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miércoles, 1 de enero de 2014

El espíritu del juego.


Si inaugurar es ver los augurios, los de 2014 no pueden ser más sombríos. Tricentenario de la caída de Barcelona en manos de los Borbones. Bicentenario de la derrota de Napoleón en la curiosamente llamada "batalla de las naciones", en Leipzig, con abdicación del Emperador y destierro en la isla de Elba. Centenario del estallido de la primera guerra mundial, aquella que se hizo con el firme propósito de acabar con todas las guerras. Tres momentos decisivos de guerra pero de muy distinta naturaleza. La caída de Barcelona fue la conclusión inevitable y esperada del tratado de Utrecht. La derrota de Leipzig, un golpe de fortuna de la sexta coalición. Agosto de 1914, el comienzo de una guerra que todos decían querer evitar. Así que 2014 puede ser cualquier cosa. Y lo será.
 
Al final del año, cuando corresponda hacer el balance como el que se la ha hecho al pobre 2013, lo veremos. Esto de los años es como los juegos. Al empezar uno se inicia una partida, se pone el marcador a cero, se reparten cartas, se renuevan las apuestas.
 
Jugar es básicamente lo que hacemos los seres humanos, según demostró Johan Huizinga al comienzo de la segunda guerra en su libro sobre el hombre jugador. La civilización, dice, es producto del juego. Y en el juego estamos. Todo lo hacemos con espíritu lúdico, que no tiene por qué ser necesariamente festivo. Las guerras son juegos; se plantean, se desarrollan, se ganan y pierden como juegos. Lo único que las hace peculiares es que siguen reglas, pero no se atienen a ellas. Es el problema de esa expresión anfibológica de "las leyes de la guerra".

La imagen de nueva partida en el cambio de año en el juego de la convivencia es engañosa. Se reparten algunas cartas, otras no; algunas, incluso, están marcadas. Se ponen los contadores a cero para algunos asuntos; para otros, no. Hay una clara desigualdad en la posición de los jugadores y aun así, es preciso jugar la partida.

No quiero pecar de pesimista pero la situación de la izquierda, de la oposición en general, en esta nueva mano, es lamentable por su fragilidad, su indefinición y su inoperancia. Tan es así que su táctica es subóptima, es decir, consiste no en maximizar su beneficio y la pérdida del adversario sino, al contrario, minimizar su pérdida y el beneficio del adversario. Una táctica perdedora.

El motivo de esta confusión, en mi modesto parecer, es la cuestión catalana que ignora la divisoria izquierda/derecha de la política española y actúa como aglutinante de los dos partidos mayoritarios dinásticos. Con la muy presumible adhesión de IU si es cierto que Cayo Lara está en contra de la autodeterminación. No estoy seguro de que sea así, aunque así creo haberlo leído. En todo caso, lo que queda claro es que es otro juego, el de la independencia de Cataluña, en el cual los jugadores son distintos. Y todo lo demás, también. Otro juego, en efecto y de resultado, como siempre, incierto. Uno que pone a los políticos españoles muy nerviosos pues piensan, no sin razón, que están quedándose sin país. Sensación muy desagradable, desde luego, sobre todo cuando va acompañada de la sospecha de que son ellos, los políticos, por su particular incompetencia, los principales responsables de haber llegado hasta aquí.
 

martes, 10 de septiembre de 2013

A relaxing cup of café con leche.


La intervención de Botella se ha viralizado. Las diversas versiones colgadas en Youtube suman casi un millón de visitas en veinticuatro horas. El cachondeo es planetario. Hay quien dice que la derecha española no caerá por la oposición sino por la risa de la gente. Me parece poco probable. Esa derecha carece del único sentido que Pío Baroja consideraba esencial a los españoles, el del ridículo. Porque ridícula es la alocución de la alcaldesa a extremos insólitos. No por su espantoso acento; no porque fuera la  escenificación de un breve parlamento aprendido de memoria y representado con las dotes escénicas de un chimpancé. Lo verdaderamente atroz fue su contenido. Donde los turcos defendieron su caso argumentando la paz en Oriente Medio y los japoneses la recuperación del tsunami, esta majadera largó un estúpido discurso de vendedor de viajes de tercera: España, tierra de alegría y jolgorio, festival de la vida, sol, bares, descanso y relajantes cafelitos. Le faltaron los toros y el flamenco. O, como dice una diputada conservadora británica, el burro y la sangría. Es el patriotismo de la derecha.

Pero les da igual. Ya se encarga La Razón de explicar que ese lamentable patochada equivale a la escenificación del mejor monólogo shakesperiano haciendo justicia a los matices del genio de Stratford-on-Avon. Ellos a lo suyo; a mangar. Fueron más de trescientos los invitados al jolgorio bonaerense con el dinero de todos los españoles, incluso amigot@s de francachelas, como Rita Barberá, posible imputada en la Gürtel, que tiene tanta relación con los Juegos como Palinuro con la Bolsa. Trescientos gorrones que se zumbaron las existencias de alcohol en el vuelo de ida y ni siquiera suprimieron la fiesta nocturna al saber que la candidatura había fracasado. Así que todo Buenos Aires se dio cita a celebrar a costa del contribuyente español la derrota de España en el COI. De los 300 mendas -que no fueron los de Leónidas-, los políticos se alojaron todos en el Hilton y los deportistas, como corresponde a su condición socialmente inferior, en un NH cualquiera. La oposición debe pedir las cuentas de este enorme dispendio, euro por euro. Tenemos que saber cuánto ha costado la megalomanía de estos andobas, en qué se ha gastado y por qué. Este cachondeo no se puede consentir. Y los socialistas pueden ir cambiando el chip. Ya han hecho bastante el majadero arrimando el hombro a una candidatura que era una chapuza pensada para tapar el caso Bárcenas y que, si llega a salir, los hubiera hundido para ocho o doce años más.

