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jueves, 11 de agosto de 2016

Ya tal veremos

Según avanza el sainete de la investidura, más y mejor se expresa el inimitable carácter de Rajoy. Nada está nunca claro, sino todo confuso, sin término, pendiente de nadie sabe qué. La pauta es esperar el punto de podredumbre. A base de no decir, no hacer y, probablemente, no pensar. El país se gobierna como la diputación de Pontevedra, porque lo local es universal, según se prueba en el Quijote, lectura que, lamentablemente, no puede aventajar al Marca. La dignidad del cargo, medida según el criterio de Rajoy y no el de los demás, exige reposo y circunspección. Si quisiera ir rápido, Rajoy podría hacer esa consulta por medios telemáticos, que se lo expliquen. Pero no es el caso. Hay que seguir aguardando y ese mozo, Rivera, puede enfriar sus prisas ya que sus seis condiciones se estudiarán en su momento en el órgano correspondiente. Y, luego ya se verá. Que se asen a la parrilla de agosto estos impertinentes. Además, si se fracasa en la composición de gobierno, pues los vascos y los catalanes no dan sus brazos a torcer, siempre se puede culpar a Sánchez y lanzar al país a las terceras elecciones.

La joven promesa Rivera lleva camino de ser la novia en todos los matrimonios ratos y acabar como muerto en el funeral, apenas bautizado. Parece un becario en busca de un hueco en la empresa. Su función es la del señuelo: hay que poner al PSOE a tiro del PP con la abstención. Cómo son las cosas. Pesan más 85 abstenciones que 32 votos contantes y sonantes de unos diputados complacientes, dispuestos a decir lo que les indiquen. 170 votos reúne Rajoy y, si vascos y catalanes e tutti quanti se mantienen en el "no", la abstención del PSOE es vital para Rajoy. Rivera seguramente es muy responsable en su vida privada pero en la pública, sin el PSOE, no pinta nada.

En su ayuda llega Felipe González con una injerencia descomunal que ha sonado como un trallazo entre su propia peña. Porque, al decir que el acto de Rivera es el primero responsable tacha de irresponsables los de los demás, incluidos los de la dirección de su partido. Me atrevo a decir que González ha perdido el escaso respeto de que aún gozaba entre los militantes y votantes socialistas. Los óganos colegiados han protestado. La defensa del expresidente es clara: ¿acaso no tiene derecho a expresar su opinión personal sobre un dirigente político? Por supuesto. Como si quiere decir que Rajoy supera a Demóstenes. En efecto, es su opinión personal. Punto.

Pero NO es NO.

Los de Podemos bombardean al PSOE desde sus muchos medios con la cantinela de que mire a la izquierda, que "los números dan". Pero no hacen nada por ser más específicos, por proponer algún tipo de diálogo o intercambio. En el fondo prefieren que el PSOE facilite el gobierno del PP porque, si se forma uno de izquierdas, él tendrá que realizar una función secundaria, algo que los estrategas del sorpasso (la única razón de ser de Podemos) no pueden soportar.

En el PSOE, en este momento, están como en El Álamo, que no se rinde. NO es NO. Y si es NO, Rajoy no podrá formar gobierno y el sainete entrará en un fase agitada. El presidente de los sbresueldos no querrá ir a la investidura, pero tampoco querrá no ir a la investidura, no habrá fecha para la investidura ni para nada. Se terminarán las vacaciones, llegará un septiembre explosivo en Cataluña mientras en España no habrá gobierno ni tampoco fecha para unas elecciones inevitables. Y todo porque las cosas no han alcanzado el punto de podredumbre en el que Rajoy toma una decisión.

sábado, 18 de junio de 2016

Terceras elecciones o tecnócrata al canto

Si se confirman los vaticinios coincidentes de los sondeos, el 27 de junio nos encontraremos unos resultados similares a los del 20 de diciembre, diputado arriba o abajo.  Siendo los seres humanos imprevisibles, pudiera pasar algo distinto, pero la abrumadora coincidencia demoscópica no anima la esperanza de un cambio.

Una nueva oportunidad pidieron y obtuvieron entonces estos cuatro musilianos hombres sin atributos, que ambicionan ser presidentes de la "gran nación", al decir del genio monclovita. ¿Para qué? Para demostrar alguna originalidad, inventiva o ingenio que rompieran el maleficio de la repetición. No obstante, hasta la fecha solo se les ha visto perserverar cada uno en su empeño con las mismas propuestas anteriores, sin variarlas un ápice. Han mantenido sus enfrentamientos, oposiciones, vetos, reproches, incompatibilidades y, si acaso, las han ahondado a base de declaraciones recíprocamente peyorativas y hasta ofensivas. Su esperanza parece ser que sean los otros quienes desistan. Es la fórmula más segura para reproducir el fracaso anterior. 

A una semana de las elecciones, la repetición del marasmo no solo será resultado del cumplimiento de los sondeos, siempre opinable, sino de los límites rígidos de la lógica de la acción colectiva.  El multipartidismo fragmentado sin mayorías absolutas apunta a dos conclusiones concatenadas: a) cualquier alianza o combinación ha de contar con el PSOE; b) cualquier combinación o alianza en que entre el PSOE será funesta para él. La gran coalición, PP/PSOE, se considera antesala de la desaparición del socialismo como opción futura. La coalición PSOE-Unidos Podemos, la fagocitación del primero. La tercera posibilidad, PSOE-Ciudadanos, es la que más se hunde en las encuestas, como si los votantes quisieran enterrar el único demediado acuerdo que se ha dado hasta la fecha. 

Considérese: todo pacto precisa del PSOE, pero el PSOE pierde en todo pacto. Para los socialistas, por tanto, lo más racional es no llegar a acuerdo alguno. Pero eso es, paradójicamente, lo más irracional para el conjunto y, en consecuencia, también para los socialistas. Es una situación nada infrecuente en la realidad que vuelve locos a lo teóricos de la decisión racional pues rompe una regla básica de la lógica aristotélica, esto es que algo no puede ser ello mismo y su contrario al mismo tiempo: lo racional no puede ser lo irracional. Pero lo es.

Si tampoco ahora pueden los cuatro héroes de nuestro tiempo componer gobierno, serán precisas nuevas elecciones. Una posibilidad estrafalaria para practicarla con el mismo cuarteto.  Nadie puede considerarla sin asomarse a un escenario de ridículo global. Llevan días afirmando rotundamente que no habrá tercera votación, pero haciendo y diciendo lo posible para provocarla. Si la hubiera, ¿admitiría la opinión que se presentaran los mismos pretendientes a probar fortuna en Camelot? 

Si, como es previsible, no fuera el caso, ¿no sería preciso prorrogar la convocatoria de elecciones para dar oportunidad a los partidos de cambiar sus liderazgos? Cambiar liderazgos es cambiar discursos. Pocos están dispuestos a escuchar estos por enésima vez, aunque la televisión ponga a los candidatos a anunciar el tiempo de mañana. 

¿Y quién estará al mando de ese interregno? Es obvio: un/a tecnócrata. Alguien que goce del beneplácito de los poderes europeos y, a ser posible -aunque no imprescindible- sea persona conocida y respetada. 

La disyuntiva -repetición con el mortecino elenco actual o tecnocracia saintsimoniana- es tan deprimente que debiera encender un esfuerzo para impedir que se realice, para que se incumpla. 

España necesita un gobierno. No porque haya de ser bueno en sí mismo sino porque su ausencia es peor ya que no impide el guirigay de quienes quieren construirlo pero no saben por dónde empezar.

sábado, 27 de febrero de 2016

Sin empujar

El rasgo común a todas las formas de timo y estafa es la prisa, la urgencia. El que cambia moneda en el mercado negro, como el que vende farlopa en una esquina, el que quiere colocar un género falso o un pepla, todos tienen prisa; todos quieren que la otra parte espabile, tome rápido la decisión, que no pueda mirar la denominación de la moneda o los dientes al caballo. Todos quieren terminar la operación cuanto antes y desaparecer.

Hay algo sospechoso en las urgencias del PSOE porque Podemos y sus secuelas firmen el acuerdo con C's, lo suscriban o, cuando menos, no voten en contra. Prisas por conseguir la investidura de Sánchez en primera vuelta por mayoría absoluta, pues es posible, y, desde luego, en segunda por mayoría simple. Para conseguirlo, los socialistas despliegan una batería de argumentos sobre las bondades del acuerdo. Y es cierto que son numerosas y suenan bien. Pero son promesas hechas por quien disfruta de un crédito moderado y sin muchas garantías, pues se pide el voto favorable sin condiciones. Otros sectores del PSOE, quizá más duros, denuncian la pinza entre PP y Podemos. Es una denuncia curiosa: se considera lamentable la coincidencia de voto entre Podemos y PP, pero solo si el voto es negativo; si el voto de ambos fuera positivo, la coincidencia sería hasta celebrada. Obviamente, los contenidos del acuerdo son motivo de interpretación. Para Rajoy significa derogar toda su obra de gobierno. Para Rivera no contiene nada que el PP no pueda suscribir y, desde el punto de vista de Podemos es una concesión, una entrega a la derecha y al IBEX35.

