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lunes, 29 de agosto de 2016

Glosas a un pacto inútil

Cumpliendo su nueva tarea de correveidile del gobierno, El País sostiene en portada que el pacto entre el Sobresueldos y Rivera está pensado para ganarse al PSOE. Dudo de que esté pensado para eso. No porque no lo esté, sino porque no veo a estos pensando.

En todo caso, desde el momento en que el PSOE se reafirma en su NO es NO, el pacto no sirve para nada. Han tenido que perder el tiempo negociándolo y firmándolo porque no podían permitirse ir al pleno de investidura con las manos vacías, pero hubiera dado lo mismo que firmaran las hojas en blanco o un catálogo de Ikea. Ese pacto está muerto antes de nacer por más que sus signatarios traten de hacer ver lo contrario. Es un cadáver y nada exquisito. Es un cadáver ridículo. Porque es ridículo firmar un pacto anticorrupción con un partido imputado en los tribunales por corrupción y dirigido por un presunto corrupto, cobrador de sobresueldos de caja B.

El presidente sobresoldado está furioso porque, a pesar de esa hoja de papel mojado, no consigue que Sánchez dé su brazo a torcer en pro de la abstención. Por supuesto, es inutil hacerle ver que, si ha sido incapaz de cumplir su propio programa, nadie creerá que ahora vaya a cumplir el de otro. Así que este pacto que tanta tinta mueve podía escribirse en el viento. No tiene la menor consistencia ni posibilidad. Es un despilfarro de dinero y de tiempo de todo el mundo.

No obstante. Veamos algo de su contenido porque este impulsa a algunos a pedir que el PSOE se sume. En el PP es argumentario decir que el pacto es muy parecido -si no igual- que el que firmaron hace unos meses el PSOE y C's, con lo que parece obvio que el PSOE debiera apoyarlo. Como todo lo que sale de alguna cabeza pepera, el razonamiento no puede ser más necio: porque si el PSOE debe apoyar hoy un pacto entre el PP y C's porque es igual al suyo, ¿por qué el PP votó en contra de aquel en primer lugar? Parece un argumento de verdaderos idiotas, ¿verdad? Lo es.

Tampoco es cierto que los dos pactos sean iguales ni mucho menos. Léanlos. Verán ustedes que este es mucho más conservador y antipopular que el anterior. Solo por citar un factor: allí donde el primer pacto prometía revisar los Acuerdos con la Santa Sede, este otro lo omite. Y así todo: es un pacto reaccionario. Dice Rivera que, aunque no sea el pacto ideal, sirve para desploquear la situación en españa. Falso. El pacto no sirve para nada. Ni para desbloquear la situación. Si el Sobresueldos y Rivera se hubieran reunido a jugar al dominó habrían perdido menos el tiempo.

Dicen los de Podemos que ese pacto demuestra a posteriori cuánta razón tenían al votar "no" a Sánchez en la investidura anterior porque, como se ve ahora, C's acabaría haciendo pareja con el PP. Otra mentira tan obvia como las del PP, con el que Podemos cada vez tiene más cosas en común por su común odio al PSOE. El pacto no es el mismo, dicho queda. Por tanto, las situaciones no son equiparables. Y, en todo caso, el voto "no" a Sánchez en la primera investidura no fue por el pacto con C's, sino porque en Podemos manda Anguita e Iglesias no es sino una marioneta en sus manos. Y mientras Anguita mande, con su viejo jefe de filas e intelectual orgánico (mucho más orgánico que intelectual) Monereo, el mundo no verá alianza alguna de PSOE y Podemos. Este está obsesionado con el sorpasso, único factor que daría algún sentido a la también inútil vida de Anguita y sus anguitillas.

La diferencia entre los dos partidos emergentes, C's y Podemos (ambos destinados a hundirse si hay terceras elecciones) es que, mientras el primero encaja bien las críticas y entiende que es función de los opinadores enjuiciar su actos, los de Podemos reaccionan con verdadera histeria de fanáticos. En cuanto asoma una crítica al amado líder en Twitter o a cualquiera de sus pintorescos dirigentes, salta una tromba de trolls recurriendo a todo tipo de descalificaciones, infundios y calumnias. A mi me pasa bastante: se lanzan como enjambres de avispas rabiosas, acumulando ataques de cualquier clase, insultos personales (son siempre agresiones ad hominem, nunca un intento de razonar o contraargumentar), puras mentiras con ánimo de linchadores. Se suman algunos publicistas y periodistas militantes o muy próximos a Podemos, respaldados por su organización y sus periódicos y televisiones u otros medios desde los que actúan. Gente incalificable a la que no le da vergüenza sumarse a un intento de linchamiento colectivo a un hombre solo protagonizado por una turba de analfabetos.

El fracaso de este pacto que los de Podemos ya se prometían sería también admitido por el PSOE los ha dejado exactamente en donde siempre han estado: en la pinza con el PP para tratar de deshacer al PSOE. Pero, viéndose a punto de unas terceras elecciones en las que se les anuncia un fuerte descenso en votos, están desesperados porque los socialistas no responden a sus arrogantes vaticinios.

Y, sin embargo es bien sencillo: si el PSOE se cierra en el NO es NO y no hay modo de que se forme un gobierno del PP, que sea Podemos quien se abstenga el martes. Es lo que le pide el cuerpo: la sempiterna pinza de los comunistas contra los socialistas.

miércoles, 27 de abril de 2016

Cataluña y el gobierno de Madrid

Aquí está ya mi artículo de hoy en elMón.cat. Justo en este momento en que Cataluña camina hacia la independencia, en Madrid no hay gobierno central. Mucho peor: después de cuatro años de un verdadero desgobierno, hecho de rapiña, saqueo, corrupción, arbitrariedad, nepotismo, neofranquismo, beatería, después de cuatro años de un gobierno nacionalcatólico, más estúpido y meapilas que los de Franco, nos encontramos con un vacío de poder. Y vaya usted a saber hasta cuándo durará, dado que, según todos los indicios, les resultados pueden ser un calco de los que dejaron las elecciones del pasado 20 de diciembre.

Barcelona y Madrid, Cataluña y España, han vivido generalmente de espaldas. Un noventa y tantos por ciento de los españoles no solo no sabe catalán sino que ni lo entiende y un porcentaje también muy elevado se cabrea cuando los catalanes lo hablan en su presencia porque cree que lo hacen para fastidiar. Llegar hasta aquí sanos y salvos ha sido un milagro. Seguir adelante será un portento.

Es interesante peguntarse qué interesará más a los independentistas catalanes, si que haya o no haya gobierno en Madrid. No adelantaré mis conclusiones. Aquí puede leerse la versión castellana del artículo:

¿Importa en Cataluña el gobierno de Madrid?

