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jueves, 15 de noviembre de 2012

Después de la huelga, la manifestación.

La jornada de HG culminó con manifestaciones multitudinarias en muchas ciudades españolas que han permitido visualizar mejor el grado de oposición e indignación suscitado por la política injusta, clasista e inhumana del gobierno. En bastantes lugares se dice que son las más concurridas que se hayan visto. No obstante, Cifuentes, la gobernadora de Madrid, calcula la asistencia en la capital en 35.000 personas. De la falsedad de esta afirmación puede hacerse una idea cualquiera (incluida Cifuentes) que eche una ojeada a esta magnífica foto de Álvaro García en El País, que ha corrido por la red mundial como la pólvora. 35.000 hubo en Santander y en Valladolid. En Madrid, diez veces más.
Ese intento absurdo del gobierno por negar los hechos a la vista de todos prueba el nerviosismo de las autoridades por el aumento de la oposición y la resistencia populares a sus políticas. Un miedo que lo ha llevado a pedir y lograr una improvisada comparecencia del comisario europeo competente en la materia, Olli Rehn, a decir que no se pedirán más ajustes a España. Confía el gobierno en que los españoles otorguen más crédito a Rehn del que le conceden a él. Pero es inútil. Todos saben que Rehn miente tanto como Rajoy. Que se lo pregunten a los griegos.
En la calle, las órdenes de la policía han sido similares: a palos con los manifestantes al menor pretexto y hasta sin pretexto. Hay que escarmentar a la díscola población autóctona y mostrar a los alemanes que se está dispuesto a hacer lo que sea por cumplir sus órdenes. Así que la represión se ha extremado. La odiosa práctica de enviar agentes provocadores ("infiltrados" los llaman cuando son delincuentes de hecho) se ha generalizado en Madrid y en Barcelona. En la ciudad condal, la actuación de los Mossos ha sido especialmente brutal, con pelotas de goma a voleo y agresiones a menores de edad. Seguramente la Generalitat quiere demostrar a sus votantes que sabrá machacar a la población en una Cataluña independiente y que Madrid no ostenta el monopolio de la barbarie.
Aunque lucha con denuedo por mantenerlo. En la capital se habían preparado para los peores supuestos, como se prueba por la ostentosa presencia de policía montada frente a las Cortes. Fue tanto el hostigamiento y tanta la agresividad de las llamadas fuerzas del orden que, al final de la jornada, en Atocha y Santa María de la Cabeza se pasó a mayores con barricadas incendiadas y sedes de bancos reventadas.
Así que, a tono con las declaraciones de la directora general de la policía, Díaz, el gobierno considera "normal" una jornada de huelga general que ha paralizado buena parte del país, ha sacado a cientos de miles de ciudadan@s a las calles y ha dejado un reguero de detenid@s, herid@s y destrozos urbanos de consideración. El día en que el gobierno considere que la situación es "anormal" será preciso guarecerse en los refugios.
Esa costumbre de informar sobre la realidad negándola es la práctica de una actitud consistente en gobernar de acuerdo con una doctrina, la neoliberal, y como agente y brazo ejecutor de decisiones que se toman en otras latitudes. De ahí que Rajoy haya dicho ya que mantendrá el rumbo y no habrá cambios. Los sindicatos siguen pidiendo un referéndum, pero esa no es una actitud muy inteligente. En primer lugar es muy difícil hacer un referéndum sobre algo tan complejo como una política económica ("los ajustes") en su conjunto y, por tanto, sería en realidad un plebiscito sobre Rajoy, lo cual no nos llevaría muy lejos. En segundo lugar, en caso de ser factible, el referéndum no resolvería nada pues no revelaría alternativa alguna a las políticas que se condenaran. Salvo que sirviera para convocar elecciones anticipadas. Pero, en ese supuesto, ¿por qué no empezar por ahí y pedirlas? Razones sobran: Rajoy ha tomado medidas que nada tienen que ver con el programa con que ganó las elecciones. Fue, por tanto, una victoria fraudulenta que deslegitima al gobierno. En tercer y último lugar, las movilizaciones sociales son el único lenguaje que entiende este gobierno, cuya política parlamentaria es inexistente y coinciden con un derecho de la ciudadanía, el de manifestación. Así que eso es lo conveniente: mantener la protesta extraparlamentaria siempre dentro de los límites de la no violencia y, si acaso, la desobediencia civil que es, por definición, pacífica. Para forzar al gobierno a negociar. Igual que ya lo hace con los empresarios, con los banqueros, la iglesia y las instituciones financieras internacionales, que lo haga con la oposición parlamentaria en primer lugar, con los sindicatos y con la extraparlamentaria en segundo, incluida la comunidad de internautas, coordinada en las redes sociales. 
Eso sería lo democrático en lugar de este trágala neoliberal y nacional-católico impuesto a palos en las calles.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Balance (provisional) de la huelga.

Esta huelga general ha sido un exitazo por dos razones:
a) si, con todo lo que está pasando, con cerca de seis millones de parados, más millones de trabajadores precarios, desprotección absoluta de los empleados, carencia de derechos, prepotencia del poder, violencia represiva cuasifascista de las autoridades de orden público, amenazas sin parar de los gobernantes, empleo de agentes provocadores o sea, de delincuentes, para criminalizar a la oposición, chantaje, cerrada campaña de mentiras e insultos de los propagandistas a sueldo (altísimo) de los gobernantes; si, con todos los factores en contra, ha habido huelga -y qué huelga- el triunfo ha sido total.
b) Objetivamente hablando la jornada ha sido una de absoluta disrupción de la vida cotidiana del país: todos los puertos de mar, cerrados; la industria, parada; los europuertos, a menos del 50% (700 vuelos cancelados en el de Barajas), el comercio a medio gas, cortes de tráfico en todas las capitales importantes de España, cargas policiales abusivas (bien claro ha quedado cómo los policías defienden los intereses del patrón, no de la gente), docenas de herid@s, detenid@s, etc.,  grandes centros de distribución (mercamadrid, mercamálaga, mercabarcelona, etc) cerrados a con alteraciones, disturbios en las cocheras de las grandes ciudades, grandes almacenes y bancos, blindados. Todo ello quiere decir que la huelga ha sido un éxito.
Cuando, frente a todo esto, el gobierno afirma que la situación es de normalidad hace lo único que sabe hacer: mentir y tomarnos a todos por idiotas, como lo es él. Trata de disimular esta mentira visible para quien se dé una vuelta por las calles de cualquier ciudad de España, falsificando datos y haciendo todo tipo de trampas. Por ejemplo, todos los organismos públicos, ayuntamientos, etc, han mantenido encendido el alumbrado público a plena luz del día con el fin de falsear los datos del consumo eléctrico, despilfarrando el dinero público en provecho propio. Es deir, robando, como hacen siempre. Eso es lo único que este gobierno hace bien: mentir, engañar, falsificar la realidad. A ello le ayuda la tropa de propagandistas a sueldo (muchos chupando del erario público o pura mamandurria de las que Aguirre reparte entre sus client@s si son fieles, aunque no tengan el graduado escolar) encargados de atacar la huelga y seguir mintiendo sobre ella, sus perr@s mediátic@s.
Ese monumento a la mentira y la ineptitud que es Rajoy ya ha hecho saber que no piensa variar un ápice su desatentada política y el amigo De Guindos ha dicho la habitual sinsorgada del gobernante tiránico: mi política es la única posible. Con todo, está claro que dos huelgas generales en un año han dejado tocado del ala al registrador de la propiedad y que la guerra interna en su partido para tratar de sustituirlo por alguien que sepa lo que hace antes de que el país se hunda del todo ha comenzado.
Ahora estamos en las manifas porque la cosa no ha terminado todavía. Seguiremos hablando.
Salud.

martes, 13 de noviembre de 2012

A la huelga general.

Tod@s: l@s trabajador@s, las mujeres, l@s estudiantes, l@s homosexuales, l@s inmigrantes, l@s funcionari@s, l@s am@s de casa, l@s policías, l@s profesore@, l@s bomber@s, l@s militares, l@s autónom@s, l@s artistas, l@s curas, l@s campesin@s, l@s médic@s, l@s enferm@s, l@s diputad@s, todos. Que no quede nadie. Que nadie vaya a trabajar. Somos el 99% y hay que parar el país. Que nadie compre nada, ni consuma.

Contra un gobierno enemigo de la gente, contra los recortes, el robo, la corrupción, el caciquismo, la prepotencia, la represión, la chulería, el enchufismo, la negación de derechos, la opresión, la estafa, el despotismo, el autoritarismo, la pedantería, el beaterío, el autoritarismo, la demagogia, la mentira, el machismo, la homofobia, la xenofobia, la ineptitud, los privilegios, el clasismo, el centralismo, el abuso, las privatizaciones.

