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domingo, 19 de febrero de 2017

Eso de la igualdad. Apostilla al caso Noos

Alguna perspicaz lectora calificó mi post de ayer (Allá van leyes do quieren reyes) de "benévolo" con la sentencia. Mi intención no era serlo y tampoco ser "malévolo" sino simplemente realista y distanciado. Excluí todo pronunciamiento sobre el contenido porque doctores tiene la Iglesia que ya dictaminarán. Me limité a considerarla una sentencia política no porque su intención fuera esa, sino porque esa ha sido la consecuencia o los resultados. Es absurdo decir que una sentencia que absuelve a una infanta real y condena a su marido no es política en cuanto a sus consecuencias.

Y no solamente es política. La levedad de las penas ha suscitado un sentimiento generalizado de injusticia por mor de la desigualdad de trato que evidencia. De inmediato han abierto fuego todas las baterías ideológicas dinásticas (los políticos, incluidos los socialistas, los medios, los comentaristas) afirmando que la sentencia prueba incontestablemente a) la independencia de la judicatura; b) la igualdad de todos ante la justicia.

No hablaremos aquí de la independencia de la judicatura porque ya habla ella sola. Hablamos de la consigna de la igualdad de todos ante la justicia. Es una mentira que tiene raíces muy largas y por eso omití su relato en el post de ayer. La sentencia no es en sí misma prueba de la desigualdad ante la justicia. Es la consagración judicial de una desigualdad que nace con sus titulares y los acompaña toda su vida. Es la radical desigualdad de oportunidades por motivo del nacimiento. Si Cristina de Borbón no fuera infanta, su destino hubiera sido muy otro, no hubiera tenido un puesto directivo en una institución de crédito ni su comparecenccia judicial hubiera pasado por los avatares por los que ha pasado. Igualmente, si Urdangarin no fuera yerno del rey, no habría tenido acceso a los medios y relaciones que posibilitaron sus estafas. Hasta entre los delincuentes hay clases. Cuántos butroneros darían una fortuna por poder delinquir en las altas esferas entre banquete y banquete.

La sentencia no puede demostrar la igualdad de todos ante la justicia (que, recuérdese, es algo más que la ley escrita porque incorpora la equidad), porque no es verdad. Los justiciables son desiguales cuando entran en el templo de la justicia y salen como entraron o más desiguales.

Dicho lo cual, la declaración de Roca Junyent es de risa. El juicio paralelo o la sentencia paralela, vienen ahora. Y con razón. Lea el señor Roca los comentarios de las feministas sobre la infanta. A lo mejor entiende por qué fue fácil defenderla.

lunes, 23 de enero de 2017

"Delenda est Monarchia"

El 15 de noviembre de 1930 Ortega publicaba en El Sol su artículo "El error Berenguer" que se hizo famoso por terminar, al modo de Catón El Viejo, con un sonoro Delenda est Monarchia!, "la Monarquía debe ser destruida". Tan famoso que para muchos el artículo se titulaba justamente como terminaba, lo cual demuestra que, en nuestro tiempo, la transmisión de la información sigue siendo esencialmente oral, como cuando el mester de juglaría.

La invocación a destruir la monarquía okupó el título porque respondía a un sentimiento muy extendido entonces. La prueba es que cinco meses y un día después se proclamaba la II República. Un sentimiento que sigue siendo muy extendido porque, si bien Ortega pudo envanecerse de ser profeta, al ver cómo la Monarquía tomaba el camino del exilio, nosotros hemos presenciado su retorno. Lo que hace pensar a algunos -pesimistas, a fuer de españoles- que la monarquía borbónica es indestructible. Tres veces dejaron los Borbones de ser reyes (Fernando VII, Isabel II, Alfonso XIII) y otras tantas retornaron con renovados bríos, aunque en medio de las más pintorescas aventuras. Estas, en realidad, los animaban a hacer con mayor intensidad eso que la larga ristra de serviles cortesanos llaman en voz baja borbonear.

¿Qué es borbonear? Exactamente todo lo que ha hecho el primer Borbón de la nueva (y tercera) restauración desde que lo nombraron Rey. La interpretación de Juan carlos en sus casi 40 años de reinado ha sido tan completa que fue necesario por primera vez en la historia jubilarlo antes de que en su disparatada vida en los últimos años se llevara por delante la institución. Su destitución como rey, tras asomarse a la TV a pedir disculpas por su comportamiento disoluto, era un medida preventiva para salvar la monarquía una vez más. Si se consigue, habrá que empezar a admitir su indestructibilidad.

Porque pocos han hecho tanto y tan cualificado por destruirla como su titular entre 1975 y 2014. Apúntense los jalones de esta increíble historia borbónica:

a.- El rey debe su cargo al nombramiento arbitrario de un dictador que se salta la línea dinástica y ante el cual jura fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional. Empieza bien y borbónicamente el monarca con una felonía y un perjurio.

b.- Su papel en la huida de España del Sahara y el abandono de los saharauis, de lo que Martínez Inglés lleva años hablando, queda hoy en evidencia con los documentos de la CIA. Un papel siniestro. Tras viajar a la zona con Franco entubado a arengar a la tropa y prometer el respaldo de España, se puso de acuerdo con Hassan y España entregó el Sahara a Marruecos y Mauritania. Más borboneo y del gordo: entrega de territorios y abandono de la población.

c.- Del golpe de Tejero mejor no hablamos, ¿verdad? Porque sale todo el mundo, socialistas incluidos, pringado de borbonismo hasta las cejas. Un golpe de Estado de pandereta entregado a una especie de general Pavía sin caballo y con menos estrellas.

d.- Y ¿qué decimos de la fortuna que la revista Forbes, una publicación seria en esto de contar los cuartos de la gente, le calculaba hace tres o cuatro años de 2.000 millones de dólares? Nadie en España ha pedido explicaciones, ni la Casa Real se ha dignado aclarar nada de esa futesa. Silencio. Por cierto, ese silencio sumiso de los medios ante los presuntos desmanes del ex-rey es la más vergonzosa prueba de que el último baluarte de la dictadura en España no son el ejército, ni las fuerzas del orden, ni los jueces. Son los medios. Los que han tejido un pacto de silencio para proteger la monarquía hasta de los destrozos causados por su titular. De sus borboneos. Lo cual convierte a estos medios en lacayos y cortesanos, continuadores y cómplices de este régimen cuya intrínseca corrupción arranca de su misma cabeza. ¿De dónde ha sacado 2.000 millones de $ un monarca que, cuando llegó a España a ponerse bajo la tutela del dictador, venía con una mano delante y otra detrás?

e.- Mientras no se demuestre lo contrario, esa pila de millones puede proceder de todo tipo de chanchullos, comisiones y regalías y nunca mejor dicho. Algo de chanchullos el viejo monarca ya sabía cuando aconsejaba a su yerno, lanzado como un bólido a amasar una fortuna por la vía rápida. Lo mismos de él con los lugares en los que situaba a sus amigas que, además de atenderlo en lo íntimo, le organizaban cacerías de otro tipo. Abatía en ellas animales salvajes cosa que compatibilizaba, como buen Borbón, con la presidencia honorífica de la WWF, organización dedicada a proteger los animales salvajes.

f.- La cacería y la ristra de amoríos e infidelidades del rey -dos cualidades tan borbónicas como la afición a los chistes malos- no debieran ser objeto de relación en una ristra de agravios por pertenecer al ámbito privado, íntimo, del personaje. Pero tampoco es así desde el momento en que para ambas ocupaciones, cazar con armas de fuego o con lo que un noble libertino francés llamaba la terza gamba, se valía, según parece, del erario, de los dineros de todos. Esos amoríos chantajeados con una actriz de los que hablan todos los medios porque ya no les queda otra salida tampoco son cosa privada de este trapisondista y galán de noche. Es más, son muy de interés público y si de verdad, el silencio de la interesada se compró con 500 millones de pesetas que se retiraron de los fondos de lucha contra el terrorismo, alguien debe pagar por ello, el mismo rey o el lacayo-ministro que corresponda porque es un delito. Claro que en esto de ser gobernados por delincuentes, los españoles saben mucho.

g.- Y aparece, para terminar el cuadro, esa información de que Juan Carlos agredió a su mujer -a la que venía engañando sistemáticamente- en presencia del jefe de su Casa, Sabino Fernández Campo, uno de esos cortesanos serviles, que solo hablan cuando están despechados. O sea, el borboneo a la enésima potencia. Y tampoco aquí reza lo de la intimidad y privacidad, aunque no haya habido uso de los dineros públicos, aunque cada bofetón a Sofía de Grecia haya salido gratis al erario porque la violencia de género es siempre pública, se ejerza en la calle o en un sótano. Hemos tenido un Jefe del Estado presuntamente felón, perjuro, disoluto, cobarde, mujeriego, corrupto, conspirador y maltratador. Y no, no es el personaje. Es la institución y son los Borbones.

Y no pasa nada porque, a diferencia de la época de Ortega, la prensa ya no está para pedir la destrucción de la monarquía, sino de la República y la democracia.

Y, de paso, de la dignidad ciudadana.

viernes, 6 de enero de 2017

Sigue el diálogo

¿Por qué ordena la fiscalía a los mossos que hagan lo que tienen que hacer? Vigilar los delitos, impedirlos, denunciarlos, perseguirlos. Se trata de la función de los mossos. ¿Es que no la hacían? No debía de ser el caso puesto que la policía autonómica ya había mandado a la Audiencia Nacional un informe documentando 24 casos de delitos de este tipo. Prueba de estaba trabajando a pleno rendimiento. Más parece que el recordatorio de la fiscalía tiene una funcionalidad intimidatoria o amenazadora. Al hacer pública la advertencia de que los guardias estén atentos a la comisión del menor delito, a fin de reprimirlo, lo que se pretende es que sea de conocimiento general la plena disposición de las autoridades a reprimir cualquier conato de sedición o rebeldía. En el fondo, una amenaza del nacionalismo español al catalán.

