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domingo, 27 de noviembre de 2016

Dos estilos

Uno es el de los secreteos, las intrigas, las covachuelas, el juego sucio, las maniobras, las zancadillas, las trampas, los comités, las votaciones trucadas, las amañadas, la compra de voluntades, los enchufes, los chantajes, las complicidades, la marrullería, los pactos sotto voce, los infundios, los pelotas, las traiciones, los favoritismos, la ocultación, las decisiones oligárquicas, la censura, el abuso, el silenciamiento de la militancia, el interés de los viejos bonzos, la falsedad, la mentira, la manipulación, el abuso de poder, la miseria moral, el miedo a la competencia y la libre confrontación, los resultados falseados, la protección de los poderosos.

Es el estilo de Susana Díaz y quienes la han convencido de que, poniendo todas las malas artes y chapucerías posibles tras un golpe de mano de auténticos truhanes, puede ahora escalar la máxima responsabilidad del PSOE y su máxima incompetencia.

El otro es el estilo abierto, franco, sincero, democrático, dialogante, íntegro, la palabra dada, los acuerdos, las decisiones consensuadas, el reconocimiento de los errores, la modestia, el juego limpio, la asunción de responsabilidades, el recurso a la militancia, la confianza en las bases, la implicación personal, la lealtad, el respeto, el poder compartido, la moralidad en la acción, el libre juego de la competencia, el respeto a los resultados, el enfrentamiento con los intereses creados, el desafío a los poderosos, el logro de la autonomía, la originalidad de planteamientos, las decisiones compartidas, la asunción de riesgos.

Es el estilo de Pedro Sánchez y quienes, afrontando las decisiones represivas de la junta de golpistas y los castigos arbitrarios así como las campañas mediáticas movidas por los agentes del PP en el socialismo, los incrustados en los medios a su servicio y los "intelectuales" orgánicos, se han puesto a su lado para reconstruir el PSOE como un partido de izquierdas, autónomo, socialdemócrata, radical, independiente de la derecha y no rehén de ella.

Y, de momento, en la primera confrontación, el resultado ha sido triunfo para el sector renovador, democrático, apoyado por las bases de Sánchez. Y una derrota humillante para los paniaguados del aparato del partido, con ese espantajo al frente que es Susana Díaz, pertrechada por todos los apoyos de los barones (aunque a distancia porque ya empiezan a maliciarse que esto no terminará bien) y los mediáticos de la derecha. Y, por supuesto, derrota de ese sector a la sombra de los veteranos del PSOE, González, Bono, Rubalcaba, hoy convertidos en carcamales voceros de la derecha.

Una pequeña e irónica reflexión: ¿quién iba a decirle al decrépito Isidoro que, andando el tiempo, él sería el reaccionario Llopis, defensor de un PSOE desdentado, tratando de cerrar el paso a la renovación del proyecto de una izquierda democrática y socialista? ¿Quién que el Isidoro de entonces se llama hoy Pedro y la anquilosada y vieja guardia del exilio de antaño es la media docena de submarinos peperos, los Rubalcaba, Madina, Díaz, etc que tratan de impedir la renovación del único partido de la izquierda democrática que ha hecho algo positivo y volverá a hacerlo en España?

Por supuesto, esta aventura de recuperación del PSOE para su militancia, con un programa de izquierda sin tapujos ni temores puede frustrarse. Puede que a Sánchez le falte constancia, iniciativa, tesón o no tenga clara las ideas o fracase en el cálculo de sus apoyos, en cuyo caso perderá y, con el, desaparecerá la última posibilidad de reconstrucción del PSOE porque lo que aportan sus contrincantes no merece la pena ni la consideración.

La inmoralidad de sus adversarios, dentro y fuera del PSOE, puede hacer descarrilar el proyecto. Pero algo ha quedado ya claro: todas las mentiras de esta reata de burócratas acobardados, voces de sus amos, enchufados y aprovechados al servicio de un sistema corrompido, han quedado al descubierto. El tiempo pertenece al proyecto de Sánchez quien, si mantiene el rumbo y el tesón, reconstruirá un partido independiente de la derecha y hegemónico de la izquiera. Contará con la lealtad de mucha otra gente que ahora conmenzará a sumarse a la empresa y contará también con la deserción de todos los supuestos "aliados" de Díaz que la abandonarán al ver el cariz que van tomando las cosas. A saber cuántos barones -además de sus siervos extremeño y  castellano-machego- acuden al próximo llamado de esta impresentable aspirante a un puesto para el que a todas luces no vale.

jueves, 24 de noviembre de 2016

El héroe dubitativo

Vaya, vaya. El drama del PSOE, ya casi culebrón, da siempre alguna sorpresa. La entrada en campaña de los dos contendientes putativos, Díaz y Sánchez, no ha podido ser más dispar: la de Díaz, planificada, con asesoría de comunicación, apoyo y difusión en los medios, planes de altura para Andalucía, España y Europa. Campaña clásica, doctrinal, en la que no se dice literalmente nada.

