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martes, 14 de febrero de 2017

¿Cómo hemos llegado a esto?

Mientras Rajoy era reelegido presidente del PP por mayoría búlgara, en Valencia caía una cascada de años de cárcel a algunos de los principales de la Gürtel, Correa, el Bigotes, una exconsejera del gobierno de Camps, etc., todo galaxia PP, primer partido en comparecer como acusado en un proceso penal. Y no un partido cualquiera, sino el partido del gobierno. El partido del presidente reelegido por aclamación y cuya comparecencia en otro procedimiento penal vuelve a solicitarse para que aclare su relación con la caja B de su organización de la que, supuestamente, cobraba unos sobresueldos, acusación que no se ha refutado, que yo sepa y que debería haber supuesto su dimisión fulminante desde que se conoció el cambalache.

La corrupción generalizada no se reduce a estos casos. Ayer mismo, al tiempo que el partido, comparecía en la causa la exministra de Rajoy, Ana Mato, quien trató de hacerlo prácticamente incógnito y resultó no saber ni recordar nada, como siempre. Hace un par de días, también, se sabía que Rodrigo Rato, exvicepresidente del gobierno de Aznar venía al parecer defraudando a Hacienda desde desde 2004 a 2015. Métanse en un saco, por no hacer el relato interminable los múltiples casos de otros cargos, cargazos y carguillos del PP que llevan años deleitando las sobremesas televisivas: Camps y sus trajes; Matas y su palacete; González y su ático; Fabra y su aeropuerto para peatones; Granados y la Púnica; Barberá y su Ayuntamiento. Añádanse también sendos procelosos elencos de otros acusados de corrupción en la rama valenciana y, sobre todo, la madrileña, poblada de personajes curiosos.

Rancho aparte ha venido teniendo el increíble caso Bankia, protagonizado por el no menos increíble amigo de pupitre de Aznar, Blesa, aficionado a los safaris, como Hemingway. Una estafa de proporciones ciclópeas, con decenas de miles de afectados, lo que provocó ese rescate de Bankia que se ha hecho a costa de la hucha de las pensiones. Todo ese Monipodio celebrado a todo lujo en una francachela a cuenta de las black. Cuando el asunto fue a parar a la alta inspección del Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores, el resultado llevó a imputar no a Bankia sino a los directivos de las dos entidades ya se verá con qué alcance.

Las vueltas que da la vida. En tiempos del gobierno de Felipe González, el gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, acabó en la cárcel. Por entonces se consideró que se había llegado al límite de lo soportable en materia de corrupción. Que te robe el gobernador del banco central es como para dudar de la racionalidad y eficacia de los mercados de razón neoliberal. 

La situación hoy es muchísimo peor. En tiempos de González, este estuvo a punto de ser llamado en el proceso de los GAL. En estos, Rajoy puede ser llamado por otro tipo de motivo. La corrupción es estructural y apabullante. La cuestión es, en efecto, ¿cómo hemos llegado a este extremo? Se me ocurren varias razones concomitantes: en primer lugar porque la sociedad tiene una umbral de tolerancia de la corrupción muy alto y una conciencia ciudadana muy baja. Entretenernos en esto sería prolijo y también innecesario porque es opinión generalizada. En segundo lugar por una llamativa  incuria de los partidos de la oposición que son cualquier cosa menos oposición. Su falta de beligerancia permanente contra la corrupción del partido del gobierno prácticamente los hace cómplices. Y, en tercer lugar, unos medios abrumadoramente a favor del PP. Los audiovisuales públicos son centros de propaganda del gobierno y su partido. Los privados, pese a algunos escarceos, al servicio de la derecha, como la prensa de papel. Función de investigación de la corrupción del poder, cero.

A todo esto debe añadirse un profundísimo sentido caciquil de la política, impuesto por el presidente de los sobresueldos que lleva toda su vida ejerciendo de político profesional gracias a sus pragmáticas (algunos dirían "cínicas") formas de proceder. Su gobierno ha abolido de hecho el principio de separación de poderes, desnaturalizado la democracia, colonizado las instituciones y politizado a su favor la administración de justicia. Y ha anulado el principio de rendición de cuentas de los gobernantes. Un verdadero destrozo.

Así es como hemos llegado a esto. Y parece muy difícil remediarlo.

viernes, 27 de enero de 2017

Estar al tanto

Y van dos en casa Alsina. Después del éxito arrasador de "¿Y la europea?" llega el "ahí me ha sorprendido usted". Vamos, que no sabe de qué están hablándole. Sostiene que él no está en estas cosas, como el que dice "menudencias", ya que está dedicado a gobernar. A gobernar lo que los apandadores de su partido han dejado, que no es mucho.

La responsabilidad del PSOE por propiciar que el país siga dirigido por alguien tan manifiestamente incompetente es inmensa. Si "gobernar" no es estar al tanto del mayor proceso por corrupción de la historia reciente, que afecta a su partido, su gobierno y él mismo, el presidente debiera explicar qué es gobernar.

En unos casos por defecto y en otros por exceso, los personajes públicos deben controlar más sus discursos. Si duda con la mejor intención del mundo y cierto sentido de la ironía, el juez independentista Santi Vidal ha metido a la Generalitat en un lío. Albiol ya ha ido corriendo a chivarse a la Fiscalía. La política requiere malicia. Su ausencia puede producir auténticos terremotos.

Puestos a declarar con malicia y eficacia y hasta perversa intención, los anteriores podían aprender del ministro del Interior, Zoido, un maestro del framing cuando anuncia un dispositivo especial de seguridad en Murcia para evitar peleas entre radicales. La noticia, que yo sepa, lo que se difundió por las redes, no era que fuera a haber "peleas entre radicales" en Murcia, sino que los grupos neonazis se daban cita en Murcia para apalear a quienes les diera la gana. Hay una poderosa diferencia de matiz que iguala sin razón a los agresores y los agredidos y fabrica una idílica imagen de moderación pues los "radicales" son los otros. Aunque no sea cierto. Un artista, este Zoido. Al lado de Rajoy, un virtuoso.

viernes, 14 de octubre de 2016

Homenaje a Orwell

Si el autor de 1984 hubiera conocido la España de Rajoy, Bárcenas, Correa, Blesa, Rato e tutti quanti hubiera traído aquí su famosa novela distópica. Le hubiera fascinado la neolengua de Rajoy, su gobierno y su partido. ¿Se recuerda lo de la paz es la guerra y la guerra es la paz o argumento del espejo? Aplíquese a los momentos culminantes de la sobresoldada retórica del gobierno, su presidente y el partido que también preside:

La "Gürtel" no es una trama del PP, sino una trama contra el PP (Rajoy, 2009).

El PP es y debe seguir siendo incompatible con la corrupción (Aznar, 2010).

El PP es el partido de los trabajadores (Cospedal)

El PP colabora en todo momento con la justicia (Floriano)

El PP encabeza la lucha contra la corrupción (Rajoy 2014)

Hemos conservado el poder adquisitivo de las pensiones (Báñez 2016)

No hay duda, ¿verdad? Es el llamado país Potemkin.

Y ¿qué decir de ese todos los españoles son iguales, que no se le cae de la boca a Rajoy? ¿Qué sino que pertenece a otra obra de Orwell, La granja de los animales, que se rige por el principio de que todos los animales son iguales, pero unos son más iguales que otros?

Y ya, para nota, el momento culminante, el que supera la ficción y aterriza en la cruda realidad del estalinismo, cuando se borraba la memoria de los enemigos suprimiéndolos incluso de las fotos: esa persona de la que usted me habla.

La crónica de los tribunales parece una mascletá en plena alegría pirotécnica. Aquí no se libra ni Dios, con lo que le gusta el fuego. Por lo que da a entender, Correa cogobernaba el país desde Génova en comandita con Aznar. Luego se abrió al llegar Rajoy, con el que no había química. Pero, según los papeles de Bárcenas, había economía, contabilidad y hasta antropología, en forma de una práctica de intercambio de cuantiosos regalos, un Potlach.

El cuadro que se despliega a ojos de la ciudadanía es una especie de fresco, de mural, de un gobierno y una administración en contubernio con sectores corruptos del empresariado para saquear el país. Y lo de "sectores" tómese por exceso de prudencia pues el mismo Correa asegura que él no hizo nada que no se hiciera normalmente en el sector privado. Eso se llama capitalismo neoliberal.

Es tal la connivencia de la autoridad con la corrupción que hasta cuando actúa por propia iniciativa y siguiendo cauces legales genera situaciones ilegales o, cuando menos, inmorales. Inmoral es que los cuidados del padre de Rajoy, dependiente, se carguen al erario, siendo así que ese mismo Rajoy ha dejado sin subvención alguna a multitud de dependientes que, según son doctrina, son iguales a su padre. Inmoral, cuando menos, es que Cospedal se gastara dos millones de euros en vinos en una cumbre durante su mandato conocido por sus despiadados tijeretazos a todo lo que se movía.

Visto y oído lo visto y oído hasta la fecha y lo que queda por ver y oír, ¿cómo puede la Gestora del PSOE pedir la abstención del partido? Sobre todo, ¿cómo puede porfiar en su empeño a la vista de la rebelión interna de la militancia del partido que mayoritariamente quiere mantener el NO es NO? (Por cierto, puede firmarse en la campaña de change.org). Abstenerse, en definitiva, significa amnistiar políticamente las tropelías anteriores en este momento en proceso penal. Y, asimismo, aceptar cuatro años más de un gobierno de esta ralea que acabará por hundir España.

"De ningún modo", clama un joven portavoz de la Junta llamada Gestora, "todo lo contrario: un gobierno de Rajoy en minoría estará controlado por la oposición y tendrá las manos atadas". Quien esto afirma no conoce bien de quién está hablando (Rajoy y el PP) o a quién está hablando (la militancia del PSOE) o a ninguno de los dos, que es lo más probable. Así que el Señor lo perdone porque no sabe lo que dice.

lunes, 10 de octubre de 2016

La era "Gürtel"

Hace unos días El país consideraba el caso Gürtel el pasado del PP. Las ganas. Si es pasado, será el del eterno retorno y los acusados que se sientan en el banquillo con caretos de velorio serán revenants. Pero no es pasado ni mucho menos ,sino presente de escándalo, bochorno colectivo y amenaza. En sala de torpedos, Correa y Bárcenas (aunque este parece más dado a hablar que a hacer) se aprestan a ponerlo todo otra vez patas arriba con revelaciones que cualquiera imagina. Nadie cree que acepten comerse el marrón ellos solos.

