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lunes, 20 de julio de 2015

Puta barata podemita. Ta-ta-ta.

Efectivamente, "ta-ta-ta", es lo que hubiera gustado a este individuo, ametrallar a la portavoz socialista de su ayuntamiento de Villares del Saz, Cuenca. Así lo hacían sus antecesores ideológicos, los sublevados el 18 de julio de 1936, por cuyo retorno reza un cura en los Jerónimos de Madrid. Porque en España tenemos el raro privilegio de que 30 años después de una de las dictaduras más salvajes, estúpidas, inhumanas y ridículas que se han dado en el mundo, hay clérigos que honran la memoria del genocida y encomiendan su alma a su dios.
 
Suele decirse que este tipo de exabruptos son casos aislados, que no pueden ni deben generalizarse. Falso, absolutamente falso. Es el espíritu mismo del PP, fundado por otro matón, servil ministro de la dictadura, Fraga Iribarne, y en el que tienen acomodo todos los franquistas, hasta los más burros, como se ve en Cuenca. Basta con recorrer las noticias e ir seleccionando los casos: cachorros de las Nuevas Generaciones haciendo el saludo fascista o paseando la bandera de Franco; un alcalde diciendo que los asesinados por los franquistas se lo merecían; otro, que las mujeres están para violarlas; el amigo Hernando, portavoz del PP, un jayán pendenciero, insultando a las víctimas de los asesinatos franquistas; otro todavía más necio, Casado, que llama "carcas" a los de izquierdas por querer recuperar los restos de sus familiares o allegados, con lo que une el insulto a su supina ignorancia pues desconoce el significado de carcas; Sáenz de Buruaga, llamando "buena gente" a tipos que, como un antepasado suyo, son responsables de auténticas masacres; Miguel Platón, asegurando que la mano de obra esclava del Valle de los Caídos no era esclava sino gente que estaba allí voluntariamente y por la paga. En último término, la intención de la liberal Aguirre de denunciar al Ayuntamiento de Madrid si elimina los nombres de los asesinos franquistas del callejero pertenece al mismo tipo de actitud: la de quienes no solamente no condenan la sublevación de los fascistas ni la dictadura que erigieron, sino que la celebran y anhelan su restauración.
 
No, no son casos aislados ni impredecibles. Es política deliberada del PP, esa derecha que, según los acobardados liberales españoles Fraga había civilizado, no siendo cierto en modo alguno porque es tan agresiva, franquista y ridícula como siempre. O más, porque van sin complejos.
 
Es el propósito de no condenar el franquismo, no eliminar sus huellas, monumentos y homenajes, el de torpedear la Ley de la Memoria Histórica o, en los casos de las franquistas más contumaces, como Aguirre, incluso pedir que se derogue. No quieren que nada se revise, que nada se toque. Pretenden que todo quede como siempre, los cien mil asesinados en las cunetas, la iconografía franquista en las ciudades. Que no se reabran las heridas, que no vuelvan a encenderse los odios. Esta derecha tiene un problema psiquiátrico colectivo. No puede defender su pasado. Al contrario, trata de ocultarlo y negarlo porque le pesa en la conciencia. Es un caso de neurosis, de acto rechazado, de recuerdo reprimido.
 
No, no se trata de exabruptos aislados. Pero tampoco se limita a esa mala conciencia de saberse herederos ideológicos de unos militares golpistas y unos curas cómplices. No serían ellos si esto quedara así. El franquismo no fue solamente una dictadura que suprimió el Estado de derecho e instaló un régimen criminal. También fue un expolio, un robo organizado y sistemático. Los vencidos quedaron a merced de los vencedores, quienes no solamente los persiguieron, torturaron y fusilaron sino que, además, les robaron sus pertenencias, propiedades, títulos, casas, empresas, tierras, hijos. Y todo para lucro personal de los vencedores. Antonio Maestre muestra cómo muchas de las empresas que cotizan en el IBEX 35 se originaron en el expolio franquista de los vencidos. Muchas fortunas actuales se hicieron arrebatándoles sus propiedades, despojándolos de sus pertenencias. La fortuna de la señora Gomendio, por ejemplo, hasta hace poco secretaria de Estado de Educación se origina directa o indirectamente en la dictadura o como resultado de la actividad criminal de su bisabuelo, el general Kindelán, responsable del bombardeo de Gernika y a sueldo del Foreign Office británico durante la guerra. Hicieron una guerra para robar y en ello siguen.
 
¿Cómo va a querer esta gente que se haga memoria histórica, que se haga justicia a las víctimas, que se sepa la verdad? Se empieza desenterrando a los asesinados y se termina teniendo que dar cuenta del origen de la fortuna y/o riqueza de que se disfruta. Y eso es algo inadmisible para una gente acostumbrada a un país, que considera suyo, sin libertades y en el que media población vive a base de de explotar a la otra media. Si condenara, quizá tendría que empezar a devolver lo robado en su día.
 
Y mientras llega ese momento y por si acaso, insultan a mansalva pues, de momento, no pueden volver a fusilar.

jueves, 18 de junio de 2015

El nivel de la banda de ladrones.

Ocurre con Twitter lo que sucedió en la leyenda de las orejas de de burro del Rey Midas. El peluquero, el único conocedor del cómico secreto del Rey, no pudiendo callárselo, hizo un agujero al borde de un río y en él susurró: "el Rey Midas tiene orejas de burro; el Rey Midas tiene orejas de burro". Luego lo cubrió con tierra y, ya aliviado, volvió a su casa. Crecieron las cañas en la ribera y, cuando el viento las agitaba, se oía por doquier "el Rey tiene orejas de burro; el Rey tiene orejas de burro". El secreto se había revelado y el viento lo "viralizaba".

Habiendo crecido las cañas, unos tuits de 2011, debidamente aireados, revelan que el majadero que iba para concejal de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, además de las orejas también tiene espíritu de burro. De momento se ha quedado de concejal. Mas no pierda la esperanza y persevere. Quién sabe si, cambiando el gobierno, no acaba de ministro de Educación. Haría bueno al mangante que hay ahora, ese que deja sin fondos las universidades, pero luego pasa los fines de semana de gorra con su millonaria novia en instalaciones públicas por no pagar el hotel.

Twitter es un peligro público. Todo lo guarda y, aunque los peluqueros quieran enterrar sus secretos, los vientos u otros tuiteros con mala uva se encargan de difundirlos. Véase el caso de la exdelegada del gobierno de Madrid, esa hipócrita que pasó cuatro años identificando, hostigando, multando y apaleando vecinos de la capital para cercenar sus derechos y amedrentarlos y que, en justo premio represor, será investida presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid gracias a los votos de Ciudadanos, el partido que lucha contra la corrupción a base de ayudar a ocultarla.

La buena señora, dando rienda suelta a sus fantasías eróticas de omnipotencia sexual, se adjudicó en un tuit con faltas de ortografía un par de gónadas altamente improbables dada  su condión femenina. Luego, viendo lo que sucede a los demás con sus demasías, lo borró. Pero, por desgracia, ya lo había copiado y guardado alguien que, con toda razón y mesura, aprovechaba para llamarla "ordinaria". Mucha razón y excesiva mesura. Atribuirse "cojones", cuando se es una rubia de bote y abundante carmín, más parecida a Jack Lemon en con faldas y a lo loco que a una dama que desempeña un cargo público, no es solamente un evidente atentado contra la evidencia anatómica, sino una muestra más del lenguaje, el espíritu, el talante, el modo de ser de los miembros de esa supuesta asociación de malhechores que es el PP. Chul@s, prepotentes, broncas, muy machot@s. Ellas, féminas de muchos cojones y ellos bravos de reyerta de los de "no me lo dices en la calle". Trato normal de una presunta banda de ladrones.

Basura. La basura que gobierna España.

jueves, 26 de marzo de 2015

El accidente.

Minutos después de conocerse la noticia del accidente del vuelo GWI9525 de Germanwings empezaron a aparecer tuits insultando a las víctimas por ser catalanas. Se enconó la cosa, hubo muchas protestas, se recogieron los tuits más ofensivos y se denunciaron, la policía empezó a investigar y algunas de las cuentas más infames desaparecieron. Todo eso en unas horas. Por supuesto, el contenido de la mayoría de los tuits insultantes, criminal.

Este hecho parece dar la razón a los pesimistas civilizatorios cuando dicen que, según avanza el nivel tecnológico de la humanidad, se degrada su condición moral. En mi opinión no es así, no porque haya otro tipo de relación entre el desarrollo tecnológico y el moral sino porque no hay ninguno. La naturaleza humana es invariable y eterna. Eso es lo que nos permite entender a nuestros antepasados del paleolítico y permitirá a nuestros sucesores entendernos a nosotros dentro de 20.000 años, hasta que la naturaleza humana cambie, cosa que no es descartable sin más, claro.

