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jueves, 19 de noviembre de 2015

La política de Dios.

Ya están los curas otra vez en danza, metiéndose en política con la orientación de siempre. Ahora la toman con el independentismo catalán y convierten la unidad de España poco menos que en dogma de fe. En realidad, la iglesia española no ha dejado de ser nacionalcatólica nunca. Y sigue en cruzada. Rouco Varela, de la tierra del glorioso manco de barbas de chivo, es un cruzado de la causa, un cura trabucaire en defensa del trono y el altar. Es inútil explicar a los prelados españoles que el clero catalán ve la cuestión desde un punto de vista muy distinto que cabe considerar favorable al independentismo. ¿Van a excomulgar a los curas catalanistas? No parece ni remotamente posible. Así que esta es una batalla que los españoles podían haberse ahorrado.

Pero no lo harán. Es un clero hirsuto, montaraz. Trae causa de la cruzada que arrancó un glorioso 18 de julio. Por eso, según parece, mañana, 40 aniversario del fallecimiento del Caudillo que la Iglesia llevaba bajo palio, se celebrarán quince misas en su memoria y, supongo, por el eterno descanso de su alma. Amén, que descanse, sí, eternamente. Se dirá que son los franquistas, los excombatientes, los veteranos de la División Azul, los que organizan los actos. Pero, para que haya misas, tiene que haber curas que se presten voluntariamente porque, que yo sepa, los servicios de los curas no son como los de los taxis. Y, con los curas, la Iglesia entera honra la memoria del caudillo.

Y no solo honra la memoria del Caudillo sino que sigue su obra. Allí donde Franco había combatido a los homosexuales con la Ley de Vagos y Maleantes, el obispo Reig, de Alcalá de Henares, los considera enfermos y se ofrece a curarlos. Porque está muy puesto en razón que la sexualidad de cada cual solo pueda vivirse según las ordenanzas de uno que no sabe lo que es o, si lo sabe, que todo es posible en este pícaro mundo, debiera callarse.

La Iglesia está en política en España siempre, y del lado de la derecha, de la más tradicional oligarquía. Hace un trabajo espléndido en garantizar la obediencia y sumisión del pueblo controlando el sistema educativo, interviniendo activamente en la organización de la vida cotidiana colectiva organizando las festividades, los ritos, los símbolos y propagando su doctrina a través de medios de comunicación audiovisuales financiados con cargo a las aportaciones que todos los ciudadanos hemos de hacer a su caja.

Con esta intensa actividad política, la Iglesia defiende sus intereses, amplios y muy diversos, como corresponde a una organización que en España es un Estado dentro del Estado, con abundancia de ingresos procedentes de transferencias públicas directas, subvenciones, exenciones de todo tipo y de actividades mercantiles privadas todas ellas acogidas a un sistema de privilegios por el que la Iglesia no paga impuestos de ningún tipo. Eso es lo que la derecha (y el PSOE hasta la fecha) ha conservado y lo que las izquierdas (ahora también con el PSOE en algunas partes) pretenden quitarle.

Vamos, que ganan las izquierdas y empiezan a pedir que la Iglesia pague el IBI. Ganan las izquierdas y empiezan a pedir que la Iglesia devuelva la Mezquita.

La Iglesia en España, ¡qué tema!

lunes, 2 de noviembre de 2015

Breve noticia sobre el nacionalcatolicismo.


Hace un par de días, un comentario de una lectora sobre un post de Palinuro subido a FB, desató una polémica sobre el uso del término nacionalcatolicismo en la prosa palinuresca. El comentario venía a decir que el término en cuestión oscurecía otro lado del catolicismo, el que, para entendernos, llamaremos "catolicismo de base", de creyentes entregados a vivir su fe, ajenos al comportamiento de su Iglesia y que tanto hacen por el prójimo. Como siempre, había argumentos en favor y en contra. Me pilló de viaje y, si bien el tema me interesa moderadamente, pensé que debería cuando menos explicarme algo, por respeto a l@s lector@s, para lo cual necesitaba un poco de sosiego que he pillado ahora de chiripa. Esta es mi posición que, por supuesto, estoy dispuesto a matizar frente a argumentos más convincentes racionalmente y solo racionalmente.

