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sábado, 27 de junio de 2015

Sobre la vejez I. Molon labe.


A B. T., con quien tanto comparto.
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El dicho es famoso; la circunstancia, muy conocida. Llegado a las Termópilas con su poderoso ejército, Jerjes I, rey de reyes, exigió a los trescientos espartanos al mando de Leónidas que se rindieran y entregaran las armas. Los griegos contestaron en lacónico estilo, molon labe, "ven por ellas".

Desde entonces el molon labe ha seguido oyéndose a lo largo de los siglos en todo tipo de conflictos, cuando un bando conmina a otro a entregarse, a rendirse, deponer su actitud, hacerse a un lado, dejar paso franco. La respuesta puede ser un hermoso molon labe.

Viene lo anterior a cuento de esa manía muy generalizada hoy de razonar en los conflictos sociales en términos generacionales. La idea es elemental: así como los días suceden a los días, las estaciones a las estaciones, los años a los años, las generaciones deben suceder a las generaciones, los seres humanos a los seres humanos, como las hojas de los árboles, según Homero. ¿Por qué? Porque es ley de vida que lo nuevo y, por tanto, pujante, sustituya a lo viejo y, por tanto, caduco. Así progresa la especie, a veces a costa de los individuos.

Eso quizá valga para los días, las estaciones, los años o las hojas de los árboles, pero no para los seres humanos, que son libres y cuando son libres. Son ellos los que deciden autónomamente si se van o se quedan, si entregan o defienden la posición. Nadie puede decidir por ellos y menos, el adversario.

Quienes, en nombre de su generación, exigen a la anterior que se retire para ocupar su sitio antes de que la real ley de vida se cumpla en su forma verdadera como ley de muerte, están diciéndole, como los persas a los espartanos, que entregue las armas.

Molon labe.

Es legítimo que una generación aspire a desplazar a la precedente, pero eso no hace menos legítima la resistencia de esta. Quienes sostienen que la generación nueva, en la medida en que puedan identificarla, es mejor por ser nueva, tienen que demostrarlo. Y en una sociedad conflictiva y abierta solo hay un modo de conseguirlo: venciendo. Y solo hay un modo de vencer: convenciendo.

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NB. El anterior es un post de una serie que iré sometiendo a la curiosidad del lector de vez en cuando sobre el tema de la vejez. Habiendo alcanzado la edad en que esta es objeto de reflexión, Palinuro, sin abandonar su misión de llevar la nave al puerto, se propone hacer lo que todos los viejos: hablar de sí mismos, que es lo que les gusta, con el cuento de hacer filosofías sobre la vejez. Pero serán reflexiones palinúricas. La prueba es esta introducción.

(La imagen es una foto de Wikimedia Commons, bajo licencia Creative Commons).

miércoles, 6 de mayo de 2015

Esos abogados comunistas de Atocha
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Es inútil explicar a esta desalmada que los muertos, aunque sean de otro bando, merecen un respeto. Algo que practican los seres humanos, hasta los más belicosos, desde el origen de los tiempos. Que practican hasta los animales. Inútil porque, en la escala de la evolución, Aguirre no llega ni a animal y mucho menos racional. Es un protozoo cargado de maldad y estupidez a partes iguales.

Con independencia de si los abogados de Atocha luchaban por la democracia o por la revolución que, obviamente, no es lo mismo y para Palinuro está  muy claro, nadie tiene derecho a segar sus vidas a tiros. Y ya solo ese martirio los hace acreedores a tanta honra como desprecio merecen sus asesinos y quienes directa o indirectamente, como este protozoo, les bailan el agua.

Por muy servil, acobardada, estupidizada y enajenada que esté la gente en España y en concreto en Madrid, en donde se concentra lo peor del Estado, sigue siendo un misterio cómo alguien tan desprovisto de inteligencia, tolerancia, tacto, buen gusto y formas y tan sobrado de imbecilidad, arrogancia, chulería, beaterío, puede no ya ser candidata a algo, sino atreverse a hablar en público y que alguien la escuche.

Sobre todo lo último: que alguien la escuche. Yo me entero de lo que dice por los comentarios indignados de las gentes sensatas en las redes. Si nadie le prestara más atención que la que merece a lo mejor se callaba de una vez solo por no escucharse a sí misma y morirse de asco.
 
El protozoo que se alzó con la presidencia de la Comunidad a base de sobornar a dos sinvergüenzas, el que financió sus campañas con dineros defraudados al erario, que se valió de una Fundación tramposa como Fundescam para sus trapacerías, el que llenó Madrid de ladrones y sinvergüenzas, todos ellos exquisitos neoliberales que solo robaban lo público a favor de sus propios bolsillos, el que se rodeó de Granados, Lópeces  Viejos, Victorias, Sepúlvedas, "albondiguillas", Güemes, Lamelas, Gonzáleces y otros infusorios del trinque, el mangue, el expolio, el enchufe y la mamandurria.
 
