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domingo, 6 de noviembre de 2016

La situación de la izquierda, I

La sociedad mediática vive a velocidad de vértigo. El "caso Espinar", del que aún nadie sabe en qué consiste en concreto, aparece ya cerrado para siempre, como el caso Madoff o el crimen de Cuenca. Lo interesante ahora no es si hay tal caso o no, sino los efectos en cascada que ha producido y que revelan las turbulencias de fondo en la gran alianza de IU y Podemos. Juicio condenatorio de Cayo Lara; réplica destemplada de Pablo Iglesias; contrarréplica indignada de Alberto Garzón. Y, de momento, nos quedamos aquí. La nueva política es idéntica a la vieja, al menos, la tradicional de IU: bronca a todas horas.

El señor Martínez Pujalte, exdiputado del PP, acaba de ser imputado por un juez por sendos presuntos delitos de falsedad y cohecho. Algo mucho más definido que "el caso Espinar". ¿Espera alguien escuchar a algún cargo del PP condenando al imputado? ¿Espera alguien siquiera un rumor de descontento? Esa es una diferencia marcada entre la derecha y la izquierda. En la izquierda, un indefinido "caso Espinar" que ni está ni es probable que esté en los tribunales, provoca un terremoto interno y saca a luz fracturas ocultas con amago de posteriores enfrentamientos. En la derecha algo mucho peor no suscita ni un suspiro.

Ese exagerado sentido crítico consigo misma de la izquierda es una de sus perdiciones. Sentido crítico no demasiado realista porque si hay algo humanamente probable es que la fuente del "caso Espinar" esté en el propio campo, en la candidatura que se enfrenta a la de Espinar por el Podemos de Madrid. Por supuesto, tal cosa ni se menciona directamente, pero se da a entender si, como dice Iglesias, se trata de una campaña de El País para hacerle daño a él, pues la candidatura de Espinar es la que él apoya. En el otro lado se hará caso omiso de la atribución de responsabilidad, pero habrá enfado por el hecho de que el líder se haya decantado públicamente por la candidatura de Espinar y quizá se pida un apoyo explícito de Errejón. Con lo cual ya tendremos montada un pelea de líderes por el mando, por equipos interpuestos, pero exclusivamente personal. La política aquí no cuenta y la ideología ni se sabe lo que es. Se trata de una lucha por el poder. ¿Qué otra explicación tiene montar una especie de primarias no de candidatos sino de programas dentro del mismo partido?

miércoles, 2 de noviembre de 2016

La izquierda y sus medias verdades

La palinodia que cantó Sánchez en Salvados fue seguida sin solución de continuidad por una glosa coral en el programa de Ana Pastor, El objetivo. Seis miembros de distinto relieve de las principales fuerzas políticas se lanzaron sobre las revelaciones de Sánchez para ponerlo de chupa de dómine y ensalzar sus formaciones. Hasta el representante del PSOE, delegado de la Gestora, y comisionado para justificar lo injustificable. Seis políticos ejercientes contra uno al que han obligado a volver a la casilla de salida y amaga con salir. Lo que allí se dijo explica las posiciones más o menos oficiales de los partidos. Nos interesan las izquierdas porque, en definitiva, ya ha quedado claro que si gobierna la derecha es por la incapacidad de la izquierda para ponerse de acuerdo.

Empiezo con la izquierda independentista. El celebrado discurso de Rufian no fue adecuado. El recurso sistemático a la anáfora es desesperante y, en general, el tono y la actitud no son correctos. Otra cosa es el contenido. Los socialistas lo merecen. La forma no es afortunada; el fondo, sí. Garzón considera "hipócrita" el discurso de acusar en Madrid a alguien por hacer lo que el propio acusador, ERC, hace en Cataluña, esto es, aliarse con la derecha reaccionaria. El dirigente de IU no entiende el factor nacional en la política catalana, cosa habitual. No es habitual, sin embargo, faltar tan clamorosamente a la verdad: todo el mundo sabe que la derecha catalana no es ni de lejos la española.

Llamativa ha sido la reacción unánime de Podemos a las semirrevelaciones de Sánchez. Estas avalan su interpretación de que no fueron ellos quienes impidieron un gobierno de izquierdas a raíz del 20D sino las oscuras fuerzas que no se presentan a las elecciones. Ellos están libres de responsabilidad. Esto no es enteramente cierto. Es una media verdad. Es cierto que las fuerzas actuaron, como ya se sabía desde la famosa decisión del CF de confiar en Sánchez con dos condiciones prohibitivas (hoy llamadas "líneas rojas"): nada de alianzas con Podemos y menos con los indepes catalanes; de estos, ni la abstención. Así fue. Pero también fue cierto que Podemos no quería un gobierno de izquierdas sino que, como todos, según dijo Sánchez en la entrevista, prefería segundas elecciones. Esas segundas elecciones traerían el sorpasso, la hegemonía de Podemos en la izquierda. Es más, hay una razón irrefutable: si Podemos hubiera querido un gobierno de izquierda, no habría votado en contra de Sánchez sino, al contrario, hubiera debido ir con él, precisamente para desbaratar el plan de la derecha.

No se olvide que ese plan no era impedir un gobierno con (o de) Podemos, sino asegurar el mantenimiento del gobierno del PP. Y así, Podemos, votó que no, haciendo justo lo que la derecha quería. Una metedura de pata colosal que no se desvanece porque una u otra profecía se hicieran realidad pues afecta al resultado. En lugar de reconocer el perjuicio causado por sus medias verdades, Podemos parece haber encontrado un nuevo motivo para intensificar su hostilidad al PSOE. Cuando el empecinamiento doctrinario quiere que las personas se estrellen, les hace creer que la realidad demuestra lo acertado de sus (pre)juicios.

Nunca había estado la izquierda más lejos de conseguir sus objetivos; nunca tan dividida.Tanto que, una vez investido, Rajoy ya ha hecho realidad el vaticinio de los contrarios a la abstención: abstenerse era constituir al PSOE en rehén del PP. O se vota a favor de lo que el gobierno quiere o se convocan elecciones anticipadas. Y allá va el PSOE -que no puede permitirse unas elecciones- uncido al carro de la derecha, por lo menos hasta el congreso y las primarias pendientes de convocatoria.

Este es el momento que Sánchez ha escogido para hacerse las fundaciones, en busca de una legitimidad cuasiplebiscitaria que lo sostenga en su postulación como candidato a la SG. Se dibuja aquí un relato romántico de cómo un líder elegido por el pueblo es descabalgado por las potencias oscuras con ayuda de los poderes mediáticos y el auxilio ejecutor de sus compañeros de partido. Una vez lanzado al ostracismo, el líder emprende la heroica tarea de reinventarse y proponerse de nuevo con un discurso distinto y cuenta algunas medias verdades en un programa de TV a modo de lanzamiento. Las medias verdades (por ejemplo, lo relativo a la Telefónica) harán más daño que beneficio, como siempre. El carácter distinto del discurso se refiere a las dos condiciones prohibitivas: Podemos y los indepes catalanes y, entre medias, el referéndum. El riesgo es que ahora le digan lo de las buenas horas mangas verdes.

Saben los dioses que tal fue siempre la idea de Palinuro, esto es, el entendimiento entre el PSOE, Podemos y los indepes catalanes. Resulta lamentable que todos, indepes catalanes, Podemos y PSOE, reaccionen con hostilidad creciente entre ellos. El camino que habrían de llevar es el inverso. Según parece, el que propone ahora Sánchez. El socialista ha dado un giro fenomenal y, aunque sigue siendo confuso en ciertos aspectos e iluso en otros, quizá merezca un voto de confianza.

La cuestión es si ese cambio de Sánchez obtiene el apoyo de su propio partido, cosa nada clara. También es cuestión si Sánchez tiene la consistencia, el temple y demás condiciones para liderar ese proyecto hasta el final. La impresión que ha dado hasta ahora es que no las tiene. Es de suponer que habrá otras candidaturas en competencia con la suya y el electorado tendrá tiempo de hacerse una idea sobre sus respectivos méritos y posibilidades. Al fin y al cabo esto es y no es un asunto de personas.

martes, 20 de septiembre de 2016

No estaría mal

La entrevista a Luis Villares, cabeza de lista de En Marea en las elecciones gallegas del próximo día 25 que aparece hoy en Público tiene mucho interés. Su punto central es el agudamente sintetizado en el titular: "Si En Marea gana en Galicia, no habrá terceras elecciones en España". A primera vista, este vaticinio parecería contradecir el post de Palinuro de ayer, Sin novedad en el frente por cuanto dice que el resultado de las elecciones gallegas tendrá una incidencia directa en la política española, al punto de evitar las temidas terceras elecciones. Palinuro sostenía que tanto las elecciones gallegas como las vascas del mismo día no alterarán la situación política general, de acuerdo con los vaticinios demoscópicos. Esto es, que los resultados autonómicos no posibilitarían (ni dejarían de posibilitar) unas u otras coaliciones electorales en el Estado. O sea, que estas elecciones están ya descontadas, son escaramuzas colaterales y no tendrán mayor relevancia.

Pero esa opinión quizá sea errónea. Hasta el domingo no lo sabremos. Palinuro podría estar equivocado. En realidad confieso que si la equivocación fuera en el sentido que señala Villares, esto es, que el PP perdiera la mayoría absoluta en Galicia, nada le agradaría más y lo celebraría con pitos y flautas. ¡El PP a la oposición en Galicia y los gallegos con un gobierno de coalición de izquierda En Marea-PSOE! Un sueño. Ojalá.

