viernes, 26 de agosto de 2016

En busca de la nación catalana

Enric Pujol Casademont (2015) Tres imprescindibles. F. Soldevila, J. Vicens Vives i P. Vilar Barcelona: Publicacions de l'Abadia de Montserrat (137 págs).
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Este trabajo sobre tres ilustres historiadores catalanes pretende un doble objetivo. Uno historiográfico académico, aunque no directo, sino indirecto, ya que es un estudio de un historiador sobre otros historiadores. Otro político con una clara orientación nacionalista catalana. Los tres autores escogidos (que cubren un siglo y pico) lo son por ser grandes historiadores pero, ante todo, por ser catalanes y hablar de Cataluña. El ensayo es un intento de probar el carácter nacional de Cataluña como conclusión de la obra de quienes han escrito su historia. El trabajo historiográfico de Pujol viene recorrido por el hilo de oro político de postular una nación catalana de pleno derecho.

En un par de ocasiones, el autor niega que las ciencias sociales puedan alcanzar un estatus de objetividad como el que soñaba Weber. Pero eso no implica un demérito siempre que el científico-social (el historiador en este caso) explicite desde el comienzo su enfoque metodológico e ideológico. En el caso del nacionalismo esto es patente desde el origen de los tiempos. Sospecho que no debe de haber muchos historiadores (si es que hay alguno) que haya escrito historia al margen de todo presupuesto nacional. Pero eso no es decisivo: el elenco de grandes historiadores en la humanidad se caracteriza por su categoría y no por su nación. Pero la nación cuenta y ese es el acierto de Pujol, advertirlo desde el principio.

Es más, el autor cree que corresponde a la historiografía una misión trascendental en la configuración de una conciencia nacional de un pueblo a base de estudiar su pasado y traerlo al presente. Es una tarea de investigación y de creación al mismo tiempo. Probablemente por esto toma prestado el término canon resucitado hace relativamente poco por el crítico literario Harold Bloom en su Canon occidental en el que figura una treintena de autores de todos los tiempos. En su inmensa mayoría, literatos (novelistas, poetas, dramaturgos) con algunos ensayistas como Montaigne, Johnson, Emerson, Freud. No tengo especial afición por ninguna idea canónica en donde sea. Todo canon es un ejecicio de autoridad, basado en una opinión subjetiva que, como admite el propio Bloom, puede cambiar con el tiempo y, de hecho, cambia. Shakespeare ocupa la cúspide del canon, pero en el continente europeo eso es a partir de su redescubrimiento en el siglo XIX. No obstante, los cánones son útiles; orientan, dan garantía, informan. 

Y por esas bondades, seguramente, se ha valido Pujol de la idea. Un canon de la historiografía catalana. Si el ámbito cultural es angosto en comparación con el de Bloom, su justificación de contenido es muy digna. Los tres historiadores son, además, ensayistas y, en el fondo, teóricos políticos, aparte, por supuesto de su condición de padres intelectuales de la patria. Vicens parece haber sido el que más categoría literaria ha alcanzado por la brillantez de su prosa, por más que Soldevila haya cultivado otros géneros, como la poesía. Es una tradición en la historiografia construir sus relatos con estilo literario. En el caso de los tres del libro, esa vertiente solía tomar forma de ensayos de divulgación con la evidente intención de llegar a un público más amplio.

El libro pasa revista pormenorizada a los tres historiadores, centrándose en análisis de sus obras principales así como su impacto y sus circunstancias biográficas. Es decir es un libro de historia de la historia y de biografías. Ferran Soldevila, de quien Pujol es biógrafo destacado, aparece como el clásico canónico. Un precursor. Su obra principal, La Historia de Cataluña es una pieza emblemática que guarda distancia y relación con la Historia Nacional de Cataluña de Rovira i Virgili, pero se plantea ya en otro terreno metodológico moderno. Y también político por cuanto se  concibe como un proyecto "normalizador" consistente en hacer del catalán un "pueblo normal". La primera edición es de 1934-35 y la segunda, de 1962-63, en pleno franquismo. Otra obra publicada en 1960, la Historia de España, permite al autor hacer oportunas observaciones acerca del ánimo con que se recibían estas y otras posteriores obras de historiadores catalanes en Cataluña y en España.

La orientación política de Soldevila -izquierda nacionalista- no varió a lo largo de su vida. La Historia de Cataluña tuvo el mecenazgo de Francesc Cambó, pero eso no condicionó la independencia del autor. Al fin y al cabo, también Cambó tenía un proyecto para España y Cataluña, aunque luego lo abandonara. Soldevila se exilió al final de la guerra, pero regresó en los años cuarenta, integrándose en los círculos de la oposición catalanista. El autor analiza sus relaciones con sus contemporáneos, de las que las más interesantes son las de su seguidor y contradictor Jaume Vicens Vives.

