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martes, 16 de diciembre de 2014

Podemos tiene razón.

No digo en todo lo que polemizan, en los tropecientos y pico asuntos con que les buscan las vueltas, que si la deuda, la jubilación, los impuestos, la nacionalización de la banca, Venezuela o los crímenes de la Mano Negra. Tampoco en su esgrima de alianzas y antialianzas con estos o aquellos. Tanta minuciosidad me supera y expertos tienen los novísimos que los defenderán con denuedo y les buscarán su mejor nicho electoral.

Me limito modestamente al asunto de ese pacto social anunciado con clarines y timbales y escenificado según solemne protocolo con asistencia de los dos jefes sindicales, la devota ministra del ramo y el estadista de la gran nación, presunto receptor de sobresueldos y gran señor de la historia. En concreto, me refiero al rechazo rotundo de Podemos a ese acuerdo. Ya Joaquín Estefanía relativizó su importancia, diciendo que era exagerado llamarlo pacto social. Los de Podemos van más allá y se niegan a admitirlo porque, por principio, rechazan todo pacto social con los partidos de la casta, singularmente ahora el PP, que está desmantelando el Estado del bienestar.

Tiene razón Podemos a mi entender. Pero se queda muy corto o a mí me faltan entendederas. Ese pacto social no es insuficiente o contrario al Estado del bienestar, no. Es simplemente, un toco mocho. Veamos. Los parados de larga duración que cumplan ciertos requisitos recibirán 425 euros mensuales de las arcas públicas durante un periodo fijo. A cambio, firman un compromiso de actividad por el que vienen obligados a aceptar un puesto de trabajo cuando se les ofrezca. El patrón que contrate a una persona en estas condiciones podrá descontarle los 425 euros del subsidio que ya le paga el Estado. Pero, ¿quién es el Estado? Nosotros, los contribuyentes. Somos los contribuyentes quienes pagamos los salarios de los parados en estas circunstancias, no los patronos que, sin embargo, se aprovechan de su productividad. Un toco mocho perfecto: los empresarios contratan mano de obra con nuestro dinero; han socializado los costes laborales. Pero no los beneficios, claro. Hasta a mí se me ocurren diez modos de subvenir a las necesidades de los parados de larga duración sin aumentar por ello la explotación de la gente. 

¿Se entiende por qué se les ha quedado a los dos sindicalistas la cara que se les ha quedado? Sospechan el toco mocho, pero no lo pillan.

¿Se entiende por qué los empresarios dicen que Rajoy es un nuevo Solón?

viernes, 23 de marzo de 2012

Involución.

