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sábado, 4 de junio de 2016

El cinismo del Arzobispo

Utilizo el término "cinismo" no con mucha seguridad. No estoy enteramente cierto de que quepa calificar la actitud del Cardenal Cañizares de "cínica". Quizá, casi seguro, es algo mucho peor. Pero no sé cómo calificarlo. Me viene a la cabeza el "sepulcro blanqueado" del Evangelio; pero no me parece suficiente. La "falsedad" es demasiado unilateral. Se amontonan las posibles expresiones: ignorancia, provocación, estulticie, arrogancia...

Vayamos al relato de los hechos. El clérigo se despacha en dos ocasiones en dos púlpitos distintos llamando a los católicos a desobedecer las leyes vigentes porque son fiel reflejo de lo que considera "ideología insidiosa de género, la peor de la humanidad" y el "imperio gay", que suenan como la trompeta del Apocalipsis y la llegada del imperio del Mal, Gog y Magog. Lo comenta Palinuro en un post titulado Delirios patriarcales.

Llamar a la desobediencia a la ley vigente por razones de conciencia, o sea, incitar a la desobediencia, puede ser algo moralmente muy puesto en razón (y según la moral de cada quién), pero jurídicamente es inadmisible. El Arzobispo no entiende (o, si lo entiende, no lo admite) que, en un Estado de derecho, la supremacía de la ley no admite supeditación a nada que no sea ella misma. No entiende (o no admite) que la Iglesia, como asociación civil que es, está sometida a las leyes del territorio y que sus feligreses, uno a uno, sin importar su rango interno y todos juntos están en igual situación de sujeción al ordenamiento jurídico.

Y las leyes vigentes se acatan, obedecen y cumplen, por muy insidiosas que le parezcan al clero o a la parte más cavernícola de este, por muy inaceptables que a este iluminado y el resto de sectarios le parezcan los derechos de los gays y el principio de igualdad activa de las mujeres y los hombres. Otra cosa, insisto, es si ese clero está dispuesto a llevar su desobediencia hasta el sacrificio, como hicieron los antiguos mártires, de los que tanto se enorgullecen. Pero no veo al Cardenal Cañizares, con lo que le gusta el boato, vistiendo uniforme de recluso y mucho menos siendo pasto de los leones.

Doña Mónica Oltra, muy en su función de gobernante democrática, le recuerda al prelado que las leyes se cumplen y pide que intervenga la Conferencia Episcopal. Buena idea, aunque delata cierto poso de respeto humano cristiano. Quien debe intervenir es la Fiscalía, si ha lugar a actuación judicial. Si no lo hay, debe responderse en clave política desde el gobierno valenciano. La Conferencia Episcopal, que haga lo que quiera.

No ha dado tiempo: monseñor Cañizares ha acusado a Oltra y al gobierno valenciano de ser como los franquistas y querer censurar las homilias.

Bueno, aquí es donde salta mi perplejidad. ¿Es cinismo? ¿Es estupidez? ¿Es provocación? ¿Qué es esto? ¿Ignora Cañizares que la Iglesia católica fue el más firme puntal de la dictadura franquista, junto al ejército y la policía política? ¿No se acuerda de que el dictador entraba en las iglesias bajo palio? ¿Que nadie jamás censuró una homilía de cura alguno? ¿Que, al contrario, la censura de todos los demás estaba a cargo de los curas? ¿Que los curas prohibían libros, revistas, películas, piezas teatrales, todo lo que no les cuadraba? ¿Que fueron delatores, espías del régimen y que, en bastantes casos colaboraron directa y físicamente en la represión, en los asesinatos de la postguerra? Ya solo falta que nos acuse a los de la "ideología" de género, o sea, a l@s feministas de nazis, como hacen sus trolls en las redes.

Se entiende el torcido propósito del clérigo: salvar a la Iglesia del baldón del colaboracionismo con el régimen de Franco hasta el final a base, supongo, de generalizar a todo el clero español y a la iglesia en su conjunto, el comportamiento de algunos contados curas que en el franquismo tardío de los setenta colaboraron con la oposición.

