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lunes, 18 de mayo de 2015

Más sobre la lógica empresarial
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Un par de asuntos más que se me quedaron ayer en el tintero en referencia a la descarada avaricia de la patronal y su deseo de seguir expoliando a la gente con retórica barata de máster del Opus.

En castellano puro "lógica empresarial" quiere decir maximización del beneficio, del lucro privado del empresario, al precio que sea. Ahí empieza y acaba la "lógica empresarial" que de lógica no tiene nada. ¿Qué factor, qué consideración social cabe aquí? Ninguna. Todas las que se aduzcan aumentarán costes y reducirán el beneficio privado. Empezando por los salarios. ¿Cuál es la lógica empresarial? Salarios, cero. Que los trabajadores trabajen por nada, que sean esclavos, que no tengan derecho a nada, ni festivos, ni puentes. Nada. ¿Coste de materias primas? Cero, también. ¿Por qué comprarlas a los pueblos que las producen si se puede robarlas y, de paso, esclavizar a los nativos y venderlos a buen precio a otros empresarios lógicos? Hubo un tiempo de oro en que la "lógica empresarial" era imperial.

Lo divertido es que, aplicando esa "lógica", con los trabajadores sin dinero para comprar los productos que ellos mismos fabrican y los empresarios les arrebatan por una fracción de su valor o, simplemente, si pueden, por nada, la producción se para, viene la crisis y los "lógicos" empresarios se arruinan. Porque la "lógica empresarial", la de la avaricia y la codicia sin límites, lleva a todos al desastre por ser profundamente estúpida. Y es entonces cuando hay que echar mano al Estado y pedirle que intervenga para poner orden en el espantoso quilombo que organizan estos parásitos condenados, como todos los parásitos, a destruir aquello de lo que se alimentan.

Curiosa la relación de los empresarios "logicos" con el Estado, vale decir, con la Ley. En principio la necesitan porque no hay seguridad económica ni posibilidad de cálculo racional ni planes ni nada si no hay seguridad jurídica. Los empresarios, como todos, necesitamos que la ley nos ampare en nuestros derechos, garantice que los pactos se cumplan y se castigue a quien actúa ilegalmente y en perjuicio de otros. Pero tampoco quieren mucho Estado y claman por el "Estado mínimo", el que menos interfiera con la libertad de las transacciones en el mercado y, sobre todo, el que menos interfiera en sus ilegalidades y hasta sus delitos cuando la "lógica empresarial" les dice que hay que cometerlos. Porque el análisis de costes-beneficios que lleva al empresario a maximizar su lucro puede aconsejarle correr un riesgo (¿acaso el romántico emprendedor no es el que corre riesgos?) y quebrantar la ley porque así se enriquece más y antes. En resumen: su idea del Estado es un sabio juste milieu: Estado máximo para los demás, que no puedan lucrarse ilícitamente y Estado mínimo, incluso, desaparición del Estado, de la ley, la policía, los tribunales y la cárcel para él, que es un representante de la lógica empresarial.

¿El paradigma? A la vista está. Bueno, no está a la vista porque se encuentra a la sombra y entre rejas, pero es el antecesor de Rosell en el cargo, Díaz Ferrán. De la presidencia de la CEOE directamente a la cárcel. Su sucesor no se corta un pelo para formular la misma doctrina por la que el otro sinvergüenza está en el talego. Y no lo hace porque la legión de granujas, vendidos, mercenarios y sicarios a sueldo de la patronal en fundaciones, think tanks, universidades, centros de estudios, medios de comunicación, se encargan de tergiversar el lenguaje y el significado de las palabras para que expresiones como "lógica empresarial" se asocien con eficacia y eficiencia, prosperidad y alto nivel de vida y no con explotación, engaño, robo, miseria y, en último término, delito.

Es un repaso semiótico total. Los patronos ya no son patronos; ni siquiera "empresarios". Ahora son "emprendedores", como si esta cuadrilla de mangantes, al estilo de Díaz Ferrán o Arturo González, hubieran emprendido algo alguna vez que no fuera mirar el BOE y darse comilonas en las que hacen chanchullos con sus amigotes de la derecha en cargos públicos, todos tan granujas como ellos.

Así se hace con todo y se convence al personal de que el que roba es un creador de riqueza y el robado, un vago perezoso que merece su destino. Cuanto más estúpido es el auditorio, más éxito tienen estas monsergas. ¿No han escuchado nunca al sobresueldos balbuciendo que son los "emprendedores" los que crean riqueza? No, buen hombre. La riqueza la crea el trabajo humano. El capital lo que hace es explotarlo y, en una relación dialéctica que usted jamás entenderá porque le falta con qué, también lo potencia. Es una relación antagónica, la trasposición de la dialéctica del señor y el siervo. Dejado a su libre albedrío o "lógica empresarial" (y a la verdadera, no a la de estos enchufados parásitos del Estado) el capital acaba con el trabajo, con la riqueza y consigo mismo. Por eso debe intervenir el Estado, la Ley, para proteger los derechos de los verdaderos creadores de la riqueza, los trabajadores y, de paso, irónicamente, también a quienes los explotan. Porque, si el Estado no interviniera no hay duda de que el señor Rosell acabaría hablando de "lógica empresarial" con el señor Díaz Ferrán en Soto del Real.

La lógica empresarial.

El jefe de los patronos, sucesor de Díaz Ferrán, actualmente en la cárcel, suspira por privatizar los servicios públicos de la sanidad y la educación porque, dice, si se gestionaran según la lógica empresarial se obtendría mucho mayor rendimiento. ¿Qué es la "lógica empresarial"? Pues básicamente el afán de lucro del empresario. Su beneficio. Decir que esa lógica va a aumentar el rendimiento no es decir nada porque es preciso especificar el rendimiento para quién. Si se trata del rendimiento para el empresario, el asunto es, en efecto, lógico. Pero si se trata del rendimiento para otros, por ejemplo, para la colectividad, es menos claro. Demostrar que la lógica del lucro privado (que, por cierto, no conoce límites) en la gestión de los recursos públicos redunda en beneficio de la colectividad es arduo, en realidad, imposible.

Pero si la lógica empresarial es la del beneficio, su medio es el dinero. Con dinero se financian think tanks, escuelas de negocios, facultades de empresariales, círculos de debate y se pagan millonadas a ilustres conferenciantes para demostrar lo indemostrable y crear un ambiente en donde expresiones como "lógica empresarial" tengan connotaciones positivas. Así se dice en esos centros de doctrina que la gestión empresarial de los servicios públicos es más racional, evita el despilfarro, es más eficiente y, en consecuencia, más productiva. Lo lógico es ver los servicios públicos como empresas y sus usuarios como clientes.
 
Lo malo es que los servicios públicos articulan derechos y sus usuarios son ciudadanos, esto es, titulares de esos derechos. Y el concepto de derecho no entra en ningún cálculo de eficiencia según la lógica empresarial. La administración tiene que garantizar el acceso universal a estos bienes porque son derechos y todo el posible beneficio si lo hubiera, que no tiene por qué haberlo, iría íntegro a la ampliación y mejora de la actividad, sin margen alguno para el beneficio personal. En la empresa privada puede traer cuenta pagar indemnizaciones por accidentes mortales antes que afrontar una inversión mucho mayor en corregir algún defecto peligroso. En la administración pública esto no puede hacerse pues el administrador tiene que respetar a toda costa los derechos de los administrados, el primero de los cuales es la vida, aunque respetarlos no sea eficiente en términos de ganancia.
 
Por lo demás, Rosell no parece pedir el cierre de los servicios públicos y su desaparición de los presupuestos generales del Estado, atendiendo a un principio absoluto de libre mercado. Lo que solicita es que los gestores de los recursos públicos no sean políticos ni funcionarios sino empresarios. Además, podría prescindirse de los funcionarios, estamento enojoso que no solamente vigila el respeto a los derechos de la ciudadanía sino que él mismo está cargado de derechos que impiden tratarlo como mano de obra barata y precaria. O ya directamente esclava, desprovista de derechos, como quiere la patronal habérselas con la fuerza de trabajo. Porque, después de todos los dineros, las FAES, las escuelas de negocios, los medios comprados, los periodistas a sueldo y todo el andamiaje ideológico del capital, el meollo de la lógica de este, su núcleo esencial sigue siendo la plusvalía, esto es, la explotación del trabajo ajeno.
 
La propuesta parecería un ideal del libre mercado pero es, en realidad, una muestra de la lógica empresarial al más puro estilo español. Es una propuesta de captura del Estado por los empresarios. La CEOE sería el partido único del régimen.  Los servicios públicos siguen a cargo de los presupuestos generales del Estado, pero los gestionan empresarios con su lógica de la eficiencia y la productividad, o sea, el rendimiento para sus bolsillos. El negocio es redondo y típico del capitalismo de amigotes. No hace falta arriesgar capital propio; se gestiona el público. Y se tienen clientes forzosos, pues todo el mundo necesita educación y sanidad. El negocio está asegurado. Y, si no lo estuviera, siempre se acaban socializando las pérdidas, como estamos hartos de ver, últimamente con las autopistas radiales de Madrid.
 
Es una lógica que bordea sistemáticamente lo delictivo, la que ha llevado al antecesor de Rosell en el cargo, Díaz Ferrán, a la cárcel de Soto del Real. Este Díaz Ferrán es el que en cierta ocasión formuló uno de los axiomas de la lógica empresarial: "trabajar más y ganar menos" a los efectos de que los empresarios puedan trabajar menos y ganar más y, de esta forma, se restablezca el equilibrio universal de la lógica empresarial. Si defraudar al erario aumenta el rendimiento personal, el lucro privado del gestor, ¿qué ordena hacer la lógica empresarial? A veces estas inferencias lo llevan a uno a la cárcel, pero es que ir a la cárcel forma parte también de la lógica empresarial.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Crítica al programa económico de Podemos.

