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domingo, 24 de enero de 2016

El gobierno español depende del independentismo catalán

Ironías de la vida. En mi artículo de elMón.cat de hoy trato de demostrar que la combinación de un posible gobierno de la izquierda en España depende del voto favorable o, cuando menos, la abstención de los nueve diputados de ERC y los ocho de Democràcia i Llibertat. Palinuro lo anunció ya en la noche del 20D, Todos pierden menos los catalanes y ahora eso es patente. Cuando Tardá (ERC) dice que no hay posibilidad de gobierno de izquierda en España si no reconoce la soberanía del pueblo catalán, igual que cuando Homs (CDC) anuncia que no regalarán su abstención al gobierno de Madrid, están poniendo un dogal muy estrecho en el cuello de la hipotética coalición izquierdista española. Por ahora es inimaginable que el PSOE admita ese principio de soberanía catalana y también que acepte referéndum de autodeterminación. Mucho tendrían que cambiar las cosas para que eso pasara. Y, si los dos partidos independentistas se obstinan en mantener sus exigencias, está claro que no podrá haber gobierno de izquierda en España. Podría haber uno de gran coalición (PP - PSOE y, quizá, C's) que el PSOE no admitiría en ningún caso, o nuevas elecciones.

El problema para los partidos españoles reside en ese escenario de elecciones nuevas. Nadie las quiere, pero es una amenaza de los independentistas catalanes con mucha fuerza porque es muy verosímil ya que a ellos les interesa por cuanto mientras no haya gobierno en España ellos podrán poner en marcha con nás tranquilidad su hoja de ruta,

A continuación, la versión castellana del artículo:

El gobierno del Estado depende de ERC

Hace mes y medio, en España había un gobierno con una amplia mayoría parlamentaria y en Cataluña no había gobierno, pero que lo hubiera o no, no dependía de los partidos españoles. Hoy, hay un gobierno en Cataluña con mayoría parlamentaria y no hay gobierno en España y si va a haberlo o no depende en buena medida de los partidos independentistas catalanes.

La derecha no ha renunciado a gobernar España. Es que no puede. Su renuncia no es tal sino una aceptación de los hechos porque su corrupción, su autoritarismo neofranquista y carcunda la ha dejado aislada, incapaz de conseguir un solo apoyo. Cuatro años de trágala involutivo, de negación de derechos, de atropellos, catalanofobia y estúpido centralismo la ha llevado a la ridícula situación de haber ganado las elecciones pero no poder formar gobierno.

Rajoy, a quien solo mueve el pavor de ser el único presidente español que no repite mandato, trata de ocultar este cómico resultado formulando la situación al modo católico con una trinidad de posibilidades: 1ª) Él al frente de un gobierno con el PSOE y C’s; 2ª) el caos de un gobierno del PSOE con “fuerzas radicales e independentistas”; y c) nuevas elecciones. Es obvio que la tercera es la que él prefiere y por eso prepara su candidatura en el seno de su partido y no entre los grupos parlamentarios cuyo común denominador conoce muy bien: “no a Rajoy”. Prefiere la tercera opción, pero dice preferir la primera en parte por su inveterada costumbre de mentir y en parte porque sabe que es imposible dado el general “Rajoy no” que comparten en España hasta los de su partido, que están deseando perderlo de vista.

El resumen de todo ello es que la formación y estabilidad del gobierno en España depende de los partidos independentistas catalanes y, en lugar secundario, de C’s, la derecha menos cavernícola. Es complicado, pero es real. Por supuesto, esos partidos independentistas sopesan mucho las circunstancias para obtener el mejor rendimiento de una situación casi surrealista a fuer de complicada.

Rajoy advierte a Sánchez de que ser presidente no consiste en humillarse y de que será víctima del chantaje de Podemos. Es un golpe bajo, dirigido a la autoestima de su contrincante con escasa pegada por venir precisamente de quien lleva cuatro años gobernando a las órdenes de la troika y la oligarquía española, sin dignidad y sin vergüenza, amparando la corrupción y destruyendo el país. Pero, sobre todo, es, como suele pasar con las advertencias de este hombre, una estupidez, propia de quien no entiende la realidad en que vive.

El problema de Sánchez no es Pablo Iglesias. La oferta de coalición de este –por cierto, comunicada al Rey, no al interesado, como buen cortesano- incluye exigencias, y bravuconerías para ocultar el hecho de que ha girado ciento ochenta grados, pasando de excluir tajantemente su integración en un gobierno del PSOE a pedirse la vicepresidencia, porque lo necesita. Recién pasadas las elecciones del 20D era evidente que a Podemos le interesaba su repetición. Con sus 69 diputados y los 90 del PSOE, parecía que el ansiado sorpasso solo dependía de un segundo asalto y así lo confirmaban los sondeos. Pero, al constituir los grupos parlamentarios se descubrió la superchería de que Podemos en sentido estricto no tenía 69, sino 42 diputados, siendo los otros 27 los de las “confluencias”, y era dudoso que pudiera repetir los resultados. Ya no interesaban nuevos comicios; había que constituir gobierno y con Iglesia de vicepresidente.

Aunque los analistas aún no lo hayan visto, en el propuesto gobierno PSOE – Podemos – IU, no es Podemos quien tiene la fuerza, sino una parte de él, en concreto En Comú Podem. Según los requisitos de formación del grupo, esta “confluencia” catalana tiene libertad de voto y voz propia y, por tanto, podría votar en contra de un gobierno de coalición español que ignorara o se opusiera al referéndum en Cataluña, pieza indispensable para ella pero inadmisible para los socialistas

El Podemos castellano está pillado entre los dos bloques, el del PSOE y el de En Comú Podem y sin margen de maniobra. Su propuesta, como suele pasarle, es grandilocuente y en voz tonante: queremos un ministerio de la Plurinacionalidad, como si esto fuera algo más que puro gesto para la galería. Pero, en realidad, quien decide es En Comú Podem porque, si Podemos renuncia al referéndum y estos doce diputados votan en contra (quizá con los seis de la En Marea), el efecto sería catastrófico, pues el gobierno de España no tendría 157 diputados en su arranque, sino 137. Francamente ridículo.

Sin embargo, tampoco En Comú Podem decide en este asunto con autonomía plena. El juego político en Cataluña le obliga a contar con el boque independentista de Junts pel Sí y, de hecho, ya ha solicitado una reunión formal con ERC la semana entrante. ¿Con qué objetivo? Resulta obvio: tantear las posibilidades de apoyo de los dos grupos independentistas en el Congreso, el de ERC y el de DiL a un posible gobierno de coalición PSOE – Podemos y en qué términos. Si ERC exige un reconocimiento de la “soberanía del pueblo catalán”, como hace Joan Tardá y el PSOE no lo acepta, el gobierno de coalición solo podrá salir adelante si cuenta con el apoyo de C’s en las cuestiones en que se jueguen intereses nacionales catalanes.

Desde el punto de vista español, esta solución sería aceptable pues dibujaría una gobierno con alianzas puntuales en el parlamento según geometría variable pero lo dejaría siempre a merced de dos fuerzas que no puede controlar: C’s y ERC. Lo que, en definitiva, lleva a la paradójica conclusión de que ERC tiene la llave de la gobernación del Estado español, a reserva de unas nuevas elecciones que nadie quiere excepto, quizá, la propia ERC a los efectos de garantizarse dos o tres meses más de vacío de poder en el Estado mientras acomete la hoja de ruta catalana.