El caso Gürtel simboliza una era, una época de la historia de España, viene de muy atrás, sin duda, pero es de rabiosa actualidad. Un tiempo en el que todo cuanto se ha hecho y dicho ha estado directa o indirectamente relacionado con esa trama presuntamente delictiva que enfangó la política española, desde el gobierno hasta las CCAA, pasando por las más altas magistraturas del Estado. Una era de latrocinio y expolio generalizados. Aquí el que, dedicándose a la cosa pública, no robaba directa o indirectamente era un infeliz pardillo.

Gürtel caracteriza un estilo, una forma de hacer y administrar, una consagración de la doblez convertida en norma: de un lado, la España oficial, la de los desfiles, la mayoría parlamentaria absoluta, los campeonatos de fútbol, los ajustes, duros pero necesarios, para salir de la crisis, pues "navegamos en el mismo barco", la Marca España, las candidaturas olímpicas y el AVE. De otro, la España real, el reinado del hampa. Y un año tras otro.

Todo empezó el 11 de febrero de 2009, cuando se destapó la Gürtel primitiva. Rajoy, entonces en la oposición, reunió la plana mayor del PP en Génova para acusar a la fiscalía de parcialidad y de que lejos de tratarse de una trama del PP, era una trama contra el PP. Pero, no: era una trama del PP y entre los asistentes a aquella rueda de prensa había varios directamente implicados en la Gürtel, como Ana Mato y Francisco Camps, con cara de no haber roto un plato. Y otros tantos relacionados en los papeles de Bárcenas como receptores de sobresueldos de procedencia barcéniga, entre ellos el propio Rajoy, Javier Arenas y la actual vicepresidenta, Sáenz de Santamaría.

Era una trama del PP con Rajoy de presidente y siguió siéndolo cuando pasó a presidente del gobierno. Una trama que estuvo actuando como tal todos estos años. Los episodios, algunos verdaderamente literarios, están en la memoria colectiva. Solo Bárcenas da para un sainete que podría llamarse "esa persona de la que usted me habla", un título entre Oscar Wilde y Jardiel Poncela. Bárcenas, despedido en diferido en la pintoresca oratoria de Cospedal, no era miembro del partido, pero tenía despacho en la sede y coche y chófer. El mismo flamante ex-tesorero que  fue destinatario de un SMS del presidente del gobierno en puro estilo mafioso y, con eso, objeto de una comparecencia parlamentaria de este en la que admitió que en el PP se pagaban sobresueldos, como en cualquier empresa. Es su idea de la política: una empresa y privilegiada porque no se arriesgan los dineros propios sino los del contribuyente.

Desde el comienzo, el PP montó su defensa judicial recurriendo a todas las artes y mañas, las legales y las ilegales. Se constituyó en parte en el proceso contra Bárcenas para acceder a la información y actuar en defensa del interesado. Hasta que el juez lo expulsó por su clara actitud obstrucionista. El juez tuvo que entrar en la sede a practicar un registro porque el PP se negaba a acceder a los requerimientos. Después destruyó todas las pruebas a fondo: se deshizo del libro de visitas y convirtió en pulpa a martillazos los discos duros de los ordenadores de Bárcenas.

A eso llamaba el PP "colaborar con la justicia".

La trama gürtel tenía una hijuela valenciana que había convertido la Comunidad Autónoma en una especie de corral de cuatreros y forajidos en el que docenas de administradores públicos de todos los niveles, autonómico y municipal se habían dedicado a saquear el erario con  procedimientos inverosímiles y voraces prácticas corruptas. Los fondos de esto y aquello, las subvenciones, los dineros presupuestarios, las ayudas a las ONGs y el Tercer Mundo, todo pasaba por la trituradora de la trama y desaparecía en los bolsillos de una  recua de truhanes. Lo de que hicieran negocio con la visita del Papa es de particular escándalo para los católicos, pero que el Ayuntamiento en pleno de Valencia, con su ex-alcaldesa, esté acusado de blanqueo de dinero para la financiación ilegal del partido supera lo imaginable. Valencia es el epítome del robo a manos llenas: aeropuertos sin aviones, museos sin actividad y los chavales en barracones porque no hay dinero para construir escuelas.

La era Gürtel, sí señor. La moda de enriquecerse defraudando a la Hacienda pública es su rasgo. Nadie resultaba ser inmune a ella. Hasta la Casa Real aparecía pringada con los negocios del yerno del Rey y las peripecias de este último, a medio camino entre la caza mayor y la menor así como la administración de un cuantioso patrimonio cifrado por Forbes en unos 2.000 millones de dólares que nadie sabe de dónde han salido y de los que nadie da cuenta.

Esa moda caló hondo y, en poco tiempo, la Gürtel tenía competidores en todas partes. Los administradores de Cajamadrid y luego Bankia, al parecer, se llevaban el dinero a puñados, gracias a aquellas tarjetas black, más negras que sus almas. Esos están también dando tema a las informaciones de tribunales. En Madrid, que para eso es Corte, no solo operaba la Gürtel nacional, sino también una específica autonómica, llamada la Púnica, con episodios más pintorescos que la otra: espías de trapillo para denunciarse unos a otros, contratación de empresas más que dudosas para manipular las redes con dinero público en beneficio de los mangantes del gobierno o de tragacirios como la consejera de educación de Madrid, Lucía Figar, que regalaba el terreno de todos a los curas para sus negocios escolares. No sé cuántos consejeros y prebostes de la Comunidad pringados hasta las cejas en una mezcla de apropiaciones indebidas, mordidas, fraudes, malversaciones y un ataque furibundo a los bienes del común, a base de expoliarlos y descapitalizarlos. La educación, la sanidad públicas al servicio de las privadas como forma de negocio al que no eran ajenos los cargos públicos. Y la señora Aguirre, experta "cazatalentos", no se había enterado de nada. Basta con escucharla para darse cuenta de que esta señora vive en Babia, aunque se cree listísima.

Estamos en mitad de la era Gürtel. De pasado, nada. Un presente descorazonador. Ahora, además de la vocinglería de los políticos están las deposiciones ante los tribunales, las pruebas, los testimonios, las declaraciones de unos y otros, los careos. La fea verdad de la España real se abre paso tercamente, a pesar de los esfuerzos de los medios por ocultarla, hablando de los conflictos del PSOE y hasta de los de Podemos que casi parece que se los inventen. Porque también ellos están untados hasta las pestañas con dineros públicos malversados en formas de subvenciones y publicidad estatal administradas no ya con favoritismo, sino con criterios de auténticos granujas, por los que se financian los medios más serviles, no los mejores y/o los más difundidos. 

Hay dos asuntos de los que la derecha no quiere que se hable: Cataluña y la corrupción sistémica, estructural, simbolizada en la Gürtel y personificada en Rajoy. Justo los dos asuntos que constituyen la realidad en los que hay hechos y no mera palabrería, los asuntos que dominan el presente aunque se quiera ignorarlos. Por más que la televisión organice tertulias con esbirros a sueldo dispuestos a defender lo indefendible, la justicia sigue su curso y ante ella habrás de responder de un modo u otro, Será un espectáculo cuando algún juez reclame la presencia del presidente del gobierno porque así lo hayan pedido los acusados y porque, como todo el mundo sabe, es el responsable principal de este desaguisado, el que se ha beneficiado de él de todas las formas posibles.

La era Gürtel es también en parte responsable del desbarajuste del PSOE, por una vía inmediata y otra mediata. La inmediata son los EREs. El PSOE andaluz está tan enfangado en la corrupción como el PP. La mediata, la convicción a que han llegado los caciques y viejas glorias socialistas de que el conflicto catalán está yendo demasiado lejos y se impone formar un frente de salvación nacional con el PP. De modo que este desbarajuste acabará dando el gobierno al PP si la militancia no lo impide por medio de una revuelta interna que tendrá mayor legitimidad que la que escenificaron los conjurados del CF hace un par de semanas.

La Gürtel es este gobierno y cuando los señores de la Gestora, que tienen de socialistas lo que Palinuro de cura, proponen abstenerse en la investidura lo que están diciendo es que prefieren un gobierno de la Gürtel a uno alternativo o a unas terceras elecciones.

Y eso no es de recibo.

lunes, 3 de octubre de 2016

Borrascas

En esta semana echan a andar el juicio de la Gürtel y la gestora del PSOE. Dos asuntos de grueso calibre que afectan a los dos partidos dinásticos, pilares de un bipartidismo que estará en las últimas, como se dice, pero ocupa todo el escenario. Se añade el permanente crescendo del proceso catalán y la conciencia de vacío político español. El horizonte no luce brillante. Estamos disfrutando de las consecuencias de la decisión más equivocada de los últimos tiempos: el "no" de Podemos a Sánchez en marzo pasado. Según opciones y circunstancias, el presente pinta más o menos así:

I.- El PP ha mantenido silencio durante la agitada crisis del PSOE. Hasta habrá contenido el aliento. Derrotado Sánchez, se abren perspectivas a un gobierno de Rajoy. Algunos auguran que, dado el descalabro del PSOE, no solo puede aquel formar gobierno sino hacerlo en condiciones cómodas, exigiendo garantías al otro. Puede jugar con la amenaza de unas terceras elecciones que, ahora sí, al no tener líder, serían malas para el PSOE. También es cierto que ese gobierno habrá de actuar en un contexto social marcado por los escándalos judiciales del PP y bajo la continua amenaza de que una vuelta procesal impensada en uno de ellos ponga en un brete al gobierno o a su presidente. A este no parece importarle gran cosa, pero la situación sería verdaderamente chunga.