Los barandas (Florentino Pérez, que se llevó a Ignacio González y Rajoy, que se llevó a Botella) pusieron pies en polvorosa en jets particulares y dejaron tirada a la claque de chupones y aprovechados. También se lo ofrecieron a Nadal (como si el avión fuera suyo en el caso de Rajoy que, efectivamente, así lo cree), pero aquel, en un gesto de dignidad, lo rechazó. En cambio, Palinuro, el reportero más duro, aprovechó el último momento de confusión y se coló en el jet presidencial, lo que le permitió grabar la siguiente conversación:

Botella: Quiero morder, Mariano. Quiero morder. Diez horas preparando el discurso ante el espejo y van los muy cerdos diciendo por ahí que si he hecho el ridículo y si...
Rajoy: La traducción, no te la habrá hecho Carromero, ¿verdad?
Botella: No, hombre. La sacamos del traductor de Google.
Rajoy: ¿De dónde?
Botella: Déjalo, Mariano. Tú de esto no entiendes. Ni de nada, hijo, por cierto. Tu gobierno no ha sabido manejar el asunto. ¿Para qué te sirven los ministros, hombre? Ese Margallo, que se pone chulito con los ingleses cuando necesitamos los votos de los suyos. Y lo que me fastidia es que ya está Aguirre metiendo el hocico y riéndose de mi inglés.
Rajoy: Ana, te juro que estaba todo amarrado. Teníamos 56 votos. Nos lo dijo un Mr. no sé qué de una empresa americana. Nos cobró dos millones de euros...
Botella: ... y nada. Los hombres sois unos inútiles. Lo mismo le pasó a mi Jose: dos millones de euros le soplaron por una medalla del Congreso americano que luego no le dieron.
Rajoy: lo de menos son los millones. Esos los pagan los ciudadanos. Lo malo es que no puedes confiar en nadie. Y este desastre, perdóname, pero va más allá de tu inglés, al fin y al cabo bastante mejor que el mío. ¿Sabes que me encontré a Obama en San Petersburgo cuando íbamos al retrete de caballeros y me dijo no sé qué con ese acento yanqui y, como no sabía qué contestarle, le dije: Mi tú, como me han enseñado.
Botella: ¿Mi tú?
Margallo (que está al otro lado de la mesa, haciendo risas con Moragas y, sospecho, algo sobados ambos): Me too, Mariano, le contestaste (correctamente) Me too.
Rajoy: luego me enteré de que Barack había alabado las reformas que hacemos en España y que me invitaba a la Casa Blanca. Lo leí en la página web de La Moncloa. Así que, ¿le contesté bien?
Moragas (haciendo un guiño a Margallo): perfectamente, presidente, para nota.
Rajoy: Pero ¿qué le dije?
Margallo: Le dijiste que tú también.
Rajoy: Yo también, ¿qué?
Moragas: Que tú también lo invitabas a la Casa Blanca.
Botella (furiosa): No les hagas caso, Mariano. Están sopa perdidos. ¿Qué decías?
Rajoy: Que el asunto no solo es tu inglés, perdóname.
Botella: Te perdono pero, ¿qué más tiene el asunto?
Rajoy: Todos teníamos esperanzas en el Madrid 2020 y nos hemos quedado con el culo al...
Botella: Marianooooo
Rajoy: El pompis al aire. Fíjate en el Príncipe Felipe. Venía ya como Rey in péctore. Era su ocasión. También traía un discurso...
Botella: ... que no escuchaba nadie. Leticia -que, entre tú y yo, es insoportable- tuvo que mandar callar a este  y a la Barberá.
Moragas: "Este" tiene un nombre, Ana. Soy yo. Y precisamente estaba tratando de acallar las bobadas de Barberá que, cuando se pone...
Rajoy: Bueno, pues eso, el príncipe se quedó kao.
Botella: ¿Kao?
Rajoy: KO, coño.
Botella: Marianoooo. ¿KO?
Rajoy: Mujer, es inglés, no me interrumpas. El príncipe, para los cochinos. El Rey, ni te cuento.
Margallo: Para mí, el Borbón se alegra. Se ha escaqueado, ha dejado el marrón al tontaina del hijo y ya no tendrá que abdicar hasta...
Moragas: ... hasta la próxima candidatura. ¡Brindemos por Madrid 2024!
Botella: Ya. Y yo, ¿cómo resuelvo las elecciones de 2015?
Palinuro (emergiendo grabadora en mano de detrás de una cortina): ¿No piensa usted dimitir antes?
Botella: ¡Anda! Y este ¿quién es?
Rajoy: No sé. Un pringao que me ha mandado un cuestionario y quiere que le conteste. Me ha dado pena, como Bárcenas, y lo he dejado colarse. Pero es inofensivo. Escribe.
Margallo: ¡Hombre! Tengo escritas unas memorias. A lo mejor puedes corregírmelas.
