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lunes, 13 de febrero de 2017

Unidad y humildad

Justo los rasgos más obviamente ausentes en Podemos en general y en su secretario general en particular.

Podemos no es ni podrá ser jamás unitario porque está concebido como un mosaico, como un conglomerado de fracciones ideológicas y territoriales que conservarán una apariencia de cohesión mientras tengan expectativas razonables de repartir cargos, prebendas, poder. Y, aun así, tampoco es seguro que el frágil equilibrio que se establezca a raíz del congreso dure mucho tiempo. Es ingenuo pensar que en un conflicto como el vivido por la formación morada, con unos vencedores por avasallamiento y unos vencidos sin paliativos, las aguas vuelvan a su nunca muy tranquilo cauce. Es iluso creer que los primeros resistirán la tentación de perseguir y acabar con los contrarios y que los segundos no soñarán con la revancha, con torcer las decisiones colectivas o con alzarse por su cuenta.

Desde luego, la ingenuidad y la ilusión son rasgos del fanatismo que Podemos inspira a sus seguidores, fervorosos creyentes en el carisma del jefe, un curioso retorno a la enajenación y arrebato de los viejos movimientos milenaristas que se creían desaparecidos. Pero, por muy intensa que sea la pasión acrítica de los acólitos, la dura realidad de los comportamiento colectivos oligárquicos de los partidos se acabará imponiendo.

En realidad, ya lo ha hecho. La lista de los diez candidatos más votados refleja el desequilibrio de la formación: ocho son de obediencia ciega y total a Iglesias, en especial el segundo, Echenique, quien cambió el espíritu anticapitalista como antes había abandonado el de Ciudadanos, para situarse a la vera del ganador, criterio de escasa elegancia pero mucho provecho. Se añaden los tres de más edad o generación veneranda, Navarro, Julio Rodríguez y Cañamero, los tres ligados por una relación personal con Iglesias, e Irene Montero, en situación similar, pero más intensa. Los únicos con algo de peso y autonomía propia, Mayoral y Alberto Rodríguez, también son incondicionales del líder. La tendencia de Errejón (por cierto, desplazado ominosamente al tercer puesto) solo cuenta con dos cargos: él mismo y Rita Maestre. Ninguno para los anticapitalistas, que se conforman con dos en lugares muy inferiores de la lista de elegidos. Y, por supuesto, como cabe esperar del machismo de Podemos, solo dos mujeres y las dos en relaciones personales pasadas o presentes con alguno de los siete-machos de los diez primeros puestos de la direccion. Se le puede llamar como se quiera, dirección, comité, comisión, círculo, en realidad, es un grupo compacto al servicio del líder, una máquina de matar, políticamente, se entiende. 

La aplastante victoria de los neocomunistas de Iglesias ya garantiza la unidad reclamada por las bases, pero no que esa unidad no se haga a costa de las maltrechas espaldas de los errejonistas y, les guste o no, de los anticapitalistas, cuya actitud en esta contienda no ha sido precisamente gallarda.

¿Y qué decir de la "humildad"? A la vista y oída está luego del discurso de Iglesias. Vaya por delante que esa táctica de resumir un resultado electoral beneficioso con una aparente y compungida autocrítica y propósito de enmienda lo hacen todos los políticos. Es parte de su oficio. En 1993, Felipe González había "entendido el mensaje": en realidad, no había entendido nada. En 2004, Zapatero prometió que "no fallaría": fue lo primero que hizo algobernar, fallar. En 2011, Rajoy iba a gobernar sin recortes y no paró de hacerlos hasta la fecha. Las promesas de los políticos al ganar las elecciones (que interpretan siempre como un cheque en blanco) resisten tanto como las plumas al viento. Y, en el caso de Iglesias y la promesa de humildad choca además con su caracter altanero, ególatra y autoritario, el que le hizo postularse para la vicepresidencia del gobierno en diciembre de 2016 y el que le movió a anunciar su dimisión si el congreso no respaldaba sus pretensiones, en una especie de chantaje sentimental copiado del de Felipe González en el famoso XXIX Congreso del PSOE.

La consigna de la victoria, unidad/humildad, apenas durará lo que se tarde en depurar a quienes han tenido la osadía de oponerse al criterio de la jefatura. Luego llegarán los otros elementos de la realidad con la que habrá de bregar una organización que ya se ha definido taxativamente en el panorama político español como el intento de resurrección del comunismo camuflado en IU. La federación dirigida por Garzón ahora tendrá que buscarse alguna retorcida excusa para su habitual bronca interna, cuenta habida de que en Iglesias ha encontrado alguien más papista que el Papa siendo el Papa, el gran enemigo del PSOE, Anguita, referente intelectual de Iglesias según propia confesión de este. 

La promesa de humildad abre camino al firme propósito de seguir siendo útiles a la "mayoría social". Y aquí está el punto vano, si no directamente delirante, del discurso del vencedor: ¿qué mayoría social? Todos los analistas coinciden en algo que Palinuro lleva meses, años, diciendo: si Podemos comete el error de aparecer como los walking dead de IU y del añoso Partido Comunista, retornará a los humildes porcentajes del voto que cosechaba Anguita en sus mejores momentos. La presunción ahora -y no es nueva, porque ya se formuló para ir a las fracasadas elecciones del 26J de 2016- es que, dada la pavorosa crisis del PSOE, esta vez sí, esta vez se dará el sorpasso y los viejos comunistas podrán por fin, hacer realidad su sueño de destrozar a la socialdemocracia que, en el fondo, es su único objetivo.

Dos breves consideraciones, que ya está alargándose en exceso este post: a) lo más probable es que esta crisis del PSOE sea pasajera, que el partido de Pablo Iglesias se recupere y que no haya sorpasso alguno, pero la izquierda quedará dividida y la derecha gobernando; b) si la crisis no es pasajera y se da el sorpasso, la izquierda seguirá tan dividida como antes y la derecha también continuará gobernando. Porque el comunismo, aunque se vista de mona mediática, no gana elecciones democráticas en parte alguna. Pero posibilita el gobierno del PP, cosa en la que le ha salido un competidor, el PSOE, que rivaliza con el otro en dar paso a la derecha.

martes, 10 de enero de 2017

Derrota en la victoria

Los preparativos para el congreso de Vistalegre II son muy movidos, más por las discrepancias doctrinales que por las meras dificultades logísticas. El enfrentamiento larvado hace tiempo, ocultado, negado, criticado, rechazado, lamentado, aflora inevitablemente. La advertencia de que las discrepancias se resuelvan discretamente y los trapos sucios se laven en casa resulta sencillamente absurda al tratarse de personas que se pasan el día en los medios, a donde van porque tienen cosas que contar e interesan a la audiencia y son precisamente esos "trapos sucios" y no los ditirambos a la sabiduría de la dirección.

Aunque esos mismos medios, por mor del oficio, tienden a personificar las teorías, las doctrinas, los conceptos abstractos y por eso hablan de "errejonistas" y "pablistas", nadie cree que se trate de un conflicto personal. Aunque un inevitable deje de personalismo y narcisismo siempre queda. Es llamativo, por ejemplo, que la tercera corriente articulada e identificada en Podemos, los anticapitalistas, no tengan personificación reconocible. Nadie habla de los "urbanistas" o los "rodriguistas", a pesar de que estos anticapis parecen tener las ideas más claras que sus socios y son muy conscientes de sus semejanzas y desemejanzas.

Si se lee un magnífico artículo publicado por Iolanda Mármol en El Periódico, titulado Iglesias y Errejón, las diez diferencias se verán estas claramente expuestas. Parecen ser solamente tácticas pero son también estratégicas. Quien las lea verá reproducirse la vieja confrontación de la izquierda europea desde el primer tercio del siglo XX. Dos monólogos (solo en un par de ocasiones diálogos) adversos. Uno radical, otro moderado; uno revolucionario, otro reformista; uno de tradición comunista, otro socialista o socialdemócrata. En el siglo XX y lo que llevamos del XXI, la versión radical no ha triunfado prácticamente nunca en Europa y los triunfos de la segunda se han visto frecuentemente desnaturalizados por su proclividad a la derecha.

El debate es ese: estar más en la tradición radical o en la reformista. La tendencia a ir a buscar luz en experiencias pasadas, por ejemplo, la constitución del partido bolchevique, cuyo imaginario ronda muchas cabezas de Podemos, no sirve de nada, salvo para cerrar filas en un espíritu elitista vergonzante. Hoy las circunstancias son radicalmente nuevas. España es una realidad de una extremada complejidad. El discurso de clase tiene un auditorio muy reducido. La vindicación obrerista cala con dificultad hasta entre los obreros. La idea -de raíz leninista- de que la política parlamentaria es una pérdida de tiempo obtiene su fuerza de que se exponga precisamente en el Parlamento. Los lemas de la calle solo se escuchan en el legislativo si alguien los lleva allí.

Y no solamente el discurso social precisa una urgente recomposición en términos más realistas y mejor articulados, también la necesita el discurso nacional. En los últimos años se ha abierto una crisis en la izquierda en torno al nacionalismo y la nación. La "nación" y la "patria" de los primeros momentos, inspirados en lo "nacional popular" gramsciano con toques populistas latinoamericanos, no funcionan. La propuesta sustitutoria del Estado "plurinacional", abre más interrogantes. Por ejemplo, ¿hasta dónde llegan los derechos de estas naciones? A declararse Estados independientes?

Añádase la referencia al sistema político imperante, que ha cosechado todo tipo de apelativos, "casta", "régimen", etc. En realidad, para ser desapasionados y realistas, es la tercera restauración borbónica que pretendió copiar los usos de la canovista, con la alternancia de dos partidos dinásticos formando el también muy criticado "bipartidismo" actual. Este sistema presenta un predominio de una derecha neofranquista que controla casi todas las instancias del Estado. A su vera, su contraparte, el PSOE parece estar hundiéndose en una crisis de muy mala pinta producto de sus errores pasados en tiempos de Zapatero, agravados con la etapa de colaboración vergonzante de Rubalcaba y de sus luchas intestinas por volver a configurarlo como un partido de gobierno.