De ahí la prisa, la urgencia. El contenido, siendo mejorable, es bueno, y votar en contra significa dejar paso a Rajoy. Como se aleccionaba en la era victoriana a las jóvenes doncellas antes del himeneo: "cierra los ojos y piensa en Inglaterra". Aquí igual, "cierra los ojos y piensa en España". Sánchez lo ha dicho literalmente: el pacto es por el bien de España. El bien de España requiere negarse en redondo a cualquier referéndum de autodeterminación de cualquier lugar del país. Pues eso: cerrad lo ojos y pensad en la Patria. Y la Patria es como decimos nosotros que es. Este punto es el más duro; es brutal; es sellar un pacto anticatalán. Y eso no es de recibo.

Se añaden las otras cuestiones, todas ellas opinables. La reforma laboral se deroga de facto. Si se deroga de facto, ¿por qué no de iure? La respuesta a esta pregunta, supongo, es la que se da también a la de por qué no se deroga de inmediato la Ley Mordaza, esto es, que no se quiere caer en un limbo jurídico. Sorprendente. ¿Estábamos en un limbo jurídico cuando estos psicópatas pusieron en vigor esa norma represiva, autoritaria y franquista? ¿Por qué no restablecer la ley anterior? Lo mismo con la LOMCE o Ley Wert de la que se dice que "se paralizará". ¿Y eso no crea limbo juridico? ¿Por qué no derogarla sin más y volver a la anterior? El resto de las cuestiones de contenido son de este jaez o aun más problemático.

¿Por qué las prisas, los arrechuchos, los empujones? Porque si Pedro Sánchez no es investido, gobernará Rajoy.

Pero eso es falso. Si Sánchez no es investido, se abre un plazo de dos meses antes de la convocatoria automática de elecciones y en esos dos meses puede pasar cualquier cosa. Incluso que vuelva a ser designado y hasta investido Pedro Sánchez. ¿Por qué no si cambian sus apoyos como dice Rajoy?Habrá que ir definiendo el modus operandi sobre la marcha. No sé si el Rey ha de tener alguna función en la fiesta o si corresponde más bien al presidente del Parlamento y al Parlamento mismo. ¿El qué? Sencillo: componer un gobierno que cuente con la mayoría, absoluta o simple, pero con el expreso y justificado acuerdo de las partes. Venir con un papel ya redactado y conminar a una tercera parte a firmar algo que no ha elaborado y sin cambiar nada, es un trágala. Y los trágalas funcionan cuando quien los hace puede; si no puede quizá se los trague él.

Tranquilos; no pasa nada. Hay dos meses para buscar una solución con acuerdo expreso de las partes. Fórmulas, muchas. Una gran coalición a dos (PP y PSOE), una gran coalición a tres (PP, PSOE, Cis), un gobierno de izquierdas (PSOE, Podemos y adheridos con abstención de C's), todo depende de cómo se negocie. Son dos meses para hacerlo y hacerlo bien. ¿Qué inconveniente hay para negociar una aceptación de Podemos, tan poco interesado en un gobierno de Rajoy o nuevas elecciones como todos los demás? Ninguno, es de suponer. A lo mejor hasta se podía encontrar una fórmula grata a todos, incluidos los independentistas. ¡Quién sabe! En todo caso, festina lente, sin precipitaciones, sin sofocos, vamos a ver qué estamos haciendo y qué queremos hacer.

¡No hay tiempo! aducen los cuadros favorables a Sánchez que, habiendo escenificado una consulta a la membresía con una peregrina pregunta, se encuentra con un partido poco animado, más bien desmoralizado, en parte en pie de guerra a causa de las diputaciones y que continúa desangrándose por las cohortes más jóvenes. ¿Por qué no hay tiempo? ¡Porque gobierna Rajoy!

Tampoco es cierto. Rajoy está en funciones, en pocas funciones, pues se encuentra pendiente de relevo. En cambio, el Parlamento está a pleno rendimiento, es el que ha relevado al anterior legislativo y puede ir tomando sus medidas. Dicho en otros términos, si Rajoy, el de los sobresueldos, gobernaba no ya con proyectos de ley sino con decretos, este nuevo legislativo puede hacerlo con proposiciones de ley que el gobierno en minoría parlamentaria tendrá que tramitar, pues para eso está en funciones. O sea, no gobierna Rajoy; lo hace el Parlamento. Pues que lo haga.

¿Ventajas de esta situación en la que el Parlamento funciona mientras el ejecutivo está en dique seco? Notablemente, dos: la primera es que el sistema político se va a democratizar de verdad porque las decisiones solo podrán tomarse mediante deliberación en la cámara y no por los decretos del gobierno de turno; la segunda (y más importante), esas decisiones servirán de banco de prueba para que los partidos que estén negociando una coalición vayan poniéndose de acuerdo, coordinando sus políticas y sentando las bases para la colaboración posterior de gobierno.

Así que, lo dicho: sin empujar.

martes, 19 de enero de 2016

Agrupémonos todos

A estas alturas dudo de que haya alguien que entienda el confuso lío organizado por Podemos, sus franquicias y los grupos parlamentarios (GP). Ni ellos mismos. Y hoy por la tarde se cierra el plazo de presentación de peticiones.

Pero en esta historia hay algunos momentos decisivos que sirven como jalones para ir entendiendo de qué se trataba aquí.

I.- En la misma noche electoral del 20D estuvo ya claro que los resultados eran una bomba de efecto retardado. Podemos salió celebrando a bombo y platillos sus 69 diputados. Palinuro lo advirtió esa misma noche en un post titulado "Todos pierden menos los catalanes" y en el que se decía que los líderes de Podemos creen que, con 42 diputados son alguien. Sus fieles más pelotas (por ejemplo, García Ferreras, de la Sexta) suman a los 42 diputados propiamente dichos de Podemos, los 27 más de las confluencias, o sea, los de Beiras, Ada Colau y Mónica Oltra. Y eso es mucho sumar, además de que, con 69 escaños tampoco pintan gran cosa. Y la bomba estallaría con la constitución de los grupos parlamentarios, como ha sucedido.

II.- Podemos sabía que las franquicias no podrían constituir GP propios. Lo dijo Bescansa meses antes de las elecciones. Pero no les importó. Todos estaban a aprovecharse de todos (Podemos de los partidos locales; los partidos locales de Podemos) y esperaban luego forzar la mano en el Congreso.

III.- El Reglamento de la Cámara, que es taxativo, activó la bomba o pinchó el globo. Todo era mentira. El propósito de Iglesias de quedarse señor de un grupo único de 69 diputados saltaba por los aires. La superchería, al descubierto. De ahí su desproporcionada reacción. No solo no podía cumplir su promesa sino que se veía que ya sabía que no podría cumplirla cuando la hizo.  

IV.- Los innúmeros intentos de hacer alguna chapuza que permita mantener la patraña de los 69 diputados no han servido de nada. La realidad se impone: un grupo de Podemos, con sus 42 y los que se vayan de las franquicias (ocho o diez)  y los demás, tendrán que incluirse en otros grupos  o irse al mixto o formar uno único propio si reúne las condiciones. La desbandada ha comenzado ya.

V.- ¿A qué recuerda eso? Está clarísimo, al negociado habitual de IU, en donde siguen los referentes intelectuales de los líderes de Podemos, según su propia confesión. Por eso, la persecución a que los morados han sometido a los dos diputados de IU hasta el último momento tiene un carácter edípico muy fuerte.

VI.- La acariciada (y asimismo oculta) intención de Podemos de ir a nuevas elecciones porque, en el fondo, lo que pretende es el sorpasso del PSOE ya no está tan clara. Pretendían repetir los comicios culpando a los socialistas de todo, incluso de que ellos no puedan incumplir el Reglamento y contaban con que les saliera bien. Pero los territorios se les han sublevado, su patraña ha quedado al descubierto y es altamente improbable que puedan repetir las confluencias en ellos. Es decir, si van a nuevas elecciones no ganarán; perderán. Y esta vez, no podrán disimularlo.

VII.- En definitiva, ¿a qué ha venido Podemos? A dividir más a una ya exhausta y fragmentada izquierda y hacer más posible un gobierno de la derecha. Como siempre. 

VIII.- Al final habrá unas elecciones que nadie quiere pero de las que, paradójicamente, puede salir beneficiado el partido al que los sondeos auguran peor resultado: el PSOE. Tiene bemoles. Hasta en eso mantiene el antiguo partido de Pablo Iglesias (el de verdad) la centralidad política. Y por ello quiere el nuevo partido de Pablo Iglesias (el del plagio) ocupar su sitio.

miércoles, 13 de enero de 2016

El oso y su piel

¡Qué dura es la vida! Quienes iban a asaltar los cielos y echar a patadas a la casta, no han llegado ni al entresuelo y son ellos mismos casta. Ya están cambiando cromos: la presidencia de la mesa del Congreso contra cuatro grupos parlamentarios, un puesto en mesa a cambio de que no me armes un lío. Aprenden rápido. Pero les queda un trecho. Ayer mostraron su bisoñez y, por pedir demasiado (un defecto que los caracteriza) se quedaron sin nada, casi sin mesa y sin grupos parlamentarios para sus tres franquicias. Los demás grupos, (PP. PSOE y C's) más avezados, se repartieron las tajadas y dejaron a Podemos el privilegio de patalear ante las cámaras, hablando de que "los tres del búnker comienzan a cabalgar". Es de esperar que cuando adquieran más experiencia acudan a metáforas menos estrambóticas porque eso de ver un búnker cabalgando choca.

