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sábado, 11 de febrero de 2017

Entrevista en el ABC sobre Podemos

Subo a Palinuro una breve entrevista que me hizo ayer Enrique Delgado para el ABC  con fotografías de Isabel Permuy. Está en el apartado de "Madrid" del periódico, que es donde ahora trabaja Delgado. Estaba interesado en mi opinión sobre la oferta que, al parecer, hiciera Iglesias a Errejón de que se postulara como candidato a la alcaldía de la capital, sucediendo así a Carmena. 

Parece evidente que la propuesta trataba de apartar al segundo a la vía muerta de la alcaldía de la capital. Más o menos lo que hizo el PSOE en su día con Tierno Galván, también personaje molesto para los intereses creados, como Errejón. De ese modo, además, Iglesias conseguía dos objetivos en uno: deshacerse de Errejón y de Carmena al mismo tiempo. Y no sé cuál le parecería más apetecible. Porque si Errejón es molesto para el pintoresco carisma de Iglesias, la independencia y libertad de juicio de Carmena no le permiten capitalizar en su interés el gobierno municipal de Madrid. 

También hablamos de lo que pueda suceder en Vistalegre II. Hoy he visto muchas noticias y comentarios al respecto en las redes. Dice Delgado, con ingenio, que, como buen politólogo, no arriesgo un vaticinio. En realidad, no merece la pena. Podemos está fracturado; pero no en dos bloques sino, cuando menos, en cuatro: Iglesias y sus neobolcheviques, Errejón y sus institucionistas, Urbán y los "anticapis" y la matrioshka de IU, con el PCE dentro de ella. 

No pudieron ni pueden ni podrán.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Emergencia

Tenía que pasar. La falta de previsión y de intervención adelantada para evitar colapsos ha llevado a la adopción precipitada de medidas drásticas que van a causar un montón de quebraderos de cabeza. Sabiendo que esto iba a pasar han transcurrido plácidos los años sin que se adoptaran medidas de infraestructura en materia de cercanías, conexiones, redes de transportes, estacionamientos en el extrarradio, etc. Si alguna vez alguien se acordaba de los índices de contaminación era para que la alcaldesa Botella, de infausta memoria, hiciera cambiar de lugar los aparatos de medición. En cambio, el Gobierno y la Comunidad permitían construir autopistas radiales que no han llevado a parte alguna salvo a la ruina.

Por supuesto, el Ayuntamiento hace bien en tomar medidas contundentes. Pero eso no le exime de estar atento a sus efectos, de paliar las consecuencias injustas que van a darse, de remediar los abusos que también van a producirse. Y mucho menos le exime de elaborar un plan de sostenibilidad viaria de la capital que no consista en cargar todo el peso de la culpa y el remedio al último eslabón de la cadena, el conductor privado para el que el coche es un instrumento vital para llegar a su lugar de trabajo. La inmensa mayoría de la gente no va en coche para fastidiar, sino para trabajar. Pero, al mismo tiempo, no tiene la ventaja de pertenecer a alguna de esas colectividades que, por una u otra razón, gozan de privilegios como los taxistas, los repartidores de comercios, los propios comercios, etc.

El modesto conductor privado que paga sus impuestos pero está excluido de algunos servicios por muy poderosas razones; al que todo del mundo demoniza como culpable por placer maligno de hacer el ambiente irrespirable; y al que se arrincona y priva de plazas de estacionamiento; al que se fuerza a dejar el coche, ofreciéndole luego unos servicios paupérrimos. El mismo al que se bombardea después con publicidad de todos los colores sobre la delicia de conducir un nuevo modelo que traga millas por paisajes de ensueño. Algo necesario para mantener una industria, la automovilística, cuya aportación al PIB es muy alta y sin la cual el país no sobreviviría.

Son tres extremos: sostenbilidad viaria urbana, derechos de todos los usuarios y estabilidad de una industria esencial. Conjugarlos sabiamente es el deber del gobierno municipal en estrecha colaboración con el autonómico y con el del país, ya que el plan toca asuntos que exceden las competencias del primero.

jueves, 24 de noviembre de 2016

La primavera del Frente Popular

Otro acierto de la biblioteca de mi Universidad, la UNED, con una exposición sobre los meses del Frente Popular (FP) en Madrid entre febrero y julio de 1936. La organizan la propia biblioteca, el Departamento de Historia Contemporánea y la Universidad Carlos III. Hay que ver las cosas que pueden hacerse con escasos recursos cuando se tiene voluntad y pericia.

Porque es una exposición escueta, con carteles electorales, octavillas, panfletos y libros, algunos de la época y otros de historiadores que han tratado la época con maestría, como Santos Juliá. Y fotos, sobre todo fotos, muchas de ellas muy poco conocidas. Se añaden diversos tipos de objetos, cajas de cerillas y hasta envoltorios de caramelos politizados (los envoltorios, no los caramelos, es de suponer), algún uniforme, objetos de la vida cotidiana, naipes, etc. Pero está admirablemente estructurada, con oficio pedagógico: son cuatro bloques: las elecciones, el triunfo, el boicot de las derechas y la vida cotidiana. Todo ello en Madrid. 

Y, desde luego, es un éxito. El visitante es atrapado desde el primer momento por un relato vivo que empieza en la incertidumbre de la votación, sigue luego con la explosión de alegría por la victoria del FP y tropieza de pronto en el clima de pistolerismo, violencia callejera, provocaciones de las derechas, respuestas de las izquierdas quemando iglesias, que adquiere un tinte más macabro cuanto que el visitante ya sabe cómo acabó aquello. Pero los protagonistas, no y, en esta exposición, parece milagroso, pero los protagonistas hablan, nos hablan. La cuarta sección, el Madrid cotidiano, algo verbenero, dado a fiestas y toros en tiempos nuevos. En la foto de la caravana electoral de coches de Recoletos vemos cuatro muchachas de pie repartiendo propaganda. Las mujeres podían votar gracias a la propuesta de 1931 de Clara Campoamor quien, por cierto, murió exiliada en Suiza, justo castigo a su inmundo pecado de querer emancipar a las mujeres. Así pensaban entonces los que hoy están en contra de la discriminación positiva. No falla. Hasta Victoria Kent, mujer y socialista, se opuso a la propuesta de Campoamor.

El FP fue una fiesta, a pesar de todo, a pesar de los atentados y la violencia callejera, una fiesta de primavera. El FP nació "a la sombra de las muchachas en flor". Ustedes me perdonarán la cursilería. Tengo una foto de mi madre en uno de esos coches, por ese lugar, en aquel tiempo. Fantástica también la foto de los madrileños apiñados en un tranvía y viajando en el tope, sin pagar. Sin saberlo, esos paisanos serían convertidos en los free riders de la teoría de la decisión racional con la que se castiga hoy el horrible descontrol del Estado del bienestar. 

De eso se enteraron los viajeros de matute más tarde, cuando ya no quedaron ni tranvías.

domingo, 29 de mayo de 2016

En la memoria no puede haber consenso

A El País no le ha gustado nada que a "Ganemos Madrid", el grupo político que apoya a Carmena, no le haya gustado tampoco la Comisión de la Memoria Histórica nombrada por el Ayuntamiento, presidida por la abogada Francisca Sauquillo. El diario aplaude el propósito de este órgano de proceder a su delicado cometido por consenso y teme que, si no se actúa de este modo, se vuelva a las andadas de viejos radicalismos y maximalismos que no conducen a sitio alguno.

A su vez, algún especialista con suficiente conocimiento de causa, el profesor Rafael Escudero Alday, ha sostenido que esta Comisión es, en realidad, una "Comisión de (Des)memoria histórica" porque: a) le falta competencia específica en la materia a la presidenta y a la mayor parte de los vocales; b)los vocales que tienen algún tipo de competencia basada en la experiencia, justamente rechazan el concepto mismo de "memoria histórica" o adoptan una actitud de equidistancia entre las dos Españas (para entendernos brevemente) cuando se trata de hacer justicia a las víctimas de un bando; c) faltan juristas que aporten savoir faire en materia de justicia transicional; d) falta representación de las víctimas; d) hay una sobrerrepresentación del sector negacionista de la memoria.

Intentemos aportar algún matiz y alguna observación sobre este asunto que quizá no estén de más.

Palinuro sostiene que aplicar política de consenso a una comisión de la memoria histórica es un empeño inútil si no complaciente con la injusticia.

El propio concepto de "Memoria histórica" es problemático. El determinante "histórica", obviamente no lo es de tiempo (aunque lo parezca): todo cuanto tiene que ver con la memoria por definición ha de estar en el pasado, ser historia. Por tanto, "memoria histórica" es una redundancia. En el fondo, el determinante no es de tiempo sino de personas; "histórica" quiere decir que es memoria de todos, compartida, memoria colectiva.

Pero eso no existe. La memoria es un atributo del individuo. No hay memoria colectiva, igual que no hay espíritu del pueblo. Eso son metáforas, invenciones, en muchos casos, pretextos. La memoria es individual y es absurdo considerarla como producto de consenso. Uno no consensúa nada con uno mismo. Y tampoco puede consensuar memorias con los demás, con los que convive. Puede compartir la memoria, pero no consensuarla.