Otra cosa es que se tipifiquen como delito los "ultrajes" a la corona. Eso sedicentes "ultrajes"no se refieren solo a la corona sino a prácticamente todo el orden político, desde la Constitución al ejército. En realidad, fue a causa de este último cuando se crearon estos delitos tan subjetivos como arbitrarios de los ultrajes e injurias a símbolos, objetos, entes, en la Ley de Jurisdicciones de 1906, aquella vergüenza por el que el Estado alfonsino se sometía a la arbitrariedad cuartelera. La República, con gran tino, la derogó; pero Franco, siempre dispuesto mostrar su faz de dictador, la incorporó a su legislación de seguridad, de delitos contra el ejército y al Código Penal.

Y ahí sigue. Dentro de poco veremos más acciones de desobediencia civil en Cataluña, muchas de las cuales podrán interpretarse como intolerables ultrajes a la corona o a la Constitución y así lo harán los segmentos más profranquistas de la judicatura, como ya está sucediendo. Admitir que un "ultraje" a la corona, a la Constitución, a la casa real sea un delito, cuando es materialmente imposible delimitar objetivamente el alcance del ultraje es abrir las puertas de par en par a la censura, a la represión a la negación de libertad de expresión. Se trata de algo a lo que este gobierno neofranquista es muy proclive, como se muestra por el hecho de haber aprobado una norma tan represiva, dictatorial y odiosa como la ley mordaza, por la que se pretende yugular todo atisbo de debate público.

lunes, 26 de diciembre de 2016

El rey en su corte

Es preciso volver a hablar del discurso de Nochebuena de Felipe VI por el inefable eco que ha tenido en la Corte, en donde casi todos están extasiados ante el real verbo. Los dos partidos dinásticos se felicitan del hondo calado social del monarca. El País se hace lenguas con un editorial almibarado, Felipe VI y la sociedad que le lleva al arrebato místico de ver en un futuro al orador de Nochebuena teniendo que luchar por la Monarquía contra la República. En C's, ya se sabe, la palabra real es doctrina de obligado cumplimiento. La corte entera cenó aliviada escuchando en qué firmes manos se encuentra el timón de esta gran nacion. Solo los de Podemos se rebotaron y afearon al monarca que ignorara el estado de necesidad en que malviven sus súbditos. No está mal, pero es poco y liviano. Porque ese no es el problema, con lo cual su crítica no se diferencia gran cosa de los ditirambos de sus compadres parlamentarios.

No se trata de lo que Felipe VI dijera o dejara de decir, sino de con qué autoridad habla, en nombre de quién y para quién.

El discurso del Nochebuena fue el discurso de Rajoy de la cruz a la fecha. Tanto da que hubieran sustituido al Felipe VI en carne mortal por un autómata para que repitiera las ideas, las expresiones mismas de Rajoy. El rey pone la sedicente autoridad de la corona al servicio de un partido e identifica su suerte con la de este. Reproduce el discurso de un tercio del electorado y se dirige a tranquilizar a ese tercio y a amenazar apenas veladamente al resto. 

Es insólito (y más aun que nadie lo señale) escuchar el jefe del Estado reproducir la doctrina autoritaria y neofranquista de Rajoy, según quien la democracia es la consecuencia del respeto a la ley. No al revés, como creemos los demócratas, esto es, que la ley es consecuencia del respeto a la democracia.

Y también es insólito y hasta indignante que se obligue a decir a esa testa coronada pero poco razonante que no hay que atender a la memoria histórica. 

TV3 no retransmitió el discurso de marras. A la vista de lo que dijo Rajoy disfrazado de Felipe VI, hizo muy bien.

Por lo demás, en la imagen se aprecia que el cuadro del fondo es Carlos III, como decía Palinuro en un post anterior. Lo que no está claro es la autoría. Mi amigo Eusebio Lucía dice que es de Anton Rafael Mengs. Pudiera ser. Goya copió el cuadro de Mengs. Pero a lo mejor tampoco es así. Los retratos que conozco de Carlos III tanto por Mengs como por Goya no coinciden con este de La Zarzuela en un par de detalles esenciales.

domingo, 25 de diciembre de 2016

El discurso de Rajoy

Estuvo muy bien ayer Rajoy caracterizado de Felipe VI. Se le ve rejuvenecido, menos huidizo, con mayor aplomo, no se le cierra el ojo, vocaliza bien y hasta se entiende lo que dice que, en lo esencial, es lo que lleva años diciendo: a) la crisis es historia; vamos de recuperación; b) el independentismo catalán no existe y ojito con que exista; c) el pasado no se toca; la única memoria admisible es la desmemoria.

a) La crisis como pasado. La típica mentira del sobresueldos reiterada por este figura, siempre que no se miren los datos del paro, la dependencia, los subsidios de desempleo, el fondo de reserva de las pensiones o la deuda.

b) Ojito a los catalanes. La democracia, dice Rajoy por boca del Borbón consiste en obedecer a la ley. Ninguno de los dos parece comprender que esa definición es absolutamente imbécil porque dependerá de cómo sea la ley. Las dictaduras (la de Franco, por ejemplo, tan estupenda para ambos) también tienen ley y eso no las hace democracias. La democracia se basa en el consentimiento de la gente y de ese andan los dos escasos.

c) El pasado, lo de las "heridas cerradas" es el habitual insulto de los vencedores de la guerra que no permiten a los decendientes de los vencidos enterrar sus muertos en paz más de 40 años después de la muerte del criminal que ambos veneran y añoran.

Se le entiende hasta lo que no dice. La corrupción no existe y, dentro de poco irá a hacer compañía a la crisis, junto a la rueca y el huso. De la Constitución no se habla y de reformarla, menos aun. En realidad, a estos pájaros, el país les importa una higa. Solo se importan ellos.

El resto de la perorata podría llamarse "relleno real", con retórica flamígera: el esfuerzo de los españoles, el trabajo, el sacrificio para el engrandecimiento de la nación española. Género arenga civil. Con algún broche destinado al tercio más nacional-católico con un ditirambo a la familia ensalzada no por sus valores intrínsecos, sino por su condición de Estado del bienestar privado y subsidiario. La derecha se hace realista.

Este año, como tocaba dar imagen de modernidad, nos han encasquetado un pequeño monográfico sobre las TICs, con la muy novedosa advertencia de que la revolución digital está dando al traste con formas de vida no de siglos, sino de decenios, de hace unos años. Pues sí, ese el tema en el que todo el mundo está perdido porque nadie tiene brújula alguna. Por si acaso, el orador de anoche apuntó a la importancia fundamental de la educación. Justo uno de los capítulos en donde más ha recortado el gobierno del PP. Basta con comparar el porcentaje del PIB que España destina a educación e I+D y el que destinan los países nórdicos.

Un apunte de imagen. Yo suprimiría estos mensajes de Nochebuena en un país oficialmente aconfesional y que tanto recuerdan los discursos de Franco. Por cierto, en las imágenes de plano general, la pared del fondo luce el retrato de Carlos III por Goya. Carlos III es el único Borbón que merece buen juicio general, aunque de modesta ambición, pues ve en él sobre todo "el mejor alcalde de Madrid". Y Goya. Supongo que se trata de un mensaje subliminal de carácter reformista. "Yo no soy como mis antecesores". La cuestión es si le importa a alguien.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Retratos a la brasa

Mi artículo de elMón.cat titulado
Tàctica i estratègia.

El lunes, mientras estábamos en el Romea, tratando nuestras quisicosas, unas gentes a las puertas del Parlamento catalán, quemaban fotos del rey mientras que, en el interior, al estar prohibido fumar, tres diputadas de la CUP se limitaban a romperlas. Todo en protesta por el hecho de que, con anterioridad, los mossos d'esquadra hubieran detenido a tres de los cinco activistas que, en fechas pasadas, igualmente metieron la tea a unos retratos del monarca. Los otros serían detenidos por la guardia civil caminera en el autobús que llevaba a un buen puñado de cupaires a Madrid a protestar por las tres primeras detenciones.

Parece que a la gente de la CUP no le gusta el Rey de España. Lo cual no se entiende del todo bien pues, al ser una organización independentista, poco debiera importarle si el país vecino, España, tiene un rey o siete o una calabaza en el trono. Pero le importa y está dispuesta, como se ve, a prenderle fuego, en principio en símbolo. Y eso, gustará más o menos, pero no es delito. No es delito quemar en la calle el retrato de cualquier ciudadano y tampoco el del monarca que, según la doctrina oficial es legalmente igual a aquel y, si este es quemable, también lo será el del rey.

Los retratos, las banderas, las imágenes, son símbolos y tienen el valor que los seguidores o adversarios quieran darles. En principio, quemar los símbolos que un grupo adora es lo mismo que imponer su presencia a quienes los detestan. Tan provocación es lo uno como lo otro. Tan ofendidos pueden sentirse los otros como los unos. No habiendo un daño o perjuicio al bien común o privado objetivo, material, mensurable, el respeto o falta de respeto es asunto de opinión y, por lo tanto, amparado en la libertad de expresión.

En fin, de eso trata el artículo cuya versión castellana sigue:

Táctica y estrategia

“Ninguna oferta de falso diálogo detendrá el proceso”, decía el lunes el presidente Puigdemont en el teatro Romea. Por supuesto que no. Pero hay más, en las condiciones actuales, en las que viene acompañada de un recrudecimiento de la actividad represiva del Estado, toda oferta de diálogo es necesariamente falsa. Decir que se pretende dialogar con quien se persigue judicialmente y se encarcela es agredir doblemente a la otra parte e insultar la inteligencia de los espectadores.

La oferta de diálogo del gobierno viene acompañada de la exigencia de que se abandone la hoja de ruta y se renuncie al referéndum. Como es de esperar, tratándose de franquistas, este gobierno es incapaz de vislumbrar la idea de que dicha exigencia solo empezaría a ser admisible si viniera acompañada de un archivo definitivo de todas las causas judiciales abiertas contra el independentismo. Solo de este modo se establecería una situación de igualdad, requisito imprescindible de todo diálogo. De no ser así, se tratará de un monólogo de “ordeno y mando” inadmisible, por mucho que guste a este gobierno.