En el caso de que los partidarios de la "unidad" en Podemos, esto es, los radicales con el discurso de clase y la confrontación ganasen el congreso, es posible que obtuvieran una proporción del voto algo superior a la que tienen, pero también pueden perderlo. Sin duda la debilidad del PSOE carga de razón a quienes desde Podemos piensan que ahora sí se conseguirá el sorpasso que no se dio el 26J. Puede ser, depende de muchos imponderables. No solo de la ferocidad de los ataques. También puede ser que siga sin haber sorpasso y la izquierda continúe en una situación de subalternidad. La cuestión es que esa sería la situación aunque hubiera sorpasso porque no daría para formar gobierno.

Por supuesto, son especulaciones. También los debates internos de Podemos lo son. Se repetirá que el debate es sobre cuestiones de enjundia y de doctrina. No es verdad. No lo es, sobre todo, por parte del sector radical en el que la teoría, siempre imprescindible para saber a dónde se va, ha sido sustituida por enunciados sentimentales y frases revolucionarias. Pero, aun admitiendo que estos exabruptos sean propuestas conceptuales, en los medios, que es en donde se expresa Podemos (hasta el punto de que tiene los suyos propios) se pedirán las aclaraciones pertinentes y ahí conviene tener un discurso convincente porque, innecesario decirlo, la política es comunicación y el que gana la comunicación, gana la partida.

Si el congreso lo ganan los reformistas (y ya sé que el término no hace justicia a la radicalidad de sus convicciones, pero habrá que emplearlo mientras no se proponga otro) quiere decir que habrá perdido la opción de la "unidad". Desde el punto de vista de la comunicación, eso tiene mucha importancia, sobre todo si a esa derrota de la "unidad" doctrinal sigue una fractura real de la organización.

Si el sector radical impone la "unidad", y todas las corrientes y organizaciones se fusionan ¿a quién afectará? No tengo claro cómo responderán los anticapitalistas. En cuanto a IU (hoy socia de Podemos en Unidos Podemos) y al PCE (dentro de IU y, por tanto, dentro de Podemos), ¿se fusionan o no? Tanto si lo hacen como si no lo hacen, habrá tumulto. Y en ese tumulto será interesante ver cómo responde Podemos a la acusación que le harán sus rivales en las elecciones de que, en el fondo, se trata de los comunistas de siempre con nuevas hopalandas.

O sea, para entendernos, seguirá gobernando la derecha. Esta derecha. A pesar de la corrupción, de la incompetencia, del autoritarismo, de la gestión antipopular de la crisis y la falta de diálogo con Cataluña. Con razón no se presenta en el próximo congreso del PP moción alguna para limitar temporalmente los cargos. Rajoy intentará estar doce años. O más. 

Lo único que puede hacer saltar lo previsto por los aires es Cataluña.

domingo, 14 de agosto de 2016

Otro difamador comunista: Enrique González Duro

El otro día subí un post titulado Diez consideraciones sobre el anticomunismo en el que, de modo razonado, exponía mi opinión sobre que el anticomunismo, lejos de ser una especie de psicosis o muestra de perversión moral, es una actitud perfectamente legítima y razonable y, mientras no pretenda imponerse a la fuerza, también respetable.

Como era de esperar y cumpliendo los vaticinios que hacia Palinuro en el post, las redes se llenaron de manadas de comunistas atacándome personalmente con la habitual batería de insultos, groserías, barbaridades y mala fe con que  proceden estos totalitarios no solo contra quienes no piensan como ellos sino que, además, llevan su desfachatez a pensar lo contrario de lo que ellos piensan. Si a lo que hacen cabe llamarlo pensar y no mero recitar consignas bovinas. Nada nuevo. Forma parte del modus operandi de esta doctrina: mentir a través de la propaganda y del control de los medios y tratar de machacar a los discrepantes. El post había hecho pupa; nadie argumentaba en contrario, se limitaban a sacar a los matones y jenízaros de turno a insultar. En efecto, nada nuevo, bastante aburrido, así que procedí bloquear a todos lo energúmenos que acudieron en manada a verter odio y estupidez mezclados.

Pero entonces apareció uno en especial que requiere explicación. El psiquiatra Enrique González Duro (en la foto) dejó un escrito calumnioso e insultante en mi muro de FB. Es la segunda vez que este difamador profesional me acusa de defender los GAL en mi propio muro, que ya hace falta ser provocador. La otra fue el año pasado: le advertí de que estaba mintiendo y difamándome y que si seguía lo bloquearía. Siguió; lo bloqueé y subí el post siguiente, titulado La enésima calumnia de los GAL, aclarando el asunto. Ignoro cómo haya conseguido colarse de nuevo en mi muro, dejando esta basura.

Su reiteración me obliga a hacer ya un planteamiento más completo y exponer en público el asunto para que se vea a qué métodos recurren estos sujetos que se dicen de izquierdas pero, en realidad, son fascistas. Lo que dice González Duro es mentira. Jamás defendí a los GAL. Ciertamente que por aquellas fechas sí defendí a los gobiernos socialistas y ello es timbre de gloria para mí porque lo hice en solitario frente al ataque combinado de la derecha e IU, en la famosa pinza de Anguita y también contra la cobardía de muchos socialistas que a la vista de la agresividad de los "antifelipistas", estaban escondidos. Defendí unos gobiernos que son los únicos que han hecho algo por modernizar España y hacerla más justa y próspera, al contrario que esta farfolla del PCE, IU y, ahora, Podemos, que nunca han hecho otra cosa que hablar, poner palos en las ruedas, dividir a la izquierda y, como se ve, calumniar a los que los critican.

Jamás defendí a los GAL, porque separé cuidadosamente mi juicio sobre el gobierno socialista del terrorismo de Estado. Es más, tengo pruebas de ello. Fuí de los pocos, poquísimos, que en los años duros de plomo, pedía ya en 1988 que se investigara todo lo relativo a los GAL, cayera quien cayera, mientras el resto del personal, incluidos los González Duro de rigor estaba callados. Lo publiqué en un artículo en El independiente, titulado GAL, GANE Gatos y en el que, además criticaba el pragmatismo de González de la época con lo del gato cuyo color no importa siempre que cace ratones. Quien quiera leerla, lo encontrará en el post citado más arriba de La enésima calumnia de los GAL.

Ya tiene chiste que el único que se alzó desde el principio contra los GAL (con pruebas) tenga ahora que soportar los infundios habituales de los comunistas, incapaces de juego limpio y siempre tratando de arruinar la reputación de los demás mediante calumnias. Porque lo que hace este González Duro es imputarme la defensa de un delito y, por lo tanto, un delito. Le recomiendo que, si cree tener pruebas, las presente en un juzgado.

De lo contrario, si no prueba su acusación (ni lo hará porque no puede. Como buen comunista confía más en el "calumnia que algo queda"), si no prueba su acusación, digo, yo estaré legitimado para decir que González Duro es un sinvergüenza, un granuja, un difamador y calumniador, un típico especimen del juego sucio comunista. Un tipo despreciable.

jueves, 11 de agosto de 2016

Diez consideraciones sobre el anticomunismo

I. Muchos comunistas emplean el término "anticomunismo", al que suelen añadir el refuerzo de "visceral", como una descalificación no necesitada de más precisiones. El anticomunista se condena solo. Es un irracional, movido por oscuros intereses, probablemente un frenético reaccionario, en último término un enfermo mental. Por eso, en la Unión Soviética no era raro que recluyeran a los anticomunistas en psiquiátricos. Sin embargo, el anticomunismo puede ser, y es, una actitud muy racional, equilibrada, democrática y legítima. Como el antifascismo o el antibelicismo o el anticlericalismo. Puede ser -y es- tan normal y aceptable como el comunismo, el feminismo o el animalismo. Cierto que hay anticomunistas viscerales. Como hay comunistas viscerales. Que los anticomunistas tengan vísceras no quiere decir que todos piensen con ellas. Igual que los comunistas.

II. El anticomunismo suele ser contrario al marxismo-leninismo, al que muchos comunistas (unos más claramente que otros) consideran la esencia de su doctrina y también del marxismo. Pero esa visión no tiene por qué ser cierta. Otros pueden considerar que el marxismo-leninismo es una deformación, una interpretación errónea y hasta una caricatura del marxismo. Y eso no los convierte en reaccionarios ni en agentes de la CIA. Para los dogmáticos, todo lo que no es el dogma es error o traición. Para otros, el error puede estar en el dogma. La Iglesia católica, muy parecida al comunismo en estos predicamentos, es un buen ejemplo.

III. El marxismo-leninismo, el bolchevismo, el comunismo surge en oposición al socialismo democrático de la II Internacional, acusado de traición; en oposición a la socialdemocracia. Esa fue la gran división del movimiento obrero en el siglo XX con una socialdemocracia poderosa (hoy muy alicaída) y un comunismo enclenque. En la mayoría de los países occidentales, excepto España, Portugal y algún otro, el comunismo ha desaparecido o se ha disfrazado de otra cosa. Pero en él vive el enfrentamiento originario y un notable revanchismo que suele llevarlo a romper la unidad de la izquierda y facilitar el gobierno de la derecha.

IV. Resulta sorprendente que una doctrina fracasada (ha hecho incluso algo peor que fracasar) en todas las partes en donde se ha practicado, siga teniendo tan relativa buena prensa. Rara vez se recuerdan las monstruosidades de los países del comunismo realmente existente. Apenas se reconoce el hundimiento del comunismo como un efecto de lo erróneo de su doctrina. Se rechaza por falsa (y anticomunista visceral) toda asimilación del totalitarismo comunista con el nazi, siendo así que dicha asimilación tiene muchos visos de verosimiltud, aunque no todos. Al contrario, si no se hacen muchas indagaciones, el comunismo pasa por una doctrina viable, democrática y cargada de razones históricas. Sorprendente a la vista de lo que abrumadoramente muestra la experiencia.

