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sábado, 17 de octubre de 2015

Los medios son los fines.

Hace unos años el empresario Jaume Roures, propietario del diario de papel Público, una publicación de izquierda, lo cerraba de golpe por motivos económicos y ponía en la calle a la plantilla a través de un ERE con el que los trabajadores quedaron muy descontentos. Algún tiempo después, el mismo Roures volvió a comprar la cabecera que salió a subasta o algo así, para hacer una publicación exclusivamente digital. Se trata del diario Público.es, prácticamente un órgano de prensa de Podemos. Roures es además el dueño de Mediapro, la empresa matriz (o algo así) de la Sexta, cadena de mucha audiencia igualmente al servicio de Podemos, cuyos miembros más significados se pasan el día en ella.

Ahora, Roures, el jefe, está de cumpleaños e invita a sus amigos, colaboradores y empleados. Entre ellos, a los de Podemos que acuden pero ruegan que no se les hagan fotos. Una gente que está permanentemente en la pantalla de televisión no quiere fotos. ¿Por qué no? Porque se trata de un asunto privado, sostienen. También los mítines en Vista Alegre son privados. Todo lo que no se hace mediante instituciones públicas, es privado. Las fotos pueden estar permitidas o no. Pero la privacidad de las personas públicas, sobre todo de los políticos, es cosa controvertida. Y la gente puede estar interesada en saber qué hacen sus políticos, esto es, quienes le dicen lo que tienen que hacer, cuando se relacionan en privado con quienes financian sus apariciones públicas y su política de imagen. Las fotos se hicieron con móviles y circulan por la red. Es inevitable.

La teoría central de Podemos es que hay que servirse de los medios para sobrevivir y prosperar. Su batalla es mediática. Disponen de un diario digital, Público, una cadena de TV, la Sexta, que no está mal. Su acción se desarrolla ensencialmente en los medios. En buena medida encaja en el modelo de media party. Cabe decir que ha convertido los medios en fines en sí mismos. Ya no se trata de que la revolución sea televisada; la revolución vive en la televisión.

Pero los medios son empresas y responden a la lógica empresarial del beneficio. Tienen una estructura jerárquica y manda el que paga, en este caso, Roures. Cuando Roures convoca, sus empleados acuden. Y no quieren fotos. Si no quieren fotos, lo mejor es no ir, como han hecho con la convocatoria del Rey el 12 de octubre. Las fotos dificultan la tarea de explicar que se está con los de abajo, pero los canapés se los toma uno con los de arriba.

Tampoco debe exagerarse el purismo. Además, la teoría de Podemos de convertir los medios en fines viene acompañada por una instrumental: hay que democratizar los medios-fines. Democratizar es término denso. De significar algo en el contexto de los medios será el hecho de permitir que a ellos accedan todas las opiniones y no solo unas cuantas o solo unas. Es una teoría fácil de comprobar en la realidad. Basta con tener ojos y oídos para ver cómo la Sexta sí parece admitir la discrepancia, incluso mucha, pero en los medios audiovisuales de Público, administrados por los de Podemos, eso no sucede. No dan acceso a voz crítica alguna. Sea la que sea. Igual que hacen las cadenas de televisión públicas y privadas que censuran. Como no vamos a pensar que lo hagan por espíritu censor habrá de reconocerse que lo hacen por falta de agallas.

lunes, 4 de febrero de 2013

Made in Spain: la marca España.

Rajoy ha creado un personaje de guiñol: él mismo. Su rueda de prensa sin preguntas, a través de una pantalla, es una especie de Gran Hermano orwelliano en alpargatas, de control social de la aldea por medio de las nuevas tecnologías. Está al nivel de la famosa gestapillo madrileña o los espías de la T.I.A. Aunque parece más propio del Mago de Oz, detrás de una bambalina. El homo videns de Sartori ha terminado su ciclo. Lo real no es el hombre sino su simulacro.

Este episodio se incorporará a todos los manuales de comunicación audiovisual y será objeto de sesudos estudios. De cómo la tecnología sirve para connecting people, como dice la publicidad de una marca japonesa o para disconnecting them, como es el caso. La alocución televisada en circuito cerrado tenía tres auditorios: el inmediato, allí, al alcance de su mano, como los apóstoles en la última cena; el mediato, los periodistas, como los catecúmenos; y el difuso o universal de la ciudadanía.