Villares hace otras consideraciones en la entrevista verdaderamente enjundiosas. Insiste en distinguir En Marea de Podemos y da a entender que el mando corresponde a En Marea frente a un Podemos más subalterno. Cualquiera que conozca la política en España y las naciones que alberga sabe el alcance de esta afirmación: en concreto que, si en Galicia pierde el PP la mayoría absoluta y cabe formar un gobierno de izquierdas, ese gobierno se formará porque la decisión será del sector por así decirlo "cívico" de En Marea y no de los seudobolcheviques de Podemos que tienen aquí una posición subordinada. Recuérdese que la formación del partido instrumental estuvo a punto de fracasar por la habitual intransigencia y arrogancia de Podemos y que, si se salvó, fue por la intervención del líder Iglesias en el último momento forzando una unidad de acción en contra de la voluntad diz que democrática de las bases y de los entes negociadores de su partido. De no pasar por el aro, Podemos se hubiera quedado fuera de En Marea y, aunque eso refleja mejor su voluntad permanente de dividir la izquierda que no puede controlar, hubiera descubierto demasiado su juego y lo hubiera llevado a la irrelevancia.

Así que, en efecto, es una muy buena noticia que en En Marea haya una voluntad mayoritaria de ir a una alianza de izquierdas y no la vieja obesesión comunista de acabar con el PSOE al precio que sea, incluso de gobierno de la derecha.

Una muy buena noticia que puede luego extrapolarse a la política del Estado en alas de un cálculo inteligente como hace el juez Villares: si hay alianza de izquierdas en Galicia, como de hecho ya la hay en Valencia, habrá gobierno de izquierdas en España. Es casi como un guiño dirigido a los analistas: si en Marea gana en Galicia, en las negociaciones para formar gobierno en Madrid Podemos pintará menos, será marginal la presión anguitiana del sorpasso y hasta es posible que manden a los que lo propugnan (con el sempiterno fin de impedir un gobierno de izquierdas) a escardar cebollinos, que ya va siendo hora.

Así que, en efecto, la entrevista tiene fondo y es muy interesante. Y ojalá se realicen los deseos del juez Villares. Tanto si la fuerza mayoritaria de la izquierda es En Marea como si es el PSGa. Los dos parecen tener claro que el objetivo esencial, fundamental, primordial de la izquierda en España ha de ser poner fin a este atropello, esta vergüenza de un gobierno de ineptos, presuntos corruptos y ladrones y franquistas.

De ser esto así, también Palinuro aplaudiría formar ese gobierno en España (pendiente de resolver el contencioso catalán según el ideario de la izquierda, con un referéndum de autodeterminación) y evitar así las terceras elecciones.

Pero, si no lo fuera, no se olvide. Las elecciones son el mejor modo de encauzar los problemas en las sociedades democráticas.

sábado, 10 de septiembre de 2016

No pueden evitarlo

Carece de sentido ponerse en plan de Pedro y el lobo con la bronca que se dibuja en el horizonte madrileño de Unidos Podemos, porque tal es el estado permanente de los morados desde los felices tiempos de Vista Alegre. Mejor o peor resueltas, de mayor o menor calado, más o menos ocultas o silenciadas las desavenencias internas, caldo ordinario de IU, han estado siempre presentes en Podemos. Algo sin duda muy frecuente en casi todos los partidos políticos, pero que en la "verdadera" izquierda han tenido y tienen carácter endémico.

Tampoco es relevante tratar de comprender cuáles sea los motivos concretos de este enésimo enfrentamiento. Que si los "errejonistas" o los "pablistas", los supervivientes del naufragio de IU/Madrid o los damnificados por la última dimisión en bloque de unos u otras por discrepancias tácticas, etc. En el fondo, puras luchas personalistas por el poder. Fulanismos y menganismos, que diría Unamuno. Hay algún vago intento de dar a la querella mayor envergadura teórica. Las cabezas Adelante Podemos, Rita Maestre y Tania Sánchez, invocan un feminismo militante que, en realidad, agudiza el enfrentamiento más que lo mitiga. Porque, si bien es cierto que UP desprende un aroma patriarcal y hasta algo machista, jamás aceptará una crítica feminista pues sostiene tener hechos esos deberes. Igualmente se señala que, al fin y al cabo, UP es una formación de nuevo tipo, capaz de funcionar en un régimen de auténtica democracia y que los portavoces mantienen una actitud de neutralidad en los debates. Sin embargo eso no reza con el secretario general, que ha salido al paso del Adelante Podemos prácticamente en apoyo de una candidatura opuesta.

En definitiva, cuestiones personales, de egos, de cargos y puestos, de políticos profesionales o velozmente profesionalizadas. Lo de siempre. Lo que cabía temer por la forma en que se desarrolló Podemos, y se convirtió en certidumbre cuando admitió en su seno a la jaula de incompatibles de IU, y hasta selló luego un pacto con el pecio. Nunca se voló tan alto y se cayó tan bajo en España en menos tiempo.

Lo curioso es cómo, al cabo de tantos años de esperar e intentarlo, tanto tiempo abrigando la esperanza de un sorpasso a la aburguesada socialdemocracia, anhelando ser la fuerza hegemónica de la izquierda, los antiguos y los nuevos comunistas todavía no han entendido las razones de su fracaso. Y, sin embargo son dos y muy sencillas:

La primera: a fuerza de orientar su acción exclusivamente al "desenmascaramiento" y consiguiente destrucción del socialismo democrático, los antiguos y los nuevos comunistas han cambiado tantas veces de doctrina que se han quedado sin ninguna. Hoy nadie sabe qué significa ser comunista, en la versión clásica o en la postmoderna. Ni ellos mismos que, además, huyen del nombre como de la peste. "¿Comunistas nosotros?", dicen los morados, "en absoluto. Eso es una antigualla, un recordatorio malévolo." Y lo dicen quienes llevan en sus listas candidatos pertenecientes al Partido Comunista, empezando por el cabeza de lista de IU y quinto en la de UP por Madrid. Y en donde no hay doctrina, ni ideología, no puede haber un partido. La prueba es que la otra fuerza también sin doctrina ni ideología, puro oportunismo, el PP, no es un partido sino, según la judicatura, una presunta asociación para delinquir.

La segunda: es cierto que al PSOE puede haberle pasado lo mismo con el desbarajuste de la crisis y su proclividad hacia soluciones neoliberales, es decir, que se haya quedado sin doctrina y sin ideología. Pero en su día las tuvo, durante muchos años y eso le dio su condición de partido histórico. El PSOE no es el PASOK, tiene 135 años y es un partido de memorias, de tradición de generaciones, un partido con una tradición democrática. Un partido. Y eso se acaba de ver al comprobar cómo Sánchez ha ganado la batalla del NO es NO con el exclusivo apoyo de sus militantes y votantes. En contra de una presión universal e inmensa procedente de los demás partidos (Podemos incluido), los medios, la empresa, la Iglesia y hasta las potencias celestiales, comandadas por el ministro del Interior.

Esa es la doble razón por la que tampoco ahora hay ni habrá sorpasso: a Podemos le falta teoría y partido para enfrentarse al PSOE que, aun sin tener el acceso privilegiado a los medios que tiene aquel, sigue por delante en intención de voto de la ciudadanía. Le falta sentido de comunidad, cohesión, tradición y cultura política democrática. Y le sobra narcisismo.

martes, 30 de agosto de 2016

La única alternativa a Rajoy son las elecciones

Retornan los de Podemos, hasta ahora silentes por si el PSOE, al abstenerse y facilitar un gobierno de Rajoy, les sacaba las castañas del fuego. ¿No era el PSOE la misma mierda que el PP? Pues le correspondía abstenerse, según el manual de marxismo-leninismo, para que Podemos brillara como la "verdadera" y la "auténtica" oposición. El NO es NO del PSOE no se lo esperaban. No les dio tiempo a cambiar su discurso y, al retorno del bronce, hace un par de días, Iglesias hacía una de sus habituales declaraciones en las que va de sobrado y muy siete machos, diciendo que en el PSOE había tres o cuatro corrientes internas y que se dejara de marear, supongo que la perdiz.

Hoy, con la votación de investidura ante las narices, está ya todo claro. NO es NO. Y Podemos viene, como siempre, hablando de mano tendida y "alternativa de izquierdas" para convencer a un secretario general contra cuya candidatura votó hace unos meses junto al PP. Se entiende que salga Errejón a echarle voluntad al asunto, a ver si convence. Pero no sirve de nada porque el que manda en Podemos es Iglesias, tanto que Anguita ha decidido abandonar la política, habiendo dejado, eso sí, a su discípulo Monereo de intelectual orgánico de guardia para que no haya sucias componendas con la banda de la cal viva. La pregunta es obvia: ¿qué crédito tiene Iglesias? Y la respuesta no lo es menos: ninguno. El hombre no es leal, no es claro, dice una cosa y hace otra y está siempre animado del revanchismo de los viejos comunistas frente a los socialdemócratas aburguesados y poltrones.

Además, como siempre, vende la piel del oso antes de cazarlo. Afirma Errejón que hay una alternativa de izquierdas, pero no es cierto. Sus votos tampoco dan. Solo lo harían contando con los indepes catalanes. Pero estos exigen un referéndum que los socialistas no van a autorizar en ningún caso. Por eso, Tardá, de ERC, ha anunciado ya su voto "no" a Sánchez. ¿De dónde saldría la alternativa? De que creyéramos que Podemos podría convencer a los indepes, dado que admite el referéndum. Cualquiera que tenga idea de política catalana sabe que los indepes desconfían igual de Podemos que del PSOE.

En consecuencia, la solución más cómoda y democrática es ir a terceras elecciones. Palinuro se pasó meses desgañitándose por la unión de la izquierda, PSOE y Podemos (con muchos listos de Podemos diciéndole que era de bobos considerar al PSOE de izquierdas) con los indepes catalanes. Pero ya no lo considera viable, vista la mala fe de Podemos. La mejor alternativa son las elecciones que no tienen por qué ser en Navidad si el Parlamento se pone de acuerdo en reformar la LOREG, según iniciativa del PSOE y celebrarlas el 18 de diciembre.