Si es cierto lo que hoy dice "El Plural" de que Alberto Garzón es el ideólogo ‘tapado’ del programa económico de Podemos, entonces no es verdad lo que dice "El Plural". No es un juego de palabras. "El Plural" sostiene que el llamado Un programa económico para la gente es un calco de las 115 propuestas para salir de la crisis que Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón publicaron a fines de 2011 en forma de libro titulado Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España, editado en Madrid por Sequitur. Básicamente, es cierto, y el periódico lo documenta fehacientemente sobre la base del texto del programa citado que hoy trae El País. Pero Alberto Garzón no es "el ideólogo tapado del programa económico de Podemos", sino, en todo caso, de un tercio de él. Los dos tercios restantes corresponden a Vicenç Navarro y Juan Torres López que, por lo que se ve, han reproducido sus ideas de 2011 en una forma de autoplagio benevolente. No tengo nada que objetar a esta práctica "re-publicadora", sobre todo si la re-publicación está escrupulosamente actualizada en los datos, como es el caso, salvo la melancolía que produce comprobar que la economía es una ciencia más lenta de lo que gusta reconocer porque si, al paso que van las cosas, las recetas de 2011 valen para 2014 y más allá, el recetario es parsimonioso.

En todo caso y como sea que el programa en cuestión (de unas 66 páginas, mientras que el libro tiene 226) está ya a disposición del ávido público en la edición de hoy de "El País", Palinuro aporta aquí la crítica que publicó en enero de 2012 sobre el mentado libro de los tres economistas de izquierda, titulada Las aporías de la izquierda. Ya ven ustedes de qué sirve esta labor callada, cotidiana del piloto de Eneas. Justamente para salir el primero a calibrar el programa económico de Podemos con cierto conocimiento de causa y no a base de escribir de oídas, como da la impresión de hacer hoy José Carlos Díez en un artículo publicado también en "El País", periódico otrora serio. Este artículo se me antoja una vergüenza y un ataque injustificado a los autores del programa que el autor obviamente no ha leído, como tampoco parece haber leído el libro del que arranca. Puede que Palinuro sea mal pensado o un verdadero manazas pero o es incapaz de encontrarlo o, simplemente, lo han borrado de la web del periódico; pero, hélas, no del caché de Google, así que este es el artículo evanescente y este su altanero título,  Podemos en el país de 'Nunca jamás'. Demasiado.

viernes, 24 de enero de 2014

Mentiras, saqueo y la unidad de la Patria.

Continúa la izquierda discutiendo acaloradamente entre sus múltiples corralillos de qué forma crea un solo, poderoso y unitario frente, capaz de parar la ofensiva neoliberal y recuperar los derechos y las conquistas conseguidos en cien años de luchas y perdidos en dos. Y cuanto más discute, más se fragmenta al grito de ¡unidad!. La mediática irrupción de Podemos, en un baile en el que ya estaban el PSOE, IU, Equo, Izquierda abierta y las candidaturas de las izquierdas independentistas, ha desatado un vendaval de opiniones que, como suele pasar con esta opción política, mezclan asuntos doctrinales con consideraciones prácticas. Llegaremos al momento de la votación con varias candidaturas a la gresca, acusándose mutuamente de no querer la unidad. Y llegaremos nutridos. 

Ayer mismo se especulaba con la posible candidatura del juez Elpidio Silva , al frente de un hipotético movimiento contra la corrupción, parece que apoyada por Democracia Real Ya. Supongo que la idea es la repetición de un Mani Pulite, a la española. Nada de partidos políticos. Este recién llegado al mosaico de la izquierda ayudará poco a la anhelada unidad. Su eje es el personalismo de su símbolo. Lo mismo que en las demás formaciones de la izquierda. Es injusto reducir Podemos a la figura de Iglesias porque eso sucede con los demás. Equo es López de Uralde como Izquierda Abierta es Llamazares e IU Cayo Lara y el PSOE Rubalcaba. Es la personalización de la política, una de las facetas de la sociedad mediática muy americanizada. Otra cosa es que las distintas personas tengan mayor o menor gancho o tirón electoral. Pero como de esto no se habla, los debates de la izquierda sobre la unidad de acción versan sobre cuestiones más abstractas, la movilización, la conciencia, la participación, la hegemonía, el neoliberalismo.

Frente a esta estrategia casi celestial, el gobierno de un partido que ha estado financiándose de modo presuntamente ilegal durante veinte años, presidido por el principal sospechoso de haberla tolerado e incluso de haberse beneficiado de ella, se prepara para coronar su obra de devaluación interna del país (otros lo llaman saqueo y expolio) en los dos años que le restan. Y para acompañar esta tarea con una involución ideológica y en el ámbito de los derechos y libertades.

Es ahora o nunca, compas. El que no se haya hecho rico a base de sobresueldos, comisiones, mordidas, malversaciones, adjudicaciones ilegales o simple mangoneo, tiene aun dos años para intentarlo. Las condiciones no pueden ser mejores: el gobierno, firme; la oposición, en Babia; el Parlamento, silencioso; el poder judicial, acosado; los medios, con una sola voz. Y si, por desgracia, nos pillan, hay seguridad de indulto. La crónica del Reino de España es la crónica penal, desde el borde mismo de la Corona al último alcalde pedáneo.

Una crónica en la cual el gobierno no se atiene a la realidad sino que la crea. Los datos del paro lo demuestran claramente, como los del crecimiento del PIB u otras magnitudes económicas. La mentira es la forma habitual de comunicación de la autoridad. Los hechos, sin embargo, pulverizan las mentiras: el paro ha aumentado en 600.000 personas (sin duda muchas más) con el gobierno de Rajoy y este no ha arreglado la economía en dos años, sino que la ha empeorado. Pero nadie se inmuta. El señor Floriano dice que España se recupera sin que el gobierno haya tocado la sanidad ni la educación. Esta insólita desfachatez viene de la ayuda celestial, gracias a la intercesión de  la Virgen del Rocio y, desde ayer, Santa Teresa de Jesús, reciente fichaje de la Marca España.

En tales circunstancias, pedir a la izquierda que abandone sus personalismos e intereses creados y confluya en un único frente para ganar las elecciones, estas y, sobre todo, las siguientes, es pedir lo mínimo y saber de antemano que es como si se pìdiera lo máximo pues la izquierda no se unirá. 

Y, sin embargo, es un momento crítico porque el conflicto catalán plantea una situación extremadamente delicada. Si la izquierda es incapaz de formular un proyecto de España que pueda llevar a una solución de entendimiento en la que los catalanes se sientan a gusto voluntariamente, tendrá que apoyar el que esgrima la derecha. Y el proyecto de la derecha sí que está claro: unidad, recentralización y españolización. Justo la fórmula para enconar el conflicto. 

O la izquierda se une en torno a un programa mínimo común que incluya una propuesta de reforma de la planta territorial de España que vaya a someterse a consulta de la ciudadanía o la unen marcando el paso tras la unidad de la Patria, impuesta a machamartillo por una parte de ella. La de siempre.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Consigna: ¡recuperación!


La política es algo endiablado. El diablo, que todo lo añasca, está siempre por medio. Explican las autoridades el presente con datos y cifras (que muchas veces se inventan) y vaticinan de seguido un futuro mejor. Pero lo hacen con el mismo resultado que obtienen los magos cuando conjuran los espíritus en su auxilio y el de la tribu. De los rigurosos análisis del presente a cargo de lumbreras como De Guindos o Montoro se sigue un vaticinio con la fuerza de un conjuro mágico: toca recuperación. O sea, hay que ganar las próximas elecciones. Las justificaciones del conjuro son cada vez más alambicadas y llegan a tomar forma de sortilegios. Por ejemplo, De Guindos se apresta a explicarnos, cuando se conozca la EPA de septiembre, que el ascenso del paro es una buena noticia porque antes ascendía mucho más. No se le ocurre al hombre que cada vez hay menos de donde ascender. Además, da igual; la consigna es que estamos de recuperación. Seguro que está ya en esos argumentarios que elabora el PP para que sus militantes y defensores sepan qué decir. Lo que piensen importa una higa.

Consigna, pues: recuperación. La magia de los conjuros. Llega Mr. Gates y compra un mordisco de FCC, segundo solo al de las hermanas Koplowitz. O sea, Bienvenido Mr. Gates. Volvemos a Berlanga. Solo falta el blanco y negro y no se dude de que en él estaríamos si los colores pudieran privatizarse. No sé yo si es para estar contento. Parece que el país es una bicoca, un festín para los llamados fondos buitre y, sin duda, hienas y chacales. Recuperamos, pues, la mendicidad. Algo es algo. Lo explica muy bien siempre Montoro que es como Juan Crisóstomo, un pico de oro. La solución de España es la devaluación interna, esto es, se bajan los salarios (esos que hace dos días sunían moderadamente), se bajan los precios (las viviendas, los cines, por ejemplo) en una espiral negativa hacia lo hondo y acabamos convertidos en lo que Palinuro se atrevió a llamar (con escaso sentido de la corrección política), los chinos de Europa, sobre todo ahora, que los chinos de verdad (y, encima, comunistas) ya no se dejan robar y son una potencia. Devaluación interna. Ya lo avisaban algunos economistas al comienzo de la fase hispana de la crisis. Y eso, ¿cómo se hace? Con otro misterio: se consigue que el euro valga más en unos sitios que en otros. ¿Por qué? Porque depende de lo que haya que trabajar para conseguirlo o tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlo, como decía Marx. Pero da igual: señores, el empobrecimiento es la base de la recuperación.

Recuperación, trompetea a los cuatro vientos Cospedal, en lugar de dimitir. Se hace acompañar de un beatífico Juan Rosell, en clara demostración de que el PP es el partido de los trabajadores y, contundente como es, recién declarada "magnífica secretaria general" por Rajoy, explica que la fortuna de Bárcenas no tiene nada que ver con el PP. Seguro que la obtuvo jugando a las quinielas. Muy al estilo propio, además, afirma que el PSOE está hundiéndose mientras el PP remonta. Puestos a la recuperación ¿por qué no vamos a recuperar también los votos perdidos? ¿Acaso no ve la gente (porque oírlo, lo oye a todas horas) que estamos en plena recuperación?

Loco de alegría, Montoro afirma que ya estamos avistando el final del túnel, una expresión perfectamente inepta porque todo depende de a qué distancia esté ese final avistado. Si el túnel es recto podemos avistar el final al final de los tiempos. Si es curvo, puede estar a la vuelta misma. Da igual: estamos tocando la recuperación con la mano y si no se la ponemos encima la culpa será de Mas (sic). 

