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viernes, 6 de enero de 2017

Sigue el diálogo

¿Por qué ordena la fiscalía a los mossos que hagan lo que tienen que hacer? Vigilar los delitos, impedirlos, denunciarlos, perseguirlos. Se trata de la función de los mossos. ¿Es que no la hacían? No debía de ser el caso puesto que la policía autonómica ya había mandado a la Audiencia Nacional un informe documentando 24 casos de delitos de este tipo. Prueba de estaba trabajando a pleno rendimiento. Más parece que el recordatorio de la fiscalía tiene una funcionalidad intimidatoria o amenazadora. Al hacer pública la advertencia de que los guardias estén atentos a la comisión del menor delito, a fin de reprimirlo, lo que se pretende es que sea de conocimiento general la plena disposición de las autoridades a reprimir cualquier conato de sedición o rebeldía. En el fondo, una amenaza del nacionalismo español al catalán.

Otra cosa es que se tipifiquen como delito los "ultrajes" a la corona. Eso sedicentes "ultrajes"no se refieren solo a la corona sino a prácticamente todo el orden político, desde la Constitución al ejército. En realidad, fue a causa de este último cuando se crearon estos delitos tan subjetivos como arbitrarios de los ultrajes e injurias a símbolos, objetos, entes, en la Ley de Jurisdicciones de 1906, aquella vergüenza por el que el Estado alfonsino se sometía a la arbitrariedad cuartelera. La República, con gran tino, la derogó; pero Franco, siempre dispuesto mostrar su faz de dictador, la incorporó a su legislación de seguridad, de delitos contra el ejército y al Código Penal.

Y ahí sigue. Dentro de poco veremos más acciones de desobediencia civil en Cataluña, muchas de las cuales podrán interpretarse como intolerables ultrajes a la corona o a la Constitución y así lo harán los segmentos más profranquistas de la judicatura, como ya está sucediendo. Admitir que un "ultraje" a la corona, a la Constitución, a la casa real sea un delito, cuando es materialmente imposible delimitar objetivamente el alcance del ultraje es abrir las puertas de par en par a la censura, a la represión a la negación de libertad de expresión. Se trata de algo a lo que este gobierno neofranquista es muy proclive, como se muestra por el hecho de haber aprobado una norma tan represiva, dictatorial y odiosa como la ley mordaza, por la que se pretende yugular todo atisbo de debate público.

jueves, 13 de octubre de 2016

El desfile de la discordia

Con motivo del 12 de octubre, día nacional por ley de siete de octubre de 1987, o sea, ayer, las autoridades españolas montaron el habitual espectáculo de nostalgias imperiales y afirmación patriótica. Como siempre que salen los símbolos a relucir, hay bronca de todo tipo. Se hace el 12 de octubre, día del Pilar y "encuentro" de América. Pero de América no se habla porque los ecos de genocidio que llegan del otro lado saben a cicuta. Se habla, sí de la nación española, cuya fiesta tiene 20 años de tradición. Veinte años para una nación que dice originarse hace 2.000 o, por lo bajo, 500 suena raro. 

Parece mentira pero este lío lo había organizado mejor Franco que es de quien, en realidad, se ha heredado esta fórmula sincrética del 12 de actubre nacional. Franco lo había dividido en dos: el día de la Hispanidad, el 12 de octubre y el día de la Victoria, el 18 de julio, que es el equivalente al nacional por entonces porque la Victoria había reconquistado la nación. Y se celebraba con un desfile militar, como correspondía a una dictadura que se había originado en una victoria en la guerra y se mantenía gracias al ejército. A su vez, Franco, había heredado el 12 de octubre como "día de la Raza", cual sigue celebrándose en varios países americanos. Así había rebautizado Alfonso XIII el día de la Hispanidad. Ya se sabe que los términos "raza" e "Hispanidad" han tenido significados distintos. Pero eso es indiferente. Lo curioso es que nunca había habido "día nacional", igual que no hubo hasta muy recientemente, monumento al soldado desconocido y me parece recordar, sin estar seguro, de que la hoy existente se reduce al soldado desconocido de las guerras del África.

La identificación del 12 de octubre con la nación española es bienintencionada. Corresponde al ánimo de aquellos "jóvenes nacionalistas", como llamaba la prensa gringa a los socialistas en los años ochenta. Los mismos que, dando muestras de su progresismo, instituyeron el día del debate parlamentario sobre el estado de la Nación, una mezcla explosiva en estos pagos. La nación es, claro, la española lo cual explica la habitual ausencia de catalanes, vascos y nacionalistas gallegos, que no vienen a bailar al son del pandero hispano. Se consideran naciones a sí mismas. En sus territorios se conoce este debate como debate de política general. Pues la nación española les niega el carácter nacional, ellas se lo niegan a su vez a la española. Y la discordia no solo es inter-naciones sino tambien intra-nación. Pablo Iglesias, el único dirigente que ha tenido el arrojo de no asistir a este coñazo de desfile (apud Rajoy), cuestiona no la nación española sino su forma de entenderla de raíz. 

Como se ve, el asunto es el habitual embrollo de esa cuestión esencial del ser de España, asunto que envenena la vida pública española. Por lo demás, que se celebre con el anacronismo de un desfile militar que ya no se sabe a qué gesta se refiere y que ese espectáculo cueste casi un millón € en un país con un salario mínimo de 655,20 € tiñe todo el asunto con el resplandor de los fuegos fatuos.

sábado, 16 de julio de 2016

Tejerülü

Andaban ayer los todólogos en las tertulias luciendo sus profundos conocimientos sobre Turquía que, en algún caso, se remontaban a los tiempos de la Sublime Puerta. Lástima que la realidad de la era digital, en la que las cosas se saben antes de que ocurran, se encargara de dejarlos sin objeto de lucimiento.

Un golpe de Estado que ha fracasado en horas, un golpe confuso, del que muchos no sabían qué opinar porque si malo por involucionista es Erdogan, peores han de ser unos militares montados en sus carros de combate que ni siquiera parecían saber a dónde dirigirse, qué tenían que ocupar y a quién neutralizar. Alguien salió recordando que el ejército es la columna vertebral del laicismo de la vieja "joven Turquía" de Kemal Ataturk. Un ejército proclive a intervenir en política con fórmulas imaginativas. Hace unos años dio un golpe de Estado blando y ahora, parece haber querido darlo breve si las noticias sobre su fracaso estilo Tejero se confirman.