Esas elecciones prometen ser muy reveladoras. Es del dominio común que serían un fracaso para los dos partidos emergentes y consolidarían a los dinásticos, dejando una situación más favorable a un posible gobierno de coalición. ¿De que coalición? Eso es lo que decidirán los  ciudadanos en su momento.

miércoles, 24 de agosto de 2016

A una semana del fin de la plaga

Los dirigentes del PP, en ánimo ya tumultuario, presionan a Sánchez, le exigen que el PSOE se abstenga por sentido de Estado y, salidos ya de todo tino, llaman a los barones socialistas a sublevarse contra la dirección de su partido. Entre tanto, el presidente de los sobresueldos sigue recorriendo as Rías Baixas con ese estilo Forrest Gump que lo caracteriza y mueve más a risa, incluso, que oírlo hablar. Él está igualmente indignado por la irresponsabilidad de Sánchez. Tanto que también se abstiene de telefonearlo, para que aprenda. Pero Sánchez no puede aprender nada porque abstenerse es lo único que Rajoy ha hecho desde que se encaramó en el puesto de su máxima incompetencia: abstenerse de cumplir su palabra, abstenerse de dar cuenta de sus actos, de comparecer en el parlamento, de denunciar y perseguir todo tipo de corrupciones en todo el país, de gobernar con eficacia y justicia; abstenerse de trabajar para formar gobierno, esperando que se lo hagan los demás. Por tanto, ahora, también se abstiene, pero sigue haciendo esquinadas referencias hostiles al socialista pero intenta colgarle la responsabilidad de unas posibles elecciones el 25D que es la fecha que él ha provocado. Solo los más lerdos o más carotas de su partido lo han seguido en esta acusación que provoca la hilaridad general. Los demás, silencio muy molesto ante la profanación electoral de una fiesta de contenido religioso. No sé qué pensarán el arcángel Marcelo, Santa Teresa y las once mil vírgenes asesoras de los ministerios... 

Los periodistas y analistas afines, tras mucha resistencia, han tirado ya la toalla y admiten que Rajoy no será investido presidente en primera ni segunda vueltas. No querían creérselo, pero ya lo dan por descontado. Tanto que han empezado a hacer las habituales cábalas a lo loco: Rajoy no saldrá ahora pero, luego de las elecciones gallegas y vascas, la situación puede cambiar y podría presentarse de nuevo con una mayoría suficiente.

Para ello es imprescindible que al fracaso del 31 de agosto próximo se presente con 170 votos, no los míseros 137 de ahora. Es fundamental que C's se preste a esta operación y C's lo hacen encantado. Es más, baja las condiciones referidas a la corrupción hasta un punto que ni los corruptos esperaban. En un país en que la mayor parte de la corrupción se da en los ayuntamientos, C's se conforma con hacer saltar a los corruptos a nivel estatal. O sea, media docena y gracias, sobre todo porque también está dispuesto a restringir el término corrupción prácticamente a los casos de atraco a mano armada. El resto, pelillos a la mar.

Todo eso está muy bien y seguramente sea lo que piense Rajoy entre carrera y carrera. Pero olvida un dato decisivo: cosechado su segundo "no", el de los sobresueldos tendrá que ir a ver al Rey, a confesarle su fracaso y devolverle la iniciativa. Y será el Rey quien decida. Nueva ronda y el encargo puede recaer sobre Sánchez si este se muestra favorable. Y aquí es donde va a comenzar una interesante batalla, ante todo en la izquierda, por ver si puede constituirse un gobierno de esta orientación.

Sánchez no ha dicho esta boca es mía ni ha revelado sus posibles planes. Solo sabemos que no concede crédito a Podemos. Pero eso es un juicio que comparte con muchísima gente: los de Podemos no son leales ni de fiar. Ya votaron que no junto a Rajoy en diciembre y nada garantiza que no vuelvan a hacerlo ahora, aunque se pasen el día hablando de un gobierno de izquierdas. Mayoral dice que está cansado de llamar a la puerta del PSOE y solo recibe bufidos. Una afirmación tan sincera como la de que el PSOE es culpable de las elecciones el 25D. Podemos forzó las segundas elecciones confiando en el sorpasso que avizoraba el inefable Anguita. Perdieron más de un millón de votos y, de sorpasso, nada. Como unas terceras elecciones se presentaban muy foscas, empujaron al PSOE a la abstención (por la vía crítica, claro). Al ver que no había tal, que NO es NO, comenzaron a hablar de nuevo de gobierno de izquierdas. Pero todo el mundo sabe que el sector anguitista de UP, con Monereo y, sobre todo, el más fiel discípulo del viejo comunista, Iglesias, son contrarios a toda alianza con el PSOE. Prefieren al PP. A la vista está.

Con extraordinaria habilidad, Podemos ha conseguido situarse en una posición perdedora absoluta. Haga lo que haga, no saldrá bien parado. Si se alía con el PSOE (llevando este el asunto a través de notario), irá de segundón y el resultado será malo porque los segundones tienen siempre la culpa de todo, de lo suyo y lo del jefe de filas. Si no se alía con el PSOE y se va a unas terceras elecciones, acabará seguramente instalado en los mismos porcentajes electorales de IU. 

Nadie creía que Sánchez aguantara. Ha aguantado. Nadie que aguantara el PSOE. Ha aguantado, al menos de momento y cada día que pasa es más y más obvio que esta posición es la única correcta porque es la única digna: NO es NO. Queda por resolver ese incidente del diputado Císcar, pero es de esperar que se aclare cuanto antes. 

Iglesias lleva todo el mes de agosto callado. Sánchez también. La diferencia es que todo el mundo quiere que Sánchez hable, que se retrate, y nadie se acuerda de Iglesias. 

La decisión, por reconocimiento abrumadoramente mayoritario, es de Sánchez. Y esa decisión tiene un objetivo evidente e inmediato: Rajoy no. A continuación, entramos en turbulencias. Pero algo está ya claro: aquí hay un lider que se ajusta a lo que una mayoría de españoles quiere: NO a Rajoy.

NO es NO.

jueves, 18 de agosto de 2016

Un gobierno de izquierdas, desde luego

Han sido necesarios ocho meses de chantaje a cargo de ese prodigio de incompetencia, chulería, embuste y estulticia que es el de los sobresueldos para que la izquierda entienda que la unidad es la única vía. Ocho meses soportando la fanfarria franquista de esta banda de delincuentes dedicados a esquilmar un país entero. Ocho meses soportando también las graves necedades de esos fantasmones del pasado con su insoportable petulancia, los González, Bono, Leguina, Guerra, Corcuera y otros excedentes de cupo. Todos tratando despectivamente a Sánchez para que se pliegue a sus turbios designios igual que el pobre Rivera ha tragado los desprecios del Sobresueldos.

La revelación, la sorpresa del verano ha sido Sánchez. Hasta Palinuro debe confesar haber infravalorado su entereza que ahora aplaude sin reservas y más desde que ha rechazado el chantaje del Sobresueldos y lo ha puesto con elegancia en su miserable sitio. Ese es el camino, el mismo que Palinuro viene recomendando desde el comienzo: un gobierno de PSOE + Podemos con otros añadidos; luego veremos cuales.

El valor, la decisión de uno despeja las brumas que la miseria moral del Sobresueldos y la estúpida arrogancia de Podemos vienen esparciendo desde hace meses. La disyuntiva no es el Sobresueldos o nuevas elecciones, como trata de colar la derecha. Existe la posibilidad del gobierno de izquierdas. Posibilidad que se da porque los de Podemos ya no pueden seguir siendo desleales, dado que, si hay terceras elecciones, no van a quedar de ellos ni las raspas. Como tampoco de C's dado su invertebrado oportunismo.

Así que el gobierno de la izquierda debe articularse en torno a la alianza PSOE - Podemos con este de adjunto. Ambas partes deben domeñar las fuerzas contrarias al pacto en sus respectivos senos. El PSOE debe ignorar la falsa retórica de los viejos peplas que tratan de colar su venta al neoliberalismo como la razón en la historia. Podemos tiene que apartar ese núcleo de paleocomunistas al estilo Anguita o su replicante Monereo, cuya obsesión es impedir toda alianza con el PSOE, todo gobierno de izquierda, aunque sea al precio de que siga gobernando la delincuencia organizada.

Ambas fuerzas deben refrenar asimismo su tendencia al personalismo y su narcisismo. Sobre todo Iglesias, cuya agresividad dialéctica solo es comparable a su falta de sinceridad y sentido de la lealtad. Gobierno de izquierda, sí, pero no a cualquier precio.

El núcleo debe a su vez aglutinar todo cuanto pueda en su entorno. Nada sobra en el intento de librar al país de esta banda de delincuentes y parásitos. Si C's corrige por fin el tiro y abandona el intento de ir de bufón de la derecha, sea bienvenido a la alianza y que todos dejen a la puerta unas incompatibilidades que son puros pretextos.

Y lo mismo sucede con los independentistas. El PSOE debe abandonar su absurda intransigencia frente a ellos. Los indepes son gente bregada y pragmática y, desde luego, pueden dar lección y media de política y capacidad de negociación a este hatajo de fantoches españoles que llevan ocho meses paralizados por pura incompetencia. Están también interesados en tener un interlocutor mínimamente razonable en Madrid y no un puñado de franquistas. Y su derecho a pedir la independencia de Cataluña es irrefutable y no los convierte por ello en apestados con quienes no se pueda contactar. Al contrario, los muestra como gente con principios y dignidad. Algo de lo que los de por aquí pueden aprender bastante. 

De todos los demás puede dudarse legítimamente. De lo que no cabe duda es de que el independentismo catalán es la única oposición real que ha habido al neofranquismo imperante en España en los últimos cinco años y que, si hay hoy posibilidad de librar al país de esta plaga, es gracias a él.

lunes, 15 de agosto de 2016

A la izquierda con cariño

Lo llevan en la sangre. No pueden evitarlo. La diosa Eris habita en la izquierda. Unos lo atribuyen a su prurito crítico. Nunca está conforme con nada. Otros, a una pulsión oscura, dionisiaca, destructiva que le hace odiar la posibilidad del triunfo. Otros, en fin, a un irremediable personalismo y narcisismo de sus líderes que los llevan a disfrazar de discrepancias ideológicas puras rencillas de preeminencia. Pero es así.