A primera vista se diría que sí, al menos mientras lo que se decida en Madrid influya en Cataluña. Pero ¿para qué importa ese gobierno? Suele decirse en estos casos que para tener un interlocutor. Sin embargo eso no es decir mucho porque lo habitual es la falta de interlocución con Madrid o, cuando se da, la interlocución negativa. Madrid es el muro del no o el del silencio. Madrid y Barcelona son dos entes que, en el mejor de los casos, se “conllevan” orteguianamente; en el peor, se enfrentan; y entre medias, en situación de normalidad, se ignoran.

Pero ahora, con un proceso de desconexión en marcha, la habitual mutua ignorancia quizá no sea la actitud más inteligente. De ahí que los sectores políticos con una mínima sensibilidad democrática hayan hecho movimientos de tanteo, a ver cómo están las circunstancias. Los tres dirigentes de la oposición han ido a ver a Puigdemont y Puigdemont ha tomado la iniciativa de presentarse en La Moncloa con una lista de cuestiones pendientes de solución que ya se acercan al medio centenar.

La reacción del Estado, ahora en funciones, ha sido la habitual del enrocamiento imperial y carente de todo ánimo dialogante y democrático: no a la petición principal de una consulta y para las 43 restantes, nómbrese una comisión de viceautoridades que en España equivale al silencio. Como siempre: no y silencio hasta cuando no hay gobierno. ¿Merece la pena que lo haya? Según los políticos españoles, sí, aunque no lo demuestren con sus actos. ¿Merece la pena a los catalanes? Eso es lo que hay que matizar.

Se diría que, a los efectos de los fines estratégicos (independencia en la Generalitat, unionismo en el gobierno de Madrid) conviene que los dos gobiernos sepan a quien llamar en caso de necesidad. Pero eso puede ser inercial. Cuando hay gobierno en Madrid, aunque esté en uso pleno de sus competencias, a los efectos catalanes, siempre está en funciones, porque carece de estrategia alguna que no sea la conservación del statu quo. El statu quo que le ha llevado a que no haya gobierno, como puede verse.

Los nacionalistas catalanes han colaborado muchas veces a la gobernación de España y han sido decisivos en bastantes de ellas no siempre al gusto de todos. Pero, desde la decantación del nacionalismo por la independencia, esta tradición no tiene sentido. Los diputados catalanistas solo pueden coadyuvar a la formación de un gobierno en España que se comprometa a facilitar la autodeterminación con posible secesión catalana. Es decir, España solo puede tener gobierno si el gobierno trabaja contra España. No es una contradicción nueva. Los gobiernos de España siempre han trabajado en contra de España. Lo que sucede es que ahora la contradicción sale a la luz y pone de relieve el problema en toda su crudeza: que no es la “cuestión catalana”, sino la cuestión de la viabilidad de España.

En estas circunstancias y luego de los tres meses de negociaciones para la formación de gobierno en Cataluña, finalmente exitosas, y de los cuatro meses para la del gobierno en España, finalmente fracasadas, la conclusión lógica desde el punto de vista catalán es que allá se las compongan en Madrid y nosotros a lo nuestro. Porque, salga lo que salga en las próximas elecciones españolas, lo más probable es que la relación de fuerzas en el Congreso de los Diputados sea parecida a la que hay ahora y la capacidad de incidencia de los independentistas catalanes sea también similar, porcentaje arriba o abajo.

Es decir, no es en absoluto descartable que, con esta situación de bloqueo y crisis institucional, corrupción e incompetencia, en España siga sin haber gobierno O que el gobierno hoy en funciones siga en funciones otra temporada. De este modo, el de la Generalitat habrá consumido casi la mitad del tiempo de su hoja de ruta a la independencia en espera de que haya alguien al otro lado de la línea.

Como quiera que el resto de las instituciones catalanas –tanto las dependientes del ejecutivo como las del legislativo- siguen funcionando y haciéndolo además con bastante holgura porque el grado de hostigamiento central es muy bajo, lo conveniente es continuar con los planes como si en Madrid hubiera una gobierno y la prudencia aconseja pensar que, de haberlo, sería claramente hostil a la hoja de ruta. Es decir, la prudencia manda fabricar una realidad virtual y contrastar todas las medidas con las previsibles reacciones que provocarían en el gobierno central, caso de que hubiera uno.

Así, cuando lo haya, lo que se encontrará enfrente será una Cataluña preparada para negociar, desde luego, pero también preparada para seguir su camino si no hay negociación.


domingo, 28 de febrero de 2016

De aquí no se va nadie

Aquí mi artículo de hoy en elMón.cat titulado Un pacto contra Cataluña Supongo que no tardarán en oírse airadas voces diciendo que no hay derecho a identificar a Cataluña con los separatistas y que hay muchos catalanes, millones de catalanes, para los cuales el pacto no solo no es "contra Cataluña" sino, al contrario, a favor de Cataluña, Cataluña la buena, la que no quiere romper con quinientos años de historia en común. Pasa siempre en el debate político: mi patriota es tu terrorista y mi terrorista es tu patriota y como esta dualidad fundamental de opiniones en materias esencialmente opinables no se resolverá jamás, más vale dejarla estar sin mayores miramientos. Palinuro no obligará nunca a otro a emplear los términos con sentidos que no desee y sostiene su derecho a hacer lo mismo. Empleo las palabras dentro de los cuadros de significados que comparto con otras personas. Por supuesto, coincido con Wittgenstein cuando decía que usamos las palabras como queremos y luego quizá no sorprendamos de los efectos que producen en otros. Así es y, en consecuencia, después, que cada cual proceda como le parezca bien.

Al día siguiente de firmarse el acuerdo entre PSOE y C's, Rivera tuiteaba que Podemos no quiere el pacto porque impide cualquier referéndum secesionista así como prohíbe que se suban lo impuestos. Imposible resumir mejor en 140 caracteres el fondo del pacto en sus dos puntos esenciales: contra la independencia de Cataluña y contra una política fiscal redistributiva. No lo digo yo; lo dicen los firmantes: es un pacto contra Cataluña.

Aquí la version castellana:

Un pacto contra Cataluña.

Es típico de orates y seguidores de magias y cultos vudú negar la realidad a base de conjurarla con hechizos. Los problemas desaparecen echándoles vade retros, fórmulas y encantamientos esquinados que solo ellos conocen.