Entonces ¿por qué los miembros de la Comisión, el Ayuntamiento, El País y el sursum corda, se hacen lenguas del consenso como método de trabajo y adopción de decisiones en este campo? Tengo varias hipótesis complementarias que someto al juicio crítico de la lectora. a) el consenso se propugna porque la Comisión en su mayoría abarca una gama no muy variada de opiniones, que van desde la derecha extrema hasta una izquierda moderada, acomodaticia y pusilánime; b) el consenso se propugna para rescatar el espíritu de la Transición, que fue de consenso; c) el consenso se defiende  para hacer justicia a los dos bandos por igual.

a) El consenso timorato. Escudero Alday subraya cómo los miembros de la comisión oscilan entre diferentes tipos de negacionismo: los más radicales, propios de la derecha y los más moderados, pero igualmente radicales a la hora a la hora de echar cerrojo a este singular episodio de la historia de España, a la hora de pedir que se termine con la Ley de "Memoria Histórica" porque seguir con ella equivale a perpetuar el enfrentamiento. En principio, esta Comisión tiene como misión principal aplicar la Ley  a las denominaciones de calle y plazas, placas en edificios, monumentos y recordatorios varios. La actuación es en medio urbano. Es decir, el grueso de su acción se desplegará desde el final de la contienda y en los años cuarenta y cincuenta. Por entonces ya no había resistencia, no había dos bandos, sino vencedores y vencidos que quedaban a merced de los vencedores, los cuales no tuvieron ninguna.

b) El espíritu del tiempo. La Transición estuvo presidida por la necesidad de pactar. De llegar a un acuerdo. La transición fue un pacto producto del miedo que los protagonistas de la época se profesaban unos a otros. Hubo consenso, sí, pero tácito: las izquierdas renunciaban a sus símbolos y valores y se integraban en el funcionamiento democrático ordinario del sistema político español sin remover el pasado; a cambio, la derecha abandonaría toda tentación golpista y, con el paso del tiempo, permitiría que se hiciera justicia a la víctimas, sin tratar d revivir los enfrentamientos no de apropiarse en exclusiva la representación de España. Pero esto ha sido falso: a raíz del triunfo socialista de 1982 cundió el temor en la derecha. Pero, cuando esta vio que no había ánimo revanchista en la izquierda, recuperó su talante de intransigencia y acabó volviendo a la imposición del vencedor "sin complejos", como se decía entonces. Promulgada la tímida Ley de la época de Zapatero, se comprobó que la derecha no tenía voluntad alguna de aplicarla sino de boicotearla, como ha hecho en la X legislatura con mayoría absoluta del PP. Resultado: cuarenta años después del fin de la dictadura, en las cunetas siguen enterrados más de cien mil compatriotas asesinados y Madrid reverbera de símbolos, placas, calles y recordatorios de los franquistas. 

c) Los dos bandos por igual. Lo dicho, el tiempo que se quiere revisar es de imposición, dictadura de los vencedores sobre los vencidos. De igualdad, nada. La presencia de un cura en la comisión con el argumento de que se trata de hacer justicia "también" a las víctimas de la Iglesia revela su falacia: en la época de que se trata, la Iglesia no tenía víctimas puesto que era ella misma la victimaria. La colaboración de la Iglesia con la represión del franquismo en la postguerra fue total. Dicho en plata: en la Comisión no hay representación de las víctimas, pero sí de los victimarios. Y eso la cuestiona moralmente de tal modo que la hace inservible. 

Por supuesto que la Comisión debería estar compuesta con otros criterios y que la que hay no es justa. 

Todo consenso que se dé entre la justicia y la injusticia será injusto. La justicia es el único consenso, como sabe muy bien una alcaldesa que es jueza.

viernes, 6 de mayo de 2016

La mugre del franquismo

En la sala de exposiciones del Canal de Isabel II de Madrid, una completa de la obra de Paco Gómez, fotógrafo que vivió entre 1918 y 1998. Su hija ha donado todo el fondo de su obra a la Fundación Foto Colectania que exhibe ahora unos 400 trabajos y otros doscientos en cuatro vídeos monográficos: sobre París en los cincuenta y primeros sesenta, Madrid en varios años e Ibiza a primeros de los sesenta. La exposición, titulada Archivo Paco Gómez. El instante poético y la imagen arquitectónica está muy bien, el comisario Alberto Martín hace un gran trabajo, empezando por el título, que es una muestra de una buena capacidad para hacer de necesidad virtud. Porque Paco Gómez, virtualmente un desconocido, no tiene casi nada que lo haga acreedor a grandes alharacas como no sea su tesón casí bíblico en hacer carrera en la fotografía, cosa que no consiguió o que consiguió tan a medias que bien podría decirse a cuartas. El hombre fue fotógrafo autodidacta y se ganaba honradamente la vida con una sastrería en Madrid que había heredado de su padre luego de trasladarse toda la familia a vivir a la capital. 

Así pues, el sastre que, por todo cuanto sabemos, llevó una vida gris y anodina, dedicaba todos sus ratos libres a fotografiar lo que tenía alrededor y trataba de abrirse camino en el mundo de la fotografía madrileña de la postguerra y años posteriores. Y digo "por todo cuanto sabemos" porque sabemos muy poco. La exposición contiene información biográfica del autor pero es muda respecto a un dato que llama la atención. Habiendo nacido en Pamplona en 1918, la guerra civil lo pilló con 18/21 años, una edad muy propicia para hacer algo en tiempos turbulentos. Sin embargo, no sabemos nada de si luchó o no luchó y, si lo hizo, en qué bando. Esa ausencia de información biográfica es una especie de sino y se extiende como un manto a toda su obra que tampoco dice gran cosa. 

Gómez ingresó en la Real Sociedad Fotográfica de Madrid en 1956, con 38 años. No era ya un chaval. Luego entró o fundó alguna asociación con otros fotógrafos, como "Afal" o "La Palangana", con los que hizo algunas exposiciones colectivas, dos de ellas en París, en la embajada de España, en 1957 y 1962. Trabajaba también como fotógrafo de la revista Arquitectura, del Colegio de Arquitectos de Madrid (de 1959 a 1972), en donde entró poco más que como ilustrador anónimo y acabó consiguiendo que se le reconociera la autoría de sus fotos, ilustró tres libros y eso fue todo lo que hizo en el ámbito público. El resto de su ingente obra, para su contemplación personal y privada.

Y eso es lo que llama la atención: que habiendo fotografiado su país (sobre todo, Madrid, de donde prácticamente, no se movió) su gama de temas es extraordinariamente limitada: calles, gentes anónimas, descampados, tranvías, fachadas destartaladas de casas. La dos series de París en los años 1957 y 1962 dan casi ganas de llorar por lo limitado, convencional y anodino de sus temas; y la de Ibiza en 1962, más ganas de tirarse de los pelos. Al margen de algunas tomas de interés (viejucas de negro sobre fondos enjalbelgados, luz ibicenca restallante) el resto es tan aburrido y nimio como el conjunto de su obra. Sin duda, con los años, llegó a adquirir una gran pericia técnica pero, al parecer, nada en su interior le previno sobre el interés de la época en que le tocó vivir, sobre todo, los años cincuenta y sesenta. Ni rastro de revolución, apertura, desarrollo, nuevos tiempos. Nada. A sus ojos, España seguía siendo el mismo lugar aburrido, gris, cenizo, subdesarrollado que él, obviamente, habia conocido en la postguerra.

A eso se le puede llamar, claro, "instante poético" o, en realidad, pobreza de espíritu y conformismo, como si Gómez hubiera interiorizado el consejo del dictador: "no se metan en política". En política ni en nada. Gómez no tiene una línea específica de trabajo. La exposición agrupa las fotos por temas: retratos, descampados, etc que solo indican que un fotógrafo algo tendrá que fotografiar. Pero no lo que él busca, sino lo que tiene más a mano o a objetivo. Y así, hay una serie de autorretratos, evidencia misma de falta de proyecto, empuje, élan. Hizo cientos de fotos de edificios para resaltar los méritos de los colegiados del Colegio de arquitectos. Su interés reside en los edificios mismos, no en las fotos, unos edificios muy de aquellos años, muchos de ellos de una pretenciosidad estomagante y clara evidencia del poder de los nuevos ricos que aquel régimen inmundo iba produciendo. Alguno, en verdad irrisorio.

Y aquí está el último pliegue del interés de la exposición de Gómez. A pesar de él mismo, su tarea como fotógrafo contumaz de su realidad inmediata, esto es, una sastrería madrileña situada seguramente en el Madrid de los Austrias o cercanías, nos trasmite la imagen de un país en una larguísima y triste posguerra; un país sucio, pobre, miserable, de gentes resignadas por calles mortecinas. El franquismo.

domingo, 14 de febrero de 2016

La matanza de San Valentín

Un disparo ha bastado a Esperanza Aguirre para acabar con toda la clase política (especialmente de izquierda) del país y puñados de finos analistas. Un disparo cargado con el señuelo de una dimisión por "responsabilidad política", que no penal personal (faltaba más) que además quiere ser una lección de transparencia y sensibilidad democráticas. 

Un paseo por las redes de hoy, domingo de San Valentín, produce verdadero bochorno: todos los políticos pegándose por atribuirse la dimisión de Aguirre, el honor de haber matado el oso (en este caso, la osa, por cierto mucho más lista que todos ellos juntos) cuya piel, como siempre, están vendiendo sin haber matado al animal de verdad. De leer a nuestras lumbreras, Aguirre ha caído por la presión de Podemos, de C's, de IU, del PSOE y ¡hasta del PP! En algún caso, el delirio ha llevado al presuntuoso de turno a confundir a Reagan con Nixon, que es como confundir a Churchill con el Rey Faruk.

Esperanza Aguirre no ha dimitido de nada de lo que no fueran a echarla en un futuro inmediato. Su sucesión en la presidencia del PP por Cifuentes es ya cosa hecha. Prueba: que González, su hombre, también dimitió hace un mes de la secretaría general de la organización de Madrid, ya preparando el camino.

Resumiendo para que se entienda: Aguirre se va de donde van echarla en todo caso en unas semanas, convierte su destitución en una dimisión honorable "por razones políticas", pone en un brete al Sobresueldos y se mantiene en su puesto de portavoz del PP en el Ayuntamiento, desde donde planea dar la batalla por la presidencia del PP nacional cuando a Rajoy no le quede más remedio que irse.

Más inteligente aun: la tarea de quitarle de enmedio al Sobresueldos se la están haciendo todos los demás que, desde el PSOE hasta el PP, pasando por los neonatos de Podemos y C's piden a una la dimisión de este pájaro. Ella que, además, tiene sentido del humor, quizá le envíe un SMS pidiéndole que sea fuerte.

