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sábado, 7 de enero de 2017

El cardenal desdoblado

Día señalado el de ayer para la "gran nación". Hablaron el trono y el altar, la sagrada alianza tradicional del país. El rey, con motivo de la Pascua Militar, y ya tenemos aquí al ejército, sin el cual la anterior alianza sería ilusión. El cardenal con el mismo motivo o con cualquier otro, pues la iglesia española habla cuando quiere, con motivo o sin él. Estaría bueno. De los dos discursos, el "lego", que no "civil" por ser "militar", fue el más soso y previsible: hay que luchar sin descanso contra el terrorismo. Por tal se entiende la actividad armada de organizaciones o individuos criminales con la composición, nacionalidad, religión o ideología que quieran. La incompetencia de la autoridad política con resultado de muerte de 75 personas inocentes, 62 de las cuales, además, obedecían órdenes de sus mandos, no es terrorismo. Por eso no se mencionó en la alocución real. O quizá sí lo sea y esté comprendida en esa categoría más amplia contra la que el monarca insta a la milicia a redoblar la guardia.

El discurso del purpurado, en cambio, no tiene desperdicio. Es toda una argumentación. Pero ocurre algo curioso: los medios en general traen la noticia del titular en la imagen hablando de "ideología de género" que, al parecer, también es responsable de la violencia machista y la prostitución. Todos se remiten como fuente a una "carta pastoral" de este príncipe de la iglesia, titulada La gran urgencia: salvar a la familia. He ido a buscarla, creo haberla encontrado aunque con un nombre algo diferente (la búsqueda en Google con el título que citan los medios no da resultado), La familia, urgencia inexcusble (Carta semanal del cardenal arzobispo de Valencia, 2 de enero de 2016). La he leído dos veces y la expresión "ideología de género" no aparece ni una. Es más, la carta es un mazacote indigesto con una sola idea repetida ad nauseam : que la familia, célula fundamental de la humanidad, está en peligro y los poderes públicos deben hacer lo que puedan por protegerla, consolidarla, hacerla prosperar. Repitan eso seis o siete veces y tienen lo esencial de la carta de marras. Pedir es siempre lo que mejor se le da a la iglesia. Se añade la orden de que los poderes públicos se abstengan de legislar en menoscabo de la familia; esto es, de lo que él cree que es y debe ser la familia.

Una reiterada petición de apoyo a los poderes públicos que, de no prestarlo, serían responsables del hundimiento moral de la familia, o sea de la sociedad. Pero nada de "ideología de género". Cabía la posibilidad de que la tal carta hubiera sido expurgada, pues la página en que se aloja es un sitio web católico que se llama Religión en libertad. Pero no es el caso; son gente seria, a juzgar por lo que publican: Kim Jong Un prohíbe la Navidad en Corea del Norte y ordena que se celebre el nacimiento de su abuela.

O alguien ha interpretado y hasta inventado la arenga religiosa del ilustre prelado y luego la ha difundido a todos los medios (de hecho, todos dicen más o menos lo mismo) o realmente el propio príncipe eclesial dio una conferencia o presentó al público su pastoral y ahí precisó su doctrina en esos términos más agresivos que recogen los medios. E decir, glosó, profundizó en su carta y confió al aire lo que no quiso dejar escrito sobre el papel. Se desdobló.

Vaya por la expresión ideología de género. Tiene su mala uva. Llamar "ideología" de género a lo que los feministas llamamos "perspectiva de género" pone nervioso al sociólogo del conocimiento que todos llevamos dentro. El género, dice Cañizares, no es una idea, sino una ideología, esto es, un conocimiento falso y, además, dañino. Siendo el orador un siervo de Dios, encuentra enseguida la punta herética. Además de una abominación, la "ideología de género" es un absurdo pues la iglesia no acepta el concepto de género como construcción cultural/social del sexo porque ella sigue llamando al sexo, sexo y, según Cañizares, sabe lo que es el amor y el matrimonio, (...) la verdad y la grandeza de la sexualidad. De sexualidad, los curas no saben nada y, si algo saben, es por malas artes.

El problema de la doctrina cañizaresca viene justo del propio enunciado de "ideología de género" porque esta es uno de los pilares de la iglesia, aunque más de la católica que de las protestantes. Toda la concepción cristiana de las mujeres y su relación con los hombres (no hablemos ya de los dioses) está recorrida por esa ideología patriarcal de género como una cadena. Una cadena interna y externa. Lo que irrita a Cañizares no es la ideología de género, sino la de un género que no sea patriarcal. Pero él no se da cuenta; es la cadena interna. Lo que le importa es que funcione la externa, esto es, que las mujeres no se escapen, que acepten la función que les corresponde en la familia asentada sobre el matrimonio único e indestructible, entre un hombre y una mujer, abierto a la vida; lo de "abierto a la vida" se completa y precisa más tarde con un los derechos de los hijos a nacer, con lo que queda claro que la iglesia sigue sin aceptar el divorcio ni el aborto. Por supuesto, ni hablamos de la posibilidad de mujeres sacerdotisas. A eso es a lo que quiere Cañizares que se adapten las mujeres y no caigan víctimas de la "ideología de género".

Este ideólogo de género macho alfa, subgénero eclesial, viene ya como un san Jorge a liberar a la princesa de Trebizonda de las fauces del dragón ideológico de género, que es el mal. Cómo el bueno de san Jorge, que murió decapitado, acabó alanceando dragones es un misterio que seguramente viene de la inventiva de Jacobo de Vorágine, que echó mano del mito de Perseo y Andrómeda. Pero este ejemplo no valdría para el prelado porque, a diferencia del casto san Jorge, Perseo iba animado de una concupiscencia ardiente.

El nuevo san Jorge acomete al dragón afirmando que la "violencia de género" (¿acaso no lo dice ya la fórmula?) y la prostitución son productos de la diabólica "ideología de género". Ambos fenómenos son tan antiguos como las sociedades patriarcales, el de la prostitución con ese mismo nombre ("el oficio más viejo, etc") y el de la violencia machista con ninguno hasta que se inventó lo del "crimen pasional". ¿Qué más quiere la víctima que el héroe la mande a la inmortalidad de un balazo? Uno podría sospechar que hay algo desajustado en el hecho de poner el efecto mucho antes, una eternidad, de la supuesta causa. Pero ya se sabe que desde los tiempos de Hume, eso de la causalidad no está nada claro, así que ¿por qué no va a ser la "ideología de género" de hoy causa de la prostitución en Babilonia, por ejemplo, llamada "causa retroactiva"?

El problema no es que el purpurado tenga una concepción dogmática y sectaria de la familia. Cada cual tiene libertad de concepciones. El problema empieza cuando el mismo purpurado, ya rojo de santa ira, sostiene que quienes profesan una idea y práctica distintas de las suyas, por el mero hecho de existir, ya suponen un peligro para la familia católica. Exactamente ¿por qué?

Por la misma razón por la que considera que es una maldad adoctrinar a niños en ideología de género que no sea la suya: porque lo dice Dios, que habla por su boca.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Mi última pastoral.

Sí, hermanos, os esperamos hoy a todos en la eucaristía de la Plaza de Colón, en la misa de las familias. Me dicen hay medio millón de almas en camino, procedentes de todos los puntos de España. Y yo os bendigo y os digo: ¡sois la legión cristiana! ¡Los reevangelizadores del país! ¡Los apóstoles del retorno de España a su prístino ser nacional, la Iglesia católica, apostólica y romana! Mi corazón se conmueve. Ya puedo retirarme a una vida contemplativa, más acorde con mi ser.

