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sábado, 11 de febrero de 2017

Entrevista en el ABC sobre Podemos

Subo a Palinuro una breve entrevista que me hizo ayer Enrique Delgado para el ABC  con fotografías de Isabel Permuy. Está en el apartado de "Madrid" del periódico, que es donde ahora trabaja Delgado. Estaba interesado en mi opinión sobre la oferta que, al parecer, hiciera Iglesias a Errejón de que se postulara como candidato a la alcaldía de la capital, sucediendo así a Carmena. 

Parece evidente que la propuesta trataba de apartar al segundo a la vía muerta de la alcaldía de la capital. Más o menos lo que hizo el PSOE en su día con Tierno Galván, también personaje molesto para los intereses creados, como Errejón. De ese modo, además, Iglesias conseguía dos objetivos en uno: deshacerse de Errejón y de Carmena al mismo tiempo. Y no sé cuál le parecería más apetecible. Porque si Errejón es molesto para el pintoresco carisma de Iglesias, la independencia y libertad de juicio de Carmena no le permiten capitalizar en su interés el gobierno municipal de Madrid. 

También hablamos de lo que pueda suceder en Vistalegre II. Hoy he visto muchas noticias y comentarios al respecto en las redes. Dice Delgado, con ingenio, que, como buen politólogo, no arriesgo un vaticinio. En realidad, no merece la pena. Podemos está fracturado; pero no en dos bloques sino, cuando menos, en cuatro: Iglesias y sus neobolcheviques, Errejón y sus institucionistas, Urbán y los "anticapis" y la matrioshka de IU, con el PCE dentro de ella. 

No pudieron ni pueden ni podrán.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Desobediencia civil

En Cataluña se dibuja un horizonte de desobediencia civil generalizada alimentada no tanto por el afán de la población por buscarse problemas como por la obstinación de la derecha de considerar que el independentismo catalán es un problema de orden público que se resuelve con cuatro guantazos o, como dicen en público, aplicando la ley. La ley de la porra, se entiende. En este actitud, tan autoritaria y absurda, la derecha cuenta con la entusiasta complicidad del PSOE, capaz de suicidarse al pie de la gloriosa nación hispana. O de lo que queda de ella después de que la la inepta y corrupta oligarquía española haya ido dejándose a lo largo de los siglos jirones del mayor imperio que vieron los tiempos, hasta quedar reducido a una parte de una península en la periferia de Europa y a punto, además, de perder su propia periferia. Porque "Castilla miserable ayer dominadora...", etc. De eso trata mi artículo de hoy en elMón.cat, titulado, Comença el ball y cuya tradución al castellano viene a continuación.


Comienza el baile

Mientras en Madrid el PSOE obedecía al destino, en Vic, un concejal de la CUP obedecía a su conciencia. Por su parte Rajoy aseguraba que lo que hay que obedecer es la ley, de la que él es y será legítimo guardián.

Cualquiera ve que este es el inicio de una actitud colectiva que, probablemente, irá a más. Cuando un concejal actúa según su conciencia y, con ello, se sitúa fuera de ley despierta más simpatías que otro que, por ejemplo, se haya puesto fuera de la ley por haberse apropiado indebidamente unos cuantos millones. Con el primero se solidarizan muchos ciudadanos y algunos hasta lo manifiestan; con el segundo no suele solidarizarse nadie ni manifestarse, aunque a veces pasa, pues España es un país peculiar.

La insistencia de Rajoy en obedecer y hacer obedecer la ley es una perogrullada. Los gobiernos están para eso. Pero también están para aplicar soluciones políticas, negociadas que permitan mejorar la ley cuando esta es cuestionada por medios pacíficos por una colectividad con sus instituciones a la cabeza. De eso, sin embargo, no hay nada en el discurso de la derecha. Y no lo hay porque, para ella, los actos movidos por la conciencia independentista son un mero problema de orden público. Y el orden se mantiene con la aplicación estricta de la ley.

Este criterio convierte toda la política del Estado en relación al independentismo catalán en política represiva. Se moviliza la policía, los tribunales y, si es, necesario, se preparan las cárceles. En ese hilo procesal se encuentran ya un diputado de las Cortes, un expresidente y dos exconsejeras de la Generalitat y la actual presidenta del Parlament. Es difícil no ver que estas actuaciones son contraproducentes para el objetivo de hacer desistir a los independentistas. Cada nuevo acto de represión generará mayor respuesta de desacato y desobediencia, con más frecuentes llamadas a las fuerzas del orden autonómicas a desobedecer a su vez.

Teniendo en cuenta que el gobierno de la Generalitat tiene propósito de seguir con la hoja de ruta, como ha manifestado Homs al Rey y que el bloque independentista en el Congreso votará “no” a Rajoy, lo que se prevé es una escalada de acción (represión) – reacción (desobediencia) de consecuencias imprevisibles. Alguno de los posibles escenarios es que se produzca algún tipo de intervención exterior en forma de mediación, cosa que beneficiará a los independentistas y enfurecerá a los nacionalistas españoles.

De hecho, estos ya han cavado sus trincheras gracias a la abstención del PSOE y formado una línea defensiva de los partidos de la “unión nacional”. Una gran coalición disimulada como gobernabilidad de España. Y con eso se prueba que la situación está tan bloqueada como siempre. Esta vez no por un enfrentamiento entre la derecha y la izquierda, sino entre España y Cataluña.
Imposible abordar esta cuestión con el código penal en la mano. No es un problema de legalidad, sino de legitimidad, que requiere soluciones políticas negociadas y pactadas. La más evidente de todas, la que lleva planteándose desde el inicio es la realización de un referéndum de autodeterminación en Cataluña. Es algo tan evidente, sobre todo después del ejemplo de Escocia, que no se explica por qué no se ha realizado ya.

Pero el hecho es que no se ha producido y la situación sigue tan bloqueada como antes. Hay una evidente crisis constitucional. Está claro que los políticos llevan el asunto a la confrontación. A lo mejor sería razonable que interviniera el Rey. Al fin y al cabo, está para eso, para arbitrar y moderar el funcionamiento de las instituciones. Y quizá una buena forma de conseguirlo sea sugerir a los partidos nacionales españoles la idea de que es mejor un referéndum pactado que uno sin pactar.

domingo, 29 de mayo de 2016

En la memoria no puede haber consenso

A El País no le ha gustado nada que a "Ganemos Madrid", el grupo político que apoya a Carmena, no le haya gustado tampoco la Comisión de la Memoria Histórica nombrada por el Ayuntamiento, presidida por la abogada Francisca Sauquillo. El diario aplaude el propósito de este órgano de proceder a su delicado cometido por consenso y teme que, si no se actúa de este modo, se vuelva a las andadas de viejos radicalismos y maximalismos que no conducen a sitio alguno.

A su vez, algún especialista con suficiente conocimiento de causa, el profesor Rafael Escudero Alday, ha sostenido que esta Comisión es, en realidad, una "Comisión de (Des)memoria histórica" porque: a) le falta competencia específica en la materia a la presidenta y a la mayor parte de los vocales; b)los vocales que tienen algún tipo de competencia basada en la experiencia, justamente rechazan el concepto mismo de "memoria histórica" o adoptan una actitud de equidistancia entre las dos Españas (para entendernos brevemente) cuando se trata de hacer justicia a las víctimas de un bando; c) faltan juristas que aporten savoir faire en materia de justicia transicional; d) falta representación de las víctimas; d) hay una sobrerrepresentación del sector negacionista de la memoria.

Intentemos aportar algún matiz y alguna observación sobre este asunto que quizá no estén de más.

Palinuro sostiene que aplicar política de consenso a una comisión de la memoria histórica es un empeño inútil si no complaciente con la injusticia.

El propio concepto de "Memoria histórica" es problemático. El determinante "histórica", obviamente no lo es de tiempo (aunque lo parezca): todo cuanto tiene que ver con la memoria por definición ha de estar en el pasado, ser historia. Por tanto, "memoria histórica" es una redundancia. En el fondo, el determinante no es de tiempo sino de personas; "histórica" quiere decir que es memoria de todos, compartida, memoria colectiva.

Pero eso no existe. La memoria es un atributo del individuo. No hay memoria colectiva, igual que no hay espíritu del pueblo. Eso son metáforas, invenciones, en muchos casos, pretextos. La memoria es individual y es absurdo considerarla como producto de consenso. Uno no consensúa nada con uno mismo. Y tampoco puede consensuar memorias con los demás, con los que convive. Puede compartir la memoria, pero no consensuarla.

Entonces ¿por qué los miembros de la Comisión, el Ayuntamiento, El País y el sursum corda, se hacen lenguas del consenso como método de trabajo y adopción de decisiones en este campo? Tengo varias hipótesis complementarias que someto al juicio crítico de la lectora. a) el consenso se propugna porque la Comisión en su mayoría abarca una gama no muy variada de opiniones, que van desde la derecha extrema hasta una izquierda moderada, acomodaticia y pusilánime; b) el consenso se propugna para rescatar el espíritu de la Transición, que fue de consenso; c) el consenso se defiende  para hacer justicia a los dos bandos por igual.

a) El consenso timorato. Escudero Alday subraya cómo los miembros de la comisión oscilan entre diferentes tipos de negacionismo: los más radicales, propios de la derecha y los más moderados, pero igualmente radicales a la hora a la hora de echar cerrojo a este singular episodio de la historia de España, a la hora de pedir que se termine con la Ley de "Memoria Histórica" porque seguir con ella equivale a perpetuar el enfrentamiento. En principio, esta Comisión tiene como misión principal aplicar la Ley  a las denominaciones de calle y plazas, placas en edificios, monumentos y recordatorios varios. La actuación es en medio urbano. Es decir, el grueso de su acción se desplegará desde el final de la contienda y en los años cuarenta y cincuenta. Por entonces ya no había resistencia, no había dos bandos, sino vencedores y vencidos que quedaban a merced de los vencedores, los cuales no tuvieron ninguna.