¿Más claro? Aguirre no ha dimitido. Igual que no dimitió la otra vez que dijo que lo hacía. Ha hecho un repliegue táctico en el que ha contado con la ayuda del coro de bocazas de la oposición que no sabe ni cómo se lee una partitura. La maniobra puede salirle bien o no porque tiene sus riesgos, pero es mucho más inteligente que el conjunto de sandeces que cabe leer en las redes celebrando una victoria ficticia y haciéndole el juego a una política que da cien vueltas a sus adversarios dentro y fuera de su partido.

viernes, 12 de febrero de 2016

Tamaya

Esperanza Aguirre Gil de Biedma, Grande de España, hundida hasta el moño en la corrupción y la práctica delictiva de su partido y su gobierno, comparecerá hoy ante la comisión contra la corrupción de la Comunidad de Madrid a responder de uno de los cientos de casos en que está pringada. Lo hace horas después de que la Guardia Civil entrara en sus oficinas en la sede del PP en busca de pruebas de la financiación ilegal de sus campañas electorales. Está implicado el ex-gerente del partido en Madrid, un tal Beltrán Gutiérrez, cuyo ordenador se ha llevado la policía, asimismo imputado en el caso de las tarjetas black y especialmente protegido por Aguirre, que lo contrató cuando dimitió y anda diciendo por ahí que es funcionario del partido, un concepto inventado por esta demagoga neoliberal sin escúpulos que sabe de sobra que los partidos no tienen funcionarios sino contratados laborales y enchufados como este, probablemente para callarles la boca.

Cuando esta aristócrata arrabalera comparezca en la citada comisión sobre la corrupción en Madrid, con su altanera chulería, los miembros de aquella deberán tener presente que toda su ya larga carrera  está inmersa en la corrupción y el escándalo, en el pillaje, la malversación, el despilfarro y el puro disparate.

Deberán recordar que apareció en Madrid en el sórdido episodio del Tamayazo, cuando, el PP robó las elecciones a los infelices del PSOE con el auxilio de dos sinvergüenzas salidos de sus filas. Y que el resto del curriculum de la dama daría para una novela de Mario Puzo: su "ideología" neoliberal la empujó a privatizar cuantos servicios pudo arrebatar al ámbito público en detrimento de la colectividad y provecho de sus compinches en un expolio hecho de chapuzas y trinques, varios de los cuales andan en los tribunales. Su arremetida contra la sanidad pública fue bestial y no se detuvo ante la calumnia y el intento de linchar cívicamente a los profesionales que trabajaban en aquella en provecho de sus colaboradores, lechuguinos y mangantes que hacían negocios privados a costa del interés público, algunos de los cuales también están procesados por supuestos ladrones.

Casos especiales por lo disparatado del empeño, su inmoralidad y el absurdo del asunto fueron sus sucesivos fiascos (todos a costa de los contribuyentes) en la privatización del Canal de Isabel II, el intento de toco mocho al estilo de las bambollas paletas valencianas de Eurovegas y el equivalente al aeropuerto de Castellón en la Ciudad de la Justicia de Madrid, que ha fulminado más de 100 millones de euros de los contribuyentes.

Toda su gestión ha estado siempre salpicada de episodios a medio camino entre Al Capone y películas de Berlanga. Su gran amigo, el empresario Díaz Ferrán, que lleva una temporada en la sombra igualmente por presunto ladrón, pudo haber sido el proveedor de la misteriosa fundación FUNDESCAM con la que la retrechera Aguirre, al parecer, financiaba ilegalmente sus campañas. Su otro amigo, el también empresario Arturo Fernández, otro defensor de neoliberalismo, que vivía de enchufes y contratas con sus amigos peperos de las instituciones, acaba de dimitir por el sucio asunto de las tarjetas black.

Esto de las tarjetas black, en las que la clase política madrileña robó lo que no está escrito, fue, en realidad, un fracaso de la dama, quien trató de imponer de presidente de Bankia a su fiel Ignacio González, el del ático evanescente. El tal González, que la sucedió en la presidencia también está implicado en otro de esos asuntos de corrupción del neorrealismo italiano, bautizado con humor de Chamberí como la gestapillo, por el que los colaboradores de Aguirre se espiaban unos a los otros acarreando bolsas de misteriosos contenidos, como en las películas de la Pantera Rosa.

Hasta que Valencia tomó el relevo, Madrid fue el epicentro de la trama de ladrones de la Gürtel, en la que hay tal cantidad de colaboradores directos, amigos y protegidos de la señora que esta acabó convencida, como los neuróticos compulsivos, de que había sido ella quien la había descubierto. Junto a la "Gürtel", la operación "Púnica", al parecer montada por otro sujeto, mano derecha de Aguirre, Granados, revela operaciones delictivas de cientos de millones de euros desfalcados a los contribuyentes. 900.000 euros de mordida por cada colegio que este pájaro aprobaba mientras los secuaces de la presidenta del neoliberal PP destrozaban la enseñanza pública en la Comunidad de Madrid bajo el beaterío de la consejera Lucía Figar, a quien su intensa fe no le impedía regalar terrenos públicos a los curas o meterse inmoralmente en el bolsillo becas y ayudas a las que no tenía derecho.

Toda la carrera de esta señora es una constelación de presuntos robos, expolios, malversaciones, apropaciones indebidas, chantajes, extorsiones, enchufes, estafas, etc, todos cometidos por sus manos y pies derechos e izquierdos, sus colaboradores y subordinados y de los que ella asegura que no sabía nada.

Cuando los miembros de la Comisión contra la corrupción de la Comunidad de Madrid se la echen a la cara no olviden que quizá no vuelvan a encontrarse en su vida ante una persona tan indigna, inmoral y carente de todo escrúpulo.

Y no se dejen impresionar ni engañar. Ella lo sabía todo: desde el Tamayazo a la Púnica.

martes, 25 de agosto de 2015

Ya era hora.

Esto sí es transparencia, lucha contra la corrupción, freno al despilfarro del dinero de los contribuyentes, coto a la malversación. Esto y no las sinsorgadas de Rajoy, el de los sobresueldos, cuando balbucea explicaciones sobre las medidas contra la corrupción que su gobierno ha amparado, fomentado y sigue ocultando siempre que puede. Que cada vez es menos.

Estas comisiones de auditoría de la gestión autonómica en Madrid en las dos últimas legislaturas que la señora Cifuentes ha tenido que tragarse como el sapo mañanero es la medida más importante y eficaz que se ha tomado en España para sacar a flote toda la basura de uno de los gobiernos más mafiosos en la historia del país. Y ya los ha habido

Fueron veinte años de mayorías absolutas en los que un partido corrupto, que se financiaba ilegalmente a base de mordidas por concesiones amañadas, estuvo haciendo mangas capirotes con los dineros públicos. Un poder sin control o con controles manipulados en instituciones sumisas a las órdenes, como el Tribunal de Cuentas, acumuló todo tipo de dispendios y latrocinios con los que, de paso, enriquecía a un puñado de sinvergüenzas que simulaban ser políticos honestos.

Era imposible que lo fueran viendo la falta de talante democrático, la arrogancia, la soberbia, el desprecio y hasta la chulería con la que trataban a la oposición y, por encima de ella, a los ciudadanos, incluidos sus propios votantes. Los madrileños acabaron resignados a una administración poblada de ineptos vanidosos y presidida por una majadera, cuyo aparente desparpajo, solo ocultaba su absoluta incompetencia a la hora de impedir que sus colaboradores robaran a espuertas ente sus narices. Un hatajo de mangantes que, enarbolando la bandera de las privatizaciones, saqueó el erario, los servicios públicos, las empresas de la comunidad. Lo llamaban neoliberalismo, según las simplezas de catón que expectoraba la señora Aguirre pero, en realidad, era un neofeudalismo: una típica confusión de lo público y lo privado, en beneficio de ellos mismos y sus amigos y aliados, generalmente empresarios acostumbrados a vivir de amañar concursos públicos.

Las comisiones de investigación, que ya tienen curro, habrán de poner en claro el robo descarado de la Gürtel y la Púnica, las dos tramas mayores (pero no las únicas) que los políticos de la derecha tejieron con la mafia empresarial y una serie de funcionarios corruptos para enriquecerse todos en detrimento de los intereses colectivos del bien común que hubieran debido defender de haber tenido un mínimo de honradez.

No se trata de que estas comisiones sustituyan la administración de justicia que hace su trabajo como puede, sistemáticamente obstaculizada y hostigada por la asociación de presuntos malhechores llamada PP, con el sobresueldos a la cabeza. Se trata de que establezcan las responsabilidades políticas de este inmenso desaguisado, de esta increible ceremonia del saqueo de una Comunidad por una manga de chorizos. Y se trata de que los políticos que toleraron y ampararon este latrocinio o que, incluso, se beneficiaron de él, asuman sus responsabilidades y se retiren de una vez a esa vida privada que tanto les gusta, quizá en la cárcel y habiendo devuelto todo lo que hayan pillado.

Resulta intolerable que la principal supervisora de estas actividades de auténticos bandoleros, la señora Aguirre, no acepte responsabilidad alguna por el desastre que ha ocasionado con su altanera ineptitud. El disparate de la Ciudad de la Justicia, en el que se han volatilizado 105 millones de euros como el que se gasta la calderilla, debe aclararse. Igual que debe aclararse cómo el arquitecto Norman Foster pudo cobrar más de 10 millones de euros de las arcas públicas por una obra que no hizo y a través de un contrato que, como los dineros, se ha esfumado. Aguirre tiene que dar cumplida explicación de todo ello. Como también de decenas de otras tropelías, todas ellas liquidadas con quebranto para la hacienda pública y supuesto beneficio de los mamandurrios neoliberales de que se rodeaba: las privatizaciones de la sanidad, el Canal de Isabel II, el metro ligero a Pozuelo, el hospital de Collado Villalba o el inenarrable proyecto de Eurovegas.

Si faltó tiempo a esta señora para felicitarse de haber condecorado en vida como presidenta de la Comunidad a una de las musas del más sórdido franquismo, la recientemente fallecida Lina Morgan, con igual alacridad debiera estar ya en la plaza pública dando las explicaciones pertinentes sobre esos turbios y ruinosos asuntos que han empobrecido a los madrileños y enriquecido a una banda de truhanes. Que vaya a las comisiones las veces que haga falta a mentir como acostumbra y que dimita de paso de cualquier actividad pública por indigna.

Y quien dice la Comunidad, dice el Ayuntamiento. Carmena está levantando las alfombras y los madrileños asisten estupefactos a otra pasarela de dispendios, despilfarros y toda clase de gatuperios protagonizada por los dos último regidores, Ruiz-Gallardón y Ana Botella, dos almas gemelas en lo cursi, arrogante, inepto y megalómano. Que el ex-ministro de Justicia sepultara más de 500 millones de euros públicos en acondicionar el espantoso pastel de la Cibeles en detrimento de los edificios del Madrid de los Austrias, ya demuestra un mal gusto rayano en lo ofensivo. Pero que de esos 500 millones, parte nada desdeñable, fueran a hacerse un despacho versallesco, revela la auténtica dimensión moral tanto del repelente niño Vicente como de su sucesora, una reprimida de la más rancia estirpe nacionalcatólica.

