Mostrando entradas con la etiqueta Rescate.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rescate.. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de julio de 2015

Volte Face.

El lunes salimos todas las izquierdas a celebrar la valentía, la dignidad del pueblo griego que, con un 61% de "no" y un 38% de "sí", había dado una lección de coraje, soberanía y patriotismo a toda Europa, diciendo "no" a la Troika, al chantaje de los bancos, a mayores sacrificios del pueblo griego. Y el primero de todos, Palinuro, que concluía que la jornada había sido un éxito para Grecia y, curiosamente, redundaría en beneficio interno del PP, que pedía el "sí" y Podemos, que pedía el "no", mientras que el PSOE había metido la pata porque no se había declarado abiertamente a favor del "no" del pueblo griego y había jugado a la indefinición más timorata.

Dos días después, ya no estoy tan seguro. Verdad es, el "no" de los griegos es un "no" valiente. Pero también suicida, si no puede sostenerse después frente a la presión de los acreedores y ese mismo pueblo se ve luego obligado a aceptar las duras condiciones que querían imponerle e incluso agravadas. Tsipras aceptaba ayer las tres principales medidas que los griegos habían rechazado indignados el domingo anterior: subida del IVA, recorte de las pensiones y no reestructuración de la deuda. Y todo eso, ya.

Una volte face completa. Para ese viaje del "no" inicial al "sí" del miércoles, no hacían falta las alforjas. La situación ha dado un giro de 180º y ahora ya no está tan claro que los beneficiarios políticos del desastre griego sean el PP y Podemos y el PSOE, en cambio, haya metido la pata y se quede fuera. El 61% del apoyo popular era un mandato fuerte para que Tsipras negociara ¿qué? Obvio: un nuevo acuerdo con la Troika o la salida de la eurozona. Esta segunda posibilidad ya se desechaba antes de saber los resultados y, con estos en la mano, el nuevo acuerdo ha resultado ser el viejo y agravado.

El discurso de Tsipras en el Europarlamento para presentar las nuevas reformas se ha moderado mucho. Ahora ya no se presenta la calamidad griega como el resultado de una conjura de bancos y capitales que quieren arruinar a Grecia, sino, en gran medida, por las negociaciones de los gobiernos griegos en las cinco años anteriores a la llegada de Syriza al poder y las condiciones de los dos rescates anteriores. Y hay más: los griegos reconocen asimismo ahora en sede parlamentaria que la culpa de su situación es básicamente suya, a causa del clientelismo, la corrupción y la evasión fiscal que practicaron los gobiernos anteriores. Justamente los rasgos más acusados de la derecha en España y del PP en esta legislatura en concreto: clientelismo, corrupción y evasión fiscal, es decir, las causas de la crisis en este país, agudizada por los latrocinios de un partido que hasta los jueces consideran una especie de banda de ladrones. La crisis griega es, sobre todo, resultado del desastre griego y la española, resultado del desastre español. Es absurdo confiar en que van a sacar al país de ella los mismos que la ocasionaron.

Así que no es cierto que el PP vaya a beneficiarse del resultado del referéndum griego. Al contrario: aparecerá como la viva imagen de los partidos corruptos griegos y habrá de pagar su parte de responsabilidad en merma de apoyo electoral.

Y lo mismo le sucede a Podemos. Si el bravo "no" griego no puede mantenerse frente a la dureza de la troika y Syriza tiene que ceder y tragar lo que antes rechazó, afectará negativamente a la campaña de imagen de Podemos. Por supuesto, es muy fácil animar a otro a saltar en el vacío y aplaudirlo. Pero ¿qué puede o quiere hacerse después de que el otro se haya estrellado contra el suelo? Si no pude hacerse nada, si no cabe evitar que se estrelle, si no se puede impedir que, para mantenerla en el euro, la Troika imponga a Grecia condiciones más dacronianas, ¿cual será el discurso de Podemos?

Vendría así a resultar que, en definitiva, la posición ambigua, moderada, indecisa del PSOE era la más acertada. Lo siento por los amigos que firman el artículo de Público Grecia: el triste papel de la socialdemocracia porque da la impresión de que el triste papel es el de los articulistas.

Nadie en Europa quiere que Grecia salga de la zona euro. Pero nadie tampoco parece fiarse de los griegos excepto los de Podemos y otros izquierdistas que quizá estén sentando plaza de ingenuos. Tsipras reconoció en el Europarlamento que la desgracia griega no era de importación sino producida en la corrupción general del país, como en España.

Pero hay algo más, algo que, de ser cierto, dejaría a toda la izquierda no socialdemócrata en una posición ridícula mientras que dignificaría la actitud del PSOE. Se trata de la hipótesis, formulada por Ambrose Evans-Pritchard (el hijo de E. E. Evans-Pritchard, por cierto, gran teórico de la antropología británica) en el Telegraph de que, en realidad, Tsipras convocó el referéndum del domingo con el deseo de perderlo, lo cual mejoraría su posición de negociación, pues no se vería obligado a mostrar que el referéndum era un bluff. Bien pudiera ser cierto. Es hasta probable y no muy infrecuente en política. Cuando estas izquierdas ingenuas recuperen la serenidad quizá recuerden un chiste que circulaba mucho en los tiempos del referéndum en España y que describe muy bien estas complejidades de posiciones que se amagan y no pueden extenderse. Se decía que el referéndum se ganaría con seguridad si la pregunta fuera: ¿Quiere usted que España se quede en la OTAN con su voto en contra?

jueves, 3 de enero de 2013

Colgado del rescate.

Nadie sabe a ciencia cierta en qué consiste el famoso rescate. Unos lo quieren y reclaman con insistencia, como los bancos y las empresas, otros lo rechazan de plano, como la oposición y los sindicatos y otros, como el gobierno, lo postergan cuanto pueden aunque afirman que es una buena solución. No será tan buena cuando lo retrasan sin dudarlo un instante. La política española gira en torno al rescate, objeto de la conocida dialéctica de Rajoy de decir una cosa y su contraria acto seguido.
La política española se decide en Berlín y en Berlín este año tocan elecciones. El cálculo de Rajoy es muy simple. Consiste en hacer los deberes, como dios manda, con sentido común, de modo previsible y sin improvisaciones ni ocurrencias y quedarse quieto a esperar el resultado de las elecciones al Bundestag en el otoño, a ver qué mandan los alemanes, que vienen siendo unos dioses más cercanos. De momento no necesitamos el rescate, pero podemos necesitarlo. No es mucho decir, pero menos da una piedra que prablemente tendrá más seso que el señor presidente.
Entre tanto el desmantelamiento del tejido industrial español solo es equiparable en velocidad al desmantelamiento de las instituciones del Estado del bienestar y todo ello adobado con un retorno ideológico en la educación a los tiempos de la Cruzada.
El comportamiento de la derecha es muy revelador. Su discurso es de emergencia nacional pero su práctica es la contraria. En una emergencia nacional se busca la alianza con la oposición para tener un amplio respaldo social y, desde luego, no se aprovecha para hacer cambios ideológicos en aspectos que no tienen nada que ver con la emergencia. No se aprovecha para hacer trampas.
La cuestión es si la población puede aguantar diez meses más sometida a continuas agresiones, a recortes de ingresos, nuevos gravámenes e imposiciones ideológicas de la más rancia derecha nacionalcatólica. Hay un sentimiento generalizado de frustración e irritación que puede dar lugar a situaciones difíciles. El hombre que se prendió fuego ayer ante un hospital de Málaga es un indicador de los sentimientos populares. Se recordará que la primavera árabe se inició con un episodio similar en Túnez.
Pero Rajoy parece dispuesto a someter el país a ese tenso compás de espera de diez meses en los que puede pasar de todo. Es una apuesta muy fuerte jugando con la vida de los demás. Supongo que Rajoy tendrá pensado dimitir si, a pesar de todo, hay rescate. ¿O quizá sea entonces cuando convoque un gobierno de unión nacional, de los de amplia base?

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

martes, 11 de diciembre de 2012

Berlin, Pariserplatz.

