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miércoles, 15 de febrero de 2017

Gobernados por delincuentes

Ayer ingresaron en prisión los primeros delincuentes de la Gürtel, Correa, el Bigotes, Crespo, etc. En ella se encuentran otros peperos no menos sinvergüenzas, como Matas o Fabra. Y en el próximo futuro se unirán bastantes más, según vayan viéndose los casos pendientes en los que el PP, una supuesta asociación de malhechores, tendrá que ir respondiendo de sus tropelías y latrocinios a lo largo de los últimos años. Años en que España ha estado gobernada en todos sus niveles por presuntos delincuentes que poco a poco van dejando de ser "presuntos" para convertirse en ladrones sin más. Una situación de escándalo permanente a la que se ha llegado porque, a base de financiarse ilegalmente, el PP ha ganado elecciones que, en realidad, habría que considerar nulas. Sin embargo Mariano Rajoy, representante de esta cuadrilla de facinerosos y a su vez acusado de llevar años cobrando sobresueldos ilegales de la caja B del partido, afirma que la corrupción quedó atrás, cuando la lleva él pegada a sus zapatos, y que es su gobierno el que más ha luchado contra ella, cuando es el que la ha amparado y protegido. 

Contra la corrupción lucha y sigue luchando ejemplarmente el pueblo rumano que ha obligado al gobierno a retirar el decreto que pretendía poner en la calle a cientos de corruptos encarcelados. Ha sido el resultado de manifestaciones multitudinarias y permanentes que ahora tratan de conseguir también la dimisión del gobierno socialdemócrata por su complicidad con la corrupción.

¿Podría pasar algo similar en esta país, gobernado por un partido corrupto con multitud de dirigentes bajo sospecha, acusados o condenados por corrupción? Seguro que no por el grado de resignación apática de la población y la complicidad de los partidos de la oposición según sosteníamos en otro post, cómo hemos llegado a esto. Al contrario, lo que cabe esperar de un gobierno del PP es que en poco tiempo indulte a los delincuentes condenados, como tiene por costumbre. Forma parte de su modus operandi, para dar seguridad a los malhechores en sus filas: "vosotros robad que luego os indultamos". La mafia es siempre solidaria y el partido gobernante en España es lo más parecido a la mafia.

Precisamente para evitar esta práctica, el Congreso estudiará una proposición de ley del grupo socialista que prohibirá los indultos a los delincuentes por corrupción y violencia machista. Todos los grupos parlamentarios apoyan la idea con la que, sin duda, simpatiza la gente en general. Luego llega la letra pequeña: para que se note bien la voluntad regeneracionista de los gobernantes peperos ayer mismo el gobierno indultaba a seis funcionarios del ayuntamiento de Rota condenados por prevaricación. Innecesario decir nada más.

En realidad, lo que el PP ha establecido en España, ya desde los tiempos de Aznar, es un gobierno de rapiña y expolio por partida doble que también ha tocado al PSOE: a) en el orden colectivo, la política neoliberal ha consistido en privatizar todas las empresas que se ha podido (energéticas, telecomunicaciones, etc.) para entregárselas a los amigos quienes, a su vez, supieron recompensar a los políticos privatizadores con suculentos salarios, como el propio Aznar, González y una recua de aprovechados que se han forrado a costa de los contribuyentes y los clientes de las empresas. También han descapitalizado y destruido los servicios públicos no privatizados (singularmente sanidad y educación) para que se lucren otros amigos o ellos mismos; b) en el orden individual, barra libre para que los cargos, militantes y allegados del PP (o del PSOE en Andalucía) roben a manos llenas, malversen, prevariquen y se enriquezcan también a cuenta del contribuyente.

A veces ambos órdenes están entremezclados. Algo de eso hay en la imputación de la cúpula del Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores. ¿O no eran estos, especialmente el ínclito MAFO, los que remachaban de continuo la doctrina neoliberal de congelar o recortar salarios, subvenciones y vetajas del Estado del bienestar; los que con salarios estratosféricos pedían que no se aumentara el salario mínimo? En qué medida también se beneficiaron de los presuntos delitos de Bankia personalmente es algo que ahora tendremos ocasión de averiguar, gracias a la reapertura de un proceso que otras instancias judiciales, más afines al PP, intentaron bloquear.

Dos imputaciones más esperan en puertas, aparte, por supuesto, de las que seguirán cayendo porque, con el PP, España es un país gobernado por delincuentes presuntos o sin presumir. Un país en el que un hombre como Rato pudo ser vicepresidente del gobierno y, mientras se enriquecía al parecer ilegalmente, cultivaba el mito de ser "el milagro español" es, literalmente, un país gobernado por ladrones. Las dos imputaciones que aguardan son las del presidente del PP de Murcia y la del alcalde también del PP de Brunete. Pero vendrán más, muchas más. Y eso que todavía no hemos hablado de la parte que toca a la Iglesia católica en este desbarajuste.

Pero aquí no dimite nadie, empezando por el presidente del gobierno, principal responsable y presunto beneficiario y cómplice de esta realidad de robo, saqueo y corrupción que es hoy España. 

jueves, 9 de febrero de 2017

Lost in translation

El profundo ridículo de la conversación telefónica entre Trump y Rajoy se reduce con la crudeza de los números a esa diferencia en cantidad de palabras que cada parte emplea en su comunicado de prensa: 70 en el caso de los EEUU y 375 en el de España. El inglés es un idioma más conciso que el castellano y todos los traductores saben que cualquier texto en la lengua de Shakespeare vertido al español tiene aproximadamente un veinte por ciento más de palabras.  Los hispanos suelen ser verbosos, sobre todo cuando no tienen nada que decir, como es habitualmente el caso de Rajoy, pero no tanto como para pasar de un veinte por ciento a un 500 por ciento. No han entendido lo mismo de la conversa o no han dicho lo que dicen que han dicho, lo cual no es de extrañar pues las carencias del inglés de Rajoy son chirigota nacional, o todo ha quedado perdido en la traducción. Y no solo perdido, sino confundido. Una sucinta ojeada al contenido de ambos comunicados demuestra que, si hablaron, no se escucharon o no se entendieron porque las dos notas mencionan temas distintos.

La Moncloa dice que Rajoy se ofreció como interlocutor con América Latina y con Europa. Así, sin más, sin complejos. En el comunicado yanqui, ni sombra de la interlocución. En las redes circulaba la célebre foto de un consejo europeo allá por 2014 en la que se ve a Rajoy solo en una mesa mientras todos los demás asistentes, detrás de él, están en animadas conversaciones. Un hombre que solo conversa consigo mismo es difícil mediador. Pero ayer mismo Evo Morales, presidente de Bolivia, le respondía en un educado tuit que América Latina no requiere de interlocutores. Apañado va el oferente Rajoy: en un sitio no puede y en el otro no le dejan. Habrá empleado muchas palabras para explicar por qué ofrece algo que no tiene.

Pero eso da igual. En la nota gringa, Trump se interesa por la situación económica española y esta desgracia que tenemos de presidente sale fanfarrón afirmando muy orondo que este año crecemos un tres por ciento. En lugar de echar un llorada, asegurando que estamos en números rojos y más pobres que las ratas. Porque lo que hizo acto seguido el estadounidense al ver que nos va tan bien, fue pedir que los Europeos y España en concreto aportemos más a los gastos de la OTAN. Nosotros, hasta un dos por ciento del PIB. Una burrada. Eso no aparece en la nota española, pero hay quien dice que el gobierno estaba preparando el terreno para obedecer las órdenes del jefe transatlántico aprobando un incremento considerable en el presupuesto de Defensa.

El diálogo sobre los dineros se daba al tiempo que, según los papeles hechos públicos también ayer mismo en el proceso de Rodrigo Rato, este debe de manejar sumas considerables. Entre otras presuntas aventuras que desafiarían la sagacidad de Rouletabille y Sherlock-Holmes juntos, parece ser que, según juraba el cargo como vicepresidente del gobierno, fundaba una sociedad con sus hermanos, llamada COR que prosperó a través de las más complicadas y alambicadas relaciones entre políticos y empresarios que, en el caso de Rato se incorporaban en una sola persona con dos naturalezas, como Cristo aunque seguramente al revés. No son la naturaleza humana y la divina, sino la del buen y la del mal ladrón entendidas en sentido literal: el ladrón que roba bien y el que roba mal. Pero ladrones los dos. Podían ambos dar algún consejo al atribulado Rajoy en esta hora de necesidad; al fin y al cabo fue él quien nombró a la esposa de Rato directora de los Paradores Nacionales, con un sueldo estratosférico, de esos de 150.000 o 170.000. Y eso que hay crisis y no queda dinero para los dependientes.

No encontró momento Rajoy en su inglés para empezar a interlocutar mencionando a Trump el caso de México. Deja el asunto para mejor momento, la próxima vez que se vean a tomar unas cañas. Coincide este olvido con los que debieron aquejar al ex-número dos de la Policía, Eugenio Pino, llamado a declarar por el juez que instruye el caso Pujol a causa e un misterioso pen drive que acaba de aparecer con información nueva que podría derivar en la anulación de aquella causa. Todo en relación con este pen drive cuyo origen parece ser el propio Pino, aunque este ha intentado encasquetárselo a todos los demás. Lo está investigando Público con unas crónicas impresionantes de Carlos Enrique Bayo, de esas que te enganchan.