Vicens Vives, el clásico "anticanónico". Tiene un papel de pionero. La obra del Vicens maduro se gesta después de la guerra civil y consistió en dar mayor peso a la historia socioeconomica. Su libro sobre la Cataluña del siglo XIX, Industrials i polítics (1958) se considera fundamental en la historiografía catalana. Sufrió una leve depuración administrativa después de la guerra para congraciarse con el régimen de Franco y consiguió la cátedra universitaria. Su Aproximación a la historia de España (1952) causó un fuerte impacto en la historiografía española. Apareció dos años antes que la Notìcia de Catalunya que, según Joan Fuster tenía más color local y era más entrañable. Durante aquellos años, en la oposición democrática había una orientación claramente soberanista que Vicens no aceptaba y sus maniobras para estar a bien con los franquistas no gustaban nada. Ni a Soldevila. Para la historiografía catalana, Vicens solía aparecer como defensor de la vía autonomista, ya superada. Hasta Jordi Pujol, reconociéndose seguidor suyo, dice que no hay encaje de Cataluña en España. 

Sin embargo, su obra abierta y crítica con el franquismo consagró su método, aunque no fuera muy conocida por el gran público. Su prematura muerte (1960) imposibilita saber en qué dirección evolucionaría. Rechaza el marxismo, y estuvo influido por la escuela de los Annales que, siendo investigación socioeconómica, tampoco se atiene a preceptos marxistas. Notícia de Catalunya contiene su proyecto político, consistente en la modernización de España, un poco a lo Cambó. Recomienda domeñar el Minotauro, que es el Poder, que otros pueblos han sabido dominar pero Cataluña no. La iconografía del Minotauro remite siempre a la sospecha de quién sea el subconsciente Teseo que libere a Atenas del doloroso tributo. En la segunda edición del libro, 1960, se hace más explícita su posición: critica en la historiografía anterior su carácter romántico y propugna infiltrarse en el Estado español para modernizarlo. Para lo cual le interesaba llevarse bien con la gente del Opus. Con todo y, a pesar del reconocimiento institucional que tiene en España, la obra de Vicens es poco conocida y poco apreciada su visión plurinacional de la realidad hispánica por el elemento del doble impacto de estas obras en el ámbito catalán y en el español.

El último historiador, Pierre Vilar es muy significativo. Su aportación aquí es catalana porque, siendo occitano y nacido muy cerca de la frontera de los Pirineos orientales, es un francés catalán. El propio Pujol titula el capítulo Pierre Vilar o la aportación foránea. Pero, en el fondo, no es foránea y desde luego, resulta inestimable para la historiografía catalana en los tiempos más duros del franquismo. Su revolución metodológica fue un marxismo peculiar que él llamaba "historia total". Vio siempre su misión como "parlar de Catalunya als catalans" y prefirió el nombre de "espai català" en lugar de "països catalans". Su obra magna es La Catalogne dans l'Espagne moderne. Recherches sur les fondements économiques des structures nationales (1962), Catalunya dins la Espanya moderna, en catalán en 1964. Hubo una recepción catalana y otra española, como siempre. La historiografía española, como la francesa, reconociendo su mérito, lo reducían a la dimensión de un historiador regional. 

Vilar postulaba la condición nacional de Cataluña, a pesar de la pérdida de su Estado en 1714. Una nación lo es, aunque no tenga Estado. Tuvo una polémica sobre esto con Eric Hobsbawn con su concepto de Estado nación. Hobsbawn acusa a Vilar de haberse inventado una nación. En su respuesta en 1988, el occitano distingue entre "patria imaginada" e "imaginario de la patria. No sé si conocía la obra de Benedict Anderson sobre las Comunidades imaginadas, que es de 1983. Pero no hay colisión. Para Vilar, por el imaginario, Cataluña se convierte en nación y España pasa a ser el Estado. Esa distinción histórica, objetiva, canónica, sostenida en una obra voluminosa y clásica ha encarnado en la conciencia catalana contemporánea. Y constituye una base sólida del independentismo catalán.

El mérito del libro de Pujol es probar que ese independentismo no es flor de un día, ni un tumulto populista que quiera poner caprichoso fin a una historia común (ya que tiene su propia historia), ni el aprovechamiento oportunista de una contingencia de crisis europea y española. Hace ya muchos años que ese independentismo apunta a la gestación de un Estado.