Rajoy: Déjate de bromas, Pepe. Claro que Ana no va a dimitir. Conmigo no se dimite. (A Ana) Pero lo de las elecciones está crudo. Según mis noticias, los madrileños, incluso los nuestros, prefieren de alcalde a Mario Conde, que luce bien en Intereconomía. Y de Aguirre ni te cuento. Menuda es. Estoy hablando con ella; me levanto para ir al lavabo; vuelvo y se ha sentado en mi silla. Pero no te preocupes, peor lo tiene Nacho González.
Moragas: Sí. Es bastante más feo. (En ese momento hay una turbulencia, el avión cae bruscamente un trecho, Moragas se golpea la cabeza con una samsonite y se queda frito.)
Botella: ¿Nacho? ¿Qué le pasa a Nacho?
Rajoy: Pues que, como los japoneses se han llevado los juegos, el millonetis de Eurovegas...
Margallo (dirigiéndose a Fátima Báñez, que ha ocupado el lugar de Moragas) Eurovergas.
Botella: Pepe, eres un grosero. Mira cómo se sonroja la pobre Fátima.
Báñez: Claro. No voy a hacer strip-tease como Cospedal.
Rajoy: menuda es esa. Menuda lengua.
Botella: Vale, pero ¿qué pasa con el señor Adelson, el "millonetis"?
Rajoy: Quiere llevarse Eurovegas a Tokio.
Moragas (recuperando el sentido): ¿Asiavegas? ¿Nipovegas? ¿Tokiovegas? No me suena.
Margallo: Hirovegas o Vegasaki.
Rajoy: Total; si se lleva el tío la pasta, a González le huele el culo, el pompis, a pólvora. No lo vota ni la Falange. Pero, con todo, el peor parado he sido yo, así que no me vengáis con monsergas. Vaya racha. Lo tengo todo en contra.
Botella: ¿Por qué? ¿Qué culpa tienes tú?
Rajoy: Ya. Culpa, ninguna. Es toda de Zapatero. Pero cuéntaselo a Pedro J.
Báñez: Presidente, creo que debes echarlo del periódico. ¿Quieres que se lo pida a la virgen del Rocío? Tiene poder. El mes pasado, 31 parados menos.
Rajoy: Es inútil, Fátima. Quieren mi cabeza. Quieren crucificarme, echarme a los leones, descuartizarme. Me dice el médico que empiezo a estar paranoico. Pero no es verdad: me persiguen. No es una invención mía. Ese odioso Bárcenas me tiene manía; quiere hundirse conmigo. De aquí a las elecciones de 2015 tengo que reinvertarme.
Báñez: Re... ¿qué?
Rajoy: Reinventarme. Es el consejo sacado de un libro muy bueno que es estoy leyendo de Dale A. McKenzie. Se llama Cómo triunfar y hacer amigos sin abrir el pico.. Un best seller. ¿No lo conocéis? Tengo que reinventarme, conseguir ser otro. Así, podré presentarme en su momento como yo y no yo al mismo tiempo. Prometeré hacer lo contrario de lo que he hecho hasta ahora.
Margallo: Aunque sigas haciendo lo mismo. Eso se te da muy bien.
Rajoy: Gracias, Pepe. Por supuesto.
Palinuro (perplejo): Perdone, usted ¿tampoco piensa dimitir?
Rajoy: Pero, bueno, ¡qué manía! ¿Por qué voy a dimitir, vamos a ver? No he hecho nada.
Palinuro: Parece que no se sabe lo que ha hecho. Y eso es peor.
Rajoy: ¿Peor? ¿Por qué, joven? La política es secreto. ¿No ve usted cómo gobierno? Nadie sabe nunca nada de lo que hago. Nadie sabe si vamos o no a la guerra de Siria; nadie si lo del Peñón va en serio; nadie si voy o no a cambiar el gobierno; nadie si estoy poniéndome de acuerdo con Artur Más. Nadie sabe lo que hago. Ni yo mismo. La segunda base del éxito es el secreto. Lo dice también McKenzie: "la vida es como un juzgado: todo lo que digas puede utilizarse contra ti". Así que todo el mundo punto en boca. Bárcenas no existe.
Palinuro: Pero el país puede írsele de las manos.
Rajoy: ¡Qué va, hombre! ¡Qué poco conoce a los españoles! Ha viajado mucho, ¿verdad? Se le ve a la legua. Ha perdido el feeling con sus paisanos. No conoce la acrisolada doctrina del Caudillo, cuya vida no conservó Dios suficientes años, para ponernos a prueba: "menos viajar y más leer el Informaciones, hoy La Razón. ¿Qué se apuesta usted, pelagatos, a que volvemos a ganar por mayoría absoluta, sobre todo si sus vísperas catalanas se ponen bravías?

lunes, 9 de septiembre de 2013

Del diario de viaje de Rajoy, III.


Bueno, yo estaba en donde debía estar, dando la cara, respondiendo preguntas, prodigándome en explicaciones. A las duras y a las maduras. Vayan luego los de siempre a decir que rehúyo el bulto, cuando lo que quieren es poner palos en las ruedas, esparcir insidias y rumores, debilitar mi querida Marca España. Mi deber era estar en Buenos Aires y hasta aquí he venido.