Por nuestros derechos y los de nuestros hijos, por la justicia social, el empleo digno, el derecho al trabajo, a la educación, a la sanidad, a la vivienda, por la igualdad de trato y salario, por los cuidados a los dependientes, por la libertad de las mujeres para decidir, la libertad de los pueblos para autodeterminarse, por el derecho a una vejez tranquila, el derecho a la pensión, por el derecho de sindicación, la libertad de cátedra, la libertad de expresión, el derecho a la información, el control de los poderes públicos, por la solidaridad, la libertad de circulación , la dignidad de los seres humanos, la separación de la iglesia y el Estado. 

Hoy es un día grande.

La casa o la nación.

La recién comenzada campaña electoral catalana gira en torno a dos puntos: la crisis y el nacionalismo catalán convertido al independentismo.
Entre los dos se ha colado la huelga general de mañana que tiene los ánimos bastante caldeados pero que es un hecho transitorio. El día 15 se hará recuento (diametralmente opuesto el del gobierno al de los sindicatos) y se plantearán unas medidas. Y, enseguida, de vuelta a las elecciones catalanas.
La crisis. Una de las acusaciones más frecuentes a los gobiernos español y catalán es que se han encrespado en el corral a cuenta de la independencia para ocultar ambos sus nefastas políticas de recortes, reducciones, cierres. Quizá sí. Pero no les sale. La crisis está presente en primerísimo plano a través del problema de los desahucios que son consecuencia directa de aquella. Es decir, no se habla de crisis ni se blanden términos casi extraterrestres, como prima de riesgo. Se habla -y se oye, se ve, se palpa- el drama humano concreto, en tu escalera, en tu acera, en tu barrio, en tu ciudad, familias enteras a la calle con sus enseres y sin tener a dónde ir. Es la crisis, pero la crisis en su rostro humano, de impacto directo, con suicidios. Algo que ha obligado a los dos partidos mayoritarios a hacer como que hacen algo. Obliga a la acción. Por fortuna parece que son los bancos quienes han acordado la moratoria que los señores legisladores no han tenido en valor de imponerles. Lo cual recuerda el espectáculo de los ricos pidiendo que les suban los impuestos. Una vergüenza.
Pero, además de mover a la acción, esta prueba tener un aspecto teórico que debe subrayarse. El fracaso rotundo de la ideología neoliberal. Dejado el sistema, el mercado, a sí mismo, lleva a la injusticia, a la miseria y, probablemente, a un estallido social, como el que se apunta en un país en donde el sindicato de policía ya dice a sus afiliados que no ejecuten los desahucios y vecino a otro, Portugal, en donde los militares avisan al gobierno de que no cuente con ellos para reprimir al pueblo. ¡Hasta los bancos comprenden que hay que intervenir en el mercado antes de que todo se vaya al garete! El integrismo neoliberal debiera reflexionar sobre esta cuestión en lugar de seguir arrimando la tea a la yesca.
Independentismo. Pues claro que Mas está obligado a envolverse en la cuatribarrada y a sacar a su pueblo del yugo hispánico. Ha olido que es lo que va a darle más votos. Un debate sobre su gestión en política económica no le sería beneficioso y el hombre se presenta a ganar las elecciones, no a perderlas. La invocación a la nación tiene siempre algo profundo, casi telúrico, muy simbólico y tiende a hacer tabla rasa de las otras diferencias que separan a las gentes en ricos y pobres, creyentes y no creyentes, de izquierdas y de derechas. !Catalans -diría el Marqués de Sade- encore un effort si vous voulez être républicains!. Aunque me temo que, si los catalanes se sacuden la Corona, la sombra del altar seguirá siendo muy larga. En todo caso, Mas tiene que aunar los tonos mesiánicos con el posibilismo más práctico y ramplón. Que no lo acusen solo de loco incendiario. Además, piénsese bien, los trémolos nacionalistas del president estarán justificados tanto si gana, para exigir lo más como si pierde, para exigir lo menos. Pero siempre para exigir. Se acabó el tiempo de la Cataluña dócil.
Los nacionalistas españoles, el PP y el PSOE coinciden en tirar contra Mas por inoportuno, boicoteador, iluso, visionario, Moisés, caudillo, hipernacionalista y qué sé yo. Van al ataque frontal, entran al trapo, exactamente lo que Mas quiere para presentarse como el San Sebastián que recibe los flechazos con que las huestes castellanas pretenden sojuzgar el orgulloso principado. Ninguno de los dos habla de autodeterminación. No parecen haber escuchado siquiera el término. Si acaso se especula con que un hipotético referéndum sería referido al Tribunal Constitucional y aquí paz y después gloria.
Por fortuna en Cataluña está el PSC que, con bastante más juicio que la dirección federal, quiere ser el puente de unión entre los dos nacionalismos. Postula el referéndum de autodeterminación y (es de suponer) respetará su resultado, pero se declara partidario del mantenimiento de España. Esa es exactamente la posición de Palinuro que es un nacionalista español demócrata pues reconoce el derecho de autodeterminación de las demás naciones, pero aboga decididamente por el mantenimiento de la nación española en su actual configuración. Palinuro entiende que es mejor pertenecer a una nación a la que todos sus componentes son leales que a una que obliga a otras naciones a aceptar su dominio.
Una actitud tan abierta, moderada y sensata debiera garantizar un fuerte apoyo electoral al PSC. Pero las cosas son como son y se le pronostica poco menos que el hundimiento. Parece como si se diera una polarización social, bloque catalanista contra bloque españolista. A esta situación de enfrentamiento se llega gracias a las actitudes intransigentes de la derecha española que suele llevar en el furgón de cola al PSOE, temeroso de enemistarse al electorado españolista. Esta hostilidad provoca la natural reacción defensiva de cerrar filas en torno al portaseñera. Si se quiere un ejemplo de lo mal que se pueden hacer las cosas, tómese el reciente propósito del ministro de Cultura de españolizar a los niños catalanes y mírese con ojos catalanes leales a España: Ostis, tú, que dice el ministro que no somos españoles. ¿Pues qué somos?

lunes, 12 de noviembre de 2012

La huelga general y sus detractores.

Casi seguro la huelga general del 14N será un éxito porque las circunstancias generales del país empujan a ello. Son los recortes, los desahucios, las estafas, los suicidios, las huelgas de hambre, la corrupción, los privilegios, las privatizaciones, los expolios, las malversaciones, los embustes, la demagogia, la codicia, el cinismo, el enchufismo, el caciquismo, la arrogancia, la corrupción, la represión, etc los que han cebado esta situación explosiva. Es un gobierno que lleva un año imponiendo medidas de ajuste que producen los efectos contrarios a los supuestamente pretendidos. Un año incumpliendo sistemáticamente su programa electoral y gobernando de espaldas al Parlamento por el que Rajoy prácticamente no se deja ver y en el que actúa como una apisonadora la mayoría absoluta del PP.
Todo eso explica por qué esta huelga parece contar con un apoyo masivo, mucho mayor del que tuvieron las anteriores. Sin duda por esto también han comenzado a batir el cobre en el otro lado de la trinchera, atacando la huelga. Juan Rosell, el jefe de la CEOE, considera que la huelga "política" del 14N es una barbaridad. A Rosell la inquina a la huelga le viene de atrás. Con motivo de la reforma laboral de Rajoy pedia completar la faena regulando el derecho de huelga. Regular, ya se sabe, como modular en la terminología de la gobernadora Cifuentes, esto es, restringiendo el derecho o suprimiéndolo. Y lo que más parece molestar a Rosell es su carácter político. A ese dato se aferra Esperanza Aguirre para sostener en su blog que la huelga general debiera estar prohibida, al hecho de que sea una huelga política. No deja de tener gracia que una política considere que el que algo sea político lo hace ilegal.
Argumenta Aguirre, con lógica aplastante que, al no haberse dado cumplimiento al mandato constitucional de regular por ley el derecho de huelga, sigue en vigor el Decreto-ley de 4 de marzo de 1977 que lo contempla y que en su primer párrafo declara ilegal la huelga cuando se inicie o sostenga por motivos políticos o con cualquier otra finalidad ajena al interés profesional de los trabajadores afectados. Lo cual está muy bien. Pero olvida Aguirre que la Constitución trae una clásula derogatoria que deja sin efecto toda norma anterior que se oponga a lo que ella (la Constitución, no Aguirre) disponga, por lo cual, ese Decreto-ley no es de aplicación y el derecho de huelga -reconocido en la Constitución- se ejerce en un vacío legal.
El adjetivo política no tiene por qué suponer un falseamiento de una relación laboral. Cabe debatir sobre el alcance del término política aplicado a la huelga. Una visión estrecha califica de tal toda movilización que no tenga una causa inmediata de conflicto laboral concreto. Sin embargo, el carácter de general de la huelga desmiente este punto y ron razón. El gobierno actúa claramente en interés de la patronal y frente a los trabajadores, hasta tal punto que cabe aplicar al Estado la famosa definición marxista de que se trata del comité que gestiona los asuntos de la burguesía. Es el gobierno el que está menoscabando los derechos de los trabajadores, condenándolos al despido gratuito, eliminando la contratación colectiva. Lo hace en beneficio de los empresarios y en contra de los intereses de los trabajadores de forma que, cuando estos van a una huelga general y la hacen en contra del gobierno, están defendiendo clarísimamente sus condiciones laborales, sus intereses profesionales. La huelga será política pero no ilegal. Lo que es ilegal, es decir, anticonstitucional, es el Decreto-ley de 1977 que Aguirre quiere que se aplique con el fin de seguir acorralando a los trabajadores y, en el fondo, al conjunto de los asalariados.
(La imagen es una foto de Esperanza Aguirre, bajo licencia Creative Commons).