Pero, mientras no cambie, incorporará un grado difícil de medir de maldad. El problema de la existencia del mal quizá sea el más profundo de la filosofía, le ética, la teología. El mal y sus parientes, la crueldad, la saña, la alegría por el dolor ajeno. Lo que hace la tecnología es evidenciarlo, no suscitarlo. Y obligar a tratarlo como lo que es, como un delito. O sea, que de haber alguna relación entre tecnología y moral, sería positiva. Aunque modestamente. Tipificar como delitos la manifestación pública de tal bajeza moral y la injuria a las víctimas y sus allegados es, a todas luces, un avance. Pero justamente, esa tipificación testimonia que se trata de una realidad. Y una realidad permanente. Quizá perenne. El peor enemigo del ser humano es el ser humano. Un lobo, decía el filósofo. Y una hiena, y un buitre y una cucaracha.

Palinuro no entiende nada de aeronáutica y, tras escuchar a varios tertulianos expertos en aviación, está peor que al principio. Espera el dictamen de las autoridades cuando hayan estudiado el contenido de las cajas negras. Con un punto de escepticismo porque no es infrecuente que se mantenga alguna disparidad de criterios y haya versiones encontradas de las causas del accidente. Ojalá estén ahora claras.

Llama la atención la celeridad con que las organizaciones de compañías low cost han salido a atajar las interpretaciones que vinculan precios bajos con baja seguridad. Y la celeridad con que la prensa se ha hecho eco del desmentido, añadiendo estadísticas. No hay, se dice, relación directa entre el low cost y la siniestralidad. No la habrá si así lo dicen las estadísticas y los expertos. Pero en esa negación hay algo que choca el normal y pedestre sentido común: este airbus A320 que se ha estrellado tenía más de veinticinco años y más de 58.000 horas de vuelo. Lufthansa lo había apartado del servicio y lo había vendido, probablemente como hace con docenas de otros aparatos cuando hayan realizado determinadas horas y kilómetros de vuelo. Germanwings lo había comprado, sin duda a buen precio, aunque esto, a su vez, acabe siendo lioso porque, al fin y al cabo, esta empresa es una filial de Lufthansa. Pero, a lo nuestro: no sé si habrá alguien en la tierra que sostenga que montar en un avión de un año y 3.000 horas de vuelo, por ejemplo, sea tan seguro como hacerlo en otro de 25 años y 50.000 horas de vuelo. Además, si así fuera, ¿por qué los venden las compañías? ¿Solo porque los modelos nuevos traen mejoras estéticas pero no de seguridad? No es creíble.

La idea es clara: low cost no quiere decir high risk. Pero ¿qué quiere decir low cost? Pues lo que dice: bajo coste. No bajo precio, que es como se ha interpretado porque, en efecto, los precios son muy bajos. Esta es la esencia misma de la competencia en el libre mercado, eje del espíritu capitalista: prosperas si eres capaz de ofrecer el mismo bien o servicio a menor precio. Quien lo consigue, hace negocio, como sabemos desde la historia del Ford T y de mucho antes. ¿Cómo se reducen precios? La vía más normal y recurrida es reduciendo costes. ¿Cuáles? En principio, los superfluos. Las líneas low cost son, en realidad, líneas no frills. Pero tales reducciones pueden tener efectos colaterales que incidan en la seguridad. Por ejemplo, costes de personal, horas de vuelo, periodos de descanso, ritmos de trabajo. Eso se puede llamar de muchos modos. Uno de ellos es el aumento de la productividad que, haciéndose siempre en nombre del beneficio, acaba considerando a las personas como mercancías; la tripulación como mano de obra explotable y el pasaje como bultos a los que hay que acomodar en el mínimo espacio posible. Y ahora, después de la impresión del accidente, de la consternación y el trastorno, a lo mejor empieza una batalla legal. Es de suponer que las víctimas viajaban en unas condiciones de seguro aceptables. Porque los seguros también son costes y también reducibles.
Las low cost son producto de la competencia entre líneas aéreas. La competencia es el alma del capitalismo, ese sistema que se escandaliza justamente ante la degradación moral de la gente pero, a su vez, degrada la vida de esa gente que no solamente viaja en vuelos low cost sino que es probable que tenga empleos low cost, salarios low cost, viviendas low cost, educación low cost, sanidad low cost y pensiones low cost. O sea, una vida low cost.

jueves, 27 de febrero de 2014

Otra opción: meterse a puta.

Ese concejal de Empleo del PP de Villarrobledo, Andrés Martinez, quizá debiera serlo de Cultura por la elegancia de su expresión. Es todo un punto. El personal debatiendo en serio quién había ganado el debate sobre el estado de la Nación, cuando llegó el edil villarobledense y zanjó el tema con un rebuzno. La joven parada que pedía un empleo para dar de comer a su hija tiene dos opciones, según informa la prensa que dijo Martínez: dar la niña en adopción o meterse ella a puta.

Ese es el espejo al que ha de asomarse el triunfalista Rajoy para ver la contraimagen de la España idílica presentada por él, hecha con pastiches, embustes, fantasías y demagogia: su famosa niña, aquella a quien iban a salirle los chuches gratis, hoy pasa hambre. A lo mejor la idea de dar en adopción no solo esta niña, sino todos los niños que en España pasan hambre o frío, y dárselos a Rajoy, no es un disparate y le ayuda a enterarse de en qué país vive, teniendo que alimentar a cientos de miles de críos que hoy malcomen por causa suya .¿No iba a conseguir que bajara el paro? ¿No iba a arreglar la economía en dos años? Ya se ve: no le da ni para comprar los chuches a los niños. Lo que no se han quedado él y los suyos, se lo han dado a la banca.

La otra parte de la opción, meterse a puta, muestra un hombre recio, un caballero que podría ser propietario de una casa de lenocinio ofreciendo un empleo a la joven con eso de la tarifa plana de su jefe, aunque es poco probable. En realidad es un concejal, miembro, firme militante de su partido. Hace bien el edil en retratarse radiante con los máximos dirigentes del PP. Aspira a hacer carrera y la hará si sigue con ese espíritu que lo caracteriza.  Ese métete a puta pertenece al género de "¡qué se jodan!", "algunos solo se acuerdan de su padre cuando hay subvenciones", "las leyes, como las mujeres, están para violarlas", "los morritos de la Pajín", "a lo mejor se lo merecían" (los fusilados de Franco), "la mujer que aborta es una terrorista", perlas todas de la misma mentalidad de desprecio hacia los demás, los pobres, los trabajadores, los parados, las mujeres. Una mentalidad de señoritos fascistas. De buena estirpe.

Por ello España no tiene arreglo. Esos tipos, ladrones, parásitos, insultantes, fascistas, está ahí porque la gente los ha votado. 

sábado, 15 de junio de 2013

La monarquía bananera.


Si insultas al Rey en España y lo llamas (aunque sea indirectamente) putero, borracho, etc., te caen 6.000 uracos de multa porque los insultos a tan excelsa persona no están amparados en la libertad de expresión.

Si insultas a un juez y lo llamas "oportunista, paleto, botarate o malcriado", no pasa nada porque esos términos se ajustan a la libertad de expresión.

De nada sirve que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en su día condenara a España a compensar con 20.000 € a Otegi al haberlo condenado a un año de cárcel por llamar jefe de los torturadores al Borbón. ¿Qué moral hay que tener para no entender que llamar a alguien "putero" o "borracho" es mucho menos grave que llamarlo "torturador"? ¿La moral del mismo torturador?

¿Es menos un juez que un Rey? En España, sí. Y no solo un juez; tod@s. Es menos un ciudadano en un escrache, al que se puede llamar "nazi", una diputada del Parlamento catalán a la que cabe llamar "guarra", o unos profesores a los que se puede tildar de "vagos".

¿Es más un locutor de a tanto el insulto que un militar que escribe artículos? Por supuesto, si el locutor es de extrema derecha y el militar, de izquierdas. El primero puede insultarte y sacarte las vergüenzas. Al segundo, como se descuide, le caen todos los sopapos por rojo.

¿Cómo se miden los insultos? Por la cabeza del insultado y la posición social del insultador.

¿Es esto justicia? Sí; la justicia del señorito cortijero y el juez tiralevitas, la justicia del amo y el capataz abusón, la del señor del lugar y el cura abarraganado, la del capitalista ladrón y sus matones a sueldo en los garitos, los periódicos y las radios.

Por eso me parece un poco exagerado y algo racista llamar a la borbónica "monarquía bananera". Nada de insultar que vienen los jueces independientes (según dictamina el magistrado teórico de la FAES, López) y te imponen una multa. La monarquía española no es bananera. Es, simplemente, española.

martes, 23 de abril de 2013

¿Qué les pasa a los ultras en la TV?


