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jueves, 26 de enero de 2017

Manda webs

Lo primero o lo segundo o tercero que ha hecho Trump ha sido suprimir el castellano o español de la web de la Casa Blanca. El asunto incide directamente en la política interna de los EEUU y su trato a las minorías. Pero tiene también una repercusión internacional porque el español es una lengua que se precia de ser universal. El paso al monolingüismo inglés en los EEUU es un desaire a ese vehículo de cultura de la lengua española. Dada su habitual gallardía, las autoridades españolas dan por buena la explicación de la Casa Blanca de que la web en español no se ha suprimido; simplemente, está en construcción. Como el muro.

Por acá, la supresión de la web de la Casa Blanca se ha leído en clave interna. Los nacionalistas españoles ponen el grito en el cielo ante el atropello lingüístico de Trump y los de las otras naciones del Estado recuerdan que esa es la situación en España desde hace más de trescientos años. El Estado español es tan monolingüe como el gringo con Trump. Un caso patente de paja en ojo ajeno y viga en el propio.

Y justamente cuando las diferencias parecen suavizarse y van entendiéndose las cosas aparece el presidente español y proporciona un impromptu que deja a las audiencias boqueando como los peces. En su pintoresca comparecencia del Casino de Madrid, Rajoy afirmó, usando esa retranca tan suya que ya le gustaría a él (un demócrata como la copa de un pino) que la web de la Generalitat estuviera redactada en castellano, idioma que, según le consta, hablan más de siete millones de personas en Cataluña. Resulta que la web catalana está también en castellano. Rajoy en estado puro. ¿Y la europea?

No solamente la web de la Generalitat está en castellano sino que la que no está en catalán es la de La Moncloa. Como tampoco está en las demás lenguas del Estado. Sí lo está en inglés. ¿No es el momento de cerrarla y decir que está en construcción?

lunes, 2 de mayo de 2016

La izquierda y las elecciones

Empieza bravo Sánchez. "Nunca" es término sin término y la política está llena de "nuncas" que duraron horas. Nunca digas nunca y aun eso es discutible. Se entiende la motivación de Sánchez: dejar claro en dónde está.

Pero es igual. Quienes dicen que el PP y el PSOE son iguales seguirán diciéndolo porque no les interesa, conocer la verdad, sino lo que pueden hacer en ella.La negativa además de formal es de contenido: el PSOE nunca pactará con el PP. 

Estas elecciones no se quitarán fácilmente el estigma de haber sido evitables. En realidad, ninguno de los partidos las querían y han acabado en coincidencia total en el predio electoral. Da la impresión de que en el PSOE están tomándose las nuevas elecciones como una obra clásica con interpretaciones variables, lenguajes distintos.

El PSOE parece luchar por su supervivencia en condiciones muy hostiles, tanto en el orden interno como en el de la acción externa. Cuatro años de gobierno autocrático de la derecha neofranquista, con un PSOE ausente como oposición no son una ayuda para visualizar la presencia socialista. 

Además, los socialistas tendrán que rejuvenecer su discurso. Esto es más fácil de decir que de hacer. Por rejuvenecer habrá que entender algo distinto de las cuestiones económicas pues se requiere una sociedad muy abierta y capaz de recibir e integrar multitud de simbolos. Sin un discurso renovado que lo haga visible en muchos aspectos de la sociedad, el PSOE encara su próxima desaparición.

La suerte de la izquierda a la izquierda del PSOE despierta mucho interés mediático. El elemento esencial es la unión de Podemos con IU dentro de una contexto de otras izquierdas nacionales. Las relaciones de IU y Podemos tienen mucha carga de experiencias pasadas que van a condicionar el presente. Resucita la vieja ilusión anguitiana del Sorpasso. Ese es un dato esencial que explica muchas cosas, por ejemplo, por qué no ha habido generalmente alianzas de PSOE con IU. La finalidad de IU no era derrotar a la derecha sino al PSOE. Est debilitaba mucho a la izquierda y por ello gobernaba la derecha. Es la pauta de lo parece ahora mismo; no de lo que es.


miércoles, 29 de julio de 2015

La era de los huevos mediáticos.