En los 66 densos folios de propósitos celestiales que llaman Acuerdo para un gobierno reformista y de progreso, esto es, el pacto de legislatura que han suscrito el PSOE y Ciudadanos, no hay una sola mención explícita a Cataluña, pero sí una implícita, muy concreta y rotunda, una prohibición y jaculatoria general dirigida contra los réprobos y rebeldes independentistas catalanes y es cuando, sin venir a cuento, al final del voluminoso acuerdo, se lee que ambas fuerzas se juramentan, como si fueran los horacios y los curiacios, a oponerse a todo intento de convocar un referéndum con el objetivo de impulsar la autodeterminación de cualquier territorio de España.

No hace falta ser buen entendedor para saber de quién se habla aquí. No hace falta ser ni entendedor siquiera porque ese párrafo es una bofetada, un mazazo. Por si hubiera alguna duda y porque Rivera cree que los lectores tienen su mismo coeficiente intelectual, lo aclara en un tuit: A Podemos no le gusta el acuerdo de gobierno, porque no habrá referéndum separatista y no se suben impuestos a la clase media trabajadora. La esencia misma del pacto definida en los gracianescos 140 caracteres: el pacto va contra Cataluña y contra una política fiscal redistributiva. 

Las dos partes firmantes sostienen que, dado el tamaño del ratón que sus montes han parido, todos los demás partidos deben sumarse al pacto por amor a España. A su juicio, el PP ha de hacerlo porque, en el fondo, están diciendo lo mismo y Podemos debe también hacerlo para no coincidir con el PP si este, desoyendo su espíritu patrio, vota en contra. O sea, si Podemos coincide con el PP votando en contra hace mal; pero si coincidiera votando a favor, haría bien. Es lo que se llama el teorema de Sánchez-Rivera.

Resulta sorprendente que unos partidos serios, dinásticos, firmes pilares del orden constitucional actúen con tal nivel de primitivismo, como movidos por fantasías de omnipotencia infantil. Hay algo neurótico, por no decir psicopático, en esa obstinación por negar de cuajo derechos democráticos a una minoría nacional de siete millones de habitantes, por ignorar que el Estado tiene un problema serio de escisión de un territorio que supone el 15 % de su población y un 20% del PIB total, el único problema que amenaza realmente el statu quo del sistema de 1978. 

En el caso de Rivera ese problema se entiende con relativa facilidad, es una relación de odio edípico hacia su patria, que lo lleva a querer destruirla cercenando el uso de su lengua y su cultura para asimilarse a la impuesta. Es la catalanofobia del catalán converso, la misma que en el fondo animaba a Pla y Deniel y otros catalanes que viven su condición nacional como un estigma; y, como todos los conversos, es más papista que el Papa y más español que Millán Astray.

En el caso de Rajoy también se entiende: digno representante del ocaso de una oligarquía incompetente que ha conducido España al hundimiento y el descrédito en que se halla, cree que la política consiste en escalar puestos en una jerarquía orgánica como la de su partido, hecha de servidumbres personales y en marrullear con artimañas de leguleyo para conservar un régimen estrafalario y anacrónico, hecho de una podrida alianza del trono y el altar con una pátina europeísta. 

Pero ¿qué decir de Pedro Sánchez, teórico representante de una idea más abierta, socialdemócrata, progresista de España, y capaz de entender la riqueza de su intrínseca variedad, para cuyo florecimiento tiene preparadas unas recetas federales? Está aun más claro: así como Rivera ostenta el comportamiento del cipayo agradecido por las atenciones de la metrópoli, Sánchez es el portaestandarte del Imperio, claro varón de Castilla, para quien en España solo hay una nación, un pueblo, un líder (él) y una bandera, la borbónica, impuesta por los vencedores en un golpe de Estado con consecuencia de guerra civil. 

Han pasado seis años (a partir de la inepta sentencia del Tribunal Constitucional de 2010 negando a los catalanes su condición nacional) de crescendo independentista en Cataluña, que ha llevado a esta al borde de una declaración unilateral de independencia en una actitud de consistente enfrentamiento y conflicto con el Estado. Para el actual presidente del gobierno en funciones cuyas dificultades de comprensión de la realidad circundante son de todos conocidas, esta ebullición independentista es una algarabía. Obviamente, lo que no sea la ley y el orden contenidos en el marco de la Ley Mordaza es una algarabía. Lo alarmante es que toda la oferta para un gobierno de cambio y progreso que proponen los partidos que los hacen suyos, sea una seca y tajante negativa a aceptar que los catalanes puedan ejercitar un  derecho democrático que ejercitan otros pueblos de nuestro entorno sin mayores dificultades. Porque eso quiere decir que los partidos dinásticos, pilares de la tercera restauración, carecen de recursos para impedir el definitivo fraccionamiento del país que no sea la mera aplicación de la fuerza bruta.

En el caso de Ciudadanos, un partido creado exprofeso para cortocircuitar la independencia catalana desde Cataluña, el asunto no plantea dificultades. Lo extraño parece ser el comportamiento del PSOE. Que su sucursal catalana está ya al borde de la extinción forma parte del saber convencional. Lo que quizá no esté tan claro es que, al someterse al nacionalismo español más cerril de Sánchez, identificado en esto con su mentor Rubalcaba, el PSOE también va camino de su destrucción.

La dirección socialista actual no es capaz de ver que el país, España, ha cambiado, que la población no responde ya al primitivismo de cuarto de banderas que los nacionalespañoles le atribuyen. Los gestos de rotunda afirmación nacional de Sánchez, además de ridículamente bombásticos, chirrían en cualquier oído democrático: su lema electoral hace unas fechas de ¡Más España!, su flamígero ondear de la roja y gualda en cualquier ocasión, su inicuo “homenaje” a Lázaro Cárdenas en México con una ofrenda con esa misma bandera contra la que Cárdenas luchó toda su vida, atestiguan un nacionalismo español tan obtuso como el de la derecha tradicional. Y su última lamentable manipulación de apropiarse de la imagen de Pablo Iglesias Posse para recabar el voto de la militancia para este lamentable acuerdo, muestran que, al nacionalismo español, une una absoluta falta de escrúpulos respecto a la coherencia ideológica de la tradición socialista, convertida en puro marketing.

Una vez más se prueba que aquellos a quienes los dioses quieren perder, primero los vuelven ciegos. 

miércoles, 24 de febrero de 2016

El gobierno de izquierdas es posible si...

... los dos principales interlocutores, PSOE y Podemos, juegan limpio el uno con el otro en lugar de hacerse trampas e ir de farol.

Un pacto de gobierno de toda la izquierda deberá asentarse sobre dos palabras: respeto y lealtad.