Así que Rubalcaba, indignado (nunca lo había visto tan indignado) pregunta de qué recuperación vamos a hablar a los pensionistas, los enfermos o los becarios. Y podría seguir con los jóvenes, las mujeres, los inmigrantes, los emigrantes, los funcionarios; en fin, todo dios excepto los banqueros, los grandes empresarios, los curas y los militantes del PP de cierto ringorrango. ¿Qué recuperación para el noventa y mucho por ciento de la gente?

Termino con una nota de incredulidad. ¿Cómo puede el presidente del gobierno ignorar al president de la Generalitat en la ceremonia del Mediterráneo del 5 + 5? ¿No sabe que en la comunidad autónoma catalana Mas es tan Estado como él? ¿Qué pretende? ¿Humillarlo? Nunca una causa tan ruin impulsó tan bombástico El Estado soy yo

(La imagen es una foto de Partido Popular de la Comunitat Valenciana, bajo licencia Creative Commons).

domingo, 20 de octubre de 2013

Segunda tanda de mentiras.


Va a ser cierto eso de que, acogotado por las deudas, producto de la mala gestión, El País se ha pasado al bando (o banda) del gobierno. Este pretende estar la segunda parte de la legislatura trompeteando sus éxitos, un mensaje optimista, la salida de la crisis, la recuperación y, en el horizonte, el pleno empleo y la vuelta de la bonanza. El caso es preparar psicológicamente a la población para ganar las elecciones europeas de 2014 y las generales de 2015, aunque sea a base de mentiras. Tampoco es táctica tan nueva. Quien ganó las legislativas de 2011 mintiendo y gobernó faltando a la verdad no verá gran inconveniente en concluir la legislatura y asegurarse nuevos triunfos electorales acumulando más embustes. Todo depende de que se consiga monopolizar los medios, manipular la información, censurar o acallar a los discrepantes. O sea, lo de siempre, mentir.

Para la operación, aparte de las mesnadas habituales de los medios de comunicación privados propicios (los públicos son ya un aparato de propaganda desvergonzada), el gobierno ha movilizado reservistas de solera. Ahí salió el otro día Botín, del brazo de Rato, hablando de un momento feliz y alabando la lluvia de oro que lo cubre como si fuera Dánae. El Príncipe Felipe encareció ante empresarios latinoamericanos que la economía española ha encontrado su camino, que no compromete a nada en concreto pero queda muy principesco y optimista. Optimismo es la consigna. Rajoy ha ido a contagiárselo a los mandatarios iberoamericanos en la XXIII Cumbre Iberoamericana, en Panamá. Pero solo lo habrá conseguido con los presidentes de Panamá (anfitrión), Costa Rica, México, Colombia, Paraguay, Dominicana y Portugal. Los demás, han hecho pellas y no se han presentado. ¿Se puede llamar Cumbre Iberoamericana un encuentro en el que faltan Nicaragua, Cuba, el Ecuador, Venezuela, el Perú, Bolivia, Uruguay, la Argentina, el Brasil y Chile? Por llamar, se le puede llamar lo que se quiera, pero resulta un poco ridículo. Más parece una reunión de amigos, una tertulia.  El mismo ridículo que rezuma la consigna de optimismo y recuperación a la que se ha sumado, según puede verse, El País, que emplea sin ambages la consigna del gobierno: recuperación. Su base es la subida de la bolsa, los 10.000 puntos del Ibex, la prima de riesgo, el aumento de la confianza de los inversores, la alegría de los mercados y otros datos financieros y subjetivos.

Merece la pena preguntarse qué se entienda por recuperación. El mismo periódico dice que los indicadores seguirán siendo negativos, que continuará destruyéndose empleo, bajando el consumo, aumentando el índice de morosidad. Al parecer, por recuperación debe entenderse no que estemos avistando magnitudes positivas, sino que esté ralentizándose la destrucción provocada por la crisis; es decir, que en realidad estamos avistando el fondo. No es igual. Es más, el periódico se matiza a sí mismo casi hasta contradecirse y habla de una recuperación en la que se mantendrán: 0% (crecimiento anémico), 25% (tasa de paro enorme), 50% (caída esperada de los precios inmobiliarios) y 100% (deuda pública con relación al PIB). La euforia en los mercados es solo el toque de gong que da inicio al primer asalto.

En estas circunstancias, eso del "primer asalto" suena bastante extraño y lo de "recuperación" más parece un insulto. Sobre todo teniendo en cuenta que las estadísticas sirven al gobierno para hacer lo que mejor sabe: mentir. Los 6.000.000 de parados son, en realidad, más de siete millones puesto que no se contabilizan las 700.000 personas que han emigrado en busca de trabajo y que aquí estarían paradas y los 500.000 desempleados más que la inenarrable ministra de Trabajo hace desaparecer manipulando los datos seguramente con la ayuda de la Virgen del Rocio, ahora que la jueza Alaya ha tenido a bien dejar prescribir unos presuntos delitos de sus familiares que podrían haberla alcanzado a ella.

¿Puede haber recuperación si no se restablece el nivel de vida de la inmensa mayoría de la población; si no se crea empleo? ¿Cabe hablar de recuperación -incluso de estabilización- cuando los gobiernos locales y autonómicos tienen que seguir recortando servicios sociales de todo tipo en 2014 por valor de 15.000 millones de euros? ¿Puede hablarse de salida de la crisis cuando el último BOE recoge más repagos farmacéuticos a enfermos crónicos y supresiones de servicios sanitarios o la enésima congelación de los sueldos de los funcionarios? ¿No suena a guasa? Todavía no hace una semana el Banco de España recomendaba seguir bajando los salarios y la patronal proponía abolir el salario mínimo. El FMI no auguraba nada bueno y decía que era preciso seguir reformando el mercado laboral y las pensiones, lo que ya se sabe qué quiere decir: más penurias, más estrecheces, más miserias, en medio de los aplausos de la prensa afín, incluido, según parece, El País.

Esta es la realidad tangible, palpable. El anuncio de la recuperación es una consigna electoral a uno y dos años vista, para ir preparando el camino con una buena máquina de embustes y de etéreas promesas. Porque el presente es el que es. Y dice lo contrario de la propaganda.

viernes, 18 de octubre de 2013

Risas, lágrimas y crujir de dientes.


Risas. Cospedal interpuso en febrero una demanda en defensa del derecho al honor contra Luis Bárcenas por sus acusaciones y contra El País por difundirlas. Bárcenas no podrá comparecer hoy en el juicio por encontrarse enjaulado en Soto del Real y habrá de declarar por vídeoconferencia, como si fuera Rajoy. La secretaria general, a quien, probablemente, parece de perlas que el ex-tesorero esté en la cárcel, sostiene que sus acusaciones son falsas y calumniosas pero ha tenido que tragarse ya a base de pruebas periciales que los papeles son genuinamente barcénigos. Y ahora se encuentra en una situación delicada, crítica, al no poder quitarse de encima así como así la acusación de haber recibido varias pastuquis por los más estrafalarios motivos. Y en esa situación se ha colocado ella sola, por su carácter intemperante y precipitado al ir a los tribunales a las primeras de cambio. Debería haber aprendido de la prudencia de Rajoy, quien no demanda, ni se querella, ni denuncia, ni las pía siquiera. Se limita a afirmar que es todo falso salvo alguna cosa y tira millas. Pero Cospedal es puro temperamento y eso le pierde. Es muy de ver con qué coraje y decisión ha dos años que pedía la restitución en sus cargos en el partido del injustamente acusado Bárcenas. Afirmaba, con esa seguridad algo avasalladora que la acusación contra Bárcenas era una trama de la Fiscalía y la Policía Judicial, movida por el PSOE al que también acusaba de haber implantado en España un "Estado policial". Es de risa, ¿no? Entre el Bárcenas víctima de los sociatas al Bárcenas delincuente (probablemente también en connivencia con los sociatas) ¿qué media? Pues simplemente que ahora se sabe lo que por entonces Cospedal, como secretaria general, no podía ignorar. ¿Qué crédito puede tener cuando asegura que no cobraba pastuqui en sobres?

Lágrimas. Cierra Fagor, abrumada por una deuda de 800 millones. Fagor, el buque insignia de la Cooperativa Mondragón, a su vez ejemplo de organización económica alternativa al capitalismo pero inserta en la lógica del mercado. Una esperanza convertida en realidad durante cincuenta años. Fagor tuvo ya un serio tropiezo hace un tiempo y recurrió a la caja de solidaridad de las otras empresas de la cooperativa. Hubo sus más y sus menos. Algunas se negaron a eso, a cooperar, pero la mayoría tiró de sus ahorros e inyectó una ayuda a Fagor que, como se ve, no ha servido de nada, de forma que la empresa ha cerrado en concurso de acreedores, a ver qué se salva de la quema. Y sobre todo, quién. La otrora reina de los electrodomésticos tenía unos 5.000 trabajadores, de los cuales unos 2.000 eran socios cooperativistas. Ahora, una de las cuestiones más angustiosas es exactamente en qué situación jurídica quedan los socios. La de los trabajadores está clara; la de los socios, no. Un motivo más de aflicción ante un hecho sumamente lamentable por cuanto parece sancionar la maldición de que en el seno del mercado no hay margen para finalidades redistributivas o igualitarias. Las cooperativas organizadas en la lógica del mercado se enfrentan a los fallos del mercado como cualquier empresa.

Crujir de dientes. Entrando en la segunda parte de la legislatura, el gobierno ha dado orden al aparato de propaganda de sembrar la idea de que la recuperación está en marcha. El ministerio de Economía augura sólida recuperación para 2015, año electoral, con los mismos datos con que augura todo lo demás. Más divertidamente convincente ha estado Botín quien, al parecer, encantado de tener a Rato a sus órdenes, ha tenido un ataque de Tío Gilito, cuando se baña en oro, exclamando que ¡llega dinero de todas partes! Rato sigue teniendo olfato. En esta orquesta faltaba el concertino y allá fue el príncipe Felipe a contar a los empresarios de las naciones hermanas, reunidos en Panamá, que la economía española está encontrando su camino y recuperando competitividad. No sé si a los empresarios extranjeros les interesa que la economía española sea competitiva; supongo que la preferirán no competitiva para vender ellos sus productos. No podemos estar en todo y el heredero del trono está haciendo su aprendizaje. Lo increíble es que estos mensajes de optimismo, alegría y buenos augurios se hacen en el momento en que el gobierno impone a los gobiernos municipales y autonómicos un recorte de 17.441 millones de euros para 2014. Un recorte, un tajo en servicios que prestan estas administraciones y son esenciales para los ciudadanos. A lo mejor hay salida de la crisis. Pero será con crujir de dientes.

sábado, 11 de mayo de 2013

Fracaso absoluto, total.


