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miércoles, 10 de junio de 2015

Las capillas de la izquierda.

Los últimos veinticinco años han sido de dominio del discurso económico neoliberal. Con la crisis, ese dominio se ha hecho total. No solamente lo repite machaconamente la derecha y es el único que encuentra eco en los medios y los centros de fabricación de ideología sino que también lo repiten como papagayos las izquierdas. Todas. La siniestra fórmula thatcherista, TINA (There Is No Alternative), no hay alternativa a las privatizaciones, desregulaciones, recortes, injusticia fiscal, desigualdades, etc. se ha impuesto en todas partes. Entre las izquierdas también. En todas, no seamos ingenuos ni nos traguemos los pretextos y excusas de unas banderías izquierdistas para refutar a otras, pero solo por el amor al sillón y no a las cuestiones de fondo.

Por supuesto, hay sus matices. Los que más género neoliberal han comprado han sido los socialistas y socialdemócratas, quienes, salvas algunas excepciones, recitan íntegras las mentiras neoliberales sobre el mercado y los embustes de la libre competencia. Suelen compensarlo señalando que, a su vez, han sido ellos los únicos en implantar reformas favorables a los más necesitados, políticas redistributivas, han atendido más a la justicia social y la igualdad, poniendo en pie los Estados del bienestar. Cierto. Las otras izquierdas sostenían que se trataban de reformas engañadoras, en complicidad con los capitalistas para desmovilizar al pueblo trabajador, y que lo necesario eran medidas revolucionarias capaces de cambiar la situación de la gente y no meramente cosméticas. Por supuesto, no pudieron poner ni una en práctica; se limitaron a maldecir a los socialdemócratas. Con la crisis, también han aceptado la doctrina TINA y, habiendo olvidado sus discursos radicales, ahora fingen que, al estar en peligro el Estado del bienestar, traicionado por los socialdemócratas, les corresponde a ellos, la verdadera izquierda, defenderlo, restablecerlo, agrandarlo, consolidarlo. Pero tampoco han hecho nada salvo hablar y siempre mal de los socialistas, pues en casi ninguna parte han sido elegidos para nada y, por tanto, no han tenido actividad de gobierno alguna.

La izquierda no tiene una política económica propia de conjunto, distintiva, que sea clara alternativa al neoliberalismo. Nadie piensa en cambiar de modelo productivo ni en reformas de calado del capitalismo sino en algunos parches aquí y allá para ir tirando y, si acaso, se discute sobre esos parches, dando a entender que una medida de reforma del sector bursátil, por ejemplo, es radicalmente distinta a otra medida de reforma del mismo sector bursátil, siendo así que son en todo análogas. Es posible que las fuerzas económicas internacionales no permitan otra cosa. El caso de Syriza es paradigmático. Según parece ya se conforma con salvar las pensiones. En política económica, las izquierdas son coros de plañideras.

Pero, se dice, es que la verdadera marca de la izquierda ya no está en estas cuestiones económicas sino en el terreno de los principios, de los ideales, de las realidades que afectan a los derechos, en definitiva, de los valores posmaterialistas, como los llama Ronald Inglehart. La lucha de la izquierda está hoy en el campo de la libertad y las libertades, de la ampliación de los derechos, de la lucha contra la arbitrariedad, el oscurantismo religioso, el patriotismo obligatorio, la corrupción, el enchufismo y la patrimonialización del Estado en manos de unos caciques de la derecha que tienen capturado el Estado como fuente de sus exacciones.

No es verdad. En el campo de los valores posmaterialistas, solo los socialdemócratas han hecho algo. El PSOE, en España, normas muy avanzadas en materia de igualdad de géneros, de derechos de las minorías, de reconocimiento de la pluralidad de valores, de avances culturales y protección de los más débiles. Pero lo han pagado al precio de una mayor corrupción que siempre hará más daño a la izquierda que a la derecha debido a sus mayores exigencias morales. Las demás izquierdas, "verdaderas", "transformadoras", etc. están por estrenarse, no han hecho más que hablar y también se han llevado su parte de corrupción si bien es cierto que en menor medida que la otra.

En punto a bastantes de estos valores, las izquierdas están igual que las derechas. O peor, porque tienen menos posibilidades y menos dinero para comprar voluntades. La prueba es que, de todos los transfuguismos ideológicos (no de partidos), casi la totalidad, algo así como el 99%, son de la izquierda a la derecha. No al revés. Follow the money.

Sea como sea, las izquierdas muestran los mismos (o similares) grados de amiguismo, enchufismo, fulanismo y caciquismo que la derecha. Basta con observar sus diarios digitales. Todos ellos son capillas de compadres y amigos más o menos enchufados, que apenas discrepan entre sí y mantienen relaciones privilegiadas con unos u otros sectores o grupos de una izquierda política muy fragmentada. Son en gran medida "periódicos de partido" o de fracción de partido, en el sentido de la clasificación de sistemas de medios de Hallin y Mancini. Prensa militante en la que la información tiene un notable sesgo interpretativo y la opinión es tan monocolor como en la prensa de la derecha. Dentro de cada capilla no hay controversias: los capilleros se doran mutuamente la píldora, hablan bien de los libros de unos y otros o de las conferencias y las propuestas de otros y unos.

Tampoco hay mucha polémica de unas capillas a otras. Estas suelen dejarse a los comentaristas que en la prensa digital son legión. Igualmente no las hay cuando las columnas se convierten en  debates en radio o televisión. En lo audivisual rige  idéntico sistema de capillas. Al no haber polémicas reales, ocurre con estos medios y sus capillas lo que con los de la derecha: los intervinientes son perfectamente previsibles y todo el mundo sabe lo que dirán y hasta cómo lo dirán. Además esos intervinientes mantienen erre que erre sus interpretaciones, por erróneas o torticeras que sean, pues nadie las cuestiona desde su propio campo.

Quizá sea una actitud comercialmente acertada. Los clientes, los lectores, los auditorios de radio y televisión conectan generalmente con los medios en donde les van a contar lo que quieren oír. Eso, la derecha, que tiene un sentido pragmático de la existencia, lo borda. En la izquierda empieza a darse también porque se abre paso un pragmatismo de nuevo cuño con el objetivo de ganar como sea. No se trata de informar, debatir, confrontar intrerpretaciones o aclararlas, sino de imponer doctrina y salirse con la suya.

