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lunes, 27 de junio de 2016

El oso sigue vivo y el partido de la cal muerta

Hicieron todos los juegos malabares posibles y los imposibles; retorcieron el significado de los conceptos; cambiaron de ideología cuando fue necesario; se valieron de referentes ambiguos y resbaladizos; fueron aprovechados carentes de escrúpulos; utilizaron la demagogia; hicieron populismo; entregaron la comunicación a sedicentes expertos, más inútiles y cursis que los cuentos de Disney; colonizaron los medios de comunicación y pusieron a varios a su servicio; censuraron y acallaron a las personas críticas o simplemente independientes; dieron pábulo a los más inútiles pero obedientes.

Boicotearon desde el primer momento cualquier acuerdo de gobierno de progreso con el PSOE desde el 20 de diciembre, pretextando buscar un pacto por el qe jamás hicieron nada; insultaron y difamaron a los socialistas con la máxima virulencia; cuando les interesó volvieron a hablar de pactos, pero sin dejar de atacar al PSOE; trataron de dividir y sembrar cizaña en el PSOE enfrentando a unos militantes con otros.

Retornaron a IU porque, en el fondo, seguían y siguen siendo comunistas. La advertencia, que tantas veces ha hecho Palinuro, de que los comunistas jamás han ganado ni ganarán unas elecciones democráticas, se echó en saco roto porque era preferible volver a engañar con una doctrina acartonada, amojamada, dogmática y falsa como el comunismo, en lugar de afrontar la verdad y ser críticos. Se echaron en brazos de una huera nulidad como Anguita, consumido por su odio al PSOE, a quien Pablo Iglesias considera su "referente intelectual". Adoptaron la necia estrategia de este: plantear la batalla no contra la derecha, sino contra la izquierda; no contra el PP, sino contra el PSOE. Lo que querían era ganar las elecciones al PSOE desde la izquierda y si, para ello, es necesario que siga gobernando el PP, que lo haga. Es la famosa pinza entre comunistas y derechas que funcionó en los años 90 del siglo XX para desalojar a Felipe González y ahora se quiere que funcione para no permitir que la izquierda gane votos y pueda enfrentarse a la derecha.

Y ¿qué han conseguido? Ni hegemonía, ni sorpasso ni nada. Lo que siempre hacen los comunistas: han propiciado una abstención altísima por hartazgo y han abierto el camino a un gobierno de la derecha que el 20 de diciembre no era posible y hoy, sí. Cabe, incluso, preguntarse si una táctica tan estúpida no esta elaborada en los despachos de la derecha y puesta luego en circulación en los circuitos de la izquierda, sobre todo de los más bocazas, con más medios y periodistas comprados a su servicio. Tambien han conseguido un desgaste del PSOE, pero sin llegar a destruirlo, sin alcanzar el sorpasso. Ahora se dan cuenta de que el PSOE no es el PASOK, que tiene una historia, una trayectoria, una militancia que ellos no saben ni lo que es.

Otra vez estos aprendices de brujo han vendido la piel del oso antes de cazarlo y se han quedado sin el cántaro del cuento de la lechera. Su desconocimiento de la realidad en que viven, su pedantería, arrogancia y petulancia no les dejan tomar conocimiento de ella. Viven como en una burbuja, ensoberbecidos en su vanidad y en la que ningún consejo ni advertencia pueden entrar. Si le añadimos los insufribles slogans de la campaña electoral cursis sin remedio, se comprenderá hasta que grado de sadismo se puede llegar en la política.

Asimismo han hecho algo peor, esto es, han traído un gobierno de la derecha más mojigata, autocrática y cavernícola, un gobierno que, de haber hecho las cosas bien desde el principio, nos podríamos haber ahorrado. Esta convergencia objetiva de intereses entre la derecha y los comunistas, el PP y Podemos, funciona siempre. En el caso del PP, la pinza está muy justificada porque lo que quiere es gobernar, o sea, sacar tajada. En el de Podemos no está tan claro porque, aunque triunfe esta maniobra, él, Podemos, no tendrá acceso al gobierno. Porque en él, la cal ya está muerta.

