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miércoles, 1 de julio de 2015

La Ley Mordaza.

La enmienda primera de la Constitución de los Estados Unidos (la que encabeza su declaración de derechos) dice: "el congreso no aprobará ley alguna para imponer o prohibir ninguna religión; ni para restringir la libertad de expresión o de prensa; o el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y pedir al gobierno que atienda a sus agravios" (Congress shall make no law respecting an establishment of religion, or prohibiting the free exercise thereof; or abridging the freedom of speech, or of the press; or the right of the people peaceably to assemble, and to petition the Government for a redress of grievances).
 
A tenor de esa Constitución vigente en los Estados Unidos, la Ley Mordaza que entra hoy en vigor en la gran nación española, sería nula por inconstitucional. Aquí, no se sabe, porque dependerá de la decisión de un Tribunal Constitucional presidido por un militante (o exmilitante) del partido del ministro que la ha hecho aprobar. Esta norma retrotrae el Reino de España no a los tiempos del franquismo, como suele decirse con razón, sino al siglo XVIII, antes de las revoluciones burguesas; al siglo XVII, antes de la llamada "gloriosa" británica. Es una ley que consagra la arbitrariedad del poder despótico frente a los derechos de los ciudadanos.
 
En la neohabla del autoritarismo gubernamental, la ley se llama de seguridad ciudadana, pero, en realidad, produce inseguridad desde el momento en que arrebata a los jueces la competencia para sancionar determinados comportamientos. Se la otorga a las autoridades administrativas y, en realidad, a las fuerzas de orden público, que actúan como juez y parte y aparecen protegidas no por la presunción de legalidad sino por la de infalibilidad e impunidad. Cosa que se ve por  cuanto se considera punible la demostración gráfica de su comportamiento. ¿Por qué motivo se prohíben las fotos de los agentes de la autoridad en sus actuaciones públicas si no es porque se pretende garantizarles impunidad?
 
Esa ley no protege a los ciudadanos sino que trata de amedrentarlos e impedir, con sanciones arbitrarias y abusivas, que hagan uso de sus derechos. Es una ley tiránica que ampara el hostigamiento de la ciudadanía para yugular todo intento de crítica o protesta por los medios que sean. Con esta ley, de contenido franquista, como sostiene el New York Times, pretende despedirse este gobierno nacionalcatólico, autoritario y acosado por la corrupción, o sea, neofranquista. 
 
Una ley de este alcance, aprobada con los votos de un solo partido, habrá de ser derogada en su integridad por cualquier otro gobierno sin duda con los votos de los demás partidos.

sábado, 16 de mayo de 2015

Más de indignad@s
.

Después de escribir mi post sobre l@s indignad@s, con motivo del cuarto aniversario del 15M, me quedó la duda de si había transmitido mi respeto y consideración por esta movilizacion tan inesperada como legítima, tan sincera como admirable. Me quedaba el reconcome que siempre atenaza a los escribas y autores de si no vemos las cosas desde nuestra torre de marfil y desdeñamos la actividad práctica, el contraste de nuestras ideas con la vida concreta. La barricada, vamos.

Por este motivo, me fui a  mi colección de fotos, a aportar testimonio gráfico de mi participación directa en el movimiento. Lo que en ella se ve es un momento de una actividad específica que se llamó "la Universidad en la calle". A lo largo de aquel tiempo estuve en diversos sitios, distintas convocatorias, participando de formas diversas. 

No hablo de oídas, sino de habladas, aunque reconozco que lo mío no es arengar al personal.

Es más: no estoy en absoluto convencido del triunfo definitivo de las causas nobles como la democracia, la igualdad, la libertad y la justicia, sino más bien de lo contrario a la vista de la marcha de las cosas aquí y fuera de aquí. Pero seguiré haciendo todo lo que pueda por alcanzarlo.

domingo, 18 de enero de 2015

El casuismo de los trileros.


Hay dos cosas tan esencialmente españolas como las corridas de toros: llamar trileros a los demás y el casuismo jesuítico. A primera vista parecen muy alejadas. Falso. Son hermanas gemelas.

Acababa Palinuro de subir su post anterior sobre Podemos en Andalucía, tan contento por resultarse a sí mismo equilibrado, perceptivo, matizado y justo y, ¡paf! se da de bruces con esta entrevista de Pablo Iglesias en "El País". El periódico, que dispara con balas dum-dum, le ha puesto un titular a leche agria. Primera reacción: otra entrevista de este jaez y a estos los votan Anguita y la España profunda. Segunda reacción, ya apuntada por los entrevistadores, Eva Sáiz y Francesco Manetto, por cierto muy buenos: hay que atacar al verdadero enemigo que es Pedro Sánchez y el PSOE, no Rajoy y el PP. 

Volvemos de inmediato sobre ese suculento titular cuya lectura obvia es: "el bipartidismo solo es malo si no es el mío" o "quítate tú para que me ponga yo".  Antes, vamos al cuerpo doctrinal de la entrevista, por lo demás, flamígero, pero con fuego fatuo. Es de agradecer que en el cada vez más confuso discurso de Podemos comiencen a vislumbrarse postulados. Sostener que invocar la disyuntiva izquierda/derecha es de trileros es muy español. "Trilero" llamaba Guerra a Suárez; "trilero" Aznar a González y también Rajoy a Zapatero, aunque el gallego, prefería hablar de conejos de la chistera, expresión que también emplea Iglesias. Aparte de ser algo muy español conduce a tres conclusiones complementarias y ascendentes:

1ª: es personalmente incongruente para alguien que, en la intimidad, dice ser de izquierda;
2ª: es objetivamente insultante y falso porque el hiato izquierda/derecha es el único que está presente en todos los sistemas políticos del mundo. En todos;
3ª: es moralmente repugnante en un país en el que cientos de miles de personas fueron asesinadas y siguen sin recibir justicia por ser de izquierda.

¿Lo anterior es muy fuerte? Sí, desde luego. Y llamar trilero al prójimo lo es más. Porque este no es el fin de la historia sino, al contrario, su principio. Ese lamentable epíteto es la forma actualizada del casuitismo jesuítico verdadera esencia de Podemos que este trata de camuflar como pragmatismo, tacticismo leninista y otros ismos de similar pelaje. La divisoria izquierda/derecha es cosa de trileros, salvo que me convenga, en cuyo caso es tan contundente, cierta y firme como la del ser y la nada.

Los jesuitas, los grandes artífices de esta forma de "razonamiento" según la cual el fin justifica los medios, incluidos la mentira y el engaño, lo hacían a mayor gloria de Dios. Quienes se dicen no creyentes (aunque Palinuro ya pone en duda hasta esto), ¿a mayor gloria de quién o de qué lo hacen?

Volvemos al bipartidismo que hasta ayer era bicha maligna, peste purulenta, necrosis fatal, nido de serpientes, alacranes y monstruos infernales y hoy futuro diáfano y radiante. Ante él, aquí formulado en escuetos términos de escuela de negocios como "dos opciones",  se supone que la peña, feliz de que le aligeren la dura tarea de pensar y de poder elegir entre el bien y el mal, acudirá alegre, muy alegre, a expulsar el mal y traer el reinado del bien.  El estilo que nos enseñó el gran Manes, fundador del maniqueísmo, forma antigua, iraní, de Podemos.

A Palinuro se le ocurrió hacer un comentario en este sentido en Twitter y se echó encima un alud de sectarios que, por supuesto, no se consideran tales sino puro criticismo kantiano: que el pobre Palinuro no ha entendido lo que quiere decir el líder, que no dice eso, que en la entrevista matiza, que dice otra cosa, que no hay que leer "El País", que no sabe lo que es el bipartidismo, que manipula más que respira, que está muerto de envidia, que le fastidia el éxito ajeno, que los achaques de la edad, que Palinuro es muy libre, demasiado, que en su falta de disciplina se le va la olla, que no respeta nada y que el sol sale por Antequera. [Breve digresión: el aluvión incita al optimismo sobre la capacidad mental de los defensores de la recta interpretación de los mensajes del mando].

Dejemos a los fieles seguidores contando los pelos del rabo de la esfinge. Y volvamos al casuismo y al trile.

Parte importante de la entrevista se dedica a hacer sangre de Pedro Sánchez, (el verdadero enemigo, porque esto huele cada vez más a segunda edición de la pinza) a cuenta de su indefinición, su falta de claridad, su inconcreción, su ambigüedad. Muy cierto, ciertísimo. Sánchez camina por un campo de minas y pisa como puede para salvar su pellejo. Pero ¿quién habla de ambigüedad? Hasta tres preguntas gastan los entrevistadores para sacar a Iglesias algo concreto sobre Cataluña... y no lo consiguen pues todo se fía a un vagaroso "proceso constituyente" previsto para las calendas griegas.

¿Por qué? Porque la ambigüedad es mala y pecado salvo que sea la mía, que diría Ignacio de Loyola y sus discípulos, Lenin y Podemos. Y, quien dice la ambigüedad dice todo lo demás: ¿renta básica? Ayer, sí; hoy, no. ¿Jubilación a los 60? Ayer sí, hoy no. ¿Impago de la deuda? Ayer sí, hoy, no se sabe. ¿Programa electoral? Depende de para qué.

Si los demás actúan así son ambiguos y trileros. Si lo hacemos nosotros, atruena la razón en marcha. Y todo esto, además, para acabar copiando las propuestas del adversario (¿enemigo?) socialista como esa de blindar los derechos en la Constitución. Por descontando, una copia en línea con el sentido copiador de la existencia que alienta en esta organización, en donde todo es imitación ajena y copia, desde el nombre de "Podemos" (Yes, we can), pasando por los títulos de los órganos, el color de los símbolos, las canciones, el nombre del jefe, los "hallazgos" teóricos como casta y régimen y hasta la propuesta de responder con una sonrisa a cada insulto (copiada de Zapatero). Aquí propio, genuino, original no hay nada. Todo es copia y, en este caso del blindaje de derechos, en realidad, plagio.

Y no acaba ahí la cosa. Si es necesario, se eleva la ambigüedad y el silencio a esencia misma del universo. Hay que ir a Madrid a manifestarse el 31. ¿Para qué, sobre qué, en contra de qué? Para nada, sobre nada, en contra de nada. Porque sí, porque se nos ha ocurrido a nosotros, que no tenemos que dar razón de nuestros actos porque somos Dios.