En el fondo, la conversación telefónica estaba patente y patéticamente desequilibrada. Para Trump, un asunto de puro trámite en el que probablemente leyó al teléfono las cuestiones que le mostraban en cartulinas los ayudantes. Para Rajoy fue un paso más en el sendero a la gloria del estadista. Nada menos que mediador entre los EEUU y América Latina y Europa y eso pesar de darse ese notorio problema con el idioma, como dice la prensa yanqui. Es una pena que la conferencia fuera solo telefónica cuando podía haber sido una vídeoconferencia en que ambos interlocutores pudieran verse. Y Rajoy podría tomar clases de desenfadada gesticulación cuando se padece dificultades con la lengua de la celebérrima intervención de Ana Botella en la candidatura de los Juegos Olimpicos.

jueves, 2 de febrero de 2017

La raíz de la corrupción

En el post de ayer, titulado Corruptópolis, Palinuro comentaba tres asuntos de corrupción en España y vergonzosas y/o ruines actuaciones del presidente Rajoy: el nombramiento de su amigote Arsenio Fernández de Mesa como consejero de la Red Eléctrica (150.000 € al año), puesto para el que tiene tantos merecimientos como para ser director de la Guardia Civil, su cargo anterior: ninguno. Solo su amistad con Rajoy y su canina lealtad a este. La incapacidad para pedir perdón a los familiares de las víctimas del Yak42 que lo fueron por la imperdonable actuación del gobierno en el que él, Rajoy, era vicepresidente. El insólito homenaje póstumo que se tributó a Rita Barberá, con el mismo Rajoy (el que la echó del partido) cantando sus alabanzas. A los familiares, no, pero a Rita Barberá, sí. Todo ello coronaba un jornada en la que PP y C's impedían la mísera subida de 1,2% de las pensiones, mientras el PSOE, que lo pacta todo con este gobierno, no hacía nada.

El post era un florilegio de la corrupción que caracteriza a la España actual bajo el PP, una corrupción generalizada, estructural, procedente de un gobierno cuyo presidente está acusado de haber cobrado sobresueldos en negro y cuyo partido es considerado por algunos jueces como una "asociación para delinquir".

Me quedé pensando en que este fenómeno de corrupción generalizada, descarada, desvergonzada (repásense los vídeos de Rajoy, Trillo, Bárcenas y resto de esta cuadrilla), tenía que tener alguna explicación racional. No podía ser una plaga divina, sin causa terrena aparente. Y creo haberla encontrado. A ver qué opinión merece.

Mariano Rajoy Brey nació en 1955. Él y sus tres hermanos (dos chicos y una chica) sacaron unas de las oposiciones más difíciles del Estado (registradores y notarías) a la primera y apenas terminadas sus carreras. Hay quien relaciona estos milagros con el hecho de que fueran hijos de Mariano Rajoy Sobredo, el magistrado que presidía la Audiencia Provincial de Pontevedra cuando se juzgó el famoso escándalo del aceite de Redondela en la primera mitad de los setenta, un proceso lleno de misterios, con siete muertes escasamente investigadas y menos explicadas y en el que aparecía mezclado el hermano del dictador, Nicolás Franco, quien ni siquiera fue llamado a declarar. El juicio terminó sin pena ni gloria, condenándose a unos años de cárcel a tres pichichis y dejando todo lo demás en la oscuridad, incluido el destino de millones de litros de aceite de los que nunca más se supo. Todo lo anterior y más lo encontrará el lector en el documentado artículo de Eusebio Lucía Olmos, titulado  ¿Fue Mariano Rajoy un lumbrera o simplemente un beneficiario directo del caso 'redondela'"?

Luego, Rajoy no debió de ejercer su profesión ni tres años pues ya en 1981 lo encontramos activo en Alianza Popular (nombre anterior del PP) y diputado del Congreso en 1982. Desde entonces, hace ya 35 años, no ha abandonado la actividad política como presidente de diputación, ministro, vicepresidente del gobierno y actual presidente, secretario general del partido y también actual presidente de este. O sea, un político profesional con una formación escasísima (basta con oírlo y ver lo que lee) y prácticamente ninguna experiencia laboral que no sea intrigar para conseguir los cargos. No es pues exagerado considerar que al frente de los destinos del país se encuentra un absoluto mediocre que solo prospera en los tejemanejes políticos de los partidos. A la conocida idea de la sociología funcionalista estadounidense de mediados del siglo XX de que las sociedades industriales se rigen por el principio de la meritocracia, Rajoy contrapone una larga práctica demeritocrática.

Y es lógico. Nadie que ascienda por encima de sus dotes, cualidades y esfuerzo tolera a otros a su vera que puedan hacerle sombra. Los necesita más mediocres, más inútiles, con menos escrúpulos que él y completamente entregados a su voluntad pues, si no se benefician de los arbitrarios nombramientos del jefe, no son nada.

Ahora repásense los nombramientos de Rajoy desde siempre. ¿Se busca en ellos la experiencia, la competencia, la capacidad, la voluntad de trabajo, o basta con ser amigo y gozar de la confianza del jefe para ascender meteóricamente aunque no se sepa nada de trabajo (Báñez), de sanidad (Mato), de educación (Wert), de energía e industria (Soria), de seguridad (Fernández Díaz), de la Guardia Civil (Fernández de Mesa), del ejército (Cospedal), etc.? Y ese ejemplo se extiende de arriba abajo por la pirámide del Estado y se reproduce en todos los niveles, en los que se entregan competencias a gentes que carecen de ellas y solo se distinguen por su obediencia ciega y su afición a incurrir en comportamientos presuntamente delictivos y muy enriquecedores. En España, en política, y gracias a Rajoy, no se selecciona a la gente por su mérito sino por su entrega y su demérito.

Y esa es la raíz de la corrupción general imposible de atajar porque, milagrosamente (tan milagrosamente como la carrera política de Rajoy) la raíz está en la copa del árbol. 

(La imagen es una foto de la Casa Rosada (Argentina Presidency of the Nation), bajo licencia Creative Commons).

miércoles, 1 de febrero de 2017

La República Catalana hoy en Madrid

Hoy llegará La República Catalana a Madrid, a la emblemática librería Blanquerna, sita en la calle Alcala, 44, a las 19:00. Presentará el acto Ferran Mascarell, delegado de la Generalitat en Madrid e intervendrá Joan Tardà, diputado de ERC en el Parlamento español, y Palinuro, el autor del libro.

El encuentro promete ser interesante. Se quiera o no reconocer, el proceso independentista catalán es el problema más importante que tiene planteado el sistema político español. Llevo años diciéndolo y defendiendo el derecho de autodeterminación de los catalanes. Al principio, todos me miraban como un extraterrestre, por insistir en algo que parecía una quimera o completamente irrelevante, algo a lo que ninguno prestaba atención. La incapacidad de los políticos y de lo intelectuales españoles para ver lo que tienen delante de las narices es fabulosa. Y así siguen. Todavía hoy asombra el silencio de la clase política, incapaz de tomar una sola iniciativa, y del estamento pensante, dándose pote en sus columnas en los periodiquitos y en sus enchufes en la tertulias audivisuales en donde llevan años diciendo las mismas sinsorgadas. Ninguno dice o hace nada constructivo en relación a Cataluña salvo repetir como carracas que la autodeterminación es ilegal. Como lo fue la independencia de los Estados Unidos, por supuesto, y la de todas las posesiones españolas hasta la fecha, exceptuada la de Guinea, que fue legal, y la del Sahara que, además de ilegal, fue una traición. 

Seguro que alguien en el público se pregunta en voz alta en dónde están los intelectuales españoles en estas circunstancias. No es difícil responder: están con el poder español, como siempre. Y lo están también los de izquierdas, incapaces de reconocer una revolución como la que está dándose en Cataluña porque no se hace según sus apelmazadas consignas.

viernes, 27 de enero de 2017

Bethune. Una vida ejemplar

Una exposición interesantísima sobre la vida de Norman Bethune en el Conde Duque de Madrid. La organizan la Fundación Canadá, la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales y el ayuntamiento de Madrid. Colaboran el de Valencia y la embajada del Canadá. Y el resultado es espléndido pues, con muy escaso material (una película documental de la época y fotografías) documentan toda la vida de este médico canadiense que vino a España en 1936 con las Brigadas Internacionales y murió en China, en 1939, ayudando al VIII ejército de Mao Tse-tung en la segunda guerra chino-japonesa. En ambos lugares (España, 1936-37) y China (1938-39) su comportamiento fue ejemplar y extraordinariamente útil. En España puso en marcha un servicio móvil de transfusión de sangre que cargaba en retaguardia y actuaba en el frente. En china elaboró equipamientos para operar práticamente en la línea de fuego. En China tiene estatuas y el presidente Mao escribió su historia en forma de recuerdos que aprendían de memoria sucesivas generaciones. En España prácticamente nadie sabe quién fue. Aquí, los de Bethune perdieron la guerra. En China, la ganaron.

La exposición documenta detalladamente la vida de Bethune, una auténtica aventura. De una acomodada familia tradicional de origen escocés, era hijo de un pastor presbiteriano (también lo había sido algún otro antepasado) y tuvo una educación muy religiosa, aunque él salió ateo. Estuvo como voluntario en el servicio de ambulancias en la Primera Guerra Mundial, como algunos otros norteamericanos célebres. A su regreso pasó diversas peripecias y acabó establecido como médico de prestigio en una posición muy desahogada. Pero siempre mantuvo una visión idealista de la medicina como auxiliar en la tarea de emancipar a la humanidad del capitalismo. En 1936, España era el lugar en el que estos idealistas podía hacer algo más que hablar: actuar, frenar el fascismo, ayudar a la República.

La exposición se detiene especialmente en el terrible episodio de la masacre de la población civil que huía de Málaga hacia Almería. Decenas de miles de personas a merced de la aviación franquista y de los cañones del Canarias, Baleares y Almirante Cervera. Bethune estuvo allí con su servicio de transfusión y ayudando en lo que pudo. Lo dejó por escrito en un relato, El crimen de la carretera de Málaga-Almería.