Nos explicamos de inmediato, pero, antes algunas consideraciones para ponernos en situación:

El cacareado "pacto" de PSOE y C's no es nada. Reducir la cantidad de figurones del Consejo General del Poder Judicial; revisar (o sea, nada) los aforamientos; reducir a dos los mandatos presidenciales (otra bobada innecesaria); "blindar" los derechos sociales mediante reforma del art. 135 (cosa que no pueden hacer por falta de votos). Una futesa anunciada a bombo y platillo para impresionar a otros posibles interlocutores a ver si se avienen a razones. C's necesita demostrar al PP que tiene autonomía. Sánchez, demostrar al PSOE que puede conseguir un gobierno antes de la noche de los cuchillos largos que están preparándole los shogunes de baratillo, y demostrar asimismo a Podemos que puede ir adelante sin ellos pues, para impedirlo, tendrán que votar con el PP y reeditar la pinza anguitiana.

Muy interesante, pero inútil porque lo que verdaderamente urge, es imperativo e inexcusable, es echar al PP con el Sobresueldos a la cabeza. Y para eso tiene que haber un gobierno con apoyo suficiente y margen de acción. O bien ir directamente a unas nuevas elecciones.

Para lo primero, los dos partidos, PSOE y Podemos, deben renunciar a las condiciones y requisitos intangibles y pactar un gobierno presidido por los dos rasgos antes enunciados: respeto y lealtad.

Respeto: no es imprescindible que Podemos renuncie al referéndum catalán ni que el PSOE tenga que admitirlo. Carece de sentido que Podemos se empeñe en imponer una condición que, en caso de que se la aceptaran, tampoco se cumpliría porque no tiene los apoyos necesarios. Y carece de sentido que el PSOE obligue a los morados a renunciar expresamente a lo que no pueden imponer. Por eso, lo sensato es aplazar de momento la cuestión. Construir sobre lo que pueden acordar y dejar en suspenso el terreno de la discrepancia, respetando cada uno el derecho del otro a seguir defendiendo lo que cada uno cree: PSOE que no debe haber referéndum y Podemos que debe haberlo. En todo caso, reconocer que España tiene, como es frecuente, un problema de organización territorial y que ambos partidos deberán trabajar por resolverlo, manteniendo su legítimo derecho a defender sus posiciones sobre el referéndum que, de todas formas, guste o no al PSOE, acabará imponiendo la UE. Respeto.

Lealtad: Podemos debería abandonar ya de una vez esa prepotencia, esa soberbia y chulería tan impropias como desagradables y comprender que, pues es el socio menor de una coalición, su función no es imponer nada, sino negociarlo todo con el mayor interés en defender su posición pero, sobre todo, el resultado final. Y aquí es básico que el PSOE y la opinión pública en general confíen en la lealtad de Podemos, cosa que hasta ahora no está muy clara, dada la presumible tendencia leninista de los morados a instrumentalizar el gobierno democrático para alzar luego bandería supuestamente revolucionaria. Lealtad al acuerdo y por ambas partes. Esa es la mejor forma de estabilidad. Lealtad.

Para que la lealtad sea evidente desde el primer momento, ambos partidos deben dejar de insultarse, sobre todo Podemos, que es el que más lo hace. Empiezo a pensar que, además de inexperiencia y cierta mala idea, Iglesias padece una incontinencia verbal bastante cursi y no especialmente brillante que da mucho que pensar respecto a sus verdaderas intenciones.

Quizá sean estas impedir los pactos a toda costa y provocar elecciones en la esperanza de salir bien parado de ellas. También es legítimo, pero, en el fondo, será asimismo el reconocimiento de un fracaso: que la izquierda es tan estúpida que no sabe gestionar una victoria.

lunes, 22 de febrero de 2016

No quieren unidad. Quieren elecciones

Estos se reían de los catalanes porque, a los tres meses de las elecciones, no habían conseguido formar gobierno y solo en el último momento consiguieron pactar y evitar unas elecciones que ninguna de las formaciones independentistas quería. Ahora están ellos en la misma situación. Las izquierdas no consiguen ponerse de acuerdo para la formación de un gobierno de progreso.

Todos los que llevamos meses pidiendo la unidad de la izquierda y, especialmente la coalición de PSOE y Podemos, habíamos advertido de buena fe contra los elementos que dificultarían este proyecto de unidad. Habíamos advertido frente al narcisismo de los líderes, su falta de consistencia, su actitud insolidaria y revanchista, su incapacidad para negociar, su precipitación, su demagogia. Pero no habíamos tomado en cuenta su indecisión, su ambivalencia, su incapacidad para mantener una línea de acción, su afición a la ambigüedad.

Porque ¿qué es exactamente lo que impide que las izquierdas se entiendan? Parece bastante claro: que, al menos por parte del PSOE y de Podemos no hay voluntad de entendimiento. Ambos ponen dificultades y obstáculos para impedir el acuerdo pero sin decirlo claramente. De un lado, el PSOE juega con la posibilidad de la cuadratura del círculo, sosteniendo que puede haber algún tipo de coalición que lo incluya a él, a C's y al resto de la izquierda, cosa que este resto no da por posible. A su vez, Podemos insiste en mantener sus exigencias, sabiendo que el PSOE no las considera asumibles.  Y los dos se dispensan un trato mutuo bastante inaceptable.

En el fondo, los dos partidos, PSOE y Podemos, que andan buscándose las cosquillas recíprocamente, no están interesados en que se llegue a un acuerdo de gobierno del tipo que sea. Al contrario, están más interesados en la convocatoria de nuevas elecciones, pero sin que parezca que las han provocado ellos porque temen, con cierta razón, que el electorado castigará al partido que se vea como responsable. En realidad, los dos partidos están enfrentados en una pugna interna por la hegemonía de la izquierda, cosa que, es de esperar, podía dilucidarse en otras nuevas elecciones. Por eso es bastante probable que las haya, sobre todo habida cuenta de que el PP parece dispuesto a suicidarse presentando como candidato al hombre más desprestigiado del Reino, el Sobresueldos.

El PSOE se presentará como partido responsable, con sentido de Estado, centrado, que es capaz de forjar acuerdos con el centro derecha y de tender la mano a la izquierda. Así pretende  utilizar la famosa centralidad política que Podemos quiso arrebatarle sin conseguirlo. A su vez esta formación calcula llegar a las elecciones sosteniendo que estas han sido inevitables porque el PSOE tiene más puntos en común con la derecha que con la izquierda.

