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miércoles, 18 de noviembre de 2015

Vamos a la guerra, pero poco.

Es como de Gila, para morirse de la risa sino fuera porque el triste destino de un país gobernado por un  incompetente invita más al llanto. No hace mucho que este buen hombre decía y repetía que España es una gran nación. Ahora, acongojado, recomienda a sus ministros que tengan perfil bajo y eviten opinar sobre el asunto. O sea, que se callen, que disimulen, que se hagan humo, se confundan con la cretona de las cortinas o, como dice el poeta, se disfracen "de noviembre para no infundir sospechas".

Caramba con la gran nación del Sobresueldos que se esconde como los conejos cuando empiezan los tiros.

Mientras la cosa fue de llamar por teléfono -intérprete incluido, claro- a dar el pésame, iluminar con la tricolor los edificios o hablar de solidarité face à la barbarie, todo sobre ruedas. En cuanto Hollande pide activar el protocolo de defensa común de los Tratados a los que España está obligada, el asunto vira a chungo y al genio de La Moncloa se le pone el inefable gesto de ¿y la europea? La petición de ayuda, además, es legal, según los franceses, y quiere cobertura de la ONU, pero el preclaro dirigente de la gran nación reza a alguna de las vírgenes a las que condecora su ministro Fernández Díaz para que no se le pida intervención militar directa en el asunto, soldados, aviones, bombas. La guerra, en fin. Espera que la participación de España se reduzca encender y apagar las luces y limpiar el local después de la función, que bastante tiene en Cataluña si la algarabía no cesa. Que no cesará.

¡Cómo cambian los tiempos! En 2003 Aznar metió al país en una guerra absurda, ilegal y delictiva en contra de la opinión de todo el mundo excepto de este mismo Rajoy. En terrible respuesta nos costó el atentado de Atocha que estos cuates siguen atribuyendo a ETA. Nadie quería guerras entonces y nadie las quiere ahora, así que el de los sobresueldos da orden en La Moncloa de que, si llama Hollande, le digan que no está, que ha salido a comprar unos chuches. Porque, si se ve obligado a participar en la contienda, le puede costar un disgusto en las próximas elecciones que es lo único que le importa.

Es mejor que Gila: "Oiga, ¿es el enemigo? Que no se ponga."

domingo, 15 de noviembre de 2015

La catalanofobia.

Monstruosidades como la de ayer en París, movidas por un fanatismo ciego, parecieran despertar en ciertos individuos los más bajos instintos, probablemente por mimetismo. Las redes, en las que circula todo tipo de noticias, bulos, informaciones, opiniones, comentarios, ataques y defensas a enorme velocidad, se han convertido en espacios para dirimir enfrentamientos de la más variada índole. Muchos autores las consideran las ágoras contemporaneas, las esferas del intercambio público por excelencia. Si antes se decía que lo que no estaba en la televisión no existía, ahora cabe predicarlo de las redes: lo que no salga en Twitter, no existe. 

Ágora, sí, pero con peculiaridades producto de su naturaleza tecnológica: las redes son ilimitadas, en principio, universales; son permanentes: lo ya debatido, denunciado, desmentido, puede volver a debatirse, denunciarse o desmentirse; son públicas, pero también privadas y hasta secretas porque los intervinientes pueden hacerlo identificándose o mediante anonimato o seudónimos. Si a cara descubierta las personas, movidas por las pasiones, somos agresivas, crueles, allí en donde es posible el anonimato, la agresividad, la crueldad suben de tono hasta llegar a lo inhumano.

En un caso como el de los atentados de París, explosión de una conflicto muy complicado, cabe esperar todo tipo de demasías, de falta de respeto por las víctimas y utilización espuria de estas en defensa de unas u otras posiciones políticas, lo cual moverá respuestas contrarias, lloverán los insultos, las amenazas, las barbaridades.

Luego aquí tenemos una variante carpetovetónica que produce especial bochorno e indignación: la de quienes aprovechan este tipo de horrores para soltar su odio, su veneno, su agresión hacia los catalanes. Pasa siempre. La última vez, que yo recuerde, con motivo de un accidente de avión de vuelo low cost en el que murió todo el pasaje. Hubo quien lamentó que este no estuviera compuesto por catalanes. Odio y catalanofobia a raudales en el ágora contemporánea. Se empieza con chistes de catalanes basados en puros prejuicios y topicazos y se acaba diciendo barbaridades sobre ellos, incluso cometiendo delitos de incitación al odio. Y no se trata de "casos aislados", como suele decirse. A veces son avalanchas. Precisamente una asociación civil catalana ha puesto en marcha un portal, drets.cat al que deben comunicarse los casos de odio, insultos, amenazas que se detecten en las redes para denunciarlos por la vía penal. 

En el caso de los atentados de París, la catalanofobia ha sido inmediata en Twitter. Quien quiera leer algunos de las ataques más repugnantes, puede hacerlo aquí. Cosas como: "Pues qué pena que no fuesen catalanes",  "tremendo lo de París y a pesar de esto los catalanes seguirán el lunes dando por ....", "si se independiza Cataluña a ver si tres o cuatro grillados de la falange hacen lo mismo en Barcelona que en París. A ver." 

Parece mentira, pero es verdad.

Entre esto y el señor Rajoy diciendo que quiere mucho a los catalanes oscilan los sentimientos españoles hacia Cataluña.

sábado, 30 de mayo de 2015

El corazón de la guerra.

En algún momento de 1929, el editor parisino Bernard Grasset recibió por correo el manuscrito de una novela titulada David Golder, la historia de un banquero judío y sus problemas familiares. El envío no tenía remite. Solo un apartado de correos. Decidido a publicar la obra, Grasset, finalmente, pudo tratar con la autora: una joven rusa de Kiev, de 26 años, licenciada en Historia del arte por la Sorbona, que acababa de tener su primera hija y hablaba y escribía un francés perfecto. La novela se publicó y consagró de inmediato a Némirovsky como una figura de primer orden en el mundo literario francés de los años treinta, una autora prolífica que sobresalía en todos los géneros, novela, ensayo, teatro. Brillaba con luz propia en un ambiente dominado por el surrealismo y la literatura patriótica. Tenía, además, una intensa actividad política de extrema derecha y, aun siendo judía, fuertemente antisemita. Todo tiene su explicación.

Némirovsky nació en 1903, hija de un próspero banquero judío y se benefició de una educación exquisita, aprendiendo francés desde niña. Llegó a dominar siete lenguas, entre ellas el ruso, el francés, el inglés, el italiano, el euskera y alguna otra que olvido porque siempre me paro a pensar por qué aprendería euskera, pues no era lo habitual en una jeune fille rangée. Los Némirovsky huyeron de Rusia con la revolución de 1917, pasaron por Finlandia, Suecia y, finalmente se asentaron en París, en donde Irene hizo sus estudios, se casó con otro banquero -o bancario- judío, Michel Epstein con quien tuvo dos hijas, Dénise (1929) y Élisabeth (1937). Sus ensayos políticos nacionalistas y antisemitas no les sirvieron para que Francia les otorgara la nacionalidad en 1938, a pesar de ser un ejemplo de lo que se conoce como una self hating jew o judía que se autoodia. Por fin, al estallido de la guerra, Irene, su marido e hijas se convirtieron al catolicismo. Tampoco les sirvió de nada. Epstein tuvo que dejar la banca. Clasificados como judíos, se refugiaron en una pequeña ciudad cercana a París en 1940, en donde Nemirovsky pudo observar durante dos años los efectos de la ocupación alemana de Francia. Fue deportada en 1942 y murió de tifus en Auschwitz al mes de llegar. Su marido siguió sus pasos y también murió asesinado en Auschwitz. Cuando vinieron a buscarla para llevársela le dio tiempo a entregar una pequeña maleta a su hija diciéndole que partía para un largo viaje.

Ella no volvió y la maleta no se abrió hasta cincuenta años más tarde. Allí yacían los manuscritos de las dos primeras partes de una novela que estaba planeado tuviera cinco, bajo el nombre genérico de Suite francesa, llamadas a su vez "tempestad en junio" y "dolce". Fue una conmoción. Se publicó en 2004 y ganó el premio Renaudot de ese año. Los dos libros narraban la ocupación nazi de Francia. El primero, más al modo de la literatura experimental, al estilo de John Dos Passos, cuya trilogía sobre los Estados Unidos había puesto de moda una especie de polifonía narrativa, descomponiendo la historia en fragmentos que se entrelazaban, narra el éxodo de los parisinos por las carreteras y caminos de Francia hacia el Sur, huyendo de los alemanes. El segundo centra el foco en la ciudad en que el matrimonio se refugió y describe y profundiza en las relaciones entre los soldados ocupantes y la población ocupada que se ve obligada a albergar al enemigo.

Dos observaciones al desgaire: un tema este, el de la ocupación, del que la literatura y el ensayo franceses no gustan hablar y visto con los ojos de una extranjera que no fue aceptada como ciudadana francesa. Para un lector español, estas largas colas de refugiados con sus enseres, sus carros, sus bultos, las bestias, las camionetas, todos sin dejarse pasar en dirección al sur evocan otras hileras en iguales circunstancias de españoles republicanos huyendo hacia el norte para escapar de Franco. Nemirovsky no lo menciona. Ni tiene por qué. Bastante tragedia se encuentra ella.

La crítica saludó Suite francesa como un intento de moderna Guerra y Paz y algo de eso tiene. Casi parece premonitorio que el segundo libro termine en el momento en que la guarnición ocupante en la ciudad recibe orden de marcha para incorporarse al frente del Este, que acaba de abrirse en junio de 1941. Además el relato se concentra en una docena de personajes en tres órdenes sociales distintos: la nobleza, los burgueses terratenientes y los campesinos. Los primeros, los más familiares a Némirovsky están muy bien trazados, el tercero es más confuso, como el de los mujiks de Tolstoy, pero también recibe su atención. La historia cristaliza en torno a la incipiente relacion amorosa entre el oficial alemán, Bruno von Falk, y la nuera de la dueña de la propiedad, Lucille Angellier, cuyo marido está prisionero en algún ignoto lugar alemán. Llegados aquí, obviamente, Guerra y Paz se mezcla con Ana Karenina.