La semana pasada, con el paro disparado en 1.200.000 personas más y todos los indicadores por los suelos, el gobierno reconocía paladinamente el fracaso de sus políticas al admitir que concluiría la legislatura en 2015 con una tasa de desempleo superior a la que había heredado. La población será en conjunto más pobre de lo que era cuando Rajoy tomó posesión. El PIB cae más de lo que había caído antes. Un fracaso rotundo en el orden material, económico frente al cual el gobierno ha reaccionado como cabía esperar: negándolo. ¿Cómo puede negar lo que acaba de confesar? Muy sencillo, con la retórica estilo Báñez que el presidente maneja con igual soltura: es verdad que estamos mal, pero podíamos estar peor; es verdad que hay más de un millón de parados nuevos, pero podía haber dos millones; es verdad que aumenta el desempleo, pero lo hace con más lentitud. Todo esto es lo que el gobierno llama "signos esperanzadores". Unos signos que solo ve él.

Esta semana, además del fracaso material, económico, el gobierno ha encajado el fracaso ideológico, espiritual. En un solo día ha tenido que retirar los dos anteproyectos legislativos que iban a ser los pilares de la contrarrevolución: la ley de educación y la del aborto. Los ha retirado porque hasta él, con su talante autoritario, se ha dado cuenta de que levantan una fuerte oposición social mayoritaria. Ni sus propios votantes ni militantes están de acuerdo con esos dos ataques reaccionarios a los derechos de las gentes, el aborto por un lado y la educación por otro. Y lo mismo acabará pasando con la sanidad. La privatización es tan expolio que hasta puede no salir.

Es curioso que se hayan retirado los dos proyectos acariciados por dos de los ministros más reaccionarios y que muestran un rasgo en común: la altísima consideración en que se tienen a sí mismos, no compartida por nadie más. Dos sectarios altaneros que creen saberlo todo y los prejuicios no les dejan ver ni en dónde están. Sus compañeros de gobierno, más simples, tienen sin embargo más olfato político. Estos dos, con su soberbia y su pedantería, son dos verdaderos metepatas. La inauguración de Wert pidiendo españolizar a los niños catalanes ha hecho más por el soberanismo catalán que todas las esteladas juntas. Su idea de lo que deba ser la educación es perfectamente compatible con la que pueda tener Esperanza Aguirre, que no conocía los horarios laborales del profesorado al que gobernaba. 

Los espectáculos de Ruiz-Gallardón teorizando sobre la condición femenina y la esencia de la maternidad son cómicos y se convierten en hilarantes cuando el ministro -quien, al parecer, pasaba por ser persona equilibrada en no sé qué círculos- se empeña en justificar su legislación represiva con argumentos emancipadores poco menos que sacados de mayo del 68. No es cosa de cebarse con esta pareja de fatuos majaderos pero su caso sirve muy bien para entender la razón profunda de sus políticas. Si no se impide que la mayoría de la población disfrute de sus legítimos derechos, entre ellos, singularmente, la educación, acabará probándose que solo el dinero permite que individuos tan estúpidos como estos dos lleguen a alguna parte a extremo de amargar la vid a sus semejantes.

Porque el resto del gobierno, desde los aristócratas tipo Morenés hasta los plebeyos enriquecidos como Cañete o las tontas pijas estilo Mato, ya sabe que no pasa de ser un puñado de inútiles cuyo único mérito es haber sido muy amigos de Rajoy (quien tampoco se hace notar por la profundidad del concepto) y, en algunos casos, haber trincado los dineros que esta pandilla reparte entre los suyos para "compensarlos" por el ímprobo trabajo de hacer las cosas rematadamente mal. 

Fracaso en lo material, fracaso en lo ideológico y bajo sospecha de corrupción: ¿sirve para algo este gobierno?

(La imagen es una caricatura mía por el procedimiento de "animalización" a partir de una foto de La Moncloa en el dominio público).

viernes, 29 de marzo de 2013

El barco de los locos.

Espero no ser el único que sospecha que todos estos organismos, instituciones, fondos, gobernantes, gabinetes, políticos, asesores, consejeros no tienen ni idea de lo que no paran de hablar sin ponerse antes de acuerdo o, cuando menos, sin contrastar los datos, tan poseídos están de su razón. Así, un organismo vaticina la recuperación a la vuelta de la esquina y el otro dice que a la vuelta de la esquina hay más hundimiento y más quebranto general postergando la recuperación a un brumoso 2015. En cuanto a lo que propongan, no hay cuidado, no habrá discrepancia alguna: rebajar los salarios. Pero tiene gracia que eso proceda de presupuestos absolutamente contrarios y a los que, va de suyo, se ha llegado mediante cálculos objetivos, científicos.

Las distintas autoridades o analistas, en realidad, hablan con un criterio de probablidades en el que también juegan los intereses y los deseos. El gobierno anuncia un déficit y la Comisión europea lo corrige de inmediato al alza. El gobierno argumenta que la discrepancia se debe a un cambio en la metodología del cálculo de la Comisión y esta responde que no hay tal. Han pillado al gobierno haciendo trampa. Y no vale decir, como hace un portavoz del PP, que el criterio de cálculo del gobierno vale tanto como cualquier otro porque eso es ponerse gallito pero el que vale es el cualquier otro.

Pero no es solamente en estos casos especiales. En conjunto, el comportamiento del personal de la obra recuerda mucho el cuento del barco de los locos, el Narrenschiff, de Sebastian Brant porque, aunque la historia va loco por loco, obviamente, viajan todos en el mismo barco, más o menos como lo pinta el Bosco, aunque algo más numeroso. Pero todos locos, verdaderos orates.

¿Qué me dicen de esa señora profesora de Doctrina Social de la Iglesia en el CEU que afirma que de la violación se obtiene un bien, como es la bendición de un hijo? Es la misma que recomienda a las esposas amar al que las maltrata. Como ha habido un clamor de las redes, que son la plaza pública, la superioridad se ha visto obligada a hacer una declaración en la que declaran mucho pero aclaran poco pues se limitan a condenar las interpretaciones extremas de la doctrina. Y ahí está el quid de la cuestión, en si lo que dice la enseñante es una exageración o no. Puede que no, que sea la doctrina misma expresada con mayor realismo. Porque es la nave de los locos.

Supongo que hoy habrá imágenes de procesiones, de pasos del Santísimo de la Merced o la Virgen de los Dolores o los Hermanos penitenciarios. Veremos a los dirigentes ataviados para la ocasión para simbolizar la unidad de acción del poder político y el altar. Cuando veo a Cospedal con su peineta y mantilla, qué quieren ustedes, me recuerda esas imágenes de los jefes de tribus de la Polinesia en los documentales de los años treinta, tan graves, tan ceremoniosos. Y, detrás vienen los costaleros con los pasos y los encapachudos y, en algunos lugares, unos exaltados que van azotándose o arrastrando cadenas. Pura antropología cultural. .

Creo que la asociación de ateos había pedido permiso para una manifa atea para el jueves santo y que la autoridad lo denegó. A lo mejor fue por velar por su integridad física, porque, la verdad, esos que van por la calles con cirios encendidos y marcando el paso al redoble del tambor en marcha fúnebre no son muy de fiar.

El barco se ha animado mucho con la llegada del nuevo Papa, quien ha mostrado tener un sentido mediático muy superior a sus predecesores. Esa imagen del Sumo Pontífice besando los pies de un recluso menor de edad tiene su impacto. Y su comentario inmediato: este Papa viene a cambiar las cosas; a ver cuánto dura, etc. Curiosamente, la foto es tan reveladora por lo que muestra como por lo que oculta. En la que yo conozco el chaval no sale, ni siquiera borrándole el rostro. La historia, qué caramba, la hacen los papas, no los menores presos.

Es un momento tan válido como otro cualquiera para desencadenar la tercera guerra mundial, debe de pensar el líder supremo, camarada Kim Jong-un, tercero de la dinastía de Kim Jong. Y así puede ser. En un navío repleto de locos cualquier cosa es posible.En cuanto un hombre se siente miembro de una dinastía, entronca directamente con el sol y es capaz de cualquier locura.