b) El espíritu del tiempo. La Transición estuvo presidida por la necesidad de pactar. De llegar a un acuerdo. La transición fue un pacto producto del miedo que los protagonistas de la época se profesaban unos a otros. Hubo consenso, sí, pero tácito: las izquierdas renunciaban a sus símbolos y valores y se integraban en el funcionamiento democrático ordinario del sistema político español sin remover el pasado; a cambio, la derecha abandonaría toda tentación golpista y, con el paso del tiempo, permitiría que se hiciera justicia a la víctimas, sin tratar d revivir los enfrentamientos no de apropiarse en exclusiva la representación de España. Pero esto ha sido falso: a raíz del triunfo socialista de 1982 cundió el temor en la derecha. Pero, cuando esta vio que no había ánimo revanchista en la izquierda, recuperó su talante de intransigencia y acabó volviendo a la imposición del vencedor "sin complejos", como se decía entonces. Promulgada la tímida Ley de la época de Zapatero, se comprobó que la derecha no tenía voluntad alguna de aplicarla sino de boicotearla, como ha hecho en la X legislatura con mayoría absoluta del PP. Resultado: cuarenta años después del fin de la dictadura, en las cunetas siguen enterrados más de cien mil compatriotas asesinados y Madrid reverbera de símbolos, placas, calles y recordatorios de los franquistas. 

c) Los dos bandos por igual. Lo dicho, el tiempo que se quiere revisar es de imposición, dictadura de los vencedores sobre los vencidos. De igualdad, nada. La presencia de un cura en la comisión con el argumento de que se trata de hacer justicia "también" a las víctimas de la Iglesia revela su falacia: en la época de que se trata, la Iglesia no tenía víctimas puesto que era ella misma la victimaria. La colaboración de la Iglesia con la represión del franquismo en la postguerra fue total. Dicho en plata: en la Comisión no hay representación de las víctimas, pero sí de los victimarios. Y eso la cuestiona moralmente de tal modo que la hace inservible. 

Por supuesto que la Comisión debería estar compuesta con otros criterios y que la que hay no es justa. 

Todo consenso que se dé entre la justicia y la injusticia será injusto. La justicia es el único consenso, como sabe muy bien una alcaldesa que es jueza.

lunes, 16 de mayo de 2016

El franquismo sigue

Esa comisión de la memoria histórica que ha nombrado el Ayuntamiento de Madrid con la misión de expurgar la arquitectura capitalina de homenajes y recuerdos  a los golpistas del 36 es un buen ejemplo de las contradicciones, ambigüedades y vergüenzas de la España de hoy. Es una comisión moderada, equidistante, levantada sobre el consenso. Un consenso que la izquierda busca siempre afanosamente, mientras la derecha, afín a los golpistas, solo lo acepta cuando no tiene otro remedio. Nunca pondría en marcha una comisión así un ayuntamiento del PP. Y, en efecto, no lo hizo. Esa es la gran desigualdad en lo referente a la memoria histórica.

Los herederos ideológicos y biológicos de aquellos golpistas están en todas partes, en puestos políticos, ministerios, cargos de designación, gobiernos de todos los niveles, dando órdenes y boicoteando todo intento ajustar cuentas con el pasado y hacer justicia a las víctimas. A los cuarenta años de la muerte del dictador, en cuya honra funciona una Fundación Nacional Francisco Franco que se mantiene con dineros públicos. No condenan la dictadura, obstaculizan la acción de los tribunales y aceptan a regañadientes estas comisiones y siempre que se hagan por consenso. Y la izquierda timorata cede por miedo a la reacción que puedan tener los descendientes de aquellos energúmenos, que trajeron a España la paz de los cementerios y se pasaron luego 40 años inscribiendo sus hazañas en piedra para que quede memoria. Y queda. Y no quieren que se borre porque, aparte de que desaparecerían sus recuerdos personales y de familia, se perderían sus efectos amedrentadores. Pues  que tal o cual calle lleve el nombre de un militar criminal no solo reconforta a sus sucesores sino que sirve de advertencia y recuerdo de qué sucede cuando la gente se arroga derechos inadmisibles como la libertad y la seguridad.

Están en el gobierno. Los casos de García Margallo y Morenés son los más evidentes, pero todos los ministros son franquistas. El presidente del Consejo de Estado, Romay Beccaria es un ejemplo típico de carrera política hecha en el franquismo.  Y franquistas hay en todos los escalones del PP, ese partido fundado por un ministro de Franco que los jueces consideran hoy una presunta asociación de malhechores. Están en todas partes, incluso más o menos ocultos: franquistas y de extrema derecha resultan ser los animadores de la Societat Civil Catalana, una asociación que lucha contra el independentismo catalán aparentando ser lo que no es. Son los descendientes de la clase político-militar franquista. Han heredado el país, que sus antecesores se ganaron por derecho de conquista, expolio y terror. Lo creen suyo. Y en buen parte, lo es.

Por eso el gobierno en funciones nombra a una funcionaria, nieta de franquistas de postín, Cristina de Ysasi-Ysasmendi y Pemán, junto a una diplomática para que, a modo de una task-force, vayan por el mundo laudando el orden constitucional español. Su función es neutralizar el relato que la Generalitat hace en el extranjero. Que el gobierno recurra a una descendiente de franquistas (uno militar y el otro un vate del régimen al que los tribunales permiten llamar fascista), muestra el respeto que tiene por el orden constitucional que dice defender. 

Así pues, el franquismo desembocó pacíficamente en este orden constitucional y a los franquistas corresponde explicar sus merecimientos, según los franquistas del gobierno. 

Y, mientras tanto, la izquierda sigue buscando el consenso que, en efecto, como se ve hoy mismo, los otros solo aceptan si no tienen otro remedio. 

jueves, 14 de abril de 2016

Un día en la vida de España

Hoy, 85º aniversario de la IIª República, último régimen legítimo que ha habido en España, merece la pena honrar su memoria y ver cómo lo llevamos los republicanos que queremos volver a traerla para dejar de ser súbditos de una monarquía borbónica impuesta por decisión de un dictador genocida. 

Porque, a ver, ¿en qué se diferencia la situación en el Estado español de la que había en la dictadura, cuando el padre del actual Rey, Felipe V + I, juró fidelidad a los principios del Movimiento Nacional? En nada salvo en que, por la existencia de la libertad de expresión y los medios de comunicación (los privados, porque los públicos son máquinas de propaganda de la derecha) ahora las barrabasadas, los latrocinios, las corrupciones de los gobernantes se saben. 

Se saben. Pero nada más, no pasa nada. Nadie dimite. Ninguno de estos ladrones devuelve lo robado y se marcha a su casa. Incluso cuando entran en la cárcel quieren seguir dando lecciones. Como ese Mario Conde, el Beau Brummel de la derecha española, que estaba blanqueando dineros robados, según parece, mientras daba lecciones de moral y savoir faire desde uno de esos canales de TV en que unos tipos encorbatados y engominados enhebran unas estupideces que abochornarían a los chimpancés.

¿Se acuerdan del Texas ranger, Ansar, diciendo que el PP "era incompatible con la corrupción"? Le han pillado haciendo trampas para ahorrarse unos euros en impuestos. ¿A ver si le van a decir a él los impuestos que tiene que pagar? Eso es cosa de comunistas totalitarios. Lo que hacen los neoliberales es no pagar. Para eso están los pobres, los que no tienen la suerte de relacionarse con regidores y políticos de talla, como Botella, la esposa del incorruptible, capaz de vender la Cibeles a un fondo buitre por veinte euros sosteniendo que es un buen negocio para las arcas municipales. Ya, es obvio que se trata de un caso de estupidez profunda pero, caramba, está claro que no lo es de corrupción. Ningún político se ha quedado un dinero que jamás se ingresó en el Ayuntamiento, gracias a la fabulosa gestión de la esposa del hombre-milagro.

Los ayuntamientos son lugares ideales para que los peperos practiquen su más profunda vocación de robar hasta el ultimo ochavo que encuentren. De otro modo, no merecería la pena sacrificarse por la patria o la tierruca. La administración municipal hace más humanos a los políticos, los acerca a los ciudadanos y pueden deplumarlos con más eficacia. Escuchar a Rita Barberá es escuchar al eslabón perdido con un bolso de Louis Vuitton. En los círculos del hampa, frecuentados por gente de sangre azul, ya se había corrido la voz de que un mozo bien plantado podía sacarle 400.000 eurosal eslabón perdido siempre que fuera convincente.

El alcalde de Granada, trece años en el cargo y ahora, víctima de una persecución política, probablemente de la Mano Negra, entra en prisión con el fatalismo del último Abencerraje. Es de esperar que se haga justicia y resplandezca la verdad, mostrando la acrisolada honradez de este regidor municipal que tiene pinta de no haberse llevado jamás una cucharilla. Podía aprovechar ahora que Marhuenda acaba de ascender de la condición de chivato a la de comisario honorífico para encargarle la investigación. Seguro que en esa acción de la Mano Negra está la de Podemos, que quiere desviar la atención de los bolívares de la vergüenza arrastrando por el lodo el buen nombre de un caballero nazarí.

En la época de internet y la sociedad mediática, los gobernantes deben estar siempre en pantalla, siempre dispuestos a facilitar el trabajo de los periodistas. El ministro Soria, por ejemplo, en cuanto se le acerca alguien con una grabadora le cuenta una historia que no tiene nunca que ver con la anterior. Es consciente de la importancia que tiene la novedad y la originalidad para que prosperen los reporteros. Si los políticos siempre contaran la misma historia, ¿de qué iban a vivir los periódicos? 

Lo esencial son las historias, los relatos. Es lo que dicen los postmodernos. Por eso tenemos a Esperanza Aguirre con un libro bajo el brazo, largando a los cuatro vientos, como si viviera en una corrala. Ella no se calla. No, desde luego, lleva veinte años sin hacerlo. Hace falta, dice ideología porque sin ideología, un partido está en crisis. Otro cualquiera, menos inteligente que Aguirre pensaría que el PP está en crisis porque anda sobrado de ladrones. Pero ese no es el problema. El problema es la falta de ideología. Nadie sabe si Rajoy es liberal o conservador. Nadie se explica cómo hemos podido sobrevivir cuatro años sin averiguar tan fundamental extremo.