Al margen de las cuestiones bélicas en Oriente Medio y del conflicto kurdo, Turquía tiene un posible impacto desestabilizador en tres círculos distintos. Es un país de la OTAN, es pretendiende a la UE, con la que ha firmado un acuerdo sobre refugiados que solivianta los ánimos de la gente de bien y mantiene vivo el contencioso de Chipre con Grecia. Un golpe de Estado en Turquía es una piedra en el estanque europeo.

Añádase que, detrás de los supuestos militares laicistas, parece haber un clérigo integrista. Si esto es así y el golpe en verdad ha fracasado por la resistencia popular en la calle, hay esperanzas.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Destituir a un general.


El episodio es conocido: Podemos ficha a un general exjefe del Estado Mayor para que vaya de segundo en su lista de Zaragoza. La noticia tiene muchas vertientes y ya cuenta con abundantes comentaristas entre los que destacan los virtuosos indignados, como es habitual en el país. Unos cargan contra Podemos por incluir entre los suyos a un general, firme partidario de la OTAN; otros la toman con el general por ir en la lista de unos zarrapastrosos, enemigos de España. Y los hay que critican a los dos por estos o similares motivos.

Sea como sea, desde el punto de vista de la precampaña electoral, el fichaje ha sido un acierto porque ha tenido amplia repercusión en los medios y ha obligado a otros actores políticos a pronunciarse, en especial, al gobierno que, con una velocidad insólita, ha destituido y expulsado del ejército al militar.

Este último acto es el que Palinuro desea comentar. No en cuanto a la oportunidad o legalidad o pertinencia del cese fulminante sino en cuanto a su sentido profundo, muy revelador de una mentalidad. La mentalidad que traslucen las palabras del ministro de Exteriores quien, quizá por su talante más tosco, dice lo que piensa: "No parece razonable que un general fiche por Podemos".

¿Por qué no? Muy sencillo, porque los militares tienen expresamente prohibido el estar afiliado o colaborar en ningún tipo de organización política o sindical, asistir a sus reuniones ni expresar públicamente opiniones sobre ellas, por el artículo 182 de la Ley 85/1978, de 28 de diciembre, de Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas, declarado vigente por la posterior Ley 39/2007, de 19 de noviembre, de la carrera militar. Diáfano. Pero la cuestión no es esa puesto que, sabedor el general de que se situaba fuera de la ley, ya había pedido el cese voluntariamente.

La cuestión está en las palabras del ministro que, como los peces, muere por la boca. Porque lo no razonable o irrazonable no parece ser que el militar fiche por un partido político, sino que lo haga por Podemos.

De nuevo: ¿por qué no? Podemos es un partido legal, amparado por la ley. Cualquiera puede militar en él si es admitido y, si los militares pudieran afiliarse a partidos, tanto podrían a Podemos como al PP. ¿Por qué no a Podemos? Es interesante observar, además, que el discurso de Podemos tiene un elemento patriótico, supuestamente genuino y popular, al estilo bolivariano, en el que el fichaje del milico encaja de maravilla.

Pues precisamente por eso. La derecha española más tradicional y reaccionaria -de la que el ministro es muestra de feria- considera que el país es suyo, de su propiedad. Como suyos son la Hacienda que lo financia, le Iglesia que lo bendice, la Justicia que lo ampara y el Ejército que lo defiende. Es el principio HIJE que voy a patentar como nombre para la conversión del país en un cortijo propiedad de la derecha. Esta controla de mil maneras a los inspectores de hacienda, los curas, los jueces y los militares, así como muchos otros estamentos. Podemos, por muy partido legal que sea, no entra en el contubernio y es una amenaza a la continuidad de esa posesión e instrumentalización de España y sus instituciones al servicio de la oligarquía. Podemos está fuera y, según la mentalidad paranoica de la derecha, es enemigo de España porque todo lo que no sea nacionalcatolicismo es anatema y animadversión a la Patria. Un general fichando a favor de los enemigos de España, en efecto, no sería razonable. Al no ser tal el caso y alentar en Podemos un patriotismo de otro tipo pero tan patriotismo como el del ministro, lo que no es razonable es que un personaje como Margallo sea ministro de nada. 

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Soldados, clérigos y veedores.


La cuestión catalana ocupa hoy el primer plano de la actualidad. Los dirigentes políticos pasan media vida haciendo precampaña en Cataluña y dentro de poco pasarán la otra media haciendo campaña. Las portadas de los periódicos son monotemáticas, amenazando al Principado con los fuegos del infierno o con la evasión de capitales, según sean medios reaccionarios o progresistas. Las televisiones y las radios no paran de entrevistar a nacionalistas, sobre todo españoles, y de tertuliar con contertulios de la misma querencia. Solo se habla de Cataluña.

Quién iba a decirlo cuando hace tres años, Rajoy calificaba de algarabía la Diada de 2012 y los debates versaban sobre el régimen del 78, la crisis, la corrupción. Hasta de Grecia había tiempo de hablar. Ahora todo es el debate secesionismo/unionismo.

Los soldados. Las declaraciones del ministro de Defensa, Morenés, de que el Ejército no intervendrá en Cataluña si “todo el mundo cumple con su deber” han soliviantado los ánimos nacionalistas. Seguramente, la reacción le parecerá desmesurada a este aristócrata; digna de plebeyos. Y a primera vista tiene razón, pero no a segunda. El hombre contesta a una pregunta directa sobre cuál sería la reacción de las FFAA en caso de una DUI. Si todo el mundo cumple con su deber, etc. No va a quedarse callado. Dice, pues, lo que parece de Perogrullo: si no hay razón, el ejército no interviene. Pero, ¿quién decide si hay o no razón? Su respuesta tuvo que ser: en caso de DUI, las FFAA harán lo que diga el gobierno, pues están a sus órdenes. Pero no lo dice porque tiene una mentalidad militarista, como todos estos franquistas confesos, inconfesos y hasta apóstatas del gobierno. Ya sabemos, pues, que el ejército puede decidir por su cuenta. No está mal para una democracia consolidada.