miércoles, 11 de julio de 2012

Buscando la salida

Uno de los rasgos de las épocas convulsas o turbulentas es la proliferación de escritos de agitación, de polémica y debate directo, panfletos, opúsculos, manifiestos, muchos redactados a vuelapluma, al calor de los acontecimientos, otros más reposados, defendiendo puntos de vista muchas veces antagónicos. Son el reflejo escrito de las polémicas, las controversias, quizá los sobresaltos y las revoluciones que están teniendo lugar en las calles y a los cuales, algunos de ellos, también contribuyen por constituirse en proclamas, orientaciones para la acción; un anhelo que esta literatura comparte pero rara vez consigue. Casos como el escrito del Abate Siéyès, ¿Qué es el Tercer Estado? son excepcionales. Según parece, en los veinte años de la revolución inglesa del siglo XVII, que van desde la disolución real del "Parlamento corto" en 1640 hasta la restauración monárquica de 1660, se editaron más de veinte mil títulos de panfletos y manifiestos dando vueltas a los temas del momento: el derecho divino de los reyes, la supremacía del Parlamento, la iglesia de Inglaterra, los derechos individuales, las prerrogativas regias, la hacienda pública, el ejército permanente, el deber de obediencia/desobediencia, etc, etc. Algo parecido está pasando en España aunque en mucha menor medida pero no porque las aportaciones sean más escasas sino porque hay muchos medios para articularlas y el libro, el panfleto, el manifiesto solo es uno de ellos cuando antaño era el único. Es un poco tardía pues la avalancha ha llegado a raíz del ¡Indignaos!, de Stéphane Hessel, pero es como si el término hubiera resultado un conjuro. Hay ahora bastantes libros sobre los indignados y la indignación. Este mismo de Alberto Garzón ((2012) Esto tiene arreglo. Un economista indignado en el Congreso. Barcelona: Destino, 107 pp.) lo incorpora en el subtítulo.
Es el segundo texto que leo de Garzón pues antes había leído el libro sobre la crisis que publicó conjuntamente con Juan Torres López, su maestro, y Vicenç Navarro. También lo sigo bastante en Twitter, en donde tiene una presencia permanente. Aunque no lo conozco personalmente ya me suena muy familiar, casi como de casa. El libro está hecho, según él mismo avisa, a base de entradas de su blog Pijus Economicus porque, además de tuitero, el autor es un animoso bloguero, un ejemplo de ciberpolítico porque es diputado en el Congreso por Málaga. Este origen presta a la obra dos caracteres típicos de la blogosfera: es muy rápida, muy directa, muy clara, pero escasamente estructurada. El autor trata de darle una cohesión interna que no tiene, porque la única que podría darse es la que no se formula, aunque se mantiene latente en toda la obra: la visión marxista clásica y la propuesta de la socialización completa de los medios de producción. Sin duda se hace referencia a que existe una teoría económica marxista (de hecho es una de las tres corrientes que señala, la clásica, la keynesiana y la marxista), pero en ningún momento se afirma que sea la correcta o más acertada. 
Igualmente, al abordar la cuestión de cómo conseguiremos llegar a donde queremos ir, distingue tres posibilidades en la relación del Estado y el mercado que es la médula misma de la economía política y la política económica: el socialismo estatal, la socialdemocracria estatal y la economía social (pp. 84-86). Reconoce que la segunda cuenta con mayoría pero, si no he leído del todo mal, en cuanto a la primera, el socialismo estatal insinúa que, merced sobre todo a las nuevas tecnologías quizá podría ensayarse de nuevo. No me lo parece en absoluto; pero esta es quizá la nota más peculiar del libro, que está escrito desde una perspectiva no explícita. Hay dos modelos fracasados, el neoliberal (que provoca la crisis) y el socialdemócrata (que no puede contrarrestarla), pero no se formula claramente la tercera y solo se juega con ella como una hipótesis utópica.
El resto de la obra tiene momentos muy acertados y resulta premonitorio en otros. A veces es un poco prolija en lo pedagógico, como cuando se lanza a explicar la crisis de la deuda; pero eso probablemente sea de agradecer para un público lector más amplio. Coincido especialmente con esa idea de que lo que buscan las "soluciones" neoliberales de la crisis es la chinarización de España (p. 75). Efectivamente es como si la Unión Europea estuviera dibujando una nueva división internacional del trabajo, de forma que España debe ser país de servicios y de exportaciones baratas competitivas con las chinas.
El propósito final del autor de superar el capitalismo suena bien, hasta razonable, pero no se atisba cómo, ni el libro, a pesar de su título, propone algo específico. Se evidencia al final un intento de recomposición de un sujeto, una base social que, me da la impresión, el autor localiza en la clase, aunque admite que haya  quienes la residencien en la multitud o en la muchedumbre. En todo caso aquí no sobra nadie, hay que hacer una amalgama de todos los recursos, los sindicatos, los partidos, el 15-M. Sobre la compatibilidad entre los partidos y el 15-M queda algo por debatir pero no es el momento ahora. El hecho es que Garzón termina su alegato reconociendo la importancia de los factores de formación y comunicación (la hegemonía está ahí) y singularizando especialmente la función decisiva de la red. Así es. La revolución será digital o no será.

domingo, 24 de junio de 2012

El neoliberalismo y el socialismo se necesitan

Gran editorial de El País, titulado El deber de Rajoy. Esto del deber suena algo fuerte pero no lo será para quien, como el Presidente, se pasa la vida presumiendo de hacer los deberes. El número de la palabra no es mero accidente. El País habla en singular, del deber de cada cual en ejercicio de esa función de Catón el censor que se arrogan los medios. Rajoy habla en plural, de los deberes, en fiel reflejo de la imagen infantil que tiene de sí mismo y de los demás.
Las propuestas concretas del editorial suscitarán mayor o menor apoyo pero el mérito del escrito, a mi juicio, es bosquejar un plan de acción estratégica a medio plazo, a tres años bastante razonable. Solo le veo un inconveniente: la propuesta parte de suponer honradez, buena fe, sinceridad y juego limpio en el gobierno español. Y eso es mucho suponer. Hasta la fecha el gobierno del PP ha dado muestras de lo contrario; ha intentado engañar a la opinión presentando un rescate como una exitosa operación crediticia en condiciones muy favorables;  lo ha intentado con los socios extranjeros, jugando a no revelar datos o revelarlos contradictorios. Y ha conseguido exasperarlos con esa retranca de Rajoy de acordar algo con Merkel y decir luego lo contrario a los medios.
También confía la propuesta del editorial en la eficiencia del gobierno español y me temo que eso es como confiar en su veracidad. Pero no se deben cerrar puertas a la esperanza. Quien hasta ayer mintió, mañana puede arrancarse por verdaderas; quien gestionó ruinosamente puede hacerlo acertadamente. ¿Quién sabe?
Sin embargo, lo más interesante del editorial es el mensaje subyacente, no expreso, no resaltado, pero muy presente. La abundancia del término "plan" (cinco veces aparece la sospechosa palabreja, incluida la entradilla) da una pista: se está hablando, en realidad, de una economía planificada con planes trienales. No son forzosos, ya se sabe, sino indicativos; pero son planes.
Planes que suponen injerencias brutales del Estado en los mercados, justo la bestia negra del neoliberalismo. Sin embargo, la propuesta se hace con la finalidad de estabilizar los mercados para mantenerlos cumpliendo una función constructiva y no destructiva. El neoliberalismo más extremo tampoco admite esta disculpa. Los mercados concentran la sabiduría de la especie y si los mercados destruyen algo, será por el bien del conjunto y es preciso dejarlos.
El neoliberalismo dominante, sin embargo, no es el extremo, sino uno posibilista,  pactista pues es consciente de que, cuando el mercado, además de destruir, se autodestruye, la intervención del Estado es inevitable. Nueve de cada diez neoliberales quieren que los bancos se salven con dinero público y no quiebren libremente en aplicación de la ley de la oferta y la demanda. Es decir, el neoliberalismo tiene un componente socialista que solo suicidándose puede eliminar.
A su vez el socialismo reconoce en los mercados la función de previsión racional que realizan y adjudica al Estado una remedial, de asistencia para los fallos del mercado, sobre todo en lo que hace a los derechos de las personas a la educación, la vivienda o la salud. Pero no se le pasa ya por la cabeza abolir el mercado sin más, como hicieron los bolcheviques el siglo pasado. El mercado es el elemento neoliberal con el que el socialismo tiene que convivir. Como suele pasar, los contrarios excluyentes se necesitan porque, como dice el poeta, son complementarios.

martes, 29 de mayo de 2012

Los ladrones deben comparecer. Bankia: la estafa del siglo del PP.

(La primera y tercera imágenes son una foto de gobierno.edomex, y la segunda de Brocco Lee, ambas bajo licencia de Creative Commons).

La cerrada, numantina, negativa del PP a que los responsables de Bankia rindan cuentas del desastre que han ocasionado en el cuarto banco del país hace temer lo peor y, desde luego, autoriza a los atormentados ciudadanos a pensar lo que quieran tanto de los actos de los directivos como de sus protectores, amigos o aliados políticos. ¿Por qué negarse a una investigación que esclarezca los hechos? ¿Por qué bloquear las comparecencias? ¿Por qué impedir que se sepa la verdad de lo que ha pasado en los últimos diez años? ¿Por qué tapar, ocultar, encubrir hasta los mínimos detalles de una trayectoria que, siendo sin duda, desastrosa, también puede serlo delictiva?
¿Por qué va a ser? Porque en el PP hay muchos pringados en una gestión que más parece del crimen organizado que de un partido democrático. Una comisión de investigación podría hacer aflorar una cantidad de basura que quizá acabara con el gobierno de Rajoy y, desde luego, de Esperanza Aguirre. Porque así como el núcleo principal del latrocinio de la Gürtel se encuentra en Valencia, el de la gigantesca estafa de Bankia está en Madrid (sin descontar los resabios "gürtelianos" también en la capital) y en el hecho de que Caja Madrid fuera una entidad administrada durante años por las autoridades del PP, que se han valido de algunos representantes del PSOE e IU para callarles la boca con sueldos suculentos y hacer lo que les pareciera mejor para sus negocios, enjuagues y trapicheos.
Caja Madrid es la gran bomba fétida en la sentina de la derecha, el gran engaño, la gran estafa del siglo en la que el PP ha hecho lo que ha querido. Basta con una comparación: si, tras arruinar el banco es legal que un consejero arruinador se lleve 14 millones de euros de prima, ¿qué se habrán estado repartiendo en los negocios sucios, los trinques y los pelotazos?
Porque esta derecha española es de comunión diaria, de gritos cuartelarios que llaman patriotismo pero, en cuanto puede, roba todo lo que alcanza, desde activos financieros hasta las cucharillas de las fiestas. Si es legal llevarse 14 millones de euros por hundir un banco, ¿qué han hecho en lo ilegal que tan nerviosos están y no quieren que se sepa? ¿Desfalcos millonarios? ¿Información privilegiada? ¿Nepotismo, enfuchismo y clientelismo? ¿Financiación ilegal del partido? ¿Cohechos? ¿Malversaciones? ¿Apropiación indebida? ¿Falsificación de documentos? ¿Blanqueo de capitales? Probablemente todo eso y más.
La negativa del PP a la comparecencia parlamentaria de los responsables de este desaguisado es un intento de ocultar al pueblo español el alcance de un expolio organizado durante años por los dirigentes del PP en provecho propio y en serio quebranto de todos los ciudadanos. Es decir, un intento de volver a mentir y engañar a toda la ciudadanía igual que el del 11-M de 2004. Curiosamente está en el poder el de la "conviccion moral" de la autoría de ETA en 2004. Ya trae práctica. Lo sorprendente -muy desagradablemente sorprendente- es que esta vez parece estar ayudado por el PSOE que reacciona tarde y muy tibiamente a las exigencias de responsabilidades de la ciudadanía. Es verdad que también puede estar parcialmente pringado (no mucho, es de suponer) en esta bochornosa historia, pero eso no es óbice para que vaya en primera fila pidiendo investigación parlamentaria y judicial completas e inmediatas. Por el contrario, al parecer, Rubalcaba pretende expulsar de la Comisión Ejecutiva del PSOE a la militante socialista que filtró el desacuerdo interno a propósito de Bankia. El país entero debe ver y escuchar estos propósitos y hacerse su composición de lugar sobre el grado de implicación del PSOE en la tarea de poner al descubierto esta estafa al conjunto del país. Porque si la Comisión era a puerta cerrada, quien haya filtrado su contenido ha hecho mal; pero peor estaba haciendo la Comisión, ayudando a que se oculte una fechoría que carece de parangón en la historia de nuestro país. No sé si el PSOE recuperará el aprecio perdido de la ciudadanía (mañana Palinuro hablará de esto) pero, desde luego, este no es el camino.
Y, como parece que ya están todos en franca desbandada, ahuecando el ala por lo que pueda pasar, conviene ir echándoles el guante antes de que sea tarde. Por ello, buena iniciativa la de El Jueves de sacar un bando poniendo en busca y captura a los presuntos ladrones.
(La primera imagen es una foto de gobierno.edomex, y la segunda de Brocco Lee, ambas bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 17 de febrero de 2012