La prueba es que la manifestación del 31 se hará a mayor gloria de...Pablo Iglesias, Podemos, Dios. Y, además, no hagais tantas preguntas. Conformaos con ir a dónde os digan y la satisfacción añadida de que, dentro de cincuenta años, podréis decir a vuestros nietos: "Yo estuve allí". Esto es literal. No me lo he inventado.

viernes, 21 de febrero de 2014

Insurrección en Ucrania.

Esto de Ucrania está que arde. Otra vez se incendia una parte del mundo eslavo, y una que tiene frontera con Rusia y Belarús, pero también con Polonia, Eslovaquia, Hungría, Rumania y Moldavia. La frontera oriental exterior de Europa y lo que los rusos acostumbran a considerar el cuasi extranjero. Otra vez empiezan los europeos comunitarios a ponerse nerviosos y los Estados Unidos a lanzar advertencias, consejos y alguna bravata. Ya empiezan a llover las sanciones y se incuba un ánimo intervencionista. Pero aterrorizado, porque Ucrania no es la antigua Yugoslavia, está pegando a Rusia, es el corazón del antiguo imperio de Kiev y uno de los miembros de la Comunidad de Estados Independientes. Los pasos siguientes bien pueden ser una bronca comunitaria, alguna metedura de pata de los yanquis o cualquier embrollo de las Naciones Unidas en un baile de propuestas y vetos.

En teoría, el movimiento opositor, una especie de prolongación radicalizada y mucho más violenta de la revolución naranja, que se hace llamar Euromaidan exige una mayor integración de Ucrania en la Unión europea, a lo que el presidente Yanukovich se opone. El resultado de este conflicto son esas batallas campales de extraordinaria violencia. La autoridad recurre a los medios represivos más bestiales, incluida, al parecer, la acción de francotiradores y los manifestantes no se quedan muy atrás en punto a agresividad. Hay heridos por ambos lados y muertos que se sepa solo del lado de los manifestantes. La peor parte parecen llevarla estos. Pero la situación es muy confusa y corre todo tipo de rumores sin que las informaciones dejen muy claro si cabe pronunciarse por uno u otro bando. La negativa de Yanukovich se atribuye a su querencia eslava y su rusofilia, a pesar de que se lleva mal con los rusos. Pero ya hay mucha gente mirando de reojo a los Estados Unidos a los que acusan de financiar a la oposición con el consabido ánimo desestabilizador de los gringos

Por eso tiene un valor extrordinario el twitter de Alberto Sicilia, Principia Marsupia, alojado en Público.es que está tuiteando directamente desde Kiev. En tiempo real. Con comentarios e informaciones del momento y abundancia de imágenes. Es el signo de los tiempos. Los diez días que conmovieron el mundo vienen hoy en mensajes de 140 caracteres. Pero directamente, en tiempo real. La mediación literaria ha desaparecido. Sicilia, cuyo valor es innegable, lo fotografía todo. Hasta los impactos de las balas que le pasan cerca. Transmite, vaya si transmite, un clima, una situación, un riesgo, un destrozo, una explosión, de modo inmediato, directo. Y la imagen es de caos y más confusión.

Cuando las cosas se lían, merece la pena indagar en la personalidad de los responsables. Es obligado un vistazo a la biografía del presidente Yanukovich permite hacerse una idea de qué clase de persona es quien da las órdenes, quien toma las decisiones. Este hombre ha sido de todo: delincuente, miembro del Partido Comunista de la URSS, gobernador, presidente del gobierno y de la República de la Ucrania independiente (que es un Estado semipresidencialista), falsificador y aficionado a unos pucherazos electorales tan clamorosos que se los anula el tribunal supremo y predispuesto a tomar medidas contra la oposición propias de un autócrata. Sin negar la capacidad de cambio del ser humano, tiendo a suponer que una persona así es capaz de concebir una ley mordaza tan dura como la que está preparando Fernández Díaz. Y, qué quieren ustedes, por mis prejuicios me inclino a pensar que alguien con esta biografía puede desplegar francotiradores por la ciudad para aterrorizar a la población.Y provocar un baño de sangre.

viernes, 14 de febrero de 2014

Interior con pelotas de goma

¿De dónde sale este personal del ministerio del Interior? ¿En qué siglo vive?

Comparece el ministro en sede parlamentaria a desmentir las declaraciones de la guardia civil y el delegado del gobierno en Ceuta. Eso está bien y muy acordado con la doctrina del Opus Dei de no decir mentira. Un desmentido acompañado de una afirmación. Sí, se dispararon pelotas de goma, pero al agua, lejos de los infelices que trataban de pasar a España a nado y en ningún momento se puso su vida en peligro. Y eso, ¿no es mentira? ¿Es verdad? ¿Por qué? ¿Porque lo dice un ministro del Opus? ¿Porque le inspira Santa Teresa "que manda mucho"? El resto de explicaciones tensiona aun más la credulidad del auditorio. Las pelotas de goma fueron acompañadas de cartuchos de fogueo y de botes fumigadores que, para tranquilidad general "en el agua no funcionan", según aclara el mentado ministro sin aclarar nada. Y todo ese aparato pirotécnico no puso en ningún momento en peligro la vida de los inmigrantes. Si se ahogaron doce o catorce -aùn no lo saben- sería por otros motivos o porque así estaba escrito.

Las pelotas de goma han causado ya bastantes desgracias y, como se ve, se siguen utilizando alegremente, tratando de recabar la impunidad en su uso.  La política de orden público del ministerio, la de los órganos con mando directo sobre fuerzas y cuerpos de seguridad, como las delegaciones del gobierno, es extraordinariamente autoritaria y con escaso o nulo respeto al ejercicio ciudadano de los derechos y libertades. La policía y la guardia civil actúan como si ya estuviera en vigor ese proyecto de ley mordaza que llaman de seguridad ciudadana y que, al arrebatar al control judicial partes importantes del orden público, provocan una situación de inseguridad de la ciudadanía, sometida a decisiones administrativas desmesuradas y probablemente arbitrarias. 

Es una política deliberadamente agresiva y violenta, basada en el hostigamiento y la provocación. Conjuntamente con una creciente censura en la opinión pública, se trata de amedrentar a la población, asustar a la ciudadanía para que no haya protestas frente a un gobierno deslegitimado por la corrupción y cuyas medidas antipopulares precisamente las suscitan.

El aumento de la represión sin más no suele resolver los problemas de fondo.

martes, 4 de febrero de 2014

A callar.

¡Cuánta razón tiene Rajoy cuando manda callar! No solo a Rubalcaba y a la oposición, pues eso es parte de su talante democrático, sino a los suyos. Incluso cuando se lo manda e impone a sí mismo, como lleva haciendo dos años. A callar, silencio, chitón, nadie hable que es mucho peor. Si por él fuera, la Convención no se hubiese celebrado. ¡Qué disparate! Reunir a la plana mayor de un partido bajo sospecha de ser una presunta asociación de delincuentes, poniéndolos a todos en primera fila, bajo la luz de los focos. Y la gente venga a hablar, añadiendo pinceladas tremendas a este cuadro nacional de un país ahogado en la corrupción.

No es una invención de la canallesca. El 95% de los españoles cree que la corrupción es un mal generalizado. Por eso tiene razón Rajoy: cuanto menos se hable, mejor. Mejor para él. Peor para el país que descubre, perplejo, cómo está gobernado por una organización por debajo de toda sospecha, desde su presidente hasta el último mono, generalmente contratado como asesor. Gente que no tiene escrúpulos en mentir, engañar, instrumentalizar las instituciones, expoliar el erario público, tomar sus decisiones por decreto, empobrecer a la población y aplicar una política de orden público tan represiva y autoritaria que recuerda más una dictadura que una democracia.

Incidentalmente: ¿no es curioso que quienes, haciendo cansino alarde de neoliberalismo y no  intervencionismo de los poderes públicos, no paren de utilizar el BOE para meterse en la vida privada de los ciudadanos tanto en sus aspectos íntimos como los culturales, religiosos y, por supuesto económicos? No hay día en que una nueva norma, más arbitraria e inepta que la anterior, no venga a interferir en las relaciones privadas. Un liberalismo peculiar que pone a la iglesia a legislar y convierte los pecados en delitos. Dentro de poco, ministerio de Culto y Clero.

En este clima inenarrable de involución democrática galopante, la foto icónica por excelencia es la de Claudio Álvarez en El País, con Rajoy blandiendo el Marca. ¿Es un descuido o un plan premeditado? El Marca, al que los intelectuales desprecian (aunque quizá bastantes lo lean) tiene 2.749.000 seguidores diarios, según el EGM. Posibles votantes, ¿quién sabe? ¡El presidente es uno de los nuestros! Miente más que habla, pero es un hombre sano, adora el fútbol. Además, la imagen lo exime de culpa en la defenestración de Pedro J., pues Marca pertenece a Unión Ediorial, matriz de El Mundo. A lo mejor no está lejos el día en que Rajoy añada a la presidencia del PP la del Real Madrid. No sé si se le habrá ocurrido a su gabinete de imagen.

Abandonada toda pretensión de legislar transparencia, la marea de la corrupción no la para ya nadie. Está en los tribunales que avanzan haciendo destrozos como los elefantes de Aníbal; está en los medios, empeñados en hurgar y revelar chanchullos; sobre todo, está en las redes sociales, que no dejan títere (y nunca mejor dicho) con cabeza. Quien quiera ponerse al día en este complicado fresco de la España cañí del robo, el trinque, la mamandurria, el despilfarro, los paraísos fiscales, las cuentas en Suiza, vaya a la excelente serie que está publicando José Luis Izquierdo en El País. Enhorabuena al autor. Están todos los datos, todos los antecedentes, todas las intrigas, fraudes, delitos, todos los personajes. En un estilo brillante. Solo por la descripción de las andanzas de ese oscuro muñidor, intrigante de los tribunales, hoy embajador en Londres, Federico Trillo, Izquierdo merece un premio. Tiene todo un aire de traición, alevosía, inmoralidad que recuerda las siniestras tramas shakesperianas en las que el personaje es especialista. Ese relato por episodios es la crónica y el esperpento de la corrupción institucional española. Y una crónica viva. El autor habrá de ir reescribiéndola al incorporar los nuevos datos que diariamente salen a la luz, a cada cual más escandaloso, bochornoso, vergonzoso.