Es un intento cínico de falsificar la historia. Y estos predican que, según mandamiento de su dios, no se puede mentir.

domingo, 24 de abril de 2016

La prostitución

En el marco del Seminario sobre cuestiones de género de nuestra Facultad en la UNED, la semana que viene vamos a tratar el tema de la prostitución. Participarán en él Beatriz Gimeno, Lucía Etxebarria, Paz Moreno Feliú y lo moderará nuestra decana, Consuelo del Val Cid. Abordaremos la cuestión desde una perspectiva pluridisciplinar, básicamente jurídica, sociológica, psicológica y antropológica pero siempre con una nítida impronta feminista. De lo que se trata es de reflexionar sobre una cuestión compleja de forma que el resultado de las reflexiones coadyuve a resolver un problema que es un lacra social que afecta sobre todo y principalísimamente a las mujeres. Partimos además del supuesto de que nadie, sea hombre, mujer o de un tercer género, puede sustraerse a una cuestión que nos interpela a tod@s directa o indirectamente.

A partir de hoy, dejaré el anuncio fijo en la columna de la derecha de Palinuro para darle mayor publicidad.

El seminario tendrá lugar el próximo jueves, 28 de abril, en el salón de actos del Rctorado de la UNED, calle Bravo Murillo, 38, a las 18:00. Entrada libre.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Violencia de género. Misoginia.

Ayer fue el día en contra de la violencia de género. Se realizaron muchos actos. Bien. Hubo conferencias, seminarios, concentraciones, convocatorias de todo tipo. Mejor. Se publicaron estadísticas de malos tratos, abusos, feminicidios. Todavía mejor. En España, en lo que va de año, 48 mujeres asesinadas por sus parejas. En otros países del mundo igual o peor. Se manejaron cifras terribles. La información es imprescindible. Todo cuanto se haga será poco.

Y poco es poco. A pesar de la conciencia creciente, a pesar de las leyes, siempre necesarias, de los políticas públicas, de las medidas de todo tipo. Siempre será poco. Porque el problema no es el de un comportamiento inmoral o ilegal, más o menos extendido, una conducta desviada por muy extensa que sea y que se puede atajar. No.

El problema es mucho más profundo. El problema es el verdadero iceberg que hunde el Titanic de la humanidad.  El problema es que la cultura, toda la cultura, es misógina. 

(Aviso de que gran parte de lo que sigue parecerá excesivo a muchos, muy radical. Las bellas conciencias harán bien en no seguir leyendo). 

Toda la cultura, en el sentido en que los iusnaturalistas y los ilustrados la entendían como lo opuesto al estado de naturaleza. La cultura como el estado "no natural" del ser humano, el estado social en el sentido que tenía en Rousseau cuando, al comienzo del Contrato social, advierte que el hombre nace libre pero en todas partes se encuentra encadenado. Alguien tan inteligente como el ginebrino podría haber dicho con la misma o mayor justicia que el ser humano nace igual (en igualdad de géneros) pero por todas partes la mujer está sojuzgada. Podría haberlo dicho, pero no lo dijo porque era un misógino de los pies a la cabeza.

Ese es el problema. Que la cultura, toda cultura es misógina. Que son misóginas todas las religiones, todas las civilizaciones, todos los sistemas filosóficos. Acabo de terminar un interesante tratado de Mercè Rius,que comentaré en los próximos días, acerca de la cantidad de estupideces que los más ilustres  filósofos han dicho sobre las mujeres a las que no distinguen de los gatos. Alguno saldrá (los antropólogos son muy aficionados) diciendo que en tal o tal otra tribu perdida en el Pacífico sur reina la igualdad de sexos, cuando no la superioridad del femenino. Generalmente son trolas, pero no importa, no perdamos el tiempo. Excepciones ¿vale? La regla es lo otro.

Ese es el verdadero problema: la misoginia está imbricada en la existencia humana desde la cuna a la tumba, desde el soliloquio del monje a los mensajes dirigidos a millones de auditorios. Se absorbe en la familia (quizá el vehículo más poderoso de perpetuación del sometimiento de las mujeres), en la educación, en los juegos de la infancia, en los lances amorosos, a lo largo de toda la vida, en la muerte y más allá. La trasmiten los hombres, las mujeres, las mismas madres, las hijas. Está en las estructuras del lenguaje, en las leyendas, tradiciones, en la moral en el deísmo y en el ateísmo, en el arte, en la música, en todas partes.

Su base es la fuerza bruta, la violencia, desde el origen de los tiempos al día de hoy.

