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viernes, 23 de septiembre de 2016

El bestiario hispánico

Los escritores políticos suelen recurrir a animales para ilustrar sus análisis dotándolos de ciertas cualidades humanas. Después de los variadísimos bestiarios medievales, dedicados a la moralización universal, Maquiavelo sentó el ejemplo al decir que el príncipe debía ser una mezcla de zorro y león. Ambos tienen rasgos positivos, pero deben complementarse en la misma persona. Otro italiano, Pareto, expandía los caracteres de Maquiavelo a la elite. En esta debía haber zorros y leones. Los zorros son muy socorridos, por su supuesta astucia. Pero no siempre son bien valorados. Sir Isaiah Berlin decía que los hombres somos zorros o erizos. Los zorros se pierden en los detalles, mientras que los erizos van al grano. En esto daba la razón a Schopenhauer para quien los hombres son erizos; se buscan, pero se repelen. Añádanse el burro demócrata estadounidense, animal tozudo, y el elefante republicano, el baluarte contra el que se estrella la tozudez asnal. En resumen: zorros, leones, erizos, asnos y elefantes.

Búsquense los parecidos. Rajoy sería muy bien el asno, no por su falta de raciocinio, sino por su obstinación y tozudez. No hay quien lo mueva. Sánchez podría ser el elefante, el baluarte contra el que se estrellan las oleadas asnales. Importantes y arrasadoras que son, pues vienen movidas desde todos los cuarteles, incluidas las baronías territoriales. El paquidermo es poderoso y se apoya en sus cuatro sólidas patas en la militancia y la votancia, ambas soliviantadas.

Los otros tres animales tienen difícil acomodo. El león, ese fiero y noble félido de imponente presencia, queda sin intérprete entre los políticos. Si acaso podría atribuirse a Joan Tardá, de leonina imagen. Los dos líderes emergentes parecen aspirar al papel de zorros. Unos animales astutos capaces de robar las gallinas del corral. No es elegante cometido, así que nuestro zorro se considera astuto, pero sin especificar en qué se concreta la astucia. En política esto suele confundirse con el oportunismo, que tiene mala prensa y da una imagen de veleidad de escaso atractivo para el electorado. En último término, les queda el erizo muy visible en el modo en que C's y Podemos se repelen y Podemos busca contactos con el PSOE de los que saltan chispas.

Agotados los animales convencionales de los políticos, podemos ir a buscar otros para caracterizar el bestiario hispánico actual. Por ejemplo, los buitres. No es tan extraño, la prensa llama "fondos buitres" a unos negocios financieros que andan siempre metidos entre carroñas. Por esos mismos dominios merodean las hienas, los coyotes, los chacales. Yo identifico un par de hienas entre las personalidades que ríen en público, pero eso es cosa mía. Cada cual encuentre los parecidos como los vea. De coyotes y chacales andan servidos los municipios y comunidades. Y sin olvidar otros animales también muy ejemplificadores. Por ejemplo los llamados sociales, como las hormigas, las termitas y las hordas, las pirañas o la langosta. Cierto partido conozco que lleva casi cinco años en el poder como si fuera la maldición del quinquenio de la langosta, que no ha dejado nada con vida. Un país yermo de todo, de talento, iniciativa, espíritu cívico. Añádanse desde el punto de vista de la comunicación las cotorras, las gallinas y los gallos, o los cucos, sobre todo las primeras, omnipresentes en los medios sin parar, 24h24. De vez en cuando un gallo gallea y eso permite escuchar el cacareo de las gallinas. Los de Podemos tienen tendencia al galleo y las bases o círculos al cacareo. En cuanto a la agresividad y mala uva, las víboras se llevan la palma, las arañas venenosas y, por supuesto, los escorpiones de quienes se dice que se suicidan clavándose el aguijón. Los fondos de reptiles del ministerio del Interior no llevan veneno. Solo estupidez y un despilfarro de caudales públicos posiblemente punible.

(La imagen es una reproducción del Aberdeen Bestiary, del siglo XII, en el dominio público.) 

sábado, 21 de mayo de 2016

Banderas al viento

Está la delegada del gobierno en la capital del Reino, Concepción Dancausa, entonando el Cara Sol, como cada mañana, mientras borda en rojo su camisa azul cuando suena el teléfono. Sobresáltase Concepción (a quien los camaradas llaman cariñosamente "Conchita") pues no son horas de interrumpir su tarea mañanera, pero responde sin dudarlo. Al otro lado aparece el rostro terso -es una videollamada- de la vicepresidenta del gobierno, con gesto altivo, como siempre, mostrando sus dos incisivos de ratita hacendosa pero con tono conminatorio:

Sáenz de Santamaría (SS): Buenos días, Conchita. ¿Qué haces?

Concepción Dancausa (CD): Recordando a los camaradas caídos en el Alto de los Leones. Es un deber que me impuso mi padre.

SS: Déjalo. Ya lo harás mañana. Hay algo más urgente. ¿Has tomado medidas contra los catalanes en el partido del próximo domingo?

CD: No. ¿Qué hago? ¿Los detengo a todos?

SS: No puedes, tonta. No hay sitio en los calabozos. Haz algo mejor, algo que los saque de quicio a ver si los desmoralizamos. Mira: vendrán todos con la bandera esa con una estrella, que siempre la confundo con la cubana. Prohíbela. Di que en el estadio no se puede entrar con esa bandera... estelada, creo que la llaman, que no sé qué significa. Pero da igual. Tú prohíbela.

CD: Pero ¿cómo? ¿Cómo se prohíbe una bandera?

SS: Coño, Concha, parece que has nacido ayer. Busca una ley cualquiera que ampare tu decisión y emite un comunicado diciendo que no se puede entrar en el campo con la estelada porque es una bandera que incita al odio racial y a romper farolas.

CD: A tus órdenes. Ahora mismo lo hago.

Sáenz de Santamaría corta la comunicación con un seco "¡gracias!", consulta twitter, a ver cómo va el cachondeo de los tuiteros con la deuda pública por encima del 100% del PIB y llama al despacho de Rajoy:

SS: Presidente, ya está hecho.

Mariano Rajoy Brey (MRB): ¿Ha dicho algo Conchita?

SS: Ni pío. Ya está prohibiendo la bandera y en nada tendremos la habitual algarabía rojoseparatista y nadie hablará del aumento de la deuda pública, ni del paro, ni de la corrupción.

MRB: ¿seguro, Sori? Estoy muy preocupado. La última vez que la deuda superó el 100% del PIB fue en 1909 y me van a poner verde. Ya hay quien dice que soy el peor presidente de la democracia.

SS: ¿De qué democracia?

MRB: De esta que tenemos aquí.

SS: ¡Ah, bueno! Creía que hablabas en serio. No te preocupes, presi. En cosa de minutos nadie se acordará de la deuda. Ya lo  estoy viendo en internet.

MRB: ¿En qué?

SS: En internet. Eso que también tendríamos que prohibir. Adiós a la deuda y al PIB. Ya se ha armado...

MRB: ¿Ha dicho algo Pundemún?

SS: Sí. Que no viene a la final. 

MRB: Ese tío es un provocador. Es peor que Mas y, como este, parece que está siempre riéndose de mí..

SS: Espera, Presidente, que me llama por el otro teléfono el ministro del Interior. Le sumo a la videoconferencia. Hola, Jorge. ¿Alguna novedad?

En su despacho, Jorge Fernández Díaz, delante de una retrato de Teresa de Jesús, acaba de rezar un rosario de misterios gozosos, pero su segundo, Cosidó, le ha traído noticias alarmantes.

Fernández Díaz (FD) : Hola a los dos, el Señor esté con vosotros. ¿Quién ha mandado prohibir la estelada?

MRB: Yo, Jorge, hay que desviar la atención...

FD: ¿Desviar? ¿Sabéis la que habéis armado? A ver cómo controlamos eso. Habrá que desnudar a todos los hinchas.

SS: No te preocupes, separaremos a los hombres de las mujeres y nadie pecará. 

FD: Encima, ríete. Habrá que poner un guardia por cada hincha. Además, está el mundo entero riéndose de nosotros.

MRB: ¿Y qué? Pura envidia. Somos una gran nación. ¿Quiénes se ríen? Y ¿qué dicen?

FD: Que en España no hay libertad de expresión.

SS: ¿Lo veis? Conjura judeomasónica con toques venezolanocubanos. Seguro que también la TV iraní.

FD: ¿Que quiénes se ríen? ¡Todos! Desde Nueva York a Berlín. Y lo peor: el Papa me ha mandado un whatspp y estoy muy dolido. 

MRB: ¿Qué dice Su Santidad?

FD: No sé, espera. Lo tiene Cosidó en mi otro móvil. Nacho ¿que dice el Santo Padre? Se oye en off la voz de Ignacio Cosidó (IC):

IC: Dice: "Che, boludo, no seás chanta, ¿están de joda?"

SS: Y eso, ¿qué quiere decir? ¿En qué idioma está? ¿En catalán? No, si verás cómo, al final, hay que llamarlo Francesc.

FD: No lo sé, pero me temo lo peor. ¿Y si nos excomulga?

Se oye un timbre y la voz de Sáenz de Santamaría hablando con otra persona. 

SS: Espera, Conchita, te incorporo a la conversación. Habla. ¿Cómo va todo?¿Hay ya manifas? ¿Podemos decretar el estado de excepción?

CD: Al revés. Un juez acaba de levantar la prohibición. 

MRB: Esto... ya tal. ¿Quién le ha dicho a ese juececillo que se meta en esto?

FD: Espera, Mariano. Ha venido Dios a vernos. Ese juez arregla la situación y nosotros quedamos bien con Su Santidad.

CD: Y yo, ¿qué? Ahora los rojoseparatistas, pedirán mi dimisión. Me habéis utilizado de mala manera.

SS: No te preocupes, mujer. Tú no dimites. No hay razón. Al contrario. Es la separación de poderes en funcionamiento. El poder judicial en España es independiente. Y en cuanto a dimitir por razones morales o así, espérate.

CD: ¿A qué me espero?

SS: A que dimita Mariano. 

MRB: ¿Yo? ¿Por qué voy a dimitir yo? Estaría bueno. Merkel no se sobrepondría. 

SS: Así me gusta, Mariano. Somos la única garantía de estabilidad de España de aquí al fin de los tiempos.