Hace bien el PP sustituyendo a Sánchez Camacho por Garcia Albiol en Cataluña. Cuanto más absurda, más inverosímil, más inmoral sea una medida, más atención mediática recibirá. Ya solo la corpulencia y la altura, de 2,04 metros de este chavalón le hace ocupar toda la pantalla, lo cual es esencial en la era de la imagen. Le ayuda su sonrisa picarona y su rostro de pillastre del barrio, de quien nadie puede esperarse nada malo. Todo ello sirve para neutralizar la evidencia de que se está defendiendo y amparando la xenofobia, cosa hasta la fecha poco recomendada.  La noticia está en la xenofobia pero una xenofobia popular, alegre, nada de campo de concentración o vallas con cuchillas. Una resistencia al dark stranger que se alimenta con los sanos prejuicios de la calle. El nombramiento es casi una provocación equivalente a decir que la opción propugna el maltrato animal. Lo malo siempre es noticia.

El diputado que se toca los huevos es también pura noticia. De no haber hecho ni dicho nada relevante, este hombre sería un don nadie. De haber robado algunos millones que es, al parecer, de lo se se le acusa, pasaría a ser un nombre que sus compañeros de partido olvidarían al instante, como le sucedía a Rajoy con los de Bárcenas y Rato. Pero, si además de robar, dice algo suficientemente absurdo, tiene asegurada la publicidad y el alborozo popular. O sea, audiencia. La audiencia de los huevos.

Aguirre, que anda siempe aplicando la disciplina de las disciplinas si son otras las espaldas pide la dimisión del diputado huevón porque sus expresiones (la de que se toca los huevos y la de que chupa la polla al jefe), según ella, la avergüenzan y abochornan. Sin embargo, ella no parece mucho mejor hablada. En cierta ocasión, de esas de micrófono abierto inadvertidamente, presumía de haberle quitado un puesto de designación en algún órgano de Cajamadrid, esa entidad que acabaron quebrando por su fabulosa incompetencia, al hijo puta, en el que los conocedores de las bambalinas creían detectar al mínimo, pío y devoto Ruiz Gallardón.

Es un mecanismo bastante conocido. Los políticos viven de la política. Para ello necesitan ser elegidos y, para ser elegido es necesario ser conocido. La política dilucida entre publicidades alternativas. Por eso se pregunta a la gente en los sondeos de opinión si conoce a los candidatos y estos tienen garantizado el conocimiento si dicen disparates; otra cosa será la valoración, pero esa es aquí poco relevante. ¿Quién imaginaría que un menda, alcalde de un pueblo gallego, diría que los asesinados de Franco se lo merecían? Igualmente el cura que canta misa en los Jerónimos el 18 de julio impetra la aparición de una figura cristiana, mesiánica, que rescate al país de nuevo del marasmo desastroso en que se halla. O sea, un cura pidiendo un golpe de Estado. Pura noticia: la esencia misma de la raza.

¿Cuándo te llaman dede los medios? Cuando eres noticia. Si un empresario dice, por ejemplo, que los trabajadores, en vez de cobrar salarios, debieran pagar a la empresa a cambio de trabajar, sería noticia inmediata, entre otras cosas porque, de ponerse en práctica tan ingeniosa doctrina, por fin se habría demostrado la falsedad de la teoría marxista de la plusvalía. Aunque alguien del partido popular, siempre relacionado con los huevos, pudiera pensar: "¡manda huevos, acabar con los huevos de oro asesinando a la gallina!"