La etapa china está mucho más someramente documentada, pero lo suficiente para comprobar que este hombre trabajó hasta el último momento, ayudando a los soldados y tambien a los campesinos, en condiciones terribles, mimetizándose con sus pacientes y siempre sin perder su fe en la misión emancipadora de la medicina y, por supuesto, en la seguridad de esa misma emancipación. Una fe capaz de mover a un médico canadiense de buena familia, respetado, prominente, rico, hasta llevarlo a morir a miles de kilómetros, pobre, consumido por la fiebre y con la sangre envenenada.

Hace falta algo más en esta historia. Si no me equivoco, la exposición no menciona (en todo caso, no lo he visto) un hecho que es determinante en la vida de Bethune: su pertenencia al Partido Comunista del Canadá desde el año 1935, fecha en que visitó la Unión Soviética. La ausencia de este dato es significativa. No por lo que hace al propio Bethune, que siempre proclamó abiertamente su pertenencia al partido, sino por lo que hace al modo de contar la historia. Las Brigadas Internacionales fueron sobre todo un asunto de la IIIª Internacional, del partido comunista "mundial" (por así decirlo) porque las otras tendencias, CNT, PSOE tenían sus propias milicias. Las Brigadas Internacionales han pasado a la leyenda y gozan de universal simpatía. Porque la merecen. Esas brigadas pararon a Franco en noviembre de 1936, salvaron Madrid y dieron a la República el tiempo necesario para reorganizarse. Y lo hicieron a un coste altísimo. Hubo batallas en las que pereció la mitad de los efectivos.

Las Brigadas Internacionales son leyenda. Norman Bethune, también. No es preciso ocultar que el origen es comunista. Salvo que se haya convertido en costumbre.

Por cierto, el documental, que narra sintéticamente la guerra de España y el servicio de transfusión de sangre, es magnífico. Un documental de alta calidad artística, aunque de material pobre. Muchas de sus fotos se han hecho célebres. 

jueves, 26 de enero de 2017

Manda webs

Lo primero o lo segundo o tercero que ha hecho Trump ha sido suprimir el castellano o español de la web de la Casa Blanca. El asunto incide directamente en la política interna de los EEUU y su trato a las minorías. Pero tiene también una repercusión internacional porque el español es una lengua que se precia de ser universal. El paso al monolingüismo inglés en los EEUU es un desaire a ese vehículo de cultura de la lengua española. Dada su habitual gallardía, las autoridades españolas dan por buena la explicación de la Casa Blanca de que la web en español no se ha suprimido; simplemente, está en construcción. Como el muro.

Por acá, la supresión de la web de la Casa Blanca se ha leído en clave interna. Los nacionalistas españoles ponen el grito en el cielo ante el atropello lingüístico de Trump y los de las otras naciones del Estado recuerdan que esa es la situación en España desde hace más de trescientos años. El Estado español es tan monolingüe como el gringo con Trump. Un caso patente de paja en ojo ajeno y viga en el propio.

Y justamente cuando las diferencias parecen suavizarse y van entendiéndose las cosas aparece el presidente español y proporciona un impromptu que deja a las audiencias boqueando como los peces. En su pintoresca comparecencia del Casino de Madrid, Rajoy afirmó, usando esa retranca tan suya que ya le gustaría a él (un demócrata como la copa de un pino) que la web de la Generalitat estuviera redactada en castellano, idioma que, según le consta, hablan más de siete millones de personas en Cataluña. Resulta que la web catalana está también en castellano. Rajoy en estado puro. ¿Y la europea?

No solamente la web de la Generalitat está en castellano sino que la que no está en catalán es la de La Moncloa. Como tampoco está en las demás lenguas del Estado. Sí lo está en inglés. ¿No es el momento de cerrarla y decir que está en construcción?

jueves, 19 de enero de 2017

La nación precaria

Francesc Puigpelat (2016) Breu història del nacionalisme espanyol. De la Constitució de 1812 a la prohibició del 9N. Barcelona: Angle Editorial. 239 págs.
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Francesc Puigpelat aclara que ha escrito antes un ensayo que una historia, aunque lo llama "historia" en el título. Está bien la advertencia. Allana el camino, porque no es una historia en sentido riguroso, sino una historia de la interpretación de la historia y una interpretación en sí misma. Desde una perspectiva catalanista. Es una reflexión sobre un obstinado ente de razón, el nacionalismo español, en su camino hacia la nada. Y bastante ajustado a lo que, a juicio de este crítico, es la realidad. Así que leer el libro es como pasear por lugares conocidos con un amigo cuya compañía ilustra y enriquece.

En una primera parte (el prenacionalismo) Puigpelat sintetiza el conjunto desde el origen legendario en el mito de Don Pelayo y el relato fabuloso de la Reconquista hasta la unión de Castilla y Aragón como fecha oficial de nacimiento de España. La imposición del castellano y el centralismo hasta los Borbones aún felizmente reinantes.

En una segunda parte (Los orígenes: de la Constitución de 1812 al desastre de 1898), despacha el autor el agitado XIX. Deja claro que el nacionalismo español arranca de la Constitución de 1812, cuyo carácter "nacional" y "liberal" es altamente problemático. De ahí se sigue que también el liberalismo español sea sui generis y políticamente débil. La llamada Pepa consagraba en su artículo 12 la religión católica, apostólica y romana como la de la nación española para siempre y comprometía al Estado a no permitir el culto de las otras. Lo menos que puede decirse de un liberalismo compatible con la intolerancia es que es poco liberal. Y ahí también está la raíz de la versión de las dos Españas que el autor personifica en Modesto Lafuente por el lado liberal y Menéndez y Pelayo por el conservador. Pero en algo están ambos de acuerdo: el origen de España se pierde en la noche de los tiempos y, desde luego, ya está asentada con los visigodos. También comparten otros mitos, cuando se otorga a la Castilla "predemocrática" la defensa de unas libertades y un pactismo de origen medieval que, en cambio, sí existía en Cataluña desde los tiempos del Eiximenis (siglo XIV).  

En la tercera parte (La época de esplendor: de la generación del 98 a la República) Puigpelat comienza con una referencia al famoso discurso de Lord Salisbury el 4 de mayo de 1898, el célebre "dying nations", por el que se refería a España y Turquía. Por cierto, de ese discurso se hizo eco Almirall con un artículo en el que animaba a Cataluña a separarse de España, que era un cadáver. Y, de aquí, la famosa generación del 98, la idea de la decadencia y el mito de Castilla. Y tan mito. Ortega había dicho que "Castilla ha hecho a España y Castilla la ha deshecho". Le corrigió Sánchez Albornoz en las Cortes de 1931 en presencia del filósofo: "Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla”. Sutil matiz. Y todavía llegaría Julián Marías a matizar más agónicamente "Castilla se hizo España". Para dar y tomar. Y mientras el nacionalismo español trataba de encontrarse luego del "desastre", el catalán ya encendido en la Oda a la pàtria de Bonaventura Carles Aribau (1833) y Lo catalanisme, de Valentí Almirall (1886), se articulaba a través del federalismo para postular la nación catalana y el consiguiente Estat català. Mientras tanto, el nacionalismo tenía una idea de modernización de España. La República fue como una especie de institucionalización de la conllevancia orteguiana y, luego, la pesada losa de cemento de la dictadura de 40 años en los que se cultivó el nacionalismo español más delirante combinado con el intento de extirpar las otras naciones en el Estado.  

En la cuarta parte (el eterno retorno: del franquismo a la actualidad), se traza el escaso recorrido desde el franquismo hasta el "café para todos", momento en que con cierto humor, el autor señala que si 17 son las CCAA de fines del siglo XX, 18 eran cuadrículas numeradas en que quería dividir el territorio Valentín de Foronda a primeros del XIX. Aquí, en realidad, no se ha movido nada. Puede ser que, en efecto, el nacionalismo español no tenga historia porque se empeña en ser inmutable, idéntico a sí mismo a lo largo de los siglos. O sea, un fósil, por otro nombre, la "nación milenaria" del PP a la que pretendía este adaptar la doctrina del "patriotismo constitucional", algo absolutamente disparatado. Claro que no más disparatado que el hecho de que la primera línea del AVE sea la de Madrid-Sevilla.

Es un buen libro, de ágil lectura sobre la problemática nación española.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Entrevista a Palinuro en "La Mañana", de Lleida

Fue hace unos días, con motivo de la presentación de La República Catalana, en Barcelona. Por eso no se habla del discurso de Felipe VI. La entrevista es un género periodístico especialísimo, pues abarca todos los demás: es crónica y opinión y reportaje; es instantánea y también memoria. En fin, muchas cosas. Y cuenta bastante el/la entrevistador(a). El grado de implicación e interés personal en el tema. Muchas cosas. De esta sé decir, al releerla, que debe de ser de las más completas a las que he respondido. Se iba a hablar de libro y se hizo tan cumplidamente que quien la lea, habrá leído un resumen en el que no falta nada esencial. Y, además, se desbordó y acometió dos o tres asuntos más que sirven de contexto para dar perspectiva a lo que en ella se trata.

Incluyo aquí la versión castellana:

PP.¿ Cómo fue la presentación?
RR. Muy bien. Fue un acontecimiento. El teatro estaba lleno, capté mucho interés. Puigdemont estuvo muy bien ... había preparado el terreno antes haciendo unas declaraciones diciendo que no haría declaraciones. Con lo cual, toda la prensa y todas las televisiones estaban allí. Además -y conste que no habíamos preparado nada juntos por la presentación- fue muy curio- so, porque tanto lo que dijo él como lo que yo dije se complementó, como una especie de discurso unitario espontáneo.

PP. El libro está a punto de ver la tercera edición.
RR. Sí, señora.

PP. ¿Se esperaba este éxito? Porque mayoritariamente se debe vender en Cataluña...
RR. Por supuesto. Pero por el Estado ya empieza a difundirse. Para mal, claro. El otro día García-Trevijano me llamó de todo a raíz del libro, porque como él sostiene el "monopolio de la teoría republicana mundial", ni el título ni el contenido del libro le gustaron. Lo cual me complace: que del libro hablen bien en Cataluña y mal en España es justo lo que esperaba.