Garzón, ese joven líder, el mejor valorado popularmente, es breve en años pero largo en experiencia. IU es un auténtico campo de entrenamiento en supervivencia. Y su experiencia le aconseja evitar a toda costa el frente de liberación de Judea. No parece percatarse de que, por el hecho de mencionar la posibilidad, contribuye a su realización, por aquello de la "profecía que se autocumple". O quizá sí se percate. Esto es la izquierda. Incluso ha dado un paso decisivo al poner nombre propio a la división, Iglesias/errejón. También es posible que esté sacándose la espina del enfrentamiento con el segundo a raíz de los resultados de las elecciones del 26J. En la izquierda plural se puede ser plural, pero no ejercer.

A esta tensión viene a añadirse la pérdida de identidad de Podemos en En Marea en Galicia. Obstinarse en prevalecer frente a una marea era vana pretensión, pero el resultado plantea un problema de visibilidad e identidad del proyecto alarmante. Y sobre esto, el oscuro asunto de los supuestos acosos sexuales en algún círculo de Madrid. Un asunto sobre el que recae un sospechoso silencio oficial que induce a pensar lo peor de una organización que apesta a patriarcado machista. Eso, sí, muy popular.

En la otra vertiente de la izquierda, el PSOE, a lo tonto a lo tonto, se está dando una situación excepcional, casi como un parto. Las continuas injerencias de los jubilados de oro, sus pomposos discursos, su pavoneo como hombres de Estado, se han encontrado con una resistencia firme del aparato del partido, de sus bases y de sus votantes. Sánchez, un líder debilitado desde el principio, casi de carambola, que ha seguido perdiendo votos y no tiene respaldo de las fuerzas de la fronda autonómica, se ha erigido en símbolo de esa resistencia, ha sacado fuerzas de flaqueza y aprovecha la coyuntura de que el PSOE es el partido de la centralidad, el que todos necesitan y, por lo tanto, el más fuerte. El partido fortalece a Sánchez y Sánchez fotalece al partido. Es un caso de simbiosis política. 

Situación excepcional, de parto. El PSOE del NO es NO puede liderar una política de regeneración democrática. Y, por supuesto, está obligado a abrir negociaciones con la Generalitat para encontrar una solución distinta a la del NO es NO de la derecha que solo se refiere a Cataluña. Otra cosa es que lo consiga. Si en el PSOE triunfa el NO es SÍ, entregará el gobierno de España al que ya ha fracasado. Cuatro años más tarde, el peligro del sorpasso puede haberse convertido en una realidad. Dependerá de Podemos. Solo de Podemos.

domingo, 7 de agosto de 2016

NO es NO

Buen argumento, voto a tal. El más respetable de los que esgrimen quienes quieren conseguir la abstención del PSOE. Tiene una fuerza de sentido práctico: en un régimen parlamentario, un gobierno en minoría está atado de pies y manos y hará lo que diga la oposición.

La cuestión, sin embargo, es que este no es un régimen parlamentario normal. Está administrado por un partido que no tiene el menor atisbo de conciencia democrática y que instrumentaliza todas las instituciones del Estado a su servicio. Un partido de raíz franquista, cuyo respeto por el Parlamento es como el que tiene por la democracia y la honradez en la gestión pública: ninguno. Ese partido, dirigido por un personaje cuya virtud política más señalada es dejar que los problemas se pudran, convertiría el Parlamento en una cámara absolutamente inoperante.

Pero hay más. El argumento es insatisfactorio porque consiste en presentar al otro las ventajas de conformarse con la opción perdedora, en lugar de permitirle que intente la ganadora. Un gobierno de izquierda con mayoría es mejor que uno de derecha en minoría. Y, si de minoría se trata, ¿por qué ha de ser mejor una del PP que otra del PSOE-C's o PSOE-Podemos?

La diputada no ve que el problema tiene un aspecto determinante que no suele aflorar en la consideración pública pero es notorio. Es cierto que lo más grave de la situación es su bloqueo y este es achacable sobre todo a Rajoy. Pero, detrás de eso, el otro problema (y, muchos sostenemos, el más grave) es el enfrentamiento entre PSOE y Podemos en la lucha por la hegemonía de la izquierda. Eso es también un bloqueo, el que se deriva de la obsesión de Podemos por destruir al PSOE.

NO es NO.

Podemos también prefiere a Rajoy

No falla. En cuanto hay una posibilidad de unidad o coalición entre el PSOE y Unidos Podemos, sale Anguita a desbaratarla. Es una reacción tan segura y previsible como los calores del verano. El hombre no puede soportar la posibilidad de que haya un gobierno socialdemócrata porque, al margen de sus ideas políticas (si es que tiene alguna), lo esencial en su motivación es el odio al PSOE. Si, para evitar que este gobierne hay que permitir que lo haga la derecha, lo hará. Fue la pinza de los años noventa sellada entre Aznar y Anguita con la mediación de Pedro J. Ramírez, algo que propició ocho años de gobierno de la derecha y selló el fin de la carrera política del cordobés quien, habiendo fracasado en todos sus pretenciosos frentes, se retiró a seguir pontificando en la antigua capital del califato. Pero de ahí regresa, como de entre los difuntos, cuando intuye la posibilidad de que, en contra de sus obsesiones, sus discípulos de Podemos, los Anguitillas estilo Pablo Iglesias, puedan pactar con el PSOE la formación de un gobierno de izquierda.

Eso solo podrá hacerse por encima de su cadáver pues él siempre ha preferido a la derecha frente a la izquierda en el gobierno, como mandan los muy novedosos cánones de la IIIª Internacional. Ha bastado que Íñigon Errejón esté manteniendo contactos con el portavoz del PSOE, Hernando, sobre la posibilidad de un gobierno de alianza PSOE-Podemos y que reconozca que se trata de algo deseable para que el ex-coordinador de IU haya ido a esa televisión que tiene Podemos a su servicio a avisar del grave error de Errejón y tirarle de las orejas por apartarse de la línea del mando.

Anguita que, hoy más que nunca, está en posesión de la verdad y conoce las leyes que mueven las estrellas y el corazón de los hombres, ha afirmado que no hay ninguna posibilidad de un gobierno de izquierdas porque de muy buena tinta sabe él que el PSOE acabará yendo a una gran coalición con el PP. Obsérvese bien, el viejo comunista, que lleva toda su vida tratando de que la gente lo vote pero ocultando su verdadera militancia, no dice que Sánchez deba propiciar un gobierno de Rajoy, como hacen los peperos, los patronos, los curas, los periodistas y los carcamales del PSOE. Antes bien, como muestra el Materialismo Histórico, cuyo sacerdocio le está encomendado, el PSOE acabará pactando con el PP, quiera o no y sean cuales sean sus preferencias. Porque, como dice el marxismo, los hombres hacen la historia, pero no saben la historia que hacen.

Por supuesto esto es un disparate, pero disimulado, esquinado, artero, propio del jesuitismo de Podemos: no es que ellos quieran que Sánchez pacte con el PP. Ellos anhelan un acuerdo entre el PSOE -el partido de la cal viva, aseguran- y UP pero, por desgracia, será imposible porque el traidor, enemigo del pueblo y neoliberal empedernido Pedro Sanchez pactará con el PP. Ellos, obsérvese bien, siguen con la mano tendida al PSOE.

Y, si cuela, cuela.

En realidad, esta fábula solo engaña a los fanáticos seguidores de Podemos en las redes y sus legiones de trolls. Para los demás está claro: lo que Podemos quiere evitar, en primer lugar, es un gobierno de coalición en el que la voz cantante la lleve el PSOE y no él, como le correspondería según mandanto de los dioses y, en segundo lugar, y lo que verdaderamente da miedo: un resultado muy inferior al obenido en las elecciones del 26 de junio que equivadría prácticamente a una situación de subalternidad en el panorama político, cuando no de desaparición, cosa que achicaría la mitomanía narcisista de estos emergentes. Y ahí es donde los más pánfilos o los más sinceros acaban descubriendo su juego de favorecer un gobierno de la derecha. Lo dice Pilar Zabala, candidata de Podemos en Euskadi: "las elecciones son lo peor; sería preferible otro gobierno, aunque fuese de Rajoy". Lo dice el diputado de Podemos,Yllanes, de Mallorca: Yo prefiero un mal presidente que terceras elecciones. Rajoy, por supuesto.

¿Lo quieren más claro?

lunes, 25 de julio de 2016

NO es NO

Ya es desvergüenza y desfachatez de la derecha pretender seguir en el gobierno después de estos cuatro atroces años de saqueo del país e involución neofranquista. En estos cuatro años, muchos peperos se han enriquecido a base todo tipo de latrocinios. A unos los han pillado, a otros, no y todos tratan de librarse de la acción de la justicia como pueden. Ya es desvergüenza que el mismo pájaro que lleva cuatro años destrozando el país tras haber cobrado suculentos sobresueldos de origen dudoso durante veinte años, aspire a renovar su mandato sin aceptar ni media responsabilidad por sus numerosas fechorías, sus encubrimientos y complicidades.

Ya es desvergüenza que no solamente pretenda seguir el principal responsable de esta ignominia, sino que quiera imponer la continuidad de sus compinches, algunos de los cuales son verdaderos psicópatas que tienen visiones celestiales y hablan con los muertos mientras que otros, como la exministra Pastor, son responsables políticos de una catástrofe ferroviaria por la que no han dado explicación alguna, pero a ella le ha valido el ascenso a presidenta del Congreso.

Ya es desvergüenza que el PP, una asociación de presuntos malhechores, quiera seguir cometiendo desmanes en provecho de los mangantes que lo integran o para evitar que se descubran y castiguen sus mangancias anteriores.

La dignidad de la gente no puede tolerar que siga en el poder la misma tropa de sinvergüenzas que ha vaciado la hucha de las pensiones, demediado los salarios, suprimido las ayudas a la dependencia (excepto la del padre del Sobresueldos) y recortado todo tipo de prestaciones. Todo ello de forma tal que un porcentaje altísimo de la población sobrevive gracias a las pensiones de los abuelos, pensiones que estos granujas quieren recortar.