¿Qué pasa con esos cuatro grupos parlamentarios que quiere Podemos? El lector encontrará una explicación en un post anterior de Palinuro, El cuarteto de San Jerónimo.

No es un capricho, no; ni un acto de codicia; ni ganas de fastidiar. Podemos necesita los cuatro grupos para sobrevivir y que no se descubra (demasiado) la superchería que ha montado con los 69 diputados que proclama como suyos cuando suyos son solo 42. Los otros 27 son de sus franquicias gallega (6 En Marea; Beiras), catalana (12 En Comú Podem; Colau) y valenciana (9 Compromís Podem; Oltra) y ninguna de las tres quiere formar grupo con Podemos por la muy sencilla razón de que no son de Podemos. Los grupos distintos son para disimular la engañifa, que ya empezó la nocha electoral del 20 de diciembre; engañifa, típica de la vieja política, de vender una derrota como una victoria. Otra prueba más de que se trata de una engañifa es que las franquicias ya están negociando con otros partidos (ERC, IU) la formación de grupos. Todo antes que ir al de Podemos.

Se entiende que los morados, muy nerviosos, amenacen al PSOE con no formar gobierno si no cede en lo de los grupos. Amenazas, cambalaches, negociaciones. Muy nueva política. Pero sea nueva o vieja la política, ¿podrían aclarar los de Podemos exactamente cuántos diputados tienen? No, no pueden porque no lo saben ni ellos. Situación esta no ya pintoresca sino claramente chusca, producida por su inveterada costumbre de vender la piel antes de matar al oso. 

No ganaron las elecciones; las perdieron. E inventarse 69 diputados donde solo hay 42 (dos más que Rivera, el de C's) no les hará ganarlas.

jueves, 22 de octubre de 2015

Saudade portuguesa.

Hay una leyenda ibérica, según la cual todo cuanto sucede en Portugal, tarde o temprano sucede en España. La primera República portuguesa de 1910 anuncia la española de 1931; la dictadura militar de 1926 y el Estado Novo de Salazar en 1933 se adelantan al golpe de Estado de Franco en 1936-39 y su posterior dictadura; la revolución de los claveles en 1974 preludia la transición española de 1978.

Tonterías. Antes de la República portuguesa de 1910 vino la española de 1873; antes que la dictadura de los militares lusos en 1926 se dio el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923. Portugal y España siempre han vivido de espaldas una a la otra y, aunque se observan por el rabillo del ojo, apenas se tienen en cuenta. Si esto no es cierto, he aquí un buen momento para desmentirlo.

La izquierda portuguesa está dispuesta a gobernar porque ha forjado una alianza entre sus tres fuerzas que, simplificando para entendernos, como en España, comprenden una facción más de izquierda, otra menos de izquierda y otra menos de izquierda. Y se han unido. Como es lógico. La unidad les da la mayoría. Sería estúpido perderla porque, de no conseguirla, gobernaría la minoría de derecha que, sin duda, es la opción que ocupa el último lugar en el orden de preferencias de los tres grupos de izquierdas. Es de suponer.

Cualquier estudioso de teoría de negociaciones nos dirá que los costes son, en principio, de dos tipos: a) costes de llegar a un acuerdo; b) costes de ejecutar el acuerdo. Para calcular los segundos hay que haber satisfecho los primeros. Llegados aquí, comienzan los costes del acuerdo y si son asumibles. Portugal, como cualquier otro país, puede prever una subdivisión entre costes "internos", de si el equilibrio social aguanta el programa y "externos", de si los mercados y organismos internacionales aceptan las medidas y sus resultados.

Es un gran experimento el de ver si una coalición de izquierda puede mantenerse en Europa, allí donde Syriza parece haber fracasado y generado bastante frustración de paso.

Detrás viene España. Parece claro que a diciembre llegarán los dos partidos de la derecha, el PP y C's y, cuando menos, tres de la izquierda, el PSOE, Ahora en Común (nueva patria de IU), Podemos y quizá una cuarta opción tan unitaria como las otras pero aún pendiente de concretar. La nube de expertos y asesores de las tres fuerzas y pico, ha renunciado ya a toda esperanza unitaria. Quedan unas cuantas trifulcas por resolver en las distintas diócesis de Podemos, pero es asunto suyo y que, por cierto, debilita mucho sus opciones.

La dispersión es la que hay y no tiene sentido lamentarla más. La cuestión es qué harán los tres mosqueteros izquierdistas si las urnas les dan mayoría absoluta en conjunto, como en Portugal. Hipótesis improbable, según los sondeos, pero no imposible. ¿Qué harán? ¿Seguirán sin unirse y permitirán que gobierne la derecha en minoría con el rollo de la "lista más votada". Si por la derecha fuera, está claro: gobernaría hasta con un solo diputado. Y sin ninguno. A Franco no le hacían falta.

La izquierda española, ¿está en posición de pagar el coste de ponerse de acuerdo o no? Si es que no, ¿por qué no? Según todos los indicios las tres izquierdas portuguesas operan cada una de ellas con un programa máximo y un programa mínimo y sacrifican partes del uno o del otro en pro de la unidad que ha de traer beneficios a todos y, es de suponer, a sus votantes. ¿Por qué no pueden hacer lo mismo las españolas? Sospecho que porque ni siquiera tienen claro el máximo ni el mínimo de sus programas. Ni los programas mismos.

En Cataluña, el PSC, el PP, C's y CSQEP forman frente en contra de la candidatura de Forcadell a la presidencia del Parlament. Si esa alianza se proyectara a España daría un congreso de abrumadora mayoría española frente a un grupo de oposición catalana, quizá apoyado por otros grupos nacionalistas. Es una imagen que parece absurda y que demuestra hasta qué punto Cataluña distorsiona la política española. Tanto que no es enteramente desechable una coalición del PSOE con uno u otro de los partidos de la derecha. Incluso con los dos. Hay voces pidiéndola. Utilizarla como prueba de que el PSOE no es de izquierda tropieza con el problema de que los de Podemos también ven puntos de coincidencia con C's y no solo en los platós.

En Portugal, sí; en España, de momento, no. 

viernes, 16 de octubre de 2015

Hagan juego.

Hay que remontarse a las elecciones de 1977 y 1979, casi como de otra era, para encontrar un panorama de ofertas tan abierto como el de ahora. La gente tiene en donde elegir; tanto que parece algo desconcertada.Y los partidos, las ofertas, ultiman sus preparativos en zafarrancho final de escuderías.

Sánchez ha fichado o pescado a Irene Lozano para la lista por Madrid y como asesora directa suya. Es un salto tan prodigioso que nadie se ha atrevido a llamarlo transfuguismo, quizá por pensar que eso solo se da en el orden municipal o porque, en realidad, la legislatura está acabando. Pasar de número dos de UPyD, camino del ocaso de los dioses, a casi número dos del PSOE y hasta ministrable y por teléfono es signo de los tiempos de las telecomunicaciones. Añádanse esas confusas declaraciones sobre las intenciones del PSOE con la reforma laboral y se entenderá que hay mar de fondo en el partido o en lo que quede de él. Las redes lo prueban. Cunde el temor de que el PSOE está tirando de los votantes del PP en preparación de una coalición con la derecha civil, la incivil o, incluso, las dos. Probablemente esta perspectiva tranquiliza a los mercados que desean deshacerse de Rajoy al precio que sea y cuanto antes pero no quieren aventuras por las izquierdas.

Perdidas las ilusiones de una alianza con los barandas de la izquierda de Podemos, Garzón se lanza a la constitución del baluarte Ahora en común que está edificado sobre otros anteriores, primero IU y, más abajo, el PCE. Tres capas en total. Le faltan para llegar a las nueve de la vieja Ilión, pero todo se andará con el paso del tiempo. El joven dirigente se pronuncia en contra de la política espectáculo. Debe de referirse a la abundante presencia mediática de sus rivales. No creo que se refiera a la sociedad del espectáculo, de Guy Debord porque su queja, me malicio, no es por el hecho del espectáculo en sí sino porque lo representan otros y no él.

Los amos del espectáculo, los de Podemos, lo son tanto que han acabado confundiendo los medios con los fines. Los fines son ahora los medios, estar en los medios, vivir literalmente en ellos en una especie de reality show, a punto de convertirse en una serie, algo así como vidas rebeldes. Pero el principio de la realidad, armado con una temible piqueta, está afectando la escasa solidez de una estructura sostenida tan solo en la esperanza de triunfos arrolladores, convertidos en resultados mediocres o catástrofes sin paliativos, como la catalana. Los sondeos les son tan desfavorables que se han sacado uno propio como premio de consolación. Su reto ahora es llegar a diciembre, no como una opción de gobierno sino de mera alianza parlamentaria.