Los clérigos. Apenas se oye hoy hablar de las dos monjas que se implicaron en el proceso: Forcades y Caram. Supongo que el Vaticano habrá ordenado bajarles el tono. El conjunto del clero y la Iglesia como jerarquía están callados. Sin duda, muchos párrocos y curas de aldea son independentistas. También se acercan los benedictinos de Montserrat, aunque de estos ya se sabe que son siempre la avanzadilla de la rebeldía. Otros, en cambio, son cerradamente unionistas. El párroco de Argentona, pedía ayer en un sermón que no se vote a partidos independentistas porque propugnan el aborto, entre otras monstruosidades. Algún que otro clérigo, en concreto un polaco, considera que la posición cerradamente unionista de la Conferencia Episcopal Española es inmoral. Será inmoral, pero es. Los obispos españoles no quieren oír hablar de separación de sus diócesis catalanas. Presididos hasta hace unos meses por Rouco Varela, un integrista nacionalcatólico de la más rancia estirpe, han dejado claro su acendrado nacionalismo y prefieren que no se hable demasiado del asunto. Saben que el Vaticano es una empresa de dos mil años que se ha mantenido gracias a su refinada diplomacia. Si, en algún momento el reconocer la independencia de Cataluña reporta beneficios, Cataluña será reconocida y los obispos españoles refunfuñarán pero se callarán. No obstante, queda algún tiempo hasta tal situación. Mientras tanto, aunque son contrarios a la secesión, también se callan.

Los veedores. O encargados de la tercera vía. Es población civil que ahora se organiza en una plataforma social no partidista con ánimo de promover una salida negociada al conflicto, pilotada por ellos con sus propuestas. Entusiastas se han sumado cinco secretarios generales del PSOE, González, Almunia, Zapatero, Rubalcaba y Sánchez, con dos expresidentes del gobierno y uno que quiere serlo, presidente, claro; no ex. Este grupo incluye asimismo a los de Catalunya sí que es pot, esto es, Podemos y sus compañeros de viaje. No en su forma pero sí en cuanto a sus objetivos. Todo son fórmulas de tercera vía. 

El argumento de la tercera vía tiene la fuerza del realismo y la experiencia. Supone que, en todo conflicto polarizado, la mayoría se inclina por el centro, el pacto, la negociación, la componenda porque los extremos asustan. Seguramente será así, pero con una condición: que quienes deciden tengan claro qué proponen los dos extremos y los del medio o la tercera vía. Y ahí reside el problema, en que la tercera vía no está definida. Los cinco veedores del PSOE no han pasado de invocar un vagaroso federalismo mucho menos preciso que la Icaria de Cabet. Los del proceso constituyente de Podemos, hacen depender su posición en asuntos catalanes de una inverosímil reforma de la Constitución española. En ambos casos alambicadas construcciones envueltas en brumas.

Enfrentados a tres opciones, un claro y rotundo "sí", un claro y rotundo "no" y una tercera opción, confusa e imprecisa, lo más probable es que los votantes se decanten por las dos primeras con un cálculo de costes-beneficios muy fácil de entender: si ganamos, ganamos; y, si no ganamos y hay que negociar, mejor hacerlo en una posición de fuerza. 

O sea que, si los soldados no hacen falta y los clérigos están callados, los veedores no ven gran cosa.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Toque de atención.


¡Qué antiguo suena todo y qué típico! Ya están los espadones haciéndose oír. Pero no a la antigua usanza, con el cornetín de órdenes y la consigna del día. Ahora lo hacen de un modo infinitamente más peligroso: con razones. El Jefe del Estado Mayor del Eército (JEME), general Jaime Domínguez Buj ha hecho unas declaraciones que han levantado una polvareda de tuaregs entre los políticos y, supongo, sus coros tertuliescos.
 
 El PSOE quiere que esas declaraciones "se rectifiquen"; el PP las ve "difíciles de comprender"; a IU le parecen una "barbaridad" que "aviva el fuego"; ICV, que "son más propias de la legión que del XXI", como si la Legión fuera los Tercios de Flandes y no del siglo XXI, habiendo desfilado hace escasas fechas con su aguerrida cabra. No quiero ni imaginar lo que dirán los nacionalistas gallegos, vascos y catalanes. Ni los intelectuales que creyeron haber "nivelado" España con la Transición.

Pues ¿qué? ¿Qué ha dicho el general? ¿Santiago y cierra España? ¿Por Dios, por la Patria y el Rey? ¿Viva España con honra? ¿Viva la muerte? ¿Arriba España? ¿Todo por la Patria? ¿Se sienten, coño? ¿O no ha dicho nada y se ha limitado a berrear subido a un caballo?

Nada de eso. Todo lo contrario. Un señor pulcro, bien uniformado, ha expuesto con mesura y tino una serie de juicios y consideraciones del presente y del pasado sumamente puestas en razón. Y lo ha hecho no en el patio de armas de un cuartel, sino ante un selecto auditorio en un desayuno convocado por un Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior, un organismo de tinte conservador, pero civil, que no tiene su página web muy actualizada, pues no se refiere al desayuno concreto aquí en consideración. Un desayuno no es un seminario de máster, desde luego, pero tampoco es un acuartelamiento de las afueras.

¿Y qué ha dicho el general que ha soliviantado al personal? Cosas que cualquier persona sensata, leída, aficionada a las citas cultas, los conocimientos históricos y la reflexión sobre el ser de España entiende a la primera: que le duele España por la corrupción y el separatismo catalán; que este, el separatismo, se da siempre que el poder central se debilita; que eso pasó en 1808 en la guerra contra el francés y se perdió el Spanish Main; en 1898 y por eso volaron Cuba, Puerto Rico y ls Filipinas. Aquí parece haber un punto de discrepancia: la prensa habla de 1898 y el general responde que se refería a 1808, como si de 1898 no pudiera hablarse. ¿Por qué? Porque de Cataloniae fabula narratur. Ahí está el delicado busilis del asunto, lo que pone de los nervios a los políticos españoles. Cataluña.