La policía, la UDEF, acusa al exsecretario general del PP, Álvarez Cascos, de haber cobrado sobornos para la campaña electoral de 2004 y de ser el mayor perceptor de dineros de la trama Gürtel, el rey Midas de la corrupción. La misma policía sostiene que, entre 1996 y 2004 la Gürtel "administró" 25 millones de euros para mordidas en el PP y aledaños. Menos mal que ninguno de ellos estaba en política por el dinero, empezando por Rajoy. El amigo Camps, por fin hallado, pues estaba como desaparecido, ha declarado por escrito en su despacho (su privilegio) a las preguntas del juez Castro. De 64 cuestiones, 40 han sido "no" o "no recuerdo". Siempre encantado de colaborar con la justicia.

El buen señor de Mercadona, don Juan Roig, niega ante el juez haber pagado nada en B a Bárcenas, o sea, al PP. Pero admite haber donado 100.000 euros a la FAES, o sea, al PP. A su vez, la tal FAES se encargaba de pagar actos de la Gürtel mediante facturas falsas. No hay metáforas para describir este alud de datos, hechos, cifras, que dibujan un compadreo de políticos y cargos corruptos y prevaricadores con empresarios trincones y defraudadores junto a financieros corruptos, prevaricadores, trincones y defraudadores. Esta es la imagen de España. Dentro y fuera. Por eso, Rajoy tiene razón: a callar, a acogerse al derecho a no declarar, a hurtar el bulto, a hacerse transparentes.

¡Maldita convención!

Y de nada sirven las frases de propaganda sobre la salida de la crisis, que está al caer. No duran ni un telediario. Las noticias contrarias las desmienten. Bélgica expulsará a 300 españoles en paro por ser una carga para el Estado. Al margen de si esto es jurídicamente posible o no, el panorama pinta aun más negro si España no puede ya ni exportar parados, que es lo que produce mejor.

¡Maldita convención!

Al amparo de ella también se ha dado la noticia de que la ONU exige una política de Estado en relación con los crímenes del franquismo. Con esto, la izquierda se crece y las protestas arrecian.

Lo mejor es callarse y llamar a la policía. Lleva esta meses empleándose a fondo en una política represiva y encendiendo los ánimos de la población. El empleo de las fuerzas de orden público para proteger a unos políticos desprestigiados cuyos programas públicos están llenos de abucheos, broncas, pitidos, escraches, las órdenes que se dan a estas de hostigar a la población, retener arbitrariamente, identificar sin motivo y, llegado el caso -que siempre llega-, cargar sin contemplaciones, con creciente brutalidad, está provocando una fractura seria entre el gobierno y la población cada día más soliviantada y mostrando mayor rechazo, mayor repulsión hacia los gobernantes. Estos, soberbios como siempre, parafrasean a Calígula: que nos odien siempre que nos teman. Pero no olviden cómo terminó Calígula.

sábado, 1 de febrero de 2014

El aborto será vuestra tumba.

La asociación de presuntos mangantes, cobradores de sobresueldos, mamandurrios, carromeros, enchufados,  chupacirios y franquistas sigue con su cónclave vallisoletano, soltándose trolas unos a otros, como si alguien más en el país estuviera escuchando o tuviera el menor interés en saber con qué nuevas mentiras pretende el  sobresueldos volver a engañar a la ciudadanía. Dicen que promete bajadas "escalonadas" de impuestos a partir de 2015. Lo de "escalonadas" es terminología técnica, por si cuela el aplazado embuste. Montoro, ya identificado con su figura de Nosferatu el chupasangres, promete congelar el IVA. ¿Tienen alguna duda? Lo congelará después de subirlo de nuevo y tras haberlo bajado para sus amigos. Creen estos pillastres, todos chupones de los presupuestos públicos, todos en política para forrarse, que los demás españoles son tan mangantes como ellos y por eso hacen promesas típicas de trileros.

Pero su crédito es nulo. ¿Quién, háganme el favor, quién cree en España en la palabra de Rajoy, de Soraya Sáez, de Cospedal? Ni sus mascotas. Han abusado tanto de la mentira sistemática como forma de gobierno que nadie les presta no ya crédito sino atención. La atención al día de hoy se la lleva el plante masivo de la población frente a esa ley contra las mujeres que el monago Gallardón ha expectorado de consuno con clero más reaccionario. Miles y miles y miles de personas en España y fuera de España hemos dicho hoy a este hipócrita que retire ese propósito inmoral, fascista, feminófobo. Y de eso es de lo que se habla, de lo que se informa, porque mientras la asociación de presuntos chorizos sigue empeñada en prometer dineros, vacas gordas, brotes verdes, sobornos, la gente hemos salido a la calle en nombre de la dignidad, para que cuatro malnacidos sectarios, con o sin sotana, no impongan a la inmensa mayoría de la población sus "convicciones". Y pongo "convicciones" entre comillas porque, tratándose de las de estos trileros, son tan falsas como el dinero del monopoly. Prohíben comportamientos que ellos tienen; impiden abortos que ellos practican; igual que condenan la pederastia a la que se entregan a cientos.

Y, en efecto, aparte de que, en nuestro caso, las convicciones son genuinas y no falsas, como las de ellos, somos mayoría. Somos mayoría incluso entre sus propios votantes, como se ve en la portada de El Periódico de Cataluña. Ni quienes votan a esta derecha fascista quieren que esta derecha fascista les arrebate sus derechos.

Si mantenemos fuerte la protesta, Madrid y el aborto serán la tumba de estos franquistas. Lo decía Llach:

Si jo l'estiro fort per aquí
i tu l'estires fort per allà,
segur que tomba, tomba, tomba,
i ens podrem alliberar.

sábado, 18 de enero de 2014

Una chispa de gamonal.

Quizá sea exagerado recurrir a la manida fórmula de ¿Arde España?, sobre todo si uno se informa por la prensa y los medios comerciales, incluidos los medios públicos. Pero, si enciende Twitter, saltan las imágenes de lo que está sucediendo en Barcelona, Valencia, Madrid, Zaragoza, Burgos, etc. Contenedores ardiendo, petardos, cargas, barricadas. Según Twitter, en efecto, arde España como la pradera incendiada por la chispa del Gamonal. La prensa de orden se lo toma con menos nervios. Así, El País da noticia de Una veintena de detenidos en varias ciudades en las protestas pro Gamonal, ilustra con una foto de un conato de disturbio y mantiene un tono moderado y moderador. La prensa sabe en dónde estamos y tiene miedo de echar leña al fuego. Eso es cosa de internet.

En efecto, en este conflicto han estado clarísimas las distintas funciones de los medios tradicionales y las redes sociales e internet. La pregunta es muy simple: ¿quién ha organizado esta oleada de protesta y de solidaridad? ¿Cómo se han coordinado las distintas y numerosas manifestaciones y quién y cómo ha tomado las decisiones? Ahora habrá gente que se ponga al frente de la manifestación por cuanto la victoria tiene muchos padres. Pero el movimiento es colectivo, horizontal y anónimo.

Gamonal ha sido un triunfo en toda regla de la resistencia popular. Nadie ha dado oídos a tonterías del tipo de atentados en el Gamonal o los comandos itinerantes violentos. Hay una obvia necesidad de reconocer la victoria del movimiento popular de resistencia por dos razones: a) la falta de legitimidad para hacerle frente; b) la preocupación por evitar males mayores.

a) La falta de legitimidad. La declaración de salida del alcalde de Burgos al comienzo de la movida fue fogosa, como la del toro que sale del chiquero: las obras no se pararían bajo ningún concepto. Para pararlas habría que pasar por encima de su cadáver. Diez días después, el mismo alcalde, aún vivo, anuncia la paralización definitiva de las obras. ¿Qué ha pasado en esos diez días? Que los vecinos no han cejado en su protesta y, entre tanto, han salido a la luz los dramatis personae del proyecto que tiene toda la pinta de ser un chanchullo más de corrupción en el que media un empresario exconvicto, poderoso prohombre del lugar, propietario del periódico más influyente y, al parecer, también de la empresa adjudicataria del proyecto que, según se lee, adeuda la nómina de cuatro meses a sus empleados. Un ciudadano Kane del lugar. Resulta que el ayuntamiento burgalés no tiene 180.000 euros para una guardería en el barrio pero sí ocho millones para enterrarlos en una obra que nadie quiere, salvo quien tenga pensado forrarse con ella; el cuadro típico de la corrupción del PP: políticos sinvergüenzas y trincones con empresarios trincones y sinvergüenzas estafando a la gente con ayuda de medios de comunicación lacayos. Con esa falta de legitimidad era imposible que la autoridad municipal se impusiera a las protestas vecinales. Así, las órdenes de arriba han sido tajantes: el señor alcalde se come sus palabras, el conflicto se cierra y se saca de las portadas de los periódicos.

b) La preocupación por evitar males mayores. Ahí es donde está la razón del retroceso del alcalde de Burgos y de la escasa cobertura que los medios comerciales conceden a las manifestaciones y las movilizaciones de solidaridad. Esto puede irse de las manos del establecimiento político y mediático. Los gobernantes empiezan a preocuparse. La vicepresidenta del gobierno se pone admonitoria diciendo que: Los indicadores de recuperación no casan con las protestas. En realidad es una amenaza: si seguís protestando, no habrá recuperación. Una amenaza basada en la fe de Santamaría, persona muy creyente, en las trolas que va por ahí soltando su jefe sobre la recuperación española. La verosimilitud de esta hipótesis se calibra a la perfección recordando que Rajoy habla de recuperación incluso con un 25% de paro.

Gamonal ha sido una chispa que ha encendido una pradera; la pradera de la conciencia de la gente de la necesidad de actuar y defenderse por sí misma. La pradera puede apagarse pero la conciencia se ha despertado y puede volver a encenderse con la chispa siguiente. Que saltará, sin duda alguna. Y en donde menos se espere. Hay un perceptible cambio en la forma en que la ciudadanía está empezando a comportarse. Los partidos políticos institucionales, absorbidos en sus rutinas orgánicas y sus cauces de acción predeterminados, viven de espaldas a esta reacción del cuerpo social al que teóricamente representan. Esta inoperancia propicia movimientos que están cambiando el sistema de partidos estatal en su forma consagrada de bipartidismo imperfecto. Incluso está alterando el esquema heredado de relaciones entre los partidos, los votantes y la gente en general. Especialmente en la izquierda.