Armageddon en Europa.

Ahora, cuando parece que el PIB de los Estados Unidos vuelve a crecer y el país genera empleo, está ya claro que la crisis queda prácticamente circunscrita a Europa. Desde luego, es de una extraordinaria gravedad. Según dice Paul Krugman, más de lo que fue la gran depresión de 1929. Se refiere seguramente a los aspectos económicos porque en los políticos la de 1929 fue mucho peor. Trajo la inestabilidad a Europa, la polarización política, el auge de los totalitarismos, el nazismo y, a medio plazo, la guerra. Nada de eso está dándose ahora mismo. La razón probablemente reside en el Estado del bienestar, que actúa como un factor de integración y estabilización. No es difícil imaginar en dónde estaríamos si no existieran la seguridad social, las prestaciones por desempleo, los sistemas de pensiones. Por eso es tan absurdo, tan delirante , desmantelar el Estado del bienestar. El aviso lo tenemos estos días en las turbulencias en Grecia, cuyo rescate se parece más a una explosión controlada que a una operación de salvamento.

Y no es solamente Grecia. Cada vez que un gobierno acepta nuevas condiciones draconianas y castiga más a su población, los mercados lo premian con mayores y más furibundos ataques a su deuda. Es el caso de España. La drástica reforma laboral (que, en realidad, supone la supresión de los derechos de los trabajadores) y la reforma financiera, aprobada casi por unanimidad en el Parlamento, se han traducido en un batacazo bursátil y una escalada de la prima de riesgo. Por no mencionar las agencias de rating que se han lanzado como hienas a morder en las vacilantes calificaciones de entidades bancarias y comunidades autónomas. Que la deuda de la Generalitat esté al nivel del "bono basura" es una ruina y una bofetada a la autoestima catalana. Y ahora, la reducción del consumo en España (¿cómo vamos a consumir si no tenemos con qué?), amenaza con hundir al país de nuevo en la recesión de la que había salido renqueante.

En su segunda recesión en menos de tres años han entrado ya varios países europeos, entre ellos los muy prósperos de Alemania y Holanda. Resulta patente que las políticas neoliberales de carácter restrictivo a las que se aferra la canciller Merkel han sido un estrepitoso fracaso. Pero ¿qué posibilidades hay de que la política democristiana reconsidere su actitud y cambie de proceder? Probablemente ninguna. Alemania está en una posición de fuerza y dicta las condiciones que consolidan esa posición y debilitan las de todos los demás. Insaciable el capitalismo (especialmente el alemán) en su pretensión de aumentar sus beneficios y la tasa de explotación de todos los trabajadores europeos, da otra vuelta de tuerca y hace más verosímil una catástrofe europea, un Armageddon continental.

Porque la crisis no es solamente un asunto económico sino que, por ser Europa, tiene asimismo un aspecto político. Lo que está en juego es el mantenimiento de la Unión Europea. Mientras los factores económicos, la crisis de la deuda soberana, los desequilibrios macroeconómicos, sean determinantes, los procesos de adopción de decisiones tenderán a parecerse a los de un consejo de administración de una sociedad mercantil. Pero esos procesos no se pueden transferir a una organización política como la UE, basada en la ficción jurídica de la igualdad de sus miembros. No es pensable una Unión Europea (un ente en busca de una Constitución eficaz) desigual, en la que unos Estados estén sometidos políticamente a otros.

Grecia no es un país soberano y su gobierno no es autónomo. Y lo mismo puede pasar (si es que no está pasando ya, aunque de forma larvada) con otros países, entre ellos, esa gran nación que es España, al repetido decir de Rajoy. Esta dinámica destruirá la Unión Europea.

En Europa, la crisis económica es también una crisis política pero, así como no se imponen alternativas a la política económica neoliberal, tampoco parece haberlas frente al retroceso de Europa hacia el tradicional sistema de Estados mal avenidos. Por eso no parece haber otra esperanza a corto plazo si no que los socialistas ganen las próximas elecciones presidenciales en Francia y legislativas en Alemania. Y aun esto será insuficiente. La izquierda europea debe dar una respuesta continental a la crisis partiendo de que Europa es de hecho una federación. No hay salidas nacionales del embrollo y el empeño neoliberal por imponerlas ya ha fracasado. Es urgente una conferencia europea de partidos socialdemócratas que proponga una alternativa europea de izquierda a la crisis.

(La imagen es una foto de Gorgrave, bajo licencia de Creative Commons).

lunes, 23 de enero de 2012

Las aporías de la izquierda.



Viçenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa (2011) Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España, Madrid: Sequitur, 226 págs.

A poco de empezar a leer este libro me di cuenta de que la crítica me iba a ser muy difícil porque coincido plenamente con su contenido. Coincido con su punto de vista, las explicaciones que ofrece acerca de los problemas y las recetas que propone para salir de ellos. Así las cosas, pensé, si le hago una crítica, habrá de ser una autocrítica. Y efectivamente, de ese modo ha de entenderse esta recesión, como una autocrítica. No de Palinuro como autor de la obra con la que no tiene nada que ver sino de Palinuro como cofrade de la izquierda de la que esta obra es muy representantiva.
La autocrítica tiene la ventaja de que no es preciso andarse con paños calientes ni respetos convencionales. Tiene por otro lado la desventaja de que la izquierda, muy dada a la crítica a los demás, lleva mal la que se le hace a ella que suele atribuir a motivos inconfesables, clara manifestación de paranoia galopante.
El libro en cuestión está muy bien, es muy claro y consigue el objetivo que propone en el título de ofrecer alternativas a una situación de la que muchos dicen que no las tiene. Muestra el inconveniente de todos los libros colectivos, pues aunque los autores lo presentan como trabajo de conjunto, sin especificar autorías por capítulos, es evidente que se dan, son reconocibles y no evitan, aunque sí mitigan bastante, los inconvenientes de las obras colectivas de cierta falta de ilación, defectos de estructura de razonamiento, reiteraciones y discordancias.Vayamos ahora a la visión autocrítica de la izquierda. El libro se propone abordar dos cuestiones: una explicación de la actual crisis del capitalismo (con atención especial a España) y una enumeración de medidas concretas para resolverla. La primera crítica de fondo hace referencia al alcance teórico y las bases epistemológicas de la explicación de la crisis. Asunto interesante. La izquierda, en especial la de tradición marxista, creía tener una explicación científica del conjunto del capitalismo, una comprensión no puramente fenoménica sino esencial. El capitalismo era producto de un devenir histórico sometido a leyes objetivas y cognoscibles. Tenía un origen, desarrollo y final independientemente de los criterios de quienes los vivían. Y sería sustituido por otra cosa. Esa "otra cosa" era el modelo alternativo completo, entero que la izquierda postulaba.
La obra no encaja su explicación de la crisis actual del capitalismo en este marco teórico, ni la cuelga de una estructura conceptual más amplia, sino que se limita a ser una descripción de lo que sucede en la que la explicación no pasa de ser un análisis de causa-efecto tan problemático como los de los fenómenos más evidentes y menos abstractos. La izquierda no tiene una teoría general del capitalismo sino una particular sobre su gestión. Por eso el término "alternativa" del título no se refiere a la que pudiera proponerse como distinta del modo de producción sino a la diferente forma de gestionar una única realidad, la capitalista, carente de alternativa real y que, en el fondo, no se cuestiona. No cabe dar carácter de tal a la propuesta, frecuente en el libro, de que "otro mundo, otra economía" son posibles entre otras cosas porque esta afirmación carece de significado.
La izquierda trata de compensar esta carencia con un espíritu positivista en el que lo que se valora es el carácter científico de los enunciados. La explicación de la crisis del capitalismo implica el desenmascaramiento de las explicaciones ideológicas que los economistas e intelectuales neoliberales formulan para mantener el sistema de la explotación del hombre por el hombre. Quieren ser explicaciones científicas y se revisten de aparato matemático pero son puramente ideológicas.
Frente a ellas los autores elaboran un discurso crítico, con frecuentes apelaciones a la "evidencia empírica", base del razonamiento científico, pero que no se integra en un contexto teórico, en un conjunto sistemático, sino que tiene un carácter fragmentario. La praxis sin teoría es ciega. Por ello mismo su pretensión positivista a la certidumbre científica es tan verosímil como la de sus adversarios. Personalmente coincido con este punto de vista pero no se me oculta que se trata de una posición normativa de base ética, tan alejada de la ciencia que postula como la de los neoliberales. Es decir, otra ideología: la opuesta.
Esta discordancia de una izquierda positivista que quiere mantener el espíritu crítico recurriendo a una razón instrumental es el punto débil del razonamiento de la izquierda. Un punto débil que hace referencia a la legitimación del discurso. Porque ¿de qué otra forma cabe hoy legitimar un discurso si no es a través de la ciencia? Sin embargo, ¿cuál es la base real de nuestras propuestas de izquierda aparte de nuestra convicción de que son moralmente superiores? Por lo que se ve la experiencia y solo la experiencia. Pero la experiencia es esencialmente ambigua e interpretable y solo nos conduce al historicismo, un ámbito en el que todos los gatos son pardos.
De hecho el libro es una auténtica floresta de equívocos de este tipo. Por ejemplo, los autores dicen querer llegar a una economía "justa y eficiente", términos tan vagarosos que pueden significar cualquier cosa, incluso ser contradictorios. Recuérdese que no se trata del sentido de la justicia y la eficiencia del capitalismo frente a las de otro modo de producción sino de dos modos de gestionar el capitalismo. ¿Por qué nuestras propuestas han de ser mejores que las contrarias que, por supuesto, se formularán en términos axiológicos contrarios?
Las explicaciones de los autores en cuanto a la evolución del Estado del bienestar están en el mainstream hoy día cuestionado por el auge neoliberal. Curiosamente la mayor crítica que se hace a éste de que propone como solución justamente las medidas que provocaron la crisis se vuelve contra una izquierda neokeynesiana que igualmente propone como solución un retorno a políticas de estímulo, incremento de la demanda agregada, etc., que no supieron hacer frente a la ofensiva neoliberal.
Hay alguna crítica a los postulados neoliberales especialmente feliz, como la que contesta a la exigencia de aumento de competitividad diciendo que es maltusianamente imposible que todos seamos competitivos a la vez (p. 130). Pero algo así cabe también decir de las críticas que fían la recuperación al estímulo del mercado interno siendo así que ningún país concebido como un "Estado comercial cerrado" podrá prosperar.
Como suele suceder con el positivismo, los autores se piensan legitimados para, una vez soslayada la base sedicentemente científica, pasar a las recomendaciones normativas, algunas de las cuales son muy problemáticas. Por ejemplo, postulan para España un pacto nacional de rentas (p. 132) que reequilibre la proporción relativa de las rentas salariales con las del capital. Pero ¿desde dónde se propone ese plan? ¿Quién lo impondría? ¿Con qué apoyos?
El salto positivista del ser al deber ser lleva directamente a la utopía. Los autores, que no tienen especial simpatía por el pensamiento utópico, no se dejan enredar en él y se aferran a sus propuestas "concretas" que, obviamente, quieren prácticas y que, para mayor evidencia empírica han cuantificado: 115. La primera de estas medidas concretas da una idea de lo que aquí viene diciéndose: "Constitución de un gobierno mundial que permita compensar y reducir el poder de los grupos privados internacionales, así como facilitar la instauración de un mundo diferente" (el subrayado es mío). En realidad, las otras sobran.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Tiempos difíciles, duros, sombríos