A más mesura y discreción ha dicho que las Fuerzas Armadas "no son garantes de nada", sino meros instrumentos del gobierno para hacer cumplir la ley y la Constitución. Me temo, mi general, que yerra usted. En su artículo 8,1 la CE determina que las Fuerzas Armadas "tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional". Otra cosa es que ese artículo, como otros en la Constitución, sea un dislate. Por eso hace usted bien en señalar que están estrictamente a lo que el gobierno mande.

Corona usted su desmesura diciendo que no cree que la cuestión catalana pueda resolverse por la fuerza o mediante los tribunales, sino que es precisa la política. Exactamente lo que lleva todo el mundo dos años diciéndole a Rajoy, como quien habla a un adoquín. Que haga política, pues es político y para eso le pagamos. Sin contar los sobresueldos, añade Palinuro desde el fondo. El presidente del gobierno dice no ser fiscal ni juez, pero su gobierno y él por tanto azuzan a la Fiscalía para que organice un desaguisado en Cataluña. Eso se llama hipocresía y a los hipócritas les irrita sobremanera que les descubran sus vergüenzas.

No se trata de si los militares tienen o no razón. Se trata de que el Ejército no puede hablar de cuestiones que no le competen. Es tan absurdo que dan ganas de llorar. Los militares no pueden hablar; pero ya lo han hecho. Los catalanes no pueden votar; pero ya lo han hecho. A esto es a lo que el JEME debe de llamar "debilidad del Estado". ¿Sí? Pues se va a enterar el milico. Va a caerle un paquete de órdago. Y a Más una querella como un obús. Y todo seguirá deteriorándose bajo la zigzagueante dirección de un auténtico incompetente e irresponsable.

La escandalera de la oposición refleja sus miedos. Los miedos a eso, a los "tiempos de la legión". No confía en la solidez de las instituciones democráticas y teme que, si hay un movimiento involucionista, cuya primera víctima ella sería, tendría un gran apoyo. Probablemente el del noventa por ciento de los votantes del PP que ahora pide al general aclaraciones sobre sus palabras.

Ese es el drama de España: que medio país sigue sin ser demócrata.

lunes, 13 de octubre de 2014

Un día es un día.


El 12 de octubre, festividad de la Virgen del Pilar, es también la fiesta de la nación española. El nombre del día ha cambiado con los años. Anteriormente, en tiempos del franquismo, fue llamado Día de la Hispanidad, ese invento del cura Zacarías de Vizcarra que recogería Ramiro de Maeztu, propagándolo en su Defensa de Hispanidad. Antes, la festividad se llamó "Día de la Raza" en los tiempos de Alfonso XIII, denominación que conservó la República y que todavía hoy se mantiene en algunos países latinoamericanos. El título actual de Fiesta de la Nación Española lleva una clara intencionalidad, situar el origen de la nación española en 1492 con sus dos acontecimientos históricos: de un lado, la toma de Granada, fin oficial de la guerra contra el sarraceno, llamada Reconquista, y perla de la unión de las coronas de Castilla y Aragón. Del otro el descubrimiento de América. Este es la única aportación de España al acervo de la Humanidad. De lo que vino después no hay por qué enorgullecerse y hasta el llamado "descubrimiento" despierta muy duras críticas. Sin embargo, estas no se refieren al descubrimiento en sí, sino a lo que se hizo después con lo "descubierto". Pero, en sí mismo, el hallazgo, el descubrimiento, fue un hecho que cambió la historia del mundo. Si sobre eso y la unión de Castilla y Aragón puede fundarse una idea de nación es asunto siempre discutido. Otros prefieren localizarla en la guerra contra los franceses, llamada "de la independencia".

En todo caso, ya es mala pata que el mismo día se celebre el Pilar y el Día de las Fuerzas Armadas, los dos elementos esenciales del nacionalcatolicismo, concepción de una nación que se ve como la de la espada y la cruz, evangelizadora y aniquiladora de pueblos enteros. Día de la Raza, cómo no, aunque sea un verdadero dislate. Orgullo a raudales. Sostenella y no enmendalla.

La celebración de ayer fue una amarga lección para esa nación española, un baño de realidad en contraste con sus ilusiones, magnificadas por los medios de comunicación a su servicio. Un episodio más de esa fabulosa capacidad de los españoles de no entender el mundo que los rodea. Dado el ascenso del independentismo catalán, las fuerzas políticas y sociales que se oponen a la consulta del 9N, partidarias de una Cataluña española, PP, UPyD, Cs. y una Sociedad Civil Catalana, convocaron un acto de afirmación nacional española en Barcelona, en la Plaza de Catalunya. Lo publicitaron abundantemente en los medios, pusieron autobuses para traer gentes de otras provincias y encima regalaban paraguas con los colores borbónicos. Pero no llenaron la plaza. Las diferencias de cálculo de asistencia son irrelevantes. Da igual que fueran veinte o treinta mil. Nada, comparado con los cientos de miles, millones que arrastran las convocatorias de Diada. No hay ni color. Lo de la Plaza de Catalunya ha sido un bofetón grandioso de la mayoría silenciosa. España tiene poco tirón en Cataluña.

En donde no hubo silencio fue en la concentración/provocación de los grupos fascistas y falangistas en Montjuic, en un acto de bravucones para quemar banderas esteladas, protegidos por los mossos d'esquadra. Ya se sabe que los nacionalistas españoles que se dicen civilizados, por ejemplo, los del PP, no quieren que se identifique su nación con la de estos bestias. Pero algo así es inevitable porque además de hablar un lenguaje parecido, en el PP no son infrecuentes manifestaciones de fascismo, franquismo o falangismo: nuevas generaciones, alcaldes de aquí o allí, concejales, algún diputado muestran esa vinculación sin que el partido haga nada por eliminarla. La presencia de estos energúmenos hizo flaco servicio a la nación por la que dicen estar dispuestos a sacrificar sus vidas y quizá también las ajenas, aunque sin decirlo. Por cada docena de fascistas en Montjuic quemando los colores catalanes y hablando de los "putos catalufos" salen cientos de independentistas.