Se analizará el contenido de su trémulo mensaje, lo que se llama la "comunicación verbal", lo que dijo y cómo lo dijo (sin soslayar el hecho deplorable de que lo llevara escrito) y la "no verbal", los gestos, los tics, la escenografía. En cuanto al verbal, lineal, como una alocución de Academia militar: todo es falso, una conjura, una conspiración contra el presidente, el gobierno, España. Punto. Pero si creen que conseguirán variar el rumbo del pulso firme, están equivocados. Contrapunto. Rubalcaba es un felón. Coda.

En cuanto al no verbal, ya sabe todo el país que cuando Rajoy miente, guiña el ojo izquierdo. Es un tic delator. En la red hay cortes de vídeos comparando momentos similares, cuando Rajoy dice algo que luego se revela falso.

Pero la catástrofe es el impacto en el extranjero. La marca España se ha ido al garete con el conjunto del episodio: el presidente del gobierno de España salpicado en un asunto de corrupción, se niega a dar explicaciones en directo y convoca a la prensa a una sesión de cineclub. La marca España no está allí donde nosotros queremos que la gente mire sino allí donde la gente mira por decisión propia. Y la gente tiene tendencia a mirar lo extraño, lo estrafalario, lo estrambótico. Por esa razón tenían tanto éxito los gabinetes de monstruos o los fenómenos de feria. Si una tarde coincidían en una aldea un juglar de la trova y una mujer barbuda en exhibición, la gente se iba a ver la femenina barba. Es la misma razón por la que, si bien se mira, la televisión está llena de auténticos fenómenos.

Pues lo mismo con Rajoy. Por decisión propia y sin razón física o material que lo justifique, el presidente se ha convertido en un busto parlante. La escena tiene algo freaky. Por eso lo saca la prensa mundial. La marca España es un presidente balbuceante, salpicado en un caso de corrupción que no se atreve a dar la cara.

(La primera imagen es una foto tomada del twitter de javiprietoviedo Javi Prieto).

lunes, 19 de marzo de 2012

Urdangarin y los daños colaterales.

El abogado de Iñaki Urdangarin ha decidido que ya está harto de la "pirotecnia informativa" que hay en el caso del yerno del rey y que, de ahora en adelante, no hará más declaraciones a la prensa. Es una estrategia defensiva como otra cualquiera. La puso en marcha Camps durante su peripecias con la justicia y tomó buena nota Rajoy, quien se pasó el último año de las elecciones sin contestar preguntas de los periodistas, incluso sin admitirlas porque suelen ser impertinentes. Lo raro es que lo haga un abogado, con lo que gusta a los de su profesión hablar en público para defender a sus clientes que, en el fondo, es defender sus bolsillos. Este, en concreto, parece un hombre culto; utiliza términos poco frecuentes, como "pirotecnia", pero su finalidad es la imaginable: que no se hable de su chiringuito. Muy mal tiene que verlo.

Muy mal está. Urdangarin aparece imputado en cuatro delitos, se libra del de fraude a Hacienda por los pelos y lo más probable es que el juez le imponga una fianza considerable. Lo tiene crudo. Es seguro que, a tenor de lo que dice su letrado, mucha gente salga en su defensa, criticando el linchamiento mediático y abogando por el respeto a la presunción de inocencia. Lo cual está muy bien pero es bastante inútil en una sociedad que consume información fuerte a gran velocidad porque a eso es a lo que la han acostumbrado los urdangarines del mundo, los famosos, las celebrities, los fainéants de turno que, viven , precisamente, de su aureola mediática, del escándalo de servir de pábulo a la insana curiosidad (la curiosidad siempre es "insana") de la plebe. Gentes que llegan incluso -y no digo que sea el caso de este buen hombre cuyo matrimonio con una infanta real más parece un acto de acumulación de capital que otra cosa- a vender sus intimidades a precios exorbitantes y que, incluso, si no las tienen listas, se las inventan: separaciones, reconciliaciones, venganzas, trastadas, jugadas, todo ese variopinto farfulleo que hace las delicias de las marujas y los marujos del país, que son legión, a juzgar por las audiencias de los programas de TV y las revistas que tratan estas quisicosas.

