martes, 25 de noviembre de 2014

La palinodia del PSOE.


Tarde, mal y a rastras. Sin duda tiene sus bemoles que el PSOE anuncie la voluntad de reformar la reforma del 135, o sea, de dejarlo como estaba antes de la lamentable decisión de Zapatero en 2011, de volver a la situación anterior, de revocarse a sí mismo. Sánchez sostiene que fue un error. Es caritativo en el término porque él apoyó ese "error" en 2011 cuando otros compañeros suyos, ciertamente pocos, se opusieron. Fue más que un "error"; fue una felonía. Si Zapatero no tenía fuerza o convicción suficiente para oponerse en su momento a las presiones alemanas, debió dimitir o someter a referéndum la reforma. Quizá hubiera bastado con explicar a los alemanes que reformar la Constitución no es lo mismo en España que en Alemania en donde, se ha reformado casi sesenta veces en 65 años. Pero para ello haría falta caer en la cuenta.

Era más fácil doblegarse y presentarlo como un asunto de Estado de los intereses-generales-por-encima-de-los-de-mi-partido, bla, bla. Ahí es donde está la felonía. El interés de tu partido y tus votantes es preservar el Estado del bienestar; no destruirlo. Exactamente lo que ha pasado al amparo de la reforma del 135, el primer y único acuerdo con el gobierno socialista a que llegó a la velocidad del rayo un PP entonces en una oposición sin cuartel. En una noche de verano ambos partidos dinásticos decidieron la única reforma de la Constitución no de mero trámite que se ha despachado. Con nocturnidad y alevosía. No, no fue un error.

Aun así, ¿por qué se anuncia por fin que se revocará la reforma? Por instinto de supervivencia. Los últimos sondeos, en Cataluña, en Madrid, en Navarra meten el diablo en el cuerpo socialista. El partido baja a tercera posición, pasa a convertirse en “partido bisagra”, reducido a tan lamentable condición por otro que ha fagocitado a IU y absorbe como un sifón un amplio abanico de izquierda socialdemócrata, de profesionales, cuadros medios y hasta obreros. Ya ni las encuestas propias los tranquilizan.

De ahí viene la palinodia. No, es de temer, de una revisión más profunda. De la necesidad de sobrevivir en un ambiente electoral muy negativo, incluso hostil. El PSOE se dejó atrapar en exceso en su condición de partido dinástico y fuertemente atacado del virus de la corrupción allí donde, como en Andalucia, llevaba lustros gobernando. Cuando la crisis y el gobierno depredador de la derecha suscitaron respuestas contrarias más y más generalizadas, mareas, movimientos ciudadanos, 15ms y, por último, Podemos, el PSOE quedó aislado, encadenado en la defensa de instituciones como la Monarquía también cuestionadas. Ha tardado, pero parece haberse dado cuenta a fuerza de sondeos de que tiene que reaccionar como sea por la izquierda. De ahí la contrarreforma del 135.

Pero ¿basta ya con eso? Desde la felonía de 2011, el PSOE tiene nulo crédito. Carece de respuesta a la pregunta de que, si tan federal es el fondo de su espíritu, ¿por qué no lo ha mostrado jamás en casi veinte años de gobierno? Solo la saca cuando la situación en Cataluña ha dado ya un giro casi más copernicano aun que el de Podemos en el panorama español.
Quizá no sea suficiente. El PSOE propone una reforma de la Constitución. Ese es el punto fuerte de una posición que quiere articularse como un centro entre el inmovilismo de la derecha y el aventurerismo de la izquierda. Precisamente Garzón, Monedero e Iceta acaban de pedir un proceso constituyente. El asunto vendría de perlas al PSOE en su intento de cristalizar como centro, de no ser porque Iceta es precisamente el hombre del PSOE en Cataluña, lo cual da pie a la cómica situación en que un partido tiene dos voluntades: una, la mayoritaria, quiere una reforma constitucional y otra, la minoritaria, un proceso constituyente. Pero esa minoritaria es esencial en las posibilidades de la mayoritaria de ser alguien en la política del Estado. 
Propugnar una reforma constitucional en contra del partido con el que realizó la última y de los que se han sentido dañados por ella y a ella se opusieron y se oponen, es una apuesta que, queriendo ser moderada y centrista, es en el fondo tan rígida, radical y de todo o nada como aquells. Solo puede ponerse en práctica mediante mayoría absoluta. Igual que las otras.
La cuestión es si la palinodia actual se convierte en un peán de victoria o un gorigori de difuntos. Es el quid de la política: blanco o negro. Los grises vienen después de la batalla.