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viernes, 24 de enero de 2014

Marxardón.

Palinuro me ha confesado muy compungido que ayer se quedó cortísimo al hablar del delirio del ministro. Parece que vio una comparecencia parlamentaria de Gallardón en el Intermedio del Gran Wyoming, el único programa de TV que mira porque, dice, es la única oposición real del país.

"Pero, hombre", le dije, "si era el Intermedio sería de coña".

"Efectivamente, fue de coña. Pero de coña real. El propio Wyoming no daba crédito. Me quedé cortísimo. Lo del ministro no es un delirio más o menos pasajero sino una verdadera patología, un problema de identidad múltiple. Padece el síndrome de Sarah Bernhardt: allí donde va tiene que interpretar un personaje. Y si a eso le añades una soberbia sin disimulo y una petulancia sin límites, propia de un verdadero necio, te quedas con un espectáculo como el de ayer".

"Pero ¿qué hizo?"

"Interpretó a Karl Marx. Recitó los primeros párrafos del Manifiesto del Partido Comunista como si los hubiera escrito él: habló de patricios y plebeyos, de siervos y señores, de burgueses y proletarios. Era el filósofo de Tréveris recordando a la izquierda en dónde había estado siempre, en la defensa del débil, en donde está su proyecto de ley que, por eso mismo, es progresista, una verdadera ley de izquierda. Es decir, leyó a los socialistas su propia cartilla. 

"Toda esta absurda palabrería para ocultar un sofisma: que no hay un conflicto entre un ser débil y otro fuerte puesto que el llamado débil no es ser en el sentido del llamado fuerte.  Que no es un conflicto entre dos personas sino, en todo caso, de una persona consigo misma y en donde este ministro con sus trilerías dialécticas de monaguillo no tiene nada que decir. Pasar por encima de esta consideración, que es definitiva, lleva en efecto a que un típico representante de la derecha, miembro de un gobierno carcunda, reaccionario de funcionarios del Estado, empleados del partido, empresarios, financieros y aristócratas recite el Manifiesto Comunista en sede parlamentaria. 

"De un modo intuitivo y bastante más tosco lo había dicho Cospedal: "el Partido Popular es el partido de los trabajadores".

Con tal de seguir en  el gobierno, desmantelando el Estado del bienestar, eliminando los derechos de la gente y llevándoselo crudo, estos están dispuestos a decir lo que sea.

(La imagen es una foto del Gobierno de España en el dominio público).