Pero este asunto ya requiere una consideración propia en una entrada posterior.

martes, 14 de enero de 2014

La realidad y los medios.

La 2ª tesis de Marx sobre Feuerbach reza:

La cuestión de si el pensamiento es capaz de alcanzar la verdad objetiva no es teórica sino práctica. Es en la práctica en donde el hombre debe demostrar la verdad de su pensamiento, esto es, su realidad y poder, su existencia aquí y ahora. La cuestión de la realidad o irrealidad de un pensamiento aislado de la práctica es puramente escolástica.

Pues eso. Inmersos en la práctica estamos. Pero, ¿con qué resultados? La mayoría absoluta de la derecha nacional-católica le ha permitido un bloqueo institucional completo. Ha unido en su mano los tres poderes clásicos. La práctica institucional carece de sentido y la prueba es que solo se da en las comunidades gobernadas por otros partidos, sobre todo los nacionalistas, aunque también sean de derechas. Por este motivo la práctica se ha hecho extraparlamentaria. Son las organizaciones espontáneas de la gente las que protestan y combaten por sus objetivos desde la calle; desde la Plataforma de Afectados por la Hipoteca a la protesta de Gamonal. La movilización está muy extendida, aunque no coordinada.

El bloqueo, sin embargo, alcanza a los medios de comunicación. Los medios tienden a ignorar estas acciones y les son abiertamente hostiles. En unos casos, por interés económico directo en el conflicto, como es el de Gamonal, unos vecinos enfrentados a un alcalde que tiene detrás a un constructor, cacique, ya condenado en el pasado y propietario de la cabecera de prensa más importante en la ciudad. En otros casos, quizá por falta de interés. Los medios están ensimismados en sus enfrentamientos o en sus batallas particulares. El rifirrafe en la COPE entre el director de El Mundo y el presidente de la Comunidad de Madrid, que no dejó hablar al otro, tan indignado, exaltado y fuera de sí se encontraba, fue la noticia del día y obscureció la llegada triunfal de Rajoy a Washington. Incluso se ocupó de ella Wyoming en el Intermedio, un espacio de tanto éxito y audiencia que hasta Marhuenda pide que lo inviten. En efecto, debe de ser el único en el que no esté.

En este clima andaban los medios para pocos gamonales. Pero la época es de internet y las primeras fotos de contenedores ardiendo en Burgos aparecieron en Twitter en minutos, con una pregunta: ¿Qué está pasando en Burgos? No es cosa de ponerse a debatir sobre si las redes sociales sirven o no para algo, pero está claro que ayudan bastante. Dan publicidad, ofrecen testimonios directos en tiempo real, cosa nada desdeñable a la hora de controlar los posibles excesos de la policía. Algo está pasando. La práctica de Marx se da en la calle.

Mientras tanto, ¿qué hace la izquierda? Según parece, prepararse para las elecciones europeas, muy atareada en procesos de primarias. Sin tiempo para conectar con esa práctica extraparlamentaria, cada vez más extendida y menos para entenderla. El primer inconveniente de la izquierda es su fragmentación, algo de lo que todos abominan pero nadie parece poder o querer impedir. El segundo es su falta de discurso. A pesar de esta crisis y de todos los primerizos balbuceos acerca de reinventar el capitalismo, el capitalismo está para quedarse, no tiene alternativa, es indiscutible y más en un país periférico como el nuestro. No cabe discutir sobre el modo de producción, pero sí sobre el de distribución. Y ahí es donde hay que explicar a la gente propuestas concretas, prácticas y viables, especificando su financiación por criterios redistributivos. 

Para eso hace falta un discurso. Anguita sostiene con razón que la Declaración de Derechos Humanos es un instrumento revolucionario. Cierto. Como están las cosas, la misma Declaración Universal de Derechos del Hombre y del Ciudadano que está en vigor en la Constitución francesa. Pues sí, es una vieja idea, la de que en España está aún pendiente la Revolución francesa. Y la cuestión es: ¿ni siquiera en la defensa de una declaración de derechos humanos encuentra la izquierda una plataforma unitaria?

En efecto, parece que no. Esto de los derechos humanos resulta ser resbaladizo. La prueba está en la segunda manifestacion de Bilbao del otro día, convocada en pro de los derechos humanos, pero a la que una parte muy importante de la izquierda española se abstuvo de ir y otra incluso más importante, condenó expresamente. Más realidades para las que no hay un discurso de la izquierda, de casi ninguna izquierda española.

sábado, 11 de enero de 2014

De Hamburgo a Melilla, pasando por Burgos.

El fantasma de la guerra social es lento en desperezarse. Pero va llegando. De la periferia musulmana y eslava se acerca al corazón de Europa. Las imágenes a su paso se repiten: choques de manifestantes y policías, contenedores y barricadas en llamas, violencia, cargas, carreras, destellos de luces azules, coktails Molotov, pelotas de goma, gases. Se producen por sorpresa, sin planificación, en donde menos y cuando menos se espera. Son estallidos que generalmente toman a las autoridades por sorpresa. La reacción de estas suele ser la misma: mantener el orden público como sea. Pero eso no es tan fácil como cuando se trata de manifestaciones previstas y convocadas por organizaciones responsables con las cuales puede negociarse. Aquí, con estos estallidos espontáneos de rabia y violencia, anónimos, sin nadie al mando con quien parlamentar, sin un centro de imputación de responsabilidad, solo queda repartir leña, piensa la autoridad. Y recibirla, responden los enragés, vecinos, manifestantes. Y eso ya no es un panorama tan grato.

Son las ciudades, como siempre, los lugares de estas nuevas formas insurreccionales que, según se ve, tienen un efecto contagioso. Las redes, por donde las noticias de los disturbios de Hamburgo corrieron como la pólvora, ya criticaban que hubiera una especie de conspiración del silencio de los medios comerciales sobre la ciudad hanseática, tradicional bastión de la izquierda. Si los acontecimientos fueran en Caracas, se comentaba, abrirían todos los telediarios. Como es Hamburgo, silencio. Pero no en las redes. Hamburgo tenía varios #hashtags en Twitter. Sospecho que muchos de los que salieron ayer a la calle en Burgos y Melilla habían visto las imágenes de la batalla campal en la llamada Gefahrengebiet (o "zona de riesgo") como ámbito de exclusión que la prensa calificó de "estado de excepción" parcial. Incluso las imágenes falsas, porque en las redes lo real y lo falso se mezclan que es un placer. Por cierto, los manifestantes han reconquistado la zona de riesgo, al menos según Twitter.

En Burgos, cientos de vecinos del barrio del Gamonal se han amotinado y enfrentado a los antidisturbios. Otra batalla urbana. Se oponen aquellos a un plan de ordenación municipal. Quizá la oposición parecerá a algunos excesiva y sin duda habrá quienes suelten discursos sobre la necesidad de respetar los cauces legales. Pero es comprensible en un país cuyas autoridades de todos los rangos carecen de crédito; un país tan anegado en la corrupción que detrás de toda decisión pública se sospecha una corruptela, un nuevo expolio, otra malversación. Y eso mientras la gente ve que se desatienden las necesidades más elementales.

En Melilla, el estallido está, al parecer, relacionado con el reparto de empleos municipales estacionales entre la población de barrios marginales, musulmanes, como la Cañada. Algo que huele a caciquismo que apesta. A compraventa de votos. Pero por la especial naturaleza de la plaza, tiene un carácter particularmente conflictivo.  Melilla es el último bastión iconográfico del franquismo. Además de una estatuta al dictador, erigida en 1977, después de su muerte, la ciudad blasona de multitud de alegorías del llamado Movimiento Nacional. Ese carácter delicado se ha visto al saberse que en su día el Rey negoció a las escondidas con el embajador británico Gibraltar por tranquilidad en Melilla.

Suele plantearse la cuestión, sobre todo en las redes, de cómo es que, dadas las circunstancias, no hay una revolución o, cuando menos, una revuelta. Cómo no una insurrección. Hasta dónde va a aguantar la gente. El gobierno, que entró hace dos años arramblando con todo gracias a su mayoría absoluta, tiene soliviantado a todo el mundo, por clases sociales, por sexos, por sectores profesionales, por territorios nacionalistas y, últimamente, por ciudades. Es tal su ineptitud política que ha conseguido soliviantar a su propio partido con ese proyecto de ley contra las mujeres que nadie en su sano juicio puede defender.

Para hoy convocan en Bilbao los partidos nacionalistas una manifestación por los derechos humanos. Es la respuesta a la prohibición de la manifestación en favor de los presos previamente convocada. La Asociación de Víctimas del Terrorismo ha pedido también la prohibición de la segunda convocatoria. Parece que la manifestación se celebrará en un clima de especial tensión, alimentada por esa escenificación de un caso Faisán bis pero con ribetes berlanguianos, incluso estilo Gila. Esa segunda nota de prensa del ministerio del Interior que dejaba sin efecto el contenido de la nota anterior informando de unos registros, unas detenciones y unas incautaciones que aún no se habían producido, parece un ejercicio de literatura surrealista o, más todavía, del teatro del absurdo.

La fabulosa ineptitud del gobierno propicia el escenario que quiere evitar, la celebración de la famosa consulta catalana. Los socios europeos afirman que la cuestión es un "asunto interno" español y el gobierno se siente respaldado, sin entender lo obvio: que esa declaración es ambigua y puede dar por supuesta la celebración de la consulta, un referéndum. La dan ya también por supuesta algunos medios internacionales. La da el mismo gobierno, repartiendo prontuarios entre los embajadores para que defiendan la unidad nacional in partibus.

La pregunta es: ¿quién dijo a esta gente que podía gobernar un país?

(La primera imagen es una foto de Mietenwahnsinn.de, en Twitter. La segunda, una de Canal54Burgos, en Twitter. La tercera una de Informática CGT, en Twitter).

jueves, 12 de diciembre de 2013

El despotismo de la derecha.