II.- El PSOE cuenta con veinte días para adoptar una decisión endemoniada, la de cómo abstenerse con un partido en el que el NO es NO sigue siendo dominante. Como el plante de los 17 se hizo con esta finalidad, al final, la abstención saldrá y el PSOE tendrá que afrontar tiempos muy difíciles de los que no está nada claro que vaya a salir. 137 años pueden irse al garete en una legislatura que probablemente será caótica. Las condiciones no son las más adecuadas para la recomposición que pretende la comisión gestora. La fractura del partido ha quedado clara. Predomina el Sur. El PSOE es un partido andaluz. El peso catalán se ha esfumado. El PSOE ya no "vertebra" España. Ni nadie, en realidad. De haber primarias, quizá se presente de nuevo Sánchez por aquello del apoyo de las bases. Pero si lo hace sin revisar su intransigente actitud hacia Cataluña, su posible triunfo no ayudaría a resolver el problema que provocó su destitución.

III.- Podemos está en la corriente de la historia, pero no tiene mucho que decir. Aunque se pasa el día de plató en plató contando esa melopea de la mano tendida y la necesidad de que el PSOE se decida. Podemos solo podía ir en alianza con el PSOE, justo la posibilidad que rechazó. Ahora que el PSOE ha implosionado, ni con él puede contar. Será preciso pasar cuatro años en la oposición. Para muchos de sus miembros, es una buena oportunidad: demostrarán ser "verdadera" oposición (cosa que les saldrá gratis pues es poco probable que prospere alguna de sus propuestas) y, llegadas las elecciones cuando corresponda, se consumará el sorpasso, destino último de esta "verdadera" izquierda al que lleva casi medio siglo aspirando.

IV.- C's ha alcanzado el máximo grado de invisibilidad. Los cero diputados del País Vasco y Galicia han dejado a Rivera mudo. Lo que es peor, nadie parece tomar en cuenta sus propuestas. Casi como si no las oyeran. Y es que no se oyen.

V.- Los indepes catalanes asisten al desarrollo de los acontecimientos en el Estado como el que lo hace a los de un país vecino. Ellos, subrayan, a lo suyo. Aprovechando el vacío de poder. Eso no lo dicen, pero es obvio. Y lo es porque, en efecto, tienen algo suyo, propio, al margen de España, al margen de si se constituye gobierno o no y de quién y cómo lo constituya. Por eso pueden escucharse razonamientos muy distintos. Por ejemplo: nos interesa que gobierne Rajoy porque es un fabricante de independentistas; o nos interesa que gobierne Sánchez (o el PSOE, en general) porque siempre será más fácil entenderse con la izquierda. Lo primero es cierto, pero incómodo. Lo segundo es falso pero inofensivo. Para el PDC y ERC así como la CUP en Cataluña, es indiferente quién gobierne en España. Lo preocupante, sin embargo, es que la deriva del PSOE hacia alguna forma de "salvación nacional" venga ya propiciada por esta crisis del antiguo partido de Pablo Iglesias.

Y, a partir de mañana, hablamos de la Gürtel.

martes, 7 de julio de 2015

La lista de Bárcenas.


La página de Los Genoveses tiene colgada la contabilidad del PP en la que quedan reflejos los sobresueldos que estuvieron veinte años cobrando supuestamente distintos dirigentes del PP. Es una serie de hojas contables con la fecha del pago/cobro, el concepto (que casi siempre incluye el perceptor), el debe, el haber y el saldo, una mecanografiadas y otras manuscritas, al parecer por el propio Bárcenas y otros tesoreros del PP. Puede consultarlas quien quiera.

Los jueces dirán al final de qué se trata. Si hay o no delito, si lo hubo, pero está prescrito, cuántos delitos y quiénes puedan haberlos cometido. El proceso será largo y, dada la hostilidad y beligerancia con que el PP lo ha encarado, tratando de obstruir la acción de la justicia por todos los medios, puede deparar muchas sorpresas. Afectando el asunto a los políticos más prominentes y al partido como tal, el partido del gobierno, recuérdese, no ha mostrado voluntad de colaborar con los tribunales sino la contraria. La destruccción de pruebas con los más indecibles pretextos o la negativa a aportarlas a los requerimientos judiciales lo demuestran. Las maniobras para que del caso entiendan magistrados políticamente favorables al partido acusado son patentes. La división de poderes burlada al extremo de incurrir en la práctica más aborrecible de las tiranías: una justicia administrada por lacayos del príncipe.

Judicialmente el asunto va para largo. Políticamente debería haber ido para mucho más corto de ser España un país normal. Que el nombre del presidente del gobierno aparezca en unos papeles incriminatorios que lo presentan como receptor de cantidades de origen dudoso e injustificado sería motivo más que suficiente para verlo dimitir, acongojado. Por supuesto, aparecen más acusaciones y actuaciones necesitadas de clarificación judicial, como su condición de avalista de una cuenta de Bárcenas en Suiza. Con cualquiera de ellas, el presidente del gobierno, debiera haber presentado su dimisión por responsabilidad política.

¿Que qué es la responsabilidad política? Pues, en este caso concreto, de probarse la veracidad de los papeles de Bárcenas, la que se deriva del hecho de que, al haberse financiado ilegalmente el PP durante veinte años, todos sus actos, sus triunfos electorales, sus medidas de gobierno, son inválidas, nulas, pues se han dado con trampas y perjuicio de intereses de terceros. Esos papeles deslegitiman el funcionamiento del sistema político español, convertido en una parodia basada en la corrupción. Políticamente muy graves, desde luego. Para que Rajoy hubiera dimitido ya.

O la oposición le hubiera presentado una moción de censura porque no es de recibo que el país esté gobernado por elementos de este jaez.

Y todavía hay algo peor. Preguntando hace unos años Rajoy por un ciudadano en la televisión por la cuantía de su sueldo, este no contestó directamente, sino que se lamentó en público de que su situación no era boyante, que miraba la cuenta a fin de mes (¡qué reveladora esa expresión! La mayoría de los ciudadanos la miramos cada día) y que tenía los problemas de todos los españoles. Mintió. Por entonces ingresaba unas cantidades tan altas que le permitían ignorar la cuenta salvo que la mirase para comprobar que le habían llegado las cuantiosas remesas. Mintió al ciudadano. Mintió a la audiencia. Mintió al país entero.

Digan lo que digan los tribunales, un personaje así no merece ser presidente del gobierno.

miércoles, 17 de junio de 2015

Jueces y delincuentes.


Todo el mundo conoce la teoría del Estado de derecho. Nadie está por encima de la ley que impera suprema, y hay una estricta separación de poderes. Todo el mundo conoce también la práctica del Estado de derecho hoy en España. Hay gente por encima de la ley y, si es necesario, se cambia esta a capricho del gobernante. Porque no existe separación sino fusión de poderes. El gobierno controla el Parlamento por el simple mecanismo de la mayoría absoluta. Controla igualmente gran parte del poder judicial si bien no con un mecanismo tan simple sino con uno más complicado que articula muy diversas piezas: la tendencia conservadora mayoritaria en la judicatura es la esencial. La perpetuación de las pautas manipuladoras heredadas del franquismo y que no se depuraron durante la transición viene a continuación. El uso partidista de los mecanismos institucionales de la administración de Justicia, práctica compartida en parte con el PSOE, pero en la que el PP es consumado maestro. España no es un Estado de derecho porque los poderes no están separados ni se respeta el imperio de la ley. El gobierno tiene el Parlamento a sus órdenes y buena parte del Poder Judicial a su servicio.

Pero si lo primero puede enmendarse cambiando la mayoría parlamentaria mediante unas elecciones, lo segundo es mucho más difícil porque los jueces no son electos, tienen regímenes especiales que suelen incluir la inamovilidad y sus renovaciones dependen de plazos muy diversos que controlan los partidos políticos, cosa que, al menos el PP, hace siempre que puede y le interesa. Basta recordar cómo consiguió bloquear durante tres años la renovación del Tribunal Constitucional para perpetuar una mayoría conservadora que no reflejaba la correlación real de fuerzas políticas. Esto es, si los yerros legislativos pueden remediarse con relativa facilidad, no así los judiciales, los de la administración de Justicia.

Y, sin embargo, esta, la Justicia, es el punto central, el meollo del Estado de derecho y de la democracia. Si el meollo, el núcleo, está podrido, todo lo estará. Y es el caso.

La noticia de que dos de los tres magistrados que juzgarán el caso Gürtel, el caso del PP, son personas estrechamente vinculadas por todo tipo de lazos al partido no debiera ni llegar a los periódicos porque los afectados tendrían que haber anunciado ipso facto su voluntad de inhibirse si les correspondía actuar en ese caso concreto. Las pruebas de que Enrique López está tan contaminado como si le hubiera caído un bidón de chapapote las desgrana El Plural Enrique López: de ariete del PP contra leyes socialistas y ‘enchufado’ en el Poder Judicial a juez en el caso Gürtel. Es imposible entender cómo alguien con un átomo de sentido común pueda admitir que una persona así pueda juzgar la Gürtel. Y hasta cabe sostener que ningún otro asunto: un individuo multado por conducir ebrio y sin casco es un peligro público. No un juez. En cuanto a la otra magistrada, Concepción Espejel, aparece adornada por similares atributos de cercanía, simpatía, empatía e intimidad con los jefes del partido cuyos supuestos delitos deberá juzgar. Algo increíble, ciertamente.

Pero, se dirá, el caso ha correspondido a estos magistrados por razón del azar, siempre imparcial, del reparto de trabajo. Ignacio Escolar explica, sin embargo, cómo fue la propia Espejel la que, al parecer, manipuló dicho reparto para asegurarse de que correspondiera donde a ella le interesara. Lo hace en un artículo titulado Humor negro en la Audiencia Nacional en el que asimismo completa el cuadro de las razones por las que Enrique Martínez es más militante del PP que verdaderamente un magistrado.

Es obvia la absoluta falta de respeto a las formas en el funcionamiento de la justicia. Esa Fiscalía que no vio delito en la Infanta ni en media docena más de presuntos delincuentes, lo ha visto a la velocidad del rayo ahora como consecuencia de un hecho acaecido en 2011 en una capilla de la Complutense. Como si hubiera actuado la máquina del tiempo. Si el proceso de instrumentalización de la administración de justicia ha llegado a este extremo, no arriendo la ganancia a Artur Mas, que puede encontrarse inhabilitado en un par de semanas o quizá algo peor.