¿Qué eso no se puede hacer porque depende del poder judicial que está separado del ejecutivo y el legislativo? La crisis española solo entrará en vías de solución cuando los gobernantes digan la verdad, en lugar de mentir por sistema. En España no hay división de poderes. No la ha habido nunca. Respecto a las relaciones entre el Parlamento y el gobierno (que depende de la confianza de la Cámara) no la hay desde 1978. Lo que había antes no merece ni una mención. Pero tampoco la hay entre el ejecutivo y el judicial desde la victoria del PP en las elecciones de noviembre de 2011. La permanente interferencia del gobierno y su partido en la administración de justicia y la politización de esta lo dejan bien claro. El mismo gobierno que fuerza al Tribunal Constitucional a proceder cómo y cuándo le interesa y moviliza a la fiscalía en contra de sus adversarios políticos, obligándola a “afinar” sus patrañas es el que puede y debe renunciar a estos procedimientos, eliminar la politización de la justicia y proteger a los ciudadanos en el ejercicio de sus libertades y derechos, entre ellos el de libertad de expresión, que incluye quemar las banderas y los retratos que quieran, siempre que, como objetos materiales, sean de su propiedad.

Vamos aquí al meollo de la cuestión en estos días. Muchas buenas gentes censuran la quema de retratos reales porque, dicen, son provocaciones inútiles que proveen de razones al adversario y constituyen errores tácticos puesto que alejan o dificultan los objetivos estratégicos. De ser esto cierto, en efecto, las quemas y roturas simbólicas serían un error. La táctica debe estar siempre al servicio de la estrategia y, si no lo está, si dificulta el logro de esta quizá no solo sea un error sino una maniobra adversa.

Pero eso no es cierto. Los ciudadanos podemos hacer cuanto no esté expresamente prohibido en las leyes y en ningún sitio se dice que no podamos quemar efigies del rey como podemos quemar las de sus servidores y lacayos. Eso solo puede perseguirse a base de invocar principios etéreos, sin duda incluidos en otras normas por lo demás dudosas, que hablen de “ofender” la dignidad real o cosas similares. Dependiendo de consideraciones subjetivas de este jaez y de la sensibilidad subjetiva de los supuestos agraviados, aquí podría penarse todo, hasta la exhibición de esteladas en los balcones o las camisetas independentistas. Y hasta las conversaciones. Y, ciertamente, hasta las ideas.

No será la primera vez en España y ya estaremos como siempre, volviendo a la Inquisición.

Los ciudadanos pueden quemar imágenes del rey porque todos los españoles, según doctrina oficial, somos iguales ante la ley. Igual de quemables también. Eso es algo evidente en sí mismo, tanto como no ver que la propia idea de provocación es interpretable según distintos criterios. Quemar retratos del rey es perseguible, ¿y no lo es colocarlos por doquier para que presidan los actos públicos de todas las corporaciones, aunque estén compuestos por fuerzas republicanas? ¿No lo es que presidan las tomas de posesión de todas las autoridades, incluidas igualmente las republicanas? ¿No lo es que la justicia se administre “en nombre del rey” y no del pueblo o de la recta razón? Obligarnos a todos a soportar la presencia universal de la imagen real no es provocación, dicen los apologetas de la censura monárquica. Solo lo es que alguien la queme o la rasgue.

Obviamente, la enésima aplicación de la ley del embudo que pone en sus términos el valor de la oferta de diálogo del gobierno.

Desde luego estas falsas ofertas de diálogo no detendrán el proceso. Y tampoco lo hará calificar de provocaciones las respuestas populares frente a las provocaciones del gobierno. ¿No quieren ustedes, caballeros, que la gente queme el retrato del rey? No nos obliguen a soportar en todas partes la imagen de alguien a quien no ha elegido nadie y cuya legitimidad descansa en el nombramiento de un militar felón y perjuro muerto hace casi medio siglo.

sábado, 19 de noviembre de 2016

El hacedor de reyes

Se dice, y es cierto, que la legitimidad de la monarquía es la del 18 de julio. Fue Franco quien nombró rey al padre del actual, sustituyendo por tanto al abuelo, al que no dejó reinar y saltándose la legitimidad dinástica que es la decisiva en la monarquía hereditaria. Franco dejó la monarquía en el paquete del atado y bien atado. Pero, si no hubiera habido alguien capaz de vincular la decisión de la dictadura con el refrendo popular, el intento podría haber fracasado. Ese fue el truco de la transición que muchos celebraron como un procedimiento inteligente mientras otros callaban y una minoría rechazaba el plan.

La fórmula que se encontró entre la reforma y la ruptura diose en llamar "ruptura pactada". Ahora predomina una visión muy distinta de aquella época, una visión crítica y certera, pero tardía. El pasado no puede recomponerse. Los juicios sobre él cambiarán y seguirán cambiando, pero él mismo, no. La Transición consistió en esencia en meter de matute la monarquía en la ley que había de refrendar la democracia. Ese es su núcleo y pórtico de lo que vino después. El punto fue la Ley Para la Reforma Política que, por cierto, se tramitó como octava Ley Fundamental del Estado de Franco, ley de peculiar nombre y no menos peculiar contenido pues habilitaba al pueblo soberano al que recurría en referéndum a ejercer esa misma soberanía que, evidentemente, solo se ejercitaría si el referéndum era positivo. Si fuere negativo, la soberanía regresaría al Jefe del Estado, el heredero de Franco, el rey designado. Y, en efecto, la LPRP se sometió a referéndum el 15 de diciembre de 1976 con resultados apabullantes. Participó el 77,8 por ciento del censo; media/alta en España. Los votos "sí" fueron el 94,17 %; los "no" 2,56 %; los en blanco 2,97 %. Al margen de lo que cada cual piense del contenido, el resultado fue un éxito para los convocantes. El mayor, si no yerro, de todos los obtenidos en las más diversas consultas en los 40 años siguientes. El artífice, casi en solitario, de ese éxito fue Adolfo Suárez.

Suárez fue un gran político. Quizá sea lo único que fue. Pero lo fue. Era relativamente joven cuando se produjo el hecho biológico. Había empezado su carrera política en el Movimiento (era un "azul"), pero se le había muerto el patrocinador. La casualidad lo puso en contacto con el futuro monarca a través de López Rodó,  siendo él capitoste de la RTVE y, por lo tanto, hacedor de su imagen. El resto es anecdótico. La carrera de Suárez terminó tan sorprendentemente como había empezado, con una dimisión de presidente del gobierno que nadie ha aclarado, una revuelta en su partido y una posterior aventura al frente de otro que se saldó con varios fracasos hasta que el hombre decidió retirarse y abandonar sus pretensiones de volver.

Fue entonces, ya retirado de la política activa, cuando propuse a la Complutense que lo nombrara Doctor Honoris Causa. La Complutense aceptó y el rey pidió asistir, es decir, presidir. Pero la investidura hubo de postergarse porque, por aquellas fechas, se habían descubierto las andanzas de Mario Conde y aún estaba reciente la metedura de pata de la Complutense al investirlo a su vez honoris causa con asistencia del Rey. Había que esperar tiempos mejores. Que tardaron en llegar. Pero llegaron. Dos o tres años después, habiendo cambiado el Rector, la Complutense invistió doctor honoris causa a Suárez. Lo suyo había sido una labor de ingeniería política o cómo transformar una dictadura en una democracia sin que se rompa la vajilla. Cierto, mucha gente cuestiona que "aquello" (es decir, "esto") fuera una democracia. Para otros, en cambio, la dictadura no fue una verdadera dictadura. En política se discute todo. Lo incuestionable es que el hacedor de aquella filigrana fue Suárez, el ambicioso joven "azul". Al rey lo nombró Franco, pero lo confirmó Suárez. Y siempre es interesante saber cómo.

Este vídeo, al parecer censurado durante más de veinte años, procede de un reportaje de los años 90 de Victoria Prego que nunca ha dicho nada, que yo sepa. Y quizá ni haga falta. La sensación que produce esta noticia apunta a una especie de ánimo oculto, una conspiración, algo reprobable, para arrebatar la decisión explícita sobre la monarquía a la soberanía popular. Pero no hubo nada de eso, sino hasta lo contrario. El propio Suárez dice que las cancillerías pedían referéndum monarquía/república y añade que Felipe González -entonces republicano- también lo pedía. Pero, según los sondeos, si lo hacían, perdían. Es decir, no dejaron de hacer el referéndum invocando el carácter superior de la monarquía, que no se puede someter a voto popular, sino que lo hicieron por razones prácticas, porque pensaban que lo perdían. Pero eso es bastante razonable. Nadie convoca elecciones si va a perderlas y le es lícito hacer otra cosa.

En lo de "otra cosa" es donde está la insólita habilidad de Suárez que se manifestó con sobriedad gracianesca en los apartados 1 y 2 del artículo 1º de la Ley, dos prodigios de lenguaje performativo pero de segundo grado porque la realidad que crean está implícita: "Uno. La democracia, en el Estado español, se basa en la supremacía de la Ley, expresión de la voluntad soberana del pueblo. Dos. La potestad de elaborar y aprobar las leyes reside en las Cortes. El Rey sanciona y promulga las leyes." Esos dos aparentemente generosos enunciados darían para tratados enteros de Política. Y hasta de teoría literaria. Son la fórmula mágica de la Transición: ¿Quién habla aquí? Curiosamente el Estado español, el de Franco, que ya se había declarado constituido en Reino en otra Ley Fundamental, tan válida como esta. Y ese "Estado español" se hace demócrata y devuelve al soberanía al pueblo así de pasada. El apartado dos es de la mejor literatura picaresca. Tras despojar al Caudillo de la potestad legislativa, se la otorga a las Cortes y al Rey que, por cierto, nadie sabe de dónde ha salido. 

Pero allí estaba, votado por más del 94 % de los electores, personificando una monarquía cuyo nombre no aparece en el texto. No es una conspiración. Es un escamoteo de la institución propia de la tradición picaresca del país y, desde luego, fruto del ingenio de Suárez quien, en efecto, fue un gran político que consiguió lo que se había propuesto sin que sus posibles adversarios lo vieran. 

Ya nunca sabremos cuánta gente hubiera votado por la monarquía en un posible referéndum explícito monarquía/república. Seguro que el 94 %, no. Pero podemos averiguarlo convocando uno, 

viernes, 18 de noviembre de 2016

El Rey está desnudo

La modernidad llegó por fin a San Pedro de los Aguados, si señor. Como en los mejores tiempos del Invicto, paralizaron todo el centro de Madrid, hicieron una parada militar y se constituyeron solemnemente mientras los ciudadanos se buscaban la vida en el endemoniado lío de tráfico. A lo mejor es cosa de llevarse las Cortes completas a la Casa de Campo, ¿por qué no? O, si se dejan donde están, inaugurar las legislaturas por lo civil, sin pompa y circunstancia, que suelen ser caras, engorrosas y aburridas. Y se prestan a unas arengas ampulosas repletas de vulgaridades y de ambigüedades, si no directas mentiras.

