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martes, 28 de junio de 2016

Lecciones de un fracaso

Cuando los niños juegan a algo y pierden es frecuente que, en lugar de aceptar su derrota, analizar sus causas y tratar de corregirlas, echen la culpa a la perversidad del adversario y cuestionen las reglas del juego. Si ganan, no; pero, si pierden, la culpa la tiene otro, generalmente las reglas del propio juego. Eso es lo que está pasando con Podemos: al no digerir sus infantiles líderes que la gente no los vota porque no los quiere, cuestionan la honradez del escrutinio. Por mi parte no creo que haya habido pucherazo y pienso que los de Podemos no son capaces de afrontar críticamente la ineptitud de su acción colectiva. Pero hay dos razones que me han llevado a firmar una petición de Avaaz que denuncia pucherazo en las elecciones: a) debe disiparse toda sombra de duda moral sobre el resultado de la votación; b) creo que estos sinvergüenzas del gobierno que han sumido el país en un desastre en todos los sentidos, son capaces de cualquier cosa, lo legal y lo ilegal. El mismo Palinuro apuntó a la posibilidad del pucherazo pepero hace unos días en un post titulado ¿Pucherazo en las elecciones?

Pero, al margen de este comportamiento infantil, producto de una rabieta de crío mal educado, conviene buscar respuestas a las preguntas que se plantean tras un batacazo de esta magnitud. Lo primero, desde luego, es reconocer que se trate de un batacazo y no de un triunfo. Porque ahí tienen ustedes a Teresa Rodríguez, portavoz de Podemos en Andalucía, para quien de fracaso aquí nada: hay 71 diputados del pueblo, de lo cual se dice orgullosa. Con semejante lumbrera no hay nada que explicar sino estar orgullosa de conseguir un tercer puesto cuando se aspiraba al primero o el segundo, ocupado por el odiado PSOE. 

Para los demás, no es tan sencillo sentirse orgullosos de semejante traspiés. Así pues, la Comisión Ejecutiva de Podemos, cuyo portavoz es ese otro ejemplar de insufrible logorrea, Pablo Echenique, se reunió el lunes por la mañana para ponderar las razones de una derrota tan grave y para mostrar su desconcierto absoluto. A  primera vista, no hay razones reales para que la ciudadanía les haya hecho tal corte de mangas. 

Antes de que, así como algunos culpan a las reglas del juego, otros cuestionen  la capacidad mental de los electores juzgando, sin duda, que la suya es muy superior, Palinuro apunta algunas vías de indagación para que los altos dirigentes de Podemos salgan de su "desconcierto" y, quizá, entiendan el resultado de sus actos. 

En primer lugar, el uso de los medios audivisuales y las redes sociales, especialmente la televisión y Twitter. La tesis es que hay que contar con ellos, disponer de ellos, tenerlos a su servicio, moverse con ellos. Eso es verdad y Podemos lo hace de maravilla. Sus dirigentes están día y noche en la pantalla, con el motivo que sea y sus trolls controlan las redes sociales y se lanzan como nubes de pirañas sobre los discrepantes.

Pero con controlar la televisión y las redes sociales no basta. Es preciso tener un mensaje, un discurso, un contenido, algo que interese a la ciudadanía, aparte del careto y el porte. Sin mensaje, los medios de comunicación son un puro circo y los periodistas que se han puesto al servicio de Podemos, Ferreras, su señora, Évole, Wyoming, los payasos. Sin mensaje, de nuevo, las redes sociales no pasan de ser gallineros y los trolls de Podemos, gallinas cluecas.

Y no, no había ni hay mensaje alguno o discurso con alguna consistencia. La prueba es que no se expone una sola posición política o moral sino que se respaldan todas, sean o no contradictorias y tengan el efecto que tengan. Por eso, los de Podemos dicen ser socialdemócratas y comunistas, marxistas y libertarios, populistas y doctrinarios, nacionalistas e internacionalistas, patriotas y cosmopolitas, keynesianos y liberales, librepensadores y escolásticos, laicos y religiosos, republicanos y no republicanos, el todo y la nada. Sobre todo, la nada.  El caso es no perder votos.

Así que verlos aparecer a todas horas en la tele con sus empalagosos discursos de todas las facturas, acabó produciendo hastío y hasta hostilidad. Algo que los pelmazos de Podemos, incapaces de elaboración conceptual más allá de repetir un catón a la altura de Marta Harnecker, no consiguen entender.