Pero eso es Cataluña, territorio díscolo. En donde se festeja a modo la nación española es en Madrid, capital del imperio. ¿En dónde, si no? En Barcelona es impensable. Ver el ejército desfilar por la Diagonal seguramente se entendería bastante mal y es muy probable que no fuera nadie a presenciar el desfile. Bien es verdad que ayer tampoco había mucha gente en el paseo de Recoletos y el Prado. Algo más en la plaza de Neptuno que, en realidad, es de Cánovas del Castillo, en feliz coincidencia nacional. Y eso de aguantar a pie firme el marcial desfile de los bravos soldados, la maquinaria de guerra, las armas y hasta la inevitable cabra de la legión, no es algo que encienda en los madrileños el fervor patrio. El propio presidente del gobierno que hoy viste el cargo ante las tropas, consideraba hace unos años que el desfile era un "coñazo".

Un desfile militar en Madrid que, según parece, ha costado 800.000 euros, sin contar los aviones. Registrando en la memoria de Palinuro, encuentro un apunte del 12 de octubre de 2010 titulado El día nacional: la fiesta de la Hispanidad que habla de este asunto de los desfiles militares. Es un modo absurdo, casi estrambótico, de celebrar el día de una nación que no ha ganado una sola guerra internacional de alguna entidad hace más de doscientos años. Franco le daba mucha importancia, pero porque había ganado una guerra civil. Por eso el desfile se llamó siempre "desfile de la Victoria". ¿Cuál es hoy la victoria? ¿Sobre quién? Esta parada militar es un anacronismo absurdo y un dispendio. Propio de un país empeñado en fingir lo que no tiene: una conciencia nacional compartida.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

jueves, 28 de febrero de 2013

Este es el problema.

El problema del golpismo. La permanente amenaza de intervención militar, de la que España no parece ser capaz de liberarse. La última asonada fue en 1981 pero, desde entonces, ocasionalmente, se oye el refunfuñar de algún alto mando del ejército. Suelen ser de la reserva, pero eso no les resta significado; al contrario, se lo añade, pues la situación de reserva pareciera aligerar en los militares el deber de obediencia. El más reciente, ese general exjefe de la infantería de marina quien sugiere la posibilidad de intervención militar en Cataluña. Y con un razonamiento bien curioso. "La Patria", dice, "es un sentimiento, mientras que la Constitución no es más que una ley". Obsérvese el desprecio por la ley. Es imposible explicar a una persona así que la ley prevalece sobre el sentimiento, que si no fuera por eso la sociedad sería imposible pues cada cual se tomaría la justicia por su mano. Imposible de todo punto. Imposible explicarle que sus sentimientos, por muy nobles que se le antojen, no son superiores a los del vecino, quizá opuestos a los suyos. Imposible incluso mostrándole el ejemplo de Gran Bretaña en donde la eventualidad de la independencia de Escocia no ha suscitado ni un murmullo entre el alto mando del ejército. A propósito, va a ser muy difícil explicar por qué lo que puede hacerse en el Reino Unido, no puede hacerse en España. Explicar con razones, no con el cornetín de órdenes.

Por eso, lo más recomendable es aplicar la legislación constitucional vigente y sancionar un comportamiento que está fuera de ella, pues pretende dar autonomía al ejército frente al poder civil. Y este es un asunto no negociable: el Estado de derecho se basa en la supremacía de la ley, incluso en el ejército. Esa propuesta de que la patria está por encima de la ley es inadmisible porque quiere decir que el sentimiento de patria del general y sus amigos prevalece sobre la ley, manifestación de la razón y de la voluntad colectiva. Es posible que el poder político civil requiera la acción de las fuerzas armadas, pero eso no puede ser por decisión de estas, sino de aquel, que la tomará en el contexto de un debate político. Y habrá que ver cómo la justifica en un contexto europeo en donde no se aceptaría una solución militar en España.

La Patria es lo que dice la Constitución. Este es el nudo de la doctrina del patriotismo constitucional que todo el mundo invoca si bien no respeta. En el entendimiento de que la Constitución puede decir otra cosa. Las descripciones de España han cambiado mucho en las Constituciones de los siglos XIX y XX. La descripción actual podría cambiar si así lo decidiera una  mayoría de los españoles pacífica y democráticamente. La Constitución puede reformarse y, si llegara a admitir el derecho de autodeterminación, como muchos propugnamos, este se ejercería a su amparo con todas las consecuencias, sin que los militares tengan nada que decir. Ningún orden político puede sobrevivir con un actor tomando decisiones que influyen en las de los poderes del Estado o las condicionan. En todo caso, el ejército podía aprender de la Iglesia, otro agente que condiciona la acción de los poderes del Estado, pero lo hace sigilosamente, en el secreto de los despachos o las sacristías en donde obtiene pingües beneficios, superiores a los de los militares. Pero no es el espíritu de estos, más aficionados a andar a tambor batiente.

viernes, 11 de febrero de 2011

Egipto y otra vuelta de Gürtel

Se va, pero se queda; se queda, pero se va.

¡En el nombre de Alá misericordioso!

Faltaba el trance del discurso gimoteante a la nación. Lo mismo que hicieron el sátrapa tunecino y el yemení, por ahora. El tunecino está fuera. Al yemení le queda un telediario. La multitud es imparable. Después de haberlo intentado todo, las amenazas, la represión, el sabotaje, los asesinatos a manos de los matones de la policía, el cambio de Gobierno, la promesa de reformas, a Mubarak le faltaba llorar más que cantar la palinodia por la tele, hablando a sus "hijos queridos", suplicando una moratoria hasta septiembre porque piensa hacer en siete meses lo que no ha hecho en treinta años: elecciones limpias.

La alocución del Rais ayer por la noche fue un discurso caótico, titubeante, lacrimógeno del que sólo cabe sacar en limpio que quiere quedarse, que ha traspasado los poderes al primer ministro (con lo que no se entiende para qué quiera quedarse), que se reformará la Constitución en una serie de artículos perfectamente irrelevantes (en realidad, toda la Constitución es irrelevante, dado que el país vive en estado de excepción desde 1981) y que, atención, no se actuará al dictado de poderes extranjeros (o sea, que no se hará caso a las amables invitaciones de los países occidentales a tomar las de Villadiego) en lo que parece un postrer intento de batir tambores de orgullo patriótico.