Sinceramente,  no nos merecíamos lo que estos del COI nos han hecho. Han jugado sucio. Así lo ha trasmitido fielmente mi palafrenero en La Razón, que habla de Tongo olímpico y, como siempre, ha sido el único en decir la verdad en un panorama de medios en España de tinte bolchevique. Con todo, me queda la duda de si no nos estaremos pasando. Hablar de tongo cuando se pierde en un juego es muestra de mal perder. Y no es nuestro caso porque, cuando hacemos tongo, siempre ganamos; por ejemplo, las elecciones, que financiamos ilegalmente, como Dios manda. No es eso lo preocupante de hablar de tongo sino que estemos acusando de ello a los miembros del COI con lo cual, si nuestras posibilidades eran pocas, ahora serán ya cero. He de hablarlo con García Margallo, a ver si lo distraigo de la conquista del Peñón, por donde puede llegarnos otra castaña fenomenal.

Confieso no haber estado muy feliz ayer al declarar que “A veces se gana y a veces se pierde. La clave es hacer todo cuanto está en tus manos para que las cosas salgan bien". Estaba muy cansado. Volar de San Petersburgo a Buenos Aires, del mundo eslavo al latino, de la selecta cumbre de los barandas mundiales a la chusma bonaerense, es agotador. Y luego está claro que conseguimos jugar bien nuestras cartas. Llevamos un séquito de 180 personas a todo pagado. Los japoneses, cien y los turcos, 75. No tenían media torta. Además, los nuestros iban calientes porque, al parecer, se echaron al coleto 350 cubas libres durante el trayecto. No entiendo qué pasó. No lo entiende nadie. 180 de claque y perdimos. Y ya verás ahora. Como al perro flaco las pulgas, van a llovernos impertinencias. Ya hay quien quiere ver las cuentas del Madrid 2020, a cuánta gente llevamos y por qué razón. Hasta hay quien pregunta qué pintaba Álvarez del Manzano en la fiesta. Si empezamos con pequeñeces...

La verdad, cundía el desánimo. Wert se escondía por los rincones, me malicio que algo avergonzado, García Margallo quería hacer sushi con un japonés pequeñito y los demás tragando saliva al escuchar a Ana Botella en uno de esos discursos en los que parece que está regañando al parvalurio y en cualquier momento va a ponerse a repartir guantazos. Y mira que se lo he dicho muchas veces, siempre con el debido respeto: "Ana te pierde tu temperamento". El momento inglés de la alcaldesa ya me dejó flipando el colores. Menos mal que los de La Razón dejaron constancia del elegante y fluido inglés de Ana. Ahora respiro tranquilo porque, desde luego, yo no entendí nada y, por lo que sé de mi fiel Marhuenda, él tampoco. Pero a ese no le hace falta entender para hablar, pues le pago por hacerlo sin tener ni idea. Y lo borda el hombre. Tanto que van a contratarlo en todas las cadenas de TV todo el día porque es el único del que puedo fiarme. Marhuenda por la mañana, por la tarde y por la noche. Eso es pluralismo informativo cristiano.

Ya más descansado, hoy he hecho otras declaraciones que los chicos de La Moncloa han recogido al pie de la letra, como está mandado: esta decisión no va a afectar al ánimo del país y el Gobierno seguirá apoyando el deporte. ¿Qué? ¿Soy o no soy un hombre previsible? Seguiremos apoyando el deporte. Conste que podríamos no hacerlo, que podríamos castigarlo por su mal comportamiento, como hemos hecho con la salud, la educación, la dependencia, la cultura, etc. Podríamos, pero no lo haremos pues somos unos caballeros. Un periodista (¡malhaya el cuerpo!) me ha dicho que, en cualquier caso, qué culpa tiene el deporte de que los gobernantes sean unos inútiles. Quizá no lo haya dicho así, pero era lo que quería decir. Pues sí, claro, pero no pretenderá el señor periodista que me eche las culpas a mí mismo. Eso es absurdo. Yo doy siempre la cara, ya digo, pero, como todo el mundo sabe, la culpa del desastre de Buenos Aires es de la política exterior de Zapatero. Espero que le hagan un escrache. Ya está bien de hundir España, hombre.

El Príncipe estuvo sublime al decir que Toda España quiere los Juegos Olímpicos. Pues claro porque quienes no los quieren no son España, son la Antiespaña, que ha vuelto a levantar su odiosa cabeza de Hidra de Lerna, aprovechando que el caudillo no ha resucitado. Cierto, luego el muy ladino se calló, hizo mutis por el foro con su esposa, y me dejó solo ante el morlaco. Es un Borbón típico, o sea, un felón.

Pero de esos morlacos me ventilo yo media docena. El verdaderamente peligroso, el de auténtico trapío, Bárcenas, me espera en casa, tras las rejas del toril. Por eso me fastidia haber perdido la votación del COI. Ahora podía estar yo de vuelta en España, entrando en Madrid entre los aplausos de la muchedumbre entusiasta, retornando victorioso de la guerra de la Pampa, con los bolsillos llenos de promesas de negocios para los nuestros en los próximos siete años. Bárcenas y sus sobresueldos caerían en el olvido y yo recuperaría el crédito que tengo algo perdido.

