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jueves, 7 de febrero de 2013

A los amigos sextachilangos.

Salud.
Por acá también se tienen en cuenta las recomendaciones del subcomandante Marcos y las conclusiones de la Sexta declaración de la selva Lacandona. Las razas, las culturas, los pueblos, credos, dioses, héroes y tumbas son distint@s. Pero el espíritu es uno y la lucha, la misma.

¡Larga vida a la Sexta Chilanga!

miércoles, 29 de julio de 2009

Cálculo y pasión.

Dicen que esta peli de Roberto Sneider se ajusta muy bien a la novela de igual título de Ángeles Mastretta. No lo sé porque no la he leído y tampoco sé si eso de "ajustarse" a un texto literario es buena o mala cosa. Lo que sí sé es que la propia novelista ha colaborado con el director en la redacción del guión y lo habrá hecho con conocimiento de causa. Pero el resultado no me parece enteramente satisfactorio. Dado que se trata de una historia que abarca casi dos decenios, desde los años veinte a los cuarenta del siglo XX es esencial que la narración sea fluida y los ritmos narrativos, los pausados y los acelerados, resulten armónicos, cosa que no sucede con la historia que a veces es un poco abrupta.

El contenido, la trama, es un relato de personaje femenino, Catalina Guzmán, casada casi de niña, con quince años con el general Andrés Ascensio, un hombre con vocación política en el México del PRI de los años treinta, que llega a gobernador de Puebla, ambiciona ser presidente de la República y es ministro. La mujer-niña descubre pronto que su marido es un déspota machista que tiene varios hijos de otras relaciones, un matrimonio anterior y varias amantes, pero acepta ajustarse a la vida fácil y regalada de la señora gobernadora y más tarde mujer del ministro que le permite todos los lujos y caprichos siempre que guarde las apariencias del matrimonio feliz y no cuestione los negocios corruptos de su esposo así como su implicación en la política de la violencia y el asesinato. Catalina lo consigue a fuerza de buscarse un amante, un joven e idealista director de orquesta del que se enamora como nunca lo ha estado de su esposo.

La historia está concebida en el espíritu de la tradición de la novelística de heroína casada con personalidad, vida propia y relaciones extramatrimoniales, al estilo de Ana Karenina, Mme. Bovary o Ana Ozores, pero en tono muy menor. Las relaciones entre los esposos no están del todo claras. No parece que lleguemos a saber hasta qué punto el general está enterado de la doble vida de su esposa aunque es posible que esta incertidumbre forme parte del espíritu del relato.

La intrincada, violenta y acelerada vida política del México priísta, las carreras políticas de los caciques, los gobernadores, los hombres fuertes, la corrupción generalizada del sistema se apuntan como referencias colaterales. Al respecto la película, que está hecha muy en serio, con una visión de pasión romántica, sufre en la medida en que en varias ocasiones recuerda mucho la fabulosa La ley de Herodes, de Luis Estrada, tanto en las situaciones como en los diálogos. Un par de almuerzos trae a la memoria la divertidísima comida que monta el alcalde Juan Vargas con las fuerzas vivas de San Pedro de los Saguaros. Ya sé que no es justo poner en la cuenta de la peli el hecho de que recuerde a otra, especialmente, porque no es copia, pero cualquiera que escuche al general Andrés Ascensio diciendo que el presidente de la República quiere que Puebla se modernice tendrá que pensar en aquellos alegatos de Juan Vargas de que el presidente Alemán quería que la modernidad y el progreso llegaran también a San Pedro de los Saguaros, un discurso que mueve a risa.

En fin, la peli ahonda en la psicología de la heroína que es, parece, una proyección de la propia autora. El resto del relato, la ambientación, el contexto, dejan bastante que desear.

martes, 10 de marzo de 2009

El continente tumultuoso (y dos).

(Termina aquí la reseña del número monográfico de Sistema sobre América Latina).