sábado, 10 de noviembre de 2012

Reflexión sobre El País

Palinuro tuvo siempre una relación difícil y ambigua con El País; una relación con altibajos, momentos de colaboración, de amor, de distanciamiento, de frialdad, de enemistad, de todo. A veces era el diario el que pedía la colaboración; a veces era el propio Palinuro el que la ofrecía. Pero nunca hubo un trato fluido y duradero sino que siempre se interrumpía abruptamente. Unas veces era el periódico el que cortaba; otras, era Palinuro quien interrumpía. Ignoro qué razones tuviera el diario para su negativa. Sí sé en cambio las de Palinuro para la suya: la prepotencia (o lo que Palinuro juzgaba prepotencia) de El País, una actitud de insoportable superioridad moral, de permanente aleccionamiento, de hinchada soberbia. Algo así como "somos l@s únic@s civilizad@s y cult@s en este país de brut@s; somos demócratas y tolerantes en la patria del autoritarismo y la intolerancia; somos l@s mejores, l@s de nivel europeo en la tierra de la garrulería africana". Siempre atribuí ese insoportable complejo de alzarse como conciencia ética de España a la altanería, al engreimiento de Cebrián, y no se me escapaba que esa actitud impregnaba en gran medida el comportamiento de much@s mediocres de que el periodista había tenido la habilidad de rodearse y que son los que, al final, se han cargado el producto. Mediocres. Por supuesto, no tod@s pero sí, la mayoría de aquell@s con los que Palinuro tuvo que tratar. Por supuesto, en los años en que vivía Polanco, Cebrián, cuya única habilidad real ha sido ganarse la voluntad del empresario santanderino (tan buen negociante como mal conocedor de los seres humanos), era el gran muñidor. Sobre él recaía parte del poder que irradiaba Polanco y enfrentarse a él era muy peligroso. Tanto que prácticamente nadie lo hacía. Y mucho menos lo dejaba por escrito, como hizo Palinuro en alguna ocasión. Muy peligroso. Se te cerraban puertas y la gente que, en secreto, coincidía contigo, en público lo negaba y nadie te daba cuartel.
Ahora ya está claro, ¿verdad? De superioridad ética, nada; de tolerancia, menos. De comprensión y comportamiento decente con l@s trabajador@s, menos que nada. El ERE del diario ha puesto ya en evidencia a los ojos de todo el mundo de qué pasta está hecho el personaje y qué juicio merece su gestión. Tras haber llevado Prisa -la empresa de Polanco- a la ruina por su incompetencia, aplica la vía más dura, inhumana de la reforma laboral para expulsar asalariad@s y aduce además razones (están "viej@s"; son muy "car@s") inmorales para dichas por un menda que tiene 64 años y se lleva a casa un millón de euros mensuales. Un millón de euros mensuales en una empresa prácticamente en quiebra. Debe de ser el mayor ejemplo de falta de principios éticos de los últimos años; la mayor vergüenza; o, mejor, la mayor desvergüenza.
Lo siento por tod@s aquell@s que, de buena fe, tenían El País por un referente de comportamiento humano, ético, democrático, progresista, tolerante. Bien claro ha quedado ya: la misma ñorda de las empresas capitalistas de siempre bajo el mando de un incompetente movido por la ciega codicia y que hace pagar a l@s trabajador@s las consecuencias de los desastres que organiza.
Pero, ¿qué esperaban? Todo en el personaje era impostura: no solamente no era buen gestor (como es hoy patente) sino que tampoco era progresista ni nada de lo que decía ser. Sin duda es académico; pero no por sus méritos reales, pues no tiene ninguno, sino por su capacidad para la intriga. Igualmente está a la vista su bajísimo nivel como escritor, articulista, ensayista y novelista. Basta con hojear sus insufribles productos. Pero parecía otra cosa porque, dado el poder de que disfrutaba vicariamente, casi nadie se atrevía a decir lo que hoy tod@s ven con meridiana claridad. No solo no se atrevía nadie sino que todo el mundo le bailaba el agua, hablaba maravillas de su inexistente talento y hasta le hacían críticas aduladoras y sonrojantes a sus escritos, críticas compradas al miedo y que hoy pudren las páginas de El País. ¿Acaso no se rodó una plúmbea película con ayudas oficiales sobre la novela que perpetró, La rusa? Y así todo. Así pasó por ser alguien intelectualmente quien, sin ser nadie, prosperó a la sombra de una empresa que otro puso en marcha con su esfuerzo, solo para hundirla en lo económico y dejarla al descubierto como un lamentable embuste. El último de la transición.
Toda la solidaridad de Palinuro con la redacción. Ninguna con el manojo de mediocres que ha medrado a la sombra de un hombre capaz de decir que un millón de euros de una empresa que está en la práctica ruina es "un sueldo dentro del mercado"; mediocres que tampoco se atreven a revelar en público en las asambleas de trabajador@s a l@s que van a despedir y rebajar el sueldo, a cuánto alcanzan los suyos. 
(La imagen es una foto de micora , bajo licencia Creative Commons).

martes, 6 de noviembre de 2012

Solidaridad con El País

Es decir, solidaridad con los trabajadores de El País, que son quienes personifican hoy los valores e ideales que el periódico representó durante años, en lucha con una dirección, tanto empresarial como periodística, que ha demostrado un comportamiento detestable no ya solamente en lo social y económico sino también en lo moral.
Las consideraciones empresariales y de cuenta de resultados están teñidas por los efectos de la crisis conjuntamente con las decisiones aparentemente erróneas que se han tomado en los últimos años y han llevado a la empresa Prisa a una situación límite. Pero es muy dificil desentrañarlas a causa de la actitud intransigente de la dirección que, probablememente por presiones de sus socios extranjeros, no admite alternativa alguna a su drástico plan de ajuste, hecho en las condiciones leoninas que permite la última reforma laboral del PP.
No obstante, lo más escandaloso de toda la peripecia quizá sea la actitud adoptada por la dirección y, en especial, su máximo responsable, Juan Luis Cebrián. Ninguna persona con un mínimo de decencia puede admitir las consideraciones que Cebrián, que tiene autoasignados unos ingresos de un millón de euros al mes, hace a la redacción. Afirmaciones como que los mayores de 50 años están viejos y sobran (cuando él tiene 64) o de que no podemos seguir viviendo tan bien, verdaderamente indican una sensibilidad moral similar a la de un guijarro, cuando no una prepotencia y un desprecio por la gente que supera lo decible.
La dirección actual de El País país, su cargos directivos (que, por cierto, parecen ser tantos como los trabajadores), unas gentes que no se atreven a declarar en público sus ingresos, han destrozado su espíritu originario y han hecho añicos la ilusion de una tradición. Entre los lectores esto caerá como un terremoto y en el suelo quedará la antorcha de un periódico democrático, liberal, progresista y de calidad. Salvo que los trabajadores consigan con su lucha que el diario enderece su rumbo. Ojalá.
El haberse planteado el conflicto en esos términos morales en los que la plantilla lucha contra la injusticia más obvia alimentada por la codicia, ha llamado a la conciencia de sus más ilustres colaboradores que han formado una especie de frente del "no", situándose del lado de los trabajadores, cosa que los honra y merece el aplauso de la gente de principios.
Y para aplauso, el que se merece Santos Juliá, quien ha causado baja como columnista en el diario con toda dignidad y gallardía. Hay cosas por las que una persona cabal no puede pasar. Y Santos ha demostrado ser una persona cabal.
Por último, en apoyo a la huelga de los trabajadores del periódico, se nos pide que tampoco visitemos su web. Palinuro no la visitará.