El nacionalcatolicismo es término que designa la coyunda entre la Iglesia Católica (IC) y la dictadura franquista durante la guerra y la postguerra civil. Coyunda total. Fueron los obispos (catalanes, por cierto), los que legitimaron el golpe de Estado fascista como una cruzada. Eso es un hecho. Y la IC fue el principal apoyo del régimen en todos los órdenes, incluido el de la legitimación internacional a través del Concordato de 1953. El franquismo fue una dictadura militar corrupta y criminal con una faceta hierocrática. Dos estamentos fueron sus bases hasta el final: los militares y los curas, que lo controlaban todo, desde el nacimiento y la educación hasta la muerte. Luego nos percatamos de que esa ideología nacionalcatólica no solo explicaba el franquismo (y explica hoy el neofranquismo), sino que, en realidad, retrataba la ideología de la oligarquía dominante española desde el siglo XVI, aunque el nombre solo se pusiera en circulación en el XX. Suscribo esta idea, que es una brillante aportación del historiador italiano Alfonso Boti y que en España gusta poco, incluso entre los círculos teóricamente librepensadores.

Es decir, se usa el término para dibujar el efecto político de la permanente injerencia de la IC en los asuntos del Estado español desde siempre y precisamente para no utilizar el de catolicismo a secas. Esto quiere decir, por tanto, que la crítica que afea en el término nacionalcatolicismo su hipotético olvido del lado humano del catolicismo, no opera. Todo nacionalcatolicismo es catolicismo. ¿Se nos recuerda que no todo catolicismo es nacionalcatolicismo? Sea. No hacía falta porque por eso mismo hablamos de "nacionalcatolicismo" y no de catolicismo a secas. En resumen, la observación es innecesaria.

¿O tiene alguna otra intención? Perdónenme los católicos de buena fe, pero la experiencia de lo que su confesión ha hecho en la historia, especialmente en España, autoriza a maliciarse algo. Lo siguiente: nadie niega la realidad, el valor, el interés, lo que se quiera del "catolicismo de base", aunque cabe preguntar por las dimensiones exactas de esa acción: su necesidad social, su fundamento económico, su utilidad real y otros asuntos no menos espinosos. Las gentes de mi orientación queremos justicia social, no beneficencia. Apreciamos los valores de quienes, llegado el caso, se desviven por los demás, pero señalamos que eso lo hacen muchos otros, gentes del voluntariado, de ongs, del mutualismo y la solidaridad tradicionales en muchos movimientos y, por cierto, muchas veces sin más financiación que la que aportamos voluntariamente quienes los apoyamos y no piden a cambio que su acción sirva para embellecer o compensar por actos de barbarie y tiranía que puedan hacer otros bajo su misma denominación. Supongo que entre los católicos de base los habrá sacrificados y autónomos en lo financiero, valiéndose de sus propios recursos y no de los de la colectividad canalizados por la IC porque, en tal caso, se plantea el también complejo asunto de por qué los recursos públicos han de ser empleados según las convicciones de una confesión concreta.

Pero hay más. Nadie carga sobre los hombros de los católicos de base la barbarie inhumana del comportamiento de la IC a lo largo de los siglos, que se ha arrogado el derecho, entre otros no menos monstruosos, de quemar vivos a los discrepantes en conciencia. Nadie los obliga a creer, como creemos los librepensadores, que si la IC no sigue quemando vivos a "herejes", "brujas", etc, no es porque no quiera sino porque no puede. Pero estaremos de acuerdo en que los católicos de base -esos que no quieren ser invisibilizados- y los quemadores de seres humanos vivos pertenecen al mismo cuerpo místico, como ellos lo llaman. Esa común pertenencia es voluntaria. Cómo los "católicos de base", gente tolerante, abierta, respetuosa y demócrata, supongo, conviven con los criminales que en nombre de su Dios han cometido y siguen cometiendo todo tipo de demasías, es asunto que ell@s ventilarán en su conciencia. También supongo que habrán salido en defensa de los humillados y ofendidos (antes torturados y quemados) en nombre de su fe, como salen en defensa del catolicismo cuando se habla de nacionalcatolicismo.

Solo que no hace falta que lo hagan. Hablamos de nacionalcatolicismo, precisamente para respetar a los católicos de buena fe. Y estos harán el favor de dejarnos poner nombre a nuestras ideas sin querer torcerlas y sin acusarnos ladinamente de hacer con ellos lo que su Iglesia lleva siglos haciendo con nosotros, los no creyentes.

El nacionalcatolicismo es el nacionalcatolicismo. Palinuro sabe lo que dice y sostiene que es uno de los principales (si no el principal) responsable del desastre español.

sábado, 4 de julio de 2015

Lectura veraniega y refrescante.