El protozoo que tiene media familia neoliberal chupando del Estado, como ha estado haciendo él toda su vida mientras daba mordidas privatizadoras para enriquecer a una chusma de parásitos que todavía vale menos que él.
 
Ese protozoo se permite el lujo de hablar con desprecio de una gente que, con independencia de su ideología concreta, merece un respeto al que esta gusanera de sinvergüenzas jamás podrá aspirar.

(La imagen es una foto de Wikimedia Commons, bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 6 de diciembre de 2014

La Catrina garbancera visita Madrid.

Pero casi incognito. La embajada mexicana, sita en la Carrera de San Jerónimo, enfrente del Congreso de los Diputados, tuvo la buena idea de organizar una exposición sobre José Guadalupe Posadas (1852-1913) con motivo del centenario de su muerte. Viene con un año de retraso. Pero no es lo peor de este acontecimiento. Peor es su organización y contenido. El material exhibido es muy pobre. Consiste en 80 o 100 ejemplares de los miles de hojas volanderas y páginas de periódicos que Posadas produjo a lo largo de su fecunda vida. Sólo hay un ejemplar, y no de los mejores, de su celebrada Calavera catrina, y algunos grabados más. El resto, la inmensa mayoría de la muestra, son corridos, la forma que toma el romance en México, de su autoría con ilustraciones suyas.

Tampoco esto es lo peor. La muestra es pobre, pero el visitante puede hacerse una idea, aunque no por entero, del genio de este mexicano tan famoso en su país como desconocido fuera de él. Siempre que vaya por la mañana porque, aunque la publicidad de la embajada afirma que la exposición puede verse por las tardes, no es cierto. Al parecer por falta o escasez de personal, se cierra al mediodía. Habiéndonos presentado allí exprofeso para visitar a Posadas, no aceptamos ser víctimas de tanta desidia, protestamos y conseguimos que nos abrieran y pudimos ver la exposición. Quien quiera hacer lo mismo, ya sabe, va por la mañana o monta un pollo por la tarde. La alternativa es sórdida pues consiste en pasear por la zona del Congreso atestada de antidisturbios, prueba de la confianza que los diputados tienen en el pueblo al que dicen representar. La plaza de las Cortes luce también una estatua de Miguel de Cervantes probablemente para que sirva de inspiración a los actuales tribunos quienes, siendo herederos de oficio de Donoso o Castelar, cumbres de la oratoria parlamentaria, no saben escribir y tampoco hablar.
José Guadalupe Posadas es un caso de manual de artista salido del pueblo. Nacido en Aguascalientes de familia muy modesta, no tuvo formación escolar ni académica algunas sino solamente el aprendizaje del oficio de dibujante y grabador al que dedicaría toda su vida. Un hombre con una visión dura y descarnada de la existencia, pues así había sido la suya, muchos señalan en él la influencia de Goya, cosa que es patente. A semejanza del pintor aragonés, reflejó la vida cotidiana de México durante los 35 años de la dictadura de Porfirio Díaz, el Porfiriato y los muy primeros de la revolución. Con sus grabados y dibujos en hojas sueltas o humildes cuadernillos, al estilo de los almanaques finiseculares en España, fue dejando testimonio de los acontecimientos que sacudían la vida de su país: terremotos, incendios, asesinatos, hundimientos, parricidios, secuestros, accidentes, persecuciones. Todos con títulos melodramáticos, oportunas ilustraciones y narrados en rima asonante, como si fueran coplas de ciego. Y ese espíritu tenían. Casos sangrientos y espantosos, como el de un padre que se come a su hijo, eco lejano de la Teogonía y la maldición de los Átridas. Un tipo de narración morbosa que goza de universal aceptación. La mayor parte de la exposición está dedicada a este género.
También se muestran estampas religiosas, figuras de devoción popular a que es muy dada la supersticion católica, especialmente vírgenes como la de Guadalupe, santos y Cristos, todo lo cual se vendía muy bien. Es fama que todos los hogares de México mostraban alguna estampa de Posadas, que venía a ser como el Épinal de América. Su embrujo e influencia acabó traspasando los límites sociales e impregnó la posterior generación de espléndidos muralistas mexicanos, Orozco, Siqueiros, Rivera.
Ya en su madurez, Posadas dio con  la figura de la calavera catrina y se encontró de golpe con un filón inagotable. La calavera adquirió pronto una extraordinaria popularidad que se consagraría años después cuando el citado Rivera la incluyó en su célebre mural, interpretación de conjunto del ser mexicano,  Sueño de una tarde de domingo en la Alameda central. El pintor la representa ya consagrada como el símbolo patrio por excelencia y la adorna con la serpiente emplumada, animal totémico nacional, al tiempo que se figura a sí mismo, de pantalón corto, como si fuera su hijo, y dándole la mano. Con este impulso, la calavera se constituyó en emblema del país y perdió se sentido originario, del que ya nadie se acuerda. En esa calavera tocada con el estrafalario sombrero de plumas, abalorios y telengues, Posadas concentraba su crítica a los sectores sociales enriquecidos bajo el Porfiriato, por eso la bautizó como Calavera catrina garbancera. En su conversión en símbolo de la patria, la catrina se ha dejado lo garbancero.
Pero el mismo Posada se dio cuenta de que, con la Calavera, había entrado en un terreno de infinitas posibilidades y lo aprovechó a fondo. Estuvo años dibujando, grabando e ilustrando todo tipo de asuntos y personajes, mexicanos o no, presentados como esqueletos. Igual que, mucho después, Botero representa todos sus tipos obesos, hasta los caballos o los toros, Posadas los imagina siempre como esqueletos interactuando entre sí, incluidos también los caballos y los toros. El esqueleto de don Quijote arremete contra los malandrines jinete sobre los huesos de Rocinante. Esqueletos son los participantes en bailes y fiestas populares; esqueletos los curas en los velorios; esqueletos las damas de sociedad, los presidentes, los militares y jueces. Una sociedad, un país de esqueletos, especie de socialización de las danzas medievales de la muerte, al estilo de Wolgemut, o Holbein. Pero vistas por un mexicano natural del Estado libre y soberano de Aguascalientes.

