domingo, 11 de diciembre de 2016

Sin raíz ni decoro

No puedo asegurarlo porque no tengo pruebas pero creo que debe de ser la primera vez que se interrumpe a un Secretario General del PSOE, afeándole su comportamiento, durante un alegato entre su gente. Y durante el acto de conmemoración anual del gran patriarca Pablo Iglesias por el que los militantes del PSOE sienten devoción, algo que no puede decirse de ningún otro político, socialista o no, de hace cien años. Muy crispados están los ánimos en el viejo partido para que suceda algo así. Muy crispados y con la crispación creciendo.

La gente del 1º vendimiario calculó mal el impacto de su confabulación para defenestrar a Sánchez, como si fuera Gaspar de Coligny. Acostumbrada a una política burocrática, de marrullerías, conciliábulos, mayorías, coaliciones de intereses, se olvidó de que el alma de un partido de izquierda es su militancia. Menospreció su capacidad de respuesta, una vez que hecho tan arbitrario y oscuro le había arrebatado de torticeros modos a su líder. En su lugar, una gestora de mediocridades que, dos meses después de no hacer nada salvo reprimir, acallar, callar y dar largas han conseguido algo insólito: que la increpen los suyos en un acto solemne en memoria del fundador.

La espontánea rebelión de la militancia -sistemáticamente boicoteada por el aparato del partido- se extiende, afianza y organiza, habiendo centralizado la coordinación en una plataforma de Andalucía. (Mañana mismo se constituye la de Madrid). Es curioso comprobar cómo a los militantes del PSOE no hace falta darles clases de "horizontalidad" y "asamblearismo". Se han auto-organizado sin necesitar dirigente alguno que "ilumine" su camino. Su objetivo es el congreso extraordinario inmdiato e inmediatas primarias. Nada más. Y nada menos, porque la exigencia suena a injuria y blasfemia a los caballeros de la junta gestora pues temen no les dé tiempo, para preparar el camino a la candidatura de Susana Díaz, la mujer del aparato y de la vieja guardia de socialistas casi peperos. 

La junta gestora carece de todo arraigo en el PSOE y no tiene decoro alguno. Está actuando en contra de la voluntad de su propio partido y con el solo apoyo de un puñado de barones o caciques de izquierda. Pero va ciega. No sabe qué hacer. Empieza ahora a darse cuenta de que ha encendido una rebelión que va a arrollarla. Y no las tiene ya todas consigo. La prueba es que Díaz aún no ha manifestado su deseo de postularse para la SG, cosa que lleva haciendo Sánchez desde el día siguiente a su defenestración. Ahora, la cuestión es averiguar si ella cuenta con algún respaldo fuera de los absolutamente pavorosos discursos de su cofrade Lambán. De no ser así, la suerte, en principio, podría decantarse por Sánchez. 

Pero es posible y, sin duda, deseable, que se presenten más candidatos. Por eso, aunque la carrera iniciada por Sánchez es prometedora y no cabe si no desearle éxito por su mucho tesón, la rebelión de la militancia no debe ir vinculada a su nombre. Su fuerza política y moral resid en ser una rebelión de las bases en contra de la dirección que si no es ilegal de origen lo es de ejercicio y en favor de la democracia, no en apoyo de persona alguna. La democracia de la base, que es la que cuenta. Donde reside la raíz y el decoro,  del PSOE, como decía Marañón hablando de España.