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sábado, 26 de marzo de 2016

El 15M "no nos representaban". ¿Y ahora sí?

Pues no, tampoco. Ahora incluso menos. Recapitulemos: el gobierno desprecia al Parlamento, se niega a comparecer y rendir cuentas, se ríe de la soberanía popular, hace un corte de mangas a los diputados y sigue desgobernando el país a su antojo, justificando -o beneficiándose directamente- del expolio general a manos de la asociación de presuntos malhechores que llaman Partido Popular.

Y, frente a ello, ¿qué hacen los representantes del pueblo?

De los 350 diputados del Congreso, los 123 del PP, no cuentan a estos efectos. Su función es aplaudir todo lo que haga su gobierno. Incluso si les ordenara tirarse a un río lo harían siempre que fuera el Manzanares, claro.

Pero ¿y los demás? ¿Los 69 de Podemos y confluencias? ¿No dicen ser los herederos del 15M, del no nos representan? ¿No iban a cambiarlo todo, a asaltar los cielos? ¿No dicen que han traído aires nuevos, nuevos conceptos, ideas nuevas? Toda esa bambolla ¿consiste en qué? ¿En amamantar un rorro en el escaño? ¿En echar cal viva sobre el de la otra izquierda? ¿En no llevar corbata? Ni uno de ellos ha protestado frente a la chulería del gobierno, ni uno ha planteado decir o hacer algo en representación de la dignidad humillada de sus electores que no los pusieron ahí para callarse mansamente cuando un puñado de macarras decide saltarse la ley. Estos ¿nos representan?

¿Nos representan los dos de IU, uno de los cuales, Garzón, también se apunta en su curriculum siempre llevar el "espíritu del 15M" al Congreso? Su protesta ha consistido en firmar como borregos ese conflicto de competencias que la Cámara enviará a un Tribunal Constitucional presidido por un exmilitante de PP y que le debe su puesto a Rajoy. ¿Estos nos representan?

¿Los 17 independentistas catalanes y los 8 del PNV y Bildu? Estos dirán que el asunto no reza con ellos porque se trata del Parlamento de un país vecino. Vale pero, entonces, ¿qué pintan en él? ¿Representan algo? Si no, ¿por qué no se van? Si sí, ¿van a tolerar que un puñado de forajidos se ría de ellos?

Entre los 90 del PSOE, además de los paniaguados de siempre, dispuestos a hacer lo que se les ordene sin preguntar, hay algunos -lo sé porque los conozco- sensibles a la dignidad del cargo que tienen y leales a la voluntad de las gentes que los ha votado. O esos alzan la voz en defensa de la democracia o irán a sumarse a los que no representan a nadie.

Hasta los 40 de Ciudadanos tienen ahora la ocasión de demostrar que sus discursos regeneracionistas de la democracia significan algo.

Que firmen todos una moción de censura a este gobierno de tiranos de vía estrecha y lo depongan sin ceremonias. Luego, si los "representantes" son incapaces de ponerse de acuerdo para que permanezca el gobierno de la moción, que se limite a convocar elecciones anticipadas cuando se juzgue oportuno. ¿O es tal la cobardía de esta gente que van a dejar que sea un gobierno en rebeldía el que convoque las elecciones?

La historia está llena de ejemplos edificantes de cómo los parlamentos supieron estar a la altura de su misión y poner coto al poder despótico de los gobernantes: el Parlamento inglés durante la revolución del siglo XVII ejecutó al Rey/tirano, Carlos I. El Parlamento francés, en la revolución del XVIII ejecutó al Rey/tirano Luis XVI. Por no citar más que los ejemplos más señeros. En otros países, como siempre.

Este Parlamento es incapaz de hacer frente a un gobierno que se ha declarado abiertamente fuera de la ley.

No sé si los representa a ustedes. A mí, no.

jueves, 6 de febrero de 2014

Sí, se puede, pero ¿qué?

El “sí se puede” ya no es un eslogan sino un credo, dice Vanesa Navarro en un interesante artículo en El diario de Huelva, titulado El compromiso insultante de Gallardón. Tiene razón en el fondo, aunque la palabra elegida, "credo", no sea la más afín a la tradición racionalista de la izquierda, que es el auditorio de la fórmula. Sigo objetando a esa costumbre de copiar las iniciativas políticas del extranjero, ese yes, we can de Obama, que responde a un contexto muy distinto.