Hace muy bien Carmena en sacar a la luz pública las trapisondas de estas cucarachas de oro para que los madrileños sepan cómo vivían los sátrapas que se iban a los spas cuando había alguna catástrofe con pérdidas de vidas en su jurisdicción.

Pero haría mucho mejor si nombrara una comisión que procediera a auditar esa cueva de mangoneo que fue el ayuntamiento de Madrid.

martes, 4 de agosto de 2015

El caso desesperado del socialismo madrileño.


Los manuales de Ciencia Política, que son los del arte de la guerra, parten del supuesto de que la unión de fuerzas es la primera garantía del triunfo en cualquier enfrentamiento y la desunión la primera de la derrota. A dos meses de unas elecciones cruciales como las catalanas y cuatro de unas generales no menos decisivas, el PSM ofrece un espectáculo de desunión, enfrentamiento y división que solo augura derrota.
 
No es nueva. Es la imagen crónica de los socialistas madrileños que llevan más de veinte años en la oposición en el ayuntamiento y la comunidad por su incapacidad para constituirse en una alternativa creíble a unos desgobiernos por mayoría absoluta de un PP que apenas es algo más que una presunta asociación de malhechores para esquilmar las arcas públicas. La ejecutoria del PSM es una triste experiencia de luchas intestinas, zancadillas y maniobras entre burócratas, paniaguados y enchufados de tal o cual corriente. Las razones esgrimidas son siempre opacas y la gente sabe por experiencia que, además, son embustes para justificar descarnas peleas por los cargos y los escasos puestos de mando.
 
No hace falta al PSM aprovechar la experiencia de IU, reducida a la marginalidad y la insignificancia precisamente por las peleas orgánicas en las que los fulanismos y menganismos de unos políticos mediocres pasan por encima de cualesquiera consideraciones de estrategia o ideología. Tiene su propio saco. Un episodio tan vergonzoso como el Tamayazo, caso único de transfuguismo corrupto y falta absoluta de principios solo fue posible en una organización controlada por mafias enfrentadas compuestas por oportunistas, trepas y mediocres incapaces de ver más allá de sus narices, de su interés, de su poltrona, de su nómina.
 
Los responsables de este lamentable espectáculo en Madrid (y los de la Ejecutiva que participan en el pandemonium) parecen ignorar que el PSOE no es patrimonio suyo para hacer con él lo que les venga en gana. No lo es de los dirigentes, ni de los militantes, ni siquiera de los votantes. El PSOE es un partido centenario, patrimonio de todos los españoles y sus actuales gestores en todos los niveles no son más que administradores que habrán de rendir cuentas de sus actos.
 
Lo que hace indigno el gobierno del PP es su convicción de que el país es su cortijo, en el que puede cometer cualquier arbitrariedad y desaguisado con total impunidad porque le pertenece. Por ello, no le importa que sea imposible distinguir en su acción entre lo que es gestión y lo que es puro expolio y saqueo de un patrimonio del que se apropia por todos los medios, incluidos los ilegales. El PSM lleva veinte años actuando de modo análogo con el agravante de que, mientras el PP, siempre en el poder, dispone de privilegios y prebendas que repartir entre los suyos, el PSM, eterno perdedor por su desunión, solo reparte miseria, pucherazos, manipulaciones y puñaladas traperas.
 
Si los responsables de este desastre no ponen los intereses generales por encima de los de sus banderías y siguen agrediéndose al borde del abismo, entregarán en bandeja el gobierno a la derecha que podrá seguir haciendo y deshaciendo a su antojo en este país. O en lo que quede de él.

lunes, 20 de julio de 2015

De literatura e historia.

Eusebio Lucía Olmos, Cosas veredes. Madrid: Endymion, 2008. 654 págs.
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Hace unos días publicaba una reseña de un reciente libro de Juan Maestre Alfonso en el que se hablaba de mi barrio de niñez y adolescencia, cosa que me tira mucho. Las memorias de Maestre se inscriben en el cuadrilátero Glorieta de Bilbao, Quevedo, Argüelles y Plaza del Dos de Mayo. Barrio Maravillas ligeramente escorado hacia el Oeste. Quizá por ser más andarín o revoltoso, las mías se sitúan entre Bilbao, los Cuatro Caminos, Rosales y el Noviciado. No es un perímetro mucho más grande, pero cualquier conocedor de la zona verá que hay algunas diferencias, sobre todo al Norte y al Sur. Ahora cae en mis manos esta novela de Eusebio Lucía Olmos, encuadrada más menos en similares lindes, aunque con sus variantes: calle ancha de San Bernardo, Bulevares, Argüelles y el Noviciado. Y, como esto de los recuerdos primeros llega muy hondo, no me resisto a comentarla pues, aunque no es de muy reciente publicación, tengo amistad con el autor, que fue al mismo colegio que yo, el Divino Maestro, por cierto, el mismo al que fue Rafael Chirbes.

En lo que ya no hay coincidencia es en la época de la narración. Ni para el autor ni para mí puesto que se desarrolla entre 1915 y 1917, mucho antes de que ambos naciéramos. Es una novela histórica aunque no al uso, de esas llenas de faraones, princesas de Samarkanda, monjes cistercienses, templarios, mosqueteros o corsarios, sino de gente corriente, vecinos de Madrid, de condición generalmente modesta, que malviven en la capital durante los últimos años de la primera guerra mundial y que presencian la huelga general de agosto de 1917, la intermitente guerra del Africa, la epidemia de gripe de febrero de 1918 y las elecciones al Parlamento del mismo año. Casi podría calificarse de crónica novelada. Y todo ello entre las calles del Norte, de la Palma, de San Dimas y la plaza de las Comendadoras, el hinterland de la de San Bernardo, en la que vivía yo.

La novela es asimismo autobiográfica con la consiguiente adaptación cronológica. El protagonista, Hilario Medina, es un mozo que entra a trabajar en la fábrica nacional de moneda y timbre gracias a la influencia de Juan José Morato, el socialista díscolo. Su familia, que perdió al padre, otro socialista de primera hornada, compuesta por la madre y dos hijas más, malviven en una buhardilla de la calle del Norte y lucha por salir adelante haciendo economías y juntando los escasos cuartos que traen todos sus miembros, pues todos ellos trabajan, la madre y una hija cosiendo en casa e Hilario y una hermana fuera de ella. Seguimos los avatares de todos en esos años, especialmente los de Hilario quien mantiene una relación de discípulo-maestro con el señor Morato. La función de este en la novela es la de narrador e intérprete de los acontecimientos. En este aspecto, la obra se separa de la tradicion de la novela histórica para entrar en el territorio de la "novela de formación" o Bildungsroman, típica del romanticismo. También podría llamarse "los años de aprendizaje de Hilario Medina", para situarla en un marco solemne. 

Y no es poca cosa el aprendizaje. Morato ilustra a Hilario sobre las cuestiones teóricas socialistas, la vida de partido, las relaciones de este con los republicanos, la personalidad de Iglesias, el abuelo, las diferencias históricas entre anarquistas y socialistas, etc. Hilario tiene un primo, Narciso, residente en Cataluña y genuino confederal que será casi el otro protagonista de la historia y para quien el autor tiene reservada una peripecia muy especial que el crítico no puede revelar pero que da buena prueba de la imaginación del autor. Poco a poco, aunando la doctrina moratiana y la experiencia vivida, Hilario va alcanzando lo que en otros tiempos llamábase una madura conciencia de clase, entendiendo las dificultades, tiras y aflojas de la política parlamentaria de un partido marxista y revolucionario, como pensaba ser el PSOE por aquellos años. El título de la obra, Cosas veredes remite a la contraseña que, al pie de un artículo anónimo en El socialista, había de dar la señal para el comienzo de la huelga general de 1917.

Los acontecimientos políticos son como un trasfondo de una historia que tiene también aspectos económicos y sociales así como urbanísticos. Lucía Olmos es un consumado conocedor del Madrid clásico que podría sentar plaza de cronista de la Villa. Su dominio del callejero y de la historia de los edificios lo sitúan en la estela de los escritores "madrileños", como Mesonero Romanos o Pedro de Répide y dado que a los madrileños, desdeñosos como aparentamos ser con nuestra ciudad, en realidad nos apasiona que nos hablen de ella, el lector, si es gato -y aunque no lo sea, sino más de aluvión- se lo pasará en grande paseando por las calles de la Villa de la mano de tan avezado guía.

La estructura novelística es clásica y tradicional, de estilo realista, de un realismo mas de la época que describe que en la que se escribe, tiene ambición descriptiva y apunta a otros territorios, además de la narración de misterio del primo anarquista. Así se narran las experiencias sexuales inciáticas del héroe Hilario, la segunda de las cuales, una fogosa y breve pasión con una vecina del inmueble encierra, quizá, la clave de un frecuente recurso del autor en sus intervenciones actuales en las nuevas tecnologías. Porque Hilario ha crecido, se ha jubilado en la Casa de la Moneda, se ha hecho escritor pero en su muro de Facebook siguen apareciendo unas vecinas muy interesantes.

miércoles, 10 de junio de 2015

Geometría variable.

No son tiempos de ideologías. C's facilita en Andalucía la investidura de Díaz, con quien no pensaba tratar ni en pintura y en Madrid camina hacia la de Cifuentes de quien no quería saber nada por pertenecer a ese fementido nido de corruptos del PP. El cambio anunciado tiene poco que ver con las siglas de los partidos y mucho con los réditos de las respectivas jugadas. C's vende la responsable imagen de quien facilita la gobernabilidad sin comprometerse gran cosa, pues anuncia una posición vigilante sobre el gobierno de Díaz. Lo que no está clara es la ventaja obtenida por Podemos con la ruptura de las negociaciones. Protesta Rodríguez muy ofendida de que le hayan dado con la puerta en las narices y acusa al PSOE-A de la ruptura. Es muy posible. Díaz hizo saber en la campaña que en ningún caso pactaría con el PP y Podemos. Eso era algo más que un guiño a C's y tanto Podemos como el PP debieron haber reaccionado de forma distinta. Podemos, flexibilizando su posición para dificultar la ruptura a Díaz pues, como se ve en la alcaldía en Sevilla, son posibles acuerdos entre los dos partidos.

