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jueves, 12 de diciembre de 2013

El despotismo de la derecha.

La cosa es ya tan patente, tan manifiesta y descarada, que hasta la oposión socialista, habitualmente en babia, se ha dado cuenta. La portavoz del PSOE en el Congreso, Soraya Rodríguez, advertía a su tocaya y vicepresidenta del gobierno que no subestimen la fuerza de la ciudadanía que tiene derecho a manifestarse. Lo decía a propósito de esa Ley Mordaza preparada por los psicópatas del ministerio del Interior y del nuevo dislate de entregar el orden público a unos vigilantes jurados que bien pueden ser matones a sueldo de las mafias que se organicen como empresas. Pero, de haber tenido un poco más de perspectiva histórica, la socialista habría podido exponer su advertencia con mayor fuerza. En efecto, el delirio apandador,  expoliador, de esta asociación  con ánimo de delinquir que pasa por partido político (¡y de gobierno!) está tensando irresponsablemente la cuerda en una situación ya de por sí muy peligrosa.

Las dos revoluciones más importantes de la Edad Moderna, la estadounidense de 1776 y la francesa de 1789 comenzaron a causa de la tiranía y el despotismo del poder político en materia de impuestos. En los Estados Unidos, fue una sublevación contra la arrogancia del Parlamento británico que se creía legitimado para imponer gravámenes a las colonias sin consultarlas. En Francia fue una sublevación del Tercer Estado, la burguesía, los campesinos, los únicos que pagaban impuestos mientras que tanto la nobleza como la iglesia estaban exentas de ellos.

Lo mismo que sucede en España: un gobierno despótico y tiránico carga arbitrariamente todas las exacciones fiscales sobre las clases medias y los trabajadores de modo unilateral, sin debate alguno, por decreto, en una especie de frenesí confiscatorio. Entre tanto, la Iglesia no solamente no tributa sino que vive parasitariamente de los impuestos que pagan los sectores trabajadores. Igual que los ricos, quienes no solo no pagan (esa vergüenza de las SICAV ya clama al cielo), sino que defraudan sistemáticamente a Hacienda, evaden capitales a paraísos fiscales, se benefician de las amnistías otorgadas por un gobierno de mangantes y, encima, consumen los servicios públicos que pagamos los demás.

La impresión de injusticia, de despotismo y tiranía, empieza a ser insoportable. Por eso tiene razón la Soraya socialista, aunque ni ella misma sepa hasta qué punto: esta arbitrariedad, esta sensación de robo impune, de expolio, está alimentando una rabia y un odio que, como la presión en las marmitas, pueden estallar en algún momento. Se añade a ello una pública complicidad de los gobernantes con los delincuentes, cosa por lo demás natural porque son los mismos. Si un cargo público del PP defrauda, roba, cosa que pasa con frecuencia, su partido y gobierno obstaculizan la acción de la justicia, destruyen pruebas, si necesario es persiguen al juez y, si, a pesar de todo, no consiguen evitar que el ladrón sea condenado, lo indultan. Como se aprestan a hacer con el delincuente Matas y el delincuente Hernández Mateo, ex-alcalde del PP de Torrevieja.

Cuando la presunción de delincuencia se cierne sobre alguna persona del entorno real, como la infanta Cristina, ya es todo el Estado, desde la Fiscalía hasta el ministerio de Hacienda y la abogacía del Estado, el que se moviliza para impedir la acción de la justicia y que las fechorías de las personas reales queden impunes, como lo están las de los ricos (¿hay algún banquero, de esos que han robado cientos de millones con las preferentes y otros timos trileros, en la cárcel?) o las de los curas.

