuya finalidad es revertir los escasos avances democráticos conseguidos hasta la fecha. Manda involucionar, desmantelar el Estado del bienestar a base de esquilmar el erario y lo que quede, dejárselo a la beneficencia privada. Manda esclavizar a los trabajadores, estafar a los contribuyentes, expoliar a los pensionistas, desamparar a los dependientes, expulsar a los jóvenes, someter a las mujeres, rechazar a los refugiados e inmigrantes, entre otras formas de injusticia.

Sánchez resiste apoyado por las bases, la militancia y los votantes, elementos que han resultado ser más eficaces de lo que los señoritos del capital calibraban porque contra ellos no se han impuesto los chantajes de la derecha. Tampoco la hipocresía de la "verdadera" izquierda (esa que dice que no quiere ser encasillada en el PSOE o el PCE pero lleva al PCE en sus listas electorales), ni los bancos, ni la Iglesia, ni los socialistas submarinos del PP, ni todos los medios, tertulianos y demás patulea. Algo en verdad milagroso porque el secretario general solo cuenta con ese respaldo. No tiene la abundancia de medios de que disponen los demás, sobre todo el PP y Podemos, con sus canales de televisión y medios digitales a tope de "auténticos creyentes".

Sánchez no tiene más que la confianza de la gente (cosa de la que los otros tres carecen por su falta absoluta de lealtad), la buena fe y la convicción cada vez más extendida en que aquí nos jugamos una cuestión de dignidad y autoaprecio. Si nos resignamos, si claudicamos, será cuando el país se hunda.

Desde El País se recurre a la amenaza de desequilibrar el PSOE, algo preocupante porque ahí se nota también la larga mano de Rubalcaba y se formulan falacias vergonzosas como que no es posible gobernar con 85 diputados, que son el 25% de la cámara. Falso. Hay países europeos gobernados en coalición con similares porcentajes. No se gobernaría con 85 diputados sino con 150, quizá con 170 o mayoría absoluta. En todo caso, similar es la pretensión de dar el gobierno a 135 diputados, que es el 33% de la cámara. Pero esto, como la responsabilidad del bloqueo, no se menciona. El PP tiene más derechos que el PSOE. ¿Por qué? Porque lo dice El País, que es su periódico.

De los números, El País lleva sus sofismas a los contenidos. Las sumas de posibles aliados del PSOE son absurdas, heteróclitas, nada de fiar, una receta para el caos. Este puede ser el único argumento aceptable del periódico. Podemos, la "verdadera" izquierda de IU y los morados, lejos de facilitar el camino a la formación de una gobierno de izquierda, lo han dinamitado. Sobre el desbarajuste de unas confusas crisis orgánicas e ideológicas se impone la arrogancia y la agresividad de unos neobolcheviques incapaces de moderar sus pulsiones más elementales, narcisistas y revanchistas. Efectivamente, ese gobierno de coalición no es posible pero no porque los números no den, sino porque no da la inteligencia de los dirigentes de Podemos.

Así que terceras elecciones. Es la salida más acertada y la más legítima. En democracia las cuestiones litigiosas se resuelven votando. Rajoy y sus pregoneros dicen que el PP ha ganado las elecciones dos veces seguidas. Mentira. Las ha perdido, como todos los demás. Que sea la minoría mayoritaria no lo hace ganador como se prueba viendo que no gobierna. Hay que esperar una mayoría suficiente para gobernar y la hipótesis que va tomando cuerpo es que pueda conseguirla el PSOE. Justo lo que la derecha y Podemos no quieren. Pues ya saben: pacten.

El bestiario hispánico

Los escritores políticos suelen recurrir a animales para ilustrar sus análisis dotándolos de ciertas cualidades humanas. Después de los variadísimos bestiarios medievales, dedicados a la moralización universal, Maquiavelo sentó el ejemplo al decir que el príncipe debía ser una mezcla de zorro y león. Ambos tienen rasgos positivos, pero deben complementarse en la misma persona. Otro italiano, Pareto, expandía los caracteres de Maquiavelo a la elite. En esta debía haber zorros y leones. Los zorros son muy socorridos, por su supuesta astucia. Pero no siempre son bien valorados. Sir Isaiah Berlin decía que los hombres somos zorros o erizos. Los zorros se pierden en los detalles, mientras que los erizos van al grano. En esto daba la razón a Schopenhauer para quien los hombres son erizos; se buscan, pero se repelen. Añádanse el burro demócrata estadounidense, animal tozudo, y el elefante republicano, el baluarte contra el que se estrella la tozudez asnal. En resumen: zorros, leones, erizos, asnos y elefantes.