Bienvenidas todas las leyes y medidas. Siempre pocas. Siempre tarde. Siempre pacatas. Porque la cuestión es infinitamente más vasta. No se piense que propugnamos un abandono vergonzante al advertir de la enormidad del problema. Al contrario. Al decir que cuanto se hace es poco, se aspira a que se haga más. Si por Palinuro fuera, los sistemas educativos sufrirían una revisión total para feminizarlos y se alimentaría un clima social en el que los piropos estuvieran desterrados y cuantos estúpidos machistas van haciendo chistes sobre la "corrección política" sufrirían el desprecio de la colectividad, por no hablar de los listos que encuentran "degradante" toda discriminación positiva. Además de las leyes, las campañas, las políticas públicas, las reformas, etc, que son todas pocas, hay que ir a fondo en la educación. De niños y adultos. En cuestión de igualdad de género son los adultos los que necesitan más educación, más permanente, más vigilancia.

Porque la misoginia es el veneno mismo con el que entramos en la sociedad. La llevamos los hombres en el fondo del alma. En buena medida somos lo que somos, la especie es lo que es (con sus grandezas y miserias, como dicen los textos edificantes de todas las ideologías) por ella. Infecta a las mujeres por conducto de los hombres que nos sentimos así afirmados cuando nuestras víctimas nos alaban. Nos hemos construido sobre la misoginia y por eso hacemos como que no la vemos. Nacemos de las mujeres y no podemos soportarlo. Muy cierto aquello del poeta de que todo el mundo mata lo que ama.

Todo cuanto hagamos, repito, será poco. Y los hombres debemos defender sin ambages el principio de igualdad. Pero no la igualdad como condescendencia. Porque nunca llegaremos a sentirnos iguales de verdad mientras no seamos capaces de sentirnos inferiores, también de verdad.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Lección inaugural del curso en Barbastro.

Como prometido, aquí está el texto completo de la lección inaugural del curso en el centro de la UNED de Barbastro de ayer, día 20 de octubre.

En un par de días estará listo el vídeo íntegro del acto. En cuanto disponga de él, también lo enlazaré.

Mientras tanto el texto se encuentra ya en mi página web:


Aprovecho la ocasión para agradecer la presencia de las autoridades académicas, locales y autonómicas en el acto. Por supuesto, la de mis colegas tutor@s del centro, la de l@s alumn@s (¡felicidades a tod@s l@s licenciad@s y graduad@s!) y la del personal de administración y servicios, puntal básico de este centro modelo.

Singularizo al director, Carlos Gómez Mur, antiguo amigo, cuyos merecimientos no hace falta resaltar porque los reconoce todo el mundo.

Gracias, Carlos.

martes, 7 de abril de 2015

Los incuestionables.


Llámeme la lectora "radical". No será la primera vez, ni la última. De l@s 13 candidat@s a las Comunidades Autónomas elegid@s en primarias en Podemos, dos son mujeres. Solo con este dato dan ganas de decir: "con su pan se lo coman caballeros y vayan a engañar a otra parte". Enhorabuena a l@s feministas de la organización. Han conseguido estar muy por debajo del PSOE y del PP en punto a igualdad de género. No lo han hecho tan bien como sus amigos de Syriza que, como se sabe, compusieron un gobierno solo de machos, aunque, si se esfuerzan, pueden llegar a conseguirlo. Bastante cerca le andan en la composición de otros órdenes, orgánicos, locales, etc.

Pero nadie critique esta ni ninguna otra cuestión. Ojo con caer en la trampa de la campaña anti-Podemos, movida por la canalla socialdemócrata y los turiferarios del Régimen del 78. Es verdad que casi no hay mujeres entre los candidatos a las CCAA, pero eso es un hecho anecdótico y fijarse en ello, pura cortina de humo para ocultar zorrunas intenciones o envidias tiñosas. Bien claro está, sin embargo: no hay que tomar en cuenta lo que hacen los de Podemos, sino lo que dicen. Eso es lo importante.

Cuando dicen algo, que no es siempre, no vayan a pillarse los dedos y perder votos por explicarse acerca de cuestiones comprometidas, por definirse, por determinarse. ¿Acaso toda determinación no es una negación, según Espinoza? Por ejemplo, ¿qué hay de la eterna confrontación de izquierda y derecha? Nada, no hay nada. Cosa de trileros, sépanlo bien las almas de cántaro que se dejan engañar. Aquí lo que importa es el arriba y el abajo, como en los ascensores. Luego, hay que estar a lo que dicen en casa, entre los suyos, con un guiño: ellos son de izquierdas. Pero como el que juega al badmington y comprende que, siendo una afición personal, no debe darla por supuesta en los demás.