Definitivamente, esto no es el franquismo, en donde los gobernantes robaban a manos llenas pero nadie se enteraba de nada. Con lo que nos gusta a la gente saber cómo nos roban, con qué mañas o artes, si conservadoras o liberales. Menos mal que la transición nos trajo la democracia y la comunicación. 

Quizá cuando se acabe este ciclo de la tercera Restauración de Mackie "el Navaja", el país tendrá la República que se merece. Bastará con que copie la que hayan puesto en marcha los catalanes. A los españoles siempre se les ha dado bien copiar.

Por cierto, menuda foto la de Sánchez en El País. Lo que hay que hacer en precampaña electoral.


jueves, 27 de agosto de 2015

La sexagenaria no puede con la septuagenaria.

Los teóricos políticos se pasan la vida tipificando clases de liderazgos y de políticos, categorías, estilos: políticos autoritarios, populistas, liberales, democráticos, xenófobos, etc. Está bien, para moverse con comodidad en el abigarrado y confuso mundo de la política. Pero eso es hasta que descendemos a tierra y nos encontramos con los políticos reales, esos bípedos intrigantes supuestamente racionales que hacen trizas todas las clasificaciones analíticas.

Por ejemplo, es imposible encontrar categoría en la que encaje la gárrula Esperanza Aguirre. Si le hacemos caso, será demócrata, liberal, católica y patriota española. Si atendemos a otras opiniones veremos que hay gente que la considera autoritaria, dogmática, beata y vendepatrias. Una hipócrita y ególatra consentida a la que nadie se toma en serio pero que tampoco está acostumbrada a que la critiquen o, incluso, que la traten de "tú" a "tú". Necesita sumisión total y abyecta. Telemadrid tenía que estar a su absoluto servicio, cantar sus glorias, que era ninguna, y ocultar sus errores o desaguisados que eran tropel porque no toca nada que no lo desgracie. La función de Telemadrid no era informar de la realidad sino inventársela de arriba abajo, en un ejemplo de comunicación tipo Potemkin. Y el que no estuviera de acuerdo con esto, con ser un agente de agit-prop en vez de un periodista, se iba a la calle ipso facto, como pasó con Germán Yanke  que, al parecer, no le hacía suficientemente la pelota. Y con la señora diciendo que ella es liberal.

Su liberalismo es patente en el proyecto de la Ciudad de la Justicia, un desastre de 105 millones de euros del que la liberal Aguirre quiere responsabilizar en último término a los jueces mismos que, deseosos de lucir y lucirse presionaban para que se realizaran las obras. O sea, la culpa es del Estado porque ¿no son los jueces el tercer poder, el judicial? Pues, eso, el Estado responsable del dispendio. Obras, no se hicieron muchas, pero había una legión de jefes sin tropa, aunque ganando una pasta. Cuando ya no se pudo ordeñar más a la vaca estatal, se decretó el cierre de la empresa que, por cierto, era una fundación pública (recibía la pasta del Estado) pero de gestión privada, obviamente para saltarse todos los cauces y precauciones y emplear a los parientes y enchufados con sueldos de cine, aunque no supieran ni rebuznar.

Habiendo sido derrotada (aunque el suyo fuera el partido más votado), se ha negado a aceptar la derrota y busca por todos los medios desplazar de la alcaldía a Manuela Carmena. Pues le salió de maravilla el Tamayazo, cree que debe tentar a aquellos que, como Carmona, puedan tener algún agravio con su partido, llevándolo al transfuguismo. No está claro si se ha dirigido a los otros concejales socialistas. Podría ser, pero sería extraño, porque esos contactos son pura dinamita, sobre todo si te los graban y en el PP se graban hasta los soliloquios. El fondo del asunto, sin embargo, está vivo: cree que, al haberlo conseguido una vez, puede conseguirlo de nuevo porque, para ella, todo el mundo tiene una precio. Sin duda ella misma también. Una posición perfectamente liberal. Todo se compra, todo se vende. Carmona, sin embargo, no solo no se vende, sino que hace burla de la eventual compradora.

Curiosa lección de una vida liberal, desempeñando cargos públicos para ir contra lo público sistemáticamente. A sus más de sesenta años, casi todos ellos dedicados a la política, cabría presumir en ella cierta experiencia y habilidad para no andar haciendo de Mefistófeles de pacotilla, tratando de comprar las almas de la gente sin conseguirlo. A sus más de setenta años, casi todos ellos dedicados a la judicatura, Carmena ingresa en la política sin experiencia y se afirma frente a la sexagenaria. Toda la experiencia de esta no impide que se le abran varias cuestiones especialmente resbaladizas de las que no es seguro que salga con bien y consiga sobrevivir políticamente. Sobre todo porque, a estas alturas, quienes desean ardientemte que se calle y desaparezca para siempre son los de su partido.

martes, 25 de agosto de 2015

Ya era hora.

Esto sí es transparencia, lucha contra la corrupción, freno al despilfarro del dinero de los contribuyentes, coto a la malversación. Esto y no las sinsorgadas de Rajoy, el de los sobresueldos, cuando balbucea explicaciones sobre las medidas contra la corrupción que su gobierno ha amparado, fomentado y sigue ocultando siempre que puede. Que cada vez es menos.

Estas comisiones de auditoría de la gestión autonómica en Madrid en las dos últimas legislaturas que la señora Cifuentes ha tenido que tragarse como el sapo mañanero es la medida más importante y eficaz que se ha tomado en España para sacar a flote toda la basura de uno de los gobiernos más mafiosos en la historia del país. Y ya los ha habido

Fueron veinte años de mayorías absolutas en los que un partido corrupto, que se financiaba ilegalmente a base de mordidas por concesiones amañadas, estuvo haciendo mangas capirotes con los dineros públicos. Un poder sin control o con controles manipulados en instituciones sumisas a las órdenes, como el Tribunal de Cuentas, acumuló todo tipo de dispendios y latrocinios con los que, de paso, enriquecía a un puñado de sinvergüenzas que simulaban ser políticos honestos.

Era imposible que lo fueran viendo la falta de talante democrático, la arrogancia, la soberbia, el desprecio y hasta la chulería con la que trataban a la oposición y, por encima de ella, a los ciudadanos, incluidos sus propios votantes. Los madrileños acabaron resignados a una administración poblada de ineptos vanidosos y presidida por una majadera, cuyo aparente desparpajo, solo ocultaba su absoluta incompetencia a la hora de impedir que sus colaboradores robaran a espuertas ente sus narices. Un hatajo de mangantes que, enarbolando la bandera de las privatizaciones, saqueó el erario, los servicios públicos, las empresas de la comunidad. Lo llamaban neoliberalismo, según las simplezas de catón que expectoraba la señora Aguirre pero, en realidad, era un neofeudalismo: una típica confusión de lo público y lo privado, en beneficio de ellos mismos y sus amigos y aliados, generalmente empresarios acostumbrados a vivir de amañar concursos públicos.

Las comisiones de investigación, que ya tienen curro, habrán de poner en claro el robo descarado de la Gürtel y la Púnica, las dos tramas mayores (pero no las únicas) que los políticos de la derecha tejieron con la mafia empresarial y una serie de funcionarios corruptos para enriquecerse todos en detrimento de los intereses colectivos del bien común que hubieran debido defender de haber tenido un mínimo de honradez.

No se trata de que estas comisiones sustituyan la administración de justicia que hace su trabajo como puede, sistemáticamente obstaculizada y hostigada por la asociación de presuntos malhechores llamada PP, con el sobresueldos a la cabeza. Se trata de que establezcan las responsabilidades políticas de este inmenso desaguisado, de esta increible ceremonia del saqueo de una Comunidad por una manga de chorizos. Y se trata de que los políticos que toleraron y ampararon este latrocinio o que, incluso, se beneficiaron de él, asuman sus responsabilidades y se retiren de una vez a esa vida privada que tanto les gusta, quizá en la cárcel y habiendo devuelto todo lo que hayan pillado.

Resulta intolerable que la principal supervisora de estas actividades de auténticos bandoleros, la señora Aguirre, no acepte responsabilidad alguna por el desastre que ha ocasionado con su altanera ineptitud. El disparate de la Ciudad de la Justicia, en el que se han volatilizado 105 millones de euros como el que se gasta la calderilla, debe aclararse. Igual que debe aclararse cómo el arquitecto Norman Foster pudo cobrar más de 10 millones de euros de las arcas públicas por una obra que no hizo y a través de un contrato que, como los dineros, se ha esfumado. Aguirre tiene que dar cumplida explicación de todo ello. Como también de decenas de otras tropelías, todas ellas liquidadas con quebranto para la hacienda pública y supuesto beneficio de los mamandurrios neoliberales de que se rodeaba: las privatizaciones de la sanidad, el Canal de Isabel II, el metro ligero a Pozuelo, el hospital de Collado Villalba o el inenarrable proyecto de Eurovegas.

Si faltó tiempo a esta señora para felicitarse de haber condecorado en vida como presidenta de la Comunidad a una de las musas del más sórdido franquismo, la recientemente fallecida Lina Morgan, con igual alacridad debiera estar ya en la plaza pública dando las explicaciones pertinentes sobre esos turbios y ruinosos asuntos que han empobrecido a los madrileños y enriquecido a una banda de truhanes. Que vaya a las comisiones las veces que haga falta a mentir como acostumbra y que dimita de paso de cualquier actividad pública por indigna.

Y quien dice la Comunidad, dice el Ayuntamiento. Carmena está levantando las alfombras y los madrileños asisten estupefactos a otra pasarela de dispendios, despilfarros y toda clase de gatuperios protagonizada por los dos último regidores, Ruiz-Gallardón y Ana Botella, dos almas gemelas en lo cursi, arrogante, inepto y megalómano. Que el ex-ministro de Justicia sepultara más de 500 millones de euros públicos en acondicionar el espantoso pastel de la Cibeles en detrimento de los edificios del Madrid de los Austrias, ya demuestra un mal gusto rayano en lo ofensivo. Pero que de esos 500 millones, parte nada desdeñable, fueran a hacerse un despacho versallesco, revela la auténtica dimensión moral tanto del repelente niño Vicente como de su sucesora, una reprimida de la más rancia estirpe nacionalcatólica.