Es imperativo, prioritario, esencial, librar al país de esta banda de facinerosos. Es una tarea ante la cual deben pasar a segundo plano cualesquiera otras consideraciones so pena de que, en el fondo, se trate de excusas para perpetuar la dominación de los expoliadores. Y así parecen haberlo entendido todas las fuerzas democráticas de forma que todas votarán NO a la propuesta de investidura del Sobresueldos

PNV: NO.- Indepes catalanes: NO.- Podemos: NO.- PSOE: NO.

Así que, en el mejor de los casos y si C’s votase que SÍ (cosa que no acaba nadie de creerse), el Sobresueldos no puede seguir siendo presidente del gobierno.

La perspectiva de librar al país de esta pesadilla neofranquista y nacionalcatólica, saludada con alborozo por dos tercios de la población, causa, sin embargo, honda preocupación en otros sectores. A saber: la patronal, la banca, la Iglesia, los medios de comunicación a su servicio, o sea, todos, las familias más reaccionarias, monárquicas y meapilas del PSOE y el núcleo más incombustible del comunismo anguitiano, hoy en Podemos.

Todos ellos empujan y alientan a esos socialistas reaccionarios siervos del trono y el altar (los González, Rubalcaba, Bono, Leguina, etc) para que, so pretexto de evitar una imagen del PSOE como partido intransigente, instalado en un “no” estéril y contrario a su tradición pactista, allane con su abstención el gobierno al sobresueldos y su banda. En su ayuda acuden a racimos los enchufados y paniaguados de los medios, los intelectuales con la marca de escudería en el lomo. Todos piden que el PSOE posibilite el gobierno de la banda como “cuestión de Estado”.

La dignidad pisoteada de la gente, la trasparencia burlada, el abuso y el robo sistemáticos, el desprecio por la democracia, la agresividad contra el nacionalismo catalán, la pérdida de las libertades públicas, el despojo de los derechos civiles, políticos, sociales, laborales. Nada de eso cuenta. Lo único que cuenta es la defensa de los privilegios de una élite política, intelectual, funcionarial que tendría que competir en condiciones más igualitarias con las gentes a las que no deja hablar o pretende acallar desde su oligopolio mediático.

Y no siempre lo consiguen. Algunos de estos, menos enchufados, también se han constituido en “abajofirmantes” para contrarrestar el entreguismo de los otros con una petición de que el PSOE pacte con Podemos.

En todo caso, esta petición de alianza con Podemos coincide con lo que Palinuro lleva muchos meses diciendo… pero que ya no defiende con la misma intensidad. La opción de izquierda (PSOE+Podemos+Indepes catalanes, quizá con apoyo exterior del PNV) era muy clara y recomendable antes de las elecciones del 20 de diciembre. Luego de estas, las cosas empezaron a cambiar, cuando pudo verse que Podemos no estaba animado de un genuino interés en una unidad de la izquierda para desplazar a la derecha ladrona, sino, antes que nada, en la destrucción del PSOE, aunque fuera al precio de dejar gobernar al PP.

Es decir, cuando pudo verse que Podemos hacía suyo el revanchismo anguitiano. Y, en efecto, no hubo entonces gobierno porque Podemos votó en contra de la candidatura de Sánchez. Pasadas las elecciones del 26 de junio y confirmado ya que Podemos no alcanza al PSOE, que no sirve para nada, que no está animado de interés en una unión de la izquierda sino en bloquearla para que gobierne el PP, la propuesta de gobierno de la izquierda es muy problemática.

Los jefes de Podemos afirman que no hay nada que hacer con el PSOE porque, al final, este se abstendrá y regalará el gobierno al PP. Una afirmación que es un deseo, en contra de la voluntad expresamente formulada por el PSOE de mantenerse en el NO al Sobresueldos en cualquier caso. No importa, Iglesias sostiene que no hay ninguna posibilidad de acuerdo con el PSOE porque este, en el futuro, lo hará imposible. Un razonamiento que rezuma jesuitismo.

Así que, si puede hacerse un gobierno de izquierda, bienvenido sea. Pero antes habrá que obligar a los cínicos de Podemos a especificar sus posiciones ante notario. Nadie en su sano juicio puede fiarse de unas gentes que cambian de opinión al rebufo de las encuestas.

Y, en todo caso, no se olvide: NO es NO. Y, si no conviene una alianza con las gentes de Podemos, que no son de fiar, tampoco sucede nada: terceras elecciones.

Y que cada cual responda de sus actos.

lunes, 4 de julio de 2016

El Mediterráneo

Es tranquilizador saber que el Mediterráneo lleva muchos siglos descubierto. De no ser así viviríamos en continua zozobra cada vez que alguno de estos estrategas de la ciencia del poder, pensara que lo ha descubierto él solo. Las continuas invocaciones a la calma dentro de Podemos atemperan el nervioso análisis de las causas de su derrota. El caso es hacer todo tipo de equilibrios para no dar con la más obvia de que quienes no te han votado es porque no te quieren. Todavía quedan Mediterráneos cuyo descubrimiento sembrará de luz el camino del futuro.

En la cresta de la más reciente ola de negar que el resultado del 26J haya sido una derrota para la formación morada cuando, en verdad, ha sido un triunfo resplandeciente, Iglesias sostiene que, en definitia, no pasa nada, que ahora toca estar en la oposición pero, dentro de poco habrá otra cita electoral que esperan ganar. Ganar, perder; perder, ganar. Eso es lo único que importa a estos teóricos políticos de Juego de Tronos cuya elemental cháchara pone al desnudo sus más ocultos deseos. Iglesias se ve en la oposición y, para aliviar su disgusto, descubre el Mediterráneo asegurando que eso es lo normal en un sistema parlamentario: hoy en la oposición y mañana en el gobierno. Estupendo. Eso quiere decir que no piensa formar gobierno en modo alguno, es decir que no quiere un gobierno de progreso o de izquierda a favor de los que va cantando por las esquinas. ¿O debemos decir que no quiere que el PSOE puede formar gobierno bajo ningún concepto?

Mediterráneo: hoy en la oposición, mañana en el gobierno. Pero ese mañana son cuatro años. Cuatro años de gobierno de esta derecha corrupta, ladrona, neofranquista y ultrarreaccionaria. Bueno, eso a él no le afecta. Afecta a la gente, sí, que las pasará canutas otros cuatro años cuando esto se pudo evitar simplemente formando un gobierno de izquierda después de las elecciones de diciembre y aun se puede evitar formándolo ahora. Algo sin interés. Es verdad que cuatro años más de esta ignominia, de esta vergüenza de inútiles apandadores que pasan más tiempo en sus cuestiones procesales que en las políticas, a los jefes de Podemos no les afecta gran cosa y solo afectan a la gente. Pero ¿quién es la gente? Obvio, la materia prima de que está hecho el populismo redentor. Pero solo cada cuatro años. Ahora toca disolverse y prepararse para la victoria en cuatro años más manteniendo sobre todo firme la unidad del partido.

Que eso sea una quimera no se le alcanza a quienes han sustituido la experiencia de la que carecen por la voluntad bolchevique de asaltar los cielos en segundas o terceras instancias o nupcias. Ya hay un inevitable enfrentamiento entre Garzón y Errejón que, además, tiene toques de inquina personal muy fuerte. En IU, mar de fondo (que no tardará en convertirse en tormenta) al ver que la función de comparsa en Unidos Podemos no da mayor visibilidad a la organización sino que la sumerge en el olvido y la irrelevancia. Para animarla, este enfrentamiento dialéctico entre los dos números doses de UP: el genuino, fábrica de la casa, Errejón, con su culteranismo gongorista y gramsciano que cada vez es más cómico, y el adoptado o asimilado, Garzón, con su habla aparentemente ingenua, pero henchida de soberbia intelectual, alimentada en la convicción de la infalibilidad de las doctrinas marxistas.

Todavía se descubrirán más Mediterráneos, pero Podemos es ya una jaula de grillos. Y todos bastante pedantes.

El comunismo de Podemos y sus difamaciones

En este vídeo de La Tuerka, Jorge Verstrynge, "explicando" las causas del fracaso de Podemos, argumenta que una de ellas es la acusación que se les hacía de ser comunistas. Como prueba, aduce que Ramón Cotarelo -o sea, yo- llevaba meses dándole la turrada con la manía anticomunista. Sí, efectivamente, cada vez soy más anticomunista viendo cómo las gastan estos difamadores. En este caso concreto, sin embargo, hay que hacer una precisión: ni meses, ni días, ni horas. Yo no he llamado ni hablado a Verstrynge para nada. Al contrario, a raíz de las elecciones del 20 de diciembre fue él quien estuvo bombardeándome con whatsapps y llamadas para que le dijera qué había que hacer en las votaciones de investidura y ofreciéndose a intermediar entre Iglesias y yo, cosa a la que me negué.

El vídeo de marras con esas trolas está aquí:




Un ejemplo más de las tácticas de propagar mentiras e infundios sobre los demás sin permitirles responder. El comunismo es eso: mentir, manipular, censurar y difamar.

Y ahora dicen que ellos son la socialdemocracia. Mucha risa.

domingo, 3 de julio de 2016

¿De quién es el PSOE?

Una de las monsergas más injustas con el PSOE dice que es lo mismo que el PP. Tiene muchas variantes pero, en lo esencial, procede siempre del campo de la izquierda comunista o cercana a él, y su finalidad generalmente es la misma: desplazar al PSOE hacia la derecha en la percepción de los votantes a los efectos de ocupar su lugar. Pretende así ganarse el favor de un electorado mayoritario tanto en España como en Europa que combina un igualitarismo reformista anclado en una justicia social redistributiva con un espíritu respetuoso con la libertad basada en las garantías del Estado de derecho. Es la codiciada fórmula del socialismo democrático, la socialdemocracia.

Tal fue el empeño del comunismo europeo en los años 70 del siglo pasado al que se incorporaron los partidos comunistas de España, Francia e Italia y recibió el nombre de Eurocomunismo. Ocupar el sitio de la socialdemocracia, empujando a esta a la derecha para ganarse a sus votantes. La verdad, sin embargo, es que esta táctica que podría llamarse "del cangrejo ermitaño" no ha funcionado nunca en ningún país europeo. El socialismo democrático, la socialdemocracia, ha sido siempre hegemónica en la izquierda en todos los países europeos, salva la excepción de Italia antes de la crisis de la I República y, quizá, en Grecia actualmente. 