domingo, 26 de octubre de 2014

La muerte en Toledo.

Ayer, sábado, asistí a un interesante seminario en Toledo organizado por una asociación de la sociedad civil, compuesta por gentes del lugar y profesionales de la UNED, llamada La peña pobre. Con ese título ya está dicho todo en el terreno económico. Pero no en el intelectual y espiritual, que es el que cuenta. El tema que se trataba –y sigue tratándose hoy- desde muy distintas perspectivas era el de la muerte. Nada menos. La muerte en Toledo. Y en el marco del Castillo de San Servando, antigua fortificación árabe desde la que se disfrutan unas vistas incomparables de la ciudad del Tajo. La asociación, compuesta por gentes encantadoras y motivadas, capaces de aguantar a silla firme cavilaciones dispares sobre tan acongojante tema en unas horas en las que se jugaba el partido Madrid-Barça, está alentada e impulsada por Paz Rincón, colega mía de la UNED y Paco Carvajal, que sabe más de Toledo que Tirso de Molina y Marañón juntos. A ambos mi agradecimiento por permitirme participar en la reunión.
 
Mi exposición habría de haber sido brevísima puesto que consistió en intentar demostrar que la muerte, cuyo tratamiento es una constante en la historia de la filosofía occidental, fuertemente influida por la obsesión cristiana con el fenómeno, es un indecible, algo incomprensible y sobre lo cual, en relidad, no cabe decir nada que no sean vaguedades, topicazos o puras tonterías. En mi apoyo llamé a Epicuro, señalé cómo su indiferencia ante la muerte es la causa del odio cristiano al epicureísmo que, a pesar de todo, ha subsistido  como venero oculto en la historia del pensamiento, según demuestran casos como el de los libertinos (Gassendi, etc) y llega al día de hoy, bravamente defendido por Michel Onfray. No obstante, esa indiferencia no ha conseguido evitar que la muerte haya seguido siendo motivo central de la reflexión filosofica y por eso corona Heidegger su sistema  considerando que el hombre es un ser para la muerte, una forma profunda y obvia de decir que no hay nada que decir al respecto. Por eso, la fórmula enlaza con el famoso final del Tractatus de Wittgenstein: De lo que no se puede hablar, hay que callarse.
 
Y ahí hubiera terminado mi charla. Un viaje a Toledo para decir que sobre la muerte no hay nada que decir. Afortunadamente y a modo de explicación, se me ocurrió hacer una pequeña presentación en pwp, comentando los puntos más interesantes y a vuelapluma de la iconografía de la muerte en la pintura occidental. Desde la Edad Media al tiempo de hoy. La he convertido en un vídeo y es la que espero se despliegue si se pincha en la ilustración de este post, coronado con una reflexión artística sobre la impenetrabilidad de la muerte.