En las últimas 48 horas dos de esos periodistas de extrema derecha cuya función consiste en repetir las consignas del gobierno de la derecha como papagayos, incansablemente, siempre por una suculenta retribución, por supuesto, han pegado la espantada de sendos platós de TV, dejando a los contertulios sorprendidos, los espectadores (que alguno habrá) perplejos, los responsables del programa, aturdidos, y los paganos, los que reparten la pasta que trincan esos pájaros, pensando en cómo recuperarla.

Y ¿a qué se deben las espantadas en mitad de los programas? En el 1º, Hermann Tertsch, indignado con Verstrynge porque este lo llamó Hermann Göering, se levantó y se fue, asegurado sentirse insultado. La cosa empezó con Salvador Sostres, otro interviniente en el programa de El gato al agua que es algo inenarrable, llamando nazi a Verstrynge. Con ello Sostres demostraba dos cosas: a) que no tiene ni idea de la ley de Godwin y b) que no tiene ni idea de nada ni sabe de lo que habla. Seguramente por eso habla tanto. Llamar "nazi" a Verstrynge es tan absurdo como llamar honrado a Rajoy. A Verstrynge se le pueden llamar muchas cosas, desde correcaminos a chotacabras, sobre todo si uno es un vulgar remedo de voz crítica, pero "nazi" en modo alguno. Creo que Verstrynge es lo más contrario a un nazi que he encontrado en mi vida. Tienen mucho más de eso tanto Sostres como Tertsch, aunque no sea más que su afición al insulto. Y, sobre todo, su incapacidad para el debate igual y educado. Lo suyo es injuriar a quien no puede defenderse a tantos cientos de euros el insulto. Apenas cambian las cosas, ya se ve, ponen pies en polvorosa. Como ese tal Tertsch. Por cierto, espero que quien le pague el sueldo le reclame el importe de lo no trabajado. Aquí se cobra por insultar al adversario. Eso o a devolver la pasta, mendas.

En el otro extremo, en un programa de tele que desconozco, Francisco Marhuenda, director de La Razón, un pasquín que él llama "periódico" y no pasa de ser un comic, se levantó y se fue del plató, muy indignado con Pilar Rahola porque, según dijo, esta no hace más que echar mierda sobre su "periódico". Mierda no es vocablo adecuado para la boquita de piñón de este untuoso pájaro de sacristía pero, sobre todo, resulta redundante. Por mucha mierda que Rahola eche sobre La Razón, nunca será tanta como la que él mismo acumula en portada cada día.

¿Qué les pasa? Que están nerviosos. No saben debatir y menos cuando se enfrentan a gente sin ataduras, gente libre que dice lo que piensa. Y eso no puede ser. Hasta ahí podíamos llegar. Hay que acabar con este libertinaje. A ver si el blandorro Rajoy pone orden y limpia los medios de progres. Lo mejor es hacer unas buenas listas negras y excluir a todo aquel que no sea de lealtad inquebrantable al caudillo y, ahora, a su emanación ectoplásmica.

sábado, 6 de octubre de 2012

Barbaridades.

Por la boca de este Castelao habla la especie. Eso es lo que piensan muchos hombres. Muchos. Lo hacen, pero no lo dicen. Y hasta lo hacen pensando que no lo hacen porque las convenciones sociales lo ocultan. Y algunos hombres, los más hombres de todos, no solo piensan que las mujeres están para violarlas sino también para culparlas por la violación y asesinarlas, en lógica consecuencia.
Así que la especie se ha revuelto como un áspid contra el bocazas por decir lo que no se puede decir y lo ha hecho desaparecer tartamudeando excusas pintorescas. Por cierto, no he visto que nadie resalte hasta dónde llega la depravación moral e intelectual de esta derecha. Decir que las mujeres están para violarlas ya revela que se es un redomado imbécil. Pero ¿y qué decir de la propuesta de que las leyes estén también para violarlas? Pues eso, la derecha,.
Pero no es la única barbaridad reciente. El auto del Juez Pedraz archivando el caso del 25S ha desatado las iras de Rafael Hernando, portavoz del PP que, entre otras lindezas, ha llamado a Pedraz pijo ácrata o algo así. Insultar a los jueces por el contenido de sus decisiones es una muestra de barbarie, de absoluta barbarie. Se puede discrepar del contenido del auto, criticarlo acerbamente, recurrirlo. No se puede insultar al juez. Salvo que uno sea un bárbaro, de los que mandaban matar al mensajero.
En todo caso, a Pedraz se le avecina una garzona. Ya han aparecido las inevitables Manos Limpias denunciándolo por no sé qué. La Defensora del Pueblo, Soledad Becerril, no es seguro que sepa en dónde está el pueblo que defiende pero sí cree que cabe proceder contra Pedraz, judicialmente, es de suponer, aunque no se sepa en ejercicio de qué competencia. Los políticos, todos, sintiéndose insultados por lo de decadencia lanzan venablos dialécticos. Y los medios de la derecha ya están sacando historias de cómo en su infancia, Pedraz quitaba las canicas a los otros niños.
Y a todo esto ninguno de los furibundos atacantes parece haber leído el auto del juez Pedraz o, si lo ha leído, no sabe leer porque ahí no se dice que Pedraz califique a la clase política de decadente sino que esto es lo que hace el 25S.

domingo, 24 de junio de 2012

El fascismo rampante

Las reiteradas amenazas a la diputada de IU en la Asamblea de Madrid, Tania Sánchez, son la muestra evidente del sentimiento de impunidad con que actúan sus autores. Están perfectamente identificados a pesar de que,  como buenos cobardes, las profirieran anónimas y la denuncia está presentada, pero no se ha hecho nada porque no hay la menor voluntad política de acabar con el fascismo, que es el trasfondo ideológico de la derecha española, desde el falangista Aznar al nacionalcatólico Wert.
Al no salir ipso facto a condenar las últimas amenazas de Tomás Santos, visitante ocasional de Intereconomía. Aguirre se hace cómplice de ellas. Y no en un sentido figurado sino real y penalmente relevante. Como diputada de la Asamblea de Madrid, Tania Sánchez está bajo el amparo y la responsabilidad de la presidenta Aguirre. Cuando esta no condena las amenazas las está condonando y quién sabe si no animando. Aguirre, como toda esta derecha heredera de Franco cuyo régimen les parecía a los más tontos de ellos de una "extraordinaria placidez", tiene un rasgo fascista muy acusado. Si no fuera así no habría nombrado director de TeleMadrid a ese animal que se dirige a una diputada del PSOE en masculino porque es transexual. El fascismo es eso:  meterse con las cosas íntimas y privadas de los demás y hacerlo en el estilo de este menda: rebuznando. Menos mal que no pueden ya detener arbitrariamente, dar palizas, pelar al cero, hacer tragar aceite de ricino o simplemente asesinar. Ganas no les faltan.
Aguirre todavía no ha dicho nada sobre las amenazas a Sánchez no solamente porque, en el fondo, las comparta sino como actividad estratégica. Sabe que si los poderes púiblicos callan ante las provocaciones fascistas, estas aumentarán y sabe también que las víctimas, sintiéndose desamparadas cederán. Y eso es lo que buscan los dos: los fascistas rabiosos que amenazan y los oficiales de cargo público que, al no condenar, toleran y amparan.
(La imagen es una foto de quapan, bajo licencia de Creative Commons).

lunes, 19 de diciembre de 2011

Los trolls y los insultos en la red

La defensora del lector de El País, Milagros Pérez Oliva, dedicaba ayer su columna a los trolls y los insultos en la red. (Los "trolls" se apoderan del debate). Venía a cuento de que, al parecer, los comentarios del blog de Iñaki Gabilondo rebosan de insultos, injurias, amenazas, groserías. Digo "al parecer" porque, aunque miro a diario el videoblog del periodista, nunca los comentarios porque ya sé lo que voy a encontrar; lo que he dicho. Por lo demás, como todos los blogs, páginas web, todo lo que se asome a la red y abra la posibilidad de comentarios anónimos. Y cuanto más importante, interesante, oportuno o de mayor audiencia sea lo que se expone, más arrecia la grosería, el matonismo, la chulería, la infamia.

La defensora se queja amargamente de esta situación y lo mismo hace Gabilondo, quien lamenta que se pierda una ocasión de debate en profundidad. Me solidarizo con Iñaki que no sabe bien cómo lo entiendo. Siempre que haya anonimato habrá abundancia de enfermos mentales, envidiosos y sicarios a sueldo (básicamente los tres grupos mayoritarios de trolls) soltando su basura. Siempre será así, pues está en la naturaleza humana. Lo sabemos todos y está estudiado. La misma defensora cita una página de Timothy Cambell, ¡de 2006! en la que se analiza la figura del troll. Campbell hace sabias recomendaciones sobre cómo combatirlos y, en último término, confía en la habilidad del administrador.