PP. La primera parte del libro es un repaso histórico donde usted pone en entredicho el concepto de nación española.
RR. Es que hablamos impropiamente de este concepto. La nación no es un concepto: es un sentimiento. Los conceptos son racionales, sobre los sentimientos, sin embargo, no se puede legislar. Se es nación o no. Y como se es? Sólo por el hecho de que haya un colectivo de gente que se siente nación: datos objetivos no hay. Ni la lengua es determinante. Los suizos hablan cuatro y se sienten nación. Y a la inversa: América Latina está llena de naciones todas con la misma lengua. La nación es una construcción post facto de un sentimiento. Si no hay sentimiento, no hay nación. Si hay sentimiento, hay nación. Y lo más divertido del caso: no se puede extirpar. ¿Cuántos siglos lleva Castilla tratando de asimilar Cataluña a un marco castellanohablante? ¿Cuántos siglos hace que intenta impedir que los catalanes hablen catalán? Desde siempre. ¿Lo han conseguido? Pues mire, no.

PP. Habla del proceso catalán como un logro de "la multitud inteligente".
RR. No es un concepto mío, sino de un teórico de las redes, Howard Rheingold, que con las smart mobs pone el dedo en la llaga. Explica que la comunicación universal ha hecho que la acción colectiva, que siempre ha existido, se haya desbordado. El acceso a la información es prácticamente gratuito y en tiempo real. Esto permite grandes movilizaciones colectivas, con una diferencia con las que había antes de internet. Entonces había un gran desprecio a la acción colectiva, porque se entendía que las multitudes eran irracionales y que la historia la movían egregias personalidades: la teoría de las élites. Mientras que las masas eran estúpidas, manipulables, se podían engañar con facilidad. Rheingold muestra que las acciones colectivas de ahora están informadas y son inteligentes, con objetivos concretos y bien articuladas. En Cataluña, si miras el desarrollo de la acción colectiva, a partir sobre todo de la sentencia del TC de 2010, la nación reacciona, sea en el número que sea. De momento, son millones. Con el cepillado en el Estatuto, los catalanes ven que doce individuos, a los que nadie ha elegido, deciden que no sois una nación. Y la consecuencia ha sido una rebelión de carácter cívico, colectivo e ... inteligente. No se trata de masas irracionales movidas por el fanatismo, en absoluto; se mezclan acciones políticas con civiles. Me atrevería a decir que en buena medida se nota el peso de la sociedad civil en que se refrenan las habituales tonterías de las fuerzas políticas. Si no hubiera existido Òmnium Cultural, ANC y la AMI, entre muchos otros colectivos, las habituales riñas hubieran derrochado el proceso. La cordura de la sociedad lo ha ido dirigiendo.

PP. ¿Se refiere al "paso al lado" de Mas?
RR. Es un ejemplo. En este asunto hay que hacerle un reconocimiento al ex. No es muy frecuente que un político tome una decisión que implique una renuncia a una ambición política absolutamente legítima, en función de un interés colectivo. No hay que olvidarlo. La decisión de Mas fue de extraordinaria altura política y moral y revela una personalidad fuera de lo común.

PP. Usted recuerda que Mas no viene de una tradición independentista.
RR. Exacto. Hay que subrayarlo, por meritorio. Como ha salido de la primera plana política, corremos el riesgo de olvidarlo. Si Mas se hubiera empeñado -como hace Rajoy- en continuar siendo presidente, no habría habido acuerdo en la formación de gobierno.

PP. En el libro explica que Europa exigirá un referéndum.
RR. Hay tres posibilidades, de las que una es la más verosímil, avalada por la experiencia. La primera es que Europa nos diga lo que tenemos que hacer, porque no nos ponemos de acuerdo. Esto no lo hará, porque no hay autoridad en Europa que pueda atribuirse esta función. Otra es dejar que lo arreglemos solos. Tampoco, porque no es operativo. La tercera, la más razonable: tomar cartas en el asunto para que las dos partes interesadas lleguen a un acuerdo, ya que por sí solas no podrán; habrá un árbitro. En la práctica de la mediación internacional, normalmente, se piden datos objetivos: ¿cuántos sois los que deseáis independizaros? Y eso sólo se puede hacer mediante un referéndum. En lugar de utilizar términos que no significan nada como "la mayoría silenciosa", es necesario que nos dejen contarnos.

PP. El TC ha vetado de nuevo el referéndum, sin embargo.
RR. Sí. Y horas antes -y después- se llenan la boca con los términos "negociación" o "diálogo". El TC está absolutamente desprestigiado, es una correa de transmisión del gobierno.

PP. Dice que la expresión "derecho a decidir" es un eufemismo.
RR. Es que es el derecho a la autodeterminación. Pero se utiliza más suavizado, visto lo que se tiene delante y, sobre todo, para evitar la pedantería de mis colegas, que enseguida se ponen estupendos hablando de "la no legitimidad de la autodeterminación". Es un eufemismo para tranquilizar a la fiera.

PP. Habla de la cultura política catalana, muy diferente de la española.
RR. Porque está mucho más presente el sentido de la negociación, el pacto, el acuerdo. Y una tradición multipartidista que en el Estado no existe. ¿Cuáles son los partidos políticos más antiguos que actúan en el Estado actualmente? El PSOE, PNV, PC y ERC. Todos anteriores a la Guerra Civil: dos de las nacionalidades históricas y dos de izquierda. Los de derechs son nacidos después de Franco. En Andalucía, Castilla, Extremadura, bipartidismo. En Cataluña y en el País Vasco, multipartidismo, a veces extremo.

PP. De los más recientes, Podemos, nació del 15M y algunos de sus dirigentes fueron alumnos suyos.
RR. Han sido alumnos míos y, además, amigos. Ahora están un poco enfadados, pero ya se les pasará. El partido ha sido engullido por su mala cabeza. Querían -y mí me ha parecido muy bien y los he apoyado en ello- articular una tercera vía de izquierda entre los comunistas y los socialdemócratas. Aquí existe un espacio político que, bien articulado, puede dar sorpresas. El PSOE es un partido muy aburguesado, como el PSC. Por no hablar de González y de Guerra que ya están prácticamente a sueldo del PP. El PCE, por otro lado, está anquilosado en unas fórmulas tan antiguas y tan poco atractivas que incluso él mismo se ha cambiado el nombre por Izquierda Unida. Se presenta como disfrazado. ¿Cuánto hace que no se presenta como PCE? Más de 30 años, porque ellos mismos se dan cuenta de que decirse comunista les quita votos, por las reminiscencias de la URSS, Cuba, China. Podemos era un intento de trazar una línea de izquierda radical no absolutamente revolucionaria pero tampoco reformista ni aburguesada. ¿Qué les ha pasado? Que en el primer tropiezo que sufrieron, en las elecciones de diciembre, buscaron el apoyo de los comunistas, de donde parten. Y esto ha sido un grave error, porque el votante ve que son una IU camuflada.

PP. ¿Los egos le están jugando una mala pasada?
RR. No sé si es buena o mala. Que no salga un proyecto viciado apenas empieza es una ventaja para todos. Pero sí hay un egocentrismo en todos ellos, lo que, por otra parte, es lógico. Chicos jóvenes que hacen un grupo y de pronto se encuentran cinco millones de votos no pasa todos los días. Esto los ha emborrachado.

PP. En Comú Podem, en Cataluña, mantiene una posición ambigua frente al independentismo.
RR. Creo que es una postura táctica, inteligente desde su punto de vista. El Podemos español eso de Cataluña no lo entiende: recordemos las declaraciones de Iglesias en Cataluña diciendo a la gente que recordasen de dónde venían sus abuelos. Demostró mucha ignorancia sobre el lugar que pisaba. Tienen la actitud tradicional de los comunistas de ganar por la izquierda a los socialistas diciendo que son partidarios del derecho a decidir. Pero cuando los pones en la tesitura de qué pasaría si ganara el sí, te dicen que esto no sucederá: apoyan el derecho a la autodeterminación siempre que no se haga y si se hace, que salga lo que les conviene. Pero esta posición es muy difícil de vender en Cataluña -proponer el derecho a la autodeterminación para no ejercerlo y, si lo ejercemos, para perderlo- se traduce en este discurso ambiguo de Colau o Domènech. ¿Cómo puede decir este último que es soberanista pero no independentista? Esto no lo entiende nadie. Es demagogia, pero puede hacer mucho daño. Hay una bolsa de votos de izquierda que no está totalmente de acuerdo con la independencia y que se sentiría atraída a una opción soberanista (entendiéndose por soberanista lo que se quiera). El voto independentista muy justito. Si se le arañan cuatro o cinco puntos porcentuales, lo destroza. La importancia del enemigo se mide en función del daño que pueda hacer.

PP. Colau ha ido a la cumbre.
RR. Se ha apuntado con la excusa de que la voluntad de los españoles es cero porque el TC lo ha tumbado. Los independentistas no pueden decir que no. Pero, en mi opinión, proponen un referéndum negociado, pactado ... inviable.

PP. En el libro habla de los intelectuales -de partido y orgánico- y los medios de comunicación. ¿Por qué hay tan pocos intelectuales españoles que ven con buenos ojos el referéndum? Suso de Toro, Javier Pérez-Royo, usted ...
RR. No, no. Sólo yo. Saca a Suso, que dijo que ya no quiere hacer más declaraciones al respecto y es muy respetable. Javi entiende el problema, pero no quiere hacer predicciones. Los intelectuales somos un grupo muy sensible a las relaciones con el poder de todo tipo: político, mediático, económico. Dependemos muy a menudo de las subvenciones y los premios. Vivir en España y ser partidario de los derechos de los catalanes a decidir lo que quieran ser está muy mal visto.