Pero lo de los dos magistrados chapapoteados por su presunta proximidad personal y material a quienes deben juzgar es, sin duda, lo más grave y lo más inaceptable. Bárcenas recusará a la presidenta Espejel por manifiesta amistad con Cospedal. Algo absolutamente lógico. Nadie en su sano juicio puede permitir que lo juzgue un amigo íntimo (Concha) de la parte contraria.

A su vez, el PSOE también anuncia que recusará a los dos magistrados presuntamente vinculados al PP, como parte en el proceso que es. Obvio también. Esta farsa no puede ni comenzar. Y no basta con recurrir. El PSOE debe anunciar que no aceptará desestimación alguna, sino que seguirá recurriendo y, si la vía se agotara, llevará el asunto a dónde haga falta, a Europa o a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, porque esta intención es un atentado contra el fundamento mismo del Estado de derecho, la independencia judicial. Ningún Estado puede llamarse civilizado si los jueces están sometidos a la arbitrariedad del poder político y le sirven de escudo y tapadera.

Algunos piensan que soy un pesado con la petición de una moción de censura al gobierno. Tengo mis razones. Sánchez ya es el candidato indiscutido a la presidencia del gobierno. Tiene el poder y tiene la autoridad. Pero también tiene la responsabilidad. Y esta lo obliga a considerar que los seis meses hasta las generales de noviembre van a ser un infierno. La derecha, como siempre, no acepta el resultado adverso de las elecciones y, desalojada del poder, ahora no tiene nada que hacer (ni expoliar) salvo entorpecer todo lo posible los gobiernos de izquierda, azuzando la malsana pasión de estos por las broncas internas. Escándalos reales, inventados, retorcidos, manipulados, puras invenciones, insultos en los medios, agresiones en la calle. Tiempo libre para incordiar.

El gobierno y su partido tampoco tienen nada que hacer, pues no hay tiempo material para ello, pero sí para incordiar y encizañar. La manipulación de los procedimientos judiciales, las malas prácticas procesales, las trampas, van a caer en cascada para torcer cuanto se pueda el curso de la justicia. El recurso a la represión va a intensificarse y el uso de la vía penal para enfrentarse a cuestiones puramente políticas, como el proceso soberanista catalán, también.

Tienen mucho tiempo libre, infinidad de medios y no necesitan cuidarse del frente parlamentario en donde reina el rodillo de la mayoría absoluta. Por eso, lo más oportuno que puede hacer Sánchez es abrir ese frente al gobierno para obligarlo a atenderlo, lo que mermará sus fuerzas en los otros. Es su obligación, además, oponerse. La moción se perderá, por supuesto, en la votación parlamentaria, pero se ganará en la calle, en términos de conocimiento y popularidad de un candidato que recién se estrena pero trae un programa alternativo. La moción de censura le da tiempo ilimitado para exponerlo. Y eso es lo que la gente está esperando: un programa alternativo, viable y claro que todo el mundo entienda frente a las magias potagias y el hocus pocus de una imaginaria recuperación que Rajoy se saca de la chistera entre corrupción y corrupción.

Es la ocasión de dar un relieve particular al programa electoral, género francamente desprestigiado. La solemnidad del lugar de la exposición debiera ser el símbolo del propósito de cumplirlo. Un conjunto de medidas de derogación de todo lo injustamente legislado por decreto y rodillo, de devolución a la gente de los derechos recortados o suprimidos, de lucha contra la corrupción y de regeneración democrática con un plan de reactivación económica con aumento de la productividad sin merma de rentas salariales o servicios públicos.

Tener al gobierno del Estado y la oposición parlamentaria debatiendo sobre asuntos de interés general a cinco meses de unas elecciones legislativas que pueden resultar en un cambio de mayorías no es una ocurrencia ni una aventura de inexperto, sino algo que cualquier colectividad haría para prepararse en caso de un hipotético cambio. Ello sin contar con que, en realidad, tal debate no se ha hecho nunca en la legislatura, pues los del Estado de la nación se han dedicado a otros asuntos.

La moción de censura es una obligación democrática. La única razón para no plantearla, cabe intuir, es que, en el curso del debate sea preciso hablar de la cuestión catalana, cosa nada del gusto de los partidos españoles cuando otean elecciones. No haya cuidado. Mas señaló una vía en esa entrevista de Iñaki Gabilondo que Palinuro comentó ayer en Mas se explica. Me atrevería a sugerir a los socialistas que siguieran su ejemplo: aguarden a ver qué resultado dan las elecciones del 27 de septiembre y, en función de esos resultados, hagan ustedes sus propuestas. Mientras tanto, piénsenlas porque todos nos jugamos mucho.

En fin, hagan lo que quieran pero no es absurdo elevar un tanto el nivel del debate a las cuestiones de interés general. No seamos solo objeto de la atención y pasmo de Europa por el hecho de que dos magistrados presuntamente afines a un partido se apresten a juzgar a dicho partido en un procedimiento penal.

La justicia del príncipe nunca será Justicia.

jueves, 22 de enero de 2015

Llegan los carnavales.


Con 200.000 euros de vellón se ha redimido transitoriamente al cautivo Bárcenas, preso hasta ahora en las mazmorras del Reino. Reunir 200.000 machacantes en 48 horas no es fácil, salvo que seas impecune, insolvente y no tengas para pagar el metro pero sí una libreta con nombres de antiguos conmilitones del PP.

Ha salido bramando como un toro del toril y emplazando al PP a querellarse contra él si lo acusa de sustraer dinero del partido. Pero, ¿de dónde venía ese dinero que el innombrable habría sustraído siendo tesorero? Está claro: de la caja B que el mismo Bárcenas reconoce por videoconferencia que administró. Pero Cospedal sostiene que esa caja B no existió nunca y, si lo hizo (porque es difícil negarlo, hasta para Cospedal) era de ese señor Bárcenas. Es decir: se querella por la sustracción de un dinero de una caja que nunca existió o pertenecía al querellado a quien, al parecer, se acusa de robarse a sí mismo. Pura lógica cospedaliana.
Alto ahí. Los malandrines siempre llevan su merecido. La doctrina de que en el PP no hay más caja B que la B de Bárcenas procede de más arriba, del mismo Rajoy, aunque él no dice "Bárcenas", porque se lo ha prohibido el médico, y dice "ese señor". Nada. No hay caja B en el PP. Los sobresueldos se pagaron en A. Es curioso, sin embargo, que hasta la abogacía del Estado, del Estado de Rajoy, da por cierta la existencia de la caja B. Es igual, no hay caja B.
No habrá caja B, pero una de las acusaciones particulares en el proceso, la Asociación de Abogados Demócratas de Europa, pide que Rajoy testifique. Tendría que testificar sobre la existencia de algo cuya existencia niega y hablar de alguien cuyo nombre ha olvidado. "Esa persona de la que usted me habla, además, ya no es miembro del partido", como si eso significara algo.
A Bárcenas no lo reconoce hoy ni uno de sus antiguos amigos, beneficiados o compinches. A él, que fue gerente, tesorero, senador, un prohombre de la Patria. No se acuerdan ni de su nombre ni saben quién fue o quién es. Y, sin embargo, cuando comenzó a cantar, todos se querellaron contra él: Aznar, Ana Palacio, Cospedal, hasta el PP, ¡por vulneración del derecho al honor!. Todos, no. Rajoy amenazó con hacerlo, pero no lo hizo. En lugar de ello le envió un SMS aconsejándole fuerza. Los demás retiraron discretamente las querellas o las perdieron. Y así se hizo el silencio sobre Bárcenas, ese toro que sale bramando a punto de los carnavales.
Si no es Bárcenas, es la Gürtel y, si no, las dos juntas, pues cometieron, al parecer, numerosas fechorías al alimón. Cuando las cosas se aceleran, todo se mezcla, la farsa, la burla, la comedia. Vuelan los sobresueldos, se cruzan con los trajes, los viajes, las dádivas, comisiones, donaciones o mordidas. Todo es un lío y hasta hay que duplicar los disfraces. Así resulta que, según El Mundo, los testaferros de Bárcenas eran los de González, el del ático. Hasta los testaferros tienen que pluriemplearse para malvivir.
¿Es de recibo un país cuyo presidente del gobierno pasa el tiempo defendiéndose de muy verosímiles acusaciones o negando la evidencia que es incriminatoria hacia su persona? ¿Un país en el que el presidente niega un hecho que la abogacía del Estado afirma? ¿Un país en el que ese presidente del gobierno lleva tres años negándose a admitir su responsabilidad política por la que tendría que haber dimitido desde el comienzo de su mandato?

Bueno, pues según Rajoy, esto es una gran nación.

sábado, 17 de enero de 2015

Mirando atrás.


Las conclusiones provisionales de la fiscalía en este primer proceso de la Gürtel son aterradoras. Relatan con pelos y señales comportamientos delictivos de los encausados, todos ellos dirigentes, militantes o simpatizantes del PP, durante los últimos quince años. Los cuantifican detallando el importe del botín. Y también solicitando casi 500 años de cárcel para los culpables. Presuntos, por supuesto. Todo aquí es abrumadoramente presunto. Como presunto es el PP, cada vez más aparentemente configurado como una asociación para delinquir.

Ese relato obliga a mirar hacia atrás, a esos quince años pasados que, ahora, viendo la frenética actividad delictiva de estos personajes (y los que todavía no han aparecido en sede judicial) deben reconsiderarse. Cuando se escriba la historia de 2000 a 2015 este episodio iluminará con su turbia luz numerosos acontecimientos, dándoles su auténtica dimensión. La de que el país ha estado y está gobernado por presuntos delincuentes.

¿Quién no recuerda aquella aparición de Mariano Rajoy nada más destaparse el caso Gürtel/Bárcenas, rodeado de la plana mayor del partido para desmentir que hubiera trama alguna del PP y afirmar en cambio que se trataba de una trama contra el PP? En primera fila, Arenas, Cospedal, Camps, Mato, el propio Rajoy, todos ellos presuntamente corruptos o cobradores de sobresueldos de una caja B nutrida, al parecer, con fondos ilegales producto de comisiones por chanchullos y delitos varios.

