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jueves, 16 de agosto de 2012

¿Que incita a la violencia?

En 1939, hace ahora 73 años, terminó la guerra civil que desencadenó un grupo de militares delincuentes y genocidas contra el gobierno legítimo de la IIª República española. Fue un acto de violencia fascista contra un régimen liberal, democrático y pacífico con ayuda de los países fascistas de la época, Alemania, Italia y Portugal. Al concluir las hostilidades, los militares delincuentes establecieron unas dictadura totalitaria y ejecutaron un minucioso plan de genocidio, consistente en asesinar a cientos de miles de personas desarmadas, torturar a muchas más y aterrorizar así a una población indefensa que había quedado a merced del vencedor después de la contienda solo para descubrir que el vencedor no conocía la piedad ni la clemencia que sus curas, sin embargo, predicaban en los púlpitos. Esta labor de exterminio de los rojos (esto es, todos quienes habían hecho algo por la República, fuera lo que fuera, desde combatir en su defensa hasta haber participado en las festividades del 14 de abril) siguió durante los años siguientes más o menos hasta finales de los cincuenta.
En un ejemplo paradigmático del trastorno psíquico que los psicólogos llaman "proyección", los militares genocidas y sus auxiliares (los curas, los falangistas, los banqueros, etc) "juzgaban" (puras farsas), condenaban y ejecutaban sumariamente o simplemente asesinaban en las cunetas de las carreteras a los rojos (y mucho cuidado porque, para los descendientes ideológicos de estos criminales que están hoy en el gobierno, seguimos siendo eso, rojos), acusándolos de sublevación militar, es decir, acusándolos de los crímenes que habían cometido ellos. Los soldados, civiles y milicianos que habían cumplido con su deber defendiendo el régimen legítimo y pacífico de España, sus instituciones y su bandera, frente al asalto de una banda de forajidos sangrientos, pasaron a ser los criminales, los sublevados, los violentos según, claro está, los medios de comunicación de la época, todos ellos sujetos al férreo mando militar y sometidos a la censura política previa o posterior, de la que se encargaba precisamente el falangista Fraga Iribarne, luego fundador del PP.
Esa proyección, ese dar la vuelta a las cosas propio de los criminales fascistas que gobernaron España durante 40 años en la época más tenebrosa de la historia patria es la que esgrime el actual gobierno de la derecha, del partido fundado por el ministro del genocida, de herederos ideológicos de los criminales del 36.,
¿Que la bandera tricolor incita a la violencia? Es igual que decir que los militares que mantuvieron su honra y honor defendiendo el régimen al que habían jurado lealtad frente al asalto de los criminales perjuros eran los delincuentes. Revela la misma mentalidad canalla en los gobernantes actuales.
Y hoy eso es tan falso como entonces. Los republicanos no se habían sublevado contra nadie y la bandera tricolor es símbolo de paz y legitimidad. La que es ilegítima e impuesta por la violencia es la roja y amarilla de los fascistas victoriosos en la guerra y que el Estado español la tenga por oficial no la hace legítima sino que plantea preguntas (de respuestas obvias) sobre la legitimidad de ese Estado.
Pero es que, además de legítima, la bandera republicana es legal, según sentencia del 15 de diciembre de 2003 del Tribunal Superior de Justicia de Madrid que anulaba una decisión del Ayuntamiento de Torrelodones (entonces del PP, claro) por la que se ordenaba retirar una bandera republicana de un chiringuito de IU porque ... ¡podía incitar a la violencia!
Como se ve, los franquistas reinciden y reinciden porque lo que quieren es suprimir la bandera tricolor misma y, como ya no pueden asesinar a los rojos, tratan de despojarnos ilegalmente de nuestros símbolos. En el fondo, la razón es clara: la bandera republicana no solo es legítima y legal sino símbolo de la justicia, la libertad y la igualdad y su ondear recuerda a estos neofranquistas del gobierno su procedencia ideológica: el crimen, el terror, el genocidio que tratan de ocultar como sea.
Pero ese abuso de los gobernantes no puede quedar impune. La izquierda tiene la obligación de defender el empleo de los símbolos republicanos todos ellos pacíficos. Esa multa es ilegal y hay que hacer que la retiren. Nuestros representantes están para eso, no para achantarse y bajar la cerviz frente a la chulería y el fascismo de los herederos de un genocida.
(La imagen es una captura del blog Unidad Cívica por la República, bajolicencia Creative Commons).

sábado, 14 de abril de 2012

Por supuesto

Gracias, Pilar.

domingo, 15 de junio de 2008

La tricolor, fuera del Parlamento.

