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lunes, 7 de noviembre de 2016

El despegue

Los últimos actos y gestos de Sánchez tienen un aire quijotesco. Aquí está el hidalgo, velando armas para ser armado caballero y salir por esos pueblos de las Españas a desfacer entuertos, socorrer a los menesterosos, amparar a las doncellas y acabar en posesión de la Secretaría Grial del PSOE.

La formación de la candidatura no se hace según usos habituales en el partido, pero tampoco desde fuera de él. Tiene un origen indirectamente plebiscitario en los miles de militantes que han suscrito una petición de Congreso extraordinario y primarias. Su baza evidente es su imagen de autonomía personal y voluntad de liderazgo. La autonomía la ha probado, el liderazgo es lo que está por ver.

Después de las melodramáticas escenas del golpe de mano del 1º vendimiario y, habiéndose explicado cuáles eran las motivaciones que lo impulsaban, el programa de la candidatura debe contener novedades al respecto y estas solo pueden ser la intención de negociar con la izquierda de Podemos y la de entenderse con los independentistas catalanes en un referéndum. Habiéndolo enunciado en el programa de Évole, Sánchez, sin embargo, no fue del todo claro. Reconoció, sí, que Cataluña es una nación, cosa que luego le copiaría Iceta, que es hombre disciplinado. Sin embargo, el líder in the making habló luego confusamente de "votación". Los eufemismos no funcionan y las cosas deben exponerse por sus nombres. "Votación" quiere decir referéndum.

Ya se sabe que una posición así suscitará fuerte rechazo en todo el nacionalismo español, incluido el del PSOE. Tanto que la candidatura de Sánchez (que sería recibida con palmas si se limitara al giro a la izquierda) puede no fraguar. Pero, antes de rendirse sin más al tradicionalismo hispánico, puede hacer dos peticiones:

La primera. En democracia debe hablarse de todo. Negarse al diálogo so pretexto de que ciertos temas son intangibles no es aceptable porque implica una presunción de infalibilidad.

La segunda (dependiente de la primera). Si la propuesta de llegar a un referéndum pactado en Cataluña, aceptable para los independentistas, no es aceptable para los nacionalistas españoles, que estos presenten otra que sí lo sea para todas las partes.

En el arduo caso de que la candidatura de Sánchez saliera ilesa de un contraataque nacional español, el giro a sinistra es más sencillo. Dos tercios de Podemos, Errejonistas y gentes de IU, verían con buenos ojos una colaboración con el PSOE en una oposición fuerte y activa. Eso dejaría a los bolcheviques del sorpasso acuñando frases revolucionarias, que se les da bien.

Sánchez tiene un punto fuerte: es el único socialista en quien no hace mella la amenaza de elecciones anticipadas. Al contrario, le convienen dado que ahora no es diputado y, si alcanza la SG le interesa sobremanera serlo.