¿Qué se siente cuando, siendo presidente de una Gran Nación te ponen en segunda fila, quizá por humillante orden alfabético y te llevan de claque? Imagino que una gran frustración. Estos pícaros tiempos de universal cotilleo no permiten construirse la imagen. A ver cómo va el hombre a decir, al volver a España, que quien sostenía la mano de la invencible Merkel era él.
Aunque no está claro si Hollande sostiene caballerosamente la mano de la dama o se aferra a ella como el náufrago a la tabla. El caso es que ahí estamos, como hace sesenta y tantos años, observando las zalamerías de los dos viejos contrincantes. El Mercado Común, la llamada Europa de los Seis -Benelux, Alemania, Francia e Italia-, más o menos el Imperio carolingio, se creó para acabar con la guerra permanente en el corazón de Europa. Empezaron poniendo en común el carbón y el acero, dos elementos estratégicos en las guerras de entonces, que hoy han perdido gran parte de su importancia. Lo esencial era que Alemania y Francia no volvieran a meter a Europa en otra contienda, que se amigaran. Y se han amigado, puede que hasta demasiado. Al comienzo, mientras Alemania dividida fue lo que se llamaba un gigante económico y un enano político, la relación fue apacible. Pero, a partir de la reunificación, el peso político de Alemania ha aumentado hasta ponerse a la par con el económico, avasallando a Francia. Sobra decir a la periferia meridional.
Que se trate del Nobel de la Paz es irrelevante. Este premio está tan devaluado que más vale que no te lo den. Y, si te lo dan, no lo propales por ahí. Aparte del eje franco-alemán posando para el aplauso, han recogido el premio Van Rompuy, Durao Barroso y Martin Schulz (Consejo, Comisión y Parlamento). Tres honrados y grises eurócratas, el segundo de los cuales actuó de anfitrión en las Azores cuando el trío belicoso (Bush, Blair y Aznar) desencadenó la ilegal y sangrienta invasión del Irak. Algo sorprendente, como el hecho de que el premio se haya otorgado en Oslo y que el jurado noruego destaque la contribución de la UE a lo largo de seis décadas en los "avances de la paz, la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa, razón por la cual Noruega no es miembro de la UE. 
Esa carolingia celebración coincide con nuevas turbulencias en los mercados que han reaccionado como una jaula de grillos al conocer la noticia del retorno del Cavaliere, sí el del Bunga-bunga. Y, como siempre que se acatarra alguien al sur del Europa, España estornuda. Ya está la prima de riesgo dando disgustos a Rajoy quien, después del editorial de El País, se ve obligado a pedir el rescate de modo análogo a cómo después de pedírselo Cebrián, el del millón de euros al mes, en un  artículo de julio de 2011, Zapatero adelantó las elecciones. 
Cunde la desazón en La Moncloa. De Guindos se cae de su apellido y empieza a calcular las consecuencias de pedir el rescate. Nadie se explica qué ha pasado. Se hicieron todos los deberes, incluso por exceso; se aceptaron todas las condiciones; se tragaron todos los reveses, desplantes y humillaciones. Y estamos como al principio. Mucho peor, por más endeudados. Acaban de meterse solitos en la trampa griega. Y no será porque no se les advirtiera. 
Así que, según se dice, Rajoy está pensando en dimitir. No parece propio del personaje, pero cosas más raras se han visto. Al fin y al cabo, el propio Rajoy admitirá que si presenta su dimisión al Rey  no hará sino dar forma en derecho a lo que es un hecho: es un presidente dimitido casi desde el origen. De los ministros, hablamos otro día.

jueves, 18 de octubre de 2012

Sin problema.

Supongo que Frau Merkel no sabe jugar al mus. Supongo también que Rajoy, sí. Lleva con un órdago a la chica desde que comenzó su mandato. Si no conoce el mus, Merkel sabrá jugar al poker, que se le parece o lo habrá visto en alguna película de Steve McQueen y pensará que el otro va de farol, como probablemente sucede. Claro que también pueden estar jugando en complicidad oculta. Son los alemanes los que juegan a que Rajoy no pida el rescate al que le empujan el FMI, las agencias de calificación, los misteriosos mercados, los empresarios y banqueros españoles y algún primo que tenga por ahí.
Muy bien, sin problema, ha declarado el presidente del gobierno después de verse con Merkel y en espera de lo que hoy se acuerde en Bruselas. Hay, pues, completa, coincidencia en que el rescate puede esperar, mientras se lanzan miradas de reojo a la prima de riesgo y Moody's o Standard & Poor's enseñan los colmillos.
No hay problema, no, porque los problemas los tiene Rajoy en casa y, además, en los dos órdenes tradicionales en que siempre se dan, el social y el nacional.
En lo social, los sindicatos han fijado huelga general para el 14 de noviembre en acción, al parecer, coordinada con otras en Portugal y Grecia, una especie de frente internacional de clase. Nos espera poco menos de un mes de auténtica traca, con declaraciones explosivas de las autoridades, campañas mediáticas, amenazas patronales y presiones de todo tipo. Es de esperar que el frenesí represivo del gobierno, con la reforma relámpago del Código Penal y las innovaciones interpretativas de las autoridades encargadas del orden público, no provoque mayor tensión ni lleve a situaciones de violencia. Pero tiene toda la pinta. El gobierno y su jerarquía de cargos tienen una filosofía autoritaria que no les deja ver las dimensiones de un problema social y político muy profundo en España y les induce a considerarlo meramente como una cuestión de orden público para lo cual el único tratamiento es la represión y la cárcel, nuevos delitos, mayores penas. Así no vamos a ninguna parte.
En lo nacional también hay un problema serio. El nacionalismo burgués, tanto el catalán como el vasco andan jugando con la independencia, poniendo muy nervioso al nacionalismo español. El nacionalismo español que es un constructo mágico según el cual los nacionalistas son siempre los otros; él, no. Es un nacionalismo patafísico que empieza por negarse y sigue acusando a los demás de ser lo que él es al tiempo que les impide serlo. De todas las intemperancias y los exabruptos de este nacionalismo español en los últimos días, el más notable, como cabía esperar, es el de Esperanza Aguirre, para quien España es una gran nación con 3.000 años de historia. 3000 años, hala, ¿a qué quedarnos cortos? Los tartesios ya eran españoles de pura cepa. ¡Qué! Unos modernos. ¿Qué tal los de Altamira? Además dibujaban toros, o algo parecido, símbolos inmarcesibles de la cultura hispánica.
Añade Aguirre que eso de los 3.000 años deben saberlo los niños en las escuelas, en donde deben aprender historia de verdad y no la que se inventan los nacionalistas. Ella no se inventa nada porque no es nacionalista, sino partidaria de la verdad en la historia y la primera verdad es que España es una nación con 3.000 años de historia. Seguramente esto es lo que Wert llama españolizar.
Pero no todo es esta astracanada. Cien intelectuales catalanes han firmado un manifiesto por el federalismo y en contra de la independencia porque, dicen, están muy a gusto siendo españoles y catalanes. Esta muy bien y es muy oportuna esta iniciativa sobre todo para que los catalanes no crean que el nacionalismo español sea solo cosa de matones de la falange y disparates de la derecha centralista menos evolucionada. También hay un nacionalismo español civilizado. Lo que ha de verse ahora es cuál sea su eficacia. Palinuro apoya asimismo la causa del mantenimiento de Cataluña y el País Vasco en el seno de España. Lo del federalismo es una posibilidad a la que suele recurrirse en momentos de crisis, pero no cabe olvidar que  tanto vascos como catalanes tienen derecho a decidir por sí mismos. Y este es el punto crucial del manifiesto federalista: ¿admiten los firmantes que su propuesta es una entre varias y respetan el derecho de autodeterminación de los vascos y los catalanes o no? Porque si es que no, lo del federalismo, incluso el asimétrico, tiene escasa perspectiva.

martes, 2 de octubre de 2012

El héroe del rescate.

Casi un año de gobierno del PP con mayoría absoluta en el Congreso dedicado en realidad a marear la perdiz con el rescate de las finanzas públicas españolas. Rajoy había asegurado en repetidas ocasiones de modo tajante que España no necesitaba rescate, que nadie pediría rescate. Y esto no antes de las elecciones, con lo que se podría meter en el popurrí de embustes que contó para ganarlas, sino siendo ya presidente del gobierno. Lo afirmó él varias veces y lo repitieron sus ministros hasta desgañitarse: nada de rescate para España; España no necesitaba rescate. A coro lo seguían diciendo cuando se produjo el primero, el de los 100.000 millones. Porque, afirmaban, no era un rescate sino una línea de crédito, con esa capacidad de los políticos españoles de no llamar a las cosas por su nombre.
Así que el no-rescate lleva meses dando vueltas por Europa, montado en la prima de riesgo y en medio de los más abstrusos e incomprensibles debates sobre su naturaleza, sus condiciones, hasta sus cantidades. Han terciado personalidades e instituciones de todo tipo, diciendo las cosas más extremas desde que aquí no pasa nada y España cumplirá sus compromisos, hasta que el país debe salirse del euro a toda máquina antes de que haya una catástrofe. Y eso bajo un verdadero diluvio de cifras contradictorias, porcentajes variables, auditorías cuestionadas y cientos de economistas y políticos soltando pronósticos que no llegan al final de la jornada.
En este desconcierto general la figura del presidente del gobierno, ausente de la política interior y mero juguete de fuerzas que no controla ni comprende en la exterior, se ha difuminado hasta la inexistencia. Lo único que ha quedado claro es que está dispuesto a hacer lo que sea en recortes, ir incluso más allá de lo que esperaba la Comisión Europea (como ella misma ha dicho), tragarse todas sus promesas electorales, incluida la de los pensionistas, a cambio de que no haya rescate.
¡Ah, el orgullo español! exclaman los europeos, acordándose de Felipe II No darán su brazo a torcer. Claro, Rajoy no quiere. Tras haber sacrificado todo su programa electoral -si es que existió alguna vez fuera de aquellas promesas que jamás cumpliría- no puede aceptar el trágala del rescate. Pero, en lugar de decir "no", ha ido dando largas, pidiendo tiempo, diciendo que quería antes conocer esto o aquello y que no debe uno precipitarse. Y eso mientras sus ministros blandían el sable; no el sable real, que tambien en forma de porra, sino el sable figurado del sablista. El último sablazo se lo dieron a los pensionistas, quitándoles su fondo de reserva solo para decir a continuación que no hay dinero para actualizar las pensiones. Clama al cielo.
Rajoy contaba cuando menos con retrasar la petición que le obligaban a hacer a después de las elecciones gallegas. La petición de rescate se ve como un tremendo fracaso político, y lo es. Por lo menos, salvar el feudo gallego. Pero no le han dejado. Ayer se presentó en Madrid Olli Rehn, el vicepresidente y comisario de Asuntos Económicos de la Comisión Europea y los dos se vieron en La Moncloa con el gesto que fielmente refleja la foto de la propia Moncloa. Parecen dos deudos en un tanatorio. Pero La Moncloa, eficaz instrumento de propaganda del gobierno, enmarca la entrevista dentro de las conversaciones que el jefe del Ejecutivo viene manteniendo para impulsar el proyecto de integración europeo y plantear soluciones para la crisis de la zona euro. Maravilloso. Nadie ha hablado de rescate. Han hablado de la gran aportación de España al proyecto de integración europeo. ((Inter nos, ¿a que suena a tomadura de pelo?)). Nada de rescate, por favor. Cuando ya es público que España lo tiene todo preparado para pasar por las horcas caudinas de tener que pedirlo. Un fracaso político en toda línea. Tanto sacrificio extra para nada. Al final, hay que pedir el rescate.
Y no acaba aquí la humillación de Rajoy. Ahora ni pidiendo el rescate puede quedarse tranquilo porque los alemanes frenan la petición por razones de política interna suya, a un año de las elecciones legislativas, pues en el mundo no solo cuentan las elecciones gallegas. Así que, ahora, después de prepararlo todo, tiene que decir que no va a pedir el rescate... hasta que los alemanes le den el pertinente permiso.  Hay en torno a la gestión de Rajoy un aura de claudicación e indignidad que tiene al país estupefacto, preguntándose si se será capaz de seguir como presidente del gobierno pero ahora como mero gestor de las políticas de la troika.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