El discurso del Rey fue el discurso de Rajoy. Punto por punto. Y con sus mismas expresiones. El monarca se declara comprometido con los principios del "régimen constitucional" que él encarna: "soberanía nacional, separación de poderes y Estado de derecho". Nada de eso es cierto, sino ficticio: la soberanía nacional hacia fuera es inexistente y hacia dentro, problemática; la separación de poderes en la pasada legislatura no existía y en la presente todavía queda la fuerte relación entre el poder judicial y el TC con el gobierno. En cuanto al Estado de derecho, una quimera.

En todo caso, esa parte del real perorar es el equivalente al exordio en el discurso. Lo bueno viene después, en la exposición o narración, que es un relato de la España contemporánea desde la transición en los términos hagiográficos de costumbre, sin mencionar siquiera la cuestión de la memoria histórica. El relato de la derecha, al final del cual siempre hay alguien diciendo eso de que "algunos solo se acuerdan de sus padres..., etc.". Hay que mirar el futuro, dice el Rey porque España es una gran nación, término habitual en las apagadas soflamas de Rajoy.

En la subsiguiente argumentación, el Rey se precia del Estado del bienestar en España y aspira a que la corrupción pase a la historia. Los cortesanos se hacen cruces del valor real al mencionar dos temas que se suponen incómodos para el el gobierno. Ni de lejos. Rajoy ataca con su ojo derecho el Estado del bienestar que defiende con el izquierdo, el que guiña. Y en cuanto a la corrupción es ya el abanderado de la iniciativa de convertir la corrupción en historia. Comparte esa honra con Rita Barberá, que ayer se paseaba por el Parlamento, feliz de encontrarse en casa. El Rey dice ser neutral, pero su voz es la del presidente del gobierno autofelicitándose.

En la peroración el Rey se ha deshecho en alabanzas a la infinita variedad y diversidad de España y sus Comunidades Autónomas y la firme voluntad de seguir todos juntos mientras cultivamos nuestros respectivos jardines. España en singular, esa que, en hallazgo feliz del perorante, "no puede negarse a sí misma". No, claro, ni España ni mi gato. ¿Y no hay aquí cierta alegría en reconocer demasiada diversidad y variedad que alimentará las pretensiones nacionalistas que SM no ha mencionado?

No haya miedo. El Rey sabe el terreno que pisa. Lo dice claro, aunque con retorcida sintaxis: "España (...) de la que el Rey, como Jefe del Estado, es símbolo de su unidad y permanencia". Y lo dice al principio. Mucho ojo, que este es como los anteriores, vacío pero mal intencionado.

miércoles, 6 de abril de 2016

Vamos a suponer

Esta señora tenía y tiene una cuenta en Panamá. En sí mismo el hecho no es delictivo pero no apunta a nada bueno, ¿verdad? No es delito. El delito se daría si en esa cuenta se hubieran hecho operaciones no declaradas a la Hacienda española. ¿Se han hecho? No lo sabemos. Pero lo sabremos según avancen las investigaciones. Lo más probable es que se hayan hecho. Nadie se toma el trabajo de abrir una cuenta en un banco a 12.000 kms. de distancia para dejarla dormir el sueño de los justos. También se averiguará si, habiéndose hecho las operaciones, se declararon a Hacienda.

Ahora, vamos a suponer algo. Las suposiciones son libres, al menos de momento. Si volviera a ganar el PP y los psicópatas de Interior continuaran habría que ver el destino de la Ley Mordaza. De momento va camino del pudridero, así que las suposiciones son libres.

Supongamos que la Infanta Mercedes sea un testaferro (o testaferra) y que el auténtico titular de la cuenta es Juan Carlos, el ex-rey. ¿Qué pasaría?

Nada.

Por eso pasa lo que pasa.

lunes, 4 de abril de 2016

Los Borbones y sus aficiones

El padre del Rey tiene, según la revista Forbes, una fortuna de 2.000 millones de dólares cuyo origen no ha explicado, caza elefantes en Botsuana, mantiene pabellones de caza que pagamos todos y relaciones con princesas que también pagamos todos. La hermana del Rey está metida de hoz y coz en un asunto de mangoneo de pasta pública por un tubo protagonizada por su marido y del que ella era la primera en beneficiarse. La tía del Rey ocultaba una fortuna en Panamá, paraíso fiscal y no explica si declaró ese dinero a la Hacienda de su país por el que todos los Borbones, de sobra lo sabemos, se han sacrificado siempre. No hay más que verlos.

¿Y tienen ustedes alguna duda de por qué los republicanos queremos una República? Para que dejen de tomarnos por idiotas esta manga de apandadores y de reírse de nosotros mientras nos despluma.

Por supuesto El País de hoy, ni palabra de la Infanta Mercedes en portada. Y el PSOE de Sánchez, si acaso, contribuirá a desviar la atención pública de los reyes.

Los siervos protegen a sus reyes, que les escupen encima.

Los ciudadanos queremos nuestra República.

viernes, 11 de marzo de 2016

Engaños del poder

Los análisis políticos suelen ser muy ideológicos, pero también pueden ser puramente lógicos. Es cuestión de ver lo que hay y no lo que uno quiere que haya.

Mariano Rajoy no quiere someterse al control del Parlamento. Es lógico para alguien que no lo ha hecho en los últimos cuatro años ya que su mayoría abolutísima lo liberó de esa tortura democrática y la inutilidad de la oposición en la oposición hizo el resto. Y ello sin contar con su comprobada tendencia a la holgazanería. Pero esta lógica, siendo humana, no es admisible porque falta a la lógica institucional. En un sistema parlamentario ningún poder del Estado puede estar libre de la fiscalización del Parlamento, que es el órgano supremo de poder. El gobierno no puede decidir por sí mismo sus normas de organización; eso compete al Parlamento. Esa tontería del informante del gobierno de que pedir explicaciones a Rajoy sea como pedírselas a Felipe González da verdadera vergüenza. Felipe González es un ciudadano privado (aunque, como se ve, sigue ganando batallas después de muerto) mientras que Rajoy es el presidente del gobierno. Del gobierno. Y el Parlamento es competente para controlar al gobierno. Al gobierno, esté en funciones, en disfunciones (lo que es más probable) o en su lugar descansen. Es el gobierno y tiene que hacer lo que el Parlamento ordene. Si no fuere así, el Parlamento podrá declararlo en rebeldía y privarlo de sus funciones políticas, además de pedir a los jueces que decreten su prisión.

Los Reyes pronuncian la palabra de seis letras, como su modelo Ubu. Y los cortesanos pierden el culo por recordar que siempre han señalado cuán cercanos, cuán próximos a los ciudadanos, a ti y a mí, al común de los mortales, son los Reyes. Son seres normales, de carne y hueso, como tú y como yo. Y por eso dicen "mierda", como tú y como yo, porque nada humano nos es ajeno. Sí, pero no. La justificación no funciona. La Reina no puede escribir "mierda" se ponga como se ponga. Porque mira el escándalo y eso con trabajo de ocultación cortesana. Los medios, los partidos, no hablan de esto. Eso demuestra que lo de la igualdad es falso. Y es lógico que lo sea: si la Reina es igual a nosotros, a ti y a mí, y al señor de la esquina, ¿por qué es Reina? Claro, esto afecta a la lógica misma de la Monarquia, que todavía tiene menos defensa.

Los diputados cobran subsidios de paro de escándalo. Mato, Madina y los otros sesenta y tantos, si de verdad están en paro, que se apunten al paro, como cada hijo de vecino. Y eso suponiendo que estén desempleados porque toda está gente se mueve en un profuso entramado de amistades, enchufes, influencias, favores mutuos y, si quiere, encuentra trabajo de lo que quiera y, además, sin hacer nada. La política representativa no es un oficio ni un empleo sino un cargo voluntario, no genera relación laboral ni su carencia supone derecho a percibir ningún tipo de subsidio. Y mucho menos esas cantidades desorbitadas con las que vivirían familias enteras. La vida activa de los políticos implica una serie de privilegios y tiene su lógica que también lo implique la vida pasiva. Es logico, por un lado, según la lógica pedestre de que "quien tuvo, retuvo", pero es muy irritante por otro.

Los amigos de Podemos sin saber qué hacer con los pactos. Es muy arriesgado criticar a Podemos, incluso ahora que forman parte del poder y ya no son contrapoder, porque salen los verdaderos creyentes de debajo de las piedras, una horda de fanáticos, a linchar críticos, todos ellos submarinos del PSOE y otras fuerzas del mal. La orden hoy es cerrar filas negando que haya tensiones internas en la organización. Solo que sea preciso negarlas ya quiere decir algo. Pero si se observa que la organización no sabe qué va a hacer con las negociaciones, si seguir con ellas o cortarlas en seco, se echa de ver que esas tensiones internas que no existen consumen muchas energías. Porque todavía han de pronunciarse sobre si aceptan negociar o dan un puntapié al tablero y lo mandan todo a nuevas elecciones. Negociar es lógico; ir a nuevas elecciones, también. Lo que no es lógico pretender ambas cosas al mismo tiempo.

Los del PSOE tienen que decidir entre el PP y Podemos. Al menos, a Felipe González le da igual cualquiera de lo dos. Y es lógico. Para González. Y probablemente para mucha más gente. Pero no toda. Otros encontramos preferible que el PSOE elija a Podemos. También es lógico. Así que, en virtud de esa lógica sería estupendo que hubiera un gobierno de izquierda en España y ya se sabe que tampoco será muy de izquierda. El problema es si lo que quiere Podemos es cargarse al PSOE y no aliarse con él. En ese caso es lógico que vaya a nuevas elecciones. Aunque puede ser la lógica del Rey Creso de Lidia quien preguntó al oráculo en Delfos qué sucedería si cruzaba el Halis y atacaba a Persia, a lo que la Pitia contestó que "destruiría un gran imperio", sin precisarle que sería el suyo. 