viernes, 16 de noviembre de 2012

De aquí a Lima

  • Jérez de la Frontera acoge el Foro de la comunicación

  • ¡Ah, la Hispanidad! En este año de gracia de 2012, España ha celebrado sus mayores efémerides, la que le da el ser como nación, el 12 de octubre de 1492, y la que dota de conciencia a ese ser el 19 de marzo de 1812, la Pepa. La primera fiesta ha ido desmejorando con el tiempo. Fue en su momento Día de la Raza, nada menos (aún lo es en alguna nación hermana, tengo entendido), pasó luego a Día de la Hispanidad y ha terminado siendo Día de la Fiesta Nacional de España. El segundo centenario de La Pepa ha encendido mucho los ánimos patrióticos, excepto en las sempiternas zonas irredentas de Vasconia y Cataluña. Aprovechando el fervor nacional español y contra mucho pronóstico en contra, este finde se celebra la XXII Cumbre de la Comunidad Hispanoamericana de Naciones, ese enteco remedo de la Commonwealth británica.Y se celebra en Cádiz. Naturalmente. La cuna de la conciencia nacional española. En un clima de sobresaltos y múltiples desencuentros. Faltan la Argentina, Venezuela, Paraguay, Uruguay por lo menos. Y a los que vienen, prácticamente ha habido que traerlos por la solapa. El Rey comprometió a la brasileña y al chileno; los príncipes anduvieron por Panamá y el Ecuador y hasta la Reina tuvo el tronío de presentarse en Bolivia, of all the places in the world. El País da cumplida y ditirámbica cuenta de ello, El Rey se ha movilizado para intentar garantizar el éxito del cónclave
    Esta Comunidad es un languideciente intento de España de alzarse con un liderazgo hispánico que no puede sustentar en nada sólido. Y tiene un anecdotario a tono con su condición, siendo el momento más célebre el ¿Por qué no te callas? del Borbón al compañero Hugo Chávez. Entre otras melancólicas decisiones que esta XXII Cumbre ha de tomar está la de dotarse de carácter bienal, como el festival de Cannes, pero muchos menos focos. Esa decisión es el RIP del invento.
    Así que, en evitación de este siniestro vaticinio, un Foro de la Comunicación se ha reunido en Jerez de la Frontera ("allí donde te llamas Domeq o eres caballo o no eres nada") para recuperar el nervio español, enarbolar la bandera de la Hispanidad, de la Raza; perdón, de la Lengua. Para decir a los compas de Cádiz lo que hay que hacer. Estaban, entre otros, el presidente de EFE, Vera, el de RTVE, López-Echenique (la misma RTVE anima a incrustrar el vídeo en las webs), el de Prisa, Cebrián y el ministro de Exteriores, García-Margallo un verdadero, potente lobby en favor ¿de qué?
    ¿De la lengua y la cultura españolas? No. De la empresa. El tal foro de la comunicación es un invento empresarial, al menos este. Y su finalidad es hacer negocios o, como dicen los negociantes, estudiar las oportunidades. Lo que sucede es que la materia prima con la que estos prohombres quieren hacer negocios es... la lengua común.
    Llegados aquí, se les enciende el estro patriótico y empiezan a desbarrar. Sobre todo García Margallo, tan aficionado a las teóricas. Hay que ver qué cantidad de disparates puede decir alguien. Según el ministro, el español es la segunda lengua del mundo. No sé qué ni cómo cuenta este hombre pero el chino, el árabe y el inglés van muy, muy por delante. Salvo que quiera decir que es la segunda por sus valores intrínsecos, en cuyo caso no veo por qué no nos pedimos primer. Dice asimismo el ministro que los estudiantes de español son el doble de los de las demás lenguas. Asombroso para dicho por alguien de un país que aspira a tener la enseñanza bilingüe, inglés/español. Asombroso. 
    Pero el que mejor ha estado ha sido Cebrián. Por no quedarse detrás de Margallo y dar un toque empírico, cuantitativo, indubitable a sus propósitos, habla de 650 millones de hispanohablantes que no sé de dónde le salen. Según los últimos censos, la población de la América hispana y España es de casi 424 millones. Aunque sumemos los guineanos, los saharauis, y los hispanos de los EEUU no llegamos a 460. Supongo que Cebrián no contará a los filipinos, que saben tanto español como yo tagalo.
    Pero lo bueno de la intervención de Cebrián ha estado en otros puntos, en una especie de furor declarativo que padece, como si estuviera indignado consigo mismo, su profesión, su vida que lo lleva a vaticinar una y otra vez el hundimiento de la casa Usher de la prensa de papel, cada vez en tonos más mesiánicos, apocalíticos, ridículos. La prensa de papel se hunde como si fuera de plomo y con ella, cómo no, el periódico que estaba y está bajo su responsabilidad. Cada vez que habla Cebrián, el del millón de euros al mes, es como si doblaran las campanas para aquellos periodistas que se han salvado del último ERE. En mi opinión, este hombre ha perdido el oremus, víctima de su codicia.
    En fin, todos han coincidido en lamentar la desidia hispánica a la hora de aprovechar esa mina, esa fuente de riqueza que es la lengua común. Han utilizado el verbo aprovechar. ¿Ven lo que se decía al principio? Estas buenas gentes no tienen una sola idea acerca de la lengua y la cultura españolas/hispánicas que no sea estrictamente mercantil. Pero quieren servir de inspiración y acicate a los asistentes a la XXII Cumbre. Y por eso proponen crear un instituto nuevo, dotarlo de una presidencia y dársela a algún figurón. Una idea tan original como factible. Un Supercervantes. Un ente cuyo primer problema, seguro, sería el nombre.
    Y Cebrián ha ido más allá y, a propósito de no sé qué, ha dejado dicho que, en materia de comunicación, "este Gobierno ha sido más neutral y hay que reconocerlo. Es una nueva posición absolutamente democrática",. Obvio. Quiere decir que no apoya a la competencia porque el ABC, La Razón y El Mundo no son su competencia. Pero ¿puede alguien honradamente llamar "neutral" a un gobierno que ha entrado a saco en los medios audivisuales, ha cambiado la Ley de RTVE para imponer a su hombre en la presidencia, ha purgado todas las redacciones de desafectos, supuestos desafectos y tibios y ha dejado la TVE1 a la altura de Telemadrid?
    Ahora se entiende aquel famoso artículo de Cebrián del 18 de julio de 2011, tratando altivamente de botarate a Zapatero y exigiéndole adelantar las elecciones, cosa que el otro hizo ovinamente, en el mayor de los muchos errores que cometió en su segundo mandato. Las elecciones anticipadas eran el objetivo esencial del PP y, con su artículo, Cebrián venía a demostrar su opción por él. Supongo que es algo que se da de modo natural cuando uno se asigna un pellizco de un millón de euros al mes en una empresa a la que ha conducido prácticamente a la ruina.