Búsquense los parecidos. Rajoy sería muy bien el asno, no por su falta de raciocinio, sino por su obstinación y tozudez. No hay quien lo mueva. Sánchez podría ser el elefante, el baluarte contra el que se estrellan las oleadas asnales. Importantes y arrasadoras que son, pues vienen movidas desde todos los cuarteles, incluidas las baronías territoriales. El paquidermo es poderoso y se apoya en sus cuatro sólidas patas en la militancia y la votancia, ambas soliviantadas.

Los otros tres animales tienen difícil acomodo. El león, ese fiero y noble félido de imponente presencia, queda sin intérprete entre los políticos. Si acaso podría atribuirse a Joan Tardá, de leonina imagen. Los dos líderes emergentes parecen aspirar al papel de zorros. Unos animales astutos capaces de robar las gallinas del corral. No es elegante cometido, así que nuestro zorro se considera astuto, pero sin especificar en qué se concreta la astucia. En política esto suele confundirse con el oportunismo, que tiene mala prensa y da una imagen de veleidad de escaso atractivo para el electorado. En último término, les queda el erizo muy visible en el modo en que C's y Podemos se repelen y Podemos busca contactos con el PSOE de los que saltan chispas.

Agotados los animales convencionales de los políticos, podemos ir a buscar otros para caracterizar el bestiario hispánico actual. Por ejemplo, los buitres. No es tan extraño, la prensa llama "fondos buitres" a unos negocios financieros que andan siempre metidos entre carroñas. Por esos mismos dominios merodean las hienas, los coyotes, los chacales. Yo identifico un par de hienas entre las personalidades que ríen en público, pero eso es cosa mía. Cada cual encuentre los parecidos como los vea. De coyotes y chacales andan servidos los municipios y comunidades. Y sin olvidar otros animales también muy ejemplificadores. Por ejemplo los llamados sociales, como las hormigas, las termitas y las hordas, las pirañas o la langosta. Cierto partido conozco que lleva casi cinco años en el poder como si fuera la maldición del quinquenio de la langosta, que no ha dejado nada con vida. Un país yermo de todo, de talento, iniciativa, espíritu cívico. Añádanse desde el punto de vista de la comunicación las cotorras, las gallinas y los gallos, o los cucos, sobre todo las primeras, omnipresentes en los medios sin parar, 24h24. De vez en cuando un gallo gallea y eso permite escuchar el cacareo de las gallinas. Los de Podemos tienen tendencia al galleo y las bases o círculos al cacareo. En cuanto a la agresividad y mala uva, las víboras se llevan la palma, las arañas venenosas y, por supuesto, los escorpiones de quienes se dice que se suicidan clavándose el aguijón. Los fondos de reptiles del ministerio del Interior no llevan veneno. Solo estupidez y un despilfarro de caudales públicos posiblemente punible.

(La imagen es una reproducción del Aberdeen Bestiary, del siglo XII, en el dominio público.) 

jueves, 22 de septiembre de 2016

Periodismo de guerra

El titular de El País es tan escueto como un parte de guerra...ideológica. La guerra: "Sánchez pasa al ataque". La ideología: "para eliminar...etc". Lo primero parece ser un hecho relatado en términos bélicos. Lo segundo, un juicio de intenciones como un piano. ¿Qué sabe El País lo que pretende Sánchez? Atribuirle la intención de eliminar la crítica dentro del PSOE puede reflejar también un deseo del periódico o un resabio de algún oscuro pasado estalinista. Una purga, vamos. Esa cosas pasan en los partidos, en todos. En el PSOE no suelen acabar en escisiones; pero todo es empezar. Aunque los 135 años pesan mucho en "la conciencia de los vivos", que diría Marx.