Conscientes estos gobernantes ilegítimos, ellos mismos sospechosos de ser tan corruptos como los corruptos a los que persigue la justicia, de que la situación está poniéndose peligrosa, tratan de promulgar normas restrictivas, autoritarias, arbitrarias, como la mencionada Ley Mordaza para  aterrorizar a la población confiscando sus bienes si se le ocurre ejercer sus derechos constitucionales y permitiendo que estas arbitrariedades las cometa la policía, sin ningún tipo de garantía ni protección de los tribunales pues ya el hipócrita ministro del Interior se ha ocupado de poner las tasas judiciales fuera del alcance de los posibles recurrentes. Vía libre a la policía para que actúe a su antojo en la calle, hostigando, amedrentando a los ciudadanos, crujiéndolos a palos y a multas, actuando como bandas de matones con absoluta impunidad.

Y como esto les parece poco, ahora privatizan estas tareas autorizando a los vigilantes privados a las órdenes de ciudadanos particulares a identificar y detener viandantes en espacios públicos. En estas condiciones ¿quién puede estar seguro? ¿Qué impide al amigo Mayor Oreja, propietario, al parecer, de una empresa de seguridad y directo beneficiario de esta nueva atrocidad, ordenar a sus asalariados que vayan por la calle deteniendo a todos aquellos a quienes tenga ojeriza? 

Y lo que me extraña es que el gobierno se limite a esta nueva provocación y, ya puestos, no faculte a los seguratas para imponer asimismo multas de 600.000 euros. Al fin y al cabo un paso más en el objetivo obvio de este gobierno consistente en oprimir a la población, amedrentarla y confiscarle sus medios de vida. 

No se extrañen estos sujetos, incluidos los socialistas, que no se enteran gran cosa, si en algún momento pasa algo gordo.

(La imagen es una foto de La Moncloa aquí reproducida según su aviso legal).

viernes, 14 de diciembre de 2012

Las listas negras, las grises y las marrones.