Al fracasar en esta táctica de ocupación, la izquierda comunista española recurrió en los años 90 a la de la llamada "pinza", una unidad de acción con la derecha para sacar al PSOE de las instituciones. Este segundo recurso sirvió para privar del gobierno a los socialistas (poniendo a la derecha en su lugar) pero no para asegurarse la preferencia del electorado. El PSOE siguió siendo hegemónico y no había sorpasso.

Ahora bien, la irrupción de la crisis financiera en 2008, que resultó intratable con el viejo recetario keynesiano, sembró el desconcierto en el PSOE que, falto de argumentos contra el neoliberalismo, cedió en sus principios y se acomodó a aquel. La secretaría general de Rubalcaba  consolidó un proceso de deriva neoliberal en lo económico y conservador en lo político. Tanto este como su sucesor, Sánchez, convirtieron el viejo partido de Pablo Iglesias en uno dinástico, centralista y complaciente con los privilegios de la Iglesia católica. 

La conjunción de la devastadora crisis económica con la incompetencia de los líderes socialistas a la hora de articular un programa socialdemócrata de recuperación, convirtió en realidad palpable lo que hasta entonces solo había sido un deseo, un wishful thinking de los comunistas. Abrió a estos una "ventana de oportunidad". Los hechos eran irrefutables y del dominio común: la socialdemocracia española en el gobierno había hecho suyo el programa neoliberal, había abandonado la posición de la izquierda, se había rendido a la derecha. ¿No fue Carme Chacón quien abrió el camino a la avalancha de desahucios? ¿No fue la reforma laboral del PSOE la que inició el desmantelamiento de la protección jurídica del trabajo? ¿No fue Zapatero quien redujo los salarios de los funcionarios y congeló las pensiones? ¿No fue él quien, mano a mano con Rajoy, modificó el artículo 135 de la Constitución?

Por fin se probaba que el PSOE era igual al PP. Esa era la verdadera pinza y no la de Anguita con Aznar. 

La sumisión del PSOE a un PP avasallador y revanchista desde 2011 desnaturalizó el sistema parlamentario que funciona siempre como un equilibrio entre el gobierno y la oposición. El PSOE no osó presentar una moción de censura durante toda la X legislatura (2011-2015), aunque amagó con ella en una ocasión. En realidad no fue sombra, ni amago de oposición y no lo fue en el Parlamento ni en los demás niveles de gobierno. La derecha neofranquista campó por sus (escasos) respetos. Ello provocó dos consecuencias: a) generalizó la corrupción en las instituciones, faltas de control político y jurídico, convirtiendo España en un patio de Monipodio; b) hizo que la oposición se articulara al margen del Parlamento, que fuera una oposición extraparlamentaria. Esta oposición tomó dos formas muy distintas: de un lado se consolidó en el movimiento soberanista catalán y, de otro, se echó a las calles y plazas de las ciudades como rebelión de los indignados. Si los partidos institucionales, especialmente el PSOE, no hacían frente al gobierno autoritario y corrupto de la derecha, se lo harían el independentismo catalán y el movimiento espontáneo del "no nos representan".

La oposición había abandonado la Carrera de San Jerónimo y se había instalado en Cataluña y los indignados. A ello debe añadirse que, en el curso de su adaptación al neoliberalismo, el PSOE se había burocratizado y patrimonializado entre "familias" generalmente territoriales y se habia ido alejando no de la sociedad, pero sí de sus sectores juveniles. Además de burocratizarse, el PSOE se había esclerotizado.

Y aquí es donde surge la "ventana de oportunidad" por la que se cuela Podemos que quiere recoger el espíritu radical de la izquierda y el respeto a las libertades del Estado de derecho; que pretende por tanto una vez más, arrumbar al PSOE en el museo de la historia, en el pasado, y presentar en su lugar una forma nueva y convincente de socialismo democrático. De ahí la lluvia de primarias, horizontalidad, espontaneísmo, círculos y resto de parafernalia asamblearia. De ahí que si, de un lado, los portavoces de Podemos identifican al PSOE con el PP, Iglesias predique un nuevo evangelio verdaderamente socialdemócrata. 

La ocasión la pintan calva. Los trastornos de la crisis, la postración del PSOE, la desafección de la gente, la polarización política y la movilización ciudadana, la confrontación Estado/Cataluña, todo apuntaba a la oportunidad de revitalizar el viejo sueño comunista del sorpasso. Un pésimo resultado electoral en 2011 apuntaba a otro aun peor en las siguientes elecciones y abría la posibilidad de que la "nueva", la "verdadera", la "transformadora", la "auténtica" izquierda alcanzara una posición que llamaba de centralidad política.

Una sola precaución se imponía: ese nuevo intento de sorpasso no debía confundirse con los eternos perdedores del Partido Comunista y su hopalanda de IU. Había que marcar distancias. Las distancias se marcaron y, en las elecciones europeas de mayo de 2014 se dio la sorpresa de casi un sorpasso, pero no al PSOE sino a IU. Podemos entraba en combate con cinco eurodiputados. A partir de ahí, todos los medios difundieron la doctrina: una nueva izquierda se imponía y prometía dejar atrás a IU y el PSOE. El bipartidismo (curioso concepto que niega a IU la condición de tercer partido) estaba tocado de muerte. Los sondeos se volvieron locos y algunos pronosticaban un tercio de los votos para Podemos. La triste suerte del PSOE estaba escrita en el hundimiento del PASOK. Para ello era preciso que IU sucumbiera, cosa que esta hizo obedientemente para dejar via expedita al choque de gigantes, la pelea a dos en campo abierto en la que Podemos triunfaría sobre el PSOE  y honraría la memoria de Lenin, de José Díaz, de Pasionaria, Carrillo: reunificar el la izquierda bajo una sola bandera. Asaltar los cielos.

Las elecciones del 20 de diciembre de 2015, con un bisoño Sánchez al frente de un mortecino PSOE, carcomido por baronías de covachuelas, fueron un baño de dura realidad para Podemos que, con un ramaje de confluencias, quedó por detrás del partido del Pablo tipografo. Retirada a los cuarteles de invierno, crisis interna y cambio de táctica. Lo que sucedió en esos meses de diciembre a junio es de conocimiento universal. Ya no bastaba con destruir a IU. Era más práctico incorporarla y hacerse con ese millón de votos (pagando los millones de euros de deuda) para ir a nuevas elecciones. Dicho y hecho: Podemos devoró a IU como Zeus se tragó a Metis. Al cabo de un tiempo, con la ayuda de Hefaistos que le abrió gentilmente la cabeza, Zeus alumbró a Palas Atenea, igual que Podemos alumbró la nueva criatura Unidos Podemos, reina de todos los platós televisivos  alegremente ajena al hecho de que la confluencia con IU retrotraía a Podemos al ámbito comunista del que había querido separarse en un principio.

La noche del 26 de junio fue la de las ilusiones rotas. La noche engendra terrores, monstruos, fracasos. Entre conciliábulos, comités, declaraciones, debates y consultas colectivas, los dirigentes de Podemos no entienden qué ha pasado y no entienden por qué no lo entienden. Su soberbia sigue sin dejarles ver la realidad. Su fracaso no se debe a sus actos u omisiones, sino a los del adversario, el PSOE. Y no por su inexistente agresividad hacia Podemos sino porque se ha mantenido, se ha atrincherado, ha resistido. No es el PASOK y tampoco el PP, por cierto. No es hacia dentro de Podemos hacia donde deben mirar estos en busca de errores. Es hacia fuera. 

Pero hacia afuera sabiendo lo que se ve y se dice. No es el miedo "a lo nuevo" lo que ha restado votos a Podemos. Es algo distinto. Es la lealtad a la socialdemocracia de los votantes del PSOE. Estos han acudido a salvar a su partido con todos los elementos en contra: los medios, los sondeos, la espiral del silencio, la mediocridad de la dirección, las maniobras diversionistas, las zancadillas y las intervenciones no pedidas de la colección de floreros, jarras y bacenillas de otro tiempo. Y lo han conseguido. No hay sorpasso, camarada. 

Aquí enlazamos con la pregunta del post, ¿De quién es el PSOE? Habrá quien diga que de sus militantes y tendrá buena parte de razón. Suelen ser militantes de larga data, con experiencia, bregados en las agrupaciones, con sus vicios y virtudes, pero que viven su partido, aunque no aparezcan en Twitter. Pero esos militantes son una pequeña fracción de los votantes. Estos son millones. A ellos ha ido dirigido un venenoso discurso de Podemos de que los verdaderos socialistas, los socialistas de corazón, votarían círculos morados o los corazones de la abeja Maya. Y también un clima general des desprestigio: votar a los socialistas es votar a la derecha, las puertas giratorias, la corrupción, el neoliberalismo, los desahucios. Y los votantes han aguantado sosteniendo que nada de eso es cierto y que no hay posibilidad alguna de que el PSOE facilite un gobierno de la derecha de ninguna forma. Esto último está por ver pues el espíritu humano es inconstante.

Pero, de momento, son los votantes quienes han salvado el PSOE. Por lo tanto, el PSOE es de ellos. Puede discutirse si más o menos que de los militantes. Pero, desde luego de la dirección y de los barones no es; no es de las corrientes, grupos, familias y "sensibilidades" y mucho menos de las glorias del pasado. El PSOE tiene historia (es uno de sus activos), pero no pertenece a ella y, si lejano es el siglo XIX, también lo es el XX y, en ciertos aspectos, más. El PSOE es de los militantes y, sobre todo, de los votantes. Son estos los únicos que pueden resolver el evidente problema de envejecimiento del PSOE, llevando el voto a las franjas más jóvenes.