La película de Saul Dibb que acaba de estrenarse es una versión libre del segundo libro. El primero se resume hábilmente en algunas escenas del comienzo en las que asistimos a la congestión de las carreteras con los refugiados en un viaje en coche que hace Mme. Angellier con su nuera para cobrar las rentas de los aparceros, lo cual, además, ya nos orienta en la tensa relación entre la suegra y la nuera, muy en el espíritu de Némirovsky que siempre se llevó mal con su madre. La referencia se corona con unos planos en los que vemos cómo los aviones de Luftwaffe bombardean y ametrallan a la población civil. De este modo, el guión ha sintetizado muy bien el primer libro con dos toques de impacto. El resto de la película, por cierto con muy buena fotografía, son ya las historias más o menos entreveradas de tres familias, la del vizconde de Montmort, alcalde del lugar, la de la burguesa terrateniente Anguillier y la del campesino Sabarie, así como los conflictos que genera la convivencia del día a día entre ocupantes y ocupados. Por supuesto, gracias a su posición, los Montmort no tienen que albergar a ningún ocupante. Los Angellier han de acoger a un oficial culto, refinado, que habla correctamente francés. El resto de la población, ya se sabe, suboficiales y soldados.

El guión cambia muchas cosas del texto original y todos los cambios van siempre en la misma dirección, esto es, a terminar, concretar, visualizar situaciones que en la novela solo están sugeridas o apuntadas. Seguramente es lo más sensato dado que la película tiene que narrar una historia que, en sí misma, no termina, ya que había tres libros más en el ánimo de la autora en los cuales, sin duda, estos personajes volverían a aparecer y sus historias tomarían otros rumbos, ¿quién sabe? Por eso en la película se consuman cosas que en la novela no se dan y otras tienen un contenido distinto. Pero todo eso da igual. La historia es muy bella y está muy bien contada.

Además, el guión se las ingenia para dar la relevancia que merece al núcleo de la filosofía vital de Némirovsky quien con frecuencia reflexiona sobre el sentido de la vida del soldado, la ocupación militar y las relaciones entre vencedores y vencidos siempre con mucha profundidad psicológica. El oficial Von Falk explica a Lucille que los militares están educados en el espíritu de la colmena, que son como un enjambre. Pero reconoce que lo que tiene valor en la vida es la acción, la decisión individual, la responsabilidad por los propios actos. Es un individualismo teñido de heroismo nietzscheano, que formaba parte de la educación de las elites rusas de la época. Nietzsche aparece mencionado expresamente. Los guerreros son guerreros por espíritu de la colmena pero lo que verdaderamente hace al guerrero es ser capaz de imponerse a la colmena.
 
Nazis buenos,  caballerosos, cultos; franceses malos, mezquinos, ignorantes. Los ojos de la extranjera que muchos considerarán una traidora, movida por el rencor de no haber conseguido la nacionalidad francesa.  La novela es buena, sin duda, aunque no sé si para darle un premio tan importante. Pero la cuestión interesante es por qué se lleva al cine. A primera vista podría decirse porque es una visión desmitificadora de la ocupación. La película no deja de mencionar la abundancia de denuncias anónimas a las autoridades de ocupación de unos franceses contra otros franceses.  
 
Pero esta explicación me parece insuficiente. Me inclino más por la de la fascinación que ejerce toda la historia. Suite francesa es una especie de crónica literaria de unos acontecimientos vividos en primera persona. Idealizados e interpretados hasta el extremo de crear una realidad ficticia que pretendía superponerse a la realidad verdadera que finalmente se manifestó en forma de una orden de deportacion por ser "una persona apátrida de origen judío". Lo que ella había tratado de evitar toda su vida, ser parte de la colmena.

NB (31 de mayo). Mi querido amigo Juan Maldonado Gago me aclara la cuestión de por qué Irène Nemirovsky aprendió euskera. Está en este enlace que me envía: http://www.nabarralde.com/es/munduan/8244-la-vida-vasca-de-irene-nemirovsky. Mi suposición es que, así como aprendió francés con una institutriz francesa, al ser rica su familia, veraneaba en lugares vas de lujo: Hendaya y Biarritz y allí aprendería la lengua. Cosa interesante porque, en cambio, no hablaba español.

domingo, 14 de abril de 2013

Palinuro en el Nouvel Observateur.

Cuelgo aquí la entrevista que me ha hecho y publica hoy el Nouvel Observateur. Quedo muy agradecido a la publicación francesa por la oportunidad de exponer mis ideas sobre asuntos que me preocupan.



Raymond Cotarelo García (né à Madrid en 1943), est un professeur de Science politique et d'administration publique à la Faculté des Sciences Politiques et Sociologie de l'Université Nationale d'Education à distance, dont il a été vice doyen entre 1984 et 1988. Il est l'auteur de 145 articles dans des revues spécialisées espagnoles et étrangères et a traduit en Espagnol les oeuvres de divers auteurs classiques et contemporains, dont Jürgen Habermas.

Collaborateur habituel des médias, dans lesquels il a publié plus d'un millier d'articles journalistiques, il est actuellement membre du Conseil Éditorial du journal Public. De la même manière, il anime un blog quotidien pointé sur une analyse politique et des questions littéraires ou artistiques : http://www.cotarelo.blogspot.com/.

Ecrivain de nombreux livres dont les plus récents qui se sont fait remarquer : la Politique et la Littérature (l'oeuvre d'Ayn Rand); La fable de l'autre je; La figure du double dans la littérature; La gauche du XXIe siècle; La politique dans l'ère d'Internet; La mémoire du Franquisme; Le souhait de la vérité; L'Espagne en crise; et bien d'autres encore.

Il a accepté de répondre à mes questions.


Ahmed Laaraj : Monsieur le professeur, vous avez organisé une table ronde le 24 Mai 2012, suite à la victoire de la gauche lors des dernières élections, en ouvrant un débat autour de la question : "Après la France, la fin de l'hégémonie néolibérale?". C'est un sujet vaste car il signale la fin d'un modèle économique et d'un mécanisme auquel tout le monde jure qu'il est quasi impossible d'en sortir. Est ce une pensée de société qui vient à la fin de son souffle? Quels sont les éléments, de votre point de vue, qui vous mènent à cette interrogation? Pourquoi le choix de ce sujet?

R. Cotarelo : Au début de la crise, certains experts et personnalités de la politique, notamment M. Sarkozy, alors président de la France, disaient qu’il fallait absolument “réfonder le capitalisme”. On était alors clairement conscient que le modèle néolibéral du capitalisme –c’est à dire, la prévalence de l’économie financière sur l'économie réelle- était épuisé, sans futur. On disait être en quête d’une nouvelle alternative. Cinq ans plus tard on sait que, dans le cadre du mode capitaliste de production (mcp), cette alternative n’existe pas. Pour la trouver il faudrait rompre avec le modèle, puisque “refonder” le capitalisme ne serait pas suffisant.

Mais il ne semble pas y avoir d’autres modes de production. Depuis l’éffondrement des systèmes communistes dans les années quatre-vingt, la gauche conserve son opposition et critique le capitalisme, mais elle ne dispose pas de modèle alternatif propre. Ce n’est pas question d’accepter l’idée de Hayek selon qui les crises cycliques sont inhérentes au capitalisme et donc inévitables. Mais nous, n’étant pas des Hayeks, il nous manque une alternative. Nous ne disposons pas d’une théorie satisfaisant un mode de production autre que le capitalisme.

La raison et le sens commun nous forcent à reconstituer l’ancienne pensée socialdémocrate, c’est à dire l’acceptaction du mode capitaliste de production, le réformer et le réguler à fin d’en faire un système plus humain et plus juste. C’est ce que le PSOE (Parti Socialiste d'Espagne) a essayé de mettre en place ces deux dernières législatures en échouant à cause de la violence de la crise.

Nous avions choisi ce thème "Après la France : la fin de l'hégémonie néolibérale?" pour la table ronde, puisque le socialisme démocratique ayant triomphé en France - l’un des pays européens dont l’exemple est souvent suivit ailleurs - on pouvait se poser à nouveau la question d'un retour à un programme de gauche que, sans casser les modes capitalistes, donnait lieu à une rééddition de "l’économie sociale de marché” qui avait si bien fonctionné dans les années 50 et 60 en Europe.

Le socialisme français, était-il en situation de combattre la crise, montrer le chemin, être avant-gardiste pour l’Europe? Cette année il y aura des élections législatives en Allemagne. Si les suffrages se concrétisent par une victoire de la socialdémocratie, alors il y aura des nouvelles expectatives pour donner une réponse viable a la crise.

En 1981, le monde assistait à la victoire de la gauche en France avec l'élection de
François Mitterrand. Un an plus tard, c'était au tour de l'Espagne, avec Felipe Gonzàlez.
Nous étions en pleine apogée du néolibéralisme, ce sujet se soulevait-il à cette époque
là ?

Bien sûr! Peu avant Mitterrand en France et González en Espagne, Margaret Thatcher et Ronald Reagan l’avaient emporté en Angleterre (1979) et aux États-Unis (1980). L’attaque contre le Welfare State (WS) se déclencha alors en force, grâce à l’hégémonie conservatrice des think-tanks républicains et apparentés qu’en fournissaient la théorie. C’était un mouvement d'anciens intellectuels de la gauche passés à droite. Ils connaissaient très bien les thèses de Gramsci sur l’importance de la lutte idéologique, surtout aux temps des moyens de communication de masse.

Les années 80 assistaient à un combat idéologique pour conquérir l’âme des classes moyennes aux sociétés développées. C’était les classes qui avaient appuyé les programmes sociaux du Welfare State mais qui, asphixié par la politique fiscale des partis socialistes, rédistributive et progressive, cherchaient une nouvelle alliance avec les secteurs aisés au détriment des classes populaires. La question, jusqu’alors indécise, se trancha dix ans après à cause de l’éffondrement du communisme présenté comme la victoire définitive du mode capitaliste de production et du néolibéralisme. On commençait à faire de la propagande avec le soi-disant “dividende de la paix” juste au moment où l’on déclenchait la “première guerre du Golfe” ou première guerre du nouveau impérialisme.