Ramón Cotarelo y José Manuel Roca (2015), La antitransición. La derecha neofranquista y el saqueo de España. Valencia: Tirant Lo Blanch.
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La antitransición es un balance crítico de la legislatura de Rajoy desde noviembre de 2011 a su conclusión de hecho en el verano de 2015. En estos casi cuatro años, España ha vivido una involución en todos los terrenos y se ha visto anegada por una oleada de corrupción protagonizada por el partido del gobierno, al que los jueces consideran una presunta asociación criminal organizada para enriquecer a sus miembros. El empobrecimiento de la población en general, condenada a pagar injustamente los costes de la crisis, el aumento de la emigración de los jóvenes, sin trabajo en el país, la pérdida de derechos y libertades ciudadanos, el aumento de la explotación de los trabajadores y la expansión de los privilegios de la Iglesia, que vuelve a ser un puntal del sistema político tan importante como en tiempos de Franco o más, permiten a los autores hablar de la derecha neofranquista, pues los gobernantes son herederos ideológico y biológicos de la dictadura, a la par que del saqueo de España por ella perpetrado. No se trata de una “segunda transición”, sino de una negación evidente del espíritu de la primera, de un intento de aniquilarla y retornar a los tiempos del franquismo. Con abundancia de datos y referencias y en un estilo ameno, los autores concluyen que esta legislatura es una Antitransición.

El libro se encuentra aquí.
 
 

viernes, 6 de marzo de 2015

La princesa está contenta.

¿Qué tendrá la princesa? Sencillo, una promesa de que en unos días podrá vestirse un lujoso trajecito y ser el centro de la atención en una ceremonia que no entiende ni puede entender, pero que le han dicho que es muy importante. Y, como se lo han dicho sus padres, en quienes ella confía ciegamente, como buena hija, no duda de que lo será. Sea lo que sea, la culpa no será suya.
 
Va a integrarse ya totalmente en una secta religiosa en la que ingresó en el bautizo y la comunión, dos ceremonias que oficiaron por ella pues ella no tenía uso de razón ni libre albedrío. Por primera vez en su vida va a recibir en su cuerpo la carne y la sangre de su Dios bajo la forma milagrosa de una hostia consagrada. ¿Y quién ha metido estas estupideces en su cabeza?  Obviamente sus padres, en uso de su derecho paterno que no es tan bestia como el de la familia romana (cuyo pater podía vender un hijo como esclavo, por ejemplo), pero tampoco se le aleja mucho porque si vender como esclavo un hijo está mal, esclavizarlo espiritualmente a la estupidez para siempre incluso puede ser peor. Pero tienen derecho. Allá ellos con su conciencia, si es que la tienen y no se la administra el cura de turno. Como si quieren educar a sus hijos en la fe de Krishna o en la mormónica o en las prácticas vegetarianas o nudistas. Nada que objetar.

Pero estos padres no son unos padres cualquiera, sino los reyes de España. Lo que ellos hacen tiene una extraordinaria repercusión. La prueba es que una noticia que afecta a su hija es noticia antes de ser noticia, para regalo de las publicaciones de los infragéneros del corazón y prensa lacaya en general. Los reyes son pieza esencial del poderoso engranaje del  abuso y secular opresión de la oligarquía nacionalcatólica española sobre este triste pueblo, que todavía no ha conseguido liberarse de estos parásitos a pesar de haberlo intentado un par de veces. Es el círculo vicioso del atraso español: gobiernan los curas porque los gobernados quieren. Parece mentira, pero es así.
 
En un Estado aconfesional, el Jefe del Estado es muy libre de practicar un culto u otro o ninguno. Pero no como Jefe del Estado, sino como ciudadanos privados, Felipe y Letizia. Pero insistir en que este sea así no solo es iluso sino hasta un poco ridículo. Imposible evitar que en una sociedad mediática deje de funcionar el negocio de la publicidad y la propaganda sobre el que la Iglesia ha montado siempre el suyo: la ostentación, el lujo, el boato. Dios está con nosotros y el Rey nos obedece. Y la prueba la tienen ustedes en el Boletín Oficial del Estado (esa muestra de la racionalidad moderna) en el que un ministro del Rey ordena a los españoles que crean que su dios ha creado el universo, entre otras necedades.
 
Ignoro lo que pensará esta pareja pero, según todos los indicios, nada. Lo suyo es representar un papel, dejarse llevar por razones y criterios ajenos, carecer de propios. Adaptarse a lo que les dicen y hacer y decir lo que les ordenan en nombre de una interés superior de España que no existe ni ha existido nunca porque esta oligarquía de chupacirios, explotadores y vendepatrias jamás se ha ocupado para nada del bienestar, los derechos y las libertades del pueblo.

sábado, 28 de febrero de 2015

Mosul y el B.O.E.