MRB: Una gran nación. Supongo que ahora Puchdemún vendrá. ¿Y qué le digo?

FD: Dile que termine de leer la segunda parte del Quijote que le regalaste el otro día y que vea que, cuando don Quijote va a Barcelona, tropieza con el bandido Roque Guinart, que los catalanes llaman Rocaguinarda, y resulta ser una bellísima persona. Es un síndrome de Estocolmo del siglo XVII. Le dices al Carlas que a ver si va él a ser peor que un bandolero.

MRB: Jorge, los catalanes son todos peores que bandoleros. Son un tormento. No me dejan vivir. Te lo digo en serio, Jorge, los catalanes son un grano en...

FD: ¡Ejem! en salva sea la parte...

MRB: eso, en salva sea la parte de España.

SS: Presidente te recuerdo que la doctrina es que Cataluña es España.

MRB: Mira, Soraya, no me vuelvas loco. ¿Y la europea?
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Todo parecido entre estos personajes y cualesquiera otros de la vida real es pura coincidencia.

miércoles, 20 de abril de 2016

Diálogo de comadres

Eulogia ¿Que tal le va a su hijo Mariano en La Moncloa, vecina?

Martina¡Calle, calle, doña Eulogia! No gana una para disgustos. Ahora que ya lo veía otra vez en casa, jugando al escondite con sus primos, ¡paf! todo se escaralla y tiene que quedarse en Madrid porque no hay quien pueda sustituirlo.

Eulogia Alguno habrá, mujer. No desespere. Ese de la coleta, me parece con ganas

Martina No, si ganas tienen todos. Pero no pueden. Mi Mariano ganó las elecciones y estos solo pueden protestar. Por eso quieren que vaya al Parlamento. Quieren humillarlo, pues no pueden echarlo.

Eulogia.Ya quisieran. Pero él, con no ir... con un palmo de narices.

Martina .Menudo es mi Mariano que se las tiene tiesas al lucero del alba. Ese tal Patxi López que no tiene estudios, se cree que puede dar órdenes a un registrador de la propiedad. Figúrese usted. Ya irá él al Parlamento cuando le pete y no por orden de estos mindundis que solo saben dedicarse a la política.

Eulogia Eso es, que hagan como el Caudillo y no se metan en política.

Martina No pueden evitarlo. Es superior a sus fuerzas. ¿Creerá usted que ese de la coleta dice que no le extrañaría ver que la policía detiene a mi Mariano?

Eulogia ¡Jesús, María y José! ¿Y por qué iban a detenerle si es un santo?

Martina Porque dicen que roba.

Eulogia ¿Y eso es para detener a alguien? ¡Si lo hacen todos!

Martina Ya, pero Mariano no puede. Tiene que dar ejemplo. Ya ve, hoy recibe a ese catalán, Pichad omonte, que solo va a La Moncloa a fastidiar, a pedir, como siempre.

Eulogia Bueno, pero como le hablará en catalán...

Martina ¿Qué?

Eulogia Que no se enterará.

Martina Mi Mariano se entera de todo. Y además, habla varias lenguas, todas en la intimidad. No lo dice por modestia. Pero este pedigüeño se irá con las manos vacías. Este mes mi Mariano devuelve a los funcionarios la mitad de la paga extra que les debía y claro no queda dinero para los catalanes. Ni para la puta ni para la Ramoneta.

Eulogia¡Cómo me alegro, Martina! Mi abuelo creía que iba a morirse sin verlo.

Martina ¿El qué? ¿La puta o la Ramoneta?

Eulogia La paga extra, mujer

Martino Seguro. Si Mariano lo dice... Pero, desde luego, nunca se sabe. Hay un cura de por aquí, de Pontevedra, encima que quiere excomulgarlo.

Eulogia Excomulgar ¿a quién?


Martina ¿A quien va a ser? A mi Mariano.

Eulogia Pero ¿por qué?

Martina Porque dice que hace sufrir a la gente. Ya ve usted, como si no viniéramos a este mundo a sufrir. Sobre todo, los pobres.

Eulogia  No haga caso, vecina. Son habladurías.

Martina Eso le digo yo a Mariano y que le mande los inspectores de Hacienda al curita a ver qué tal.

Eulogia Ni caso, le digo, ni caso. Es como cuando esos rojazos lo declaran persona non grata... Ni caso. Dele recuerdos a Mariano de nuestra parte y dígale que no olvide lo de mi Ricardiño. Le vendría tan bien una plaza de ayudante de jardinero en La Moncloa.

Martina Pierda cuidado vecina. Se lo recordaré mañana, al salir de misa.


lunes, 27 de abril de 2015

Carta a Rajoy de la Reina de Ingalaterra.


Buckingham Palace April, 26th. 2015
R. H. Mr. Mariano R. Brey
La Moncloa. Spain.

Estimado señor Mariano R. Brey: Envío a usted esta carta traducida al español porque, según mis noticias, no lee usted el inglés. Me fastidia, no crea, porque, dado su contenido, exige confidencialidad y, aunque estoy absolutamente segura de la discreción de mi traductor, nunca se sabe, ¿verdad? Por cierto, también me han dicho que, además de no saber leer inglés, tampoco sabe usted leer español. Pero me malicio que esas deben de ser las inevitables habladurías envidiosas que acompañan siempre a la gente grande.
Paso al asunto que nos ocupa. He esperado unos días por si, a la vista de los hechos, su gobierno tomaba alguna decisión a propósito de ese señor que tienen ustedes aquí a título de embajador. Pero veo que pasa el tiempo y no hacen ustedes nada. Así me dije: “Mira, Liza, escribe directamente al señor Brey. Seguramente se habrá distraído. Como está tan ocupado…
En Inglaterra, señor Brey, estamos acostumbrados a tratar con todo tipo de pillastres y no se nos caen los anillos. Pero son nuestros pillastres, ¿entiende? No ajenos. De esos tenemos poca experiencia y menores deseos de verlos por aquí. Me he informado suficientemente sobre su embajador en la corte de Saint James: tampoco sabe mucho inglés (aunque más que usted), es de estatura moderada, moreno, de crespo cabello, fanfarrón, violento, mal encarado, vocinglero, cuenta chistes verdes, dice ser muy religioso, es arbitrario, incompetente y presuntamente aficionado a los chanchullos. Mis informadores coinciden en declararlo un español típico pero estoy segura de que se dejan arrastrar por los prejuicios de la Leyenda Negra, que tanto y tan injusto daño a hecho a España.
De todas formas, para evitar disgustos, ¿por qué no relevan ustedes a este héroe de Perejil y nos envían a alguien normal, de esos de la carrera diplomática? Por ejemplo, al dramaturgo Ramírez de Haro.
Según parece, además de haber tenido una bochornosa actitud en un accidente de aviación de un Yak 42 ruso, en el que perecieron 62 compatriotas suyos, recientemente se ha descubierto que, siendo el hoy embajador diputado, y sometido a estricta incompatibilidad, cobraba un dineral de una empresa que luego recibía contratas públicas adjudicadas por su partido. Aquí, en Inglaterra tenemos nombres muy duros para esos sujetos. Pero somos los ingleses, ya se sabe, puritanos. Ustedes los papistas lo tienen más fácil: cometen tropelías, luego van al cura, se arrepienten y ya pueden volver a empezar.
Aun así, haga un esfuerzo, póngase en mi lugar. Debo guardar las apariencias. Le sugiero busque un destino más apropiado para este pájaro. ¿Por qué no en Jamaica, por ejemplo?
Y ya en el seno de la confianza, aprovechando este momento distendido entre usted y yo, permítame añadir mi preocupación por un par de asuntos más.
Según mis noticias, ha repetido usted una mítica hazaña de cuando era vicepresidente del gobierno del señor López y ha enviado usted a pique en alta mar, pero cerca de sus costas, un buque petrolero cargado de fuel, confiando en que su cargamento se convertirá en hilillos de plastilina, gracias a la intercesión de Santa Teresa de Jesús. No sabe qué tranquila me siento. Muchos británicos que planean pasar sus vacaciones en las Canarias me han escrito alarmados. Supongo que puedo tranquilizarlos, ¿no? La Santa convertirá el chapapote en aguas limpias y cristalinas que dirían “bebedme” de no ser saladas.
Igualmente, nuestro ministro presidente de Gibraltar, señor Fabián Picardo, me ha pedido que interceda ante usted para que su ministro de Asuntos Exteriores, señor Margallo, al parecer lo que ustedes llaman un africanista, deje de incordiar con la Roca, que ustedes llaman Peñón. Dicho queda. Estoy segura de que sabrá usted domeñar el encendido patriotismo de su colaborador. Tenga en cuenta que en Gran Bretaña protegemos los intereses de todos nuestros súbditos. Incluidos los monos de Gibraltar.
Algunos asesores me han recomendado que no le escriba una carta tan larga para que no se fatigue usted y le quede tiempo de leer el Marca. Que lo redujera a un whatsap porque en esto de las nuevas tecnologías está usted muy impuesto. O un SMS que dijera: “Brey, sé fuerte. Actúa. Destituye”. Pero yo sé que dada su probada voluntad y entrega al servicio de su país, aceptará usted de buen grado los consejos de esta veterana reina que lo aprecia. Sobre todo, ahora que se enfrenta usted a unas elecciones.
Los reyes y reinas británicos tenemos prohibido inmiscuirnos en política. Pero solo en Gran Bretaña. En el extranjero, somos libres, por eso y porque sé que mi primo, Felipe VI de España, tan descendiente de la Reina Victoria como yo, muy respetuoso con los límites constitucionales, no lo hará, me atrevo a sugerirle una inmejorable vía de actuación.
Además de destituir a este embajador que deja la marca España en muy mal lugar, proceda usted a apartar de la política a todos los personajes de su partido ya condenados, procesados, acusados, imputados o sospechosos de corrupción empezando por usted mismo. Sí, señor Brey, inclúyase usted en la relación de los grandes primeros ministros, los Palmerston, Gladstone, Disraeli, Churchill, capaces de sacrificarse cuando la patria lo exigía. Disuelva usted el parlamento y convoque elecciones anticipadas. Por lo demás, deje que sean los jueces quienes decidan si también corresponde o no disolver su partido, el Partido Popular, como una presunta asociación de malhechores.
Estoy segura de que si atiende usted a mis humildes sugerencias, se fortalecerá la tradicional amistad entre nuestras dos naciones. Serán fraternales.
(La imagen es una foto del ministerio británico de Defensa, con licencia abierta del gobierno británico "© Crown Copyright 2015").

martes, 25 de noviembre de 2014

Adelanta la marca España.