Efectivamente, el sucesor de San Pedro, nuestro amantísimo padre Francisco, ha tenido a bien jubilarme, dando satisfacción a mis repetidas rogativas de nunc dimittis, Domine. Otro cualquiera quizá hubiese pedido más tiempo para llevar a cabo su labor. La mía está hecha, viéndoos hoy venir a cientos de miles, a recibir el espaldarazo de la misión divina.

El momento no puede ser más propicio. Como si quisiera hacerme un regalo de despedida, mi amado hijo, José María Ruiz-Gallardón, ha presentado ya el proyecto de ley de protección de los derechos del concebido. Nada podía serme más grato. Por fin se han escuchado nuestras plegarias y el poderoso brazo de la justicia secular ampara las inocentes vidas de los concebidos en cualesquiera circunstancias. Solo empaña el gozo que se tolere el aborto en los casos de violación, como si el hecho de que la madre sufriera un agravio fuera responsabilidad de esa alma inocente que lleva en su pecador seno.

No obstante, es un comienzo glorioso para la recuperación de esta sociedad materialista y consumista, solo dedicada al disfrute y el relativismo de los valores. Hoy acudís, amadísima grey, a participar en la comunión de los cristianos en pro de la familia y mañana saldréis a cumplir vuestra misión de llevar este mensaje a todos los rincones de España.

Familia solo hay una y solo puede haber una, la instituida por Dios como la unión de un hombre y una mujer con fines no concupiscentes sino reproductivos. Ella, sumisa; él, dispuesto a dar la vida por ella. Así camina la familia a los ojos del Señor. No os dejeís engañar por falsas tolerancias que son artimañas del maligno. Las demás uniones son contra natura, pecado, y deben volver a ser delito. Porque, por su mera existencia, atentan contra la familia de verdad.

El matrimonio homosexual no es matrimonio a los ojos de la Iglesia. Además, la homosexualidad quizá no sea una prueba de posesión demoniaca o una muestra de degeneración, pero sí de un comportamiento desviado que puede tener cura si se apela a la fe con la fuerza suficiente. Y, por supuesto, a menor homosexualidad, menor riesgo de pederastia, ese nefando crimen consistente en abusar de la inocencia de unos pequeñuelos que Cristo siempre quiso que se le acercaran.

Y, por supuesto, queridos hermanos, portad la espada flamígera de San Miguel en contra de todo atisbo de aborto. España vuelve a ser tierra de refugio para las hipotéticas víctimas de esa forma moderna de genocidio de la interrupción del embarazo. El ministro de Justicia, el hermano Ruiz-Gallardón, a quien esperamos ver hoy en la Santa Misa, dice que su ley es la más progresista del gobierno, que nos pone en vanguardia del siglo XXI. Desde luego, es una ley tan a favor de la persona que protege sus derechos incluso antes de serlo.

No os dejéis engañar por los sofismas del adversario, cuyo solo interés es la condenación de las almas. Vendrán a hablaros de los derechos de las mujeres, en especial del de la libre disposición del propio cuerpo. ¡El derecho a eliminar otra vida, concebida por decisión libre de la madre! ¡El derecho de borrar a capricho las consecuencias de nuestros actos! No existe ese derecho y, de existir, cedería ante el superior del inocente por nacer . Una vez concebida la nueva vida, el cuerpo de la mujer ya no le pertenece sino que pertenece por entero al concebido y, subsidiariamente a quienes lo representan, la Iglesia y los poderes públicos cuando están regidos por principios católicos como sucede con el Estado español que dice no profesar religión alguna, pero es fiel hijo de la Iglesia. La maternidad es un acto trascendental. Los derechos de las mujeres no lo alcanzan. Y sobre eso de los derechos de las mujeres habría mucho que hablar, pero no es el momento.

También os atacarán en vuestra fe por el lado práctico, el material, el de los hechos y no los principios. Os dirán que la ley no frenará los abortos. Unas -quienes puedan permitírselo- irán a abortar a Inglaterra o Francia y otras habrán de hacerlo en condiciones de ilegalidad y clandestinidad y, dicen, riesgo de muerte. Es posible, aunque las cifras están por ver. En todo caso, posible y muy lamentable; pero menos que aceptar que el mal se generalice y corrompa la sociedad. Recuérdese que, cuando la colectividad está corrupta por entero, Dios no se molesta en hacer leyes, sino que la destruye por el fuego, como hizo con Sodoma y Gomorra. Allí tambén había promiscuidad, homosexualidad, sodomía, prostitución y muchos abortos. Y su destino fue terrible.

La imagen es una ilustración de Frantisek Kupka titulada El dinero, para la revista satírica anarquista francesa L'assiette au beurre, de dos de noviembre de 1901.

miércoles, 8 de agosto de 2012

La retórica de la derecha.



La política es muy aficionada a las figuras retóricas, las licencias poéticas, los tropos. Tanto la derecha como la izquierda. Las figuras de la derecha son muy características y dicen mucho sobre quienes las usan. En concreto me referiré a tres muy curiosas, dos metáforas y una cuestión contrafáctica.
Metáfora primera: la familia. Postular la familia como el origen del orden político, del reino, es antiquísimo. Está en Confucio y los legistas chinos, se convierte en doctrina imperante a través de Aristóteles y adquiere forma institucional con el derecho romano de la familia y la figura en torno a la que ha girado el orden político occidental hasta tiempos recientes, la del pater familias. Suele olvidarse que el pensamiento político moderno, nuevo, liberal, que arranca con la doctrina de Locke del "gobierno por consentimiento" se plasma precisamente como crítica de este al hoy olvidado tratado de Robert Filmer, característicamente titulado Patriarcha, or the Natural Power of Kings, que fundamentaba la monarquía absoluta en la figura del pater familias.
La autoridad de la familia llega hasta el día de hoy en el pensamiento conservador que dice  estar dispuesto a todo por protegerla. Rajoy no deja de invocarla para ejemplificar su concepción del sentido común. Cuando recita sus habituales perogrulladas sobre la crisis, nunca falta la referencia a la familia. Él está haciendo con los recortes, dice, lo mismo que hacen las familias que se ven obligadas a reducir sus gastos cuando vienen mal dadas. La comparación tiene una trampa obvia que procede de la distinta forma de entender la familia: ¿alguien concibe una familia que ajuste los gastos a base de quitar el desayuno al niño, suprimir la medicina del abuelo, o arrebatar la beca al joven mientras dedica más recursos a mejorar el campo de golf del padre? No, ¿verdad? Sería inconsistente con nuestra idea de la familia como el territorio de la solidaridad, el sacrificio y el altruismo. Eso tiene que saberlo Rajoy con lo cual es obvio que el empleo de la metáfora es falaz. Los recortes del gobierno recaen sobre los sectores más débiles y desprotegidos porque la sociedad no es una familia sino el ámbito del egoísmo y la insolidaridad. Para que la sociedad fuera como una familia tendría que ser más una comunidad en el sentido de Tönnies o de los comunitaristas actuales, posibilidad que Rajoy, como buen neoliberal, niega tajantemente incluso aunque, en su ignorancia, no lo sepa. En la sociedad rige el principio de que "no hay almuerzo gratis"; en la familia, en cambio, el de que, para algunos, el almuerzo es gratis. Porque la familia es (aunque en muchos casos no sea así) un territorio desmercantilizado. Utilizarla como metáfora para disfrazar unas medidas injustas, insolidarias, abusivas y hasta despóticas es mendaz.
Metáfora segunda: el barco. También metáfora antiquísima. El estado es una nave y el gobernante, el piloto, el que lleva el timón, también llamado gobernalle. La crisis, visualizada como una mar embravecida, ha alentado mucho el uso de la metáfora del navío: todos estamos en el mismo barco, repiten los conservadores, y todos debemos remar en la misma dirección. Sabio consejo, sin duda, si se quiere que el barco se mueva. Pero el problema no está en la conveniencia de remar en el mismo sentido sino en saber si todos reman o si, como el famoso chiste de Quino, solo rema uno, Fernández, y los demás van de guateque. Todos estamos en el mismo barco, pero unos en la sala de máquinas, en la sentina, en la cocina y otros en el puente de mando, el salón de baile o la piscina. Y recordar que compartimos el navío a la hora de pedir a los desfavorecidos que pechen con las deudas y los despilfarros de los afortunados es cínico y desvergonzado.
La cuestión contrafáctica: ¿qué pasaría si...? se la oí ayer a un periodista de Vocento en una increíble entrevista a Sánchez Gordillo en la que solo le faltó llamarlo "ladrón desorejado". Es una figura muy socorrida. ¿Qué pasaría si todo el mundo se llevara el género de los supermercados sin pagar? Hace poco también en Telemadrid, una periodista de derechas se preguntaba escandalizada qué pasaría si todos los mineros se pusieran en marcha hacia la capital para protestar. Son preguntas retóricas que no requieren respuesta; es más, se prefiere que no la haya para que el efecto implícitamente apocalíptico de la interrogación vaya calando en los ánimos. Y, sin embargo, hay una respuesta bien clara y rotunda: ¿que pasaría si todos hurtáramos en los supermercados? Que los supermercados tendrían que contratar seguridad y/o se buscaría con ahínco una fórmula eficaz en contra de la pobreza, la miseria, el hambre. ¿Qué pasaria si los mineros, etc? Que estos tendrían más fuerza en sus reivindicaciones y el gobierno se vería obligado a ceder.
La retórica es una gran ayuda de la política, pero hay que emplearla bien, de forma menos trillada y falta de sinceridad.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