Los trolls son, en efecto, muy conocidos. Véase (entre los muchos ejemplos posibles) una página de Ramón Redondo en la que se clasifican con bastante gracia los distintos tipos de trolls. Pérez Oliva lamenta que, a través de estas prácticas, padezca la calidad de los diarios. Se trata de una verdad a medias porque olvida que gran parte de la prensa se dedica precisamente a insultar, que hay columnistas en los medios escritos que no hacen sino insultar. Y mientras los periodistas sigan considerando que los medios que insultan y los que no insultan son iguales, no habrá nada que hacer y los trolls digitales seguirán alimentándose de la bazofia que leen en ciertos medios, oyen en ciertas radios y ven en ciertas televisiones. Los nombres los conoce todo el mundo.

Los remedios de Campbell no son tales. En primer lugar, ¿por qué hemos de perder el tiempo neutralizando psicópatas, envidiosos y sicarios? En segundo, no todo el mundo puede pagarse un administrador de la página.

No, frente a los insultos y los trolls sólo hay una solución y media. La media consiste en establecer un sistema de registro para evitar el anonimato y, además, contar con un administrador que filtre. Sólo es media solución porque los registros no son enteramente seguros, dado que suele ser posible identificarse en falso o, lo que es peor, suplantando a otra persona. Y los administradores tienen límites. Eliminar un troll que insulta y/o amenaza e relativamente fácil. Otros no lo son tanto. No es fácil expulsar al troll que Redondo llama tiquismiquis y tampoco a otro, más peligroso aun, que es el prolijo argumentador: sin insultar, sin vociferar, pretende enredar al autor de la página (y otros comentaristas) en discusiones sin fin, irrelevantes, cansinas. Si se los bloquea, se quejan de que se coarta su libertad de expresión. Y las buenas gentes que han padecido años de dictadura silenciosa se allanan a que los descendientes de quienes la ejercieron (o ellos mismos), vuelvan a monopolizar el debate público.

Hay que reconocerlo: el único remedio es cerrar las páginas a los comentarios. Es triste, cierto, pero tampoco tanto, no hay que exagerar; quien tiene algo que decir encuentra siempre en donde hacerlo en la red. Y es lo más eficaz. Palinuro aprovecha para recordar que tiene los suyos cerrados y así lo explica en su apartado correspondiente. Estaba harto de aguantar insultos, amenazas e impertinencias. El blog ha ganado y ha crecido en audiencia.

Palinuro (este Palinuro) nació en un país en el que los espacios públicos cerrados advertían que estaba "prohibido escupir en el suelo" o, si el espacio era abierto, que estaba "prohibido hacer aguas menores y mayores". Un país que se ha civilizado mucho, pero que parece haber retrocedido, al menos en lo que hace a los escupitajos y las aguas "menores". Basta con pasear por el centro de nuestras ciudades. Palinuro no puede evitar que nuestras calles parezcan escupideras pero sí que escupan en su blog.

(La imagen es una foto de jaywood_uk, bajo licencia de Creative Commons).

domingo, 13 de noviembre de 2011

La derecha insultante.

Afirma Javier Marías que tradicionalmente la derecha en España sólo dice estupideces. No seré yo quien enmiende la plana al ilustre novelista. Pero sí añadiré algo: desde luego, lo que hace la derecha es insultar a mansalva. Gallardón ha tenido que destituir a uno de sus altos cargos municipales porque "tuiteaba" en la red social del PP insultos a granel del tipo de Ya sé que la tele engorda, pero vaya culo tenia la Srta. Trini!!! (Jiménez) o urkullu ez de euzcadi porque ez jilipollaz, etc. Cierto, quien insulta se retrata, pero eso no es decir mucho. La reacción social a los insultos, que son insultos a la comunidad, debe ser contundente; como la de Gallardón o más. Un insultador es un maltratador de palabra (de momento) y no debe tener sitio en la vida pública.

Pero no hay muchos Gallardones en el PP. León de la Riva, el alcalde insultador de Valladolid, del PP, llamó el otro día "payaso" a un ciudadano que cuestionaba las altísimas retribuciones de los cargos municipales; el mismo León de la Riva que hablaba de los morritos de Leire Pajín sin haber tenido la precaución de mirarse antes los suyos en un espejo. Si nadie en su partido explica al regidor que insultar no es una competencia del alcalde habrá de pensarse que condona los insultos.

Un candidato del PP malagueño, llama a los parados que reciben ayudas en su tierra "barrigas agradecidas", uno de esos insultos colectivos que los andaluces suelen soportar de muchos españoles al norte de Despeñaperros. Ahora también al sur, en boca de alguien del PP que no respeta a sus paisanos ni deslumbra por su inteligencia. ¿O los candidatos de los partidos no tienen barrigas? Y teniéndolas, ¿no son agradecidas? La suya en concreto, ¿es desagradecida con los que lo han puesto de candidato?

Francisca Pol Cabrer, militante del PP, consideró necesario dimitir de todos sus cargos públicos por haber colgado en Facebook un fake de la ministra Chacón con un pecho al aire y un comentario insultante: Lo que tiene que hacer una ministra del PSOE para ganar votos. En verdad el feminismo lo tiene muy crudo en un país en el que quien más insulta a una mujer por ser mujer es otra mujer. Eso es la derecha y eso es una mujer de derecha; algo que da vergüenza.

La política es y debe ser una actividad universal en la que intervengan todos los ciudadanos, desde los más refinados a los más patanes. Pero el tono en que se realiza ha de guardar las formas en civilizado término medio. Sería insoportable (y falsa) una política versallesca, pero también lo es una de rufianes; y no menos falsa. Insisto: el insulto es maltrato; de palabra, pero maltrato. Y debe tener la sanción que le corresponde como maltrato. Las instancias del PP no pueden consentir que la pauta de la oratoria de sus cargos la establezca su frente mediático que, por su grosería y zafiedad, es una partida de la porra.

No todos en el PP insultan, se dirá. Y es verdad; pero casi todos los que insultan están en el PP. Si éste no quiere que la ciudadanía asimile derecha a insulto tiene que condenar toda manifestación insultante de sus cargos y sancionarlos. La política del insulto no es democrática y, de no cortarse de raíz, a partir del 20-N, si gana las eleciones el PP, esto no habrá quien lo aguante. El insulto político se hace a la persona, pero se dirige al partido, a la ideología, a las ideas. Y si insultar cuando se está en la oposición es detestable, hacerlo cuando se está en el gobierno es peligroso.

(La imagen es una de las famosas tallas en alabastro de Xavier Messerschmidt, titulada El picudo, entre 1770 y 1783.)

lunes, 24 de octubre de 2011

Idiotas.

Faltó tiempo a González Pons para twittear sus diculpas por haber insultado a los votantes socialistas llamándolos "idiotas". Dice que no es verdad que insultara al PSOE pero que, de todas formas, retira lo dicho. Encomiable actitud, aunque mejor hubiera sido no irse a la gruesa. Palinuro también cree que no quería insultar a los socialistas. Su formulación exacta fue: no hay ningún español tan idiota que quiera la continuidad de lo que nos ha dado el PSOE durante este tiempo. No es un insulto actual sino diferido; esto es los socialistas, los españoles en general, no son muy idiotas... salvo que voten al PSOE. A partir del 20-N la nación tendrá el elenco de idiotas del reino: todos los votantes del PSOE. Los demás no serán tan idiotas como los socialistas pero, obviamente, a tenor de lo dicho, también serán idiotas; no tanto como los sociatas, pero idiotas al fin y al cabo. Claro que no quería insultar. Es su forma natural de expresarse y bien claro deja en qué concepto tiene a los españoles.

De lo anterior se sigue que lo menos idiota que pueden hacer los restantes idiotas es votar al PP. ¿Por qué? Porque lo dice él, González Pons. Si fuera del PSOE, cosa difícil de imaginar, la gradación de idiotez se invertiría pero seguiría manifestándose. Porque González Pons tiene razones profundas y muy convincentes para justificarse. Resulta imposible que la gente no entienda la sucesión de los hechos que tan galanamente expone: Felipe González, deuda y cinco millones de parados; Aznar, superávit y prosperidad; Rodríguez Zapatero, deuda y cinco millones de parados. Lo que viene ahora, créannos bajo palabra ya que el programa no parece por parte alguna, es superávit y prosperidad de nuevo.

Es irritante que la gente no vea por los ojos de González Pons y no entienda la verdad de su mensaje, tan claro y sencillo como una viñeta de Roberto Alcázar y Pedrín. Que se empeñe en juzgar de forma distinta el legado de González y de Aznar y que, en cuanto a Zapatero, se obstine en reconocer que la crisis que su gobierno ha tenido que gestionar era exterior (crisis financiera) y heredada (burbuja inmobiliaria) y, no obstante, hasta la fecha, hemos salido bastante bien parados, dentro del desastre general que a la vista está en Grecia, Irlanda, Portugal e Italia.