De acuerdo con una interpretación estricta del libro santo, ese que las tres religiones más sanguinarias dicen seguir, la Biblia, los seres humanos no podemos representar en imágenes nuestras propias creencias. Es absurdo prohibir que sea físicamente visible lo que se empeñan en hacer mentalmente dominante: puedes creer un dios, imaginártelo en tu interior, pero no representarlo. Puedes rezar a tu dios y hablar con él en tu fuero íntimo, pero no pronunciar su nombre. De lo contrario, vienen los "verdaderos creyentes" con mazas y te abren la cabeza a ti y a tus criaturas. O te degüellan. O te queman vivo. Las tres religiones del Libro, mosaica, cristiana y musulmana, repletas de "verdaderos creyentes" son iconoclastas. La mosaica y la musulmana o ojos cerrados. Bien cerrados. La cristiana, más contagiada del mundo pecaminoso y las hechuras del diablo, oscila. Ha habido momentos iconoclastas y momentos iconográficos. Las distintas denominaciones protestantes tienden más a la iconoclastia, son más puritanas y austeras. No llegan ni de lejos al frenesí destructor de los bárbaros islámicos actuales, pero tampoco son el carrusel de estampitas de colores en que se ha convertido el catolicismo.

El mundo entero asiste pasmado a la exhibición de barbarie de los combatientes del ISIS cuando destruyen tesoros artísticos y bibliográficos incalculables que son patrimonio de todos, de la humanidad. Se ve cómo utilizan mazas y martillos eléctricos para facilitarse la tarea. Ni se les pasa por la cabeza que, si pueden utilizar estos medios es, precisamente, gracias al espíritu que llevó a conservar las estatuas. Para ser lógicos con sus creencias estos fanáticos debieran destruir el mármol con los dientes. Pero pedir lógica a tan feroces brutos es como pedírsela a las brutos nobles que, sin embargo, tienen mucha más.  

Quienes se duelen de estos espectáculos, ponen el grito en el cielo por tanta barbarie y piden que se detenga en nombre del arte, la tolerancia, la cultura y la civilización lo hacen mojando un croissant en el café mientras leen en la prensa que el Boletín Oficial del Estado de su país del 24 de febrero de este año contiene la Resolución de 11 de febrero de 2015, de la Dirección General de Evaluación y Cooperación Territorial, por la que se publica el currículo de la enseñanza de Religión Católica de la Educación Primaria y de la Educación Secundaria Obligatoria. Una resolución en la que, entre otras estupideces, se lee que:

No obstante, el ser humano pretende apropiarse del don de Dios prescindiendo de Él. En esto consiste el pecado. Este rechazo de Dios tiene como consecuencia en el ser humano la imposibilidad de ser feliz. Dado que su naturaleza está hecha para el bien, su experiencia de mal y de límite le hace añorar la plenitud que él no puede darse por sí mismo y busca de algún modo restablecer la relación con Dios. Esta necesidad del bien, el deseo de Infinito que caracteriza al ser humano se expresa en las religiones como búsqueda del Misterio.

Interpretación sin necesidad de grandes conocimientos de hermenéutica: que no está el horno para los deliciosos bollos de Mosul y que, por obra del sempiterno maligno, hoy no es posible imponer la religión católica a base de torturas y martillazos, no se puede quemar vivos a los herejes y no es posible prohibir que la gente piense, hable, escriba, pinte con un grado de libertad que, sin ser completo, resulta insoportable para los curas y sus monaguillos en el gobierno.

Pero no tenga nadie duda de que, si pudieran, estos nacionalcatólicos de rezo público, sucia conciencia y vicio privado, quemarían un buen puñado de libros y, de echarles mano, también a su autores.
 
De momento ya tienen publicado en el Boletín Oficial del Estado (sí, ese Estado secularizado, no confesional, de derecho, "desmitificado", burocrático, racional, blablabla), su programa de mano para imbuir en el tierno cerebro de los niños sus desvaríos de secta alucinada. Esa es una conquista que nadie ya podrá reñir al señor Wert, una pica en Flandes para contar a las generaciones venideras. Aquí empieza la recristianización de España, que pide a gritos el cura Rouco Varela desde su franciscana celda en un ático de 370 metros cuadrados en Bailén. De momento viene como asignatura no obligatoria pero evaluable. Parece poca cosa. Jesús nació en un pesebre y, ya se ve en dónde está ahora. La fe renació en un peñasco en Covadonga, pero reconquistó España. La verdadera religión de los auténticos españoles saldrá de esta norma esclarecida del BOE, aportación típicamente hispana a la tradición occidental de las luces y la Ilustración. Trento resucitado. Y a todo esto irá unido por los siglos de los siglos el nombre de esa lumbrera, antiguo tertuliano "progre" de la SER, Wert.
 
Nada me extrañaría que, antes del fin de la legislatura, su compañero de mesa, el pío Fernández Díaz, propusiera su beatificación y una medalla pensionada de la Virgen del Perpetuo Mohín.
 
 

sábado, 13 de diciembre de 2014

La democradura.