lunes, 10 de septiembre de 2012

Y a ustedes ¿quién les dijo que este iba a contestar?.

Terminada la pseudoentrevista de seis periodistas seis que se dejaron más del 70 por ciento de lo que interesa sin preguntar, en un contexto de tierra conquistada, con la sombra de Ana Pastor sobrevolando el plató, nadie, absolutamente nadie sabe si habrá o no rescate, cuándo será, cuáles sus condiciones, cuáles aceptará el presidente y cuáles no, si tocará las pensiones, si bajará más el sueldo a los funcionarios, si subirá más los impuestos. Nadie sabe nada en concreto porque, en su habitual farfulleo, Rajoy ha hecho lo de siempre: no contestar a nada en un torrente de topicazos, latiguillos, perogrulladas y puras estupideces, de esas que le encantan. "Mire usted", se engolaba el pavo con el periodista del ABC, encantado de impartirle una lección de teoría epistemología: "esto del déficit se lo explico enseguida. Si usted ingresa 1.000€, pero se gasta 1.500€, tiene usted un problema: el déficit". No había el periodista terminado de digerir tal muestra de ciencia cuando Rajoy impartía otra enseñanza de maestro Ciruelo esta vez a Victoria Prego: "Mire usted, esto del crédito es como la circulación de la sangre..."
En serio. No estoy inventándome nada. Todo fue así. Todo. Este mata las vacas a besos. En serio: ¿no había nadie en el PP con un CI algo superior?
No ha quedado nada claro. Nada. Lo único, creo, es que, operando con su criterio de campanario, Rajoy tratará de no pedir el rescate antes de las elecciones gallegas y vascas del 21 de octubre, que son las que verdaderamente le importan. Como hizo en Andalucía. Lo que sucede es que esta vez, conociéndolo ya como lo conocen los europeos es posible que no le dejen y lo obliguen a pedir el rescate.
Así podremos enterarnos de algo porque, con esta entrevista, la oscuridad es total.

sábado, 11 de agosto de 2012

Esperando el rescajoy.

Escondido en algún lugar de su frondosa Galicia natal, Mariano Rajoy,cuya cobardía deja chica su capacidad para mentir, aguarda que escampe la tormenta de verano sobre la Gran Nación que, gracias a él, vuelve a exportar mano de obra barata (esta vez cualificada) y a recibir ayudas humanitarias en forma de alimentos para paliar el hambre como en los tiempos del franquismo.
Vivir de la caridad ajena no es lo único que emparenta este gobierno con la dictadura del genocida Franco. También lo hace la política educativa del pedante meapilas Wert; el palo y tentetieso del francopusdeísta Fernández Díaz; la misoginia del repelente niño Vicente Gallardón; el analfabetismo multifuncional de Ana Mato; el patrioterismo gibraltareño del neofalangista García Margallo; la garrapatería de Montoro el socaliñas; la insultante holgazanería de la gandula Báñez, etc, etc.
Pero, al menos, Franco daba la cara, no se escondía, estaba siempre localizable y no disimulaba. De Rajoy, en cambio, nunca se sabe en dónde está, jamás da la cara y hace que la den esas lumbreras que tiene por ministros, manteniéndose él calladito o mandando decir que está muy ocupado pensando en los problemas de España.
Los problemas de España a este buen hombre le traen sin cuidado. Su jerarquía es muy otra. En primer lugar están él y sus posibilidades de mantenerse en el cargo; en segundo, su partido que hubiera conquistado Andalucía de no haber tenido que ocultar el presupuesto; en tercero la selección española de fútbol, también llamada lamentablemente "la Roja"; en cuarto el vino de Albariño; en quinto los percebes das Rías Baixas...etc, etc. y en nonagésimo nono lugar, España.
Ahora, escondido todo lo que puede y jugando al mus y otros deportes de riesgo, Rajoy trata de ver si el rescate pasa de largo y le permite regresar a Madrid como si hubiera ido a Fátima, a quedarse como está. Pero eso es difícil porque, como siempre, este insoportable fracaso de presidente no ha calculado los presupuestos y consecuencias de sus actos, no porque no sepa calcular sino porque su abulia mental no le deja hacerlo. ¿Cómo iba él a suponer, santo apóstol Santiago, que el malvado Monti le jugaría la perversa treta de pedir un rescate a dos por entender que será más liviano para ambos?
Pero con eso condena el italiano al gallego a la dimisión en cumplimiento del último deseo alemán, enunciado por Der Spiegel: si hay rescate, Rajoy dimisión.
¿Se acuerda el amable lector de cuando la prima de riesgo se llamaba "Rodríguez Zapatero" según esa ratita hacendosa de Sáenz de Santamaría? ¿Quién iba decir que sólo unos meses después no ya la prima de riesgo sino el rescate mismo se llamaría Rajoy; o sea, Rescajoy?
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

viernes, 3 de agosto de 2012

Cuando te rescatan, se te pone esta cara.