Para eso se necesitan las capillas como entidades cerradas de Verdaderos creyentes y los que no son admisibles son los dubitativos, los críticos, los objetores, los que no aceptan la diciplina de la capilla, los independientes. A esos se los censura, ningunea o silencia porque, como también piensa la derecha con razón, no son de fiar. Pero, en el caso de las izquierdas, se riza el rizo cuando se acusa a las otras capillas de hacer lo mismo que hacen ellas.

Y estos van a regenerar el país.

viernes, 10 de abril de 2015

De nada demasiado.


Eso decían los antiguos griegos. De nada demasiado. Los griegos modernos no necesitan el consejo. No pueden tener demasiado de nada.

Pasmado tiene el PP a la audiencia y la concurrencia con su forma de perpetrar primero y justificar después su ataque al derecho a la información y la libertad de expresión. La primera medida del gobierno de Rajoy fue modificar la Ley de RTVE de Zapatero con el fin de nombrar director sin necesidad de consenso con otras fuerzas parlamentarias. Es decir, de valerse de sus solos votos para poner al mando del ente a un correveidile fiel a las doctrinas e intereses del partido. En cosa de días no quedaba nada de la imparcialidad y el muy decoroso nivel informativo de la televisión heredados de Zapatero. Y no solo en la televisión madrileña, sino en todas las teles controladas por el PP y pagadas con dineros públicos.

Según el código mediático del gobierno y su partido la información es formación, o sea, adoctrinamiento. La realidad debe ser "editada", es decir, interpretada según los intereses del gobierno. La televisión es un medio de comunicación y, por tanto, de propaganda y manipulación. Continuamente, sin parar, en todos los programas, singularmente en los llamados "informativos", extraños espacios de experiencias místicas en las que el ser y el no ser se confunden. Una noticia pasa a ser no noticia y una no noticia, noticia, según decisiones a golpe de argumentario político. Y, si no se confunden, se transmutan filosofalmente. Por ejemplo, unos abucheos con que es recibida Cospedal en sus frecuentes expediciones inauguratorias se transforman en fervorosos aplausos.

Para acometer esta ardua tarea de adaptar la realidad a los deseos de los gobernantes, los gobernantes no pueden confiar en los trabajadores de los propios entes que tienen la competencia técnica, pero no son de probada lealtad al ideario de los mandos. Por eso hacen outsourcing ideológico y contratan, al parecer, equipos enteros en los predios afines de la derecha mediática. Y constituyen redacciones paralelas. Lógico: para crear una realidad paralela se necesita una redacción paralela.

La realidad es televisada por el gobierno central y sus sucursales autonómicas. El dominio de los audiovisuales es absoluto. Como lo son la censura y la manipulación. Es lo que los políticos del PP, por ejemplo, Aguirre, llaman "imparcialidad y pluralismo" en la tele. Y no, no es un problema de disonancia cognitiva. Es un problema de mendacidad. Una persona que pone en la calle a un periodista de Tele Madrid acusándolo de haber comprado el discurso del enemigo obviamente llama pluralismo a cualquier cosa excepto al pluralismo.

El resultado de la conversión de los medios públicos en aparatos de agit-prop es un descenso pavoroso en las audiencias cuyos shares se aproximan al cero. Estas televisiones son una ruina desde el punto de vista económico, aunque ello no importa gran cosa al gobierno que las financia con dineros públicos mientras deplora el despilfarro y busca una excusa para privatizarlas. Pero también son una ruina desde el punto de vista político, aunque es difícil que los genios del PP entiendan esto. Su afán es saturar literalmente la sociedad con su propaganda, sin permitir resquicio alguno por el que puedan colarse voces distintas, ideas discrepantes, otras opiniones. Ni las suyas, que ya es el colmo. La Junta Directiva Nacional, con sus 400 miembros ha dado un ejemplo sublime del silencio de las esferas y el amigo Rajoy ha vuelto al plasma para aparecerse al mundo.

Desconocen la sabiduría de la máxima griega, de nada demasiado. Sin embargo es bien clara. El exceso produce hartazgo y acabará consiguiendo lo contrario de lo que pretende. Como esto puede resultar difícil de entender para algunas entendederas, lo ilustraremos con un ejemplo. La caída de las sociedades comunistas en los años ochenta y noventa del siglo XX comenzó en todos los casos con las primeras elecciones parcialmente democráticas. Se hicieron bajo el orden político y jurídico del comunismo, con todas las televisiones bajo férreo y absoluto control del partido comunista y este perdió las elecciones en todas partes, excepto en Bulgaria.

Si no se controlan los medios audiovisuales pueden perderse las elecciones y si se controlan, también.

sábado, 28 de marzo de 2015

S'ha acabat el bróquil.

Tomo prestado el título del libro de Jaume Barberà, éxito de ventas, aunque con una intencionalidad distinta. El bróquil que aquí s'ha acabat es de otra naturaleza. Se ha acabado la broma, vaya. Eso de tener a un rojeras descorbatado batiendo marcas de audiencia, dando voz a los adanes, dejando en evidencia a este gobierno, cuyo talante democrático raya en cero, no es justificable. Presión de la autoridad sobre la cadena privada y puntapié al presentador incómodo. El programa seguirá pero es de presuponer que con una orientación distinta, más respetuosa con los poderes constituidos.

La empresa justifica la medida en la falta de objetividad de Cintora. Lo hace de modo ritual pues la nota no explica nada, sino que comunica una decisión adoptada. Es un poco cómico porque, según convicción universal, la objetividad no existe. Lo cual no implica que no sea necesario tratar de conseguirla. Pero, además, comparado con lo que se ve por ahí, el espacio de Cintora era bastante objetivo. En ello sin contar con que el señor también censuraba, porque este es un país de censores. En la izquierda, también. Y este en concreto, a lo que no fueran sus amigos de Podemos, alguno bastante tonto, por cierto.

En el fondo, estos asuntos son irrelevantes. La cuestión esencial es que la derecha considera esencial la lucha en el campo ideológico en donde de lo que se trata es de imponer nuestro discurso y silenciar el contrario o disidente. Lo demás, sobra. La imbricación entre elementos ideológicos y el espíritu del mercado es evidente: ninguna empresa en su sano juicio prescindiría de un empleado que incrementara el beneficio. Salvo que la empresa comercie con la ideología. Como es el caso. Un buen ejemplo de las falacias del neoliberalismo, que llama "libre mercado" a unas relaciones privilegiadas entre las empresas y el poder político, cuyo coste acaba pagando siempre el ciudadano, en este caso, el televidente.