¿Caja B? ¿Qué caja B? Rajoy, Cospedal, todos a una han negado su existencia. Rajoy, incluso, en sede parlamentaria. Una inexistente caja B con la que presuntamente se financiaron campañas electorales del PP (cuyos resultados habría que anular en buena ley), se pagaron unos sobresueldos a numerosos dirigentes del partido, incluido el actual presidente del gobierno. Una caja tan generosa que incluso daba para que el amigo Bárcenas, según la fiscalía, arañara de ella unos cientos de miles de euros, además de su preceptivo sobresueldo, como es lógico.

Claro, porque, como decía Cospedal, en realidad, no era la caja y la contabilidad del PP, sino las personales del señor Bárcenas que, al parecer, no ocupaba el cargo de tesorero del partido, pues era un señor de paso. Como un buhonero. El pobre Bárcenas pasó de ser un hombre de probidad incontestable, al decir de Arenas, y un magnífico tesorero según Rajoy, a ser un precito sin nombre que nadie conocía.

La vida no es solamente conocer gente, como dicen los manuales de relaciones públicas, sino también desconocerla. Repásense las fotos de la boda de la hija de Aznar en el Escorial. Muchos de los encausados con peticiones de cientos de años lucieron allí sus mejores galas y adornaron con su intachable ejemplo aquellas piedras centenarias, testigos de glorias imperiales. Ahora resulta que no los conocía nadie; ni los novios, ni los padrinos. Se habian colado. Otros que iban de paso. De paso a la cárcel, según se ve.

¿Quién se ha olvidado de Aznar proclamando hace cuatro o cinco años que el PP era incompatible con la corrupción? A lo mejor se refería a la ajena porque la propia, la de entonces, la de antes y la de ahora, bien clara la han dejado las fiscales. Pero no hay que dudar de la buena fe del héroe de las Azores. Seguramente no la veía, como Mato no venía el Jaguar en el garaje de su casa.

Es posible que en el curso del proceso -y es solo uno de ellos- el juez llame a declarar a la señora Aguirre, presidenta de la Comunidad en la que aparentemente se cometió todo tipo de desafueros para alimentar esta maquinaria de corrupción y expolio que funcionó durante quince años como la savia que alimentaba el frondoso árbol de los gobiernos autonómicos y locales del PP. La misma señora Aguirre que, teniendo empleados a varios familiares como asesores y cosas así en distintas administraciones públicas, aseguraba que iban a terminarse las mamandurrias. Siempre las ajenas, se entiende. Todas las inauguraciones, celebraciones y actos de la aristocrática presidenta en estos años dorados tenían detrás las actividades de esta trama o las no menos pintorescas de la Fundación FUNDESCAM, cuya alma nutricia duerme hoy entre barrotes en espera de juicio por otras fechorías tan desatentas como aquellas.

Esta visión retrospectiva, este cambio de decorados de una memoria colectiva, presentada como una historia de triunfo siendo en realidad un negocio de rufianes, adquirirá tonalidades más siniestras. Los papeles de Bárcenas dan para mucho. La Gürtel tiene una extensión valenciana que no va a la zaga en punto a desvergüenza y latrocinio. Todo en torno al PP. Los casos de Blesa y Rato terminarán de poner la nota de depravación más absoluta y el proceso de Urdangarin y la Infanta añadirá la guinda del blasón.
Al margen de lo que establezcan los tribunales, aquí lo esencial, políticamente hablando, son los sobresueldos de procedencia ilícita como práctica habitual y generalizada en el PP. Porque, si Ana Mato y hasta el PP mismo han de responder de la acusación de ser beneficiarios a título lucrativo de unos presuntos delitos, esa acusación ¿no puede formularse a todos los que hayan cobrado sobresueldos? 

Viene a la memoria un presidente Nixon, ya acorralado por el Watergate, afirmando a la desesperada en la televisión que I'm not a crook (No soy un delincuente). Luego resultó que sí lo era. ¿Se recuerda a Rajoy diciendo que no iba a dimitir a causa de Bárcenas porque soy recto y una persona honrada? Por supuesto, la presunción de inocencia es incuestionable.

Miremos ahora un poco adelante.

Quedan diez meses hasta las elecciones generales. Ocho hasta las catalanas.

¿Está este gobierno en situación de afrontar la cuestión catalana?  

miércoles, 31 de diciembre de 2014

"Rapiña de sobresueldos". Feliz 2015.


Por una vez, Palinuro titula con un préstamo. Eso de "Rapiña de sobresueldos" es el editorial de El País de hoy, último día de este año 2014. En él  se valoran los comportamientos presuntamente delictivos de los dos presidentes de Caja Madrid en su día, Blesa y Rato, que eldiario.es describe con detalle. Por supuesto, la acostumbrada historia de chanchullos y mangoneos para que un puñado de sinvergüenzas, en cuyas manos estuvo la gestión de una de las primeras entidades de crédito, se forrara supuestamente y se diera la supuesta vida padre a costa de la quiebra de la entidad y la ruina no supuesta sino muy real para mucha gente.

Editorial y portadas de los medios del último día del año. Da que pensar.

En realidad, la clave está en la expresión de sobresueldos. La palabra que califica el gobierno de Rajoy y la práctica de su partido durante veinte años. El PP es el partido de los sobresueldos, empezando por su presidente y hoy presidente del gobierno español. Cientos de miles de euros de sobresueldos cobrados por gentes que, a su vez, tenían un sueldo por el cargo que desempeñaban. Desde Aznar hasta Arenas, pasando por Cospedal, Rajoy, Sáenz de Santamaría, Bárcenas, Hernando y toda la plana mayor del PP viviendo a costa de los españoles por partida doble.

La práctica de los sobresueldos estaba tan extendida que en un primer momento se reconocieron sin ambages. Rajoy defendió en el Parlamento su licitud sosteniendo que, como en todas las empresas, se pagaban complementos por productividad, incluida, se entiende, la suya. Era normal, era lógico, que el partido pagara un complemento a sus cargos electos por razón de dedicación y productividad y, se decía, la cuestión era que se tributara a Hacienda. Era tan extendida la corruptela que no se consideraba tal. Sin embargo, lo era. Al margen de las cuestiones que se planteaban respecto a la vigente Ley de Incompatibilidades, está el hecho de que un partido no es una empresa y, financiándose casi por entero con cargo al erario, tampoco puede hacer con el dinero lo que le venga en gana. La prueba es que debe rendir cuentas ante un órgano fiscalizador, el Tribunal de Cuentas. Otra cosa es que las rinda, que las que rinda sean ciertas o que el propio órgano sirva para algo y no esté necesitado a su vez de fiscalización.

Poco a poco, la opinión sobre los famosos sobresueldos fue cambiando. Se seguía manteniendo su legalidad pero se admitía implícitamente su inmoralidad. En algunos casos, esa inmoralidad era casi burla sangrienta, como cuando Rajoy se negó a responder a una pregunta directa sobre su sueldo en un programa de televisión, sabiendo que era de escándalo. O cuando este mismo desaprensivo personaje respondió a un ciudadano que le preguntaba por su salario asegurándoles que tenía los problemas de cualquier otro y que miraba sus cuentas a fin de mes cuando ingresaba por encima de 200.000 euros anuales. Los sobresueldos que se embolsaban estos pintas eran tan inmorales que no podían confesarse en público.

 Así que dejaron de justificarse, incluso se ocultaban, dejó de hablarse de ellos. No se admitían preguntas, se interponía el plasma, se daban respuestas propias de jayanes tabernarios: "ya tal", "sí, hombre...", etc. Pero ese silencio duró muy poco porque enseguida empezó a vincularse el devengo de estas cantidades con la existencia de una caja B en el PP. Ciertamente, el partido y su presidente varias veces han negado la existencia de tal caja B. Pero el juez la da de hecho por probada en el curso de sus investigaciones sobre los papeles de Bárcenas y la Gürtel, entre otras. Una caja B nutrida del saqueo de las arcas públicas, de comisiones, mordidas, dinero muy sucio, de origen supuestamente delictivo pero con la que se pagaron obras en negro hasta de la sede del PP en Madrid, siendo responsable último de este latrocinio el principal perceptor de los sobresueldos, Rajoy.

O sea, no solo hubo sobresueldos, sino que estos pueden ser de procedencia ilícita. En qué grado es cosa que se verá, pero esa fórmula empleada por el juez respecto a la ministra Mato de "partícipe a título lucrativo" de un presunto delito, quizá pueda aplicarse asimismo a los receptores de sobresueldos de dineros irregulares, incluido el presidente del gobierno. Máxime si se tiene en cuenta que el mismo juez imputa esa participación también al partido en su conjunto. Y el partido en su conjunto tiene una cabeza visible y, cuando menos, políticamente responsable, que es su presidente.

"Rapiña de sobresueldos" no es solamente la nueva desvergüenza con la que los españoles van a inaugurar el año en el que se les promete salir de la crisis pero todo apunta a que, una vez más, no será verdad. Es la condición del PP hace veinte años y eso explica muchas cosas. La principal, que el PP es una asociación de presuntos malhechores que utilizan la política para su medro personal. Sueldos, privilegios, bicocas y, encima, sobresueldos. Ser miembro del PP es un chollo. Muchos de sus dirigentes sobresoldados llevan diez o veinte años viviendo de la política a costa de los ciudadanos y, si tuvieran que ganarse la vida por su cuenta, lo tendrían crudo. Se entiende que sus dirigentes y cuadros no defienden ideas, principios, criterios, políticas. Defienden sus intereses, su bolsillo, sus chanchullos, su parasitismo del erario, se cubren entre ellos, se ayudan, utilizan el partido para obstaculizar la justicia, eliminar pruebas, quedar impunes. No, definitivamente no es un partido sino que más parece una partida de ladrones, por cierto bendecida por la Iglesia a la que reservan su mordida.

"Rapiña de sobresueldos" en el país de los infrasueldos.

Feliz 2015.

martes, 16 de diciembre de 2014

Váyase, señor Rajoy.