Como suele suceder siempre que hay una posibilidad de entendimiento entre PSOE y Podemos, se oye la voz de Anguita (el referente intelectual de Podemos según confesión del propio Iglesias) con ánimo de aniquilarla. El único PSOE bueno para Anguita es el PSOE muerto y a esta tarea de aniquilar a la fementida socialdemocracia española ha dedicado el veterano líder comunista su muy poco fructífera existencia. Ahora dice con toda claridad que Pablo Iglesias ha conseguido lo que yo quería: crecer a costa del PSOE y, con ello, obviamente, aspira a ahondar el abismo entre el PSOE y Podemos, de forma que no haya unidad de la izquierda. En eso, Podemos lo seguirá como un monaguillo pues está dispuesto a sacrificar sus urgencias por remediar la calamitosa situación de España a cambio de conseguir lo que siempre ha pretendido: destruir al PSOE para ponerse en su lugar.

Es muy probable que, no siendo catalanes los españoles, y no teniendo capacidad, temple y experiencia suficientes para ello, no pueda constituirse gobierno de la izquierda y sea preciso ir a nuevas elecciones. Entre tanto, a la gente, que le vayan dando.

Volveremos a hablar de ello llegado el caso.

sábado, 20 de febrero de 2016

Iglesias purgante

A Podemos le sucede lo que, según el dogma sucede a la Iglesia católica a la que, por cierto, cada vez se parece más, que su existencia se divide en tres momentos sucesivos: la iglesia militante (aquí, batallando en este valle de lágrimas), la Iglesia purgante (la que expía sus pecados en el Purgatorio) y la Iglesia triunfante que, ya en presencia de Dios, goza de la felicidad eterna.

La comparación es pertinente porque ilustra mucho sobre las ventajas e inconvenientes de la formación morada. Su preparación fue exclusivamente para la época militante, esa que el cuerpo místico llama también Iglesia peregrina. Sabían cómo hablar en los medios, moverse, ocupar el espacio público, lanzar su mensaje, imponer su marco, hacer su apuesta por el sorpasso, la hegemonía o "aquí estamos nosotros". El vocabulario era el adecuado al momenro, aparentemente rompedor y llamando a un sentido elemental de justicia: los de arriba, los de abajo, la casta, la gente, ec.

Pero pasada la época de la Iglesia militante, llega la de la purgante, la de los pactos, la de cocerse a fuego lento, jugando varias partidas el mismo tiempo e intercambiando luchas de términos y sus sentidos, en la que ya no valen consignas, sino que hay que dialogar, proponer, escuchar al otro. Y, para esta nueva etapa, la preparación era cero. Necesitado de pactar con el PSOE porque es su única posibilidad de participar en el gobierno, es cierto que Podemos puso sordina a sus insultos más necios de esos de PP = PSOE, lo cual no quiere decir que sus fanáticos no los repitan en la redes, pero no los jefes. Ya no. Pero se mantuvieron las impertinencias, la petulancias, la arrogancia de presentarse como el ganador de las elecciones (siendo el perdedor) y exigiendo al PSOE y a Sánchez la sumisión a todas sus exigencias: hora, día, lugar de la negociación; con quién; la formación del gobierno y todo lo demás. Y ya hasta el disparate de largar un ultimátum a Sánchez, conminándolo a reunirse con él personalmente en un plazo específico. Tan absurda actitud llevó a Hernando, hombre no muy brillante pero con sentido del humor, a decir a Iglesias que "no sabía en dónde estaba". Por supuesto, Sánchez no respondió y ahí se quedó el líder, colgado de su ultimatum. No, la Iglesia purgante no la llevan bien. Por fin Garzón, más ducho en estas lides que el presuntuoso bisoño ha organizado una reunión a cuatro (PSOE, Podemos, IU y Compromís). No sabemos si servirá para mucho aunque sí, por lo menos, para ocultar la metedura de pata de poner un ultimátum a Sánchez para verse ellos a solas. No obstante seguirá amagando incongruencias, como esa de definir de antemano el contenido de las conversaciones si se hacen a cuatro. O la otra de asegurar que "Pedro Sanchez ya se ha decidido por un gobierno de cambio". Esto de adjudicar a los demás lo que no han dicho y quizá ni pensado, entra ya en el terreno de lo patológico. Sánchez no ha decidido aún y no tiene la menor intención de hacerlo porque, mientras no lo haga, los otros dos partidos, Podemos y C's cada vez harán más concesiones para excluirse mutuamente de la negociación.

Convendría que el líder entendiera la realidad que pisa porque, si mantiene esa insólita arrogancia es posible que no llegue a la Iglesia triunfante por cuanto que no formará gobierno (que es lo único que le importa) que vendría a ser el equivalente dogmático de la intención de asaltar los cielos. Por cierto, estos no se han enterado todavía de que su destino es ser asaltados. Y no está claro que sea preciso avisarlos.

sábado, 13 de febrero de 2016

El carácter fascista

Esa foto de El País retrata la esencia de una era que, afortunadamente, está acabando. Una era de autoritarismo, imposición, chulería, desprecio, arrogancia y patanería.

Todo el país ha visto la imagen que condensa cuatro años de desgobierno de un presunto corrupto que, además, es un grosero y maleducado.

En cuanto no se hace lo que él quiere, como y cuando quiere, le sale el ramalazo fascista, el gesto despreciativo, la pura intolerancia. Ahí está, para memoria duradera. Menos mal que no gobiernan los antecesores ideológicos del sobresoldado presidente, que hubieran sido mucho más expeditivos con el líder socialista. Rajoy no le reconoce derecho alguno a existir, como aquellos, pero no puede hacer nada por evitarlo, salvo un rictus que todo lo declara. Es de esperar que cuando este personaje crezca y madure intelectual y moralmente (cosa harto dudosa) esta imagen lo avergüence y le amargue la vida.

Y este es el de la mano tendida, los pactos, la disposición abierta y permanente a negociar, el hombre del entendimiento y el sentido común.

¿A qué se entiende bien el salto endavant del procés català? La intolerancia fanática, la cerrazón, la exclusión de este romo nacionalespañol, con su talante fascista, han sido los catalizadores de un camino de escisión que nadie es ya capaz de detener. La negativa a negociar nada con Cataluña ha hecho que el nacionalismo en pleno haya cerrado filas soberanistas, como ha visto todo el mundo que no sea estrictamente imbécil. Desde el principio estuvo claro y se dijo en todos los tonos: que Rajoy era el mayor fabricante de independentistas catalanes.

No obstante, tampoco los independentistas deben lamentar la pronta caída del hombre de los sobresueldos. Quien parece llamado a sucederlo es idéntico a él en punto a incomprensión de la cuestión catalana y falta de inteligencia y valor para abordarla con espíritu abierto y democrático.