Todo funciona a la perfección, nadie se acuerda de la intimidad, el derecho a la propia imagen, etc hasta que algo se tuerce e interviene la justicia. Entonces sí sale el habitual amonestador a pedir que no se haga "pirotecnia". Ahora, no, por favor. Pero es una gestión absurda. Nadie pidió a estos mendas que viven del cuento que se singularizaran, acapararan portadas de revistas, salieran en las teles. Lo hacían porque les interesaba y, si veían que llevaban una temporada sin salir en los medios, hasta podían fingir un robo en su casa. ¿Qué tiene de extraño que quien voluntariamente sale a la plaza pública a que lo miren, sufra luego que lo miren cuando el/ella quisiera ocultarse? Cierto, la cotillería del público es molesta cuando no es solicitada, pero no es posible librarse de ella cuando uno, voluntariamente la reclamó. Y esto no tiene nada que ver con los juicios paralelos, la presunción de inocencia y otras gradilocuencias de este jaez, sino simplemente con el morbo y la curiosidad popular que despierta quien se dedicó voluntariamente a exponerse a ella.

Otra cosa, aunque no muy distinta, es el caso de la infanta Cristina. Pero de esto, otro día.

(La imagen es una foto de Zugaldia, bajo licencia de Creative Commons).

lunes, 4 de julio de 2011

El candidato
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La foto del tarjetón es muy mala. El truco de ocultar la calvicie de Rubalcaba dejándolo sin cráneo, a él que pasa por ser y en buena medida lo será, la eminencia gris del gobierno, es lamentable. Lo más criminal es esa sotabarba colgante en la izquierda del rostro. ¿No tienen photoshop en el PSOE? Ya sé que estas cosas son de mera imagen. Pero la imagen es esencial y hay que cuidarla. ¡Esa raya que le apunta directamente al gaznate, como si fuera una guillotina! En fin, que hay que esforzarse algo más en lo iconográfico.

En lo lingüístico tampoco hemos empezado muy bien. Rubalcaba es un hombre inteligente, mide sus palabras y sus tiempos; no es un bocazas como son muchos políticos; transmite la impresión de sinceridad, no parece el menda que vaya a tratar de venderte un pepla; tiene sentido del humor, rasgo importantísimo, y lo que dice suele ser razonable. Por eso ese deseo formulado recientemente de que quiere que la gente lo conozca como "Alfredo" y ya no como "Rubalcaba", lo que traduce una intención de proximidad, es audaz, desde luego, pero muy arriesgado. En el siglo XX sólo dos políticos han sido conocidos por su nombre de pila: José Antonio y Felipe. El primero no cuenta, pues no ejerció gobierno; queda sólo Felipe, en un país que ha tenido cinco Felipes reyes y un Felipe príncipe. Es el modelo de Rubalcaba pero me temo que no va a salirle. Y menos con la fórmula que han encontrado los genios del tarjetón de Alfredo P. Rubalcaba, que parece de gobernador de Nuevo México.

Salvando estos defectos de comunicación, el PSOE tiene un candidato muy sólido, seguramente el mejor. Por eso interesa que hable y explique su programa y no haga declaraciones sonoras como la de que sabe lo que que tiene que hacer para crear empleo, si no puede demostrarlo fehacientemente y eso sin contar con que alguien le diga que, si lo sabe, cómo es que no lo ha hecho ya desde el Gobierno. Sin duda Rubalcaba está al mando pero da la impresión de que tiene razón Felipe: cuanto antes salga del Gobierno, mejor para él. Más tiempo para preparar su campaña.

Porque lo que tiene enfrente son dos baterías que no van a parar de machacarlo, la batería de la derecha (gobierno de izquierda radical, del paro, de la deuda, de la crisis y de la recuperación de ETA) y la batería de la izquierda (gobierno de derecha, neoliberal, al servicio de los empresarios y el capital, antisocial) enfiladas sobre su posición. Y ninguna de ellas va a perder un tiempo precioso cañoneando a la otra. En el discurso del PP, IU no existe y en el de IU, en el fondo, el PP, tampoco. El enemigo común es el PSOE. En este caso, Rubalcaba, probablemente el mejor ministro del Interior de la democracia, a quien la izquierda acusa de los GAL y la derecha de amigo de ETA.

Además de todo lo anterior Palinuro cree que a Rubalcaba hay que reconocerle valor.

viernes, 30 de enero de 2009

¿Cuestión de imagen? ¿Cuestión de estilo? Ambas.