Más irritante aun es que la misma gente se empeñe en atribuir el fin de ETA a la gestión del gobierno de Zapatero y especialmente a Rubalcaba, en lugar de pedir el procesamiento de éste por colaboración con banda armada y de ver que la derrota de ETA es una trampa pactada con el gobierno, según ilustra todos los días del año Mayor Oreja que de idiota no tiene nada.

Y es que a la traída y llevada gente (a los españoles en general) le ha dado por informarse en todas partes, a tontas y a locas, sin la correspondiente guía espiritual ahora que la información está al alcance de todos, en lugar de consultar un medio serio y de referencia, como La Gaceta de los negocios animada, como está, por el compromiso de la veracidad según Mariano Rajoy quien tampoco es idiota.

(La imagen es una foto de Partido Popular de Melilla, bajo licencia de Creative Commons).

domingo, 24 de abril de 2011

El decálogo de Fernández Vara y la esvástica del lejía.

Fernández Vara es digno sucesor de Rodríguez Ibarra en Extremadura. Como éste acostumbra a decir las cosas de modo claro, directo y correcto. Su decálogo de buenos usos democráticos sería estupendo si esto en lugar de España fuera la República platónica gobernada por los filósofos reyes. Los principios y normas que enuncia aunque algo desordenados y mezclados vienen a coincidir con los requisitos que establece Habermas para que se dé la acción comunicativa que lleve a una comunidad ideal de habla, que es la sublimación de la democracia. Una comunidad ideal. Aplausos a un político capaz de remontar el vuelo sobre la corrala de gallináceas del resto.

Pero de momento aquí, en esta España real, la causa de la separación entre la Iglesia y el Estado tiene escaso futuro si los prohombres políticos que debieran propugnar la laicidad siguen expresándose en términos mosaicos. El propio titular de Público lo señala al hablar con ironía de Los diez mandamientos, según Fernández Vara. ¿Por qué diez y no once u ocho, teniendo en cuenta que podría haber más o que algunos se repiten? Porque la moral cívica española gira en torno al Decálogo. Son las tablas de la Ley y pesan tanto que hasta quienes se supone son críticos se adaptan a las formas casi sin pensarlo.

Pero lo determinante es qué grado de seguimiento tienen las tales tablas, que es muy bajo. El catolicismo es una religión de laxa moral que tiene establecido el perdón de los pecados como una actividad rutinaria, muy cómoda para que quien peca el lunes quede limpio como la patena el martes y pueda volver a empezar. Así tómese el más importante precepto de Fernández Vara, que hay que decir la verdad, coincidente con el mandamiento mosaico que prohíbe mentir y con el postulado de veracidad de Habermas. La verdad. Ahora cotéjese con el incidente de la foto de los legionarios que sostienen la imagen del Cristo de la buena muerte, uno de los cuales lleva una esvástica tatuada en el brazo. Es el caso que la Gaceta ha publicado la foto de los legionarios sin la cruz gamada en una noticia titulada "orgullosos de nuestra Semana Santa". Orgullosos pero borran un distintivo antiquísimo, que ya se encuentra en la primitiva civilización irania sin duda porque lo relacionan con el uso que de él hicieron los nazis, lo que creen deben ocultar por si la gente establece alguna relación entre el orgullo, la Semana Santa y el nazismo. Y eso revela mala conciencia por faltar a la verdad y al ejemplo del Invicto. En sus primeros y heroicos tiempos Franco se hacía retratar gustoso con la esvástica en lugar bien prominente, nada de un miserable tatuaje entre unas ondas al estilo japonés que a saber si no son del Imperio del sol naciente. Estos neofranquistas vergonzantes dicen estar muy orgullosos, pero pierden el tafanario ocultando las pruebas de su amor por la dictadura.

Todo sea por el mandato de verdad o veracidad al que Fernández Vara quiere se someta la política pues empieza por otorgarle un gran valor. No le arriendo la ganancia aunque, si le sirve de consuelo, le recordaré que la democracia es grande precisamente por su capacidad para aguantar los berridos de estos nostágicos de la tiranía. En todo caso, es muy gratificante escuchar a un político hablando con mesura de cosas esenciales para la convivencia de los españoles en lugar de oírlo soltando improperios. Pero temo que van a responderle con improperios.

lunes, 3 de enero de 2011

La civilidad politica de Cascos.

Cascos, el hombre de quien Felipe González decía que razonaba con el apellido, motivo por el cual probablemente la otra lumbrera del PP, Esperanza Aguirre, lo considera un cerebro privilegiado, pide ahora civilidad política porque dice que lo han insultado, vejado, maltratado en su partido.

No entiendo el motivo por el que muchos políticos recurren a esta práctica de añadir el adjetivo "político" a determinados sustantivos salvo que quieran quitarles su significado. Parece como si cuando se dice de alguien que carece de "vergüenza política" no se estuviera llamándolo desvergonzado sin más; cuando de otro que no tiene "coraje" o "valor políticos" no se está llamándolo cobarde. Es decir en boca de los próceres el adjetivo "político" sirve para desnaturalizar el sustantivo calificado, incluso para negarlo. Y eso en el mejor de los casos. En el peor el uso del calificativo no sirve literalmente para nada porque no añade ni quita nada al sustantivo. ¿En qué varía "civilidad" porque se la califique de "política"? En nada. Aunque Cascos lo ignore no existe una civilidad política, como no existe la civilidad económica o la jurídica o la literaria. Hay civilidad o no y eso es todo. Nuestro hombre, por tanto, pide que lo traten con civilidad. Es lógico: a nadie gusta que lo traten con incivilidad porque todos tenemos nuestro orgullo y nuestro sentido de la dignidad.

Pero, ¿puede Cascos pedir civilidad a los demás? En sus años de secretario general de un PP en la oposición, igual que en los que estuvo como vicepresidente del Gobierno y ministro de Fomento, Cascos fue un broncas, una máquina de insultar, agredir y vituperar a todos los que no se plegaban a las directrices de su jefe Aznar, de quien era fiel servidor. En sus años de vida pública no dejó de actuar como un jayán tabernario arremetiendo contra los órganos del Estado de derecho o presionando a los tribunales. Es célebre su barbaridad dirigida al Tribunal Supremo con motivo del proceso de los GAL cuando lo amenazó con que se desprestigiaría si no fallaba de acuerdo con "el veredicto de la opinión pública" (El País, 29 de septiembre de 1995). En román paladino y por si hiciera falta: si no fallaba de acuerdo con lo que él quería.

El mismo Cascos que sostenía en sede parlamentaria en febrero de 1998 que la etapa del gobierno socialista había sido una época de "anormalidad democrática". El mismo que decía que los GAL eran "terrorismo de bodeguiya" (El Mundo, 30 de septiembre de 1996), acusando así directamente al presidente del Gobierno socialista no ya sólo de ser el famoso Mr. X, (en lo cual coincidía entonces con su aliado Anguita y ahora con los seguidores de éste, que lo repiten siempre que pueden) sino de ser "el abecedario completo" (Diario 16, 6 de agosto de 1995).

Reclama ahora para sí "civilidad política" un hombre que calumniaba a diestro y siniestro. Igual que Cospedal acostumbra a calumniar al Gobierno socialista acusándolo sin prueba alguna de haber montado un "Estado policial", Álvarez Cascos decía del general de la Guardia Civil Rodríguez Galindo que tenía "grabados a todos los ministros del Interior" (Diario 16, 30 de septiembre de 1996). ¿Pruebas? Ni una. Es el mismo Cascos que decía del general Sáez de Santamaría cuando éste se mostró dispuesto a declarar sobre la guerra sucia de todos los gobiernos que carecía de "catadura moral" porque era un "estómago agradecido" (El Mundo, 27 de enero de 1996).

Pasado de la oposición al Gobierno, Cascos siguió insultando, agrediendo a sus adversarios, calumniándolos. Supongo que nadie habrá olvidado aquella sucia (y falsa) campaña que orquestó el primer gobierno de Aznar -y repitió Cascos por toda la geografía nacional- de que los socialistas habían perdonado trapaceramente 200.000 millones de pesetas en Hacienda a los amiguetes (El País, 30 de enero de 1997). Ni uno de ellos pidió jamás perdón por esta y muchas otras afrentas. Cuando aquel gobierno de Aznar se embarcó en la aventura de intentar amordazar PRISA y encarcelar a Polanco y Cebrián en base a una acusación falsa tramitada por un juez prevaricador, Cascos llegó a decir algo tremendo, algo que lo retrata. Según Ernesto Ekaizer, que lo dijo entonces un par de veces por la radio, esto: "Polanco no puede ganar. Y si, para que no gane, hay que cambiar las leyes, se cambian las leyes". Debe recordarse esta barbaridad, como la del supremo, como tantas otras para que no se olvide qué tipo de gente ha llegado a gobernar este país y pretende volver a hacerlo.