Hace muy bien Carmena en sacar a la luz pública las trapisondas de estas cucarachas de oro para que los madrileños sepan cómo vivían los sátrapas que se iban a los spas cuando había alguna catástrofe con pérdidas de vidas en su jurisdicción.

Pero haría mucho mejor si nombrara una comisión que procediera a auditar esa cueva de mangoneo que fue el ayuntamiento de Madrid.

sábado, 18 de julio de 2015

Los totalitarios demócratas.


Hace diez años, Esperanza Aguirre, entonces presidenta de la CA madrileña, despedía de Telemadrid a un conocido periodista porque había comprado los argumentos del enemigo. Un atropello, desde luego, pero muy en la línea en que su partido procede habitualmente. Telemadrid era un aparato de agitación y propaganda a su exclusivo servicio con el dinero de todos los contribuyentes. Como lo es RTVE para el PP o era la televisión de Castilla La Mancha para Cospedal. El PP entendió desde el principio que la política en la sociedad mediática se hace en los medios y que es preciso controlar estos, sobre todo los audiovisuales. Pero sin descuidar los escritos, en su mayoría privados y en buena medida también al servicio de la derecha.

Con este palmarés es insólito que Aguirre exija que se cierre la web "versión original" del Ayuntamiento de Madrid, dedicada a rectificar y/o desmentir informaciones erróneas o falsas sobre su actividad. Lo de menos es que sea una exigencia. Es el estilo altanero, impertinente e intemperante de esta señora, insoportable para gente civilizada y democrática y el que le hace perder las elecciones cuando ya no hay modo de financiarlas a base de la Gürtel.

También de menos es el repertorio metafórico de la dama. Pravda 2.0 es parte de un vocabulario de un anticomunismo primitivo en el que se solaza. Bolchevismo, leninismo, checa, Stalin, totalitarismo, son gemas que adornan su discurso normalmente agresivo, algo chulesco (ese 2.0 tiene hasta un punto cheli) y autoritario, por supuesto disfrazado de democrático. El disfraz dura poco. Basta que el Ayuntamiento quiera suprimir la vergüenza de calles dedicadas a golpistas, delincuentes, criminales, genocidas, totalitarios y dictadores para que la demócrata se oponga con uñas y dientes.

Pero tampoco importa gran cosa que la señora sea la menos indicada para exigir nada en el terreno de los medios. Esgrimirlo es una forma de argumento ad hominem basado en el socorrido ¡y tú más!

Igualmente es poco acertado señalar cómo la escandalera montada por muchos periodistas contra la web municipal carece de valor por venir de gentes que han aceptado la humillación profesional de cubrir ruedas de prensa sin preguntas e, incluso, con la doctrina impartida a través del plasma.

No. Lo inadmisible del ataque a la web del Ayuntamiento radica en su absurdo. Versión original (buen título, por cierto) rectifica y/o desmiente noticias erróneas sobre su gestión. Está en su derecho. No censura el contenido de los medios ni interfiere en su actividad. Se limita a dar cuenta de los hechos. Si los medios creen que se los ataca o menoscaba o perjudica, pueden acudir a los tribunales. Eso es, se dice, lo que puede -y debe- hacer el consistorio: acudir a los tribunales si cree que las informaciones de los medios falsean a propósito la realidad y lo perjudican objetivamente.

Precisamente por ello es de aplaudir la web versión original, porque va a ahorrar al Ayuntamiento y, por ende, a todos los vecinos, mucho tiempo y dinero en acciones judiciales. Basta echar una ojeada a algunos medios, singularmente el ABC y La Razón, sin olvidar algunos digitales para comprobar que no es que publiquen errores o falsedades sobre el Ayuntamiento de Madrid (y, en general sobre cualquier gobierno de izquierda) sino que publican auténticas canalladas, infundios y mentiras sin cuento. Hay portadas tan escandalosas (a la par que demenciales) de estos tebeos que explican por qué la prensa española es la que tiene menor crédito en Europa. Y al decir "menor crédito" se da por supuesto, infundadamente, que alguno tiene.

Esa web del Ayuntamiento de Madrid saca de quicio a los totalitarios de la derecha, los herederos de quienes se pasaron 40 años monopolizando la información, porque no la controlan y desmiente sus infundios. Es de esperar que el PSOE no haga el juego a estos censores.

lunes, 8 de junio de 2015

"De momento, todo va bien".

En Los siete magníficos, (John Sturges, 1960) la estupenda adaptación de Los siete samuráis (Akira Kurosawa, 1954), hay una escena memorable cuando los dos héroes, Chris (Yul Brinner) y Vin (Steve McQueen) se entrevistan con el sabio anciano del lugar y Vin le cuenta la historia de un tipo que se precipitó al vacío desde un 10º piso y, según iba cayendo, los vecinos le oían decir al pasar ante sus ventanas: "de momento, todo va bien" (so far, so good). Algo así parecen estar pensando algunas formaciones políticas en caída libre.

Hemos pasado el ecuador de este largo año de elecciones. Hemos dejado dos atrás. Tres, si se acepta el cálculo, también razonable, de que las del 24 de mayo de mayo fueron dos, municipales y autonómicas. Nos quedan otras dos con la fecha por fijar, unas catalanas en septiembre y otras generales en noviembre, y con todas las opciones abiertas, incluida la de que las de noviembre se adelanten a septiembre o se retrasen a enero.

En las dos habidas, el resultado ya está bastante claro: descalabro del PP, víctima de la incompetencia fabulosa de su gobierno y del pantano de corrupción en el que chapotea. Lo de la incompetencia es de dominio publico nacional e internacional. Jueces para la democracia considera que la legislatura del PP es la peor de la historia. Lo de la corrupción empieza a tomar caracteres de cine negro. Ese incendio del Ayuntamiento de Brunete, con mayoría absoluta del PP e investigado en la Púnica huele a chamusquina por partida doble, la suya propia y la de los hipotéticos documentos triturados. Si se confirmasen las peores sospechas de los sempiternos malpensados, de que se haya pretendido destruir pruebas por el sistema de Fahrenheit 451, quedaría claro que en estas tramas hay gente dispuesta a todo. Y todo quiere decir todo. La corrupción de los gobiernos del PP ha mostrado ya sus facetas más ruines, delictivas e hipócritas. Ahora empieza a enseñar sus armas. El rechazo al PP va a convertirse en un clamor popular en pro de la seguridad jurídica. Y tampoco llegados a este punto osará el PSOE plantear la moción de censura. Van a necesitar que los atraquen a la puerta del Parlamento y les sustraigan hasta los bolígrafos.

"De momento, todo va bien".

El PSOE ha resistido la competencia de Podemos, perfectamente legítima por lo demás, mantiene tendencia ascendente continuada, sin altibajos, y su líder es el más valorado después de Rivera lo que quiere decir que es el más valorado. Su discurso de centralidad, reformismo, moderación, tiene acogida y, además, ya no ha de luchar con el fantasma de Zapatero. Se verá qué sucede en las primarias pero, de momento, su candidatura parece ser la única con posibilidades dentro de su partido en donde reinan los parabienes pues va a recuperarse poder, van a formarse gobiernos. De coalición interna o externa y, por lo tanto, vigilados, pero gobiernos al fin y al cabo y gobiernos que apoyarán en bloque a Sánchez, lo cual da mucha fuerza. Compárese con la situación de Rajoy: menos de la mitad de sus votantes quiere verlo de candidato a la presidencia. Tiene el partido hecho unos zorros y el PSOE se ha dado un barniz de modernidad, unidad y acuerdo interno. En el PP, a guantazo limpio, casi como en IU.

Podemos no ha afectado grandemente al PSOE. A IU, sí. Ha quedado desarbolada y en camino de ser extraparlamentaria en noviembre. La proyección a las generales de Metroscopia dan a los de los círculos un  21,5%, siete puntos menos que en enero pasado y otros siete por encima de los resultados reales de estas elecciones. Mientras que al PSOE le pronostica un 23%, dos puntos por debajo del 25% que parece haber obtenido de media. O sea, el panorama es de mejora del PSOE y descenso de Podemos. Algo parecido ocurre con Ciudadanos al que se vaticina un magro 13%, habiendo estado en un 20%, pero aun así el doble de lo que realmente ha sacado en las autonómicas (6,55%). Casi parece que los de Metroscopia ven con buenos ojos a los emergentes en función de esa curiosa creencia de que todo lo nuevo es bueno. Parecida a esa otra de que todo bipartidismo es malo.

El bipartidismo... Los sistemas de partidos no cambian de la noche a la mañana. Se resisten. Están imbricados en los sistemas políticos. Son productos de las leyes electorales. La gente no muda tan fácilmente de voto. La elasticidad de este es limitada. Un equilibrio complicado. Ya veremos lo que llega a noviembre y cómo llega.

Pero antes habrá que hacer escala en las catalanas de 27 de septiembre a las que los españoles parecen prestar tan poca atención como a la final de la Champions. Se observa en la diferente reacción frente a las elecciones andaluzas y catalanas. Las andaluzas eran españolas y Rajoy regaló varias veces con su presencia las tierras de la antigua Bética. Ya veremos si va a las catalanas, a cuya convocatoria se opone frontalmente, si bien sin posibilidades de triunfo por cuanto son potestivas de la Generalitat. Y esta, para amargar las vacaciones del presidente, ha lanzado uno de su habituales órdagos políticos: si el gobierno hace una propuesta de arreglo de la situación, la Generalitat la someterá a referéndum.

¿No quisiste un referéndum? Toma otro. Parece claro que la oferta no será aceptada y seguramente ni lo pretende. Está más hecha cara a la galería exterior: que todos vean cómo, desoída la reiterada petición de negociaciones, no ha quedado más remedio que acudir a la Declaración Unilateral de Independencia. La DUI. Mas podría enseñar política a Maquiavelo.