La cosa es ya tan patente, tan manifiesta y descarada, que hasta la oposión socialista, habitualmente en babia, se ha dado cuenta. La portavoz del PSOE en el Congreso, Soraya Rodríguez, advertía a su tocaya y vicepresidenta del gobierno que no subestimen la fuerza de la ciudadanía que tiene derecho a manifestarse. Lo decía a propósito de esa Ley Mordaza preparada por los psicópatas del ministerio del Interior y del nuevo dislate de entregar el orden público a unos vigilantes jurados que bien pueden ser matones a sueldo de las mafias que se organicen como empresas. Pero, de haber tenido un poco más de perspectiva histórica, la socialista habría podido exponer su advertencia con mayor fuerza. En efecto, el delirio apandador,  expoliador, de esta asociación  con ánimo de delinquir que pasa por partido político (¡y de gobierno!) está tensando irresponsablemente la cuerda en una situación ya de por sí muy peligrosa.

Las dos revoluciones más importantes de la Edad Moderna, la estadounidense de 1776 y la francesa de 1789 comenzaron a causa de la tiranía y el despotismo del poder político en materia de impuestos. En los Estados Unidos, fue una sublevación contra la arrogancia del Parlamento británico que se creía legitimado para imponer gravámenes a las colonias sin consultarlas. En Francia fue una sublevación del Tercer Estado, la burguesía, los campesinos, los únicos que pagaban impuestos mientras que tanto la nobleza como la iglesia estaban exentas de ellos.

Lo mismo que sucede en España: un gobierno despótico y tiránico carga arbitrariamente todas las exacciones fiscales sobre las clases medias y los trabajadores de modo unilateral, sin debate alguno, por decreto, en una especie de frenesí confiscatorio. Entre tanto, la Iglesia no solamente no tributa sino que vive parasitariamente de los impuestos que pagan los sectores trabajadores. Igual que los ricos, quienes no solo no pagan (esa vergüenza de las SICAV ya clama al cielo), sino que defraudan sistemáticamente a Hacienda, evaden capitales a paraísos fiscales, se benefician de las amnistías otorgadas por un gobierno de mangantes y, encima, consumen los servicios públicos que pagamos los demás.

La impresión de injusticia, de despotismo y tiranía, empieza a ser insoportable. Por eso tiene razón la Soraya socialista, aunque ni ella misma sepa hasta qué punto: esta arbitrariedad, esta sensación de robo impune, de expolio, está alimentando una rabia y un odio que, como la presión en las marmitas, pueden estallar en algún momento. Se añade a ello una pública complicidad de los gobernantes con los delincuentes, cosa por lo demás natural porque son los mismos. Si un cargo público del PP defrauda, roba, cosa que pasa con frecuencia, su partido y gobierno obstaculizan la acción de la justicia, destruyen pruebas, si necesario es persiguen al juez y, si, a pesar de todo, no consiguen evitar que el ladrón sea condenado, lo indultan. Como se aprestan a hacer con el delincuente Matas y el delincuente Hernández Mateo, ex-alcalde del PP de Torrevieja.

Cuando la presunción de delincuencia se cierne sobre alguna persona del entorno real, como la infanta Cristina, ya es todo el Estado, desde la Fiscalía hasta el ministerio de Hacienda y la abogacía del Estado, el que se moviliza para impedir la acción de la justicia y que las fechorías de las personas reales queden impunes, como lo están las de los ricos (¿hay algún banquero, de esos que han robado cientos de millones con las preferentes y otros timos trileros, en la cárcel?) o las de los curas.

Conscientes estos gobernantes ilegítimos, ellos mismos sospechosos de ser tan corruptos como los corruptos a los que persigue la justicia, de que la situación está poniéndose peligrosa, tratan de promulgar normas restrictivas, autoritarias, arbitrarias, como la mencionada Ley Mordaza para  aterrorizar a la población confiscando sus bienes si se le ocurre ejercer sus derechos constitucionales y permitiendo que estas arbitrariedades las cometa la policía, sin ningún tipo de garantía ni protección de los tribunales pues ya el hipócrita ministro del Interior se ha ocupado de poner las tasas judiciales fuera del alcance de los posibles recurrentes. Vía libre a la policía para que actúe a su antojo en la calle, hostigando, amedrentando a los ciudadanos, crujiéndolos a palos y a multas, actuando como bandas de matones con absoluta impunidad.

Y como esto les parece poco, ahora privatizan estas tareas autorizando a los vigilantes privados a las órdenes de ciudadanos particulares a identificar y detener viandantes en espacios públicos. En estas condiciones ¿quién puede estar seguro? ¿Qué impide al amigo Mayor Oreja, propietario, al parecer, de una empresa de seguridad y directo beneficiario de esta nueva atrocidad, ordenar a sus asalariados que vayan por la calle deteniendo a todos aquellos a quienes tenga ojeriza? 

Y lo que me extraña es que el gobierno se limite a esta nueva provocación y, ya puestos, no faculte a los seguratas para imponer asimismo multas de 600.000 euros. Al fin y al cabo un paso más en el objetivo obvio de este gobierno consistente en oprimir a la población, amedrentarla y confiscarle sus medios de vida. 

No se extrañen estos sujetos, incluidos los socialistas, que no se enteran gran cosa, si en algún momento pasa algo gordo.

(La imagen es una foto de La Moncloa aquí reproducida según su aviso legal).

domingo, 24 de noviembre de 2013

Voces y silencios.

Por primera vez estaba guapa esa chata mole del edificio España. Greenpeace colgó un cartel gigante, muy en su estilo, en contra de la Ley Antiprotesta, que es hashtag (#LeyAntiProtesta). De ese modo daba rostro a las masivas manifestaciones de ayer en toda España en contra de los recortes del gobierno y de sus numerosas tropelías. Las mareas, los colectivos, las asociaciones, la base social, paradójicamente representada por la Cumbre Social, se movilizó a la voz de No, de basta ya.

De las tres famosas opciones abiertas según Hirschman a los ciudadanos ante el poder, salida, voz y lealtad, muchos, cientos de miles (los jóvenes, los mejores) se han decidido ya por la primera; muchos otros (los que no pueden irse) por la segunda. Las voces clamaron en 55 ciudades de España en contra de la agresiva política de recortes de derechos políticos, sociales, económicos. Pero el gobierno dirá que prefiere escuchar a la mayoría silenciosa, lo cual vuelve a reputarlo de vago pues, siendo silenciosa la mayoría, nada hay que escuchar. Solo el silencio que Rajoy, ladinamente, pretende atribuir a la tercera opción de Hirschman, lealtad. Cosa irrisoria por cuanto, como bien se ve, la mayoría solo es leal a Belén Esteban.

Greenpeace, además, define perfectamente ese bodrio antijurídico, semifascista de ley que el gobierno quiere perpetrar. No es una ley de seguridad ciudadana sino una de inseguridad ciudadana, arbitrariedad administrativa e impunidad policial. En resumen, una #LeyAntiProtestas que parece específicamente pensada para criminalizar la forma de acción pacífica de Greenpeace hace ya años. Y, con Greenpeace, a todo el que pretenda hacer uso de sus derechos de reunión, manifestación, expresión e información. Es una ley profundamente antidemocrática, que pretende juridificar una política autoritaria, represiva y arbitraria con un concepto del orden público típicamente fascista.

Una ley mordaza. Una ley del silencio. Una ley hecha por quien, acusado de todo tipo de corrupciones, menos autoridad moral tiene para ello. Una ley para sofocar, reprimir, silenciar. Una ley de un demente.

Silencio como el que guarda el gobierno después de hacerse público el demoledor auto del juez Ruz sobre la financión ilegal del PP durante casi veinte años. Un silencio espeso como el betún. Y del mismo color. Por cierto, ejemplo práctico de la parábola de los sepulcros blanqueados: cuando el PP se echaba las manos partidistas a su colectiva cabeza y pedía a gritos castigo por el caso Filesa del PSOE, estaba haciendo lo mismo.

Frente al clamor de la gente en la calle, el silencio de un gobierno sin legitimidad y sin crédito alguno, presidido por un hombre que ha mentido en sede parlamentaria sobre un asunto que afecta a su partido y a él y su honradez personal. Silencio ante la comprobación judicial de la veracidad de los papeles de Bárcenas y del carácter general y sostenido de la corrupción en el PP. Ocultos en sus guaridas los prebostes, una vez más ha tocado a un monosabio balbucear algo parecido a una explicación. González Pons afirmaba que el PP y sus dirigentes son 'tan honrados como todos'. No da para más.  Como están las cosas, tampoco es decir mucho. Al contrario, equivale a aceptar la imputación.

Se pide nueva comparencia de Rajoy. No debiera ser necesaria pues tendría que haber dimitido ya. Un tipo que cobraba sobresueldos a las escondidas mientras pedía sacrificios a la población y luego se los imponía. Un embustero autoritario, un corrupto sin escrúpulos, un hombre sin integridad, dignidad ni crédito. Un presidente que nunca debió ser presidente.

sábado, 23 de noviembre de 2013

La banda de los presuntos.

¿Qué queda de aquella orgullosa declaración de Aznar hace tres años de que el PP era y debe seguir siendo incompatible con la corrupción? Nada; no queda nada. Y después del auto del juez Ruz dando por indiciariamente probado que el partido del gobierno lleva años, quizá veinte, administrándose con una contabilidad paralela, una caja B, menos que nada. Ese auto, expresión motivada y razonada de una convicción general en España, convierte en certidumbre la sospecha de que el PP no es propiamente un partido político, sino una asociación de presuntos malhechores.

Los papeles de Bárcenas, el innombrable, han probado ser el anunciado museo de los horrores. Rompiendo el silencio y la desinformación decretadas por el gobierno expone cotidianamente un estado de corrupción, ilegalidad y presuntos delitos que apuntan en general al partido (a la organización, a sus Comunidades Autónomas, a toda su gestión) y en concreto y singularizadamente a sus principales dirigentes, ninguno de los cuales está libre de sospecha, ni Rajoy. Ese el que menos, pues parece el principal responsable (y beneficiario) de este desaguisado.

Veinte años cobrando sobresueldos de orígenes dudosos tramitados a través de la caja B; de hacer todo tipo de chanchullos; de expoliar las arcas públicas mediante contrataciones fraudulentas; de financiar ilegalmente las elecciones y, por lo tanto hacerlas inválidas por tramposas, han destruido los cimientos morales de la democracia española, si existieron alguna vez. 