Sánchez, que no cuenta con los medios de Díaz, pues es un afuereño al aparato (que controla el acceso institucional a las redes) ha ido más por lo personal, íntimo y sincero. Pero con ideas y ánimo rompedor. Es otro mundo. Los medios lo comparan con don Quijote, por eso de hacerse la carretera. Pero don Quijote estaba armado de una convicción firmísima en la bondad de su propósito. Ni una duda le hizo jamás tomar los gigantes por molinos. Mientras que Sánchez ha mejorado de cabalgadura (ahora tiene coche) pero ha empeorado de ánimo. Duda. Es un héroe dubitativo, como Orestes dudaba si matar a su madre o no; como Hamlet si hacer lo propio con la suya y su amante, asesino de su padre; como Raskolnikov si matar o no a la vieja usurera y es de esperar que nadie vea aquí alusión alguna; como Emanuele Bardone duda entre morir como Emanuele Bardone o como el General della Rovere.Tanto duda que casi parece un antihéroe. Y eso que cuenta con el explícito respaldo de Pérez-Tapias, antaño su adversario y que hoy puede ser el Pílades de Orestes, el Horacio de Hamlet, la mujer a quien Raskolnikov confiesa su crimen, su alter ego.

Aun así, Sánchez duda y quiere pulsar la actitud de la militancia antes de proclamar su candidatura. Eso está bien e indica prudencia y realismo. Pero, para que la militancia tenga alguna actitud que pulsar es preciso ofrecerle algo sobre lo que pronunciarse. Ideas, vamos, propuestas. Y aquí es donde el candidato a candidato debe pararse a pensar y elaborar un discurso (un relato, según se dice hoy) coherente para la mayoría del personal. Esto es, algo armado, congruente, identificable como parte de un proyecto y no consignas aisladas carentes de significado. Eso del proyecto colectivo, que huele a Podemos por la vía asamblearia, hay que dejarlo para el final. Si el pretendiente presenta sus propuestas, ya se animará la gente (o no) a tomar decisiones colectivas. Y si ese programa no es el de una izquierda socialdemócrata reformista de izquierda moderada (que no conservadora) que Palinuro viene proponiendo, sería estupendo conocer cuál es el programa. Sobre todo para que el héroe dubitativo saque de la duda a sus posibles apoyos, que son muchos, a juzgar por lo que se detecta en las redes.

Por cierto, si quieren encontrar un contexto histórico para simbolizar el momento, lo tienen en la sublevación contra el francés de 1808 y la consiguiente guerra de independencia. Las juntas provinciales, negando obediencia al rey, pedían la convocatoria urgente de una Asamblea Nacional o Cortes Constituyentes. Igual que las federaciones y agrupaciones del PSOE, negando obediencia a la Gestora, exigen un Congreso urgente y primarias. Si hay que aconsejar a nuestro dubitativo héroe un modelo por imitar, nadie mejor que Juan Martín Díez, El Empecinado, héroe del momento y notable ejemplo de obstinación hasta el martirio en su lucha contra el invasor y luego contra el absolutismo, que era otra forma de invasor. Pero no llegarán las cosas a esos extremo. Es de suponer que en el PSOE haya la flexibilidad suficiente para apoyar un programa de este tipo frente al acartonado colaboracionismo con la derecha que proponen la actual dirección material e intelectual así como sus grandes focos mediáticos y sus intelectuales orgánicos.

jueves, 5 de marzo de 2015

Los vientos de la historia
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La poética imagen es de Fernández Toxo. Él habla de un solo viento, pues tiene una concepción unitaria de la meteorología y la aerodinámica. Palinuro, que presume de pluralismo, habla de los vientos. En la historia no hay un solo viento, como no rige una sola ley. Hay muchos, desde la suave brisa al huracán; y muchas leyes, desde la divina a la del más fuerte, y todas batallan entre sí. Los vientos son varios, plurales, hasta para un sujeto colectivo, pero unitario, como el pueblo: Vientos del pueblo me llevan,/vientos del pueblo me arrastran,/me esparcen el corazón/y me aventan la garganta, decía el poeta de Orihuela.
 
A Palinuro también le aventan la garganta los vientos que soplan en la historia de España. Vientos sobre los que nos advierte Toxo sin caer quizá en la cuenta de que él mismo es candidato señalado a ser barrido por ellos. El viento de las renovaciones y reinvenciones. Se necesita un cierzo potente que sacuda las estructuras burocratizadas, plúmbeas,  de los dos sindicatos que empiezan por no ser capaces de unirse. Por eso sus dirigentes van a todas partes juntos, como Hernández y Fernández, o Tweedledum y Tweedledee, o Balin y Balan, objetos de críticas y chirigotas. Sindicatos que pactan con gobiernos, patronales, bancos, que hacen negocios, chanchullos y tienen un problema real de corrupción. El viento de la historia.
 
Al PP, una galerna. Ese bunker de corrupción tiene que volar por los aires y aterrizar en el patio de alguna cárcel de seguridad para que quienes llevan años haciendo trapacerías, llenándose los bolsillos, forrándose con el dinero de todos, con auxilio de algunas sanguijuelas de la oposición, no tengan ya de dónde seguir robando. Pueden montar un máster de cómo privatizar lo del común en beneficio de los amigos y allegados. La enseñanza será buena en la teoría pero algo deficiente en la práctica ya que a ellos los ha barrido el viento de la historia. Presentar o no presentar a Aguirre y González como candidatos es un problema angustioso. En principio, los dos son impresentables. Pero, si no los presentan, ¿con qué cara presentan luego a Rajoy de candidato a la presidencia del gobierno?
 