Los cuatro meses de gobierno de la derecha han dejado claro que no se trata solamente de arbitrar un conjunto de medidas excepcionales para hacer frente a una situación también excepcional sino de aprovechar la circunstancia para acometer mudanzas de mayor calado en el conjunto del sistema de convivencia en España. Se trata de cambiar reglas del juego básicas que afectan a la democracia, reglas laborales, industriales, administrativas, de ejercicio de los derechos, educativas, profesionales, etc. Reformar el modo de funcionamiento de la democracia en un sentido claramente autoritario. Esto es, un frenazo al proceso de ampliación y profundización de la democracia y una clara deriva involucionista.
La derecha cuenta con imponer su programa gracias a la unidad de acción de sus tres elementos, el gobierno (la política), los empresarios (la economía) y los medios (la comunicación) Y todo ello bendecido desde fuera pero con gran pompa por esa organización que lleva en sí misma las tres acciones (política, económica y mediática), esto es la iglesia católica, una organización homófoba y misógina, típicamente involutiva.
Cuando la izquierda ocupa el poder esta misma expresión es ya una licencia poética pues nunca ocupa todo el poder sino solo una parte de él. Nunca llega a formar una piña de los tres citados ámbitos: no controla todo el gobierno, No es infrecuente que haya estamentos de la administración que se opongan al PSOE. La única huelga que los jueces han hecho en España se la han hecho a los socialistas. Mucho menos controla el PSOE la economía. Sus relaciones con los empresarios (que están más cercanos al otro partido) son inexistentes y con los sindicatos no son ni mucho menos tan intensas como las de los empresarios con su gobierno. Basta recordar a Díaz Ferrán, el excapo de la patronal, ahora imputado penalmente, al definir a Esperanza Aguirre como cojonuda. Las relaciones del PSOE con los medios son muy endebles. Suele decirse que el gobierno de Zapatero tenía un problema de comunicación. En realidad lo que tenía y tiene el PSOE es una batería de medios contraria y prácticamente ninguno a su favor. Y así es muy difícil comunicar, salvo que se haga de forma original.
En las tres esferas la involución de la derecha avanza a toda máquina:
En la política. El gobierno no ha perdido el tiempo y ha impuesto una reforma laboral que revienta el sistema de garantías jurídicas de los trabajadores sin dialogar con los sindicatos a los que, en realidad, está hostigando y provocando con ánimo, quizá, de que haya un enfrentamiento que justifique la mano dura del gobierno. La reforma laboral es un trágala con claros ribetes de provocación. Por si esta no fuera bastante, la delegada del gobierno, Cifuentes, añade provocación a la provocación prohibiendo que la manifa de los sindicatos del día llegue hasta la Puerta del Sol. Esta evidencia arbitrariedad. Están buscando camorra. Y también están aprestando le medios para imponer la involución. El gobierno quiere endurecer las penas por desobediencia a la autoridad. Disciplina, orden seguridad. Prepara igualmente una ley de transparencia de todas las administraciones que, en sí misma, es cosa buena pero que incita a la desconfianza dado que el la ejecutoria del PP en este campo no es ejemplar. ¿Hasta qué punto puede el PP imponer criterios cuando los primeros en no aplicar las normas endurecidas o no endurecidas han sido sus gobiernos y él mismo como partido. Los dos códigos éticos aprobados por Aznar y Rajoy eran papel (o bit) mojado antes de ver la luz. Es posible que Cospedal acate y cumpla la ley de transparencia cuando esta sea realidad. Pero, entre tanto, su gobierno no cumple la propia de la Comunidad Autonoma bajo su autoridad.
En la economía. La unidad de ación entre la patronal y ls empresarios es completa. El gobierno es manifiestamente uno de empresarios en mucha mayor medida que uno socialista lo era de los sindicatos. La reforma laboral, la niña bonita de la derecha, se ha hecho de acuerdo con los deseos evidenciados por los empresarios que ya están reclamando más y en concreto una reducción del derecho de huelga de los trabajadores. El gobierno está aplicando el programa involucionista de la patronal como lo recibe al dictado.
En los medios. La batería de los de la derecha es impresionante y ahora se le añaden los de titularidad publica que aún no tenía el PP bajo su control, con lo que se apunta en España una situación de asfixia de la libertad de expresión similar a la de Berlusconi en Italia. Así sucederá cuando el gobierno imponga su criterio en RTVE que ya se presenta como un claro retroceso respecto a lo conseguido en tiempos de Zapatero. La tónica va estar marcada por audiovisuales como Intereconomía e impresos con El Mundo.
En resumen, una involución en todos los terrenos que evidencia a las claras la necesidad de la huelga general del día 29.
(La imagen es una foto de La Moncloa, bajo licencia de Creative Commons).

domingo, 18 de marzo de 2012

En busca de esclavos.

Y este Juan Rosell era el que substituyó al presunto ladrón Díaz Ferrán al frente de la CEOE, el catalán presidente de Fomento del Trabajo Nacional y, según rumores, un "liberal". Pues sí, liberal al estilo de Franco que es el que les va a todos los empresarios y por el que suspiran, cuando tenían a su merced a los trabajadores que carecían de todos los derechos.

Ahora quieren hacer lo mismo aprovechando la crisis económica que siempre debilita considerablemente a los trabajadores. Les bajan los salarios, les aumentan las jornadas, pueden despedirlos cuando les dé la gana, los contratan como les place y cuando les place, los someten a condiciones indignas, no se cuidan de los accidentes laborales y pretenden privarlos del derecho de huelga que es la única arma legal con que los asalariados pueden defender sus exiguos derechos. No les basta con impedir su libre ejercicio, con presionar, amenazar a quienes vayan a la huelga, haciéndolos objeto de todo tipo de coacciones y chantajes. Quieren suprimir el derecho de un plumazo. Cuentan para ello con un gobierno cuya única finalidad es favorecer a la patronal en su propósito de restablecer la esclavitud.