El del PP es un caso perdido. Bonilla pide ahora que el PSOE presente otr@ candidat@. Le ha llevado ochenta días darse cuenta de que, con Díaz, no había nada que hacer, como ella misma anunció dos meses atrás. Si aplica la misma celeridad a sus demás juicios, este presidirá Andalucía cuando Córdoba vuelva a ser califato y haya otro en Bagdad. Ahora que su predecesor en el empeño, Arenas, parece a punto de jubilación forzosa por las intrigas de la dueña del cigarral toledano, Bonilla puede acceder ya a la plenitud del cargo de sempiterno aspirante.

Díaz ha conseguido su propósito sin arriesgarse a unas imprevisibles elecciones anticipadas. El éxito tiene un valor simbólico: conserva el bastión andalusí y accede al cargo por mérito propio y no por nombramiento. Por mucha que sea su inquina a Sánchez, según afirman algunos medios, no puede evitar que su investidura sea el espaldarazo de este como candidato ya que la elimina a ella como contrincante. Queda por ver si a las primarias se presenta alguien con peso para ser un desafío a Sánchez. Chacón juega con la idea de encabezar la candidatura del PSC a la Generalitat. Solo queda Madina y no parece contar con mucho apoyo. Díaz, a su vez, tiene por delante una legislatura compleja. De un lado la lucha contra la corrupción, tan extendida en Andalucía después de treinta años de gobiernos socialistas que esa misma lucha puede traducirse en una merma de apoyo electoral. Además, su margen de actuación es limitado pues gobernará siempre en minoría y sólo podrá adoptar medidas con alianzas cambiantes o geometría variable, arriesgándose a que, en cualquier momento, una moción de censura la desplace.

Madrid es una zarzuela. Si Díaz preside en Andalucía una Junta muy tocada por la corrupción, Cifuentes, en la capital, cabalga sobre ella. La Comunidad de Madrid es, junto a la de Valencia, el epítome de la corrupción del PP. Se ha perdido la cuenta de l@s consejer@s y otros capitostes que andan por los juzgados imputados o acusados de tramas y delitos tan organizados durante años que harían las delicias de Alejandro Dumas. Parece, sin embargo, que C's está más comprometido en un pacto con el PP en Madrid que con el PSA en Andalucía. A cualquiera le resultaría difícil explicar esta diferencia, pero a Rivera, probablemente, no. Además, podrá aprovechar para romper la próxima oleada de imputados en las listas de Cifuentes por lo que los medios llaman "segunda parte de la Púnica". Podrían llamarla "segunda guerra púnica".

Si Madrid es una zarzuela, Valencia está en fallas. Los socialistas rompen las negociaciones porque se sienten insultados. Llegados aquí, ya cabe decir poco, salvo esperar más sosiego entre gentes que deben entenderse. Sobre todo si tienen en cuenta que la geometría variable valenciana muestra más complejidad y el rango de posibilidades se abre. Además de las dos habituales: a) lideras una coalición o b) te quedas fuera, se añaden otras tres: c) te quedas dentro de la coalición, pero en una posición subalterna; d) montas un gobierno de técnicos; e) vas a elecciones nuevas. Como las fallas. Es de esperar que, quemada toda la pólvora, los interesados se pongan de acuerdo en una solución de compromiso. Parecería obligado pues una de las fuerzas en pugna se llama Compromis, pero me temo que ese compromiso se entiende más en el sentido duro y militante que en el la solución pactada con concesiones mutuas. Mònica Oltra no tiene detrás una clara estructura de partido y tiende a ver el voto como algo a su persona, como una especie de plebiscito. Ximo Puig sí tiene un partido y parte del voto ha ido a él, o sea, su respaldo es menos plebiscitario. Esas cosas cuentan, pero lo que más cuenta es el temple de los actores.

jueves, 28 de mayo de 2015

Desguace.

El martes, repuesto del aciago lunes, Rajoy convertía en triunfo la victoria pírrica de PP y como, cuando se gana, es tonto hacer cambios, dejaba todo según estaba, gobierno y partido y se proclamaba candidato para las elecciones de noviembre. El miércoles, ayer, sus propios ministros lo obligaban tomar medidas con  los más obvios responsables de la hostia que, según Barberá, se han dado. En primer lugar a Cospedal, cuya fabulosa incompetencia la ha llevado a perder víctima del chanchullo que hizo en la ley electoral para ganar. También quieren fuera a Aguirre, la gran derrotada. Rajoy hizo en su día de tripas corazón, rompió los lazos de amistad y lealtad con Botella, la esposa de quien lo puso a dedo en el cargo, y nombró a la condesa porque era la única que podía ganar las elecciones. Y las ha perdido. Como Cospedal. En realidad, Rajoy no debería sustituir solo a Cospedal. Debiera sustituirse a sí mismo. Es lo que le dicen algunos de sus barones. Pero eso jamás saldrá de él. Al contrario, se enfrentará por fin a Aguirre, que es la mayor amenaza a su dominio del partido. En realidad, si sigue en esa especie de amok que parece poseerla, la condesa es la mayor amenaza al propio partido como asociación, no ya de seres honrados, cumplidores y entregados a los demás, que eso está fuera de cuestión, sino simplemente como asociación de seres racionales. Una amenaza de desguace mental.

Aguirre es la principal aliada de Podemos, su altavoz, su agente publicitario, lo que estos necesitan para darse más importancia de la que tienen. Al convertirlos en el íncubo de sus obsesiones, la diana de sus ataques más neuróticos, los apuntala. Los de Podemos van a darse un festín con los votos de todos los que encuentran insufrible a Aguirre y son muchos. Los resultados electorales de Podemos han sido discretos. Los de C's, menos que discretos. Pero ahí están ambos, en los zuecos de IU y UPyD y en algunos lugares son decisivos. Determinantes, en ninguno. Por eso se agradece que alguien te saque del pelotón de cola, aunque sea llamándote soviético. Tampoco es tan extravagante en la dama en cuyo vocabulario aparecen con frecuencia los comunistas, los populistas, los terroristas, los etarras, los bolivarianos y, como quintaesencia, la anti-España, de tradicional fuste.

No obstante, algo no encaja en la última. Pedir un gobierno de concentración con Podemos en Madrid para luchar contra Podemos suena a delirio. Alguien probablemente ha informado a la condesa de que Carmena no es de Podemos y, por muy comunista que haya sido en el pasado, si ahora abjura de los soviets, sus pompas y sus obras, puede entrar en casa de gente bien. Podría entenderse como un intento de división de Podemos pero más parece parte de una estrategia consistente en armar cuanto más ruido mejor para conservar su posición en el PP y dar desde ella la batalla a Rajoy por la presidencia nacional. La alcaldía en sí le trae sin cuidado. Habiéndose reunido con Begoña Villacís, candidata de C's, Aguirre se sorprendía de las coincidencias entre su programa, el de los socialistas y el de C's, cosa insólita dado que ella no tenía programa.

Aguirre no tiene programa por la misma razón por la que su partido, el PP, no tiene ideología. Si le preguntan a Rajoy, dirá que es el partido del sentido común, como Dios manda. Consultando los textos del partido, de sus think tanks, las declaraciones de sus dirigentes e ideólogos, puede extraerse una especie de batiburrillo en el que aparece el humanismo cristiano, el liberalismo, el neoliberalismo, el tradicionalismo, el conservadurismo, el espíritu reformista, el nacionalismo, el pragmatismo, el autoritarismo, el monarquismo y la nostalgia franquista. En fin, el kit del partido de la derecha en España. Sin ideología. Una mera asociación de gente que mira sobre todo por su interés personal o de grupo en la administración de la cosa pública. Es una institución en la que una clase de administradores corruptos hace su carrera política a base de expoliar los recursos públicos. Lo llaman partido político, pero no lo es, sino un negocio para quienes militan en él y para sus allegados. Es obvio que esta entidad solo se mantiene unida si dispone del poder. Si lo pierde, se descompone. Precisamente porque no tiene más ideología que el lucro personal.

De ahí las reacciones de pánico en la organización a la vista de los resultados y el frenesí de Aguirre, que ya se ve como una Kerensky frente a Carmena, a quien Ussía llama Lenin con melenas. La desbandada de los barones y baronesas. La impagable rueda de prensa de Floriano. El pasmado silencio del cigarral toledano. La huída de Fabra, quien hubo de apurar las heces consolando a doña Rita sin despeinarla. Bauzá replegándose a su botica a curarse las heridas. Monago, vuelto a la nada. Rudi que nunca salió de ella. León de la Riva, Teófila Martínez, los broches de oro de una derecha municipal de tronío. Herrera, el de Castilla y León, aun habiendo ganado, su espíritu de castellano viejo le aconseja dimitir. No queda nada. No queda nadie. Es el partido más votado pero, de esta echada, solo parece que podrá gobernar con mayoría absoluta en Ceuta. "Bueno", pensará Rajoy, "si España, esta gran nación,  se reconquistó de los moros desde Asturias, bien puede reconquistarse ahora de los rojos desde Ceuta".

Pero hace falta un partido y en este momento no lo hay. Está más para desguace que para reconquistas. De ahí el peligro que tiene la envenenada propuesta aguirresca de un congreso de refundación. Aguirre, a quien Palinuro lleva unas fechas sacando parecidos, tiene muchas facetas. Esta de las pócimas tóxicas estilo congreso le viene de la de Medea, que era maga, mezclada con Circe, la que convertía a los hombres en cerdos y la Fedra que quiso envenenar a Teseo. Porque si Rajoy va a un congreso de refundación, no sale vivo. Y adiós esperanza de ganar las elecciones de noviembre tras haber convencido a la ciudadanía de cómo, gracias a su temple y sabiduría, el país ha salido de la crisis. En todo caso, para conseguirlo ha de recomponer el partido y tendrá que hacerlo a base de comisiones gestoras, nombramientos digitales, cambios impuestos. Es decir, desguazando el desguace.