Viene luego la intencionalidad política del diario, gran defensor de cualquier forma de gobierno que incluya al PP. Para lo cual hay que doblegar ese tenaz NO es NO de las bases y la plebe, o sea, la militancia y los votantes. Al efecto ha incorporado recientemente a Rubalcaba al consejo editorial, importante órgano cuya función, como la del Consejo Nacional en tiempos de Franco, es dar la razón al aconsejado. Así se refuerza el bando antisánchez en el PSOE, que anda muy maltratado en las redes. La gente se toma a risa a Felipe González, antaño oráculo de Delfos. Y no digamos a Corcuera. Está luego ese runrún de las supuestas ambiciones de Susana Díaz. De haberlas, son perfectamente legítimas y medirán sus fuerzas, seguramente, en unas primarias.

Pero antes se yergue el obstáculo del gobierno que ha de formarse si de verdad no se quieren terceras elecciones. Ignoro qué batería de argumentos traerá el batallón de los derrotistas para esta segunda ronda, pero Sánchez sigue teniendo un arma tan poderosa como el escudo de Perseo con la cabeza de la Medusa, que petrificaba a quien la miraba: que los partidarios de ceder al gobierno del PP con Rajoy al mando den una sola razón que justifique su decisión, a los ojos de la decencia y el espíritu democrático. 

El camarada Fernández y la Hermana Lucía

No se negará que esto toma visos estremecedores en todos los sentidos, especialmente el esperpéntico. Es increíble cuánto se parece este país a sí mismo, a su peor "sí mismo". Es como el ensimismamiento de Ortega, pero al revés. Lo suyo del país es retroceder.

Ahí tenemos al increíble ministro del Interior y de los Santos Lugares, supuestamente metido en conspiraciones, conjuras y necios esquemas con finalidad ilegal, inmoral, atroz de hecho: fabricar delitos para imputar luego a rivales políticos. Se ven en la foto de El confidencial. Y meten miedo. Son rostros casi patibularios, aunque no muy inteligentes. Son tres de los genios del tocomocho de un millón y medio de euros. Eso es lo que ha llevado a Gabilondo a estallar contra él con un "ademas de corrupto, inútil". Pues sí, qué le vamos a hacer. Es de risa. Pero ojo con la risa, que se puede helar. Dice el ministro que hay quien quiere ganar la guerra que perdió hace 40 años. ¿Qué? ¿Más explicaciones? La transición fue un pacto para no mirar al pasado sino al futuro. Pisando sobre los cuerpos de 100.000 asesinados enterrados en fosas comunes. Eso no lo dice el ministro. Pero está ahí. Sobre la injusticia no se puede construir futuro alguno. Los saben esos rostros que lo miran con esos gestos.

Si Fernández Díaz representa la iglesia triunfante, Lucía Figar representa la iglesia militante, la que lucha en este pícaro mundo contra las asechanzas del maligno. Magnífica foto la de la SER. Una Magdalena, pura espiritualidad, casi levitante. Su mandato como consejera de Educación ha sido desmantelar el sistema público de enseñanza y privilegiar el privado y el concertado. A extremos de auténtico mecenazgo celestial, esto es, regalando terreno público a órdenes religiosas dedicadas al negocio de la enseñanza. Lo que no era en beneficio y loor del Señor, era en los de ella misma. Especialmente concentrada, según parece en ensalzar su reputación en red, incluso con recurso a medios inmorales.  Que la fe no está reñida con la tecnología último grito. La Hermana Lucía era sobre todo hermana de sí misma y garante de su posición en el pícaro mundo. Para mejor combatirlo, claro.

Pura corte de los milagros. Escenificada por los de siempre y al servicio de los de siempre. Puro franquismo zarrapastroso. Ese es el gobierno que quieren quienes presionan al PSOE para que claudique. Es tal su ceguera por orgullo herido que no ven un futuro inmediato todavía más delirante: el de un presidente del gobierno teniendo que ir a declarar como testigo en el proceso de la Gürtel rama valenciana. No es broma. 