Anuncia el ministro Montoro en el Senado con rostro adusto y mirada iracunda que publicará las listas de los grandes evasores de impuestos, como se hace, dice, en otros países, por ejemplo Irlanda y Gran Bretaña. Está el ministro irritado por el fracaso de su generosa amnistía fiscal (que él llama "regularización fiscal") a esos mismos grandes evasores. Esperaba 2.500 millones de euros y solo ha recaudado 1.200, lo que quiere decir que han aflorado 12.000 millones. Una futesa. Es muy humillante que desprecien tu magnanimidad. Así que ahora, que se preparen estos defraudadores recalcitrantes, que vamos por ellos.
Primeramente hay que resolver algunos problemas. Por ejemplo, cómo determinar quiénes figuran en las listas negra de la vergüenza. De problema, nada. La ley tipifica como delincuente a quien defraude por encima de 120.000 euros. Pues esos. De lo que se trata es de dar publicidad a los nombres de los presuntos delincuentes que, por lo demás, ya debieran ser públicos por estar la Hacienda obligada a interponer denuncia de oficio.
Otro problema es la necesidad de respetar el mandato de reserva de los datos fiscales de personas físicas o jurídicas. Un mandato de reserva que Montoro se saltó a la torera cuando habló de las deudas con Hacienda de los medios de prensa críticos con el gobierno. O sea, para entendernos, El País. El carácter absoluto de esa reserva, al extremo de encubrir delitos, quería justificarse antaño con la necesidad de ocultar los nombres de los contribuyentes por temor a las extorsiones etarras. Eso se ha pasado y, además, no es necesario modificar norma alguna porque, al tratarse de presuntos delincuentes, sus nombres deben estar ya en los tribunales que, como se sabe, funcionan por el principio de publicidad. Es decir, en el fondo, la única novedad de las listas debiera ser ordenar por orden alfabético los nombres de los defraudadores. O por orden de cuantía de lo defraudado, que tiene más morbo.
El último problema que dice Hacienda encontrar es cómo dar a conocer la lista negra de defraudadores y evasores. Piensa en subirla a su página web pero cree que debe acudir a más formas de publicidad, con lo que demuestra su ignorancia de la tecnología digital, el ciberespacio y la ciberpolítica. No se preocupen: ustedes cuelguen la lista en su página web y en cosa de minutos habrá llegado por viralidad al último confín de la tierra, estará en las portadas de todos los medios digitales y de papel del día siguiente, se encontrará en miles de enlaces de Google y otros buscadores. Ustedes limítense a subir la lista y verifiquen bien los nombres porque, como se les cuele un inocente, les (nos) va a sacar los untos en reparaciones.
Lo importante es la lista. El ministro está decidido a sacarla. La mayoría de la oposición aplaude. ¡Lista negra fuera! ¡Que cada palo aguante su vela! Que paguen de una vez, brama el ministro justiciero.
Y todo el mundo está de acuerdo. Tanto, tanto que algunos empiezan a plantear problemas. Así, el PSOE apoya la publicación de la lista negra pero añade que también quiere una gris. El diputado socialista Pedro Saura pide que asimismo sean públicos los nombres de los defraudadores que han regularizado su situación con Hacienda gracias a la amnistía fiscal. Parece bastante lógico y aunque estos evasores "legalizados" puedan sentirse molestos, supongo que nadie les prometió sigilo en su operación "rescate".
Pero, siendo lógico, es peligroso, ya que pone de relieve la injusticia de publicitar los nombres de los defraudadores excepto los de aquellos que tampoco pagan impuestos pero gozan del beneplácito del Estado. Que no son solamente los blanqueadores "legales". Son, sobre todo, los capitales que evaden impuestos mediante las SICAV. Una bolsa de cientos, quizá miles de millones que no tributan a la luz del día. Una medida recaudadora muy similar a la amnistía pero implantada por el partido del diputado Saura y mucho más ingeniosa que la amnistía pues no es única ni excepcional sino permanente, continuada, prolongada en el tiempo. No se deja de contribuir una vez; no se contribuye nunca, salvo el 1%.
Las dificultades se multiplican. Es imposible tomarse en serio los propósitos de lucha contra el fraude fiscal de un gobierno que asiste impávido al proceso por el que la Comunidad de Madrid, de modo arbitrario y manifiestamente injusto exonera de sus obligaciones fiscales a una empresa privada como Eurovegas. El magnate Adelson dejará de ingresar a la Hacienda española 3.200 millones de euros. Hará muchas otras barrabasadas. Se ciscará en la ley y la soberanía españolas, pero eso no hace ahora al caso. (OFF: Palinuro promete dedicar un post al peculiar paletismo de los gobernantes españoles, al estilo de l@s Aguirres, Gonzáleces, Camps, Fabras y otros a l@s que los estadounidenses venderán un día el Empire State Building.)
Si Montoro pretende de verdad luchar contra el fraude por imperativo moral, como dice, tiene que acabar con el ilegal y el legal al mismo tiempo. Bien está la lista negra, pero publique también la gris. En esta, los amnistiados, los de las SICAVs, los Adelsons y Adelfathers. Tod@s.
Sin embargo ya sabemos que no será así. Y lo sabemos no porque desconfiemos de la voluntad de publicar la lista gris sino porque ni la negra será completa. El gobierno se niega a revelar los nombres de la lista Falciani, una relación de más de cien nombres con cuentas corrientes en el banco HSBC en Ginebra. Es más, tiene en la cárcel al pobre Falciani, el bancario suizo que reveló las listas de cientos de miles de supuestos evasores de varias nacionalidades. Pero ahora que lo pone en libertad la Audiencia Nacional, aunque aún se le pueda extraditar a Suiza, ¿quiere el gobierno explicar a la ciudadanía por qué no da a conocer el contenido de esa lista? Hay más de 120.000 ciudadanos que apoyan la carta abierta de Público titulada muy acertadamente Señores ministros: ¿quiénes son los que nos están robando?.
Porque, vamos a ver, señor Montoro: ¿cómo justifica usted que se dé publicidad a los nombres de quienes defraudan a la Hacienda Pública a la pata la llana pero no a los de quienes lo hacen en el selecto club del HSBC? ¿Porque son los de la lista marrón que algunos llaman "dorada"?
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