Los vientos son favorables a Podemos y Ciudadanos, las materializaciones de la renovación, la reinvención y la regeneración, que prosperan sostenidos por un levante suave y húmedo. La historia, piensan, es suya. Pero ya empiezan a mirarse de reojo porque se ven cabalgando un impulso con elementos en común y eso es mal asunto cuando se está en una carrera con un objetivo común: ganar. IU, en cambio, se agosta con un poniente achicharrador. Por más vueltas que le dé, la parrilla siempre está al fuego y Garzón tiene cada vez más figura de San Lorenzo. De Convocatoria por Madrid no va a dejar ni las briznas porque recuerda aquella pintoresca Internacional Segunda y Media, entre la aburguesada IIª y la revolucionaria IIIª Internacionales. Unas gentes realistas que creían que la vida entre dos ruedas de molino puede ser cómoda.
 
El terral sopla sobre el PSOE. Le es favorable, pero provoca mucho trastorno en el interior. Vuelan las vajillas. Sánchez ha dado dos golpes de autoridad en Madrid. Gómez, fuera; Gabilondo, dentro. Con ello ha logrado suficiente influencia para acordar una fórmula razonable con la taifa andalusí: dos actos electorales con el mando federal; el resto, cosa de la presidenta Díaz. Compárese con Rajoy, quien parece tener la intención de mudarse a la calle de las Sierpes, a ver si consigue que alguien identifique a su candidato. El gesto de Sánchez tiene que amigarlo con la izquierda de su partido que, es muy protestaria y un pelín faltona porque también viene con el viento de la historia pero que, entre otras cosas, puede detener la hemorragia de votos del PSOE por la izquierda. Lea Sánchez el artículo de Bea Talegón en El Plural y júntese a hablar con estas hierbas del abandonado patio trasero de la izquierda del PSOE.
 
A UPyD no la barre el viento de la historia sino la falta de él. Está fuera de las corrientes, rumiando su amargura de haber acertado en las propuestas sin que nadie se lo reconozca y, menos que nadie, el electorado. El objetivo no se alcanza, la flota está en calma chicha, sin poder arrancar, como los griegos en Áulide. No hay ni viento de la historia. Y ver quién le dice a Rosa Díez que su destino, si quiere salvar el proyecto, es el de Ifigenia.
 
Los catalanistas vienen completamente pertrechados para la batalla final. Septiembre se perfila como la avalancha de guerreros que los nacionalistas españoles consideran tribus hiperbóreas  y los catalanistas ordenadas y gloriosas legiones al mando de Sant Jordi en combate contra el dragón castellano/borbónico. Allí chocarán  ambos con fragor metálico entre el que rugirá furiosa la tramontana, que quizá nos lleve a otro tiempo. Y otro país.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Espasmos en la izquierda.


IU está de parto. Un veinteañero procedente del 15 M toma las riendas. La momia de Lenin se remueve en su mausoleo o en dondequiera se halle ahora. El viejo PCE mira con nostalgia su larga historia y se pregunta en qué se equivocó. El que se lo pregunta porque los hay convencidos de ser portadores de la razón histórica.
 
Con el dinámico Garzón en IU, la izquierda aparece liderada por una trinidad de figuras de similar porte y estilo, entre cristológico y populista. Para la trinidad perfecta faltan Dios padre y el espíritu santo. El relevo del venerable Cayo Lara deja expedito el escenario en el que van a actuar las tres figuras, cuyos parlamentos consisten en hablar continuamente sobre unos programas que o no tienen (caso de Podemos), o esperan establecer de la mano del nuevo dirigente (caso de IU) o, según en qué casos, lo aplazan hasta ver qué decisiones adoptan los demás (caso del PSOE).

En realidad hablan de programa porque de algo es preciso hablar, pero los tres fían su tirón electoral al aspecto mediático/iconográfico de su líder en un caso palmario de "americanización de la política". Con flujos y reflujos. Sánchez y Garzón van de ida; los de Podemos, de vuelta. Hacen una finta táctica de replegarse para preparar el siguiente asalto. Han calibrado el peligro de la sobreexposición a los medios y han decidido economizar imagen para reducir riesgos y conservar su fuerza. Con tanto en que pensar, ¿quién se acuerda del programa?
 
 Es probable que la reciente dimisión de Pérez Tapias al frente de la corriente Izquierda Socialista que se hará efectiva hoy en una asamblea, obedezca también a esa ola de relevo generacional de la izquierda. Aunque la carta en la que la formaliza es tan confusa, tan críptica, que permite otras interpretaciones, más de contenido. En IS se produce un convulso proceso de revisión interna que apunta a la existencia de una red de intereses creados en una típica oligarquía michelsiana de partido. El petardazo de Parla puede poner a IS en trance de refundación. De darse esta, veo la federación socialista madrileña al comienzo de otro proceso de examen interno. Va siendo hora. No hace falta ser de Podemos para preguntarse para qué sirve un partido que lleva veinte años perdiendo elecciones.  

martes, 18 de noviembre de 2014

Los relevos.


Los de Podemos dicen que van a cambiar el sistema político al que llaman régimen, con indignación de "El País" y círculos aledaños. Discutir por palabras es poco productivo. Vamos a los hechos. En realidad, el sistema político está cambiando aceleradamente gracias, sobre todo, a la intención podémica. Es posible que a las elecciones de 2015 no se presente ninguno de las candidatos de los grandes partidos que lo hicieron en las de 2011. Renovación a base de relevos.

