sábado, 17 de diciembre de 2016

Un lugar en la cumbre

La otra mujer indiscutible protagonista de la jornada fue Susana Díaz. Su empeño no tiene nada que ver con el de Forcadell; ni su posición institucional; ni su circunstancia personal. Díaz no representa nada. Se representa a sí misma. Y no como adalid de una posición programática concreta (pues sus consideraciones públicas hasta la fecha son vaguedades de arengas electorales) sino como opción personal para la provisión del puesto de secretario general de su partido. El procedimiento empleado es de campaña de imagen de profesionales: está tanteando el terreno, viendo con qué apoyos cuenta en las bases antes de anunciar su candidatura que todo el aparato, los varones y los "ex", o sea, el establishment, da por cierta. Y cierta debe de ser. Pero no está oficialmente proclamada, a diferencia del bueno de Sánchez que va por ahí proclamando su deseo de ser SG.

La dama tiene aun un periodo de recomposición de imagen después de la muy desafortunada que proyectó como defenestradora de Sánchez. Aquella imagen de los 17 conjurados, la defenestración, la constitución de una gestora títere que lleva dos meses haciendo titiritadas y la presencia mediática de Díaz actuando como regenta de hecho, provocó la rebelión de las bases del PSOE. Reconducir la situación, controlar a la militancia con las argucias de los aparatos y recomponer la imagen de Díaz lleva su tiempo. La batalla ahora en el PSOE es el tiempo: si las agrupaciones críticas consiguen acelerar las primarias o la junta gestora las posterga.

Se oye a veces que la animadversión y el rechazo a Díaz se debe a su condición de mujer. Y algo de eso hay. Un machismo de fondo que se detecta en las expresiones. Algo detestable, pero que no invalida la crítica no basada en el género sino en el juicio que merecen sus actos. Y es muy negativo. Si realmente a Díaz le interesara más el destino de su partido que su medro personal en él, se pondría al frente de la manifestación en pro de las primarias cuanto antes. Cuanto antes un proceso formal en el que Díaz confronte su programa con el de los hipotéticos contrincantes. Luego, al votar, serán los militantes quienes decidan cuál será el programa y la orientación del PSOE.

Mención aparte merece la aparición de Rodríguez Zapatero a componer la imagen que se ve en la ilustración.  Y tan aparte. El simbolismo es llamativo. El último líder con mando unge ("bendice", según el titular) a la siguiente. Puro marketing electoral.