¡Cualquiera diría que estos dos están tan contentos y felices como aseguraban después en rueda de prensa estilo Gila! ¡Cualquiera reconocería en ellos a los dos superhombres que hace unas fechas se las tenían tiesas a Frau Merkel! Monti amenazó entonces con dimitir. Rajoy no debía de pensar lo mismo, o no entendía su letra. Su drama es el inverso de Monti. A este no lo ha elegido nadie, pero nadie quiere que se vaya. A Rajoy lo eligieron diez millones de ciudadanos pero ahora casi todo el mundo, incluidos los suyos, quiere que se vaya.
El desprestigio exterior e interior del gobierno es tan acusado que nada de lo que haga tiene el efecto previsto sino, generalmente, el contrario. Debe de ser amargo para un hombre comprobar cómo la realidad lo obliga a hacer y decir lo contrario de lo que decía seis meses atrás. La política es algo muy complicado y meterse en ella sin los conocimientos ni las capacidades mínimas requeridas puede producir auténticos desastres. Muchas de las guerras se han originado en la ineptitud de los gobernantes del momento, incapaces de resolver pacífica y civilizadamente los conflictos porque ignoran por entero la ciencia y el arte del buen gobierno. No vaticino guerra alguna pues no es necesario.
Esta crisis, además de una estafa, es una guerra de los estafadores contra los estafados. Estafados son los grupos económicos, las clases sociales, los sectores demográficos, las minorías, pero también los Estados. Aquí lo interesante es averiguar de qué lado se pone el gobierno de un país estafado, si del del estafador(es) o de su propio país, estafado en su conjunto. Los gobiernos portugués y griego son colaboracionistas. El español, también. Pero le queda un pique de negra honrilla: no quiere aparecer como un subordinado, colonizado o lacayo. De ahí que a Rajoy se le haya atragantado la palabra rescate igual que en su día se le atragantó la crisis a Zapatero. Es la forma típicamente española de morir: de hambre pero con los greguescos puestos.
Rajoy no es hombre avispado, ya va viéndose, y tampoco parecen serlo sus asesores. No sé por qué tiene 600. Con uno bueno le sobra. 599 sueldazos ahorrados. Nueva prueba de su atolondramiento (y el de los asesores) es el haber cavado la trinchera en la cuestión nominal de la cosa, si rescate o no rescate. Ha convertido su trinchera en su tumba, obligado por unos compadres de la UE que, probablemente entre risas y codazos, vinculan la libranza de los fondos comprometidos y los por comprometer a la petición formal de rescateformulada por el gobierno o sea, por Rajoy. Un trágala en toda regla, un taza y media de caldo. La situación es insostenible. Por eso ha venido Monti. Se les ve en el rostro a ambos. Porque a Monti también le sube la prima de riesgo.La rueda de prensa celebrada más tarde, cuando ya era evidente la traición de Draghi, que abandonaba el campo como los thanes escoceses traicionaron a William Wallace, Braveheart, fue en realidad un velorio con ribetes de humor negro.
La declaración de Rajoy como respuesta a la de Draghi unas horas antes demuestra su notable carencia de facultades. De la melopea draghiniana sobre unos misteriosos mecanismos para ocultar su intención de abandonar España a su suerte solo se sacaba en limpio su firme creencia en la irreversibilidad del euro. Una creencia no es mucho, la verdad. Máxime cuando se recuerda con qué facilidad se apuntan los hombres a proyectos que creen eternos o, por lo menos, milenarios.
Así, la declaración formal de Rajoy, destacada por la web de La Moncloa como si fuera una frase hipocrática, "Es muy reconfortante escuchar que el euro es irreversible" lo deja a uno boquiabierto. El gobernante español se felicita de que otros tomen decisiones que lo afectan pero, ¡ah! son positivas. Como se comprobaba en el parqué madrileño con un trastazo colosal de la bolsa, una prima ya francamente intratable y el Ibex por los suelos. Y había que poner buena cara. Entre otras cosas, la política también es teatro y en el teatro, los actores pueden ser buenos, malos, pésimos y rajoyes.
Porque, a todo esto, nadie ha preguntado al presidente de dónde saca que la irreversibilidad del euro (de la que no tiene ni idea, como todo el mundo) presupone la presencia de España en él. Puede haber euro sin España; ¿por qué no? Hay otros países que no son de la zona euro pero sí de la UE, diez en total. Incluso hay dos que no son de la UE ni de la zona euro pero acuñan euros. El Vaticano es uno de ellos, cómo no.
La rueda de prensa de ayer fue un espectáculo tragicómico, un retablo no de las maravillas sino de las miserias. A las preguntas concretas, claras, documentadas, específicas y pertinentes de los periodistas, ambos mandatarios respondían con vaguedades, alusiones, circunloquios, eufemismos y mucho cerro de Úbeda. Monti afirmó que Italia no precisa un rescate, lo que vale tanto como lo contrario. Rajoy, a su vez, optó por no responder, lo cual se le da de maravilla. De hecho todavía no ha respondido a la pregunta de cuánto cobra al mes; además de las dietas, claro.
En toda la ceremonia de mistificación la palabra rescate no salió de sus labios. Pero la semana que viene, el sanedrín de la bolsa, la temible troika, lo espera en Bruselas como el Cid a Alfonso VI en Santa Gadea, para que se humille y jure que no tuvo nada que ver en la conjuración contra el rescate. Porque humillación y vilipendio es verse obligado a llamar rescate al rescate él, precisamente, que proclamó su sólida virtud en llamar al pan pan y al vino vino.
A su regreso, Rajoy podría aprovechar el momento para darse una vuelta por La Zarzuela a presentar su dimisión al Rey, no sea que si este se entera por otros medios se caiga, como tiene por costumbre.
(La primera imagen es una foto de La Moncloa. La segunda, también de es una foto de La Moncloa, ambas en el dominio público).

miércoles, 25 de julio de 2012

Está todo calculado.

El país vive en un estado de shock permanente, del de la acreditada teoría de Naomi Klein. A la angustia de la situación de estar a la espera de un duro castigo, se añade la complementaria de haber sido testigos de lo que sucedió con el vecino griego. La virtual certidumbre de que aquí pasará algo parecido en este mes de agosto. Es cruel tener un pueblo entero viviendo en zozobra, sin saber si el mes próximo dispondrá de sus previstos ingresos o sufrirá una nueva merma de cuantía imprevisible. Y no parece que el gobierno esté haciendo nada por evitarlo, supuesto que quiera. Al contrario, sigue empeñado en un discurso negacionista -no hay rescate, no hay riesgo, no hay condiciones, no hay intervención- parecido al negacionismo de Zapatero al comienzo: no hay crisis. Un discurso absurdo que choca con la convicción generalizada en Europa de que la cuestión no es si habrá rescate o no sino cuándo se hará oficial pues ya es un hecho. En consecuencia, el prestigio del gobierno español en Europa está bajo mínimos.
Lo fácil es culpar de la situación a la fabulosa incompetencia de los gobernantes y es lo que hacen muchos analistas, comentaristas y asombrados actores políticos europeos. Efectivamente, el gobierno derrocha incompetencia en medida insólita. Ofrece la imagen de un grupo de gentes que no saben lo que quieren y son incapaces de comunicárselo unos a otros, mucho más a la opinión pública.
Pero eso es demasiado fácil. Dando la impresión de no saber lo que dicen ni hacen la acción de los gobernantes del PP en el fondo está muy pensada, pero pensada para el coleto y los intereses de cada uno de ellos, no los del país ni los del mismo gobierno.
Rajoy, en su obsesión por sustituir al Rey y ponerse así galanamente au-dessus de la mêlée, ha creado un gabinete de seguridad nacional en La Moncloa para ayudarlo en las situaciones de emergencia internacionales y nacionales en las que suele desaparecer. La idea puede antojarse absurda pero no lo es. Con un gabinete así podrá mandar a alguien en su nombre a visitar las zonas de catástrofe (por ejemplo, Girona, en donde no ha puesto el pie, como tampoco lo hizo en Valencia) sin que le acusen de inhibirse y de insensibilidad. De esta forma el gran hombre se identifica con el monarca al que, si se mira bien la foto, ya está desplazando del centro de la imagen.
Con sus sofismas sobre los derechos de los discapacitados en proceso de nacer y su ataque a la ley del aborto que hace cinco meses le parecía bien, Gallardón parece irse por los cerros de Úbeda del renacimiento del nacionalcatolicismo y perder el mundo de vista. Es posible, pero lo que el exalcalde no pierde de vista es su propia carrera política y esta causa tan malvada como reaccionaria trata de ganarse a los sectores más ultras del partido para su posible candidatura a la presidencioa del gobierno cuando Rajoy termine de dársela.
El ministro de Hacienda, De Guindos, enlaza un vuelo con otro, peregrino de las haciendas y cancillerías europeas, en procura de alguna declaración que fuerce su relato de los hechos y augure una pronta aplicación de los famosos -y etéreos- compromisos de Bruselas. Ayer estuvo importunando a Schäuble en Alemania, pero solo consiguió una repetición de las ambigüedades de rigor acerca de cada cosa a su tiempo.  Y del Banco Central Auropeo, que es de lo que se trata, al parecer, ni se habló. No importa; lo que quiere De Guindos es escenificar su incansable actividad para salvar a España mientras el presidente del gobierno inaugura pantanos.
Lo mismo pretende hacer el ministro de Exteriores, García Margallo, cuyo activismo lo lleva a inventarse comunicados conjuntos con importantes socios europeos.
Desde fuera del gobierno, pero cerniéndose siempre sobre él, como gobierno en la sombra del propio partido, reaparece Esperanza Aguirre con  ese tono zarzuelero y muy de corrala madrileña que los analistas llaman "populismo". Carga ahora contra las mamandurrias con lo cual se postula como la alternativa a Rajoy en la dirección del partido, como aquella a quien no temblará el pulso para hacer los recortes a los que Rajoy no se atreve. Al propio tiempo, hablar de mamandurrias ajenas hace olvidar las propias, o eso piensa Aguirre cuya concepción patrimonial del poder político es evidente. No está claro, sin embargo, que vaya a salir limpia del proceloso asunto de Bankia.
Lo tienen todo calculado para sus intereses personales pero no saben nada de cuanto sucede fuera. Y de fuera vendrá quien pobre te hará.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

lunes, 25 de junio de 2012

Hoy: petición de rescate. Eso sí, neoliberal..