El primero, Rubalcaba, quien hizo un mutis tan triste y desangelado como había sido su mandato. Con los resultados de las europeas de mayo, su marcha era inevitable, imprescindible si el PSOE quería recuperar algo de su identidad, su electorado, su influencia y sus esperanzas, pues todo lo había perdido con él. El relevo, Sánchez, tiene una tarea difícil: recomponer el partido, que corre peligro de acabar como el PASOK, y llevarlo al triunfo electoral, sino con mayoría absoluta, sí con minoría mayoritaria. Su baza fuerte es fabricarse una centralidad entre la dos propuestas más radicales, del PP y Podemos. En situaciones de polarización, el saber convencional atribuye al centro vocación mayoritaria. Y el electorado ha de visualizar alianzas posibles y sostenibles.  El PSOE tiene que explicar a la ciudadanía en qué coincide con los otros dos y en qué discrepa.  Todo el mundo tiene claro en qué coincide el PSOE con el PP; pero no en qué dicrepa. Ese adelanto de un proyecto de reforma constitucional dará una pista. Y el PP la completará. Floriano dice estar receptivo a la propuesta reformista a la espera de conocer su alcance. A Cospedal no le hace falta conocer el alcance pues ya sabe que Sánchez pretende dinamitar las reglas del juego en España. A ella, como a la justicia de Peralvillo, no le hacen falta pruebas sino que las fabrica después de ajusticiado el reo. Tanto Sánchez como sus colaboradores han dejado claro en qué discrepan de Podemos. Prácticamente en todo, lo que no impide que hagan un verdadero plagio de estilo de comunicación. Pero no se sabe en qué coinciden. Y, si no hay coincidencias, es difícil imaginar alianzas. Con lo cual, de momento, los vaticinios se cargan del lado de una gran coalición a la que también empuja en cierto modo Podemos igualando PP y PSOE. La justificación ideológica parece clara; la pragmática, no tanto. Y eso, tratándose de Podemos, es un handicap.

Después de Rubalcaba, se retira Cayo Lara. No es frecuente ver llorar a un político honrado. A los otros, sí; lo hacen de cine. Por eso, un respeto para Lara, un hombre sencillo, honrado al que los acontecimientos han rebasado. Su retirada todavía lo honra más. En su lugar parece llegará Alberto Garzón. Nuevo efecto Podemos, pero más difícil de desentrañar que el del PSOE, precisamente porque entre estos e IU hay una relación de familia política e, incluso, personal. Garzón es partidario de la fusión y, siendo realistas en las circunstancias actuales, tal cosa no puede darse sino es dejando a IU en una posición de subalternidad frente a Podemos y a Garzón jerárquicamente por debajo de Iglesias. La única alternativa sería una coalición bicéfala entre iguales y eso es poco probable. Es una situación endiablada porque ambas partes comparten cultura política pero no pueden coexistir. Añádase que el núcleo, la espina dorsal de IU es el PCE, muchos de cuyos viejos militantes están ya rezongando. Aceptaron de mala gana sumergirse en IU mientras fueran ellos su estructura. Pero no aceptarán desaparecer sin más con sus históricas siglas en un movimiento que les ha robado su discurso, lo ha pulido y ahora lo vende como suyo. Sí, situación endiablada y triste, sobre todo triste. IU no tiene fuerza alguna para negociar nada con Podemos porque, si este atiende a su interés, preferirá que no haya fusión e IU se presente con sus siglas a las elecciones, para hacer visible la "nueva política" en todos los horizontes.

El tercer relevo está aún por producirse y es posible que no lo haga. Rajoy debiera haber dimitido ya al comienzo de su mandato y, desde luego, en el momento en que se materializaron las acusaciones de haber cobrado sobresueldos y hubo de comparacer en sede parlamentaria para reconocerlo, aunque llamándolos algo así como complementos de productividad, un concepto típico de la picaresca. Pero no lo ha hecho ni tiene, al parecer, intención de hacerlo. Igual que los sobresueldos no existen sino que son complementos de productividad, la consulta catalana del 9N no se ha producido porque él ya había dicho que el referéndum no se iba a celebrar y no se celebró el referéndum, sino otra cosa, un guateque o algo así. El mismo hombre que ha cobrado sobresueldos y preside el que probablemente sea el partido más corrupto de Occidente, cuyos dirigentes tienen cuentas bancarias en todo el mundo, dice a los otros líderes que se debe impedir la existencia de paraísos fiscales. Es, más o menos, la misma caradura que se requiere para presentar en el Parlamento un proyecto legislativo de lucha contra la corrupción firmado por gentes que han cobrado en negro.

No solamente no piensa en dimitir sino que quiere ir a Cataluña a explicar "mejor" sus razones. Ahorro al lector la sarta de gansadas que se apresta a soltar a los catalanes (muy en la línea de "en Cataluña hay más catalanes que independentistas"), pero si alguien quiere solazarse, están aquí. Realmente, quizá sea bueno que Rajoy no opte por el relevo, como los otros. Si continúa para desgracia de los españoles, al menos estos tendrán la posibilidad de echarse unas risas de vez en cuando.

lunes, 11 de noviembre de 2013

No, no son iguales.