Todos los partidos -menos el PP, supongo- piden la comparecencia urgente de Rajoy en el Congreso. ¿Para qué? Para que explique por qué mintió en la anterior del 1º de agosto al negar la existencia de caja B en el partido del que era y es presidente, condición en la cual nombró tesorero al hombre cuyo nombre se negó luego a nombrar pero al que enviaba SMS de ánimo a las escondidas. A partir del lunes, la guardia pretoriana del PP en el Congreso se empleará a fondo en impedir la comparecencia del jefe. Claro. ¿Qué puede hacer Rajoy, aparte de dimitir, como debiera haber hecho hace dos años en lugar de empecinarse en arrastrar el país a esta bochornosa situación? Seguir mintiendo. O decir cualquier disparate. Porque ya no es un presidente, sino un sospechoso en frenética huida hacia delante.

Seguramente no habrá comparecencia. Ni modo legal de forzarla. El gobierno de la banda de presuntos no solo ha destruido los cimientos morales de la democracia sino que ha desactivado sus mecanismos institucionales de vigilancia y control. Ha puesto la fiscalía a sus órdenes; controla el Tribunal Constitucional por medio de un presidente militante suyo; el Tribunal de Cuentas no sirve para nada; la defensora del pueblo defiende al gobierno; los medios de comunicación (todos los públicos suyos y la mayor parte de los privados, también suyos) son su central de propaganda. Recientemente se ha asegurado el favor del Consejo General del Poder Judicial a través de un pacto con el PSOE del que este debería avergonzarse porque rompe su promesa de no pactar con un partido tan manifiestamente antidemocrático. También el PSOE falta continuamente a su palabra. 

Del parlamento no merece la pena hablar. La mayoría absoluta de la derecha, empleada sin contemplaciones, lo ha convertido en una cámara de aplausos, ovaciones y agresión a la oposición. Esta, al menos el PSOE, vuelve a hablar de moción de censura. Como en el cuento del pastor y el lobo. A ver si reúne ya el valor de presentarla. Está obligado a ello y no es tan difícil. Desde luego, no la ganará, ni servirá para nada. Pero tendrá algún impacto político y dejará claro cómo el estilo de gobierno de la derecha ha destruido todos los mecanismos democráticos sin dejar de agredir a la población en su conjunto.

Para curarse en salud y blindarse aun más, el gobierno anda tramitando una Ley de "Seguridad" Ciudadana que criminaliza toda forma de protesta y pretende proteger a la policía cuando esta cometa excesos en la represión violenta de las movilizaciones ciudadanas, ocultando sus fechorías. Es una censura, una mordaza, una ley de impunidad para el delito. Una ley fascista, antipopular, producto de un espíritu enfermo, criminal. El espíritu de un gobierno y un partido que delinquen, obstaculizan sistemáticamente la acción de la justicia y, cuando por fin esta se da, indultan a los delincuentes.

Después de hacer imposible la política parlamentaria, el gobierno quiere asfixiar la extraparlamentaria. Cercena para ello los derechos civiles y políticos, el de reunión, el de manifestación, el de expresión, el de información, el de huelga, la presunciòn de inocencia, el amparo de la justicia. Todos. 

Y estos presuntos, algunos ya condenados, muchos imputados y procesados y los otros bajo sospecha de haber estado enriqueciéndose durante años, son quienes han procedido a arruinar el país, recortando o suprimiendo derechos sociales y económicos de millones de personas, aumentando el paro, expulsando a los jóvenes a la emigración, arrebatándoles sus becas. Y lo han hecho al tiempo que recuperan los símbolos, el espíritu, el estilo del franquismo, al que no solo no condenan, si no vitorean. Se niegan a hacer justicia a las víctimas de la dictadura y dejan clara su procedencia ideológica.

En estas circunstancias, el margen de actuación de la oposición democrática es muy estrecho. Presentar la moción de censura si Rajoy no comparece y, a continuación, retirar toda colaboración institucional con el gobierno en tanto no dimita en pleno. Palinuro lleva meses diciéndolo: retirada al Aventino. No se puede ser cómplice de una banda de presuntos, cuyo respeto por la democracia es inexistente pues aspira a un régimen en todo similar al de aquel cuya memoria honra: Franco.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

lunes, 18 de noviembre de 2013

Poder y contrapoder.

Enrique Gil Calvo (2013) Los poderes opacos: austeridad y resistencia. Madrid: Alianza, 231 págs.



Enrique Gil Calvo es un reconocido sociólogo de casi imposible encaje en una profesión, abigarrada y de contornos difusos que él, además, se empeña en no respetar. ¿Es un sociólogo cultural? ¿Uno político? ¿Un teórico social? Los amantes del encasillamiento lo tienen crudo. Es también prolífico autor, galardonado repetidamente por varias de sus obras, con fuerte impacto en la opinión pública, sobre todo de vertiente académica y presencia en los medios. Tiene un proyecto investigador y docente muy compacto (este libro, por ejemplo, corona una trilogía dedicada a la crisis actual) que desarrolla en un estilo vivo, ágil, informado, con gusto por la paradoja y bien documentado.

La obra es una especie de tratado sobre el poder; no un tratado del poder político (solo) en la tradición de la razón de Estado, de Giovanni Botero; ni una cratología general al estilo de Karl Löwenstein; tampoco un tratado sobre su origen y evolución al modo de De Jouvenel; ni una visión instrumental al de Carl Schmitt; o una metacrítica en el estilo de Foucault, si bien este está presente cuando se habla del panopticón benthamiano, como lo están diferentes postmodernos. Es un ensayo sobre una forma específica del poder, concebido –significativamente- en plural, como “poderes”, los poderes “opacos”, entendiendo por tales no solo los llamados fácticos sino los impenetrables al escrutinio público, base, por lo demás, de la democracia. Es un ensayo sobre el poder escondido, que, como el “Dios escondido” de Tomás de Aquino y Lutero, está, actúa, pero no es accesible y, si podemos llegar a conocerlo, es por sus obras. Como a todo el mundo, por lo demás.

La visión del autor no es filosófica ni teológica sino sociológica, con una abundante apoyatura teórica, bien manejada y actualizada. Su perspectiva es pluridisciplinar (sociología, economía, antropología, psicología social, ciencia política), lo cual es de agradecer, y dentro de su territorio se mueve con soltura entre diversas escuelas y tendencias, sin adscribirse claramente a ninguna. Su análisis es con frecuencia metafórico y así se vale de dos imágenes sugestivas, el poder como teatro (de venerable raigambre en la historia de las ideas que aquí llega hasta la última propuesta metodológica de Erving Goffman) y el cine, de la mano de la teoría del encuadre, en sendos ejercicios de inspiración situacionista: el poder como espectáculo, pero no en su parte visible, en el escenario, sino en la oculta, las bambalinas. Entre bambalinas, decorados (y, cómo no, el Deus exmachina) actúan los poderes ocultos de las elites extractivas, bancos, financieros, ejecutivos de las grandes multinacionales, grandes empresarios y propietarios, etc., (p. 10). Un espíritu académico elegante y original lo lleva a señalar cómo también están ocultos los poderes que se oponen a aquellos, los “contrapoderes” (P. 13) Más específicamente, Gil Calvo analiza la opacidad del poder en el campo de la comunicación política y cómo se ha aplicado a la política del austericidio (p. 15). Lo hace en dos partes: un marco analítico (más o menos, un estado de la cuestión teórica) y el análisis de la retórica del austericidio, neologismo que el autor recoge y emplea no con entero contento de este crítico que considera el término confuso.

La parte teórica se despliega en cuatro puntos (otros tantos capítulos) en los que se quiere dar instrumental conceptual suficiente para abordar el análisis de la segunda parte.

El primer punto es la dialéctica opacidad/transparencia. Para mantener la convivencia hay que renunciar al consenso máximo, basado en la transparencia total (p. 23). La historia de Occidente es la del progreso en la transparencia que avanza o retrocede según sean la luchas sociales (p. 28). Hoy las democracias pasan por ser espacios públicos transparentes (p. 29) Elabora para ello un interesante cuadro de criterios de calidad democrática extraído de Morlino y una pieza propia anterior que permite visibilizar, en un estilo formalmente hegeliano de tríadas dialécticas, tres dimensiones, nueve principios y dieciocho repertorios. Tiene un fuerte componente intuitivo y merece la pena visualizarlo (p. 31), aunque solo sea por el maligno afán de ver si se le ha escapado alguno. No salimos bien parados los españoles de la aplicación de este vademécum como prueban las que el autor llama las opacidades españolas, cuya prueba empírica más evidente es que el índice de confianza en nuestro país (CIS) estaba en 40 puntos en febrero de 2004 tras haber alcanzado los 64 en abril de 2000 (p. 43).

El segundo aspecto retorna a un ámbito más especulativo, al manejar las diversas –y más citadas- concepciones actuales del poder, cruzando los las categorías de Steven Lukes, con el enfoque conductista de Dahl y Polsby y el selectivo de Bachratz y Baratz. En nueva manifestación de su espíritu pedagógico, Gil Calvo arma un nuevo cuadro con tres dimensiones del fenómeno y una típica coda comunicativa (p. 48) que nos permite abordar cuestiones reales y actuales. Así remite a la tercera dimensión de Lukes la formación de una “coalición dominante” española a la que atribuye la gestión de la transición, compuesta por “la élite del franquismo, la oposición antifranquista, el episcopado, el generalato y la oligarquía financiera e industrial”. Buena enumeración en la que solo cabría echar en falta los ideólogos, intelectuales y/o propagandistas cuya falta no puede deberse a irrelevancia, pues fueron decisivos (basta hojear la Constitución de 1978, texto clave, repleto de sabiduría profesoral), sino al descuido originado quizá en la familiaridad. Esa "coalición dominante", a juicio del autor, resultó funcional para el mantenimiento de statu quo hasta que el Diktat europeo obligó a una reforma servil de la Constitución en mayo de 2010 que ha puesto patas arriba el sistema. De ella surgió el “no nos representan” (p. 56) en donde ya se echa de ver a qué finalidad orienta el autor su obra: dar cuenta de la innovación y comunicarla, en un momento en que los intelectuales parecen haberse quedado mudos o balbucean consignas frentistas. Tarea de comunicación en la que Gil Calvo distingue los tres momentos decisivos que ya no abandonará y dan entrada a la mencionada metáfora cinematográfica del priming, el framing y el storytelling (p. 57), dicho sea en lenguaje castizo.