sábado, 3 de noviembre de 2012

De mal en peor

Ese conflicto de El País es el toque de difuntos de cierta izquierda bien aisée intelectual española, especialmente madrileña con ribetes cataláunicos. También es la confesión del fracaso de un proyecto que, sin estar enteramente definido, daba la impresión de que había una forma distinta de hacer las cosas. Que una empresa podía ser de calidad, competitiva en el mercado y, al mismo tiempo jugar limpio con los trabajadores. Un alto nivel de exigencia interno, tanto en lo administrativo y laboral como en lo redaccional, facultaba moralmente al periódico para actuar como una especie de conciencia moral del país, con un estilo liberal, democrático, constitucionalista y con un toque progresista.
El disgusto que pueda llevarse la izquierda paisana es cosa que solo a ella compete y, desde luego, dará casuística abundante. Ya lo hace. Lo gordo, lo dramático, está en la ruptura de aquella imagen, de aquella legimitimidad. La empresa de El País, Prisa, como todas las empresas que han provocado esta crisis, iba a la maximización de beneficios revertidos luego en desorbitados salarios y bonificaciones de sus directivos que, al parecer, eran tantos como trabajadores de a pie o de redacción. Gente que se niega a revelar a la plantilla la cuantía de sus remuneraciones. Gente cuyos viajes -el costo de cuyos viajes- equivale al de todos los realizados por necesidades del servicio. Gente que absorbe el dinero que el diario hubiera debido destinar a renovarse y reforzar su producto en las redes. Una empresa, por fin, que rechaza negociar con los trabajadores condiciones aceptables para la mayoría e insiste en el despido de centenar y medio de ellos, muy probablemente porque está obedeciendo órdenes de los inversores extranjeros en cuyas manos se ha puesto.
Ha sido la codicia la que ha destruido El País, la codicia más descarnada que, evidentemente, trastorna el juicio moral, incluso el juicio a secas. ¿Qué justificación sobre la tierra puede tener que Cebrián, de sesenta y cuatro años y un millón de euros de ganancia al mes, diga a la plantilla de su periódico que los mayores de cincuenta están muy viejos? Los mayores de cincuenta años no están viejos -o no más que los de sesenta y cuatro- pero sí cobran cuatro veces lo que la empresa puede conseguir por la cuarta parte, incluso con la promesa de la cuarta parte a un becario. ¿Y la calidad? Protestan los cincuentones. ¿La calidad? Pero tú, ¿de qué vas? ¿A quien le importa la calidad hoy? Venga, marchando con indenminación de veinte días por año trabajado y doce meses de tope, no vaya a desbordarse el Manzanares.
Qué vergüenza, amig@s, qué vergüenza.

jueves, 18 de octubre de 2012

Sin problema.

Supongo que Frau Merkel no sabe jugar al mus. Supongo también que Rajoy, sí. Lleva con un órdago a la chica desde que comenzó su mandato. Si no conoce el mus, Merkel sabrá jugar al poker, que se le parece o lo habrá visto en alguna película de Steve McQueen y pensará que el otro va de farol, como probablemente sucede. Claro que también pueden estar jugando en complicidad oculta. Son los alemanes los que juegan a que Rajoy no pida el rescate al que le empujan el FMI, las agencias de calificación, los misteriosos mercados, los empresarios y banqueros españoles y algún primo que tenga por ahí.
Muy bien, sin problema, ha declarado el presidente del gobierno después de verse con Merkel y en espera de lo que hoy se acuerde en Bruselas. Hay, pues, completa, coincidencia en que el rescate puede esperar, mientras se lanzan miradas de reojo a la prima de riesgo y Moody's o Standard & Poor's enseñan los colmillos.
No hay problema, no, porque los problemas los tiene Rajoy en casa y, además, en los dos órdenes tradicionales en que siempre se dan, el social y el nacional.
En lo social, los sindicatos han fijado huelga general para el 14 de noviembre en acción, al parecer, coordinada con otras en Portugal y Grecia, una especie de frente internacional de clase. Nos espera poco menos de un mes de auténtica traca, con declaraciones explosivas de las autoridades, campañas mediáticas, amenazas patronales y presiones de todo tipo. Es de esperar que el frenesí represivo del gobierno, con la reforma relámpago del Código Penal y las innovaciones interpretativas de las autoridades encargadas del orden público, no provoque mayor tensión ni lleve a situaciones de violencia. Pero tiene toda la pinta. El gobierno y su jerarquía de cargos tienen una filosofía autoritaria que no les deja ver las dimensiones de un problema social y político muy profundo en España y les induce a considerarlo meramente como una cuestión de orden público para lo cual el único tratamiento es la represión y la cárcel, nuevos delitos, mayores penas. Así no vamos a ninguna parte.
En lo nacional también hay un problema serio. El nacionalismo burgués, tanto el catalán como el vasco andan jugando con la independencia, poniendo muy nervioso al nacionalismo español. El nacionalismo español que es un constructo mágico según el cual los nacionalistas son siempre los otros; él, no. Es un nacionalismo patafísico que empieza por negarse y sigue acusando a los demás de ser lo que él es al tiempo que les impide serlo. De todas las intemperancias y los exabruptos de este nacionalismo español en los últimos días, el más notable, como cabía esperar, es el de Esperanza Aguirre, para quien España es una gran nación con 3.000 años de historia. 3000 años, hala, ¿a qué quedarnos cortos? Los tartesios ya eran españoles de pura cepa. ¡Qué! Unos modernos. ¿Qué tal los de Altamira? Además dibujaban toros, o algo parecido, símbolos inmarcesibles de la cultura hispánica.
Añade Aguirre que eso de los 3.000 años deben saberlo los niños en las escuelas, en donde deben aprender historia de verdad y no la que se inventan los nacionalistas. Ella no se inventa nada porque no es nacionalista, sino partidaria de la verdad en la historia y la primera verdad es que España es una nación con 3.000 años de historia. Seguramente esto es lo que Wert llama españolizar.
Pero no todo es esta astracanada. Cien intelectuales catalanes han firmado un manifiesto por el federalismo y en contra de la independencia porque, dicen, están muy a gusto siendo españoles y catalanes. Esta muy bien y es muy oportuna esta iniciativa sobre todo para que los catalanes no crean que el nacionalismo español sea solo cosa de matones de la falange y disparates de la derecha centralista menos evolucionada. También hay un nacionalismo español civilizado. Lo que ha de verse ahora es cuál sea su eficacia. Palinuro apoya asimismo la causa del mantenimiento de Cataluña y el País Vasco en el seno de España. Lo del federalismo es una posibilidad a la que suele recurrirse en momentos de crisis, pero no cabe olvidar que  tanto vascos como catalanes tienen derecho a decidir por sí mismos. Y este es el punto crucial del manifiesto federalista: ¿admiten los firmantes que su propuesta es una entre varias y respetan el derecho de autodeterminación de los vascos y los catalanes o no? Porque si es que no, lo del federalismo, incluso el asimétrico, tiene escasa perspectiva.

viernes, 30 de marzo de 2012

¿Y ahora, qué?

La huelga general de ayer fue un exitazo, kilowatio arriba, kilowatio abajo. Menos del 30 por ciento de trabajadores con puesto fijo, vaticinaba una semana antes El País, secundaría la huelga. Ya había desbarrado el diario majestuosamente otorgando a Javier Arenas una semana antes una rotunda victoria en Andalucía, en donde llegaría al 47 por ciento del voto y se alzaría con una holgadísima mayoría absoluta de 59 escaños. Por entonces Palinuro vaticinó que si El País atinaba en su pronóstico sobre la huelga como lo había hecho en Andalucía, aquella sería un éxito. Y lo ha sido, sin que pueda evitarlo la habitual prestidigitación de titulares de la prensa reaccionaria hablando de "fracaso sindical", como suelen hacer, con ese TBO a la cabeza que es El Mundo. También hablan de la supuesta violencia de los piquetes y otros relatos no menos fantásticos. Pero ninguno puede ocultar que la jornada de protesta, huelga con manifestación, tuvo un seguimiento abrumador. Hasta el gobierno, con la moral comida, habla de 800.000 manifestantes por la tarde. Si el cálculo lo hubiera hecho Aguirre serían 8.000, contando los policías.

