Mostrando entradas con la etiqueta Legitimación.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Legitimación.. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de octubre de 2010

Las elecciones lo arreglan todo.

Finalmente el señor Díaz Ferrán, ese que encontraba cojonuda a la señora Aguirre (calificativo que nadie ha sugerido se refiera al atractivo físico de la dama, faltaría más, sino a sus dones morales y dotes políticas) se ve obligado a resignar el cargo convocando unas elecciones para ello. Es como si se tratara de una insurrección de las bases de la patronal aunque parezca un contrasentido. Como una sublevación del parlamento frente al monarca absoluto.

La patronal tiene veintiún vicepresidentes a todos los cuales les parece un despilfarro que el Gobierno de España tenga tres. Y una parte apreciable de ellos ha dicho a Díaz Ferrán en el curso de un almuerzo, en donde los jefes deliberan y deciden, que debe pedir el finiquito. Que lo han despedido, vamos. No habrá sido necesario explicarle las razones que están en el ánimo del país entero: ¿cómo puede un empresario que ha organizado una catástrofe en sus empresas, dejando tras él un reguero de damnificados, nóminas por cobrar, dineros de la seguridad social por ingresar, cómo puede representar a los demás empresarios?

Unas elecciones convocadas a tiempo resolverán tan enojosa situación, porque las elecciones todo lo legitiman en función de la regla de la mayoría y de la soberanía popular, que no son idénticas, aunque muchos crean que sí, pero se aproximan. Principio esencial de la época: ¿hay un problema en la candidatura del PSOE a las próximas elecciones autonómicas? Se soluciona con unas elecciones primarias. ¿Hay un problema en la continuidad de Díaz Ferrán al frente de la CEOE? Con unas elecciones internas se soluciona.

Pero precisamente por su fuerza legitimatoria, las elecciones son fuente de problemas, de otros problemas inesperados. Las primarias de Madrid, que se han contagiado a algunos municipios de la provincia, tienen gran fuerza expansiva en el seno del partido, lo que puede provocar su transformación. Si para hacer carrera política el militante ya no puede confiar en el dedo ungidor del aparato sino que tiene que ir a primarias, el partido va a cambiar mucho.

Las elecciones de la CEOE son las primeras en las que no hay un "tapado", un candidato de consenso; lo cual abre la vía a sorpresas, por ejemplo, la de que se presente Joan Rosell, presidente de Foment del Treball Nacional, la patronal catalana que en la meseta se hace llamar Fomento del Trabajo. Es posible que de ésta también cambie la actitud de la CEOE que últimamente estaba convertida en una especie de gabinete económico del PP. Cuesta pensar que Rosell encuentre cojonuda a la señora Aguirre.

Pero también puede volver a presentarse Díaz Ferrán quien contará con su clientela y, político como es, dirá que estas elecciones son un voto de confianza. En el caso, para mí incomprensible, de que lo ganara, no habría cambio de la CEOE, cosa tampoco tan extravagante dado que, por diversas razones, a los empresarios les va de cine con la crisis actual y las medidas que se toman para acabar con ella.

Realmente, las elecciones ¿lo legitiman todo? Da la impresión de que la respuesta del señor Camps sería un estentóreo ¡sí! Y a probar este punto de vista se encamina el Molt Honorable habiéndose ya proclamado unilateralmente candidato a la Presidencia de la Generalitat valenciana. Pero ese ¡sí! parece el de un enajenado. No hay elección por apabullante que sea su resultado que legitime un comportamiento delictivo condenado por los tribunales. Las elecciones no son eximentes de la responsabilidad penal, pero la responsabilidad penal sí es incompatible con cualquier cargo de representación de la colectividad porque es en el nombre de ésta en el que se condena un delito. Pudiera ser el caso del señor Camps ya que si te acusan hay más probabilidades de que te condenen que si no te acusan. Y pues tal pudiera ser el caso, ¿cómo puede el señor Camps pensar siquiera en presentarse a un cargo electo?

Esta idea de que las elecciones lo legitiman (casi) todo está muy extendida en la sociedad. El PP la aplica a rajatabla pues no hay constancia de que, habiendo perdido una elecciones, no esté al cabo de dos meses reclamando elecciones anticipadas. Para legitimar, siempre para legitimar.

(La imagen es una foto de mermadon 1967, bajo licencia de Creative Commons).