Y eso en cuanto al contenido. Vamos ahora al talante, la filosofía práctica, esa arrogancia intelectual absolutamente injustificada porque no dicen más que sinsorgadas y vulgaridades. Vamos a la pedantería de expresiones como "núcleo irradiador", "construir pueblo", "referentes vacíos", o cursilerías relamidas como "asaltar los cielos", "la sonrisa de un país", etc. Vamos a la mezcla de prepotencia ("gobernaremos este país"), mala fe y peor uva ("el partido de la cal viva") , chulería ("Sánchez tendrá que elegir entre hacer presidente a Rajoy o a mí") y pura idiocia (el feminismo, el aborto, la república, la Iglesia no son cuestiones de importancia hoy en España) para completar el cuadro de un puñado de narcisistas privilegiados, sin contacto verdadero con la realidad y acostumbrados a que en las asambleas de la facultad les aplaudan las gracias. 

El proyecto originario del puñado de amigos supo ver la ventana de oportunidad para articular como partido político sus ambiciones personales al amparo de la crisis sistémica de 2008 en adelante. Fue audaz y rápido a la hora de ridiculizar la insuficiencia de los argumentos hasta entonces en vigor y, muy especialmente, supo aprovechar las carencias del sistema de partidos; en concreto, la profunda decadencia de un PSOE dirigido por los tres últimos secretarios generales, Zapatero, Rubalcaba y Sánchez, a cual más incompetente y entregado a la política reaccionaria de la dinastía borbónica. Pero, si ver las deficiencias de un sistema es fácil, ya no lo es proponer alternativas que le gente vote y, desde luego, no surgen solas del hecho de que los líderes sean bien parecidos, se peinen de una u otra forma o parezcan más despiertos. Hacen falta ideas, proyectos, planes que puedan estudiarse, aquilatarse, analizarse.

Este es el handicap esencial de Podemos: su absoluta vaciedad conceptual y doctrinal. No digo ya que no tengan una sola idea nueva pues todas las que adelantan son meros plagios. Digo que no tienen una sola idea propia, sea nueva o vieja. Y, como no la tienen, han ido a buscarla allí donde su querencia de mozos les decían que estaba: al viejo comunismo agazapado en IU. De eso modo, tiraron por la borda los réditos que pudieron haber obtenido acentuando la novedad de un discurso de izquierda original y se echaron en brazos de las viejas monsergas comunistas estilo Anguita. Todos veneran a este pomposo personaje como si fuera un gurú, aunque no se le conozca una sola idea digna de reseñar como no sea la jaculatoria "programa, programa, programa", de la que se olvidó en un abrir y cerrar de ojos cuando vio que podía confluir (otra cursilería) con Podemos.

Advertidos de que la resurrección de Anguita no garantizaría el éxito electoral, los de Podemos se abrazaron a las nuevas generaciones comunistas, estilo Garzón, cuya única virtud consiste en ser cincuenta años más joven que Anguita y medio siglo más viejo en cuanto a sus concepciones político-sociales. Al  final estas se han resumido en una campaña electoral en la que, para disimular el comunismo de base han sustituido la hoz y el martillo por un corazoncito con los colores de la abeja Maya. 

Por último, si los dirigentes de Podemos hubieran tenido no ya un ápice de modestia (que no saben qué sea) sino de pura racionalidad, habrían mostrado algún interés por conocer otros puntos de vista, contrastarlos con los suyos y, si acaso, refutarlos. Hubieran querido escuchar puntos de vista críticos y hasta discrepantes con los suyos. Pero eso es imposible. Tienen miedo a contrastar y debatir sus concepciones con los que sostienen otras. Piden, sí, debatir con adversarios de chicha y nabo a los que ya saben de antemano que van a refutar, pero censuran y ocultan las posiciones críticas de gente con más peso y mejores razones. Les tienen miedo. Solo quieren escuchar a sus palmeros.

Esto es lo que explica ese pintoresco titular de la ilustración: Garzón (y, con él, los estrategas de Podemos) está convencido de que "el camino de la confluencia es el correcto". Gracias a esa "corrección" han perdido más de un millón de votos y si, en democracia, la corrección o incorrección se mide en número de votos, la decisión de Podemos era un verdadero desatino. 