V. La explicación de la paradoja puede estar en el prolongado efecto que ha tenido el uso magistral de la propaganda por los comunistas. En este capítulo, estos no tienen nada que envidiar a los nazis y a la Iglesia católica, la creadora del término. Los comunistas, tanto los realmente existentes como los realmente militantes han vivido y viven en dos mundos contrapuestos: el de la realidad y el de la propaganda que, en rigor, es la fantasía. Esto es muy frecuente. "No solo de pan vive el hombre", dice Cristo, "sino también de la palabra del Señor". Y la palabra del Señor puede tener muchas formas, infinitas; si no, no sería el Señor. Por ejemplo, puede vivir de la fantasía de una sociedad comunista, sin clases, propiedad privada ni Estado. Y, con tan nobles fines, ¿quién reparará en la futesa de preguntar por los medios? Para eso está la propaganda.

VI. Y los intelectuales, que lo de la propaganda lo bordan porque lo subliman. Es asombrosa la cantidad de intelectuales y artistas que ocuparon buena parte del siglo XX en defender el comunismo como tierra de promisión y que luego se enredaron en controversias doctrinales de un marxismo escolástico. Los intelectuales han tenido siempre más peso en el continente que en el ámbito anglosajón; y se nota. En el continente, han tenido más peso en los países latinos que en los septentrionales. Aquí, los intelectuales conservan vínculos con el sacerdocio, por eso el carácter casi sacral de su propaganda con sus ritos, sus tradiciones, sus leyendas y su culto a los antepasados.

VII. Cuando la propaganda no da para más y hay que responder al reto de explicar por qué se hundió el tinglado, suele acudirse al peregrino argumento de que la Unión Soviética y sus excrecencias no eran comunistas de verdad. Es decir, el comunismo realmente existente pasaba a ser el realmente inexistente. Palinuro ha leído, incluso, que Stalin era anticomunista. Esto pueden decirlo los trostkystas, pero es solo porque consideran que ellos son los verdaderos comunistas, siendo Stalin un burócrata. Lo cual parece invitarnos a los observadores escépticos a ponernos del lado del trotskysmo, cosa imposible para quien no cree en el comunismo leninista, que es el único verdadero. Por cierto, de explicaciones racionales del hundimiento del comunismo, ni una. Lo que no está mal para una doctrina que, además de pensarse como una "guía para la acción", se considera método y método científico.

VIII. Explicaciones completas no hay, pero sí retazos, ramalazos. El más socorrido es el del desajuste entre la teoría y la práctica. El marxismo, incluso el marxismo-leninismo, es correcto pero la práctica, su aplicación a la realidad, ha fallado. Es el tema del ensayo de Kant "sobre la propuesta de 'eso está muy bien en la teoría pero luego no funciona'". Un enfoque pragmático en el más elevado sentido, induce a pensar que si una teoría no funciona en la práctica es falsa. Pero el pragmatismo no es creencia de obligada profesión. También cabe echar la culpa del fracaso a la realidad. Y tampoco es tan absurdo, dado que la realidad es muy cambiante.

IX. Agotados los argumentos de carácter general, los comunistas arremeten contra los anticomunistas por el lado de lo personal, en los ataques ad hominem prejuzgando sus motivaciones y prejuzgándolas malévolamente. Hay una prueba que confirma la licitud de estos recursos más bien inferiores: atacar al comunismo en un mundo de capitalismo bestial, inhumano, desbocado, muestra complicidad con quienes se benefician de esta fiesta. Ser anticomunista no es ser procapitalista. Este maniqueísmo es lamentable. Muchos anarquistas son anticomunistas y muchos izquierdistas, también. Es más, muchos marxistas son anticomunistas. Parece mentira que sea preciso recordar esto a unas gentes que dicen haber descubierto el pluralismo, pero todavía deben de creer que es un estilo de natación.

X. El anticomunismo opuesto a la doctrina comunista no es por eso mismo procapitalismo porque, entre otras cosas, el capitalismo no es una doctrina. Es una de las formas que, de modo espontáneo, han tomado las relaciones de intercambio en un largo sucederse unas a otras a lo largo de la historia. Por descontado que tiene sus teorías, fórmulas, claves y hasta lenguaje. Pero no es una doctrina que alguien se haya sacado de la cabeza y plasmado en un cuerpo sistemático. El capitalismo es también una forma de vida, aquella en la que nos encontramos hoy y no tenemos por qué juzgarla más aceptable que las fórmulas sustitutorias de propaganda.Conozco capitalistas que dicen ser comunistas y comunistas que se comportan como capitalistas. La sociedad es compleja. Un verdadero barullo. Las motivaciones de cada cual, vaya el diablo cojuelo a averiguarlas, levantando los tejados de las casas y las caretas de los líderes. Por eso parece prudente reconocer a los anticomunistas su derecho a postular su posición de modo razonado y argumentado y no negarles toda capacidad de raciocinio o considerarlos agentes del maligno.

lunes, 4 de julio de 2016

El comunismo de Podemos y sus difamaciones

En este vídeo de La Tuerka, Jorge Verstrynge, "explicando" las causas del fracaso de Podemos, argumenta que una de ellas es la acusación que se les hacía de ser comunistas. Como prueba, aduce que Ramón Cotarelo -o sea, yo- llevaba meses dándole la turrada con la manía anticomunista. Sí, efectivamente, cada vez soy más anticomunista viendo cómo las gastan estos difamadores. En este caso concreto, sin embargo, hay que hacer una precisión: ni meses, ni días, ni horas. Yo no he llamado ni hablado a Verstrynge para nada. Al contrario, a raíz de las elecciones del 20 de diciembre fue él quien estuvo bombardeándome con whatsapps y llamadas para que le dijera qué había que hacer en las votaciones de investidura y ofreciéndose a intermediar entre Iglesias y yo, cosa a la que me negué.

El vídeo de marras con esas trolas está aquí:




Un ejemplo más de las tácticas de propagar mentiras e infundios sobre los demás sin permitirles responder. El comunismo es eso: mentir, manipular, censurar y difamar.

Y ahora dicen que ellos son la socialdemocracia. Mucha risa.

jueves, 30 de junio de 2016

El bucle del marxismo

Ayer fuimos a visitar la casa-museo de Karl Marx en Treveris, que está casi a tiro de piedra de Luxemburgo, en donde nos encontramos. Se llama casa-museo por llamarse de alguna forma porque de museo tiene poco; nada. Se trata de la casa natal del autor de El Capital sin nada dentro, sin muebles ni pertenencias, solo la paredes desnudas cubiertas por una densa infografía de la vida y obra de Marx, desde su nacimiento hasta el fallecimiento de Engels y algún tiempo después con explicaciones sobre Eduard Bernstein, la polémica del revisionismo y los debates de la Segunda Internacional, con August Bebel, Karl Kautsky, etc. Más que un museo es una detallada información sobre la vida y obra del genio de Tréveris y la obra que dejó detrás.

La casa es propiedad del SPD y está administrada por este a través de la Fundación Friedrich Ebert. Es decir, se trata de una exposición concebida con espíritu socialdemócrata. Lo cual es lógico. Si hubiera sido propiedad del Partido Comunista de Alemania que, como todos los partidos comunistas, siempre ha sostenido tener una relación más sincera con Karl Marx, el tratamiento hubiera sido muy distinto. Al serlo de la socialdemocracia, su visión de la historia tiene sus peculiaridades. La primera de todas, que hace hincapié en la aportación engelsiana, muy en el espíritu socialdemócrata. Marx se nos aparece a lo largo de la exposición casi como un elemento más de una muestra que se refiere en realidad a la configuración de una doctrina marxista claramente del lado Engelsiano, esto es, centrada en la llamada "concepción materialista de la historia". Mucha menos referencia a otros aspectos teóricos de la doctrina, como pudieran ser la dialéctica, la crítica de la economía política, la plusvalía. el fetichismo de la mercancía, la alienación, etc. La concepción materialista de la historia, el materialismo histórico, que se llama, acuñado por Engels y sistematizado por Karl Kautsky, es el elemento decisivo.

El contenido del materialismo histórico reside en sostener que no son las ideas las que cambian el mundo sino que son las condiciones materiales de vida las que infuyen definitivamente sobre las ideas. Esa es la conclusión profundamente errónea del idealismo, singularmente el de Hegel. Por eso era necesario de acuerdo con la pareja de amigos al escribir La ideología alemana, "poner a Hegel al derecho", con los pies hacia abajo y la cabeza hacia arriba pues él solo había invertido la posición.

Esta visión tan conservadora, en cierto modo casi Biedermeier del marxismo de pronto me suscitó una posible respuesta a la pregunta que siempre me he planteado, en concreto: ¿Cómo es posible que una doctrina que ha fracasado en todas sus predicciones, como el marxismo, conserve tanta fuerza y actualidad? Parece bastante claro que hoy día no se puede ser marxista pero, al mismo tiempo, tampoco antimarxista. ¿De qué modo cabe salir de esta paradoja? La respuesta he ido a encontrarla en la casa de Karl Marx y la teoría del materialismo histórico, según la cual, reiterémoslo, no son las ideas las que mueven el mundo y lo trasforman, sino que son las condiciones materiales de existencia las que determinan las ideas. Las ideas no crean la realidad sino que explican o interpretan las condiciones materiales de existencia. Ahora bien, ¿que es la concepción materialista de la historia y el materialismo hitórico sino una idea? Es la pescadilla que se muerde la cola. El marxismo se mantiene contra toda evidencia en contrario porque es irrefutable, ya que forma un bucle: la idea que más poderosamente ha cambiado el mundo en los últimos ciento cincuenta años, el marxismo, consiste en sostener que las ideas no cambian el mundo. En el fondo, se trata de una paradoja similar a la de Epiménides el cretense.

viernes, 17 de junio de 2016

Podemos o la mistificación comunista

La bajísima categoría de los dirigentes del PSOE se echa de ver en sus histéricas protestas por las mistificaciones de Podemos y su incapacidad para defenderse de ellas. Es obvio que los elogios de Iglesias a Zapatero como el mejor presidente de la democracia pretenden sembrar cizaña entre los socialistas a base de tirar contra la memoria de González y dejar en ridículo a Sánchez. Es patente. Para responder bastaría con preguntar a Iglesias si ese juicio se lo ha inspirado su referente intelectual, Anguita, y recomendarle que se espere a ver cómo funciona Sánchez, sin impedir su investidura, como ya ha hecho.