À ce moment là, début des années quatre-vingt-dix, la nouvelle crise de 1992 frappe surtout l’Europe qui doit en plus faire face aux conséquences de la réunification allemande, c’est à dire, le moment où un état européen de 60 millions d’habitants avalait tout à coup un autre état de 17 millions et se préparait à en faire la digestion. C’est la crise qui marque la fin du keynesianisme, une crise appellée de stagflation tout à fait nouvelle. Impossible de l'amménager avec la politique économique de l’entre-guerre. C’est alors que la social-démocratie adopte partiellement des repères néoliberaux, avec l’espoir d’améliorer ses fortunes électorales.


(M. Thatcher et R. Reagan, représentés dans l'émission des "Guignols" britanniques)

La gauche espagnole, la gauche française et au niveau de l'Union Européenne avec le PSE
dont elles font parties ne sont-ils pas, finalement eux-même néolibéraux? Le socialisme
existe-il vraiment ?L'échec de R. Zapatero, n'est-il pas dû à des politiques néolibérales? Et
cet échec devrait-il alerter le gouvernement de F. Hollande ?

La social-démocratie prend des allures néolibérales pressée pour son besoin de gagner des élections face à des électeurs qui sont devenus de plus en plus conservateurs. A mon avis le socialisme existe comme il l’a fait toujours à nos sociétés démocratiques, sous la forme d’un “État social et démocratique de Droit”, pour invoquer le Préambule de la Constitution espagnole de 1978, c’est à dire, ce que certains auteurs (Elías Díaz) appelaient “la juridification de la voie au socialisme”. Le socialisme apparaissait ici plus comme un processus, un chemin, une voie, que comme une réalité définitive. C’est une polémique vénérable. On se souvient ici de la célèbre polémique entre Eduard Bernstein “la fin n’est rien; le mouvement, tout” et Rosa Louxembourg “le mouvement n’est rien; la fin, tout".

Prima facie, bien sûr, l’échec de Zapatero se doit à ses politiques néolibérales. Pour preuve il suffit de voir les résultats électoraux du 20 Novembre 2011 (38ème anniversaire de la mort de Franco) pour le constater. Mais je trouve encore plus intéressant de se demander si ces politiques n'étaient pas l'effet plutôt que la cause de l’échec de l’ex-président. Comment oublier que, de 2008 à 2010, Zapatero a essayé de vaincre la crise avec des politiques expansives classiques à la Keynes qui ne feront qu’aggraver la situation, jusqu’à l’experience de l’échec de cette politique qui le força à changer de braquet?

Pas besoin d’alerter le gouvernement Hollande de l’échec du socialisme espagnol. Il semble avoir déjà pris bonne note. D’un autre coté, à mon avis, le principal problème de la gauche française (comme il le fût auparavant pour la gauche espagnole et l’est toujours encore) reste sa capacitè d’être à la hauteur des espoirs éveillés par la victoire de F. Hollande sur une droite épuissée et rongée par des contradictions internes.

Faisons un peu de fiction, le système néolibérale s'effondre, quel est selon vous aujourd'hui le régime socio-économique le plus apte à le remplacer?
Au sein de Désirs d'Avenir, la social-écologie est au coeur de nos débats, pensez-vous que
cela puisse être la base d'une relance économique ?

Le mode capitaliste de production ne me semble pas ménacé. Surtout depuis l’incorporation de la République Populaire de Chine au "Mainstream" du capitalisme mondial. Ce sont les formes de le gèrer qui s’éffondrent. Si l’approche néolibéral perd sa main mise (et ce n’est pas tout à fait clair), l’alternative –s’il y en a une- sera le résultat de la corrélation de forces en présence, mais il semble raisonnable de supposer qu’on essayera de rétablir l’une ou l’autre forme d’économie sociale de marché (soziale Markwirtschaft) ou de néokeynesianisme.

L’écologie est une impérative politique. Mais il’y en a d’autres et non seulement en tant que quête de nouvelles formes d’activités industrielles, voire productives en général, qu'en tant que quête de nouvelles formes de gestion des activités déjà en place. Il faudra explorer des nouvelles lignes de production, des nouveaux gisements d’emploi (dont on parlait déjà dans le Livre Blanc de Delors en 1995), des nouvelles reformes du droit au travail, de nouvelles rélations industrielles (porquoi ne pas essayer de généraliser formes comme la Mitbestimmung allemande?), d’innovations comme l’établisement du minimum vital, etc.

Quand on est forcé à chercher des alternatives par besoin de survivance, on doit considérer toutes les possibilités, ne pas se concentrer à une seule et admettre qu’à la fin du jour, la solution peut être l’une de compromis, un mélange imparfait, impur, peut- être contradictoire, mais de nature pratique, quelque chose de réalisable. Il ne faut pas oublier le fameux apophtegme de Holderlin en Hypéron: “Ce que fait de ce monde un enfer est l’obsesion pour le changer en un ciel”.


(Photo. du journal Le Monde de Ségolène Royal, présidente de Désirs d'Avenir, pensant à une nouvelle gauche, elle déclare "La social-écologie, un autre modèle")

Je remercie M. Raymond Cotarelo Garcia, pour cette entretien. Un remerciement également à François Coll, pour sa collaboration. J'espère que cet article vous aura éclairé sur les enjeux actuels. Merci à vous lecteurs et lectrices de votre fidélité. Vous pouvez partager cette article par mail, sur vos blogs, pages Facebook ou Twitter, en copiant, collant cette URL : http://loeildelajeunesse.blogs.nouvelobs.com/archive/2013...

miércoles, 13 de marzo de 2013

Rajoy habla francés.

Los sempiternos maledicentes del Reino hacen chirigota de las escasas habilidades de Rajoy para las lenguas extranjeras. Es imposible, se burlan los plumillas, que quien no habla ni pronuncia bien su propia lengua pronuncie o hable bien la del prójimo. Zapatero era un convidado de piedra en las reuniones al otro lado de los Pirineos, en cuanto se comenzaba a hablar en esa jerigonza incomprensible del inglés. Pero, al menos, en español se le entendía. Rajoy es otra cosa y a lo mejor es por lo que se niega a que le hagan preguntas. No porque no tenga nada que responder sino porque no sabe cómo hacerlo.

Todo eso son infundios movidos por la envidia. A ver si no se entiende a la maravilla al presidente cuando da por superada "la enorme crisis financiera y de deuda pública". Con los responsables de los sindicatos y el patrón de los patrones presentes, Rajoy inicia la senda de la recuperación en el marco de la Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven 2013-2016, una improvisación más en su carrera de fantasmadas, un caos sin financiación; nada. Se trata, en su opinión, sin embargo, de un hito que en el futuro permitirá ver cómo el primer trimestre de 2013 tuvo lugar el take off, el despegue de la economía, gracias a las acertadas, aunque dolorosas, medidas de su gobierno.

Justo en el mismo momento, Hollande, el presidente de la República francesa, proclamaba muy ufano que que lo peor de la crisis ha pasado, gracias a las políticas de su gobierno que "ha logrado más en diez meses que otros Gobiernos anteriores en diez años". Es el tradicional sentido francés de la modestia. Bueno, refunfuñan los españoles, pero el gabacho no ha cumplido el objetivo del déficit pues este está en el 3,7% del PIB y debería estar en el 3%.

Ya hablaremos de esto de que los franceses y alemanes incumplan los objetivos del déficit cuando les place pero aprieten a los demás y no les dejen hacer lo mismo. El caso es que, con estar mal, Francia tiene un déficit del 3,7% y una tasa de paro del 10,7%, algo con lo que los españoles ni sueñan. No importa, según Rajoy, estamos saliendo de la crisis, igual que los franceses. Nuestro déficit es del 10,2% del PIB antes de maquillarlo y del 6,7% después de hacerlo y es la cifra con la que el presidente pretende engañar a una opinión que está al cabo de la calle. Con un desempleo del 26% y prácticamente todas las magnitudes a la baja, incluido el crecimiento negativo del PIB, hablar de recuperación carece de todo fundamento. Ciertamente -y a ello se aferra el gobierno- pagamos menos intereses que los italianos. Pero se olvida que los italianos están sin gobierno, lo cual es una situación que los mercados suelen castigar. Entienden que no estar gobernados es peor que estarlo por Rajoy. Algo altamente cuestionable.

Vamos, que el gobierno ya no se atreve a hablar de brotes verdes pero sigue hablando de brotes verdes. De Bárcenas, ni pío. Bárcenas, el hombre de los mil papeles. Cospedal piensa haber sido rehabilitada por el espaldarazo de un Rajoy que huyó por la puerta trasera en enésima manifestación de su proverbial valentía. Pero está muy tocada por la famosa comparecencia del finiquito en diferido. Su carácter agresivo y el más que probable recrudecimiento del caso Bárcenas, le harán meterse en un nuevo lío.

Por más que pretendan distraer la opinión, el meollo de la política española hoy es la corrupción y el caso Bárcenas y la evidente responsabilidad política de Rajoy, como presidente del partido y del gobierno, no puede ocultarse tras un injustificado triunfalismo.

(La imagen es una captura del vídeo La Moncloa en el dominio público).

martes, 11 de diciembre de 2012

Berlin, Pariserplatz.