A los efectos de la política española, esta foto convierte a Sánchez virtualmente en el próximo presidente del gobierno. La mano que se le ha negado es la que estrechaba y estrecha las de Matas, Camps, Barberá, Rato, Bárcenas...

miércoles, 10 de febrero de 2016

El amargo cáliz del Sobresueldos

Algunas almas cándidas comienzan a flaquear y dar síntomas de compadecerse del hundimiento, el desprestigio y la soledad de Rajoy el de los sobresueldos. Mal hecho. Él no daría cuartel, no se arrepentirá de ninguna de las canalladas que ha perpetrado y lo único en qué piensa es en cómo volver a engañar a la gente como hizo en 2011.

La soberbia de este personaje, como la del cogollo de sus íntimos, Sáenz de Santamaría, Cospedal, etc., no es un reacción subconsciente, inadvertida, producto del desconocimiento o la falta de práctica. Al contrario, es su actitud normal en la vida, según la cual los pobres tienen que trabajar, pagar impuestos sin rechistar y callarse excepto en las fiestas y celebraciones religiosas, en las que pueden entonar cánticos de alegría por la salud eterna de su Señor y aplaudir a las autoridades. Y esa soberbia es la que lo ha conducido a un ridículo aislamiento tanto fuera como dentro de su país. Es alguien indigno de ocupar el puesto que ocupa, un usurpador.

Fue displicente con los periodistas, manipulador y embustero con los demás medios, altanero con los partidos de la oposición, despreciativo hacia la gente, hirió los sentimientos de amplísimos sectores de la población, atropelló su derechos y gobernó mediante los trágalas sucesivos de los decretos-leyes. ¿Qué sucede ahora? Que nadie lo traga. Condigna respuesta a una actitud autoritaria, impositiva y frecuentemente insultante hacia quienes no coincidieran con sus criterios.

Se resiste a marcharse. Como un nuevo Rip van Winkle, parece haberse despertado de su sueño y no entiende nada de lo que pasa en el mundo, que ya no es el suyo. Le llena de furia y rabia saber que será el primer presidente de España desde la transición que no repetirá mandato porque la ciudadanía no lo soporta. Pero no hay nada que hacer. Cuatro años de desprecios y chulerías, lo han colocado en la posición de los apestados leprosos de la antigüedad. Con él se va una época, una forma de entender la política hecha de abusos, altanería, desprecio, embustes e imposiciones a machamartillo de creencias dogmáticas subjetivas. Se va y que no vuelva nunca más. Y que se lleve con él todo el desprecio que su gobierno inspira.

Para disimular, para hacer como que hace, el Sobresueldos ha preparado un plan de gobierno con algunas ofertas a Sánchez y Rivera, a ver si consigue que estos dos entren en esa coalición que el Sobresueldos quiere ver materializarse bajo su experta mano. Pero es ya poco probable que los demás partidos le presten atención.

El Sobresueldos es una figura del pasado. Nadie cuenta con él. Ni los de su partido.

Todo lo que no sea echar a este irresponsable de su guarida en La Moncloa es perder el tiempo y hacérselo perder a los demás.

lunes, 18 de enero de 2016

Rajoy, no; el PP, tampoco

Cinco segundas figuras de los partidos con mayor representación parlamentaria se vieron ayer las caras en el plató de el objetivo de Ana Pastor en la Sexta. E hicieron poco más que verse las caras porque entre lo que ellos se interrumpían recíprocamente y lo que les interrumpía el mando pastoril apenas pudieron decir gran cosa. 

Ignoro si la señora admite sugerencias, pues parece bastante pagada de sí misma, pero, por si acaso, ahí va una: suprima esas morcillas de la "maldita hemeroteca" y otras triquiñuelas aparentemente objetivas. Sirven para que ella se luzca, sí, pero: a) desestructuran el programa dando una patada innecesaria a una de las tres unidades del teatro clásico; b) son una parodia manipuladora. Ayer fue patente que se trataba de destrozar la imagen de Sánchez en provecho de la de Iglesias. Pero, aunque fueran menos manipuladoras, serían igual de inútiles porque ese trabajo de contraste (y contexto) no puede hacerse en el medio televisivo. No puede hacerse en serio, claro, aunque sí cabe montar esa ridícula chirigota para solaz de necios.

De lo poco que cupo entender a los contertulios -que no se dejaban hablar, por cierto- se sigue una conclusión evidente: nadie quiere al PP y mucho menos a Rajoy. Me atrevo a sospechar que ni Monago. Por supuesto, la cuestión de los pactos y las nuevas elecciones es un verdadero lío. Pero el terreno firme está claro: Rajoy no.

El presidente de los sobresueldos ya sabe que su coalición preferida, su propuesta estrella  (PP+PSOE+C's) no va a salir. La invoca por si cuela, pero en su fuero interno, la voz interior de Husserl lo tiene convencido de que es imposible  y prefiere que no haya coalición alguna y se convoquen nuevas elecciones. Por eso, en lugar de contactar con los otros líderes parlamentarios prefiere trabajarse a su partido para ser el candidato otra vez .

El PP no puede pactar con el PSOE ni con nadie porque, diga Monago lo que diga, después de este desastre de cuatro años de abuso, robo, dislate y corrupción y todo ello a la brava, por ordeno y mando, nadie quiere ni acercársele. Además, ¿cómo iba a gobernar una hipotética coalición PSOE+PP sabiendo que hay que derogar todo lo que el PP ha hecho en cuatro años? Sería ridículo hasta para los políticos españoles.

La pelota de la famosa centralidad política está en el tejado del PSOE. El pacto más natural, el que Palinuro siempre ha defendido es el de PSOE+Podemos. Tampoco llega a la mayoría absoluta. Tendría que sumar los 2 de IU y quizá los 6 del PNV y seguiría en minoría. Tendría que contar con la abstención de los catalanes. Tal es el punto neurálgico de este problema, como siempre. El PSOE no está dispuesto a pactar nada con partidos independentistas y tampoco con quienes defienden el referéndum de autodeterminación en Cataluña o, en palabras de Suzana Díaz y Rajoy al alimón, "quienes quieren romper España". En el caso de C's más rechazo, si cabe,  

O sea, el gran obstáculo es el referéndum catalán. Si Podemos se obstina en mantenerlo (cosa bastante razonable porque esa propuesta es muy sensata), no habrá gobierno de coalición en España. Si lo retira, perderá una cantidad imprecisa de votos de las franquicias (entre 10 y 15) y sus flamantes 69 diputados se reducirán a 55 más o menos. Aun sumando los 2 de IU y los 6 del PNV, necesitaría de nuevo la abstención de los independentistas catalanes.

Paradoja: el gobierno de España depende de los votos de quienes quieren romper con España, como señaló Palinuro la misma noche de las elecciones y modestia aparte.