domingo, 1 de julio de 2012

La incomprensible homofobia.

El carácter pacífico y poco amigo de pendencias del ser humano hace que, cuanto más violenta e irracional sea una actitud, más en el fondo se la respete, antes por temor que por convicción. Esas ejecuciones públicas de homosexuales en el Irán con grúas no son peculiaridades culturales o religiosas sino simples crímenes inhumanos que debieran mover a las naciones civilizadas de la tierra a romper relaciones con bárbaros de tal calibre.
Pero eso no sucede porque, en realidad, la homofobia es una actitud mucho más extendida de lo que parece. No tan extrema como entre los iraníes, más suave, pero también muy injusta y dañina para la concepción de la dignidad de la persona. Las intervenciones públicas de la jerarquía católica, sus diatribas contra la homosexualidad disfrazadas de paternal congoja por los destinos de los homosexuales como ovejas desviadas carecen de fundamento evangélico.
No obstante, los católicos son muy libres de seguir las enseñanzas de sus obispos y adecuar a ellas su comportamiento. Pero esa forma concreta de proceder respecto de los homosexuales no tiene por qué extenderse más allá de los límites de su religión. Los homosexuales no católicos no tienen por qué tolerar que los traten de desviados, de enfermos o de pecadores. Ese es un problema exclusivo de los homosexuales católicos.
La homofobia, una actitud que considero incomprensible, lo impregna todo. Eso se ve en la cuestión del matrimonio gay. El Tribunal Constitucional parece a punto de darle el visto bueno. Los sectores conservadores, probablemente, presionarán en favor de una nueva ley que lo haga imposible. El discurso justificatorio es siempre el mismo: "no tengo nada contra los gays ni contra que vivan en pareja con iguales derechos que los heterosexuales, pero que no le llamen a eso matrimonio". Luego sí tiene algo contra los gays, pues los limita en sus derechos.
La mentalidad homofóbica no puede admitir una familia gay porque cree estar en posesión de la verdad en lo que a la familia se refiere: una unión de un hombre y una mujer con fines de procreación. Pero la historia registra otras formas de familia y en la actualidad también las hay, como la poligamia entre los musulmanes. Está bien que sea la idea católica de familia, pero los católicos no tienen más derecho a imponer a los demás su idea de familia que los demás a imponer la suya a los católicos. 
La homofobia es incomprensible.

domingo, 27 de mayo de 2012

La familia, el sexo y los curas.