Según Cospedal, Rajoy puede ir con la cabeza bien alta porque gracias a él España vuelve a contar en Europa. Sí, trolas. Rajoy no ha parado de contar trolas dentro y fuera de España. Y la gente lo ha calado fuera y dentro de España. Ya el hecho de ser un ídolo para Cospedal daba una pista.
Pero el personaje supera su fama. En la cumbre de Río+20 sobre el clima lo presentaron como el Primer Ministro de las Islas Salomón. Ya es mala suerte. No podían confundirlo con el PM del Canadá, por ejemplo. Lógico, en la lista del presidente, Solomon Islands van delante de Spain y pudo confundirse. Tampoco es extraño que Rajoy no rectificara al tomar la palabra. Probablemente no se enteró porque no entiende inglés.
Al fin y al cabo, América no es Europa. Allá no es muy conocido. Por eso, seguramente, llevaba preparada una trola de campeonato. Abogó Rajoy en esa cumbre sobre el clima por la economía verde para combatir la pobreza y fomentar la inclusión social. Así, como suena. A lo mejor se ha hecho de Equo pero es poco probable cuando aquí sus ministros recortan el presupuesto de energías renovables, economía verde, recursos alternativos y se lanzan a las nucleares. Suelen justificar estas decisiones fiando en su competencia empresarial. En efecto, es muy de ver lo bien que les salieron las autopistas. En sus discursos Rajoy dice siempre lo que supone que la gente quiere oír, sin preocuparse gran cosa por la congruencia con otras manifestaciones suyas anteriores o posteriores. Está siempre en campaña electoral.
Hoy se inicia una semana importantísima para España en lo económico y lo deportivo. En cuanto a lo deportivo ya hay quien ha sacado punta a la situación de las semifinales: Portugal, Italy, Germany, Spain. PIGS. Ahora la cosa puede ponerse al rojo si la final es entre Alemania y España. Ahí sonará el patriotismo. Los pusilánimes querrán dejar ganar a los alemanes para que no se enfaden y no nos nieguen la pastuqui. Otros, más en la línea del patriotismo español de la derrota, el de honra sin barcos, abogarán por la victoria incuestionable sobre los tedescos y salga el sol por Antequera, pues más se perdió en Cuba.
En cuanto a lo económico la petición de rescate promete ser una aventura dialéctica y diplomática. Una vez sabidas las necesidades de la banca española (a las que ahora se suman los concesionarios de autopistas por si cae algo), se procederá a librar el dinero que Rajoy llamará "línea de crédito" y los demás, "rescate". La cuestión estará en las condiciones y en la primera de todas: saber quién se hace cargo de la deuda. Como buen neoliberal, cuando le interesa, Rajoy sostiene que es deuda de la banca, no del Estado el cual ha actuado aquí como mero intermediario. Como buena socialista, también cuando le interesa, Merkel entiende el préstamo al Estado español y el garante es el Estado. 
El neoliberalismo es así: todos los males provienen del Estado y cuando hay un problema de supervivencia, se recurre al Estado. Pero no por eso deja el neoliberalismo de condenar toda intervención estatal; al contrario, también condena la que se hace a petición de las empresas o los bancos. 
Es una teoría perfecta; lo explica todo porque no explica nada. Es como un discurso de Rajoy.   Anda por ahí una interpretación neoliberal de la crisis según la cual el detonante de esta fue el excesivo intervencionismo estatal. Había una "excesiva intervención estatal" después de treinta años de desregulaciones, privatizaciones, flexibilizaciones, rolling back the State y desmantelamiento del Estado del bienestar. Es verdaderamente sorprendente, casi milagroso. En otro asunto la teoría muestra la misma alegre depreocupación por el rigor de los enunciados: no ha sido la intervención del Estado la que ha generado la crisis sino que esta es la que ha pedido la intervención estatal, imprescindible si queremos retornar a un orden civilizado.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

viernes, 22 de junio de 2012

El no rescate ya tiene precio.

Hasta 62.000 millones puede necesitar la banca para reflotarse. La cantidad no es importante; lo importante es quién la formula. Cuando lo hacen los españoles tienen escaso crédito porque suelen oscilar como una brújula loca. Pero si lo hacen extranjeros, cobrando además una pastuqui por emplear los datos del Banco de España, la cosa cambia. La cantidad formulada tiene todo el crédito pues se lo prestan los otros extranjeros, es decir aquellos que impusieron una auditoría a la banca española hecha por extranjeros.
Para seguir con la ficción de la autonomía nacional en el proceso, Rajoy dictamina, con ignota autoridad, que el "análisis de la banca" (o sea, el coste del rescate) es certero, creíble y manejable. Lo de "certero" debe de intuirlo, pues no explica su juicio. "Creíble" es cosa que decidirán los mercados, nada sumisos a los criterios de Rajoy. "Manejable" o no lo será cuando nuestros benévolos amigos (¿quién dijo rescatadores u hombres de negro?) dicten sus condiciones, condiciones a las que el gobierno está libremente dispuesto a someterse incluso antes de conocerlas.
Pero lo mejor de estas explicaciones del presidente no son ellas mismas sino el lugar en que se exponen. Son fugaces comparecencias públicas de Rajoy, ni siquiera ruedas de prensa, sin preguntas, sin respuestas, con una salmodia triunfalista perfectamente contraria a la experiencia angustiosa de la vida de una población empobrecida, explotada, oprimida. No piensa asomar por el Parlamento. Ha suprimido el debate sobre el estado de la Nación. Se niega a dar cuenta de sus actos en sede parlamentaria, es decir a dársela a la ciudadanía a través de sus representantes. Ensoberbecido por la mayoría absoluta, Rajoy la interpreta como una patente de corso para gobernar al margen del Parlamento al que, probablemente, considera un lugar molesto, inundado de palabrería estéril. Casi parece como si el presidente del PP tuviera una concepción marxista del parlamentarismo burgués y considerara que quienes se toman en serio el funcionamiento de las instituciones representativas como freno y fiscalización del poder (entre otras cosas) padecen lo que los bolcheviques, aunque no solo ellos, llamaban cretinismo parlamentario, enfermedad que él mismo padeció en grado agudo en la legislatura anterior cuando, estando en la oposición, no salía del hemiciclo y pasaba el tiempo reclamando la presencia del presidente del gobierno, viniera o no a cuento.
En fin, es comprensible, ¿verdad? Cuando uno está convencido de haber venido a salvar a la Patria al borde del abismo, a restablecerla en su pasada gloria, a devolverla a su lugar en el concierto de las grandes naciones, muy probablemente no tiene uno tiempo para zarandajas. Los plenarios, las propuestas, contrapropuestas, votos de confianza, mociones, consensos, votaciones son zarandajas. La acción del Parlamento es siempre retardataria, consiste en escudriñar y retrasar las decisiones clarividentes del líder con asuntos formales, de trámite.
La oposición. indignada con el ninguneo, protesta airadamente, esa sí, con una "sola voz", como tanto reclama Rubalcaba a Rajoy: ignorar el parlamento es romper las reglas democráticas básicas. Sí, ¿y qué? Frente a la mayoría absoluta del PP la oposición es impotente. Solo le quedaría una solución drástica, una nueva retirada retirada al Aventino, que sentó costumbre. Pero nada garantiza que su resultado haya de ser el feliz triunfo de los plebeyos, como en la República romana y no el fin de la oposición parlamentaria, como sucedió 2.400 años más tarde con la segunda retirada simbólica (La secessione dell'Aventino) frente al fascismo.
Se complica el asunto con esa insistencia del PSOE de ofrecerse al gobierno, al PP, para llegar a acuerdos de Estado a fin de presentar un frente común en estos momentos de tribulaciones internacionales. El PSOE se pone así a disposición de alguien que se niega a someterse a control alguno y a dar cuenta y razón de sus actos. Eso no es hacer oposición democrática; no es nada. Anda por ahí Tomás Gómez diciendo que el PSOE o su dirigente está "desnortado" y tiene bastante razón. Así piensa también mucha gente. Los chaconistas, para entendernos. Pero las cosas no son tan sencillas. También ve al PSOE "desnortado ideológicamente" Francisco Vázquez, por razones presumiblemente contrarias a las de Gómez. A Paco Vázquez el PSOE le parece demasiado anticlerical. Lo querría más sumiso a la iglesia. En todo caso, con este galimatías interno y esa anodina presencia externa, el PSOE corre peligro de andar los próximos tres años más por la vía griega que por la francesa.
(La imagen es una captura de 20 Minutos, bajo licencia Creative Commons).

miércoles, 20 de junio de 2012

Hablar es de rojos.

De los gobiernos de Rodríguez Zapatero se decía que tenían un problema de comunicación, que no comunicaban bien, que dejaban que el adversario le fijase la agenda y aceptaban sus marcos (frames) de referencia. Al decirlo gentes tan duchas en estas complicadas lides de la comunicación, uno tendía a darles la razón y así ZP pasó a la historia como un pobre comunicador y sus gobiernos como incapaces de explicar su labor.
Estas cosas no suceden con el gobierno del PP. Rajoy no comunica mal; simplemente no comunica en absoluto, no permite preguntas, no contesta a las que se le hacen, no comparece en sede parlamentaria, no autoriza debate sobre el estado de la Nación, no llama al dirigente del principal partido de la oposición ni habla con nadie de política. Es un lider aislado, mudo, ansimismado, ausente. Su comportamiento es una mezcla de miedo escénico, complejo (merecido) de inferioridad y actitud autoritaria, casi dictatorial, según la cual la gente debe obedecer y no hacer preguntas. Es el comportamiento tradicional de la derecha en España. Los caudillos por la gracia de Dios, según fue Franco, quiso ser Aznar y acabará siendo Rajoy gracias a sus defectos, no deben perder el tiempo comunicándose con la gente del común. Eso es cosa de demócratas y rojos. Ellos están para más altos menesteres. O eso dicen pero, en realidad, en el caso de Rajoy prevalece el miedo como ya demostró cuando se pidió el rescate y trató de zafarse de la comparecencia pública mandando a de Guindos e intentando salir de naja camino de Polonia. El hombre es un cobarde, un verdadero gallina.
Y no queda ahí la cosa. Además de cobarde, Rajoy es un ignorante. No comunica, no habla, no dice nada porque no sabe nada y cuando cree saber algo resulta que le han engañado. No sabe qué caracteres tendrá finalmente el rescate (al que él llama otra cosa, algo así como "tesoro de Sierra Madre") porque eso depende de las autoridades europeas que no consultan con él, hartas de escuchar sus mentiras, sus farfulleos y dilaciones. A su vez estas autoridades tampoco pueden adoptar política concreta alguna en tanto no sepan el resultado final de la auditoría de la banca que todavía no es conocido. Como tampoco lo conoce Rajoy. Es decir, el presidente no habla porque, además de ser un acomplejado no tiene ni idea de los datos del problema, nadie va a pedirle su opinión a la hora de adoptar decisiones sobre España y, si se le pidiera, daría la más absurda imaginable.
Esto no es un gobernante sino un castigo de los dioses.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

Un maledetto imbroglio.