El PP es un desbarajuste de camarote de los hermanos Marx. Los diputados se insultan en el hemiciclo; los ministros se ponen de chupa de dómine; cada cual va a su bola; el presidente viaja por la estratosfera machacando el inglés; y los cargos intermedios están buscando sitio desesperadamente ante un resultado que los deje con la mitad de la representación. Adios cargos, sueldos, sobresueldos, dietas, subsidios y otras gravosas cargas del servicio público. Cómo estará la cosa que han ido a preguntar a C's las condiciones de una posible coalición y Rivera, como Herodías, ha pedido la cabeza del Bautista Rajoy.

Con permiso del PSOE, C's resulta ser el comodín. Por eso, la pelea real es entre estos dos partidos. Los otros tres irán de outsiders, uno por la derecha y otros por la izquierda. PSOE y C's tienen muchos elementos en común. Los iconográficos son obvios: Sánchez y Rivera se parecen, siendo uno como el otro unos años antes o después. Los otros tres se diferencian bastante de estos y entre sí. Rajoy parece sacado de un Blanco y Negro de primeros del siglo XX, Iglesias recuerda un grafitti y Garzón semeja un camafeo.

En cuanto a los discursos, hay menos parecido, pero lo habrá porque ambos lo buscan. C's no tiene programa digno de tal nombre, sino una sarta de propuestas inconexas pero de cierto impacto social y vistosidad. El PSOE parece inclinado a adoptar igual actitud: mensajes breves, claros, aislados. Nada de un cuerpo de doctrina, un programa que nadie lee y solo te lo sacan cuando lo incumples. Frente a esta alada ligereza, las otras tres propuestas son tres fracasos casi avant la lettre. La de Podemos porque lleva pinta de ser un mazacote indigesto cargado de ideología. La de IU porque nadie la entiende. La del PP porque, aunque todo el mundo la entiende, nadie la cree.

De todas formas lo anterior es hablar por hablar. En dos meses pueden pasar muchas cosas. Y pasarán. Por ejemplo, es de esperar que haya más información sobre C's, que es un partido oscuro y rodeado de misterio. Los catalanes lo conocen hace ya nueve años y suelen sostener que es igual que el PP o peor. Pero ha duplicado su representación en el Parlamento. O sea, no lo conocerán tan bien. La cuestión es si el partido puede repetir en las elecciones generales la hazaña catalana. Para decidir algo aquí hace falta mayor información. Y esa mayor información puede influir en sus expectativas de voto en un sentido o en el otro.

Pues eso, hagan juego.

domingo, 14 de junio de 2015

Ganadores y perdedores.

Ayer España era una fiesta. El país, que presentaba un monótono azul desde 2011, de pronto, mostró otros colores, singularmente el rojo. Estaban las redes entusiasmadas con las tomas de posesión de Carmena y Colau, entre otras. Según cálculos de Público, 10,6 millones de ciudadanos en 27 capitales pasaban a tener alcaldes de izquierda, hala, así, sin matizar que, según reza el prontuario de los verdaderos, el PSOE no es de izquierda. Con todo, notable alegría y jolgorio que contrastaron con los desplantes a lo Barberá o las caras murrias de Botella y Ruiz Gallardón en el acto de proclamación de Carmena. Mal perder tiene la tropa.

La casuística deparó las sorpresas. En la política local nunca faltan. En Gijón, por ejemplo, los de Podemos han entregado la alcaldía a una candidata, creo, del Foro Asturias de Álvarez Cascos porque se llevan muy mal con los del PSOE e IU. En Oviedo, para compensar, los mismos de Podemos han cedido la alcaldía al PSOE. Algo parecido al PSOE-A apoyando al candidato de Podemos en Cádiz a pesar de no haber obtenido su aprobación para la investidura. En Cuenca los que han metido la pata son los de IU, dejando gobernar al PP por no apoyar al PSOE y en algún pueblo de Extremadura ha sido de nuevo Podemos el que ha aupado al PP.

Pero eso es la casuística, la moneda menuda. En general, la colaboración PSOE-Podemos ha funcionado muy bien por lo que Palinuro se felicita. Y no lo digo solo yo. También lo dice Pablo Iglesias, quien augura nuevos pactos con el PSOE pues, afirma con ecos lejanos del otro Pablo camino de Damasco, estamos convencidos. Ayer cundía el alborozo y estaban tod@s muy content@s.

¿Tod@s? No. Hay alguno más que se ve perdedor. Allá en la lejana Córdoba, un irreductible almohade afila su cimitarra, presto a partir para la guerra santa en contra de la infiel socialdemocracia. Noticias han llegado de que los verdaderos creyentes de la izquierda están sellando pactos diabólicos con los enemigos de Alá. Es preciso enarbolar la bandera verde del profeta y llamar a formar un frente único de todas las tribus de verdaderos creyentes, cada una con su nombre, para dar la batalla final al bipartidismo. Lo llama bipartidismo porque decir PSOE cuando muchos de sus presuntos seguidores están gobernando con él es demasiado surrealista hasta para Anguita. Pero claro queda de inicio que cualquier frente, coalición, asamblea o conciliábulo que aliente Anguita excluirá al PSOE.

Para Podemos esa confluencia en forma de amalgama en la que pierde su fuerza directriz para amontonarse con otros en el habitual guirigay de IU es un mal negocio. Añádase que estar en coaliciones de gobierno con el PSOE en media España no contribuye a marcar distancias para enfrentamientos dialécticos de tipo electoral. Y, de fusionarse de algún modo en una organización paraguas de nuevo nombre sería muy difícil que el electorado no lo viera como una experiencia de IU, segunda época.

La situación de esta izquierda es endemoniada. El frente amplio anguitiano sin Podemos no tiene posibilidades reales. Ni siquiera es seguro que llegue a constituirse, cuenta habida de que es poco probable que los Anticapitalistas se escindan de Podemos. Rezongarán por los rincones pero se quedarán, como los de Izquierda Socialista en el PSOE. Las perspectivas de Anguita y su cómica guardia califal es desesperada. No pueden dejar de confluir porque por mucho que este huero predicador fabule que somos mayoría, sabe que no lo van a votar y, por tanto, necesita la confluencia para sobrevivir. Como Garzón y, en el fondo, como Cayo Lara. Pero Iglesias ya ha aclarado que Podemos no será "tabla de salvación para nadie" y, si se da confluencia, será a base de que estos tres cabecillas y quienes se les sumen pasen por las horcas caudinas de dejar a la entrada sus queridas siglas y colores que tantas gloriosas batallas vieron en el pasado. Eso es mucho más de lo que la vanidad y soberbia de Anguita le permiten encajar. Si sus ahijados espirituales de Podemos se avienen con el bipartidismo, o sea, con el PSOE, él seguirá, impertérrito su camino, guiado por la estrella polar del "programa, programa, programa".

Los tiempos han cambiado. Los ha cambiado Podemos. IU y las ilusiones del sorpasso a la antigua usanza de la pintoresca teoría de las dos orillas, han sido ya trituradas por las ruedas dentadas del destino. El comunismo no pinta nada y despinta un montón. Incluso como neocomunismo asambleario y jacarandoso. Aquí la única unidad popular que hay es la de Podemos y bajo la guía de Pablo Iglesias. Si se quita uno se quita el otro y si los dos desaparecen, reaparece Anguita, símbolo de la modernidad.

Repárese en un dato. Búsquese una explicación al hecho de que Podemos, a quien los sondeos daban en febrero de este año una intención de voto del 28%, poniéndolo de primero en el ranking, mientras que dejaban al PSOE en torno al 17%, haya obtenido en torno al 14/15% en las dos convocatorias últimas y el PSOE se haya recuperado. Habrá varias razones, sin duda, pero la de que no han sabido aplicar el modelo Syriza ni diferenciarse gran cosa de la batahola de IU no es desdeñable. La enseñanza es clara: la confluencia con la verdadera izquierda es mortal y, además, para ser rigurosa, obligaría a deshacer muchos gobiernos locales.

Lo esperable es que a las elecciones concurran en la izquierda PSOE, Podemos y la Mayoría Imaginaria anguitiana. PSOE y Podemos enfrentados al PP, no al bipartidismo, es decir, no enfrentados entre sí. Iglesias lo deja claro: salen a ganar al PP. No al PSOE. Perfecto. Habrá, pues, buena lid. Y en esa buena lid de las dos ofertas de izquierda como alternativa al PSOE será en donde podrá verse si, en efecto, se produce el anhelado sorpasso. De darse este sería mérito exclusivo de Podemos y su dirigente Iglesias. Eso probablemente sea más de lo que sus amigos pueden soportar.

Pero es lo que tendría mérito. Competencia entre PSOE y Podemos por desbancar al PP. Entre Sánchez e Iglesias. Desde que Palinuro escribiera el post Pedro y Pablo, apóstoles en falta, los dos se han conocido, han hablado, como se recomendaba en él, y parecen haber sintonizado bastante bien, a juzgar por los resultados de esta jornada tan claramente de izquierdas.

Dos mujeres alcaldesas de Madrid y Barcelona. Y la de Barcelona trae ya sonido catalán porque ofrece a Mas su apoyo en pro del derecho a decidir. Esto se mueve. Y en la buena dirección. No la tuerzan. No fastidien.

sábado, 13 de junio de 2015

La centralidad del pacto.