    viernes, 21 de enero de 2011

    Las lenguas en el Senado.

    Menudo zafarrancho se ha armado con la admisión del plurilingüismo en el Senado. Un verdadero guirigay como era de esperar tratándose de lenguas. No resisto la tentación de añadir ruido y asumo de antemano el reproche que cabe hacer siempre a los amargados esos que se van de vacaciones a un lugar atestado de turistas como ellos y vuelven maldiciendo de los (otros) turistas.

    En realidad a primera vista hay poco que discutir y menos que rezongar. La legalidad de la medida es tanto más obvia cuanto que la situación anterior, la monolingüe, era ilegal si no en la letra de la ley, sí en el espíritu. ¿O no dice la Constitución que el Senado es la cámara de representación territorial? (art. 69, 1). En algunos territorios se hablan lenguas propias que son oficiales en ellos, junto al castellano o español. Son oficiales ¿y no pueden hablarse en un órgano oficial? No sólo pueden sino que deben. O la representación será muda, o sea, no representación.

    Ya sé que, cuando se habla en serio, todo depende de lo que se entienda por "representación"; pero se entienda lo que se entienda, el derecho a expresarse en la lengua propia del territorio representado se me antoja indudable. Como si sus señorías quieren presentarse con una barretina o un kaiku.

    Y de milagro será si la reivindicación no pasa al Congreso. Es verdad que esta cámara es la de representación personal (aunque la Constitución no lo dice expresamente), argumento muy querido por los nacionalistas españoles contra los nacionalistas llamados "periféricos": los territorios no son sujetos de derechos; sólo las personas. Cosa que, ya se ha visto, únicamente puede predicarse del Congreso porque en el Senado son los territorios los representados, los titulares del derecho de representación. Lo que sucede es que la pícara realidad ha querido que sea en el Congreso donde algunos territorios centran su representación por la muy comprensible razón de que es la cámara importante, la que toma las decisiones, mientras que el Senado tiene un valor sobre todo simbólico.