Palinuro parece algo exagerado al considerar el G-20 una plataforma de retórica. ¿No se está preparando una declaración rotunda en favor de acabar con la crisis de una vez en Europa, llena de determinaciones concretas? En efecto, está preparándose una declaración final (prácticamente todos los encuentros mundiales terminan con este tipo de declaraciones) pidiendo el pronto fin de la crisis en la Eurozona mediante acciones resueltas de los países europeos. Los norteamericanos parecen impacientes por hacer más negocios con sus alicaídos socios y apremian a Frau Merkel a ceder; no saben muy bien en qué pero a ceder pues todo el mundo señala a Alemania como la responsable de la situación de precatástrofe del continente. Palinuro solo conoce el borrador por los periódicos pero ya apunta claramente el contenido de la declaración final. Una de esas repletas de buenos y edificantes deseos sin contenido práctico.
Claro, la declaración anima a la UE a avanzar hacia una unión bancaria, lo cual, interpretado con ese optimismo esencial de los yankies lleva a estos a trompetear que la Unión va a tomar medidas más contundentes contra la crisis. Algunos creen saber cuáles: el Mecanismo de Estabilidad Europeo comprará deuda española e italiana. No sé de dónde se lo han sacado pues los alemanes van por los corros negándolo. Obama puede decir misa; los europeos actuarán a su modo, como se colige del hecho de que la declaración animará mucho a la unión bancaria, pero la expresión unión bancaria no aparece en el texto.
Ciertamente los europeos no se quedarán quietos y, de hecho, ya tienen uno de esos consejos aúlicos de los que tanto gustan en marcha, esa Comisión del Futuro de Europa,. iniciada por el ministro de Exteriores alemán, Guido Westerwelle. Son ocho a nueve ministros de Exteriores (entre ellos el español) puestos a discurrir sobre cómo hacer avanzar la unión política europea. La unión bancaria es una de las primeras propuestas y otras más políticas. Pero esa comisión no va a encontrar mucho eco porque, al parecer, no podrá exponer sus conclusiones en la próxima cumbre europea, muy ocupada con asuntos más atosigantes.
Europa, esto es, Alemania, mira ceñuda a España. Y Francia no presta gran ayuda. Anda el camarada Hollande entonando un discurso gaullista de izquierda. La retórica de la unión bancaria, las contundentes medidas, las claras decisiones políticas quedan atrás, en ultramar en donde, de todos modos, también se ha pedido a Rajoy "rapidez y claridad" para sanear la banca, algo equivalente a darle un coscorrón. Rapidez y claridad a Rajoy. Cuando este llegó al G-20 con la enésima cabriola en reserva: el rescate no-rescate del sábado, épica victoria del paladín ibérico, habíase convertido en un odioso rescate cargado de cadenas cinco días más tarde. Si un volte face de este calibre sorprende hasta a los españoles, ya a acostumbrados a todo, a una alemana, antigua militante de las Juventudes Comunistas, la deja estupefacta e indignada a partes iguales. Y si, además, el meridional sale diciendo que el Banco Central Europeo recapitalice directamente los bancos españoles (antes, incluso, de saber cómo están), la alemana puede tronar como un Thor nórdico aniquilando en su fuego al infeliz Rajoy.
El pobre presidente del gobierno español, sumergido en la soledad del iletrado impecune debe de haberlo pasado muy mal. Quizá ahora entienda los apuros de su antecesor, otro incapaz de entenderse con nadie en Europa por no hablar ninguna de sus lenguas excepto la propia. En fin lo delata en la cara de la foto. Menudo gesto. Y está en la web de La Moncloa en donde, es de suponer, seleccionarán los planos en los que esté más favorecido. Debe de estar hablando un hispánico pues todos llevan puestos los auriculares excepto Barroso y él.
Quizá haya esta semana algún tipo de rescate para España en términos no estrictamente criminales, pero se lo van a hacer sudar a Rajoy. Cosa bastante comprensible. ¿No es el presidente de un gobierno que un día por la mañana anuncia que las auditorías de la banca se retrasan hasta septiembre y, ante la oleada de indignación, se desautoriza a sí mismo y reafirma que las tales auditorías estarán como previsto prácticamente ya?
En cuanto al carácter retórico del G-20, solo un dato: la reunión de México ha aumentado la dotación del FMI en 456.000 millones de dólares de los EEUU para hacer frente a las consecuencias de la crisis en la eurozona. Han contribuido 35 países, pero no los Estados Unidos y el Canadá. Estos dan consejos, pero no dólares. Los consejos salen gratis.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

martes, 19 de junio de 2012

El último mono.

Es el que siempre se ahoga. Como parece que va a pasar a España con el gobierno del PP, la prima de riesgo, la deuda, le depresión, el rescate que ayer era bueno y hoy resulta ser terriblemente dañino y, sobre todo, con la presencia en La Moncloa de ese prodigio del postmodernismo líquido llamado Rajoy, un ejemplo de pensamiento no ya débil sino inexistente, enclenque, gurrumino, tembleque; de presencia ausente; de palabra inaudible y discurso balbuceante e incomprensible. El hombre de firmes convicciones y sentido común, previsible, el lider que iba a devolver a España la confianza de los vecinos y la autoestima, corre azogado de un lado a otro, como un conejo confuso, se esconde de la opinión pública, sus convicciones duran menos de 24 horas, afirma donde ayer negaba y niega donde ayer afirmaba, balbucea, farfulla fórmulas incomprensibles y, por supuesto, no convence a nadie, irrita a los más y es el hazmerreír de la Eurocámara.
El país ha hecho un flaco negocio encumbrando a este atribulado don Nadie que sólo tiene gestos de firmeza frente a sus propias gentes, por ministr@ interpuest@, y si vienen de una en una y desarmadas, pero es un perrillo faldero ante los poderosos del mundo que hace algunas cabriolas para llamar la atención, pero molesta a la concurrencia con sus ladridos chillones.
Pretendía ahora Rajoy rescatar el país del rescate que él mismo había aplaudido una semana antes. ¿La razón? Al cabo de la semana que le ha llevado leer y entender la letra pequeña, se da cuenta de que se la dieron con queso al aprobar los famosos 100.000 millones que él se jactaba de haber obtenido gracias a su habilidad, fuerza y audacia. Al comprender que ha quedado como el bobo de la feria, ha pretendido enderezar el entuerto en México, pidiendo que se desvincule el préstamo a los bancos del de los gobiernos para que la llamada deuda soberana no se haga agobiante.
La respuesta ha sido rauda, clara, contundente: No. El préstamo es a España, no a los bancos y lo pagaremos los españoles, no los banqueros. Pero esto no es nuevo. Se lo dijo Wolfgang Schäuble, ministro alemán e finanzas, a la media hora de que Rajoy soltara la baladronada de que había sacado 100.000 millones del ala para los bancos. No quiso oírlo o quizá es que no entiende alemán, como tampoco entiende inglés, francés, italiano ni, probablemente, español... Pero todo el mundo sabía que el rescate que Rajoy quería vender como un chollo era un pesado fardo sobre los hombros de su sufrido pueblo. Y ahora que este líder indiscutible se entera de la otra mitad de la misa, de que sus mentiras no cuelan más que en el ABC, El Mundo y La Razón sus socios le dan con la puerta en las narices.
No hay préstamos directos a la banca, dice la Unión Europea con el gesto agrio de la madrastra de Cenicienta y a Rajoy la carroza se le convierte en una calabaza. Lo curioso será averiguar qué cuento inventa para cuando vuelva a casa, aunque lo más probable es que mande a Guindos por delante a tragarse los sapos que correspondan.
Mientras tanto, la intervención total de España avanza inexorable y muchos españoles empiezan a pensar que es mejor estar intervenidos que gobernados por este inútil bombástico falto de las más elementales entendederas. Por el último mono de la cuadrilla. El que siempre se ahoga.
(La imagen es una captura del vídeo de El País)


jueves, 14 de junio de 2012

Las mentiras de Rajoy salen carísimas.