Podría seguir acumulando ejemplos de la "civilidad política" que Cascos se gasta con sus adversarios pero, como muestras las anteriores serán suficientes para que todo el mundo entienda porqué Miquel Roca hablaba de "comportamientos fascistoides" (El País, 11 de septiembre de 1995), refiriéndose al "general secretario" y El País llegó a llamarlo "nazi" (El País, 5 de febrero de 1997).

Conste que Palinuro es partidario de que se trate con civilidad a un supuesto fascistoide y nazi. Pero sin olvidar de quién se está hablando. En concreto de alguien a quien Josep Borrell retrató a la perfección al decir que: "estamos hartos del insulto y de la actitud mezquina del matón de barrio que sólo sabe gargarizar con palabras gruesas porque le falta la inteligencia de la razón" (El País 16 de abril de 1998).

(La imagen es una foto de PP Madrid, bajo licencia de Creative Commons).

martes, 28 de diciembre de 2010

Floresta hispánica.


Prescripción, prescripción

El señor Carlos Fabra se libra de cuatro quintas partes de la posible condena por cuanto el órgano judicial competente ha decidido que los supuestos delitos han prescrito. El asunto pasa, pues, del campo jurídico al moral y político, elásticos por naturaleza. La prescripción no es una absolución, dicen unos; pero tampoco es una condena, dicen los otros. Y, entre tanto, rige la presunción de inocencia. Para la quinta parte restante de la imputación seguramente Fabra tendrá una estrategia defensiva que supondrá triunfante. Desde luego será todo legal pero ¿es justo? Y si la justicia no hace justicia, ¿qué hace?


El efecto bumerán

El alcalde de Valladolid es un hombre atípico. Sus excesos verbales escandalizan con frecuencia y a veces lo obligan a cantar la palinodia. Pero se recupera enseguida y formula un cálculo electoral que equivale a otro exceso verbal. Es su propio partido quien se cree obligado a desautorizarlo: no habrá efecto bumerán, dice González Pons. Pero es una desautorización a futuro y el propio Pons sabe que sí puede haber un efecto bumerán. Lo que le fastidia no es que lo haya, sino que el alcalde lo invoque y se jacte de ello. Esas cosas se hacen pero no se dicen, salvo que se sea un bocazas.


Después del Rey, la Iglesia

Terminó de hablar el Borbón al amor del portal de Belén y comenzó a hacerlo el Papa el día de Navidad. En el Angelus de ayer decía que lo que los niños necesitan es el amor de una madre y un padre. Lo que no sea eso, al parecer, no es familia. ¡Qué poco mundo ha visto Benedicto XVI! A su vez, el obispo de Alcalá sostiene que en los matrimonios católicos hay menos violencia "doméstica", lo que quiere decir que los matrimonios no canónicos son más dados a ella. Según lo que se entienda por violencia; si partimos de un concepto que englobe los abusos de menores, creo que el máximo índice de violencia se da en colegios, catequesis y parroquias católicos; lo tienen el Papa y sus obispos metido en casa. Y lo ocultan hablando mal de los demás.


La inocentada de Otegi

Desde la cárcel, en la que lleva de esta vez más de un año a pesar de que en su día se dijo que, si se lo detenía, "ardería Euskadi", Otegi ha concedido una entrevista al Wall Street Journal en la que dice que ETA está dispuesta a abandonar la violencia pero que, añade el periódico de Murdoch, muchos españoles son escépticos al respecto. Muchos no; todos. Incluidos los etarras. El día 28 de diciembre no es el más indicado para que la izquierda abertzale haga la enésima declaración sobre las intenciones de un grupo de pistoleros al que no controla y que, en el fondo, sigue mandando, cuándo por lo que dice, cuándo por lo que calla. Ha pasado el tiempo de las declaraciones de Otegi, que son irrelevantes. Ha pasado el tiempo de las declaraciones. Sólo se esperan hechos


Por qué Palinuro es felipista

Antes de seguir en esta parte de la entrada lean, si no lo han hecho ya, el artículo de Felipe González en El País de hoy, titulado Carlos Andrés Pérez, homenaje al amigo. A continuación se trata de contestar a dos sencillas preguntas: ¿cuántos presidentes y expresidentes pueden escribir una necrológica así de otro mandatario extranjero y hacerlo, de modo espontáneo, en horas? ¿Cuánto poderoso y expoderoso puede hacer un canto a la amistad y resultar conmovedor? Ahí se ve la fibra de que están hechos los hombres.


(La imagen es un cuadro de Ignacio Zuloaga hacia 1911, titulado Torero)

jueves, 18 de noviembre de 2010

De lo soez.

No se han apagado los ecos del griterio público al conocerse las preferencias eróticas de Sánchez Dragó en los años ochentas y el modo en que las relata cuando el amable público se desayuna con unas apreciaciones de Salvador Sostres en materia de jovencitas que dejan a Sánchez Dragó a la altura de un monaguillo. Sexismo trufado de un racismo increíble.

Afirma la señora Aguirre para desentenderse del episodio que se trata de una "conversación privada". Ya se sabe que lo "privado" manda en el universo conceptual neoliberal. Una conversación privada en un plató de televisión pública, con micrófonos y público presente. Es decir, para que sea pública una conversación tednrá que hacerse en la Plaza de San Pedro durante la bendición urbi et orbi. Además, si se mira el vídeo más abajo, se verá que no es una conversación sino un soliloquio de Sostres interrumpido con recriminaciones por Isabel San Sebastián.

Lo malo de estos exabruptos es que no son privados sino públicos y, además, muy frecuentes. Hay un machismo ostentoso en la derecha. Si no lo manifiesta Sostres lo hace el alcalde de Valladolid y, si no, lo hace Aznar metiendo un bolígrafo en el escote de una periodista. Un machismo mezclado, como es lógico, de agresividad verbal. Suelen ser los rijosos los que, además, insultan e injurian sin parar sobre todo a los adversarios políticos o a todos aquellos que presuman cercanos a los adversarios políticos, por ejemplo,



los artistas, sistemáticamente tildados de "titiriteros" y "estómagos agradecidos". Por supuesto, sus propios "estómagos agradecidos" son agradecidos, sí, pero no estómagos: son cerebros. Bien a la vista está. En esto rivalizan políticos y comunicadores de la derecha, ¿o no fue Rajoy quien, en la primera legislatura de Zapatero llamó a éste de todo, desde "incompetente" a "bobo solemne" pasando por infinidad de dicterios? Repetidamente, machaconamente. Y si lo hacía el mando, ¿cómo no sus huestes partidarias o mediáticas? Así el país sufre un nivel de debate público de calidad moral e intelectual bajísima. Y que esto suceda en medios privados tiene un pasar pues cada cual gasta su dinero en lo que le place. Que suceda en medios públicos, sostenido con dinero público es otro cantar. ¿Por qué han de soportar los votantes socialistas que, con el dinero de sus impuestos, se pague a profesionales del insulto para que injurien sus valores, sus ideas y a las personas que los encarnan?

La agresividad verbal, la violencia verbal, los insultos, las injurias, las procacidades, vienen fundamentalmente de la derecha. De vez en cuando la izquierda también recurre a esa táctica, como en el caso de los tontos de los cojones del alcalde Pedro Castro. Pero esto sí que son ejemplos aislados. No recuerdo caso alguno de socialista que haya hecho un comentario como el de los morritos del alcalde de Valladolid. Y qué mala uva destila ese término, "morritos". En realidad no es frecuente que en la izquierda se escuchen comentarios, bromas, chanzas sobre la apariencia física de las gentes, especialmente las mujeres, de la derecha. No me consta que nadie trate o haya tratado a Soraya Sáez de Santamaría o a María Dolores de Cospedal como los conservadores han tratado a Bibiana Aído o a Leire Pajín, con cuyo apellido han hecho chistes varias luminarias de la derecha. En fin, en su conjunto se trata de un caso de eso que antes se llamaba "mala educación". Hay gente a la que han enseñado pautas morales obvias como que no se insulta pero lo han olvidado; en otros casos, probablemente, ni se les ha enseñado.

Por eso es tan importante la corrección política de la que todos estos maleducados hacen chirigota sin parar. Les parece algo ridículo que se pretenda emplear un lenguaje que tenga en cuenta la gran variedad y pluralidad de nuestras sociedades y sea respetuoso con ellas. O que se piense que el debate público no ha de ser necesariamente un griterío de rufianes. Les parece cosa de maricones y nenazas.