No sé si el gobierno calibra el impacto de una DUI catalana en Europa o si la confunde con un DIU. Si calcula el alcance del movimiento catalán. Solo la actitud de rebeldía de la monja Forcades, que quiere encabezar una lista soberanista debiera hacerle pensar que hay algo raro en Cataluña. Una monja católica con el discurso más radical y anticatólico que he oído en muchos años y que, por supuesto, suscribo. Pero yo no soy monja ni católico. Que la Iglesia católica es una organización patriarcal y misógina es la evidencia misma; que el capitalismo, dejado a su ley sin ley, no funciona pues genera corrupción y miseria, también. Que sean las opiniones que el gobierno espera escuchar en una monja católica ya es otra cosa.
 
"De momento, todo va bien".
 
 Rajoy deja entrever que proyecta cambiar las portavocías del PP en varios sitios. Parece que no en Castilla La Mancha. O quizá sí. Son marrullerías de ramplones que están en política para ocupar cargos. Los que sean. Lo importante, insiste Rajoy, es mejorar la comunicación. Sigue empeñado en que lo suyo no es un problema de incompetencia radical y corrupción generalizada que ve todo el mundo sino uno de incapacidad de comunicar la buena nueva de la recuperación porque nadie cree en ella. Ni él.
 
Pero no se trata de mejorar la comunicación, sino de perfeccionar la propaganda. Y en eso, el futuro es aciago. Se pierde el control de centros esenciales de agitprop, como Telemadrid, Castilla La Mancha y lo que haya por ahí. Fiel, fiel, solo va a quedar TVE, el TDT Party y la prensa subvencionada adicta. En esas circunstancias y con el carisma de Rajoy, que cosecha un 75% de desaprobación y solo supera a Cospedal en aprobación no se ganan elecciones.
 
De aquí a noviembre, cualquier cosa. 

jueves, 4 de junio de 2015

La grande bouffe.

Las pasadas elecciones de 24 de mayo fueron municipales y autonómicas, pero en cuarenta y ocho horas quienes han tomado contacto directo han sido los cuatro dirigentes principales de las cuatro principales formaciones políticas y lo han hecho de modo típicamente español, comiendo. Las llamadas comidas de trabajo. Comenzaron la ronda Rivera y Sánchez a una hora algo intempestiva para el almuerzo por lo que se supone que solo habría café y pastas. Rivera se fue luego a La Moncloa a compartir mesa y mantel con el actual inquilino del inmueble. Este recibió al día siguiente a Sánchez, también a la hora del almuerzo y Sánchez se trasladó más tarde para cenar con Iglesias. Solo queda que Rivera e Iglesias almuercen juntos igualmente, para preparar un debate televisivo, por ejemplo. No tengo tan cierto que vaya a haber encuentro gastronómico entre Iglesias y Rajoy más que nada por falta de cintura de este. Si la tuviera invitaría al de Podemos a una terraza de un Cien montaditos, un lugar ideal para explicarle sus ideas de cómo salir de la crisis.

Los españoles resuelven sus asuntos comiendo. Se fundan partidos en tabernas, se conspira en restaurantes. La comida y la bebida andan siempre cerca. Más de un pacto se ha firmado ante un buen cochinillo, regado con abundante vino. La experiencia demuestra que, cuando la gente se acostumbra a comer bien, modera su discurso político, reduce su radicalismo. O este se reduce solo. Estos encuentros, cara a cara, sin micrófonos no son conciliables con los firmes declaraciones de los emergentes de impulsar la publicidad y la transparencia de las decisiones políticas. Negociaciones, sí, dicen los de Podemos de Andalucía, pero con las cámaras grabando y los micrófonos encendidos. Eso con los almuerzos hispanos casa poco.

Además estos encuentros y comidas de tanteo entre los líderes son inútiles porque su capacidad para establecer normativas como lineas generales de los respectivos partidos en toda España es relativa. En algunos casos los políticos locales aceptan las normas generales de la dirección; en otros, no. Porque cada nivel de gobierno en España es un mundo. Los socialistas andaluces están casi en estado de rebeldía frente a los españoles. Aguirre frente a Rajoy y a todos los demás dirigentes de su partido y también Podemos y C's registran sobresaltos en su interior, disensiones y críticas. Los dirigentes pueden comer lo que quieran. Luego, sus gentes en los diferentes lugares, harán lo que les parezca en función de las condiciones específicas del sitio, que no tienen por qué coincidir con las de otro. Y, a los postres, los gerifaltes deciden dar "rienda suelta a sus barones territoriales". Como si pudieran hacer otra cosa.
Hay que constituir 8.000 gobiernos locales, más las correspondientes diputaciones provinciales (que suelen olvidarse y es en donde más se roba y caciquea) más 13 comunidades autónomas. Es evidente que va a caer mucho cochinillo y abundante vino tinto. Y mucho conciliábulo, y mucha presión, y juego sucio y escándalos mediáticos de todo tipo. En estas administraciones que ahora se renuevan se concentra gran parte del poder mafioso de tramas delictivas que llevan veinte años actuando y falseando toda la realidad política del país. Financiados con dineros de la Gürtel o de la Púnica o de Sebastopol, los triunfos del PP son ilegítimos por ilegales. El propio gobierno lo es.
Pero ustedes sigan comiendo. Hagan La grande bouffe.

miércoles, 3 de junio de 2015

Fotofobia
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El PP cambia la ley para impedir que se publiquen fotos como la de la detención de Rodrigo Rato. Es muy fuerte, en verdad. Tiene mucha carga moral. Quien ha sido casi todo en esta país, tratado como un delincuente. Pero los hombres labran sus propios destinos. No obstante, el gobierno, el PP, no quiere imágenes, no quiere fotos. Se malicia que tras esta vendrán muchas otras porque tiene una lista de espera de investigados, imputados, procesados y condenados que parece de un hospital gestionado por Cospedal. No quiere fotografías.

En la "Ley Mordaza", actualmente recurrrida ante el Tribunal Constitucional, se prevén sanciones altísimas a quienes hagan fotografías a las fuerzas de orden público cuando "gestionan" (digámoslo elegantemente) manifestaciones o protestas callejeras. El PP no quiere fotografías. No quiere fotos. Le molesta la luz. Padece fotofobia.

Vive en la oscuridad y las tinieblas. Solo así se explica que sus cargos no vean nunca nada de lo que tienen delante de la nariz. Mato no veía el Jaguar en el garaje de su casa. Cifuentes tampoco vio que su lista electoral fue confeccionada por Salvador Victoria, hoy imputado en la operación Púnica. Lucía Figar no vio la operación Púnica, igual que Rajoy no veía a Bárcenas y, luego, dejó de ver a Blesa y Rato, que volvieron al reino insondable de las tinieblas. Camps no veía los trajes o las facturas o ambas cosas. Arenas no veía los sobresueldos y Cospedal nunca se ha visto a sí misma. Igual que la Infanta no veía lo que firmaba. Firmaba a ciegas. Todos vivían en un mundo en tinieblas perpetuas, como en el Ensayo sobre la ceguera, de Saramago, que trae causa de aquel tremendo Informe sobre ciegos, de Sábato en Sobre héroes y tumbas. Todos ciegos, pero gobernando el país. Y la verdad es que Rajoy se da un aire al ciego que dirige a otros ciegos al hoyo en el cuadro de Breughel, sacado literalmente de Mat. 15, 14, "dejad que los ciegos guíen a los ciegos porque cuando un ciego guía a otro, los dos caen en el hoyo".

Las elecciones, sin embargo, han aportado luz. En algunos sitios focos poderosos; en otros destellos. Pero comienza a iluminarse un panorama hasta ahora tenebroso, poblado por seres fotofóbicos. Ciegos. Y, claro, estos, desconcertados, se reúnen para recibir las órdenes del guía en una situación tan dificil, bajo una luz deslumbradora. Y la orden, por boca de Cospedal, aún secretaria general, es cerrar filas, mantener la unidad, no desperdigarse, que es peor y no hacerse daño. O sea, no cunda el pánico, se dé un "sálvese quien pueda" a costa del prójimo.

En el otro extremo están los emergentes, decididamente partidarios de la luz plena, el conocimiento público de cuanto se hace y dice en política. Pero este principio ha comenzado a resquebrajarse. Rivera se reúne en secreto con Sánchez y comparte con Rajoy la intimidad de un almuerzo en privado. Luz, aquí, poca. Y, sí, sus cabezas de listas suelen plantear exigencias de trasparencia en los gobiernos locales, pero ya comienzan a escucharse protestas en el partido por las actitudes dictatoriales de Rivera que solo pueden alimentarse del secreto de los conciliábulos. Puede que haya luz, pero parece la de la linterna sorda.
 
El otro emergente, Podemos, se ha tomado más en serio su condición de héroe o mito solar y de mensajero de la luz. Pero también de un modo irregular, lo que hace presumir que sucederá como siempre cuando hay pactos o acuerdos: las partes ceden y, dentro de cada parte, luego hay sectores más a favor y más en contra de ceder o, si se quiere, posibilistas y guardianes de las esencias. En Castilla la Mancha, los acuerdos pactistas parecen ir muy avanzados. En Andalucía, en cambio, el asunto parece enquistado a la par que enconado. Las dos partes se culpan mutuamente y ambas con el mismo argumento, la intransigencia de la otra. Las dos acumulan razones para sostener su actitud y sus seguidores las convierten en insultos, lo que normalmente favorece poco el entendimiento. De seguir las cosas así es posible que en Cádiz siga gobernando Teófila Martínez y sea preciso convocar nuevas elecciones. Antes de llegar a esta situación decepcionante quizá las dos partes podrían ponerse de acuerdo en la figura de un mediador que propusiera una solución de compromiso.

Y, como la luz viene siempre de Oriente, ya veremos las luminarias que traerán las elecciones catalanas si finalmente se convocan para el 27 de septiembre. Una campaña electoral con todos los focos concentrados en el debate soberanista, en España y en buena parte del extranjero. Fuegos de artificio entre el nacionalismo catalán, unido en el objetivo independentista, y el nacionalismo español (de derecha, centro e izquierda), débil, fragmentario y desunido, porque aunque, en el fondo, coincida en el reconocimiento de la nación española, no así en el modo de hacerla valer.

jueves, 28 de mayo de 2015

Desguace.