lunes, 30 de julio de 2012

Las tres desgracias

Se habían citado en una elegante peluquería del centro para darse unas mechas e ir luego a picar algo por ahí para charlar un rato, intercambiar impresiones antes de la desbandanda del verano. Eran Esperanza Aguirre, Ana Botella y María Dolores Cospedal, las tres mujeres más poderosas del PP no integrantes del gobierno. Palinuro no se perdió el encuentro y, dada su habilidad para camuflarse, asistió a él, unas veces disfrazado de espejo, otra de barra de bar de copete.
Aguirre. ¡Qué año! Tenemos el pueblo soliviantado.
Cospedal. Sí y la policía no actúa como debiera. Tenéis que hablar con Cristina.
Botella. La pobre no da abasto. 2000 manifestaciones en Madrid.
Aguirre. Son todos liberados. Si se acabara con esa mamandurria...
Cospedal. No sería suficiente. Hay que acabar también con los interinos.
Botella. Sí.¡Qué peste! ¿Cuántos tenéis vosotras?
Aguirre. Haya los que haya, son demasiados y, dado que no podemos eliminar funcionarios...
Cospedal. Hay que cambiar la ley de una vez por todas. Los peores son los funcionarios. Como están seguros en sus puestos, andan siempre protestando.
Botella. Claro. Por eso proponen los empresarios que también se pueda despedir a los funcionarios. Sobre todo ahora que, con la reforma laboral, se puede despedir gratis. Ya era hora. ¿Cuántos tienes tú, Esperanza?
Aguirre. Como los interinos: demasiados y siempre protestando, cuando son la verdadera causa de nuestro déficit.
Cospedal. ¡Ah! ¿Ya sabes cuánto déficit tienes?
Aguirre. Muy graciosa, Loli. Pero la verdad es que tenemos el enemigo metido en casa: liberados, interinos, funcionarios. Socavan nuestra autoridad y los valores que defendemos. La autoridad, el respeto, la disciplina, el orden. ¡Y mientras tanto, teniendo que colocar a nuestros parientes con cuentagotas!
Botella. Lo socavan y lo ponen todo perdido.
Cospedal. Tienes razón, Esperanza: no se puede consentir que se apropien espacios públicos. Ahí están otra vez en Sol, haciendo el ganso.
Botella. Es verdad. Es como las prostitutas en Madrid. No se puede consentir que se apropien espacios públicos para su... negocio.
Aguirre. Lo que hay que hacer es no darles motivos. Mariano lo está haciendo fatal.
Botella. ¡Ah, no! De eso ni hablar. Mariano está haciéndolo de cine. Y no digamos ya Alberto.
Cospedal. Sí, sí, yo creo que el jefe va bien orientado. Las medidas desagradables, al principio. Luego, tenemos tres años para recolectar lo sembrado.
Aguirre. Hostias es lo que vamos a recolectar como sigamos así.
Botella. Por favor, Esperanza, modera tu lenguaje.
Aguirre. Hostias; os lo digo yo. ¿Habéis visto la última encuesta de El País?
Cospedal. Las encuestas las hace todas el PSOE.
Botella. ¿Cómo lo sabes?
Cospedal. Una regla sencilla: si ganamos, vale; si perdemos, el PSOE.
Aguirre. Sí, sí, lo que quieras; pero no levantamos cabeza. ¿Tenía Alberto que meter la pata con el asunto del aborto?
Botella. Por Dios, Esperanza, qué cosas tienes. Cuanto antes. Y además lo borda desde el punto de vista de la filosofía jurídica. Eso de la igualdad de derechos de los discapacitados, a ver cómo te lo refutan los rogelios.
Cospedal. No es difícil; lo harán. Estoy de acuerdo con Esperanza: no había necesidad de enemistarse con más gente. Estamos sembrando el camino de cadáveres. Nos estamos metiendo con los ingresos de la gente, su trabajo, sus derechos. No es preciso ir a tocarle un punto débil con esto de los abortos.
Botella. Me dejáis sorprendida y consternada.
Aguirre. Bueno, vale. En todo caso, Albertito se ha dado una castaña porque ha descubierto que la gente no le sigue y así no conseguirá ser presidente del gobierno o califa en el lugar del califa
Botella. Alberto no es de esos. Tiene principios.
Aguirre. Sí, y finales. A otra cosa, mariposa; otra metedura de pata de Rajoy. ¿Por qué tiene que subir los impuestos?
Cospedal. Nos obligan en Europa.
Aguirre. No creo, mi niña. En Europa lo que quieren es que tengamos la pasta, la pastuqui, lista para pagar las deudas. De dónde la saquemos, les trae sin cuidado.
Cospedal. Pero, ¿de dónde la sacamos?
Aguirre. Hay que seguir reduciendo gasto público.
Cospedal. Pero ¿de dónde? Ya hemos recortado todas las partidas. El otro día Soraya me dijo que ya no hay de donde sacar más.
Aguirre. Esa cría acaba de caer del nido. Hay un montón de sitios donde ahorrar. Se pueden privatizar más cosas.
Cospedal. Como ¿cuáles?
Aguirre. La justicia, por ejemplo. ¿Por qué tiene que ser pública? ¿Por qué vamos a pagar todos los ciudadanos las manías de un litigioso compulsivo? O las cárceles. ¿Por qué tenemos que pagar la manutención de delincuentes? ¡Qué se la ganen!
Cospedal. Y ya no te digo nada las pensiones.
Aguirre. ¡Coñe, todas privadas!
(La imagen es una reproducción de un cuadro de Grant Wood de 1932 titulado Hijas de la Revolución, en el public domain).