PP. Ha recibido presiones o se siente aislado?
RR. No, estoy encantado de la vida. Ten en cuenta que a mí me ha pasado siempre y no sólo en el tema de Cataluña, con todo. Siempre he sido la oveja negra, hasta el punto de que hay gente que dice: si todo el mundo comparte una opinión ¡vendrá Cotarelo y dirá justo lo contrario! Pues es posible. En los años noventa me preguntaron porque siempre estaba nadando contra corriente. Caramba ¡Porque se hace músculo! A favor de la corriente va incluso un trozo de madera.

PP. ¿Qué opina de lo que dijo Rajoy a su militancia durante la cena de Navidad: "nos vemos pronto en las elecciones"?
RR. Sí. Catalá hace poco dijo: "seguir trabajando para perfeccionar nuestro sistema de corrupción". O Cospedal hace unos meses: "nosotros somos los que mejor robamos". No son lapsus. ¿No ves que son franquistas? Están acostumbrados a gobernar por "ordeno y mando", por decreto ley. Esto de que todos los proyectos deban pactarlos con la oposición, aunque sea la socialista, los saca de quicio. Cuando puedan, convocarán elecciones, mucho me temo...



jueves, 8 de diciembre de 2016

Cataluña ya tiene su virreina

¿De qué se quejarán estos catalanes? Lo suyo es el puro victimismo. Todo el día lloriqueando por los rincones que los oprimen, los explotan, les roban. Y, sin embargo, poco a poco, van consiguiendo el restablecimiento de sus antiguas y queridas instituciones. Rajoy, cuya buena voluntad hacía Cataluña es proverbial, ha decidido restaurar la institución del virreinato, que estuvo vigente hasta la Guerra de Sucesión, cuando Felipe V arrebató sus leyes y libertades a los catalanes y, además, su querido virrey, sustituyéndolo después por un humillante Capitán General. Ahora, la marcha hacia la plena recuperación de la personalidad catalana ya no la para nadie.

Sáenz de Santamaría, que piensa pasar más tiempo en el AVE que en su casa, será la cabeza de puente de la Gran Nación en Cataluña, encargada de reconstituir esa fraternal unidad que tanta gloria nos ha traído siempre, como puede ver cualquiera que no tenga negros prejuicios antiespañoles. Obsérvese: apenas puesto pie en tierra, la ratita hacendosa se ha entrevistado con la representante de C's, Arrimadas y el PSC, Iceta, además de yantar con unos empresarios, como gesto significativo de qué intereses defenderá la señora en el Principado. 

Los eternos resabiados critican que la virreina haya dado audiencia antes a la oposición que al gobierno. Ganas de malmeter. Si fuera ese su propósito, habría empezado por entrevistarse con el dirigente de su partido en Cataluña. Lo más probable es que los dos recibidos, Arrimadas e Iceta, hayan sido los más madrugadores para ir a rendir pleitesía a la virreina, representante del poder español.

martes, 6 de diciembre de 2016

Heroicas derrotas o el fin del Imperio

En 1945, bajo la dictadura franquista, Antonio Román, director de renombre y veteranía, rodó Los últimos de Filipinas, un film sobre el sitio de Baler, en Luzón, en donde cincuenta soldados españoles resistieron un asedio de más de once meses de los rebeldes filipinos, muy superiores a ellos en número. Lo asediados defendieron su posición (se habían refugiado en la iglesia del poblado) hasta mucho después del Tratado de París, que ponía fin a la guerra hispano-norteamericana y consagraba la pérdida de los últimos jirones del imperio, Cuba, Puerto, Rico, Filipinas, Guam, etc. De hecho, tanto los rebeldes como los yanquies ocupantes y los españoles con mando que quedaban en el archipiélago, enviaron diferentes mediadores a parlamentar con los sitiados, haciéndoles ver que su actitud carecía de sentido, pues el Estado español había entregado Filipinas a los vencedores yanquies. Pero sin conseguir nada. Los tozudos defensores, a las órdenes del teniente Saturnino Martín Cerezo, solo capitularon seis meses después (junio de 1899) cuando se convencieron directamente de que, en efecto, España había perdido las Filipinas en diciembre anterior y los rebeldes combatían ahora contra los ocupantes yanquies. De los cincuenta sobrevivieron 33. Doce murieron de beri-beri, dos fusilados por desertores. Bajas en combate, tres. Se calcula que los caídos filipinos fueron más de 700.

En 1945, la guerra mundial había terminado con la derrota de los nazifascistas aliados de Franco y, aunque el régimen empezó un viraje político subrayando ahora sus méritos anticomunistas, afrontaba lo que sería un largo periodo de aislamiento internacional. Como todo lo que hizo el franquismo, la película de Román, interpretada entre otros por Fernando Rey y Tony Leblanc, tenía una función legitimatoria y propagandista. La resistencia de Baler evocaba la "gesta" del Alcázar de Toledo y presentaba unos heroicos españoles luchando contra unos rebeldes que venían a ser, a su vez, trasunto de los comunistas. El film tuvo un éxito inmenso porque, contra lo que cabía esperar no era un españolada cutre al uso y contaba una historia que, dentro del desastre hispánico finisecular, tenía cierta grandeza. Se basó en un guión de Enrique Llovet, diplomático, intelectual y creador polifacético, dramaturgo, periodista, crítico, novelista, poeta. Un hombre del régimen de Franco, pero con categoría y nivel, y no un propagandista. La película dio título a la gesta filipina que hasta entonces se conocía solo como "el sitio de Baler" y pasó a llamarse Los últimos de Filipinas, expresión que ha enraizado en el acervo popular, aunque muchos que la usan no sepan ya de dónde viene. Igual que la bellísima habanera que escribió también Llovet, Yo te diré, que Nani Fernández canta en la versión de 1945 y en esta Alexandra Masangkay, copla muy conocida en España , aunque no se recuerde para qué fue escrita.

Esta versión de Salvador Calvo, con Luis Tosar de protagonista, reitera la historia de modo fidedigno pues actualmente contamos con bastante bibliografía y es un buen film del género guerra/sitio/heroica defensa. Los exteriores, rodados en Gran Canaria y Guinea con algunos planos aéreos son fascinantes, la tensión y el drama con su multiplicidad de peripecias (epidemia de beri-beri, deserciones, etc) está muy bien contados. La interpretación espléndida. 

La historia tiene también elementos críticos con España y su trayectoria que no podía haber en la versión de 1945 y ahora no sería admisible que no aparecieran. La idea de los oficiales y la tropa de estar defendiendo un reducto del imperio está matizada por la conciencia que tienen de ser parte -la más despreciada, ignorada y olvidada- de un engranaje que va camino al desastre por su propia inoperancia. Un diálogo entre el teniente y un soldado extremeño con ambición de llegar a pintor, resume el pensar de aquellos hombres en el que podemos reconocernos los que hemos venido después. "¿Quiere decir que estamos gobernados por traidores?" pregunta el teniente al soldado. "No, mi teniente", dice el soldado, "por traidores, no; por incompetentes".

Y esa es la cuestión. El imperio se perdió porque estaba gobernado por incompetentes. Y no solo en el llamado "desastre" de 1898, sino desde mucho antes, siglos antes. Incompetentes, corruptos, canallas, auténticos idiotas y todos ellos indiferentes a los derechos, la dignidad y el bienestar de los pueblos que una divinidad sardónica puso bajo su jurisdicción. Después de más de cuatrocientos años de echar la culpa del hundimiento del imperio y la decadencia de España a los piratas y bucaneros ingleses, los judíos, los franceses, los protestantes, los herejes, los masones, los comunistas, etc., no es demasiado tarde para que los españoles empiecen a aceptar que sólo ellos, su incompetencia, su autoritarismo, ceguera y orgullo, su falta de conciencia patriótica y nacional españolas, son los responsables de sus desgracias.  

1898: los últimos de Filipinas es una metáfora del desastre del 98 y el testimonio de la penúltima pérdida del imperio español... de ultramar. Queda por ver lo que sucederá con el peninsular. Pero lleva el mismo camino y por idénticas razones.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Aires de España

Tengo entendido que sobre esta película pesa un amago de boicoteo del público "nacional" a causa de unas declaraciones del director, Fernando Trueba, al recoger el premio nacional de cinematografía 2015: "Nunca me he sentido español". El dicho público "nacional" lleva esto siempre por la tremenda y las redes se llenaron de insultos, peticiones de boicoteo y recordatorios de que Trueba es un cineasta tan subvencionado por los organismos públicos como los demás. Es lo malo que tiene aceptar premios. Los artistas, los creadores no deben tener mecenas porque pierden libertad y, sin libertad, no hay creación. La cuestión de que el Estado tenga un "ministerio" de cultura es una polémica abierta. En todo caso, no cabe olvidar que mientras los escritores o los pintores pueden realizar sus obras con escasos medios, los dramaturgos y, sobre todo los cineastas, requieren capital, una estructura empresarial, producción industrial. Los músicos están en las dos condiciones. En estos casos, los patronazgos estatales tienen un interés económico nada desdeñable. El propio Trueba dice estar encantado con el premio porque viene acompañado de apreciable dotación económica. El hombre es sincero: no se siente español y le viene bien la pasta. Eso pone a cien a la brigada "nacional".