¿Qué se siente cuando, siendo presidente de una Gran Nación te ponen en segunda fila, quizá por humillante orden alfabético y te llevan de claque? Imagino que una gran frustración. Estos pícaros tiempos de universal cotilleo no permiten construirse la imagen. A ver cómo va el hombre a decir, al volver a España, que quien sostenía la mano de la invencible Merkel era él.
Aunque no está claro si Hollande sostiene caballerosamente la mano de la dama o se aferra a ella como el náufrago a la tabla. El caso es que ahí estamos, como hace sesenta y tantos años, observando las zalamerías de los dos viejos contrincantes. El Mercado Común, la llamada Europa de los Seis -Benelux, Alemania, Francia e Italia-, más o menos el Imperio carolingio, se creó para acabar con la guerra permanente en el corazón de Europa. Empezaron poniendo en común el carbón y el acero, dos elementos estratégicos en las guerras de entonces, que hoy han perdido gran parte de su importancia. Lo esencial era que Alemania y Francia no volvieran a meter a Europa en otra contienda, que se amigaran. Y se han amigado, puede que hasta demasiado. Al comienzo, mientras Alemania dividida fue lo que se llamaba un gigante económico y un enano político, la relación fue apacible. Pero, a partir de la reunificación, el peso político de Alemania ha aumentado hasta ponerse a la par con el económico, avasallando a Francia. Sobra decir a la periferia meridional.
Que se trate del Nobel de la Paz es irrelevante. Este premio está tan devaluado que más vale que no te lo den. Y, si te lo dan, no lo propales por ahí. Aparte del eje franco-alemán posando para el aplauso, han recogido el premio Van Rompuy, Durao Barroso y Martin Schulz (Consejo, Comisión y Parlamento). Tres honrados y grises eurócratas, el segundo de los cuales actuó de anfitrión en las Azores cuando el trío belicoso (Bush, Blair y Aznar) desencadenó la ilegal y sangrienta invasión del Irak. Algo sorprendente, como el hecho de que el premio se haya otorgado en Oslo y que el jurado noruego destaque la contribución de la UE a lo largo de seis décadas en los "avances de la paz, la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa, razón por la cual Noruega no es miembro de la UE. 
Esa carolingia celebración coincide con nuevas turbulencias en los mercados que han reaccionado como una jaula de grillos al conocer la noticia del retorno del Cavaliere, sí el del Bunga-bunga. Y, como siempre que se acatarra alguien al sur del Europa, España estornuda. Ya está la prima de riesgo dando disgustos a Rajoy quien, después del editorial de El País, se ve obligado a pedir el rescate de modo análogo a cómo después de pedírselo Cebrián, el del millón de euros al mes, en un  artículo de julio de 2011, Zapatero adelantó las elecciones. 
Cunde la desazón en La Moncloa. De Guindos se cae de su apellido y empieza a calcular las consecuencias de pedir el rescate. Nadie se explica qué ha pasado. Se hicieron todos los deberes, incluso por exceso; se aceptaron todas las condiciones; se tragaron todos los reveses, desplantes y humillaciones. Y estamos como al principio. Mucho peor, por más endeudados. Acaban de meterse solitos en la trampa griega. Y no será porque no se les advirtiera. 
Así que, según se dice, Rajoy está pensando en dimitir. No parece propio del personaje, pero cosas más raras se han visto. Al fin y al cabo, el propio Rajoy admitirá que si presenta su dimisión al Rey  no hará sino dar forma en derecho a lo que es un hecho: es un presidente dimitido casi desde el origen. De los ministros, hablamos otro día.

lunes, 18 de junio de 2012

Una victoriosa derrota más.

A juzgar por las portadas de los periódicos españoles, ayer domingo solo hubo elecciones en Grecia. Sin embargo las hubo asimismo, y más importantes para Europa, en Francia, segunda vuelta de las legislativas. Pero estas se presentaban más de andar por casa pues la incógnita se había despejado en la primera vuelta y, desde luego, en las precedentes presidenciales. La tensión, la emoción, anidaban en las griegas; no segunda vuelta sino repetición de las elecciones del mes anterior con un resultado ingobernable. Según numerosos comentaristas de su resultado incierto dependería la permanencia de Grecia en la zona euro, en definitiva, en Europa.
Pero, además de ese asunto, nada desdeñable, las elecciones griegas tenían otro morbo, al menos para España, en el campo de la izquierda: saber si por fin la coalición izquierdista, formalmente no comunista (pues los comunistas tienen formación independiente con el nombre de tales), Syriza, acabaría superando, como así ha sido en efecto, la versión helénica de la socialdemocracia, el PASOK. El famoso sorpasso al que también aspira legítimamente IU en España, gracias al cual, si el PSOE sigue bajando y la coalición subiendo, esta sustituya a aquel como formación hegemónica de la izquierda. Como Syriza, vamos.
Seguramente Grecia se gobernará con una coalición más o menos nutrida de partidos en torno al eje Nueva Democracia/PASOK con el segundo actuando de comparsa menor. Syriza se instala desde ya en la oposición, un lugar digno desde el punto de vista de los principios pero poco relevante si se está frente a una mayoría absoluta.
Pero todo eso es de poca monta. Lo interesante es comprobar cómo la crisis del euro es una crisis de la euroizquierda que esta no acaba de entender y,  en consecuencia, no puede remediar. ¿Por qué se ha concentrado la atención en Grecia? En Francia ha ganado limpiamente la izquierda. Después de la victoria en las presidenciales, la socialdemocracia tiene mayoría absoluta en la Asamblea Nacional. ¿Por qué no celebrarlo por todo lo alto? Sencillamente porque en Francia, la formación equivalente a Syriza o lo que dice aquí IU que quiere ser, esto es, el Frente de la Izquierda,se ha dado un batacazo . Se ha quedado en diez diputados y no ha salido ni Mélenchon. Si a este desastre añadimos el declive del equivalente alemán en las últimas elecciones de Länder, esto es, Die Linke, se perfilan dos modelos, el griego, con sorpasso y sin gobierno y el francés, con gobierno y sin sorpasso y con Alemania apuntando más al lado francés que al griego. Está claro, es un crisis de la izquierda. Con sorpasso o sin él, esta sufre las consecuencias de su desunión en todas partes. Lo sabe; dice querer evitarlo, pero no hace nada por ello porque su división interna es muy profunda.
Tanto el PASOK como el PSOE han pagado muy caro en las urnas su gestión de la crisis. Pero ello no es necesariamente porque, siendo de izquierda, se hayan plegado a los dictados neoliberales, pues tambien los gobiernos neoliberales han perdido las elecciones; el último, el de Sarkozy. El Partido Socialista francés y, según los sondeos, el SPD alemán, van para arriba porque vienen de la oposición. como las derechas griega y española. La crisis devora los gobiernos de todos los colores. Esto no quiere decir que los socialdemócratas no hayan sufrido un castigo adicional a causa de su seguidismo neoliberal. Al contrario, han perdido un considerable apoyo en votos por no haber sido capaces de formular una alternativa propia, socialdemócrata, a la crisis.
No obstante las cosas no son tan fáciles como se antojan a la gente con flaca memoria. Todo el mundo parece haberse olvidado de que, siendo primer ministro, el socialdemócrata Papandreu intentó convocar un referéndum sobre el rescate y casi lo despellejan y con muy escasa defensa interna. No obstante, ciertamente, el PSOE presenta un problema de indefinición considerable. La insistencia en sellar pactos nacionales con la derecha al amparo de la emergencia de la situación no permite que el electorado visualice una opción partidista de izquierda socialdemócrata.
La crisis se revela por fin en el problema de la otra izquierda, la no socialdemócrata, consistente en otro tipo de indefinición. Así como los socialdemócratas no consiguen distanciarse de los neoliberales pues comparten un objetivo estratégico que es la conservación del capitalismo (aunque con visiones distintas de él), la otra izquierda no consigue encontrar puntos de encuentro con los demás porque su objetivo estratégico no está claro. A primera vista, a juzgar por algunas observaciones desperdigadas acerca del cambio del modelo productivo, se pretende sustituir el capitalismo, pero no se sabe por qué. La oposición al capitalismo es notoria. Una de las organizaciones se llama Izquierda Anticapitalista, lo cual nos ilustra acerca de lo que es "anti" pero no acerca de lo que es "pro". Resulta así que en la estrategia de la izquierda radical aparece incrustado el elemento utópico (en el mejor de los casos), siempre inquietante para unos electorados que, como viene demostrándose en los últimos tiempos, son bastante conservadores.
La izquierda, toda ella, debe decidir si quiere gobernar Europa o se resigna a ser gobernada por ella, por la Europa del capital. Y la vía para conseguirlo, en mi modesta opinión, es la francesa; no la griega. Para lo cual es preciso que la socialdemocracia articule una política económica propia , distinta de la neoliberal y eso no es fácil, como se ve mirando el PSOE.
(La imagen es una captura de la portada de 20 Minutos, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 24 de mayo de 2012

La Gran Nación y su lugar en el mundo.

Últimamente las portadas de El País son editoriales en sí mismas. La forma de redactar los titulares, sus respectivos tamaños y ubicaciones y la foto principal están cuidadosamente escogidas y deben costar tiempo y debates. Es la tendencia que inauguró hace más de un siglo el ABC; el verdadero editorial está en la portada. Hay mucho gente que solo ve del periódico la portada y conviene se entere a primera vista de la consigna del día. Esta técnica se ha generalizado a toda la prensa merced a la televisión. Los programas de noche revisan los diarios del día siguiente y por tales, entienden las portadas que llegan así a muchísima más gente que los diarios en su conjunto.
El secreto del titular de El País está en el adverbio más, que transmite una sensación de gravedad, urgencia, inminente peligro. No sabíamos que Europa estuviera dividida; ahora sabemos que lo está más. La lengua hace maravillas; por ejemplo, reinventa el pasado. Y no solamente la neolengua porque, en realidad, toda lengua es neolengua. El otro titular que acompaña es igualmente revelador: "París y Berlín ahondan sus diferencias en la cita sobre el crecimiento". De nuevo, el truco está en ese ahondan. Nadie había reconocido aún diferencia alguna pero ahora se ahondan. Misión cumplida: Europa está al borde de la ruptura.
Junto al titular, la foto es soberbia. Los dos mandatarios antagonistas principales se saludan sin mirarse. Hollande alza la vista hacia Monti como si estuviera hablando con él y saludara distraídamente a la dama. A su vez esta da cabezazo al estilo germánico pero tiene una sonrisa de retranca teutona que hace temer lo peor. En el fondo, desenfocado, pues la cámara enfoca a Hollande, se encuentra Rajoy como una especie de convidado de piedra. Hablen en lo que hablen el italiano Monti, el francés Hollande y la alemana Merkel, incluso si lo hacen en inglés, cosa que dudo pues los franceses insisten mucho en que se emplee su lengua en los foros internacionales, Rajoy se quedará fuera pues no habla ninguna. La proverbial incompetencia lingüística de los gobernantes españoles es uno de los signos distintivos de la Gran Nación de Rajoy.
La cuestión en debate son los dichosos eurobonos y la función del Banco Central Europeo (BCE). En ambos casos domina la posición alemana: el BCE es prácticamente alemán y de los eurobonos ni se habla. Hay una posibilidad de negociación, consistente en hacer ver a los alemanes que siguen guardando todas sus garantías si ambas instituciones se separan: los alemanes pueden conservar el BCE y permitir los eurobonos o cerrar el paso a los eurobonos pero dejar que el BCE sea más "europeo". Sería una base razonable de acuerdo. Porque es claro que hay que llegar a un acuerdo y un acuerdo político, esto es, uno en el que todos cedan algo.
Además del inconveniente mayúsculo de no entender ninguna otra lengua europea, Rajoy viene  muy tocado por la situación del país que representa. La noticia que aparece dentro de la estrella pone los pelos de punta porque da a entender una situación de práctica intervención. Si el FMI y otros órganos (¿cuáles?) fiscalizan la fiscalización que Rajoy ha encargado a no se sabe cuántas empresas de auditorías y agencias de raking, de esas que fallan siempre, es que nadie en el ancho mundo confía en España, en la Gran Nación. A pesar de que Rubalcaba, casualmente en Bruselas, ha hecho unas declaraciones apoyando al gobierno en aplicación de su teoría de hablar con una sola voz en Europa. Espero que el gobierno no piense que se trata de una "monodia trampa".