¿Se acuerda el lector de aquella solemne comparecencia de Rajoy y los suyos en febrero de 2009, cuando estalló el caso Gürtel? El hoy presidente del gobierno, aparentemente indignado de que se relacionase a su partido con Correa (a quien nadie conocía, claro), pedía la recusación del juez Garzón, la comparecencia del Fiscal General del Estado y proclamaba que la Gürtel no era una trama del PP sino una trama contra el PP. En la foto de entonces, la plana mayor del partido, todos con gesto grave y cariacontecido. En primera fila, Sáenz de Santamaría, Arenas, Cospedal y Rajoy, presuntos receptores de sobresueldos en B, y el propio Rajoy, supuestamente receptor también de viajes y trajes de la Gürtel, al mejor estilo de Camps. Camps, asimismo en primera fila, como la inevitable Mato, ambos ya fuera de la foto a causa de la trama Gürtel, que era, hay volver a leerlo, una trama contra el PP.

Por supuesto. ¿No decía Aznar con su habitual engolamiento que el PP era incompatible con la corrupción? Por entonces, este guerrero de las Azores ya había casado a su hija en una boda imperial a la que asistió el selecto cogollo de la Gürtel, Correa y el Bigotes entre otros, a los que nadie conocía, como si, en vez de a una boda, fueran a un bautizo.
 
Ya por entonces Bárcenas funcionaba a pleno rendimiento, y Matas en Baleares, y Fabra en Castellón, y Baltar en Ourense y los siete enanitos en la sierra norte de Madrid, bajo la supervisión de la cazatalentos Aguirre, respaldada por la Fundación FUNDESCAM, cuyo gran patrocinador, Díaz Ferrán, está hoy entre rejas. No se quedaba atrás Valencia, reino de taifas corruptas por el que merodeaba el yerno del Rey, a quien deberían nombrar militante de honor del PP por su presunta capacidad para rapiñar fondos públicos. Precisamente ayer el juez procesó a la cúpula de entonces del PP por pagar su campaña de 2007 con dinero negro. Por entonces, el presidente del partido era Rajoy.

El mismo Rajoy, ministro y vicepresidente del gobierno cuando, según se ha sabido ya en sede judicial, en AENA había orden de contactar con Correa desde que el PP ganó las elecciones. Sí, exactamente el mismo Correa que presuntamente pagaba todo a todos los miembros del PP que pudieran darle una mordida del erario público. Todo: sobresueldos, gratificaciones, regalos, trajes, viajes, coches, confetti.  

En esta situación límite, de auténtico bochorno nacional, recibe Cospedal la orden de poner en marcha el esparcidor de mierda filosófica, asegurando que la corrupción somos todos, que si la hay en su partido, la hay en la sociedad y que el ser humano es corrupto por naturaleza. Es posible, señora, pero el ser humano, el español ordinario, no crea una organización con propósito de delinquir. Quizá porque no pueda, pero no lo hace. Eso es cosa de su partido y su generalización a la raza humana es una paladina admisión de lo que hasta ahora se había negado primero rotundamente, luego con circunloquios, después con tartamudeos y por último en diferido.

¿No era una trama contra el PP, partido incompatible con la corrupción?

Como diría Gila: aquí algunos, además de robar a espuertas, han estado riéndose de nosotros.

Y todo esto a unos días de que Rajoy vaya al Congreso a presentar su plan de regeneración. Si alguna vez ha habido un momento en que la oposición deba encarar su deber moral, político y cívico es este. La oposición debe ausentarse, no puede asistir a esta farsa en que el principal responsable de la gigantesca trama de corrupción que sí parece ser una trama del PP se presente como el restaurador de una transparencia, una honradez y una integridad que él desconoce.

Él mismo debiera ahorrar a sus compatriotas esta vergüenza.

Váyase ya, hombre. Deje de hacer el ridículo y llévese a esa banda  que llaman partido y más parece, una partida de ladrones. 

sábado, 4 de octubre de 2014

De la corrupción a la putrefacción.

Vamos a descansar por un día del tema catalán, aunque prometo volver sobre él con renovados bríos mañana mismo. Antes habrá que aquilatar el efecto que tenga en el histórico macizo de la raza esa solemne exhibición de unidad del soberanismo, a despecho de las cuñas que unos le han querido calzar, con muy mala intención, por cierto, y de los enfrentamientos fraccionales que otros han creído descubrir o se han inventado.

España o el resto de España, expresiones intercambiables según los ambientes y vientos dominantes, requiere urgente atención de Palinuro. El genio nacional vuelve por donde solía. Estaba este gobierno, epítome de la incompetencia, tan contento con el cisco de la marca cataláunica porque así no se hablaba de la Gürtel, cuando la revelación de esa cueva de empingorotados mangantes de la antigua Caja Madrid puso de nuevo sobre el tapete la cuestión de la corrupción. El cáncer tradicional de la España imperial, un mal tan acendrado como corrosivo, está hoy más extendido que nunca y, como siempre presenta implicación directa e indirecta del gobierno central.

Porque, efectivamente, en algún momento del inicio de esta legislatura se produjo un cambio cualitativo en la resignada cuanto tradicional convivencia de los españoles con un grado de corrupción superior a lo que los otros países europeos toleran. Ya se sabía que España es tierra de pícaros, que los políticos son unos galopines que van a lo suyo y los curas unos logreros siempre en pos de la pasta. Pero había un ten con ten dado que la corrupción oficial, administrativa, iba del ganchete con la social en un generoso espíritu de vivir y dejar vivir. Las autoridades seculares y espirituales robaban con mesura para que todos pudieran robar algo. Ese clima de bonhomía corrupta es el que se rompió con el escándalo Gürtel. Por cierto que el episodio reúne tipos y caracteres no ya solo típicamente españoles en pintoresquismo y truhanería sino, incluso de la comedia romana, de Plauto o Terencio: el bigotes, el albondiguilla, Luis el cabrón, el curita, don Vito. ¡Qué nombres! ¡Qué tipos! Dignos compañeros de francachelas de Max Estrella. ¡Y qué episodios! La gestapillo, el Jaguar invisible, el casino fantasma de Eurovegas, el ático mutante, el aeropuerto peatonal, los finiquitos diferidos, las medallas a las Vírgenes y otros hallazgos serán las fuentes de relatos para generaciones venideras.

Pero no es lo hispánico lo verdaderamente decisivo de la Gürtel y tramas adyacentes, como la sucursal de Matas o el Principado de Noos. Lo decisivo, lo que ha levantado pública indignación hasta en España, ha sido su carácter oficial, sistemático, industrial incluso, con participación de las más altas instituciones y magistraturas y la bendición eclesial. Eso ya no es la corrupción tradicionalmente hispánica del cacique, la rebotica, el alcalde, el cura y el sargento de la guardia civil. Esto ya es la estafa a lo grande, el expolio sin límites, una empresa o varias en una compleja trama en la que aparecen y desaparecen flotas de coches de lujo, paraísos fiscales, yates, fondos buitre, cacerías, safaris, mansiones de lujo y viajes al Caribe. Absteneos plebeyos y dejaos explotar.

A la vista de la presunta financiación ilegal del PP y de los sobresueldos que sus dirigentes cobraban bajo cuerda, así como el régimen de pago de servicios y obras y los sobornos en especie, desde los confetti de la ministra Mato a las corbatas del presidente Rajoy, algún juez ha sostenido que, más que un partido, parece tratarse de una asociación para delinquir. Lo que viene Palinuro desde el comienzo de la Gürtel. El PP es una ventana de oportunidad para hacer carrera política y forrarte. Es difícil que te pillen porque está todo corrompido; y, si te pillan, se tratará de obstaculizar lo que se pueda la acción de la justicia; y si, con todo, te condenan, se te indulta.

La Gürtel no ha dejado títere con cabeza en el guiñol patrio. La visita de un Papa a Valencia,  tierra de auténticos bandoleros asaltacaminos, sirvió para canalizar cantidades astronómicas a los bolsillos de unos cuantos estafadores. La preocupación popular con la corrupción creció tanto que hasta la Academia, lenta de ordinario, se puso a estudiar el fenómeno, a analizarlo, compararlo diacrónica y sincrónicamente, clasificarlo, interpretarlo, correlacionarlo con la cultura, la religión, el desarrollo económico, definirlo. El resultado fue un ramillete de teorías y tipologías de la corrupción, no todas congruentes entre sí, con recomendaciones para acciones públicas que trataran de remediar el fenómeno.

Armado con algunas de estas teorías y la necesidad de presentarse ante la opinión pública como adalid de la lucha contra la corrupción, el gobierno lleva tres años hablando de medidas de "regeneración democrática", normas de buenas prácticas, códigosdeontológicos y otras magias a las que recurren siempre los sinvergüenzas para disfrazar sus fechorías. El hecho de que sea preciso trompetearlos a los cuatro vientos revela el bajo juicio moral que la opinión tiene sobre la acción pública. Unas autoridades literalmente embadurnadas de corrupción que dicen luchar contra ella merecen tanto crédito como una profesión de fe vegetariana de una hiena.

La Gürtel no es un caso de corrupción. Es la corrupción del sistema. Y un sistema corrupto no regenerado acaba pudriéndose. La corrupción da paso a la putrefacción. Dalí y Lorca, en sus años juveniles (Lorca no tuvo otros) llamaban los putrefactos a los escritores y artistas acomodados, aburguesados, sin ambición sino de fortuna y posición. Estos mendas de la Caja Madrid con sus tarjetas bautizadas B, fórmula minimalista por no llamarlas de las mil y una noches, tienen todos méritos para optar al título de putrefactos, que no hará fortuna, a pesar de su elegancia, porque la gente prefiere el más aceptado de casta. Y es lástima porque tiene fuerza y permite medir. Es tal el grado de putrefacción que algunos putrefactos están comportándose como si, en vez de ser españoles, fueran ingleses o marcianos: dimiten y hasta devuelven la pastuqui, cosa asombrosa. Algunos, solo algunos, que esto es España. La putrefacción es más que la corrupción. El sistema no está corrupto sino podrido. Ahora descubren los de Hacienda que eso de andar por ahí puliéndose la pasta de los impositores o los accionistas pueda ser costumbre arraigada en las empresas del IBEX. Por eso no pagan impuestos; necesitan el dinero para despilfarrarlo en comilonas.