Lo mejor de la conferencia política del PSOE fue su clausura. Palinuro ha seguido atentamente el evento en varias entradas (Los jarrones chinos parlantes; PSOE: fuego de fogueo; y ¿Esto es todo?) con un espíritu crítico, ligeramente escéptico, muy interesado en el desarrollo de los acontecimientos y por último resignado a una conclusión que los economistas llaman subóptima. La gran maquinaria del mayor partido de la oposición, y hasta hace poco de gobierno, se había estremecido en una tarea de revisión, actualización y rejuvenecimiento. Pero, luego, se imponía la inercia de los viejos armatostes. Al fin y al cabo, como recordaron varios dirigentes, el PSOE tiene ciento treinta años y cuando algo ha resistido tanto tiempo no es fácil darle la vuelta como si fuera un calamar. Además, cualquier cambio que se le haga, tiene mucha repercusión porque afecta a multitud de equilibrios, formas, rutinas ya casi tradicionales.

Por eso, entre discursos, ponencias, enmiendas, pasilleos, declaraciones, acuerdos y votaciones, el cónclave llegó a su cuasi-final, dejando una generalizada sensación de perplejidad decepcionada: ¿hemos convocado una conferencia política para dejarlo todo como está? Bueno, como está, no. Algunas cuestiones quedaron precisadas, unas para bien (a juicio de Palinuro), como la recuperación de los derechos, el blindaje del Estado del bienestar, la política fiscal; otras para menos bien, como la imprecisión de la cuestión territorial o las ambigüedades sobre lo que debiera ser hace años ya la tajante separación entre la iglesia y el Estado; y otras para mal, como la cuestión de la República. La fórmula según la cual el PSOE, siendo republicano, apoya la monarquía, corresponde a la más firme ortodoxia cristiana, ya fijada en el concilio de Calcedonia, según la cual Cristo es una sola persona, como el PSOE es un solo partido; pero tiene dos naturalezas, igual que el PSOE, una esencial, republicana y otra de conveniencia, monárquica. O sea, quienes insistimos en el republicanismo solo y único, en el fondo, somos monofisitas.

Acababa, languidecía, la conferencia cuando el domingo, sin avisar, llegó la catarsis: un sensacional discurso de Rubalcaba que puso en pie al auditorio e hizo emocionarse a más de un veterano periodista de los de la batalla de la transición. ¡No somos iguales!, rugía el viejo zorro convertido en león. Vuelve la izquierda, vuelve la energía, la decisión, la voluntad de cambio. Vuelve el PSOE, el PSOE ha vuelto. Hay mucha miga en esa expresión. Quiere decir que se había ido. En realidad, la expresión acuñada sería: se había retirado a los cuarteles de invierno, aunque fuera verano. Pero vuelve; vuelve como partido; como instrumento para conseguir algunos cambios sociales de presumible amplia repercusión electoral; un programa no de máximos pero sí de mínimos viables y nada superfluos como andan las cosas. Rubalcaba estuvo muy bien subrayando que no son lo mismo. Claro que no. Y los hechos hasta hoy (no todos, pero sí muchos de ellos) lo avalan en sus propósitos. Un programa de izquierda posible, realista, capaz de concitar apoyo electoral mayoritario. Todavía podrá precisarse más y es claro que se necesita un nombre que simbolice este conjunto de propuestas. Por ejemplo, devolución. El PSOE se propone devolver a los distintos sectores de la sociedad (trabajadores, parados, pensionistas, mujeres, jóvenes, funcionarios, dependientes, niños) los derechos que una política antipopular del partido popular les ha arrebatado. Devolución.

Pero hay más en la expresión y en el discurso. Queda saber quién llevará adelante esos propósitos regeneracionistas de la democracia y el Estado del bienestar. Es decir, la sombra de las primarias. Y la cuestión de si Rubalcaba se presentará o no a ellas. Podría haber aprovechado el momento de exaltación que consiguió para anunciar su propósito. Pero no lo hizo. Ha vuelto a aplazar la clarificación y, se quiera o no, con el aplazamiento, se avivarán las inquietudes internas. Según parece, los llamados "barones" dan por descontada la retirada de Rubalcaba. Me inclino a suponerlo. Mi interpretación es que la categoría del discurso viene a ser como el canto del cisne, bello por lo que representa. Rubalcaba, enardecido por el patriotismo de partido, se apresta a ponerlo, reavivado y listo para la acción, al servicio de la candidatura de quien obtenga el respaldo mayoritario. Si lo hace, pasará con honores a la historia del PSOE. Pero no tiene por qué hacerlo. Muchos dirán que eso es suicida pues es imposible ganar unas elecciones cuando el noventa por ciento de los votantes no se fían de ti. Pero es que el asunto es más complicado.

Veamos: el PSOE está en situación de presentar un programa mínimo de la izquierda muy viable y que seguramente tendrá apoyo mayoritario, dado el descontento universal con las políticas del PP. Necesita, sin embargo, un candidato con tirón y respaldo. Para eso se hacen unas primarias abiertas. Supongamos que se presentan siete aspirantes. ¿Puede hacerse candidato a un aspirante que alcance el 20 por ciento de los votos porque los demás aun tienen menos? Sin duda, si Rubalcaba se presenta, tendrá un apoyo masivo que no bajará del cuarenta y tantos por ciento. ¡Ah, pero Rubalcaba es el pasado y nos lleva a la derrota en 2015! Muy probablemente. Con todo, hay una forma sencilla de evitarlo: preséntese un(a) candidatx capaz de ganar no a los otros bisoños sino a Rubalcaba. Ahí está el mérito.