Invocan el país, los intereses generales, los derechos de terceros, los servicios públicos. Cualquier cosa con tal de no decir la verdad: que lo que les fastidia es que paren sus empresas y ellos dejen de lucrarse durante 24 horas. Lo único que moviliza a los patronos: el dinero. La expresión de este menda lo dice todo: "un grupito no puede paralizar el país". Se refiere a los millones de huelguistas el muy cínico, no al verdadero "grupito", el de los empresarios, que es el que tiene parado el país desde hace cuatro años, con cinco millones de parados. Ese es un "grupito" dañino. Porque el paro es la forma del terrorismo que ejercen los empresarios.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Tirar de la Gürtel.

¡Qué gran error fue adelantar las elecciones! Si no se hubiera cometido, a estas alturas, a cuatro meses de la votación en su tiempo previsto, la gente conocería el auténtico alcance de la Gürtel, se enteraría de cosas que probablemente influirían en su voto. Y eso que lo que está sabiéndose del proceso de Valencia, deliberadamente circunscrito al asunto de los trajes, en beneficio de Camps, apenas es un adelanto de lo que vendrá a continuación. En los miles de páginas de lo que promete ser un juicio devastador para el PP, se encuentra la verdad de su supuesta implicación en la trama de expolio de los caudales públicos. Al rendirse a la presión de la prensa afín al PP, Zapatero privó a los electores de la posibilidad de acudir a las urnas con una información contrastada en sede judicial sobre la forma de gobierno de la derecha. Ese ha sido su gran error estratégico en alguna medida causante de la derrota electoral del PSOE.

Porque ese juicio de Valencia es un espectáculo bochornoso. Entre conversaciones telefónicas inenarrables, declaraciones falsas, silencios reveladores, mentiras, contradicciones, pruebas incontrovertibles y pruebas imaginarias se entrevé un mundo de corruptelas, compadreos, caciquismo, clientelismo, sobornos, etc., y todo a costa de los contribuyentes que, en algún momento, recordarían que también son votantes. Es tal la aparente ciénaga de la política conservadora en Valencia -que ya apunta en dirección a Madrid, calle Génova, 13- expuesta a la luz pública que alguno de los procesados puede dar la nota.

Con la tensión que se respira en el proceso la figura de el curita y su guardarropa de lance han pasado a segundo plano. Queda la impresión de que este peculiar personaje es en realidad un pardillo que se limitaba a vestir de pollo pera mientras otros se llenaban los bolsillos o es un redomado perillán que oculta su parte alícuota en este expolio generalizado de las arcas públicas en algún secreto lugar. Es de esperar que los valencianos estén tomando nota de la altura moral de sus gobernantes, en especial ahora que, al parecer, sintonizan canales de televisión libres y no ese Canal Nou al servicio del gobierno que cosecha un hercúleo 1,7 por ciento de la audiencia a un precio prohibitivo.

Y ¿qué decir del esperado debut judicial de don Vito Correone? Repeinado, elegante, trajeado aunque sin corbata (prenda que quizá no se permita a los reclusos por temor a que se ahorquen), se ha encerrado en un silencio total, lacónicamente justificado con consideraciones de estrategia procesal.

Correa es tan mudo como en su día fue sordo Iñaki Urdangarín. Según Libertad digital, el duque de Palma se libró de la mili en los noventa alegando sordera total. De ser cierta esta información y como antiguo soldado que pudo también librarse de la mili (y por razones reales) pero no lo hizo, Palinuro recupera su desprecio por quienes recurren a falsedades para librarse de un deber que descargan sobre los demás.

El alud de informaciones sobre el Duque de Palma, aterrorizado como tiene a su regio suegro, dibuja un presunto profesional de la estafa. Por si fuera poco también Libertad digital revela que Urdangarín se valió de de una ONG para niños con cáncer para evadir capitales a Belice. Ciertamente, si alguien es capaz de estafar a la colectividad, también lo hará con sus sectores más indefensos. Es un estilo profesional. Lo mismo hizo Roldán quien, entre otros desmanes, expolió una organización de huérfanos de la Guardia Civil.