El martes, repuesto del aciago lunes, Rajoy convertía en triunfo la victoria pírrica de PP y como, cuando se gana, es tonto hacer cambios, dejaba todo según estaba, gobierno y partido y se proclamaba candidato para las elecciones de noviembre. El miércoles, ayer, sus propios ministros lo obligaban tomar medidas con  los más obvios responsables de la hostia que, según Barberá, se han dado. En primer lugar a Cospedal, cuya fabulosa incompetencia la ha llevado a perder víctima del chanchullo que hizo en la ley electoral para ganar. También quieren fuera a Aguirre, la gran derrotada. Rajoy hizo en su día de tripas corazón, rompió los lazos de amistad y lealtad con Botella, la esposa de quien lo puso a dedo en el cargo, y nombró a la condesa porque era la única que podía ganar las elecciones. Y las ha perdido. Como Cospedal. En realidad, Rajoy no debería sustituir solo a Cospedal. Debiera sustituirse a sí mismo. Es lo que le dicen algunos de sus barones. Pero eso jamás saldrá de él. Al contrario, se enfrentará por fin a Aguirre, que es la mayor amenaza a su dominio del partido. En realidad, si sigue en esa especie de amok que parece poseerla, la condesa es la mayor amenaza al propio partido como asociación, no ya de seres honrados, cumplidores y entregados a los demás, que eso está fuera de cuestión, sino simplemente como asociación de seres racionales. Una amenaza de desguace mental.

Aguirre es la principal aliada de Podemos, su altavoz, su agente publicitario, lo que estos necesitan para darse más importancia de la que tienen. Al convertirlos en el íncubo de sus obsesiones, la diana de sus ataques más neuróticos, los apuntala. Los de Podemos van a darse un festín con los votos de todos los que encuentran insufrible a Aguirre y son muchos. Los resultados electorales de Podemos han sido discretos. Los de C's, menos que discretos. Pero ahí están ambos, en los zuecos de IU y UPyD y en algunos lugares son decisivos. Determinantes, en ninguno. Por eso se agradece que alguien te saque del pelotón de cola, aunque sea llamándote soviético. Tampoco es tan extravagante en la dama en cuyo vocabulario aparecen con frecuencia los comunistas, los populistas, los terroristas, los etarras, los bolivarianos y, como quintaesencia, la anti-España, de tradicional fuste.

No obstante, algo no encaja en la última. Pedir un gobierno de concentración con Podemos en Madrid para luchar contra Podemos suena a delirio. Alguien probablemente ha informado a la condesa de que Carmena no es de Podemos y, por muy comunista que haya sido en el pasado, si ahora abjura de los soviets, sus pompas y sus obras, puede entrar en casa de gente bien. Podría entenderse como un intento de división de Podemos pero más parece parte de una estrategia consistente en armar cuanto más ruido mejor para conservar su posición en el PP y dar desde ella la batalla a Rajoy por la presidencia nacional. La alcaldía en sí le trae sin cuidado. Habiéndose reunido con Begoña Villacís, candidata de C's, Aguirre se sorprendía de las coincidencias entre su programa, el de los socialistas y el de C's, cosa insólita dado que ella no tenía programa.

Aguirre no tiene programa por la misma razón por la que su partido, el PP, no tiene ideología. Si le preguntan a Rajoy, dirá que es el partido del sentido común, como Dios manda. Consultando los textos del partido, de sus think tanks, las declaraciones de sus dirigentes e ideólogos, puede extraerse una especie de batiburrillo en el que aparece el humanismo cristiano, el liberalismo, el neoliberalismo, el tradicionalismo, el conservadurismo, el espíritu reformista, el nacionalismo, el pragmatismo, el autoritarismo, el monarquismo y la nostalgia franquista. En fin, el kit del partido de la derecha en España. Sin ideología. Una mera asociación de gente que mira sobre todo por su interés personal o de grupo en la administración de la cosa pública. Es una institución en la que una clase de administradores corruptos hace su carrera política a base de expoliar los recursos públicos. Lo llaman partido político, pero no lo es, sino un negocio para quienes militan en él y para sus allegados. Es obvio que esta entidad solo se mantiene unida si dispone del poder. Si lo pierde, se descompone. Precisamente porque no tiene más ideología que el lucro personal.

De ahí las reacciones de pánico en la organización a la vista de los resultados y el frenesí de Aguirre, que ya se ve como una Kerensky frente a Carmena, a quien Ussía llama Lenin con melenas. La desbandada de los barones y baronesas. La impagable rueda de prensa de Floriano. El pasmado silencio del cigarral toledano. La huída de Fabra, quien hubo de apurar las heces consolando a doña Rita sin despeinarla. Bauzá replegándose a su botica a curarse las heridas. Monago, vuelto a la nada. Rudi que nunca salió de ella. León de la Riva, Teófila Martínez, los broches de oro de una derecha municipal de tronío. Herrera, el de Castilla y León, aun habiendo ganado, su espíritu de castellano viejo le aconseja dimitir. No queda nada. No queda nadie. Es el partido más votado pero, de esta echada, solo parece que podrá gobernar con mayoría absoluta en Ceuta. "Bueno", pensará Rajoy, "si España, esta gran nación,  se reconquistó de los moros desde Asturias, bien puede reconquistarse ahora de los rojos desde Ceuta".

Pero hace falta un partido y en este momento no lo hay. Está más para desguace que para reconquistas. De ahí el peligro que tiene la envenenada propuesta aguirresca de un congreso de refundación. Aguirre, a quien Palinuro lleva unas fechas sacando parecidos, tiene muchas facetas. Esta de las pócimas tóxicas estilo congreso le viene de la de Medea, que era maga, mezclada con Circe, la que convertía a los hombres en cerdos y la Fedra que quiso envenenar a Teseo. Porque si Rajoy va a un congreso de refundación, no sale vivo. Y adiós esperanza de ganar las elecciones de noviembre tras haber convencido a la ciudadanía de cómo, gracias a su temple y sabiduría, el país ha salido de la crisis. En todo caso, para conseguirlo ha de recomponer el partido y tendrá que hacerlo a base de comisiones gestoras, nombramientos digitales, cambios impuestos. Es decir, desguazando el desguace.

Realmente, lo más sensato que este hombre puede hacer es disolver el Congreso y convocar elecciones anticipadas. Téngase en cuenta que este ímprobo trabajo de reconstrucción no impedirá que los tribunales de justicia sigan dando disgustos al gobierno y el partido. Es más, le situación puede llegar a un punto en que un tribunal llame a declarar al presidente del gobierno en uno de los procesos de la Gürtel en calidad de testigo. Así lo requiere la defensa de Willy "el Rata", exalcalde de Majadahonda y acusado en la Gürtel, a quien piden 50 años de cárcel. Supongo que, antes de comerse 50 años cualquiera llamaría a declarar como testigo a Dios padre. Tanto más a un mortal.

Menudo compromiso para Rajoy. Piénsese que los testigos comparecen bajo deber estricto de decir la verdad.

miércoles, 27 de mayo de 2015

¡Que vienen los rojos!

Están frenétic@s. Desde la más empingorotada rabanera "neoliberal" hasta el último de los cientos, miles, de mamandurrios que tienen enchufados en las administraciones públicas; desde el jefe de una patronal de apandadadores y granujas que viven de esquilmar el erario hasta el último tertuliano pagado con dinero de los contribuyentes para lamer el trasero de los señoritos y calumniar a la izquierda. Graznan su espanto:
¡Que vienen los rojos!

El triunfo de Carmena puede ser el fin de la democracia "tal como la conocemos", dice Aguirre. Un barbarismo típico de pedante ignara. Estaría bueno que Carmena fuera el fin de la democracia "tal como no la conocemos".Quizá hasta fuera más correcto porque la democracia y Aguirre tienen tanto que ver como el culo y las témporas. La carcunda franquista, hecha de meapilas, fascistas, ladrones sin adscripción política clara, sinvergüenzas cara al sol que más calienta, clérigos parásitos y pura imbecilidad carpetovetónica tradicional da el grito de alarma de ¡que viene el Frente Popular! ¡Que vienen los rojos! Iglesias quemadas, monjas violadas, curas asesinados, ancianos maltratados, propiedades confiscadas, el orden y la ley pisoteados... Echan mano de las mentiras y la propaganda de los delincuentes que gobernaron España de 1936 a 1975 y que sus herederos ideológicos y biológicos, hoy en el gobierno, han creído siempre con los ojos cerrados.

Y hoy es tan mentira como entonces. A lo que tienen miedo estos sinvergüenzas es a que la izquierda en los ayuntamientos y Comunidades Autónomas alce las alfombras, haga auditorías públicas de las cuentas, como viene pidiendo Palinuro hace días, y se descubra cuánto han robado. A que se conozcan los desfalcos, las mamandurrias, los enchufes, las pastuqui que se han llevado todos, absolutamente todos, desde los asistentes a la boda de la hija de Aznar, de los que, asombrosamente, todavía quedan algunos en libertad, hasta la espantosa Barberá y su vidorro a cuerpo de cachalote, pagado por los contribuyentes.