Tiene razón Íñigo Ramírez de Haro, tan fulminantemente destituido de embajador como Cintora de presentador, cuando dice que "la marca España es la Inquisición". Tal cual. Él la ha sufrido en sus carnes. El ministro Margallo lo ha destituido de la embajada de Serbia por unas declaraciones que, según el ministerio, dañan la imagen de España en el extranjero. Es una excusa como la de la falta de objetividad de Cintora. ¿La imagen de España en el extranjero? Vaya el ministro y pregunte. Coincide más con la que bosqueja Ramírez de Haro que con la oficial, por lo demás, inexistente.

Ramírez de Haro ha estrenado en El Español una pieza bufa al parecer, titulada Trágala, trágala. Habrá que ir a verla pues todo en ella promete. Según mis noticias, arranca en Fernando VII y termina hoy, con Pablo Iglesias y la reina Letizia. Palinuro coincide con la interpretación del autor por lo que le lleva leído: España sigue siendo un país nacionalcatólico, gobernado por el clero, bien directamente, bien mediante devoto ministro interpuesto, como Ruiz Gallardón, Fernández Díaz y otros. En el caso de Margallo es más lo nacional que lo católico, S'ha acabat el bróquil de que un representante de España vaya por ahí difundiendo la leyenda negra.

Cintora e Íñigo Ramírez de Haro, la antiespaña. Según mis noticias El País ha mandado de corresponsal en Buenos Aires al hasta ahora encargado de las crónicas parlamentarias, Carlos E. Cué porque era crítico con el gobierno, según el gobierno. Consta, al parecer, una estrecha amistad entre el periodista mandarín Cebrián y la gobernante de hecho, Sáenz de Santamaría. Prensa y gobierno al unísono, el atajo hacia la tiranía.

El panorama de los medios convencionales es aterrador por lo monótono, unilateral, repetitivo. S'h acabat el bróquil de simular respeto al pluralismo y a la democracia. Vuelven los Principios Fundamentales del Movimiento, que eran imprescriptibles y fueron jurados por el monarca anterior quien ha trasmitido el vínculo de ese juramento a su hijo, si bien este ya ha jurado la Constitución.

Es una preparación en toda regla con vistas a lás próximas confrontaciones en dos tiempos: las elecciones catalanas de septiembre, cuyo resultado se abre a un futuro de incertidumbre política y las generales de noviembre, en las que la ciudadanía va a votar en favor o en contra del gobierno. Lo curioso de la situación es que si bien el voto a favor tiene un único polo, el voto en contra tiene varios. Digan lo que quieran, que estos varios polos no hayan sabido fundirse en uno es un fracaso histórico.

martes, 18 de febrero de 2014

Cierra la Transición.

Al parecer, hoy está previsto que los barandas de El País den el puntapié hacia arriba al dire, Javier Moreno. Otro paso más en el proceso de desintegración del legado de un otrora gran periódico. La crisis de la prensa, que no es de la escrita (pues la digital también es escrita) sino de la de papel; la incompetencia de los gestores de una empresa que Polanco (llamado "Jesús del Gran Poder") sacó de la nada y a la que aquellos quieren devolverla; la deriva derechista de un medio que siempre fue mal que bien de centro; el oportunismo político y la codicia de su principal responsable; la pérdida de calidad periodística; los despidos en masa y el maltrato al personal restante. Todo apunta en la misma dirección que la destitución de Moreno. Y eso que este, de grado o por fuerza, había mostrado su disposición a hacer lo que se le dijera, desde poner a la gente en la calle hasta censurar contenidos o defender al gobierno. La prueba esa infame portada de ayer, magistralmente analizada por Íñigo Sáenz de Ugarte en una entrada en su blog Guerra eterna, alojado en eldiario.es, titulada Hoy es un gran día para el ministerio del Interior.

No es bastante. El gobierno quiere directores serviciales, periódicos sumisos, cuando no ditirámbicos, como La Razón o el ABC. Por eso saltó Pedro J. y por eso Cebrián le entrega El País, poniéndose él muy a salvo antes de nada, con el riñón bien forrado. Ya lo comentamos ayer en La pastuqui todo lo salva. Hoy añadimos la metáfora del barco a pique. La nave se hunde, pero el primero que se salva es el capitán. Ejemplar.

Y hay mucho más. El País es casi sinónimo de Transición, motivo de permanentes y agrias polémicas. Esta quiso ser el definitivo paso de España hacia la modernidad, el triunfo final del programa regeneracionista, la "normalización", el retorno a una Europa perdida doscientos años antes. Y el faro de este grandioso empeño colectivo había de ser El País. Con su giro de las nuevas mayorías (según el presunto nuevo director, Caño), el diario pone punto final a la Transición retornando al de partida, entregándose a un gobierno quintaesencia del más sórdido nacionalcatolicismo tradicional, deslegitimado, acosado por la corrupción de su partido, caciquil, arbitrario, autoritario e incompetente. Un gobierno para el que el modelo de medio de comunicación es el NO-DO. Un gobierno que pretende regir el país a la vieja usanza de la derecha, con el engaño, la censura y la represión. 

Quien hizo la transición, la deshizo. En parte importante, desde luego, el mismo periódico. 

Pero no las mismas personas.