En el fondo, cierto, el "se puede" es hoy expresión de uso común. De él ha surgido esa opción o plataforma Podemos que ha provocado un verdadero seísmo en la izquierda y tiene al auditorio perplejo con algunos asomos de envidia. Es audaz ese rechazo del impersonal se puede por el más personalizado podemos. La política requiere implicación personal y aquí la hay. Para algunos, demasiada. Ya se verá. Otra objeción frecuente apunta a su carácter mediático. No solo mediático, también digital, viralizada en las redes sociales. Viene siendo como el mecanismo de articulación de dos sectores que hasta ahora no se entendían, el de los partidos institucionalizados de la izquierda y el de los movimientos de autoorganización social tipo 15-M. Por eso su naturaleza es ambigua, no es un movimiento social espontáneo y tampoco un partido político; es un puente que participa de ambas naturalezas; justo lo que todos los análisis recomendaban al 15-M, algún tipo de vínculo institucional. Cualquier negociación que se establezca habrá de tener en cuenta este hecho.

No obstante, a Palinuro sigue sonándole el eco del término credo, pues apunta al fondo del problema: yo también puedo creer, ciertamente, que se puede. Pero depende de qué. Es el momento de exponer las propuestas que han de ser concretas y viables para saber si cabe realizarlas. Las cuestiones abstractas, el modo de producción, las formas de dominación, la hegemonía y la lucha ideológica, siendo muy importantes, deben dejar paso a las más específicas, las que hagan frente en términos prácticos a la involución que ha significado el gobierno de la derecha en los aspectos económicos, sociales, culturales y de derechos y libertades. 

Hay una tendencia de la izquierda a perderse en debates teóricos muchas veces incomprensibles para los votantes de quienes se depende para realizar ese poder que, de momento, es solo potencia. Y un paralelo desprecio por las cuestiones prácticas, cotidianas. Pongo un ejemplo: ¿no es sorprendente que en el caso de la Infanta Cristina únicamente se personara como acusación popular el sindicato Manos limpias? Solo hace unos días se ha incorporado asimismo el Frente Cívico. Somos mayoría de Julio Anguita. ¿En dónde estaban los partidos de la izquierda? Sin duda ocupándose de cuestiones teóricas o de problemas orgánicos.

La proximidad de las elecciones europeas ha puesto a todo el mundo a hacer elecciones primarias y hablar de la participación y la movilización. Suena a melodía familiar. Movilizarse y participar ¿para qué? El PSOE parece ensimismado en la preparación y relativo control de sus primarias. Pero eso no lo eximirá de su deber de presentar propuestas en este contexto del sí se puede unitario. Para qué pide el voto. Y, de paso, habrá de aclararse respecto a qué tipo de oposición pretende mantener. En la actual situación de deterioro de la vida pública, hablar de un gran pacto contra la corrupción con el partido del gobierno justo cuando arrecia el caso Gürtel/Bárcenas carece de sentido y afecta seriamente al crédito del PSOE.

IU sí sale con una batería de propuestas para una revolución democrática y social, presentada por Alberto Garzón, otro con un pie en los movimientos sociales, aunque en su caso sea mayor el peso institucional por ser diputado. No estoy muy seguro de la oportunidad del término revolución. No porque sea contrario por principio sino porque puede resultar contraproducente para los propósitos enunciados que tienen un grado de viabilidad muy dispar debido sobre todo a que se especifican las propuestas de gasto, pero apenas se mencionan las fuentes de financiación. Y ahí es donde el término revolución puede resultar ominoso. Por eso Palinuro sigue recomendando el de "regeneración"; casa igual con "democrática y social" pero responde a una necesidad ampliamente sentida, como demuestran los barómetros. Se trata de sumar voluntades, no de recurrir a la frase revolucionaria.

La prueba de que el espíritu regeneracionista está muy extendido es que el propio Garzón o IU singulariza y subraya unas medidas de Control efectivo del representante por parte del representado, es decir, de regeneración de la vida pública. El país no puede seguir soportando a unos diputados que ponen a escurrir a los jueces cuando sentencian en contra de sus deseos y que tienen el privilegio de fijar sus propios salarios, ni unos alcaldes que se saltan la ley cuando les place y también se autoasignan retribuciones fastuosas, ni unos presidentes de diputaciones que funcionan como agencias de colocación de su extensa clientela, ni unos presidentes de autonomías que despilfarran los recursos públicos hasta arruinarlas.  La regeneración de la vida pública puede y debe hacerse.

jueves, 9 de enero de 2014

El aborto y la disciplina de voto.