¿Y de Cataluña y el derecho de autodeterminación de los catalanes? Nada tampoco. Un silencio envuelto en una promesa tan redundante como absurda. La cuestión queda aplazada a un hipotético proceso constituyente en el que "podrá discutirse de todo". ¿Por qué no ahora? Porque no toca. Y es de esperar que no vengan los aguafiestas antipodemos a criticar como siempre y preguntar por qué no toca. No toca porque no toca. En el futuro sí, cuando pueda "discutirse de todo". Aprovechemos y añadamos que en ese "todo" futuro se incluye asimismo la cuestión de la República y la de la Iglesia y el Estado. De ahí que en el presente no pueda discutirse de nada. El círculo se cierra: si no hay que mirar lo que hacen los guajes sino lo que dicen y lo que dicen es que ya se verá en el futuro, lo más sensato que cabe hacer ahora es callarse. El que no se calle está haciendo el juego a "los de arriba". Está poniendo en cuestión lo incuestionable por razones inconfesables.

Eso de discutir es asunto espinoso. Podemos acude a las elecciones municipales en coalición con otras formaciones. En algunos casos con Ganemos; en otros, con IU, pero no siempre. La alianza con IU en unos casos sí y en otros no tampoco puede explicarse en términos racionales. Es así y ya está. Que votar a Podemos en Peñas de Arriba sea votar a IU pero hacerlo en Peñas de Abajo sea votar en contra de IU no tiene explicación alguna. Pero si alguien lo dice le cae encima un chorreo denso de quejas, ataques, recriminaciones de todo tipo, procedente casi siempre de los mutantes de IU cada vez más desesperados al ver que ni en la mutación consiguen ponerse de acuerdo: unos se metamorfosean en Podemos y otros se quedan como estaban; pero muy enfadados unos con otros y todos con los críticos. Especialmente con los que señalan que para cambiar una IU por otra no hacía falta armar tanto alboroto. Total, van a perder igual...

jueves, 2 de abril de 2015

El patriarcado, bien, gracias.


El mundo occidental está gobernado por hombres blancos desde tiempos inmemoriales y desde hace menos, pero también mucho, cristianos, más tarde subdivididos en protestantes y católicos. En otros lugares tendrán otros colores y otras religiones. Aquí, hombres blancos protestantes/católicos. Se parece a lo que quería sintetizarse en la fórmula WASP - White Anglo-Saxon Protestant como clase dominante en los Estados Unidos. Para extenderlo, habría que ampliar el Anglo-Saxon a German, French y, con menos verosimilitud, Italian o Spanish. Y, desde luego, el Protestant se cambiará por Catholic en donde proceda. Pero lo que falta en todas las fórmulas es otro término en el que nadie repara: blancos, protestantes, católicos, pero hombres. Desde tiempo inmemorial. Hombres que llevan milenios pensando que las mujeres son seres inferiores con los que se puede hacer lo que se quiera. Hay, claro, variantes, aquí y allá. Se las puede vilipendiar y reducir a menos que nada, quemar por brujas o divinizar en el pensamiento del poeta, como la Beatriz de Dante. Pero siempre son el objeto del hacer o deshacer de los hombres, aquello sobre lo que estos se proyectan y sobre lo que se construyen. Sobre el vilipendio de las mujeres se edifica la identidad colectiva masculina, el patriarcado. Está en su religión, en su filosofía, en su arte y literatura, en sus leyes y hasta en su habla a lo largo de siglos.

Dios es macho. Esa transgresión de hacerlo mujer procede de la nostalgia ilusoria del matriarcado o del afán contemporáneo del feminismo por sacudir la complacencia contemporánea. Cuando la Filosofía habla del hombre se entiende que incluye a la mujer; cuando quiere referirse a esta, lo hace singularizándola como sexo. No abundan los tratados filosóficos del hombre como sexo. El llamado crimen pasional, ya desde antes de Otelo, goza de buena fama y es motivo de creación artística sin que nadie plantee el asunto desde el punto de vista de la víctima que, en el 99% de los casos, es mujer. Hasta hace bien poco las mujeres han tenido un estado jurídico de segunda clase o ninguna por estar sometidas a tutela. En Homero, cuando un viejo o una mujer toman la palabra en público, empiezan por disculparse por hacerlo, ya que lo público, el mundo, es de los hombres en la flor de la virilidad.