Por lo demás, esa es buena lid y Rubalcaba tiene perfecto derecho a entrar en ella. A lo que no creo que lo tenga es a postergar sine die la fecha de las primarias.

(La imagen es una captura del vídeo de El País.

domingo, 6 de octubre de 2013

Siguen lloviendo piedras.


Y chuzos de punta. El último sondeo de Metroscopia en El País es estremecedor para el PSOE. Para los dos partidos dinásticos, pero es el PSOE del que aquí nos ocupamos. Si, después de casi dos años de absoluto desastre de gobierno, el PP sigue ganando en intención de voto cuando el mes pasado estaba a la par con su rival, cualquiera revisaría sus planteamientos. Si lo hace o no Rubalcaba está aún por ver. Pero va pareciendo que no. En el PSOE nada se mueve. El gráfico del sondeo de Metroscopia muestra una situación como de encefalograma plano para todos y el más plano, el del PSOE. Plano para todos. Lo único que frena el hundimiento del PP es la inexistencia de una posibilidad alternativa, pues los socialistas no lo son. Los otros dos partidos de ámbito estatal, IU y UPyD ahí siguen también, a gran distancia de los otros, muy ilusionados, no con la posibilidad de formar gobierno -opción irreal- sino con la de condicionar el que se forme. Son partidos-rémora.

No son los socialistas capaces de remontar la situación. Admitido: esta no está siendo fácil. Son tres los factores negativos para las aspiraciones socialistas:

a.- La crisis. No existe un discurso claro, convincente, socialista alternativo al de la derecha. No hay diferencias en cuanto a la interpretación de las causas de la crisis. Sí la hay respecto a las medidas para resolverla. El PSOE se opone frontalmente a las que viene tomando el gobierno en materia sanitaria, laboral, educativa, de pensiones, etc. y promete hacerlas reversibles. Eso está muy bien y así hay que hacerlo. Pero no basta. Es preciso decir cómo. No es suficiente con la intención expresa. Sin duda, el PSOE tiene en esto más crédito que el PP pues no ha mentido tanto ni tan descarada y reiteradamente como el PP, pero ya no es cosa de promesas genéricas. Ahora hay que especificar más. La gran objeción permanente al PSOE es cómo financiará las medidas que reviertan las del PP. Ahí es donde el PSOE -que llegó a decir, recuérdese, que "bajar los impuestos es de izquierdas"- tiene su punto más débil, el que más lo asemeja al PP porque pretende abordarlo, pero no se atreve a decirlo. Alguien tendrá que pagar por la vuelta al Estado del bienestar que el neoliberalismo extremo de la derecha ha arrasado y ese alguien ha de ser mayoritariamente el capital, la empresa, la banca, la iglesia, justo quienes controlan la inmensa mayoría de los medios de comunicación, incluidos los que dependen del gobierno que también es su gobierno.

b.- Cataluña. La posición del PSOE es aquí más insegura y vecilante aun que con la crisis. Rubalcaba es de talante unitario, más bien centralista, como probablemente lo sea una buena porción de su militancia y su electorado. Pero no puede defender un punto de vista nacional-español a ultranza porque, además de tratarse del discurso de la derecha, lo acabaría enfrentando a su sucursal catalana, el PSC. Y si el PSC no consigue aportar una parte considerable de escaños al socialismo español, las esperanzas de este de alcanzar el gobierno se desvanecen. La prudencia manda mantener a ambigüedad, pero la ambigüedad en un terreno colindante al nacionalismo -un discurso generalmente maniqueo y polarizado- es funesta.

c.- El efecto Rubalcaba. La permanencia del secretario general ha acabado siendo quizá la mayor amenaza a la recuperación de su partido. El argumento con el cual legitimaba su acción, esto es, que el partido lo había elegido para reconstruir sus expectativas de gobierno, no fue nunca muy cierto y ahora es manifiestamente falso. El PSOE no se ha recuperado en absoluto ni lleva camino de hacerlo. El 74% de sus propios votantes y militantes -una cifra asombrosa- no lo quiere ni se fía de él. Sobre todo porque lo ve también ambiguo, impreciso, escurridizo. Así como Rajoy pasa la mayor parte del tiempo defendiéndose de las peticiones reiteradas de dimisión también él, da la impresión de pensar más en su supervivencia que en la de su partido. Es lógico. Tanto el uno como el otro llevan más de treinta años continuados de dedicación a la carrera política. Y se entienden muy bien. En el fondo -y Palinuro lo ha señalado alguna vez- hay menos distancia entre Rajoy y Rubalcaba que entre este y sus militantes y votantes. ¿Cómo van a ganar crédito de la opinión para resolver la crisis los dos partidos y los los políticos que representan el punto de vista de quienes la provocaron en un primer momento?