Innecesario decirlo: el aborto es un problema moral, de conflicto de valores, de lucha entre principios y creencias. Es un problema que afecta a las personas en lo más profundo de su intimidad, no solo conceptual sino también física, y no se puede resolver de modo tajante, imponiendo sin más por ley, esto es, coactivamente, las convicciones de un sector de la población sobre otro.

El proyecto de ley sobre el aborto, como cabía suponer, fractura la sociedad española de modo agresivo e innecesario. Una minoría sectaria y radical pretende legislar en contra de la opinión y los deseos de la mayoría. Es una minoría tiránica. Su pretensión cuenta con la resistencia de la oposición y con el rechazo de una parte importante de sus propios votantes, militantes y hasta dirigentes. Rajoy ha decretado toque de silencio en su partido, como hace siempre, como hizo con Bárcenas: a callar. Y probablemente tendrá el mismo éxito que con aquel.

De hecho, ya se ha planteado el tema de la disciplina de voto asunto que jamás se menciona, excepto cuando surge un problema que cruza las lindes entre partidos, entre ideologías, entre concepciones del mundo. Entonces alguien suscita la cuestión: los diputados deben votar en conciencia y no según las directrices del partido. La disciplina de voto (también llamada en algunos países "disciplina de partido", aunque esta tiene otras connotaciones) aparece como algo negativo, vergonzoso, aborrecible, que solo puede defenderse desde el cinismo. Como decía el genial William Gilbert, allá por el siglo XVI: siempre he votado según las directrices de mi partido y nunca pensando por mí mismo.

Por supuesto, la práctica tiene también muchos partidarios. El argumento que reputan más fuerte es que la disciplina de voto permite el cálculo del electorado y hace previsible la política parlamentaria. Es un argumento práctico, distinto del que esgrime el voto en conciencia pero no por ello desdeñable. Es decir, hay una discoincidencia entre la teoría y la práctica. En la teoría, los diputados representan en conciencia a todo el electorado, a la Nación y por eso la Constitución Española prohíbe taxativamente el mandato imperativo (art, 67, 2). Pero en la práctica los diputados están sometidos al mandato imperativo del partido. La disciplina de voto, además tiene poco que ver con el sistema electoral. Los sistemas proporcionales suelen mostrarla, pero también los mayoritarios. Gran Bretaña es precisamente el modelo de ambos, disciplina de voto (esta se encarga a un diputado que se llama "látigo", whip) y sistema mayoritario simple. Y como Gran Bretaña, muchos países de la Commonwealth. Solo se apartan de la tradición los Estados Unidos, en donde no hay diciplina de voto o es muy laxa. En realidad, la discplina de voto depende de la voluntad de los partidos que son quienes mandan (formalmente) en el Estado contemporáneo, considerado por un ilustre publicista alemán de la postguerra como un "Estado de partidos de masas", definición que quizá haya que reconsiderar.

Volviendo a España y el aborto, la cosa tiene el habitual cariz algo pintoresco. El PSOE plantea como reto al partido mayoritario el voto en conciencia, la ruptura de la disciplina de voto. Loable propósito. Pero, como las manzanas, tiene gusano. Y no crean que está en el hecho obvio de que ese mismo partido impusiera sendas multas hace unos meses a sus diputados catalanes díscolos que rompieron la disciplina de voto con motivo de la consulta, incluida la infeliz Chacón. Eso es la habitual chapuza que se hace cuando se invocan principios con fines instrumentales. El gusano está en otra parte y afecta a los dos partidos mayoritarios. Veamos.

Según la prensa, la diputada del PP Villalobos pide libertad de voto, o sea, poder votar en conciencia. Hermosas palabras, gratas a los oídos de cualquier espíritu libre. Pero ambiguas y hasta quizá aviesas. Tanto la petición socialista de romper la disciplina de voto como la de poder votar libremente tienen trampa. No hay que pedir la ruptura de la disciplina. No hay que pedir libertad de voto. Hay que pedir voto secreto.

Solo el voto secreto es libre. Solo él rompe la disciplina de voto y, de admitirse, habría diputado@s del PP que votaran contra la ley, pero tambien l@s habría del PSOE que votarían a favor. Es forma de voto prevista en el reglamento del Congreso, si bien este lo excluye en los casos de "procedimiento legislativo."  Ahí está el gusano.

(La imagen es un dibujo de Jacques-Louis David, titulado El juramento del juego de la pelota, de 1791, en el Musée National du Château, Versailles)