Es la llamada lógica délfica.

domingo, 14 de febrero de 2016

La rebeldía catalana

Aquí mi artículo de hoy en elMón.cat sobre lo que dice el título: la rebeldía catalana. El mundo independentista es complejo, abigarrado y complicado. Hay muchos catalanes deseando romper con España en todos los aspectos y circunstancias, sin matiz alguno. Hay otros que quieren romper con España por lo que España significa, por su historia, trayectoria y forma de estar en el mundo, que quizá no quisieran romper si España fuera de otra forma, más civilizada, abierta, tolerante, democrática.

Pero no es el caso. Y eso se ve con toda claridad en el modo de enfrentarse a la monarquía española. Hay mucha gente en el Estado de izquierda, de tradición republicana pero, hasta la fecha, nadie ha hecho nada por activarla y convertirla en hechos. Al contrario: si alguien plantea la conveniencia de hacer un referéndum sobre Monarquía/República, se echa encima racimos enteros de políticos, personalidades y personajes de la derecha, el centro y la sedicente izquierda sosteniendo que es una iniciativa inoportuna, que "no toca", que no es algo importante para los españoles, etc. Por supuesto: iniciativas institucionales, como la del Ayuntamiento de Arenys de Munt en Cataluña, de declarar persona non grata a Felipe VI, ni hablar; o las de otros ayuntamientos y municipios catalanes, de retirar nombres, nombramientos y honores a laos Borbones, la Corona o el trono. Todavía menos. En España los dos partidos mayoritarios son dinásticos, cortesanos y los republicanos rezongan por los rincones, pero no hacen nada.

En Cataluña sí emerge un sentimiento antimonárquico y republicano con apoyo popular y eso es ya una buena señal para el republicanismo español. Si alguna esperanza tiene este de que llegue una IIIª República, vendrá en la estela de la lucha de la Cataluña republicana.

A continuación, la versión española del artículo.

La rebeldía cotidiana

(A Muriel Casals)

¿De qué está hecha la historia de las naciones? ¿De grandes batallas, tratados, descubrimientos, declaraciones o de actos menores, diarios, habituales? Las bombas destrozan rocas en un instante, derriban murallas que pueden reconstruirse. La lluvia y el viento las erosionan con la fuerza de los siglos, de modo imperceptible y cambian el paisaje para siempre.

Dice Puigdemont que un día los ciudadanos escucharán por la radio la noticia de la independencia de Cataluña. Por la radio, la tele o internet, que los tiempos cambian, President. Pero, para entonces, no será una noticia sorprendente, un scoop, sino la confirmación de una situación de hecho a la que todo el mundo se habrá venido acostumbrando como el normal día a día de la existencia cotidiana. La conclusión de un proceso que había comenzado mucho antes, encarnado en la vida de las personas.

La desconexión de Cataluña no es solamente cosa de las declaraciones solemnes en sede parlamentaria o las medidas de gobierno con sus formalidades, sus proyectos y evaluaciones. Nada de esto serviría si no viniera apoyado en la voluntad firme, sostenida, generalizada, de la población de aplicarla en su vida ordinaria, en el normal quehacer y la rutina diarias.

Arenys de Munt ha declarado persona non grata en su término municipal a Felipe VI. Los historiadores cortesanos ya estarán glosando el insólito hecho del Rey al que sus súbditos rechazan y en cuyos territorios no puede pisar. En la realidad es un hecho que la supervivencia del Estado depende de su libre aceptación por los gobernados y, no dándose esta, de su capacidad de imponerla por la fuerza. Al día de hoy, la Monarquía española no tiene la primera ni puede recurrir a la segunda. Y ello por los actos libres, concretos, cotidianos, de los habitantes, los que crean conciencia.

En otros casos, son las propias personas no gratas las que facilitan la tarea de la desconexión y dejan patente que no hay otro camino, como cuando García Albiol se ausenta con pompa y circunstancia de un acto de la Generalitat porque en él se falta al respeto al gobierno de España. Se va de donde no le quieren y con él se lleva la representación de un gobierno que no estaba invitado, sino expresamente rechazado en la ceremonia porque no había contribuido un céntimo a la inversión que allí se celebraba.

Es la vida cotidiana la que encauza los rumbos divergentes de España y Cataluña. Cuando Puigdemont reúne el cuerpo consular en Barcelona, el presidente del gobierno español gimotea desde el bunker de La Moncloa que se trata de un acto “lamentable e inconstitucional”. Pero no tiene medios de evitarlo porque, en verdad, el Estado hace ya tiempo que ha hecho dejación de sus responsabilidades en Cataluña.

Y no es de extrañar si se calibra adecuadamente la paradójica situación del Estado y la eficacia de sus aparatos represivos e ideológicos cuando se comprueba que los dos partidos dinásticos, mayoritarios en España, PP y PSOE, con el añadido del tercer partido nacionalespañol, C’s, que en total suman más de dos tercios de escaños de la Cámara, no pueden concertar su acción ni siquiera en el único punto en el que están de acuerdo: frenar la independencia de Cataluña, de Cataluña la republicana.

El municipio de Arenys de Munt es un episodio más de un sentir generalizado en Cataluña y que se reitera una y otra vez en la vida de otros ayuntamientos y localidades, cuando se priva al monarca reinante de honores concedidos otrora en condiciones muy distintas o cuando se suprimen los símbolos callejeros de su presencia, de la institución que encarna o los títulos que ostenta. Arenys de Munt es un ejemplo, una adelantada de un sentimiento que ha ha tomado cuerpo en Cataluña entera: en realidad, Felipe VI es persona non grata en Cataluña entera y eso que debe de ser el primer Borbón que, por necesidad, se ha visto obligado a hablar catalán.

Con él, los catalanes rechazan la Monarquía borbónica, tres veces restaurada en España en doscientos años, la última por obra de una pronunciamiento militar fascista que fue dirigido contra la libertad de España y muy especialmente de Cataluña. Y ese sentimiento antimonárquico que se presume en España pero los españoles son incapaces de imponer es el que los catalanes expresan día a día, hora a hora, pacífica y democráticamente, en su vida cotidiana camino de la independencia.




viernes, 12 de febrero de 2016

La Monarquía choricera

Así como hay repúblicas bananeras, los sistemas políticos comparados comienzan a admitir un nuevo tipo de monarquías, las monarquías choriceras. Las repúblicas del banano viven de cultivar y exportar este sabroso fruto. Las monarquías choriceras, de la elaboración de este típico embutido españolísimo, orgullo de la raza y adorno de la buena mesa, desde el menestral a los reyes.

Las increíbles andanzas del presunto chorizo Urdangarin y su esposa, la infanta Cristina, vinculan a la Casa Real con el pantano de corrupción, latrocinio y basura moral que impera en España bajo el dominio de los dos partidos dinásticos. Más con el PP, desde luego, porque a la derecha le tira la majestad y el oropel; pero el PSOE no le anda muy en zaga, enfangado en la actitud cortesana y lacaya que le han impuesto sus secretarios generales, especialmente el monárquico Rubalcaba. 

El juicio está revelando la insólita aventura de un vividor confiado, seguro de sí mismo por su condición de yerno del Rey anterior y cuñado del actual, Felipe V + I, "el Preparado", un  sinvergüenza apuesto que vio enseguida el negocio de impresionar a un puñado de paletos estilo Matas y otros de su condición, pasándoles por los morros sus privilegiadas relaciones y poderosísimos contactos. Lo mismo que, al parecer, también había puesto en práctica en Valencia con otro puñado de palurdos, Camps, Barberá, etc, a los que deslumbraba con la idea de que el Rey hablara con ellos o les hiciera algún otro señalado favor como cuando el Rey Sol premiaba a algún cortesano preferido autorizándolo a limpiar el real culo cuando SM hubiere aliviado el intestino. 

Porque toda esta trama de corrupción y saqueo del erario descansa sobre la absoluta entrega de estos plebeyos imbéciles, trastornados por los efluvios de la realeza. Los efluvios a lo Rey Sol. Basta con ver cómo había decorado Matas su palacete para percatarse de que se trata de un majadero que había llenado la casa con adornos de un "todo a 100" pero a 100.000. 

La realeza es la cúpula de la aristocracia y la aristocracia debiera ser, como su nombre indica, el gobierno de los mejores. Innecesario decir que es el de los peores. El Rey reinante, el "Preparado", trata de mantener una figura presentable en una familia impresentable: su madre es una beata reaccionaria a la que no se le ha oído jamás nada que tenga el menor interés; de su otra hermana, la infanta Elena, es mejor no hablar; y su padre, el Rey dimisionario, concentra en su persona todos los vicios y defectos que la amarga experiencia del país acumula sobre los Borbones: perjuro, mujeriego, disoluto, infiel, tarambaina, inculto, todavía no ha dado explicación del origen de su fortuna, calculada por la revista Forbes en 2.000 millones de dólares. 

Por supuesto, Monarquía choricera que se sostiene en el silencio cómplice de la clase política española, dispuesta a ocultar toda información relevante a la ciudadanía. Especial mención merece la cobardía de una izquierda, olvidada ya de su republicanismo y dedicada a adular servilmente a estos sujetos que no sirven para nada y ni siquiera son capaces de dar un mínimo ejemplo de mesura, consideración o buen gusto.

miércoles, 13 de enero de 2016

¿A quién está juzgándose en Mallorca?

Este país tiene una deuda inmensa con el juez Castro, ese hombre que, en cumplimiento de su deber, ha instruido la causa cuya vista oral se inició el lunes y en la que, entre otros acusados, se sientan en el banquillo una infanta de España y su marido. Es fácil intuir las inmensas presiones que ha debido resistir ese  representante del Poder Judicial, viendo el papelón que en la primera sesión de la causa estuvieron haciendo el fiscal y la abogada del Estado, empeñados en apoyar a la defensa de la infanta para exonerarla contra viento y marea.

Sí, el país entero debe un homenaje al juez Castro. La base de la civilización es la justicia y la base de la justicia, la independencia y la honradez de los jueces. De cada juez.