El calificativo de antisistema que cierta derecha de Chindasvinto utiliza, empieza a tener connotaciones muy positivas en la opinión pública. Si eres antisistema, probablemente seas una persona honrada. Si eres prosistema a lo mejor eres como Aznar, Rato, Rajoy, Cospedal, Blesa, Mato, Rouco, Díaz Ferrán, Camps, Fabra etc., etc., o sea gente que está en política o cerca de ella para pillar la pasta como sea a base de despojar a la ciudadanía de su peculio y de sus derechos.

Pero el asunto no acaba ahí. Si proyectamos las actividades de esos pájaros que piaban aconsejando en Caja Madrid a todos, daremos cuenta de una pila de millones que han afanado. Pero tampoco son tantos. Solo rescatar esta Caja nos ha costado no sé cuántos miles de millones de euros. Es decir, estos sinvergüenzas fardando de tarjetas en restaurantes de lujo y sacando fajos de los cajeros para pagarse los fines de semana, quizá no sean más que comparsas, muñecos que sirven para ocultar las verdaderas operaciones de expolio, las de miles de millones, las que llevan las bendiciones o participaciones de los barandas antes citados. En todo caso, la investigación tiene que seguir hacia arriba, escalando por los correos de Blesa, al parecer también padre de la Gürtel. En todo caso, esos miles de millones directamente robados a la gente y muchos otros, como los once mil millones de la Iglesia, los de las autopistas, los intereses de la deuda, son la crisis y los pagamos todos los demás, los que no robamos.

Lo cual demuestra por enésima vez que no se trata de una crisis, sino de una estafa.

miércoles, 5 de marzo de 2014

El portavoz de sí mismo.

Rajoy sigue leyendo mundo adelante. No hablando. Jamás habla espontáneamente. Lee. Se entiende el apuro en que se vio en cierta ocasión en que, habiendo escrito él personalmente lo que había de leer, no entendía su letra. Y en la cabeza, ideas, no debía de haber muchas. Por eso lee siempre y escurre el bulto de todas las comparecencias en que pueda verse obligado a improvisar algo. No puede. Ni un desliz. Nada de responder preguntas, que te pierdes. Nada de improvisar. Todo por escrito. Por eso cabe decir que Rajoy gobernante no es Rajoy compareciente. El compareciente no es Rajoy -a quien se parece mucho, como si fuera un doble- sino su portavoz. Es sencillo: Rajoy es portavoz de Rajoy, quien no se deja ver.

Y no es menuda la tarea del sosias portavoz. Tiene dos en concreto, una positiva y otra negativa, ambas relacionadas. La positiva: debe colocar un discurso triunfalista que suena a falso a la legua. No puede permitirse ni un error, sobre todo en magnitudes que están habitualmente manipuladas. La negativa: debe impedir a toda costa que se hable de la corrupción, del caso Gürtel y menos que se ponga en cuestión la legitimidad de su gobierno a cuenta de las presuntas fechorías que su partido por un lado y él personalmente pudieran llevar años cometiendo.

Lo primero y positivo parece improbable porque, se esgriman los datos como se esgriman, si la gente sigue sin poder pagar el recibo de la luz o la hipoteca o el colegio de los niños, ya le pueden contar milongas macroeconómicas, interpretar ladinamente el sentido de los datos o prometer longanizas el año que viene: no creerá nada. Lo segundo y negativo es imposible. Cada día, casi cada hora, hay una noticia nueva en ese procedimiento Gürtel que parece las zahúrdas de Caco. ¿Pude seguir afirmando Rajoy que se enteró del caso Gürtel prácticamente ayer y por la prensa cuando el Bigotes asegura haberle pedido por carta en 2003 (y la carta consta) que mediara para que su partido -pelín moroso- pagara las facturas de la Gürtel? Repetirá que sobre ese tema ya ha dicho todo cuanto tenía que decir. Pero ¿cuánto tiempo podrá decirlo cuando cada vez es más claro que no ha empezado a hablar y que puede tener que hacerlo delante de un juez?

Y no es solamente Rajoy. Es todo cuanto el PP ha tocado, en Castilla La Mancha, en Valencia, en Baleares, en Galicia, en Castilla y León y, por supuesto, Madrid que, en los años de oro de la Gürtel, los del frenético inaugurar de Aguirre, parecía Wichita, ciudad sin ley por lo mucho que aquí se ha robado. Para quitarse el feo y plebeyo muerto de la financiación ilegal de las campañas electorales, Aguirre, noble consorte, dice que en 2003 el presidente del PP en Madrid era Pío García-Escudero, IV Conde de Badarán. Esto va de aristócratas, un poco randas, según parece, pero gente de "buena estirpe". Aguirre no era presidenta del PP entonces pero sí fue la candidata de las dos elecciones autonómicas de aquel año, las del Tamayazo, es decir, la beneficiaria directa de la presunta financiación ilegal. ¿Qué valor tienen unas elecciones ganadas con trampas?

Es la cuestión del pufo universal que, como el fantasma de la esencia patria, vuelve de visita, a dejar claro a los ojos del mundo quién y cómo gobierna el país. El amigo íntimo de Aznar, aupado por este a la presidencia de Caja Madrid en 1996, Miguel Blesa, ocupó el cargo hasta 2009, fecha en la que los enredos de la inevitable Aguirre lo echaron de la canonjía, substituido en ella por Rodrigo Rato, quien acabó la obra de su predecesor. Lo mismo hizo Aznar con su otro amigo del colegio, Villalonga, a quien puso al frente de Telefónica. Des ejemplos claros del capitalismo de amigos del que el expresidente abomina en público como buen neoliberal. A Villalonga no le fue mal de todo, quizá porque tuvo la habilidad de romper con Aznar, quien debe de ser insaciable en el cobro revertido de favores. A Blesa, quizá por no romper con el capo, le ha ido fatal. Bueno, ha ido fatal -en mayor medida incluso- al interés público y a miles y miles de ahorradores a los que supuestamente se estafó con las preferentes. Blesa parece haber llevado a la quiebra la segunda entidad financiera del país, con más de doscientos años de solera. En su descargo dice el buen hombre que no cabe considerar que un jubilado careciera de conocimientos financieros a la hora de entender las tales preferentes. Y, a más a más, sostiene ante el juez que él no sabía nada de ellas, siendo así que esas preferentes se aprobaron en la Comisión Ejecutiva de la Caja a iniciativa del amigo íntimo de Aznar. ¿Cómo es posible que este hombre esté en la calle y, en cambio, se halle procesado el juez que lo encarceló? ¿Quién puede tomarse en serio un país así?

(La imagen es una foto de La Moncloa según su aviso legal).

martes, 4 de marzo de 2014

El puferío nacional.

Los juntaletras no agradeceremos nunca lo suficiente a Francisco Correa, (a) don Vito, cerebro (junto a Pablo Crespo) de la Gürtel, su gran aportación a la renovación del castellano o español, sobre el que ha vertido generosamente su ingenio igual que repartía la pastuqui entre allegados y colaboradores. Uno de ellos, Bárcenas, parece ser Luis el Cabrón, chambelán del jolgorio palaciego por el que pulularon el albondiguilla, el bigotes, el curita y otros pintas de este jaez. Todos dedicados, al parecer,  a la gestión de pufos. El festival de los pufos. Los actos electorales de Esperanza Aguirre, esos en los que se proclama a voz en cuello el sacrificio en pro de España y de los españoles, de los ciudadanos, para la sobría contabilidad de don Vito eran pufos. Y no en el terreno ideológico, en donde es evidente, sino en el directamente contable. Esperanza Aguirre recordaba hace pocos días que había destapado la Gürtel. Sería al levantarse del asiento porque estaba sentada sobre ella.

El pufo es escueto concepto pero tiene abigarrada naturaleza. Junto al pufo de campaña electoral (Madrid, Andalucía, Valencia), estaban los pufos inmobiliarios. El PP pagaba presuntamente en B negra las reformas de sus locales de Madrid y La Rioja. Nadie prescindía del pufo. Pufo el del expresidente de Baleares, pufo el de la visita del Papa en Valencia (ni al Santo Padre respetan los puferos), pufo el de la operación Pokemón, pufo el del alcalde de Burgos. Todo en ese partido pufea: Castellón, Alicante, Madrid, Ourense, Burgos. Cada vez hay más razón para responder adecuadamente al juez que todavía se pregunta si ha de habérselas con un partido político o con una asociación de malhechores.

Y eso en los pufos directos. Fenomenales son también los pufos indirectos, por contagio, en los que, cuando se escarba, se descubre siempre la conexión con el PP: pufo la presidencia de Blesa y Rato en Cajamadrid/Bankia, un pufo descomunal, causante de la ruina de millares de personas y en gran parte de la crisis española. Pufo las actividades del yerno real, quien, según parece, ha pufeado hasta una asociación de huérfanos. Pufo supuesto el de las privatizaciones hospitalarias y pufo, también supuesto, el del ático del señor González.

El pufo universal, sin fronteras ideológicas. Pufo el delos EREs andaluces, los cursos de la UGT y los de los empresarios. El jefe del nuevo pufo empresarial -excandidato del PP- está ya en el talego, al igual que el exjefe de los empresarios. Pufo, mientras no se demuestre lo contrario, el de la misteriosa fortuna del Rey y, por descontado, pufo en forma de rebaño pufero, el de todos esos profesionales de la política que llevan años cobrando sobresueldos. Estén en donde estén y tengan los cargos que tengan, empezando por el del presidente del gobierno quien, además de embustero y autoritario, es consumado pufero.

El pufo es el gran emblema español. ¿Marca España? Pufo España.

miércoles, 19 de febrero de 2014

La banda de los sobresueldos.

