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viernes, 13 de enero de 2017

Una salida sin salida

Ahí lo tienen ustedes, con cara de pocos amigos, la suya habitual, comunicando altaneramente al mundo que se marcha. Lectura de un escrito en dos minutos y sin preguntas. Y casi sin periodistas. Un gesto para la historia. Se va porque le toca, ya ha cumplido y desea retornar a su plaza de funcionario del Consejo de Estado de donde ha salido la interpretación que lo responsabiliza de la tragedia del Yak 42. Pero él no habla del Yak 42; ni de dimisión; ni mucho menos, de pedir perdón. Se va como vino, por voluntad propia y porque Rajoy lo nombró embajador en Londres, una decisión por la que, cuando menos, debiera dar explicaciones.

Todos los demás, "El País", por ejemplo, hablan de dimisión, porque dimisión es. Y cuanto más se oculte o se niegue, más dimisión será. La salida de Trillo no es una huida hacia delante sino hacia atrás. Deja claro que se va por algo que sucedió hace casi 14 años y a cuya sombra no ha podido escapar. Aunque lo ha intentado por todos los medios, como el de hacer pagar penalmente a sus subalternos por asuntos de su responsabilidad política.

La comparecencia de la ministra de Defensa necesariamente marca un hito en esta sórdida historia. El asunto no se decide en altaneras ruedas de prensa y desplantes más o menos achulapados a los periodistas, sino que entra en sede parlamentaria. Ahí tendrá que escuchar Trillo la voz que no ha querido oír durante estos años: la de las víctimas y sus familiares. Le van a decir de todo como corresponde a quien antepuso su interés personal al derecho de los allegados a recibir los restos reales de los suyos que, además, habían muerto, según dice ahora el Consejo de Estado, por la negligencia de quienes pudieron evitarlo, encabezados por Trillo.

No veo cómo va a evitar Trillo verse en algún foro público con los familiares de las víctimas a las que debe una explicación. La religión que dice profesar le obliga a ello.

jueves, 5 de enero de 2017

Fulminado, por fin, pero en diferido

Para los tiempos que marca La Moncloa, la destitución de Trillo ha sido fulminante. Y eso que el Consejo se demoró unos diez años en llegar a su conclusión. La lentitud de antaño es la celeridad de hogaño. Dictaminar el Consejo de Estado su responsabilidad en la tragedia del Yak 42 y declarar el gobierno zafarrancho de limpieza en 72 embajadas (entre ellas, claro, Londres) fue todo uno. Es estilo de la casa: disfrazan una destitución multiplicándola por 72. Trillo debe de sentirse como Sansón en Gaza: le han sacado los ojos, pero él muere derribando el templo sobre los filisteos o el conjunto del servicio exterior sobre el gobierno.

La exigencia de responsabilidad política ya la había excluido Rajoy, al decir que se trataba de un asunto sustanciado en sede judicial y que, además, había sucedido hacía muchísimo tiempo. Exonerado judicialmente en su día por los tribunales y ahora políticamente por quien podía exigirle la responsabilidad aparte de su conciencia, de la que parece andar escaso, Trillo se suma a una operación burocrática general sin aceptar ningún tipo de responsabilidad y en la esperanza de incorporarse a otro puesto público de relumbrón. La asociación de víctimas del Yak 42 reclaman el ostracismo para el exministro, su indignidad para ningún puesto representativo. Pero está por ver que el gobierno no lo nombre en algún destino que el interesado quizá ambicione. Con Rajoy llegó a La Moncloa un espíritu político caciquil, clientelar, corrupto, impuesto a caballo de una mayoría absoluta que lo libraba del control parlamentario. En esa especie de asociación con ánimo de delinquir (según algunos jueces) nadie dimitía, hiciera lo que hiciera. No había dimitido su jefe cuando se descubrió la Gürtel y se supo de los sobresueldos en B, ¿por qué habrían de dimitir sus subordinados? La dimisión estaba excluida por definición y, si no quedaba más remedio que aceptarla, se compensaba de inmediato a la "víctima" con un cargo en Bruselas (Mato), París (Wert), Londres (Trillo), el partido (Sepúlveda). Nadie quedará desamparado si mantiene silencio. Esa es la clave de las ambiguas relaciones entre el PP y Bárcenas al albur de algún tipo de negociación.