Este finde, mientras se descubría que los Robber Barons de la Península, todos ellos gentes de orden y convicciones católicas, se han levantado el capital de las otrora prósperas cajas de ahorros, se está celebrando en Madrid un aquelarre de la reacción más carcunda, llamado Congreso Mundial de Familias en el que se ha atacado en toda la línea la homosexualidad, el feminismo, la revolución sexual, la promiscuidad, el relativismo, el divorcio, el "extremismo sexual" (sic) etc., enfin la panoplia entera de las obsesiones sexuales de los curas y demás reprimidos de la parroquia, que son un puñado. Lo organiza Hazte Oír, una asociación integrista y colaboran los medios más católicos, como Intereconomía, ABC y la Razón. Participación entusiasta de miembros del clero, entre ellos el inefable obispo de Alcalá, Reig Pla, y de muy representativos militantes del PP, de su sector de sacristía y adoración nocturna, estilo Mayor Oreja.
Si estas organizaciones, gentes, asociaciones se reunieran a hablar de sus cosas, contarse su historias y hacer sus ritos, no habría nada que objetar. El problema es, sin embargo, que estos fanáticos de las convicciones religiosas y morales más ultramontanas pretenden imponer sus alucinaciones como criterio normal en la sociedad, incluso a quienes no son creyentes en sus dogmas. Y frente a eso ya hay que defenderse puesto que en el tal congreso había nutrida representación del PP, tanto mediático como político, dispuesta a poner en práctica y convertir en regla obligada sus supersticiones y mitos, gusten o no gusten a los demás. Porque ellos representan la palabra de Dios.
Hay que fastidiarse. El obispo Reig ha soltado otra soflama en contra de los derechos de quienes no piensan como él a los que tilda de enfermos, desviados, desordenados y en un tris que delincuentes. Pero sigue sin saber de lo que habla. Como todos los reaccionarios (por ejemplo, Aguirre) la tiene tomada con el mayo del 68 e hilvana disparates como este: convergencia de “ideología marxista, freudiana y liberal” que emergió en torno al Mayo del 68 francés. Ha oído campanas, no sabe dónde, pero lo junta todo. La revolución sexual, el psicoanálisis y el marxismo, el llamado freudomarxismo es de los años veinte y primeros treinta. Y el liberalismo no pinta nada en ninguna de las dos fiestas; es en realidad una reminiscencia del Syllabus de Pío Nono, cuando se condenaba el liberalismo, el racionalismo (¡incluso el moderado!) en el siglo XIX, siglo en el que Reig Pla estaría más a sus anchas. En mayo del 68 hay muchas otras cosas que el obispo ni huele; hay anarquismo, comunismo prochino, surrealismo, dadaísmo, situacionismo...En fin, es asunto complejo. Por eso quiere Aguirre destruir su recuerdo; no le gusta la complejidad. Prefiere la simplicidad. Se nota.
La idea de la sexualidad (la "sana", claro está, aunque lo que interesa a estos voyeurs enfermos es la "insana") del Congreso no puede ser más absurda, con todos los respetos, más ajena al sentido común. La sexualidad se sublima, idealiza y se presenta como algo precioso, nada menos que un regalo de Cristo a los seres humanos. Siendo esto así ¿por qué renuncian a ella los curas? Rechazar un regalo de Dios, ¿no tiene su punto de soberbia? Allá resuelvan ellos este misterio de que la gente dé crédito a lo que dicen unos que no hacen lo que dicen. Porque este es ya el núcleo del absurdo casi surrealista, como lo del 68, y es que aquellos que renuncian a la sexualidad son quienes orientan en la suya a los que no renuncian. La sexualidad es un mundo intrincado y, si no se practica (solo, acompañado, en grupo, al alimón, como sea) no se puede conocer y de lo que no se conoce no debiera hablarse. Sin embargo no paran de hacerlo, metiéndose en donde no les llaman, en todas las casas y todas la camas, con la pretensión de obligar a la gente a adaptar su comportamiento íntimo a las estrechas reglas fabuladas por una tradición de neuróticos.
Porque el Congreso se llama de familias, pero el plural sobra ya que el supuesto fundamental no es que la familia deba protegerse sino solo la familia católica. Las demás no tienen ni derecho a llamarse familias. ¿Por qué? Porque la familia es lo que la iglesia católica diga que es y eso pretenden acorazarlo en la legislación civil, que obliga a todos, católicos y no católicos. Esa idea de la familia presupone un matrimonio entre hombre y mujer, no con fines concupiscentes, sino de reproducción de la especie, siendo obligatorio acoger cuantos hijos quiera Dios mandarnos, sin medios contraceptivos. Unión de por vida, hasta que la muerte separe lo que quizá unió erróneamente la vida. Una concepción antediluviana de la familia que no conseguirán imponer ni a los católicos. Y una que descansa sobre la recuperación de la autoridad marital en el seno del matrimonio. El Congreso de Familias vería con buenos ojos -si los congresos tuvieran ojos- que las mujeres, tocadas por el Señor en sus almas femeninas, vieran de nuevo la luz, abandonaran esa locura de la igualdad, y sumisa y mansamente volvieran al hogar y al fogón y a experimentar las delicias de la esclavitud. Año del Señor 2012.
Monseñor Reig Pla truena contra el feminismo y, ¡oh, sorpresa!, la ideología de género. No está muy claro qué enciende la santa ira del prelado el feminismo y la ideología de género aunque sea de suponer que la obscena y diabólica pretensión de alcanzar la igualdad de ambos sexos en todos los aspectos de la vida. No lo dice porque no se atreve, pero lo piensa. Pues, ¡qué! ¿no fue hecha Eva de una costilla de Adán? ¿Cómo va a ser igual a Adán? ¿Cómo va a ser la parte igual al todo? Mujeres: desfilando hacia la cocina. Dejad el mundo a los hombres pues ya veis lo bien que lo hacen. Y hasta es posible que, habiendo estos recuperado su autoestima, os maten menos. Desde luego, garantizado, se sabrá menos y ya se sabe que ojos que no ven...
Los homosexuales tienen rancho aparte y en este Congreso los han puesto de chupa de dómine. Uno incluso ha dicho que los homosexuales buscan el fin de la especie, majadería típica de recurso al "enemigo exterior", el otro, para crear un "nosotros" ficticio con el que machacar a los demás, agarrotamiento moral que solo se alivia en matanzas, pogroms, persecuciones. Es llamativa esa inquina, ese odio inacabable de los católicos, sobre todo de su clero y, desde luego, de Reig Pla a los homosexuales. Aunque lo disfrazan de caridad y no es otra cosa que hipocresía y desprecio, es una obsesión que debe de tener algún motivo. Porque, aunque se admitiera que la homosexualidad fuera un pecado, hay otros capitales mucho más extendidos y peligrosos, como la avaricia, la envidia y no digamos la gula. Basta con ver a los obispos. Esta obsesión particular es por la enfermiza relación que los curas establecen entre la homosexualidad y la lujuria porque es lo que tienen más cerca. Así como la pederastia, también muy frecuente entre el clero y que es el mayor de los ataques a la familia puesto que consiste en dañar el fruto del santo matrimonio.
Carece de toda validez lo que diga una congregación de gente entre la que se da tanta pederastia sin que, por otro lado, haya una actitud decidida de condenarla, perseguirla y castigarla sino al contrario, de encubrirla y excusarla con razones taimadas, ambiguas y falaces.
Así que ya puede la carcunda, tan del gusto del gobierno de hoy, vociferar lo que quiera. La humanidad seguirá su camino hacia una sexualidad libre, digan lo que digan estos cuervos de torcidas doctrinas y almas amputadas.

martes, 4 de enero de 2011

Las enseñanzas de la Iglesia.

Arranca un 2011 negro en muchos aspectos, incluido el de las sotanas. Fortalecida por su vigorosa lucha contra las injusticias, la explotación, las desigualdades, la esclavitud, la violencia de género, los abusos sexuales y la pederastia en el decenio pasado, la Iglesia vuelve los ojos a esta España, tierra de misión, según monseñor Rouco Varela, y adalid de la fe. Que no nos durmamos en los laureles pues tenemos tajo por delante. Quienes un día fuimos el pendón de la cristiandad debemos volver a serlo. El Papa Benedicto XVI, el que condena el uso del preservativo, incluso como profilaxis contra el SIDA (aunque admite algún tipo de excepción, según parece), sostiene que los españoles tenemos que fortalecer nuestras raíces cristianas, al igual que debe hacerlo el conjunto de Europa.

Traducido al español castizo que habla monseñor Rouco a pesar de ser gallego, este fortalecimiento quiere decir que los españoles estamos llamados a una nueva reconquista. No sé yo si tanto año jacobeo (que, al fin y al cabo, es el de Santiago Matamoros), tanta raíz cristiana, tanto don Pelayo (cuya encarnación hoy es el inconfundible Cascos) y tanta reconquista no acabarán produciendo algún tipo de oscuro conflicto con nuestro primo el rey de Marruecos o con el millón más o menos de magrebíes que viven entre nosotros. El término "reconquista" desde luego no parece muy oportuno... salvo que se nos ordene predicar el Evangelio a los vecinos del quinto derecha en algún momento libre del ramadán y liarnos a mamporros para convertir al infiel.

A su vez, las huestes de Rouco, los obispos, como una legión celestial, esgrimen espadas flamígeras para zanjar las cuestiones morales de la actualidad más candente. Es un frente teológico tan pintoresco, tan alejado de la realidad, tan hostil a la razón y hasta al sentido común que parece rozar lo poético. La frontera entre la poesía y la locura ha sido siempre difusa y muy porosa. Ello se sigue no solo de las biografías de innumerables poetas, como Hölderlin, Panero, Pound, Apollinaire, etc, sino también de la misma esencia de ambas condiciones, la poética y la lunática, consistente en la enajenación. El poeta es vate y vive habitado por una otredad que le dicta lo que dice; el lunático también. La diferencia está en si lo que dicen sirve para aclarar (a veces como el relámpago) o para oscurecer el mundo a quienes escuchan. Los obispos se acercan a lo poético pero no salen de lo lunático. Y eso que la otredad que los habita es un dios. Él sabrá lo que busca pero lo que los obispos dicen es para mandarlos al psiquiátrico.