Eso quiere decir que la necesaria refundación de la socialdemocracia deberá abordarse en el congreso previsto para septiembre u octubre. La reunión no debe servir solamente para elegir un secretario general, para buscar un "nuevo liderazgo", lo que es una simpleza, sino para replantear la doctrina socialdemócrata de hoy: neokeynesianismo basado en la renovación del modelo productivo en los campos en que es competitivo, inversión pública en investigación y desarrollo, economía social del mercado, sector público sostenible orientado a la cohesión social y la solidaridad,  republicanismo, separación de la Iglesia y el Estado, carácter plurinacional del Estado con respeto al derecho de autodeterminación de las naciones que lo integran, sociedad avanzada con perspectiva de género, fomento del uso de recursos alternativos (materiales, energéticos y de relaciones humanas) y conciencia ecológica.

Debe encontrarse la forma de que en los preparativos de ese congreso y en sus deliberaciones y conclusiones intervengan los votantes, los que han votado por el socialismo democrático. En la sociedad de la información y la comunicación, los partidos deben adaptarse y cambiar sus procedimientos. Si Islandia ha podido hacer una Constitución mediante debate abierto en la red y la República Catalana está prefigurandose en un proyecto de Constitución con una amplia participación de la red, bien puede el PSOE abrir a consulta ciudadana su proyecto de reforma de la Constitución.

sábado, 2 de julio de 2016

Hacia las terceras elecciones

A medida que pasan los días está más claro que el resultado de las elecciones del 26J es tan endemoniado como el de las del 20 de diciembre, si no más. Ningún partido alcanza la mayoría absoluta, y solo lo logra la combinación del PP y el PSOE, la Grosse Koalition de la que ningún socialista quiere oír hablar. Todas las demás posibles coaliciones necesitan un tercer partido o, cuando menos, su abstención. Peculiaridades del multipartidismo frente al paralizante y corrupto bipartidismo que todo dios quería quitarse de encima y ahora todos añoran porque empiezan a ver con espanto que la opción terceras elecciones no es tan descabellada. Nadie dice quererlas y todos aseguran estar dispuestos a dejarse la piel para que no se repitan. Nuestros políticos son como algunos reptiles: cambian de piel de cuando en cuando y no solo de camisa o chaqueta.

Eso es lo que dicen, pero no lo que piensan. Las elecciones son como los juegos de cartas para los ludópatas. Todo jugador empedernido que ha perdido una mano quiere que se reparta juego de nuevo porque la adicción lo impulsa a creer que esta vez sí ganará la votación, la apuesta, el monte, lo que sea y, de esta forma, acaba saliendo del casino en una barrica de amontillado. 

No obstante, dos factores les retienen a la hora de hacer públicos sus anhelos: a) el temor a que la opinión pública, cabreada con la reiteración, reaccione con virulencia y, relacionado con el anterior, b) que se exija cambiar los líderes dos veces fracasados por otros. Es decir, en el fondo quieren elecciones pero no quieren aparecer como los causantes y pretenden seguir presentando sus candidaturas por inverosímil que parezca.

Nos esperan pues dos meses con el habitual baile antes de la convocatoria en los que las distintas opciones irán fracasando. La primera de todas, la del PP que, no pudiendo convencer al PSOE de que se suicide en el sidecar de su moto, agumenta la peregrina teoría de que debe gobernar el partido más votado, o sea el suyo, por no otra razón que porque es el suyo ya que ni el sentido común ni la Constitución auspician en modo alguno semejante derecho en un regimen parlamentario. Finalmente quizá intente un gobierno en minoría si consigue convencer al joven flecha Rivera de que sume fuerzas con él. Esto le da 169 diputados pero, como el PNV afirma no sumarse, sus posibilidades de superar alguna votación que no sea la del reparto de prebendas en un parlamento muy hostil son nulas. En consecuencia, terceras elecciones.

Terceras elecciones quieren en realidad el PSOE y UP pero, lo dicho, no se atreven a pedirlas, de forma que harán lo posible para hacerlas inevitables a la chita callando, ya que les va en ello el prurito de la hegemonía en la izquierda. La alternativa que Palinuro ha visto siempre con mayor simpatía, esto es, PSOE+UP+ERC+CDC (ahora con PNV), que da 178 escaños, no es viable a causa del referéndum catalán que el PSOE considera tan inaceptable como un retrato de Pablo Iglesias Posse soplando un matasuegras. La suma PSOE+Podemos+C's, que daría una cómoda mayoría de 188 diputados y presentaría la indudable ventaja de limpiar los establos de La Moncloa de una barrida, aunque dejaría pendiente el referéndum catalán, tampoco es posible porque la combinación de Podemos con C's es tan exotérmica como la del potasio con el agua. Queda la idea de un acuerdo del PP con el independentismo catalán. Si este aplica un criterio pragmatico y don Pelayo concede el referéndum catalán, sería factible. Solo que antes quizá fuera necesario convencer a Rivera de que se hiciera el hara-kiri y no consta entre sus costumbres.

De este modo solo un milagro nos salvará de las terceras elecciones. Y ¿por qué son el PSOE y Podemos los más interesados en ellas? Porque un "a la tercera va la vencida" es el único modo de que una legislatura calentando la silla de la oposición no acabe con los dos tambaleantes liderazgos de Sánchez e Iglesias, cada uno por un motivo distinto. 

Cuatro años más de gobierno del PP en minoría con apoyos asimétricos permitiría a Susana Díaz articular una base de operaciones suficiente para desbancar de la secretaría general a un Sánchez a quien ya ha prohibido que entre en una gran coalición con el PP que pudiera fortalecerlo. 

En el caso de Podemos, la campaña de ejercicios espirituales en que se ha embarcado para oscurecer científicamente las razones de su derrota, deja bien claro que no tienen la menor intención de entender la realidad ni de asumir responsabilidades por una línea política tan incompetente como arrogante e insensata. El segundo escrito que Echenique ha remitido a las bases con ánimo indagatorio, aun más inenarrable que el primero (el de"cañones y mantequilla") no permite abrigar dudas acerca del absurdo de un planteamiento que parece sacado de una encuesta de un mundo feliz a fin de armar un argumentario de urgencia para epsilones, de forma que sus portavoces en los medios (sic) tengan algo que decir y sea siempre lo mismo. Afirma este buen hombre con no excesiva originalidad que el resultado de las elecciones del 26J "ha sorprendido a propios y extraños". Será a sus propios y sus extraños porque otros lo veníamos anunciando desde tiempo atrás. Igualmente afirma que en Podemos tienen una "inteligencia colectiva" como si los militantes de los círculos fueran corales de un arrecife o industriosas abejas de una colmena y no seres humanos plenos en los que la inteligencia es (y solo puede ser) un atributo individual. Termina este escrito casi dadaísta con una enumeración de 12 factores que a su juicio puedan haber sido causa de la derrota de sus muy justas aspiraciones a asaltar los cielos y, de paso, gobernar este país. Su lectura deja claro a cualquiera con algo de sentido crítico que falta el decisivo, el décimotercero: dirigentes capaces de redactar estas bobadas.

martes, 28 de junio de 2016

Lecciones de un fracaso

Cuando los niños juegan a algo y pierden es frecuente que, en lugar de aceptar su derrota, analizar sus causas y tratar de corregirlas, echen la culpa a la perversidad del adversario y cuestionen las reglas del juego. Si ganan, no; pero, si pierden, la culpa la tiene otro, generalmente las reglas del propio juego. Eso es lo que está pasando con Podemos: al no digerir sus infantiles líderes que la gente no los vota porque no los quiere, cuestionan la honradez del escrutinio. Por mi parte no creo que haya habido pucherazo y pienso que los de Podemos no son capaces de afrontar críticamente la ineptitud de su acción colectiva. Pero hay dos razones que me han llevado a firmar una petición de Avaaz que denuncia pucherazo en las elecciones: a) debe disiparse toda sombra de duda moral sobre el resultado de la votación; b) creo que estos sinvergüenzas del gobierno que han sumido el país en un desastre en todos los sentidos, son capaces de cualquier cosa, lo legal y lo ilegal. El mismo Palinuro apuntó a la posibilidad del pucherazo pepero hace unos días en un post titulado ¿Pucherazo en las elecciones?

Pero, al margen de este comportamiento infantil, producto de una rabieta de crío mal educado, conviene buscar respuestas a las preguntas que se plantean tras un batacazo de esta magnitud. Lo primero, desde luego, es reconocer que se trate de un batacazo y no de un triunfo. Porque ahí tienen ustedes a Teresa Rodríguez, portavoz de Podemos en Andalucía, para quien de fracaso aquí nada: hay 71 diputados del pueblo, de lo cual se dice orgullosa. Con semejante lumbrera no hay nada que explicar sino estar orgullosa de conseguir un tercer puesto cuando se aspiraba al primero o el segundo, ocupado por el odiado PSOE. 

Para los demás, no es tan sencillo sentirse orgullosos de semejante traspiés. Así pues, la Comisión Ejecutiva de Podemos, cuyo portavoz es ese otro ejemplar de insufrible logorrea, Pablo Echenique, se reunió el lunes por la mañana para ponderar las razones de una derrota tan grave y para mostrar su desconcierto absoluto. A  primera vista, no hay razones reales para que la ciudadanía les haya hecho tal corte de mangas. 

Antes de que, así como algunos culpan a las reglas del juego, otros cuestionen  la capacidad mental de los electores juzgando, sin duda, que la suya es muy superior, Palinuro apunta algunas vías de indagación para que los altos dirigentes de Podemos salgan de su "desconcierto" y, quizá, entiendan el resultado de sus actos. 

En primer lugar, el uso de los medios audivisuales y las redes sociales, especialmente la televisión y Twitter. La tesis es que hay que contar con ellos, disponer de ellos, tenerlos a su servicio, moverse con ellos. Eso es verdad y Podemos lo hace de maravilla. Sus dirigentes están día y noche en la pantalla, con el motivo que sea y sus trolls controlan las redes sociales y se lanzan como nubes de pirañas sobre los discrepantes.

Pero con controlar la televisión y las redes sociales no basta. Es preciso tener un mensaje, un discurso, un contenido, algo que interese a la ciudadanía, aparte del careto y el porte. Sin mensaje, los medios de comunicación son un puro circo y los periodistas que se han puesto al servicio de Podemos, Ferreras, su señora, Évole, Wyoming, los payasos. Sin mensaje, de nuevo, las redes sociales no pasan de ser gallineros y los trolls de Podemos, gallinas cluecas.