Cierren cuanto antes este ya largo episodio de la España negra. Pongan fin a esta absurda farsa de un partido encausado en cinco procedimientos judiciales, haciendo como que gobierna Y al mando, un presidente que, de no ser porque le falta elegancia, especialmente al caminar, podría pasar por la Máscara de la muerte roja.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Un tocomocho de un millón y medio

Hace un par de días, Miguel Ángel Aguilar informaba en Ahora de que el ministerio del Interior había hecho una de las suyas. Había pagado millón y medio de pavos de los dineros del contribuyente en septiembre de 2014 a un supuesto confidente a cambio de documentación sobre unas hipotéticas cuentas en Suiza de Xavier Trias, a la sazón alcalde convergente de Barcelona. Aguilar, un veterano periodista de probada profesionalidad, daba cuenta con fina e irónica prosa de la rocambolesca operación: un maletín con la pasta, un avión de la policía, una operación de alto secreto, un 007 de la Gran nación con la que se podría montar un escándalo a Trias, que hundiría su candidatura en las elecciones municipales de mayo de 2015. Una hábil operación de guerra sucia. Solo que los papeles entregados a cambio de la pastuqui resultaron ser falsos. Como los billetes de lotería del conocido timo del tocomocho. Más que un 007, un golpe de la T.I.A., la agencia de Mortadelo y Filemón, propio de la marca España.

No obstante su falsedad, la información se filtró a la prensa amiga y esta la utilizó para dinamitar la campaña electoral de Trias. Los demás candidatos se valieron de ella para atacar a su rival. Especialmente la candidatura de la señora Colau, la actual alcaldesa. CiU sufrió un descenso importante, con cuatro concejales y seis puntos porcentuales del voto menos. Trias no pudo repetir mandato. Perdió.

Nadie, que yo sepa, ha desmentido la información de Aguilar. Ni nadie se ha hecho eco de ella. Como si la crónica, a fuerza de esperpéntica, fuera un relato narrado en un limbo de García Márquez con unas gotas de Borges. Una información que en cualquier país del mundo produciría una crisis gubernamental, lost in translation.

A día de hoy, contamos con una querella de Trias contra El Mundo por la información publicada. No consta que nadie más haya hecho declaración alguna, que alguien haya pedido disculpas, cuando menos, por haberse valido de medios vituperables. Y menos que nadie, la señora Colau. Un silencio todavía más reprobable que el hecho de incurrir en guerra sucia y golpes bajos, aunque sea sin conocimiento pleno de los datos. Vieja política. Viejísima.

Pero aun produce mayor perplejidad que ninguna fuerza política de la oposición se haya manifestado al respecto. Que no haya una iniciativa para que Fernández Díaz dé cuenta en sede parlamentaria de esta enésima tropelía de un ministro del Interior,  no del Estado, sino del PP. Ya sé que el gobierno está en rebeldía frente al Parlamento, según caprichosa doctrina que el Tribunal Constitucional tiene previsto revisar en las calendas griegas. Pero por pedir, que no quede. Así, al menos, la gente (ese nuevo sujeto colectivo imaginado por Podemos para no hablar del pueblo) se entera. También es cierto que, al haberse pedido comparecencia del ministro por sus conversaciones grabadas con su hombre en Barcelona, seguramente se acumulará este otro motivo. Por supuesto, el ministro no comparecerá, así que donde no explicará las conversaciones, tampoco explicará los millones.

Sin embargo, la oposición debiera mostrar mayor energía si quiere que se la tome en serio. El gobierno se ha declarado unilateralmente en rebeldía, pero el Parlamento conserva la facultad de deponerlo mediante una moción constructiva de censura. Una opción que nadie parece contemplar, entretenidos como están los líderes en dialogar e insultarse de mitin a mitin. Supongo que los autores de la doctrina de la irresponsabilidad sobrevenida del gobierno aducirán que el Parlamento no puede censurar uno en funciones. El sentido común, sin embargo, dice que el gobierno puede ser censurado siempre y, en especial, cuando está en funciones. Caso de prosperar esta moción de censura, habría una crisis institucional paralela a la territorial que ya existe.