Pero es imposible hacer ver estos extremos a una generación que no ha hecho nada por mejorar el mundo en que vivimos salvo presentarlo como más deseable que el que ellos bosquejan sin oficio ni interés alguno.

miércoles, 8 de junio de 2016

Las 1001 doctrinas del caudillo

La fusión de IU y Podemos hace diez días fue un espectáculo mediático pensado para impactar en la opinión pública, ganar el alma de los medios, deprimir la moral de los adversarios y dar la impresión de que echaba a andar un tiempo nuevo, lleno de promesas. Reapareció un flamígero Anguita que retrotrajo el "histórico" momento a una remake del 77 entre los sollozos de un transido Iglesias. Echenique saludaba la llegada del radiante amanecer con la misma emoción con que hace tres años defendía el neoliberalismo de C's y la democracia en el Oriente Medio gracias a los carros de cambate yankies. Unidos Podemos tenía algunos problemillas de encaje de egos en las listas de cremallera pero, al final, todos los jefes y jefezuelos conseguín su puesto en el próximo reparto de cargos al que estarán llamados los justos en el festín de los restos del régimen del 78.

En realidad, esta fusión respondía a necesidades más básicas, perentorias e inconfesables: los resultados del 20 de diciembre habían sido modestos, los sondeos estaban dando descensos alarmantes de Podemos en intención de voto y la valoración popular de Iglesias estaba al nivel de la del Sobresueldos, con razón porque la gente está igual de harta de ambos. IU, sin embargo, conservaba un goloso millón de votos que Podemos ambicionaba; a cambio solo tenía que hacerse cargo de las deudas que asfixiaban a los comunistas después de su derrota el 20 de diciembre.

O sea, la fusión se daba por pura necesidad de supervivencia. Pero, una vez hecha, el aparato de agitprop -siempre el más poderoso en toda constelación comunista- empezó a crear la leyenda de que había nacido una estrella o la alternativa al podrido régimen del 78 un sintagma tan vacío (todos los sistemas políticos son "regímenes") como malintencionado, ya que se trata de identificarlo con el franquismo.

El único problema: a los comunistas se les veía la oreja. De nada les servían los treinta años de camuflar las siglas del PCE, su martillo de herejes y su hoz de cortar gaznates, y de perder elecciones, disfrazado de IU. Todo el mundo veía la fusión como el abrazo de los comunistas vintage y los neocomunistas de Podemos.

Otra vez se hablaba de comunismo en España, lo cual no es recomendable cuando uno se presenta a una votación porque, sabido es, los comunistas no han ganado nunca unas elecciones libres en ningún país del mundo. Así que, para contrarrestar, la nueva sociedad Unidos Podemos sacó a sus intelectuales orgánicos y algún que otro majadero del mundo del espectáculo a criticar el "anticomunismo" que nos invade. Es la resurrección de un éxito de la propaganda comunista de la guerra fría: todo anticomunista tenía que ser necesariamente un macartista agente de la CIA o, si vivía en la URSS, un psicópata al que encerraban en un manicomio. Los comunistas se ocultaban, se disfrazaban de demócratas e izquierdistas (como los de IU) y quien se negaba a aceptar la superchería y hablaba de comunismo era tachado automáticamente de anticomunista "visceral". Esto de visceral es muy socorrido, a veces se lo dedican los enfurruñados comunistas a Palinuro cuando, por equivocación, lo leen.

Nerviosos porque estas campañas de intimidación ya no funcionan, no han tenido más remedio que declarar lo que son: Garzón salió reconociendo que es comunista y su secretario general, Centella, que no hace honor a su apellido en ningún sentido, ha tardado más de una semana en afirmar en público también su orgullo de ser del mismo partido que Lenin, Stalin, Pepe Díaz, Dolores Ibarruri y otros demócratas de este jaez. Sus partidarios tratan de engrasar tanta herrumbre afirmando que estos comunistas de hoy no son los de antaño pero, en verdad, no lo demuestran y no lo demuestran porque no pueden. Confrontados con el hundimiento del comunismo "realmente existente" en el mundo entero por su pura incompetencia no pueden reconocer que lo que allí se hundió fue, en efecto, el comunismo porque, en tal caso, deberían explicar por qué siguen siendo comunistas. Y, lo dicho, no pueden. Pero si ellos no, nosotros sí: son exactamente los mismos comunistas de antaño, piensan los mismo, creen lo mismo y, si pueden, lo pondrán en práctica, pero, de momento, tienen que disimular porque la gente no vota así como así a favor de la dictadura del proletariado; hay que hacérsela tragar a tiros.

Alarmado por la reaparición de la medusa comunista, Iglesias imaginó un medio de contrarrestarla y, como Perseo, se armó de la égida socialdemócrata para protegerse de las asesinas miradas del monstruo. Nada, nada, Podemos, Unidos y lo que fuera, son "socialdemócratas". Eso sí, verdaderos socialdemócratas. Recordó que ya Marx y Engels lo eran, haciendo a un lado que, como miembros de la "liga de los justos", ambos hubieran escrito un famoso Manifiesto del Partido Comunista que Iglesias no puede ignorar. De lo que se trataba era de sembrar confusión y liarla exactamente con el mismo espíritu con que sus antecesores los comunistas de los años treinta -tan empeñados como los de Podemos en destruir a los socialistas- pedían a los militantes socialistas que se pasaran al comunismo, abandonando a sus jefes, a los que llamaban socialtraidores. La misma OPA hostil que hace hoy Podemos al PSOE, diciendo a los "socialistas de corazón" que voten por ellos, por los comunistas, porque sus jefes son "neoliberales", fórmula actual de la socialtraición. 