Según Daniel Buquet (Los nuevos gobiernos progresistas en el Cono Sur: Argentina, Chile y Uruguay en el siglo XXI los tres países con mayor desarrollo económico relativo y otros mejores índices como desarrollo humano, alfabetización, esperanza de vida y mortalidad infantil en América Latina son la Argentina, Chile y el Uruguay que también presentan democracias restauradas y sistemas de partidos que eran sustancialmente los mismos que antes de las dictaduras que padecieron, cosa que igualmente los distingue de otros países del continente (p. 99). El autor hace una consideracón detallada de cada uno de ellos y explica luego con razones convincentes que los habituales índices de fragmentación y polarización (recuerdo de Sartori) no aclaran gran cosa la peculiaridad de los tres sistemas de partidos (p. 105) y prefiere el criterio de la institucionalización medido a través del índice de volatilidad electoral, muy alta en la Argentina y moderada en Chile y el Uruguay, así como el índice de concentración de escaños en los dos principales partidos parlamentarios, muy alta en Chile (ochenta por ciento) y el Uruguay (noventa y ocho por ciento) y menos de un sesenta y seis por ciento en la Argentina (p. 111). Igualmente es reveladora la medición de las trayectorias históricas de los sistemas políticos y de partidos de acuerdo con los indicadores de Freedom House que revelan que si la Argentina fue la primera en alcanzar la puntuación democrática en 1984 mientras que el Uruguay lo hizo en 1985 y Chile en 1990, a partir de entonces los índices de Chile y el Uruguay son superiores a los de la Argentina (p. 112). En resumen, un trabajo empírico muy interesante y revelador.

Carlos Ranulfo Melo (Brasil: avances y obstáculos del periodo Lula) sostiene que la presidencia de Lula es la primera que tras las de Collor, Franco y Cardoso, rompe con el seguidismo del CW y ha funcionado con gobiernos de coalición, un poco a semejanza de Chile, que han reunido a una media de siete partidos y han sido muy heterogéneas pero han cosechado notables éxitos en la aprobación parlamentaria de sus propuestas legislativas en el Congreso Nacional (p. 122). En el primer mandato de Lula las relaciones entre el Gobierno y el Congreso fueron inestables, lo que forzó frecuentes cambios gubernativos (p. 123). El triunfo de Lula por segunda vez en 2006 lo llevó a formar coaliciones con apoyos parlamentarios suficientes de 65,1 por ciento en la Cámara de Diputados y 62,9 por ciento en el Senado (p. 126) con lo que también aumentó el índice de aprobación de su Gobierno que alcanzaba el cincuenta y cinco por ciento el treinta y uno de marzo de 2008 (p. 127). Entiende el autor que el éxito de Lula se debe a tres factores: a) el fortalecimiento de la estabilidad económica y de la disciplina fiscal; b) la reanudación del crecimiento a través de la actividad estatal en materia de coordinación y control; y c) el énfasis en la dimensión social de las políticas redistributivas y la inclusión de los sectores excluidos (p. 127). No tengo duda de que así haya sido y su aseveración coincide netamente con lo que dicen Carrera Troyano y Muñoz de Bustillo en su magnífico trabajo visto ayer, pero sería bueno que sostuviera su aserto con mayor carga de pruebas empíricas. Igualmente me parece muy arriesgado el final del trabajo en el que se aventura a hacer una predicción del futuro del gobierno de Lula afirmando que su balance final será positivo. Es posible, pero esas predicciones en nuestro campo son muy peligrosas. Por ejemplo, uno de los datos que lo lleva a aventurar esta prognosis positiva es que hay un aumento de la inflación mundial (p. 132). Sin duda cuando el trabajo se escribía esto era cierto. Hoy, al contrario, el panorama mundial es de peligro de deflación.