Pero, éxito o no éxito, el poder político no piensa ceder a la presión social y/o sindical. Lo ha dicho por boca de esa inefable ministra de Trabajo cuyo rasgo principal es que jamás ha tenido relación laboral alguna salvo con su propio partido y con el Estado, pero no como funcionaria, sino como cargo público. Una ministra de Trabajo que carece de experiencia alguna teórica ni práctica de aquello sobre lo que habla y, además, puede decir cualquier cosa. Sostiene Báñez, por ejemplo, que no va a ceder en nada sustancial a la presión de la calle porque la drástica reforma laboral presentada tiene la aprobación del Congreso de los Diputados, en donde reside la soberanía nacional. De inmediato le han recordado que esa soberanía reside en el pueblo. Tampoco es tan grave. Seguramente Báñez quería decir que el Congreso es depositario de esa soberanía de origen popular. El caso es que la usa para no ceder en el obvio entendimiento de que una mayoría parlamentaria, algo transitorio y contingente, lo justifica prácticamente todo. Es la llamada tiranía de la mayoría, un peligro bien real y verosímil. Con un ejemplo se ve fácilmente: si mañana un Congreso con mayoría absoluta de izquierda decidiera confiscar la propiedad de los medios de producción, por ejemplo, ¿consideraría Báñez que sería algo justo por ser decisión del órgano depositario de la soberanía nacional? Seguramente, no. Entonces ¿por qué sí la medida que despoja a los trabajadores de sus derechos?

Terminada la huelga general, lo esencial es qué sucederá a partir de ahora. En la rueda de prensa del mediodía se darán a conocer las líneas de los presupestos de este año, ocultos hasta la fecha para no asustar al electorado andaluz. Parece que serán durísimos, que subirán impuestos, recortarán o congelarán salarios directos, reducirán multitud de salarios indirectos, suprimirán servicios públicos y, en general, echarán más gente del lado de la protesta de los sindicatos. Estos dan un plazo hasta el próximo 1º de mayo para negociar la reforma laboral, un ultimátum que el gobierno no aceptará y los sindicatos tendrán que intensificar su oposición. Pero ¿cómo?

En primer lugar es necesario que impugnen la reforma laboral en la vía judicial y en la constitucional, y que recurran a organismos internacionales, como la OIT, para tratar de detenerla o anularla. En cuanto a la acción directa los sindicatos seguramente mantendrán las movilizaciones, aunque con carácter sectorial, convocando huelgas allí donde la acción y el expolio del capitalismo neoliberal intensifique sus ataques.

Al mismo tempo Palinuro insiste en que la crisis actual es un fenómeno internacional, especialmente europeo y en que la acción para resolverla también debe ser europa. Lo piensa con respecto a la política de los partidos y también a la economía de los sindicatos. Los trabajadores europeos, a través de sus sindicatos, deben arbitrar una actitud de conjunto en la Unión Europea. Igual que la izquierda tiene que elaborar un programa común de la izquierda para Europa.

jueves, 29 de marzo de 2012

La huelga y lo que viene después.

A estas alturas del día 29 ya nadie niega que la huelga general ha sido un exitazo. Solo el gobierno y con la boca chica de una ministra de Trabajo que jamás ha trabajado en su vida y, por tanto, es una huelguista congénita. Tanto ella como sus pares no han hecho otra cosa que mentir. Mintieron para llegar al poder; mintieron para mantenerse en él y mienten a la hora de dar cuenta de la huelga. Mienten tanto que ya no se prestan crédito ni entre ellos mismos. Tanto y con tanta ruidad. A quien se le haya ocurrido la idea de mantener encendido el alumbrado público de día en las mayores ciudades con objeto de falsear los datos de consumo eléctrico deberían despedirlo y aplicarle las normas de la reciente reforma laboral. Es imposible ser más estúpido porque, con eso, solo consigue que todos den por hecho un descenso del consumo eléctrico superior al que realmente ha habido.
Hasta Esperanza Aguirre, a cuyo cargo corre por lo general la provocación chulesca de la aristócrata consorte, está callada como una maceta. Probablemente no se ha repuesto del susto de ver silenciada la máquina de agitación y propaganda que tiene en Telemadrid con el dinero de los contribuyentes. Los espectadores se libran por un día de la pesadilla de Isabel San Sebastián encizañando y sembrando odio desde el minarete público que monopoliza. Solo por esto ya merecía la pena hacer la huelga general.
Los meritorios de los medios de la derecha, los plumillas, los mercenarios están que echan las muelas porque la jornada es un éxito, la industria está parada, el comercio semicerrado por ausencia de compradores (la huelga de consumo ha sido éxito también), los servicios mínimos se cumplen y no hay incidentes. Es más, los únicos que se dan son los de los fachas agrediendo a los trabajadores de los piquetes o los empresarios apuñalando a las trabajadoras seguramente para fomentar el diálogo.
Porque también ha quedado clara la dinámica de la huelga en las relaciones privadas: sin duda, algunos piquetes se han excedido y ha habido ocasionales interferencias en el ejercicio del derecho al trabajo; pero nada comparado con la violencia estructural gallardoniana de los empresarios sobre los trabajadores a los que amenazan con el despido, de los ladradores mediáticos de la derecha, de las extralimitaciones policiales contra los huelguistas. De las coacciones, amenazas, embustes, provocaciones de todo tipo. Hablando de Gallardón: se ha lucido el centroderechista en el Congreso practicando el filibusterismo para alargar la sesión plenaria y tratar así de boicotear la huelga siguiendo las órdenes que le ha dado su jefe, probablemente el mismo que ha ordenado mantener encendido el alumbrado público.
Y hablando del Congreso, también se han lucido los diputados del PSOE haciendo de esquiroles. Su mala conciencia es patente y las pendejadas que dicen así lo prueba. En el colmo, además, de la anemia moral, resulta que el Congreso registraba hoy el mismo grado de inasistencia (¡al plenario!) que otros días. No solo no hacen la huelga sino que no hacen la no-huelga. O sea, no sirven para nada.
La huelga ha sido, está siendo y será (en la manifa de esta tarde) un éxito porque, por fin, ha cundido la indignación contra estos pájaros que gobiernan en nombre de los empresarios, quienes pretenden aprovechar la crisis para aniquilar todos los derechos de los trabajadores. Esa conciencia es hoy clarísima y la tiene todo el mundo y será el mecanismo que mueva a otras acciones posteriores. La unanimidad de la protesta es un factor extraordinario que no se ha valorado suficientemente. Por primera vez en muchos años la calle ha impuesto la unidad de acción de la izquierda, desde los sindicatos mayoritarios hasta los grupos más marginales. La adhesión del movimiento 15-M (bajo cuya denominación englobo sectores muy diversos todos ellos extraparlamentarios) da a la huelga una dimensión y una proyección muy eperanzadoras. Dado que el gobierno no tiene oposición en el Congreso, la tendrá en la calle. Y es, además, una oposición de alcance insospechado porque traspasará nuestras fronteras. Ya lo ha hecho, enlazando con el movimiento insurreccional magmático, espontáneo, anónimo que está cristalizando en todo el mundo occidental. Al final no será solo que Rajoy haya convocado esta huelga general, sino que ha puesto en marcha, gracias a su pavorosa ineptitud, una protesta más amplia.


Actualización a las 17:00 del día 29. La caída en el consumo real de electricidad para usos productivos es del 87'8% según los muy bien argumentados cálculos de Economistas frente a la crisis. Ya puede el gobierno seguir mintiendo con el microondas encendido todo el día en La Moncloa.


Y ahora nos vamos todos a las manifas, teniendo buen cuidado de apagar las luces antes de salir.
(La imagen es una foto de FuturePresent, bajo licencia de Creative Commons).

La huelga es un éxito.

Parece otro acierto del sondeo de Metroscopia de El País hace unos días, que vaticinaba un enteco seguimiento de la huelga general de un 30%. Ya el patinazo de las elecciones andaluzas incitaba a pensar que traducía un estado de ánimo distinto al registrado en las encuestas y que podría actuar como catalizador de otro más general, español.

Y puede que sea eso lo que ha pasado. Los medios han seguido la huelga (¡y cómo!) pero la información no se ha interrumpido porque iba y venía por las redes, especialmente twitter, en donde las cosas se saben antes de que hayan terminado de suceder. La huelga ha creado un clima de huelga. La primera señal llegó con la pantalla fija de Telemadrid. Los madrileños hemos entendido que el mundo sigue sin estar escuchando a todas horas las desagradables admoniciones de Aguirre y sin tener que compartir necesariamente sus volubles estados de ánimo.

Después vino un torrente de noticias: las fábricas de automóviles todas paradas; los servicios de basuras de 75 ciudades, parados; Mercamadrid, Mercasevilla, etc, cerrados. Por supuesto los medios de la derecha dirán que la vida corre como de costumbre. Pero los ciudadanos ven que no es así. TV1 y TV2 en servicios mínimos, el metro de Madrid en servicios mínimos. Eso no es normal. Cae el consumo eléctrico y tampoco es normal.