Vuelve el franquismo y trae de la mano un neoliberalismo voraz, bendecido por el clero nacionalcatólico. Lo llaman "Neofranquismo", pero ese Neo debe de ser el de Matrix. Es el franquismo más castizo; ahí están los nombres de calles, plazas, lugares, los emblemas, insignias, monumentos, misas, conmemoraciones, fundaciones dedicadas a la memoria del  caudillo, alcaldes que defienden su sacra memoria, curas que llaman a una nueva Cruzada Nacional. Solo falta él, a quien un lamentable hecho biológico privó de su justo título a la inmortalidad.

Vuelve la esencia española. Las corridas de toros declaradas arte y patrimonio cultural del Reino y debidamente subvencionadas. Las atrocidades menores con toros, cabras, burros, gallos y otros animales, no alcanzando el excelso nivel del arte, deben de ser artesanía. Nacional, claro.

Los caciques, figuras reciamente tradicionales, pueblan las noticias, en la mayoría de los casos las de tribunales, porque son pilares esenciales de la tupida red de corrupciones que envuelve el país y sus instituciones. Del franquismo dijo en cierta ocasión un embajador yanqui que era una "dictadura atemperada por la corrupción"; de este neofranquismo cabría decir que es una corrupción atemperada por la dictadura. Es tal el encenagamiento que más que hablar de políticos corruptos debe hacerse de corruptos políticos.

Si la cantidad de casos subiúdice es indicativa proporcionalmente a la extensión del fenómeno, la corrupción es total. Y eso que se trata de una justicia descaradamente intervenida por el poder político, en gran medida al servicio del Príncipe y sus arbitrariedades. Muy al estilo de la dictadura, en cuyo espíritu respira todavía parte de la judicatura. De ello se beneficia asimismo la Iglesia católica, firme impulsora de esta involución general en la que ejerce su poder hierocrático, impone o trata de imponer sus dogmas y aberraciones como legislación civil del Estado y, de paso, hace su agosto parasitando el erario público de mil maneras y dedicada desde hace años a una tarea de reamortización que ya la ha convertido de nuevo en la principal propietaria del país.

En este clima aparece el presidente del gobierno como un Pantocrator a proclamar que la crisis es ya historia. Hemos pasado de ser el enfermo de Europa a ser su locomotora. Algo pasmoso, pero típico de la furia española. Es la Raza. La Gran Nación. Los datos, todos, hablan en contra de este supuesto. Y la conciencia de la gente, toda, incluidos los miembros del gobierno, no da el menor crédito a la hiperbólica declaración. Algo también esencialmente franquista. Recuerda mucho aquella anécdota de cuando a fines de 1943 ya era evidente para todo el mundo que los nazis estaban perdiendo la guerra pero el diario Informaciones seguía dándolos ganadores. El gobierno franquista, en consecuencia, recomendaba a la gente viajar menos y leer más el Informaciones. Ahora recomienda leer toda la prensa de papel y atender a casi todos los medios audiovisuales.

Porque los medios, como los de la Dictadura, están poblados por comunicadores al servicio incondicional del poder político, tanto en los privados como en los públicos; en estos últimos, además, a sueldo directo y generalmente astronómico. Si la consigna es que la crisis es historia, hablarán de ella en pasado remoto a los millones que cobran el salario mínimo de 625,30€ o menos, al 24% de parados, la mitad de ellos sin prestaciones, al 35% de empleados en precario, a los desahuciados a razón de casi doscientos al mes, a las decenas de miles de emigrados, a los dependientes a quienes se ha reducido o eliminado la asistencia.

Si la consigna también es que en Cataluña no hay nada que decidir que incomode al poder central, los mismos medios y los mismos comunicadores levantarán una barrera de prohibiciones, impedimentos, reproches e insultos, llamando a los soberanistas, según les dé, nazis, egoístas, palurdos, totalitarios, medievales, delincuentes y masa de borregos. Menos viajar al norte del Ebro y más leer La Razón. En Cataluña lo que hay es una algarabía de un puñado de nacionalistas rabiosos frente a una inmensa mayoría silenciosa profundamente española.

El poder de los medios se juzga determinante pero, por si acaso no lo fuera, el Parlamento acaba de aprobar y de remitir al Senado un Ley de Seguridad Ciudadana que es una Ley Mordaza, un candado a los derechos y libertades públicas, un ataque represivo y probablemente inconstitucional a la seguridad jurídica de la ciudadanía y su derecho al amparo de los tribunales. Una ley inspirada en la Ley de Orden Público de Franco. Pleitear, discrepar, salir a la calle a protestar es algo que va a quedar reservado a las grandes fortunas. Porque la democracia es suya. Como el erario público. Y la conciencia de los ciudadanos.