En todo caso, esas cotillerías personales son de poco fuste comparadas con la verdadera mistificación de Podemos, consistente en la pretensión de apropiarse la condición de socialdemocracia y despojar de ella al PSOE. La verdad es que esta es una historia tan antigua y apolillada que no se explica cómo los socialistas no tienen una respuesta ya hecha, prêt à porter. Los dirigentes de Podemos vienen del comunismo, aunque traten de emborronar su pasado, y se han aliado con IU, que es una organización dirigida y controlada por los comunistas.

¿Desde cuándo son socialdemócratas los comunistas? Desde luego que no lo son ni lo han sido nunca. Socialistas, es posible; demócratas, nunca. Donde han gobernado, han establecido dictaduras. Otra cosa es que lo digan para sembrar la confusión y conseguir votos entre quienes no los votarían si reprodujeran su discurso tradicional sobre la socialdemocracia. Y ¿cuál es este? Que la socialdemocracia es una traición al movimiento obrero y una venta a los intereses del capital. Es lo que siempre han dicho los comunistas de los socialdemócratas, a los que han llamado de todo: desde socialfascistas a socialpatriotas, cuando eso de ser patriotas estaba mal visto en el comunismo; ahora está bien visto. Es más, cuando los socialdemócratas pusieron en marcha el Estado del bienestar en Europa, los ataques más furibundos procedían de la sempiterna pinza entre la derecha neoliberal y los comunistas, la misma que la de IU y el PP en los años noventa. El Estado del bienestar era un engaño para traicionar a la clase obrera y llevarla al redil del capitalismo.

Con esos discursos tan absurdos, los comunistas no consiguieron jamás ganar unas elecciones libres en ningún país de Europa, con lo cual tampoco tuvieron nunca experiencia de gobierno. Hablaban, como siempre, de oídas. Hasta que empezaron a comprender que, si querían ganar elecciones, tenían que moderar su radicalismo y dejar de insultar a la socialdemocracia. Fue el intento de Carrillo -uno de los comunistas más espabilados- con el Eurocomunismo en los años setenta del siglo XX. La idea era ingeniosa: se acusaba a los socialdemócratas de entonces de no serlo suficientemente, de haber traicionado la esencia misma de la socialdemocracia, de haberse pasado a la derecha, con el objetivo de ocupar su lugar proclamándose los comunistas los "verdaderos" socialdemócratas. No pudieron porque no lograron que la gente identificara la socialdemocracia con la traición a los intereses de las clases trabajadoras. No había crisis, la sociedad era menos conflictiva y a los comunistas se los veía a la legua, aparte de comprobar que hablaban mucho pero no habían gobernado jamás y carecían de experiencia.

Justo la situación actual con algunas variantes: en Unidos Podemos, el comunismo está más oculto y, en la medida en que los aliados de IU hacen gala pública de él, eso sirve para que los de Podemos de estricta observancia se presenten limpios de polvo y paja comunista. La idea, si se escuchan la afirmaciones de Iglesias sobre el PSOE, es la misma que la de los comunistas de siempre: el PSOE ha traicionado a la "verdadera" socialdemocracia desde que los malandrines Tony Blair y Gerhard Schröder vendieron el cuento de la tercera vía y el nuevo centro y ahora el espíritu de la auténtica socialdemocracia visita el alma de los seguidores de Podemos. Por supuesto, estos siguen sin haber gobernado jamás y sin haber ganado unas elecciones, pero son la "verdadera" socialdemocracia frente a la traición del PSOE.

Para contrarrestar esta argucia bastaría con acudir a una práctica del saber común condensada en el definitivo "dime de qué presumes y te diré de qué careces". Cuando se es socialdemócrata, como cuando se es musulmán o filatélico no hace falta ir predicándolo. Se practica en la realidad sin más y se deja funcionar el principio de Vico, de verum ipsum factum. La verdad es lo que hacemos. Él se las tenía tiesas a Descartes: lo que hacemos; no lo que pensamos y, en fin, no lo que decimos que puede ser distinto tanto de lo que hacemos como de lo que pensamos, con permiso de Austin.

En realidad, aunque los socialistas se enfadan mucho por este intento de negarles su condición y arrebatarles al título de socialdemócratas que juzgan suyo por derecho propio, lo cierto es que la campaña de mistificación de Podemos no puede cuestionarse en términos morales. Los nombres de las ideologías no tienen copyright y los de la formación morada hacen muy bien en atribuirse las plumas que creen que pueden camuflar mejor sus auténticas intenciones si es que las tienen y su objetivo no se reduce al típico "quítate tú para que me ponga yo". Si el PSOE no quiere que el sorpasso se produzca por un método tan elemental y pedestre como arrebatarles su titulación, que la defiendan, que demuestren que ellos son la verdadera socialdemocracia por su pasado y presente mientras que estos neocomunistas de podemos no son sino unos mistificadores.

La cuestión es si pueden porque, como decíamos más arriba, la incompetencia de la actual dirección del PSOE es abrumadora.

viernes, 10 de junio de 2016

Entrevista: el comunismo de Podemos


Siempre he nadado contra corriente.  Ahora, también. Cuando el CIS condena al PSOE al baúl de los recuerdos en beneficio de esta adorable tropa tan consistente y responsable; cuando todo el mundo se rinde a la evidencia de que la razón asiste a quien ninguna prueba de ello tiene salvo su desparpajo; cuando el gobierno, secretamenete satisfecho de que el CIS siga garantizándole el primer puesto contra todo sentido común, pero muy a favor del sentido de la propia conveniencia, se regocija del triste sino de los socialistas; cuando los medios entonan el gori-gori del partido del viejo Iglesias y los laudes del del nuevo Iglesias; cuando los finos analistas advierten de cómo el viento de la historia se ha rejuvenecido y limpia los hediondos establos de la "vieja" izquierda mientras deja incólumes los de la no menos vieja derecha; cuando los profetas del pasado anuncian un porvenir que nace muerto; cuando todo eso pasa, encuentro razonable publicar esta entrevista que me hizo un medio andaluz hace un par de días.

La musique qui marche au pas, cela ne me regarde pas, que decía Brassens. Moi, non plus.

La entrevista es esta. Ya sé que no va a ganarme muchos amigos entre los prebostes de la nueva situación, especialmente los que predican hoy con la seguridad que da haber sido hasta ayer partidarios acérrimos del neoliberalismo de C's.

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No es sospechoso de derechista precisamente. Fue ideólogo del PSOE en la época de Felipe González. Luego apoyó a Podemos, pero ahora es el primer gran disidente de la formación morada. Desde hace algún tiempo el catedrático de Ciencias Políticas es el azote de Pablo Iglesias, al que acusa de desleal y de ser el instrumento con el que Julio Anguita se cobra sus venganzas del pasado. “¿Va quedando claro que este hombre además de narcisista es tonto?”, le soltó al líder podemita en Twitter.

Cotarelo, recordemos, fue ideólogo de González y apoyó la entrada de España en la OTAN. Hace un par de años se ilusionó con la creación de Podemos, pero fue de los primeros en caerse del caballo. Su diagnóstico: es el viejo comunismo de siempre. “Pablo Iglesias nunca quiso pactar con el PSOE”, dice como quien muestra la prueba del algodón.

Nadie está exento de contradicciones, y este profesor universitario se considera “nacionalista español”, al tiempo que es partidario de un referéndum sobre la independencia de Cataluña. Pero diga lo que diga, ya es un maldito para los podemitas que caen en aluvión sobre él cada vez que incendia Twitter con sus reflexiones sobre el partido morado, del que dice que tiene un apoyo mediático exagerado. Aún así -o precisamente por esto- asegura que “a Iglesias le molestan los periodistas que no lo ensalzan. Lo de siempre en España”.

¿Qué es lo que ha cambiado en Podemos?
No me parece correcto que un proyecto que pretendía ser autónomo entre las dos izquierdas tradicionales -la comunista y la socialdemócrata- en lugar de mantener su autonomía se haya fusionado con IU. Si uno critica el régimen de 1978 debe saber que tan régimen son los socialistas como los comunistas.

¿Quizá esperaban mejores resultados el 20 de diciembre?

Tras el 20-D les entró miedo porque se dio cuenta de que las cosas no son tan fáciles, que no iban a barrer. Bajaron en las encuestas, se asustaron y se abrazaron a los comunistas. Al echarse en los brazos de IU lo que está diciendo es que ellos también son comunistas. Que digan ahora que no hay que asustar hablando de ‘que vienen los comunistas’ ya quiere decir algo.

¿Acaso no es la alianza de Podemos con IU más natural que con el PSOE? Ambos son comunistas, ¿no?

Totalmente. Pablo Iglesias militó en las Juventudes Comunistas, es amigo de Anguita y ahora éste lo usa como instrumento para sus venganzas.

¿Y por qué Iglesias niega ser comunista?

Unas veces sí lo reconoce y otras no. Claro que es comunista, hace tres años lo decía abiertamente. Pero son tácticas que no engañan a nadie. En estos tiempos no puedes decir algo falso cuando llevas hablando no sé cuántos años en televisión porque viene alguien y lo demuestra. Lo que muchos creemos es que Iglesias, que pretendía hacer algo nuevo, al final no lo ha logrado.

¿Fue un error que Iglesias no quisiera llegar a un acuerdo con el PSOE?

Fue una sinvergonzonería. Él nunca tuvo intención de llegar a un acuerdo con el PSOE porque Anguita no le iba a dejar, volvió a engañar a todo el mundo. Por su culpa tenemos nuevas elecciones generales y cuatro meses más de gobierno brutal de la derecha y la amenaza de que además haya otro Gobierno del PP cuatro años más. Lo que ha hecho Iglesias es de una inmoralidad y una irresponsabilidad tan absoluta que merecería la reprobación pública de toda la izquierda, es una traición.

¿Es Julio Anguita la persona que tiene mayor influencia sobre Pablo Iglesias?

Sí. Desde siempre. Lo ha tenido oculto, pero siempre ha sido así. Incluso Iglesias ha dicho que Anguita es su referente intelectual… ¡imagínese, Anguita intelectual!

¿El Pablo Iglesias del discurso de la cal viva es el más auténtico?