Mezquina, indigna, sectaria, cortoplacista es la política de pactos del PSOE según el PP. Menuda rabieta. Todo porque él, el PP, ha quedado fuera a lo largo y ancho del país. Capitales, grandes, medianas y pequeñas ciudades, ristras de pueblos, comunidades autónomas, todo ha volado. Ahí se mantiene Cifuentes luchando contra la sombría amenaza de un nuevo escándalo y párese de contar. El PP se queda a verlas venir y, mientras vienen, apresta el insultómetro. Podía afinarlo, de paso. Hablar de pactos "mezquinos e indignos" carece de sentido para dicho por quien se ha quedado fuera de ellos. Es posible que sean sectarios, pero les falta distancia hasta llegar al sectarismo del PP. Y en cuanto a lo del corto plazo, no es observación significativa en quien mide los plazos de veinte en veinte años.
 
Este monumental cabreo de mal perdedor del PP es la prueba que faltaba para asentar la tesis de la centralidad del PSOE. No diré centralidad del tablero por no mosquear a alguno y porque además, esas cosas no se dicen. Se hacen, pero no se dicen. El PSOE es el terreno común en que se articula la mayoría de las coaliciones de izquierda, para regocijo de Palinuro, que siempre ha abogado por esta coalición win/win. Si no he entendido mal, en donde esta alianza no se ha dado, ello es responsabilidad de Podemos y/o IU (casos de Gijón/Oviedo o Cuenca) que contradicen una tónica general y, de ese modo se apartan de la centralidad. Esta sigue reservada al PSOE con apoyo de Podemos y alguna que otra situación inversa de centralidad de Podemos y apoyo PSOE.

Así las cosas, el renacimiento de la opción frentista, asamblearia, de confluir en un bloque de izquierda, sin siglas componentes y bajo un nombre amplio y nuevo, plantea una cuestión prejudicial a Podemos. Es la opción anguitista del Frente Cívico Somos Mayoría. Todos a una, Fuenteovejuna. ¿Todos? No, el PSOE queda fuera porque es parte del bipartidismo, destinado a morder el polvo. Pero ¿cómo va a confluir Podemos, perdiendo su glorioso nombre, en una organización paraguas, una de cuyas funciones es acabar con el partido con el que comparte coaliciones de gobierno? Para Podemos, la preservación del nombre es asunto vital. Todas las doctrinas de partido que manejan sus líderes, desde el partido vanguardia a la maquinaria electoral pasando por el partido de todo el pueblo parten de un supuesto incuestionable: la unidad de mando.
 
Justamente el postulado que el frentismo detesta y combate, para lo cual tratan de coordinarse los anticapitalistas de Podemos con los convergentes de IU y los "somos mayoría". Una unidad problemática pues si bien la intención es genuina en los anticapitalistas, en los demás parece más táctica. Esto es, se oponen a la preeminencia de un nombre porque no es el suyo.
 
El asunto es peliagudo. Si Podemos se sumerge en un frente del tipo que sea con otro nombre, el viaje habrá sido en vano y el conjunto aparecerá como una reedición de IU y probablemente con su mismo grado de fragmentación interna y apoyo electoral externo. Si se mantiene al margen, es probable que la izquierda vaya dividida en tres a las elecciones de noviembre. El PSOE, Podemos y el frente anguitista que sea. Y lo más verosímil es que el voto se reparta entre los dos primeros. La cuestión es si hay sorpasso o no. A juzgar por los resultados de las municipales y autonómicas, no. Pero quedan meses para enmendar yerros. Meses para distanciarse de las neurosis compulsivas de Anguita.

De momento, las corporaciones y gobiernos constituidos, a abrir puertas y ventanas en estas pocilgas que han dejado veinte años de mangoneo y caciquismo de la derecha neofranquista, a levantar alfombras y hacer auditorías públicas. Dice Rita Barberá, quintaesencia de lo peor, más chabacano, estúpido y corrupto que ha habido en el país que se va "con orgullo y dignidad". Estos siempre están hablando de lo que no tienen y mintiendo cada vez que hablan. No se va: la han echado porque ya no la aguantan más. Y, en cuanto a lo de irse con algo, llévese lo que quiera, pero, por favor, deje el material inventariable.

jueves, 11 de junio de 2015

¡Eso es todo, amigos!

En esta nueva era de transparencia por fin sabemos algo de lo hablado en el almuerzo de Sánchez con Rajoy en La Moncloa hace una semana. Debe de ser el llamado tiempo real de internet. Y lo sabemos porque Sánchez lo ha contado. Rajoy le dijo, según él, que no descartaba adelantar las elecciones y él, rápido de reflejos, le pidió que paralizase todos los proyectos de ley, pues ya no hay tiempo. Cinco días más tarde, plazo mínimo que necesita para asimilar una información en la era de las TIC, ya en Bruselas, Rajoy anunció a la prensa que no piensa adelantar las elecciones y que queda legislatura y cosas por hacer. Desde luego, según noticias, 47 proyectos legislativos está apacentando el gobierno en este momento. Más de la mitad de las leyes ordinarias aprobadas en toda la legislatura (90), sin incluir las 30 leyes orgánicas y los 70 reales decretos-leyes pues, como es sabido, este gobierno ha sido muy amigo del decreto por su espíritu democrático. O sea un disparate.

No hay que machacar en el clavo pero es un momento interesante para que Sánchez -quien parece configurarse como candidato ganador a candidato- presente una moción de censura. Es imposible tomarse en serio un gobierno que pretende aprobar la mitad de leyes de toda la legislatura con las vacaciones de verano en puertas. O sea, a acumular materia derogable. Una moción de censura a un gobierno que ya no sabe ni lo que dice. Porque no se escucha ni él. Rajoy semeja uno de esos autómatas entre ridículos y siniestros de Hoffmann. Lo han programado para hablar de la recuperación que lleva un año iniciándose y cuyos frutos espera recojamos todos en noviembre; nosotros en forma de más empleos y salarios más altos y él en forma de votos. Ese es el discurso que el autómata recuerda deben recitar las escasas autoridades fieles a la causa.

El discurso de la recuperación queda anulado tras los fogonazos de la corrupción. Bárcenas, Gürtel, Púnica. Esto parece Chicago años treinta. Ayer la policía se llevó detenido a otro alcalde del PP por supuesta vinculación con la Púnica. La Púnica afecta cada vez más a Cifuentes pero, por si fuera poco, se le abre otro frente de escándalo con una nueva presunta corrupción en la que aparecen directa o indirectamente relacionados tanto ella como su marido. El resumen del nuevo pelotazo inmobiliario de millones lo trae Público en una crónica espeluznante que incluye el dramatis personae de la corrupción madrileña al completo, hasta los del tamayazo. Va a resultar difícil a Ciudadanos ir adelante con el pacto en Madrid cuando ese escándalo acaba de estallar y promete ser descomunal porque lo ha sacado el nuevo Rector de la Complutense -lugar en donde estas corrupciones parecen haberse producido- que acaba de tomar posesión y, lógicamente, entrará levantando alfombras. Hace un par de años, Escolar salió en defensa del cónyuge de Cifuentes afirmando, con razón, que sus peripecias en un concurso de acreedores al que se había visto abocado por la crisis era un asunto privado y, por lo demás, legal. Pero la nueva implicación del marido en el escándalo más reciente ya no tiene nada que ver con aquel asunto. Este es otro. Y tiene una pinta fatal mientras no se aclare.

En Madrid, el PSOE, que presume de candidato muy superior en todos los órdenes a la del PP, está a la espera de la decisión de C's porque los votos solos de Podemos, que da por descontados, no le alcanzan. Si le alcanzaran Palinuro no desdeña la suposición de que, a lo mejor los hacían valer al modo andaluz, bastante suicida, por cierto. El hecho es que el gobierno de la capital depende exclusivamente de la decisión de Albert Rivera, líder del partido que Floriano llamaba ciutadans. Madrid es una excepción a la regla general de que en todas partes el PSOE aparece como clave central de las coaliciones. Ha firmado con IU pactos para gobiernos "de progreso" en 300 ayuntamientos. No son muchos trescientos entre miles, pero es significativo el pacto IU-PSOE. Anguita va a clamar contra los derrotistas y, si no pide el ingreso en Podemos es porque estos todavía parecen más proclives a encamarse con la taimada socialdemocracia que los antiguos compañeros de fatigas. Al PSOE solo le queda resolver el conflicto con Compromís en Valencia para no hacer mucho el ridículo y parece que van por buen camino. Si las cosas se enconan en cuestiones personales de quién ocupa el sillón presidencial, Palinuro sugiere un solución de compromiso temporal: dos años cada uno.

En resumen todos se mueven en este baile electoral excepto Podemos. Un partido tan dado a ocupar el proscenio casi se pierde ahora entre los figurantes y su relevancia es muy escasa. En Andalucía se ha quedado fuera de un juego mal e inexpertamente jugado. Además de un modo típicamente español. Escuchar a Rodríguez hablar de que se les había engañado y sus condiciones, que ellos no modificaron, no se habían aceptado, es como oír las viejas glorias de la Patria, al estilo del almirante Méndez Núñez en "más vale honra sin barcos que barco sin honra". En términos actuales, más valen honrosa oposición que deshonroso gobierno. De lo que no estoy seguro es de si el reconocido pragmatismo de la dirección de Podemos considerará como un éxito haberse quedado fuera del gobierno.