Esa metáfora cinematográfica se despliega en el tercer punto que trata de la “gestión mediática de las visibilidad”. Emplea en ello el concepto de “poder mediático”, que es uno de los cuatro enumerados por Michel Mann, siendo los otros el político, el militar y el económico. No es preciso gastar mucho tiempo en su elaboración, ya que la idea de que los medios son un poder (según algunos, el cuarto; según otros, en realidad, el primero) goza de universal y reiterada aceptación. Algo más de interés ofrece el propósito de abordar la naturaleza de ese “poder mediático”, si bien aquí seguimos moviéndonos en terreno conocido y muy dominado por el autor quien, tras breve referencia a las teorías clásicas como la del lavado de cerebro y la aguja hipodérmica (p. 65), se pronuncia por sus preferencias, hoy dominantes en ciencias de la comunicación, que trae del capítulo anterior con alguna variante nominal: agenda setting, framing, priming (p. 67). No obstante, la perspectiva cinematográfica le permite un análisis de más vuelo montado como un ejemplo de teoría de juegos de suma no cero (el clásico dilema del detenido) como un cuadro de doble entrada en el que las dos opciones de la dialéctica “público privado” (campo político y sociedad civil) se cruzan con las dos de “publicidad y privacidad” (campo mediático y fuera de campo) (p. 71) con todos los lujos de campo, contracampo, plano, contraplano, travelling, etc. El “fuera de campo” equivale al silencio mediático. Una buena perspectiva en su conjunto, clara y muy cercana. No obstante, como la realidad supera siempre la ficción, incluso la especulativa y ensayística, sería cosa de preguntarse si el peculiar estilo de Rajoy no ha inaugurado una práctica nueva: el estar en campo pero fuera de campo al mismo tiempo mediante una sabia y dosificada utilización del plasma. Aplicando este modelo, extrae Gil Calvo la referencia al citado panopticón si bien, paradójicamente, a costa de hacerlo depender de que los actores del juego no respeten sus reglas (p. 77). No me resisto a mencionar aquí un comentario crítico sobrevenido de nuestro autor a las hasta ahora intocables simplezas del modelo de Hallin y Mancini. Resulta obvio para cualquiera que siga la evolución de los medios en Inglaterra y, sobre todo, los Estados Unidos, que el tipo ideal del sistema mediático “liberal” de los dos autores, hace abundantes aguas (p. 80). Yo le añadiría múltiples reticencias y desacuerdos respecto al llamado “modelo mediterráneo”, acríticamente aceptado por casi todo el mundo, pero me contengo porque el libro del que aquí se habla es el de Gil Calvo.

El cuarto punto aborda cuestiones de mayor calado filosófico y concretamente de filosofía del lenguaje por referencia a la obra pionera de Austin. La propuesta de Austin de los actos de habla, de los actos performativos en su obra póstuma Cómo hacer cosas con palabras, ha tenido una extraordinaria repercusión en Occidente y no solo en los campos filosófico y lingüístico sino también en el sociológico y, especialmente, en  el comunicativo. Desde su buena recepción por Chomsky hasta su magnífico despliegue de la acción comunicativa habermasiana, vía John Searle (también sabiamente aducido aquí por Gil Calvo), con la audaz y kantianamente inevitable propuesta del filósofo alemán de construir una pragmática universal. No diremos que este planteamiento empequeñezca las consideraciones de los capítulos anteriores pero hay poca duda de que supone un grado mayor de abstracción. Si el poder es teatro, su núcleo es la performance y esta adquiere así un carácter demiúrgico que afecta no solo a las manifestaciones del poder sino también a las del “contrapoder” (p. 95). Tal generalización, en donde se mezclan en alegre batiburrillo el infotainment y la democracia de audiencia, de Manin, desemboca, como era previsible, en la mencionada tesis situacionista de la espectacularización de la política (p. 101).

Dos quejas tiene este crítico en un capítulo tan denso como sugestivo y como colofón a la primera parte de la obra, seguramente las dos infundadas. La primera es una pregunta de si el recurso a categorías clásicas de la doctrina (potestas y auctoritas) es aquí de mucha utilidad, especialmente cuando se las pone al nivel del imperium (p. 92) que, a diferencia de las primeras, no es una condición sino un atributo, que modifica las otras pero no las suplanta. La segunda es una intuición relativa al valor de otro nuevo cuadro de doble entrada, también concebido como un modelo de juego de suma no cero en el que los dos jugadores son: a) los instrumentos performativos; y b) los efectos performativos (p. 106). Puedo estar equivocado pero se me hace difícil visualizar el funcionamiento del modelo en este caso por cuanto no se trata de dos actores autónomos e independientes (cual requiere la teoría) sino de un actor (los instrumentos), que tiene dos opciones y las consecuencias de sus actos, también con dos opciones pero que, en realidad, no son tales, sino resultados. En otros términos, para formular el caso en teoría de juegos falta el criterio de la simultaneidad de opciones, independencia de acto e indiferencia respecto al orden. Los efectos no pueden lógicamente concebirse como anteriores a la acción de los instrumentos y, en el fondo, tampoco como posteriores.

Sentadas las bases y el marco teóricos del ensayo, este cambia de naturaleza en su segunda parte. Se hace menos académico y más circunstancial o événementiel, como dicen los franceses, incluso periodístico, pero no menos riguroso o interesante, si bien a veces tiene uno la sensación de que los puentes discursivos entre la primera parte de la obra y la segunda no están del todo bien tendidos. En todo caso, Gil Calvo demuestra que no solo se encuentra a gusto en la torre ebúrnea de la erudición académica, sino que también se faja en la calle, como observador participante e interesado. Así se prueba muy especialmente en su alta valoración del 15-M que, a su juicio, constituye la culminación, por ahora, del ciclo de protesta o de movilización colectiva, en el sentido de Sidney Tarrow (el de El poder en movimiento) (p. 173). Comparto esa afinidad electiva aunque, en mi caso, va debilitándose según pasa el tiempo sin una eficacia tangible de tanta performatividad.

Si la primera parte del libro versó sobre el poder oculto, la segunda lo hará sobre el contrapoder, también oculto (p. 111) aunque, a fuer de sinceros, habremos de reconocer que no tan oculto; en gran medida anónimo, pero no tan escondido como el otro. El caldo de cultivo de este fenómeno de resistencia de masas es la “segunda recesión”, que Gil Calvo dibuja en sentido literal como un esquema que llama bucle del austericidio (p. 123). En verdad es convincente y entra por los ojos si bien al riesgo de incurrir en la parte de petición de principio que suelen tener todos los círculos viciosos. El modo de mantener a la gente sometida en este círculo infernal de austeridad-recortes-recesión-deuda-más austeridad, etc., es acudir a todo tipo de recursos retóricos: la amenaza de una catástrofe sistémica, la intimidación punitiva (p. 125), meter miedo por tres vías: xenofobia, endofobia y autofobia (p. 128), el castigo preventivo y el castigo estructural (pp. 133/134). No estamos muy lejos de Naomi Klein aunque sí me atrevería a decir que vamos mejor pertrechados conceptualmente.

De hecho, en efecto, Klein aparece en el capítulo siguiente (p. 161) en el que, revirtiendo su intención inicial, nuestro autor retorna al análisis del poder y no el contrapoder. Varios recursos teóricos nuevos y algunos ejemplos ayudan a entender mejor cómo hasta cuando el poder es visible, mantiene una agenda oculta en lo que quizá sea el mejor capítulo del libro. Se aborda la cuestión con referencia a la teoría de los marcos o encuadres. Ciertamente, el poder prefiere los relatos a los encuadres (p. 143), pero jamás descuida estos y recurre a una cuidadosa tipificación en encuadres terapéuticos, tecnocráticos y polarizadores (p. 145), en cuya máquina trituradora vuelca el autor diversos y muy ilustrativos episodios de este drama sobre todo europeo que es la presente crisis: la paulatinamente creciente justificación de un “cirujano de hierro” (vieja copla regeneracionista hoy actualizada, p. 152), el ejemplo de la industrialización alemana que apoya en las conclusiones de la industralización germana (la revolución desde arriba) de Barrington Moore (p. 152) como precedente autosatisfecho de la dominación teutónica en Europa a través de la imposición de la agenda oculta del poder que Ulrich Beck llama merkiavelismo (p. 169) y en la que cabe todo: los “mercados financieros” sin rostro, la devaluación interior, la "política del miedo" y la doctrina del shock de Klein.

La reacción al anterior panorama viene del ciclo de protesta o de movilización colectiva ya mencionado. No oculto mi simpatía por la narración y estructuración de sentido que de esta respuesta hace Gil Calvo: crisis griega, la Spanish Revolution (p. 179). Respuestas colectivas al brutal retroceso de las condiciones de vida de la población traído por el “austericidio” que, a su juicio ha ido en crecimiento en el año 2012, a través de grandes movilizaciones y muchas manifestaciones: la grandolada portuguesa en respuesta a la exagerada, abusiva, política de austeridad en el país vecino (p. 185) o el movimiento Cinco estrellas (p. 189). Le acompaño en el deseo pero me parece inevitable introducir alguna dosis de escepticismo, a pesar de nosotros mismos. Es posible que, como dice el autor, los indignados hayan hecho todo el recorrido de las protestas: sindicatos, movilizaciones antisistema, movilizaciones nacionalistas para coronarse como el “movimiento dominante en este ciclo de protesta” (p. 194), pero no parece ser suficiente.

El último capítulo del libro, titulado “ritos de resistencia”, hace inventario de los repertorios y circunstancias que animan el ciclo de indignación y pasa revista a los más sobresalientes, suficientemente conocidos y no necesitados por tanto de mayor explicación: la opacidad del anonimato, la aparición de las “multitudes inteligentes”, el recurso a los discursos infamantes, la autenticidad del ritual y la dramatización de la agenda (pp. 199/212). Como panoplia para ornar nuestro muro de conquista no está nada mal pero tiene uno la sospecha de que, cual sucede muchas veces con las panoplias reales, cuando se descuelgan y se pretende que entren en acción, nos fallan lamentablemente.