Ana María Bejarano (Colombia y Venezuela: crónica de dos democracias infelices) hace honor a su título ya que el trabajo es exactamente eso, una crónica, con sus aspectos positivos y negativos, esto es, un ensayo narrativo de agradable lectura en el que acecha siempre el taimado peligro de los juicios de valor inadvertidos o presupuestos. Hace Bejarano un relato consecutivo de la evolución reciente de los dos países que, habiendo sido tradicionalmente ejemplos de democracias estables en América Latina conjuntamente con Costa Rica, han venido a dar en un estatus semidemocrático si no algo peor (p. 136). La evolución -y degeneración- de Colombia como democracia "incierta" se debe a la erosión de los mecanismos de seguridad, especialmente del respeto y la garantía de los derechos humanos que han tenido una trayectoria que califica de "aterradora" (p. 141). El Estado colombiano no existe prácticamente y su recuperación es condición inexcusable para la restauración de la democracia en el país (p. 152). Venezuela, a su vez, ha conocido una "muerte lenta" de la democracia. Ésta se pudo frenar momentáneamente después del "Caracazo" de 1958, pero se ha acelerado mucho desde el acceso de Chávez en 1998 (p. 158). Los dos partidos referentes de la democracia venezolana, AD y COPEI, se desintegraron entre 1988 y 1998, dando paso al arrollador triunfo del MVR (Movimiento V República) del señor Chávez que, viene a decir la autora, no ha dado señales de querer convertirse en un partido político (p. 160) lo cual me deja algo confuso (a no ser que la haya comprendido mal) por cuanto parece ignorar la existencia del Partido Socialista Unido de Venezuela, fundado ya en 2007 y que se impuso ampliamente en las elecciones regionales de 2008. Dice la autora, y no sin razón, que la Constitución de 1999 concede amplios poderes al señor Chávez (en el ínterin, la reforma constitucional recientemente aprobada en referéndum le ha garantizado reelección indefinida) y considera que su régimen constituye una transición gradual al autoritarismo (p. 164), lo que me parece algo aventurado como afirmación y típica muestra del peligro que señalaba al principio de los juicios de valor no cuestionados. El autoritarismo no es concepto que goce de unanimidad en la Academia, ni mucho menos habrá acuerdo unánime respecto a que el sistema político venezolano actual, la Venezuela bolivariana o como se quiera llamarlo, sea autoritario ni la señora Bejarano tendrá las bendiciones de los colegas más prudentes haciendo afirmaciones sobre futuribles; y todo ello con independencia de que mi opinión personal pueda o no coincidir con la de la autora. Concluye Bejarano con un diagnóstico que tiene la elegancia y los riesgos de una paradoja: el problema de Colombia es la debilidad del Estado y el de Venezuela, al contrario, su fortaleza. No sé si se encontraría mucha gente dispuesta a refutar el primer término de la paradoja, pero conozco a una multitud preparada para negar la segunda.

Jacqueline Peschard (Gobernar en México bajo la sombra de la ilegitimidad) presenta un análisis de los dos años (cuando el trabajo se escribió) del Gobierno de Felipe Calderón bajo la sombra de la ilegitimidad (p. 167) por aquellas elecciones ganadas con tan escaso margen y que todos seguimos con tanto apasionamiento. El trabajo, como los anteriores, también tiene estructura narrativa, aunque en mi modesta opinión, alcanza enunciados más convincentes. Incluye en su estudio las posteriores elecciones legislativas que no dieron mayoría absoluta al PAN del presidente en el Congreso (40,2 por ciento en la Cámara de Diputados y 40, 6 por ciento en el Senado), con lo que se ha hecho forzosa una política de alianzas con el PRI ya que el PRD se declaró reacio desde el comienzo (p. 169). Examina la autora el sistema de partidos en México con bastante exactitud. El PRI resurge en medio de la polarización de los otros dos pues gobierna en dieciocho de las treinta y dos entidades federativas, tiene el 37,5 de los municipios y conserva en buena medida su viejo aparato organizativo nacional (p. 172). El PRD se ha visto afectado por una importante merma electoral y una grave fractura interna, sólo gobierna en cinco Estados y no cubre la totalidad del país si bien, y ello no es baladí, cuenta con el gobierno municipal del Distrito Federal. El sistema mexicano mantiene ciertos equilibrios entre los tres partidos (p. 176) y el gobierno ha tenido que ir forjando las más variadas alianzas para llevar adelante su programa de reformas con los pros y contras que son fáciles de imaginar: a) con el ejército para combatir el crimen organizado; b) con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) para llevar adelante el ambicioso programa heredado de la anterior presidencia de "vivir mejor"; c) con el PRI para llevar a cabo las distintas reformas legislativas, en concreto: 1) la reforma del Estado (básicamente electoral); 2) la del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, (ISSSTE); 3) la reforma fiscal; 4) la reforma energética; 5) la reforma laboral (p. 182). Hay una confrontación en cuanto a la reforma de PEMEX y una alianza con el PRI y el SNTE para proceder a la reforma del sistema de pensiones de los empleados del Estado (p. 189). El trabajo trasmite una idea de la complejidad de la política democrática mexicana. Si hubiera de hacer alguna recomendación, creo que añadiría interés que la autora explicara las características de la cultura política mexicana en materia parlamentaria.