lunes, 9 de julio de 2012

Exactamente, ¿en dónde estamos?

Cada día que pasa se produce un nuevo desencuentro entre Mariano Rajoy y la realidad, por decirlo al modo finolis. Son desencuentros clamorosos, de esos que dejan al personal boquiabierto pero no parecen hacer mella en la inquebrantable fe de aquel en el poder taumatúrgico de sus palabras. Según él, la fabulosa línea de crédito que nos han abierto nuestros socios comunitarios no traerá acarreadas condiciones al Estado. Según Merkel, las traerá porque nadie da nada por nada y porque el préstamo se hace a España y no a sus bancos. El parecer de Rajoy no cuenta. 
El presidente español urge a que Bruselas libre los fondos comprometidos directamente a los bancos. Pero el acuerdo fue que eso solo se haría cuando funcionara una autoridad bancaria única de supervisión que está por crear y no surge de la noche a la mañana.
Lo aclaraba perfectamente Wolfgang Schäuble, el ministro alemán de Hacienda al señalar que la inyección directa a la banca no será hasta el año que viene y que, en este, de momento, la transferencia se hará al FROB con el aval del Estado. Diga lo que diga Rajoy quien, sin embargo, insistirá en que consiguió un triunfo con el acuerdo de Bruselas. Debe de pensar que los españoles no leen los periódicos. Y junto a los trémolos de victoria llegará la nueva oleada de recortes, la única política que parece entender Rajoy y que va a tensar más una situación social ya muy crispada, con los mineros entrando hoy en Madrid y todos los colectivos profesionales, desde los médicos a los profesores, en pie de guerra. 
Convendría explicar al presidente el concepto de círculo vicioso, esto es, que a mayores recortes, menos consumo; a menos consumo, menos producción y menores ingresos, que obligan a mayores recortes, etc. No es complicado. En otros términos: no se sale de la crisis restringiendo (más) el gasto sino aumentando los ingresos, esto es, actuando sobre la politica fiscal incrementando los impuestos, con una fuerte progresividad. Hasta cabe pensar en un "impuesto patriótico" que gravara las grandes fortunas para salvar a la Patria de la ruina. "Subir los impuestos también es de derechas". Se lo brindo como titular.

lunes, 31 de octubre de 2011

El programa de los ricos.