No seré yo quien opine sobre la "españolidad" de Trueba pero sí afirmo que quien ha hecho esta película conoce perfectamente España. O, si se quiere, una de las dos Españas. Y con eso, ya podemos hablar de la peli, de la que, por cierto, he leído críticas generalmente desfavorables ya en aspectos puramente cinematográficos. Pero me da la impresión de que ese rechazo oculta el desconcierto e la irritación de quien no acaba de entender lo que ha visto y le han contado. Porque la película es redonda, rapidísima, bien ensamblada, bien contada, trepidante, llena de ingenio (a veces algo basto), jugando magistralmente con la superposición de planos narrativos distintos del rodaje del film sobre Isabel I ("Reina de España") en la realidad de la España de los años 50. A más de esta complicada estructura, la película está plagada de claves de una España (la franquista), vista por la otra (los derrotados de la guerra y los clandestinos), de símbolos fuertemente anclados en las culturas de sus respectivas patrias. Ya solo la reproducción de la portada del NO&DO, el "noticiero"-parte semanal que todas las salas de cine tenían que proyectar- junto con otros documentales extranjeros requiere descodificacion. Y, por útimo, lo más complicado es que otras claves están fuera de la película. Una de ellas es el film "padre" de este, La niña de tus ojos (1998), también de Trueba, con algunas de las actrices, actores de este. La otra, el nudo mismo del argumento, la evasión de dos presos izquierdistas en trabajos forzados en Cuelgamuros, que reproduce la histórica real de la fuga de Nicolás Sánchez Albornoz y Manuel Lamana en 1948.

Empezando por la segunda. Fue un golpe de mano producto de la audacia, la juventud, la rebeldía de un grupo de jóvenes: Barbara Probst-Solomon y Barbara Mailer (ambas, por entonces de unos 18 años), la hermana de Norman, quien puso el dinero para comprar el coche, de acuerdo con Francisco Benet, hermano a su vez de Juan Benet. Lo planearon y lo ejecutaron. Cruzaron el país con los dos fugados. El coche se averió y tuvieron por mil aventuras, pero llegaron a la frontera y pasaron ambos a Francia. Lo contó luego años después Lamana en su novela Otros hombres y también lo ha contado muchas veces Probst-Solomon, que sigue activa al día de hoy. Y lo hizo en una película, Los años bárbaros Fernando Colomo en 1998, el año de La niña de tus ojos. De la película de Colomo, concebida como una comedia, arranca la polémica de si este episodio puede narrarse o no en clave burlesca. Probst-Solomon está en contra por parecerle falta de respeto. Pero la verdad es que esa visión cómica en los dos films, el de Colomo y el de Trueba es, en realidad, tragicómica. Por debajo de las chanzas y las burlas hay un fondo de crítica y amargura muy fuerte. La personificación final de Franco y el diálogo con Macarena Granada en La reina de España es la sublimación de los más ocultos deseos de una o varias generaciones de españoles.

Otro asunto merece la pena mencionar. Trueba atribuye al partido comunista la hazaña de la fuga de Cuelgamuros. Es muy libre puesto que narra un hecho inventado. Pero suena a propaganda y, lo que es peor, apoyada en hechos reales que aparecen así acreditados a quienes no corresponden. No consta que entre aquellos jóvenes intelectuales que realizaron el golpe hubiera comunistas. Los dos penados, Sánchez-Alboronoz (hijo del presidente de la República) y Lamana, habían sido condenados a 8 años por reconstruir la FUE. A lo mejor tuvieron algo que ver con los comunistas, aunque ninguno lo ha dicho y, desde luego, su fuga la organizaron las dos norteameamericanas y el español Benet por su cuenta.

Las otras claves externas son las de la peli anterior, de la que, por así decir, se "escapa" un personaje, Blas Fontiveros, que presta aventura a esta otra tras haber pasado por Mauthausen: una superproducción estilo Samuel Bronston en los años cincuenta, en pleno clima de bienvenido Mr. Marshall sobre la Reina Católica. Pura propaganda del régimen. La niña de tus ojos hacía burla de una película que rodaron los franquistas en la Alemania nazi, Carmen la de Triana de Florián Rey. Se decía entonces (1937) que para conseguir los extras había que echar mano de los gitanos. Lo que no se decía era que esos gitanos los sacaban de los campos de concentración.

En cualquier caso, la historia es estupenda y a ratos desternillante. Todo pasado por el tamiz de la burla de un director que junta un espíritu woodyallenesco con toques berlanguianos y, por supuesto almodovarianos. Aparte de ser él mismo de modo apabullante. Burla de los rodajes de las películas, burla de la cultura izquierdista de brigadistas internacionales y víctimas del macartismo, burla de los modos y usos de las gentes del cines mezcladas con las de la farándula. Burla de Hollywood, de España, de todo. El trasunto de John Ford que presenta roncando todo el rato con el parche en el ojo es divertido. Y burla sin límite de la España de Franco y, desde luego, del propio Franco.

Quien se quede sin ver la película por seguir el boicoteo se pierde una visión de España de ayer, de hoy y de mañana que mueve a risa y a llanto al mismo tiempo. Como siempre.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

La inútil represión

Mi artículo de hoy en elMón.cat, titulado "L'ésser i el voler ser", en el que sostengo que el diálogo aparentemente ofrecido por el gobierno central a la Generalitat es falso pues ni siquiera tiene el gesto de paralizar los procedimientos penales que él mismo pone en marcha. El artículo glosa el caso del juez Vidal, a quien el Supremo confirmó ayer su pena de tres años de suspensión de empleo y sueldo. En él se sostiene que afrontar la cuestión catalana como un problema de orden público con medios exclusivamente represivos no servirá para nada al nacionalismo español y, al contrario, avivará el independentismo catalán.

No había terminado de escribir el artículo y ya se conocían los siguientes pasos en este peculiar diálogo en dos dimensiones absolutamente distintas, como en diferentes galaxias. El juez Vidal, trocado en senador Vidal, intervino en la sesión de ayer en presencia del gobierno y pronunció un alegato impecablemente razonado, con lógica judicial, de la absoluta falta de legitimidad del gobierno y el Estado españoles en materia de independencia de la justicia. Un alegato demoledor, avalado por el hecho de que quien lo pronunciaba es víctima directa de lo que denuncia. Merece la pena ver el vídeo del juez Vidal y las caras y los gestos de Rajoy y Sáenz de Santamaría.

Pero no se quedó ahí la cosa. Ayer, el Congreso votó en votación secreta conceder el suplicatorio para que el Tribunal Supremo proceda contra el diputado Homs por presunta desobediencia, creo. Si no he leído mal vino Puigdemont a Madrid a apoyar a Homs. Eso es mucho. El gobierno y toda la clase política debieran pensar a dónde conducen el país por la senda del sostenella y no enmendalla. Porque ahora viene otra andanada mediática: Forcadell citada a declarar en el procedimiento que también se le sigue y del que puede resultar una inhabilitación. La única respuesta que tiene el Estado a la demanda de un referéndum sostenida por más del 70% de los catalanes es procesar a sus representantes, democráticamente elegidos por cumplir el mandato de sus electores. Y eso no tiene salida. Solo la unilateral. 

A continuación, la versión castellana del artículo.

El ser y el querer ser

El Tribunal Supremo mantiene la sanción al juez Vidal de tres años de suspensión de la carrera judicial por haber contribuido a la redacción de un proyecto de Constitución para la República Catalana. No se han considerado sus razones de que la sanción no tiene fundamento jurídico sino ideológico y de que, en todo caso, la posible falta ya había prescrito cuando se le sancionó. Por supuesto, lo esencial es la primera razón, si motivaciones jurídicas o ideológico/políticas.

Para decidir habría que saber qué carácter reviste ese proyecto de Constitución, si es un panfleto, un comunicado, un llamamiento a la movilización. Teniendo en cuenta que es una Constitución de la República Catalana, es decir, un futurible, hasta podría tratarse de una utopía. Las utopías no han gustado nunca al poder. A modo de aviso, el fundador del género, Tomás Moro, murió decapitado.

Hasta aquí no se llegará en la presente ocasión, pero es conveniente saber hasta dónde se llegará. Por supuesto que en la sanción al juez Vidal hay una gran carga ideológica. Pero es una ideología básica del Estado español, que lo ve como única nación y a la mayoría de los jueces no le parece ideología sino el fundamento mismo de legitimidad de su actuación. Lo mismo le sucede, aparentemente, al juez Vidal, tan movido por su idea de la legitimidad de la nación catalana como sus colegas sancionadores por la española.

Es un conflicto de legitimidad que se está dirimiendo en un terreno de legalidad, mucho más estrecho. En este, cada una de las partes no puede sino hacer lo que hace. El juez Vidal propugnar la independencia de Cataluña; los tribunales españoles sancionarlo por ello. Los dos saben que es un proceso de acción-reacción que se autoalimenta hasta conducir a situaciones (más) indeseables. Pero no pueden evitarlo, como en las tragedias griegas.

Actualmente el juez Vidal es senador. Desde el Senado, en representación de ERC, seguirá argumentando en pro de la independencia de la República Catalana. Es más, al encontrarse “suspenso” de la carrera judicial, podrá intervenir también en la vida pública catalana, incluso reanudar sus tareas redactoras del proyecto. Habrá quien sostenga que, estando “suspenso”, sigue en la carrera judicial y, por lo tanto, podría solicitarse ya su expulsión completa. Pero eso sería una arbitrariedad ya que el senador podría argumentar que está redactando un proyecto de Constitución de la República Catalana para presentarlo a la consideración de las Cortes españolas, por si tuvieran a bien aprobarlo. Entra dentro de lo filosóficamente imaginable que el Estado que es, deje lugar para el Estado que quiere ser.

Es obvio que la política meramente represiva no va a bastar para aquietar el impulso independentista. Al contrario, va a avivarlo. La experiencia, el sentido común, el realismo, así lo muestran. El independentismo se ha ganado el ser tratado como una cuestión político-constitucional que está pidiendo negociación bilateral urgente. El considerarlo, cual ha hecho hasta ahora el gobierno central, como un mero problema de orden público, solo da como resultado aumentar la movilización independentista fabricándole un panteón de héroes y mártires, Vidal, Mas, Forcadell, etc, tienen una enorme proyección simbólica, son referentes que focalizan una voluntad colectiva.