¡Que vienen los rojos!
 No son un partido político normal, sino una asociación de malhechores formada a fin de expoliar los caudales públicos con la excusa de ser un partido político. La política no les interesa ni les importa. De democracia saben tanto como de suahili. En los ayuntamientos y comunidades es en donde estos facinerosos han estado haciendo maravillas, robando, trampeando, estafando al erario, forrándose ellos y sus compadres y beneficiando a una recua de ladrones llamados empresarios, que vivían de los favores de sus compadres peperos, a los que pagaban cientos de miles de euros por sus asesorías verbales. Llevan veinte años robando en la administración local. Se han hecho de oro ellos, los Correas, los Bigotes, los Bárcenas, los Matas, los Matos, los Fabras, los Sepúlvedas, los Ortegas, los Granados, los Curitas, los Albondiguillas, una manga de ladrones, de esos que predicaban la mayor eficiencia de las privatizaciones. Claro, eficiencia para sus bolsillos.
¡Que vienen los rojos!
Y a seis meses, quizá menos, de las generales que también perderán y asimismo estrepitosamente. Y ahí, la auditoría será aun más escandalosa. Porque en la administración local han robado lo que han podido pero en la central han robado hasta lo que no han podido. Aparte de los sobres que llevan veinte años repartiéndose producto de los latrocinios administrados en la caja B y que se han embolsado de nuevo todos, Aznar, Rajoy, Cospedal, Santamaría, Arenas, todos; aparte, digo, está la cuestión de con qué dinero se ha rescatado a los bancos y todas las empresas privadas que montaron como tapaderas de chanchullo en sus anteriores gobiernos y hoy tienen que liquidar, estilo autopistas radiales y otras mamandurrias milmillonarias. Qué han hecho con el dinero del fondo de reserva de las pensiones, que han esquilmado. En fin, en qué han empleado todo el dinero que han quitado a los colegios públicos, a la sanidad, a la investigación, a las universidades, a los parados, a los dependientes, a todos menos a los militares, los policías y los curas.
¡Que vienen los rojos! 
Están tan histéric@s que va a darles un ataque.

El mal perder.

Mi objetivo es frenar a Podemos declaraba ayer Aguirre, tras haber ofrecido a Carmona y a Ciudadanos un pacto para que el socialista ocupara la alcaldía de Madrid. En realidad, lo que quiere es frenar a Carmena, a la que profesa gran inquina personal, cosa comprensible si se consideran las biografías de ambas. Pero, por no descubrirse, invoca el nombre temible de Podemos. Y no en tono normal, sino desgarrado: hay que frenarlos para salvar las libertades, el orden democrático y, seguramente, la cristiandad occidental, amenazados por esta hidra de múltiples cabezas, bolchevique, bolivariana, populista, etarra, comunista. Para alguien que presume de flema británica, esto suena horriblemente overstated. Contrólese la señora, no le pase lo que al Dr. Strangelove en Teléfono rojo, volamos hacia Moscú a quien, en momentos de excitación se le levantaba solo el brazo derecho en saludo nazi. Perder sabe mal, desde luego, pero hay que dominarse y no decir y hacer disparates. Porque, aunque Carmena no fuera Carmena sino Belcebú mismo, la propuesta de Aguirre equivale a pedir al PSOE que se pegue un tiro en su cabeza colectiva.

Las malas lenguas dicen que, no habiendo tamayos a la vista, la llamada a los instintos más bajos de los seres humanos se convierte en un alegato en favor de la felicidad del hombre en la tierra. Si no se puede comprar a nadie en concreto con valores contantes y sonantes, se procede a engatusar al grupo con valores y principios ideales. El caso es que Carmena no sea alcaldesa. Mucho temor se adivina aquí. Para ocultarlo, Aguirre echa mano de una peculiar aritmética. La mayoría de los madrileños ha votado en contra de Carmena (61,24%) al votar PP, PSOE y C's mientras que Carmena solo tiene 31,85%. Seguramente Aguirre vota antes en contra que a favor de algo y la prueba es que su candidatura ni siquiera tenía programa. Pero los demás no tienen por qué ser como ella y probablemente voten antes a favor de sus opciones que en contra de las de los demás. Aunque si se repitiera aquí la caprichosa suma de la Dama del Imperio británico, la diferencia sería colosal: el 58,54% de los madrieños, también mayoría, votó en contra de Aguirre, a quien solo apoyó un 34,55%.

Es puro mal perder, falta de estilo y heraldo de comportamientos más absurdos y estrambóticos. A la señora no le gustará pero en su partido están todos encantados de verla derrotada, desde Rajoy a Botella. Se aferra a la presidencia de la organización en Madrid e intrigará lo que pueda en el Ayuntamiento para afianzarse ya que su posición en el partido peligra. En él, en todos los niveles, se hace siempre lo que diga Rajoy y Rajoy puede montarle una conspiración interna para echarla del cargo. Por eso probablemente está ella montándole otra a él para desalojarlo del suyo. De hecho, ya ha pedido una refundación del partido. La cuestión es quién desenfunda el primero.
 
Eso de tener que ser el primero en algo nunca ha gustado nada  a Rajoy . Para empezar, no va a hacer cambio alguno en el gobierno y en el partido. Ya dijimos, en el PP todo lo decide el Jefe consultándolo con la almohada. Hasta quién será el candidato del partido en noviembre: él, hombre, él. ¿Quién si no? ¿Uno que salga de unas primarias? ¿O de un congreso? ¿Qué congreso? El PP es un partido jerárquico de corte franquista. A Fraga lo nombró Franco. Luego lo desnombró, pero eran cosas del Caudillo, cuya vida tenía Dios que guardar muchos años. A Aznar lo nombró Fraga; a Rajoy, Aznar. A quién nombre Rajoy en su momento está por ver. De momento, a Rajoy. Y el Jefe decide asimismo si las elecciones se han ganado o perdido. Estas se han ganado, según Rajoy, razón por la cual ha nombrado candidato a Rajoy, el que las ha ganado. Esto ya no es solo mal perder. Es no saber lo que se dice.
 
Los barones, sin embargo, se le están rebelando y tomando las de Villadiego: Herrera, Rudi, Fabra, Cospedal y Bauzá, gentes inconstantes, tornadizas, de alfeñique, que se rajan en la primera dificultad. Nunca debió confiar en ellos. Nada comparable con la firmeza de un Camps, un Matas, una Mato, una Aguirre. Lástima que esta sea tan cabezota y se empeñe en sustituirlo en la Jefatura. A él, que está ahí puesto por voluntad divina y solo abandonará el cargo con los pies por delante.
 
De aquí a noviembre Rajoy está seguro de dar la vuelta a los sondeos, las encuestas, los pronósticos, de probar que estamos saliendo de la crisis, de saber comunicarlo con acierto, de recuperar la confianza de la que hoy no dispone, de caer bien a la gente. Está dispuesto a dar la vuelta al mismo principio de la realidad. Seguramente es lo que se dice cuando se mira en el espejo por consejo de su cofrade de partido, Herrera, el presidente de Castilla y León: "nadie mejor que yo para ganar las elecciones de noviembre".
 
Lo malo es que no tiene partido y de aquí a los comicios tendrá que emplearse a fondo solucionando crisis de liderazgo, conflictos territoriales y de todo tipo en un partido que pasa a ser oposición en muchos sitios y sin líder, en otros es irrelevante, como en Cataluña y el País Vasco y en otros está mal avenido. Y a ver cómo se defiende de la petición malévola de un "congreso de refundación".

Porque las elecciones no se ganan con partidos en crisis. 

lunes, 25 de mayo de 2015

Tranquilos: en noviembre puede ser peor.

Casi con el escrutinio completo, ya pueden adelantarse algunas conclusiones y, además, proyectarlas a noviembre que es lo que está haciendo todo el mundo. "Bueno", dicen los perdedores, "lo que importa son las generales". Sí, sí. Pero en lo local hay también mucho poder, en concreto, el caciquil, que permite ir más seguro luego a las generales y si ese poder de mamandurria local se pierde, en noviembre hará frío.

Debacle es término muy empleado en los medios, aplicado al PP. No es del todo correcto. La debacle de verdad ha sido la de IU y UPyD. Lo del PP, al menos como lo glosaba Floriano, hablando del PP como el partido ganador por haber sido el más votado, se parece más a una victoria pírrica. Y ni a eso llega. Podía acuñarse también la "derrota pírrica". El País, contagiado por la fiesta, dice que Populares y socialistas pierden casi 13 puntos y 3,3 millones de votos respecto a los comicios de 2011, lo cual tampoco es del todo correcto pues, de los 13 puntos, más de diez los pierde el PP. No es lo mismo, ¿verdad?

Resultado: victoria de la izquierda. De la izquierda de siempre, la institucional y la asaltacielos. Las dos. Y, con permiso de l@s lector@s, felicitaré a Palinuro porque es lo que viene pidiendo desde siempre: coalición PSOE-Podemos. Ahora, con su típica modestia, el piloto de Eneas recomendará a esa coalición su primera medida, antes de nada: una auditoria externa de las cuentas de unas entidades gobernadas durante veinte años por la pura corrupción. Que no les carguen las vergüenzas de la herencia recibida o, quizá, mejor, la "no herencia", porque no debe de quedar ni un euro. El desastre del PP es colosal y la antesala de lo que espera en noviembre. Suelen decir los conservadores que "no ha calado el mensaje de Rajoy de la recuperación". Están en la luna. No es problema de calar. Es que al PP no lo escucha nadie. Ni el PP. Además, ahora casi no tiene en dónde hablar, fuera de las portadas de La Razón: se queda prácticamente de extraparlamentario en el País Vasco; en Cataluña es insignificante; en Andalucía, uno más del montón; y en Valencia; en Castilla La Mancha, a defenderse de la que se le viene encima; en Madrid, alcaldía, como no saque un tamayuchi, estará de mirón...

La coalición de la izquierda, a practicar la trasparencia desde el primer día. Puertas y ventanas abiertas. Alfombras levantadas y, eso, auditoría externa, a modo de ejercicio de la que tiene que hacer cuando llegue al gobierno central. Lo demás, vendrá en su momento. Ante todo, pactar y aliarse ya. Las coaliciones son buenas para que los aliados se vigilen mutuamente. Igual que los romanos elegían sabiamente dos cónsules, es bueno que en el gobierno haya, cuando menos, dos partidos. Los ciudadanos salimos mejor parados. Porque, a la vista está, las mayorías absolutas corrompen.