Monseñor Demetrio Fernández, obispo de Córdoba dice que la UNESCO tiene programado hacer homosexual a media población mundial. Es cierto que lo dice citando a otro prelado; pero lo hace aprobadoramente. Podría haber dicho: "escuchen qué imbecilidad se le ha ocurrido a un colega". Pero no, lo cita porque él también lo piensa, a pesar de ser una imbecilidad. Y no porque la mitad de la población sea homosexual tenga algún sentido negativo, que no lo tiene, sino por creer que esa tontería sea un plan estratégico de la UNESCO. La Curia debe de creer que la UNESCO y el conjunto del sistema de la Naciones Unidas son como los protocolos de los sabios de Sión. Saben tanto de la UNESCO como Palinuro del smorrebrod.

El obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, sostiene que la violencia doméstica se da menos en los matrimonios canónicos que en las parejas de hecho. Se ha echado encima a toda la izquierda, con o sin cargo público, diciendo que falsea los datos, que no sabe de lo que habla y que las cosas no son así. Pero sí, son así. En términos estadísticos relativos hay más violencia en las parejas de hecho que en los matrimonios canónicos. La falacia del obispo no está en los números, sino en la cosa. Y la izquierda no sabe verlo, lo que habla mucho sobre una izquierda incapaz de contestar a monseñor Reig que la misma institución del matrimonio canónico es violencia y que sea consentida por la parte subalterna (la esposa/madre) no la hace menos violencia. Si se toma esto en cuenta el matrimonio canónico es infinitamente más violento que las parejas de hecho, que son libres e iguales.

El arzobispo secretario de la Congregación para el clero, Celso Morga, dice que la culpa de la pederastia en la Iglesia la tiene la sociedad, o sea, el siglo. No sé cómo van a conseguir los curas que los feligreses aprendan a combatir a los tres enemigos del alma, el mundo, el demonio y la carne cuando ellos mismos han sucumbido ya a los tres y, de colofón, añaden la hipocresía.

La última enseñanza de la Iglesia en su conjunto, jerarquía y organizaciones católicas de movilización, va dirigida a Zapatero: subir el estipendio a la Iglesia en la declaración de la renta, dejar en vigor el Concordato de 1953 y los Acuerdos de 1989, aplazar sine die la ley de libertad religiosa, mantener los símbolos religiosos católicos en los ámbitos públicos no le ha servido de nada. En la misa del pasado día 2 en pro de una familia católica que nadie amenaza, la Iglesia, ya se ha visto, pidió la reconquista y se despachó contra las políticas del gobierno, especialmente el aborto, el matrimonio homosexual y el derecho a una muerte digna.

Roma sigue sin pagar traidores.

(La imagen es una foto de cntvalladolid, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 2 de julio de 2009

Imago patris.

Vaya melodrama en dos tiempos que se ha marcado Francis Ford Coppola. En dos tiempos porque es un melodrama dentro del melodrama o un "más difícil todavía". A primera vista la peli va de padre dominante, tiránico, egoísta, soberbio. De padre, en fin. Y de hijo rebelde que pone tierra por medio y no quiere saber nada de su familia. Ya sólo esto justificaría la situación que nos encontramos en el arranque de esta por lo demás prolija y algo lenta peli: un yankee expatriado, varado en La Boca, en Buenos Aires, que convive con una Miranda (Maribel Verdú), doctora en un psiquiátrico en el que él, Tetro, estuvo internado y que se ha enamorado locamente de él porque piensa que es un genio. En verdad, Tetro lleva siempre consigo un misterioso manuscrito, escrito en clave, una obra teatral que no quiere publicar y que oculta a todos y que es la que le da la imagen de genio a los ojos de su amante amada. Tetro, cuyo verdadero nombre es Angelo, lucha por superar sus conflictos del pasado. Dentro de este melodrama se inserta otro que es con el que arranca el film. Según se nos hace saber, un buen día se presenta en casa de Tetro un hermano mucho menor, Bernardo, Bennie, de diecisiete años, camarero en un buque de línea gringo que ha hecho escala en Buenos Aires con una avería de motor que llevará una semana reparar. Contra la inicial resistencia de Tetro que acaba de sufrir un atropello y lleva una pierna escayolada y no quiere saber nada de su familia, Bennie se queda en principio durante esa semana que luego se prolongará porque sufre otro accidente de coche que lo obliga a hospitalizarse y pierde su barco. Esto de los accidentes de coche trae malos presagios porque la madre de Tetro murió en uno de ellos conduciendo el vehículo su hijo. El padre, un famoso director de orquesta (Karl Brandauer, que hace un papel estupendo) se vuelve casar con la que será la madre de Bennie que, unos ocho años antes del comienzo de la acción del film cae en un coma del que no se ha repuesto. Aquí se esconde el segundo melodrama, el que da las claves reales del extraño comportamiento de Tetro y que no puedo revelar por no destripar la peli.

El caso es que, con la complicidad de Miranda (Maribel Verdú)y la furibunda oposición de Tetro, Bennie reescribe la pieza de éste que consiste en una historia de rivalidad entre dos hermanos (de hecho la del padre de ambos y su hermano mayor a quien aquel debe todo cuanto es pero no lo reconoce) y le pone el final que encuentra más lógico ya que la obra no lo tiene, esto es, el protagonista mata al padre. La obra se representa en el Festival de la Patagonia, dedicado al parricidio y, en el ínterín, el padre real aprovecha para morirse de resultas de un infarto sin que ninguno de los dos hijos acuda a su lecho de agonizante a pesar de que están cumplidamente informados y tienen los pasajes a su disposición.

Maribel Verdú dice que no se gusta en Tetro y hace bien porque no está en su mejor papel. Vincent Gallo (Tetro) y sobre todo Alden Ehrenreich (Bennie) le roban el protagonismo. Coppola se luce a mansalva en una peli repleta de flash backs que rompen con el uso convencional ya que las escenas actuales están rodadas en blanco y negro y las del pasado, en color. Un efecto muy logrado. Y no es el único. Lo mejor, para mi gusto, es la vida de expatriado de Tetro en Buenos Aires y que tampoco es tanto ya que la capital de la Argentina es la ciudad en la que nació su padre precisamente y cómo está captado el ambiente de La Boca e, incluso, los tipos porteños que se relacionan con Tetro, todos gentes de la farándula. Coppola reconoce la influencia de Elia Kazan en su obra. El minúsculo apartamento en el que viven Tetro y Miranda recuerda mucho el de Stella y Stanley Kowalsky en Nueva Orleans, en Un tranvía llamado deseo. Pero la visión de Buenos Aires, con las inevitables escenas en el inevitable Cafe Tortoni es agradable aunque fugaz. Imprsionantes, desde luego, los paisajes de la Patagonia, que contemplamos en el viaje en coche que realizan los protagonistas para asistir al estrenpo absoluto de la obra de teatro, llamada El deseo de viajar.

La peli se hace un poco larga, aunque sea muy variada no solamente por los flash backs sino también por las escenas de una pieza de teatro que se representa en La Boca, una versión del Fausto llamada Fausta, una especie de cabaret burlesco. La mezcla de lenguas, inglés y español y de acentos, argentino y castellano es agradable y en general la peli se sigue con agrado aunque sea algo tediosa por momentos. Y tomando el conjunto narrado con sus dos melodramas superpuestos, se obtiene una idea muy clara y patente en las escenas semifinales del funeral del viejo Carlo Tetrocini acerca del mundo morboso de la familia que pretende ser como una lección moral que habla de todas las familias. En un par de ocasiones los dos hermanos Tetrocini por separado, definen el drama de la suya como un asunto de rivalidades dentro de la familia. Pero la verdad es que la película se las ingenia para ir más allá de las rivalidades y mostrar un mundo pasional y oscuro, mucho más interesante, aunque coronado por un inverosímil final feliz que produce el efecto de un deus ex machina bastante chapucero.

jueves, 25 de junio de 2009

La buena vida

"¿A qué se va al cine?" preguntaba retóricamente mi abuela cuando acababa de disponer que todos los nietos íbamos a ver una película y ante mi insistencia de adolescente lleno de preocupaciones sociales de que fuéramos a ver El general della Rovere. "Al cine se va a pasar un buen rato, a divertirse, que para ver desgracias y sufrimientos ya está la vida." Y no sabía nada de El general della Rovere. Sólo que la había propuesto yo. Luego era un peli de sufrimiento. Y para sufrir ya está la vida. Y no le faltaba cierta razón.