Es decir, Mubarak, militar de profesión, se pone en manos de los militares con lo que estos no podrán seguir manteniendo la neutralidad y tendrán que optar por una de las dos vías: deponer al tirano o, como diría Brecht, deponer al pueblo. Si son los militares quienes deciden, lo primero puede terminar en un asesinato palaciego, siguiendo costumbres arraigadas en la región; lo segundo, en un baño de sangre. Pero lo que harán los militares será preguntar en la Casa Blanca, de forma que se abre un compás de espera hasta ver qué sucede hoy, día en que está previsto que la revolución islámica en curso prenda en Marruecos, Argelia, Jordania, Yemen...

Los regímenes del llamado "mundo árabe" se hunden a la velocidad a que lo hicieron los comunistas a partir de 1989. La masa en movimiento es la multitud y el catalizador, WikiLeaks, la red.

Pero de todo esto habrá tiempo de hablar en los próximos días en que se vivirá mucho choque y mucha alianza de civilizaciones. De momento hay que prestar atención al sobresalto nacional permanente de la corrupción porque se da una nueva vuelta de tuerca en el interminable caso Gürtel.


Otro imputado más

Ayer dimitió Juan Siguero, otro alcalde de Boadilla del Monte, a quien el juez también ha imputado en la trama Gürtel. Y dimite, dice, "por no perjudicar al PP". Es lo que en términos exquisitamente jurídicos se llamaría un caso de morro mayestático.

Porque, este Siguero, ¿no ascendió a alcalde del municipio a raíz de la dimisión del anterior, Arturo González Panero, también imputado en la Gürtel? González Panero presidía un consistorio que repartía 2,3 millones de euros entre sus 45 concejales y altos cargos, casi el número de colaboradores de Alí Babá, contando, por cierto, con Siguero. Y cuando éste tomó el relevo, ¿no sabía que también iban a imputarlo? ¿No sabía lo que había hecho? Preguntado de otro modo y para entendernos, ¿para qué quería ser alcalde un hombre que ya tenía que saber al jurar el cargo que iban a imputarlo? La respuesta es obvia: para arreglar los papeles, mover los expedientes, apañar las pruebas, todo ello presuntamente, por supuesto. Pero, presunta o no presuntamente, ese mandato viciado de origen da la medida exacta de la reacción del PP frente a la corrupción de Gürtel: obstaculizar la acción de la justicia, esto es, difamar a la policía, los fiscales y los jueces, enmarañarlo todo, acusar a la prensa independiente de demagogia.

Pero el caso Gürtel sigue creciendo y creciendo, como el cadáver de la obra de Ionesco, Amadeo o cómo salir del paso. E igual que el cadáver acaba expulsando de su casa a Amadeo y Magdalena, la Gürtel acabará expulsando del poder al PP allí donde lo tenga o lo pretenda.



Actualización a las 17:00 del 11 de febrero de 2011

Al final, fue la primera opción: el ejército, debidamente asesorado por los Estados Unidos, ha depuesto a Mubarak. Se abre así la transición en Egipto y se acelera el proceso de hundimiento de las tiranías árabes. Sobre todo esto, igual que sobre la imputación de Camps en la Gurtel hablaremos mañana. (La primera imagen es una foto de 20 Minutos bajo licencia de Creative Commons. La segunda también de 20 Minutos, bajo licencia de Wikimedia Commons).

miércoles, 2 de febrero de 2011

¿Quién es el siguiente?

No es una revolución en un país sino en un grupo de países unidos entre sí por algún tipo de vínculo especial, en este caso, la lengua y la religión, dos factores tan poderosos en los procesos de socialización que hacen que para los árabes sus Estados, en cierto modo, sean como una especie de provincias de un imperio-nación único ideal que va desde el golfo pérsico hasta Mauritania. Para un tunecino Egipto no es totalmente el extranjero sino una especie de cuasiextranjero, un concepto en uso en tiempos de la Unión Soviética para calificar las relaciones entre los países socialistas.

La de los países socialistas fue otro caso de revolución en grupo con el que la de los países árabes tiene innegables concomitancias, si bien el factor de unificación era ideológico, el comunismo. Hay quien dice que también las transiciones habidas en el sur de Europa en 1974 y 1975, Grecia, Portugal y España (más tarde estigmatizados como PIGS) fueron este tipo de fenómeno, si bien en este caso el vínculo parece ser aun más tenue, reduciéndose al hecho de ser dictaduras, elemento irrelevante porque prácticamente todas las transiciones se hacen a partir de dictaduras más o menos declaradas o encubiertas.

En el caso actual en cada Estado el movimiento de revuelta se ve de forma distinta, según sus peculiaridades e historia. Esta revolución egipcia es la tercera de la edad contemporánea en el país siendo las dos anteriores la de 1919 (nacimiento de un Egipto semiindependiente) y la de 1952 (recuperación de la plena soberanía). En esta otra parece que el país trata de sacudirse la tutela de los militares (Nasser y Sadat lo fueron, igual que Mubarak) y dotarse de un sistema democrático normalizado.

El Rais implora que lo dejen quedarse hasta las elecciones de septiembre a las que no se presentará y es probable que esta solución tenga apoyos diplomáticos, pero es casi seguro que quienes se han movilizado para echar a Mubarak ya no se resignen a aguantarlo ocho meses más. También Ben Alí salió gimoteando que aceptaba todo con tal de que lo dejaran quedarse hasta finalizar su mandato y al día siguiente volaba hacia Riad. Sin el apoyo del ejército Mubarak lo tiene crudo.

Pero lo interesante ahora es saber cuál será el Estado siguiente en entrar en crisis, Jordania, donde el Rey ha nombrado un Gobierno nuevo para hacer como que hace algo; Libia, donde Gadafi cerró Youtube el otro día; Siria, donde el-Assad, hijo de el -Assad, dice que en el país reina la estabilidad, aunque no sea cierto. En el Yemen hay disturbios y estos alcanzan a Arabia Saudí, otro Estado de familia. En la época de la comunicación global, nadie puede mantenerse al margen, nadie puede aspirar a ser un Estado comercial cerrado como proponía Fichte para Alemania hace más de doscientos años.

Dicho sea de paso, las mujeres están siendo muy visibles en estas revueltas de los países árabes. Con un poco de suerte también la suya puede mejorar. Sería una revolución dentro de la revolución y algo fantástico.