Hay piquetes en todas partes. Ha habido estallidos aislados de violencia. Curiosamente, los primeros han sido agresiones a los piquetes, no de los piquetes; agresiones a los huelguistas, algún policía de Extremadura que ha disparado una pelota de goma al aire porque se le había escapao o un empresario de Cantabria que, al parecer, ha apuñalado a una mujer de un piquete que, en fin, tampoco es algo que suceda todos los días.

A la derecha cabe admirar la portada de ayer de La Razón, a la que muchos llaman La Ración, que es un diario claramente de partido. Algo así como El socialista o La conquista del Estado. Es una pintoresca portada incendiaria que trata de echar a la patria encima de los huelguistas, con lo que estos ya sientan plaza de "antiespañoles", concepto muy socorrido de la derecha española desde los tiempos del Caudillo, español de pro. Por si fuera poco ser "antiespañol", los sindicatos son una especie de sabandijas que se nutren del fondo de reptiles. Este tremendismo injurioso es compatible con algo tan ridículo como estrafalario, esto es, pedir que se trabaje por España a un país con cinco millones de parados. Cuando el adversario se pone tan nervioso, la huelga es un éxito.

El gobierno ya ha dicho que no cambiará un ápice de la reforma laboral. Da por descontada la huelga y entiende que mantiene intacta su legitimidad, cosa irrelevante por entero porque nadie la cuestiona, lo que se cuestiona no es la legitimidad del gobierno sino su decisión de agredir por vía normativa a los sectores más débiles de la sociedad y a los trabajadores y de despojarlos de sus escasos derechos.

Por cierto, y para terminar, ¿pueden explicar los diputados del PSOE por qué no están en huelga? Quizá tengan sus razones, pero deberían exponerlas a un país que ha visto una huelga de jueces. Como imagino que no lo hacen por los haberes cesantes, supongo que aducen la razón de que los poderes del Estado no pueden ir a la huelga. No se ve por qué no, máxime si se recuerda que pueden dejar unos servicios mínimos, por ejemplo, la Diputación Permanente del Congreso o lo que quieran. Pero no se entiende que los diputados socialistas estén calentando los escaños cuando los dos sindicatos mayoritarios del país han llamado a huelga general. Y general quiere decir general.

(La imagen es una foto de gaelx, bajo licencia de Creative Commons)

Telemadrid en huelga.



Esta huelga va a ser un exitazo y se lo debemos... a los andaluces.


domingo, 18 de marzo de 2012

En busca de esclavos.

Y este Juan Rosell era el que substituyó al presunto ladrón Díaz Ferrán al frente de la CEOE, el catalán presidente de Fomento del Trabajo Nacional y, según rumores, un "liberal". Pues sí, liberal al estilo de Franco que es el que les va a todos los empresarios y por el que suspiran, cuando tenían a su merced a los trabajadores que carecían de todos los derechos.

Ahora quieren hacer lo mismo aprovechando la crisis económica que siempre debilita considerablemente a los trabajadores. Les bajan los salarios, les aumentan las jornadas, pueden despedirlos cuando les dé la gana, los contratan como les place y cuando les place, los someten a condiciones indignas, no se cuidan de los accidentes laborales y pretenden privarlos del derecho de huelga que es la única arma legal con que los asalariados pueden defender sus exiguos derechos. No les basta con impedir su libre ejercicio, con presionar, amenazar a quienes vayan a la huelga, haciéndolos objeto de todo tipo de coacciones y chantajes. Quieren suprimir el derecho de un plumazo. Cuentan para ello con un gobierno cuya única finalidad es favorecer a la patronal en su propósito de restablecer la esclavitud.

Invocan el país, los intereses generales, los derechos de terceros, los servicios públicos. Cualquier cosa con tal de no decir la verdad: que lo que les fastidia es que paren sus empresas y ellos dejen de lucrarse durante 24 horas. Lo único que moviliza a los patronos: el dinero. La expresión de este menda lo dice todo: "un grupito no puede paralizar el país". Se refiere a los millones de huelguistas el muy cínico, no al verdadero "grupito", el de los empresarios, que es el que tiene parado el país desde hace cuatro años, con cinco millones de parados. Ese es un "grupito" dañino. Porque el paro es la forma del terrorismo que ejercen los empresarios.

lunes, 12 de marzo de 2012

Curso de confrontación.

La manifa de ayer fue un éxito. Los sindicatos calcularon millón y medio de asistentes en toda España, 500.000 solo en Madrid. La policía municipal dio la cantidad de 30.000; pero ya se sabe que, a la hora de calcular asistencias a manifas, la policía pregunta antes a la autoridad. Los 30.000 deben de ser el cálculo de Ana Botella que aún no está muy ducha en estas cosas. Si hubieran preguntado a Esperanza Aguirre probablemente esta hubiera mostrado su sorpresa: "¿asistentes a la manifestación? ¿Qué manifestación?".

Los sindicatos, las asociaciones de estudiantes, el 15-M, todos sacaron mucha gente a la calle a protestar por la política/trágala del gobierno que es el mayor ataque a los derechos de los trabajadores que se haya hecho en democracia. Y tiene razón Méndez cuando dice que esta reforma destruye el derecho del trabajo para toda la vida. Era importante que fuera un éxito y lo ha sido también como preparación de la ya convocada huelga general del próximo 29 de marzo. Los medios de la derecha, los empresarios, el gobierno, se han lanzado a una carrera por deslegitimarla y torpedearla: es inútil, es dañina, es antiespañola, la mueve el PSOE. Solo falta que salgan los obispos diciendo que es anticristiana.

Es obvio que, debidamente asesorado por la patronal, Rajoy pretende pasar a la historia como el presidente que venció a los sindicatos y desmontó la protección jurídica de los trabajadores. Aprovechando la crisis económica y la debilidad de estos que, con cinco millones de parados no están en una posición de fuerza negociadora, se pretenden ventilar las relaciones laborales en el ámbito del libre mercado, bajo la superchería de la igualdad entre trabajador y empresario. Por ello el gobierno se ha negado a negociar nada, ha impuesto la reforma por decreto-ley, no está dispuesto a considerar la oposición de los sindicatos ni piensa hacer cambios en la reforma. Quiere la confrontación.

Desde el punto de vista teórico, la actitud del gobierno y la patronal es atacar la base misma del Estado del bienestar que descansa sobre la desmercantilización de las relaciones laborales. Para los teóricos del Estado del bienestar está claro que no cabe tratar la fuerza de trabajo como una mercancía más. Y por eso se desarrolló un sistema de normas jurídicas para protegerlo. Eso es lo que ahora se quiere echar por la borda. Hay dudas razonables de que esta reforma sea siquiera constitucional y, desde luego, será recurrida. Pero, en todo caso, es muy agresiva y, de imponerse, dará lugar a una sociedad dividida, enfrentada, con una mayoría de trabajadores sometidos a condiciones más duras de explotación: salarios bajos, largas jornadas e inseguridad en el empleo.

Desde el punto de vista práctico da la impresión de que Rajoy quiere dar ejemplo de dureza y de cómo se controla la situación para mejorar la imagen de España, país cumplidor de sus obligaciones, al coste que sea. De ese modo espera que los mercados en general y Frau Merkel en particular le perdonen la osadía de no cumplir el límite del déficit en un 4,4%. Pero también es posible que la provocación del gobierno de acuerdo con la patronal no triunfe sino que el conflicto se enquiste y haya una situación de incertidumbre. En ese caso, Rajoy no solo perdería los apoyos con los que cree contar sino que los mercados se ensañarían con España y la empujarían hacia el rescate en un modelo griego.

Por eso, igual que la manifa de ayer, la huelga general del 29 tiene que ser un éxito de forma que, aunque no quiera, el gobierno tenga que recapacitar.

domingo, 11 de marzo de 2012

Hoy, manifestación; el 29, huelga general.

Las manifestaciones convocadas por los sindicatos para hoy en contra de los recortes sirven en sí mismas como reacción de protesta contra las decisiones de un gobierno que, sobre incumplir todas sus promesas electorales, descarga la totalidad de los sacrificios sobre los sectores más desfavorecidos de la sociedad que ya llevan mucho sufrido desde el comienzo de la crisis. Pero también servirán para calibrar las posibilidades de éxito de la ya convocada huelga general del próximo 29 de marzo.

La manifa y la huelga son dos formas de oposición a una política del gobierno que puede calificarse de ataque en toda línea a los restos de lo que durante años ha venido constituyéndose como un bloque de garantías jurídicas de los trabajadores. De un plumazo, mediante un decreto-ley que en realidad es un trágala, se pretenden aniquilar todas las conquistas laborales y sociales de los últimos cien años. Es un intento de depojar de sus derechos a los trabajadores, dejándolos a merced de los empresarios. Un intento también de anular los sindicatos que, con sus insuficiencias y errores, son la última linea de defensa de los asalariados. Cosa importante porque estos, los asalariados, estarán o no sindicados, pero siguen siendo la inmensa mayoría de la población activa y únicamente cuentan con los sindicatos para su defensa.