La Gürtel es proteica. Camps parece haberse entendido con Iñaki Urdangarín en detrimento de los intereses generales que debiera proteger y el Duque, ya armado caballero de la orden de la Gürtel, según dice hoy El País, se llevó un buen pellizco por ayudar a Ruiz Gallardón a que fracasara la candidatura olímpica en Madrid. La Gürtel cada vez semeja más una de esas macabras danzas medievales en las que una hilera de ciegos cogidos de la mano camina hacia el abismo dirigida por otro ciego. Sólo que aquí el ciego es un mudo.

¡Qué gran error fue adelantar las elecciones!

La guerra total de la patronal.

Juan Rosell, presidente de la patronal española, husmeando que van a gobernar los suyos, pide que se despida a los funcionarios como se hace con los trabajadores en las empresas, sobre todo ahora que los despidos van baratos. Gran idea que Palinuro comentará mañana. De momento brinda otra que hace pareja con ella: despedir a los funcionarios que hagan mal su trabajo... y expropiar a los empresarios que hagan mal el suyo. Expropiarlos cuando hagan huelga de inversiones y cuando exploten a los trabajadores. Expropiarlos y meterlos en la cárcel cuando evadan capitales. Expropiarlos y meterlos en la cárcel cuando estafen a Hacienda. Sería equitativo. Mañana seguiremos.

(La imagen es una foto de Izquierda Unida, bajo licencia de Creative Commons).

martes, 5 de octubre de 2010

Las elecciones lo arreglan todo.

Finalmente el señor Díaz Ferrán, ese que encontraba cojonuda a la señora Aguirre (calificativo que nadie ha sugerido se refiera al atractivo físico de la dama, faltaría más, sino a sus dones morales y dotes políticas) se ve obligado a resignar el cargo convocando unas elecciones para ello. Es como si se tratara de una insurrección de las bases de la patronal aunque parezca un contrasentido. Como una sublevación del parlamento frente al monarca absoluto.

La patronal tiene veintiún vicepresidentes a todos los cuales les parece un despilfarro que el Gobierno de España tenga tres. Y una parte apreciable de ellos ha dicho a Díaz Ferrán en el curso de un almuerzo, en donde los jefes deliberan y deciden, que debe pedir el finiquito. Que lo han despedido, vamos. No habrá sido necesario explicarle las razones que están en el ánimo del país entero: ¿cómo puede un empresario que ha organizado una catástrofe en sus empresas, dejando tras él un reguero de damnificados, nóminas por cobrar, dineros de la seguridad social por ingresar, cómo puede representar a los demás empresarios?

Unas elecciones convocadas a tiempo resolverán tan enojosa situación, porque las elecciones todo lo legitiman en función de la regla de la mayoría y de la soberanía popular, que no son idénticas, aunque muchos crean que sí, pero se aproximan. Principio esencial de la época: ¿hay un problema en la candidatura del PSOE a las próximas elecciones autonómicas? Se soluciona con unas elecciones primarias. ¿Hay un problema en la continuidad de Díaz Ferrán al frente de la CEOE? Con unas elecciones internas se soluciona.

Pero precisamente por su fuerza legitimatoria, las elecciones son fuente de problemas, de otros problemas inesperados. Las primarias de Madrid, que se han contagiado a algunos municipios de la provincia, tienen gran fuerza expansiva en el seno del partido, lo que puede provocar su transformación. Si para hacer carrera política el militante ya no puede confiar en el dedo ungidor del aparato sino que tiene que ir a primarias, el partido va a cambiar mucho.

Las elecciones de la CEOE son las primeras en las que no hay un "tapado", un candidato de consenso; lo cual abre la vía a sorpresas, por ejemplo, la de que se presente Joan Rosell, presidente de Foment del Treball Nacional, la patronal catalana que en la meseta se hace llamar Fomento del Trabajo. Es posible que de ésta también cambie la actitud de la CEOE que últimamente estaba convertida en una especie de gabinete económico del PP. Cuesta pensar que Rosell encuentre cojonuda a la señora Aguirre.

Pero también puede volver a presentarse Díaz Ferrán quien contará con su clientela y, político como es, dirá que estas elecciones son un voto de confianza. En el caso, para mí incomprensible, de que lo ganara, no habría cambio de la CEOE, cosa tampoco tan extravagante dado que, por diversas razones, a los empresarios les va de cine con la crisis actual y las medidas que se toman para acabar con ella.