¿Quién lo hubiera dicho veinte, treinta años antes, cuando la marca España tenía personificaciones heredadas de los bufones de los Austrias o la corte de la Reina Castiza? La marca era entonces Puerto Hurraco, el Palmar de Troya, la Virgen del Escorial, los kikos, el Lute y el Dioni. Por no citar sino a los más sonados. Andrajos, miseria, alucinaciones, santerías, sectarismo, banderías. Nada que ver con Europa.
 
Ahora, sin embargo, estamos por fin a altura europea. Ese barbilampiño querubín de trasparente mirada es una especie de alienígena pasado por una película de Kubrick. Sucede a veces en las colectividades y tribus muy definidas. Es el caso de los albinos entre los bantúes o los nubas, por ejemplo. Parecen venidos del ultraespacio. Este pequeño Nicolás acaba de materializarse de la nada, quizá enviado por alguna potencia de otra galaxia, capaz de cambiarle su angelical figura por la de un ratón, como en los cuentos de Andersen. La incredulidad y el pasmo general en la Gran Nación que acostumbraba a ser la novena potencia industrial del planeta inclinan a pensar más en un espíritu batueco que en el de una opinión pública madura, razonadora y crítica. Ver a los periodistas pellizcarse al escuchar las respuestas del pequeño gran facilitador da verdadera risa.
 
El problema es que hay testimonios gráficos irrefutables. Son imágenes que admitirán luego leyendas diversas pero todas tienen un elemento común: el alienígena ha estado y hablado con los personajes con los que dice haber estado y hablado. O sea, ministros, alcaldes, autoridades de varios rangos, instituciones como la FAES o el CNI y puede que hasta la vicepresidencia del gobierno.
 
Y ¿de qué? Eso es lo de menos ahora. El hecho es que hablaban. Tratándose de otras gentes, ello resultaría maravilloso pero, si se recuerda que son personas que también hablan con Vírgenes, les hacen encargos y las condecoran, no se ve por qué no verían en el pequeño Nicolás a un mensajero de nuestra Señora, un san Rafael enviado por whatsapp.
 
Parar el 9N sostiene petit Nicolas que le había encargado vicepresidencia. Lo peor de esto no es el patético desconocimiento que revela sobre el 9N, considerado como una especie de día del chacal. Lo peor es que el encargo puede haberse hecho. Con estos gobernantes es verosímil.  

lunes, 10 de febrero de 2014

WikiLeaks filtra la conversación entra la Infanta y el Rey.

Palinuro recibió ayer un what'sApp de su amigo Julian Asange: "Pali, cliquea en el archivo adjunto. Hemos pinchado a la Infanta hablando con el Rey". Y tal cual:

- ¿Qué tal ha ido todo, hija? Dicen que no has contestado a casi nada, que te has hecho la tonta.
- Ya sabes que se me da muy bien. Pero sí he contestado algunas preguntas.
- ¿Sobre qué o sobre quién? No sería sobre mí, ¿no?
-Claro que no, papá. ¡Si estabas mirándome desde el cuadro que presidía la sala!
- Eso es lo esencial.Yo no sabía nada. Nada de nada
- Bueno, me preguntaron por qué le dijiste a Iñaki que se apartara de Nóos en 2007.
- Sí, para el caso que me hizo... ¿Qué les has dicho?
- Que fue por razones de estética.
- Es que tu marido es muy feo. Con esa cara de lechuguino de pueblo y vendedor de crecepelo...
- No empieces, papá. Sabes que lo quiero, que me casé por amor, que solo veo por sus ojos.
- Calla. Es un inútil y un mastuerzo. ¡Mira que dejarse pillar! 
- Mala suerte, caramba. No todo el mundo tiene tu experiencia.
- ¿Qué quieres decir?
- Lo sabes de sobra. Iñaki solo quería imitarte. Su única falta fue seguir tu ejemplo.
- Ten cuidado que esto está todo intervenido. Me fío menos de estos gobernantes de derechas que de los de izquierdas.
- Pues no me calientes. A ver ¿qué ha hecho Iñaki que no hayas hecho tú? Si hasta estuvo tonteando con esa marujona amiga tuya.
- ¿Lo ves, Cris? Un mastuerzo. Nunca supo cuál es la función de un plebeyo frente a un Rey.Y con un gusto deplorable.
- Pues anda que el tuyo... Por cierto el juez me preguntó también por el préstamo de 1,2 millones que me hiciste. 
- Y que veo en globo.
- Le dije que eres paciente y esperarás a que lo devuelva. 
- Ya, al paso que van las cosas, lo doy por perdido.
- ¿De verdad? No me lo digas dos veces, que te tomo la palabra. Ahora andamos un poco apretadillos de dinero. Los abogados dicen que lo he hecho de cine y no he de temer nada. Un mal trago. Un trámite enojoso, y se acabó.
- Ya veremos, ya veremos. Ojalá. Si es así te perdonaré el resto de la deuda.
- Claro que será. Me aplicarán la doctrina Botín.
- ¡Botín! ¡Ese sí que es un leal vasallo! Claro, el dinero, la clase, en fin... ¡Un adelantado! Pero no sé yo. Está el pueblo soliviantado y los medios solo quieren escándalos para vender.
- Si Botín se libra, me libro yo. O todos o ninguno.
- Hay que confiar en los banqueros y en los empresarios. Son los que controlan a los periodistas por la barriga. Y también a casi todos los políticos (siempre hay algún friki), que es gente escurridiza, falsa. Te descuidas y te clavan un rejón.
- Tranqui, papá, está todo controlado. El fiscal es de los nuestros. Y los medios te comen en la mano.
- Los de aquí. Los de fuera echan bombas. El cuento de la democracia y el Estado de derecho y esas cosas. Menos mal que estos patanes no saben inglés. Y el que menos, el berzas de Rajoy.
- No haber empezado tú, que a veces pareces un rojo: "la ley es igual para todos, la ley es igual para todos". ¿A quién se le ocurre?
- Había que decir algo, mujer.
- Menos mal que los abogados son unos soles. Sobre todo ese amigo tuyo, Roca.
- ¿Verdad que sí, Cris? Y eso que es catalán. Hasta entre los mercaderes hay caballeros.
- Y muy listo.
- Cierto. Hizo la Constitución.
- Desde luego. Es al que se le ocurrió que me hiciera pasar por tonta.
- Que se te da muy bien.
- ¿Ves? Ya empiezas otra vez.
- Pero si lo dices tú misma.
- Es verdad. Solo he cometido un error.
- ¿Cuál? 
- Dejar que Iñaki hiciera frente a la situación él solo. Tenía que haber salido yo, diciendo que cumplía mis órdenes.Porque a la vista está: el verdaderamente tonto es él.
- Ya te lo decía yo, hija...

miércoles, 22 de enero de 2014

No era el verdadero Rajoy.

Me disponía ayer, como buen plumilla, a dar cuenta de la entrevista Rajoy/Lomana, un tantico desanimado, francamente, cuando me llamó mi amigo Dick Turpin, propietario y administrador de la página web Wikicloa, y me lo quitó de la cabeza.
- ¿Vas a comentar la entrevista del presidente de hoy?
- Sí.
- No lo hagas. Es falsa.
- ¿Más?
- Falsa de verdad, hombre. Ese no es Rajoy. Os han colocado un diferido con un sosias del menda. No sé de dónde lo han sacado, pero da el pego. La verdadera entrevista, la que estaba grabándose en ese momento, no salió. Salió el doble de Rajoy. Mira, te la envío en un archivo comprimido. No escribas nada de momento. Vas a llevarte una sorpresa.
- Vale y ¿de qué escribo hoy?
- ¿A mí qué me cuentas? Tú eres el bloguero. Pero mira la entrevista. Vas a alucinar.
Y eso es lo que hice: escribí sobre las primarias -siempre un asunto digno- y me puse a ver la verdadera entrevista de Rajoy. Transcribo sus respuestas a los bloques de cuestiones más importantes. El lector calibrará si son o no la misma persona.

Economía. La recuperación será en 2015. A partir de las elecciones. Es decir, a partir de que me reelijan. Todas las medidas de mi gobierno han sido un rotundo éxito. España está rescatada y he echado los cimientos de una poderosa recuperación. Los turistas están en cifras record. Y, dentro de poco, la llegada de capitales será masiva. Por supuesto, ha sido necesaria una devaluación interna y un empobrecimiento de las clases medias y bajas. ¿Qué quiere usted? ¿Que empobrezca a los ricos? Así no se crea empleo. El empleo lo crean los empresarios, no los trabajadores.

Comportamiento de los españoles. Ejemplar, absolutamente ejemplar. Mire usted esa mayoría silenciosa que me come en la mano. Pero, como no hay que adelantar acontecimientos, contemplamos todas las posibilidades; hasta las feas. Para eso tengo ese insustituible ministro del Interior que, cuando no blande el crucifijo, blande la porra, la multa o el tanque de agua.

Los ministros.Y, como ese, todos los demás. Ya sé que me los cuestionan por diversos motivos y que tienen una valoración ciudadana muy baja. Yo también la tengo. Los españoles son así, un poco envidiosos. Mis colaboradores son gentes bravas que cumplen con su deber de tirar la piedra mientras yo escondo la mano. De no disponer de este parapeto, padecería la dignidad del Estado que, en este momento, reside en mí, pues el Rey ya ve usted como está.

Aborto. ¿Acaso no es lo más sensato? Fíjese en el aborto. Alberto quiere prohibirlo y casi lo consigue. Me subleva la opinión, incluso la de los nuestros y hasta resurge la vieja conspiración judeomasónica pagada desde el extranjero. Ocasión de oro para que yo imponga mi autoridad, dé muestras de mi talante conservador pero abierto, reforme el proyecto y deje a Alberto de inquisidor general.