Manuel Rojas Bolaños y Rotsay Rosales Valladares (Democracia electoral y partidos políticos en Centroamérica: heterogeneidad y trayectorias inciertas) presentan un muy interesante trabajo sobre esta subregión del continente que a veces resulta tan confusa al ojo público. Dos decenios después del inicio de los procesos de pacificación en la zona, la democracia parece funcionar en estos países (Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá), aunque con algunas deficiencias (p. 195). Son pocos quienes reputan limpias las elecciones (p. 195), lo cual es un handicap notable. Los sistemas de partidos se caracterizan por su heterogeneidad y trayectorias inciertas (p. 197), cosa de la que ya había advertido Alcántara aunque para todo el continente. Prevalecen los multipartidismos moderados con algunas variaciones, la polarización en El Salvador y Nicaragua y una estabilidad precaria en Guatemala (p. 200). Hay instituciones democráticas con carencias y tradiciones autoritarias que pesan (p. 202). Hay asimismo cierto "travestismo" entre derechas e izquierdas (p. 203). No son sistemas de partidos muy institucionalizados (p. 206) y tienen insuficiencias en cuanto a democracia interna e inclusión, transparencia y rendición de cuentas (p. 208). Todavía no hay suficientes incentivos para la democratización de los partidos y es de temer que las distintas orientaciones de los gobiernos y la composición de las cámaras aumenten los problemas de gobernabilidad (p. 209).

María Luisa Loredo (El liderazgo latinoamericano en el proceso de estabilización de Haiti) presenta un trabajo que tiene el mérito de no ser frecuente en los estudios sobre América Latina en España ya que versa sobre un país de la francophonie, habitualmente ignorado por nuestros investigadores. La autora, sin embargo, le hace justicia a través de un estudio de tipo fundamentalmente descriptivo pero de mucho interés: Haití es el país más pobre de América y uno de los más corruptos del mundo (p. 211). Y de los más inestables, cabe añadr. Puede ser considerado como un "Estado fallido" o frágil pero, en todo caso, ha tenido un destino trágico e injusto (p. 212) ya que pagó cara su lucha por la libertad y su temprana independencia en 1804 que no tuvo reconocimiento internacional hasta que en 1860 estableció relaciones diplomáticas con el Vaticano y en 1862 con los Estados Unidos de América. En 1825 Francia impuso a la joven república condiciones humillantes y económicamente devastadoras (pago de una indemnización de 150 millones de francos de entonces, equivalentes a 21.000 millones de dólares de los EEUU de 2004) que arruinaron al país (p. 213) y todavía hoy son objeto de controversia a través de una perpetua reivindicacion haitiana de resarcimiento. Los años noventa se caracterizan por los conflictos en torno al presidente Aristide: expulsado en un golpe de Estado, retorna en 1994. En el año 2000, vuelve a ganar las elecciones pero el renovado estallido de violencia en 2004 fuerza su nueva dimisión que da paso a un gobierno provisional y a la creación de la MINUSTAH (Mission des Nations Unies pour la Stabilisation en Haïti) en el marco de la ONU. La MINUSTAH incorpora el liderazgo de los países de América Latina en el proceso de recuperación de Haiti como una forma de devolver la deuda que piensan tener con él por su temprana ayuda a sus independencias (p. 214) así como por otros motivos, entre ellos: el giro a la izquierda de América Latina, la necesidad de reafirmarse en la escena internacional en respuesta propia a una crisis, el fortalecimiento de la cooperación latinoamericana, la posibilidad de cambiar la cultura militar en con una perspectiva civil, la necesidad de no desairar a los Estados Unidos (p. 216). Los logros y desafíos de la MINUSTAH son: la consolidación de la normalizacón y del consenso político, el restablecimiento de la seguridad y la estabilidad, el reforzamiento del Estado de derecho y de sus instituciones y el arranque de un proceso de desarrollo económico y social (p. 218). La autora lamenta que España haya reducido su participación en la MINUSTAH de lo militar a lo policial y no le falta razón porque ello equivale a abandonar un puesto de influencia (p. 224).

