jueves, 4 de diciembre de 2014

Consejas al PSOE.

Como Palinuro carece de ciencia infusa, no está en posesión de verdad absoluta alguna y carece de títulos para ir por ahí repartiendo credenciales de nada, considera que el PSOE es un partido de izquierda. Quizá no sea tan de izquierda como otros, pues en esto de la ideología, como en todo, hay gradaciones. Pero de izquierda. Se basa para ello en el hecho de que los propios socialistas afirman serlo y parece razonable iniciarse en lo debates otorgando algún crédito a lo que dicen las partes interesadas. Si duda, cuando afirman ser de izquierda, los socialistas pueden estar mintiendo. La mentira es uno de los atributos que definen a los seres humanos como racionales. Pero también pueden estar mintiendo quienes les niegan tan codiciada condición izquierdista y se la reservan para sí. Aunque se tipifique como un mal, la mentira es una forma de bien público en el sentido de los economistas, esto es, algo que pertenece a todos y de lo que nadie puede ser excluido.

En los últimos años se ha producido un cambio en la actitud general del PSOE que ha inducido una creciente opinión popular de que el partido ha dejado de ser de izquierda. Cuántos años en concreto en cosa sujeta a las exigencias de cada cual. Hay quien dice que tres, otros diez, otros, cuarenta. Va en pareceres. En todo caso los suficientes para que haya crecido llamativamente la intención de voto de una izquierda más a la izquierda y se equipare con frecuencia al PP con el PSOE.
 
Ahora el PSOE muestra clara voluntad de enderezar entuertos, disipar dudas, recuperar su discurso genuino, mostrar su rostro de izquierda. Es más o menos creíble pero Palinuro aplica aquí el mismo criterio de conceder un voto de confianza a lo que se dice. No siendo, además, sectario, sostiene que lo importante es que haya un voto mayoritario de izquierda. No es de recibo que gobierne la derecha porque aquella es incapaz de ponerse de acuerdo.
 
Con ese espíritu constructivo, Palinuro aconseja al PSOE recuperar el crédito perdido mostrando que se toma en serio la tarea. Para ello debe marcar distancias nítidas con el PP en todos los terrenos, incluido el de la organización territorial del Estado; o sea, Cataluña. El PSOE no puede decir que en esto está detrás del PP  sin fisuras. La gente no es tonta y puede entender que entre la independencia y la represión sin más hay posiciones intermedias de negociación que posibiliten acuerdos en los que no se menoscaben los justos derechos de nadie. Los justos. No lo injustos.
 
Ese distanciamiento debe ser total. No cabe seguir actuando como comparsa en un esperpento en el que se hace pasar como política la actividad de un gobierno apoyado por un partido que los jueces consideran una posible organización de malhechores y presidido por alguien bajo acusación de haberse lucrado con la corrupción.
 
Y también tiene que marcar las distancias por el otro lado con Podemos, que representa un reto de absorción de votos socialistas tradicionales mucho más fuerte de lo que nunca fue IU. El hecho de que los novísimos se apropien de la bandera de la socialdemocracia debiera suscitar una respuesta rápida del PSOE. Al fin y al cabo, están arrebatándole la marca de fábrica, normalmente un activo muy importante en toda empresa colectiva. ¿Qué debería hacer? Es obvio: elaborar un relato sucinto y claro de lo que la socialdemocracia ha hecho en España de bueno, reconocer lo que haya hecho de malo y proponer enmiendas creíbles. Y atenerse a él. Y difundirlo. Está en su derecho. Como lo está Podemos en dudar de su sinceridad. Y vuelven a estarlo los socialistas cuando dicen que, pues lo mejor resulta ser la socialdemocracia, socialdemocracia por socialdemocracia, más vale apostar por la auténtica que por la prometida.
 
Dos últimas cuestiones. La izquierda socialdemócrata no tiene por qué ser antimonárquica. Los partidos socialdemócratas nórdicos y de otros países europeos conviven con la monarquía. Pero tampoco tiene por qué ser solo monárquica y menos en España. También puede ser republicana. En gran medida lo es y, por tanto, el PSOE debe matizar su reciente monarquismo para reconocer la legitimidad de la república y el derecho de la gente a decidir entre una y otra.
 
La segunda cuestión, la Iglesia. No hay ninguna razón para que el PSOE no se comprometa ya a denunciar los Acuerdos con la Santa Sede y separar de una vez eficazmente la Iglesia del Estado para que aquella deje de ser un Estado dentro del Estado y admita su condición de asociación privada.


(La imagen es una foto del PSPV-PSOE, con licencia Creative Commons).