Es el patriarcado al que casi todo el mundo nos sometemos por dejadez y egoísmo. Hasta las mujeres. Incluso bastantes que se han afirmado como mujeres y simbolizan mucho en el imaginario feminista. Han sido mujeres excepcionales que han triunfado adaptándose a las pautas masculinas. También las ha habido que no lo han hecho y lo han pagado muy caro. Ha habido triunfadoras adaptándose a las reglas masculinas, como Hildegard von Bingen y mártires por la libertad de las mujeres, como Olympe de Gouges.

El Patriarcado prevalece porque, además de sus profundísimas raíces, impregna nuestra vida cotidiana. Porque quienes más podemos hacer por combatirlo, los hombres, no lo hacemos pues nos beneficiamos de él. Sin duda, en momentos críticos, como el del otro día, con tres mujeres y dos niños muertos a manos de tres energúmenos, alguno de los cuales se suicidó, aunque demasiado tarde, se organiza un (pequeño) escándalo, se barajan unas estadísticas, se recuerda que el machismo mata (ya que culpar al patriarcado no está bien visto), el gobierno dice alguna perogrullada y la vida sigue. Seguimos viviendo impregnados de machismo, escuchando y quizá propalando chistes denigratorios, admitiendo y quizá practicando esa costumbre mediterránea tan celebrada (incluso por mujeres) de los piropos. Estamos tan seguros de no ser machistas, es tan evidente que somos feministas, que podemos permitirnos la gracia de una gracia que vilipendie a las mujeres.

Y así, por dejadez, abandono y egoísmo, se mantiene el patriarcado. Porque nadie lo denuncia ni lo combate cuando se produce habitualmente en la vida cotidiana y, cuando se hace es tal chapuza que más valdría que no se hiciera. Por ejemplo, ese cartel de la guardia civil que es como un díptico. En una hoja, un retrato de un hombre con una leyenda como "cuando maltratas a una mujer, dejas de ser un hombre". En la otra, la simetría, un rostro de mujer con la leyenda "cuando maltratas a un hombre, dejas de ser una mujer." A cualquiera se le alcanza que tratar ambos maltratos por igual es un dislate; a cualquiera menos a la guardia civil, al parecer.

Es lo que sucede con el racismo. Está tan claro que no somos racistas que nos permitimos un chiste, un comentario, una reflexión racistas. La gente lo ha captado perfectamente en ese "yo no soy racista pero...". "Yo no soy machista, pero..." alguna se merece una tunda. Y todos asienten. Y ¿cómo no? Estamos por la causa, claro, pero no hay que perder el sentido del humor ni ser más papistas que el Papa. No hay que ser "políticamente correcto".

Es muy curiosa la mala fama de esa expresión. Al margen de los cavernícolas que barbotan disparates sobre la "corrección política" porque entienden que lo bueno en la vida y lo sano es mostrar quién manda en casa, las gentes normales también evitan emplear el término. Tampoco hay que ser tan "políticamente correctos", suelen decir a modo de explicación para ocultar que, en el fondo, no están dispuestos a llevar sus convicciones igualitarias a sus últimas consecuencias. 

En parte, Palinuro coincide con este juicio negativo general, aunque por otro motivo. La expresión "políticamente correcto" es inadecuada e innecesaria. Basta con hacer "lo correcto".

Y ¿qué es lo correcto? Lo sabemos tod@s: no hacer a nadie lo que no queramos que nos hagan.

jueves, 8 de marzo de 2012

Violencia de la retórica de la violencia.