Según los resultados del "Publiscopio" de Público de hoy el PSOE saca casi ocho puntos en simpatía al PP, mientras que según el sondeo/flash de Metroscopia para El País de hoy, el PP está ocho puntos por debajo del PSOE en intención de voto. Todo ello a un mes aproximadamente de dos importantes elecciones autonómicas y a pesar de que el Gobierno del PSOE se encuentra embarrancado en medio de una crisis económica sin igual, con aumento galopante del desempleo, empobrecimiento general, cierres en masa de empresas y muy oscuras expectativas. Sería normal que fuera al revés, que la oposición capitalizara el mal momento del Gobierno, subrayara sus fallos y fracasos y, proponiendo alternativas, se ganara el apoyo de la gente. Sería lo normal pero lo normal aquí no cuenta; y no cuenta porque la derecha proyecta una imagen destructiva de sí misma y lo hace con un estilo tan profundamente equivocado que parece habérselo aconsejado su peor enemigo.

En cuanto a la imagen no hay que discurrir mucho: son meses ya ofreciendo diariamente un espectáculo de bronca permanente, zancadillas, jugarretas de unos a otros, enfrentamientos, desplantes, ambiciones ocultas o sin ocultar, rencillas, venganzas, rabiosos personalismos con fraccionamientos clientelares que dan idea de una reyerta de pícaros y jayanes, y una organización carente de toda cohesión interna y no digamos armonía. Casi toda la responsabilidad de esta caótica situación recae sobre el comportamiento insolidario, arrogante y fraccionalista de la señora Aguirre cuya ambición sólo es comparable a su fabulosa falta de sensibilidad e inteligencia. Pero no se trata solamente de ella, aunque haya acaparado gran parte de la atención mediática con sus caprichos y manías personales. El PP es un hervidero de individualidades desajustadas, incapaces de mostrar entendimiento alguno y todas ellas desbarradas en uno u otro aspecto. Ruiz Gallardón, Mayor Oreja, María San Gil, González Pons, Dolores de Cospedal, Soraya Sáez de Santamaría, Javier Arenas, Rodrigo Rato, Camps e tutti quanti suenan como una polifonía destemplada en la que cada cual va a lo suyo como si apenas tuviera que ver con los demás. Si añadimos la batería de floreros chinos en sentido descendente (descendente de descender en todos los aspectos) como Fraga, Aznar, Acebes, Zaplana o Miguel Ángel Rodríguez, el guirigay se hace descomunal. ¿Cuándo se produjo la última declaración del señor Aznar que su partido no tuviera que ignorar piadosamente? Y en el puente de mando de este navío de orates el capitán Rajoy cuya presencia sólo se advierte por las veces y las voces que critican su ausencia, su indecisión, su inoperancia, sus silencios, su indefinición y falta de liderazgo.

Añádase a esa imagen de confusión y batiburrillo, de grescas por los puestos, las listas, los cargos, el fantástico episodio del zoco madrileño del espionaje, en el que una miriada de gentes de sombría catadura y dudosa moralidad a sueldo de politicastros encaramados en los nichos del poder de la Comunidad de Madrid llevan años vigilándose recíprocamente, fotografiándose a las escondidas, siguiéndose mutuamente y chantajeándose. Lo que se nos ha revelado recientemente es como un panopticón benthamiano vuelto hacia dentro de una zona de soplones, confidentes, testaferros, matones y gentes sin escúpulose en un mercado de informaciones con fines de extorsión, soborno o intimidación. Sobre la imagen del desorden, la de los mafiosos jugando sucio a base de dossiers es potencialmente destructiva.

La guinda ha venido a ponerla la sensación generalizada de que el PP es ante todo una estructura de clientelismo y corrupción local (caso Fabra) que alcanza su manifestación exponencial en la Comunidad Autónoma de Madrid, en donde el enchufismo, el amiguismo y el mangoneo parecen ser la esencia misma del gobierno de la plaza. La entrada de ayer en el blog de Ignacio Escolar, titulada La Comunidad de Madrid, una empresa familiar, muestra una estructura tan corroída por el nepotismo y el descarado reparto de gajes y prebendas entre familiares y amigos que no creo pueda ya resolverse por la vía estrictamente política sin intervención de la penal.

Con esa imagen la verdad es que los ocho puntos por debajo en intención de voto parecen poco. Pero es que hay más, mucho más. La comunicación política tiene dos pies: la imagen y el discurso. Y el discurso de la derecha es tan malo y tan suicida como el de la imagen. Corresponde éste a los periodistas y comunicadores en general adscritos o cercanos al PP o a sueldo de éste, bien directamente, bien por intermedio de instituciones públicas o privadas. Recuérdese que se trata de un partido en el que la pantalla que separa al político del periodista es porosa y francamente osmótica. Pero en algo coinciden todos, sean políticos que hacen como si fueran periodistas, periodistas que desempeñan cargos políticos o que influyen sobre los políticos en los cargos, les dicen lo que tienen que hacer y, llegado el caso, piden el voto para el PP incluso en los editoriales de sus periódicos; en algo, digo, coinciden todos: en su estilo bronco, agresivo, intimidatorio, faltón y en no escasa frecuencia, injurioso, como vienen determinando los tribunales.