Porque no solamente el fiscal y la abogada del Estado defendían a la acusada. Todo el establecimiento mediático, todos los publicistas del régimen, que son muchos y muy bien pagados, todas las fuerzas vivas del orden y la tradición, apoyan que se otorgue a la infanta un trato de privilegio porque, en el fondo, no creen que la justicia deba ser igual para todos.

Sin embargo, el problema no es si esta señora es acusada, juzgada y condenada o no. Aunque parezca mentira, es lo de menos. Su importancia personal es cero. De hecho la Casa Real ya la ha despojado de su título nobiliario y la ha arrojado de su seno, que es como desnaturalizarla.  No, el problema no es ella personalmente, sino lo que representa. Ella no es más que un cortafuegos. De lo que se trata es de eliminar la posibilidad de que la incriminación llegue más arriba, a su hermano, a su padre, a la Corona, a la institución monárquica. Porque, aunque las magistradas ya hayan rechazado dos veces la petición de que Juan Carlos I y Felipe VI comparezcan como testigos, sus nombres seguirán apareciendo, las peticiones seguirán produciéndose y de ellas se harán eco los medios extranjeros.

Por mucho que pretendan evitarlo, en el banquillo de la Audiencia de Mallorca no se sienta sola la infanta de España. Se sienta, se quiera o no, la sombra de su padre (presente en la sala como el espíritu del padre de Hamlet) y el actual Rey en efigie. 

Se sienta la monarquía.

viernes, 25 de diciembre de 2015

La oligarquía tiene miedo

Nooooooo, la cuestión catalana no iba a influir en las elecciones españolas. Iglesias, que se dio una castaña en las catalanas del 27 de septiembre por marrullear con la autodeterminación de Cataluña, ahora se la pone a Pedro Sánchez como conditio sine qua non para negociar, obligado por la señora Colau; él que, como se ve, manda mucho en su partido. 

Nooooo, la cuestión catalana no iba a marcar la política española y ayer el rey Felipe V + I, dedicó casi todo su discurso a hablar de Cataluña sin mencionarla.

¿Se recuerda cuando Zapatero no podía pronunciar la palabra "crisis" ni Rajoy el nombre de "Bárcenas"? Pues el Borbón tiene el mismo lapsus neurótico: habla durante un cuarto de hora de Cataluña sin nombrarla. Quince minutos de un discurso plano,  insufrible, repleto de vulgaridades, anacolutos y simples necedades, solo para reflejar, sin advertirlo, el miedo que tiene la oligarquía española al proceso catalán hacia la independencia, la única ruptura real, republicana, radical que se avizora en un país lleno de revolucionarios de plató y reaccionarios de plasma.

Solo ese miedo a la ruptura catalana, que la oligarquía no sabe cómo parar, explica la densa matraca de (y cito textualmente) la unidad, lo que nos une, lo que hemos hecho juntos, el ser y sentirnos españoles, distintas formas de sentirse español, nuestra nación (España, claro), nuestra cohesión nacional (española, claro), nuestro proyecto común de convivencia, el conjunto de los españoles, la voluntad de entendimiento de todos los españoles, superación de nuestras diferencias históricas, los intereses generales de la Nación (española, claro), todo el pueblo español, unidad y continuidad de España, íntima comunidad de afectos e intereses entre todos los españoles.

Un chorreo, un verdadero lavado de cerebro, una obsesión casi de psicópata, una monserga falsa e insufrible para contraponer una realidad sumisa y reiteradamente alabada (los españoles) a otra insumisa e insistentemente silenciada (los catalanes). Un delirio que no consigue ocultar el terror de esta oligarquía de incompetentes a que, por fin, reviente el invento del que han vivido durante años, siglos.

La facundia de Rajoy estaba en cada párrafo: la grandeza de España (dos veces) y la grandeza del Estado español. Solo le faltó decir al Monarca que esa grandeza se fundamenta en que los españoles son mucho españoles. Y, por supuesto, aparte de la facundia, el autoritarismo de raíz franquista y la amenaza bajo forma de advertencia de que la "ruptura de la Ley" solo nos traerá problemas. Esa Ley que lleva cuatro años administrada por un gobierno y un parlamento dominados por un partido corrupto al que los jueces consideran una asociación de supuestos malhechores y presidido por un presunto corrupto que se ha dedicado a saquear el país.

La corrupción aparece indirectamente mencionada en un renglón y medio, cosa que no está mal para el hermano de una infanta que en unos días se sentará en el banquillo, acusada de delitos contra la Hacienda Pública.

Y si de la corrupción no se habla, de la crisis, menos, salvo para mencionar una situación idílica que es lo contrario del desastre que ha perpetrado este gobierno de incompetentes y corruptos.

Un paseo proforma para hablar de Europa y remate de faena con vuelta a la indisoluble unidad de los hombres y las tierras de España del difunto caudillo Franco, en el fondo el inspirador último de este discurso.

Noooooooooooo la cuestión catalana no iba a influir en nada en la política española. 

¿De dónde sale este pánico atroz que de pronto aterroriza a la oligarquía? Lo ha revelado el subconsciente del amanuense del Rey: si Cataluña se va, ¿puede hablarse de la continuidad de España?

viernes, 13 de noviembre de 2015

Entra el Rey.

El inefable Rajoy quiere hacer en cuatro días lo que no ha hecho en cuatro años. Por la mañana ahueca la voz y hace tremenda aparición en escena mandando sus emisarios del Tribunal Constitucional a avisar a los rebeldes catalanes de que serán réprobos si se obstinan en desobedecer la ley. Él mismo amenaza con no mirar "para otro sitio" en caso de desobediencia, o sea lo que antes se llamaba con más gracia "no hacer la vista gorda". No es como Argos, que tenía cien ojos (aunque tampoco le sirvieron de mucho), así que empleará a fondo los dos de que dispone para que la ley caiga con todo su peso sobre quienes la quebranten. Faltaba más. 

Por la tarde mueve el Rey en el tablero hispánico y lo envía a amonestar a los catalanes sin mentarlos. Lo mete así en un lío político fenomenal, al hacerle leer un papel con su apelmazada doctrina, y adoptar una posición de partido, muy lejos de la función moderadora que se le supone. Y en un estilo amenazador, como el del presidente, muy impropio de las circunstancias: "la Constitución prevalecerá", dice la cabeza coronada, "que nadie lo dude." Y ¿por qué no puede dudarse cosa tan opinable? ¿Está prohibido? Es el estilo típico de la derecha autoritaria. Ni dudar se puede.

Los secesionistas catalanes no solo son secesionistas sino también republicanos, cosa que no suele resaltarse. Pero debe. Pretenden establecer una República catalana independiente. Con esto, la función moderadora se desvanece por entero ya que el monarca es parte interesada en el conflicto. Que se juega la Corona, en verdad. La elegancia le obligaba a no pronunciarse porque lo que está diciendo es que va a ir con la ley y la Constitución en la mano a imponerse sobre los sentimientos de casi dos millones de personas de su reino que no lo quieren de rey.

Contra el independentismo catalán vale todo: el Monarca se pone hosco, según vemos y muy poco en su función, Fitch rebaja la deuda de Cataluña a bono basura, El País sigue con sus editoriales de combate, como ese de Cataluña, humillada con una prosa cada vez más parecida a la del ABC,y el Financial Times reparte leña por igual entre el gobierno central, al que acusa de inepto y el de la Generalitat, al que pide que dé un paso atrás. 

Como siempre en la actividad política de Rajoy, el movimiento ha sido un desatino. Al emplear al Rey como su fiel infantería, ha quemado su último cartucho. Tampoco es muy grave pues, aunque lo hubiera conservado, los republicanos no iban a variar su actitud pero, en todo caso, quemarlo en una salva de fogeo, cara a la galería, es completamente estúpido.

jueves, 16 de abril de 2015

Juegos propios de la edad.


Podemos no se unió a las celebraciones del 14 de abril, aniversario de la IIª República. Por boca de un@ de sus portavoces había hecho saber que “no es tema prioritario para los españoles.” Pasmosa la velocidad de envejecimiento de la joven organización, poniéndose al paso de los partidos de la casta. Esta afirmación reproduce la que suelen hacer los dos partidos dinásticos. Y también el coro mediático en cuya atronadora polifonía jamás se cuela una sola nota del Himno de Riego: la República es pasado remoto, no interesa nadie y, por supuesto, a nadie interesa que interese a alguien.
 
La República ¿no sale en los medios porque no interesa a la gente o no interesa a la gente porque no sale en los medios? Cautiva la sagacidad que late en la más célebre de las teorías sobre la función de los medios en nuestra sociedad, la del agenda setting, esto es: son los medios los que determinan los contenidos del debate público, los que crean la realidad. Una teoría que se reputa verdadera o falsa según nos interese. Los medios ¿apenas hablan de los chanchullos secretos para cocinar el TTIP? Prueba evidente de que los ocultan porque existir, existen. Los medios ¿callan sobre el aniversario de la República, masacrada por un golpe de Estado fascista? Prueba no menos evidente de que no existe y no interesa a nadie.
 
El pragmatismo tiene estas cosas. La causa de la República está perdida. La prueba más evidente es que no ganó la guerra. Y celebrar una derrota es algo que solo hacen los nostálgicos y los catalanes, como se ve en la Diada. Pero estos de Podemos salen a ganar. Se pasan la vida diciéndolo. Nada de perder. Asociarse con perdedores no es acertado. Desde el punto de vista de la táctica electoral, muy oportuno, voto a tal. Pringan.
 
Palinuro participó el día 14 en un acto en memoria de la República. La edad media de los asistentes, así como la de los que fueron a los otros actos en toda España, convocadas por diversas organizaciones, especialmente IU, rondaba la de la jubilación. Apenas había jóvenes. Dentro de unos años dejará de celebrarse el 14 de abril por extinción física de celebrantes y su memoria ya no obligará a nadie a dar enojosas explicaciones.
 
Sin embargo, el 14 de abril conmemora un régimen derribado injustamente por la fuerza y el crimen. El crimen siempre será crimen y el paso de los años y las generaciones no lo convertirá en otra cosa. Sí se dirá que eso pasa con muchos otros crímenes en la historia: la muerte de los Graco, por ejemplo; la decapitación de Thomas More; la noche de San Bartolomé; la ejecución de Olympia de Gouges, etc. Nadie pide que les dediquemos aniversarios. Es verdad pero es porque sus consecuencias ya no inciden directamente sobre nuestro presente (indirectamente, sí, desde luego) como lo hacen las del trágico fin de la IIª República.
 