"Afortunadamente", piensan algunos optimistas irremediables, "están en ciernes las elecciones que, de eso, Franco, no sabía mucho". Las elecciones, sí, las elecciones. Corren rumores en los mentideros de la Villa y Corte de que andan los abogados del Estado, nuevo vector de propagandistas de la fe nacionalcatólica, buscando triquiñuelas para aplazarlas hasta enero o febrero. Conociendo el talante de los neofranquistas, Palinuro preguntaría de qué siglo. Que tampoco es preciso echar mano de la fantasía. Imagínese que sucede algo en Cataluña que justifique, aunquen sea por los pelos, una situación de excepción. Lo primero que se pedirá aplazar sine die serán las elecciones, quizá con el apoyo de los dos partidos dinásticos. 
 
Encima podrían echar la culpa a los catalanes.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

lunes, 1 de diciembre de 2014

Arte y propaganda.

Hace unos días se inauguraba en el Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa, en Madrid, la exposición A su imagen. Arte, cultura y religión, organizada por la Fundación Madrid Vivo, una asociación conservadora de empresarios y curas, la Conferencia Episcopal Española y la Archidiócesis de Madrid. Los medios ilustraban la noticia con una foto del acto en la que figuraban diez personas, entre ellas la consejera de Educación de Madrid, Lucía Figar, el obispo Osoro, el cardenal Rouco, Ana Botella, la ex-reina Sofía, el presidente del Congreso, Jesús Posada, y la vicepresidenta del gobierno, Sáenz de Santamaria, además del empresario y ex-ministro Villar Mir. Puro antiguo régimen. Puro nacionalcatolicismo que, según, Luis Goytisolo sigue vigente.

Los figurones del trono, el altar, la política y la empresa se hicieron retratar delante de un cuadro de Rubens que representa a Sansón dando muerte al león. Pensé entonces que a lo mejor y, a pesar de los antecedentes citados, la exposición era de verdad de arte y cumplía lo que anunciaba a través de los medios de comunicación de ser una muestra "de lo mejor de la pintura y la escultura españolas" de tema religioso, con piezas de grandes maestros, como Goya, Velázquez, el Greco, Murillo, Rubens, Ribera, Zurbarán, Berruguete, Gregorio Fernández, etc.

Nada más lejos de la realidad. La exposición abarca, sí, unos diez siglos, del X al XX. Pero todas las piezas son de autores (o anónimas) de segunda fila u obra menor de contados maestros. De escultura, nada, salvo cuatro o cinco tallas de Gregorio Fernández y algún otro, ideales para adornar iglesias. Y eso sin mencionar varias muestras de un mal gusto estomagante, como unos candelabros gigantescos de plata repujada, algún relicario, cáliz, arqueta, etc todos de oro, plata, pedrería, pruebas de ese espantoso boato a que tan aficionado es el culto católico desde siempre.

La finalidad de la exposición, su hilo temático, es mostrar el interés y el apoyo de la iglesia al arte en todos los tiempos y actualmente. Es decir, una finalidad de propaganda. Durante siglos, el arte ha sido vehículo de propaganda de la religión, especialmente la católica. Se trata, pues, de que siga siéndolo hoy, si no como antaño, sí para lo hoy necesario. Para redondear el carácter eclesiástico/católico del evento, se cobra una entrada de 7 euros completamente abusiva, primero porque es una institución pública (el Ayuntamiento) y después porque la muestra no los merece. Los organizadores tratan de justificarlo obligando a los visitantes a acarrear esos ridículos audiotrastos con informaciones grabadas sobre algunas obras también teñidas de propaganda católica, como lo están las explicaciones que figuran en las paredes, redactadas con espiritu militante.

La misma clasificación temática de la exposición muestra esa estrecha visión catequística peculiar al catolicismo español: de algunos episodios del Antiguo Testamento a las representaciones del Dies Irae, pasando por la narrativa canónica de la Virgen, vida de Cristo, apóstoles y evangelistas, padres y doctores de la Iglesia, la Iglesia en sí y su peculiar negocio, el memento mori. Cierto que la exposición habla de "arte, cultura y religión", pero por esta última se entiende tan solo la católica. Si no yerro, hay una sola pieza de religión no católica, un fragmento de pergamino de una Torá de Calahorra o Tudela del siglo XV y algunas menciones obligadas por el contexto a las otras dos religiones del Libro. El resto, catolicismo a machamartillo que, por lo demás, es el contenido casi exclusivo de la producción artística española prácticamente hasta el siglo XIX.

Las aportaciones extranjeras, en su mayoría, que tampoco es mucha, flamencos, a veces anónimos, algún Teniers y un Lucas Cranach. El resto, italianos, entre los que destaca un genial Tintoretto con una Judith a punto de degollar a Holofernes. Todo lo demás, pintura española que si, al principio, parecía ser algo más suelta, más abierta, con la implantación del canon tridentino, empieza a agarrotarse cada vez más, hasta desembocar en ese arte acartonado, manoseado, mercenario,  apagado propio de las sacristías, los refectorios de los conventos y los altares de las iglesias. Producción iconográfica, sí y programática, pero de calidad artística deplorable.

