martes, 17 de marzo de 2015

La enésima calumnia de los GAL.

Ayer, un tal Enrique González Duro se metió en mi muro en Facebook y dejó escrita la calumnia siguiente (tengo captura de pantalla por si alguien quiere verla): “Ramon fue contertulio de la SER donde defendió a capa y espada el GAL” (sic).

Le respondí que es un miserable mentiroso y un sinvergüenza por calumniador y le advertí de que, si insistía, lo bloquearía. Insistió. Lo bloqueé.

Ahora, vamos a los hechos. Jamás he sido contertulio en la SER. Lo fui en Onda Cero. Se dirá que da igual. Contertulio de radio fui. Pero de Onda Cero, de donde, por cierto, me echó Luis del Olmo por orden del gobierno de Aznar. En la SER, jamás. Nunca me quisieron. Da igual y no da igual porque, si uno acusa a otro de un delito (defender a capa y espada los GAL, una organización criminal, es un delito), lo menos que se le puede pedir es veracidad. Salvo que, claro, el acusador sea un calumniador. O sea, un tipo que acusa a otra de un delito sabiendo que es falso. O sea, un delincuente.

Para no ser conceptuado como tal deberá presentar una prueba de que yo haya defendido alguna vez a los GAL. Una sola. Y, por cierto, suficiente para levantar esta otra que aquí aporto: un artículo publicado en el hoy extinto El Independiente el 18 de noviembre de 1988, titulado “GAL, GANE, gatos”, en el que, entre otras cosas, se pedía que se investigara el asunto de los GAL judicialmente, hasta el final, cayera quien cayera.  




Era el año 1988. Todavía no se habían iniciado las acciones judiciales pertinentes. Gobernaban los socialistas y Garzón –que luego sería gran azote del terrorismo de Estado- se presentaría en las listas del PSOE en las elecciones de 1993.
 
1988. En aquellos años, muy pocos se atrevían a escribir en contra de los GAL y menos relacionándolos con el gobierno socialista, salvo en el País Vasco. Al contrario: aun resonaban los aplausos a esta forma de terrorismo de Estado de Pedro J., Ramírez, por entonces gran amigo y compadre de Julio Anguita, esa pareja que después se desgañitó denunciando los GAL. Pero eso fue después.
 
Ignoro en dónde estaba el señor González Duro en 1988 y qué decía, pero si decía o escribía algo en contra de los GAL, me gustaría verlo. Por supuesto, siempre después de ver las pruebas que tiene de que yo los defendiera. Estará el lector de acuerdo en que tiene gracia que uno de los pocos que dio la cara en los años duros en contra de los GAL haya de ver cómo un cuarto de  siglo después llega un difamador a acusarlo de defender lo que atacaba.
 
Esos son los hechos. Ahora vamos a las interpretaciones.
 
Desde luego, jamás defendí los GAL y probado queda que pedí que se investigaran cayera quien cayera. Pero sí defendí al gobierno socialista en la primera mitad de los noventa, cuando comenzó lo que después todo el mundo ha reconocido que fue una conspiración en contra. Paradójicamente también me quedé solo porque, cuando arreció la campaña de la derecha y la izquierda anguitista en contra del “felipismo”, los socialistas, hasta entonces abundantes como las flores en la primavera, desaparecieron de golpe y alguno, especialmente sincero y cobarde, incluso me aconsejó que no me significara mucho, que venían tiempos duros.
 
Por supuesto, mi defensa del gobierno socialista siempre excluyó el terrorismo de Estado y la corrupción, dos lacras del gobierno del PSOE. La prensa de entonces está sembrada de artículos de servidor haciendo esta distinción. Siempre pensé –y sigo pensando- que era mentira que González fuera el Mr. X de los GAL y no hay una sola prueba de ello. Y siempre dije igualmente que, si los socialistas habían organizado el terrorismo de Estado y la corrupción, debían pagarlo con todo el peso de la ley. Pero no quería que, a causa de los GAL o la corrupción, el PSOE fuera substituido por el PP, que fue lo que pasó.
 
No era por entonces, ni lo soy ahora, miembro del PSOE y no pienso que hiciera entonces nada que no debiera hacer un ciudadano de izquierda. Pero, por si hay alguna duda: jamás nadie del PSOE, personal o institucionalmente, me agradeció en público (en privado era otra cosa, había miedo) una defensa obviamente desinteresada. Jamás. Al contrario: cuando todos los valientes socialdemócratas que, a partir de 1993, se escondieron debajo de las piedras, volvieron al poder en 2004, ninguno tuvo un mínimo gesto de reconocimiento. Ni yo lo esperaba. Como tampoco lo espero ahora cuando sigo defendiendo que el PSOE es un partido de izquierda y es injusto y estúpido equipararlo a la derecha. Ni falta que me hace.
 
Pero en este asunto está la explicación de esta calumnia que el tal González Duro reproduce y reitera. Las izquierdas anguitistas, las del “sorpasso”, las visceralmente antisocialistas, no podían soportar que alguien de izquierda defendiera al PSOE, así que fieles a su más acendrada tradición de encanallamiento estalinista, trataron entonces de calumniarme con esta infamia de los GAL, como lo intentan ahora de nuevo porque otra vez me niego a aceptar la estúpida patraña de que el PSOE sea igual al PP, y estos no se andan con chiquitas. Van directos a la calumnia, la acusación falsa, la mentira. Y no van más allá como en tiempos del glorioso camarada Stalin porque no pueden, no porque no quieran.
 
Alguien les ha dicho que se atengan al apotegma de “calumnia, que algo queda”.
 
Pero, a veces, esto es un error y de la calumnia lo único que queda es la basura que vierte el calumniador más estúpido y que solo lo califica a él.