Fue una provocación típicamente comunista con manipulación, infundio y engaño, porque eso se lo dijo a quienes no tienen nada que ver con aquello.

¿Quizá usó palabras tan gruesas para bloquear el acuerdo con el PSOE y al mismo tiempo mandar un mensaje interno a los que en Podemos, como Errejón, querían el pacto?

No creo que llegara a tanto, me da la impresión de que se le calentó la boca. La consecuencia fue lo que transmitió a la gente más razonable de Podemos: que abandonen toda esperanza de pacto. La intención de Podemos de fagocitar al PSOE es lo que ya intentó Carrillo en los años 70 con el eurocomunismo y Anguita en los 90. Quítate tú para que me ponga yo.

Se habla mucho de Venezuela. ¿Nota influencia chavista en Podemos?

No tengo ni idea. En términos prácticos no lo sé, porque de Venezuela lo ignoro todo. En términos teóricos sí tengo un poco más de idea: me da la impresión de que al tratar de fabricar una renovación ideológica han cometido el típico error de los movimientos de izquierda de las sociedades industriales europeas, que es rendirse a las elucubraciones teóricas tercermundistas, en el caso de España las latinoamericanas.

Entonces, ¿han copiado el modelo chavista?

Están siempre dispuestos a importar las formas que vengan de América Latina porque les parecen innovadoras. No se dan cuenta de que hay dos factores que destruyen esa pretensión: primero, los discursos latinoamericanos no son más que los discursos europeos mal copiados; segundo, lo que tenga de genuino el discurso teórico latinoamericano no es extrapolable a Europa. No hay más que escuchar a Errejón (especialmente cuando habla de “la gente”) para darse cuenta de que es un intento de importación de unos elementos teóricos populistas que aquí no encajan.

¿Qué va a suceder el 26-J? ¿Habrá sorpasso?
El porcentaje de indecisos es altísimo. Y esto cambia mucho día a día. Parece que hay un interés en que se produzca un sorpasso controlado, algo que persiguen medios como La Sexta, que es un canal de Podemos, o digitales como Público o Diario.es, que son el BOE de Podemos. Coinciden con la derecha en lo del sorpasso. Podemos dice que va contra el PP, pero no es verdad: va contra el PSOE. No digo que las encuestas estén falsificadas, pero sí clarísimamente cocinadas. Además hay un dato que ignoran: el PSOE tiene mucho voto oculto.

¿No le parece llamativa la sobreexposición mediática de Podemos?
Es un bullying mediático. La presencia permanente de Podemos en los medios es un abuso. Roures reconoció el otro día que su cadena, La Sexta, ha aupado a Podemos. Podemos es un producto de la televisión igual que Bertín Osborne.

¿Qué efecto va a producir en la campaña?

Es contraproducente para Podemos porque ya han aparecido mucho. Me gustaría saber cuáles son las cifras de audiencia del debate del domingo pasado entre Rivera e Iglesias porque no conozco a nadie que lo viera. Sería cuestión de comparar la audiencia con la del primer cara a cara entre ambos en octubre. Si mi hipótesis es correcta, ha habido un bajón fuerte de Podemos que anuncia una tendencia de hartazgo. En mayo leí que Pablo Iglesias había aparecido 16 veces en televisión, Rivera 14, Sánchez seis y Rajoy una.

miércoles, 8 de junio de 2016

Las 1001 doctrinas del caudillo

La fusión de IU y Podemos hace diez días fue un espectáculo mediático pensado para impactar en la opinión pública, ganar el alma de los medios, deprimir la moral de los adversarios y dar la impresión de que echaba a andar un tiempo nuevo, lleno de promesas. Reapareció un flamígero Anguita que retrotrajo el "histórico" momento a una remake del 77 entre los sollozos de un transido Iglesias. Echenique saludaba la llegada del radiante amanecer con la misma emoción con que hace tres años defendía el neoliberalismo de C's y la democracia en el Oriente Medio gracias a los carros de cambate yankies. Unidos Podemos tenía algunos problemillas de encaje de egos en las listas de cremallera pero, al final, todos los jefes y jefezuelos conseguín su puesto en el próximo reparto de cargos al que estarán llamados los justos en el festín de los restos del régimen del 78.

En realidad, esta fusión respondía a necesidades más básicas, perentorias e inconfesables: los resultados del 20 de diciembre habían sido modestos, los sondeos estaban dando descensos alarmantes de Podemos en intención de voto y la valoración popular de Iglesias estaba al nivel de la del Sobresueldos, con razón porque la gente está igual de harta de ambos. IU, sin embargo, conservaba un goloso millón de votos que Podemos ambicionaba; a cambio solo tenía que hacerse cargo de las deudas que asfixiaban a los comunistas después de su derrota el 20 de diciembre.

O sea, la fusión se daba por pura necesidad de supervivencia. Pero, una vez hecha, el aparato de agitprop -siempre el más poderoso en toda constelación comunista- empezó a crear la leyenda de que había nacido una estrella o la alternativa al podrido régimen del 78 un sintagma tan vacío (todos los sistemas políticos son "regímenes") como malintencionado, ya que se trata de identificarlo con el franquismo.

El único problema: a los comunistas se les veía la oreja. De nada les servían los treinta años de camuflar las siglas del PCE, su martillo de herejes y su hoz de cortar gaznates, y de perder elecciones, disfrazado de IU. Todo el mundo veía la fusión como el abrazo de los comunistas vintage y los neocomunistas de Podemos.

Otra vez se hablaba de comunismo en España, lo cual no es recomendable cuando uno se presenta a una votación porque, sabido es, los comunistas no han ganado nunca unas elecciones libres en ningún país del mundo. Así que, para contrarrestar, la nueva sociedad Unidos Podemos sacó a sus intelectuales orgánicos y algún que otro majadero del mundo del espectáculo a criticar el "anticomunismo" que nos invade. Es la resurrección de un éxito de la propaganda comunista de la guerra fría: todo anticomunista tenía que ser necesariamente un macartista agente de la CIA o, si vivía en la URSS, un psicópata al que encerraban en un manicomio. Los comunistas se ocultaban, se disfrazaban de demócratas e izquierdistas (como los de IU) y quien se negaba a aceptar la superchería y hablaba de comunismo era tachado automáticamente de anticomunista "visceral". Esto de visceral es muy socorrido, a veces se lo dedican los enfurruñados comunistas a Palinuro cuando, por equivocación, lo leen.

Nerviosos porque estas campañas de intimidación ya no funcionan, no han tenido más remedio que declarar lo que son: Garzón salió reconociendo que es comunista y su secretario general, Centella, que no hace honor a su apellido en ningún sentido, ha tardado más de una semana en afirmar en público también su orgullo de ser del mismo partido que Lenin, Stalin, Pepe Díaz, Dolores Ibarruri y otros demócratas de este jaez. Sus partidarios tratan de engrasar tanta herrumbre afirmando que estos comunistas de hoy no son los de antaño pero, en verdad, no lo demuestran y no lo demuestran porque no pueden. Confrontados con el hundimiento del comunismo "realmente existente" en el mundo entero por su pura incompetencia no pueden reconocer que lo que allí se hundió fue, en efecto, el comunismo porque, en tal caso, deberían explicar por qué siguen siendo comunistas. Y, lo dicho, no pueden. Pero si ellos no, nosotros sí: son exactamente los mismos comunistas de antaño, piensan los mismo, creen lo mismo y, si pueden, lo pondrán en práctica, pero, de momento, tienen que disimular porque la gente no vota así como así a favor de la dictadura del proletariado; hay que hacérsela tragar a tiros.

Alarmado por la reaparición de la medusa comunista, Iglesias imaginó un medio de contrarrestarla y, como Perseo, se armó de la égida socialdemócrata para protegerse de las asesinas miradas del monstruo. Nada, nada, Podemos, Unidos y lo que fuera, son "socialdemócratas". Eso sí, verdaderos socialdemócratas. Recordó que ya Marx y Engels lo eran, haciendo a un lado que, como miembros de la "liga de los justos", ambos hubieran escrito un famoso Manifiesto del Partido Comunista que Iglesias no puede ignorar. De lo que se trataba era de sembrar confusión y liarla exactamente con el mismo espíritu con que sus antecesores los comunistas de los años treinta -tan empeñados como los de Podemos en destruir a los socialistas- pedían a los militantes socialistas que se pasaran al comunismo, abandonando a sus jefes, a los que llamaban socialtraidores. La misma OPA hostil que hace hoy Podemos al PSOE, diciendo a los "socialistas de corazón" que voten por ellos, por los comunistas, porque sus jefes son "neoliberales", fórmula actual de la socialtraición. 

Así que ya tenemos dos poderosas ideologías, la socialdemocracia y el comunismo, confluyendo felizmente en el mismo cuerpo, el de Podemos, cuyo eclecticismo teórico y ausencia de aburridos prejuicios de congruencia lógica lo llevan a haber superado asimismo el viejo hiato entre la izquierda y la derecha, igual que lo hicieron los falangistas en su día y también las viejas determinaciones clasistas. Hoy carece de sentido hablar de clases sociales, pues si te diriges a una, antagonizas a las otras y pierdes votos, que es lo único que importa. Por eso es más sensato interpelar a la gente, a los problemas de la gente, las aspiraciones de la gente, porque, a ver ¿quién no es gente? Y no hablemos ya del "pueblo" que los de Podemos quieren construir, como el que construye un acueducto. ¿Quién igualmente, no es "pueblo"? ¿Quién no es popular? En España, por ejemplo, tenemos un partido y un banco populares.

En esa ropavejería ideológica faltaba el florón principal y allá fue a plantarlo el caudillo Iglesias, flanqueado por su flamante escudero comunista, Garzón, en el hotel Ritz: además de comunista y socialdemócrata y de la gente, Podemos es patriota. Se lo dijo a los empresarios y al auditorio de postín sin miedo a que nadie confundiera los patriotismos de unos y el otro. El de los primeros es un patriotismo suizo, de Guillermo Tell y la pasta en los bancos al borde del lago Leman; el del segundo es el de los cholos bolivianos de los boliches de Santa Cruz, una importación reciente de las especulaciones ideológicas del altiplano andino que ya se habían intentado en España hace treinta años con el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP) que tanto éxito tuvo y tanto hizo avanzar la causa de la revolución en España. Y eso por no hablar de cómo sonará ese único patriotismo a oídos de la España plurinacional. ¿O se tratará de un pluripatriotismo?