La realidad es muy otra. Tenía un sueño, mejor que el de Martin Luther King, pero el islámico y los taimados nipones lo han reventado. Hubiera pisado la cabeza a Rubalcaba, en sentido figurado, se entiende, como cuando Rubens pintaba a Enrique IV pisoteando cuerpos convulsos de infieles vencidos. Ahora tendré que hacer frente a su moción de censura. La moción del odio, el rencor; la moción del mal perdedor. Y otra vez a hablar de Bárcenas, como si no fuera bastante lo dicho el pasado 1º de agosto, cuando brilló mi inocencia en sede parlamentaria. Si Jesús Posada, el edecán que tengo en el Congreso, vuelve a plantearme una pregunta o interpelación de estos pulgosos del PSOE, lo mando a letrinas.

Ya ni las vísperas catalanas me sirven para ocultar la corrupción en la que sobrenada el partido, el gobierno y yo mismo. Cada vez nos parecemos más a los personajes de las escenas escatológicas de Bocaccio. La mierda (con perdón) llega ya a la altura del micrófono. Tengo a Mas modulando su lenguaje, pues ya habla de una consulta tolerada por el Estado. Esto de las palabras tiene su intríngulis. Hay que entender sus muchos sentidos. "Tolerar" no es "permitir". Pero tampoco prohibir. Y no creo que quienes mandan me dejen no prohibir. La verdad es que, con Bárcenas entre ceja y ceja, es difícil pensar en estas cosas.

¡Malditos nipones!

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

domingo, 8 de septiembre de 2013

Oro en incompetencia.


El batacazo del gobierno en Buenos Aires es impresionante. La Razón y el ABC tendrán que hacer filigranas para convertirlo una vez más en : a) un triunfo en toda línea de Rajoy; b) un fracaso sin remedio de Zapatero. Pero lo intentarán. Les va en ello la paga. Y no sé a quién convencerán porque está claro que el fracaso no es solo del gobierno, sino de España. De la España cuya marca va vendiendo el gobierno y que ha obtenido, bien se ve, el oro en incompetencia.

Incompetencia fabulosa originada en lo esencial en la gestión de unos gobernantes que no tienen ni idea de sus posibilidades reales ni del mundo exterior más allá del círculo de enchufados, asesores y tiralevitas de que se rodean. Ya en el fracaso del intento olímpico anterior (que debía ser, a su vez, el segundo o el tercero) quedó patente la ignorancia e incompetencia de los españoles en el mundo interno de las decisiones del Comité Olímpico Internacional (COI). No solamente no tienen atisbo de la muy compleja teoría de las coaliciones sino que tampoco saben nada de la práctica más pedestre de cómo se mueven las alianzas estratégicas, qué voluntades pueden propiciarse y cuáles otras neutralizarse. Patente ha quedado en la votación bonaerense. España por detrás de Turquía. Dicho está todo.

Tirando hacia arriba, la acción exterior de los gobernantes es de risa. Tiene uno en gran respeto la diplomacia en general, dada su capacidad de dobles y triples juegos, hasta que topa con la española que no sabe jugar ni un solo juego. Veamos: ¿cuántos miembros del (COI) pertenecen a la Commonwealth, la comunidad angloparlante, antiguas colonias y dominios de Gran Bretaña? ¿A quién se le ocurre plantear un conflicto (y un conflicto colonial) con Inglaterra justo en vísperas de una votación en la que hay que conseguir votos de la Commonwealth? Obviamente, al gobierno de España, al ministro de Exteriores, a quien no se le alcanza que quizá convenga preguntar, antes de soltar bravatas, si estaba el horno para bollos. Esto se llama descoordinación y el que se descoordina en un órgano colegiado es un verdadero asno. Pero es que el gobierno de España es hoy una recua de asnos dscontrolados. Eso sí, todos pagadísimos de sí mismos.

¿Qué fue a vender a Buenos Aires esa ridícula comisión olímpica cuya finalidad era nutrir las páginas de la prensa rosa con la presencia de los Príncipes de Asturias y las viñetas de humor con los disparates provincianos y engreídos de Botella? Fue a vender la capital de la corrupción europea y, dentro de esta, la peor de todas en la ocasión, el dopaje. Aunque los gobernantes españoles no lo crean, los demás, especialmente los miembros del COI, están informados de lo que les interesa y utilizan esa información para beneficiar su causa y perjudicar la del adversario. ¿Creen los españoles que el COI ignora los asuntos de dopaje en España cuando son de conocimiento mundial?

Es igual. Llega Rajoy, en gira triunfal, y reafirma solemne que España es un éxito financiero y un socio fiable en todo, también en la lucha contra la “lacra” del dopaje, como se demuestra por el hecho de que una de las más famosas deportistas, la señora Domínguez, salpicada por un asunto de dopaje, es senadora del PP y, en consecuencia, está aforada, es decir, protegida. ¿Cómo contrarrestar la interpretación de que el gobierno de España protege el dopaje? No pasa nada. Tanto en el exterior como en el interior nadie concede crédito a la palabra de Rajoy, cuya función no es sino negar los hechos más flagrantes. ¡Pero si el dopaje se practica hasta en las elecciones legislativas, según denuncia reiterada de Cayo Lara!