Cataluña. Reitero. Nada de adelantar acontecimientos. Estamos preparados para cualquier eventualidad en el Principado. Cualquiera. Mientras yo sea presidente, aquí no se independiza nadie. Quede bien claro. No hay nada que dialogar con quienes se obstinan en mantener su posición. Me corrijo respecto al adelanto de acontecimientos. Sí se pueden adelantar no-acontecimientos. Por ejemplo, la no-independencia de Cataluña. ¡Ah, y su españolización! ¿A dónde van los países pequeños, vamos a ver? A ningún sitio. Si es por su propio interés...

ETA.- ¿Cómo voy a ver bien la abolición de la doctrina Parot? Yo siempre he dicho, como mi maestro Fraga, que el mejor terrorista es el terrorista muerto. No nos equivoquemos. Pero vivimos en este mundo corrupto, condescendiente con los asesinos y cruel con las víctimas. No puedo hacer más. Entiendo la indignacion de los promotores de Vox si bien deben entender que hay cosas que no pueden pedirme, como tirar piedras contra mi propio tejado.

Infanta. Mire usted, me gustaría decirle otra cosa, pero se supone que me debo a la verdad y a una visión conservadora, moderada, razonable, de la realidad. Aquí no solo no hay que adelantar acontecimientos sino que hay que evitarlos. No tengo ninguna confianza en la Infanta pero, nos guste o no nos guste, tenemos que ponerla por encima de la ley y no de un modo inseguro, como cuando la ministra Báñez encomienda la solución del paro a la Virgen del Rocío, en la que no cree ni ella, sino de un modo eficaz y contundente, acogotando, si preciso es, a ese juez ensoberbecido, partidario, como todos los fanáticos del hágase la justicia y perezca el mundo. Ni hablar.

Bárcenas. Sí, ese ha sido mi calvario esta legislatura. Pero no pienso decir ni una palabra más porque no quiero incriminarme. Eso se lo dejo a Cospedal, que no va a parar hasta que la condenen. Somos todos personas irreprochables. Durante casi veinte años, un mangante parece haber estado robando a nuestras espaldas, aprovechándose de nuestra buena fe. Somos probos ciudadanos, víctimas de la estrategia procesal de un supuesto delincuente. Acepto que esto no afecta sino a una parte mínima de la increíble red de redes de corrupción en que las administraciones del PP han sumergido el país. Deplorable que la estafa de Emarsa (depuración de aguas de Valencia) no sea de 43 sino de 63 millones de euros. Deplorable que el alcalde de Burgos viva en un ático de lujo al parecer regalado por el empresario beneficiado con la adjudicación de una lucrativa obra pública. Todo deplorable, sin duda. Pero siempre lo he dicho: en este partido, el que la hace, la paga; son unos cuantos descontrolados; tenemos un código de buena conducta, presentado en su día por la ministra Mato, la más adecuada; no son los socialistas -los únicos hasta la fecha condenados en firme por corrupción- quienes pueden darnos lecciones. Y, por cierto, la mayoría de los casos, herencia de Zapatero.

Estaba en lo cierto mi amigo Dick, de Wikicloa: no podían transmitir esta entrevista, así que emitieron un fake enlatado.

(La imagen es una foto de La Moncloa aquí reproducida según su ”aviso legal”).

sábado, 4 de enero de 2014

Una historia del siglo XXV.

Llegará un tiempo en que la humanidad muestre fotografías como esta para ejemplificar la degradación, la barbarie y la estupidez de la raza humana. Lo sé de cierto porque el otro día, cuando mi amigo H. G. Wells me invitó a tomar el té en su casa y a mostrarme su máquina del tiempo, nos dimos una vuelta por el siglo XXV y eso es lo que más me llamó la atención. Aproveché una visita a una escuela de enseñanza primaria y pedí permiso para traer a nuestro tiempo un breve capítulo de un libro de educación cívica que reproduzco aquí sin variar una coma:

"En una época que presumía de civilizada era costumbre de las gentes adineradas reunir a docena o docena y media de personas adultas, provistas de armas sofisticadas que entretenían sus ocios asesinando animales indefensos y pavonéandose después por ello, considerándolo una hazaña, mientras trasegaban licores, fumaban cigarros habanos, se ponían ciegos de comida y, llegado el caso y si sus esposas no estaban, corriéndose unas juerguecitas. Llamaban "deporte de la caza" a estas reuniones y solían decir con orgullo que eran cosa de hombres, incluso de machos, pues de eso presumían.

Esta costumbre, también llamada "montería" estaba muy extendida en España, país con nulo respeto por la vida, bajísimo nivel cultural, oscurantismo religioso (allí presumían de monteros hasta los curas) y acendrado servilismo. Según se dice -si bien hoy no hay pruebas de ello- el pueblo español disfrutaba viendo asesinar en público toros bravos en espectáculos que llamaban "corridas" elevadas a la condición de "patrimonio cultural" por algún gobernante patriótico.

Los asistentes a esas monterías solían ser grandes empresarios, poderosos financieros que aprovechaban la matanza para apalabrar negocios. Los acompañaban altos cargos del Estado, dirigentes de partidos políticos, personalidades de la vida pública con cuyo concurso -a veces delictivo y generalmente inmoral- se cerraban los tales negocios. Estos dos puntales monteros iban a acompañados de una tropa de tiralevitas, logreros, aventureros y delincuentes que se encargaban de que las partes se entendieran y obtenían por ello un beneficio en forma de comisiones o de la facturación inflada de la misma cuchipanda.

Las monterías podían ser más importantes que una reunión del consejo de ministros, otra institución desconocida en nuestro siglo de feliz anarquía universal. En realidad, era allí en donde la élite económica, financiera, política, social, tomaba las decisiones de gobierno de lo que ella misma llamaba "una gran nación".

Contaba con el antecedente más venerado por la hermandad montera, el general Franco, de quien todo el mundo, excepto la Real Academia de la Historia, tenía el peor concepto, considerándolo un general felón, traidor, delincuente, dictador y genocida. Por supuesto la élite, respetuosa con el saber solvente de las instituciones, seguía el criterio de la Academia y, pues era franquista, Franco era su modelo.

Con razón: el caudillo Franco había ennoblecido la caza, pues no solamente era un infatigable montero (así como recurrente pescador de cachalotes) sino también un artista, capaz de inmortalizar el arte cinegética por medio de la del gremio de San Lucas, la pintura. Pintaba el general en un estilo muy suyo retratos, bodegones y escenas de caza que, como la que se ve, suplían ciertas deficiencias creativas con una sinceridad que hacía las delicias de los psiquiatras. Los cuadros del caudillo están expuestos en su casa museo del Pardo, lugar de peregrinación de los monteros de la "gran nación".
 
Franco cazaba y gobernaba el país mientras abatía ciervos, jabalíes u osos. España era una finca de caza. De rojos, de caza mayor y menor y hasta de peces, pues también le daba al salmón. Los franquistas no iban a ser menos. Cuentan las crónicas que cierta catástrofe ecológica llamada "Prestige" sucedió estando el ministro competente de cacería, a tiros con las bestias. Igualmente algún historiador crítico ha revelado que lo que costó el cargo al socialista Bermejo, ministro de Justicia, no fue que anduviera de cacería con el juez Garzón sino el hecho insólito, el atrevimiento nunca visto, de que dos plebeyos, poco más que dos patanes, osaran ir de montería, actividad reservada a los de toda la vida, esto es: a los nobles, los ricos y el enjambre de pelotas, mamporreros, correveidiles, delincuentes, periodistas corruptos e intelectuales mercenarios, todos los cuales posibilitaban la tranquila gobernación del coto nacional.
 
Y como no iban a ser menos, los franquistas idearon una medida ingeniosa: apropiarse por ley los espacios públicos del país como cotos de caza y prohibir a la población el tránsito por ellos cuando estaban en actividad. Se abrió entonces un debate entre los monteros tradicionales y los neoliberales. Los tradicionales insistían en que, como todos no somos iguales, pues unos tienen escopeta y otros no, lo lógico era prohibir a los civiles pasear por el campo en días de caza; por su bien; para que no les pasara nada. Era una restricción de la libertad de circulación pero dictada por una noble preocupación paternal de los señoritos por los siervos.  Los monteros neoliberales, en cambio, eran enemigos de toda restricción de la libertad, incluida la de andar por el campo en tiempo de caza. Cada cual toma sus decisiones libremente, calculando riesgos y beneficios. El riesgo era grande. Alguien podía llevarse un tiro. Bueno; era un asunto entre particulares. Que lo arreglaran ellos y no metieran en danza el Estado.
 
¿Cabría pensar en una montería en la que, en uso de su libertad, unos seres humanos se contrataran como blancos de caza, piezas por abatir a cambio de una paga? Cabría -decía el neoliberal-, todo dependería de la paga y de si esos seres humanos creían que les compensaba el riesgo. Aumentaría la demanda de caza pues siempre es más divertido disparar contra una persona que contra un oso y los contratados no como ojeadores sino como ojeados, si salían vivos, podían ganarse sus buenos cuartos. Otro asunto entre particulares. Además, ser pieza de montería siempre será mejor que no ser nada. Que cada cual elija. Libremente.

A esa doctrina llamaban neo-liberalismo y sostenían que era un avance de la civilización y el progreso.


Hasta aquí el breve capítulo de un manual de educación cívica del siglo XXV que me traje como recuerdo del futuro. Porque lo que es el presente...



jueves, 3 de octubre de 2013

La noche ciega.


El caminante fue acumulando recuerdos a lo largo de la jornada. Memorias fugaces. Instantes alegres, tristes, intensos. Impresiones que se repetían. Reconstrucciones caprichosas. Reinterpretaciones. Tesoros guardados celosamente. Un pasado fragmentario. No se detenía en nada, pero lo iba archivando todo según llegaba. Todo lo metía en un cajón de cualquier forma, corriendo el riesgo de que cada adición cayera como un ladrillo en el mullido colchón que formaban los demás y lo alterara. No le importaba. Seguía caminando, recibiendo imágenes del pasado de la más variada condición. Una sonrisa, el frenazo de un coche, el cielo estrellado, la halitosis del vecino, la música en el ascensor, la mirada de un hijo, unos ladridos en la noche, la moral del caballero, los precios en el escaparate, un deseo de niño, la imagen de un Papa en la televisión, la caricia del amante, una guerra lejana, la muerte de un divo,  el ceño del padre, una larga conversación sobre la “cristalización” de Stendhal, un error de juicio, el cuento de la abuela, las alforjas esas de las que salen los recuerdos, una pelea a gritos en un bar, un examen difícil, la visita al manicomio, el infinito del universo o su finitud, la zancadilla del colega, las consecuencias de los actos, Dios de la mano de todos los dioses, una ruindad imperdonable, el sistema binario, quintaesencia del ser humano. Y así siguió hasta que, rendido, se detuvo a dormir.