Corona Gil Calvo su interesante ensayo con una conclusión a la que llama con ironía “Epílogo inconcluyente”. La razón se echa de ver en las páginas finales. Según dice,  parece indudable “que la política de austeridad ha fracasado” (p. 221). ¿A quién parece indudable? En principio, a todos. ¿Qué quiere decir que ha fracasado? Que no ha cumplido sus promesas ni alcanzado sus objetivos expresos. “El problema”, añade Gil Calvo, “es que nadie quiere admitir ni Bruselas ni los gobiernos locales, que la austeridad ha sido un fracaso, para no tener que reconocer el error de cálculo cometido” (Ibíd). Parece como si esto lo hubiera escrito otro, una especie de duende travieso, un genio juguetón que quisiera gastar una broma a nuestro autor, un gato Murr, burlándose del cansado maestro de capilla Kreisler. Porque de la lectura atenta del libro más bien se deduce la idea de que la austeridad no es un “fracaso” sino un éxito en toda regla para los poderes ocultos con su agenda también oculta y, desde luego, el cálculo no ha sido en absoluto erróneo sino acertadísimo para los fines que esos poderes perseguían: hoy tenemos menos derechos, estamos más explotados y humillados y somos más pobres (mientras los ricos son más ricos) que ayer. Q.E.D.

martes, 29 de octubre de 2013

Lo que importa.


Pasatiempo. Para la gente más superficial, la política es cosa de dimes y diretes, de si tal ministro vive en el armario o tal ministra viste modelos exclusivos de un refinado modisto italiano; de si un director general se paga las juergas con la tarjeta de crédito del departamento o si un líder de la oposición se lía en una trifulca en Twitter por un comentario racista. Aquí lo importante es lo más trivial. 

Negocio. Para los ciudadanos atentos a las posibilidades de enriquecimiento rápido por medios cualesquiera, la política es el carro de la diosa Fortuna, caprichosa, escurridiza y calva. Está hecha de adjudicaciones dudosas, cohechos, malversaciones, estafas, comisiones, mordidas, sobresueldos; mucho, mucho dinero. Algún dirigente del PP considera su partido una empresa. Y en las empresas, lo importante es el beneficio corporativo y, con él, los sueldazos de los directivos. Sin contar con que la ética que aplican a su acción en el mercado es difusa, como la fuzzy logic que, según parece, rige el comportamiento de los mercados de valores. Fuzzy logic, fuzzy ethics.

Rutina. Para muchos gobernantes la política es la aplicación de la racionalidad weberiana, despersonalizada, burocratizada, a la gestión de la vida. "Pues claro que espiamos a nuestros aliados. Igual que a nuestros enemigos. Quizá más, primeramente porque es más fácil y, en segundo lugar, porque, a partir de cierto momento, a los enemigos los bombardeamos. Pero los aliados son también muy peligrosos. No se pretenderá que acordemos un tratado internacional con quien pretende engañarnos a las escondidas, ¿verdad? Por lo demás, ¿hay algún Estado que no espíe? "

Tragedia. Para otra gente la política es asunto de vida o muerte. Estar jugándose la vida puede ser cosa inopinada, repentina, inesperada o puede ser algo deliberado. Pero en ambos casos tiñe de tragedia lo que para otros es un pasatiempo, un negocio, una rutina. De los siete mineros fallecidos ayer a causa del grisú, uno de ellos había bajado a rescatar a sus compañeros. Igualmente había participado en la marcha minera en junio a Madrid. Un hombre valiente. Los mineros tienen que serlo para sobrevivir en unas condiciones que el ABC tachaba de privilegio hace unos meses, al informar sobre la citada marcha minera. Los mineros bajaban a Madrid, según el diario de la derecha "a defender sus privilegios". Sus privilegios. Parece mentira ¿verdad? Claro, como que lo es. Privilegio el del ABC, de mentir y difamar de esa forma.

En asunto de vida muerte entra también la huelga de hambre de Jorge Arsuaga en la Puerta del Sol en Madrid. Diecisiete días lleva el joven sin ingerir alimentos para conseguir la dimisión del gobierno. Hasta este momento se le han sumado dieciséis personas en diversas ciudades de España. Algún yayoflauta, un grupo de mujeres gallegas. El hecho tiene muy escasa repercusión en los medios convencionales. Mucha en Twitter y la blogosfera, que son quienes mantienen viva la noticia. Esta acabará emergiendo en los medios y el gobierno tendrá que pronunciarse y hacer algo. Y si el ejemplo cunde y ha de habérselas con más gente en huelga de hambre, el asunto será tan complicado como la cuestión catalana.

Los internautas tratan de viralizar la campaña de Jorge, que está muy bien pensada y es muy clara: son dos expresiones que nos interpelan directamente: no te pido que hagas huelga de hambre; te pido que luches y para que tú puedas jubilarte a los 65 yo llevo 17 días sin comer.. Esta claro, ¿no? Si tocan a Jorge, nos tocan a tod@s.

(La imagen es una foto tomada en Twitter de @shul_evolution).

jueves, 17 de octubre de 2013

¿Qué hacer frente a la tiranía?


En homenaje a Jorge Arsuaga, de Bilbao, en huelga de hambre por considerar que el gobierno es ilegítimo; y a quienes la hacen y hagan con él.



La ilegitimidad del gobierno es, en efecto, clamorosa. Lo sabemos todos. Empezando por el mismo gobierno. Se trata de una ilegitimidad de origen porque su partido ganó las elecciones engañando y mintiendo sobre sus verdaderas intenciones, traducidas luego en lo contrario de su programa electoral y porque, además, las ha ganado presuntamente con trampas, con juego sucio, mediante financiación ilegal, en una situación de vergonzoso ventajismo quizá delictivo.

Es también abrumadora la ilegitimidad de ejercicio. Rajoy gobierna autoritariamente, por decreto, sin someterse al control parlamentario ni rendir cuentas a la opinión pública a la que oculta todo cuanto es relevante y tiene que ver con él y sus políticas que, sin embargo, explicita en términos crudos en el extranjero. Se vale para ello de un control total, asfixiante de los medios de comunicación, la inmensa mayoría de los privados y todos los públicos bajo su dominio, con la misión de censurar la información, escamotearla, embellecer la acción del gobierno y denigrar la de la oposición. No hay diferencia entre los tertulianos mercenarios de la derecha en los medios privados y los de los públicos, que suelen ser los mismos.

Correspondientemente, tiene bloqueado el Parlamento, dedicado por mayoría a silenciar y ningunear la oposición y aplaudir todo lo que haga o diga el gobierno. De igual modo interfiere permanentemente en la acción del poder judicial, ya sea manipulando la composición de sus órganos u obstruyendo de muy diversos modos la acción de la justicia.

Su relación con la ciudadanía es despreciativa, arrogante, autoritaria, casi fascista. Tanto el presidente como sus ministros o cargos del partido se niegan a hablar, a dar explicaciones o mienten sin sonrojo y se niegan a retractarse de sus mentiras o, simplemente, difaman. Al mismo tiempo reprimen con mano dura -cada vez más dura- toda manifestación de descontento, crítica o disenso, bien por la vía penal (Gallardón acaba dejando el código en un tiempo anterior a Beccaria) o por la vía policial. La política de orden público está sesgada en la represión ideológica de la protesta de la izquierda por medios violentos, hostigadores, intimidatorios, mientras tolera (si no ampara) las provocaciones fascistas callejeras o de sus propios alcaldes.

La invocación de la mayoría, el único recurso -mecánico- del gobierno frente a la crítica es falaz. Ya no hay tal mayoría. La ha perdido. La obtuvo para otra cosa; no la ha hecho y la ha perdido. Y aunque la conservara, ¿no es posible a la par que odiosa una tiranía de la mayoría? Y no es el caso, insisto. Si se invoca la mayoría, convóquense elecciones anticipadas, ahora que ya se sabe qué pretende cada cual y veamos si la mentira, el engaño, obtienen mayoría.

Este gobierno ilegítimo no deja resquicio al discurso, ni lo respeta; no dialoga; impone sus criterios -a los que el mismo Rajoy llama radicales- a la fuerza; insulta y amenaza. Así las cosas, la huelga de hambre de Jorge Arsuaga no solo es respetable sino encomiable. Cuando un poder tiránico no deja salida alguna fuerza es recurrir a lo único que nos queda, nuestra dignidad y nuestra vida misma. Somos, quiero creer, muchos quienes simpatizamos con el gesto de Jorge, impresionados por las consecuencias que pueda tener para él, y que lo secundaríamos. Si no lo hacemos es por una serie de razones comprensibles y también respetables: somos mayores, o tenemos familia, o estamos enfermos, o sencillamente, no nos atrevemos.

Pero todos aquellos que decimos simpatizar con Jorge estamos obligados a manifestarlo y hacer algo por apoyarlo (y, de paso, a nosotros mismos) en su línea. No todos podemos ir a una huelga de hambre pero si cada cual busca en su vida, en sus condiciones de existencia, seguro que puede hacer (o dejar de hacer) algo para evidenciar su crítica, su oposición a esta tiranía de forma activa, pacífica y legal; al menos de momento. Es un acto individual, pero convoca a millones. Carece de sentido criticarlo porque pueda distraer de la acción colectiva. En absoluto. Cada una va por su cauce y la acción colectiva bien puede tomar ejemplo de la de Jorge. Tenemos que defendernos y, con nosotros, la dignidad de la democracia, pues no hay tal en un gobierno tiránico, oligárquico, bajo fuerte sospecha y acusación en sede judicial de organizarse al margen de la ley durante veinte años. Un gobierno con un sonsonete: que la ley se cumple; pero solo cuando la hace él.

Es palmario a la vista de la bochornosa sesión parlamentaria de ayer. La vicepresidenta no solo no se retractó de su triple infamia sobre los parados sino que añadió otra falsa acusación al ex-ministro Valeriano Gómez. Y luego llevó su arrogancia, su desprecio al Parlamento y su chulería al extremo de ausentarse en el turno de réplica, cuando dicho ministro pudo por fin defenderse y dar un claro mentís, tras forcejear dialécticamente con la presidencia de la Cámara que quería acallarlo.

¿Cuántos desplantes y atropellos, cuantos desprecios, abucheos y ninguneos está la oposición dispuesta a soportar en un Parlamento en el que se la bloquea y silencia, antes de realizar un acto como el de Jorge? ¿Cuánto tiempo más va a estar haciendo el juego a una derecha que instrumentaliza el Parlamento para sus fines autocráticos antes de denunciar la situación y retirarse al Aventino?