Realmente, lo más sensato que este hombre puede hacer es disolver el Congreso y convocar elecciones anticipadas. Téngase en cuenta que este ímprobo trabajo de reconstrucción no impedirá que los tribunales de justicia sigan dando disgustos al gobierno y el partido. Es más, le situación puede llegar a un punto en que un tribunal llame a declarar al presidente del gobierno en uno de los procesos de la Gürtel en calidad de testigo. Así lo requiere la defensa de Willy "el Rata", exalcalde de Majadahonda y acusado en la Gürtel, a quien piden 50 años de cárcel. Supongo que, antes de comerse 50 años cualquiera llamaría a declarar como testigo a Dios padre. Tanto más a un mortal.

Menudo compromiso para Rajoy. Piénsese que los testigos comparecen bajo deber estricto de decir la verdad.

miércoles, 27 de mayo de 2015

El mal perder.

Mi objetivo es frenar a Podemos declaraba ayer Aguirre, tras haber ofrecido a Carmona y a Ciudadanos un pacto para que el socialista ocupara la alcaldía de Madrid. En realidad, lo que quiere es frenar a Carmena, a la que profesa gran inquina personal, cosa comprensible si se consideran las biografías de ambas. Pero, por no descubrirse, invoca el nombre temible de Podemos. Y no en tono normal, sino desgarrado: hay que frenarlos para salvar las libertades, el orden democrático y, seguramente, la cristiandad occidental, amenazados por esta hidra de múltiples cabezas, bolchevique, bolivariana, populista, etarra, comunista. Para alguien que presume de flema británica, esto suena horriblemente overstated. Contrólese la señora, no le pase lo que al Dr. Strangelove en Teléfono rojo, volamos hacia Moscú a quien, en momentos de excitación se le levantaba solo el brazo derecho en saludo nazi. Perder sabe mal, desde luego, pero hay que dominarse y no decir y hacer disparates. Porque, aunque Carmena no fuera Carmena sino Belcebú mismo, la propuesta de Aguirre equivale a pedir al PSOE que se pegue un tiro en su cabeza colectiva.

Las malas lenguas dicen que, no habiendo tamayos a la vista, la llamada a los instintos más bajos de los seres humanos se convierte en un alegato en favor de la felicidad del hombre en la tierra. Si no se puede comprar a nadie en concreto con valores contantes y sonantes, se procede a engatusar al grupo con valores y principios ideales. El caso es que Carmena no sea alcaldesa. Mucho temor se adivina aquí. Para ocultarlo, Aguirre echa mano de una peculiar aritmética. La mayoría de los madrileños ha votado en contra de Carmena (61,24%) al votar PP, PSOE y C's mientras que Carmena solo tiene 31,85%. Seguramente Aguirre vota antes en contra que a favor de algo y la prueba es que su candidatura ni siquiera tenía programa. Pero los demás no tienen por qué ser como ella y probablemente voten antes a favor de sus opciones que en contra de las de los demás. Aunque si se repitiera aquí la caprichosa suma de la Dama del Imperio británico, la diferencia sería colosal: el 58,54% de los madrieños, también mayoría, votó en contra de Aguirre, a quien solo apoyó un 34,55%.

Es puro mal perder, falta de estilo y heraldo de comportamientos más absurdos y estrambóticos. A la señora no le gustará pero en su partido están todos encantados de verla derrotada, desde Rajoy a Botella. Se aferra a la presidencia de la organización en Madrid e intrigará lo que pueda en el Ayuntamiento para afianzarse ya que su posición en el partido peligra. En él, en todos los niveles, se hace siempre lo que diga Rajoy y Rajoy puede montarle una conspiración interna para echarla del cargo. Por eso probablemente está ella montándole otra a él para desalojarlo del suyo. De hecho, ya ha pedido una refundación del partido. La cuestión es quién desenfunda el primero.
 
Eso de tener que ser el primero en algo nunca ha gustado nada  a Rajoy . Para empezar, no va a hacer cambio alguno en el gobierno y en el partido. Ya dijimos, en el PP todo lo decide el Jefe consultándolo con la almohada. Hasta quién será el candidato del partido en noviembre: él, hombre, él. ¿Quién si no? ¿Uno que salga de unas primarias? ¿O de un congreso? ¿Qué congreso? El PP es un partido jerárquico de corte franquista. A Fraga lo nombró Franco. Luego lo desnombró, pero eran cosas del Caudillo, cuya vida tenía Dios que guardar muchos años. A Aznar lo nombró Fraga; a Rajoy, Aznar. A quién nombre Rajoy en su momento está por ver. De momento, a Rajoy. Y el Jefe decide asimismo si las elecciones se han ganado o perdido. Estas se han ganado, según Rajoy, razón por la cual ha nombrado candidato a Rajoy, el que las ha ganado. Esto ya no es solo mal perder. Es no saber lo que se dice.
 
Los barones, sin embargo, se le están rebelando y tomando las de Villadiego: Herrera, Rudi, Fabra, Cospedal y Bauzá, gentes inconstantes, tornadizas, de alfeñique, que se rajan en la primera dificultad. Nunca debió confiar en ellos. Nada comparable con la firmeza de un Camps, un Matas, una Mato, una Aguirre. Lástima que esta sea tan cabezota y se empeñe en sustituirlo en la Jefatura. A él, que está ahí puesto por voluntad divina y solo abandonará el cargo con los pies por delante.
 
De aquí a noviembre Rajoy está seguro de dar la vuelta a los sondeos, las encuestas, los pronósticos, de probar que estamos saliendo de la crisis, de saber comunicarlo con acierto, de recuperar la confianza de la que hoy no dispone, de caer bien a la gente. Está dispuesto a dar la vuelta al mismo principio de la realidad. Seguramente es lo que se dice cuando se mira en el espejo por consejo de su cofrade de partido, Herrera, el presidente de Castilla y León: "nadie mejor que yo para ganar las elecciones de noviembre".
 
Lo malo es que no tiene partido y de aquí a los comicios tendrá que emplearse a fondo solucionando crisis de liderazgo, conflictos territoriales y de todo tipo en un partido que pasa a ser oposición en muchos sitios y sin líder, en otros es irrelevante, como en Cataluña y el País Vasco y en otros está mal avenido. Y a ver cómo se defiende de la petición malévola de un "congreso de refundación".

Porque las elecciones no se ganan con partidos en crisis. 

martes, 19 de mayo de 2015

Semblanza epitáfica de Aguirre.

À bout de souffle huía una tensa Aguirre, perseguida por Gonzo, de "El Intermedio", de la Sexta, empeñado en saber algo sobre los negocios de su marido, el presunto lobista. El DRAE no recoge el término, pero sí Lobby, que define como "grupo de presión". O sea, el marido de Aguirre es un "grupodepresionista". Casi suena mejor "lobista". Nada, hombre, en castellano tenemos el término "cabildero", el que se dedica a cabildear, o sea, a apañar tratos ventajosos para sí o sus clientes. "Cabildero" es recio y castizo español, pero tiene muy mala fama. En cambio "lobista" parece otra cosa. Hasta habrá quien se lo ponga en la tarjeta de visita o en un nick de twitter. Aquí, lo gordo es que el marido de Aguirre también se dedique al cabildeo en la Comunidad que ha sido jurisdición de su cónyuge, y en 2014. Es decir, ahora mismo. Esto sí que parece el fin de la carrera política de Aguirre.

Una larga carrera muy vistosa, marcada por momentos apoteósicos en contundentes controversias con sus adversarios, pero tocada por la sombra de la corrupción. Desde el origen mismo de su mando en un episodio de auténticos truhanes hasta el momento presente. Su defensa, sin embargo, ha sido siempre la misma: sí, ha estado rodeada de una turba de mangantes pero ella, personalmente, nunca se ha llevado un euro. Nunca. Confiesa su amargura por las traiciones, pero reafirma su integridad personal. Ella nunca se ha llevado nada, lo cual tiene su mérito porque, según algunos, es la única.

Aguirre tiene fuerza y personalidad y, cuando no suelta esas simplezas de neoliberal estilo mormón, mezcladas con el batiburrillo nacionalcatólico que tiene en la cabeza, dice cosas con cierta gracia. Por ejemplo, hace tiempo cargó contra las mamandurrias y hace poco proponía "acabar con las mentiras y los mentirosos". Teniendo en cuenta que su mandato ha sido el reinado de la mamandurria (incluida la de Carromero) y en donde se han dicho más mentiras que en una feria de ganado o un consultorio sexológico, cualquiera diría que se trata de un caso típico de "proyección". La dama acusa a los demás de lo que ella hace. Por supuesto. Eso es evidente, pero no explica por qué lo hace.

Mi hipótesis es que Aguirre no vive en la realidad sino en una ficción, en una obra teatral que se ha inventado. La divinidad, a través de San Miguel Arcángel o de San Isidro, la ha designado salvadora de Madrid y España como hizo con la doncella de Orléans. Falla algo la cuna pero el caso es en todo similar: Juana/Esperanza ha recibido la misión sagrada de rescatar el reino de los ingleses/la antiEspaña, dada la incompetencia culpable de un blandengue Carlos VII/Rajoy. Aguirre vive en su mundo y predica en él, sin reparar siquiera en el efecto de sus palabras. No escucha nunca salvo a sí misma.
Aguirre tiene temple dramático con vislumbres trágicos. Su cuñado, dramaturgo, podría convertirla en un personaje inolvidable de la farsa hispánica. Tiene la capacidad de agitación de Lisistrata, la ambición de Lady Macbeth, la perseverancia de Leonor de Aquitania, la indiferencia ante el desastre de los suyos de Hedda Gabler, la firme voluntad de vencer de Leni Riefenstahl y Ayn Rand. Y ella, a su vez, quisiera ser Thatcher. Con toques de Boris Johnson pero, definitivamente, the iron lady. Uno diría que hay un descenso, pero Thatcher también tiene su grandeza en su firme y evidente vulgaridad. Es la de la sociedad que la rodea; sociedad de clase media, sociedad civil de gente vulgar que no quiere líos ni se mete en ellos, que se gana la vida como puede y saca adelante a sus familias pero siempre de forma honrada. La áurea mediocridad, base sólida del poderío thatcheriano. Por eso resumía las especulaciones en la famosa fórmula de TINSTAAFL que decía con sonrisa cautivadora: There Is No Such Thing As A Free Lunch. "No hay comida gratis". Bueno, salvo que estés en algunos de los círculos de corrupción de la capital del Reino, el de los contratos troceados, el de las recalificaciones falseadas, los concursos amañados, las mordidas, las comisiones, los sobresueldos, los cursos ficticios, las subvenciones ilegales, las desviaciones de fondos, las tarjetas negras, la información privilegiada, los cabildeos y los choriceos. En tal caso te salen gratis las comidas, las bebidas, las dormidas y hasta los viajes al Caribe.