Es imposible tomarse en serio este caudillismo mediático, líquido, postmoderno y trivial. 

viernes, 3 de junio de 2016

¿Quién manda en Unidos Podemos?

Julio Anguita.

Parece mentira, pero es verdad. Mucho 15M, mucho asaltar los cielos, mucha nueva política, vieja casta, círculos, asambleas, transversalidad, para que, al final, venga este buen hombre, pecio de todos los fracasos, a impartir las órdenes. Fracasó con el Partido Comunista de España; fracasó con Izquierda Unida y solo tuvo éxito con la pinza de los años noventa, con lo que España disfrutó de ocho años indecibles de la derecha de Aznar que, gracias a esa alianza negada por los comunistas, pudo nombrar a Blesa presidente de Caja Madrid y, así arruinar el país.

Parece mentira, pero es verdad. Durante los primeros tiempos de Podemos, sus dirigentes rechazaban toda idea de unidad con los comunistas de IU a los que, con arrogancia fuera de lugar, llamaban "amargados", "pitufos gruñones" y lindezas semejantes porque los consideraban, con razón, unos fracasados. Tanto era así que muchos militantes de IU, seguramente los más ambiciosos o menos escrupulosos, se cambiaron de barco. (Por cierto, habrá que ver cómo se toman estos ahora la llegada de sus viejos colegas pitufos gruñones en este arco iris de la verdad y la novedad en marcha). Se abrigó la esperanza de que en Podemos hubiera la capacidad intelectual y el vigor teórico para articular una nueva izquierda incontaminada del anquilosado comunismo revanchista y la aburguesada socialdemocracia.

Esperanza defraudada. Bastaron unos resultados electorales mediocres el 20 de diciembre del año pasado  y unos sondeos que pronosticaban descenso de Podemos para que la organización corriera a ponerse a la órdenes de Anguita merced a las zalemas de Garzón. De nueva elaboración teórica aquí no hay más que unas nebulosas quimeras populistas sin fuelle. Ahora ya la duda se reduce a saber si de verdad pretendieron hacer algo nuevo y no pudieron o, en el fondo, sabían que estaban mintiendo y engañando desde el principio a la gente que esperaba esa innovación.

En realidad, esta izquierda solo tiene de nueva el hecho de que así la califica porque le da la gana y sin ninguna base de apoyo el señor Anguita. El mismo señor que los técnicos de imagen de Podemos quisieran mantener oculto pero a quien su enorme ego e infinita vanidad impiden quedarse en segunda fila e impulsan a la primera para que todo el mundo se entere de quién vuelve a mandar aquí. Porque basta con que Anguita formule un deseo, como que esta izquierda tenga mayor unidad tras el 26 de junio para que sus doctrinos en Unidos Podemos, Garzón e Iglesias, que cada vez se parecen más a Tweedledum y Tweedledee obedezcan al pie de la letra, hablando de una alianza estable para después de las elecciones.

A Anguita no le ha movido nunca otra cosa que un odio profundo al PSOE, el único partido de izquierda que ha gobernado en España en esta tercera restauración borbónica. Habrá gobernado bien, regular, mal o rematadamente mal, eso va en juicios de cada cual. Pero ha gobernado, cosa que no han hecho los comunistas de Anguita jamás, con lo cual pueden (y, de hecho, es lo que hacen) afirmar que ellos son "la verdadera" izquierda, la izquierda "transformadora", con tanto crédito como si dicen que son querubines con el alma transparente.

El único objetivo del verdadero estratega de Unidos Podemos es que no haya unidad de la izquierda. Consiguió cargarse el posible gobierno de coalición hace un par de meses y ahora mantiene la guardia para que no flaquee el propósito del sorpasso, de ganar al PSOE con el falaz argumento de que solo ganándole será posible una coalición; algo rotundamente falso. El único objetivo es liquidar al PSOE, es la revancha para este hombre que vive anclado en el pasado. Basta con escuchar sus obsesiones en esta entrevista, en donde sigue diciendo que el Partido Comunista debe continuar funcionando como motor de esta fábula porque los comunistas son los mejores. Quede claro. Es el único objetivo que tiene. No tiene programa (lo de "programa, programa, programa", bien claro está hoy, era un cuento); no tiene experiencia de gobierno; no tiene crédito; no tiene más que la intuición de que, con la nueva fórmula, ahora sí cabe engañar a la gente.

La fórmula consiste en que él pone el concepto y Pablo Iglesias la telegenia que, con todas las televisiones a su disposición, se le da de miedo.

Puede que esta vez le salga (en realidad, está desesperado porque sea así, ya que es su última oportunidad) pero también es posible y hasta probable, que de nuevo los de Podemos estén vendiendo la piel del oso antes de matarlo.

domingo, 22 de mayo de 2016

Balance del gobierno sobresoldado

El presidente hoy en funciones se pasó los cuatro años de su largo, larguísimo, mandato atribuyendo a la herencia de Rodríguez Zapatero todas sus desgracias y meteduras de pata. Justo es que ahora se haga balance de cómo deja las cosas este hombre que ganó las elecciones de 2011 a base de mentir como él mismo reconoció. En el fondo, es tal su falta de principios y de moral, tal su indecencia, que le da igual el concepto en que lo tengan mientras pueda seguir esquilmando el país.

Su legado más atroz se concentra en lo económico y social. Habiendo expoliado hasta el 50% la caja de las pensiones, ahora dice que le preocupa su futuro. A todos, en realidad, si él y los suyos siguen metiendo la mano en la hucha colectiva. Del paro no hace falta hablar; lo deja en donde estaba (un poco por encima) pero con condiciones laborales para los que trabajan mucho más injustas y leoninas. Recuérdese aquella foto demagógica  junto a una cola del paro y la leyenda Cuando yo gobierne, bajará el paro. Ha gobernado (mejor dicho, ha desgobernado) pero el paro no ha bajado. El déficit de 2015 está en 5,08% del PIB, más de dos puntos por encima de lo tolerado por la UE que va a multar a España (o sea, a todos los españoles) por el exceso pero, para hacerle un favor, la multa se sabrá después de las elecciones. La deuda pública está por encima de 100% del PIB, cosa que no pasaba desde 1909. El país, con este inepto, corre hacia la quiebra, el default, la bancarrota. No hay dinero para los dependientes, pero para su padre, dependiente en La Moncloaca, si lo hay. Esta quizá sea la mayor muestra de la inmoralidad del personaje: hay para su padre lo que no hay para los demás y a cuenta de estos demás. Nos esperan otros 8.000 millones de € de recortes que, como siempre, saldrán de los bolsillos de los que menos tienen.

Deja la educación reventada por la ley del ministro más inepto de la democracia y al que, para premiarlo, ha enviado de embajador ante la OCDE en París, a darse el vidorro a costa de los contribuyentes. Las Universidades, descapitalizadas y bajo mínimos. La investigación, base y motor del progreso de un país, destrozada y con los mejores investigadores de diáspora por el mundo para poder comer.

Lo que deja no es un gobierno, sino un desgobierno autoritario y despótico. Ha gobernado mediante decretos-leyes, es decir, sin discusión ni consenso y ninguneando al Parlamento ante el que ha comparecido cuando le ha dado la gana que ha sido casi nunca y es incapaz de controlarlo y no digamos ya de interponer una moción de censura. Si al autoritarismo del gobierno añadimos la cobardía de la oposición, incapaz de oponerse a nada, tenemos la fórmula perfecta de la tiranía. La justicia, permanentemente intervenida por un gobierno de amiguetes y amigotes que trata de manipular los procedimientos y procesos para que sus presuntos delitos y los de su partido queden ocultos. El Tribunal Constitucional, manipulado desde el gobierno que ha nombrado presidente a un catalanófobo, exmilitante de su partido, al que no respeta nadie porque su función es agradecer al poder político sus favores.

Respecto a la organización territorial del Estado, el desastre es mayúsculo. El Sobresueldos está viviendo el más acelerado proceso de desintegración de España hasta la fecha y en muy buena medida gracias a él que entiende tanto el país en el que vive como una lagartija. Y ahora también Euskadi. Nadie quiere quedarse en este lamentable lugar en donde no hay futuro y el futuro es pepero.

Capítulo aparte es la corrupción. Esta ya no es un comportamiento individual más o menos frecuente (él dice siempre que se trata de casos aislados) sino una industria del expolio organizado. Empezando por el máximo dirigente que, cuando llegó al poder, ya llevaba veinte años cobrando cuantiosos sobresueldos procedentes de fondos oscuros de origen dudoso. En realidad, el PP no es un verdadero partido sino, como dicen los jueces, una asociación para delinquir. Y eso es lo que los peperos han hecho en estos cuatro años, en lugar de gobernar, robar.

Este es el pájaro por el que, según dicen los distintos digitales, van a votar varios millones de ciudadanos.

viernes, 20 de mayo de 2016

Los comunistas siguen mintiendo

La denuncia de la última maniobra de los comunistas de seguir ocultando las siglas del PCE bajo una maraña de nombres (IU, Unidos Podemos) ha suscitado alarma en el cogollo de la organización. Así, parece haberse impartido la consigna de que salgan todos a contrarrestarla invocando el espantajo del "anticomunismo visceral". Teóricamente van contra los medios de la derecha que, por supuesto, estarán encantados de repetir sus habituales memeces sobre la "conspiración judeo-masónica" y el resto de tonterías que suelen desgranar. No lo sé porque no los leo, ni los escucho, ni los miro. Pero lo imagino.