jueves, 18 de octubre de 2012

El fascismo avanza

Lo que pretende hacer el director general de la policía, Ignacio Cosidó, de impedir que se hagan fotos de la policía "trabajando" (dice; quiere decir, reprimiendo) y penar que se difundan por la red es inconstitucional, ilegal, inmoral y profundamente antidemocrático. Es prueba del talante fascista de los actuales gobernantes. Es el mismo espíritu con el ya trataron de impedir que las televisiones cubrieran la manifa del 25S y hostigaron y amenazaron a los periodistas.
Quieren la impunidad para que la fuerza pública pueda actuar sin control, cometer todo tipo de tropelías y que no haya testigos. Quieren, tanto Cosidó como Cristina Cifuentes y otros mandos policiales, así como el ministro del Interior, establecer un Estado policía. Un Estado policía al más puro estilo fascista: ningún derecho para la población e impunidad para los policías para que puedan hacer lo que les dé la gana sin testigos.
Además es un atentado frontal contra los derechos fundamentales de libertad de expresión y derecho a la información. Sostiene Cosidó que hay que velar por la seguridad de la policía cuando hace su "trabajo". Es obvio que si la policía hace su trabajo con arreglo a la ley, las imágenes que se tomen jamás podrán comprometer su seguridad. Pero lo que quiere este individuo es que queden protegidos también cuando se saltan la ley y abusan de su poder, que no son pocas veces. Quiere suprimir de raíz el derecho que tenemos los ciudadanos a ver y saber cómo actúan los policías a los que pagamos con nuestros impuestos; incluido el salario de ese señor Cosidó que aspira que sus policías nos abran la cabeza sin que podamos siquiera protestar.
Pero la maniobra es aun más siniestra de lo que parece, mucho más que el intento de garantizar la impunidad para los abusadores y la supresión de los derechos fundamentales. Es un intento de edificar un verdadero Estado policía en la medida en que, si nadie puede fotografiar lo que hace la policía está claro que será esta la que fabrique los relatos de lo que haya sucedido, siempre culpando a la población civil, eximiéndose ella misma, cargando sobre los manifestantes los más pintorescos delitos, en definitiva, fabricando las pruebas y los montajes a su capricho sin que los ciudadanos podamos defendernos. Y esto es no es una fábula: lo están haciendo ya. Lo hicieron al intentar acusar a los detenidos el 25S de delitos imaginarios que los jueces han rechazado. Lo haceb cuando envían policía disfrazados, agentes provocadores, con la misión de provocar violencia para justificar las cargas más bestiales y acusar luego de aquella a la gente en los tribunales. Obviamente, no quieren pruebas de sus fechorías. El fascismo nunca quiere testigos de sus delitos.
Si ese proyecto de impedir que los ciudadanos podamos fotografiar y grabar lo que pasa en la vía pública sale adelante, junto a las actividades represivas ilegales de la delegada del gobierno en Madrid, el fascismo habrá ganado otra batalla contra una sociedad esquilmada, explotada, oprimida, engañada, apaleada y ahora despojada del resto de sus derechos.
Lo único sensato que en democracia y en un Estado de derecho aceptable de nivel europeo cabe hacer con estos dos elementos de Cristina Cifuentes e Ignacio Cosidó es destituirlos fulminantemente por enemigos jurados de las libertades y los derechos de los ciudadanos..

domingo, 9 de septiembre de 2012

A puerta cerrada.

Voto a tal que la dirección del PSOE vive en el pleistoceno. Hoy el comité federal del partido debatirá a puerta cerrada el informe del secretario general. ¡Qué pleistoceno! Antes, incluso, en la época de la guerra fría, cuando Kruschef presentó un informe secreto al XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) en 1956.
Un informe ante los 250 miembros del Comité Federal a puerta cerrada es, de hecho, un informe secreto.
Informe secreto, puerta cerrada. ¿A qué suena esto? ¿A qué suena en la era de internet, de la información universal en tiempo real?
¿Cómo va a impedir Rubalcaba que se filtre en las redes su documento si, al declararlo secreto, ha puesto a todos los hackers, wikilikeanos, anonymous sobre la pista de la codiciada presa?
Y, sobre todo, ¿cómo va a impedir que algunos de los 250 compañeros socialistas tuiteen desde sus móviles lo que esté pasando en el Comité Federal? La única forma que se me ocurre es que instale un inhibidor de frecuencias, con lo que dejará el Comité fuera de cobertura. Pero, ¿hasta dónde está dispuesta a llegar la dirección del PSOE para impedir que se haga público su debate interno? Y, sobre todo, ¿por qué lo oculta?
La puerta cerrada va a estar abierta de par en par. Pero lo interesante aquí es indagar en el uso de las fórmulas. A puerta cerrada, sin duda algo previsto estatutariamente, supongo, transmite una idea de secreto y misterio, enemiga de la transparencia democrática del debate político. ¿Qué decía el Informe secreto de Kruschef? Pues básicamente que Stalin, su antecesor en el cargo en el PCUS, era un déspota, un tirano y un criminal. ¿Qué dirá el secreto informe de Rubalcaba? No acusará a Zapatero de criminal, imagino, pero lo criticará, no se sabe si reconociendo o no la parte de culpa que a él le cabe. Kruschef no lo hizo; Rubalcaba, más realista, algo admitirá; pero poco.
Si las palabras no son gominolas, cuando se anuncia un debate de estrategia, se está hablando de cuestiones graves, de principios, de valores, de compromisos e ideales. Hurtar este debate a los militantes en particular y a la opinión pública en general es ir directamente contra el espíritu del tiempo, el Zeitgeist.
No han calculado bien los socialistas el desastroso efecto que esta actitud de madriguera va a producir en una esfera pública dominada por la comunicación. Les brindo las dos consecuencias inmediatas:
1ª: al final del sanedrín, el secretario general ofrece él solo una rueda de prensa. Todo un adelanto. Ya han conseguido que el partido hable con una sola voz: la del jefe. El contenido es imaginable, pero Palinuro, no siendo profeta, esperará a que Rubalcaba lo exprese. Lo interesante ahora es eso: una única voz, algo ya cercano al temible "pensamiento único". ¿Y los 249 restantes? ¿No van a hablar? ¿Remitirán todos a la sabiduría incontestable del secretario general? ¿Nadie esbozará una crítica? No es creíble, ¿verdad?
2ª: una vez recibido el verbo del secretario general y debatido a calzón quitado, cara a cara pero a puerta cerrada, al final, los 250 miembros de tan augusto órgano se diseminarán por todos los puntos geográficos del reino llevando a los suyos noticia de la nueva estrategia. Es como la difusión de la verdad en un espíritu evangélico. No saben para qué sirven las redes sociales. No saben emplearlas. Pero el debate van a tenerlo precisamente en las redes sociales.
¡A puerta cerrada! Hay que fastidiarse con los que quieren conquistar el futuro.

jueves, 16 de agosto de 2012

Van por WikiLeaks.