En todo caso, admitido, es algo transitorio, efímero y pertenece al fuero interno de cada cual. Podemos practica una transversalidad del discurso que no le permite declararse republicana. No quiere banderas tricolores en sus manifas. Pues sí, asunto del fuero interno de cada cual.
 
Al día siguiente Pablo Iglesias acude a la recepción del Rey en Bruselas. La república, no; la monarquía, sí. ¡Ah, pero no es lo mismo! No fue a rendir pleitesía, como el resto de políticos cortesanos, sino que, según él mismo dijo, rompió el protocolo al regalar a Felipe VI, unos DVDs de Juego de Tronos. Ahí quedaba eso: el protocolo roto por un gesto de audacia que coloca a la monarquía en su debido lugar. A su lado, el de los eurodiputados de IU y grupos nacionalistas de no acudir al pase de revista de Preparao es una chiquillada. Algunos hasta publicaron fotos en Face y Twitter con la bandera republicana. Criaturas.
 
En Juego de Tronos, que el Rey asegura no haber visto, encontrará, según el obsequiante, algunas de las claves de la actual crisis política española. Porque él, evidentemente, sí ve y sigue la serie. Hasta le ha dedicado reflexiones en forma de libro. Y suele tomarla como referente, casi tanto como a Anguita.
 
Podía el secretario general de Podemos haber regalado al Rey algún libro de Eduardo Galeano. Y, si temía que la caverna mediática le sacara punta con el que Chávez regaló a Obama, Las venas abiertas de América Latina, podía haber escogido uno de Günther Grass. Pero ha sido Juego de Tronos.
 
Aquí está el meollo de la cuestión. No en el hecho del regalo, sino en su naturaleza. ¿Por qué Juego de Tronos? Obvio: porque es una serie de TV y una serie muy popular, de gran éxito y difusión, criterios esenciales en Podemos, de alcance epistemológico: si algo está generalizado y es popular, es válido, es verdad. Ahí hay que estar y no en los cenáculos de los derrotados, élites inoperantes. Podemos es un partido mediático. Se encuentra siempre en donde estén los medios que fabrican la noticia. Y luego borda el asunto siendo noticia dentro de la noticia.
 
Fotografiarse con el Rey, aunque sea en camisa es otro juego de lo que los especialistas en negociación llaman win-win o beneficio mutuo: Podemos legitima la monarquía y la monarquía legitima a Podemos. Esto va a la par con la galopante moderación de su programa en puntos esenciales como las nacionalizaciones, el salario universal o las jubilaciones, muy en la línea del programa socialdemócrata tradicional y respetable, ese que el actual PSOE ha traicionado vilmente para mimetizarse con el PP, según vieja doctrina de IU aggiornata por Podemos.
 
Se extiende una impresión, una especie de intuición generalizada de que Podemos ha tocado techo en las expectativas electorales y con la aparición de Ciudadanos y el retorno al aprisco de los votantes socialistas, fascinados en un primer momento por el fulgor retórico de los nuevos, comienza el declive. Es decir que, llegadas las elecciones del 24 de mayo, es posible que la organización quede en un porcentaje similar al de la vieja IU, a quien en realidad ha venido a sustituir.
 
No sé cómo corresponderá el Rey al obsequio. Supongo que los reyes no están obligados a reciprocidad de regalos porque no está en su papel agasajar a los plebeyos. Pero, por si acaso le diera por romper también él el protocolo, podía hacer llegar al secretario general un ejemplar de la Anábasis, de Jenofonte.

martes, 14 de abril de 2015

Honi soit qui mal y pense.

Es el lema de la Orden inglesa de la Jarretera, que aparece también en el escudo de armas de Gran Bretaña. “Avergüéncese el mal pensado”, podría ser una traducción aceptable. El episodio histórico es conocido: el honor de una dama principal, trasferido ahora al de todo un reino. Caiga la vergüenza sobre quien sea mal pensado. Es una expresión que contradice de plano la sabiduría convencional corriente por estos pagos: “piensa mal y acertarás”. ¿Con cuál nos quedamos, con la fórmula culta o con la popular? Eso lo decidirá cada quién en su fuero interno.
 
Hoy celebramos el aniversario de IIª República. Palinuro participa en un acto de Izquierda Socialista de Guadalajara bajo la advocación del socialismo republicano. Dice un amigo mío que la expresión es redundante pues el socialismo es republicano o no es socialismo. Así deben de pensar también los de IS pues se sienten obligados a subrayar el carácter republicano del socialismo. ¿Por qué? Seguramente porque el PSOE como partido, salvo que Palinuro ande errado, no tiene prevista actividad alguna de conmemoración de este 84º aniversario de la República. Probablemente haya actos aislados aquí o allá, de IU o del mainstream del partido; pero no del partido como tal. El 14 de abril es un día como otro cualquiera. La República es historia y no podemos celebrar todas las efemérides posibles porque entonces no haríamos nada. Menos de lo que habitualmente hacemos.

¡Pobre República, qué triste es tu sino! Destruida por un golpe de Estado delictivo que provocó una guerra civil de tres años y una dictadura clerical-fascista durante 35. Negada y vilipendiada su memoria por decenios de propaganda fascista, historiografía mendaz y mercenaria al servicio de la dictadura. Todavía hoy falsamente acusada de vicios y crímenes propios de quienes se alzaron en armas contra ella. Difamados y calumniados sus principales protagonistas, muchos de los cuales murieron en el exilio o en las cárceles, fusilados o, simplemente, asesinados en una cuneta. Perdida su memoria simbólica, sustituida por una inundación atosigante de iconografía fascista que en buena medida perdura al día de hoy. Abandonada y olvidada por todos, por quienes la destruyeron manu militari y sus descendientes y también por los de quienes la defendieron de palabra y obra y en incontables casos murieron por ella.

Hoy sigue bebiendo el amargo cáliz del olvido, las aguas del río Leteo. No tendrá homenajes, ni banderas, himnos y grandes discursos. Si acaso los que le haga IU, los grupos de izquierda del PSOE, los fieles círculos republicanos, los laicos, los cuatro masones del Reino y los amantes de las causas perdidas, como Palinuro. Con la precisión de que no todas las causas perdidas le parecen dignas de defensa sino solamente aquellas animadas por la razón, la justicia y el sentido de la humanidad. La de los nazis también fue una causa perdida y muy bien y justamente perdida. No es el caso de la República, una causa injustamente perdida.

Pero nadie quiere reparar en ello ni comprometerse a nada. Será causa injustamente perdida, pero está perdida. Lo mejor es no remover memorias amargas. Que los muertos entierren a los muertos. Los que puedan, porque aún quedan más de 100.000 tirados en fosas comunes y no se sabe quién querrá enterrarlos.
 
Pero honi soit qui mal y pense. El día a día tiene exigencias urgentes. Vivimos en siglo XXI, nos enfrentamos a otros problemas. La política de la memoria es política de la nostalgia y la nostalgia es emoción propia de los perdedores. Y aquí nadie está dispuesto a perder. Todos quieren ganar. Primero, las elecciones; luego, el gobierno; después, la fama y la gloria; y, por último, la memoria imperecedera para el futuro. No podemos enredarnos con la del pasado ni admitir que también sea imperecedera. Algún día los gritos de esos muertos sin sepultura se acallarán para siempre. El silencio caerá sobre la memoria y el olvido sobre la República. Pero no se piense mal, por favor. Nadie cuestiona el ejemplo de los valores de aquel régimen de libertad con el que sus enemigos acabaron a sangre y fuego.

Hay que ganar las elecciones. No se pueden perder votos asustando a los sectores a quienes la República asusta. No es el momento. Tiempo llegará. Y, si no llega nunca, tampoco pasará nada. El PSOE no tiene previsto acto conmemorativo, pero mañana se reunirá con el Rey en una visita de este al Parlamento europeo en la que hablará con todos los eurodiputados españoles. No con todos. Se autoexcluyen los de Izquierda Plural y asimilados. Supongo que también, aunque no estoy seguro, los nacionalistas, pues no se consideran españoles, pero nunca se sabe. Asistirán, probablemente, PP, PSOE, Podemos, UPyD, C’s y algún otro.

El espíritu republicano late, pues, en Izquierda Plural. En los otros, PSOE y Podemos, entiéndase, no es que no lata sino que tienen otros latidos más fuertes. No se piense mal. Lo dicho: hay que ganar las elecciones y no arriesgar la derrota por reproducir memorias antañonas. Me parece bien. Cada cual actúa según le dicta su conciencia.

Palinuro tiene una sola pregunta a ambos partidos. Los dos se afirman partidos de la nación española. Con matices diferenciadores sustanciales, pero con una identidad de fondo: la nación española. La pregunta reza: ¿qué nación es la que no honra a sus muertos? Cierto, ni hoy ni mañana se conmemora algo que tenga que ver con los muertos. Solamente el aniversario del régimen por cuya defensa esos muertos fueron asesinados.

Por fortuna esta pregunta no necesita respuesta. La justicia que esos asesinados esperan de la nación española hace cuarenta años ya no depende de la nación española sino de la conciencia moral y jurídica internacional, de la justicia universal, de los tribunales argentinos, de la ONU, quizá también de la Unión Europea. Pero honi soit qui mal y pense. Nadie tiene nada contra la República y los republicanos asesinados. Sería absurdo equiparar la desidia y el desinterés por la República y los republicanos con la evidente mala fe y el obstruccionismo de las fuerzas políticas herederas ideológicas de quienes se rebelaron contra el orden constitucional republicano, lo destruyeron por la fuerza de las armas y asesinaron después a miles y miles de compatriotas desarmados acusándolos de la misma rebelión que ellas habían protagonizado. Asoma la oreja el refrán de piensa mal y acertarás. Pero sería absurdo acertar aquí, ¿verdad?
 
Absurdo...

miércoles, 8 de abril de 2015

La España eterna.