lunes, 7 de mayo de 2012

¿El renacer de Europa?

Artículo publicado hoy en el diario publico.es

Jornada memorable la del domingo. Desde el mar del Norte al Egeo, los europeos han dicho “no” a las políticas neoliberales de recortes, ajustes, mermas en ingresos, salarios y servicios; han dicho “no” a sacrificarlo todo ciegamente a una estabilidad presupuestaria imposible de alcanzar porque se alimenta de devorar el mismo presupuesto que pretende estabilizar. Se han sublevado contra las imposiciones de los llamados “mercados”, perífrasis con la que se designa hoy el dominio absoluto del capital a través de sus trujamanes de la derecha en todo el mundo; se han sublevado contra la imposición de un pensamiento único que, en virtud de una falsa ortodoxia económica, pasa por encima de la soberanía popular, destroza el espíritu democrático y trata de destruir el Estado del bienestar. Todo lo sual, por cierto, comenzó en marzo en Andalucía.
La clara victoria de François Hollande fue el momento estelar de la jornada. Nicolas Sarkozy es el primer presidente que no repite mandato en treinta años. Pero no se trata solamente de que este fuera ya insoportable sino de que el programa de Hollande es lo suficientemente atractivo para asegurarse la mayoría. Tanto que se dice que es muy difícil, si no imposible, articular una política socialdemócrata. Quien quiera saber cómo se hace, que lea el texto del triunfador en las elecciones franceses. El PSOE, por ejemplo, que nada en la ambigüedad, a punto quizá de cometer su último error de imitar el silencio del PP a fin de ganar elecciones, podía traducirlo al castellano y firmarlo, ya que no es capaz de redactar uno propio. Y defenderlo con la seguridad que da el respaldo popular. Empezando por la República y cerrando el paso a ese subrepticio monarquismo que está abriéndose paso en el partido de Pablo Iglesias.
Menos vistosos, pero no menos significativos, son los resultados en el Land de Schleswig-Holstein, en Alemania: 30% del voto para la CDU y el SPD respectivamente; 13% para los Verdes, 4% para la minoría danesa (para la que no reza la barrera del 5%); 8% para los liberales y el Partido Pirata respectivamente, mientras que el Partido “Die Linke” (“la izquierda”, heredero de los comunistas) queda fuera del parlamento de Kiel al no superar la barrera del 5%. Lo previsible es un gobierno “semáforo”-danés, esto es, una coalición de los socialdemócratas con los verdes y la minoría danesa. La que queda expresamente desechada es la Gran Coalición (negro/rojo) al tiempo que es imposible la repetición de la coalición negra/amarilla (esto es, democristianos y liberales) que gobierna el conjunto de Alemania y no alcanza la mayoría necesaria. Conviene recordar que es la décima derrota electoral que encaja la derecha germana, lo cual permite augurar una victoria socialdemócrata el año que viene si las circunstancias no obligan a una elección anticipada.
A su vez, todo el mundo ha estado pendiente de los resultados en Grecia, el país más castigado de la Unión por las políticas de la derecha neoliberal en contra de la crisis que lo único que hacen es agravarla, profundizarla, prolongarla con la finalidad de desmantelar el Estado del bienestar y aumentar la tasa de explotación de los trabajadores. Las convulsiones callejeras pasadas de Grecia se han trasladado al Parlamento. Es probable que los dos partidos del sistema, Nueva Democracia y los socialistas del PASOK, no consigan mayoría para formar un gobierno de coalición que acate mansamente el “Diktat” de los organismos financieros internacionales y de Berlín en concreto. La coalición de izquierda, Syriza, queda en segundo lugar y algún otro grupo comunista, como el Partido Comunista, consigue más del 8% del voto, algo tan insólito como el casi 7% del partido neonazi. El FMI ya se ha apresurado a amenazar a los griegos con retener los fondos del rescate si el país adopta una actitud que no sea sumisa a las imposiciones del capital. Al margen de la inmoralidad y la ruindad de esta amenaza, es claro que Grecia ha votado más o menos como Francia y como el Schleswig- Holstein: no a la política neoliberal de hundir a los países con el fin de restablecer la tasa de beneficio del capital.
Paradójicamente, España queda una vez más al margen de la corriente que apunta en Europa y, como siempre, yendo en sentido contrario. Así como, al acabar la segunda guerra mundial, los aliados permitieron que el fascismo, derrotado en el continente, prosiguiera en España durante 40 años, es posible que volvamos a tener la mala suerte de quedar en manos de esta derecha neoliberal y nacionalcatólica, heredera de la de los 40 años, y obsesionada por expoliar a los españoles, mientras el resto del continente, acabada la pesadilla de la crisis-estafa de la derecha, reemprende el camino de la estabilidad y el crecimiento.
(La imagen es una foto de jmayrault, bajo licencia de Creative Commons).

Estos sí son brotes verdes.

Millones de europeos votaron ayer en contra de la política económica del trágala del "consenso de Bruselas" que, bajo pretexto de imponer la disciplina presupuestaria y garantizar la estabilidad, pretende desmantelar el Estado del bienestar, consolidar la dominacion irrestricta del capital, aumentar la tasa de explotación de los trabajadores e impedir el avance hacia una organización política europea de igualdad entre las personas y los Estados. Lo hicieron los franceses, los griegos y hasta los alemanes, incluido un buen puñado de daneses que viven en el Schleswig-Holstein.
Circula la muy simplificadora idea de que la crisis ciega de tal modo a los electorados que estos se limitan a votar en contra de los gobiernos, con independencia de las políticas que apliquen, lo cual bien pudiera ser falso, como casi todas las simplificaciones. Los votantes retiran su confianza a los partidos y gobiernos que aplican las draconianas recetas de la derecha y de los organismos financieros internacionales. Cuando eso no sucede, los gobiernos no pierden las elecciones, como se ha visto en Andalucía.
Una comparación de las tres elecciones habidas (la presidencial francesa, la parlamentaria griega y la del Land del Schleswig-Holstein) quizá nos permita una visión más ajustada. Pierden votos los partidos que apoyan y practican el "consenso" de Bruselas; los ganan los que se oponen a él. El candidato socialista francés gana la presidencia con un programa claro, rotundo y factible, alternativo al canon neoliberal. El SPD alemán, también en la oposición a la política de solo ajustes, sube cinco puntos porcentuales. Se da un batacazo, sin embargo, el tercer partido socialista, el PASOK griego que, aunque con contradicciones, también ha practicado la política neoliberal. Socialistas, sin embargo, son los tres. El electorado sabe distinguir perfectamente. Por supuesto, en todas partes pierde la derecha neoliberal: en Francia, la presidencia (ya veremos qué sucede en un par de meses, en las elecciones legislativas), en Grecia, cae en un tercio de sus votos y en el Schleswig-Holstein pierde un punto, lo que, junto al descalabro de sus aliados liberales, la expulsa del gobierno.
Son "brotes verdes" políticos que permiten barruntar un cambio en la orientación política y la forma de gestionar la crisis en Europa. Junto a ellos hay otros de otros colores, indicativos de que la situación está bastante crispada por doquier. Es decir, que el recetario neoliberal está arruinando los países europeos y llevándolos a la quiebra y, además, está suscitando un clima político crispado y polarizado que no augura nada bueno. Significativa aquí es la primera vuelta de las presidenciales francesas: un aumento del voto de la izquierda "anticapitalista" (o sea, radical) y uno más espectacular de la extrema derecha, con sus tintes xenófobos, chovinistas, autoritarios y fascistas. Igualmente el resultado en Grecia en donde la coalición de izquierda radical está en segunda posición, con más del 16% del votos y el Partido Comunista ha obtenido un alto resultado, con el 8% teniendo que contar también con otros partidos comunistas menores y los verdes cuya representación está por determinar en este momento. Los neonazis, a su vez, con más de un 6% del voto, entran en un parlamento que promete ser muy movido. La izquierda radical en Alemania, representada por Die Linke, unión de socialdemócratas de izquierda y antiguos comunistas, no ha llegado al 5% y se ha quedado fuera del parlamento de Kiel, y la extrema derecha ni existe. Los verdes repiten su porcentaje en torno al 13% y si algún tipo de voto antisistema cabe señalar quizá sea el del Partido Pirata, con un 8%, igual que el partido liberal, socio de la derecha en el gobierno hasta ahora.
Es decir, hay un vuelco en la conciencia del electorado, una convicción de que ya está bien de políticas de ajustes, recortes y restricciones del gasto y que es preciso formular otra de estímulo que saque a los países de la recesión en la que poco a poco está volviendo a entrar Europa. Todo lo cual ya se puso en evidencia en Andalucía.
La cuestión ahora es ver cómo lucen esos "brotes verdes" en el conjunto de España con un gobierno más papista que el papa en materia neoliberal, a quien los brutales recortes que ha realizado hasta la fecha que no amenazan ya solo con la recesión sino con una depresión, le parecen insuficientes. De no tratarse de un asunto tan trágico sería para reír (sardónicamente) la mala suerte de los españoles, siempre a contracorriente de Europa.
Pero no es cosa de reír, sino de actuar. Resulta iluso pedir al gobierno español la flexibilidad necesaria para adaptarse al cambio de orientación en Europa o, incluso, incitarlo. La política económica neoliberal no es una respuesta técnica a una situación de hecho sino ideológica, indiferente a unos resultados que no sean los que la satisfagan. De forma que la tarea de luchar por un retorno de España al mainstream europeo tendrá que recaer sobre la oposición, la oposición de izquierda. Para esto encontramos dos factores, uno favorable y otro desfavorable. El primero es el gobierno de unión de la izquierda en Andalucía, que se constituye en referente de las políticas económicas alternativas al neoliberalismo. El segundo, el estado del PSOE a escala nacional que no parece haber encontrado todavía la plataforma clara desde la que hacer oposición sino que oscila entre apoyar al gobierno en asuntos que juzga "de Estado" y quejarse de lo radicalmente erróneo de sus medidas.
Si el PSOE no es capaz de definir una programa claro, propositivo, que pueda servir como plataforma de un gobierno de unión de la izquierda a escala estatal, que traduzca el de Hollande, que lleva el voto de la izquierda francesa. Y, por cierto, que le añada un par de claros pronunciamientos respecto a los dos asuntos en los que prefiere la marrullería: la separación de la iglesia y el Estado (y circunstancias concomitantes) y la cuestión de la República.