Es erróneo tachar de episódico el ridículo de Ana Botella con la traducción simultánea en la rueda de prensa. No fue algo accidental, sino que es constitutivo de la dama. El ridículo es algo tan inherente a su identidad como el croar a las ranas. Es más, parece ser estructural a las señoras de la derecha. Quien ensamble el vídeo bonaerense de Ana Botella con el de los medicamentos que curan de Ana Mato, la virgen del Rocío de Fátima Báñez y el finiquito en diferido de Cospedal puede ganar un premio internacional de cine cómico antifeminista. Por favor: ”A relaxing cup of café con leche en la Plaza Mayor”. Por favor. ¿Qué hemos hecho los madrileños para merecernos esto?

Fracaso redondo, sin paliativos de la Marca España. Todas las esperanzas de Rajoy de enterrar bajo promesas de toneladas de oro, plata y bronce el hediondo asunto de su amigo Bárcenas, al garete. Ahora, a seguir aguantando el cirio que le ha puesto Cospedal en el palo y con el cirio y el rabo entre piernas, de vuelta a casa, a seguir escondiéndose como sea. Y la Marca España a esperar otros cuatro años, a lo cual anima esa prodigiosa nonentity,, Felipe, Príncipe de Asturias, patria querida.

¿Y la oposición? Ese fervoroso apoyo al Madrid 2020 de Lissavetzky y Rubalcaba hace honor a su empeño por prestar leal colaboración en los “asuntos de Estado”. Y demuestra asimismo su despiste –ya casi culposo- su endeblez argumental, su seguidismo del PP, en definitiva, su parte de incompetencia. Para entenderlo basta con plantear dos simulaciones:

Simulación a). Si la situación hubiera sido la inversa, el PSOE gestionando el Madrid 2020, ¿cuál habría sido la actitud del PP? ¿No andaría Aznar predicando por el mundo que España no merecía los juegos? ¡Ah, pero eso es cosa del “y tú más”, propia del PP, pero no del PSOE. De acuerdo.

Simulación b). De haber salido el Madrid 2020, ¿acaso no lo utilizaría el PP como claro signo del éxito del gobierno (no de España) y una ocasión única para tener una cortina de humo de siete años frente a Bárcenas? ¿Acaso no pondría a todos sus esbirros mediáticos a insultar a la oposición acusándola de haber intentado boicotear el éxito? Lo haría sin dudarlo, por supuesto, y en el PSOE no pueden ser tan necios que lo ignoren.

Entonces, ¿qué? Simplemente, que el PSOE es incapaz de articular un discurso leal al Estado pero crítico con el PP y el gobierno. Aterrorizado por el efecto negativo que para sus expectativas de voto pueda tener una campaña del PP acusándolo de antipatriota, incluso de antiespañol, el PSOE marca el paso en donde le dicen y depone toda actitud crítica. Lo mismo le ocurre con la organización territorial del Estado y la forma de gobierno. Muertos de miedo de que la derecha los ataque por separatistas o rojo-republicanos, los socialistas aparecen como centralistas y monárquicos. Y ese es el problema: el miedo del PSOE al PP.

Los aparatos de propaganda del gobierno se encargaron de difundir que el 90 por ciento de los españoles apoyaba fervorosamente la causa de Madrid 2020, lo cual ha de echarse en la cuenta de su inveterada costumbre de mentir. Somos muchos quienes no apoyábamos el Madrid 2020 y no por eso sentamos plaza de antipatriotas o “antiespañoles”. Al contrario, muy al contrario. Sabemos que en el extranjero las cosas se hacen en serio y por eso no podíamos apoyar un proyecto de prisa y corriendo, una chapuza, más pensada como cortina política de humo y negocio en la vertiente de la corrupción (como el que todo el mundo espera en Eurovegas) que como otra cosa.

Nos callamos por prudencia, porque no somos el rencoroso Aznar ni ninguno de esos felones estilo Montoro, (que caiga España, que ya la levantaremos nosotros) y por sentido del ridículo. Queríamos evitar a nuestro país el enésimo bochorno de una derrota sin paliativos. ¿Si nos alegramos por ello? Sí, claro que sí, en la medida en que el resultado evidencia que por ahí fuera las cosas funcionan de verdad y nosotros no nos merecíamos lo que solicitábamos. Puede ser la alegría de Casandra, pero es. Y no por eso somos antiespañoles. Antiespañoles serán (en la medida en que pueda emplearse tan estúpido término) quienes llevan a España de ridículo en ridículo. Claro que nos alegramos y a ver si, por una vez en la vida esos sedicentes "analistas políticos" que no dicen más que tonterías, son capaces de decir la verdad si acojonarse.

Hasta hay una vertiente olímpica de las vísperas catalanas. Se deduce de la sospecha de que, para los nacionalistas españoles, Madrid 2020 suponía sacarse la espina de los juegos olímpicos de Barcelona, 1992. Una cuestión de envidia, de cochina envidia. Ya que no consigue sacarse la espina del Peñón, ni extirpar el forúnculo de Bárcenas, cuando menos, la espina "polaca". Pues ni esa.

Acabo de leer en Twitter que Rajoy justifica el revolcón del siguiente modo: “A veces se gana y a veces se pierde. La clave es hacer todo cuanto está en tus manos para que las cosas salgan bien". ¿Se dan cuenta? Es imposible tomarse en serio a gente así, que solamente gana cuando miente.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Los abalorios de Las Vegas y los gobernantes palurdos.