Como es sabido, Carlyle bautizó la economía de ciencia triste (dismal science), nombre que reaparece cuando la realidad se vuelve sombría, cuando aumenta la pobreza, la miseria, cuando crecen las diferencias entre ricos y pobres y estos no ven fin a sus desgracias, ni salida a la situación. Pero no es la ciencia la triste sino la misma realidad que quiere retratar y explicar, pues obviamente es incapaz de mejorarla.

Todas las noticias, que son como enunciados definitorios de los distintos aspectos del mundo, trazan un cuadro siniestro de dificultades y estrecheces que, además, durarán años, según Angela Merkel. Los datos que hablan de deuda, déficit y ruina son incontrovertibles y sobre esa situación fatal sube al puente de mando de toda Europa la derecha con un programa último de desmantelamiento del Estado del bienestar.

Tras las duras medidas y recortes aplicados por CiU en Cataluña, vinieron ayer los del PP en Castilla-La Mancha, que no se quedan atrás y permiten calibrar el alcance de los que estará preparando Mariano Rajoy. El PSOE ya ha acusado a Cospedal de "dinamitar" el Estado del bienestar y los sindicatos anuncian acciones en la calle. Es decir, parece estar fraguándose una confrontación social. Pero ésta probablemente no será muy intensa por tres razones. La primera porque el PP llega con la legitimidad reforzada de la mayoría absoluta que le asegura la estabilidad parlamentaria pase lo que pase en la calle.

La segunda razón es que los datos, además de abrumadores, son objetivos. La situación es la que es: no hay dinero (en el mercado), no hay crédito, no se invierte, no aumenta el PIB (incluso quizá vuelva a retroceder), no se genera riqueza, no se pueden remediar las situaciones de carencia. Todo esto son hechos. Los hechos, claro, son susceptibles de interpretación pero, de momento, la única que se escucha y en la que se basan las medidas que están tomándose, tanto en España como en el resto de Europa, es la de la derecha neoliberal. Apenas hay interpretación alternativa, de izquierda.

Esa es la tercera razón. Es muy difícil que prosperen las movilizaciones extraparlamentarias cuando no están integradas en una teoría viable que dé una explicación de las circunstancias y muestre un proyecto de salida con un objetivo claramente expuesto. En la izquierda reina la confusión. Desde el momento en que no plantea la sustitución del modo de producción, del capitalismo, por otro, sus propuestas sólo pueden ser de reformas de aquel. Pero reformas son también las que hace la derecha, lo que quiere decir que el enfrentamiento entre ambas no es antagónico sino de matices. La dos, izquierda y derecha, plantean la salida de la crisis sin cambiar el modo de producción. No es suficiente acicate para mantener vivas las protestas callejeras y para que éstas tengan algún impacto en las medidas del gobierno.

En realidad, el movimiento 15-M es una especie de manifestación previa de esta situación. Su generalización apunta a la existencia de motivos para la protesta. Pero su inoperancia prueba que, si bien es relativamente fácil criticar lo existente, es mucho más complicado formular alternativas. Podría tratarse de tiempos de revolución. En verdad la palabra aparece de vez en cuando (por ejemplo, la spanish revolution), pero no encuentra revolucionarios que la invoquen ni gentes que la sigan.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

¡Viva Grecia!

No sé si después de tres años de crisis, recesiones, desempleo, burbujas, caos bursátiles, deudas, diferenciales, etc., queda alguien que entienda qué está pasando, si está pasando algo. Los periódicos se imprimen en tipos de letra crash del 29; los gobiernos hacen planes en los que no creen; los políticos celebran o aplazan cumbres que no sirven para nada y corren alocados haciendo profecías que se revelan falsas en horas; los economistas proponen recetas que los economistas rechazan; la gente lo pasa cada vez peor, atenazada por la inseguridad, el paro, los desahucios; los bancos piden -y obtienen- miles de millones para evitar la quiebra, mientras su directivos se enriquecen como si fueran el rey Midas.

Nadie tiene idea de qué sucede. Se habla de unos mercados, entes míticos e insaciables que arrollan y destruyen lo que encuentran a su paso, como un dios Moloch o un monstruoso Leviatán. Se los presenta como furias que se abaten sobre los infelices que hemos tenido la desfachatez de vivir por encima de nuestras posibilidades sin que nadie explique cuánto por encima y qué posibilidades eran aquellas. Al final, los más avisados susurran llenos de miedo que los mercados mandan sobre la política y eso es una catástrofe.

Sin embargo los mercados no existen; los que existen son los agentes que los mueven, unos puñados de inversores, especuladores, financieros, gentes sin escrúpulos que están haciendo fabulosas fortunas a costa de millones de personas. Algo inhumano, injusto, inmoral y posiblemente delictivo. ¿O no debieran comparecer ante los jueces esos directivos de bancos en quiebra rescatados con dineros públicos que se llevan sueldos y pensiones de millones de euros? Los beneficiarios de la crisis proceden de acuerdo con una antiquísima ley humana de tipo hobbesiano: siempre que amenaces a otro y el otro ceda no sólo ganas sino que estás en posición de fuerza para seguir amenazando y el otro seguirá cediendo hasta su completa aniquilación. Es el proceder del abusón, del matón que cada vez exige más, apremia más, más rápido, sin respirar, sin tiempo para pensar. Es la ley del más fuerte.

Pero ¿son los mercados los más fuertes? ¿Qué sucede si se les hace frente? ¿Si la política recupera su territorio? En la política, como en el arte de Cúchares, hay tres momentos a la hora de enfrentarse a un problema: parar, templar y mandar. Eso es lo que ha hecho Papandreu con su anuncio de referéndum en Grecia: empezar parando en seco la acometida de los mercados, el torbellino, la vorágine destructiva, el griterio, el alboroto, el "rápido", "rápido" dame todo lo que tengas. Pasmo general. Las bolsas, en picado, las primas de riesgo como cohetes hacia arriba, Italia a punto de que la fulmine el rayo y los relámpagos amenizando la noche de los banqueros franceses y alemanes, tan pillados en las turbulencias como los demás.

Los expertos, los responsables, los financieros, los políticos amenazan con lo peor a Grecia: si hay un referéndum las consecuencias pueden ser imprevisibles, como si la realidad impuesta a fuerza de trágalas fuera previsible; si Papandreu se sale con la suya será el caos, como si Atenas no viviera en él hace meses; si en el referéndum triunfa el "no", puede ser la crisis del euro, como si el euro no estuviera en crisis. Hasta uno de esos negocios de listos a las que llaman agencias de rating, Fitch, Fotch o Futch, se permite decir que quizá vaya Grecia a la quiebra cuando son ellos los que la han llevado ahí calificando sus bonos de "bonos basura". Eso sin contar con que una quita del 50 por ciento ya es una quiebra.

O sea, todas la amenazas están vacías porque ya se han cumplido y los matones no tienen nuevas pues no se puede exprimir más a Grecia. Papandreu ha recurrido al pueblo, ultima ratio democrática y legítima y los mercados tendrán que aguantarse y esperar. Es posible que no salga el referéndum porque el viernes el Primer Ministro pierda el voto de confianza en el Parlamento. Habrá mendas podridos de millones que quieran comprar votos de diputados del PASOK, al modo en que Berlusconi gana votaciones. Pero, aunque no le salga, la decisión política está tomada (incluso desactivando un hipotético golpe militar a base de susbtituir a toda la cúpula del ejército), el gobierno caerá y habrá que convocar elecciones anticipadas que, a los efectos, serán como un referéndum y el matonismo de los mercados se habrá detenido.