Es un misterio quién haya dicho a los estrategas de la derecha, si es que los tiene, que ese estilo es acertado y conducente al éxito. Quizá lo fuera en la España de los años veinte y treinta del siglo pasado, muy dividida y enfrentada, pobre, ignorante, analfabeta y relativamente fácil de manipular. Pero los españoles de hoy son ciudadanos europeos ilustrados, respetuosos con el pluralismo, críticos, tolerantes, pacíficos, de cultura política democrática que nada tienen que envidiar a los italianos, franceses, alemanes o ingleses. A esos ciudadanos, el estilo abroncado, agresivo, insultante de los comunicadores de la derecha los pone decididamente en contra sobre todo cuando se dan cuenta de que no solamente se emplea en contra de los adversarios ideológicos sino también frente a los compañeros de tendencia pero de distinta lealtad y bandería. Los más soeces insultos los recibe el señor Rajoy en la COPE; los ataques más graves, en El Mundo. ¿Cómo diablos piensan que se pueden ganar elecciones con ese estilo?

Personalicemos por un instante la cuestión en el famoso locutor de la cadena espiscopal cuyo rábido discurso cotidiano en las ondas alcanza niveles que lo han convertido en el querellado permanente... de los de su propia tendencia. Sin duda esa feroz diatriba permanente encandila a una audiencia fiel de gente que se desayuna con él y le garantiza un caché elevado y saneados ingresos, pero ¿es rentable para la opción conservadora como partido e iglesia? El auditorio son unos dos millones y con dos millones no se ganan elecciones en España. En cambio ese estilo irrita y enemista a muchos más, gente que podría votar a una derecha centrista pero que huye despavorida cuando escucha que el centrismo es cosa de sinvergüenzas, proetarras, potenciales asesinos, etc. Es sorprendente cómo nadie cae en la cuenta de que esos dos millones de oyentes de la ración diaria de odio votarán al PP en todo caso porque son sus incondicionales, un baluarte pero que, a cambio, se pierde una cantidad incalculable de gente a la que repatea el estilo desaforado y generalmente injusto impuesto por los locutores de la COPE. ¿Por qué, si no, la SER dobla siempre en audiencia a la COPE? ¿Por qué El País tiene una difusión muchísimo mayor que El Mundo? Por una cuestión de estilo. Los medios de la derecha se niegan a reconocer este hecho paladino y, en su inimitable estilo, barbotan que los otros forman un monopolio "al servicio del poder" (prometo dedicar una futura entrada a esta curiosa prostitución del lenguaje por la que los medios de la derecha hablan del poder como si fueran anarquistas) cuando lo que es evidente es que pierden siempre la batalla de la competencia porque son de calidad inferior. Claro que, mientras se mantengan cifras rentables, aunque no sean las mejores, quedan asegurados los emolumentos de sus directivos e inspiradores que así no necesitan devanarse los sesos por conseguir lo que cualquiera trataría de hacer en buena lid: desbancar a la competencia siendo mejores que ella.

Dejo deliberadamente de lado la cuestión que tanta gente señala sobre la aparente disonancia entre el discurso de la cadena de la Iglesia y la doctrina evangélica porque es asunto que me resulta indiferente pues no creo que haya disonancia alguna. La doctrina evangélica de la Iglesia católica ha estado siempre cohonestada con la violencia fáctica o verbal. Otra cosa es qué efecto tenga a la larga en el seno de la propia iglesia el hecho de que las actitudes de la jerarquía en este campo cada vez estén más enfrentadas. Allá ellos.

Mi interés era explicar en el terreno estrictamente civil por qué el PP no puede ganar elecciones con esta imagen y este estilo. Suelen decir quienes acuñan la primera y gastan el segundo que eso es falso y que el PP ganó unas elecciones por mayoría simple en 1996 y absoluta en 2000. Pero lo falso aquí es esa conclusión: tanto en 1996 como en 2000 las elecciones no las ganó el PP sino que las perdió el PSOE. En cuanto éste se recompone y aunque caigan chuzos de punta, el PP, con la imagen y el estilo comentados, no tiene nada que hacer en la España de hoy.

(La imagen es una foto de Whiskeygonebad, con licencia de Creative Commons).