Así que ya tenemos dos poderosas ideologías, la socialdemocracia y el comunismo, confluyendo felizmente en el mismo cuerpo, el de Podemos, cuyo eclecticismo teórico y ausencia de aburridos prejuicios de congruencia lógica lo llevan a haber superado asimismo el viejo hiato entre la izquierda y la derecha, igual que lo hicieron los falangistas en su día y también las viejas determinaciones clasistas. Hoy carece de sentido hablar de clases sociales, pues si te diriges a una, antagonizas a las otras y pierdes votos, que es lo único que importa. Por eso es más sensato interpelar a la gente, a los problemas de la gente, las aspiraciones de la gente, porque, a ver ¿quién no es gente? Y no hablemos ya del "pueblo" que los de Podemos quieren construir, como el que construye un acueducto. ¿Quién igualmente, no es "pueblo"? ¿Quién no es popular? En España, por ejemplo, tenemos un partido y un banco populares.

En esa ropavejería ideológica faltaba el florón principal y allá fue a plantarlo el caudillo Iglesias, flanqueado por su flamante escudero comunista, Garzón, en el hotel Ritz: además de comunista y socialdemócrata y de la gente, Podemos es patriota. Se lo dijo a los empresarios y al auditorio de postín sin miedo a que nadie confundiera los patriotismos de unos y el otro. El de los primeros es un patriotismo suizo, de Guillermo Tell y la pasta en los bancos al borde del lago Leman; el del segundo es el de los cholos bolivianos de los boliches de Santa Cruz, una importación reciente de las especulaciones ideológicas del altiplano andino que ya se habían intentado en España hace treinta años con el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP) que tanto éxito tuvo y tanto hizo avanzar la causa de la revolución en España. Y eso por no hablar de cómo sonará ese único patriotismo a oídos de la España plurinacional. ¿O se tratará de un pluripatriotismo?

Es imposible tomarse en serio este caudillismo mediático, líquido, postmoderno y trivial. 

sábado, 4 de junio de 2016

El cinismo del Arzobispo

Utilizo el término "cinismo" no con mucha seguridad. No estoy enteramente cierto de que quepa calificar la actitud del Cardenal Cañizares de "cínica". Quizá, casi seguro, es algo mucho peor. Pero no sé cómo calificarlo. Me viene a la cabeza el "sepulcro blanqueado" del Evangelio; pero no me parece suficiente. La "falsedad" es demasiado unilateral. Se amontonan las posibles expresiones: ignorancia, provocación, estulticie, arrogancia...

Vayamos al relato de los hechos. El clérigo se despacha en dos ocasiones en dos púlpitos distintos llamando a los católicos a desobedecer las leyes vigentes porque son fiel reflejo de lo que considera "ideología insidiosa de género, la peor de la humanidad" y el "imperio gay", que suenan como la trompeta del Apocalipsis y la llegada del imperio del Mal, Gog y Magog. Lo comenta Palinuro en un post titulado Delirios patriarcales.

Llamar a la desobediencia a la ley vigente por razones de conciencia, o sea, incitar a la desobediencia, puede ser algo moralmente muy puesto en razón (y según la moral de cada quién), pero jurídicamente es inadmisible. El Arzobispo no entiende (o, si lo entiende, no lo admite) que, en un Estado de derecho, la supremacía de la ley no admite supeditación a nada que no sea ella misma. No entiende (o no admite) que la Iglesia, como asociación civil que es, está sometida a las leyes del territorio y que sus feligreses, uno a uno, sin importar su rango interno y todos juntos están en igual situación de sujeción al ordenamiento jurídico.

Y las leyes vigentes se acatan, obedecen y cumplen, por muy insidiosas que le parezcan al clero o a la parte más cavernícola de este, por muy inaceptables que a este iluminado y el resto de sectarios le parezcan los derechos de los gays y el principio de igualdad activa de las mujeres y los hombres. Otra cosa, insisto, es si ese clero está dispuesto a llevar su desobediencia hasta el sacrificio, como hicieron los antiguos mártires, de los que tanto se enorgullecen. Pero no veo al Cardenal Cañizares, con lo que le gusta el boato, vistiendo uniforme de recluso y mucho menos siendo pasto de los leones.