domingo, 6 de mayo de 2012

Europa despierta.

Esto empieza a cambiar. La victoria de Hollande sobre Sarkozy por 51,9% contra 48,9% es el primer signo de que los europeos comenzamos a sacudirnos los temores inducidos por la mezcla de estupidez y barbarie que representa siempre la derecha, sea alemana, francesa y, por supuesto, la española. 
Además de la victoria del socialista francés, se dibuja un hundimiento de los dos partidos griegos del sistema (Nueva Democracia y Pasok) con el correspondiene ascenso de los anticapitalistas de Syriza y también (lo que es mala noticia) los neonazis. En todo caso, que el PSOE vaya poniendo las barbas en remojo, si tiene barbas. O se distancia de la derecha, recupera su discurso republicano y su programa socialdemócrata o seguirá para abajo. Igualmente en el Schleswig Holstein, en un Estado al norte de Alemania, la Democracia Cristiana aparece empatada con el SPD, lo cual también es muy de celebrar porque apunta en la buena dirección, a ver si el año que viene los socialdemócratas ganan las elecciones en Alemania y se acaba la pesadilla de esta crisis-estafa originada por la derecha, agravada por la derecha y que la derecha pretende hacer pagar a la mayoría de la gente
Ya falta menos para que se reviertan las absurdas politicas de la UE, pensadas para machacar a los pobres y enriquecer más a los ricos.

domingo, 22 de abril de 2012

Tiens! La gauche!

¡Quién lo iba a decir! Después de cinco años de vapuleo ideológico sistemático, de saqueo insaciable de los bienes públicos, de estafa sin precedentes a los pueblos de Europa, de amenazas sin cuento; después de cinco años de machacona propaganda neoliberal a través de sus think tanks en los que unos engolados necios vaticinan desastres sin cuento si la gente no se aviene a que la exploten y la opriman; después de un quinquenio escuchando el contrapunto inquisitorial de ese pájaro de mal agüero instalado en el Vaticano que pretende reevangelizarnos a cristazos; después de cinco años aguantando que los políticos más retrógrados del continente (Berlusconi, Merkel, Sarkozy, Cameron, etc) con sus fórmulas sacadas del almanaque zaragozano, vayan de desastre en desastre, hete aquí que en Francia vuelve la izquierda. Y vuelve con fuerza. Hollande va ganando en intención de voto en la primera vuelta de hoy y seguramente ganará en la segunda, si no cae en alguna de las trampas y provocaciones televisivas en las que Sarkozy es maestro.

Hollande representa una esperanza au delà de la France, para otros países que, como España, están sufriendo los rigores teutones a los que se someten con las orejas gachas los gobernantes españoles, carentes de toda entereza nacional. Es una izquierda socialdemócrata -la única que tiene un palmarés de resultados en Europa- alejada del poder hace ya 17 años, que parece haber aprendido la necesidad de reformular el socialismo democrático radical y de no caer más en las añagazas edulcoradas de las terceras vías, nuevos centros y otras logomaquias similares; la necesidad de enfrentarse al capitalismo en los términos que este entiende: tocándole los beneficios. Hay voluntad de ganar y ojalá lo haga Hollande en donde su exmujer fracasó hace cinco años. ¡Qué gran ocasión perdida!

Supuestamente a la izquierda del PS y de Hollande llega a primera vuelta un Frente de izquierda, presidido por Mélenchon, un antiguo socialista, exministro de Jospin. Se presenta como una ruptura, una innovación, la nueva esperanza de la izquierda frente a un Partido Socialista entregado al neoliberalismo, como el eco francés de la Izquierda Unida en España. Pero no es otra cosa que la vieja táctica de los comunistas de ocultarse tras una organización de masas, frentista, etc, para no comparecer con su nombre a unas elecciones que, como acostumbran, perderían. Así que, de nuevo, el Front de la Gauche no tiene nada y François Mélenchon es el habitual compañero de viaje de los comunistas, es decir, el sempiterno "tonto útil", esa figura en la que suele escudarse el Partido Comunista, pero que ella misma no es comunista ya que, evidentemente, nadie es perfecto. Pero hace lo que le dicen, que es lo importante. ¿Su utilidad? Morder un 10 o 15% del voto a la izquierda, a ver si esta fracasa y, si no, si precisa de ese porcentaje para gobernar, se le pondrá caro. Esta posibilidad no existe en las presidenciales, pero la costumbre deja huella. Claro que si, producto de las amargas experiencias del tiempo, Mélenchon consiguiera entre el 15 y el 20% del voto en la 1ª vuelta podría darse la pintoresca circunstancia que se apunta al final de esta entrada.

A la derecha de Hollande, los conservadores llegan a las elecciones desarbolados. La crisis ha dejado al descubierto que sus discursos, sus fórmulas, sus propuestas, son una mezcolanza de lugares comunes, falsedades y puras fantasías que sólo encubren su deseo de retrotraer la marcha de la sociedad a los tiempos de las leyes de pobres. La derecha francesa ha quemado todo el tren y llega a la primera vuelta con el furgón del carbón vacío. Sarkozy lo ha intentado ya todo para seducir a los franceses: les ha hablado mal de España, que siempre vende en Francia, de la grandeza de la nación, de su firme voluntad de acabar con todos los peligros: los inmigrantes, los islamistas, los terroristas y los voleurs de montres (o ladrones de relojes) y los comunitarios que llegan a Francia a vivir del cuento. Incluso ha dejado sin discurso a la hija de Le Pen, cosa por otro lado poco difícil porque no lo tiene.

Hollande es hombre prudente y sensato. No ha pronunciado la palabra revolución. Pero, si gana, eso es lo que tiene por delante: una revolución en la Unión Europea que replantee los fundamentos del capitalismo ya que, con toda evidencia, las cosas no pueden seguir así.

Y un vaticinio tout à fait drôle: ¿y si a segunda vuelta pasan Hollande y Mélenchon? Mais voyons, ça serait la folie, non? A ver por quién votan los gaullistas, los lepenistas, la derecha liberal y la France de jadis en la segunda vuelta. No lo tengo claro porque las gentes somos un saco de sorpresas. Todo el mundo recuerda qué bien se llevaban los gaullistas y los comunistas durante la guerra fría y qué mal los socialistas y los comunistas de siempre. Por otro lado, el lepenismo es un vivero de votos nacionalbolcheviques. Alucinante, ¿verdad? Pero es de esperar que salga Hollande, por el bien de todos.

(La imagen es una foto de xavier buaillon, bajo licencia de Creative Commons).

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Achtung! Europa, chapuza.

La teoría de Palinuro de que la Unión Europea se hace mediante chapuzas se confirma. El acuerdo a que están llegando Merkel y Sarkozy es otra de éstas. Pero seguramente funcionará como lo han hecho las anteriores. Y es lógico. La unión europea es algo nuevo, carece de precedentes, no hay modelo y va construyéndose a medida que se resuelven los problemas que la ponen en peligro como buenamente se puede. Si procediéramos con modelos y protocolos fijos la tal unión ya se hubiera deshecho. Esta nueva chapuza nominalmente francoalemana pero en realidad germanofrancesa prosperará porque media Europa está con el agua al cuello y no tiene más remedio que aceptar las píldoras de caballo.

Los periódicos, que aman los términos fuertes, ya han caracterizado la situación cuando, como hace Público, utilizan el verbo acatar, cuyo significado, según el DRAE, deja bien clara la posición en Europa de esta gran nación que es España, al reiterado decir de Rajoy. El acuerdo en cuestión es una especie de Diktat a los países en dificultades y a todos los demás para que acepten un derecho de supervisión (y veto, ya veremos en qué términos) sobre sus presupuestos. Además quiere fijar castigos automáticos a los países que no respeten el techo del déficit. Eso ya estaba previsto pero no funcionó cuando fueron Alemania y Francia quienes rompieron el techo del tres por ciento de déficit y no les pasó nada. Los demás pensaron entonces que ancha es Castilla pero descubrieron sobre sus lomos que sólo para unos y no para todos.

La prevista reforma de los Tratados se hará previsiblemente por acuerdo entre los Estados y no se convocará referéndum alguno. La chapuza es completa pero, al mismo tiempo, muy racional, con la irritante racionalidad de la Realpolitik. La UE ya está actuando de hecho como una unidad política. Otra cosa es que lo haga mejor o peor o a gusto de unos pero no de otros. Y una unidad política no puede depender del resultado de un hipotétiuco referéndum en alguna de sus partes. Una consideración para quienes creen que el referéndum en una parte de un conjunto y que puede invalidar la acción de éste, es ya de por sí una prueba de democracia: si, por ejemplo, se convocaran sendos referéndums sobre la reforma de los Tratados en España y Alemania es posible que ambos fueran negativos pero por motivos diametralmente opuestos; para los alemanes la reforma sería demasiado; para los españoles, demasiado poco.