Last but not least: algunos países en América Latina requieren el artículo determinado "el" o "la" delante de sus nombres, cosa que es obligada porque se trata de sus nombres oficiales o bien de la forma correcta de designarlos en castellano. Son estos: la Argentina, el Brasil, el Ecuador, el Paraguay, el Perú, la República Dominicana y el Uruguay. ¿Sería mucho pedir que, cuando menos, los especialistas hispanohablantes en América Latina llamaran a estos países por sus nombres reales y no se valieran de las malsonantes traducciones literales del inglés? Si no quieren hacerme caso a mí, que tomen nota de cómo lo pone un maestro de la lengua de Cervantes como Mario Vargas Llosa, cuyo último y magnífico artículo en El País se titula El Perú no necesita museos, no "Perú no necesita museos". Además, sabe de lo que habla por partida doble, pues es peruano de nacimiento.

martes, 2 de septiembre de 2008

Las pirámides de Teotihuacán.

Son una de las atracciones rabiosamente turísticas de México que más me gustan. Desde la primera vez que las visité, allá por 1984, en mi primer viaje al país, creo haber estado en el lugar unas cuatro veces y siempre hago lo mismo: subo a la dos, la del Sol y la de la Luna, oteo el paisaje desde arriba junto a tropecientos turistas más, todos fotografíandose, me extasio ante la calle de los muertos que indefectiblemente me recuerda los Campos Elíseos o la Luitpoldarena en Nürnberg y procedo luego al descenso, más problemático que la subida, como saben todos los que han estado aquí y han visto a alguien bajando de nalgas. Ramoncete se portó. Subió y bajó, cierto que ayudado por sus padres, entre grandes risas y disfrutó muchísimo. Arriba corría una agradable brisa y el tiempo ayudó. Es verdad que Teotihuacán ya no es lo que fue. Hay pocos turistas, a los que ya no importunan tan densos grupos de vendedores de ponchos o puñales de obsidiana, bastantes tiendecitas de recuerdos están cerradas, ya no se celebran espectáculos de luz y sonido. Entre la crisis y la escalada de México en el índice de sociedades violentas a la colombiana el negocio turístico anda muy desangelado.

Contraté la excursión en una oferta de grupo, cosa que no hago nunca pero en estos tiempos de "freno económico" no está el horno para dispendios de taxi. La oferta incluía una visita a la inevitable basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, hace unos años elevada a la extraña categoría de "Emperatriz de América". En cuanto al edificio lo tengo por uno de los más feos del planeta, pero es el centro de una devoción firmísima y multitudinaria del pueblo que lleva a algunos de sus hijos a cruzar el enorme atrio de rodillas o, incluso, a venir ya arrodillados desde mucho antes, quien sabe si desde su pueblo, y a otros a rellenar de exvotos las paredes de las capillas o los pies de los altares. Nos concentramos en las otras iglesias que hay en el complejo guadalupano que no son tampoco maravillas pero muestran un barroco colonial la mar de atractivo frente a la pretenciosidad universalista de la basílica moderna y allí pudimos comprobar que, en la polémica sobre el aborto no es solo que el obispo de Guanajuato amenace con la excomunión ipso facto a toda aquella que proceda a una interrupción voluntaria del embarazo sino que la Iglesia está poniendo a los curas en pie de guerra en contra de la nefanda práctica, como se prueba con esa foto de la horrible vitrina que nos encontramos a la entrada de la antigua basílica y que por cierto no se puede visitar porque, como siempre, está en obras para rescatarla del hundimiento a causa del carácter pantanoso del terreno en el que está construida, lo mismo que le sucede a la catedral de la Plaza del Zócalo.