Rajoy retrasó cuanto pudo la exposición de su programa electoral pero, al final, no hay modo de mantenerlo oculto, aunque sí sea posible maquillarlo de tal forma que no se sepa lo que dice, o no se entienda o diga lo contrario de lo que en verdad se pretende. Todo lo cual tiene su mérito, como puede verse en el resumen que hoy adelantan los periódicos de lo que aprobará el Comité Ejecutivo Nacional.

El programa electoral de la derecha, según criterio general, es ambiguo, impreciso, como viene siendo Rajoy desde que se ve a tiro de piedra de La Moncloa. Un programa moderado, al igual que el candidato se define a sí mismo: moderado. Pero lo llamativo no es que el programa tenga estas características. Un programa moderado tiene tanto derecho a existir como uno radical. Será el electorado el que decida. Lo llamativo es que ese programa contradice dos datos reales de modo frontal: a) no coincide con el radicalismo de la oposición del PP durante estos tres últimos años, ni con el catastrofismo de sus juicios, ni con su insistencia en que, pues nos encontramos en una situación límite, deben aplicarse reformas "valientes", "profundas"; b) tampoco coincide con lo que la derecha está haciendo allí en donde gobierna, en Madrid, Valencia o Castilla La Mancha, entre otros lugares, esto es, aplicando esas medidas "valientes" y "profundas" que están ausentes en el programa en forma de drásticos recortes en la sanidad y la educación, por ejemplo. Lo llamativo es que alguien diga que no piensa hacer lo que está haciendo.

El programa electoral del PP se alimenta de la vieja ideología neoliberal de reducir el Estado y bajar los impuestos a las rentas más altas con el argumento de que, al disponer éstas de más dinero, invertirán y crearán empleo. Como si no existieran los paraísos fiscales acerca de los cuales, si no me quivoco, nada se dice. Se emplean varios eufemismos, como bajar los impuestos a las Pymes y a los "emprendedores", término con menos connotaciones que "empresarios". También se pretende bajar los impuestos al ahorro a largo plazo; dado que el ahorro no tributa, se refiere al capital y sus beneficios. Se habla de una reforma laboral que permitirá bajar más los salarios y se pretende eliminar los convenios colectivos, sustituidos por los de empresa, lo que deja a los trabajadores literalmente a merced de los empresarios en condiciones que, a no dudarlo, frisarán con la esclavitud. Es decir las líneas de un programa electoral de clase están claras. ¿Cuánto nos apostamos a que lo primero que suprime Rajoy es el derecho de huelga de los funcionarios, que tanto molesta a Esperanza Aguirre?

Hay un silencio revelador acerca de la sanidad y la educación. Sólo se sabe que Rajoy declara que no le "gustaría tener que tocar la sanidad y la educación". ¿Qué va a decir? ¿Que le gustaría? Las recortará pero que quede claro que a disgusto. A la hora de acusar el golpe, es de esperar que el pueblo llano recuerde con cuánto disgusto se toman las medidas que lo acogotan, aunque para entonces ya no habrá remedio. La vía está marcada en las comunidades madrileña y valenciana: sanidad y educación de calidad para los ricos. Los otros, resignación cristiana.

En derechos sociales el panorama es bastante oscuro. Habrá, dice el programa, una reforma de la ley del aborto para proteger el derecho a la vida, es decir, se restringirá el derecho al aborto. En qué medida, dependerá de la mayoría parlamentaria con la que se cuente y del predominio que en ella ejerzan los más integristas. Y, desde luego, los homosexuales pueden despedirse de su derecho a contraer matrimonio; algo tan obvio que ni se menciona.