(La imagen es una foto de sroemerm, bajo licencia de Creative Commons).

miércoles, 27 de octubre de 2010

Escabrosidades.

Cualquiera que observe la escena pública española dará fe, supongo, de que está llena de insultos, procacidades, groserías y fantasmadas. Convendría, por el bien común, apaciguar algo los ánimos. No digo que todo el debate público haya de hacerse con guante blanco porque la espontaneidad tiene también su sitio. Pero no hasta llegar a la zafiedad o la agresión verbal. Con todo, hay variaciones.

En sus manifestaciones públicas el escritor Pérez-Reverte emplea unos calificativos de grueso calibre, insulta de forma directa y con frecuencia muy hiriente. Llamar perfecta mierda (o perfecto mierda, que no lo he entendido bien y de ambas formas puede decirse) al ministro Moratinos es cruel. Y la crueldad es siempre indeseable sobre todo para con quien no puede defenderse por razón del cargo. Porque si viviéramos en la época que tan felizmente recrea en sus libros el autor, en que existía la costumbre del duelo, dado que estos insultos son ofensas al honor y dado asimismo que, según moral calderoniana, las manchas del honor sólo se lavan con sangre, correspondería a Moratinos mandar los padrinos a Pérez-Reverte. Y yo en su lugar elegiría arma de fuego porque en arma blanca el autor de El maestro de esgrima está muy versado. Como sea que hoy no hay lugar a duelos y, aprovechando la feliz circunstancia de que ya no es ministro, si Moratinos llamara mierda imperfecta o, para que no se sienta capitidisminuido, mierda pluscuamperfecta a Pérez Reverte quedaría la cosa bastante compensada aunque a un nivel lamentable.

En un nivel aun más bajo, el alcalde de Valladolid, De la Riva, al insulto (menos contundente que los de Pérez-Reverte, más diluido, con empleo incluso de la ironía) añade la grosería y la rijosidad. Los "morritos" de la ministra Pajín digamos que lo inspiran. Dado que el señor De la Riva es ginecólogo uno cavila qué le dará a pensar la visión de partes más íntimas de la anatomía de sus clientas y si, cuando no está en público o hablando por la radio, la cosa se queda en pensamiento.

La grosería del alcalde no puede siquiera entrar en el terreno del honor como los insultos de Pérez-Reverte porque no hay duelo posible entre un hombre y una dama. Por definición, desde el origen de los tiempos y con ejecutoria de la moral caballeresca está establecido que ningún caballero puede jamás ofender a dama alguna y, si lo hace, deja de ser caballero para convertirse en un rufián. Cabe pensar que también esta moral caballeresca es machista y tendrá que cambiar a medida que avance el feminismo. Es posible pero, de momento, sigue siendo uno de los pilares de nuestra educación moral y sentimental... salvo que no se tenga educación, claro, como es el caso. El SMS o lo que sea que Rajoy ha mandado a este rufián solidarizándose con él lo pone a su nivel: el de quien ignora que un caballero no ofende jamás a una dama.

Y cuando de damas se habla, también de damiselas y emerge el escritor Sánchez Dragó que, según parece, presume en un libro reciente de haber follado con dos chavalas de trece años (supongo que japonesas) en Tokio allá por los años sesenta con lo que, siempre según se lee en la prensa, el posible delito ha prescrito. De inmediato se ha armado una de campeonato en que se acusa a Dragó de todo, de pedofilia, de pederastia, corrupción de menores, abuso, qué sé yo. No hay rincón del país en el que no se pida que lo echen de todas partes, que se convierta en una especie de apestado.

Desde luego que en lo relativo a las lolitas reina la ambigüedad que impregna la novela de Nabokov o los cuadros de Balthus y donde hay ambigüedad, hay hipocresía. La más evidente es que el asunto del sedicente delito no es tal porque si las dos chicas tenían los trece años cumplidos y en lo que hubiera sexualmente no medió engaño alguno, según el código penal español, no hay delito. Según el japonés, tampoco. En España y el Japón yacer con moza de trece años cumplidos no es delito si media consentimiento. Pero provoca escándalo que probablemente en muchos casos oculta pura envidia. Si no no se explica de dónde sale luego tanto pederasta, empezando por el clero.

Lo más sorprendente de Dragó no es que en el libro presuma de habérselo hecho con dos ninfas sino que, a la vista de la que se ha montado, haya pretendido rectificar achacándolo todo a una "anécdota trivial" hecha literatura. Con el escándalo Dragó tiene ya vendido el libro y quienes no lo compren no dejarán de curiosear las páginas calientes en las grandes superficies. Lo que no se entiende es esta especie de arrepentimiento vergonzante y cobarde que viene a decir poco más o menos, que es una fantasía que le contó a su interlocutor como si fuera un hecho o algo así. No sé qué valor pueda tener un libro especie de confesiones en el que se cuentan trolas.

Si el asunto no es delito, no es delito y todo lo demás es opinable. La opinión está muy en contra de las relaciones de adultos/as con chicas/os de trece años. Pero esa misma opinión sabe que su opinión es muy versátil. Las edades en que las chicas entran en relaciones sexuales y se casan han variado bastante; en el mundo musulmán suelen ser muy bajas para los gustos cristianos... actuales; hace un par de siglos las jóvenes cristianas, incluso las reinas, podían llegar al matrimonio aún impúberes. Hoy en España son 13 años. La edad de las lolitas dragonianas.

O sea que, estando dentro de la ley, Sánchez Dragó puede hacer lo que quiera y como quiera y no tiene porqué inventarse subterfugios o historias. Le gustan las chicas muy jovencitas. Bueno, según parece a su interlocutor, Albert Boadella, le tiran más las mujeres de cincuenta años, más tipo dueña, probablemente. Están en su derecho. También habrá mujeres a las que les gusten los hombres tipo Sánchez-Dragó o Boadella, y si yo tuviera que objetar a algo sería al modo de describir los gustos. Eso de los pechitos como capullos y el chochito rosáceo pues, en fin..., baboserías de viejos verdes.

(La imagen es un grabado de Katsushika Hokusai, El demonio de los celos gigantes, de 1831.

viernes, 22 de octubre de 2010

Siete puntos para el alcalde del PP de Valladolid.

  • Su observación no es únicamente "sexista" sino una grosería, una falta de respeto

  • Y de educación. ¿Nadie le ha enseñado que no se hacen comentarios insultantes sobre los rasgos físicos de las personas?

  • ¿O sólo los hace cuando las personas son del PSOE?
  • La grosería es especialmente repulsiva por tratarse de una señora a quien un caballero no debe ofender jamás. Un caballero.

  • ¿Piensa el grosero que la grosería se lava pidiendo disculpas como el que ha pisado a alguien sin querer?

  • El comentario sobre el "dibujo animado” corona la grosería de imbecilidad.

  • Por último, este alcalde, ¿se ha mirado en un espejo?

(La imagen es un busto de Franz Xavier Messerschmidt en alabastro, titulado El lascivo y esculpido hacia 1780).

martes, 13 de octubre de 2009

Berridos.

Dice el señor Rodríguez Zapatero, bendito sea su talante, que los berridos, mugidos, rebuznos y pitadas con que lo reciben todos los años las elegantes turbas fascistas en el desfile del 12 de octubre forman parte del ritual. Era lo que le faltaba al dichoso 12 de octubre, festividad que siempre ha tenido connotaciones desagradables para hacerse del todo odiosa: que se convierta en un minuto orwelliano del odio. Aunque aquí, al tratarse de España y de su proverbialmente estúpida derecha, el minuto acabe siendo sesenta.

El señor Rodríguez Zapatero debe saber bien de lo que habla porque es el mismo comportamiento de que hace gala ocasionalmente la bancada popular en el Parlamento: broncas, abucheos, denuestos y algunas coces cuando el ambiente se caldea y a los conservadores les sale el pelo de la dehesa.

En el caso del desfile de marras resulta claro que es ponérselo a huevo a los fachas: zona bastante nacional, media mañana de un día de fiesta, desfile de militares a los que sería ideal incorporar a alguna asonada y, enfrente, casi como un muñeco de pim-pam-pum el representante máximo del espíritu comunista-masónico, radical izquierdista, separatista, anticlerical, pervertido que se ha apoderado de España. El bobo solemne, el vendepatrias, el incompetente, el traidor a las víctimas. Zapatitos. ¿Cómo se van a privar? ¿Cómo no van a venir a berrear lo que puedan cuando, como se recordará, para los más meapilas de ellos, Zapatero es el Anticristo? Es su forma de hacer política: aprovecharse de los símbolos nacionales (el 12 de octubre, insisto, no es trigo del todo limpio pero, mientras se limpia o no es un fiesta de todos) para sus objetivos políticos, de forma desagradable, chulesca, amenazadora y asnal.