Está claro que a Trillo lo ha echado una opinión pública realmente harta de la arbitrariedad y la connivencia del gobierno con la corrupción. Buscar el pretexto del relevo planificado y en diferido no excusa el hecho de que el gobierno ha cedido a las reclamaciones de la opinión. La posición de Trillo era insostenible incluso para alguien tan coriáceo como él. Por cierto, es de averiguar si en el relevo general está también comprendido el embajador en la OCDE, el señor Wert, quien vive a todo lujo con cargo al contribuyente en Paris, nombrado para un puesto para el que está tan capacitado como lo estaba para el de ministro de Educación.

viernes, 14 de agosto de 2015

El trámite del santero.


El santero Fernández, el ministro de la Ley Mordaza, ha pedido comparecer de urgencia para explicar su entrevista con el presunto ladrón y compañero suyo de partido, Rato. Para hablar, o sea para hacer lo que prohíbe a los demás. Su prensa amiga, casi toda la de papel, subraya que comparece a petición propia, lo que, a la vista del escándalo que este payo ha originado, es simplemente una estupidez más de los palmeros del régimen. Comparece arrastrado por su propia ineptitud y porque no le queda más remedio. Trató de evitarlo con un comunicado del Ministerio del Interior que parece redactado por Jardiel Poncela, afirmando que quedaron a jugar a las canicas. El propio Rato lo fastidió -lo suyo ahora es fastidiar lo que pueda- asegurando que habían hablado de "lo suyo". Eso solo puede negarlo el santero Díaz, miembro del Opus Dei, secta en la que nunca se miente salvo cuando hay que mentir. Echó entonces una mano ABC, convirtiendo al supuesto chorizo Rato en una víctima, desvelando que había hablado de la seguridad de su familia, amenazada de muerte. Al final, no le ha quedado si no comparecer a petición propia, o sea, en lenguaje de la derecha, arrastrado por los acontecimientos.

Pero lo hace tan cabreado, tan indignado de que un devoto caballero español, bienquisto de la corte celestial, tenga que rendir cuentas ante la chusma que ya anuncia acciones legales contra los denunciantes del PSOE. Amenaza con una acusación de "denuncia falsa", que, al parecer, está considerando. Un lince, el hombre, porque esta también puede volvérsele en contra.

Nadie espera nada de esa comparecencia. Es evidente que, si comparece, es porque no piensa dimitir y la mayoría absoluta holgada del PP conseguirá que sea así. La sesión de hoy, con Rajoy pescando mejillones en las Rías Bajas, es una pantomima. El santero Fernández no dimitiría ni aunque se hubiera reunido uno a uno con todos los reclusos del corredor de la muerte en los Estados Unidos. En la derecha la dimisión no depende de que se hayan hecho mejor o peor las cosas, sino del enchufe que se tenga con el jefe. Téngase además en cuenta que este jefe sabe que su línea de defensa está en sus ministros. Fulminados estos, no les quedará otro remedio que dar él la cara. Responder él de sus actos. Y a eso Rajoy no está dispuesto bajo ningún concepto.

domingo, 14 de junio de 2015

Contextos.

Tres consideraciones respecto a los tuits del señor Zapata.

Primera. El tratamiento de la prensa. Detestable. Y no hablo solo de comics como La Razón o el ABC. El título de una crónica de El País es una vergüenza de manipulación:  un edil de Ahora Madrid se burla en Twitter de los judíos y de Irene Villa. Es engañoso, es falso, y lo es en un asunto explosivo. Lo mismo sucede con otros diarios. Mentir, manipular en cuestiones sensibles es lo que convierte la prensa seria en amarilla. Que el autor de la pieza presente los hechos como actuales y no indague en el contexto prueba  que la información es aquí lo menos importante. Lo esencial, al parecer, es la movilización, el ataque a una persona y, a su través, a una opción política. Tratándose de hechos de hace cuatro años, el cronista estaba obligado a indagar en el contexto, para contribuir a que las gentes aclaren su juicio y no a ofuscarlo. Eso es lo que hace Íñigo Sáez de Ugarte en un artículo, Sobre el Holocausto, el humor y la política madrileña, en el que trata de explicar los famosos tuits dentro del contexto de un debate o algo así sobre los límites del humor negro a raíz de un percance de Nacho Vigalondo con El País, que quizá pueda explicar la falta de estilo del diario con sus consecuencias. El contexto. Efectivamente, el contexto. Vamos a él.