Sin embargo, el auténtico enemigo al que los comunistas quieren combatir no son los medios y publicistas de la derecha, sino las gentes de la izquierda que no nos tragamos sus embustes. La consigna es silenciarnos, que no aclaremos sus enjuagues. Y ahí salen todos a una clamando tambien contra nuestro "anticomunismo visceral". Son muchos y muy conocidos, así que no mencionaré los nombres por no acarrearme más enemigos de los que ya tengo y evitarme infundios y campañas de desprestigio que los comunistas bordan a través de los medios de comunicación en los que tienen mando y en donde solo pueden escribir o hablar ellos y los suyos, pero no sus adversarios y menos si son de izquierdas. El otro día ya me gané un ataque de uno de estos fascistas/comunistas que pretendía insultarme ridiculizándome por mi edad (El fascista Facu Díaz). La batería esencial de argumentos de estos publicistas del PCE (y algún despistado del PSOE, que se traga sus bulos como buen "compañero de viaje") es que 1) no es verdad que se oculten porque aquí están ellos escribiendo sus monsergas y firmando como militantes o gerifaltes del PCE; 2) que el "anticomunismo visceral" sí que es una campaña orquestada por el capital y sus siervos en los medios de la derecha o pagada por el imperialismo; 3) que los comunistas de hoy ya no son los de antaño, los de las dictaduras estilo soviético de las que ellos abominan; 4) que ahora, rejuvenecidos, son la "verdadera izquierda" frente a la seudoizquierda del PSOE y la socialdemocracia, vendidos al neoliberalismo y el capitalismo en general; 5) que no es verdad que ellos dividan a la izquierda y por eso ayuden a la derecha a gobernar pues la socialdemocracia no es izquierda, sino otra forma de la derecha, vieja teoría de "las dos orillas" del dogmático Anguita a quien Iglesias considera de gran "belleza ética" (sic).

1) Claro que se ocultan y siguen ocultándose, pues ni las siglas ni nada que recuerde al Partido Comunista aparecen en las candidaturas ni papeletas electorales. Tácticamente hacen bien. En unos cien años, en 190 países, los comunistas no han ganado jamás unas elecciones democráticas, salvo uno o dos casos aislados en remotos lugares del planeta. La gente no vota al comunismo. En donde los comunistas han llegado al poder ha sido por la violencia y han establecido dictaduras totalitarias caracterizadas por la miseria del pueblo y los privilegios y lujos asiáticos de las cúpulas partidistas y nomenklaturas corruptas. Y cuando esas dictaduras se han hundido, detrás han quedado unas sociedades anómicas y sin estructuras morales, exportadoras del crimen organizado que todo el mundo conoce. No, la gente libremente no vota a los comunistas. Por eso estos cambian de nombre o se ocultan y se presentan con envases distintos. Para engañar. Que algunos militantes y dirigentes salgan del armario ahora no tiene mérito porque ya se ha planteado el problema y, como los corruptos que dimiten solo cuando los pillan, salir a la luz cuando se ha denunciado el engaño es seguir con el engaño. Además, no siempre lo hacen. Escuchen el alegato de Anguita en Córdoba el otro día (Los nuevos compañeros de viaje). Habla de su militancia en IU, pero no de la del PCE. ¿Lo quieren más claro? Si los comunistas no desean que los acusen de falsarios, que hagan saber a la gente que votar a Unidos Podemos es, en realidad, votar al PCE.

2) Lo del "anticomunismo visceral" es parte de la más antigua propaganda comunista y se basa en el presupuesto de que el anticomunismo no puede ser una opción racional y política perfectamente legítima sino que tiene que ser una especie de enfermedad, algo de las tripas o de cerebros trastornados, una neurosis. No es de extrañar en quienes profesan la misma ideología que aquellos comunistas soviéticos que encerraban a los opositores y disidentes en hospitales psiquiátricos. Un punto más de similitud entre los comunistas y los fascistas. Estos (por ejemplo, el psiquiatra franquista Vallejo Nájera que, por cierto, sigue teniendo calle en Madrid) consideraban que el comunismo y el marxismo no eran ideologías u opciones políticas sino enfermedades que había que "curar". Igual que los clérigos católicos quieren "curar" la homosexualidad y los comunistas el anticomunismo "visceral". Bueno pues ya pueden ir enterándose de que el anticomunismo es algo tan comprensible y legítimo como el antifascismo o el anticlericalismo. Cierto que habrá anticomunistas pagados por el imperialismo, como hay y ha habido siempre comunistas pagados por muy diferentes Estados e intereses y no solo el soviético. Y, por supuesto, en la izquierda somos bastantes los anticomunistas que no estamos ni hemos estado nunca a sueldo de partido alguno. Seguramente tod@s los que hemos tenido experiencia directa del comunismo.

3) Mientras los comunistas de hoy no aporten una explicación del hundimiento de sus regímenes y la correspondiente autocrítica si a ello ha lugar y se limiten a escurrir el bulto balbuceando que el comunismo soviético no era "verdadero" comunismo no merecerán respeto ni crédito alguno. Aquellos sistemas odiosos se hundieron porque eran comunistas y, hasta la fecha, los comunistas no han aportado ninguna prueba de que si alguna vez vuelven al poder no hagan lo mismo. Repetir que el comunismo soviético no era el "verdadero" comunismo lleva la implicación de que ellos sí lo son y tiene el mismo grado de veracidad que cuando dicen que son la "verdadera", la "auténtica" izquierda, la izquierda "transformadora". Hay que creerlos bajo palabra porque en treinta años no han transformado nada, jamás han tenido poder porque la gente no los vota cuando se presentan con sus siglas. Como tampoco lo harán cuando, como ahora, están ya en el tercer nivel de la matrioska, disfrazados con otras siglas y aprovechando la coyuntura del tirón mediático de Podemos. Este nuevo relato está fabricado esta vez con astucia por su batería de medios ("Público", "Diario.es", "La sexta") en los que monopolizan el discurso, censuran los relatos de otras izquierdas y no se diferencian en nada de sus competidores de los medios de la derecha (COPE, ABC, etc., etc). Aprovecho para insistir en que hay varios discursos de izquierda excluidos de los medios procomunistas y, por supuesto de los de la derecha también; uno de ellos, el de Palinuro y otro, el del PSOE. Cosa obvia: los de Podemos se quejan de ser objeto de ataques por doquier. Eso no es es cierto; los que atacan son ellos continuamente y, además, tienen posibilidades de denunciar, cosa que hacen de modo sistemático y estomagante. No así el PSOE, que no dispone de medios sino, al contrario, todos están enfrente. No tengo nada que ver con este partido, ni siquiera me cae simpático por su carácter dinástico, antirrepublicano, semiclerical y centralista, pero me subleva la hipocresía, la mentira y la injusticia.

4) Ni son la "verdadera" izquierda, ni lo han sido nunca. Incapaces de hacer autocrítica tras el hundimiento del comunismo "real", ocultan el término "comunista" y se apropian el de "izquierda" con la evidente intención de dejar fuera de él a quienes no sean comunistas, o sea de monopolizarlo. Si, para conseguirlo, hace falta acudir a la mixtificación, se hace y de ahí viene ese truco -y ese sí que es de trilero- de decir que ellos son la "verdadera socialdemocracia". Lo apoyan en falacias teóricas e históricas que no resisten el mínimo análisis. Lo que pretenden es desplazar a la socialdemocracia de siempre, el PSOE, a la derecha, identificarla con la derecha, para ocupar ellos su sitio ya que, en realidad, del sitio del comunismo, como del gato de Alicia, solo queda la sonrisa y, en este caso, siniestra. Puro comunismo de raíz estalinista porque eso es lo que hacía Stalin: mandar asesinar a sus oponentes para robarles luego las ideas. Aquí no hay asesinatos porque no está el tiempo para estas fiestas, pero sí las campañas de propaganda y embustes sobre la identidad entre el PSOE y el PP, con la misma razón y ética con que los soviéticos y los comunistas españoles durante la guerra civil afirmaban que los nazis y los trostkistas colaboraban. Que ahora haya trostkistas en el totum revolutum de los comunistas de Unidos Podemos solo demuestra que el ser humano es tornadizo y sus convicciones, harto flexibles. El PSOE es el único partido de izquierda que ha gobernado en España después de la muerte de Franco. Ha hecho muchas cosas mal, por supuesto y no es preciso relatarlas porque ya lo hacen los comunistas todos los días y son las únicas que narran. Pero también ha hecho muchas cosas bien: la universalización de la educación, la de la seguridad social, la incorporación a Europa, el Pacto de Toledo que garantizaba las pensiones, el fin del terrorismo, las leyes de Zapatero de igualdad de género, de matrimonio homosexual, etc., todo lo que el PP ha destruido o intentado destruir en estos cuatro años. De eso jamás se habla en el relato comunista de la "verdadera" izquierda. Jamás. Se insiste en la pifias y meteduras de pata y errores y medidas injustas del PSOE. Cierto, estas han sido muchas, muchas más que las de los comunistas que no han sido ninguna porque esta "verdadera", "auténtica" izquierda "transformadora" no ha hecho nada en treinta años, no ha transformado nada. No ha servido para nada más que para estorbar y dividir y aspirar al "sorpasso".

5) Claro que solo han servido y solo sirven ahora para eso, para dividir a la izquierda y que gobierne la derecha. Una reedición de la pinza entre comunistas y peperos de los años noventa de la que hay tan abundantes pruebas y testimonios. Y la repiten ahora con el mismo truco: ocultarse tras organizaciones pantalla y decir que se presentan a ganar al PP. Desde el principio, sin embargo, lo contrario ha estado claro y sigue estándolo en la actividad de sus huestes, especialmente las (hoy ya flaqueantes) legiones de trolls fanáticos en las redes. Lo que quieren es el "sorpasso" a la socialdemocracia, destruir al PSOE y si para eso el país tiene que aguantar cuatro años más de gobierno de ladrones, corruptos y expoliadores, no les importa. Si de verdad hubieran querido la unidad de la izquierda, habrían llegado a un pacto con el PSOE después de las elecciones del 20 de diciembre. Pero eso estaba fuera de cuestión. Lo impedía la "belleza ética" del referente intelectual de los anguitillas.