(La imagen es una foto de CaptPiper, bajo licencia de Creative Commons).

domingo, 1 de marzo de 2009

¿Por qué insultan?

Todo el mundo sabe que el discurso político español está trufado de insultos y que los políticos y comunicadores españoles son de insulto fácil y frecuente. Mucho más que en otras latitudes. Y dentro de esa costumbre general del insulto, la injuria y hasta la calumnia, la derecha se lleva la palma con creces. La derecha española y españolista porque las derechas nacionalistas, al estilo de CiU y el PNV no suelen recurrir al insulto; al contrario, los reciben de sus correligionarios mesetarios. Y en cuanto a la izquierda, por cada alcalde de Getafe que llama "tontos de los cojones" a los votantes del PP o por cada comunicador que, como la señora Maruja Torres, los llama "gilipollas", hay diez políticos y comunicadores del PP barbotando insultos contra los votantes, los militantes del PSOE, los políticos y comunicadores de la izquierda, o contra las gentes sin más en quienes ellos suponen esas tendencias, día y noche, sin parar, desde sus columnas de prensa, espacios radiofónicos o programas de televisión. En la foto puede verse al señor Luis Herrero, periodista y europidutado del PP, llamando "golfo" al juez Garzón en un programa de Telemadrid dirigido por el señor Sáez de Buruaga que es un prodigio de manipulación. Este señor Herrero es un insultador compulsivo. Hace poco, desde los micrófonos de la COPE llamaba "cabrón con pintas" al mismo juez Garzón. Quien desee escucharlo en su salsa insultona (no es espectáculo agradable), que eche una ojeada al vídeo a continuación.

No se crea que el señor Herrero es lo más injurioso que hay en lo pagos de la derecha. La COPE es una máquina de insultar y vilipendiar, El Mundo hace lo mismo, el grupo Intereconomía no se dedica a otra cosa en sus distintas variantes. Insultos, ofensas, injurias sistemáticas. ¿Hace falta recordar la batería de insultos que el señor Rajoy dedicó al señor Rodríguez Zapatero durante los cuatro años de la legslatura anterior? Bobo solemne, Bambi, incompetente, irresponsable, antojadizo, indigno, cobarde, perdedor complacido, traidor a los muertos, inútil, maniobrero, chisgarabís, sectario, vacío, insensato, frívolo, incapaz, acomplejado... Y con el señor Rajoy, casi todos los cargos de su partido y los plumillas que tiene repartidos por la prensa afín, desde La Razón a Libertad digital.

La pregunta es: ¿por qué insultan? ¿Por qué son tan agresivos, tan broncas, en definitiva, tan insoportables? La respuesta no es difícil: porque no solamente no son demócratas ni respetuosos con el Estado de derecho (ya que éste último requiere, cuando menos, respetar el derecho al honor de los demás, cosa que, por ejemplo, el señor Jiménez Losantos no hace, como se acredita con reiteradas sentencias judiciales en su contra) sino que ni siquiera son políticos. Que no quieren que haya política, que prefieren la dictadura, en una palabra, y por ello llevan el debate siempre al terreno de la provocación, para desestabilizar cuanto puedan y acabar con la democracia y el Estado de derecho. Ambos, democracia y Estado de derecho son reivindicaciones de la izquierda, no de la derecha. Por supuesto, ésta protesta siempre con grandes aspavientos y de modo bien sonoro su fe en la democracia, dado que hoy no es posible ganar elecciones diciendo que no se cree en ella. Pero su compromiso democrático es inexistente.

¿Pruebas? Muy sencillo: ¿en dónde estaba la derecha durante la Dictadura? En el Gobierno del dictador. ¿Partidos clandestinos de la derecha durante la Dictadura? Ni uno. Un par de cenáculos y grupos de amigos monárquicos y pare usted de contar. ¿Persecuciones de la Dictadura a la derecha por oponerse a ella? Ni una. Nada parecido al Partido Comunista de España, que tenía las cárceles de Franco perpetuamente a rebosar de presos políticos; nada al PSOE, también presente, aunque mucho menos activo que los comunistas. La derecha nacional española jamás se opuso ni resistió a la Dictadura sino que, al contrario, colaboró y se identificó con ella. Era ella misma. La derecha no necesitaba partidos políticos porque su partido político era la propia Dictadura con cuya ideología de "no se metan en política" de Franco comulgaba entonces y comulga ahora.

La derecha se organiza como partido político cuando se acaba la Dictadura y España toma un rumbo democrático, y la organiza un ex-ministro franquista que, en un primer momento, llega a tener a su lado hasta otros seis ministros de Franco. El puro sentido común dice lo demás: ¿a qué aspiraban esos viejos franquistas? ¿A qué podía aspirar Fraga? A volver a la Dictadura a la que tan fielmente habían servido, cuando no era necesario argumentar ni razonar las posiciones porque los adversarios estaban todos en la cárcel o bajo tierra.

¿A qué aspiran ahora? Pues a lo mismo. ¿A qué, si no? Por supuesto, no pueden decirlo con claridad. No pueden decir que prefieren la dictadura a la democracia porque no está el horno para bollos ni los cuarteles para filigranas y, aunque la Iglesia parece a punto de caramelo y volvería encantada a hablar de "cruzada", sin fuerza militar no es posible acabar con la democracia y hay que ganar elecciones. Pero cada vez que barbotan sus sartas de insultos e injurias, cada vez que el señor Baltar llama "mariconazo" a un adversario, cada vez que el señor Fabra dice que va a mear en la sede de IU, cada vez que se lanzan de lleno a la agresión, utilizan la vieja táctica de la extrema derecha de la provocación, a ver si el otro salta y se puede dar una patada al tablero democrático con la excusa de que la política es "irrespirable" que todos los políticos insultan, etc, etc. Mentira, todo mentira. La política no es irrespirable, sino que la hacen ellos irrespirable; los políticos no insultan; son ellos quienes lo hacen.

Así que quede claro: ¿por qué insultan? Porque no son democrátas, no lo han sido jamás, no tienen respeto por el Estado de derecho y prefieren la dictadura, en donde viven mucho mejor.

Una última e incómoda pregunta a todos esos/as conversos/as de la izquierda a la derecha que coadyuvan hoy a sostener el clima de agresividad, enfrentamiento y ataque al espíritu dialógico de la democracia: ¿qué creen que pasaría con ellos si esta derecha agresiva, insultante, injuriosa, antidemocrática, consiguiera sus objetivos reales, no los simulados? ¿Creen que les perdonarían su pasado en atención a los servicios prestados hasta la llegada de la nueva regeneración nacional de la España una, grande y "libre" con la que sueñan?

miércoles, 14 de enero de 2009

La pendiente del insulto.

La señora Montserrat Nebrera ha ofrecido unas aclaraciones en su blog Montsenebrera.cat.blog que no aclaran absolutamente nada sobre su lamentable falta de respeto a la ministra de Fomento y a todos los andaluces a cuenta del acento de la ministra que le parecía "de chiste". Según la señora Nebrera no se refería al acento sino al "tono" de la ministra que se le antoja chulesco y barriobajero. Como se ve, lo está arreglando. Cualquiera que haya escuchado las declaraciones de la citada señora sabe que en ellas anidaba el más rancio prejuicio antiandaluz, la actitud despreciativa y de prepotencia de mucha gente que se nutre de esos estereotipos de chistes groseros de sobremesa. Por cierto, tómese nota asimismo del adjetivo "barriobajero" muy revelador de una mentalidad determinada. Hará muy bien el PP expedientando a su militante catalana porque es necesario poner coto a estas actitudes bochornosas que envenenan la convivencia. Los políticos deben dar ejemplo de trato civilizado y respetuoso.

¿Y los periodistas? La pendiente del insulto es muy pronunciada y, cuando uno comienza, no es raro que otros se lancen detrás y, al final, el tono de la comunicación pública sea detestable e insufrible. Según leo en El Plural, en su columna habitual en Abc, el señor Antonio Burgos, que tiene una acrisolada trayectoria como insultador, de lo que doy fe pues he tenido que sufrir algunos denuestos suyos, llama a la señora Nebrera catalana de mierda. Espero que la cita de El Plural sea fidedigna porque no he conseguido encontrar la columna del señor Burgos en Abc. En ese catalana de mierda se condensa asimismo mucho prejuicio y cliché anticatalanes profundamente desagradables. Tanto la señora Nebrera como el señor Burgos son dos pruebas vivientes del lamentable nivel del debate público en España y hacen cierto eso de que los insultos califican más a quienes los profieren que a los posibles insultados. No sé si la ministra insultada es o no muy chistosa pero está claro que maldita la gracia que tiene el chiste de la señora Nebrera. Esta señora es, sí, catalana, pero no tiene más mierda encima que la que salga de la boca del señor Burgos.