Realmente, las elecciones ¿lo legitiman todo? Da la impresión de que la respuesta del señor Camps sería un estentóreo ¡sí! Y a probar este punto de vista se encamina el Molt Honorable habiéndose ya proclamado unilateralmente candidato a la Presidencia de la Generalitat valenciana. Pero ese ¡sí! parece el de un enajenado. No hay elección por apabullante que sea su resultado que legitime un comportamiento delictivo condenado por los tribunales. Las elecciones no son eximentes de la responsabilidad penal, pero la responsabilidad penal sí es incompatible con cualquier cargo de representación de la colectividad porque es en el nombre de ésta en el que se condena un delito. Pudiera ser el caso del señor Camps ya que si te acusan hay más probabilidades de que te condenen que si no te acusan. Y pues tal pudiera ser el caso, ¿cómo puede el señor Camps pensar siquiera en presentarse a un cargo electo?

Esta idea de que las elecciones lo legitiman (casi) todo está muy extendida en la sociedad. El PP la aplica a rajatabla pues no hay constancia de que, habiendo perdido una elecciones, no esté al cabo de dos meses reclamando elecciones anticipadas. Para legitimar, siempre para legitimar.

(La imagen es una foto de mermadon 1967, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 23 de julio de 2009

La patronal quiere la guerra.

¡Qué diálogo social ni diálogo social! ¿Cuál es la necesidad de contemporizar? En situación de crisis, con cuatro millones de parados y más que pueden venir, con un porcentaje apreciable de trabajadores en régimen precario, temblando por sus puestos de trabajo, los empresarios piensan que tienen la sartén por el mango y que pueden imponer sus condiciones. Por ello tensan la cuerda en las conversaciones para un acuerdo en el diálogo social. En las condiciones actuales no les interesa que haya acuerdo. Tampoco le interesa al PP, que prefiere enfrentarse a un gobierno acosado, descabalgado y con problemas para cuadrar sus presupuestos. Y lo que está fuera de dudas es la sintonía perfecta entre los políticos de la derecha, por ejemplo, la señora Aguirre y los empresarios, por ejemplo, el señor Díaz Ferrán que piensa que la señora Aguirre es "cojonuda". Bastará una indicación, un leve guiño de la "cojonuda" para que Díaz Ferrán plantee lo que haya de plantear en interés del PP.

En el tira y afloja laboral, en el fondo, en la tradicional lucha de clases, cada parte adapta su posición a sus posibilidades en la correlación de fuerzas en cada momento. En épocas de pleno empleo, crecimiento sostenido y políticas socialdemócratas, la patronal pactaba siempre porque no estaba en posición dominante. Apenas atisba que pueda llegar a estarlo cuando maximiza sus exigencias y sólo admite como resultado de la negociación el triunfo incuestionado de sus peticiones. En definitiva, lo que busca esta actitud no es salir bien parado de una negociación especialmente difícil sino la aniquilación del adversario. Los empresarios no quieren acomodarse con la clase obrera sino fraccionar a ésta en sus partes individuales componentes para tenerlas a su disposición y eliminar todas las formas de organización de voluntades y de defensa colectiva e institucional de los intereses.

Los patronos está eufóricos parque creen llegado el momento de conseguir su programa máximo: rebajas de las cotizaciones a la seguridad social y despido gratis. Y esto lo plantea el mismo empresario, Díaz Ferrán, representante de patronos que hace unos meses pedía la intervención del Estado en la economía, como si fuera Lenin redivivo, para sacar las castañas del fuego a las empresas. Unas empresas que han contado siempre con el Estado para que éste, con el dinero de los contribuyentes, acuda en su auxilio, abarate su funcionamiento o facilite líneas de crédito y otros incentivos para las PYMES y empresas en general. Una prieba más de que no es buena política contemporizar con los depredadores, los que quieren socializar las pérdidas (cosa que ya han hecho) mientras privatizan los beneficios, los que quieren mantener alta su tasa de beneficio a base de aumentar la de explotación de los trabajadores.

Es el estilo de la casa: una vez exprimidos los recursos públicos, se boicotea el diálogo social tratando de imponer sus posiciones maximalistas que dejarían al Estado a la luna de Valencia. De seguir las cosas así, el diálogo social se convertirá en confrontación social. Y tendrá que ser entre las centrales sindicales y la patronal pues el Gobierno, que ya ha demostrado ser débil con una patronal dialogante aun lo será más con una beligerante.