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domingo, 10 de abril de 2016

Caramba con el bipartidismo

Los decían mucho gentes de la izquierda y se coreaba en las manifas: PSOE y PP, la misma mierda es. Pues, no; no lo parece. Si fueran la misma mierda, gobernarían juntos. Pero no lo hacen. Antes revientan. Y no es solo por fastidiar a los creyentes en la unidad, sino porque, en realidad, no son lo mismo ni pueden ponerse de acuerdo en nada. Salvo que se considere acuerdo a lo que llamaba Carlos V, cuando decía que "mi primo Francisco I y yo estamos de acuerdo: los dos queremos Milán".

No siendo eso, el bipartidismo quizá no valga ya para gobernar, pero parece valer para no dejar gobernar. Siempre es más fácil ponerse de acuerdo en contra de alguien que a favor de algo. Eso parece un rasgo de la naturaleza humana, tan operativo en la península ibérica como en el Canadá.

Realmente, son los dos partidos dinásticos los que tienen la llave de la gobernación del Estado. Si uno de ellos se abstiene, el otro puede gobernar en alianza con Ciudadanos. O sea, hay solución sin necesidad de pasar por nuevas elecciones. Si tan horrible es el panorama de votaciones, puede probarse una fórmula que propongo con ánimo constructivo:

Cuenta habida de que los dos partidos dinásticos no pueden ni verse, podría probarse el sistema de la abstención alternativa. Esto es: dos años de gobierno de la derecha con C's y la abstención de PSOE y, luego, cambiando el sujeto de la abstención, el PSOE en coalición con C's. Dos años de gobierno a cada partido dinástico y cuatro a C's, mientras Podemos se queda en dique seco, lo cual sería justo pues todos echan a Iglesias la culpa de que haya elecciones nuevas. 

Esta fórmula daría también cuerpo a la teoría de la derecha de que el electorado lo que quiere es la colaboración entre las dos grandes opciones. Una colaboración consecutiva no es más que una colaboración simultánea, pero tampoco es menos. Satisfaría todos los egos, bastante desatados, por cierto, y no empeoraría sensiblemente las cosas.

Al quedarse fuera de las instituciones solo Podemos, seguramente recurriría a algún procedimiento para evitarlo. La cuestión es si lo hay y a qué precio. Se oyen con simpatía las voces en Podemos que dicen que aun hay tiempo para llegar a un acuerdo con los socialistas, pero esto más parece un deseo que una realidad. Salvo giro de 180º el rumbo de Podemos es hacia nuevas elecciones.   La guerra no es con el PP sino con el PSOE.