En Bruselas, el éxito parcial en la oposición al TTIP lo acaudilla Miguel Urbán, quien se felicita de que sea el resultado de la alianza entre Podemos e IU, una muestra más de la presión que los de la antigua Izquierda Anticapitalista, hoy "Anticapitalistas", ejercen dentro de la organización para que vaya a una candidatura de unidad popular asamblearia, muy abierta. Aspectos estos escamantes para el dirigente supremo que, en el momento de la votación frustrada del TTIP estaba largando por los micrófonos de la SER.

Estos de Anticapitalistas son como la vieja guardia bolchevique de Podemos. Los trostkistas vuelven a la querencia. Y el núcleo leninista-estalinista de la cúspide barrunta batalla. Pablo Echenique, digno Anticapitalista, firma con otros 22 dirigentes de Podemos un manifiesto cuyo contenido está resumido en su título: Abrimos Podemos. Aquí se perfila una agria controversia por un asunto típico de la izquierda, un asunto nominal. Todos quieren abrirse; todos incluir a todos; todos quieren ir unidos bajo un nombre común. Muy bien, ¿cuál?

Aparentemente la cuestión es absurda, pero vista de cerca no lo es tanto. En la sociedad de la imagen, el nombre tiene un significado, aparte del muy obvio del grado de conocimiento de la "marca" y su mayor o menor aceptación en el "mercado". La importancia es su valor simbólico: el nombre trasmite, en este caso, unidad de mando. Para la idea leninista de Podemos, un partido es un instrumento, mientras que un frente, una coalición, una unidad, por muy popular que sea, nunca lo será. Para la otra parte, el nombre, este nombre de Podemos, tiene otra connotación. Aparece demasiado identificado con la figura de su líder y trasmite una idea de caudillismo que es justo lo contrario de su pretensión de poner en pie un movimiento asambleario, espontáneo, de abajo arriba. En definitiva, lo que los firmantes del manifiesto quieren es que Podemos no sea un partido más. Quieren ser un partido de nuevo tipo. Algo así como el New Model Army de Cromwell o el "partido de nuevo tipo", de Mao.

Entre tanto, nadie habla de Cataluña. Cosa rara, Palinuro tampoco. Pero no se olvida y sigue los acontecimiento en ella. Vaya lío que tienen organizado los de UDC.

miércoles, 10 de junio de 2015

Geometría variable.

No son tiempos de ideologías. C's facilita en Andalucía la investidura de Díaz, con quien no pensaba tratar ni en pintura y en Madrid camina hacia la de Cifuentes de quien no quería saber nada por pertenecer a ese fementido nido de corruptos del PP. El cambio anunciado tiene poco que ver con las siglas de los partidos y mucho con los réditos de las respectivas jugadas. C's vende la responsable imagen de quien facilita la gobernabilidad sin comprometerse gran cosa, pues anuncia una posición vigilante sobre el gobierno de Díaz. Lo que no está clara es la ventaja obtenida por Podemos con la ruptura de las negociaciones. Protesta Rodríguez muy ofendida de que le hayan dado con la puerta en las narices y acusa al PSOE-A de la ruptura. Es muy posible. Díaz hizo saber en la campaña que en ningún caso pactaría con el PP y Podemos. Eso era algo más que un guiño a C's y tanto Podemos como el PP debieron haber reaccionado de forma distinta. Podemos, flexibilizando su posición para dificultar la ruptura a Díaz pues, como se ve en la alcaldía en Sevilla, son posibles acuerdos entre los dos partidos.

El del PP es un caso perdido. Bonilla pide ahora que el PSOE presente otr@ candidat@. Le ha llevado ochenta días darse cuenta de que, con Díaz, no había nada que hacer, como ella misma anunció dos meses atrás. Si aplica la misma celeridad a sus demás juicios, este presidirá Andalucía cuando Córdoba vuelva a ser califato y haya otro en Bagdad. Ahora que su predecesor en el empeño, Arenas, parece a punto de jubilación forzosa por las intrigas de la dueña del cigarral toledano, Bonilla puede acceder ya a la plenitud del cargo de sempiterno aspirante.

Díaz ha conseguido su propósito sin arriesgarse a unas imprevisibles elecciones anticipadas. El éxito tiene un valor simbólico: conserva el bastión andalusí y accede al cargo por mérito propio y no por nombramiento. Por mucha que sea su inquina a Sánchez, según afirman algunos medios, no puede evitar que su investidura sea el espaldarazo de este como candidato ya que la elimina a ella como contrincante. Queda por ver si a las primarias se presenta alguien con peso para ser un desafío a Sánchez. Chacón juega con la idea de encabezar la candidatura del PSC a la Generalitat. Solo queda Madina y no parece contar con mucho apoyo. Díaz, a su vez, tiene por delante una legislatura compleja. De un lado la lucha contra la corrupción, tan extendida en Andalucía después de treinta años de gobiernos socialistas que esa misma lucha puede traducirse en una merma de apoyo electoral. Además, su margen de actuación es limitado pues gobernará siempre en minoría y sólo podrá adoptar medidas con alianzas cambiantes o geometría variable, arriesgándose a que, en cualquier momento, una moción de censura la desplace.

Madrid es una zarzuela. Si Díaz preside en Andalucía una Junta muy tocada por la corrupción, Cifuentes, en la capital, cabalga sobre ella. La Comunidad de Madrid es, junto a la de Valencia, el epítome de la corrupción del PP. Se ha perdido la cuenta de l@s consejer@s y otros capitostes que andan por los juzgados imputados o acusados de tramas y delitos tan organizados durante años que harían las delicias de Alejandro Dumas. Parece, sin embargo, que C's está más comprometido en un pacto con el PP en Madrid que con el PSA en Andalucía. A cualquiera le resultaría difícil explicar esta diferencia, pero a Rivera, probablemente, no. Además, podrá aprovechar para romper la próxima oleada de imputados en las listas de Cifuentes por lo que los medios llaman "segunda parte de la Púnica". Podrían llamarla "segunda guerra púnica".

Si Madrid es una zarzuela, Valencia está en fallas. Los socialistas rompen las negociaciones porque se sienten insultados. Llegados aquí, ya cabe decir poco, salvo esperar más sosiego entre gentes que deben entenderse. Sobre todo si tienen en cuenta que la geometría variable valenciana muestra más complejidad y el rango de posibilidades se abre. Además de las dos habituales: a) lideras una coalición o b) te quedas fuera, se añaden otras tres: c) te quedas dentro de la coalición, pero en una posición subalterna; d) montas un gobierno de técnicos; e) vas a elecciones nuevas. Como las fallas. Es de esperar que, quemada toda la pólvora, los interesados se pongan de acuerdo en una solución de compromiso. Parecería obligado pues una de las fuerzas en pugna se llama Compromis, pero me temo que ese compromiso se entiende más en el sentido duro y militante que en el la solución pactada con concesiones mutuas. Mònica Oltra no tiene detrás una clara estructura de partido y tiende a ver el voto como algo a su persona, como una especie de plebiscito. Ximo Puig sí tiene un partido y parte del voto ha ido a él, o sea, su respaldo es menos plebiscitario. Esas cosas cuentan, pero lo que más cuenta es el temple de los actores.

martes, 9 de junio de 2015

La izquierda no se aclara; la derecha, tampoco.

En el seno de Podemos hay una controversia. Será mejor o peor para el partido según la gestione pero lo indudable es que la hay. De un lado, los de la antigua Izquierda Anticapitalista, autodisuelta en Podemos por exigencias del guión, conservan un fuerte espíritu comunitario, lo que les da personalidad, a la par que los mantiene como uno de los puntales de la organización. Su opinión se oye. Y, para estos anticapitalistas, Podemos debe replantear su estrategia para las generales en plan muy abierto, incluyente, fomentando el espontaneísmo. En las bases del partido, que no se llaman bases sino círculos, hay un clima de permanente discusión sobre la táctica, la estrategia del partido y, sobre todo, una vigilancia crítica al comportamiento de los dirigentes muy especialmente en las redes. Por último, la dirigencia lleva unos días girando hacia la moderación, sin parar de hablar de la socialdemocracia, fomentando contactos con el PSOE que, obviamente, ya no es "la misma mierda que el PP". Al contrario, en alguna ocasión, los líderes de Podemos han dejado claro que si están en el mundo es, en primerísimo lugar, para desalojar al PP. El PP es el enemigo por batir. Luego, ya se verá.