El director de esta película, Remy Bezançon, a pesar de su juventud, es un poco como mi abuela. Hace una película amable, una comedia ligera y divertida que habla a favor de la institución familiar más que una prédica del Padre Peyton, aquel de "la familia que reza unida, permanece unida", que es al "pueblo unido, jamás será vencido" lo mismo que la Última Cena al Guernica de Picasso. O al revés.

Porque el protagonista de esta historia es ese ente magmático que se llama la "familia". Hasta tres generaciones, abuelo, padre, hijo vemos en escena e incluso se invoca una cuarta, los nietos que aún no han llegado pero cuya llegada anunciada cierra el ciclo de la película que por semejanza con el Roman fleuve y las movie roads podríamos llamar movie river.

En fin, una historia sentimental, a veces un poco tópica sobre algunos momentos decisivos por distintos motivos a lo largo de la historia de la familia. Los días en que los hermanos se emancipan, el que la hermana folla por primera vez o el día en que la madre está a punto de engañar al padre con otro hombre, pero no lo hace. La narración está muy bien y el director trabaja estupendamente, con mucho oficio, a pesar de ser ésta, creo, su tercera peli. Claro que sabe mucho de cine porque ha visto mucho. Se nota: en dos largos homenajes que se rinden a Los siete magníficos y Apocalypse Now. Todo ese oficio saca el mejor partido posible a unas tramas convencionales: el ruido y la furia de las crisis de los adolescentes (sus enfrentamientos, sus radicalismos y rupturas), la llamada crisis de la mediana edad en el caso de la madre.

La propaganda familiar se echa de ver en que, aunque las historias concretas que narra lo son de enfrentamientos, conflictos, incomprensiones, la institución en sí misma y en conjunto,es beneficiosa para el ser humano. Incluso llega a decirse en algún momento. Las ventajas de la familia. Cada uno de los personajes tiene una historia que es el primer día de la vida que lo espera después de un momento decisivo en ella: el primero en que se va de su casa, el primero en que se acuesta con un hombre, el primero en que estuvo a punto de engañar a su marido. Excepto en el caso de éste, del marido, cuya historia es el primer día después de enterarse de una noticia según la cual ya no le quedan muchos. Porque él es el espíritu de la familia, el Pater familias, en cierto modo el que la mantiene unida porque es el punto de referencia de sus hijos igual que su mujer tiende a ser más punto de referencia de su hija. Por cierto, algo de lejano eco machista veo en el hecho de que el primer día de la vida posterior en el caso de las mujeres gire en torno a sus sentimientos sobre un hombre mientras que los de estos tienen más que ver consigo mismos. Excepto, quizá, el caso del padre, que simboliza la unidad de conjunto. De hecho mueren dos hombres en la historia, el padre y el hijo y ambas muertes son de importancia aunque de lejos lo sea más la del hijo. La prueba es que es el fin de la peli y va acompañada del ritual de despedida con las cenizas arrojadas al mar y conectada misteriosamente a una proyección de futuro con el anuncio de que la hija está embarazada, que es la última escena.

Es decir, una película ligera que exalta los valores de la familia, pero escarba también en su significado más profundo para que veamos que las historias de familia son agregados de historias de cada uno. Y son los padres (padre y madre) los que tienen una visión más de conjunto, que tampoco quiere decir que haya de ser lo mejor. Pero matiza la posible calificación de la peli como "género: La familia Trapp". Hubiera encantado a mi abuela. Y en todo caso, caramba, es un descanso ver cine europeo; un descanso del cine gringo, claro.

martes, 10 de febrero de 2009

Eluana.

¡Cuánto camino queda a la humanidad por recorrer hasta verse libre de estos buitres carroñeros, miserables sayones del dolor y del sufrimiento, empeñados en imponer a los demás sus odiosas creencias y en obligarlos a vivir sus vidas como a ellos les parece! Ese Papa nazi ayer y nazi hoy ¿no tiene nada que mejor que hacer que tratar de perpetuar el sufrimiento de una familia con un sadismo tan repugnante como característico de su función, de su religión y de sus dioses?

Piden perdón por los crímenes que cometieron hace cientos de años, pero tratan de seguir cometiéndolos hoy. Dicen preocuparse por el derecho a la vida de cada ser humano individualmente considerado pero los someten a todos a la cuchilla procusteana de sus rígidos dogmas acuñados en su odio enfermizo a la vida, a la belleza, a la alegría y al libre albedrío.

Afirman que la familia es una institución fundada por Dios pero sólo si se organiza y comporta como ellos ordenan; ellos, que no la conocen porque la tienen prohibida, lo que no quiere decir que no reproduzcan algunas de sus ocasionales disfuncionalidades como el vergonzoso abuso de menores que han venido practicando hace siglos y siguen.

Sostienen que su reino no es de este mundo y que no participan en política pero están siempre al lado del poder cuando éste es tiránico, ilegítimo y criminal, como trata de serlo el gobierno de ese siniestro payaso llamado Berlusconi. Su apoyo a los abusos de poder sólo es comparable a su abyecta sumisión a los poderes arbitrarios y entre los dos tratan de formar una coyunda que atenta contra la autonomía y la dignidad de las personas a las que consideran meros objetos para satisfacer sus ansias de poder, su sed de mal, su afición por el maltrato y la tortura.

Feliz Eluana que has conseguido por fin, después de diecisiete años, liberarte de las garras de estas hienas inhumanas. Todo mi apoyo a tu familia que también ha conseguido liberarse del infame estigma de tener que vivir una vida de sufrimiento sólo por dar satisfacción a unos canallas en lo más profundo de su odio a la humanidad; apoyo que se prolongará en los días que vienen, cuando la jauría civil y eclesiástica se le eche encima tratando de culparla, de no dejarla en paz, de convertirla en nueva víctima de su neurosis de esclavos aterrorizados por sus propias creencias.

(La imagen es una foto de 20 Minutos, con licencia de Creative Commons).

lunes, 29 de diciembre de 2008

La futilidad eucarística.

Con toda la pompa y el boato que revistió el acto eucarístico de ayer en la Plaza de Colón quedó flotando en el ambiente una sensación de futilidad, confusión e incertidumbre. En un país de cuarenta y seis millones de habitantes cada vez más diversos y multiculturales, los cien o doscientos mil que ayer se reunieron suponen una proporción minúscula. Que esa minúscula proporción se reúna en un día señalado para celebrar la vigencia de sus creencias religiosas no hace a éstas más necesarias ni les otorga un derecho superior sobre otras creencias o falta de creencias que convivan con ellas en la sociedad, con independencia de la cantidad de gente que las respalde. El valor de las creencias no depende del número ya que éstas florecen como resultado del ejercicio de un derecho inherente a la persona: el de libertad de credo y de religión.