El largo tira y afloja entre el multillonario de extrema derecha Adelson y los paletos españoles de todos los niveles de la administración toca a su fin. Parece que gana Madrid frente a Barcelona, probablemente porque habrá ofrecido condiciones más suculentas que los catalanes, habrá hecho más concesiones, se habrá arrastrado más o habrá prometido más oro y más moro.
Porque ese es el negocio de Adelson: llegar a un sitio, ofreciendo instalar su basura de neón y que las autoridades del lugar, emocionadas con el maná que el gran dios gringo promete, le entreguen las llaves del reino y se pongan a su disposición para lo que guste mandar. Ya ven sus eriales convertidos en jardines colgantes artificiales en donde nadan cocodrilos amarillos en aguas color rubí y Landrú se columpia de una reproducción de la Torre Eiffel a tamaño natural.
Serán palurdos...
Alderson viene a hacer negocios él; a sacar dinero él en un país en el que los aborígenes, es decir, nosotros, no sabemos hacerlo. Sus condiciones son leoninas: 1) Diez años de vacaciones fiscales (que pagaremos los españoles); 2) participación propia del 35 por ciento; el resto lo ponen españoles; 3) construcción de infraestructuras a cargo de los españoles; 4) todo tipo de ventajas laborales para el patrón; 5) derogación de cuantas leyes nacionales le molesten: de momento es la ley antitabaquismo, pero puede ser tambien la legislación contra el blanqueo de dinero o lo que sea; 6) prohibición de los sindicatos. Y eso en cuanto a las estipulaciones públicas, que se conocen. Luego están las secretas, que no se conocen, en lo esencial, el compromiso de devolverle su dinero si las cosas van mal.
¿Es que somos imbéciles?
Pues sí, lo somos. Sobre todo, el gobierno, encantado de que venga un pollo con una estafa muy preparada para colaborar con él expoliando (más) al pueblo español.
Porque ¿qué tiene este proyecto que unos empresarios españoles -si hubiera alguno capaz de pensar a un nivel superior al de las gallináceas- no pudieran ofrecer por su cuenta? Los adefesios de Las Vegas, las imitaciones de las pirámides, el Taj Mahal, o el Kremlin, no pagan derechos de autor y cualquiera puede erigirlas. De las ruletas y máquinas tragaperras no hace falta hablar y los clientes los vamos a poner todos nosotros, españoles y europeos; la demanda es nuestra. ¿por qué echarse en brazos de un extranjero que apenas arriesga el 35% del total invertido y en condiciones de absoluta seguridad?
Pues porque somos unos palurdos y nos merecemos que vengan estos avispados a explotar nuestros recursos y quitarnos los cuartos poco más o menos como, hace 500 años, los conquistadores quitaban el oro a los aborígenes de América con abalorios. La dirección de la estafa ha cambiado, pero la estafa es la misma y los mismos los estafadores y los estafados con los roles invertidos.
Palinuro no tiene nada en contra de un Las Vegas en Alcorcón, Paracuellos o donde sea en Madrid o en otra parte de España. Nada. Al contrario, es una buena idea, mueve mucho dinero, dará mucho trabajo y aumentará la riqueza general. Tiene en contra de que se haga bajo patrocinio y administracion extranjeras en lugar de poner en marcha un proyecto exclusivamente español si acaso con participación de capital europeo, pero con iniciativa española y europea. No por patriotismo sino por interés. Exactamente como lo hace Adelson.
Pero convencer de esto a unas autoridades absolutamente paletas, que no hablan idiomas, no han viajado más allá de Alpedrete y creen que God bless America significa "hazte de oro en diez segundos", es imposible.
Y no se crea que la oposición tiene mejor papel. Allí en donde las derechas en el gobierno babean tras los dólares del toco mocho de Adelson, la oposición todavía hace más el ridículo articulando su crítica en un terreno absurdamente moral: la prostitución, el juego, la trata, el blanqueo... ¡Sodoma y Gomorra a un paso de San Francisco el Grande! Este juicio tan convencional sobre el real Las Vegas me hace sospechar que quienes lo formulan con gazmoñerías de beata de adoración de María no han estado jamás en Las Vegas ni la han visto por el forro. Lo que dicen parecen las tonterías del Ejército de Salvación y no es más aplicable a Las Vegas que a Chicago o El Paso. Y ello sin contar con que Madrid tiene más putas, putos, ludópatas, proxenetas, pederastas (cuenten los curas), blanqueadores de pastuqui, corruptos y ladrones, sin contar políticos sinvergüenzas, que diez Las Vegas juntas.
(La imagen es una foto de stevendepolo, bajo licencia Creative Commons).

domingo, 30 de octubre de 2011

La banca siempre gana.

No se trata aquí de la banca en el sentido de los bancos, esas empresas dedicadas a comerciar con el dinero y cuyos dirigentes llevan años mostrando que no saben ni sumar excepto para llenarse los bolsillos. Esa banca a veces gana y a veces pierde. O perdía porque, al parecer, se ha abandonado la costumbre de dejar que los bancos quebraran cuando lo hacían mal. Existe la idea de que si los bancos quiebran el conjunto del sistema financiero se viene abajo y la sociedad se colapsa; o algo así. Es una previsión que puede ser cierta o no. Lo cierto es, sin embargo, que el no dejar que los bancos quiebren tampoco resuelve la situación sino que la agrava puesto que absorben ingentes recursos que la economía productiva necesita para funcionar y crear empleo. Los bancos ahora crean paro.