Rubalcaba lleva más de dos años luchando contra esa imagen destructiva de que el PP y el PSOE son lo mismo (la misma mierda) y hace bien porque es injusta, pero no parece darse cuenta de que su mera presencia lo impide. Los dos contendientes, Rubalcaba y Rajoy son políticos profesionales y, además, malos profesionales pues entre el uno y el otro (con la nutrida colaboración de colaboradores tan desafortunados como ellos) han dejado España en estado crítico. Ninguno de los dos, típicos representantes de la política a la vieja usanza, está en posición de encabezar un movimiento de regeneración de su propio partido. En el caso de Rajoy porque él es el principal responsable y beneficiado de su actual deterioro. Y lo mismo sucede con Rubalcaba si bien en un contexto distinto.

Y, sobre todo, es materialmente imposible cambiar la orientación de la opinión pública cuando uno no cambia el discurso. Especialmente, además, si no hay ni discurso.

Quizá por eso cifra Rubalcaba todas sus esperanzas de salvar su puesto al menos hasta 2015 en el efecto taumatúrgico que espera tenga la Conferencia Política del mes próximo al proponer a la ciudadanía, dice, un PSOE renovado, con nuevo mensaje, nuevo estilo, nuevas ideas. La materialización de este elixir ideológico de la eterna juventud es dudosa. Si hubiera ideas, propuestas verdaderamente nuevas ya se habrían filtrado pues, dada la naturaleza incorpórea e inmaterial de estos productos, no hay barreras que las detengan. Pero, aunque fuera tal el caso, ¿cree Rubalcaba en serio que puede convencer a la gente de que él es la persona adecuada para llevar adelante el nuevo proyecto cuando está identificado con el viejo, el fracasado?

La perspectiva socialista es sombría porque incide en la muy intrincada naturaleza del liderazgo político. No existe una forma única de este pues cada líder tiene la suya, propia y personal. Pero, sobre todo, es imposible atisbar algo de liderazgo político -una facultad muy necesaria en las circunstancias actuales- en la posición de alguien que carece de ideas propias y espera que se las aporten desde fuera los expertos y los comités; o, lo que es peor, las tiene pero carece del valor de proponerlas a su modo y prefiere hacerlas pasar como la voluntad colectiva de la organización a la que dice servir. 

No tengo duda de que, al menos por hoy, el PSOE es un partido necesario en el sistema político español y el único que puede llevar a la izquierda al poder. Tampoco la tengo de que es un partido de izquierda y de que, guste o no a las otras izquierdas, tendrán que unirse a él si verdaderamente quieren cambiar las cosas en España o están ya cansadas de alimentar su autocomplacencia de izquierda "transformadora" que no ha transformado nada jamás consolándose con esa "revelación" de que, en el fondo, el PSOE es un partido de la derecha. Quieran o no habrán de contar con él en un hipotético frente de izquierdas con posibilidades electorales. Pero no necesariamente con este PSOE y mucho menos con Rubalcaba, quien debiera haber convocado ya elecciones primarias abiertas en su partido y haber aprovechado el guirigay que se monte para hacer un discreto mutis por el foro. 

jueves, 14 de marzo de 2013

El PSOE no se encuentra.

Ley ineluctable: todo cuanto puede ir a peor, va a peor. Versión popular: al perro flaco todo se le vuelven pulgas. Corolario moralizante: no hagáis leña del árbol caído.

En sus declaraciones, Pérez Tapias no dice nada que no sepa todo el mundo. La inoperancia como oposición, los conflictos con los conmilitones catalanes y gallegos y las meteduras garrafales de pata como la de Ponferrada tienen a los socialistas en una situación de irritado desconcierto. Reciben caña por todos lados y no se ven capaces de responder. La conclusión de Tapias es también compartida: el liderazgo de Rubalcaba está muy erosionado. Mucho. En realidad, es inexistente. Pero los de Izquierda Socialista (IS), con gesto caballeresco, reconocen que deben lealtad al líder que eligieron.

Lealtad es un buen término. Con él se mide el poder. ¿Quién es más leal, quien repite muy bueno lo tuyo, jefe, aunque sea un desastre o quien avisa del desastre? Eso, a su vez, depende de en nombre de qué se ejerza ese poder. Si se ejerce en provecho propio, el leal es el pelota. Si se ejerce en nombre de una idea, el leal es el crítico. Como siempre en política, muy complicado y muy claro al mismo tiempo.

Dicen los de IS que el PSOE tiene que encontrar un nuevo lenguaje y proponen substituir la conferencia política de octubre por un congreso extraordinario. Va de suyo que en este último, además de redactar un programa nuevo en un lenguaje nuevo, se elige un líder que lo hable.

El PSOE tiene que elaborar un discurso en donde clarifique su actitud con respecto a varios asuntos esenciales de la Constitución (dando por supuesto que se propone su reforma del alcance necesario), la Monarquía, la separación de la Iglesia y el Estado y la planta territorial de este, comprendida la cuestión de la autodeterminación. Incluso deben pronunciarse sobre el llamado proceso constituyente. Están en lo cierto los de IS: no se trata de asuntos para dictámenes de expertos sino de decisiones políticas que debe tomar el partido. No su secretario general.

lunes, 11 de marzo de 2013

Muy mal rollo.

Escándalo tras escándalo, metedura de pata tras metedura de pata, los dos partidos dinásticos están enzarzados en problemas propios, sin tiempo para ocuparse de los de la colectividad. Así como cuando los medios se atacan mutuamente y se convierten en noticias los consumidores tienen la impresión de que están burlándose de ellos, cuando los partidos se ensimisman en sus trifulcas, la ciudadanía se siente estafada. Por eso se echa a la calle casi de modo permanente y multitudinario en una movilización continua. Aunque con moderado éxito por ahora pues, según el bucle señalado, los medios prefieren informar de las aventuras de los partidos.

