martes, 29 de noviembre de 2016

La guerra sucia en el PSOE

En política, las casualidades no existen. Tras el doble resonante éxito de Pedro Sánchez en Xirivella y Sueca, su taimada rival, Susana Díaz, que quiere ser candidata a la Secretaría General pero sin decirlo todavía, aprovecha su posición institucional para obtener ventajas con trampas y juego sucio, en los que, como buena política profesional que no ha trabajado nunca en la vida civil, es muy ducha. Para oscurecer el posible acto de masas que Sánchez y los suyos pretenden organizar en Sevilla el 16 de diciembre próximo, el gobierno de Andalucía, presidido por esta oportunista sin escrúpulos, está organizando otro acto en Jaén el mismo día, aprovechando que es el 10º aniversario de la aprobación de la Ley de Dependencia por un gobierno socialista. Podía haberse valido de cualquier otra circunstancia. El caso es contraprogramar a Sánchez. En el acto de Jaén quieren los seguidores de Díaz matar tres pájaros de un tiro: 1º) montan un acto institucional con uso (y probable abuso) de los medios públicos para ello; 2º) también es un acto de partido en la federación jiennense -caninamente fiel a Sánchez- con los medios del propio partido que fletará autobuses de todas partes mientras que no dará ni un euro para Sánchez; 3º) será un acto a la mayor gloria del personaje, presentado como alguien con liderazgo y apoyo entre las bases y no solo entre sus clientes y paniaguados.

No, no hay casualidades. El interés de Díaz está claro: terminar la sórdida faena que empezó con el golpe de mano de 1º vendimiario para postularse a su vez como la única salvadora de un PSOE que ella misma ha destruido. No tan clara parece ser la participación de Rodríguez Zapatero en el acto de Jaén. La excusa oficial es que la dicha ley de Dependencia se aprobó en su gobierno pero parece más cierto que le mueve el despecho y la envidia personales. Zapatero está al servicio del descarado arribismo de la andaluza porque le fastidia que otro -Sánchez- sea mejor que él en todos los sentidos y trata de destruirlo como pueda. Obedece así también los designios del cogollo de ex-mandatarios del PSOE, los González, Rubalcaba, Leguina, Bono, Corcuera, etc., esto es, gente convertida en aliada objetiva (y también subjetiva) de la derecha, auténticos submarinos del PP en el PSOE, pero que no puede aparecer en público porque se notaría mucho que están todos movidos por igual odio a Sánchez y la pretensión de este de rescatar un PSOE de izquierdas.

No. no hay causalidades. La burócrata andaluza necesita tiempo para mostrar que también tiene apoyo de las bases antes de anunciar su candidatura a la SG. Y tiempo es lo que le dan los criados que tiene en la Junta de golpistas,  cuyo presidente ya ha aplazado el próximo Comité Federal, previsto para diciembre, a mediados de enero. Así. su jefa, dispondrá de un plazo mayor para seguir practicando el juego sucio institucional contra su rival, Sánchez, que no tiene los recursos de un gobierno autonómico y a quien el aparato del partido no quiere ayudar en modo alguno.

Es un juego sucio, un abuso de poder descarado y detestable, un desequilibrio tan evidente que será extraño no consiga lo contrario de lo que se propone, esto es, que la militancia cierre filas más estrechamente aun con Sánchez. 

En la actual crisis del PSOE emergen los habituales tres bandos en estos casos: los apoyos y partidarios de Díaz, clientes de sus prácticas de gobierno, cargos del partido directa o indirectamente dependientes de ella y paniaguados en general de la estructura del PSOE, también con intereses personales y materiales que guardar en otros lugares y gentes del aparato. Todos ellos en nómina de la habitual oligarquía coronada por las mencionadas viejas glorias, que son quienes mueven los hilos en las sombras. 

Por otro lado, los seguidores de Sánchez, sin una estructura a la vista, sin ninguna base de poder, perseguidos por el aparato, unidos por la indignación al ver que el "NO es NO" de la dignidad del partido se convertía en su contrario a cambio de un plato de lentejas. Gentes movidas por la indignación de verse burladas por una oligarquía partidista que, en el fondo, quiere ponerlo al servicio de la derecha y hasta ahora va consiguiéndolo. Y gente por tanto que quiere elegir un SG de izquierdas para dar un golpe de timón antes de que el PSOE se hunda del todo.

Por último, el habitual grupo de "equidistantes". Tengo buenos amigos entre ellos (y entre los seguidores de Sánchez y hasta algún "susanista") y escucho atento sus razones sensatas, equilibradas, amparadas en la experiencia, el sentido común y la preocupación por su partido. Pero no puedo por menos de observar que, si este ánimo podía ser razonable al comienzo del conflicto, cuando ambas partes estaban más o menos escindidas pero tenían similar poder, no lo es ahora, cuando una de las partes -la agresora- tiene medios en abundancia, recursos de todo tipo y a su exclusivo servicio. Decir que se es equidistante entre dos contendientes uno de los cuales tiene todo el poder, la institución detrás de  él y la fuerza de la costumbre y el otro nada, no es una posición éticamente sostenible. Por supuesto, el hecho de encontrarte en inferioridad de condiciones en una contendienda no te convierte en portador de la razón, pero sí en digno de que se te respete y no se abuse de ti y el hecho de combatir en manifiesta superioridad de medios materiales tampoco te priva de ella, pero sí te convierte en cómplice y quién sabe si beneficiario de una injusticia.

Es posible que la aventura de Sánchez falle, que le falten fuerzas o que no disponga de los recursos necesarios para hacer frente a la guerra sucia del aparato institucional, los intereses creados y el sistemático boicoteo a que ya lo están sometiendo. La injusta desigualdad de posibilidades es patente en la orientación de los medios. Casi todos apoyan a Susana Díaz a pesar de ser de la derecha (o quizá por ello)  y el resto a Podemos. Pero todos están unidos en la hostilidad hacia la candidatura de Sánchez, enfrentada a un escandaloso silencio mediático. Sin embargo, si el PSOE tiene alguna posibilidad de reconstruirse como un partido de izquierda hegemónico con vocación de gobierno será mediante el triunfo de esa candidatura. Cosa que se dará si se confirma la tendencia iniciada en Xirivella y Sueca, esto es, que cuenta con el apoyo de las bases.