El modo de salir del laberinto sería que el PSOE fuera menos intransigente y menos estirado con el referéndum. ¿Por qué es tan dificil llegar a un acuerdo? Por eso, por la intransigencia y el extremismo. ¿Por qué no pueden PSOE y Podemos llegar a un  pacto en el que el referéndum quede fuera, pero sin que Podemos tenga que renunciar expresamente a él como los judíos tenían que abjurar de su fe en la Inquisición? Porque seguimos siendo tiesos e intolerantes como la Inquisición.

Reúnanse en buena hora PSOE y Podemos; acuerden un programa de gobierno común y especifiquen en hoja aparte sus discrepancias. Por ejemplo, esta del referéndum. ¿Qué inconveniente hay en que Podemos trabaje en su favor en las instituciones sin que ello suponga ayuda o connivencia del PSOE? Al fin y al cabo, las mismas gentes de Podemos piden un referéndum en Cataluña pero advierten de que votarán "no" a la independencia. Hagan asimismo pedagogía con su posible aliado socialista, traten de convencerlo de algo que, por lo demás, es perfectamente honroso y hasta conveniente. En algún momento, cuando el PSOE recapacite, se convencerá de que es lo más razonable.

Y para entonces habremos ganado mucho tiempo en desmontar la bestial involución de cuatro años de PP: reforma laboral, Ley Wert, Ley Mordaza, privatizaciones, todo a la basura. Y, en ese interín, a su vez, el gobierno catalán, que también estará aplicando su hoja de ruta, acabará convocando un referéndum sobre la Constitución de la Repúbica catalana. Sería extraordinario y muestra cierta de que las cosas han cambiado en este país, que el gobierno español se sentara a negociar con el catalán ese referéndum.

domingo, 17 de enero de 2016

El pueblo quiere pactos

Así lo dice El País, que ha mandado a los de Metroscopia por los campos de España, como missi dominici, a preguntar su opinión a los ciudadanos súbditos de Felipe VI.

La situación en el reino se ha invertido, como ya señalamos en su día: ahora hay un gobierno fuerte en Cataluña, con mayoría absoluta y el gobierno de España está en funciones, mientras se aclara el turbio panorama que dejaron las elecciones del 20D .

Según tradición parlmentaria corresponde al partido más votado tantear sus posibilidades en primer lugar. A Rajoy le parece injusto negociar cuando está claro que debe gobernar el partido más votado, el suyo. Se le antoja de sentido común. Lo otro, coaliciones que son un fraude. No está mal para dicho por alguien que estuvo cuatro años gobernando fraudulentamente pues lo hizo en contra del programa por el que los ciudadanos-súbditos le habían votado. Por desgracia, eso del "partido más votado" no significa nada en democracia parlamentaria en donde gobierna quien tiene más diputados que, no se olvide, también significa más votos, sumados.

Todos los pactos posibles parecen ser imposibles. El de la gran coalición ha sido desechado por el PSOE y también el tripartito estilo búnker. Queda el pacto de la izquierda, ese que Rajoy juzga contra natura. Es término dentro de un orden: todo el mundo sabe que la izquierda está siempre yendo contra la naturaleza y el orden cósmico. Es gente rarísima: siempre quieren cosas antinaturales: divorciarse, abortar, casarse con alguien del mismo sexo o de ninguno, y hasta quieren que los hombres dejen de maltratar a las mujeres. Es gente rara, sí. Pero la coalición no es dificil por cuestiones naturales sino políticas y aritméticas. Podemos propugna un referéndum de autodeterminación en Cataluña del que el PSOE no quiere ni oír hablar hasta el punto de que su defensa implica romper toda posibilidad de diálogo. Si este asunto no se resuelve, no puede haber pacto de izquierdas. Los otros posibles no servirían para nada sin los 90 y/o 42 de Podemos más los 27 de las franquicias. Tampoco merece la pena considerar un gobierno en minoría del PP con apoyo del PSOE. Esa es la peor posibilidad para el PSOE, peor, seguramente, que acudir a elecciones.

Evitar las nuevas elecciones, parece ser el mensaje popular. Que contradice los intereses de todos los partidos. Todos aspiran a mejorar sus resultados, excepto el PSOE. Lógico que todos quieran las elecciones excepto, claro, el PSOE y eso aunque los resultados previstos serían más o menos similares a los actuales.

Los catalanes han evitado las elecciones nuevas. No está nada claro que vaya a suceder lo mismo en el Estado. La composición de gobierno es mucho más difícil porque son más de dos polos en juego.

En realidad, si no hay una conciencia de elecciones nuevas en España es por la sospecha generalizada de que, digan lo que digan los sondeos, el partido que aparezca como rompedor de los pactos, tendrá castigo en las urnas.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Reflexionando

Los partidos, dice El País, cierran la campaña sin hablar de pactos. Naturalmente; con los vaticinios de las encuestas que ponen a los cuatro mayores entre el 15 y el 25% a cada uno y más de un 30%  de indecisos nadie puede saber qué representación tendrá, qué porcentaje de votos y escaños y, en consecuencia, aventurar posibles coaliciones sería imprudente. Bueno, se dirá, pero las coaliciones no solo se miden en porcentajes sino también en proximidades y lejanías ideológicas. Eso se dice pero no sé si se hace. Verdad es que las pocas referencias a los posibles pactos han invocado siempre razones políticas. Tanto el PP como el PSOE rechazan de plano una gran coalición, al estilo de algunos países europeos, singularmente Alemania y Austria. Lo hacen escandalizados, como si se les mentara la bicha, de forma poco convincente. En Europa los partidos socialdemócratas pueden gobernar con las democracias cristianas. El problema, quizá, sea que el PP no es demócrata cristiano sino un partido de derecha extrema. Las otras cuestiones, como que también sea un partido corrupto son determinaciones muy españolas y que explican algo la vehemencia del rechazo a la gran coalición.

A su vez. C's ha dado un giro notable, disponiéndose a permitir el gobierno del PP en función de la idea de que gobierne el partido más votado, la peregrina ocurrencia de Rajoy. Ya hemos señalado en otra ocasión que, mientras la Constitución española incluya la moción de censura constructiva, la lista más votada solo podrá gobernar si la otras fuerzas parlamentarias se comprometen a no recurrir a ese instituto, una situación tan absurda que en efecto solo puede habérsele ocurrido al de los sobresueldos.

Los últimos sondeos indicaban una estabilidad del PP y un paulatino descenso de C's lo cual se decía, preocupaba al PP que veía un posible gobierno de coalición de izquierda, especie de temible soviet bolchevique. Sí, el descenso de C's era visible en los últimos tiempos, a medida que se conocían los aspectos más oscuros del nuevo partido en cuanto a financiación, orígenes y organización y, sobre todo, a medida que se afirmaba la remontada de Podemos. Se confirma así la interconexión del electorado del uno y el otro. Bajar Podemos y subir C's equivale al hecho de que, cuando Podemos sube, C's baja. Sus votantes son intercambiables. Quizá por eso diga Rivera que se abstendrá con posibles gobiernos PP o PSOE pero será beligerante en contra de uno de Podemos.