Pura ciberpolítica. El episodio de WikiLeaks ha ido creciendo con el tiempo y hoy representa la lucha en el orden mundial entre los partidarios de la libertad de expresión e información en el mundo y enemigos de los secretos de Estado y quienes pretenden finalidades opuestas. Es una lucha global, propia de nuestro tiempo, en la que están involucrados varios Estados (EEUU, Inglaterra, Suecia, Ecuador, Australia, etc), el ciberespacio planetario pues WikiLeaks es una empresa puramente digital, diversos movimientos antisistema, como Anonymous o Democracia Real Ya, muchos medios de comunicación y organizaciones en pro de derechos civiles. El. caso sentará precedente y, por eso, nadie quiere ceder.
En principio, el propósito último de WikiLeaks, esto es, la publicidad y transparencia de los Estados, la abolición de los secretos, goza de muy amplio apoyo, con la consabida excepción de aquellos secretos que afecten a la seguridad seguridad nacional. Pero ese apoyo no tiene correlato en el sistema político, en donde se entiende que el recurso al secreto puede y debe exceder las cuestiones de estricta defensa, ya que garantizan la eficacia del gobierno.
La reacción mundial contra Assange prueba que realmente los poderes de la tierra lo ven como enemigo. Quieren eliminarlo, asfixiarlo, destruirlo. Las grandes plataformas le han negado acogida y los portales de servicios financieros, como Visa o Pay Pal, le han bloqueado sus cuentas. En lo político se da la misma animadversión o peor. Todos los Estados hacen causa común por el temor a que la práctica de WikiLeaks los deje en descubierto. Hasta el de Ecuador, que se toma su tiempo para decidir si concede asilo político a Assange o no, lo cual demuestra lo complicado de la situación puesto que se supone que Correa simpatiza con los objetivos de WikiLeaks. Pero la situación para él debe de ser difícil por las presiones que estará recibiendo. Especialmente de los EEUU en donde un gran jurado secreto está deliberando en este momento qué delitos se imputan a Assange, algunos de los cuales pueden acarrear la pena de muerte.  Hay que dar un escarmiento. El mundo debe saber que no se juega con los secretos de los Estados Unidos.
En el momento de escribir esto la policía inglesa puede haber entrado en la embajada del Ecuador en Londres y arrestado al fundador de WikiLeaks por quebrantamiento de libertad condicional y con la intención de extraditarlo luego a Suecia a petición de un fiscal, que aquilatará si las acusaciones contra él por malos tratos y violación pueden sustanciarse en imputaciones. Cabe recordar en este momento que, a todos los efectos, Assange lleva dos años en una situación de indefensión y sin el amparo de los tribunales, pues los ha pasado detenido de hecho sin que medie una imputación formal en su contra sino solo la petición de la fiscalía sueca. Al conceder la extradición, el Tribunal Supremo de Inglaterra ha dado por bueno que la fiscalía es una "autoridad judicial", como exige la ley, lo cual es altamente opinable.
 Según revela el canciller ecuatoriano, el gobierno de Londres le ha comunicado por escrito que tiene fundamento jurídico para entrar en la embajada y detener a Assange. De suceder así, a partir de ese momento, el debate legal se centrará en las diferentes interpretaciones del principio de extraterritorialidad, recogido en la Convención de Viena de 1961 sobre relaciones diplomáticas, un debate que puede eternizarse. El aspecto político de la cuestión, en cambio, está suficientemente claro: mientras Inglaterra se negó a extraditar a España al dictador Pinochet al que reclamaba el juez Garzón, ahora, en el caso de WikiLeaks, está firmemente decidida a hacerlo a pesar de que, según las apariencias, no hay garantías de que después Suecia no lo extradite a los EEUU.
Curiosamente vuelven a estar frente a frente los dos protagonistas del caso Pinochet, Inglaterra y el juez Garzón que dirige la defensa de Assange por deseo de este, aunque ahora con los roles cambiados: Inglaterra quiere extraditar y Garzón quiere impedirlo.
La defensa de WikiLeaks consiste en presentar el asunto en términos políticos: persecución a quienes luchan por las libertades y contra la censura. Sus enemigos argumentan que las libertades tienen poco que ver pues se trata simplemente de que un ciudadano, al que se acusa de haber cometido unos delitos, tenga un juicio justo. Sin embargo, esta última posición se ha debilitado mucho cuando el fiscal sueco se ha negado a interrogar a Assange en la sede de la embajada del Ecuador. Lo quieren en Suecia pero no porque lo pida un juez o un tribunal de justicia sino un fisca,l. 
Dejémosnos de monsergas: claro que es una persecución política; claro que pretende acallar actividades que el poder político considera nocivas; claro que la represión está organizada y coordinada por los Estados Unidos que últimamente parecen haberse aficionado a esta táctica de singularizar el mal en un individuo, como Saddam Husein, o Bin Laden o Julian Assangue e ir por él ya en mitad de escarpadas montañas o en el centro de las grandes urbes.
(La imagen es una foto de R_SH, bajo licencia Creative Commons).

sábado, 30 de junio de 2012

La brigada de agitprop desembarca en RTVE.

Palinuro lleva una temporada pensando en escribir un librete que se llame algo así como Se puede vivir sin ver la tele y hasta supone que podría ser un éxito de ventas. Cree que lo comprarían todos, aunque pocos lo confesaran. Igual que sucede con la TV. Nadie reconoce mirarla de seguido (otra cosa, claro, es echarle una ojeada de vez en cuando) y, sin embargo, el Estudio General de Medios dice que el consumo de TV en España es de 238 minutos por persona y por día. Es decir, cada español pasa cuatro horas diarias delante del televisor. La sexta parte de su vida. ¡Y dicen que no la ven! Sobre todo los sectores cultos y avanzados de la sociedad, algo abochornados por la ordinariez, la zafiedad y la estupidez que destila el medio. Pero ellos, como los otros: cuatro horas diarias.
De momento la TV es el medio de comunicación más poderoso que hay y desde el que cabe adoctrinar con mayor eficacia a la población: adoctrinarla, manipularla, engañarla, desinformarla. No hay nada parecido en la sociedad, salvo internet y cuando se consolide y haya abolido la "brecha digital" .Más del 85% de los españoles reconocen formarse su opinón política a través de la TV.
A esta conclusión han llegado también en el PP, en donde han decidido no andarse con remilgos y cargarse la legislación de la época de Rodríguez Zapatero, romper las reglas del juego que obligaban a consensuar los cargos para garantizar que la TV fuera objetiva y no estuviera al servicio del partido en el gobierno. ¡Leyes blandegues y seudodemocráticas! Lo mejor es imponer unilateralmente los esbirros ideológicos del partido que eliminarán todo resquicio de objetividad e independencia y convertirán el medio en una caja de mentiras al servicio del PP.
Dos conclusiones se extraen de la caradura con que la derecha ha asaltado la RTVE. La primera la candidez del PSOE, quien creía que la derecha iba a respetar las reglas democráticas de juego. Esto de la ingenuidad en política empieza a parecer sospechoso porque siempre acaba beneficiando a la derecha, suscitándose la pregunta: el PSOE ¿es un partido de izquierda o su función es torcer esa izquierda y permitir que la derecha gobierne también cuando pierde las elecciones? La TVE, el caso Dívar, la renuncia al laicismo, etc, ¿son muestras de ingenuidad y debilidad o vías deliberadas por las que el PSOE regala parcelas del poder a la derecha en detrimento de los intereses de sus propios votantes?
La segunda conclusión es el afán totalitario del PP: copa (con CiU) todos los puestos del consejo de administración y los cargos con incondicionales y sectarios y se apresta a hacer de la tele la máquina de mentiras y propaganda que necesita, siguiendo el ejemplo de Telemadrid, un comité de propaganda del PP pagado con el dinero de todos los españoles. Por eso ha puesto al frente de los informativos a un pavo, un Somoano que ha sacado de los de Telemadrid; o sea un siervo seguro. El tal Somoano se presenta como autor de un panfleto que pasa por ser tesina de Máster de la Universidad Autónoma de Barcelona sobre la estrategia del PP para ganar las elecciones, un escrito falto de toda calidad teórica y empírica, un prontuario de consignas de la falsedad y la manipulación . Un hombre a tono con el fiel criado del PP al que este ha confiado la presidencia de la TVE, González Echenique, que no sabe nada de audiovisuales, pero tiene muy claro que su función es que el PP gane las próximas elecciones. Para eso los han puesto a todos ahí.
Los televidentes van a tragarse tres años y medio de NODO franquista a cuyo lado las memeces de Urdaci van a resultar muestras de agudo ingenio.
Creo que Palinuro, al final, escribirá el libro.
(La imagen es una foto de oddsock, bajo licencia Creative Commons).

