miércoles, 14 de diciembre de 2016

Tartufismo

El culebrón del PSOE es un gran espectáculo. Va alternando todos los géneros dramáticos, desde los más graves a los más livianos. Empezó en tonos trágicos, con lady Macbeth Díaz llevándose bajo el brazo la cabeza del Rey Duncan Sánchez. Siguió luego un vodevil o juego de los equívocos en el que los personajes cambiaban de bando y de discurso y se acusaban de mil pecados. Volvió un tono trágico, cuando el tirano toma medidas contra los vencidos defensores de la plaza y multa a estos, expulsa a aquellos y sustituye a aquellos otros. Emergió después el drama romántico en la memoria de un Guillermo Tell que defiende las libertades y derechos de su pueblo. Y ahora aparece la comedia bajo la forma de esta explicación que da la dirección gestora y provisional de sus intenciones a futuro. Estas consisten en posponer la fecha en que se ha de posponer la fecha en que se ha de posponer la fecha de la celebración del famoso congreso y las correspondientes primarias.

Los argumentos del portavoz de la gestora harían feliz a Tartufo. Empieza el hombre por garantizar que habrá primarias, dando así por supuesto que alguien las puso en cuestión. Se justifica la postergación de la convocatoria del congreso con la necesidad de abrir un proceso de reflexión, un debate político, y presentar luego al cónclave algún tipo de documento programático. Ni sus poderes dan para eso ni, en la situación actual, se lo puede permitir. La intención oculta de dar boleto al PSC antes de la convocatoria del congreso es torpe e inicua. En lugar de dejar que sea aquel quien decida en un asunto tan importante para el PSOE, intentan enfrentarle con un hecho consumado. Esto de presentar a los demás hechos consumados es una práctica detestable. Al margen de otras consideraciones sobre la gestión de la junta gestora, la práctica la califica por su malicia.

Como la rebelión de la militancia. Los gestores del PSOE respetan el derecho de los militantes a reunirse, faltaría más, pero hacen tanto caso de las exigencias de esas reuniones como de la lluvia. Las reuniones, dicen, son el espíritu mismo del PSOE. Pero nosotros estamos a lo que estamos, es decir, a hacer esta brillante oposición y se ruega a los mirones que no entorpezcan, que miren el interés general y no el personal. Es un puntapié en la espinilla de Sánchez. Curiosamente no de Susana Díaz que lleva dos meses de precampaña electoral de Sevilla a Jaén, pasando por Madrid y Bruselas.

Criticar a los demás aquello que uno mismo hace es el corazón de la hipocresía. Si la hipocresía tiene corazón.