Doña Mónica Oltra, muy en su función de gobernante democrática, le recuerda al prelado que las leyes se cumplen y pide que intervenga la Conferencia Episcopal. Buena idea, aunque delata cierto poso de respeto humano cristiano. Quien debe intervenir es la Fiscalía, si ha lugar a actuación judicial. Si no lo hay, debe responderse en clave política desde el gobierno valenciano. La Conferencia Episcopal, que haga lo que quiera.

No ha dado tiempo: monseñor Cañizares ha acusado a Oltra y al gobierno valenciano de ser como los franquistas y querer censurar las homilias.

Bueno, aquí es donde salta mi perplejidad. ¿Es cinismo? ¿Es estupidez? ¿Es provocación? ¿Qué es esto? ¿Ignora Cañizares que la Iglesia católica fue el más firme puntal de la dictadura franquista, junto al ejército y la policía política? ¿No se acuerda de que el dictador entraba en las iglesias bajo palio? ¿Que nadie jamás censuró una homilía de cura alguno? ¿Que, al contrario, la censura de todos los demás estaba a cargo de los curas? ¿Que los curas prohibían libros, revistas, películas, piezas teatrales, todo lo que no les cuadraba? ¿Que fueron delatores, espías del régimen y que, en bastantes casos colaboraron directa y físicamente en la represión, en los asesinatos de la postguerra? Ya solo falta que nos acuse a los de la "ideología" de género, o sea, a l@s feministas de nazis, como hacen sus trolls en las redes.

Se entiende el torcido propósito del clérigo: salvar a la Iglesia del baldón del colaboracionismo con el régimen de Franco hasta el final a base, supongo, de generalizar a todo el clero español y a la iglesia en su conjunto, el comportamiento de algunos contados curas que en el franquismo tardío de los setenta colaboraron con la oposición.

Es un intento cínico de falsificar la historia. Y estos predican que, según mandamiento de su dios, no se puede mentir.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Guardaos de los Idus de marzo

A podemos le sale cada vez con más fuerza el alma cainita del comunismo de IU. Se vio venir desde el principio y se les advirtió: alejaos del comunismo que es la fórmula más segura para perder elecciones. Lo hicieron al comienzo y el resultado, bien se recuerda, en las elecciones europeas de mayo de 2014, fue espectacular. Tanto que IU y el Partido Comunista que la controla, pasaron del desprecio al halago. Se habían dado cuenta de que Podemos los fagocitaba, como intentaría después, en diciembre pasado, fagocitar al PSOE.Y lo hicieron. Prácticamente, dejaron a la coalición que fundara Anguita en la raspa. Decenas de camaradas comunistas de toda orientación y condición, se pasaron a Podemos. También se les avisó de que devorar a esa velocidad podría ser difícil y hasta indigesto. Ahora está viéndose claramente; a Podemos le salen los grumos conflictivos de IU que ha ido tragando. Ya hay broncas en su interior prácticamente en todas partes, ya han aparecido las "corrientes críticas", las "oficialistas", las "recontracríticas", los grupos diconformes, los militantes respondones, los que van con los estatutos en la mano, pidiendo expedientes disciplinarios. Ya está Anguita dando pomposas lecciones mientras Iglesias sostiene que es su " referente intelectual", algo verdaderamente pintoresco. Ya están los catalanes montando su PSUC, los cabezas de ratones locales aquí, allá y acullá levantando banderías de "auténticos". Ya están los represaliados represaliando. Las tensiones, iguales como un huevo a otro huevo a las que siempre se han dado en IU, ni siquiera renuevan las formas; son las de siempre. Y el frente de liberación de Judea luchando contra los traidores del frente judío de liberación. La mentalidad comunista imprime carácter. Es absurdo querer ganar las elecciones demostrando ser de un oportunismo y un escepticismo sin límites y cerrarse luego en banda sectaria a todo tipo de concesiones. Corresponde a la típica falta de principios leninista, disfrazada de inteligente adaptación a las necesidades de lo real. La dinámica de la bronca interna es destructiva pero inevitable una vez que ha empezado. Podemos ya ha demostrado que no tiene fuerza para gobernar, aunque lo intentó; erróneamente, pero lo intentó. Ahora demuestra que tampoco tiene fuerza para impedir que otros gobiernen. Como partido le queda poco juego por delante. Y sus dirigentes supremos ensalzados por la hagiografía mediática, deben mirar en torno suyo. Los Idus de marzo están aquí