viernes, 28 de octubre de 2011

El silencio de los lobos.

Durante su campaña electoral Rajoy no mantendrá encuentros con los medios de comunicación. Nada de ruedas de prensa, conferencias de prensa, canutazos (esto es, breves comparecencias para noticias específicas), nada de nada. Al parecer, su director de comunicación piensa que lo menos comprometido, lo mejor, es el silencio. En boca cerrada no entran moscas ni moscardones y de ella tampoco salen gazapos, inconveniencias, meteduras de pata que puedan poner en peligro el que se ve como seguro triunfo. Es paradójico que los expertos en comunicación piensen que lo más práctico es no comunicar, no decir nada. Más concretamente: no decir nada allí donde lo dicho pueda cuestionarse, pues los periodistas son unos pepitos grillos.

Está previsto, sí, que hable mucho en todo tipo de actos, en mítines, reuniones, congresos, charlas, fiestas, inauguraciones, etc. Pero sin que nadie pueda contestar, ni contrastrar lo que dice, ni rebatirlo. Un discurso monológico que se da de bruces con el nuevo espíritu, el de la política 2.0. Si no hay ruedas de prensa reales, menos las habrá virtuales, en el ciberespacio, en donde todo el mundo puede preguntar lo que quiera. Es decir, se dibuja una campaña que ignora la era digital. También va contra el espíritu clásico, según el cual la democracia es apertura, diálogo, debate y manda explicar las propuestas que se hacen, sobre todo cuando se prevén drásticas y muy duras, como más recortes, privatizaciones, desmantelamiento del Estado del bienestar.

Esta de no permitir preguntas o no contestar cuando se hacen es una actitud que cercena el derecho a la información de los ciudadanos y el de la libertad de expresión de los periodistas. Muestra un desprecio considerable hacia los electores. Pero no es exclusivo de Mariano Rajoy, sino que caracteriza a la derecha. Hace unos años, José María Aznar calló la boca a una periodista de la Cuatro que le hacía una pregunta, metiéndole un bolígrafo por el escote, un gesto que Palinuro no cree sea de caballero. A su vez, el exministro Trillo "respondió" a otra pregunta de otra periodista dándole una moneda de un euro, si bien el supernumerario lo hizo con algo más de elegancia que su antiguo jefe. Aunque el caso más acabado de este enrocamiento en el despreciativo silencio y el que quizá sirva de modelo para el de Rajoy, es el del expresidente Francisco Camps que se pasó dos años sin contestar a las preguntas que lo incomodaban, en concreto, las referidas al caso Gürtel.

Es decir, el silencio de Rajoy es el silencio del grupo; no hablar, no dar explicaciones, no rendir cuentas. Soltar soflamas, ataques virulentos sin posible respuesta, exageraciones, falsedades. Pura propaganda. O sea, tomar al auditorio por una colección de menores de edad a los que no se respeta.

La comunicación de la derecha es unidireccional y, cuando tiene ocasión, muy agresiva. Tómese el caso de la televisión de Castilla La Mancha que María Dolores de Cospedal ha puesto en manos de Nacho Villa, un periodista militante de la derecha cuyo concepto del pluralismo informativo es el de una catequesis. Ni la más mínima sombra de información contrastada, ni la menor aparición de puntos de vista discrepantes con el discurso oficial que Villa traslada a la opinión en su integridad y, claro, ni la más mínima duda de que la audiencia del medio se ha desplomado del 19,7 por ciento en tiempos del anterior director, García Candau, al 15,9 por ciento en los del designado por el PP. Pero esto no preocupa a la derecha pues, al ser la televisión pública, lo mejor es que se hunda para privatizarla luego a algún grupo afin que ya se encargará de subir la audiencia, aunque sea metiendo anuncios de prostíbulos como estaban haciendo los autobuses públicos de Valencia.

Es un silencio entreverado de propaganda que recuerda mucho el franquismo. Quien lo dude, que vea unas "noticias" de Telemadrid, en donde toda la información está editorializada, prácticamente hasta el pronóstico del tiempo. Si le quedan ánimos, que mire alguna tertulia en la que todos los participantes expresan siempre el mismo punto de vista y las diferencias son en los matices del infundio, si Rubalcaba es un frío calculador electoralista o un colaborador con banda armada

Ese turbio silencio y esa atronadora propaganda cuentan con la aprobación de la mayoría de la gente, de una mayoría tan silenciosa como el partido que le pide el voto. Palinuro no encuentra otra explicación que la inveterada sumisión del pueblo español al providencialismo de una oligarquía que lo ha gobernado históricamente y, despreciándolo, se aprovecha de sus debilidades. Frente a ello, la tarea democrática de alentar el espíritu crítico que convierte a una masa amorfa en una ciudadanía crítica, consciente de sus derechos y, por tanto, de su dignidad, recae sobre la izquierda.