Parece atisbarse un nuevo talante en el gobierno del PP, un mayor empeño por entenderse con Cataluña y la Generalitat lo ha acogido con gran celeridad por iniciativa del vicepresidente. Justamente ahí parece haberse introducido un equívoco, si es un equívoco y no una manipulación infantil cuando se insinúa que los independentistas cambiarían la hoja de ruta y el referéndum por unas conversaciones del nivel que fuera con el Estado.

La negociación posible que el gobierno apunta y la Generalitat acepta tendrá que empezar con la cuestión del referéndum ¿Con qué, si no? La feroz oposición de principio del PP del “carácter innegociable de la soberanía nacional” se elimina a base de negociar un referéndum catalán y someterlo a la aprobación de las Cortes españolas, que son las depositarias de dicha soberanía. Si el gobierno se presentara ante el Parlamento con un proyecto de referéndum negociado, con una pregunta binaria clara, “sí” o “no”, las mayorías necesarias también negociadas y negociado asimismo el plazo de carencia hasta el siguiente referéndum, ¿por qué no iba a aceptarse si es la única forma democrática y civilizada de encauzar este conflicto?

jueves, 17 de noviembre de 2016

El desgobierno de la derecha

Aquí, el artículo de Palinuro que publicó ayer el periodico Berria, titulado "El sistema es antisistema"y en el que se da un repaso a la situación en que queda la política española, especialmente la parlamentaria, tras la traumática decisión del PSOE de abstenerse para facilitar un gobierno del PP. Con esa decisión, los socialistas han dado un paso quizá irreversible hacia su desaparición como partido de relevancia en el sistema político español y, con ello, también la continuidad de ese sistema, basado en un bipartidismo turnista ue parecía estable.

Con la abstención, el PSOE se ha constituido en rehén del PP. Prometió compensar afirmando que haría una oposición muy dura, pero stá claro que eso no podrá ser ya que el PP cuenta con el arma para impedirlo: la convocatoria de elecciones anticipadas. Cosa que no interesa a nadie, salvo al propio PP, razón por la cual es razonable pensar que, en elgún momento habrá elecciones anticipadas.

En el fondo, el conjunto del sistema hace aguas. Los dos partidos de la izquierda, enzarzados en una lucha cainita, son inbcapaces de coordinar su acción. La derecha tiene farantizado el gobierno para muchos años. Y eso que no hace nada por mantener el sistema, aunque sea con la apariencia de un Estado democrático de derecho. Falso. El PP no es un partido democrático no sabe qué hacer con un Estado de derecho que no sean trampas.

A continuación, la traducción del artículo al castellano:

El sistema es antisistema.

Parece como si la noticia del desbloqueo político gracias a la claudicación del PSOE hubiera sido una catástrofe en lugar de la ventura que todos los partidarios del sistema se prometían. “España necesita un gobierno” fue la consigna que movilizó la solución final. “No podemos ir a terceras elecciones”, remachaban. Es urgente. Hay que tener altura de miras, etc.

Por eso acabaron aceptando el gobierno de Rajoy como “mal menor” y “aunque no se lo mereciera”. No son precisamente parabienes. Era hacer de necesidad virtud y tragarse sapos sistémicos. Está de acuerdo hasta el mismo gobierno, principal beneficiado de la debilidad de la oposición para imponerle condición alguna. De los pactos con C’s Rajoy se acuerda para incumplirlos. No se ha molestado en cambiar nada salvo media docena de rostros que apenas hay modo de distinguir de los anteriores. Continuidad, orden y progreso a cargo de un gobierno minoritario, desprestigiado, acosado por la corrupción de su partido y con varios de sus componentes acusados de haber cobrado sobresueldos. Casi parece el reinado del Padre Ubu, pensado para de dinamitar el sistema.

Por sostenerlo lealmente y cuidar de la estabilidad, el orden, la gobernanza, o eso dice, el PSOE se ha suicidado, primero como oposición y ya veremos si también como partido. En la oposición será irrelevante porque funciona como un rehén del gobierno, que amenaza con disolver las Cortes si estas no se pliegan y con convocar elecciones anticipadas. En realidad, las terceras elecciones que los socialistas querían evitar y ante cuyo espantajo dieron el reciente golpe de mano intrapartista.

No siendo posible una “gran coalición”, como pedía el PP, al final, con la abstención del PSOE, han firmado una especie de pacto de gobernabilidad que la lleva implícita. El PSOE promete realizar una dura oposición en lo económico y social (aunque ya está perdiendo la esperanza de derogar la legislación anterior más agresiva) y formar frente nacional con el PP y C’s en la cuestión catalana. Pero ni eso va a ser funcional al sistema porque la amenaza de elecciones anticipadas tiene mucha fuerza y los empresarios ya han lanzado su heraldos a avisar de que, si el gobierno no puede gobernar (en su beneficio, claro), habrá que convocar elecciones anticipadas. El gobierno y los empresarios suelen decir lo mismo y se refuerzan mutuamente. Por eso es creíble la amenaza del PP que lo es no solo para el PSOE sino para los demás partidos de la Cámara, también con regulares perspectivas electorales.

El desbloqueo del sistema ha consistido en un gobierno de la derecha, en minoría parlamentaria, autoritario, neofranquista, con unos historiales de los ministros que producen pavor en cuanto a su competencia; un gobierno empeñado en tratar el problema más grave que afecta al Estado, esto es, el proceso independentista catalán, como una cuestión de orden público y una política de represión, sin negociación ni diálogo. A cualquiera, obviamente excepto al gobierno, se le alcanza que el solo recurso a la represión no resolverá sino que agravará el problema.

Cuando se trató de enfrentarse a la violencia de ETA, la situación era muy distinta porque precisamente la violencia deslegitimaba la causa que pretendía defender y, en cambio legitimaba la represión y la negativa al diálogo. Se decía entonces que cuando callaran las armas, se podría hablar de todo. Sin embargo, la actitud del Estado frente al proceso independentista catalán demuestra que aquella promesa era falsa. Las fuerzas nacionalistas españolas, básicamente el PP, el PSOE y C’s se niegan en redondo a considerar que Cataluña sea una nación y, por lo tanto, a negociar nada sobre la base de esa inaceptable pretensión. Propuestas de reforma, de revisión, proyectos, cero. El sistema carece de capacidad de autodiagnosticar la disfuncionalidad que lo afecta. Ni siquiera la comprende. Piensa que metiendo en la cárcel a unos puñados de independentistas, va a erradicar la voluntad de ser independiente cuando lo que puede hacer es destruirse a sí mismo.

Dado el carácter abierto, transversal, pacífico, democrático de la reivindicación independentista catalana y la masiva exigencia de un referéndum sobre la cuestión, la política represiva carece de toda legitimidad. Aunque sea muy legal. La legitimidad tiende a caer más del lado de un pueblo que reclama de modo masivo y pacífico su deseo de ejercer un derecho que otros pueblos en todo similares a él, como el escocés o el quebequés, han ejercido.

El giro dado por Pedro Sánchez como base de su candidatura a la SG del PSOE podría ser el inicio de un cambio de actitud del nacionalismo español en busca de una solución con el catalán. Pero es muy tenue. Aun suponiendo que Sánchez formule el programa con claridad, no está claro que vaya a convencer a su partido para que lo siga por esa vía si, como es presumible, su candidatura ha de competir con alguna otra que esgrima el patriotismo español.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Una nación imaginaria

No arriendo la ganancia al gobierno. Si no fue capaz de ver la que estaba organizando cuando desgobernaba con mayoría absoluta, menos podrá ahora poner remedio. No entiende el país que gobierna y, además, no tiene fuerza para imponer su falta de entendimiento, como antes. Se ha quedado solo, con el grumete de C's, señoreando una "gran nación española" que solo existe en los aburridos alegatos de Rajoy. En el país, esa "nación española", grande o chica, está en pugna con otras que le niegan el ser.

Los dos partidos de la izquierda, PSOE y Podemos, acusan sobremanera la mordida de la cuestión nacional. El PSOE se ha partido por eso. El golpe de mano de Vendimiario se hizo por la sospecha de que Sánchez estuviera negociando algo con los indepes catalanes. Luego se ha coronado la cuestión montando una crisis con el PSC que tiene un origen obviamente nacional. Justo en el momento en que Felipe González desembarca de nuevo, como Arturo retornando de Avalon, para amparar y aupar la protocandidtaura de Lady Macbeth del Sur, se llega a una tregua con los díscolos socialistas catalanes que se obstinan en ir por libre, aunque luego hagan acto de ardorosa fe española. Como Iceta, para quien "nación no quiere decir ni Estado ni soberanía". He aquí otro concepto de "nación", imposible saber si grande o pequeña porque es etérea, incorpórea, sin conciencia de sí misma. Es una nación apendicular. Al menos en comparación con la gran nación "hispano-andalusí" que prepara el tándem Díaz-González con las bendiciones del cruzado Rubalcaba.

La cuestión nacional muerde en Podemos con mucha mayor fuerza. La decisión de Teresa Rodríguez de proclamar unilateralmente a Podemos Andalucía autónoma respecto al Podemos "nacional" pone al descubierto una realidad más o menos oculta: un Podemos que es un conglomerado de partidos nacionales no nacionalistas o no independentistas. A esa realidad se ha sumado Rodríguez proclamando el carácter de "nacionalidad histórica" de Al-Ándalus. Un conglomerado, mosaico, batiburrillo, laberinto, conjunto, concierto (cada cual lo calificará como le guste) articulado en torno al eje nacional. Y el principal problema de los partidos nacionales que lo integran es cómo ser "nacional" sin ser nacionalista y, en último término, independentista. Ese es el factor de inestabilidad de una organización que refleja en su estructura la realidad de un territorio "plurinacional" en el que dice creer. Y es problemático si de ese conglomerado sale una idea de nación española inteligible que no sea reducirla a la nación castellana. Es todo muy real a la par que imaginario.