Ahí están, en la portada de El Mundo, los miembros de la dirección del partido que gobierna, presuntos receptores durante años de los sobresueldos que la trama Gürtel estuvo derramando sobre la organización como llovía el maná sobre el pueblo elegido. Con las cantidades redondas por año y cabeza y con un círculo las de aquell@s que los recibían además de los emolumentos oficiales que les correspondían por ser diputad@s o senador@s del Reino. Bárcenas, su amigo Rajoy, Arenas, Mato, etc., auténticos truhanes que, saltándose la Ley de Incompatibilidades, se llenaban los bolsillos con dineros públicos. Unos reales de vellón, una pastuqui cobrada por quienes aseguran no estar en política por dinero. Sumen. Verán la pastuqui del no-dinero. Los agraciados -término muy propio- siguiendo consignas del jefe, no hablan; y, si lo hacen, no se sabe qué dicen: que no cobraron jamás; que no cobraron en negro; que no es delito; que son complementos de productividad, (por cierto, ¿cómo se medirá aquí la productividad?); o que lo han declarado a Hacienda.

Es imposible tomarse en serio esta situación porque no se trata de un gobierno a la usanza europea, sino de una asociación de gente que persigue sus intereses propios, los de enriquecerse ellos y sus amigos, presuntamente por medios ilegales si es necesario; una asociación de supuestos malhechores. Pero, al mismo tiempo, es imperativo tomársela muy en serio porque esta banda de sobresueldos es la que hace las leyes, organiza la vida del país y toma las decisiones que afectan a la de millones de ciudadanos. Esto no es un gobierno ni un partido, sino una rebatiña general, parapetada en la mayoría absoluta, por desmantelar lo que queda del Estado del bienestar y saquear del todo el erario público. No es política; es saqueo adobado de incompetencia casi criminal. Es tal el grado de sumisión de las autoridades a las empresas que ahora ya ni las controlan. La prueba es la gloriosa ineptitud de ese ministro Soria, incapaz de conseguir que los ciudadanos no paguen el vatio a precio de platino. Es tremendo tener que decirlo pero en los partidos no se está para hacer negocios, ni para forrarse, sino para servir al interés común con una condigna paga y sin sobrepaga.

No tienen proyecto, ni una idea aproximada del interés común. Viven pendientes de cómo llevarse lo poco que queda vía privatizaciones descaradas y supuestamente delictivas a veces, y de cómo saldrá de rositas la miriada de cargos públicos que tienen chapoteando en decenas de procesos penales por corrupción. No solo carecen de capacidad política, de sentido democrático, de espíritu de diálogo, sino que pretenden imponer a golpe de ley sus convicciones personales más retrógradas, mientras reprimen las protestas ciudadanas y terminan de expoliar las arcas públicas. Carecen de legitimidad, de ética y de elegancia. El ministro de Justicia, además de sus otras fechorías, quiere privatizar el registro civil, con lo que ahora los ciudadanos tendrán que pagar por lo que antes era gratis. Mejor dicho, no era gratis pues estaba pagado con los impuestos. Ahora se pagarán los impuestos y los servicios que estos sufragaban. El proyecto es, además, un despilfarro de recursos públicos de todo tipo, desde las instalaciones al personal. Pero eso no es un argumento frente a un hombre que, siendo alcalde, endeudó la capital en 7.000 de millones de euros.

Tampoco lo es el argumento de la vergüenza, que debe de ser desconocido para Rajoy pues, siendo él registrador de la propiedad, es el primer beneficiario de una medida que toma como gobernante. Vamos que viene a garantizarse una especie de sobresueldo legal por lo que pueda pasar en el futuro.

Es indigno, es inmoral, es ridículo tener un gobierno compuesto por una banda de mangantes.

martes, 4 de febrero de 2014

A callar.

¡Cuánta razón tiene Rajoy cuando manda callar! No solo a Rubalcaba y a la oposición, pues eso es parte de su talante democrático, sino a los suyos. Incluso cuando se lo manda e impone a sí mismo, como lleva haciendo dos años. A callar, silencio, chitón, nadie hable que es mucho peor. Si por él fuera, la Convención no se hubiese celebrado. ¡Qué disparate! Reunir a la plana mayor de un partido bajo sospecha de ser una presunta asociación de delincuentes, poniéndolos a todos en primera fila, bajo la luz de los focos. Y la gente venga a hablar, añadiendo pinceladas tremendas a este cuadro nacional de un país ahogado en la corrupción.

No es una invención de la canallesca. El 95% de los españoles cree que la corrupción es un mal generalizado. Por eso tiene razón Rajoy: cuanto menos se hable, mejor. Mejor para él. Peor para el país que descubre, perplejo, cómo está gobernado por una organización por debajo de toda sospecha, desde su presidente hasta el último mono, generalmente contratado como asesor. Gente que no tiene escrúpulos en mentir, engañar, instrumentalizar las instituciones, expoliar el erario público, tomar sus decisiones por decreto, empobrecer a la población y aplicar una política de orden público tan represiva y autoritaria que recuerda más una dictadura que una democracia.

Incidentalmente: ¿no es curioso que quienes, haciendo cansino alarde de neoliberalismo y no  intervencionismo de los poderes públicos, no paren de utilizar el BOE para meterse en la vida privada de los ciudadanos tanto en sus aspectos íntimos como los culturales, religiosos y, por supuesto económicos? No hay día en que una nueva norma, más arbitraria e inepta que la anterior, no venga a interferir en las relaciones privadas. Un liberalismo peculiar que pone a la iglesia a legislar y convierte los pecados en delitos. Dentro de poco, ministerio de Culto y Clero.

En este clima inenarrable de involución democrática galopante, la foto icónica por excelencia es la de Claudio Álvarez en El País, con Rajoy blandiendo el Marca. ¿Es un descuido o un plan premeditado? El Marca, al que los intelectuales desprecian (aunque quizá bastantes lo lean) tiene 2.749.000 seguidores diarios, según el EGM. Posibles votantes, ¿quién sabe? ¡El presidente es uno de los nuestros! Miente más que habla, pero es un hombre sano, adora el fútbol. Además, la imagen lo exime de culpa en la defenestración de Pedro J., pues Marca pertenece a Unión Ediorial, matriz de El Mundo. A lo mejor no está lejos el día en que Rajoy añada a la presidencia del PP la del Real Madrid. No sé si se le habrá ocurrido a su gabinete de imagen.

Abandonada toda pretensión de legislar transparencia, la marea de la corrupción no la para ya nadie. Está en los tribunales que avanzan haciendo destrozos como los elefantes de Aníbal; está en los medios, empeñados en hurgar y revelar chanchullos; sobre todo, está en las redes sociales, que no dejan títere (y nunca mejor dicho) con cabeza. Quien quiera ponerse al día en este complicado fresco de la España cañí del robo, el trinque, la mamandurria, el despilfarro, los paraísos fiscales, las cuentas en Suiza, vaya a la excelente serie que está publicando José Luis Izquierdo en El País. Enhorabuena al autor. Están todos los datos, todos los antecedentes, todas las intrigas, fraudes, delitos, todos los personajes. En un estilo brillante. Solo por la descripción de las andanzas de ese oscuro muñidor, intrigante de los tribunales, hoy embajador en Londres, Federico Trillo, Izquierdo merece un premio. Tiene todo un aire de traición, alevosía, inmoralidad que recuerda las siniestras tramas shakesperianas en las que el personaje es especialista. Ese relato por episodios es la crónica y el esperpento de la corrupción institucional española. Y una crónica viva. El autor habrá de ir reescribiéndola al incorporar los nuevos datos que diariamente salen a la luz, a cada cual más escandaloso, bochornoso, vergonzoso.

La policía, la UDEF, acusa al exsecretario general del PP, Álvarez Cascos, de haber cobrado sobornos para la campaña electoral de 2004 y de ser el mayor perceptor de dineros de la trama Gürtel, el rey Midas de la corrupción. La misma policía sostiene que, entre 1996 y 2004 la Gürtel "administró" 25 millones de euros para mordidas en el PP y aledaños. Menos mal que ninguno de ellos estaba en política por el dinero, empezando por Rajoy. El amigo Camps, por fin hallado, pues estaba como desaparecido, ha declarado por escrito en su despacho (su privilegio) a las preguntas del juez Castro. De 64 cuestiones, 40 han sido "no" o "no recuerdo". Siempre encantado de colaborar con la justicia.

El buen señor de Mercadona, don Juan Roig, niega ante el juez haber pagado nada en B a Bárcenas, o sea, al PP. Pero admite haber donado 100.000 euros a la FAES, o sea, al PP. A su vez, la tal FAES se encargaba de pagar actos de la Gürtel mediante facturas falsas. No hay metáforas para describir este alud de datos, hechos, cifras, que dibujan un compadreo de políticos y cargos corruptos y prevaricadores con empresarios trincones y defraudadores junto a financieros corruptos, prevaricadores, trincones y defraudadores. Esta es la imagen de España. Dentro y fuera. Por eso, Rajoy tiene razón: a callar, a acogerse al derecho a no declarar, a hurtar el bulto, a hacerse transparentes.

¡Maldita convención!

Y de nada sirven las frases de propaganda sobre la salida de la crisis, que está al caer. No duran ni un telediario. Las noticias contrarias las desmienten. Bélgica expulsará a 300 españoles en paro por ser una carga para el Estado. Al margen de si esto es jurídicamente posible o no, el panorama pinta aun más negro si España no puede ya ni exportar parados, que es lo que produce mejor.

¡Maldita convención!

Al amparo de ella también se ha dado la noticia de que la ONU exige una política de Estado en relación con los crímenes del franquismo. Con esto, la izquierda se crece y las protestas arrecian.

Lo mejor es callarse y llamar a la policía. Lleva esta meses empleándose a fondo en una política represiva y encendiendo los ánimos de la población. El empleo de las fuerzas de orden público para proteger a unos políticos desprestigiados cuyos programas públicos están llenos de abucheos, broncas, pitidos, escraches, las órdenes que se dan a estas de hostigar a la población, retener arbitrariamente, identificar sin motivo y, llegado el caso -que siempre llega-, cargar sin contemplaciones, con creciente brutalidad, está provocando una fractura seria entre el gobierno y la población cada día más soliviantada y mostrando mayor rechazo, mayor repulsión hacia los gobernantes. Estos, soberbios como siempre, parafrasean a Calígula: que nos odien siempre que nos teman. Pero no olviden cómo terminó Calígula.