Palinuro espera que el candidato socialista multiplique sus ruedas y comparecencias de prensa abiertas, con preguntas y respuestas, que mantenga una página abierta, diseminada en muchos "espejos", en la que conteste diariamente a las preguntas de los internautas, que esté en todas las redes sociales, que sea accesible, que hable con todo el mundo y respete a l@s periodistas, a quienes no se puede despreciar cuando ejercen su profesión porque representan a la ciudadanía con igual dignidad que los diputados.

(La imagen es una foto de Partido Popular de Melilla, bajo licencia de Creative Commons).

domingo, 11 de septiembre de 2011

La derecha y los medios de comunicación.

Cuando en 2006 Aguirre puso en la calle de una patada en el trasero a Germán Yanke, periodista bien de derecha pero no de la derecha que place a Aguirre, le espetó en antena que usted compra el discurso del adversario. Habiendo incurrido en el desagrado de la buena señora, Yanke, a quien Aguirre había nombrado director y presentador del telediario como podía haberlo nombrado jefe de contabilidad, no tenía más remedio que dimitir, igual que, según se dice, Racine no pudo sino morirse cuando Luis XIV lo miró con disgusto. Salvando las distancias, claro. Ya había habido un precedente cuando Aguirre pidió a Yanke que echara a otro periodista que tampoco le gustaba, Pablo Sebastián, con quien el primero tenía uno de esos apaños típicos del do ut des de su profesión, de yo te doy una columna aquí y tú me das un espacio allí, lo que explica el nivel informativo del país. Yanke echó a su amigo pero eso no le sirvió para conservar su puesto.

En todo caso, la expresión aguirresca y el fulminante despido ponen en evidencia la idea que la derecha española tiene de la relación del poder político con los medios de comunicación, una relación que aquella dice ser propia de "liberales" y, en realidad, es de carácter feudal en la que los medios son los feudos del baranda político de turno y los periodistas sus feudatarios, o vasallos, muy bien pagados, a los que se ordena lo que tienen que decir y hacer so pena de perder la bicoca. El verbo "comprar" empleado por Aguirre quiere ser un típico anglicismo semiculto pero traduce a la perfección la idea que la dueña tiene de los periodistas, de los discursos, las creencias y las cuestiones de ideología: todo se compra y se vende y no le falta cierta razón ya que está rodeada de un buen puñado de comunicadores e ideólogos a sueldo.

El despido de Yanke muestra que Aguirre cree que, pues es la presidenta de Madrid, la Comunidad Autónoma le pertenece como la empresa de chorizos Revilla pertenecía al industrial Emiliano Revilla. Pero no es así. La Comunidad Autónoma y la televisión madrileñas pertenecen a todos los madrileños y la presidenta está obligada a gestionarlas en interés de todos ellos y no a patrimonializarlas. No obstante, es lo que hace con singular descaro. La televisión de Madrid es su televisión. En ella se dice lo que Aguirre quierer escuchar y como quiere escucharlo y se silencia lo que no quiere escuchar, y si alguien se sale del guión, como Yanke, se le despide sin más monsergas. Si el despedido acude a los tribunales y estos le dan la razón y obligan a la Comunidad a pagarle una indemnización, Aguirre lo hace encantada porque la paga con el dinero de los madrileños. Mas desvergüenza es imposible. Sobre todo en alguien que va diciendo que el poder político ha de abstenerse de intervenir en la sociedad civil y el mercado pero que tiene sus narices bien metidas en ambos.

Si Aguirre pagara la tele que controla de su bolsillo, como Ariza paga Intereconomía del suyo, no habría nada que objetar, pero no es así sino que lo hace con dinero que no le pertenece, de un modo inmoral, sustrayendo recursos ajenos, de los ciudadanos, para emplearlos en beneficio de los suyos, de sus votantes indirectamente y directamente de la caterva de paniaguados y paniaguadas que tiene a suculento sueldo, muchos de los cuales no saben hacer la o con un canuto. Pero cobran. Como, según Bono, en tiempos de Aznar cobraba Carlos Dávila, hoy director de La gaceta (cuatro millones y medio de pesetas (unos 27.000 euros) al mes de TVE) por hacer lo que hace ahora, insultar y agredir a la izquierda.

El resultado de esta acción tan profundamente inmoral de Aguirre es un medio de agitación y propaganda al servicio de su persona y de su partido que sirve de modelo para todas las demás televisiones que gestiona el PP, en Valencia (en donde el Canal Nou es peor que la televisión de Franco), en Mallorca, en Castilla-La Mancha y en Extremadura ahora. La técnica es siempre la misma: se ganan las elecciones y se nombra al frente de la TV a auténticos comisarios políticos, cuando no a simples esbirros ideológicos a los que se pagan fortunas con el dinero de los contribuyentes por hacer un periodismo irrisorio al servicio de los gobernantes y de ataque a la oposición. El coste es altísimo, sobre todo si se mide en términos de productividad, esto es, de dinero por índice de audiencia.

Pero eso importa poco. Lo harían aunque la audiencia fuera cero y el negocio inexistente porque deja otros beneficios: de un lado, se impide que si alguien, por casualidad, sintoniza estos engendros, pueda acceder a una información equilibrada e imparcial y, además, se pagan los servicios de unos propagandistas venales, no con el dinero privado de los gobernantes ni de su partido sino con el de todos los contribuyentes. Es un negocio redondo. Mentir, censurar, difamar, engañar sale gratis y a algunos los enriquece. Curry Valenzuela, Isabel Durán, Alfonso Rojo, Hermann Terstch, Alfredo Urdaci, Fernando Sánchez Dragó, Ernesto Sáez de Buruaga, Ignacio Villa, etc., etc., la lista de gente que cobra o ha cobrado cantidades suculentas a cuenta del contribuyente por falsear la realidad al servicio del amo es impresionante. ¿De qué podía extrañarse Germán Yanke?

(La imagen es una foto de Esperanza Aguirre, bajo licencia de Creative Commons).

lunes, 25 de julio de 2011

La prensa delincuente.

Es de suponer que tenga razón Alan Rusbridger, director del Guardian, en un artículo ayer en El País (La cloaca & Cia. Cómo destapamos el escándalo de Murdoch) cuando dice que

"...la historia de Murdoch no ha terminado. Toca tan a fondo tantos aspectos de la vida cívica de Reino Unido y Estados Unidos -la policía, la política, los medios de comunicación, las leyes- que seguirá teniendo consecuencias durante meses e incluso años".