¿Ven el drama de Aguirre? Una heroina trágica que quiere identificarse con la dama de hierro y resulta ser de latón porque la sociedad de la que se ha rodeado no es la sociedad civil de Thatcher, sino el mercado de la Ópera de tres centavos. No es Margaret y Denis Thatcher sino, más bién, Polly Peachum y Mackie el navaja.

Este golpe en la imagen de Aguirre a seis días de las elecciones es la erupción del Vesubio para la Pompeya de sus ambiciones. Su defensa hasta ahora había sido que ella personalmente no se había lucrado con la corrupción, no se había llevado un euro. Ella no, pero su marido, sí, según parece. Ella no, pero su marido, la otra parte de la unidad familiar, la familia, sí. La familia ¿no es ella? Esa familia que Aguirre ha defendido siempre a capa y espada contra las hipotéticas amenazas del aborto y el matrimonio homosexual. Esa familia que, según Thatcher es lo único que hay entre el individuo y el Estado porque la sociedad no existe. Vaya Aguirre a Londres y pregunte cuántas veces hizo Denis Thatcher de cabildero entre Downing Street y Westminster.

Y actúe en consecuencia.

viernes, 15 de mayo de 2015

La tiranía mediática de la corrala.


El imperio de los medios es atroz. Son muchos, sí; pero son más quienes pugnan por salir en ellos porque han aprendido la lección de que los medios, además de determinar el orden del día, son "hacedores de Reyes" (King's makers), hacen y deshacen carreras. Hay, pues, que estar en los medios. Y eso ¿cómo se consigue cuando hay tantos y tanta gente pidiendo audiencia? Sobresaliendo del guirigay general haciendo o diciendo alguna estridencia. Esto puede conseguirse con algún dislate, estilo Albert Rivera, del que las redes hagan luego chirigota. Nada se viraliza más que las chirigotas. Mortifican, pero hablan de ti y de eso se trata en campaña. Si dices cosas de sentido común, nadie te escucha.
La estridencia también consiste en hacer el ganso. Ayer el PP distribuyó unas fotos de Cifuentes, Rajoy y Aguirre pedaleando plácidamente por el Río. También corrieron por la red con los consabidos retoques de fotoshop, gracias a los cuales los tres aparecían, entre otras cosas, montados sobre tres animales del jurásico del tipo tiranosaurio. Pero también da igual. Lo bueno es que nos vean aunque sea haciendo el ridículo.
Lo que ya no es tan conveniente es que salgas a la calle con las manos en los bolsillos, a dar un paseo de lo más normal con tu amigo Bauzá, de Baleares, y te monten un escrache llamándote cosas feas como corrupto o amigo de Rato. Hay que controlar los medios.
Eso Aguirre lo hace de maravilla. Está siempre en primera y abriendo noticiarios. ¿Por qué? Porque sus estridencias consisten en atacar personalmente a sus rivales, Carmena y Carmona, siendo extraño que, con lo aviesa que es, aún no haya confundido de buena fe los apellidos. Pero lo primero es atacar. Con eso se consiguen dos cosas. En primer lugar, reducir el tiempo que dedica a defenderse a su vez de los ataques y, en segundo, obligar a los adversarios a perder el suyo en defenderse. Eso es lo que hace Carmena en una larga entrevista muy matizada, muy tranquila y en la que además, renuncia a atacar a su rival personalmente. Es una actitud muy digna que habla mucho a su favor, pero no sé si le garantiza tanta audiencia como las diatribas de Aguirre. Esta despacha las acusaciones con la habitual contundencia de quien tiene prisa por pasar al ataque. Pone en cuestión la integridad de Carmona y hurga en una supuesta herida moral de Carmena y su marido. Pero minimiza las cuestiones del suyo, dejándolas en faltillas, casi incorrecciones administrativas. Lo cual no es de extrañar para quien presenta la desobediencia a la autoridad y el hecho de llevarse por delante la moto de un agente  sin duda como medidas de agilización del tráfico de Madrid.
La que peor maneja los medios es Cifuentes. Está ahora en todos marcándose una defensa en el estilo que las malvadas redes llaman un "Ana Mato" o "Infanta Cristina" de yo no estaba cobrando en negro, no sabía nada y soy una víctima. Demasiado tiempo en la defensa; demasiado cuerpo fuera. No es creíble que no supiera nada. Si estaba contratada y recibía una nómina, ¿cómo no miraba la cotización de la seguridad social? ¿Era una nómina black? ¿Una nómina-jaguar?

martes, 12 de mayo de 2015

Los debates.


Lo interesante de los debates son los preparativos. Las invitaciones, los rechazos, los retos, los acuerdos, las estipulaciones, los tiempos pactados, todo lo que agita las aguas de la opinión unos días antes y mantiene ocupados a analistas, comunicadores y asesores. Finalmente, tras haberse puesto de acuerdo hasta en los turnos para toser, los debatientes se exhiben en la pequeña pantalla para la realización de ese trámite que los teóricos contemporáneos llaman espectáculo y los más radicales, estilo Baudrillard, simulacro. Los candidatos simulan un debate espontáneo sobre asuntos de palpitante actualidad e interés de la ciudadanía.

Y el interés cae en picado. El debate es una sucesión de minimítines en tiempo tasado en los que los candidatos tienen instrucción de colocar el meollo de su mensaje. Apenas hay intercambio y el que hay es de una calidad insultante. Tómese como ejemplo ese acuerdo al que llegaron ayer Cifuentes y Ciudadanos para acabar con los corruptos en Madrid . Una pica en Flandes, ¿no? Anunciado a banderas desplegadas en prime time. Y ¿cómo piensan estas buenas gentes cumplir tan noble propósito? Pues comprometiéndose a firmar un pacto anticorrupción para echar de las instituciones a cualquier político manchado por la corrupción. Como suena. Estas gentes en verdad toman al auditorio por una manga de alelados. Anuncian por la televisión que piensan cumplir la ley. Porque echar a los corruptos es obligado. Es lo que manda la ley. Acabar con la corrupción no es comprometerse a castigar a los culpables, sino impedir que aquella se dé mediante medidas preventivas, de vigilancia y responsabilidad.

Pero nadie dice nada porque en los debates cada cual va a colocar su mercancía. Por cierto, en términos de mercadotecnia, Gabilondo tiene que mejorar, ser más conciso y claro y acuñar expresiones menos lejanas y más afortunadas. En eso falta a todos bastante práctica. Enuncian males, sí, pero sus propuestas son confusas. A todos menos a Cifuentes, que trae el argumentario bien elaborado en el partido. Son propuestas muy contundentes, destiladas al extremo, muy probadas en ocasiones anteriores y con mucha fuerza de convicción. Su contenido parte de un núcleo ideológico-programático neoliberal que parece irrefutable: libertad de elección. En las distancias cortas, en cosas como la corrupción, es posible poner en un brete a Cifuentes. Pero, llegando a los otros dos asuntos básicos, impuestos y educación, se yerguen dos expresiones que son baluartes conservadores frente a los que la izquierda fracasa: primera (para la promesa de bajar los impuestos) en donde mejor está el dinero es en el bolsillo de la gente. Segunda (para seguir con la educación concertada) garantizamos la libertad de elección de los padres. La candidata colocó las dos píldoras sin que sus contrincantes pudieran hacer nada.

La incapacidad de la izquierda de desmentir estas falacias es alarmante. La libertad tiene que ir acompañada de igualdad o no es tal. Tratar de forma igual a los desiguales es privarlos de libertad. Nadie quiere subir los impuestos indiscriminadamente sino tratarlos de forma diferenciada por criterios de igualdad y justicia social. Hay mucha gente que no tiene dinero. Ni bolsillos tiene. El único dinero de que puede disponer es el que pone el Estado vía justicia fiscal. Y lo mismo con la libertad de elección de centros educativos. Hay muchas familias que no pueden pagar los sobrecostes que normalmente cargan los colegios privados concertados. Resulta así que quienes disponen de ingresos superiores se benefician de un servicio público del que quedan excluidos quienes menos tienen pero que, sin embargo, sufragan vía impuestos. Eso es la libertad de elección de unos padres a costa de la de otros.
 
De aquí al 24 habrá otros debates tan apasionantes como este. Los de ayuntamiento prometen ser con espíritu zarzuelero para el que Aguirre se pinta sola. Por cierto que, estando en ferias de San Isidro, seguro que aprovechará la ocasión de ir a alguna corrida. Una idea sería la del día 21, la corrida de la prensa. Ahí se matarían dos pájaros de un tiro: se mostraría a la prensa quién representa el auténtico Ser de España y quién el sórdido espíritu de la anti-España.

Los debates cuyos preparativos más prometen son los de las generales de noviembre. Aunque no descartaría alguno con motivo de las catalanas de septiembre. Para mucha gente, el éxito repentino de Ciudadanos es su supuesta catalanofobia. Un debate sobre el derecho a decidir de los catalanes en la televisión española estaría muy bien. Y Ciudadanos haría su agosto. ¡Qué más quieren los españoles que catalanes que quieran ser españoles! Ahí, Ciutadans arrasa.

En cuanto a las generales, los debates se perfilan complicados. Siguen rituales como de torneos. El interés de Iglesias por debatir en televisión primero con Rajoy y luego con Sánchez y su negativa a hacerlo con Rivera indica una aceptación implícita del código de la caballería. El guerrero quiere justar con el de arriba; no con un zangolotino recién llegado como Rivera. Pero, precisamente ese es el código que se le aplica. Ni Podemos ni Ciudadanos tienen diputados y, por tanto, no son caballeros. Los caballeros no cruzan armas con los villanos. Y si resulta algo "casta" llamar villanos a Iglesias y Rivera, llamar caballero a Rajoy es rondar lo escatológico.
 