Si los partidos de la oposición, que suman 176 votos (PSOE, Podemos, Indepes catalanes y PNV), mayoría absoluta, no son capaces de arbitrar la fórmula de la censura, merecerán que les pase lo que les pase. Por ejemplo, que traguen con un gobierno cuyo ministro del interior parece haber perdido 1,5 millones de euros de los dineros de todos en un timo que es un posible delito y aun lo sería más de no haber sido falsos los papeles.

Iríamos entonces a las terceras elecciones. Pero Palinuro plantea que es imposible creer en la neutralidad y buen hacer de un ministro investigado bajo sospecha de imputar delitos falsamente a adversarios políticos y ahora de pagar por cometerlos él mismo. En román paladino: ninguna confianza en la gestión de las elecciones que haga ese ministro del Interior, a quien el principio de legalidad de la administración debe de sonar a chino. Nos jugamos mucho. Quienes han ganado al parecer elecciones ilegalmente financiadas no tendrán mayores escrúpulos en amañar los resultados. Por eso no es exagerado pedir observadores extranjeros. Lamentablemente, las cosas están así.

Homs en el Tribunal Supremo

Aquí mi artículo de hoy en elMón.cat sobre la justicia del Rey. El asunto va de que la justicia en España se imparte en nombre del Rey, pero este no parece interesarse en absoluto por la justicia que se imparte en su nombre. En el caso del procesamiento del diputado Françesc Homs y los de Mas, Ortega, Rigau y quizá Carme Forcadell, parece claro que se trata de la judicialización de un problema político. El Estado comienza a enseñar los dientes a los independentistas. Los dientes, no las razones. Y, detrás de los tribunales, quizá vengan las cárceles.

Está claro que tienen perdida la partida y que lo único que se les ocurre es reprimir y generar un contexto de violencia, a ver si la gente se amilana. Y no será el caso.

Aquí la versión castellana:

La justicia del Rey

En España, la justicia se administra en nombre del Rey. Esto es más que una mera fórmula protocolaria. Responde a una realidad. Donde hay un conflicto básico de legitimidad, que cuestiona el ordenamiento fundamental de la convivencia entre dos comunidades, ambas sometidas al mismo monarca, el nombre del Rey sirve para zanjarlo.

Pero zanjarlo ¿cómo? ¿Buscando un equilibrio, un entendimiento una fórmula entre las dos comunidades o imponiendo los intereses de una de ellas sobre la otra? Si es de la primera forma, el Rey serviría para arbitrar y mediar en los conflictos entre quienes están sometidos a su soberanía. Si es de la segunda, lo único que se hace es disfrazar una justicia de parte en nombre del Rey. Y, en el peor de los casos, identificar la justicia del Rey con los intereses de una de las partes.

El proceso que se sigue contra Francesc Homs por la consulta del 9N cae de lleno en el segundo supuesto. Homs, como Mas, Rigau y Ortega están imputados por presuntos delitos anejos a su propósito de consultar la voluntad popular el 9N de 2014 a la vista de que el gobierno español no autorizaba, ni autoriza, un referéndum ni siquiera consultivo.

Los hechos y resultados son conocidos. La consideración del acto en sí tiene dos facetas, una política, que es como la entendió la Generalitat catalana y otra jurídica, como la entendió el gobierno español. Para la Generalitat, la consulta fue un acto de soberanía en la que se pudo saber la voluntad del pueblo catalán. Votaron más de dos millones de personas y el porcentaje a favor de la independencia fue altísimo. Sus consecuencias políticas son necesariamente de largo alcance pues legitima la prosecución del proceso. Para el gobierno español, la consulta fue poco más que una verbena, sin consecuencia jurídica alguna, pues se hizo con menosprecio de la ley.

El hecho, sin embargo, es que desde el punto de vista político, la consulta del 9N tiene un valor simbólico, pues abre el camino al proceso independentista pero necesita una debida realización de un referéndum, mientras que los efectos jurídicos, los que no iban a tener más que un valor simbólico, lo tendrán muy real pues son los de carácter represivo que se materializan en el proceso de Homs y los subsiguientes a los otros encausados.