La conclusión a que llegan los dos mandatarios españoles, el que viene y el que se va, Rajoy y Zapatero es coincidente, lo cual tranquiliza. España hablará por fin con una sola voz en Bruselas; un voz para acatar, pero una sola. Antes, cuando gobernaba Zapatero, España hablaba con dos voces, la del gobierno adquiriendo compromisos y la de la oposición de Rajoy saboteando y diciendo que no los cumpliría. Ahora el mismo Rajoy sabe que tiene y tendrá el apoyo de la oposición en sus negociaciones con la UE. Eso quiere decir algo y la gente debe entender qué significa. Simplemente que la izquierda sabe hacer una oposición constructiva.

Produce un poco de inquina la injusticia de la situación. Pero todavía queda por pasar a través de las toneladas de basura que el gobierno del PP verterá en sus primeros meses sobre la acción del anterior, especialidad de la casa que la batería de medios de la derecha utilizará sin descanso para seguir castigando las posiciones de la izquierda. Es ley de vida. La derecha no es mayoría en el país, pero la respalda un sólido treinta por ciento del electorado. Franco tenía un respaldo mucho menor. Esta derecha, que es su heredera ideológica, llega hasta el treinta por ciento y con eso le basta para imponerse sin miramientos o "sin complejos", como suele decir. La izquierda tiene similar apoyo, incluso algo mayor, pero es más fácil de desmovilizar.

Así las cosas Rajoy no tiene empacho en presumir de que España y Alemania son las únicas que han cumplido el requisito de la reforma constitucional, siendo así que fue una iniciativa de Zapatero a la que él se sumó con todo género de reticencias. Es también estilo de la casa. Cuando Zapatero, entonces en la oposición, propuso el Pacto antiterrorista, Rajoy, entonces en el Gobierno, lo calificó de "conejo sacado de la chistera". Un par de años más tarde él era el principal defensor del conejo y Zapatero, en cambio, quería despellejarlo o algo así.

Lo mismo va a pasarle con todo lo que dijo en la campaña electoral que se convertirá ahora en la fiesta del lindo don Digo Diego. Lo más llamativo viene con los impuestos. No iba a subirlos pero sí, sí que va a hacerlo y mucho. Él no querría pero es Europa la que lo obligará a hacerlo, es Alemania, la misma Alemania que protestaba cuando Aznar pedía fondos de cohesión para España y, al mismo tiempo, bajaba los impuestos. Ese tipo de pillerías ya no podrá hacerse. En definitiva las chapuzas acaban siendo productivas.

sábado, 1 de enero de 2011

Los discursos del poder.

Mientras en España el Jefe del Estado se dirige a la ciudadanía en la Noche de Paz, Noche de Amor, al ladito del portal de Belén, en otros lugares de la vieja Europa el momento de la doctrina se reserva para la noche de San Silvestre, que es más laico y menos mojigato. Es verdad que sobre los otros países europeos no pesa la memoria de la costumbre franquista de hablar a los españoles todos en aquesa noche de villancicos. Tampoco está tan mal porque así los partidos pasan luego el día de Navidad, más pagano, tirándose mutuamente a la cabeza las palabras del rey, que tampoco harán mucho daño porque suelen ser bastante hueras.

Hasta el Papa, que tiene su momento estelar también con la Natividad del Niño Dios propiamente dicha, no desaprovecha la ocasión de mostrarse de nuevo a los creyentes al llegar la fiesta de fin de año. Vieja costumbre de la Iglesia de poner una vela al de arriba y otra al de abajo. El pretexto de la aparición de este año ha sido el final del año jacobeo como podía haber sido el centenario de la muerte de un mártir del Japón. Aunque, por ser año jacobeo, la regañina ha vuelto a tocarnos a los hispanos, que tenemos que actuar como portaaviones de la fe para las fortalecer las raíces cristianas de Europa, aparte naturalmente, de tener las propias como saludables boniatos. Sí señor, España en defensa de la Cristiandad de la que es adelantada. No era para menos, cuenta habida de que un día antes, el 30 de diciembre, el mismo Papa, mediante carta apostólica, ordena poner en orden las finanzas vaticanas para sacar a Roma de la sospecha de ser un paraíso fiscal en Europa. Uno más. Como se ve, la Carta del Papa califica de errores los comportamientos bancarios y financieros vaticanos y que están siendo investigados por la justicia italiana. Errores como los pecados de pederastia a lo largo del tiempo. La Iglesia es una institución humana, demasiado humana.

Los otros discursos más notorios, al menos para Palinuro, son los de Merkel y Sarkozy. También son importantes los de Cameron y Berlusconi, pero estos dos hablan de cosas marginales a la cuestión europea: Cameron de lo mal que seguirán pasándolo los britanicos si quieren recuperar el terreno perdido y Berlusconi de sí mismo. Merkel y Sarkozy coinciden en la defensa del euro. Los dos vienen a decir que, si se acaba el euro, se acaba Europa. No el continente, claro, sino la idea de Europa, la Unión Europea, lo cual bien puede ser cierto. Lo que sucede es que la salvación del euro tampoco garantiza la de la Unión, como se está viendo ahora mismo con una moneda que no puede defenderse porque nadie manda en ella salvo unas abstractas reglas del mercado quer son, por definición, ciegas a todo lo que no sea la valoración del capital.

Así que esos discursos, con toda su buena intención, contribuyen a añadir leña al fuego porque lo que más muestra la debilidad del euro es que hayan de salir los gobernantes a defenderlo. ¿Es imaginable que la reina de Inglaterra o el presidente de los Estados Unidos salgan la noche de San Silvestre a señalar la importancia de la solidez del dólar o la libra esterlina? La moneda tiene un gran valor político. Es más, su valor económico depende del político que, en último término, es militar. La guerra mundial hoy es económica y la moneda simboliza el poderío bélico de cada cual. Una de las versiones sobre la guerra del Irak es que ésta se desencadena cuando Sadam decide recomendar al cártel del petróleo que la moneda de referencia deje de ser el dólar y sea el euro. Adiós, Sadam.

El valor político del euro es inexistente por falta de unidad, de mando único, obviamente. De Europa se dice hoy lo que se decía de Alemania cuando la partición, que era un "gigante económico y un enano político".

Son discursos del poder; de un poder impotente.

(La imagen es un cuadro de Mabuse titulado El Consejo Supremo y pintado hacia fines del siglo XVI).

miércoles, 20 de octubre de 2010

Los Pirineos.

Siempre hubo Pirineos; siempre los habrá porque, aunque los trenes de alta velocidad y demás maravillosos avances de la técnica y la tecnología hayan vencido el imponente obstáculo que acostumbraba a ser esa cordillera, hay otro moral, espiritual, intelectual que ningún avance del ingenio humano ha sido capaz de vencer. Los dos pueblos a ambos lados de los Pirineos son muy distintos: incluso aquellos que, como sostienen los vascos y catalanes nacionalistas, son el mismo pueblo aquende y allende la cordillera. Prueba evidente de que lo que se llama Francia y lo que se llama España tienen una impronta decisiva, hasta el punto de avocar a su ser nacional a otros seres nacionales o partes sustanciales de ellos.

Pero no quiero embarrancarme en el cansino tema de las naciones del Estado español. Me importa más señalar las obvias diferencias entre los dos pueblos, diferencias que, no pudiendo venir de causa genética (supongo), vendrán de sus culturas, tradiciones y evoluciones históricas respectivas. Es eso que decía Marx en El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte de que "la tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos", modo expresionista, casi apocalíptico, de formular la famosa alianza entre los muertos, los vivos y los que están por nacer que, según Burke, es la esencia de toda nación. Así que, en efecto, franceses y españoles son naciones muy distintas, dentro, claro es, del llamado "concierto de naciones europeas" que las más de las veces es un desconcierto. Pero un desconcierto del que en el fondo estamos todos muy orgullosos.

La magnífica jornada de ayer en Francia ha dejado un reguero de imágenes impresionantes. Me he quedado prendado de una de ellas que no puedo reproducir porque tiene derechos de autor. Pero puedo poner el enlace así que pinchen aquí si quieren ver algo sorprendente. Es esa genial capacidad francesa para formular la insurrección poéticamente. El párrafo de la pancarta podría haberlo escrito Tzara o Breton, Artaud, Vian, cualquiera. Y la traducción al español que acompaña a la imagen también ilustra sobre las diferencias de mentalidad que se dan. Como sea que la última palabra de la pancarta no está clara, puede inducir a error. Pero los errores nunca son inocentes. El traductor español, realista al cabo, cree que la palabra es force y, claro, vierte "fuerza". Ni siquiera ve que la primera letra es una "r" evidentísima. De forma que en lugar de lo que dice (que es una traducción que literalmente mata el espíritu del escrito) el texto debe decir: "Bloqueo, sabotaje, huelga salvaje, ocupación, destrucción, secuestros,... luchemos armados de toda nuestra rabia (rage)". La única duda podría ser que dijera "race"; pero estamos en Francia, je vous en prie. En todo caso, ¿es imaginable la que se armaría en la patria de Daoiz y Velarde si alguien propusiera proceder al sabotaje, la destrucción, los secuestros? La poesía no delinque... ¿o sí?

La izquierda del sistema empieza a asustarse. La señora Royal llamó a la huelga a los estudiantes y después se desdijo; pero estaba ayer en la manifa. La situación para esta izquierda (zarandeada por los radicales por su carácter acomodaticio pero la única que obtiene mayorías electorales que le permiten gobernar) es complicada porque la rage en efecto es profunda y la insurrección puede ir a más y salirse de madre, que es mucho salirse. Pero, en fin, es Francia.