Lo sabe bien porque fue el Guardian el que hace casi diez años se lanzó en solitario a demostrar que el News of the World (NotW) recurría a procedimientos delictivos para obtener sus reportajes. Si los medios tienen sentimientos, ahora el Guardian se siente como el Washington Post del Watergate, que es el sentimiento que anhelan tener todos los periódicos decentes: honradez, audacia, principios, defensa de los derechos y libertades fundamentales en una sociedad civilizada.

La comparación con el Watergate no es muy afortunada. En aquel caso estaba implicado el Partido Republicano y la Presidencia de los Estados Unidos, no había villanos en la prensa y la policía tenía poco que ver en el asunto. En tanto que ahora, en el caso Murdoch, hay prensa cuyos gestores pueden haber cometido delitos indignantes con multitud de víctimas; hay asimismo policías presuntamente corruptos en cantidad aún por establecer pero que han dejado el prestigio de Scotland Yard por los suelos; y también aparece tocado el Primer Ministro, aunque en mucha menor medida de lo que lo estuvo Nixon. Es decir, políticamente este asunto es más grave que el Watergate.

Y de mucho más alcance, desde luego. NotW ha sentado ejemplo. Las investigaciones se orientan ahora a saber qué hicieron los otros medios del inmenso conglomerado de Murdoch, medios como la Fox News (una canal de TV incendiario de extrema derecha), que se han ajustado a un modo de entender la información como un lanzallamas y el debate como una agresión a degüello del adversario en términos de su derecho al honor, la intimidad, la propia imagen, un modelo que encuentra eco en parte de la prensa española.

Hay varias preguntas que pueden hacerse desde España. La primera es qué pensará hacer Aznar con su participación en el Consejo de News Corp. Porque ahora ya no puede aducir que él no sabía nada, lo que dice siempre que lo pillan en un renuncio. Desde su nombramiento en 2006 ha habido suficiente información pública para saber qué había en las sentinas del gigante de la comunicación. En 2006 ya se produjeron encarcelamientos incluso de algún periodista del NotW por escuchas ilegales. Y en 2009 se recrudeció el escándalo. Ahora ya es una avalancha de pruebas de que Aznar está asesorando a un grupo que puede haber recurrido a procedimientos tan delictivos como repugnantes.

Según parece Aznar cobra 220.000 dólares al año por su tarea en el Consejo. Como no es fácil creer que alguien dé 220.000 dólares por nada, sería elegante y educado que Aznar explicara de qué se habla en esos consejos y cuál haya sido su aportación. Al fin y al cabo el grupo Murdoch no lo ha contratado por ser José María Aznar López, funcionario de Hacienda, sino por haber sido presidente del Gobierno español, lugar en el que le pusieron sus votantes. Dado que Aznar posee ciertamente información de altísimo valor nacional por razón de su cargo y dado que el grupo al que asesora es sospechoso de comportamientos delictivos en las personas de sus máximos responsables, esta explicación no es demasiado pedir.

(La imagen es una foto de ssoosay, bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 22 de enero de 2011

Las preguntas de la canallesca.

Ahorremos todo comentario sobre la importancia de la prensa en una sociedad democrática. Es evidente. Vayamos a otros aspectos menos comentados pero no menos importantes. El señor Camps es presidente de la Generalitat valenciana no porque el cargo le pertenezca como le pertenecen sus trajes, al menos los que se paga él, sino por el voto mayoritario de los ciudadanos de su Comunidad. Lo ideal es que el voto sea informado. Los electores (y no electores) tienen derecho a saber qué hace y cómo lo justifica el que los gobierna y aspira a gobernarlos de nuevo. Pero ¿cómo lo van a saber si Camps se niega sistemáticamente a contestar las preguntas de la prensa? Con ello no sólo impide que los medios cumplan con su función de control del poder sino que conculca el derecho de los ciudadanos a la información veraz. Veraz no por lo que él diga, sino porque pueda contrastarse con lo que digan otros, por ejemplo jueces y fiscales.

El PP está rompiendo todas las normas de transparencia que, sin embargo, exige a los demás a veces de malos modos. Sus políticos como Aguirre o Camps, bloquean iniciativas de la oposición en demanda de explicaciones, aclaraciones, en definitiva, rendición de cuentas, ocultan información y se niegan a comparecer apoyados en sus mayorías parlamentarias. Todo lo cual no impide que Aguirre, reina de la manipulación, el engaño y jefa de una máquina de propaganda que se llama Telemadrid, presente una ponencia en la actual convención de su partido sobre...¡la transparencia!

En la calle se mofan directamente de los medios con una actitud de prepotencia tan supina que debiera ser objeto de crítica en sus propias filas. El señor Camps no contesta a las preguntas que le hacen y tampoco explica por qué no contesta. Y cuando lo hace dice algo pasmoso: que sólo responde a cosas serias. Puede decirse que la pregunta del reportero ante el puesto de la FITUR lleva mucho retintín y que, además no es una pregunta sino un sopapo: ¿A qué el estand es tan bonito sin necesidad de pagar lo que le pagaban cuando se lo montaba el señor Bigotes?. Pero le respuesta de Camps de que sólo responde a cosas serias quiere decir que se arroga el derecho a decidir qué sea serio y qué no y no lo que crean los medios a pesar de que estos son la vía de formación de la opinión pública. Es decir, los medios están para transmitir lo que él quiera decir; no lo que interese al público.

Algo parecido es lo que hace Carlos Fabra quien, preguntado en el mismo lugar qué diferencia hay entre ser inocente y que el delito haya prescrito, responde al reportero: Usted trabaja para el PSOE, lo que no es cierto y, aunque lo fuera, ¿no trabaja él para el PP? ¿Por qué está bien trabajar para el PP y mal para el PSOE? Este modo de razonar prueba que este individuo, presunto delincuente prescrito, no tiene ni idea de cómo funciona una democracia sino que le gustaría suprimirla. Como a sus compañeros de partido, Aguirre, Camps, etc., que la aceptan porque no tienen otro remedio pero, cuando pueden, se comportan como lo que son, partidarios de la dictadura.

La democracia no es únicamente un conjunto de reglas. Es preciso que la gente las interiorice. Una democracia necesita demócratas. Gente que facilite información, no que la niegue; gente que responda de lo que hace y lo explique, no que lo oculte; gente que respete al adversario, no que quiera suprimirlo; gente que coopere con los medios, no que los boicotee o manipule. Claro que todo esto es muy difícil para la derecha que sólo admite prensa de inquebrantable lealtad y sumisión siendo la otra la "canallesca".

(La imagen es una foto de Ferbr1 bajo licencia de GFDL).