    Pero es ahí, en lo simbólico, en donde ha sido más denso el pedrisco dialéctico contra las lenguas. Esto obliga a otra reflexión ya no legal sino política. La visión de España del nacionalismo español (un nacionalismo inconsistente que tan pronto se afirma de modo vociferante como dice no ser nacionalismo) es la que la identifica con Castilla y con su lengua, la lengua del Imperio. Los nacionalistas-no nacionalistas españoles alardean de que hay 400 millones de hispanohablantes en el mundo, contando los hispanos en los EEUU y no sé si el español que hablan los filipinos exclusivamente cuando pronuncian su nombre. En todo caso, para no pelearnos, concedido: lengua universal. ¿Y qué? Por ser universal una lengua ¿deben preferirla a la propia los hablantes de otra? De ser así, los hispanohablantes deberíamos expresarnos en inglés. Pero, se dice, los hispanohablantes no hablan inglés mientras que los catalanes, vascos y gallegos sí hablan español y es ridículo que no lo hagan. Aunque esto fuera cierto, que no lo sé de seguro, de nuevo hay una cuestión indudable: los catalanes, vascos, gallegos tienen el deber de conocer el castellano, pero no el de usarlo siempre.

    Supongo que en esta andanada contra el uso de las lenguas propias hay una secreta envidia al mucho más brillante estado del inglés, también lengua imperial cuya preminencia nadie discute, ni siquiera sus enemigos ancestrales los irlandeses que se expresan en ella con bastante demérito, creo, de la propia. Pero hay una diferencia abismal entre ambos imperios; el español puede decirse que fue un fracaso (sin minusvalorar el glorioso futuro de tantas naciones hermanas) mientras que el inglés, rebautizado británico fue un éxito. Para salir de dudas compárese la Commonwealth con la Comunidad Hispánica de Naciones-por-qué-no-te-callas.

    Quedaría por explicar la supuesta superioridad de la España institucionalmente plurilingüe (y conste que falta) pero esa explicación sobra: el plurilungüismo es tan legítimo como el monolingüismo y tiene a su favor que es una creciente realidad de hecho sostenida en el ejercicio de unos derechos que nadie se atreve a negar. Una España que escuche a todos sus hijos y lo haga en sus lenguas es una España mucho más amable que la del páramo del caballero de la mano al pecho.

    lunes, 7 de julio de 2008

    El manifiesto y la controversia de las lenguas.

    ¡Pardiez, señores, que se ven en el siglo usos desaforados que fueran más propios de los tiempos pretéritos! Al decir de gentes avisadas la lengua castellana o española (que de ambas formas es conocida como se ve en el título de la obra de Covarrubias, editada por el insigne Martí de Riquer) es objeto de menosprecio en las nacionalidades bilingües y hállase próxima a su extinción merced a las órdenes, pragmáticas y decisiones que emanan de las públicas autoridades locales. Siéntese asi movido un grupo de ingenios de la Corte a dar a luz un Manifiesto por la lengua común. Forman la compaña al viajero los nombres siguientes: Mario Vargas Llosa, José Antonio Marina, Aurelio Arteta, Félix de Azúa, Albert Boadella, Carlos Castilla del Pino, Luis Alberto de Cuenca, Arcadi Espada, Alberto González Troyano, Antonio Lastra, Carmen Iglesias, Carlos Martínez Gorriarán, José Luis Pardo, Alvaro Pombo, Ramón Rodríguez, José Mª Ruiz Soroa, Fernando Savater y Francisco Sosa Wagner. Como se ve hay de todo pero abunda la gente culta, inteligente y brillante.

    Tal temprana luminaria refulgirá en el firmamento, desde donde llegará al último rincón del globo, como próvido maná acrecido por la homilía semanal del pregonero mayor del Reino desde el temor por el fin del mundo que las generaciones venideras llamarán "plataforma mediática". Héteme aquí que en su día se juzgó provechoso para el bien común que tanto preocupaba al Aquinatense, y la gloria del magnánimo Borbón permitir que los habitantes de los lugares con lengua vernácula puedan servirse de ésta entre sí y en sus tratos con los agentes de la autoridad. Al tiempo debía asegurarse que en todas las posesiones de la Corona en donde se hablan lenguas vernáculas, el castellano o español reine como lengua franca de común entendimiento. Échase de ver, no obstante, que en el ejercicio práctico del poder en las nacionalidades bilingües, las autoridades actúan en provecho local y menoscabo de Corte. Anhelan que desaparezca la lengua común castellana y pretenden imponer el solo uso y cultivo de la suya vernácula. ¿Ha de obligar el Rey a sus súbditos en lueñes tierras a falar la lengua del Imperio?