Cabe decir que la derecha va a la baja, mientras la izquierda va al alza. Casi parece como si la única opción real de gobierno de la derecha fuera una coalición tripartita nacional de PP, PSOE y C's para defender a España frente al independentismo catalán. Los socialistas, muy indignados, la consideran de todo punto imposible, pero, llegado el momento de invocar la salvación de la patria y la unidad de España, a las que tan sensibles son las tres fuerzas, sería cosa de ver si se mantendrían en la negativa.

La izquierda está al alza. Evidente en el caso de Podemos. Las elecciones catalanas del 27 de septiembre -que hoy parecen tan lejanas como la batalla del Ebro- marcaron el punto más bajo de la popularidad del partido morado y lo que impulsó a su líder a encabezar la remontada, que parece haberse producido. La dirección emplea ya una retórica de ciclo e Iglesias asegura estar listo para liderar una "nueva transición  en nuestro país". Varias veces hemos señalado la afición de Podemos al plagio y en esta ocasión no defraudan. Eso de la otra transición es lo mismo que la segunda transición de Aznar. Pareciera haber una diferencia en el hecho de que Iglesias parte de cuestionar y rechazar la transición de 1978 mientras que Aznar la venera y la pone de ejemplo. Pero eso es solo aparentemente. En la intimidad Aznar abominó en su día de la transición y abomina hoy, al igual que los de los círculos. La contracara de la retórica es la capacidad real de movilización de Podemos. En las redes es muy alta porque sus partidarios están en las edades de usuarios habituales de internet. En la asistencia a mítines y actos colectivos, también. Pero eso no se traduce después en votos al mismo nivel. La participación en las elecciones internas es bajísima y el porcentaje de voto real en las otras tres elecciones habidas este año tampoco pasa de moderado tirando a bajo. El PP maneja sondeos que los sitúan los segundos en intención de voto. En intención. Veremos mañana.

La otra izquierda al alza es IU. Ha tenido muy poco tiempo y se ha visto sistemáticamente preterida, olvidada, ninguneada cuando no directamente censurada y, sin embargo, ha ido estimulando los decaídos ánimos del viejo PCE y su disfraz de IU. A mi entender ello se debe al mutis por el foro que ha hecho Anguita y la revelación de una candidato con verdadero peso, categoría y capacidad, como Garzón. A pesar de los obstáculos, la campaña de Garzón ha movilizado mucho voto desencantado, aburrido, abstencionista de IU (también hay abstencionistas por hastío en la izquierda) y, poco a poco, ha ido haciéndose visible una opción electoral que las otras fuerzas habían condenado al ostracismo y que puede dar algún juego en el próximo parlamento. Con razón Podemos insistió en quedarse con el joven economista pero rechazando la coalición de cenizos de IU. Muchos miembros de esta federación se pasaron a Podemos en peripecias puramente personales. ¿Por qué no Garzón, pieza codiciada? Porque es hombre de palabra y debió de pensar como lo hizo hace muchos años el socialista norteamericano Eugene Debs: quiero ascender con las filas de los míos, no desde ellas. Y la gente está respondiéndole, le llena los aforos.

Entre Podemos e IU ni soñando se compone gobierno. Habrá que echar mano del PSOE. Todos los sondeos venían últimamente señalando descenso de este, pero estaban hechos antes del debate de la Sexta en que Sánchez llamó indecente al presidente de los sobresueldos delante de nueve millones ochocientos mil españoles. Para mí, eso aumentará el voto socialista, conjuntamente con que Sánchez hable de un "tridente" (que es pieza normalmente más grande que una "pinza") en contra del PSOE. Esta presunta tendencia al alza de los socialistas (que movilizarán el voto remiso y hasta el oculto) se ampara asimismo en el hecho de que es único partido sobre el que puede pivotar cualquier forma de coalición. Solo el PSOE puede entrar en todos los pactos. Por supuesto, al margen de lo que cada uno pensemos que debiera ser el pacto mejor. Por ejemplo, Palinuro reitera que su opción es un tripartito de la izquierda en la mejor forma que pueda conseguirse, pero no ignora las voces socialistas partidarias de un entendimiento con las derechas a nada que las circunstancias lo justifiquen.

Lo esencial aquí es que el PSOE es presencia obligada a todas las coaliciones porque los demás partidos no tienen capacidad para forjar una sola en ausencia de los socialistas. Una alianza de la derecha (PP y C's) no alcanza el apoyo suficiente y el añadido de Podemos es impensable. Impensable no quiere decir que sea imposible pues en política es posible hasta lo impensable, pero mucha probabilidad no tiene. IU, a su vez, no entra en consideración salvo en la posible alianza de la izquierda. Si esto es algo suficiente para dar al PSOE la mayoría mañana se verá en su momento. Pero sí debiera ser suficiente para esperar del PSOE una aclaración sobre si estaría dispuesto a entrar en una coalición de gobierno sin tener la presidencia. Eso mismo también debiera preguntarse a Podemos. El país necesita un gobierno de izquierda sin narcisismos.

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Cataluña.

En cuanto a las generales en Cataluña. todos los partidos catalanes que son sucursales de los españoles tienen clarísimo a) que irán a votar; b) que votarán por sí mismos, las diversas formas del unionismo, incluida la fórmula del referéndum que proponen los de En Comú-Podem porque, al margen de otras consideraciones sobre su autenticidad, no podrán conseguirlo del gobierno español.

Son los partidos del bloque independentista los que albergan más o menos intensos debates sobre la conveniencia de votar en las generales. Para muchos indepes, votar en unas elecciones españolas carece de sentido porque es votar en las elecciones de un país vecino. Es respetable el punto de vista e indica un independentismo genuino, pero no muy acertado. Los indepes deben votar en las elecciones españolas precisamente porque España no es un país vecino ya que, si lo fuera, no podrían votar en absoluto quisieran o no, como no pueden votar en Francia. Y, para conseguir que España sea tan vecina como Francia, es necesario de momento votar en sus elecciones.

La CUP no se presenta a las elecciones de mañana y pide la abstención. Esa abstención alimentará las posibilidades de los demás candidatos... por igual, de los unionistas y de los independentistas y eso no parece lógico procedente de una organización que es independentista y, no queriendo hacer política, tiene otras opciones independentistas por las que votar..