La excursión comprendía, además de nosotros, dos chicas argentinas muy jóvenes, un matrimonio gringo ya talludito y un japonés acompañado de un señor de unos cuarenta años y nacionalidad para mí indescifrable. Pronto se estableció la dinámica de grupo en estos casos sólo rota por nosotros que no estábamos interesados en las explicaciones ramplonas y fabulosas del guía, ni en la visita a un taller de platería y otro de obsidiana sólo pensada para que la gente pique y se lleve a casa objetos perfectamente inútiles a precios fabulosos y mucho menos en un almuerzo típico "amenizado" por algún mariachi, y solamente queríamos saber en qué lugar era preciso quedar para que nos recogiera la furgoneta chevrolet hasta la siguiente parada.

Fue inevitable asistir a algunos intercambios de grupo en el interior del vehículo especialmente animados después de un almuerzo que debió de estar bien regado de alcohol. De ellos sólo quiero reseñar algo que tengo por una de mis experiencias más acrisoladas: creo que sólo conozco algo más estúpido e ignorante que un gringo diciendo a un argentino, chileno u otro latinoameriacno eso de "nosotros en América hacemos tal y cual", y es que esos interlocutores no pregunten al gringo en dónde diantres piensa él que esté la Argentina o Chile o cualquier otro país latinoamericano.

lunes, 1 de septiembre de 2008

México.

Acabamos de llegar a México, a donde me ha tocado venir a examinar por la UNED. Ha sido un trayecto agradable dentro de lo que cabe. Digo esto porque, aunque son más de doce horas de vuelo, para mi sorpresa el airbus era relativamente espacioso en clase turista y se podía estirar las piernas, cosa imposible en otros tipos de airbuses, verdaderas fábricas de tromboflebitis. Y un vuelo apacible a pesar de Gustav. En los trayectos Madrid-México D.F. normalmente los aviones entran en Norteamérica a la altura de Nueva York y luego tuercen al sur a través de Tennessee, Alabama y Louisiana, cruzan el golfo de México y llegan al Distrito Federal. En Louisiana pasan entre Baton Rouge y Nueva Orleans, muy pegados a ésta pero hoy se ha desviado como cosa de seiscientos kilómetros, pasando muy al oeste de Baton Rouge, supongo que evitando el huracán, aunque a once mil metros no sé yo si el fenómeno se hará sentir mucho. Ramón se portó ejemplarmente.

El aeropuerto Benito Juárez sigue siendo el escaparate de la eficiencia caótica. En la recogida de equipajes, había un perro amaestrado husmeando entre las maletas; pero no buscaba drogas sino comida. Nos requisaron un bocadillo de tortilla. Luego de pasar por el scaner de salida, una máquina de inspección aleatoria decidió que nos tocaba abrir todas nuestras pertenencias para que nos las revisaran por enésima vez.

El servicio de "taxi autorizado" con el que en teoría se combate el expolio a que el servicio libre era tan proclive se fundamenta en una racionalización de ese mismo expolio. Si dos visitantes que van a hoteles muy cercanos en el centro pretenden que un solo taxi pase primero por uno y luego por el otro con el consiguiente ahorro descubren que eso no es posible. El taxi hace en efecto el recorrido de los dos hoteles pero hay que pagar como si fueran dos trayectos completos y distintos desde el aeropuerto al centro.