Era una línea de crédito en condiciones de chollo para España; los intereses nacionales se habían impuesto en Europa; no era un rescate; era un crédito sin condiciones; era un dinero generosamente prestado a los bancos españoles; en absoluto al Estado; no afectaría al déficit. No serían los españoles quienes tendrían que pagarlo, sino la banca. Un triunfo para la Gran Nación. Puro surrealismo.
Todas estas y algunas otras mentiras descaradas ha venido diciendo Rajoy en los últimos días. Le da igual si la prensa del mundo entero lo desmiente, salvo el ABC y La Razón (aunque estos no son prensa sino pasquines), que lo dibuje como Pinocho con larga nariz, como un torero perseguido por un morlaco o como un fantoche. Le da igual porque no tiene dignidad. Lo suyo es mantenerse en el poder frente a todo criterio de racionalidad para que sigan haciendo negocios los auténticos españoles, lo banqueros, los empresarios o sea, los creadores de empleo quienes, hasta ahora, se han limitado a destruirlo, así como los curas, las mujeres sumisas y los obreros distraídos.
Gobernar para Rajoy es mentir. Y, si se descubre la mentira, se miente otra vez y otra, con todo descaro, hasta que los hipotéticos contradictores, hartos de batallar, den el asunto por perdido. Este no dar valor a la mentira, este quedarse impertérrito cuando alguien te deja por embustero y te lo suelta a la cara, esta indiferencia ante la vergüenza y el bochorno, es típica de la derecha. ¿Cuántas veces han mostrado ya en primera los periódicos los embustes, las mentiras de Dívar para justificar sus impresentables escapadas a hoteles de lujo con su guardaespaldas? ¿Con qué resultado? Ninguno. No se inmutan. Esperan la escampada, el tedio de la gente, que se hable de otra cosa.
Dívar y Rajoy, Rajoy y Dívar; dos embusteros recalcitrantes, cuyas mentiras contaminan todo lo que tocan. El prestigio del Tribunal Supremo está por los suelos y el del gobierno de España por debajo de los suelos. El de Rajoy no ha existido nunca. Ahora bien, tampoco el desprestigio sale gratis. Precisamente porque el gobierno de España está en manos de embusteros, ineptos y arrogantes, las circunstancias del país, en lugar de mejorar, empeoran y empeoran por la exclusiva culpa de Rajoy. Ahora Moody's pone el bono español al nivel del bono basura y eso tiene un costo altísimo porque encarece aun más la deuda y hace subir la prima de riesgo que, a su vez vuelve a encarecer la deuda. En punto a incompetencia en el gobierno, Zapatero era un as al lado de este inútil rimbombante. Basta con echar una ojeada al gráfico de la prima de riesgo desde que se anunció el rescate. Si esto era la solución, ¿hubiera sido peor la falta de solución?
Se recordará cómo Rajoy, Guindos y el resto de la peña del PP se niegan a admitir que los 100.000 millones sean un rescate y se refieren a él con circunloquios algunos francamente ridículos. Lo mismo hizo Zapatero cuando se negaba a llamar "crisis" a la "crisis", pero ahora es mucho más descarado, mucho más irresponsable y mucho más arbitrario y, sobre todo, como se ve en El País, mucho más peligroso. El extranjero no es España; allí no se puede mentir bellacamente porque te responden con contundencia y te callan la boca; no se limitan a llamarte embustero sino que te dan en los morros. Europa no es España, en donde la gente está achantada y no tiene posibilidad de oponerse en serio. Los medios europeos no son como Telemadrid en donde los empleados tienen la consigna de no pronunciar la palabra rescate y, en efecto, la palabra no se pronuncia en el telediario.
La raíz de la peligrosa irritación europea está en el comportamiento bravucón del gobierno español. Y tampoco es nuevo. Se recordará un episodio durante el gobierno de Aznar cuando este se presentó en Bruselas a pedir más dinero para España mientras bajaba los impuestos en casa. Antes de pedir dinero, le dijeron, deje los impuestos en donde estaban. Ahora viene a ser lo mismo, pero quintuplicado. Ahora es: "Piden ustedes dinero pero van por ahí diciendo que nos lo han sacado. Con ello nos han soliviantado a los demás países en rescate, Irlanda, Portugal y Grecia, todos ellos pidiendo ya un trato igual al de España. Es decir, lo que no hubiera de mentira en la teoría del rescate chollo, desaparece a ojos vistas.
Efectivamente, las mentiras salen carísimas. Va siendo hora de que este presidene mentiroso, improvisador, indeciso y silente deje paso a alguien capaz de hacer frente a la situación. Si necesario es, mediante elecciones anticipadas.
(El gráfico está tomado del blog de Íñigo S. Ugarte @guerraeterna, visto en Twitter).

miércoles, 13 de junio de 2012

El rescate. Hablan los alemanes: surrealista.


Hoy saca el venerable Frankfurter Allgemeine Zeitung, el gran periódico de la burguesía ilustrada alemana, su sección de Feuilleton dedicada a España. En cabeza un artículo de fondo titulado El orgullo de los humildes (Der Stolz der Demütigen). Me hubiera gustado traducirlo y reproducirlo aquí entero, pero tiene derechos de autor que mi débil economía no puede permitirse y, además, tardaría algo en gestionarlos. Y es una pena porque es una pieza extraordinaria, un análisis de la actual situación española con gran conocimiento de causa y sensibilidad, que destila ironía y crítica hacia las autoridades y comprensión y simpatía hacia el pueblo llano, por el que muestra verdadero respeto.
Pero si no puedo reproducirlo íntegro, puedo comentarlo y añadir algún matiz propio.
Empieza el articulista por afirmar que la actitud de Rajoy de negar hasta el último momento que España necesitara un rescate obedece a una tendencia a negar la realidad basada en el orgullo. Por eso, asegura, la gente critica a Rajoy pero, al tiempo, entiende que no ha cedido la plaza sino cuando no tenía más remedio. Luis de Guindos seguía negando la realidad del modo más esperpéntico cuando decía que no había fuga de capitales de España, siendo así que, entre enero y marzo 100.000 millones de euros habían abandonado el país. Es el orgullo de los españoles, sigue diciendo el autor, que prefieren apretar los dientes y mantenerse firmes antes que dejarse caer en trozos. Es la virtud de la entereza que traduce como Vollständigkeit, que no está mal. También es el producto del sostenella y no enmendalla y eso le hubiera sido más difícil de traducir. En todo caso, insiste, la negación de la realidad es el producto del orgullo español, del que los alemanes suelen reírse asociándolo a las corridas de toros y el flamenco.
Aunque se niegue, la realidad existe. Según las autoridades, el rescate no tiene condiciones pero sí las tiene y serán onerosas. Y aquí es donde se da la bifurcación del articulista. Para él (y cito textualmente) la ceguera de las élites tiene algo surrealista. Al llegar aquí, Palinuro se ha puesto a batir palmas al recordar su entrada comparando a Rajoy con el Padre Ubu, titulada Ubú el polaco. Rajoy niega el rescate, es decir, niega la realidad misma en contra de todas las informaciones de todos los medios. Pues bien, frente a esa absurda posición negacionista de las autoridades, correspondiente a la versión acartonada, huera, del orgullo bombástico hispano, propia del gobierno, el articulista destaca la otra forma del orgullo, el de la gente humilde, el orgullo de la humildad de una población acostumbrada a pasarlo mal (excepto por los fastos de la famosa burbuja) y a reaccionar con dignidad y entereza, fiada en la solidaridad y la movilización populares.
Los españoles han reaccionado racionalmente, señala el articulista, con sosiego y debate político que lleva incluso al 15-M a querellarse contra Rodrigo Rato. En España no se ha dado como en Grecia, una ruptura de las instituciones, una oleada de amarga desesperación social y una profunda desconfianza en la pertenencia a Europa. Y es verdad. Esta España, concluye el autor, es, "al mismo tiempo, humilde y orgullosa".
Es un artículo muy bueno y nos aporta una visión desde fuera, no tiznada con las miserables rencillas internas. El PP y el PSOE acaban de llevarse el busto de Azaña en el Congreso de un sitio muy ostentoso, al parecer, a otro en el que apenas se le ve y ya tenemos montado otro perejil. Como el pleno del Congreso de ayer -y esto es, en efecto, surrealista, patafísico- para debatir si se prohiben por ley los silbidos al himno y la bandera, o sea los "ultrajes a España", al fin de cuyo debate, el PP votó en contra de la proposición de ley que él mismo había presentado.
Realmente, el alemán lo ha intuido muy bien. La esperanza está en la gente, en el pueblo, en la multitud ilustrada que es humilde y orgullosa al mismo tiempo; está en que la gente vayamos coordinando nuestras acciones y exigiendo nuestros derechos de forma pacífica pero contundente para poder articular una vía de salida a la crisis porque los políticos institucionales no son capaces de hacerlo. Queda camino por recorrer pero es preciso hacerlo. Debo añadir, por último, que no prejuzgo qué formas tomará esa lucha reivindicativa. Lo ideal es que sea pacífica. Pero si el movimiento pacífico tropieza con represión armada y violenta, se plantea un problema de legítima defensa. Este gobierno tiene una tendencia autoritaria innata a restringir y negar el ejercicio de los derechos cívicos, lo mismo ordena a la policía identificar a los manifestantes pacíficos en Sol, con el fin de multarlos después, que envía la Guardia Civil a disparar pelotas de gomas contra los manifestantes de la minería. Ambas formas de lucha, la del 15-M en Sol y la de los mineros tienen el apoyo de Palinuro.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

martes, 12 de junio de 2012

La ínsula Rescataria.