La derecha hace uso permanente de dos trucos retóricos tan desvergonzados como irritantes pero que le dan muy buen resultado en términos de apoyo y movilización de sus bases. Uno de ellos es lo que los psicólogos llaman proyección, consistente en acusar al otro de lo que uno mismo hace. ¿Que la derecha boicotea la renovación de los órganos del Estado? Se acusa a la izquierda de instrumentalizar, manipular, presionar a esos dichos órganos. ¿Que la derecha adopta una actitud agresiva, con declaraciones injuriosas y calumniosas, negando toda legitimidad al adversario? Se dice que la izquierda crispa la vida política. ¿Que la derecha lanza su formidable bateria mediática contra la izquierda con golpes bajos, infundios y más calumnias? Se dice que la izquierda ejerce el monopolio de los medios de comunicación convertidos en órganos de propaganda. La comprobación de la falsedad de estos asertos es irrelevante porque de lo que se trata es de calentar los ánimos; pero es cierto que, cuando la derecha está en el gobierno no hay más crispación que la que ella misma aliente y también lo es que la izquierda no tiene medios de comunicación; no como los tiene la derecha en La Razón, El Mundo o el ABC. Es decir, estos trucos retóricos sirven para fabular el mundo, para mentir y engañar y, por supuesto, para hacer imposible todo diálogo y debate políticos en los que la derecha no está interesada pues su única finalidad es imponer sus puntos de vista sin más.

El segundo truco retórico consiste en usurpar los conceptos, las ideas, los términos de la izquierda para revestir sus doctrinas reaccionarias y disimularlas pues no tienen buena prensa ni entre quienes se benefician de ellas. Ayer recordaba Palinuro que los falangistas habían plagiado los colores a los anarcosindicalistas, que los nazis decían ser "socialistas". Igual que la iglesia llamó en su día "cruzada" a la sublevación del general Franco, la guerra civil y la represión posterior y como Esperanza Aguirre dice que el cristianismo ha traído la libertad a Europa. Se trata de una usurpación intelectual verdaderamente divertida que demuestra que a la derecha las cuestiones de principios le son indiferentes (su interés es el interés) y actúa con redomado cinismo, defendiendo a ultranza, cuando le conviene aquello a lo que se había opuesto con uñas y dientes. ¿Desde cuándo interesa a la derecha, a los conservadores, la libertad si llevan siglos oponiéndose a ella y gritando vivan las caenas? En concreto, los españoles abominaban hasta hace muy poco de ese mismo liberalismo que hasta hace nada la iglesia consideraba pecado y que Aguirre dice profesar hoy como si fuera el dogma de la inmaculada concepción.

Hace falta caradura. Dice Ruiz Gallardón que va a proteger el derecho de las mujeres a la maternidad. Y ¿desde cuándo se interesa la derecha por los derechos, especialmente por los derechos de las mujeres? Los conservadores se han opuesto siempre a la idea misma de derechos, considerándolos el comienzo de la anarquía y negándose a ampliarlos a quien fuese. Por ejemplo, se resistieron cuanto pudieron a reconocer el derecho de sufragio universal. Si lo hicieron fue porque no les quedó más remedio. Igual que el principio de la igualdad entre hombres y mujeres: siempre estuvieron en contra. Y siguen estándolo, si bien recurren a subterfugios para disimularlo o, incluso, a prestidigitaciones conceptuales por estúpidas que sean, como esta que trae Gallardón ahora quien debe de estar convencido de haber hecho una genial finta conceptual cuando no hace otra cosa que demostrar su escasa categoría intelectual con una artimaña de rábula para confundir los términos con aviesa intención.

El discurso de Ruiz Gallardón ayer es un ejemplo de usurpación y prostitución de conceptos de la izquierda como no se ha visto otro. Se instrumentaliza el concepto de violencia de género (al que una compañera suya de gobierno objeta porque sin duda le parece muy rojo) para despojar a unas ciudadanas de un derecho al tiempo que se revienta el concepto, convirtiéndolo en una caricatura. Porque la expresión literal de Gallardón fue violencia estructural de género. Por supuesto no tiene ni un solo dato ya que se trata de una invención. Pero, como es la derecha, hasta la invención es inepta porque ¿qué quiere decir exactamente de género aplicado a una hipotética violencia para que las mujeres aborten? Literalmente nada. Es lo que sucede cuando se parasitan los conceptos ajenos al servicio de causas opuestas a las que describían. Es el socialismo de los nazis, la revolución de los franquistas, lo popular de su partido o la castidad de la iglesia. Una sórdida mentira a mayor gloria de su dios machista y mayor injusticia hacia los hombres, en este caso las mujeres, cuyo día celebramos hoy todos quienes creemos que acabarán siendo seres humanos en sentido pleno a pesar de los gallardones que se encontrarán siempre en el camino. Entre otras cosas porque, si no lo son ellas, no lo seremos ninguno.