Pero ahí retorna a la palestra Anguita, alarmado, a recordar a sus ahijados que el enemigo no es el PP, sino el bipartidismo. En plata, el PSOE. Aquí se masca la tragedia. O la dirección de Podemos convence al viejo luchador de que el PSOE no es Satanás, con sus pompas y sus obras (incluidas las públicas) o el viejo luchador alza bandería de nuevo contra el socialismo traidor. Aunque dirija una organización nueva con un nombre desiderativo Frente Cívico Somos Mayoría, se ha encastillado en su querido baluarte de IU y sostiene al tambaleante Garzón en su propuesta de ir todos a una candidatura de unidad popular, cada uno con sus siglas, según el antiguo uso cristiano, tan familiar a todos los españoles, "cada uno en su casa y Dios en la de todos". Por supuesto, la unidad sería un ariete contra el PP y contra el PSOE.

Quizá por no ser tan reciamente español, Iglesias rechaza la fórmula, quiere ir a las generales con su marca y acepta a todos los afuereños, vengan de donde vengan, siempre que dejen el armamento a la entrada. Y en cuanto a que la campaña sea contra el PSOE, está por ver. No es previsible una alianza Podemos-PSOE antes de las elecciones pero sí después de ellas, cosa que Palinuro considera conveniente en interés de ambas partes. Y no parece sensato atacar a aquel con quien vas a sentarte a negociar un mes más tarde. Aunque a veces las campañas electorales quieren fuegos de artificio. Pero Anguita prefiere el fuego real. Nada de artificio: sorpasso o muerte. Por eso se encalabrina y denuncia en Iglesias cierta prepotencia. La verdad, yo también encontré el tono del de Podemos hacia Garzón innecesariamente hiriente y poco caballeroso por hacer leña del árbol caído. Aunque en la política esto de la caballerosidad es como lo de pedir cotufas en el golfo, que tanto se cita en El Quijote. Pero Anguita, sin duda por considerarse de la familia, reclama de Iglesias más humildad y tacto. Justo lo mismo que Iglesias reclamaba de Sánchez hace unos días: más humildad. De Anguita a Iglesias, de Iglesias a Sánchez.

Este Sánchez empieza a parecerse al príncipe troyano Paris a quien los dioses sacaron de una especie de idiocia pastoril y lo destinaron a llevarse el premio que él más anhelaba: la mujer más hermosa del mundo. Hágase una transferencia algo forzada sustituyendo el goce de la hermosura por el del poder. No son pocos los filosófos que han aceptado la idea nietzscheana de que la voluntad de poder es la esencia del hombre. Prácticamente sin hacer nada, solo por su presencia, Sánchez acaba de recibir un espaldarazo trascendental al ser invitado a la 63 edición del selecto Club Bilderberg, junto con Ana Botín y Juan Luis Cebrián. Este año no va la reina Sofía que, la verdad, no se sabe qué pintaba los anteriores, ni Esperanza Aguirre, que sí se sabe lo que pintaba y por eso ya no la invitan. Estos del Bilderberg son como una especie de Rosacruces con una pátina de intelectuales, políticos, empresarios y financieros. Su peso y prestigio viene de su absoluta opacidad. Los periodistas pueden informar de lo que se habla y acuerda, pero sin identificar fuentes. Las informaciones son así parecidas al oráculo de Delfos. La presencia de Sánchez es un claro pronunciamiento de los poderes internacionales por su candidatura. Es el Olimpo el que lo unge.

Frente a ello, Rajoy sostiene en público que Sánchez está en una "deriva radical", entregado a Podemos. Y, para asustar a las gentes y que los padres hagan entrar a los niños en casa, añade que, después de noviembre el presidente será él o Iglesias. Elijan ustedes: yo o el caos. "Don Carlos o el petróleo". Rajoy no es consciente del nulo crédito que tienen sus afirmaciones, casi tan nulo como su audiencia. Por fortuna, porque, si lo escuchan muchos, pueden elegir el caos, como en el chiste de Chumy Chúmez.

Ahora en serio: ¿cabe mayor majadería que llamar "izquierdista radical" a uno que va al Club Bilderberg del brazo con Ana Botín y Juan Luis Cebrián?

Rivera y sus Ciudadanos tienen un verdadero problema de identificación como grupo de más de uno. El fotomontaje de la revista Mongolia, de Albert Rivera como Primo de Rivera es una diana. En realidad, al Ciudadanos le sobra la ese. Es el Ciudadano; el Ciudadano guía o caudillo. El otro día destituyó de golpe a toda la comisión ejecutiva (u órgano similar) de Madrid. Franco mandaba los ceses personalizados con un motorista. Este lo hace por whatsap y en grupo. Pero la actitud no deja lugar a dudas: ordeno y mando en nombre de la lucha contra la corrupción y por la democracia interna de los partidos, lo cual no incluye el suyo.
 
Estamos en mitad del baile y ahora entra el verano, época dada a las demasías.

lunes, 8 de junio de 2015

"De momento, todo va bien".

En Los siete magníficos, (John Sturges, 1960) la estupenda adaptación de Los siete samuráis (Akira Kurosawa, 1954), hay una escena memorable cuando los dos héroes, Chris (Yul Brinner) y Vin (Steve McQueen) se entrevistan con el sabio anciano del lugar y Vin le cuenta la historia de un tipo que se precipitó al vacío desde un 10º piso y, según iba cayendo, los vecinos le oían decir al pasar ante sus ventanas: "de momento, todo va bien" (so far, so good). Algo así parecen estar pensando algunas formaciones políticas en caída libre.

Hemos pasado el ecuador de este largo año de elecciones. Hemos dejado dos atrás. Tres, si se acepta el cálculo, también razonable, de que las del 24 de mayo de mayo fueron dos, municipales y autonómicas. Nos quedan otras dos con la fecha por fijar, unas catalanas en septiembre y otras generales en noviembre, y con todas las opciones abiertas, incluida la de que las de noviembre se adelanten a septiembre o se retrasen a enero.

En las dos habidas, el resultado ya está bastante claro: descalabro del PP, víctima de la incompetencia fabulosa de su gobierno y del pantano de corrupción en el que chapotea. Lo de la incompetencia es de dominio publico nacional e internacional. Jueces para la democracia considera que la legislatura del PP es la peor de la historia. Lo de la corrupción empieza a tomar caracteres de cine negro. Ese incendio del Ayuntamiento de Brunete, con mayoría absoluta del PP e investigado en la Púnica huele a chamusquina por partida doble, la suya propia y la de los hipotéticos documentos triturados. Si se confirmasen las peores sospechas de los sempiternos malpensados, de que se haya pretendido destruir pruebas por el sistema de Fahrenheit 451, quedaría claro que en estas tramas hay gente dispuesta a todo. Y todo quiere decir todo. La corrupción de los gobiernos del PP ha mostrado ya sus facetas más ruines, delictivas e hipócritas. Ahora empieza a enseñar sus armas. El rechazo al PP va a convertirse en un clamor popular en pro de la seguridad jurídica. Y tampoco llegados a este punto osará el PSOE plantear la moción de censura. Van a necesitar que los atraquen a la puerta del Parlamento y les sustraigan hasta los bolígrafos.

"De momento, todo va bien".

El PSOE ha resistido la competencia de Podemos, perfectamente legítima por lo demás, mantiene tendencia ascendente continuada, sin altibajos, y su líder es el más valorado después de Rivera lo que quiere decir que es el más valorado. Su discurso de centralidad, reformismo, moderación, tiene acogida y, además, ya no ha de luchar con el fantasma de Zapatero. Se verá qué sucede en las primarias pero, de momento, su candidatura parece ser la única con posibilidades dentro de su partido en donde reinan los parabienes pues va a recuperarse poder, van a formarse gobiernos. De coalición interna o externa y, por lo tanto, vigilados, pero gobiernos al fin y al cabo y gobiernos que apoyarán en bloque a Sánchez, lo cual da mucha fuerza. Compárese con la situación de Rajoy: menos de la mitad de sus votantes quiere verlo de candidato a la presidencia. Tiene el partido hecho unos zorros y el PSOE se ha dado un barniz de modernidad, unidad y acuerdo interno. En el PP, a guantazo limpio, casi como en IU.

Podemos no ha afectado grandemente al PSOE. A IU, sí. Ha quedado desarbolada y en camino de ser extraparlamentaria en noviembre. La proyección a las generales de Metroscopia dan a los de los círculos un  21,5%, siete puntos menos que en enero pasado y otros siete por encima de los resultados reales de estas elecciones. Mientras que al PSOE le pronostica un 23%, dos puntos por debajo del 25% que parece haber obtenido de media. O sea, el panorama es de mejora del PSOE y descenso de Podemos. Algo parecido ocurre con Ciudadanos al que se vaticina un magro 13%, habiendo estado en un 20%, pero aun así el doble de lo que realmente ha sacado en las autonómicas (6,55%). Casi parece que los de Metroscopia ven con buenos ojos a los emergentes en función de esa curiosa creencia de que todo lo nuevo es bueno. Parecida a esa otra de que todo bipartidismo es malo.

El bipartidismo... Los sistemas de partidos no cambian de la noche a la mañana. Se resisten. Están imbricados en los sistemas políticos. Son productos de las leyes electorales. La gente no muda tan fácilmente de voto. La elasticidad de este es limitada. Un equilibrio complicado. Ya veremos lo que llega a noviembre y cómo llega.