    Adviértese aquí de que no se trata sólo de la justa indignación que experimentan las almas refinadas cuando oyen hablar la lengua común a la que creen en franco deterioro, pues "ya nadie habla un castellano correcto", sino de la aventura de sumarse al movimiento del Manifiesto amparándolo y dotándolo de portentosos artificios para que su causa se oiga en tierras recónditas y ampare los derechos de todos. Porque son los seres humanos los titulares de derechos y no los territorios y menos aun las mismas lenguas. Este argumento se esgrime con frecuencia en un sentido equívoco. Nadie negará que son los seres humanos los titulares de derechos y no los territorios o las colectividades. Suspende el ánimo no obstante que quienes así de sagazmente discurren no caigan en la cuenta de que esos derechos de titularidad individual pueden ser antagónicos y habrá que establecer un orden de prioridades. La prioridad castellana puede encontrarse enfrente de la prioridad catalana y ¿cuál es el orden de preferencia?

    ¿Cual ha de ser? Por supuesto, el español porque es una lengua universal en permanente expansión, sólo superada por el inglés y el chino. Pero esto no es una razón convincente. No es disparatado que alguien invoque como mérito del orden de preferencia inverso que el carácter frágil, exiguo y minoritario de una lengua debe ser un criterio de la política de las autoridades educativas. Además, si tan seguro y próspero es el español, ¿por qué le atribula que en una porción relativamente pequeña de tierra, en Cataluña o en el País Vasco deje de hablarse? Obviamente porque el español es una lengua potente e impotente al mismo tiempo, en expansión o en contracción, según quién hable.

    El discurso de la lengua es y ha sido siempre el discurso del poder político. Dios concede a Adán la potestad de poner nombre a las cosas, le da poder. Y de poder es de lo que se discute en esta controversia de la lengua; del poder de imponer la lengua. Si, lejos de querer forzar exclusivamente el castellano, el Rey, mediante disposición tan generosa como justa según dicen los del Manifiesto, autoriza el empleo de otra lengua vernácula en situación de confrontación a muerte, ese es el punto de vista del Rey, que compartirá quien lo comparta, que habrá que cumplir por imperativo legal pero no hay por qué aceptar sin más. Otrosí si el criterio es el número, lo mejor es que todos aprendan chino.

    Argumentan los redactores del Manifiesto que el derecho de todos los españoles (incluidos los que viven en la marca cataláunica) deriva de lo preceptuado en la Constitución Española, art. 3, 1: El castellano es la lengua oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla. Y digo que deriva de la Constitución (algún sentido había de tener el famoso "patriotismo constitucional") porque es la Constitución la que crea tal derecho y deber. Barrunto que los redactores no tendrán una concepción iusnaturalista del derecho a usar el español que les haga decir que la Constitución no lo crea sino que lo reconoce porque es anterior a ella, como un derecho fundamental, con lo que habría que luchar porque todos los habitantes del planeta pudieran ejercitarlo.

    Ahora bien, que algo esté amparado por la Constitución no quiere decir que quede hipostasiado a juicio de los manifestantes. Al contrario: ellos mismos piden del Parlamento español una normativa legal del rango adecuado (que en su caso puede exigir una modificación constitucional y de algunos estatutos autonómicos).... O sea, la Constitución puede modificarse en lo atingente a la regulación jurídicamente vinculante de la lengua. Pero podrá hacerse en más de un sentido. ¿O no pueden los nacionalistas pedir también una reforma de la Constitución para que el artículo 3,1 diga algo así como: "Las lenguas oficiales del Estado serán las cuatro oficiales en las distintas comunidades autónomas"?

    Con razón han elegido el término "Manifiesto" para el título de su acción, un término político, insurreccional, a veces militar y en otras artístico. Pero siempre un texto para dejar clara de forma sucinta la posición de un grupo o bandería en una controversia.

    (La imagen es una foto de Visentico/Sento, bajo licencia de Creative Commons).