Y todavía han hecho algo peor: en diciembre pasado no se quiso que hubiera un acuerdo entre las izquierdas pero el grupo parlamentario decisivo en el Congreso era el de Junts pel Sí, sin cuya aquiescencia por activa o pasiva, ningún gobierno de España era posible. Hoy, gracias a la ineptitud de Podemos este ya no es el caso. Lo diputados de JxSí ya no son relevantes porque ni con ellos podría la izquierda formar gobierno.

Podemos es lo peor que ha pasado a la izquierda española desde 1975.

Menos mal que Cataluña, en donde el independentismo sigue su camino, En Comú-Podem no ha hecho mella en la hegemonía de Junts pel Sí.

viernes, 4 de diciembre de 2015

El tema del día.

El hundimiento del PSOE en todas las portadas y en todos los audiovisuales. El tema de todas las conversaciones en la corte. Amargo vaticinio con el que ha de lidiar Pedro Sánchez, al que está poniéndosele cara de perdedor. Basar las expectativas del PSOE en el tirón del liderazgo personal de Sánchez, confiando en su imagen ágil y juvenil frente a un acartonado y más bien vetusto Rajoy era buena estrategia. Hasta que aparecieron otras dos estrellas del rutilante firmamento político, mucho más rompedoras y nuevas, que han dejado al bueno de Sánchez en tierra de nadie. 

Si se atiende a la valoración de los políticos, resulta que el orden en que se encuentran contradice el de las opciones electorales, lo cual es muy curioso. Por ejemplo, el político peor valorado es Rajoy, sin embargo su partido tiene la más alta expectativa de voto, circunstancia de la que puede colegirse que los españoles votan mayoritariamente a los políticos en los que no confían. Tiene que haber un elemento de masoquismo hispano que seguramente se concreta en la idea de que los que mandan son unos sinvergüenzas  y los tenemos calados. Por eso los votamos.

En esto de las inclinaciones y tendencias también hay de todo. El segundo político en valoración, Garzón, ocupa el quinto puesto en expectativa de voto, es decir, el último porque UPyD no llega al 3% y se verá fuera del Parlamento. La gente aprecia a Garzón, probablemente por su gentileza y punto donquijotesco, pero no piensa en votarlo.

El número uno en valoración, Rivera, es tercero en intención de voto y subiendo. Ese primer puesto en valoración (4,98, casi un aprobado, el único) se explica por la imagen de acaramelado joven que proyecta. En el fondo, las estampas clásicas del mozo de buena familia, pegan. No hay necesidad de ir más hondo en el misterio de por qué los ciudadanos valoran tan alto y tienen intención de votar a este joven con pinta de broker de éxito, que ha tenido el acierto de bautizar su partido con el nombre de Ciudadanos. Quedan por aclarar misterios del pasado, como la financiación o la famosa campaña de Libertas, una asociación ultraderechista entre C's y el patrón de la ONCE, pero eso son menudencias.

Curioso es también el muy bajo índice de valoración de Iglesias, 3,87, ligeramente por encima de la de Rajoy, un 3,31, lo cual tampoco es muy difícil. Hasta Herzog, de UPyD, está por encima del de Podemos y eso que no lo conoce nadie. Se ve que los cuatro gatos que lo conocen lo valoran mucho, puede que hasta sean familia. En el caso de Iglesias lo conoce casi todo el mundo, aunque no tanto como a Mariano Rajoy. Los dos más conocidos son los peor valorados. En nuestra sociedad cuanto más te conocen, menos te quieren, aunque esta sabiduría no se aplica en el caso de Rivera el misterioso. 

El drama del PSOE tiene una dimensión especial. Si cae por debajo del resultado de 2011, que fue el peor de la historia, la era Sánchez podría tocar a su fin. Los mentideros sociatas hablan de un difuso anhelo, plan o deseo de que Susana Díaz se postule a la secretaría general, aunque habrá también escuderías de otra índole en las que quizá estén preparándose otros candidatos. No nos corresponde a los comentaristas apoyar a unos u otros, pero sí considerar los efectos de la decisión. Si el PSOE decide cambiar de secretario general, el cambio lo tendrá entretenido en los primeros tiempos de la siguiente legislatura, que es cuando se toman las medidas fuertes. Es decir, corre el peligro de deslizarse hacia la irrelevancia. Al fin y al cabo ha sido su situación en la X legislatura, la de mirones irrelevantes.