El programa compromete al gobierno del PP a "no negociar con terroristas", lo que es una afirmación sorprendente por dos razones: primera porque nadie está negociando con terroristas (aunque Mayor Oreja sostenga lo contrario pertinazmente); y segunda porque lo que resta por hacer, después del fin de ETA, no es negociar, sino dialogar para normalizar el País Vasco de una vez. Si por "no negociar" se entiende "no dialogar", la normalización puede truncarse.

Comparando el programa electoral del PP con el del PSOE es incomprensible que alguien pueda sostener que son lo mismo. ¿Cómo va a ser lo mismo bajar los impuestos a las rentas más altas que subírselos; recortar los derechos sociales que mantenerlos y ampliarlos; suprimir la sanidad y la educación públicas que mantenerlas, no dialogar que dialogar, eliminar los derechos laborales que protegerlos? ¿Qué fines reales persiguen quienes sostienen que son lo mismo? ¿No son los del PP?

domingo, 27 de septiembre de 2009

¿Qué son las rentas más altas?

Hace unas fechas el presidente del Gobierno, dando cuenta de que pensaba subir los impuestos, auguraba que pagarían más las rentas más altas. Ahora miro en derredor los muros de la patria mía y comprendo que para el Presidente las rentas mas altas son las que pueden permitirse el lujo de comprar objetos con el 16 por ciento de IVA, o sea, todos. Este es un país de ricos a lo que se ve o la subida van a soportarla los tramos medios de renta, como siempre.

El señor Rodríguez Zapatero que tantas veces ha fallado ya, parece empeñado en que no lo elijan, llegado el momento, porque la subida del IVA en dos puntos porcentuales es hacer que pague más todo el mundo, empezando por los que más han sufrido el impacto de la crisis. Por supuesto, los que más tengan serán quienes más paguen; pero esa es una subida lineal mientras que el Presidente inducía a pensar que la medida incluiría progresividad geométrica. El debate sobre si bajar los impuestos es de izquierda está ya resuelto: es de izquierda lo que haga el presidente, por la razón que sea, lo argumente o no. Aunque también puede haber aquí un engaño si, por ejemplo, sale mañana el señor Rodríguez Zapatero diciendo que ser de izquierda es no ser de izquierda. (La imagen es una foto de Remo, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 10 de septiembre de 2009

El debate vacío.

El debate de ayer no tuvo la agresividad y vistosidad de otros, pero dejó en evidencia dos estilos distintos y opuestos de hacer política. De un lado, el del presidente del Gobierno quien, aun no teniendo puntos firmes de apoyo, ni mensaje concreto que trasmitir, no trayendo nada específico y suficientemente desarrollado, sabe dosificar la información de que dispone, organiza su proyecto y se adapta a las circunstancias. De otro el del señor Rajoy, también carente de estructura y de datos concretos y tangibles y ayuno de toda responsabilidd por poner en práctica lo que se dice ya que no se dice nada. Las intervenciones del señor Rajoy, intemperante, condescendiente, a veces despreciativo y con muy escaso margen para enderezar es el ejemplo perfecto de lo que no hay que hacer. Sobre todo en los momentos polémicos.

Ciertamente, el señor Rodríguez Zapatero es liviano y, si alguna vez tuvo eso que llaman carisma -basado en el hecho de ser una persona bien educada que no salta a la yugular del interlocutor- ha mucho tiempo que lo perdió y cuya mejor defensa es el hecho de que su contrincante y pretendiente a la vez es el señor Rajoy quien jamás en seis años que llevan frente a frente, ha conseguido no ya superar al presidente en aprobación popular sino simplemente acercársele.