Para Homs y quienes lo han acompañado a las puertas del Tribunal Supremo, el proceso es un simulacro jurídico de un propósito político: los fiscales catalanes en su momento y por unanimidad no vieron razón alguna para procesar a las autoridades de Cataluña, pero su superior jerárquico, el Fiscal General del Estado, revocó esa decisión unánime y obligó a abrir causa contra las personas citadas. Dado que el Fiscal General del Estado es de nombramiento directo del Gobierno no es absurdo pensar que este presionó para imponer la decisión de procesar. Semanas más tarde se producía la dimisión de ese Fiscal General. De forma que el de ahora hereda la situación ante el TS que, en poco tiempo, tendrá que conocer seguramente de los otros procesamientos y que es quien debe dilucidar en sede jurídica actos y pronunciamientos de carácter estrictamente político.

Para el gobierno y sus innumerables terminales mediáticas, el proceso de Homs et al. es un asunto estrictamente jurídico que debe resolverse en sede judicial. Es más, alguno de sus representantes no se recata en comparar el caso de la imputación a doña Rita Barberá por un presunto delito común con el de Françesc Homs por otro supuesto delito pero de conciencia. La comparación solo puede mantenerse en el campo del más rabioso positivismo que renuncia a valorar la motivación de las personas. Las dichas terminales mediáticas no dudan en calificar de “desafío total a la justicia” la actitud de Homs quien ha comparecido en tiempo y hora a la citación del Tribunal y, en uso de sus derechos procesales, ha contestado a las preguntas del juez y de la defensa, pero no a las de la acusación. Ningún desafío ven los medios del nacionalismo español (entre ellos, los catalanes) al hecho de que la señora Barberá haya decidido burlar, aunque sea transitoriamente, la acción de la justicia mediante un uso torticero y presuntamente prevaricador de la institución del aforamiento, cosa que ha hecho con el apoyo directo del presidente del Gobierno. El mismo que probablemente presionó al Fiscal General para que revocara la decisión unánime de los fiscales catalanes y procesaran a Homs.

Esta desviación de un problema político a sede judicial por la absoluta incapacidad de los políticos españoles de enfrentarse al contencioso catalán, puede acabar con el escaso prestigio que queda a la justicia en España y con generar una situación de acción reacción de consecuencias que nadie en su sano juicio puede desear.

Sí, la justicia en España se administra en nombre del Rey. Pero no se administra por igual para todos. Para los catalanes, especialmente los republicanos, la justicia del Rey es justicia de parte. Y de parte contraria.

martes, 20 de septiembre de 2016

No estaría mal

La entrevista a Luis Villares, cabeza de lista de En Marea en las elecciones gallegas del próximo día 25 que aparece hoy en Público tiene mucho interés. Su punto central es el agudamente sintetizado en el titular: "Si En Marea gana en Galicia, no habrá terceras elecciones en España". A primera vista, este vaticinio parecería contradecir el post de Palinuro de ayer, Sin novedad en el frente por cuanto dice que el resultado de las elecciones gallegas tendrá una incidencia directa en la política española, al punto de evitar las temidas terceras elecciones. Palinuro sostenía que tanto las elecciones gallegas como las vascas del mismo día no alterarán la situación política general, de acuerdo con los vaticinios demoscópicos. Esto es, que los resultados autonómicos no posibilitarían (ni dejarían de posibilitar) unas u otras coaliciones electorales en el Estado. O sea, que estas elecciones están ya descontadas, son escaramuzas colaterales y no tendrán mayor relevancia.

Pero esa opinión quizá sea errónea. Hasta el domingo no lo sabremos. Palinuro podría estar equivocado. En realidad confieso que si la equivocación fuera en el sentido que señala Villares, esto es, que el PP perdiera la mayoría absoluta en Galicia, nada le agradaría más y lo celebraría con pitos y flautas. ¡El PP a la oposición en Galicia y los gallegos con un gobierno de coalición de izquierda En Marea-PSOE! Un sueño. Ojalá.