Un grupo de antiguos presos políticos del franquismo acudió ayer a la capital del Reino a un homenaje que se les ha tributado. Recibidos en el Congreso de los Diputados por su presidente, señor Bono, la visita se hizo agria y acabó prematuramente cuando uno de los asistentes desplegó una bandera republicana. El dicho presidente había preparado una linda y sentida alocución diciendo cuánto deben España y los españoles al sacrificio de los luchadores antifranquistas muchos de los cuales no vivieron para contarlo y los que sí lo hicieron fue después de múltiples persecuciones y años de cárcel. Ante la llamativa provocación iconográfica, sin embargo, el señor Bono despachó a toda prisa y recriminó al abanderado que no permitía manifestaciones "no legales" en el hemiciclo.

¡Qué manera de perder los nervios y, con ellos, la posibilidad de ofrecer una imagen ecuánime, moderada y libre! La zozobra e incomodidad del señor Bono se echa de ver en la expresión "no legales", que revela su trasfondo autoritario, conservador, de derechas de toda la vida, como Dios manda. ¿Cómo que no legales? ¿Qué quiere decir eso? No existe el concepto de "no legal"; es un conjunto vacío. Las cosas son ilegales o legales y no hay más. Todo lo que no está expresamente prohibido (lo que es ilegal) está permitido (es legal) salvo que tenga uno el ánimo tan angosto como el señor Bono.

La bandera republicana es legal en nuestro país. Algunos creemos que no sólo es legal sino legítima y la tenemos como la bandera de la España real; la rojigualda es la de la España oficial y las dos son legales.

El Congreso ha visto otros tipos de banderas, la de la Falange sin ir más lejos. La Falange que con un aditamento tradicionalista, producto del genio sincrético del Caudillo a quien esto de los partidos le mareaba y sólo admitía uno, el verdadero, el suyo. No veo por qué no puede engalanarse de vez en cuando con la bandera tricolor, emblema del único régimen "nacional-popular" (como diría Gramsci) que ha tenido España en toda su historia. Por eso le fastidia al señor Bono que ya empieza a parecerse al Marqués de Bradomín, "feo, católico y sentimental".

lunes, 15 de octubre de 2007

Españoles todos...

Continúa el cante del señor Rajoy con la banderita. Se multiplican las parodias del famoso video en la red, aunque la mejor de todas, como dice Escolar en su blog, es la que hace el propio parodiado. Desde luego, desde luego. Pero no está de más que le pongan el chundarata del No-Do de Franco, a cuyo mundo ideológico, estético y psicológico pertenecen las rimbombantes vaciedades del señor Rajoy sobre lo nacional, la bandera, el orgullo, el corazón y demás zarandajas en las que no cree ni él mismo, como demostraron hace unos días los de El Plural, al dar cuenta de cómo los guardaespaldas del dirigente popular confiscaron las banderas rojigualdas que sus seguidores llevaron a un mitin de aquel en algún lugar de Euskadi. Bandera, sí, pero sólo al sur del Ebro.

A decir verdad creo que lo que más me fastidia de esta obsesiva manía del señor Rajoy por ser más aznarista que Aznar es que haya conseguido ponernos a la altura de los nacionalistas que tanto critica. Estábamos los españoles tan tranquilos con nuestra(s) bandera(s), sin hacer esa ostentación hortera que hacen de las suyas los periféricos (por el "dime de qué presumes..."), quien con la rojigualda, quien con la tricolor, y tenía que venir este cantamañanas con la pretensión de ponernos a todos a desfilar, cuando somos una nación posmoderna que sólo se reconoce en la necesidad de arrepentirse y sosegar los horrores del pasado, cometidos en el mismo espíritu que anima al señor Rajoy. Un aguafiestas.