Alguna ventaja habría de aparecer: es una pintura (también hay algunas tallas, códices y tapices, siempre del canon de Nicea) poco vista, por encontrarse en su mayoría desperdigada por museos diocesanos, parroquias, cofradías, catedrales, algún banco y colecciones privadas. De varias de ellas hay reproducciones accesibles, pero se agradece ver el original, como el célebre In ictu oculi, de Juan de Valdés Leal, del siglo XVII, que se conserva en la Hermandad de la Santa Caridad de Sevilla replicado siglos después con expresa referencia a él en el cuadro de Gutiérrez Solana, la procesión de la muerte, que el Museo Reina Sofía ha prestado para esta ocasión. Igualmente impresiona un pequeño lienzo de Goya, de 1819, que representa la oración de Cristo en el huerto de los olivos, a quien un ángel aporta el amargo cáliz, que se guarda en las Escuelas Pías en Madrid. Ese Cristo, que debiera proclamarse como adelantado del impresionismo, es una especie de revenant de la principal figura de los fusilamientos de La Moncloa en la memoria de un Goya ya anciano.
 
Si el desocupado lector dispone de tiempo y se divierte viendo cómo se representaba en un momento u otro a San Jerónimo, o los más conocidos episodios de los Evangelios, o el éxtasis de Santa Teresa, aquí podrá pasar el rato. Por mi parte, si tuviera que mencionar una última obra meritoria que, como algunas otras, sobresale de este pantano de mediocridad y beaterío, me quedo con la Virgen del pajarito, de Luis de Morales.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Las dos espadas.


El inevitable obispo soltó ayer una bomba pastoral. Indignado por la claudicación del gobierno en el aborto, lanzó una tremebunda marianítica, llamando "desleal", "insensato" y falto de "rigor intelectual" al presidente del gobierno. Como suena; lo comentaré más abajo. Utiliza el prelado una terminología casi apocalíptica, curiosa mezcla de retórica bíblica ("diabólica síntesis", "estructuras de pecado", "excomunión") y lenguaje ilustrado y tecnocrático ("feminismo radical", "imperialismo transnacional neocapitalista" (sic), el "lobby LGTBQ"), en un batiburrillo confuso que muestra tanto desconocimiento sobre la edad contemporánea como prepotencia en la imposición general de un dogma religioso tan opinable, problemático e incierto como cualquier otro, el musulmán o el judaico, por ejemplo.

Lo que delata el exabrupto obispal, en realidad, es una indignación mucho más profunda. Muy alarmado, monseñor llama ya a la acción política para imponer la doctrina social de la iglesia. Incluso lleva su audacia a proponer por enésima vez la posibilidad de regenerar los partidos políticos mayoritarios, aunque hasta ahora estos intentos han sido siempre improductivos. Es un lenguaje altanero. Invocar la regeneración de los partidos no por la corrupción, la falta de representatividad, sus estructuras no democráticas, sino porque ha habido un choque de carácter dogmático revela soberbia eclesiástica hasta en España, país sumiso a los desvaríos de la religión, y ha irritado a los políticos. Pedro Sánchez, convertido en una especie de cañón giratorio con encargo de disparar a todo lo que se mueva, respondía horas más tarde con una carta abierta de la que también diremos algo. Pero ese sobresalto de los políticos, yerra el punto central de la indignación clerical, que está oculto en la combativa epístola obispal.

Ciertamente, el aborto es cosa de la que la iglesia ha hecho causa mayor, cosa de principios irreductibles, valores, fundamentos. Pero, en el fondo, la trinchera es una avanzadilla de un frente más profundo en que hay dos elementos decisivos: la perpetuación de la supeditación de la mujer negándole un derecho esencial a su vida, y el núcleo de la teología política católica basada en la teoría de las dos espadas del Papa Gelasio. Las dos espadas, forjadas por Dios, son autónomas. En uso de esa autonomía, el gobierno comunicó a la jerarquía la retirada de la ley contra el aborto antes que al pais y al parlamento. Quizá antes que al ministro de Justicia.