En la derecha, la tensión nacional/nacionalista se resuelve a su modo. En dos de las naciones históricas, (Cataluña y País Vasco) su existencia es precaria. En la tercera, en cambio, Galicia, es hegemónica, pero no con hegemonía nacional gallega, sino española. Galicia es así un ejemplo de cómo se articulan las tensiones que otros llaman "nacionales" con la fe en la nación española, única e indivisible. Más o menos por la vía del caciquismo. Los distintos territorios se adaptan a la definición de Joaquín Costa del gobierno de España, como "oligarquía y caciquismo". En la parte que toca de más nacional-español al PSOE, a los caciques los llaman "barones". Pero la idea es la misma: prohombres con poder local. El poder solía venir de la fortuna personal pero, con el sistema de financiación pública de los partidos, ahora viene de la gestión de esos caudales del común

C's es, en realidad, un producto del nacionalismo catalán o, mejor dicho, de la lucha contra el nacionalismo catalán. Es su sola justificación. Pero fuera de Cataluña no tiene tirón. Sin duda los de C's fabulan su propia nación española como una comunidad liberal, abierta, libre de corrupción. Una nación tan inexistente como las otras y más difícil de predicar porque contradice la experiencia directa, cotidiana, de la gente.

Definitivamente, no arriendo la ganancia al gobierno y tampoco a la oposición. Esta no parece ponerse de acuerdo más que a la contra, para rechazar iniciativas pasadas o presentes de aquel. Su función es no dejar gobernar pero, al mismo tiempo, debería ser capaz de hacerlo ella. Sin embargo eso es imposible porque solo se pone de acuerdo a la contra. Excepción hecha de la cuestión catalana en donde parte de la oposición se pasa al lado del gobierno. 

Incidentalmente: la crisis del PSOE se complica. Uno de los posibles candidatos a SG de más peso ha desaparecido. Un juez ha procesado a Borrell imputándole un presunto delito societario. Justo el mismo día en que el interesado denuncia que le han timado no sé cuántos miles de euros en uno de esos tocomochos de la red. Realmente es toda una peripecia. Pero, en suma, estrecha el abanico de opciones del PSOE de momento a tres: Díaz, López y Sánchez.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

El estado del gobierno del Estado

Aquí mi artículo de elMón.cat de hoy, L'estat del govern de l'Estat. Su objetivo es averiguar qué puede traer de nuevo para Cataluña el recién jurado gobierno de la derecha neofranquista, el más reaccionario y nacionalcatólico de toda la transición. En apariencia, mucho. En realidad poco. Lo más significativo es que se ha encomendado a la ratita hacendosa, Sáenz de Santamaría, la tarea de coser España. Muy femenino. ¿No se propone la Lady Macbeth de Carmona coser el PSOE? Pues la vicepresidenta quiere a su vez coser España. Algunos medios ven en este movimiento un buen augurio de recomposición de relaciones con Cataluña, pues descubren en la segunda de Rajoy capacidad, voluntad y seguridad de entendimiento con el independentismo catalán. Lo deducen de sus relaciones personales, su buena sintonía con Junqueras y Tardà y -me imagino- su buena suerte con el tarot. Todo eso es posible. Ignoro qué amistades o enemistades tiene esta señora entre las gentes de Junts pel Sí. Me rijo por la experiencia: como buena e impenitente franquista, Sáenz de Santamaría ha sido el puntal de la política "catalana" del gobierno de Rajoy, consistente en negarse en redondo a toda negociación y en recurrir sistemáticamente a la represión. ¿Voluntad de recomponer con Cataluña? Ninguna. Es posible que esta señora, ejemplo sumo del filisteísmo de la derecha católica, haya visto la luz de la verdad como Saulo camino de Damasco, pero habrá sido hace 24 horas. Hasta ese momento, fue el puntal más catalanófobo del gobierno.

Mientras los hechos no demuestren lo contrario, el nuevo ejecutivo del PP es más hostil y más agresivo contra Cataluña que el anterior y su política será provocar una confrontación con el Principado para tener una excusa y aplicar una política de sojuzgamiento. Parece que la Ratita Hacendosa ya ha dicho que Cataluña es el problema principal del Estado español. No es rápida la moza precisamente. Eso era evidente hace años. Claro que quienes la rodean no dan pruebas de ser más espabilados. Ni el gobierno ni la oposición. Todos han dejado pasar años y años, simulando no estar afectados por el desarrollo del independentismo catalán, intentando sepultarlo bajo el olvido, el infundio y la calumnia. Y, al final, no les queda otro remedio que reconocer las cosas como son.

Aquí la versión castellana del artículo:

El estado del gobierno del Estado

Por fin hubo gobierno. Cambian algunas caras, pero se mantiene sin variación el eje económico, prueba de que se seguirá aplicando la misma política económica de recortes y recetas neoliberales. Se refuerza el poder del Opus Dei con todos los ministros jurando la Biblia, no por la Constitución. Y eso que es la suya. Cesan los ministros más abrasados por la pirotecnia de su incompetencia, el de Exteriores y el del Interior. Los dos que llevan más de cuatro años fustigando el proceso independentista, a veces con medios presuntamente ilegales, y sin conseguir otra cosa que consolidarlo y adelantarlo. Los dos sustitutos se inscriben en la línea de belicosidad anticatalana. El señor Zoido (Interior) ya ha avalado la actitud de su antecesor en relación con sus conversaciones presuntamente ilegales contra sus adversarios políticos. El del abigarrado García Margallo parece dar un perfil de mayor competencia a la hora de cortocircuitar la acción exterior de la Generalitat. Es algo buscado. Por lo menos, para dejar de hacer el ridículo en los foros internacionales, algo garantizada con el ministro anterior.

Cataluña está muy presente en el nacimiento de este gobierno. Sin decirlo, por supuesto, ya que la política oficial sigue siendo negar la existencia de algo más que un problema de orden público. La nueva configuración de la vicepresidencia así lo prueba. Sáenz de Santamaría se desprende del cargo de portavoz y se dedicará primordialmente a Cataluña. Dispone de recursos formales al conservar el ministerio de Administraciones Territoriales y materiales muy potentes, al tener el CNI a sus órdenes.

Hasta ahora, la vicepresidenta ha sido quien ha arbitrado la acción del gobierno ante el independentismo catalán, acción con dos vertientes: negativa cerrada a todo planteamiento de diálogo que suponga aceptación directa o indirecta de un referéndum, y recurso sistemático a la vía represiva ante todo tipo de actos de las instituciones catalanas, desde el Parlamento a los ayuntamientos. Su dedicación a tiempo completo parece indicar un propósito de perseverar en las dos vías. Cuenta para ello con un implícito apoyo parlamentario de la oposición, al menos de Ciudadanos y el PSOE, en una especie de unión sagrada que ya se ve a la hora de propiciar o no el suplicatorio para el procesamiento de diputados independentistas. Si la mayoría de la oposición avala la actitud de cierre a toda negociación, es decir, a toda solución política; si se niega a debatir sobre legitimidad, la cuestión queda reducida al ámbito de la legalidad.

Es decir, represión y acción de los tribunales, pero sin solución visible. A cualquiera le llega que el grado de apoyo social e imbricación en las instituciones que ha conseguido el independentismo no se puede tratar como un problema de orden público bajo pena de enquistarse en un círculo de acción-reacción, de desobediencia y represión hasta que una de las dos partes o quizás las dos, estén al límite de sus posibilidades. El sentido común y la experiencia muestran que una situación de confrontación sostenida en el tiempo con recursos y contrarrecursos permanentes, realmente disminuye y mucho la capacidad de acción de las instancias enfrentadas. Sin embargo, la decisión de confiar la política "catalana" a una sola persona de talante tan autoritario como la vicepresidenta muestra la voluntad de tratar el conflicto con la mentalidad impositiva de siempre. Si hubiera el menor ánimo de buscar una solución negociada habilitaría un órgano ad hoc, como un consejo o una comisión interministerial que pudieran canalizar alguna forma de entendimiento.

El enroque del Estado, sin ninguna iniciativa, en una actitud de negación permanente, no deja otra posibilidad a las autoridades electas con un mandato independentista que seguir adelante de forma unilateral con su hoja de ruta. La legitimidad de esta manera de hacer no deriva sólo de su propia intención sino de que el interlocutor rechaza toda solución que no sea la abierta hostilidad. De aquí sólo puede surgir una situación de desobediencia civil de los cargos públicos electos que abre un evidente panorama de inestabilidad e ingobernabilidad.

Dos riesgos apuntan al horizonte independentista. En primer lugar, el alcance de la desobediencia. Esta corresponde del todo a los cargos públicos electos. No hay que exigírsela a los funcionarios. Se trata de una situación de doble poder, como la que se da en los procesos revolucionarios. Pero esta, a pesar de ser revolucionaria en el fondo, no lo es en la forma en la que debe prevalecer el carácter pacífico y el imperio de la ley. El proceso es cosa de los políticos. Los funcionarios, como el conjunto de la población, deben quedar protegidos. Su participación será voluntaria e individual pero de ninguna manera obligada.

El segundo riesgo es de carácter más político y nace de la propia dinámica catalana. Nace de este nuevo partido de la izquierda soberanista, hecho desde En Común, dirigido, al parecer por el señor Domènech y bajo inspiración general de la señora Colau. Por mucho que sus fundadores envuelvan sus manifestaciones en confusiones de carácter soberanista, será imposible disipar la sospecha de que su razón de ser, en gran medida, es servir de voz a un electorado catalán de izquierda que no es independentista.

Conservar la estabilidad, sin fracturar la gobernación y mantener la ventaja sobre las ofertas unionistas son las tareas del independentismo que el nuevo gobierno del Estado intenta frustrar