Y no, no había ni hay mensaje alguno o discurso con alguna consistencia. La prueba es que no se expone una sola posición política o moral sino que se respaldan todas, sean o no contradictorias y tengan el efecto que tengan. Por eso, los de Podemos dicen ser socialdemócratas y comunistas, marxistas y libertarios, populistas y doctrinarios, nacionalistas e internacionalistas, patriotas y cosmopolitas, keynesianos y liberales, librepensadores y escolásticos, laicos y religiosos, republicanos y no republicanos, el todo y la nada. Sobre todo, la nada.  El caso es no perder votos.

Así que verlos aparecer a todas horas en la tele con sus empalagosos discursos de todas las facturas, acabó produciendo hastío y hasta hostilidad. Algo que los pelmazos de Podemos, incapaces de elaboración conceptual más allá de repetir un catón a la altura de Marta Harnecker, no consiguen entender.

Y eso en cuanto al contenido. Vamos ahora al talante, la filosofía práctica, esa arrogancia intelectual absolutamente injustificada porque no dicen más que sinsorgadas y vulgaridades. Vamos a la pedantería de expresiones como "núcleo irradiador", "construir pueblo", "referentes vacíos", o cursilerías relamidas como "asaltar los cielos", "la sonrisa de un país", etc. Vamos a la mezcla de prepotencia ("gobernaremos este país"), mala fe y peor uva ("el partido de la cal viva") , chulería ("Sánchez tendrá que elegir entre hacer presidente a Rajoy o a mí") y pura idiocia (el feminismo, el aborto, la república, la Iglesia no son cuestiones de importancia hoy en España) para completar el cuadro de un puñado de narcisistas privilegiados, sin contacto verdadero con la realidad y acostumbrados a que en las asambleas de la facultad les aplaudan las gracias. 

El proyecto originario del puñado de amigos supo ver la ventana de oportunidad para articular como partido político sus ambiciones personales al amparo de la crisis sistémica de 2008 en adelante. Fue audaz y rápido a la hora de ridiculizar la insuficiencia de los argumentos hasta entonces en vigor y, muy especialmente, supo aprovechar las carencias del sistema de partidos; en concreto, la profunda decadencia de un PSOE dirigido por los tres últimos secretarios generales, Zapatero, Rubalcaba y Sánchez, a cual más incompetente y entregado a la política reaccionaria de la dinastía borbónica. Pero, si ver las deficiencias de un sistema es fácil, ya no lo es proponer alternativas que le gente vote y, desde luego, no surgen solas del hecho de que los líderes sean bien parecidos, se peinen de una u otra forma o parezcan más despiertos. Hacen falta ideas, proyectos, planes que puedan estudiarse, aquilatarse, analizarse.

Este es el handicap esencial de Podemos: su absoluta vaciedad conceptual y doctrinal. No digo ya que no tengan una sola idea nueva pues todas las que adelantan son meros plagios. Digo que no tienen una sola idea propia, sea nueva o vieja. Y, como no la tienen, han ido a buscarla allí donde su querencia de mozos les decían que estaba: al viejo comunismo agazapado en IU. De eso modo, tiraron por la borda los réditos que pudieron haber obtenido acentuando la novedad de un discurso de izquierda original y se echaron en brazos de las viejas monsergas comunistas estilo Anguita. Todos veneran a este pomposo personaje como si fuera un gurú, aunque no se le conozca una sola idea digna de reseñar como no sea la jaculatoria "programa, programa, programa", de la que se olvidó en un abrir y cerrar de ojos cuando vio que podía confluir (otra cursilería) con Podemos.

Advertidos de que la resurrección de Anguita no garantizaría el éxito electoral, los de Podemos se abrazaron a las nuevas generaciones comunistas, estilo Garzón, cuya única virtud consiste en ser cincuenta años más joven que Anguita y medio siglo más viejo en cuanto a sus concepciones político-sociales. Al  final estas se han resumido en una campaña electoral en la que, para disimular el comunismo de base han sustituido la hoz y el martillo por un corazoncito con los colores de la abeja Maya. 

Por último, si los dirigentes de Podemos hubieran tenido no ya un ápice de modestia (que no saben qué sea) sino de pura racionalidad, habrían mostrado algún interés por conocer otros puntos de vista, contrastarlos con los suyos y, si acaso, refutarlos. Hubieran querido escuchar puntos de vista críticos y hasta discrepantes con los suyos. Pero eso es imposible. Tienen miedo a contrastar y debatir sus concepciones con los que sostienen otras. Piden, sí, debatir con adversarios de chicha y nabo a los que ya saben de antemano que van a refutar, pero censuran y ocultan las posiciones críticas de gente con más peso y mejores razones. Les tienen miedo. Solo quieren escuchar a sus palmeros.

Esto es lo que explica ese pintoresco titular de la ilustración: Garzón (y, con él, los estrategas de Podemos) está convencido de que "el camino de la confluencia es el correcto". Gracias a esa "corrección" han perdido más de un millón de votos y si, en democracia, la corrección o incorrección se mide en número de votos, la decisión de Podemos era un verdadero desatino. 

Pero es imposible hacer ver estos extremos a una generación que no ha hecho nada por mejorar el mundo en que vivimos salvo presentarlo como más deseable que el que ellos bosquejan sin oficio ni interés alguno.

lunes, 27 de junio de 2016

El oso sigue vivo y el partido de la cal muerta

Hicieron todos los juegos malabares posibles y los imposibles; retorcieron el significado de los conceptos; cambiaron de ideología cuando fue necesario; se valieron de referentes ambiguos y resbaladizos; fueron aprovechados carentes de escrúpulos; utilizaron la demagogia; hicieron populismo; entregaron la comunicación a sedicentes expertos, más inútiles y cursis que los cuentos de Disney; colonizaron los medios de comunicación y pusieron a varios a su servicio; censuraron y acallaron a las personas críticas o simplemente independientes; dieron pábulo a los más inútiles pero obedientes.

Boicotearon desde el primer momento cualquier acuerdo de gobierno de progreso con el PSOE desde el 20 de diciembre, pretextando buscar un pacto por el qe jamás hicieron nada; insultaron y difamaron a los socialistas con la máxima virulencia; cuando les interesó volvieron a hablar de pactos, pero sin dejar de atacar al PSOE; trataron de dividir y sembrar cizaña en el PSOE enfrentando a unos militantes con otros.

Retornaron a IU porque, en el fondo, seguían y siguen siendo comunistas. La advertencia, que tantas veces ha hecho Palinuro, de que los comunistas jamás han ganado ni ganarán unas elecciones democráticas, se echó en saco roto porque era preferible volver a engañar con una doctrina acartonada, amojamada, dogmática y falsa como el comunismo, en lugar de afrontar la verdad y ser críticos. Se echaron en brazos de una huera nulidad como Anguita, consumido por su odio al PSOE, a quien Pablo Iglesias considera su "referente intelectual". Adoptaron la necia estrategia de este: plantear la batalla no contra la derecha, sino contra la izquierda; no contra el PP, sino contra el PSOE. Lo que querían era ganar las elecciones al PSOE desde la izquierda y si, para ello, es necesario que siga gobernando el PP, que lo haga. Es la famosa pinza entre comunistas y derechas que funcionó en los años 90 del siglo XX para desalojar a Felipe González y ahora se quiere que funcione para no permitir que la izquierda gane votos y pueda enfrentarse a la derecha.

Y ¿qué han conseguido? Ni hegemonía, ni sorpasso ni nada. Lo que siempre hacen los comunistas: han propiciado una abstención altísima por hartazgo y han abierto el camino a un gobierno de la derecha que el 20 de diciembre no era posible y hoy, sí. Cabe, incluso, preguntarse si una táctica tan estúpida no esta elaborada en los despachos de la derecha y puesta luego en circulación en los circuitos de la izquierda, sobre todo de los más bocazas, con más medios y periodistas comprados a su servicio. Tambien han conseguido un desgaste del PSOE, pero sin llegar a destruirlo, sin alcanzar el sorpasso. Ahora se dan cuenta de que el PSOE no es el PASOK, que tiene una historia, una trayectoria, una militancia que ellos no saben ni lo que es.

Otra vez estos aprendices de brujo han vendido la piel del oso antes de cazarlo y se han quedado sin el cántaro del cuento de la lechera. Su desconocimiento de la realidad en que viven, su pedantería, arrogancia y petulancia no les dejan tomar conocimiento de ella. Viven como en una burbuja, ensoberbecidos en su vanidad y en la que ningún consejo ni advertencia pueden entrar. Si le añadimos los insufribles slogans de la campaña electoral cursis sin remedio, se comprenderá hasta que grado de sadismo se puede llegar en la política.

Asimismo han hecho algo peor, esto es, han traído un gobierno de la derecha más mojigata, autocrática y cavernícola, un gobierno que, de haber hecho las cosas bien desde el principio, nos podríamos haber ahorrado. Esta convergencia objetiva de intereses entre la derecha y los comunistas, el PP y Podemos, funciona siempre. En el caso del PP, la pinza está muy justificada porque lo que quiere es gobernar, o sea, sacar tajada. En el de Podemos no está tan claro porque, aunque triunfe esta maniobra, él, Podemos, no tendrá acceso al gobierno. Porque en él, la cal ya está muerta.

Y todavía han hecho algo peor: en diciembre pasado no se quiso que hubiera un acuerdo entre las izquierdas pero el grupo parlamentario decisivo en el Congreso era el de Junts pel Sí, sin cuya aquiescencia por activa o pasiva, ningún gobierno de España era posible. Hoy, gracias a la ineptitud de Podemos este ya no es el caso. Lo diputados de JxSí ya no son relevantes porque ni con ellos podría la izquierda formar gobierno.

Podemos es lo peor que ha pasado a la izquierda española desde 1975.

Menos mal que Cataluña, en donde el independentismo sigue su camino, En Comú-Podem no ha hecho mella en la hegemonía de Junts pel Sí.