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domingo, 12 de octubre de 2014

La plebe.

Los de Podemos han puesto de moda el término casta que, por su concisión y contundencia se ha adueñado de las redes y está omnipresente en los discursos públicos críticos. Palinuro no se vale de él por considerar que no es concepto nuevo, ni preciso. No es solo que tenga un uso antiquísimo como sistema de clasificación social en la India, sino que ahora mismo su difusión comienza a partir del libro de Sergio Rizzi y Gian Antonio Stella, dos periodistas italianos veteranos de este tipo de asuntos, La Casta, così i politici Italiani sono diventati Intoccabili (Milán: Rizzoli, 2007) y de su réplica española a cargo de Daniel Montero, La casta. El increíble chollo de ser político en España (Madrid: la esfera de los libros, 2009). Hay que hacerles justicia. 

El término es, además, confuso, al menos en español, idioma en el que casta tiene asimismo una connotación positiva, cuando se dice, por ejemplo, que "de casta le viene al galgo" o anida en el adjetivo sustantivado castizo, que lleva un timbre de orgullo, sobre todo en Madrid, lo que lo convierte en ambivalente en el resto del país.

Pero, sobre todo, es impreciso ya que no trae aparejados los parámetros que permiten aplicarlo en unos casos sí y en otros no. Un ejemplo: los dos curas infectados de ébola y repatriados a coste millonario para morir aquí, ¿son casta o no? Muchos se echarán las manos a la cabeza, quizá incluso algunos de los que usan el término. ¿Cómo van a ser casta dos hombres que se entregan a los demás y se juegan la vida por ellos? Parece absurdo, ¿verdad? ¿Cómo va a ponerse en cuestión la nobleza de intenciones de los dos misioneros? En efecto, ¿cómo?

Y ¿qué sucede con la nobleza de intenciones de la enfermera que, presentándose voluntaria a cuidar de los infectados, se infectó a su vez? Esas sí pueden ponerse en duda, pueden cuestionarse. No sabemos si los curas son o no casta; pero sí sabemos que la enfermera no lo es. ¿Por qué? Porque es plebe, un concepto también muy antiguo pero que, a diferencia del de casta, es mucho claro y rotundo. ¿Quiénes son plebe? Todos los que no tienen privilegios, no pillan sobresueldos, ni comisiones, ni tienen tarjetas negras, ni cobran dietas a porrillo por no hacer nada, ni tienen pensiones y salarios astronómicos, ni la mano perpetuamente metida en los dineros públicos mientras predican en contra de lo público a favor de lo privado y lo privatizado. Todos los que viven honradamente de su trabajo o languidecen en el paro o ven reducirse su pensión o sus ayudas. La gran masa de la ciudadanía a la que se puede robar, estafar, engañar, defraudar, esquilmar, censurar, apalear, multar. Todos esos que, si tienen la mala suerte de ser víctimas de alguna calamidad generalmente a causa de la incompetencia de las autoridades, pasan a ser culpables de su propia desgracia y de la de los demás.

Plebe es el maquinista del accidente de Galicia, el del metro de Valencia, los pilotos del Yak 42, el capitán del Prestige, todos inútiles o quizá algo peor, y responsables directos de la catástrofe que han sido los primeros en sufrir. Plebe son las asociaciones de víctimas del terrorismo, como la de Pilar Manjón, si no van cantando el "Cara al sol". Plebe los hijos de los asesinados por el franquismo que solo se preocupan por sus padres si hay subvenciones por medio, según juicio de un individuo cuya fibra moral es la de un protozoo. Plebe los dependendientes que se obstinan en consumir recursos públicos y en prolongar innecesariamente su vida a costa de los demás. Plebe las periodistas a las que se da un bufido o se les mete un bolígrafo por el escote. Los chóferes a los que se abronca en público. Los guardias cuando pretenden cumplir con su deber y multar a una señorita insoportable que infringe las normas. Los viejos que perdieron sus ahorros en la estafa de las preferentes. Todos plebe. Merecido tienen lo que les suceda. ¡Que se jodan!

Plebe son los niños catalanes a los que hay que españolizar y todos los niños que tienen el morro de querer comer a diario. Plebe los nacionalistas catalanes que se pasan la vida armando algarabías en las calles con el cuento de una convocatoria de consulta que es profundamente antidemocrática, aunque ellos crean lo contrario. Lo creen porque son plebe, muchedumbre ignara que se expresa en un tosco dialecto de payeses.

Plebe son los funcionarios, un enjambre de vagos; los médicos, unos incompetentes; los profesores, unos cuentistas; los jueces que investigan las corruptelas del PP, unos prevaricadores; los desahuciados, unos gorrones; los trabajadores, unos privilegiados; los parados, unos parásitos; los enfermos, unos maulas. Somos plebe, chusma, para esta oligarquía nacionalcatólica, admiradora de Franco y seguidora de sus métodos. Somos lo último, lo más tirado y no nos merecemos ni el pan que comemos por no entender que esta banda de ladrones se funda nuestros ahorros, nuestros impuestos, en francachelas, borracheras, putas o cacerías en el África. Somos inmunda canalla por no aplaudir a manos llenas y ovacionar hasta quedarnos roncos a esa política Cospedal, excelso ejemplo de presunta corrupción en todo lo que toca, de embuste, demagogia y censura, cuando asegura que el PP es el que ha salvado la educación y la sanidad públicas en nuestro país y que su partido, el partido de los trabajadores, es el más transparente de todos.

Somos plebe, chusma, se nos puede mentir con absoluto desparpajo, decir cualquier disparate, contarnos cualquier estupidez, despachar con desprecio, pues la gente ya tal. Y a callar, que si se nos ocurre decir algo, la policía nos acorrala, nos identifica y nos cae una multa, así como un par de porrazos por olvidarnos de que somos plebe, chusma sin derechos.