El gobierno finge una displicencia que está muy lejos de sentir (pues, si la sintiera, no se afanaría en deslegitimar la movilización), como se demuestra por lo reiterado de la declaración oficial de que "una huelga no arregla nada", que no servirá para nada porque no hay posibilidad de negociar nada de importancia sino, si acaso, lo accesorio. Pero eso es algo que no se puede decir de antemano. Habrá que estar a los hechos.

Hay nervios, y muchos. Los empresarios quienes, desde que gobiernan los suyos, casi hablan tanto como los obispos, insisten en que la huelga no hará bien alguno a España, o sea, a la Patria, que es como la madre de todos. Una expresión de cómo las declaraciones de los patronos son siempre, en el fondo, políticas.

Y más nervios muestran los medios de comunicación de la derecha, en realidad casi todos, al arremeter mancomunadamente contra la convocatoria de huelga con una virulencia y una beligerancia fuera de toda proporción. Es exagerado, por no decir ridículamente histérico, afirmar que se trata de una huelga contra España. Solo la derecha puede confundir una protesta contra un gobierno de partido con otra hipotética contra España... convocada y seguida por españoles. Eso no es crítica ni oposición; eso es dividir y enfrentar a unos españoles con otros, valiéndose de un uso partidista de España.

Los españoles tienen reconocido el derecho de huelga y es perfectamente legítimo que lo ejerciten cuando piensen llegada la situación. Se les puede acusar de imprudentes, de temerarios, de insolidarios, de lo que se quiera, pero no de delincuentes ni de ir contra España, de ser la anti-España. Ese es el lenguaje del fascismo español.

(La imagen es una foto de Liftarm en el dominio público).

sábado, 10 de marzo de 2012

La huelga es un derecho.

Ahorro al lector las habituales jeremiadas sobre el militantismo de la prensa de la derecha, su falta completa de objetividad y no digamos imparcialidad, su carácter amarillo. Los periódicos son empresas que, dentro del respeto a la ley, fabrican el producto que quieren sin estar obligadas a norma ética o deontológica alguna más que por la propia voluntad que suele ser flaca. La derecha es así. Sabe perfectamente que la agresividad periodística tiene una rentabilidad y es lo que practica. Creer que vaya a dejar de hacerlo por una especie de revelación de tipo paulino es creer en quimeras.

Claro que también cabe tomarse este tipo de periodismo un poco a broma. No como periódicos sin más sino como tebeos o como pasquines de propaganda que levantan partido por el gobierno en contra de los movimientos sociales de oposición y de la misma oposición. Este tipo de periodismo de agitación y propaganda tiene una audiencia limitada, pero una presencia muy superior a esa audiencia, debido sobre todo al funcionamiento multimedia de la información. Es posible que la portada de La Razón solo la vean sus lectores, como unos 100.000 pero, en cuanto la reproduzcan en la televisión, la verán millones que es lo que quieren sus patrocinadores. Es el llamado periodismo de portada.

La huelga es un derecho de los trabajadores reconocido en la Constitución. Oponerse a él, negarlo, deslegitimarlo, estigmatizarlo, es injusto. Y más aun lo es considerarlo como alta traición, porque eso es lo que quiere decir el titular de huelga contra España. Esto es, la evasión de capitales, el fraude sistemático a la Hacienda Pública, el recurso a los paraísos fiscales, la tributación en el extranjero, el hablar mal de España en todos los foros internacionales, no son traiciones. Traición es convocar una huelga contra los recortes y, sobre todo, el injusto reparto de sus costes, contra el desmantelamiento del Estado del bienestar, contra la aplicación de políticas neoliberales, contra el gobierno del decreto-ley. Sí el gobierno no tiene oposición digna de tal nombre en el Parlamento es justo que la tenga en la calle. Sobre todo porque la oposición es un elemento esencial de la democracia que sirve para controlar el poder en especial si responde al ejercicio pacífico de un derecho, el de huelga.

Si el mero día de la convocatoria la actitud de la derecha mediática es ya tan beligerante, ¿cómo será en la víspera de la huelga y durante la misma huelga?

domingo, 19 de febrero de 2012

Van por los sindicatos, por el derecho de huelga, por todo.

El programa oculto de la derecha está ya a la vista de todos y más que estará después de las elecciones andaluzas. Es una agresión, un ataque al Estado del bienestar, al derecho del trabajo, a los derechos de los trabajadores, a derechos fundamentales como los de expresión y manifestación. Envalentonada con su mayoría absoluta, la derecha quiere aniquilar todas las conquistas sociales (igualdad, justicia social, derechos de las minorías, etc) de los últimos cien años. Quiere retrotraer las relaciones laborales a las condiciones de sórdida explotación de los tiempos de la acumulación primitiva de capital. Y la sociedad, los trabajadores, la gente en general no puede permitirlo. Hay que luchar para impedir que la presente involución haga tabla rasa incluso con los tímidos avances de a Constitución de 1978. Hay que manifestarse y prepararse para cuatro (quizá ocho) largos años de defensa y de resistencia en pro de una sociedad más decente, más justa, más igualitaria.

Ciertamente. Pero antes corresponde un breve examen crítico de cómo hemos llegado hasta aquí. El triunfo electoral de la derecha se ha debido en gran medida a la desmovilización de la izquierda. Y esta, a su vez, a causas objetivas, externas (como la crisis), contra las que cabía hacer poco y también a otras subjetivas, internas (las explicaciones, los programas, las consignas) que sí se podían haber pensado mejor. La primera de todas, la más dañina, aquel enfoque de que el PSOE y el PP son lo mismo (PSOE-PP la misma mierda es) y que no había que votarlos. Ahora, cuando cualquiera puede ver que era mentira, no me cansaré de repetir que este disparate no es solamente producto de la estupidez sino, en cierta medida, del afán por conseguir el triunfo de la derecha.

Siempre que se decía que el PSOE y el PP eran lo mismo se levantaban protestas indignadas del lado de la socialdemocracia. ¿Alguien vio que también se levantaran del lado de la derecha? ¿Alguna vez la derecha protestó porque se la igualara con su adversario? No, ni una. ¿Por qué? Obviamente porque la confusión le interesaba. ¿Nadie vio que le interesaba? Por supuesto, pero se ocultaba ya que, en definitiva, había un objetivo común: acabar con la socialdemocracia. La derecha no dedicó ni un minuto de su campaña electoral a atacar la "verdadera" izquierda, la izquierda "transformadora". Esta, a su vez, tampoco dedicó mucho tiempo a atacar a la derecha del PP, pues prefería hacerlo a la "derecha" de la socialdemocracia.

Bien. Ahora hay que salir a la calle a defender derechos y conquistas básicas del conjunto de la sociedad y en una situación material muy mala, en condiciones de inferioridad. Se hará, desde luego. Pero que cada cual sepa en dónde está.

La agresión a los sindicatos es un ataque a la forma de organización y defensa de los trabajadores. Igual que la agresión a los derechos de las minorías es un ataque a la libertad de la sociedad. El gobierno es el comité ejecutivo de la patronal y de la iglesia. Su finalidad, despojar a los trabajadores de sus derechos, ponerlos a merced de los patronos e infantilizar al conjunto de la población. Para ello todo vale, desde el infundio hasta la fuerza bruta, según se ve en Valencia. Soraya Sáez exige a los sindicatos transparencia en las retribuciones de sus dirigentes con el argumento de que se benefician de dineros públicos siendo así que nadie nunca ha conseguido saber cuánto ganan los dirigentes del PP que también se beneficia de esos dineros.

El neoliberalismo se prepara para el último asalto al Estado del bienestar, la supresión o privatización de los servicios públicos, la confiscación del poco capital social que queda a la colectividad en provecho de las empresas privadas. Y para ello necesita decapitar el movimiento sindical, amilanar a la gente, hacerle ver que no tiene derechos ni garantías y que, si lucha por ellos, todavía lo pasará peor. Esta es la situación real.

martes, 31 de enero de 2012

El micrófono chivato.

Otra vez lo han pillado, ahora previendo una huelga general en razón de la reforma laboral que piensa acometer. Tengo para mí que en muchas ocasiones los micrófonos abiertos no lo están por casualidad sino premeditadamente, son como los famosos globos sonda. Aguirre llamando hijoputa a un adversario hace saber cómo se las gasta la lideresa con los allegados: al pan, pan; y al hijoputa, hijoputa. Igualmente el coñazo de desfile de Rajoy mostraba el lado humano del político. Todo el mundo sabe que los desfiles son un coñazo, especialmente para los que desfilan, pero no se puede decir porque son manifestaciones del brazo armado de la Patria. No se puede decir, pero se dice y así el pueblo se encuentra con lo que ama: un patriota en pantuflas.