No, la banca que siempre gana es la de los casinos porque, salvo catástrofe, juega siempre contra todas las apuestas, compensa pérdidas y ganancias y, a largo plazo, gana. Es la estrategia de los que apuestan lo interesante porque ha de adoptarse con criterios racionales en un horizonte de incertidumbre. Por eso las apuestas de los principales candidatos en las elecciones del 20-N son distintas, contrarias incluso. Y es lógico porque son los dos extremos de un supuesto de teoría de juegos muy conocido: ¿qué preferimos, una probabilidad de 1/2 de ganar el doble de lo que apostemos u otra de 1/36 de multiplicar nuestra apuesta por 36? La solución, que no es matemática sino aproximativa, es decir que dependerá de lo que tengamos: si tenemos mucho, arriesgamos poco; si tenemos poco, arriesgamos mucho.

Rajoy tiene mucho, 15 puntos porcentuales de ventaja sobre Rubalcaba que le auguran una mayoría absoluta. Lo racional es arriesgar poco, apostar menos. Ausencia de ruedas de prensa y apenas un debate en televisión con el otro candidato del partido mayoritario. A los minoritarios, ignorarlos. El discurso del PP se refiere en exclusiva al PSOE, igual que el del PSOE sólo habla del PP. Los partidos minoritarios suelen en general atacar más al PSOE por aquello de que al perro flaco todo se le vuelven pulgas. Rajoy está para las grandes cuestiones de principio, España, la crisis, la nación, etc. El cotidiano bregar político se lo deja a sus capitanes que suelen precisar las palabras del jefe en tonos virulentos. Ayer en la manifa de la Asociación Voces contra el Terrorismo, Mayor Oreja, en un alarde de originalidad, reveló que la conferencia de paz de Donostia era resultado de un apaño entre ETA y el gobierno. Sus huestes pedían la cárcel para Rubalcaba, también una sorpresa.

Rubalcaba no tiene casi nada. Va quince puntos por detrás del carro del vencedor y su innegable fuerza de voluntad y don de la ubicuidad, pues está en todas partes, no le han permitido acortar distancias. Es lógico que apueste mucho pues tiene que dar un salto grande. Apostar mucho en política es hablar claramente y comprometerse y, además, llevar el debate al terreno de sus méritos. Tomar la iniciativa del discurso y no amilanarse. Suele decirse que los cinco millones de parados han anulado el efecto del fin de ETA y que, además, ese fin ya lo daba la gente por descontado desde el momento en que la preocupación por el terrorismo había descendido a los últimos lugares de la clasificación del CIS desde hacía meses. El asunto de ETA es agua pasada.

Entonces, ¿por qué convocar la consabida multitudinaria manifa en nombre de las víctimas protestando por lo que se presenta como una rendición del gobierno ante ETA? ¿No será que, efectivamente, el fin de ETA cuenta? ¿Y que se lo apunta el exministro Rubalcaba? En todo caso la presencia de políticos del PP en la manifa de la AVT permite predecir una política de confrontación con los independentistas vascos, a quienes los manifestantes equiparan con ETA sin más circunloquios. El ministro que ha acabado con ETA tiene una apuesta muy alta que hacer, pidiendo el voto para gestionar ese final e integrar a los nacionalistas más radicales en el sistema democrático que es lo que se propone hacer Amaiur.

Es hegemónica la idea de que el electorado se regirá por consideraciones económicas, el paro y la crisis, lo cual también es muy razonable porque ésta es agobiante. Ahí de nuevo las apuestas siguen el mismo patrón: Rajoy no aventura, no arriesga, no dice qué hará, no hace propuestas concretas. A Rubalcaba, en cambio, no le queda más remedio que arriesgar, esto es, hacer propuestas concretas y que se distancien de las medidas de su propio gobierno hasta ahora, que no parecen aportar soluciones. Por eso ha comenzado a entonar un aire keynesiano mezclado con el rigor en las reformas y los recortes. Ha empezado a invocar medidas de estímulo de la demanda. Lo que corresponde ahora es especificarlas, exponerlas con claridad: aumentar las obras públicas (y, por tanto el gasto público) financiando la medida con un impuesto extraordinario sobre las grandes fortunas, la tasa a la banca, etc. Junto a los estímulos, las medidas que den seguridad, como la dación en pago.

Al fin y al cabo, se apliquen unas medidas o se apliquen otras, la banca siempre gana

(La imagen es una foto de Fartese, bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 10 de mayo de 2008

Un juego de habilidad.

Iñaki Errazkin me envía este juego de habilidad. Consiste en impedir que el gato se escape del cuadro haciendo click sobre los redondeles. El juego se activa pinchando sobre la imagen y, si no hay nada mejor que hacer el finde, puede probarse. Iñaki lo sacó en InSurGente (no puedo poner el enlace directo porque no lo encuentro) recomendando que uno se imagine que el gato sea Monseñor Rouco Varela. No tengo especial interés en que se vea en él al montaraz prelado o al señor Matorral o a la Bella Otero, pero el hecho de querer ver a alguien distinto del infeliz gato muestra qué rápidamente avanza la idea de que no hay que torturar a los animales ni siquiera para juegos inocentes. Este no es muy difícil, pero sí entretenido. Suerte.

Incluyo el enlace directo por si falla el truco de la imagen: Chat noir

Aviso de que es adictivo.