Eso en cuanto a las formas. En cuanto al fondo el resultado es igualmente anodino: el presidente estaba seguro de que los ciudadanos entenderemos que aumente la presión fiscal "moderadamente" a la vista de las circunstancias catastróficas por las que atravesamos. Como, al mismo tiempo, no dio datos específicos de quiénes pagarían cuánto más, estaba en lo cierto al presumir aquiescencia. En cuanto al dirigente de la oposición mayoritaria, se limitó a elaborar su habitual discurso negativista, hipercrítico y tremendista, sin advertir que, aunque el presidente no conseguía generar una corriente de apoyo o simpatía en la cámara, menos lo hacía él y, de este modo, el debate consistió en un intercambio de vaguedades e inconcreciones entre dos mónadas leibnizianas ambas ajenas al mundo exterior. No obstante, el señor Rajoy consiguió bordar su número más característico, el que prueba que los dioses no lo han llamado por el camino que tan inútilmente se empeña en seguir, el de la política: tocó a rebato, llamó la atención, hizo su altisonante oferta de acuerdo y diálogo... y la vinculó a una condición que de antemano sabía tanto él como la audiencia que era imposible de cumplir: acuerdo de ambos partidos para acometer la crisis y reducir el gasto público... a condición de no subir los impuestos que era, precisamente, todo el contenido del debate de ayer.

(La imagen es una foto de guillaumepaumier, bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 29 de agosto de 2009

El problema es la comunicación.

Primera conferencia de prensa del presidente del Gobierno a la vuelta de las vacaciones. Rosario de medidas gravosas. Se insinúa que desaparecerá la devolución de los cuatrocientos euros. Igualmente que habrá subidas de impuestos, dice el señor Rodríguez Zapatero, "temporales y limitadas". Vender lo inevitable como un favor es un truco muy viejo que engaña poco. ¿Es que son posibles subidas de impuestos "ilimitadas" y "eternas"? Por otro lado, la verdad está, como siempre, en la letra pequeña. Según la ministra de Hacienda, "todas las figuras impositivas" están en revisión. He aquí el primer límite hecho trizas: todos los impuestos van a revisarse. De limitadas las subidas, nada.

¿Por cuánto tiempo? Segunda incógnita que la impericia del presidente del Gobierno resuelve a favor del PP: hasta que la oposición gane las elecciones dentro de poco más de dos años prometiendo bajarlos.

(La imagen es una foto de guillaumepaumier, bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 13 de junio de 2009

Los que pagarán la crisis.

De manual. Cinco días después de las elecciones el Gobierno sube los impuestos. Los indirectos, claro, que son los que gravan a ricos y pobres, con encomiable sentido socialista de la igualdad. Ya lo tenía decidido antes del domingo pasado pero no dijo nada para no perder votos que, cuando se habla de subir impuestos, huyen como alma que lleva el diablo. Se acabaron las dádivas, los regalitos, 400 euros por aquí, 2.500 euros por niño por acá...Ahora toca pagar por los dispendios de antaño y las medidas sociales de hogaño. Suben el tabaco y las gasolinas y, dentro de nada, subirán el alcohol, los juegos, etc. La crisis van a pagarla los fumadores, los bebedores y los conductores. Es decir, todos.

No digo que no deba ser así, pero convendría que el Gobierno explicitase algo más su orientación política porque, aunque los reaccionarios y los curas digan que es un gobierno de "radicales", lo cierto es que, hasta la fecha, sus políticas han beneficiado más a los ricos que a los pobres. Por eso, ¿qué tal si, además de subir la fiscalidad de bienes esenciales como las gasolinas, el Gobierno crea y las Cortes aprueban un impuesto extraordinario sobre las rentas del capital? ¿Qué tal si se refuerza la progresividad del impuesto en los tramos más elevados? ¿Qué tal si se crea un impuesto extraordinario y transitorio sobre los sueldos de los cargos electos en nuestro país? Así, entre otras cosas, comenzaría a recuperar parte del dinero que ha puesto a disposición de los bancos, es decir, de los causantes de la crisis.

(La imagen es una foto de Ted Abbott, bajo licencia de Creative Commons).