Por cierto al decir servidor que se disponía a celebrar su bandera, la republicana, un amable lector me preguntaba que por qué precisamente el 12 de octubre, día de la Hispanidad, día de la Raza (esa por la que "hablará el espíritu" en tonos hegelianos), día del descubrimiento de América. Pues tiene razón. Quizá fuera más acertada la celebración el 14 de abril. Y puede que aun más acertado ningún día del año, para que lo sean todos. Al fin y al cabo yo tengo la tricolor desplegada en mi casa los trescientos sesenta y cinco días del año, uno tras otro. Pero sigo inclinándome por el doce de octubre por la muy intransferible razón de que es el santo de mi difunta madre, una mujer excepcional. (Ya voy, ya voy con lo del homenaje...).

Vale. Es el caso que sale hoy El País diciendo que los "estrategas" del PSOE y del PP están convencidos de que las diferencias entre ambas formaciones son muy pequeñas y que las próximas elecciones se decidirán en un puñado de provincias que, como sabe todo Dios, son las circunscripciones electorales. Coincide con esta apreciación cuanto experto suelta doctrina por cualquier medio que le pongan a su alcance y las sesudas consideraciones se suceden unas a otras con la variedad y la originalidad de los cangilones de una noria: el Gobierno no sabe explicarse, los del PP hacen mucho ruido, fracasó la apuesta principal originaria del proceso de paz, se nota mucho el electoralismo, la gente está preocupada con la deriva soberanista de los nacionalistas, la fortaleza del PP y su techo/suelo/paredes electorales son envidiables, el electorado de izquierdas es crítico y abúlico mientras que el de derechas vota como un solo hombre...

Todo eso está muy bien. ¿Qué sería de los "estrategas" y otros magos si entráramos en períodos electorales en que todo estuviera cantado? Por fortuna eso es imposible porque el comportamiento del ser humano es impredecible. Faltan casi cinco meses para las elecciones y cualquier pronóstico de ellas que se haga ahora sólo puede ser a beneficio de inventario. Pero si fueran mañana, en serio, tengo para mí que la tunda que se llevarían los populares sería tan gruesa como desagradables las intervenciones en el Senado del señor Pío García Escudero pidiendo al gobierno que adelante lo que sólo puede ser una catástrofe para el PP.

Y mientras don Pío siga haciendo de Carrero Blanco, que el señor Rajoy continúe hablando como el Caudillo. "Españoles todos..." De verdad, qué falta de imaginación.

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domingo, 13 de mayo de 2007

Vuelven las manifas parcanteras.

Hacía tiempo que no se veía la bandera fascista de España en una manifa del PP y ayer volvió a salir, como se ve en la foto que saco de El plural, de un artículo de Luis Marchal. Ya están de nuevo en la calle, en las manifas de la AVT-PP, en donde luego el señor Rajoy no las ve, enmarcando la demagogia más desaforada. Porque lxs convocantes y quienes hablan encendidamente en los discurso finales poniendo de relieve la injusticia de que un asesino de 25 personas esté dándose el vidorro en San Sebastián, mienten a mansalva. El asesino de 25 personas ya cumplió su pena y carece de sentido pedir más justicia para él, salvo que se trate de la "justicia de Peralvillo", que es de la que entienden estos agitadores profesionales. El que está dándose el vidorro donostiarra es el De Juana que fue condenado (injustamente, a juicio de muchxs, entre ellxs de este bloguero) por publicar dos artículos bastante malos en Gara. Por lo tanto, quien debería manifestarse hoy en todo caso sería la señora Gallizo, directora general de prisiones y algún otro a quienes, según la sentencia, amenazaban aquellos indescriptibles artículos.

No merece la pena molestarse en explicar lo evidente: en esas manifas en nombre de las víctimas y en contra de De Juana, ni De Juana ni las víctimas cuentan. Esas manifas son algaradas callejeras del PP contra el Gobierno y, a estas alturas, bastante ridículas, con gamberros de postín y sacristía.