El PSOE ha aguantado muy bien el famoso ataque al bipartidismo, ese temible ser mítico que se alimenta de carne de partidos. Y bien claro ha quedado que así como Podemos no es Syriza, el PSOE no es el PASOK. Podemos ha devorado a IU como Cronos a sus hijos. Fue el efecto sifón de que hablamos en este blog hace un año. Luego se orientó hacia el PSOE pero, en su lugar, se comió una piedra, como Cronos. El PSOE ha aguantado muy bien y, con él el fementido bipartidismo del que ahora se dice con más prudencia que comienza a desaparecer. Largo lo fían. Sigue siendo tan mítico como un unicornio; más, si cabe, porque es un unicornio con dos cuernos, o sea un bicornio. Y, con el añadido de Podemos, puede llegar a ser un tricornio que, para ciertos asuntillos pendientes en España, quizá no fuera tan extraño.

Tampoco esta vez Podemos ha asaltado los cielos. Ni el primero y, teniendo en cuenta que, según la Biblia, hay tres, queda un tramo. No será porque no lo hayan intentado con denuedo. Después de comerse a IU ("comerse" en el doble sentido del verbo, el normal de alimentarse y el figurado de "comerse el marrón") los morados se propusieron lograr el viejo sueño comunista de sustituir a la traidora socialdemoracia por la "verdadera izquierda", el sorpasso anguitiano. Estaban muy seguros y hablaban de que solo habría pactos con los sociatas mediando un giro de 180º de estos. Luego, preocupados por los sondeos, se allanaron a pedir el voto de los verdaderos socialistas, el de los socialistas de corazón. Sería interesante debatir sobre la ética de este planteamiento, pero quédese ello para mejor circunstancia. El hecho es que hay que pactar con un PSOE del que muchos vienen diciendo que es igual al PP. Pruébenlo. Es muy sencillo: pacten con el PP. Si no, a pactar con el PSOE y desde la relativa fuerza de cada cual, que viene de los votos y no de los cielos. Y todavía más: si no hay pactos y pasa como en Andalucía, faltan seis meses para noviembre, cuando puede suceder lo que ha sucedido con IU en Extremadura.

IU. Ese es el drama, el cataclismo. Literalmente barrida de las instituciones. Para muchos comunistas de militancias antañonas debe de ser muy amargo. Pero era inevitable. Desde la aparición de Podemos, salida directa o indirectamente del seno de la misma IU, el destino de esta estaba sellado: perder las elecciones para que Podemos, presentada como nueva, independiente y no comunista, las ganara. Como en Grecia. Pero, en lugar de quedarse quieta y perder, como el KKE, para que gane la causa, aunque sea con otras siglas, la IU de aquí empezó a hablar de convergencia y unión, organizó el habitual rifirrafe y parte de ella fue a abrazarse con Podemos, con lo que le hizo más daño que beneficio. La faena la coronó por último Anguita que prácticamente pidió el voto para Podemos en nombre de IU, a fin de que no ganase el PSOE. Cuando los de Podemos se dieron cuenta, el daño estaba ya hecho y el avance del PSOE consolidado. 

UPyD acompaña a IU en su triste viaje a la nada. Poco más que decir salvo desear a la señora Díez un retiro tranquilo.

Ciudadanos emite destellos. Pero son destellos. Los emergentes no deslumbran. Y estos menos que los de Podemos, más mediáticos y posmodernos. Pero en algunos lugares son decisivos para la formación de gobierno. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, si las cosas no han cambiado en las últimas horas. A falta de un escaño para la mayoría absoluta, Cifuentes podría gobernar con Ciudadanos. Pero gobernar Madrid con los herederos de Aguirre es un plato fuerte. A lo mejor es más prudente dejarla que gobierne en minoría y atarla corto. Pero esa es cosa que depende de C's, quienes no han conseguido fijar un perfil claro con las elecciones

Queda Cataluña. No sé en todas las provincias pero en Barcelona capital, en la alcaldía, la cosa está complicada. El bloque soberanista es mayoría, aunque no absoluta. Colau es quien tiene la llave porque puede articular varias coaliciones. La cuestión es que eso la obligará a decantarse por una posición en el debate soberanista. Por otro lado, Mas decía el sábado que sopesaría no convocar las elecciones de septiembre si perdía las de ayer. Se supone que las ha perdido. Debe aclarar su intención.
 
Por último, enhorabuena a Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, la mujer de izquierda probablemente con más apoyo electoral en España. Dignísima muestra a sus 71 años de la inanidad de la doctrina del relevo generacional que invocan los suyos. Los años pasan. El espíritu permanece.
 
Cuando se tiene.

domingo, 24 de mayo de 2015

Segundo asalto.


Hoy pasamos la segunda etapa de este año de maratón electoral del que se dice que cambiará todo y todo lo transformará. Cambio es el lema e ideologema dominante en la campaña. Todos quieren cambio, unos "real", otros "sensato", otros "tranquilo", otros "radical". Pero todos pretenden cambiar. Todos, no. Falta Rajoy, como siempre, que está en las antípodas. No quiere cambio alguno y echa pestes de quienes lo proponen por frívolos, aventureros, mindundis. Hay que conservar lo que tenemos y no arriesgarlo. Hay que conservar los cinco millones de parados porque, en realidad, es el pleno empleo ya que según Rajoy, hoy "nadie habla de paro". En fin...
 
Segunda etapa de la maratón. Quedan dos, pero la tercera, las elecciones plebiscitarias catalanas, empieza a no estar clara. Mas se pensaría convocarlas si CiU pierde la alcaldía de Barcelona. No se entiende la relación de causalidad, pero puede darse el caso.
 
La campaña pasó como un vendaval. Dos semanas de excesos, desplantes, retos, insultos, acusaciones, pataletas y truculencias diversas protagonizadas casi en su totalidad por Aguirre, lanzada a la conquista de La Moncloa. La condesa ha eclipsado su propio partido, en bloque y uno por uno a sus dirigentes: Cifuentes, Rajoy, Cospedal, Aznar, Santamaría y Botella forman un ocuro y confuso clan de agraviados a quienes lo único que une es el deseo de que aquella se dé el gran batacazo electoral. A los demás, ha intentado vapulearlos a base de golpes bajos y juego sucio, pero se ha encontrado una resistencia inesperada y una respuesta que, con ayuda de los escándalos revelados por Infolibre la han dejado a la puerta del ambulatorio pidiendo árnica y con la perspectiva de que, al final, la gente, harta de una Grande de España que ha resultado ser muy pequeña, no la vote. Cosa que bien pudiera pasar, cuenta habida de que la financiación de esta campaña no ha permitido grandes dispendios.
 
Todos los analistas coinciden. Los resultados están abiertos. Nada puede predecirse. La abstención, tradicionalmente alta en las elecciones autonómicas, se lleva parte de la culpa. Y eso que El País vaticinaba ayer un "vuelco" a favor de los emergentes por el voto juvenil. Pero como situaba el intervalo juvenil entre los 18 y los 54 años, tampoco el asunto es muy seguro. Vienen luego los indecisos a recoger su parte de culpa. Un porcentaje altísimo. A saber por quién se decantarán. Añádase que, al tratarse de elecciones locales, las predicciones, que se hacen por partidos agregados, tropiezan con el hecho de que los distintos ámbitos son mundos aparte. Y eso sin contar el factor catalán.
 
De forma que, no sabiendo los resultados, cosa imprescindible si, como parece, son ajustados, hablar de pactos es como razonar a un guijarro. En términos aritméticos, todos los pactos son posibles. Cuando se dice que no es por razones ideológicas de "mi partido jamás pactará con ese otro" o "trataremos de pactar por todos los medios con aquel otro". Declaraciones de propósitos. Con el valor de los propósitos humanos. Pregúntese a Rajoy. De momento, todos, absolutamente todos los candidatos quieren ganar y gobernar, y todos, absolutamente todos, piensan quedarse en la oposición si no ganan. Ninguno se va a su casa.
 
¿Y los problemas? Se ha hablado de los problemas, fundamentalmente de dos, uno de los cuales me parece ficticio y el otro real. El ficticio es el bipartidismo. El real, la corrupción.
 
El bipartidismo es un problema ficticio porque no está claro que sea responsable en sí mismo de los males que se le achacan, especialmente el desgobierno y la corrupción. Es verdad que las monarquías nórdicas, multipartidistas, son honradas y eficaces. Pero también lo es que Italia, otro sistema multipartidista, acabó siendo el reinado de la corrupción. Por otro lado, hay muchos sistemas bipartidistas, empezando por el británico, que no son corruptos. De forma que el problema no reside en el bipartidismo como institución en sí, sino en este bipartidismo, en el hecho de que sea español.
 
Ahí es donde entra el segundo problema, el que consideramos real: la corrupción. Y sobre eso, los discursos son más que insatisfactorios. Son estrambóticos. Promesas de regeneración de lo más variado, hechas por los responsables y beneficiarios del actual desaguisado. Proyectos de transparencia total, absoluta, con los candidatos fotografiándose en paños menores en instagram y subiendo la contabilidad de su hogar a las redes. Esta demasía típicamente borgoñona es sospechosa. 
 
No hace falta acumular más normas, leyes, decretos, órdenes a la masa ya legiferada. Eso es lo de siempre. Hay que aplicar las leyes y, sobre todo, dotar de más recursos a la administración de justicia, garantizar su independencia, dejar de interferir en los procesos con los más bastardos objetivos, y confiar en los jueces. Una función pública competente y neutral y una administración de justicia fuerte e independeniente son las mejores garantias de regeneración democrática y lucha contra la corrupción..
 
Todo ello debe descansar sobre unos partidos responsables que, cuando estén en la oposición, se dediquen a oponerse y no a dejarse engañar. Porque si la corrupción ha llegado a estos extremos  de establos del rey Augías es porque la oposición estaba en Babia. O era cómplice, lo cual es peor. Y se trata de los partidos y de su deber. Se agradecen esos propósitos de los partidos radicales de que la ciudadanía se implique directamente en la gestión de la cosa pública. Se agradecen más, si cabe, siempre que no sean obligatorios porque los ciudadanos tenemos más cosas que hacer que deliberar permanentemente sobre la gobernación de la cosa pública. Para eso elegimos representantes, Y los pagamos. Tenemos derecho a exigirles  que sean eficaces sin estar vigilándolos. Esa consigna de no nos representan quizá sea correcta para estos representantes pero, no tiene por qué serlo para toda representación.

Y, en fin, a ver qué elegimos hoy.