Se sentó al pie de un árbol y cerró los ojos. Buscó el cajón. No lo halló. Se levantó una noche insondable. Nada de lo vivido, nada de lo revivido volvía. Nada puede volver. ¿Para qué? Nada puede cambiarse. Lo que fue sigue actuando, sigue llegando. Pero no como ello mismo sino como sus consecuencias. Las consecuencias son la morrena que engulle el presente. Las memorias son despojos, jirones, pecios inseguros sobre esa masa en movimiento quieto que es el yo. Sirven para hacernos creer que entre ellas y nosotros hay algún lazo de unión y así nos olvidemos de lo que somos, pero solo el tiempo que tardan en volver a sumergirse. Mejor dicho, de lo que suponemos que somos. Porque ser, lo que se dice ser, no somos nada. Si acaso un desorden que llama orden al caos.

La oscuridad era tal que no había diferencia entre mantener los ojos abiertos o cerrados. La mirada interior, esa es la que cuenta. La que atisba en los vericuetos de lo que llevamos dentro. Y ¿qué llevamos dentro? Sentimientos, solo sentimientos. Todo se hace sentimiento. La razón misma es sentimiento, bastante primitivo por cierto. Sentimientos que prenden en algún lugar indefinido pero se definen con palabras: tristeza, furia, sufrimiento, orgullo, alegría, venganza, arrepentimiento, generosidad, angustia, culpabilidad, nostalgia, amor, odio; la paleta entera de los estados de ánimo, de espíritu, del alma incomprensible. Son los sentimientos los que definen los caracteres desde Teofastro hasta C. G. Jung.

Levantándose con la del alba, el caminante llena sus pulmones con el aire fresco y, haciendo bocina con las manos grita al mundo ¡lo siento! Es como si se hiciera el harakiri y quisiera fundirse con todo lo que fue. Y desaparecer.

Luego, se echa el morral al hombro y sigue su camino. Pero ya es otro. Como Rimbaud.

(La imagen es una foto de Euromagic, bajo
licencia Creative Commons).

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Entrevista a Mariano Rajoy.


Palinuro, el reportero más duro, consiguió colarse hoy por la mañana en La Moncloa gracias a un primo que tiene, empleado de asesor de Rajoy. Una vez en el complejo, se atuvo a sus consejos: hacer como si nada, coger unos papeles y andar de un sitio para otro recorriendo los pasillos como si fuera a algún sitio o viniera de algún otro. El truco consistía en hacerse el encontradizo con el presidente y, una vez contactado este, no darle tiempo a reaccionar y recordarle aquellos inolvidables tiempos cuando ambos -Palinuro y él- se conocieron siendo él presidente de la diputación de Pontevedra y Palinuro algo que, de momento, no revelará, pero es históricamente cierto. Pasaron antaño unos gratos momentos y, fiado en este recuerdo, esperar que accediera a retirarse a un diván en un rincón y mantener esta charla que damos hoy a los lectores en rigurosa exclusiva mundial.




Pregunta: Usted dijo que no cumplía su palabra pero sí con su deber. Pero, ¿no es el primer deber de un hombre cumplir la palabra?

Respuesta: Mireusté, déjese de frivolidades. España es una gran nación y hay que sacrificarle todo. Hasta la hombría. Yo estoy dispuesto.
 
P.: Es opinión universal que no hace usted más que mentir.
 
R.: Mentira, verdad, ¿cómo distinguirlas en política? La verdad es una quimera y la mentira ya tal.

P.: Casi todos sus ministros son ignaros en la materia que les ha encomendado. ¿Cree que es bueno para España?

R.: Excelente. Si supieran algo de lo que gestionan podrían tener ideas y eso es peligrosísimo. Las aplicarían, en lugar de obedecer órdenes como hago yo. El gobierno es cosa de jerarquías.

P.: ¿Cree que los medios públicos de comunicación en España con usted son imparciales?

R.: ¿Tiene alguna duda? La cobertura respeta rigurosamente los apoyos electorales. A más votos, más razón se le da a un partido. No solo tiempo sino razón. No querrá que sea al revés. Sería reírse del pueblo. ¿Me entiende?

P.: Por supuesto. ¿Cree que la democracia es compatible con el gobierno por decreto y el ninguneo del Parlamento?

R.: Lo dice usted como si fuera gobernar por ukase. Y no. El Parlamento tiene luego que convalidar el decreto. Así que nada de ninguneo. El Parlamento tiene la esencialísima tarea de convalidar los decretos del gobierno.

P.: Y aplaudir.

R.: Solo si me lo merezco. No obligo a nadie. Pero el Parlamento es fundamental en España.

P.: Fundamentalísimo, desde luego. Presume usted de haber conjurado la amenaza de la crisis sobre España y de que estamos al inicio de la recuperación. Pero los datos no dicen eso. ¿A quién deben creer los ciudadanos, a los datos o a usted?

R.: ¿Ve por qué no admito preguntas en las ruedas de prensa?

P.: Claro. Las preguntas las carga el diablo.

R.: ¡Qué va! Las carga Carlos Marx. Mireusté, entre los datos y yo, lo tengo claro: yo. Además, los datos los fabrico yo, que tengo sentido común y soy muy previsible. Los ciudadanos, que crean lo que quieran. España es un país libre. Al final se hará lo que yo diga y seguro que coincide con los datos.

P.: ¿Y si no hay recuperación?

R.: Se parece usted a Guindos, que es un agonías. Claro que la habrá. ¿No ve que ya hemos arruinado el país y empobrecido a sus habitantes al extremo de que España entera es pieza codiciada de los fondos internacionales? En nada de tiempo volverán los inversores con una lluvia de miles de millones.

P.: O sea, otra burbuja.

R.: Claro, solo que yo no la llamo así sino recuperación económica. Es como cuando Aznar. Cogió España en la ruina y la dejó con superávit. No seré yo menos que Aznar, que no era un lince.

P.: ¿Por qué han de pagar la crisis los más desfavorecidos, lo que la convierte en una estafa?

R.: Es obvio. La pagan porque son los currelas, los que nacieron para pagar. Si tiene alguna duda, léase los artículos que escribí en El berrido de Pontedeume en mi juventud, en donde demuestro que lo natural es la desigualdad de la gente, que la igualdad es una manía de psicópatas y envidiosos, como demostraba Fernández de la Mora, mi guía espiritual. Unos, como yo, hemos nacido para mandar y ser ricos; otros, para obedecer y ser pobres. Es el orden natural de las cosas. ¿En dónde está la estafa?

P.: Con la excusa de la crisis su gobierno está realizando una involución de 100 años y, mientras Francia impone la laicidad en las escuelas, ustedes les imponen la religión. ¿Cree usted que Francia sea un país más atrasado que España?

R.: Desde luego. Todos masones y antiespañoles.

P.: ¿Por qué no condena el PP el franquismo?

R.: Ya lo hicimos.

P.: Pero de mentirijillas. Luego no lo condenaron en el Parlamento Europeo. Su partido está lleno de franquistas, ustedes han derogado de hecho la Ley de la Memoria Histórica y se niegan a investigar los crímenes del franquismo.

R.: No queremos reabrir viejas heridas. Es un error. Además, no me importa reconocerlo, en el fondo, fondo, somos todos tan franquistas como el Rey. Pero todos, ¿eh? Todos. Ustedes, los rojos, también.

P.: ¿Qué quiere decir?

R.: ¿No se da cuenta? Franco marcó todas las generaciones. Nosotros somos los continuadores del régimen y, en cierto modo, ustedes también lo son del antirrégimen. Si se acabara el franquismo, ¿de qué iban ustedes a hablar?

P.: Tenemos muchos temas.

R.: No es eso lo que me dice Arriola. Su único tema, además del franquismo, es la transición: que si fue buena, que si mala, que si se hizo bien, mal o regular. Viven ustedes en el pasado y ni sobre eso consiguen ustedes entenderse. Son ustedes de una vaciedad mental asombrosa.

P.: Volvamos al presente. ¿Cuándo va usted a dar explicaciones reales sobre el caso Bárcenas? ¿Está esperando a hacerlo ante el juez?

R.: ¡Qué murga, oiga! Precisamente hoy ha tenido Sorayita que responder a sus insidias en el Parlamento. He dado ya todas las explicaciones. No hay más. Se acabó. Reconocí haberme equivocado, como el Rey con el elefante y ya solo los enemigos de España, la canalla marxista y los periodistas, que viene a ser lo mismo, pueden pretender que siga dando explicaciones porque lo que quieren es ver si me pillan en un renuncio.

P.: Insisto: tendrá que dárselas al juez.

R.: No sea panoli, hombre. Los jueces hacen lo que nosotros decimos. Los militares, los curas, los jueces, los periodistas. Todos. El Caudillo lo dejó todo atado y bien atado y así sigue. Escuche a Marhuenda, que lo explica de cine.

P.: Imposible no hacerlo. Está en todas partes.

R.: Sí me es más fiel que mi caniche. Claro que Lara se porta y le astilla una pastuqui. Aunque yo sé que lo haría por las lentejas.

P.: Pero el escándalo Bárcenas no remite. Cada día se descubren casos nuevos de corrupción de su partido, sus cargos públicos, de usted mismo…

R.: Es un fastidio, ¿verdad? Pero ya escampará. Mientras tanto, nosotros a no dejarnos distraer, a lo nuestro. Empeñé mi palabra y nadie me apartará de ello.

P.: ¿Cuál palabra? Porque tiene usted muchas.

R.: La que me dé la gana. Once millones de ciudadanos confían en que sabré mantener el rumbo. Así que seguiremos a lo nuestro.

P.: ¿Qué es lo suyo? Hay gente que dice que lo suyo es robar.

R.: Hay gente pa tó, ¿no? Como decía Belmonte. No niego que algunos de los nuestros trincarán (aunque nunca tanto como los sociatas; fíjese en los EREs), como hizo ese señor mayor de pelo entrecano que está en Soto del Real y diz que fue tesorero del PP. Nada. Nosotros a lo nuestro, a sacar a España del abismo sociata.