El asunto de Ponferrada es la enésima prueba de que la dirección del PSOE lleva más de un año sin recomponerse de la derrota del 20-N y sin saber por dónde sopla el viento. Rubalcaba impuso un plan de reconstitución ideológica del partido hasta octubre, creyendo ganar así un tiempo muerto y aplazar la cuestión del liderazgo. Ha conseguido lo contrario: la cuestión del liderazgo está viva y la reconstitución ideológica está pasando sin pena ni gloria. El saber no puede instrumentalizarse, buena gente, ni destilarse en un matraz. Hay que ir a buscarlo a la realidad, enfrentándose a ella como es, explicándola, no ignorándola o soslayándola. El PSOE está hecho unos zorros y no dejará de estarlo porque un cónclave se saque de la minerva un nuevo programa. Si reconoce haber hecho mal las cosas en su último gobierno, está obligado a aclarar cuáles, por qué y cómo propone ponerles remedio.

Pero la dirección socialista actual tiene pendientes explicaciones de mayor calado. En el fuego de la política cotidiana, el PSOE aparece como un partido monárquico y centralista y aunque con una pátina de federalismo, cerrado en banda a la idea de la autodeterminación. Y estas actitudes tan extremas, ¿cuándo las adoptó como partido? ¿Cuándo, en qué congreso se llegó a la conclusión de convertirse en partido dinástico? ¿Cuándo se dijo que el derecho de autodeterminación no existe? ¿O es que la opinión del partido es la de su secretario general? Negarse a clarificar estas cuestiones por intereses electorales es tan contraproducente como ocultar un problema de liderazgo detrás de una refundación ideológica. Para no existir, el derecho de autodeterminación goza de cuantioso apoyo. Y, lo que es más grave, en el seno del mismo partido cuya fortuna electoral pretende asegurarse.

Se quiera o no, el derecho de autodeterminación es una realidad. Y es fuerza hablar sobre ella, so pena de admitir que hay cuestiones sociales y políticas indiscutibles, sobre las que no está permitido opinar. Hay, además, una tarea de clarificación urgente. Los mismos que niegan el derecho de autodeterminación a los catalanes se lo reconocen a los saharauis. ¡Ah! dicen, pero no son situaciones comparables. Bueno, igualmente lo niegan en Gibraltar, pero lo afirman en Ceuta y Melilla y tienen que tragárselo en el caso de Escocia y, por supuesto, de las Malvinas. Vuelven las situaciones a no ser las mismas. Pero ¿qué quiere decir que las situaciones no sean las mismas? En el fondo, nada. Ninguna realidad humana es igual a otra. Por eso hay que ir más allá de la casuística y apuntar a cuestiones de principios. El de la autodeterminación se basa en el derecho de la gente a decidir por su cuenta. Ahora, ¿cuál es el argumento en contra de este principio? ¿El statu quo? En la medida en que este abriga un conflicto constitucional permanente, ¿no está obligada la izquierda a buscar alguna solución que no sea formar piña con la derecha y su concepto de la intangibilidad de la Patria?

Hace unos días, un militar dijo que la Patria está por encima de la democracia. Cámbiese "democracia" por "socialismo" y ya tenemos dos almas gemelas. En efecto, de la Patria no se discute y el derecho de autodeterminación no existe. Hay que dejarse de maximalismos vacuos y atender a los problemas reales de la gente. Pero la excusa de concentrarse en la política del momento no funciona porque, en este marasmo de falta de relevancia, ni de la política del momento puede ocuparse la dirección. La prueba, Ponferrada. Estoy convencido de la buena fe de Rubalcaba cuando adopta sus decisiones. Pero también lo estoy de otros dos aspectos. De un lado, no da la talla de secretario general para el PSOE de hoy. Lleva muchos años siendo segundo y su promoción a la secretaría lo ha ascendido a su máximo nivel de incompetencia. De otro, es un temnperamente muy conservador, con una fuerte vena de nacionalismo español. No por casualidad se contaba en el séquito de Bono cuando este aspiró a su vez a la secretaría general. Es cuestionable, sin embargo, que un secretario general haga pasar sus convicciones personales por política del partido, hasta el punto de convertirlo en eso, en un partido dinástico. Muy cuestionable.

Resulta así que el partido está a la izquierda de su dirección, pero esta no quiere reconocerlo. Con lo cual obstaculiza la tarea hoy más importante, volver a conectar el partido con la sociedad. Siendo ministro del Interior, Rubalcaba actuó con sensibilidad y cordura y, salvada una primera reacción violenta, fruto de la inexperiencia, supo entender que la cuestión de los indignados no era una de orden público. Ahora, in embargo, el PSOE no parece haber sido capaz de tender puente alguno con esos indignados. Pero la parte más consciente y más valiosa de nuestra sociedad está ahí y, valiéndose de las redes, se quedará. Surge así un terreno nuevo de la acción política de la que el PSOE como tal no sabe nada. 

La renovación solo vendrá con el relevo en el liderazgo. Cuanto más se retrase, peor.

(La imagen es una foto de Rubalcaba38, bajo licencia Creative Commons).