Los mercados pueden en este caso buscar otras víctimas, Italia y España, y proceder con ellas como han hecho con Grecia, en la esperanza de que los políticos españoles e italianos no tengan los arrestos de Papandreu. La presión sobre éste es ignominiosa. Sarkozy lo ha convocado a que se explique ante el G-20 igual que Carlos V convocó a Lutero ante la dieta de Worms y ojalá que con los mismos resultados. A partir de ahí, ¿cómo se impondrá la ortodoxia financiera a los levantiscos griegos? ¿Mandaremos los tanques? ¿Impondremos un bloqueo como en Cuba? Si Grecia pone en peligro el euro, España e Italia lo entierran. Y entonces nadie sabe qué pasará. Pero ¿lo sabemos ahora?

Tanto decir que la política debe recuperar la hegemonía y, cuando así sucede, cunde el pánico.

(La imagen es un cuadro de Delacroix titulado Grecia sobre las ruinas de Missolonghi, de 1826).

domingo, 30 de octubre de 2011

La banca siempre gana.

No se trata aquí de la banca en el sentido de los bancos, esas empresas dedicadas a comerciar con el dinero y cuyos dirigentes llevan años mostrando que no saben ni sumar excepto para llenarse los bolsillos. Esa banca a veces gana y a veces pierde. O perdía porque, al parecer, se ha abandonado la costumbre de dejar que los bancos quebraran cuando lo hacían mal. Existe la idea de que si los bancos quiebran el conjunto del sistema financiero se viene abajo y la sociedad se colapsa; o algo así. Es una previsión que puede ser cierta o no. Lo cierto es, sin embargo, que el no dejar que los bancos quiebren tampoco resuelve la situación sino que la agrava puesto que absorben ingentes recursos que la economía productiva necesita para funcionar y crear empleo. Los bancos ahora crean paro.

No, la banca que siempre gana es la de los casinos porque, salvo catástrofe, juega siempre contra todas las apuestas, compensa pérdidas y ganancias y, a largo plazo, gana. Es la estrategia de los que apuestan lo interesante porque ha de adoptarse con criterios racionales en un horizonte de incertidumbre. Por eso las apuestas de los principales candidatos en las elecciones del 20-N son distintas, contrarias incluso. Y es lógico porque son los dos extremos de un supuesto de teoría de juegos muy conocido: ¿qué preferimos, una probabilidad de 1/2 de ganar el doble de lo que apostemos u otra de 1/36 de multiplicar nuestra apuesta por 36? La solución, que no es matemática sino aproximativa, es decir que dependerá de lo que tengamos: si tenemos mucho, arriesgamos poco; si tenemos poco, arriesgamos mucho.

Rajoy tiene mucho, 15 puntos porcentuales de ventaja sobre Rubalcaba que le auguran una mayoría absoluta. Lo racional es arriesgar poco, apostar menos. Ausencia de ruedas de prensa y apenas un debate en televisión con el otro candidato del partido mayoritario. A los minoritarios, ignorarlos. El discurso del PP se refiere en exclusiva al PSOE, igual que el del PSOE sólo habla del PP. Los partidos minoritarios suelen en general atacar más al PSOE por aquello de que al perro flaco todo se le vuelven pulgas. Rajoy está para las grandes cuestiones de principio, España, la crisis, la nación, etc. El cotidiano bregar político se lo deja a sus capitanes que suelen precisar las palabras del jefe en tonos virulentos. Ayer en la manifa de la Asociación Voces contra el Terrorismo, Mayor Oreja, en un alarde de originalidad, reveló que la conferencia de paz de Donostia era resultado de un apaño entre ETA y el gobierno. Sus huestes pedían la cárcel para Rubalcaba, también una sorpresa.

Rubalcaba no tiene casi nada. Va quince puntos por detrás del carro del vencedor y su innegable fuerza de voluntad y don de la ubicuidad, pues está en todas partes, no le han permitido acortar distancias. Es lógico que apueste mucho pues tiene que dar un salto grande. Apostar mucho en política es hablar claramente y comprometerse y, además, llevar el debate al terreno de sus méritos. Tomar la iniciativa del discurso y no amilanarse. Suele decirse que los cinco millones de parados han anulado el efecto del fin de ETA y que, además, ese fin ya lo daba la gente por descontado desde el momento en que la preocupación por el terrorismo había descendido a los últimos lugares de la clasificación del CIS desde hacía meses. El asunto de ETA es agua pasada.

Entonces, ¿por qué convocar la consabida multitudinaria manifa en nombre de las víctimas protestando por lo que se presenta como una rendición del gobierno ante ETA? ¿No será que, efectivamente, el fin de ETA cuenta? ¿Y que se lo apunta el exministro Rubalcaba? En todo caso la presencia de políticos del PP en la manifa de la AVT permite predecir una política de confrontación con los independentistas vascos, a quienes los manifestantes equiparan con ETA sin más circunloquios. El ministro que ha acabado con ETA tiene una apuesta muy alta que hacer, pidiendo el voto para gestionar ese final e integrar a los nacionalistas más radicales en el sistema democrático que es lo que se propone hacer Amaiur.

Es hegemónica la idea de que el electorado se regirá por consideraciones económicas, el paro y la crisis, lo cual también es muy razonable porque ésta es agobiante. Ahí de nuevo las apuestas siguen el mismo patrón: Rajoy no aventura, no arriesga, no dice qué hará, no hace propuestas concretas. A Rubalcaba, en cambio, no le queda más remedio que arriesgar, esto es, hacer propuestas concretas y que se distancien de las medidas de su propio gobierno hasta ahora, que no parecen aportar soluciones. Por eso ha comenzado a entonar un aire keynesiano mezclado con el rigor en las reformas y los recortes. Ha empezado a invocar medidas de estímulo de la demanda. Lo que corresponde ahora es especificarlas, exponerlas con claridad: aumentar las obras públicas (y, por tanto el gasto público) financiando la medida con un impuesto extraordinario sobre las grandes fortunas, la tasa a la banca, etc. Junto a los estímulos, las medidas que den seguridad, como la dación en pago.

Al fin y al cabo, se apliquen unas medidas o se apliquen otras, la banca siempre gana

(La imagen es una foto de Fartese, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 20 de octubre de 2011

¿Puede la política?

Magnífica iniciativa la de la Fundación Ideas de celebrar la III Conferencia Progreso global en Madrid. Dicen los participantes que la política, si quiere, puede. Es verdad. Pero no es toda la verdad. Porque, ¿de qué política se habla? Si es la política habitual, la interna, la de los Estados más o menos nacionales, la afirmación no es cierta. En un mundo globalizado, con una crisis global, los Estados han perdido capacidad de maniobra, autonomía, soberanía. La política nacional/estatal no puede. Ni siquiera puede la política regional. La advertencia de Angela Merkel de que si cae el euro, cae la UE no es solamente la habitual agorería de esta doña Virtudes, sino una probabilidad desagradable. La crisis no es estatal y tampoco es europea; es global.

Por eso tiene importancia que esta conferencia haya reunido a políticos progresistas de varios continentes. Que haya sido global y progresista y no, como suele suceder, global y neoliberal. El mundo tiene que ver que hay un programa socialdemócrata concreto para vencer la crisis. No ayuda mucho el que casi todos los políticos que participan estén en la oposición y, por tanto, carezcan de posibilidades reales de aplicar en sus países las recomendaciones que hagan en la conferencia, aunque esta situación puede cambiar y, de hecho, está cambiando.

Lo esencial es que esas recomendaciones se hagan, que ese programa tome cuerpo. Entonces la política, llegado el momento, sí podrá. Pero, para que esto suceda, es preciso que las medidas propugnadas sean claras y factibles y las conclusiones que presente Rubalcaba en la clausura también lo sean y no se limiten a consideraciones generales del tipo de "establecer un nuevo liderazgo que sea capaz de construir y promover un futuro progresista, sin dejar a un lado los principales éxitos del pasado".¡Oh, dioses, ya está aquí la "construcción del futuro", como si fuera un chalet! Eso es lenguaje del G-20.

Los líderes progresistas mundiales deben ofrecer una refundación del capitalismo, como la que invocó Sarkozy hace dos o tres años sin la menor intención de acometerla. Refundación del capitalismo con medidas concretas que los socialdemócratas deben acordar: eliminación de los paraísos fiscales, regulación del capital financiero con prohibición de las prácticas fraudulentas como las ventas a corto, establecimiento de una tasa Tobin que los bancos no puedan repercutir en los sufridos depositarios, revitalización del comercio mundial, eliminación de proteccionismos, políticas de crecimiento de corte keynesiano hasta donde sea posible (tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario), prioridad a inversiones en industrias medioambientales y energías alternativas, aumento y mejora de la ayuda al desarrollo, drástica reducción de los gastos militares y, en Europa, más unidad, política fiscal única, bonos europeos y establecimiento de un gobierno económico de la Unión.

Esas medidas no son viables en los marcos estatales. Sólo lo son globalmente. Y eso es lo que Rubalcaba debe evidenciar en las conclusiones. Es una ocasión de oro para que el candidato complete su imagen de político capaz en la arena doméstica con una proyección internacional. Pero que no salga hablando de "construir el futuro", de la "generación del milenio" y otras sinsorgadas de este jaez, sino de lo que todos estamos deseando escuchar: que se va a acabar con el latrocinio, que se va a embridar la codicia de los opulentos, que se va a fomentar el comercio y el crecimiento y se va ayudar a quienes lo necesitan.

Obsérvese que la otra parte no pierde el tiempo con fórmulas vagarosas, sino que va derecha a lo que le interesa. Los empresarios no piden "construir el futuro" (y muchos son inmobiliarios) sino rebajar la indemnización por despido. Estos lo tienen claro. Igual de claro han de tenerlo los progresistas. Llevamos más de tres años intentando salir de la crisis por la puerta falsa. Muéstrese la verdadera.