(La imagen es una foto de Takver, bajo licencia de Creative Commons).

miércoles, 13 de octubre de 2010

Los abucheos.

Andan todos muy consternados por los abucheos que la manga de fascistas en agraz y los revenidos han dedicado este año, como todos los anteriores, al presidente del Gobierno durante el desfile del día de la Hispanidad. Todos, no; la señora Aguirre defiende a los abucheadores en nombre de la libertad de expresión porque, al ser estos de las Nuevas Generaciones del PP, según se prueba en el diario Público y en el blog de Netoratón (véase la prueba en Twitter), probablemente entre los berreones y rebuznantes habrá muchos conocidos y allegados suyos: niñatos de Serrano y sus señoras mamás, Marujas y Maripuris del barrio de Salamanca, así como sus papás, próceres liberales de misa diaria y manceba, con asiento en la subvencionada CEOE. La fuerza viva de la sociedad. Ya el mero hecho de invocar la libertad de expresión supone mala conciencia porque, ¿alguien la ha atacado? Casi todos los asistentes se han limitado a decir que los abucheos son desagradables y algunos añadimos que típico trance fascista: la algarada, el tumulto, lo que organizan sus señorías de la derecha (lo de extrema sobra) en el Parlamento siempre que tienen ocasión. Decir eso no es atacar la libertad de expresión; es ejercerla, con permiso de la señora Aguirre que, si no abucheaba, no sería por falta de ganas, pues a fuer de Grande de España es muy campechana, por más que a algunos les parezca una verdulera.

El Rey y el Príncipe de Asturias han "lamentado" los abucheos aunque quizá con cierto alivio de no ser ellos por una vez los objetos de la pitada. Pero si creen que su pronunciamiento ejercerá algún tipo de influencia sobre el comportamiento del facherío de la zona nacional en virtud de su carácter de Rey y heredero es que viven en la inopia. La derecha no conoce lealtad alguna más que a sus privilegios y, si el Rey se pone en su camino, como decía un famoso diputado de la derecha durante la República cuando se invocaba el Evangelio para hacer la reforma agraria: "¡nos haremos cismáticos griegos!" Estos se harán republicanos antes que dejar de bramar contra un presidente socialista.

Por lo demás, el Gobierno, su presidente, los ministros, el PSOE, se lo tienen ganado. Según Rodríguez Zapatero, los abucheos forman "parte del guión de la Fiesta Nacional", falsedad lamentable. Si en lugar de ser él el presidente del Gobierno lo fuera uno del PP, no habría abucheos. Así que de "guión de la Fiesta Nacional", nada. Como todos sus juicios sean así de acertados lo llevamos claro. Los abucheos son parte del guión de la derecha de atacar a la izquierda siempre que se pueda, al coste que sea, en fiesta o en sepelio, sin reparar en medios, día y noche, por tierra, mar y aire.

Dice Rubalcaba a su vez que "es una pena que la extrema derecha se apropie de la Fiesta Nacional". Primero lo de la "extrema derecha" es lamentable prueba de cobardía léxica. Nuevas Generaciones son la derecha; no la extrema derecha. En segundo lugar, ¿qué quiere? ¿Convencernos a todos de que aceptemos como "Fiesta Nacional" el desfile franquista de la Victoria, al que han vestido de seda como a la mona? Están locos estos socialistas: se meten en los nidos de víboras y se quejan de que los muerdan.

La derecha no se "apropia" de la Fiesta Nacional porque la ha hecho ella. A los demócratas nos corresponde hacer otra cosa, no contemporizar con la moral de los abucheadores. "Otra cosa" significa celebrar el 12 de octubre, día de la Hispanidad como fiesta de fraternidad entre los pueblos, sin militares, sin armas, sin amenazas. Suprimir el desfile, las banderas, las oriflamas, las fanfarrias. Mientras los sociatas sean tan cobardes que no se atrevan a devolver a la gente su fiesta, secuestrada por los militares, se merecerán los abucheos de estos impresentables en ejercicio de la libertad de expresión de la señora Aguirre.

martes, 12 de octubre de 2010

El día nacional: la fiesta de la Hispanidad.

Si es que no tenemos arreglo. El espíritu reformista, consensuado, sincrético de la Transición da frutos difíciles de tragar. Había que conservar la tradición franquista del desfile militar para que no se enfadaran la derecha y los "poderes fácticos", pero parecía conveniente separarlo de la vinculación a la Victoria pues la parada militar siguió llamándose "de la Victoria" cuando menos hasta 1973, según se comprueba en el vídeo más abajo. Por ello decidióse trasladarlo de fecha haciéndolo coincidir con el día de la Hispanidad, el 12 de octubre, festividad de la Virgen del Pilar y en otras épocas, día de la Raza. De ese modo, pensaban los impulsores de este cambio, se mataba el segundo pájaro de librar al ejército del secuestro a que lo tuvo sometido el franquismo al servicio de su bandería política durante cuarenta años, devolviéndolo a una efeméride nacional, de todos los españoles. Así que aquí está la Legión, los novios de la muerte, con su proverbial gallardía, al paso de marcha legionario, a celebrar el día de la Hispanidad, reconvertido en fiesta nacional española. La Legión, ese invento de Millán Astray calcado de la Legión Extranjera francesa, compuesta por prófugos, delincuentes, desertores de otras guerras, apátridas, etc, como el Tercio de Extranjeros español.