En resumen: esa unidad en la que el motor oculto siguen siendo los comunistas que continúan con sus maniobras se produjo porque no había otro remedio. Podemos había nacido con una promesa que apuntaba a una necesidad social sentida por mucha gente: constituir una nueva izquierda entre el comunismo trasnochado y la socialdemocracia adocenada. Pero fracasó por falta de capacidad de elaboración teórica o quizá la promesa era un embuste desde el principio que trataba de sorprender a la gente en su buena fe pero nunca respondió a un genuino interés por construir esa nueva izquierda. Sea lo que sea, las elecciones del 20 de diciembre demostraron que el pretendido tsunami podémico había pinchado, aunque su aparato de propaganda lo vendió como un triunfo. Y cuando luego los sondeos apuntaron a que la formación de Pablo Iglesias, cuya valoración popular era tan baja como la de Rajoy, iba al hoyo, se cayeron los palos del sombrajo y las caretas del disimulo. Entonces la flamante "nueva política" se echó en brazos de IU y su "belleza ética", eso sí, ocultando una vez más la condición de comunistas.

Es probable que en las elecciones del 26 de junio el nuevo engaño comunista sea un fracaso y que, con él, fracase también la izquierda en general. Pero a quienes lo han perpetrado no les importa. Ell@s no padecerán las consecuencias.

martes, 17 de mayo de 2016

Los nuevos compañeros de viaje

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Hubo un tiempo en que el comunismo tenía prestigio: en los años treinta (ascenso del fascismo), hasta el ignominioso pacto nazi-soviético de 1939 y luego, al final de la segunda guerra mundial y en los primeros años de la postguerra, hasta que se conocieron los crímenes de Stalin y llegó la desestalinización. En aquellos años, los comunistas no ocultaban sus siglas sino que se envanecían de ellas y agrupaban en torno suyo gentes que no lo eran, pero se sentían atraídas por el prestigio revolucionario y, sin entrar en el partido comunista, cumplían sus encargos y estaban más o menos encuadradas en organizaciones manipuladas por ellos. Prestaban un gran servicio porque propagaban los puntos de vista comunistas sin serlo ellas mismas. Eran lo que se llamaba los compañeros de viaje.

Posteriormente, ya en plena guerra fría, estando clara la naturaleza dictatorial e inhumana de la Unión Soviética y países satélites en los que aquella intervenía por la fuerza cuando quería (Berlín, Polonia, Hungría), el comunismo perdió el prestigio acumulado. Ya no había "organizaciones de masas" ni quedaban "compañeros de viaje". Ahora, los que le hacían el juego eran llamados tontos útiles. De esos había muchos, pero menos de lo que la ambición comunista de poder quería.

Finalmente, con el desprestigio general del comunismo en los años 70 y en los 80, con el triunfo de la socialdemocracia -con la que mantiene un forcejeo histórico-, aquel entró en profunda crisis que se agudizaría con el hundimiento de las tiranías comunistas en todo el mundo. Quiso salir de la crisis haciendo un mero cambio de nombre con el que trataba, como ha hecho siempre, de eliminar a la socialdemocracia a los efectos de ponerse en su lugar, vieja táctica estalinista que al exseminarista georgiano le salía bien a base de asesinar, pero a sus secuaces, no. Estos comunistas vergonzantes pasaron a llamarse "eurocomunistas" para enviar un mensaje falso a la opinión pública (ingenio propio de Carrillo) de que el comunismo se había hecho reformista, democrático, se había civilizado. Los camaradas vivían horas bajas, pero se las prometían felices con la añagaza en la que se embarcaron los partidos comunistas de España, Italia y Francia.

Pero no funcionó. La gente no se dejó engañar. Fue entonces cuando los comunistas decidieron camuflarse. El hundimiento de la URSS los había hecho polvo y más polvo aun porque ninguno de ellos fue capaz de dar una explicación comunista o, por lo menos marxista, del hundimiento de la URSS. Y así siguen. Pero sí comprendieron que, si querían sobrevivir, tenían que ocultarse y engañar.

Mucho había llovido desde los años treinta, pero el comunismo sigue en lo suyo: mintiendo. En 1986, el iluminado Anguita fundó Izquierda Unida, otra organización pantalla de nuevo llena de compañeros de viaje y de tontos útiles. Solo que ahora los tontos iban a resultar inútiles. Creyeron que con esta artimaña de ocultar sus siglas, pero poner en marcha una farsa, por fin, derrotarían a la fementida socialdemocracia del PSOE. Tampoco. A IU se le veía el comunismo por los entresijos. Y Anguita tuvo que marcharse a su casa, a rumiar su fracaso y su revancha.

Y, entonces, al rebufo de la crisis, del 15 de mayo, y de lo que se veía como ineluctable decadencia del PSOE por sus propios errores, surgió Podemos. Lo hizo a la par con la Syriza griega y dio una sacudida al sistema español de partidos haciendo concebir la esperanza de que, por fin, aparecería una tercera vía de verdad en la izquierda, entre el anquilosado comunismo y la socialdemocracia aburguesada y neoliberal. Muchos creímos -y creemos- que esto es posible y hasta colaboramos con ello. Pero, al poco tiempo, a los primeros tropezones y tras las primeras crisis de IU y sus tránsfugas, ya se empezó a ver que si esa había sido la intención de los jefes en un primer momento (que ahora más bien parece que no y que engañaron desde el origen de la aventura), había dejado de serlo. Lo que ahora se cocinaba era un nuevo intento de organización "de masas" (todas esas pavadas de Anguita y los anguitillas de las "mayorías cívicas" es puro leninismo de aprendices), un nuevo engaño, una nueva farsa a partir del núcleo de IU. Hubo algunos titubeos pero, con el decepcionante resultado de las elecciones del 20 de diciembre y el suculento millón de votos que seguía atesorando IU, los últimos escrúpulos se fueron por la borda y se selló el pacto con IU y Anguita. La pamema de las conversaciones para formar gobierno después del 20 de diciembre fue otra trola y a ver si se podía culpar al PSOE de ls elecciones.

Porque, como siempre en los comunistas españoles, la muralla por abatir no es la derecha ni el PP. Es el PSOE.

Si alguien lo duda, que escuche el discurso de Anguita en el vídeo del post. Es palmario y claro como el agua clara: revancha. Escúchenlo hablar de su militancia en IU, pero ocultar la del PCE. Escúchenlo reconocer que "la diplomacia" mandaba que siguiera oculto, de gran trujimán de esta operación. Que no se supiera, que se siguiera engañando a la gente. Pero, al final, su ego inconmensurable (solo similar al de Iglesias) y su infinita vanidad lo arrancaron del sillón y lo llevaron a irrumpir en el acto de Podemos, interrumpiendo en seco, por cierto, un alegato de Pablo Echenique sobre feminismo y feminización. ¿Casualidad? Estos no dejan nada a la causalidad ni al azar. Todo lo miden, como el comediante de Diderot. ¿Feminismo? Ya hay bastante feminismo en el título de Unidos Podemos. Y escúchenlo, por último, hacer sus cálculos: cree que ahora o nunca, en el nuevo 77, se va a ganar al PSOE; pero el subconsciente lo traiciona y pone su victoria a cuatro o cinco años. Es decir: ganaremos dentro de cuatro o cinco años; mientras tanto, cuatro años más de PP. ¿Queda claro?

Una última consideración. Se quejan los de Podemos de que ahora todo sea hablar de comunismo, como si eso fuera una maniobra innoble, un golpe bajo o juego sucio. Aquí el único juego sucio consiste en aliarse con el Partido Comunista de España en secreto, oculto y pretender seguir estafando a la gente y que no se hable de lo que hay. El juego sucio y el engaño es que, cuando el periodista oficial de Podemos, Ferreras, en la cadena oficial de Podemos, la Sexta, pregunta a Anguita qué le parece el anticomunismo de Esperanza Aguirre, el comunista cordobés diga que no merece la pena hablar de ello, pero siga ocultando su condición de miembro del Partido Comunista de España, un partido que no se presenta con su nombre a las elecciones, pero quiere que lo voten bajo otras siglas ocultando su condición.

Por último, tengo algunos amigos, gente de izquierda sincera y genuina, que se escandalizan de que se esté cayendo en una campaña de "anticomunismo visceral". Sí eso es lo que dicen los comunistas, que no merecen respuesta. A mis amigos, una sola consideración: en una sociedad democrática asiste a la gente el derecho a ser anticomunista (o antifascista) como opción política, sin que la declaren trastornada, histérica, visceral o desequilibrada. Gracias a los dioses, esto todavía no es la Unión Soviética, paraíso comunista en donde los disidentes con suerte acababan en psiquiátricos.

El fascista Facu Díaz

Acabo de ser objeto de un intento de insulto de Facu Díaz, ese que va de progre en las filas de IU y ahora Unidos Podemos. Como le parece que vomito "basura anticomunista" en twitter, me ataca con el dibujo que ilustra el post con las intenciones que son evidentes.

Convienen algunos matices, para que se sepa qué gente es esta de IU y Podemos y lo que nos aguarda si consiguen algo de poder.

1) Según este tipo, y muchos como él, no se puede ser anticomunista. Suelen decir que se trata de anticomunismo "visceral". No sé qué será el comunismo para esta gente (no lo saben ni ellos) pero está claro que, en su juicio, el anticomunismo no es una opción política sino una especie de enfermedad. Mira por donde, ya están aquí los sucesores del psiquiatra fascista Vallejo Nájera, para quien el comunismo era una enfermedad. Para estos, es el anticomunismo. Lo que es igual es el fascismo del "razonamiento".

2) En cuanto al intento de insulto, su base fascista es obvia. Nuestra sociedad prohíbe toda discriminación por razón de sexo, raza, color, etc. Ninguno de estos progres cursis osará maltratar o intentar reírse de alguien porque sea de color o discapacitado, o de una minoría sexual. Pero se lanzan a degüello con los viejos y los mayores en general. Eso aún no tiene la censura social que merece y estos salvajes creen que pueden desahogarse. Sin embargo, la discriminación es la misma porque se trata de insultar a alguien por algo de lo que no es responsable, como es su edad.

3) Además de fascista, el amigo es un estúpido por dos razones: a) Anguita, a quien él venera, es viejo. b) A él también le tocará.

NB: según parece, este tipo no es de Podemos, sino de IU. Como trabaja en el BOE de Podemos, Público, lo tomé por uno de ellos. No merece la pena rectificar del todo, dado que no hay diferencias entre Podemos e IU que ya se han unido. Basta con un leve retoque.