(La imagen es una foto de Dolors Nadal, bajo licencia de Creative Commons).

lunes, 4 de julio de 2011

Dos mujeres más asesinadas.

¿Qué tiene que cambiar para que cese este horror? Una nadería, una bagatela: tenemos que cambiar a los hombres. Pero no en eso tan socorrido de las pasiones, el temperamento que, en el fondo, es un eco de la teoría del "crimen pasional", siempre visto con condescendencia porque afecta a un "no sé qué" (¡qué razón tenía el Padre Feijóo al atacar esa fórmula del "no sé qué" que oculta indigencia mental o moral!) que los hombres no pueden controlar porque está por encima de sus fuerzas: razón por la cual, en el fondo, no son responsables.

Sin embargo la experiencia muestra que quienes terminan las relaciones amorosas asesinando a su pareja son normalmente los hombres. Hay quien dice que eso es fortuito y que las mujeres matarían más si no fueran el sexo débil. Para matar la fuerza ayuda, sin duda, pero no es imprescindible y, además, hay cosas quizá peores que matar. Un frasco de vitriolo, como se hacía en el siglo XIX, destroza la vida de una persona. Sin embargo, a la vista está que las mujeres no atacan físicamente. Lo hacen de otra forma, ya que en este mundo no hay ángeles, pero no físicamente que es de lo que se trata aquí.

Es que no son los instintos lo que hay que cambiar en los hombres sino sus estructuras mentales y para eso no basta con la educación, como creen las almas generosas convencidas de que la educación puede hacer milagros. Y no basta con la educación porque ésta se proporciona con unos materiales y en unos contextos que condicionan la mentalidad de cada cual. No se trata de lo que piensa cada hombre sino de lo que piensan los hombres con un lenguaje cuya misma estructura es misógina; dentro de una confesión religiosa (de cualquier religión) que menosprecia invariablemente a las mujeres; en una tradición filosófica antifeminista de más de dos mil años, si no rabiosamente misógina, como en el caso de Schopenhauer; con un arte y literatura que glorifica el patriarcado y justifica los "crímenes pasionales". Se trata de cambiar la mentalidad de unos hombres que, desde niños, vienen escuchando a los gramáticos, los curas, los filósofos, los artistas y literatos, que las mujeres son seres inferiores y que la autoestima del varón radica en que esos seres inferiores acepten resignadamente su inferioridad y sus consecuencias.

Recuérdese: los asesinos de mujeres son de todas las nacionalidades, clases, colores, religiones, edades, profesiones y estado civil.

lunes, 11 de mayo de 2009

Una sociedad de sicarios.

El visionado del vídeo del metro de Madrid en el que se ve cómo un soldado neonazi de asueto apuñala en el corazón a un joven de dieciséis años es estremecedor. Se aprecia con claridad que el hombre se prepara fríamente, saca el arma al entrar el vagón en la estación y se mantiene alerta, tenso, esperando una excusa para asestar un golpe fulminante, mortal, un golpe de maestro del puñal (sica en latín) o sea, un golpe de sicario. Algo similar al crimen que cometió ayer en Irún Enrique Sanclemente, quien asesinó, también de una certera puñalada a su mujer, Yasmín Rodríguez y malhirió a un hombre que salió en defensa de ésta. Otro maestro en el manejo del puñal, otro sicario. Y también con premeditación pues parece que ya había anunciado sus intenciones a su víctima sin que éste se lo tomara en serio.

Son momentos terribles, gestos fugaces y medidos; brilla un instante la hoja del cuchillo que asesta certera puñalada y la víctima, sorprendida e indefensa, se desploma sin tardar en morir. Cálculo exacto del sicario, ejecución precisa, sin titubeos ni posterior arrepentimiento. Y de nada sirven las concentraciones, las protestas, la normativa en vigor, los programas de concienciación: siempre habrá sicarios; hombres que, al blandir el acero se convierten en fríos asesinos, gente que mata deliberadamente, para afirmarse a sí misma, para que el mundo tome nota y se horrorice y para esparcir el miedo. Igual que en toda sociedad hay una cantidad de gentes altruistas, dispuestas a entregarse al prójimo, hay un porcentaje de sicarios para los que matar a otro de una certera puñalada entra dentro de su forma de relacionarse con los demás. En este caso, un neonazi y un machista; dos sicarios.