Qué tenga que ver esto con la Hispanidad es un misterio. La Hispanidad en sí misma es un misterio, objeto de todo tipo de críticas, contracríticas y desacuerdos no solamente a ambos lados del Atlántico sino en cada uno de los países que la integran. Las diferencias de interpretación son abismales, desde quienes consideran el descubrimiento de América la puerta de entrada del mundo a la Modernidad hasta quienes dicen que, de descubrimiento, nada: el primer genocidio de la historia. La Hispanidad, el concepto del cura Zacarías de Vizcarra, recogido y ensalzado por Ramiro de Maeztu, hizo fortuna singularmente entre los falangistas ilustrados al estilo de Giménez Caballero pero no solamente entre ellos ya que, por ejemplo, es la base del gentilicio gringo de Hispanic, que se usa mucho como elegante intermedio entre el blanco y el negro. La Hispanidad, ese terrain vague en el que se libra el eterno contencioso de España consigo misma.
Es en la propia Hispanidad en donde vuelan los botellazos. Por ejemplo, no es casual que muchos países latinoamericanos celebren el desfile militar en conmemoración de su independencia de España. La Hispanidad está hecha por pueblos que se separaron de España mediante la guerra. y, unos más que otros, han mantenido relaciones difíciles con la Madre Patria. Sin embargo eso no quiere decir que no haya entre ellos conciencia de comunidad hispánica. El domingo se celebró en Nueva York el desfile del día de la Hispanidad, precisamente presidido por España y con participación de los países latinoamericanos. Pero fue un desfile civil, pacífico, festivo.
Esa es la gran diferencia. ¿A quién diablos se le ocurre celebrar el día de la Hispanidad con un desfile militar que es siempre algo amenazador, una demostración de fuerza y, encima, inútil? ¿Cómo defender una idea de la Hispanidad en tanto que comunidad de lengua y cultura mandando por delante al Tercio de Extranjeros? Si los españoles queremos constituir algo parecido a la Commonwealth o a la Francophonie, que nos queda un trecho, tendremos que mostrar algo más de tacto.
Propongo suprimir el desfile militar (ese "coñazo", al decir de un espontáneo y sincero Rajoy) de una vez por todas, el 12 de octubre o cualquier otro día y sustituirlo por una alegre fiesta y parada civil con participación de los países latinoamericanos de los que hay amplia representación en España. Eso contribuirá algo a su integración.
Por otro lado, si de lo que se trata con el desfile es de disuadir a algún potencial enemigo, bastará con enviarle un pen drive con un estado general de las fuerzas armadas con el detalle que se juzgue estratégicamente conveniente.

Actualización a las 13:00.
Suprimiendo el desfile nos ahorraríamos los abucheos que son la forma del rebuzno con que los zangolotinos de Nuevas Generaciones y sus mamás y papás del barrio de Salamanca obsequian todos los años a Zapatero, al Rey y, de paso, a esos caídos que tanto dicen honrar

(La imagen es una foto de Roberto García Fadón, bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 1 de octubre de 2010

El golpe del Ecuador.

Ya tenemos en marcha uno de esos confusos golpes de la nueva escuela, al estilo del de Honduras. Todo el mundo invoca la institucionalidad al tiempo que se cometen atropellos con su legítimo gestor en ese momento, el Presidente. Parece que se ha sublevado la policía y una parte de los militares, aunque no el mando supremo que sigue leal a la Constitución. El Presidente está en algo parecido a un secuestro. El motivo de la sublevación es una ley de la Asamblea por la que se aplican a las fuerzas del orden unas medidas de austeridad como las que venimos soportando en Europa hace un par de años.

En algún sitio se dice que Correa está pensando en disolver el Parlamento, facultad que tiene reconocida en el Constitución. Pero esa misma Constitución condiciona tal facultad de disolución a que se ejerza antes del tercer año de mandato y creo que Correa va por el cuarto.

Si de lo que se trata es de que el Presidente se vaya, éste siempre puede dimitir. Pero cuesta creer que vaya a hacerlo cuando no tiene porqué y menos porque lo pidan unos funcionarios sediciosos. Alternativamente la Asamblea Nacional puede destituirlo mediante juicio político en casos específicos y siempre dentro de los tres primeros años de la legislatura. Pero ¿por qué habría de hacer la Asamblea tal cosa cuenta habida de que en ella están los partidarios de Correa?

Parece bastante claro que lo único que cabe hacer aquí es que el ejército leal reduzca a los sediciosos y restablezca el poder civil, es decir, vuelta a la normalidad. Luego ya se hará justicia. Por cierto que la reacción internacional ha sido ejemplar y enardecedora. Todo el mundo ha pedido el restablecimiento del legítimo mandatario y el fin de esa especie de astracanada ilegal. Los países de la Unasur apoyan al Presidente unánimemente.

Los más cautos, los Estados Unidos, que se limitan a decir que "siguen de cerca" el asunto. Por una vez da la impresión de que no están detrás de los golpistas. Porque está claro que se trata de un golpe de la derecha. Así lo ha dicho el ministro de Exteriores. Otra cosa es que como golpe esté bien organizado. La presencia en el Brasil del líder de la oposición de la derecha, Lucio Gutiérrez, suena un poco a fabricación de coartada: yo no estaba allí, por tanto no tengo nada que ver con los hechos. Coartada prefabricada que no engaña a nadie y pone de manifiesto la ambigüedad habitual a la derecha que juega a la democracia pero no hace ascos a la posibilidad de llegar al poder por algún otro medio y eso mientras, como hace Gutiérrez, acusa de "dictador" al Presidente democráticamente electo; que la derecha, de allá o de acá, anda siempre con la lengua tan suelta como su lealtad al Estado de derecho.

El sólido frente internacional de rechazo es una garantía de que los golpistas no van a ir muy allá en un contexto exterior hostil. El problema realmente está en el interior: ¿qué hacer ahora con unos funcionarios de policía que se han sublevado contra el gobierno legítimo? Y ¿cómo mantener el orden cuando los encargados de hacerlo respetar son los primeros en saltárselo y comportarse como delincuentes?


Actualización a las 08:00

Parece que, en efecto, el ejército ha cumplido con su obligación y ha liberado al Presidente. Encomiable rapidez. Ahora, me temo, habrá de ser el propio ejército el que se encargue de las tareas de orden público mientras las autoridades legítimas deciden qué hacer con semejante cuerpo de policía y los militares que lo secundaron. Hubiera sido un golpe de Estado parecido al de la guardia pretoriana. Algo sin sentido y, al propio tiempo, una señal de advertencia acerca de cómo van estrechándose los márgenes de acción en nuestras sociedades según avanza la crisis y van tomándose medidas de austeridad que, como en este caso, chocan con estatutos corporativos consagrados que se resienten. Realmente hubiera tenido que escribir sobre Irlanda, en donde la situación de crisis provocada por las políticas neoliberales (que algunos que parecen tener serrín en la cabeza siguen preconizando como solución) está a pique de derivar en algo similar a lo del Ecuador.

(La imagen es una foto de Adalbertop, bajo licencia de Creative Commons).