Parte de la jerarquía católica española salió ayer a defender su fe en el valor inmarcesible de su visión de la institución social básica de reproducción que es la familia. Digo que parte porque otra se quedó en sus diócesis, temerosa de que el acto se convirtiera en un estridente mitín político en contra del Gobierno, como el año pasado; lo cual ha influido probablemente para que el de este año tuviera un carácter más religioso y los pronunciamientos políticos fueran indirectos, implícitos, sobreentendidos. Y esto mismo es lo que le presta ese carácter fútil, innecesario, ambiguo.

Que la familia sea la unidad social básica de reproducción no lo duda nadie y nadie, que yo sepa, ataca en nuestra sociedad la vigencia de la institución. Por eso resulta confuso que la Iglesia católica defienda algo que nadie ataca. Pero es que la Iglesia no defiende la institución de la familia en sí misma sino su especial idea de dicha institución. Y no sólo defiende su idea de la familia, que es algo a lo que tiene perfecto derecho, sino también el que dicha idea de la familia sea la única que se permita, dejando a las demás formas de entender y organizar la familia fuera de la legalidad, como en los tiempos más duros del nacionalcatolicismo. Como esto no se puede decir, la Iglesia recurre a la ambigüedad de utilizar como sinónimos "familia" y "familia cristiana" para prohibir las familias no cristianas pero no tener que justificar dicha prohibición.

No está mal pero no cuela porque nadie aquí y ahora ataca a la familia ni a la forma cristiana de ésta. Es obvio que quien quiera contraer matrimonio católico en España y formar una familia de acuerdo con sus creencias puede hacerlo sin traba alguna. Carece pues de sentido el propósito de Monseñor Rouco de defender una forma de familia distinta a la que está de moda. No hay forma alguna de familia más de moda que la que defiende Monseñor Rouco, más o menos fielmente atenida a su estricta condición. Como también carece de sentido (antes bien, es un grosero atentado a la verdad) decir que esa forma "dispone de tantos medios y oportunidades mediáticas, educativas y culturales para su difusión" cuando bien a la vista está que la forma defendida por el Cardenal tiene una aplastante presencia social y las otras todavía luchan por ver reconocido su derecho a existir en condiciones de igualdad con la predominante.

Guste o no a la Iglesia y a Monseñor Rouco ya no se pueden imponer unas creencias particulares al conjunto de la sociedad. Gracias a los avances de la ciencia la institución básica de reproducción social admite variantes de acuerdo con las preferencias de sus componentes individuales sin merma de la eficacia de su función reproductiva. Por eso la Iglesia se opone a tales avances científicos, como siempre, porque amplian las posibilidades de los individuos para organizar a su libre albedrío la forma básica de la convivencia social. Y por eso también sus afirmaciones resultan tan delirantes. Dice Monseñor Rouco que la familia es "la donación esponsal del varón a la mujer y de la mujer al varón y, por ello, esencialmente abierta al don de la vida: a los hijos". ¿Por qué? ¿Porque lo diga él? Como delirante es la afirmación del Papa que escucharon ayer sus seguidores de impedir que "el amor, la apertura a la vida y los lazos incomparables que unen vuestro hogar se desvirtúen". ¿En qué desvirtúa a dichos lazos el que otras gentes tengan derecho a organizar otras formas de familia? Por supuesto en nada. Y como esto tampoco puede decirse hoy día, el acto siguió subiendo de ambigüedad.

Y así será mientras continúe manteniéndose otra confusión que ayer fue patente en la plaza de Colón y hoy repiquetean todos los comentaristas de la derecha, esto es, que el acto eucarístico era la defensa de unos valores residenciados en la familia, cristiana, no se olvide. Aquí reside la confusión cuando no el engaño deliberado. Por mucho valor que quiera atribuirse a la familia, cristiana o no cristiana, ésta no deja de ser un medio, un instrumento del auténtico depositario y titular de todos los valores, el único que ayer estuvo ausente en las prédicas eclesiales, jaculatorias litúrgicas y doctrinas pontificales: el individuo, el ser humano individual, titular de todos los valores y todos los derechos. Porque la familia se hizo para el individuo y no el individuo para la familia. En esto la ambigüedad y la contradicción del clero católico adquiere tonalidades ridículas. Es un derecho del individuo formar una familia cristiana o una familia no cristiana; como lo es no formar familia alguna. Que es exactamente lo que hace el propio Monseñor Rouco Varela, inmerso clamorosamente en esa pública contradicción de predicar una cosa y hacer otra. A este respecto el clero protestante procede con mayor coherencia porque el católico no tiene remedio y por eso delira.

Este intento de anteponer los valores de un medio, de un instrumento, de un ser colectivo, a los del ser humano individual que es fin en sí mismo pero sin poder decirlo es lo que hace que actos como el de ayer resulten confusos, fútiles, patéticos y trasnochados. La familia no está amenazada; al contrario, cada vez tiene mayor auge y está más viva porque ve reconocida su multiplicidad de formas en contra de la sañuda oposición de los Roucos Varelas. Los valores de la familia no están en cuestión. Como tampoco lo están los de su último titular y depositario, que es el individuo. Al contrario, jamás ha tenido el individuo mayor libertad para organizar su vida de acuerdo con las creencias y valores que le parezcan medulares y que pueden coincidir o no con los del clero católico que ensalza la familia pero no la practica.

Uno de esos derechos del individuo es el de la interrupción voluntaria del embarazo, el aborto, contra el que también cargó ayer Monseñor Rouco hablando fuera del tiesto de una "cultura de la muerte", como si el aborto, en lugar de un derecho de los seres humanos individuales, especialmente las mujeres, fuera una obligación. Como tampoco aquí se puede decir tamaña barbaridad porque es obvio que el derecho al aborto presupone el igual derecho a no abortar, el acto resultó confuso y ambiguo.

Hubieran querido pedir que se prohiban por ley las familias que no se ajusten al modelo católico y que por ley se prohiba la interrupción voluntaria del embarazo pero como probablemente el Vaticano ha impuesto moderación en el ultramontano clero español y éste sabe además que no están las cosas para plantear más conflictos de los que ya hay, su posición se desdibuja, pierde fuerza. Resulta triste comprobarlo una vez más, pero la Iglesia sólo interpreta satisfactoriamente su papel cuando combate, ataca e impone a la fuerza sus principios y convicciones. Cuando no puede hacerlo, su mensaje se torna arbitrario, caprichoso e incomprensible. Tiene graves problemas para adaptarse a una sociedad democrática en la que conviven creencias o falta de creencias distintas y esos problemas la afectan en su propio cuerpo de creyentes (excusado decir los que no lo somos) muchos, muchísimos de los cuales, a fuerza de demócratas no quieren vivir en una sociedad que imponga sus valores como los únicos legales y aceptables. Eso es algo que la jerarquía católica no acaba de entender y va a costarle muy caro porque, si no lo acepta, acabará identificada con las opciones políticas de la extrema derecha, cosa que en esta ocasión ha conseguido evitar a costa de la claridad de su mensaje.

Al final, cabe preguntarse razonablemente: ¿para qué se reunieron ayer cien o doscientas mil personas en la plaza de Colón? Y la respuesta es bien enteca: para escuchar misa. Santas y buenas.

(La imagen es una foto de 20 Minutos, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 3 de enero de 2008

La familia: obispos demócratas contra socialdemócratas totalitarios.