La capital nos recibió con un cielo de plomo. Nos alojamos en un hotel residencia con un aire colonial, en régimen de apartohotel muy cómodo en Chapultepec, a tiro de piedra del Museo Antropológico y la Alameda Central. Y tiene un servicio de wi-fi en abierto fenomenal. No como en España donde el Meliá-Coruña cobra por la conexión algo así como cuatro euros la hora. Otro expolio.

Como mañana (hoy en España) tengo libre, he planeado una excursión a Teotihuacán, a ver cómo se porta Ramoncete.

(Las imágenes son sendas reproducciones del famoso grabador hidrocálido José Guadalupe Posada, primera la magnífica calavera catrina y la segunda el famosísimo Fandango y francachela de todas las calaveras.)

miércoles, 27 de febrero de 2008

Deuda paga.

Estaba en deuda con los alumnos del curso de "Análisis político estratégico" en Veracruz, México, muchos de ellos militares, que dieron tan alto ejemplo de espíritu académico, alta preparación y voluntad de trabajo, aguantando sin bajar la atención las diez horas de clase.

Al final de la última jornada nos hicimos alguna foto como ésta que denota el clima de buenas relaciones que se generó entre los estamentos docente y discente, demostrando que el rigor del trabajo no está reñido con un espíritu efectuoso. Fueron momentos gratos.

sábado, 23 de febrero de 2008

Aventuras mexicanas.

La conferencia en la UNAM estuvo muy bien, con notable asistencia de público. Se enmarcaba en las celebraciones del 50 aniversario de la Facultad de Ciencias Políticas y a mí me resultó muy grato volver a esa Universidad tan notable, diseminada en un gigantesco parque. A la salida me propuse llegar hasta el Zócalo, para la ritual visita a Tardán, la mejor tienda de sombreros tejanos, al sur de Río Grande. Se me había olvidado lo que es la circulación en Chilangotitlán, como la llama mi amigo Antonio Pérez un día cualquiera a las 12 del mediodía. Por cierto, no sé de dónde saqué ayer lo de los escarabajos VW; debí de ver los últimos porque quedan muy pocos, ya que han dejado de fabricarse. En Tardán compré un sombrero chulísimo y muy barato y, ya convenientemente tocado, fuimos al aeropuerto, a la nueva terminal 2. Si la vieja terminal 1, que sigue funcionando, era algo caótica, en ésta, que gestiona tremendo tráfico aéreo, el caos es majestuoso. Así que lo menos que podía pasarnos era que perdiéramos el avión a Veracruz. Tal cual; nos quedamos en tierra. Sacamos otro billete para un avión que salía las 21:30 y nos sentamos en un bar en una zona wi-fi con ánimo de cotorrear con el mundo exterior, pero la conexión estaba tan sometida a pautas secretas que bloqueaba las páginas más inocentes, como Google.

Entonces mi amigo, que fue alumno mío y es ahora diputado federal por el PAN ya que, como es sabido, nadie es perfecto, me propuso mostrarme el Congreso de los Diputados y ahí me hice esa foto que es más o menos la que se harán tropecientos turistas al año, aunque pocos llevarán un tejano tan flamante como el mío.

Regresamos al aeropuerto y, mientras esperábamos el embarque, mi amigo me presentó al célebre escritor Sergio Pitol, premio Cervantes de 2005, a quien encontramos por casualidad. Es un hombre encantador y más despistado que un pulpo en un garaje. Baste decir que pretendía sentarse en mi sitio con el argumento de que una señora desconocida se había sentado en el suyo, siendo así simplemente que el hombre se había equivocado de boleto y pretendía volar de vuelta a Veracruz en el mismo asiento en que lo había hecho de ida.

En Veracruz, nublado, con 27º al borde del mar, la humedad te rodea e impregna como si fuera el claustro de la madre naturaleza. El viajero tiene dos opciones para llegar del aeropuerto al hotel en la ciudad, la breve y el rodeo. Para coronar el día, el conductor decidió escoger el rodeo en el entendimiento de que, pues llevaba un sombrero tejano, me haría ilusión contemplar el famoso puerto veracruzano y los cinco kilómetros de especie de “seaside resort”, atractivo de turistas a lo largo de todo el año.