Visto su brillante desempeño como comisionado imperial de la Marca Hispánica, el Imperio (no el de Krugman, cuando habla de Darth Vader, que es de ayer, sino el de verdad, el de toda la vida, el Sacro Imperio Romano Germánico) ha ascendido a Rajoy a gobernador de la Ínsula Rescataria. Y sus primeros pasos han mostrado el acierto de la decisión. El sábado se hizo pública la noticia del rescate/no-rescate. Se me perdonará la pequeña vanidad de la autocita, pues la entrada del 7 de junio pasado, se titulaba así, El rescate no-rescate. El sábado por ver si los preparativos de la Eurocopa mitigaban el impacto. Pero Rajoy hubo de salir en rueda de prensa, contra su acendrada costumbre, tan insólita, bravucona y disparatada que consiguió atención mediática mundial. Todos los medios se maravillaban de que alguien pudiera presentar una derrota como una victoria. En la corrala doméstica los medios de la derecha trompeteaban la victoria del gobernador, que había impedido una intervención, una invasión bárbara de la ínsula Rescataria. El resto del país, como en los tiempos de la Radio Pirenaica daba por buena la versión exterior y su propio sentido común pues resulta francamente difícil que se crea a un gobernante del que, según el último barómetro del CIS, no se fía el 78% de los ciudadanos. Al respecto no deja de tener interés que del líder de la oposición, Rubalcaba, todavía se fíe menos gente pues los que desconfían alcanzan el 85%.
Los expertos aguantaron el aliento hasta que abrieron las plazas de Oriente, Japón, Hong Kong, que lo hicieron al alza con las noticias del rescate. Por eso, cuando horas después, la bolsa de Madrid también abría al alza y la prima de riesgo bajaba, todo el mundo concluyó que tenía razón Rajoy y la operación había sido un éxito. Los tertulianos y escribas de la derecha empenacharon las plumas y recordaron que Rajoy dijo marcharse a Danzig a ver la Roja porque el tema estaba resuelto.
Hasta el Rey, quien tuvo ocasión de saludar al gobernador de la ínsula en la ceremonía de toma de posesión del nuevo hombre que el gobierno ha puesto al frente del Banco de España (¡santo cielo!), lo felicitó por el éxito de la operación al más efusivo y borbónico estilo. Borbónico, sí, por cuanto no cabe descartar que la felicitación del monarca lleve retranca. Algo así como "bienvenido, Mariano, al reino de los imposibles, en donde los rescates no son rescates como los elefantes no son elefantes".
Todos habían caído en la trampa elemental de las alzas ficticias previas al desplome, el conocido fenómeno del agonizante que parece revivir antes de caer fulminado. Podían haberse asesorado mejor y no patinar tan lamentablente pues, al final de la sesión, la bolsa cerraba en negativo y la prima subía hasta los 521 puntos básicos, exactamente como si el fin de semana hubiera sido un finde caribeño, de esos que no existen.
Pero la ínsula Rescataria se rige por normas peculiares, propias de la idiosincrasia de su gobernador. La oposición, un puñado de galopines sin principios, exige la comparecencia de la alta autoridad en sede parlamentaria para fastidiar y freírla a preguntas. No le basta con la felicitación del Rey. Claro, casi todos son republicanos. En todo caso, la comparecencia queda para el mes de julio, pues no corre prisa. Prisa corría el rescate pero no la explicación del rescate. Entre otras cosas, porque no puede darla ya que, como le pasa siempre, desconoce los datos reales, numéricos, de los que habla. Y en este caso, con mayor razón pues los datos concretos del rescate y condiciones concomitantes solo se sabrán, si se saben, después de las elecciones griegas del día 17 y del dictamen de los auditores extranjeros el 21.
Así las cosas, ¿para qué quiere la oposición al gobernador en el hemiciclo? Lo dicho, para acosarlo cuando empiece a hilvanar dislates sobre la naturaleza de la operación de salvamento de la banca española. El PP se opone y no hay más que hablar. Se opone a toda comparecencia parlamentaria que pueda aclarar algo que no le convenga, sobre el rescate o sobre Bankia, ente que está siendo objeto de querellas por estafa desde varios puntos.
Reina pues la calma en la ínsula Rescataria. Un buen momento para anunciar los nuevos recortes, los aumentos del IVA, la edad de las jubilaciones. Luego, ya se verá.


La foto muestra a Rajoy con el presidente de la Cámara italiana de Diputados, Gianfranco Fini en La Moncloa. Este Fini, líder también del partido Futuro y Libertad, fue líder del Movimento Sociale Italiano en los años noventa, cuando decía cosas como "Después de casi medio siglo la idea del fascismo sigue viva". Seguía viva en él. 
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

lunes, 11 de junio de 2012

Haciendo el ridículo.

Leo en un libro de Tony Judt una cita estupenda de George Orwell: "Para ver lo que tenemos delante de las narices hay que luchar denodadamente". Desde luego. Y como luchar denodadamente no es universal afición, la mayoría de la gente no ve lo que tiene delante de las narices. Otros podrían luchar, pero prefieren no hacerlo pues lo que tienen delante de las narices no les gusta o no les conviene. Se inventan entonces historias y fantasías con el fin de engañar a los demás. Es el caso de Mariano Rajoy. El rescate no es un rescate.
El presidente del gobierno no contaba con comparecer en público a dar cuenta de la operación de rescate de la banca española. Por eso mandó por delante a De Guindos con la misión de trasladar el mensaje: el rescate no es un rescate sino una línea de crédito en condiciones muy ventajosas. Entre tanto, él preparaba su viaje a Danzig como portaestandarte de la Patria, a hacer lo que se ve en la foto de El País. Esa foto, en un momento en que cae sobre España un yugo de 100.000 millones prestados que habrá que devolver con intereses, no es solamente un insulto a los españoles, sino a un mínimo sentido de la decencia humana.
"Pero no", decía De Guindos, con la misma alegría dibujada en el rostro que podría tener si estuviera enterrando a un ser querido, "no es en absoluto un rescate, es un crédito a la banca, del que responderá la banca". "Pero no", respondía de inmediato Wolfgang Schäuble, ministro alemán de Finanzas, "no se presta el dinero a los bancos", sino a España Es decir, al Estado y lo tendrá que devolver el Estado, o sea todos nosotros. Tendremos que devolver un dinero que no veremos pues irá a los bancos. Algún listo ha dicho que es una astuta forma de convertir en pública la deuda privada. Falso: es añadir a la deuda privada la pública como si fuera privada. Un negocio redondo.¿Y qué dicen las autoridades?
Lo primero que se les pasa por la cabeza. Su único fin es presentar una derrota patente como una imaginaria victoria a base de negar lo evidente. Y negarlo siempre. Sea o no necesario. Por ejemplo, Rajoy pasó tres meses negando que España fuera a necesitar un rescate y dice haber pedido una línea de crédito de forma voluntaria. Eurolandia, sin embargo, sabía que España pediría el rescate -llamándolo de otra forma- el sábado, a ver si conseguía camuflarlo con el fútbol, y por eso, precisamente, celebró una conferencia expresamente sobre España que pidió el rescate porque no le quedaba más remedio y estaba, como dice Libération, entre la espada y la pared
Esta negación de lo obvio, este presentar una humillación como una victoria, un golpe recibido como uno dado, recuerda mucho el intento del gobierno del PP de colgar la autoría del atentado del 11-M de 2004 a ETA en una delirante pretensión de que la gente no viera lo que tenía delante de las narices, sino lo que él, el gobierno, había fabulado. Y ha provocado una indignación social generalizada análoga a la de la mentira masiva de marzo de 2004. Indignación, cólera, verdadera furia. Los del 15-M han vuelto a sol a pedir la dimisión de Rajoy.
Presionado por la opinión, a rastras, de mala gana, Rajoy hubo de comparecer públicamente ayer, antes de seguir adelante con su falta de sensibilidad de irse a dar berridos a Danzig. Pero fue para largar una serie trolas en la versión oficial de los hechos. No hay tal rescate sino, al contrario, un triunfo de España cuya salud es tal que le basta salir al mercado y los inversores se dan de bofetadas por prestarle dinero. Cuando todo el mundo sabe, pues lo dijo Montoro, que España tenía cerradas las puertas de los mercados Lo sabía también Rajoy. No tenía, pues, más salida, que pedir el rescate a Europa, como lo hizo a la fuerza y aceptando las condiciones impuestas y las que quedan por imponer. En este campo es donde los gobernantes tratan de confundir a la población. No fue Al-Qaeda (Rajoy decía en 2004 tener la "convicción moral" (sic) de que había sido ETA), sino ETA. No es un rescate sino un triunfo de España. Es más, a él no lo ha presionado nadie sino que ha sido él quien ha presionado a los europeos para conseguir ese magnífico crédito.
Sin negar que el crédito a España y, de momento, es light en comparación con los de Grecia o Portugal, la pretensión de presentar el hecho como un triunfo en lugar de una claudicación es ridícula. Diga lo que diga Rajoy, al tener cerradas las puertas de los mercados, no había más salida para España que pedir ayuda y esta es obligada. Salir sacando pecho en estas circunstancias es bombástico y cuadra perfectamente con la imagen estereotipada de los españoles que reina en Europa: un pueblo de bravucones ignorantes muertos de hambre dándoselas de señores. Es decir, estamos haciendo un ridículo universal, como queda constancia mirando lo que dicen los periódicos extranjeros pero que conocen mejor la realidad española que La Razón o el ABC. Por ejemplo, el Economist califica las maquinaciones de Rajoy de slightly comical, es decir,ridículas en román paladino. Y The Guardian lo clava cuando dice que Rajoy está embarcado en una campaña orquestada para presentar el rescate como una victoria nacional. También el Financial Times se pasma por el intento de convertir una derrota en un triunfo pero, siendo yankies y haciéndolo todo más a la pata la llana, pone a España en el club de los perdedores, con Irlanda, Portugal y Grecia. Ahora ya saben los españoles lo que tienen delante de las narices.
Supongo que Rajoy no hará caso al parecer mayoritario de la red de que se quede en Polonia y volverá a España. Tiene pendiente  una comparecencia parlamentaria pedida por toda la oposición. Conociéndolo, no es seguro que acepte. Y, si lo hace, dirá, no lo que tiene delante de las narices, sino lo que se ha inventado para no dimitir. Exactamente lo contrario de lo que dice todo el mundo en el extranjero. Pero eso a Rajoy no le importa pues no sabe idiomas.