Por más que he leído dos veces (es breve, por fortuna) y con suma atención el comunicado de prensa del PSOE en respuesta a las mentiras, infundios y agresiones que profirieron los obispos en en el acto político pro PP que organizó el arzobispado de Madrid el sábado pasado, no he acertado a ver qué sea lo que hay en él que pueda calificarse de "absolutamente desmesurado y radical", como asegura el señor Astarloa y me gustaría que el citado señor, en lugar de suponer que su fogoso verbo deba aceptarse como verdad sin más, tuviera la gentileza de señalar en qué párrafos o expresiones del comunicado se traslucen desmesura o radicalismo algunos. No es difícil pues ya he señalado que el texto es breve y es seguro que hasta el señor Astarloa podrá leerlo y probar la exactitud de lo que dice. De no hacerlo quedará como un mendaz demagogo, cosa que ya se echa de ver en ese típico empleo del adverbio "absolutamente", al que suele recurrir este tipo de personas pensando que así dan más crédito a sus palabras cuando lo que hacen es quitárselo.

El texto del PSOE no sólo no es desmesurado ni radical, sino que es excesivamente moderado a mi parecer (aunque menos da una piedra) pues se limita a recordar a los curas que en España nos regimos por la Constitución y no por la ley de Moisés ni por los Evangelios. Bueno, por los Evangelios tampoco se rigen los curas. Basta con saber lo que se dice todos los días por la COPE. Aunque ahora entiendo (qué bueno es esto de escribir y cómo aclara las ideas) qué hay de desmesurado y radical en el comunicado del PSOE a ojos del señor Astarloa: la referencia a la Constitución. ¿Cómo no me habré dado cuenta antes?

Y no es el señor Astarloa el único absolutamente que ha salido a laminar al PSOE. Según el señor Jorge Fernández, secretario general del grupo popular en el Congreso, el PSOE muestra un anticlericalismo absolutamente decimonónico y casposo. Además del "absolutamente", don Jorge echa mano del socorrido "anticlericalismo décimonónico", una de esas expresiones que prueban hasta qué punto chupan rueda los carcas del lenguaje del progresismo tradicional. Porque, si el anticlericalismo es "décimonónico", el clericalismo que respiraba la concentración de curas, monjas, beatos y meapilas del sábado ¿qué es? ¿el siglo XXII? Apañados estamos.

Por último, un tercer Demóstenes de la derecha, el señor Benigno Blanco, presidente del Foro Español de la Familia, ha acusado al PSOE de tener un ego totalitarista, lo que es maravilloso. Totalitarios no son los que quieren imponer un único modelo de familia, obligar a los demás a aceptarlo o quedarse sin derechos, sino quienes amparan los derechos de individuos diferentes, protegiéndolos jurídicamente en su diferencia frente a gentes como el señor don Benigno Blanco.

Es obvio que la Iglesia católica española ha entrado en campaña electoral y que lo ha hecho a favor del PP, partido que ha salido en su defensa y en su mismo estilo, esto es, faltando de frente a la verdad, injuriando, insultando y tergiversando los hechos.

Lean, lean el comunicado del PSOE y digan qué hay ahí de desmesurado, radical, anticlerical, décimonónico, casposo o totalitario. Quienes dicen tamañas insensateces, ¿en qué mundo creen que viven?

(Innecesario decir que la imagen es el famoso lienzo de Goya, "la familia de Carlos IV", que se halla en el Museo de El Prado. Una típica familia "tradicional", por cierto.)

miércoles, 2 de enero de 2008

La familia y los obispos.

Según parece, el PSOE y su Gobierno tienen intención de salir hoy al paso de las mentiras y los ataques con que les obsequiaron los obispos el pasado día treinta en el curso de la manifa a favor del PP (disfrazada de acto eclesial en pro de la familia cristiana) convocada por el arzobispado de Madrid y jaleada a voz en cuello por los medios de la derecha y el Gobierno de la comunidad autónoma madrileña. Ya era hora de que comprendieran lo que hasta Aznar dice haber comprendido: que la política de apaciguamiento con los totalitarios, los integristas, los fanáticos no sirve de nada y es contraproducente pues les da alas permitiéndoles pensar que las concesiones que se les hacen no responden a un afán de diálogo o concordia sino al temor y al acobardamiento. La contemporización con los nacionalcatólicos ha sido el error más garrafal del señor Rodríguez Zapatero y no los dos que reconoció hace unos días ya que esos (la ruptura de la tregua y la llegada del AVE a Barcelona) no lo eran propiamente pues ambos dependían de factores ajenos. El servilismo ante los curas y sus desorbitadas pretensiones, en cambio, no fue un error sino una dejación, un abandono de los principios laicos, una traición al "no nos falles" con que se coreó la llegada del señor Rodríguez Zapatero a La Moncloa. Dicen los mentideros de la Villa que la principal defensora de esa abyecta política de concesiones al nacionalcatolicismo ha sido la señora Fernández de la Vega, vicepresidenta del Gobierno. Pues con todo lo bien que me cae dicha señora, si eso es cierto, entiendo debiera hacer pública confesión de arrepentimiento y prometer que nunca más volverá a ponerse ridículamente meliflua con clérigo alguno.

Puede parecer exagerado que se hable de totalitarismo en relación con la iglesia católica española. No hay tal. Los dirigentes obispales, con Monseñor Rouco Varela a la cabeza, son una wild bunch de teócratas que aspiran a que España vuelva a ser reserva de la cristiandad, martillo de herejes, azote de gays y lesbianas, némesis de los abortadores. Creen estos ultramontanos retardatarios que van por buen camino, a imagen y semejanza de la revolución de los neocons estadounidenses, que son en parte "teocons" y en parte "leocons", en reconocimiento de la influencia que Leo Strauss ejerció sobre muchos de ellos. (Sobre el ascenso de las nuevas formas de fascismo cristiano en los EEUU puede verse el post siguiente).

Es ya hora de que alguien con autoridad diga a los obispos que "no se metan en política" (como hacían cuando Franco, al que llevaban bajo palio), menos a favor de un partido, el PP, y menos aun en periodo preelectoral. Esas prácticas, al estilo de Divorcio a la italiana y aunque ellos mismos no lo crean, aparte de moralmente detestables son pragmáticamente desastrosas pues enemistan a muchos electores, en especial entre los cristianos

En el ínterin, representantes de las familias orilladas, ninguneadas, criminalizadas en el acto de exaltación a la cristiana se han puesto de acuerdo para salir en defensa de las familias homosexuales o monoparentales, de hecho o como sea y han puesto en marcha una especie de movimiento en la red llamado Por la diversidad familiar y en sólo cuatro o cinco días, ya cuentan con medio centenar de blogs de apoyo, entre ellos éste. Habrá quien piense que es mucho, pero no lo es cuando se recuerda que, según Technorati hay más de cien millones de blogs en el mundo.


Aprovecho la ocasión para traer el video de la campaña por la diversidad familiar, que me parece bien aunque un poco ñoño, peligro éste frecuente en la izquierda. Y para recordar que, además de acceder a la página güeb de la iniciativa pinchando en el banner de la derecha (jobá con el lenguaje blogosférico), donde quien quiera puede agregar su blog, es posible firmar onlain; toma ya. Es preciso meter en el tarugo de estos integristas católicos españoles que los homosexuales, los transexuales, etc tienen los mismos derechos que ellos porque son algo diferente, distinto, y no una degeneración de ellos. No parecen entenderlo y mira que es sencillo a nada que se reflexione que se puede ser, por ejemplo, maltratador de género y heterosexual u homosexual indistintamente. Pero, salvo los casos excepcionales de los hermafroditas y bisexuales, no se puede ser homo y heterosexual al mismo tiempo. El homosexual no es una condición errónea del heterosexual, sino que es un ser distinto. Caramba, no es tan difícil de comprender; hagan un efuerzo en pro de la convivencia.