Aquí, en España, a este lado de los Pirineos, las cosas son, como siempre, más comedidas, más domésticas, de mesa camilla y rosario de las ocho. (Estoy deseando leer el nuevo libro de Eslava Galán que será fantástico). Y más del cortijo. Según las informaciones de Público, La Gürtel organizó todos los actos de Aguirre en la campaña de 2003. Ese artículo femenino que le ha caído a un término que es una clave de operación policial denota la intención de convertirlo en sinónimo de "mafia" o algo así. En todo caso, de ser cierto el hecho, la Comunidad Autónoma de Madrid ya no es una Corte de los Milagros, sino una especie de Mahagonny, un predio de Mackie el navaja, y para contarlo haría falta un Brecht, ese al que cita mal el señor Camps.

Pero lo verdaderamente hispánico de la jornada fue la pataleta del PP ante el pacto presupuestario de su socia de gobierno en las Canarias, la Coalición Canaria, con el villano de La Moncloa. Ya no la ajuntan. Pero la política es un juego de estrategia, como el ajedrez; no de raquetazo corto como el pádel. Así que ahora han de ver los populares qué hacen con su alianza externa de gobierno con ese mismo villano en el País Vasco. Porque si Patxi López quedaba desairado por el acuerdo del chef con los jelkides, el señor Basagoiti queda aliado con un desairado y ninguneado por un Gobierno que pacta con la oposición lo que no pacta con el gobierno autonómico. Su posición no es desairada sino desesperada: si sigue sosteniendo al lehendakari, sostiene el partido que ha firmado los acuerdos con la oposición; si le retira el apoyo puede encontrarse con la desagradable sorpresa de que, hasta las elecciones autonómicas, el PNV apoye al PSE-PSOE, lo que devolvería el PP a la irrelevancia. Estamos en España. La crisis es cosa de los franceses.

martes, 19 de octubre de 2010

Francia eterna.

Decía Heine que los alemanes resuelven con ideas lo que los franceses resuelven con hechos. Pudo decir los alemanes y el resto de los europeos que en esto del hacer, de meternos con la realidad, vamos siempre por detrás del gabacho.

A veces ese hacer se torna revolucionario, momento que refleja a la perfección el conocidísimo cuadro de Delacroix en el Museo del Louvre, La libertad guiando al pueblo. Esa pintura es el emblema del romanticismo y de la revolución burguesa, inextricablemente unidos por la chistera y el redingote del ciudadano empuñando un trabuco a la derecha de la Libertad. Es el propio Delacroix que se autorretrata como presente en el momento que más le emociona. Privilegio de artista. Botticelli se autorretrató presenciando el nacimiento de Cristo y el Caravaggio observando el prendimiento del mismo personaje. Supongo que eso dice mucho sobre los caracteres de ambos genios. En todo caso, Delacroix, que no estuvo en la revolución de 1830, la liberal por excelencia, se plantó para la posteridad junto a una Mariane de gorro frigio, pecho desnudo, alzando la tricolor con un fusil con la bayoneta calada, asaltando una barricada. Menuda imagen. A sus pies, dos soldados realistas caídos, al fondo, entre el humo de la refriega, Nôtre Dame. París bien sûr.

Porque lo que tiene M. Sarkozy entre manos es una revolución. Una protesta que ha encadenado diez huelgas generales en un año, que un día por otro echa a la calle a cientos de miles, millones de personas en todo el territorio en manifas que suelen derivar en violencia con docenas de detenidos; que tiene prácticamente paralizado el país con un bloqueo energético que obliga al gobierno a poner en uso las reservas estratégicas, como si estuviéramos en guerra; una protesta así podrá llamarse como se quiera, pero tiene toda la pinta de ser una revolución, por la extensión y profundidad del movimiento.

El curso general es de confrontación. Está previsto que la ley de reforma de las pensiones se apruebe en el Senado el jueves y hoy, martes, es un día decisivo. Los camioneros se han unido a la huelga (los ferroviarios llevan en ella un tiempo) y también piensa hacerlo una serie de universidades que toma el relevo de los estudiantes de bachillerato. El presidente del Gobierno, Fillon, dice que no cederá ni tolerará bloqueos, interrupciones de suministro, etc, aunque lo que digan los presidentes del Gobierno en Francia, si no hay cohabitation suele importar poco. M. Sarkozy asegura que la reforma de las pensiones se hará porque es buena para Francia. Pero según un sondeo, el 71 por ciento de la población apoya la movida de hoy, martes. Francia debe de ser el 29 por ciento restante.

No quiero calificar la cara que se nos pone a los españoles cuando vemos la marimorena que han montado los franceses por la prolongación de 60 a 62 años de la vida laboral cuando a nosotros van a prolongárnosla de 65 a 67. Personalmente estoy a favor de hacer voluntaria la jubilación a partir de los 65, razón por la cual el asunto de la prolongación me parece un error más dentro del error mayor de tener una jubilación forzosa y semiforzosa. Pero el hecho llamativo es la diferencia de situación entre España y Francia y por añadidura que la reacción frente a un recorte más grave en España haya sido diez, veinte veces menos intensa: una mediohuelga general de escaso seguimiento y menor repercusión.

Es bastante probable que el movimiento no consiga su objetivo que es que las cosas sigan como están básicamente porque en el mundo globalizado pintan bastos de la acreditada casa de Díaz Ferrán, de trabajar más y ganar menos y en Francia también. No puedo quitarme de la cabeza la sospecha de que M. Sarkozy se ha hecho fotografiar en la playa de Deauville, en la costa normanda, lugar predilecto de Monet y otros impresionistas, acompañado de Frau Merkel para recordar a los franceses que hay que contar con los demás, especialmente los boches a quienes eso de trabajar más y ganar menos no les suena raro.

Pero sobre todo no parece que la nueva revolución francesa vaya a triunfar porque hay en marcha en el mundo un reajuste estratégico del capitalismo. Si el occidental quiere seguir siendo hegemónico y mantener su alto nivel de vida tiene que ser competitivo frente al oriental (especialmente el chino) y no lo es. El modo de vida occidental del Estado del bienestar y sociedades de la abundancia está tocando a su fin; hay que inventar otro. El que se propuso el siglo pasado, el XX, venía muy condicionado por el anterior, el XIX, como se ve en el cuadro de Giuseppe Pellizza, El cuarto Estado (pintado hacia 1895-1898) que saltó a la fama casi un siglo después cuando Bertoluzzi lo empleó para su Novecento. El mérito de la obra es modesto, ínfimo si la comparamos con la de Delacroix. Es una composición bastante chata y un pelín absurda en cuanto a la fuente de luz ya que se trata de una masa indiferenciada que avanza desde una luz que se apaga al fondo, el pasado, hacia una potente que viene de fuera y somos nosotros, el futuro. Para mi gusto se le ha colado además en primer término una especie de metáfora de la Sagrada Familia con un tercero que canta otra historia.

En todo caso, la imagen de la Revolución sigue siendo la de Delacroix; la del "cuarto estado" no cuajó y esa es quizá una de las razones por las que el capitalismo plantea un proceso de acumulación a la vieja usanza: largas jornadas, salarios bajos. Lo irónico es que este impulso provenga sobre todo de la China, uno de los países en que triunfó la Revolución del cuarto estado. Y lo habitual es que la primera protesta venga de Francia. Por eso hay tantos afrancesados en el mundo.

martes, 22 de septiembre de 2009

Nicoleón Sarkozy.

Cuéntase que un joven diputado inglés alma de cántaro a quien Churchill estaba mostrando la Cámara de los Comunes, al ver la bancada laborista, exclamó con pasión: "¡Ahí se sienta el enemigo!" A lo que el viejo zorro respondió con flema: "Se equivoca, joven, ahí se sienta la oposición" y añadió señalando la bancada conservadora: "El enemigo se sienta ahí".

¡Cómo se odian los señores Sarkozy y De Villepin! Casi parecen hermanos y lo suyo lo que se llama un odio cainita. En realidad, políticamente son hermanos. Pertenecen al mismo partido (y convierten con ello a Churchill en profeta) y han formado parte del mismo gobierno bajo Jacques Chirac, del que también se dice que está pringado en el alucinante caso que enfrenta a los otros dos, el caso Clearstream con De Villepin como acusado y Sarkozy como acusación particular. La cuestión en concreto: si, siendo primer ministro, De Villepin medió para que llegara a la policía, sabiendo él que era falsa, una lista de nombres de personas sospechosas de blanqueo de capitales en la que se encontraba el de Sarkozy. La idea parecería ser difamarlo y destruir sus esperanzas de presentarse candidato a la Presidencia de la República, cargo que codiciaba De Villepin. El proceso va a sacar a la luz del día parte de las mayestáticas entretelas del Estado francés, sus servicios secretos, algunos de los banqueros, aristócratas, mafias, políticos de todos los colores, eclesiásticos... La feria de las vanidades entre Matignon y el Elíseo. Preguntado Sarkozy porqué rompe la tradición de que los presidentes de la República no pleitean mientras están en el cargo ya que gozan de inmunidad, contesta que si es cierto que el Presidente de la República no está por encima de la ley, también lo es que no está por debajo. Y ha añadido en imagen inquietante: que "hará colgar del gancho del carnicero a quienes hayan hecho esto".

Es el último acto, por ahora, de una larga historia de enfrentamientos entre los dos políticos, ambos aspirantes a la presidencia de la República, lo cual recuerda aquella anécdota que se cuenta del Emperador Carlos V en relación con Francisco I de Francia: "Mi primo y yo estamos de acuerdo: los dos queremos Milán". Igual que los dos gaullistas de segunda generación quieren la presidencia de la Vª República, aun con el mandato capado de siete a cinco años, porque sigue siendo la obra de De Gaulle, la penúltima encarnación de Napoleón en Francia. Digo penúltima porque para mí que la última es la de M. Sarkozy ya que el asunto De Villepin trae a la memoria la muerte del duque d'Enghien, a quien Napoleon hizo fusilar sabiendo que era inocente y los cargos, inventados. Y el ejemplo vale para las dos partes.

(La imagen es una foto de azrainman, bajo licencia de Creative Commons) y es una ingeniosa adaptación de Photoshop del célebre cuadro de David titulado Napoleón cruzando los Alpes.