Ya solo este hecho obliga a cualquiera con alguna conciencia cívica a preguntarse quién gobierna en España, si el poder civil o la iglesia. Es obvio que los proyectos legislativos más ideológicos de este gobierno, la reforma del aborto y la de la educación, vinieron dictados por los curas. Lógico, creen los gobernantes, acudir a ellos a comunicarles antes que a nadie las dificultades para realizarlas. Sí, cierto, piensa el obispo; pero no es bastante. La teoría de las dos espadas afirma la superioridad de la espiritual sobre la terrenal; esta es autónoma excepto en aquellos casos que afectan a cuestiones espìrituales, privativas de la iglesia. En ese caso el poder espiritual prevalece sobre el temporal. ¡Justo lo que no ha pasado! El gobierno, aleve, ruin, cobarde, traidor, ha faltado a su obligación. La segunda espada se ha alzado sacrílegamente contra la primera. Procede la excomunión, gruñe el obispo y no cualquiera sino latae sententiae, en el momento del pecado/delito, porque el aborto es, sobre todo, un pecado.

Esa es la razón de la furia obispal, expresada con muchas protestas de respeto a las autoridades, pero tanto más enconada cuanto no puede hacerse pública: si cedéis en el aborto, acabaréis practicando el regalismo, el laicismo, el relativismo, relajando el control sobre esas enemigas del cuerpo místico que son las mujeres y hasta aceptando que la iglesia deje de financiarse con cargo al erario público y la sostengan los fieles. Y eso ya son palabras mayores.

Así que el obispo entra a saco. Rajoy, el desleal, ha inclumplido su promesa electoral en relación con el aborto. O no se ha enterado de que el hombre lleva tres años incumpliendo sus promesas electorales, lo que sería grave, o eso le importa una higa, lo que sería peor viendo los parados, los jóvenes, la violencia de género, los desahucios, la pobreza infantil. Da igual. Rajoy es un "insensato" y carece de "rigor intelectual". Esto último es obvio; basta con oírlo hablar. Pero quizá el obispo debiera vigilar el suyo. Al igual que Ruiz-Gallardón, por darse aires de enterados en las líneas actuales de pensamiento social, político, filosófico, utilizan conceptos que no entienden o que instrumentalizan de forma lamentable, ridículo. No es exagerado decir que el párrafo siguiente muestra la necesidad de que el prelado se informe algo más porque, en verdad, es que no tiene ni idea de lo que dice, o vaya al psiquiatra: el Partido Popular es liberal, informado ideológicamente por el feminismo radical y la ideología de género, e “infectado” como el resto de los partidos políticos y sindicatos mayoritarios, por el lobby LGBTQ; siervos todos, a su vez, de instituciones internacionales (públicas y privadas) para la promoción de la llamada “gobernanza global” al servicio del imperialismo transnacional neocapitalista. Substitúyase el lobby LGBTQ por los protocolos de los sabios de Sión, el Partido Popular por el Liberalismo, el feminismo radical y la ideología de género por la masonería y el judaísmo internacional, la gobernanza global por la tiranía de Satanás y el imperialismo transnacional neocapitalista por el Anticristo y el discurso es el de siempre.

Pedro Sánchez se ha sentido obligado a pergeñar una carta abierta que ha publicado en Twitter, con buena intención, pero con falta de enjundia. Una carta de protesta, sí, pero también sumisa, redactada en esos términos conciliatorios que luego impulsan al PSOE cuando tiene el poder a confraternizar con la iglesia, no en todos los aspectos, pero sí en algunos cruciales en los que el socialismo, típico producto del enteco nacionalismo español de raíz liberal, se pliega a las exigencias del nacionalcatolicismo, verdadera maldición de los españoles. La carta contiene protesta, pero rezuma respeto. El PSOE ha pedido a la jerarquía que releve al obispo de Alcalá, seguramente en la creencia de que su sustituto sea menos brutal. Pero no es esta la actitud que un partido heredero de la ilustración europea (ya que la española ha dejado escasa herencia) deba adoptar ante un episodio de esta naturaleza en el que se juega un asunto fundamental para la sociedad española y su convivencia, de la que habla Sánchez, pero sin referirse a nada específico.

Y lo específico está al alcance de todos: acometer de una vez por todas la separación de la iglesia y el Estado en España; denunciar los Acuerdos con la Santa Sede de 1979 y el Concordato de 1953; suprimir el presupuesto de culto y clero y hacer que la iglesia se financie por sus propios medios y cumpla sus obligaciones fiscales como todos los ciudadanos. Solo así conseguirá alguna autoridad moral para hablar de las cosas del común. En caso contrario, el que se da ahora mismo, la iglesia actúa con evidente falta de legitimidad y de autoridad, puesto que arremete contra las decisiones de un Estado del que vive. Y, por cierto, opíparamente.
 
De eso, en la carta de Pedro Sánchez no hay ni palabra. El obispo montaraz, al oír que se le critica tan respetuosa como sumisamente pensará en recia tradición española: ahí me las den todas.

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La segunda imagen es una ilustración de Frantisek Kupka titulada el dinero para la revista anarquista L'assiette au beurre, del 02/11/1901.