Se perfilan uno o más debates singulares de los dos candidatos del PP y del PSOE, sean quienes sean y parece inevitable que haya alguno de Iglesias con Rivera. La manera más clara de romper el bipartidismo es actuar como si ya estuviera roto. Un debate de Iglesias y Rivera no necesita permiso de nadie. Lo compra cualquier cadena privada porque tendrá mucha audiencia. Y así se escenifica el tetrapartidismo. Claro que entonces los de IU y UPyD, o lo que quede de ambas, pedirán participar. Pero si los caballeros no justan con villanos, los villanos no justan con mendigos.

domingo, 10 de mayo de 2015

¿Qué importa más, la cara o el alma?


El diario Público.es trae hoy los resultados de una encuesta de Idea Nomina Data sobre grado de conocimiento de los candidatos a la alcaldía y la Comunidad de Madrid así como de los dirigentes de los partidos por un lado y su valoración ciudadana por el otro. Son dos cosas muy distintas y están llenas de enseñanzas. Con el batacazo que se han dado los sondeos en el Reino Unido, las encuestas no viven su mejor momento. Esta de Idea, sin embargo, no lo es de intención de voto en donde, por lo que se ve, la gente miente más que de costumbre, sino sobre conocimiento y valoración. Los resultados parecen razonables, coinciden con lo que casi todo el mundo piensa y quizá sirvan para explicar el resultado final el 24 de mayo.
 
El pleno conocimiento lo consiguen quienes no garantizan el pleno empleo: Rajoy y Aguirre, seguidos muy de cerca por Pablo Iglesias y Rosa Díez. Los cuatro más conocidos y los peor valorados. Que la gente te conozca no quiere decir que te aprecie. En los 90% se encuentra también Sánchez, aunque su puntuación, sin ser tampoco aprobado, sube un poco más a un 4,6. De todos los valorados solo aprueban Carmena en el Ayuntamiento, Gabilondo en la Comunidad y Rivera como líder de partido.  La posición más sólida parece la de Gabilondo pues une el aprobado (5,3) a un grado de conocimiento respetable de 75,0%, once puntos por debajo de su rival, Cifuentes, que, sin embargo está nueve décimas por detrás en valoración ciudadana. Muy notable el caso de Carmena, con una nota alta de 5,3 pero con un grado de conocimiento muy bajo, de 37,9%, solo por encima del de Begoña Villacís, de Ciudadanos, el otro partido emergente.
 
El caso ganador por excelencia es el de Albert Rivera que, con un grado de conocimiento muy elevado, del 82,2% obtiene la nota más alta, de 5,7 para asombro general. Es como un nuevo Lohengrin, caballero del cisne, que viene a liberar a la dama democracia de su triste sino a manos de la corrupción.
 
El caso perdedor, el de UPyD, cuyos candidatos ya ni salen en las encuestas. Como tampoco sale la candidata de IU a la Alcaldía de Madrid. Ay de los vencidos. Empiezan por desaparecer. El otro candidato de IU, pero a la Comunidad, tiene una puntuación aceptable, de 4,6 pero un  porcentaje de conocimiento muy bajo, del 27,8% ; más que los dos casi desconocidos de Podemos y Ciudadanos, que están algo por encima del 14%. Pero estos son también emergentes y es de suponer que sus votantes los votarán por el partido, aun sin saber quiénes son, mientras que los votantes de García  Montero ya no saben de cierto si votan a IU y a cuál de ellas. Su candidatura, como la de Carmona, del PSOE, al ayuntamiento son candidaturas bastante planas.
 
Aquí la pelea va a estar entre Carmena y Aguirre en el ayuntamiento que entre las dos se comen a Carmona, y Gabilondo y Cifuentes en la Comunidad en una lucha muy desigual y muy desfavorable a Cifuentes. En cuanto a los partidos, entre Podemos y Ciudadanos, que tienen establecido un pugilato especial entre ellos, un pugilato mediático, entre caras y espíritus.

domingo, 15 de marzo de 2015

El aire de Madrid.

"El aire de Madrid", dice el refrán, "es tan sutil que mata a un hombre y no apaga un candil". O era. Ahora es sofocante, a veces hediondo o pestífero, depende de con qué candidatura pasemos el finde.

Empezamos por la del PP/Gürtel. La Gran Capitana, la que se gastó 220 millones de euros públicos en sus apoteosis neoliberales, impetra el amparo del Señor y sale con sus huestes a dar la batalla contra el aborto. Como la interrupción voluntaria del embarazo no tiene una relación directa con la alcaldía de la capital, debe entenderse que este acto no es de la candidata a alcaldesa, sino de la candidata a la presidencia del PP. Porque la manifa contra el aborto era contra Rajoy. Que mida la condesa sus fuerzas. No le han ido los obispos que, en tiempos de Zapatero, portaban las pancartas belicosamente. Siguen con Rajoy. Pero eso le da igual. Ya sabe que seguramente no ganará las elecciones, porque tiene a lo mejor de su equipo entre barrotes o a punto de estarlo.  Quiere armar ruido. Si no gana, será jefa de la oposición municipal y seguirá de presidenta del PP de Madrid, en expectativa de serlo de España. Hace unos años Aguirre se retiró de la política para cazar talentos. Ha cazado uno: el suyo.

La candidatura del PSOE al Ayuntamiento, la de Carmona, se ha visto beneficiada por la de Gabilondo en la Comunidad. Le da prestancia y solidez de partido; pero también la ensombrece un poco. El candidato a Vara de Madrid tendrá que identificarse más, adquirir un perfil propio más acusado. Para eso nada mejor que ponerse a hablar de las cosas municipales de las que habla todo el mundo, porque son las que preocupan: al IBI, la limpieza de la ciudad que es de vergüenza, el metro, el transporte público en general, los accesos, la participación ciudadana, las multas, las tasas, la contaminación. Hay mil asuntos. ¿No era este el de "pim pam pum, propuesta"? Pues o la propuesta no sale o no consigue traspasar la barrera mediática.

Ahora Madrid, o sea, Podemos y aliados, llevan de candidata a la alcaldía a Manuela Carmena. Un acierto. Y una rectificación. Por edad, Carmena rompe el discurso de renovación generacional de Podemos. Seguramente seguirán enunciándolo porque es más sencillo insistir en el error que enmendarlo. Pero está roto. Ignoro si Podemos tiene definida la candidatura a la Comunidad. Creo que no y eso introduce un elemento de incertidumbre poco recomendable entre tanto barullo en ese aire de Madrid taan sutil.

En IU el desbarajuste es suicida. Disponen de un flamante candidato a la Comunidad, García Montero, intelectual y persona sosegada, pero en la alcaldía reina un desbarajuste casi de orates. Unos han convocado un referéndum que otros han desautorizado; al final parece haberse producido para rechazar por abrumadora mayoría la opción que favorecía quien lo promovió. No estoy seguro de haberlo entendido bien, naturalmente. La cuestión es si el señor Valiente hace honor a su apellido y confluye por su cuenta y ya no es candidato o se queda de candidato con la perspectiva de seguir siéndolo cuatro años más.
 
Ciudadanos, que viene lanzado en las encuestas, presenta a Begoña Villacís a la alcaldía y a Ignacio Aguado a la Comunidad, dos jóvenes gestores con experiencia e iniciativa que se ajustan a los patrones de renovación que todos predican pero casi nadie aplica. Estos son el peligro de alternativa al PP porque traen un plus ganador: que no están lastrados por la corrupción. Y, por una serie de razones que van intuyéndose, la formación también absorberá un porcentaje de votos de Podemos..

UPyD ha nombrado a Ramón Marcos candidato a la Comunidad y David Ortega al Ayuntamiento. Tienen algo más de dos meses para darse a conocer. Tarea difícil, visto el panorama. Van a tener que vestirse de magenta.  

viernes, 13 de marzo de 2015

Las cuentas de la Gran Capitana.

Según una vieja leyenda, para muchos apócrifa, don Gonzalo Fernández de Córdoba, forzado a rendir cuentas ante el tesorero del Rey Fernando por la campaña de Nápoles, respondió de forma altanera leyendo una serie de partidas, a cual más disparatada. Una de los más célebres y citadas es la de "en palas, picos y azadones, cien millones", pero también había "diez mil ducados en guantes perfumados para preservar á las tropas del mal olor de los cadáveres de sus enemigos tendidos en el campo de batalla" o "ciento sesenta mil ducados en poner y renovar campanas destruidas en el uso continuo de repicar todos los dias por nuevas victorias conseguidas sobre el enemigo", que era la forma de celebrar las campañas electorales del siglo XVI. Y terminaba con uno que resumía el espíritu entero de la rendición de cuentas: cien millones por mi paciencia en escuchar ayer que el rey pedia cuentas al que le ha regalado un reino.

¡Menudo capitán Gonzalo Fernández de Córdoba! Desde el punto de vista de la moral caballeresca, que Palinuro profesa con la fe y la inocencia de Galahad, la respuesta es cabal. Refleja el orgullo del guerrero que vuelve a casa con el botín y los escribas quieren mirarle los bolsillos. Desde el punto de vista del funcionamiento de las instituciones, la honradez y transparencia de la gestión, el servicio público, la rendición pública de cuentas a que todos están obligados, sean generales o alabarderos, es una chulería  inaceptable, propia de un delincuente.

¡Menuda capitana Esperanza Aguirre Gil de Biedma! ¡220,6 millones de euros de campanas y guirnaldas electorales, confetti, pirulís y paciencia para regalar una rica Comunidad a los empresarios de la Gürtel! En tres años. 73,5 millones por año. Dos millones al mes. 170.138 euros al día.  Más que Grande, Esperanza Aguirre es Enorme de España. Una auténtica máquina de gastar dinero público. ¿En qué? En ponerse por las nubes y sin arriesgar el pellejo, como el Gran Capitán que, en lo del valor personal no anda sobrada la moza.
 
Y ese chorro de dinero, esa cornucopia generosa, parecida a las de las apoteosis de los cuadros de Rubens, ¿a dónde ha ido a parar? ¿A qué bolsillos, manos, cuentas?  Seguramente, gran parte de la millonada iba en forma de publicidad institucional, reportajes pagados y otros ditirambos, insertados, ¿en qué medios? Sin duda en aquellos que defienden la libertad de Aguirre de emplear los dineros públicos en ensalzar su gestión.
 
Entre tanto, la oposición, ¿a qué se dedicaba?
 
Esta señora quiere ser alcaldesa de Madrid. Y hay madrileños, según los sondeos, que van a votarla. Debe de sobrarles el dinero.