Villares hace otras consideraciones en la entrevista verdaderamente enjundiosas. Insiste en distinguir En Marea de Podemos y da a entender que el mando corresponde a En Marea frente a un Podemos más subalterno. Cualquiera que conozca la política en España y las naciones que alberga sabe el alcance de esta afirmación: en concreto que, si en Galicia pierde el PP la mayoría absoluta y cabe formar un gobierno de izquierdas, ese gobierno se formará porque la decisión será del sector por así decirlo "cívico" de En Marea y no de los seudobolcheviques de Podemos que tienen aquí una posición subordinada. Recuérdese que la formación del partido instrumental estuvo a punto de fracasar por la habitual intransigencia y arrogancia de Podemos y que, si se salvó, fue por la intervención del líder Iglesias en el último momento forzando una unidad de acción en contra de la voluntad diz que democrática de las bases y de los entes negociadores de su partido. De no pasar por el aro, Podemos se hubiera quedado fuera de En Marea y, aunque eso refleja mejor su voluntad permanente de dividir la izquierda que no puede controlar, hubiera descubierto demasiado su juego y lo hubiera llevado a la irrelevancia.

Así que, en efecto, es una muy buena noticia que en En Marea haya una voluntad mayoritaria de ir a una alianza de izquierdas y no la vieja obesesión comunista de acabar con el PSOE al precio que sea, incluso de gobierno de la derecha.

Una muy buena noticia que puede luego extrapolarse a la política del Estado en alas de un cálculo inteligente como hace el juez Villares: si hay alianza de izquierdas en Galicia, como de hecho ya la hay en Valencia, habrá gobierno de izquierdas en España. Es casi como un guiño dirigido a los analistas: si en Marea gana en Galicia, en las negociaciones para formar gobierno en Madrid Podemos pintará menos, será marginal la presión anguitiana del sorpasso y hasta es posible que manden a los que lo propugnan (con el sempiterno fin de impedir un gobierno de izquierdas) a escardar cebollinos, que ya va siendo hora.

Así que, en efecto, la entrevista tiene fondo y es muy interesante. Y ojalá se realicen los deseos del juez Villares. Tanto si la fuerza mayoritaria de la izquierda es En Marea como si es el PSGa. Los dos parecen tener claro que el objetivo esencial, fundamental, primordial de la izquierda en España ha de ser poner fin a este atropello, esta vergüenza de un gobierno de ineptos, presuntos corruptos y ladrones y franquistas.

De ser esto así, también Palinuro aplaudiría formar ese gobierno en España (pendiente de resolver el contencioso catalán según el ideario de la izquierda, con un referéndum de autodeterminación) y evitar así las terceras elecciones.

Pero, si no lo fuera, no se olvide. Las elecciones son el mejor modo de encauzar los problemas en las sociedades democráticas.

La conferencia de Reus

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Vídeo, por cierto de excelente calidad, de la conferencia íntegra de Reus sobre La República Catalana, avanzada de una nueva Europa. El planteamiento de esta charla es que todo el debate sobre la condición nacional de Cataluña y los derechos que de ella se derivan, así como sus accidentadas relaciones con España está ya agotado. En el debate sobre razones y contrarrazones de uno u otro bando ya no se esperan sorpresas. La relación entre España y Cataluña no va a cambiar ya a raíz de que alguien pueda llegar con alguna innovación. Está todo hablado. Ahora solo queda actuar cada parte en función de sus presupuestos argumentales: Cataluña hacia la realización práctica de su autodeterminación; España, según parece, a impedirlo. Nadie quiere que este contencioso llegue al empleo de la violencia y, por lo tanto, ambas partes tendrán que hacer lo posible para que eso no suceda. Pero sin renunciar a sus posiciones, lo cual quiere decir que, en algún momento del recorrido, el asunto habrá de considerarse en foros internacionales, quizá en la Corte Internacional de Justicia en La Haya.

Mientras esto sucede y, cuenta habida de lo anterior, lo interesante, lo prometedor ahora es indagar sobre cuál haya de ser la relación de Cataluña con Europa en el entendimiento de que se trata de una relación inmediata, no mediada por el Estado Español. Cuál haya de ser la relación de la República Catalana con Europa, cómo sonará la voz de Cataluña en Europa y de qué hablará.

Sobre eso trata la conferencia.