Pero antes habrá que hacer escala en las catalanas de 27 de septiembre a las que los españoles parecen prestar tan poca atención como a la final de la Champions. Se observa en la diferente reacción frente a las elecciones andaluzas y catalanas. Las andaluzas eran españolas y Rajoy regaló varias veces con su presencia las tierras de la antigua Bética. Ya veremos si va a las catalanas, a cuya convocatoria se opone frontalmente, si bien sin posibilidades de triunfo por cuanto son potestivas de la Generalitat. Y esta, para amargar las vacaciones del presidente, ha lanzado uno de su habituales órdagos políticos: si el gobierno hace una propuesta de arreglo de la situación, la Generalitat la someterá a referéndum.

¿No quisiste un referéndum? Toma otro. Parece claro que la oferta no será aceptada y seguramente ni lo pretende. Está más hecha cara a la galería exterior: que todos vean cómo, desoída la reiterada petición de negociaciones, no ha quedado más remedio que acudir a la Declaración Unilateral de Independencia. La DUI. Mas podría enseñar política a Maquiavelo.

No sé si el gobierno calibra el impacto de una DUI catalana en Europa o si la confunde con un DIU. Si calcula el alcance del movimiento catalán. Solo la actitud de rebeldía de la monja Forcades, que quiere encabezar una lista soberanista debiera hacerle pensar que hay algo raro en Cataluña. Una monja católica con el discurso más radical y anticatólico que he oído en muchos años y que, por supuesto, suscribo. Pero yo no soy monja ni católico. Que la Iglesia católica es una organización patriarcal y misógina es la evidencia misma; que el capitalismo, dejado a su ley sin ley, no funciona pues genera corrupción y miseria, también. Que sean las opiniones que el gobierno espera escuchar en una monja católica ya es otra cosa.
 
"De momento, todo va bien".
 
 Rajoy deja entrever que proyecta cambiar las portavocías del PP en varios sitios. Parece que no en Castilla La Mancha. O quizá sí. Son marrullerías de ramplones que están en política para ocupar cargos. Los que sean. Lo importante, insiste Rajoy, es mejorar la comunicación. Sigue empeñado en que lo suyo no es un problema de incompetencia radical y corrupción generalizada que ve todo el mundo sino uno de incapacidad de comunicar la buena nueva de la recuperación porque nadie cree en ella. Ni él.
 
Pero no se trata de mejorar la comunicación, sino de perfeccionar la propaganda. Y en eso, el futuro es aciago. Se pierde el control de centros esenciales de agitprop, como Telemadrid, Castilla La Mancha y lo que haya por ahí. Fiel, fiel, solo va a quedar TVE, el TDT Party y la prensa subvencionada adicta. En esas circunstancias y con el carisma de Rajoy, que cosecha un 75% de desaprobación y solo supera a Cospedal en aprobación no se ganan elecciones.
 
De aquí a noviembre, cualquier cosa. 

sábado, 6 de junio de 2015

Izquierda Unida son dos.


Enésimo portazo de Iglesias a las ilusiones de los confluyentes de crear una amplia alianza de la izquierda (se evita con cuidado el término "frente") en la que vayan todas juntas pero no revueltas, cada una con sus siglas y todas bajo una identidad ómnibus. Podemos irá a las generales con sus siglas. Rechazo frontal a Garzón, Anguita y Cayo Lara que es converso reciente a la confluencia.

En IU la bronca se encona más, si cabe, entre otras cosas porque ya nadie prácticamente sabe qué defiende y ataca cada quién. IU es el pecio de una nave de los locos. La nao ya se ha hundido, pero los locos siguen pegándose. Palinuro lo había entrevisto hace meses en Izquierda Unida y el efecto sifón de Podemos en donde se decía: Lo llaman convergencia. Es efecto sifón. Podemos absorberá a IU con la misma indiferencia natural e inocente con que el pez grande se come al chico. La mística comunista, comunitaria, solidaria vale poco cuando se cuentan votos o, sea, para entendernos, poder. Y, efectivamente, como preveía Palinuro el 1º de febrero pasado, Podemos se ha comido a IU. No obstante también conviene recordar que hay comidas indigestas.

¿Qué ha sucedido desde el 1º de febrero? Dos hechos de gran importancia: las elecciones autonómicas andaluzas y las municipales y autonómicas en 13 CCAA en España. En las dos se ha marcado una pauta: el PSOE resiste bien el efecto sifón de Podemos (que iba orientado a su sector izquierdo); IU se da un batacazo en todas partes en que concurre sola, cuando no desaparece; Podemos no obtiene ni de lejos los resultados a los que aspiraba cuando, a primeros de año anunciaba que iba a asaltar los cielos no por consenso, sino por conquista. Podemos "salía a ganar", iba "por todas" a los clarines triunfantes de unos sondeos embriagadores. Algunos le adjudicaban casi un 28% del voto y primera o segunda posición por doquiera, claro sorpasso a la socialdemocracia tradicional, a la que se auguraba un proceso de "pasokización". La realidad los ha dejado en el 14% y con visos de empeorar. ¿Culpables de este amargo resultado? Tres:

Primero, el bipartidismo, más difícil de batir de lo que parecía. Vamos, que el oso mantenía su piel y quien la había vendido antes de tiempo tiene que devolver los cuartos. Se impone el realismo. Esta dura experiencia, unida al aprendizaje del joven Iglesias en los reservados de los restaurantes que mucho criticaba y en el fondo envidiaba, hará que en Podemos no vuelva a hablarse tanto de bipartidismo. Eso es más propio de Anguita, mientras que lo suyo es, maravilla el decirlo, la socialdemocracia, la socialdemocracia sorpassata, si se dice así.

Segundo, el absurdo caos de IU. La doctrina sifón, más arriba mencionada, partía de la aplicación a España del modelo de Syriza en Grecia: un Partido Comunista griego, claramente definido, cuya función era perder las elecciones (aprox. un 2% del voto) para que el discurso de Syriza, de un izquierdismo más radical, neocomunista, pero sin mostrar lazos con el comunismo, pudiera ganarlas, dejando al PASOK convertido en un partido-taxi. El problema en España es que IU, y su alma comunista, no ha entendido o no ha querido entender el mensaje y, en vez de ir sola al matadero electoral, ha explotado en un sinfín de tendencias confluyentes (a su vez con propuestas distintas de confluencia) y partidarios de unas u otras reediciones del espíritu numantino. Todo este jaleo ha hecho gran daño a Podemos, mezclado en ese incomprensible desbarajuste de IU que, aunque no se lo crean, tiene al electorado en verdad hasta la coronilla. De ahí que, en los últimos días, Podemos trate de marcar distancias. Lo ha hecho con Garzón, de modo innecesariamente cruel, a juicio de Palinuro, y con IU en su conjunto, porque Podemos "no será tabla de salvación para nadie". Sobre todo cuando la propia tabla no va muy segura y la salvada o salvable IU es, en realidad, una organización en liquidación, contable y políticamente. La cuestión ahora es saber si, vistas las circunstancias, Julio Anguita no interviene para sostener su propia propuesta de alianza. Encabeza un Frente Cívico Somos Mayoría, pues el cordobés es experto en calificar sus inventos no con su razón, sino con su deseo: Somos Mayoría, Izquierda Unida. Al final puede suceder que las izquierdas vayan a noviembre divididas en tres formaciones: Candidatura de Unidad de la Mayoría (por ponerle un nombre), Podemos y PSOE. De ahí que este haya pasado a ser tan importante.

Tercero, el PSOE ha resistido el efecto sifón de Podemos. De tal modo que, aunque no haga nada o, quizá, por no hacer nada, va perfilándose como una alternativa frente a un gobierno y un partido absolutamente desprestigiados, comidos por la corrupción y en los que los enfrentamientos y broncas no son visibles como en IU pero tienen a la derecha desconcertada sin política de ningún tipo. Que hayan lanzado a la vicepresidenta del gobierno a largar una filípica contra el radicalismo de Pedro Sánchez demuestra que en el PP han perdido la Minerva. Es tan absurdo que beneficia al mismo Sánchez, a quien no le resulta difícil aparecer a contrario como un centro entre radicalismos de izquierda y derecha. Para beneficiarse del todo, el PSOE debiera reajustar su terreno, dejando entrar en él con más voz a su sector más izquierdista. Un giro, no a la izquierda radical de Santamaría, sino a la moderada y democrática eliminaría del todo el efecto sifón de Podemos y hasta quizá lo revirtiera, según se desarrolle el proceso de articulación de este como opción de gobierno.
 
Aquí es donde reaparece la socialdemocracia. El giro de Podemos es patente. Pueden llamarlo como quieran, pero es obvio que el PSOE ya no es igual al PP, sino un partido con el que hay que entenderse. Tiene gracia: IU buscando confluir con Podemos y Podemos pretendiendo entenderse con la familia socialdemócrata. Casi parece un vodevil. Al final acaban todos en sana promiscuidad socialdemócrata. Palinuro ha defendido siempre una unidad de la izquierda y, cuando menos, una alianza PSOE-Podemos. Los socialistas seguramente llegarán al momento de alianzas en una posición relativamente cómoda. No lo parece tanto que lo consiga Podemos. Tiene urgencias de consolidación, debates internos serios y pinta de haber agotado su mágica capacidad de movilización del principo. Sin resuello, vamos.