En el hotel, la conexión wi-fi es de pago: 150 pesos 24 horas que empiezan contar desde que metes la clave, estés o no conectado. Si Vd. cree que eso es un abuso por cobrar cuando se presta y cuando no se presta el servicio, espere un poco porque, a los diez minutos de conectarse, se queda Vd. sin acceso a la red, de forma que el cobro se produce cuando no se presta el servicio y cuando el servicio sigue sin prestarse.

Me largo a la cama porque hoy no es mi día y empiezo a sospechar que mañana, sábado, en que debo trabajar mañana y tarde, tampoco.

viernes, 22 de febrero de 2008

Haciendo las Américas.

Acabo de llegar a México, a dar una conferencia en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) y un curso sobre análisis político en Veracruz. Un finde movido. El avión que me ha traído, un Boeing 777 enorme con capacidad para más de trescientos pasajeros, se llama Frida Kahlo o Diego Rivera. Sé que Aeroméxico ha decidido bautizar a sus nuevos aparatos con el nombre de la célebre pareja, pero no sé si con los de los dos o con uno por avión. En todo caso, un vuelo muy grato que la tripulación dedicó desde el principio por la magafonía a su comandante, don Gervasio Vallecillo, que se jubila tras éste su último vuelo. Al llegar a destino, el segundo a bordo repitió la dedicatoria, glosó la figura del jubilando y acabó pidiendo que Dios lo bendiga entre los aplausos del pasaje, que ya había aplaudido al tomar tierra en esa costumbre tan curiosa en América Latina, tierra de gentes extravertidas, de aplaudir los aterrizajes como si fueran el triple salto mortal. Pues sí, que Dios lo bendiga.

¡Qué impresionante es el descenso sobre la Ciudad de México por la noche! Todo el enorme valle cuajado de luces hasta perderse de vista en el horizonte. La ciudad más extensa del mundo con una cantidad de habitantes que nadie conoce con exactitud, manejándose cifras de veinte a veintitrés millones; algo así como la mitad de la población española. Y luego, el camino al hotel por esas avenidas kilométricas, cuajadas de autos y la miriada de taxis del Distrito Federal que siguen siendo predominantemente escarabajos Volkswagen, en los que se entra por la puerta del copiloto que el taxista cierra lugo tirando de una cuerda. No sé si habrá otra ciudad en el mundo con tantos VWs por metro cuadrado. Ya contaré algo más mañana.

El hotel es fantástico, tiene un ordenador en la habitación e internet funciona de maravilla. No he podido ver el debate Solbes/Pizarro, pero he leído la prensa y la cosa debe de haber sido de campeonato porque todos los periódicos digitales dan vencedor a Solbes excepto Libertad Digital que cree que Pizarro ha conseguido que Solbes "se retrate" y en la de papel, sólo La Razón se atreve a titular que Pizarro gana el primer debate. Nada de extraño porque estos dos periódicos no es que sean como El Alcázar sino como Roberto Alcázar y Pedrín. Los demás diarios de derechas no dan ganador y El Mundo se limita a decir que sus lectores dan ganador a Pizarro mientras que el propio periódico no se pronuncia.

Lógico. Vengo diciéndolo desde que escuché por primera vez al fichaje de Rajoy. Sin duda ha deslumbrado a la jefatura del PP pero a mí me parece un sinsorgo rematado, un necio hinchado de vanidad y aficionado a soltar citas sonoras sin mencionar a los autores. Lo de que "lo viejo no acaba de morir y lo nuevo etc, etc" pertenece al mismo huerto del plagio. Tanta huera facundia recuerda mucho a aquel héroe de don Benito Pérez Galdós, el de los "tirios y troyanos" y la "espada de Aristóteles". Si esta lumbrera es el asesor del señor Rajoy y número dos de su lista, cómo será el número tres.

(La imagen es una foto de Esparta bajo licencia de Creative Commons).