También pillaron a Zapatero un buen día confiando a Gabilondo que a él, a ellos (los políticos siempre hablan primera del plural y dicen "nosotros") le(s) interesa que "haya tensión". ¿Qué es en realidad? Un mensaje a sus huestes para que se movilicen. La "huelga general" de Rajoy es otro mensaje, vía chivatófono a las suyas para que hagan lo mismo y a los posibles huelguistas, que sepan que está preparado. La huelga general es la última confrontación porque, después de ella, las cosas vuelven a su cauce y, si acaso, se convocará otro paro en algún tiempo.

Para los otros, la huelga general ha tenido siempre una dimensión mayor. Era el último acto, antesala de la revolución y por eso, sus teóricos solían hablar de huelga general revolucionaria. Los trabajadores paraban la producción, se hacían con las industrias, los consejos obreros las gobernaban y la revolución se ponía en marcha. A ver quién gestiona hoy empresas multinacionales o filiales de multinacionales y transnacionales, y quién organiza y encauza la llegada de cincuenta millones de turistas que son nuestra principal fuente de ingresos. No hay comité ni gosplan que pueda procurar viajes, estancias, pernoctas, pensión completa, fiestas, visitas turísticas para cincuenta millones de personas.

Una huelga general que carece de toda perspectiva de acción posterior y ni siquiera puede prolongarse más allá de veinticuatro horas con los habituales líos de servicios mínimos, piquetes, rompehuelgas, etc., no es más que una política de gestos. El chivatófono sirve a Rajoy para mostrar a los huelguistas putativos que la huelga ya está descontada, como los valores en bolsa. En el peor de los casos Méndez y Toxo pueden atribuir al Presidente la convocatoria del paro.

Durante la Dictadura los comunistas inventaron un extraño híbrido: la huelga general política. Es decir, huelga general revolucionaria pero con buenos modos. La idea era que el paro general se interpretase como un rechazo unánime al régimen político. Pero la situación ahora es muy distinta. Aun suponiendo que cupiera llamar régimen con aviesa intención al régimen actual, la legitimidad de éste depende de los votos, no de las huelgas.

En fin, a ver si la próxima vez que haya un micrófono abierto se oye a Rajoy decir : "Our industrial relations reform is going to send the Unions on strike." Sobre todo teniendo en cuenta que se lo estaba explicando a su colega finlandés a quien sin duda encantó el melodioso castellano del español. Menos mal que estaba el micrófono abierto y se enteró alguien.

La imagen es una foto de La Moncloa , en el dominio público).

domingo, 5 de diciembre de 2010

Cielos tormentosos.

Todo fue muy rápido y perfecto, casi como si estuviera preparado. Y quizá lo estuviera. En menos de cuarenta y ocho horas ha quedado resuelto uno de los conflictos laborales más agrios y de más ruinosas consecuencias de los últimos años. La prensa internacional se hacía cruces de lo que estaba pasando en España. En el plano simbólico el asunto tiene su ironía. Todos los periódicos decían que se decretaba el estado de alarma por primera vez en democracia. No decían que lo hacía el PSOE por primera vez en su historia. Y puro simbolismo ya: ver el ejército ocupando instalaciones a las órdenes del poder civil para preservar el Estado de derecho; algo sin precedentes en España. La democracia es firme en el país. Nadie en el extranjero ha hecho un mal chiste.

Pero eso es en el orden simbólico. En el real los hechos se sucedieron a toda velocidad, como si hubieran sido ensayados previamente, como si respondieran a un guión. Ya hace días que los controladores venían amenazando con paros en las Navidades dentro de su tradicional política de presión y práctica extorsión que aplican en momentos cruciales. Pero el acto desencadenante fue la aprobación del nuevo régimen retributivo de estos trabajadores en el Consejo de ministros del viernes que también dio paso a la privatización de la gestión de Barajas y El Prat, cosas que están claramente relacionadas.

Entendiéndolo como una provocación (y todo hace pensar que lo fuera) los controladores respondieron de la peor manera posible cesando en la prestación del servicio sin previo aviso, sin declarar conflicto laboral y cerrando de hecho los cielos al tráfico aéreo en el momento en que cientos de miles de ciudadanos iban a volar en un puente. Fue una respuesta temperamental, probablemente dictada por la soberbia que no calibró el desastre que provocaría no solamente a esos 600.000 pasajeros, sino a la industria hotelera y de turismo en general, sin contar con el deterioro de la "marca España".

Los huelguistas de hecho no se dignaron dar explicación alguna probablemente por pensar que, al encontrarse en una situación límite, el Gobierno cedería como han hecho todos los gobiernos anteriores. Su sindicato, USCA, en otro alarde de cinismo, no se responsabilizaba de nada ya que, aseguraba, no había una huelga sino una revuelta popular y decía estar pidiendo a sus afiliados que volvieran al trabajo como si no fueran ellos mismos sino marcianos. Así pues sólo cabía suponer que el motivo del plante fuera el decreto ley que modificaba las condiciones salariales de los controladores. Vino a confirmarlo en un primer momento Mariano Rajoy quien, atrapado en Tenerife antes de sus vacaciones, hizo gala de sus habituales escasas luces dando a entender que condonaba la actitud de los huelguista y culpando, como siempre, al Gobierno por la inoportunidad de la aprobación del citado decreto. Es decir el PP sabía de antemano lo que se venía enima y consideró que era buena ocasión para sacar ganancias electorales del cabreo de la gente por sus vacaciones rotas. Más tarde, debidamente aconsejado, Rajoy ya no hablaría más del "cambio de medidas" y se limitaría a atacar al Gobierno.

Los controladores, pues, saltaron como fieras, entraron al trapo seguramente alentados por sus previas conversaciones con el PP sin calibrar las consecuencias ni tampoco el hecho de que, para bien o para mal, tienen muy mala fama en España en donde muchísima gente piensa, sea ello correcto o no, que se trata de privilegiados con sueldazos y condiciones laborales excelentes debido a que tienen gran capacidad de presión sobre el Gobierno y la usan siempre para apalancar sus privilegios. Así que en veinticuatro horas el Gobierno decretó el estado de alarma y los militarizó, igual que hizo Reagan en 1980. Una operación contundente que da la impresión de haber estado preparada y que ha cortado de raíz la protesta de los controladores por el momento y para las fechas que vienen. Eso no se lo esperaban los controladores, acostumbrados a ver claudicar a la autoridad ante su arrogancia y sus exigencias.

Ahora se abre el tiempo de las responsabilidades. Muchos controladores pueden haber cometido delitos, de sedición u otros, por los que tendrán que responder ante los tribunales. Y van a pasarlo mal porque hay mucha animadversión hacia ellos y porque es de justicia que el país exija castigos ejemplares para quienes no tienen inconveniente en causarle enorme quebranto, sabotear su recuperación y destrozar las expectativas de cientos de miles de sus ciudadanos sólo para engrosar sus nóminas. Y no solamente castigos ejemplares: ya hay 2000 ciudadanos constituidos en plataforma de damnificados que van a llevar a los controladores a los tribunales por la vía penal y civil en exigencia de daños y perjuicios. Como debe ser. Que estos desaprensivos no se vayan de rositas y respondan con su patrimonio del desbarajuste ocasionado. Porque, por muchas y razonables que sean sus reivindicaciones (que no lo son), no puede tolerarse que un puñado de trabajadores con ínfulas de aristócratas se valga sistemáticamente de la población como rehén para obtener desorbitadas condiciones salariales, muy superiores a las de sus colegas europeos.

Pero la responsabilidad de más envergadura que será preciso aclarar es esa acusación de Gaspar Zarrías de que el PP está detrás del plante a raíz de unas reuniones que hubo en las semanas previas entre el partido de la oposición y los controladores. Habrá que saber qué se dijo en esas reuniones, pero está claro que Rajoy lo sabía. Y en todo caso, cabe pensar que este plante repentino traiga causa de lo hablado con el PP, partido cuya lealtad a la democracia y al Estado de derecho termina el día en que pierde unas elecciones. A lo mejor por eso hablaba la USCA de "revuelta popular". Este extremo es de averiguación imprescindible porque, de haber delito de sedición, el PP sería cómplice y debe pagar por ello ante los tribunales ya que, como se demuestra con la corrupción que lo mina, su electorado no le tiene en cuenta los desmanes.

(La imagen es una foto de Vte.Moncho, bajo licencia de Creative Commons).