P.: Con el fracaso de Buenos Aires se ha quedado usted sin cortina de humo.

R.: Desde luego. Vaya chasco. Entre nosotros, en off, por favor, le diré que Botella es casi tan tonta como su marido. Un charlatán le ha estafado dos millones de dólares con la coña esa de las olimpiadas. Igual que a Aznar le birlaron otros dos millones prometiéndole una medalla que no le dieron. Pero es verdad, con los juegos a la porra tendremos que concentrarnos en otros asuntos para distraer la atención de la chusma. Gibraltar siempre estará ahí y de los polacos ya ni le cuento.

P.: ¿Piensa Vd. bombardear Barcelona, como ha dicho hace poco un tertuliano facha de los suyos?

R.: No quisiera, desde luego. Soy muy aficionado a pasear por las Ramblas, pero si no queda otro remedio para preservar la unidad de la Patria…

P.: La fundación Francisco Franco propugna un golpe de Estado en contra de Cataluña.

R.: ¡Ah! Esa fundación en la que está el suegro del ministro de Justicia. Sí, ya imagino. También los militares están que bufan. Bueno, sabe usted que soy partidario del diálogo. Hasta contesté la carta que tuvo la desfachatez de mandarme Mas. Pero si hay que pasar a la acción, no le quepa duda de que no me temblará el pulso.

P.: Como con las pensiones…

R.: Exacto.

P.: La sanidad pública.

R.: Desde luego.

P.: La educación.

R.: Por supuesto. Si hay que bombardear, se bombardea, pero Cataluña es España y lo demás, una patraña.

P.: Si va a bombardear, ponga a Trillo al frente de la operación.

R.: ¡Toque madera, hombre! Ese confunde Cataluña con Honduras y los aviones se le caen.

P.: No se enoje. ¿Ha cobrado usted sobresueldos?

R.: Por supuesto. Como todo el mundo. El PP es una empresa y el que más rinde, más cobra.

P.: ¿Se le ha pasado por la cabeza dimitir?

R.: Claro que no. Al contrario, estoy pensando continuar varios mandatos más y sin necesidad de que haya elecciones. Son muy caras y, total, ya sabemos que la gente me elegirá sin vacilación.

sábado, 17 de agosto de 2013

Confidencias de un lobo de mar.


La otra noche, Palinuro fijó el rumbo según la polar, amarró el timón y se me sentó al lado, cabe la amura de babor, que es por donde de día vemos el África, y me dijo:

"¿Sabes, Eneas? Vengo a contarte una visión que he tenido, ahora que nos acercamos al fin de nuestro viaje y sé que voy a morir porque lo ha dicho Virgilio que incluso irá a visitarme al reino de los muertos y no enterrados. En fin. No, no me compadezcas. Te digo que estoy contentísimo. Me siento como Moisés: os llevo a la tierra prometida, pero yo no la piso o, si la piso, perezco. No está mal. Bueno, la verdad es que tu madre podía haberle pedido a Neptuno que aceptara el sacrificio de... no sé, de un ciervo, en lugar del piloto, precisamente el piloto de la nave en donde se salvará su hijo. ¡Cómo son las mujeres! Sobre todo, las madres ajenas. ¡Qué va, hombre! No es un comentario machista. ¿Machista yo con Venus? Pero, además, no te extrañe: este viaje me ha curtido, me ha convertido en un viejo lobo de mar al que yo, a fuer de ambicioso, complemento con ser lobo de las estepas, o sea, lobo solitario. Ya lo era allá en nuestra infeliz patria que hoy ¡oh, dioses! yace en ruinas y brasas humeantes esperando que el paso de los siglos oculte su memoria y desaparezca del normal comercio de los vivos, como si solo fuera leyenda, hasta que un dependiente de botica alemán, grande entre los grandes, la saque a la luz. Y allí volvemos todos a vivir el esplendor de la orgullosa Ilión, señora de Frigia. Allí sus sólidas murallas, sus amplias calles que parecen empedradas en oro, allí las caravanas que vienen de Oriente y embarcan especias, maderas nobles, sedas, camino de Grecia, la gran flota mercatil, la lujosa corte con los cincuenta hijos de Príamo y sus otras tantas (no es seguro) hijas, allí la venerable Hécuba, el glorioso Héctor, la terrible Casandra, el atolondrado París a quien tu madre otorgó la mujer más bella de la tierra como si fuera un concurso de mises. Y allí también la discordia, el enfrentamiento, sobre todo desde la llegada de Helena, la división de la corte entre el bando del rey, cada vez más hundido y apagado en medio de la corrupción, la orgía, el dispendio. La corte es un desastre y todo el mundo se dedica al pillaje. Las ciudades tributarias se soliviantan y reclaman la independencia, las colonias se ponen en pie de guerra y del extranjero llegan noticias de que los griegos están preparando una flota al mando de Agamenón que traerá a Aquiles al frente de sus mirmidones. Y el bando tradicional, el de la defensa, está compuesto por Héctor y un puñado de guerreros porque todos los demás viven en el más absoluto desorden de las costumbres, se roban unos a otros con todo descaro, se mienten como bellacos, se ríen de los pobres y los débiles. Pues ya me contarás. No, no, no me cuentes que ya se sé el cuento de que tú estás destinado a vengar aquella afrenta y blabla. Pero los muertos no volverán. Y tu padre, Anquises, pudo haber puesto orden en aquel caos de hundimiento en lugar de andar retozando con las diosas. Además, Príamo era el más corrupto de la casa, el que los tenía a todos comprados a través del caballo de madera que le metió Ulises el de las mil estratagemas. Bárdenas se llamaba el caballo, como Bucéfalo el de Alejandro y, aunque menos belicoso, tenía otras habilidades. Poseía una inagotable bolsa de talentos y sufragaba lo que hiciera falta: un viaje de ensueño al Helesponto, unos criados nubios ideales para organizar la fiesta de cumpleaños de los nenes, una consulta gratis total al oráculo de Delfos, a saber lo que nos deparará el destino, un escarabajo de ónice de un saqueo de una tumba egipcia o entradas gratis a los juegos. Siempre había dineros para todo. Eran dineros criminales, dados por los mercaderes fenicios, unos pájaros, o los aqueos, unos piratas, para corromper a las autoridades troyanas. A tu familia, vaya, que érais una manga de inútiles todo el día tocando el caramillo, excepto Héctor y algún otro. El caballo Bárdenas destruyó Troya. El caballo y el pueblo troyano que pasó de ser una comunidad ciudadana orgullosa de sus derechos a ser un rebaño de súbditos acobardados y apaleados por el partido de la oligarquía que sostenía el trono de aquel Príamo que ni andar sin muletas podía, pero sí contaba con bandas de matones a sueldo a los que llamaban las NNII o Nuevas Iliones. Al final, Príamo, cobarde como era, en lugar de dar la cara y entregar a la princesa extranjera que solo había traído la corrupción y la discordia, despachó su última defensa, el bravo Héctor, tu hermano. Traicionado por Atenea, que odia a los troyanos, lo convierte en una recia moza manchega más bien tirando a Aldonza Lorenzo que a Dulcinea conocida como Dueña dolorida, en efecto último bastión del acorralado Príamo a quien ya llaman a declarar por sus múltiples fechorías. Y la dueña perece en desigual batalla pero dejando claro que toda la responsabilidad es del Rey, falso, perjuro, engañador. Hoy todo el mundo espera que el hijo de Laomedón salga al ágora y dé públicas explicaciones de sus contubernios, al lado de los cuales los de los Atreidas son los idilios del Rey. Sí, ya sé que es contar historia que se sabe. Bueno, es la única que se puede contar porque la que no se sabe resulta difícil. Además, al contarla se aprecian matices nuevos. Por ejemplo, ¿tú qué hiciste durante los años de la corrupción, la crisis, la disgregación territorial, las amenazas del extranjero, previos al hundimiento final por el cual ¡oh Zeus justiciero! así nos vemos? ¿Qué hiciste además de predicar que había que dar la vida por la patria? Nada, supongo, como miembro de la casa real, de la oligarquía; nada: montar a caballo, correrte farras, ponerte ciego de substancias prohibidas y robar el oro de los templos. No, no me contestes. Era así. Lo sabíamos todos. Yo, al contrario, me dedicaba a animar a la oposición, a los mercaderes, los artesanos, los campesinos, los ganaderos. Al pueblo, vamos. Pero era inútil. El pueblo estaba al cabo de la calle. Dividido en cuatrocientas corrientes todas en posesión de la verdad y todas insultándose mutuamente por no darse cuenta de que la única verdad es la nuestra o sea, la nuestra, quiero decir, la nuestra; bueno, se entiende, ¿verdad? Y el lobo solitario va de aprisco en aprisco, en donde estos lobatos tienen arracimadas a sus ovejas que les balan agradecidas. Sabe el lobo que no corre peligro ni él lo representa, así que se mueve con libertad. Y hay apriscos y apriscos. Los hay con murallas y torres almenadas desde donde se dispara a todo lo que se mueve, los hay como santuarios apartados en donde todos se quieren mucho, ignoran lo que sucede fuera, pero conocen el porvenir, y los hay como los puertos de Tiro y Sidón, en donde entra quien quiere cuando quiere y se va cuando le da la gana. Los de las torres quieren derribar la oligarquía y substituirla por un gobierno de esclavos, metecos y ciudadanos libres. Los de la comunidad pretenden que la gente les siga por un camino que desconocen; que desconocen los guías. Los de los puertos solo quieren vivir y dejar vivir y que todos piquemos un poco y no solo los priámidas y su corte de mangantes y sinvergüenzas. Todos quieren ser mayoría. Están tan convencidos de lo que dicen que no entienden por qué los ciudadanos no besamos el suelo que pisan. A lo mejor, ni lo pisan. El lobo solitario, querido Eneas, sigue sin manada."

(La imagen, un grabado de Wilhelm Gmelin titulado "El cenotafio de Palinuro" (1819), es de Wikimedia.org en el dominio público).

sábado, 26 de enero de 2013

Cinco cerditos.