Ignacio Ramírez de Haro, Trágala, trágala. El Español. Compañía Yllana. Director Juan Ramos Toro.
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Fui a ver el espectáculo de Ignacio Ramírez de Haro con una mezcla de complicidad y envidia previas y a partes iguales. Complicidad pues, por cuanto llevaba leído en declaraciones del autor, mi coincidencia con su punto de vista acerca del destino trágico-cómico de nuestro país es total. Yo también creo, como él, que España es un desastre en cuanto Estado y nación a nada que la comparemos con las otras europeas y que ese desastre se origina en la dominación de una oligarquía ladrona, inútil, vendepatrias, reaccionaria y católica. Un país gobernado secularmente por curas y frailes, militares incompetentes, civiles ladrones y reyes disolutos y estúpidos no alcanza los mínimos necesarios para codearse en lo internacional con otros Estados que han sabido organizar comunidades nacionales libres, prósperas y de peso e importancia en el mundo.

La envidia venía producida porque llevo ya un par de temporadas convencido de que la crónica de este tiempo último nuestro no puede hacerse a través del reportaje ni de la crítica política o el ensayo histórico, sino que debe acometerse como una farsa, como un esperpento valleinclanesco. Es realmente bufo que, después de cuarenta años de una dictadura miserable, cruenta, cerril e inútil, hayamos concluido el círculo de la transición con una vuelta al dominio de la misma estirpe de imbéciles nacionalcatólicos, ladrones y fascistas que alimentaron aquel régimen criminal. Esta convicción me empujaba a vencer mi resistencia a meterme en un terreno extraño y estaba ya casi decidido a hacerlo cuando se estrenó la obra en comentario, Trágala, trágala, suscitando mi inquietud al ver que otro se me había adelantado.

¡Y qué otro! Un dramaturgo con experiencia y con una biografía que añade interés e intriga a su obra. Cuñado de Esperanza Aguirre, probablemente el ejemplo más acabado de esa oligarquía parásita nacionalcatólica y estúpida que lleva trescientos años destruyendo el país, ya estrenó hace diez una obra titulada Me cago en Dios en Madrid, siendo su pariente presidenta de la Comunidad. O sea, el autor va provocando. Y hace bien. Quizá sea la única forma de sacudir la modorra hispana, hecha del maridaje entre los curas de garrote, los señoritos parásitos, los fascistas y militares de opereta y un populacho embrutecido por el pan y toros y TV. Hoy, sobre todo, mucha TV. Así lo entiende precisamente esta Aguirre quien, habiendo organizado un canal de propaganda y ensalzamiento de su persona, de basura insoportable, regido por el favoritismo, el enchufismo, el clientelismo y la falta de dignidad de unos comunicadores dispuestos a lamer el suelo a cambio dinero, tiene el morro de decir que es una TV "plural". Están tan acostumbrados a que nadie les rechiste que dicen mentiras como pianos sin sonrojarse y sin molestarse en disfrazarlas. Una TV poblada de tipos como Sánchez Dragó, Hermann Terstch o Buruaga es tan neutral, independiente y de calidad como una Mesalina virgen o un tigre herbívoro.

Vista la obra, la complicidad se mantiene; la envidia, no. El modo de Ramírez de Haro de abordar el tema de las dos Españas no casa con lo que se me ocurre a mí. Coincido en el planteamiento general del autor, pero no en su forma de tratarlo. Mi último libro sobre La desnacionalización de España se refiere a alguno de los temas más significativos que el dramaturgo expone, como las citas del famoso artículo de Maçon de Morvilliers Que doit-on à l'Espagne? del siglo XVIII, cuando se pregunta qué cabe esperar de un pueblo que pide permiso a los frailes para pensar. También hay paralelismo en rechazar el discurso fantástico, demagógico y falso acerca de la guerra de independencia como crisol de la nación española. Precisamente, su cuñada ha sido siempre abanderada de esa versión barata, carnaza de patriotismo de señoritos ineptos, cuarto de banderas, clero trabucaire y populacho ignaro del surgimiento de la nación española en 1808. A su servicio despilfarró la ultraliberal nacionalcatólica abundantes recursos públicos para seguir con la patraña de que 1808 es el punto de encuentro entra las dos Españas, la tradicionalista, oscurantista de Trento y la liberal y progresista de Cádiz, una mentira en la que están interesados la oligarquía ultramontana de siempre y los débiles estamentos intelectuales que apenas se atreven a hablar y se callan felices cuando los privilegiados les conceden alguna canonjía, un nombramiento, un cargo, unos dinerillos, una columna en un periódico de postín en la aldea o voz en alguna de sus tertulias.

Breve digresión para que se vea hasta qué punto, en efecto, España es, desde todos los puntos de vista, una anomalía y un engendro. Recién nombrada directora de la Real Academia de la Historia (RAH) doña Carmen Iglesias, la institución dice ahora por fin, y gracias a ella, que, al contrario de lo que sostiene la correspondiente voz en su Diccionario Biográfico Nacional, Franco sí fue un dictador. Reflexiónese sobre este paso porque, en su aparente nimiedad, es la clave de la desgraciada historia del país. La RAH reconoce que Franco fue un dictador. Algo elemental, que saben hasta los niños de la Patagonia. ¿Hay algo que celebrar en ello? ¿No está la RAH diciendo una perogrullada? En la Patagonia, sí; aquí, no. La misma RAH imprimió, a grave costa del erario, un diccionario en el que la voz sobre Franco se encargó a un franquista redomado, un hombre de habitual buen juicio pero que, en tocándole al General, pierde el oremus y dice auténticos dislates sobre su adorado caudillo. O sea, la actual RAH no hace más que cumplir con su deber y se queda corta mientras que la anterior cometió la villanía habitual en estos pagos de doblegarse ante la mendacidad, el abuso y la estupidez nacionales. Cosa corriente en un país en el que los jueces están al servicio del poder político y el poder político al de la Iglesia católica. Un país en el que se persigue y reprime a la gente por exponer sus ideas y se premia con dineros generalmente producto del pillaje a políticos ladrones sin escrúpulos. Un lugar en el que empresarios sinvergüenzas labran su fortuna a base de enchufes, coimas, sobornos, estafas y de esclavizar la mano de obra gracias a un marco jurídico debidamente apañado por estos políticos serviles. Fin de la digresión. Tal es la situación actual y la de Fernando VII y esto es lo que el autor pretendía mostrar.

Pero yo no lo hubiera tratado de este modo. La obra se concentra en el reinado del Fernando VII el Deseado, al que presenta como un imbécil, traidor, cobarde, cruel y absolutista. Un Borbón. Nada que objetar. La abyección del país en manos de esta camarilla de truhanes e incompetentes, María Luisa de Parma, su marido Carlos IV, su amante Manuel Godoy y sus hijos, en especial este desecho de la condición humana que fue Fernando VII, es completa y el autor la expone sin concesiones. Si acaso, se queda corto. La historia se entrevera con continuas referencias a la situación actual para hacer verdad el dicho de que en España nada ha cambiado y que el país sigue regido por la Inquisición y la misma mentalidad cerrada de la época fernandina. Pero no creo que este juego con la máquina del tiempo esté conseguido. Al contrario, desmerece bastante. El hilo conductor de la reina Leticia narrando en directo los acontecimientos políticos de la guerra de 1808 -reiteradamente considerada como una guerra civil, cosa bastante cierta- es artificioso, injustificado y la actriz lo remata sobreactuando a cada paso. Es verdad que la acción general lo pide porque todo está visto bajo el prisma de la farsa, la burla y el esperpento, lo cual va bien con el absolutismo borbónico pero no acaba de cuajar porque también este aparece sembrado de chistes y parodias manidos y de escasa originalidad. La cuestión del priapismo del Borbón y la presencia del psicoanalista argentino son sencillamente inaguantables. La guinda la pone la presencia de un Pablo Iglesias Turrión que, sobre ser desafortunada, carece de toda razón de ser como no se trate de recordarnos la perennidad de la lamentable condición hispana.

La obra es una farsa, de acuerdo. Y en las farsas todo es desmesura. También de acuerdo. Y estridencia y burla. Siempre de acuerdo. Procacidad, rabelesianismo, burla y chirigota. Pero todo eso no está reñido con la originalidad, el ingenio, la innovación y el frescor de las ideas. Me temo que no sea el caso salvo algunas excepciones. La historia de Fernando VII y este miserable país del ¡Vivan las caenas! y el Lejos de nosotros la funesta manía de pensar, ambas expresamente citadas en la obra es suficientemente conocida, aunque no esté de más recordarla y recordársela a sus herederos. Pero eso es fácil. Más difícil es vincularla a la actualidad y tal es el punto débil de la obra porque no lo consigue. La aparición de Pablo Iglesias carece de sentido y toda la última parte de la pieza, a partir de la muerte del Deseado en La Granja, sobra,

Tengo mi explicación respecto a esta insuficiencia en la actualización del drama permanente de España y es que el autor queda superado por lo que enuncia pero no alcanza a comprender del todo. Tiene la valentía de decir al público que el grado de imbecilidad, tiranía y cerrilismo de la oligarquía española ha llegado a tal extremo hoy que España está a punto de desaparecer por desintegración territorial. Estoy de acuerdo con el aviso. La fantástica ineptitud de esta banda de ladrones que detenta el poder político, encabezada por un prodigio de estolidez, marrullería y corrupción que es Rajoy, ha conseguido destruir las escasísimas esperanzas que una timorata transición había hecho surgir de contar por fin con un país normal en Europa.

Pero aquí está la divergencia y no es menuda. El mayor riesgo de fragmentación de España viene, sin duda, del soberanismo catalán. Pero el tratamiento que Ramírez de Haro hace de él, sugiriendo que, en el fondo, es una variante del carlismo y, por lo tanto, profundamente hispánico, es en mi modesta opinión, errado y emparenta al autor con los nacionalistas españoles subgénero cínico, esto es, aquellos que quieren desactivar el movimiento soberanista acusándolo de ser justamente lo contrario de lo que es. El actual nacionalismo catalán es un proceso de recuperación no solo de la identidad colectiva de este pueblo sino también de su dignidad como personas en una sociedad libre, abierta, plural y tolerante. O sea, lo contrario de lo que es España.

Y si la rump Spain tiene alguna esperanza de no acabar yéndose por el sumidero de la historia a manos de esta oligarquía de imbéciles, más le vale que vaya aprendiendo de los catalanes en lugar de negarlos.