Cinco cerditos, uno de los títulos famosos de A. Christie, una novela estilo Rashomon en la que distintos personajes describen la misma realidad, que no es la misma, claro está, pero acaba siendo una. Lo de "cerditos" no lleva animadversión. Viene de una canción infantil inglesa, Five Little Pigs. Los cerditos, además, tienen buena prensa; se los asocia con huchas, ahorros, mirar por uno mismo. Tener un cerdito en casa es señal de respetabilidad social y estabilidad emocional. Con el cerdito se aprende a vivir en este pícaro mundo, en donde, si no miras por ti, te despluman. Pero no todos los cerditos aseguran igual fortuna. Aquí también se aplica el principio del esfuerzo, los méritos, la habilidad.

Detecto cinco tipos de cerditos en uso por los más renombrados personajes de la actualidad.
  • El cerdito de Bárcenas. Es cosmopolita, viajado, tan pronto esquiando en Bulgaria como pateando la Pampa. Es un galán de media edad, con ademanes de caballero. Muy relacionado en la corte, en donde cuenta con una estructura administrativa bien provista en la sede del partido gobernante, por lo que su dinero luce más. Es un cerdito seguro de sí mismo. Se sabe miembro de una piara poderosa.
  • El cerdito de Ignacio González es inquieto, algo burocrático, con ribetes de vendedor de grandes almacenes. Muy dado a la familia, se ha ido constituyendo un capitalito inmobiliario para el día de mañana. Dinero en forma de bienes inmuebles. Está interesado por las actividades del vecindario y dicen las malas lenguas que ha creado un servicio de información así como castizo.
  • El cerdito de Urdangarin es de papel couché, se codea con la más rancia nobleza y se da un aire de estar anunciando alguna marca de playeras. Tiene pasión por el cotorreo por e-mail y sufre complejo de plebeyo advenedizo que lo lleva a querer atesorar dinero innecesario.
  • El cerdito de Díaz Ferrán languidece tras los duros barrotes de la mazmorra, como el  corredor de la muerte, casi la antesala del matadero. Desde ahí rememora su pasado. Quiso ser cerdito volador, elevarse a las áureas alturas y cayó como Ícaro, por querer acercarse demasiado al sol, al sol que más calienta, el dinero. El cerdito se mira ahora y se ve chivo expiatorio.
  • El cerdito de Carlos Mulas es un cerdito progresista. Racional, flexible, moderno. Gran currículum académico. Ducho en lides ideológicas. Pero de carácter científico, sin subjetividades morales. Es un cerdito teórico que abre su banca al mejor postor. El dinero no huele. Así, piensa, siempre gana. Hasta que pierde. Y ahora no se ve como cerdito, sino como matanza.
(La imagen es una foto de woodleywonderworks, bajo licencia Creative Commons).

lunes, 1 de octubre de 2012

Confesiones de un antidisturbios.

"Pues sí, Palinuro, ha sido un placer conocerte. Ahora que nos hemos quedado solos en el bar, agarrados a esta botella que ya va pidiendo otra, de mí para ti, para que me entiendas, te voy a decir lo que pienso yo de toda esta mamonada que se ha montado con los perroflautas, los políticos y los rollos esos. Porque a los antidisturbios nos llaman de todo: cabrones, asesinos, lacayos, perros, torturadores, vagos; bueno, la hostia. Todos esos mierdas hijos de papá que no tienen media leche y no han pegado palo al agua en su vida. Sobre todo ellas, son las que más me joden, esas niñatas que no saben lo que es un tío de verdad, te juro que las estrellaba. Bueno, antes se iban a enterar de lo que vale un buen peine. Y detrás, ellos, todos medio gays, que se dice ahora, gays, gayas, los pringaos esos, que les metía yo la porra por el culo para que espabilaran. Que esos no saben lo que es pasarlas putas; eso lo sé yo, que soy hijo de un albañil. Coño, como casi todos los de mi unidad, todos hijos de currelas, que sabemos lo que nos espera. Pero como salimos cachas y servimos para dar hostias, pues nada, al servicio. Un trabajo como otro cualquiera. ¿Que no? Toma, y más jodido porque no tenemos derechos y nos jugamos la vida porque no todo son los niñatos de la capital; también hay mineros que tiran cohetes y tíos muy bestias por ahí; los vascos, ni te cuento, qué tíos más brutos. Joder, joder. Y todo por la paga. Bueno, cuando vamos de marcha nos dan un sobresueldo. Pero es que, ya te digo, joder, a nadie le gusta que le llamen hijoputa o que le den una pedrada. Y a nadie le gusta zurrar. Bueno, te confieso que, cuando la cosa se calienta, es que se te va la mano casi con alegría, casi ni te enteras. Procuramos apuntar siempre a las piernas, el culo, los brazos, pero a veces se tuerce la cosa y les arreas en la cabeza. Oye y no veas cómo suena eso. Lo siento por los chavales, de verdad. Pero es que son gilipollas. Se dejan manipular por unos cabecillas demagogos y pagan justos por pecadores. Eso nos lo explican en las teóricas en la academia, en donde nos meten los rollos sobre los derechos y eso. El rollo de la identificación. Hay que joderse. Que llevemos la placa para que nos denuncien y luego algún político nos meta un paquete cuando le canten las bolas. Porque si se creen que nos tragamos los rollos de la academia van listos. Son todos iguales. Todos a chupar del bote. A mi me pagan por defenderlos y así, dicen, defiendo la ley y el orden. Y a veces me dan una medalla. Y cuando cambian con las elecciones, los defiendo igual. Estos de ahora entienden mejor a la policía, no como los otros que eran intelectuales, o sea, gays. Y nosotros los entendemos a ellos algo más. Pero no te fíes nunca de un político y menos de los tuyos, si los tienes. Al final somos tan pringaos como los pringaos que tenemos enfrente. Unos nos usan y nos desprecian; otros nos combaten y nos temen. Pero, coño, somos personas. Dicen que torturamos. Te juro que en mi vida, en mi vida, vaya. Pero tienes que entender la situación: llevas ocho horas de pie, con toda la armadura puesta, el casco, corriendo de un lado a otro, aguantando mecha, zurrando cuando te lo ordenan y, al final vuelves a la comisaría o donde coño mierda sea, destrozado, y te encuentras esos mierdas ahí todos gimoteando y piándolas y encima tienes que decirles lo del abogado y la leche, así que a algunos les da por gastarles bromas, los ponen de rodillas, o les dicen cosas, sobre todo a las tías que es que te ponen y mira que las hay feas, o no les dan de beber. Es difícil controlar los nervios de los hombres. Ya verás como a la próxima ponen cámaras de televisión en las comisarías para meternos un puro. Dicen que somos un cuerpo de elite. De elite de mierda, porque todo el mundo nos teme o nos desprecia. Joder, hasta los bomberos los tenemos enfrente que a veces me dan ganas de que se coman el jodido casco que llevan. ¿Qué, no te convence? El mundo es la hostia, amigo. Ya ves, tengo una noche libre y salgo a tomar una copa y le cuento mi vida al primero que llega. Vivo obsesionado, con stress, como todos los compañeros. Fíjate en los que infiltramos. Ahí sí hay que echarle huevos porque te pueden dar de hostias los dos bandos, aunque nosotros vamos ganando. Menudo stress. Nos pasamos el día en el gimnasio y dicen que eso apaga el stress. Ni de coña. Lo sube. Y encima corres el peligro de que a otro le dé por ti y tengas un lío, que hay mucha mala leche por ahí. Jodido clima. Necesitaría un psiquiatra, lo sé. Pero esas son gaitas de los de arriba, que se ponen los cuernos sin enterarse y tienen que contárselo a alguien. Yo, en cambio, ya ves tú, al primero que me encuentro. Porque, vamos a ver, nosotros ¿qué jodida culpa tenemos de que los de arriba sean unos ladrones o no tengan ni idea de lo que hacen? Nosotros cumplimos órdenes, coño, órdenes, ¿lo entiendes? ór-de-nes. Si incumples, date por jodido. Y luego ¿en dónde te van a dar trabajo? En las discotecas, en donde echan unas horas muchos de los nuestros. Oye, es práctica del oficio y no te llaman hijoputa. Pues eso. Que con la crisis que hay aquí todo el mundo tiene que ingeniárselas o comes mierda. Sobre todo las tías. No veas cómo ha aumentado el puterío con la crisis. Van tiradas. Y detrás vendrán los tíos, ya verás, con la cantidad de gays que hay. La vida es una mierda y los de abajo tienen toda la razón del mundo de protestar, joder, claro que sí, lo reconozco. Coño, tengo ojos en la cara. Van de culo. Pero tienen que hacerlo por los cauces legales. Por la ley. Y como las leyes las hacen los de arriba pues, yo qué sé. Yo cumplo órdenes. Si cambia la ley pues nosotros cambiaremos. Pero me da que seguiremos siempre igual. Y no te hablo ya de los mandos. Esos son los peores. Están haciendo carreras políticas y se dan patadas unos a otros en nuestro culo. Y nosotros, a callar, a salir a la calle de Robocops, a meter miedo al personal. Fíjate que algunos, antes de salir a dar hostias, confiesan y comulgan. O sea, antes de dar las hostias, las reciben. Yo, los curas...lejos. Son muy falsos. Por eso se ligan a los chavales, que eso sí que es un asco. Los tenían que capar. Oye y los banqueros, ¿qué me dices de los banqueros? Su oficio es robar y como no saben ni eso, al final mandan a los políticos a robar a la gente para ellos. ¿Lo ves? Estamos todos al cabo de la calle. Mandan los de la pasta, que la tienen hasta cuando no la tienen, que ya es la hostia. Y los demás, que nos den". 
(La imagen es una captura de un vídeo de You Tube, 29S Antidisturbios entran en el bar Quevedo violentamente, bajolicencia Creative Commons).

domingo, 17 de junio de 2012

Los veintisiete contra Atenas


De ti imploro, oh musa, el arte para narrar aquellos aciagos acontecimientos que, encadenados por el destino, llevaron a la actual situación de caos helénico. Acudía el demos a pronunciarse en el ágora sobre las condiciones de paz dictadas por los nuevos persas. Los dioses, siempre veleidosos, ya no los hacían venir del Oriente de los bárbaros despotismos, sino de las regiones hiperbóreas septentrionales.
Reinaba la disensión en el seno de la Ecclesia y quienes más alto hablaban era el partido del pueblo y el partido de la oligarquía. El primero pretendía hacer frente y resistir a los nuevos persas. El de la oligarquía, al servicio de la corte de la reina bárbara del Norte, prefería pactar con el extranjero a costa del pueblo. Aprovechando la confusión reinante, merodeaban por la polis bandas armadas partidarias de los tiranos que apaleaban preferentemente a los metecos aunque también arremetían contra los ciudadanos con aspecto de demócratas.
El Consejo de los dioses hubo de suspender los preparativos de los próximos juegos olímpicos a punto de celebrarse en una tierra ignota que los atenienses siempre pensaron estaría poblada de monstruos. Acertó a reunirse de urgencia en una cosmología extraña, cerca de la ciudad sagrada de Tenochtitlan. Los dioses del lugar eran muy abigarrados y llamaban G-20 a su Consejo. Los unos y los otros dioses miraban consternados los acontecimientos en Atenas porque si los ciudadanos decidían apoyar el partido del pueblo, este lucharía contra los nuevos persas y no les dejaría ocupar la acrópolis, en donde los germanos querían establecer un banco. Sobre todo les preocupaba que los atenienses rebeldes encontraran apoyo en otros lugares de la ecumene. En muchas colonias de la Magna Grecia había focos que miraban a Atenas, prestos a convertirse también en incendios populares que traerían una oleada de democracia, o sea, de demagogia.
La reina de los bárbaros del Norte ya había advertido a los díscolos atenienses de las consecuencias de la rebeldía: uno de cada diez ciudadanos sería sometido al ostracismo. Pero era poca amenaza. Se necesitaba algo más fuerte. De pronto apareció Hermes, el heraldo de Zeus, portador de un mensaje de los olímpicos a los atenienses: "Desterrad de entre vosotros toda desmesura prometeica, no queráis temerariamente ser hombres y conformaos con ser esclavos como es la voluntad de los inmortales. Abandonad el partido del pueblo y seguid el de la oligarquía, pues corresponde al orden natural de las cosas y apacigua a los dioses que sabrán ser próvidos con vuestras desgracias".
Al otro extremo del piélago, en Iberia, algunas tribus rebeldes, muy cercanas en espíritu al partido del pueblo ateniense hablaron de intolerable injerencia de los dioses en los asuntos internos de la polis ateniense y propusieron hacer como hicieran los griegos. Enfrentarse a los tiranos de la colonia, al servicio de los bárbaros invasores y poner coto a la desmesura de estos. Devolver la autonomía al pueblo ibérico así como la isonomía y la isegoría, la igualdad ante la ley y la libertad de expresión. Ambas le habían sido arrebatadas por la oligarquía colonial al servicio de los veintisiete tiranos.
Los mismos dioses, oh musa, estaban al servicio de la tiranía de los veintisiete cuya estrategia era someter a servidumbre a los pueblos del sur, siempre incómodos, indisciplinados y revoltosos.Y, sin embargo, en aquella confusión, en aquella turbamulta de bárbaros, dioses, ciudadanos, metecos, oligarcas, demagogos, sicarios, esclavos y estrategas, en donde nadie parecía entender nada, una cosa había quedado clara: era el pueblo el que hablaba y el mundo civilizado entero, los mortales y los inmortales, la tierra y el reino de los muertos estaban pendientes de su palabra.
(La imagen es una foto de Wikipedia en el public domain. Representa la Victoria alada, la Niké de Samotracia, esculpida para celebrar un triunfo naval en el siglo II a. d. C. Se encuentra en el Louvre).


martes, 17 de abril de 2012

Recuerdos de un elefante.

El primo George era un gran elefante. Culto, íntegro, voluntarioso, sensible y muy hospitalario, fueron estas buenas cualidades las que lo perdieron. En especial su aficion por el trato con los hombres, sí, esos bípedos implumes devastadores a quienes nuestros amigos los houyhnhnms, llaman yahoos, término que los propios yahoos, en su estólida ignorancia, atribuyen a una plataforma de correo electrónico, ignorando que la palabra quiere decir precisamente eso, "hombre". En verdad, hombre tosco, brutal, degenerado. O sea, hombre a secas.
George era sabio a fuer de viajado. Había estado en la India y allí había conocido a Ganesh quien le enseñó la gran habilidad con la que él después se ganó la vida por los caminos del mundo hasta volver a casa. Sabía tenerse de pie sobre un ratón. Me lo presentó una vez. Se llamaba Ercolino y era un gran roedor pues sostenía a George sin fatigarse y eso que mi primo pesaba casi diez toneladas. Ganesha cogió cariño a George y lo nombró Gran Proboscídeo del Africa meridional con jurisdicción sobre todo el Kalahari y obligación de pagarle un tributo anual en un rico forraje, al que el dios era muy aficionado, que crece en la savana africana pero no se conoce en Asia. ¡Y no estaba orgulloso ni nada George de patrullar las ardientes arenas con su gualdrapa de seda hindú en la que se leía en sánscrito "Alguaciles de Ganesha. Satrapía africana"!
Hacía ya tiempo que lo veía poco. Se había casado con una hermosa elefanta de la selva y, siendo un loxodóntido hogareño, apenas salía de casa salvo para ir al trabajo. Sin embargo, un día vino a verme muy excitado: había llegado un grupo de yahoos que parecían civilizados, quería entablar relaciones con ellos y me invitaba a acompañarlo porque creía que podría serle de utilidad dado mi conocimiento del inglés, que adquirí mientras, siendo niño, trabajaba para Walt Disney haciendo Dumbo. Me negué en redondo. No era necesario señalarle el peligro que lleva siempre para nosotros el trato con estas bestias frenéticas cuando van de lo que llaman "caza". Pero él insistía. No había peligro, decía el infeliz; en la expedición venía un yahoo que era Rey de España y, al tiempo, presidente de honor de WWF, es decir, ¡un amante de los animales! Venía, además, acompañado de un grupo de damas y caballeros entre los que destacaba por su belleza, elegancia y cualidades espirituales, una noble alemana, al parecer sentimentalmente relacionada con el yahoo hispano, de nombre Corinna zu Sayn-Wittgenstein. "¡Una Wittgenstein!", exclamaba el bueno de George, "¡Podré hablar con ella del Tractatus Logicus-Philosophicus, que fue lectura obligada en mi época de Brahmín en la India."
Dije que no lo acompañaría y mientras él, algo mohino, emprendía viaje al encuentro de los visitantes, yo me metí en la red en busca de información sobre aquel extraño Yahoo, llamado Juan Carlos de Borbón. La conexión en el Kalahari no es muy veloz pero, cuando accedí a la información, se me encalabrinó la trompa: el yahoo en cuestión era un peligro para cualquier ser vivo a su alcance: empezó sus días matando -diz que accidentalmente- a un su hermano y siguió luego su infausta carrera sembrando la tierra de cadáveres: búfalos, ciervos, urogallos, jabalíes, jaguares, tigres de Bengala y hasta un simpático oso de la estepa. Aquel yahoo, como todos los de su especie, era una máquina de matar; la tal Sayn-Wittgenstein lo azuzaba para hacer negocios con una clientela de nuevos ricos palurdos que pagaban lo que fuera por ir a exterminar fauna africana en compañía, decían, de un auténtico rey que, a su vez, acudía allí atraído no por el encanto filosófico de la dama sino por otro menos elevado y más horizontal.
Cuando me di cuenta del peligro que George corría, salí a toda velocidad en su busca, barritando desesperadamente. Pero George estaba lejos y no podía oírme. De hecho, ya había avistado el safari y hacia él se encaminaba con esa tranquilidad de espiritu que caracteriza los espiritus nobles. Cambié la forma de comunicación y le envié aviso de riesgo por microondas terrenas. Si George estaba todavía en este mundo, tendría que recibirlas por las patas y quedar avisado. Justo cuando acababa de enviarlas, sonó el eco de un disparo y yo supe que había llegado demasiado tarde.
Redoblé la velocidad de la carrera y cuando, por fin, entré en la linde la savana el espectáculo era desolador. A cien metros, George yacía muerto, con la tapa de los sesos levantada mientras el yahoo posaba satisfecho con la escopeta humeante, junto a la malvada princesa y a sus pies, mi infeliz primo George. Verlos y arremeter contra aquella pareja de estúpidos criminales fue todo uno. Ignoré a la mujer pues los elefántidos no atacamos a las mujeres y me fui sobre el reyezuelo de la tribu ibérica. Lo empujé levemente con la trompa y le rompí una cadera. Me disponía a aplastarle la cabeza sentándome sobre ella cuando se me apareció Ganesha y me ordenó perdonarle la vida. Tenía que perdonarlo porque, al y al cabo, nosotros somos dioses e hijos de dioses y tenemos que tener piedad con estas criatura imperfectas que sólo sobreviven matando y destruyendo, sobre todo, si como era el caso con el yahoo a mis pies, no sabían hacer otra cosa de provecho pues habían pasado su vida parasitando a sus semejantes.
No me convenció el discurso de Ganesha porque, al fin y al cabo, a diferencia del pobre George, yo he sido siempre un agnóstico pero entendí el razonamiento de que, si acababa con los días de aquella piltrafa humana, que se retorcía en el suelo de dolor, acabaría siendo tan abyecto, cruel e inmundo como él. "Déjalo ir", me dijo Ganesha, "No lo tiene fácil. Su mujer lo ignora, sus hijos no se lo toman en serio, sus amantes lo tienen como un activo de negocios y alguno de sus parientes políticos, más ladrón que Caco, puede acabar arrastrándolo a la cárcel, que es la jaula en la que los yahoos encierran a los otros yahoos que se pasan de listos o de tontos. Su propio pueblo nunca le ha tenido mucho respeto y, ahora, con sus últimas hazañas muy al estilo de los crápulas de sus antepasados, aumentan los partidarios de darle boleto y cambiarlo por una República.
Lo de la República me sonaba mucho. Recordé que era la forma preferida por mi amigo y anfitrión, Palinuro, en cuya casa, que tenía la forma de una elegante trirreme troyana, me alojaba cuando iba de excursión a Europa. Precisamente, la última vez, cuando fui de librerías a Madrid, a buscar un libro sobre un elefante que acababa de publicar el gran José Saramago, que tanto nos entendia, El viaje del elefante. Comprendí entonces la profundidad del maestro Ganesha: entre los yahoos hay de todo, incluso extremos contrapuestos. Hay Saramagos y hay Juan Carloses.