Segunda. Un debate sobre los límites del humor negro hace cuatro años. El  humor negro es el nombre caritativo con que revestimos lo más cruel, estúpido, inhumano que hay en nosotros, que lo hay y mucho. Es el modo de embellecer las más bajas pasiones, el racismo y el sadismo que todos llevamos dentro. Unos las silenciamos, las refrenamos como podemos y otros les dan rienda suelta bien sea a lo bestia, a base de linchar negros, asesinar judíos, maltratar mujeres o... contando chistes racistas. Cuando alguien observa que el racismo es siempre repugnante y no tiene gracia alguna en ningún supuesto, se recurre a la justificación habitual: son solo formas de hablar, lenguaje y, como todo lenguaje, puede justificarse con un metalenguaje.

No somos racistas, por dios, ni machistas, ni nacionalistas españoles y, por lo tanto, podemos contar chistes antisemitas, misóginos o anticatalanes. No nos gusta el fútbol, pero es un "fenómeno sociológico" y hay que estar al tanto de la vida real. No nos gusta la chabacanería ni la vulgaridad de los programas rosas, pero son un consumo muy extendido y debemos conocerlos. No somos machistas, pero ¿qué tiene de malo un bonito piropo? Hasta a ellas les gusta. "Un piropo es un grafiti del erotismo". Me ha salido redondo; casi como una greguería de mi tocayo. Pero es falso. Un piropo es y será siempre una intromisión inaceptable en la intimidad de otra persona. Una interpelación no solicitada. Por ahí se empieza y se acaba en el femicidio.

El truco es el metalenguaje: "los límites del humor negro", el "fenómeno sociológico", el "ingenio callejero, el "alma del pueblo".  Y la complicidad de los auditorios que con facilidad se convierten en turbas, por cierto. No hay disculpas. Un chiste racista es un chiste racista, se vista de lo que se vista y sea cual sea el contexto. En realidad, no hay contexto posible. El único aceptable sería un imaginario laboratorio en el que pudiéramos coger ejemplares de chistes racistas como el que coge virus malignos. Todo lo que no sea eso será tolerancia hacia lo más odioso y estúpido que tiene el ser humano: la tendencia a reírse del sufrimiento ajeno. Que eso existe es obvio. Basta con abrir un libro de historia. Pero que exista no quiere decir que las izquierdas podamos sumarnos a ello. También existen la esclavitud, la explotación, la trata, etc. y los combatimos. Sin excepciones. ¿Por qué no el racismo o el machismo?

He leído la exculpación de Zapata, sobre polémicas y contextos y es de apreciar su esfuerzo por distanciarse del contenido de sus chistes. Me alegraría que le diera buen resultado y la opinión le ofreciera una segunda oportunidad. Incluso que se la ofreciera a sí mismo. No lo conozco personalmente. En estos cuatro años puede haber cambiado y ojalá lo haya hecho aunque, por el contenido de su escrito, no lo parece. Reitera la condena al terrorismo de ETA y al antisemitismo y a cualquier otra forma de represión y violencia. Y considera que ello no es incompatible con el humor negro, siempre y cuando este sea reconocible como humor. A tenor de lo dicho, Palinuro no está de acuerdo. El racismo no puede ser humor. Nunca. El racismo es un delito. Como el machismo. Revestir de humor la crueldad solo la hace más odiosa. ¿Cómo? ¿Censura? ¿No pueden hacerse chistes de judíos? Sí, claro. Hagan ustedes los que quieran, pero arrostren luego las consecuencias porque, como dicen los católicos, es imposible repicar e ir en la procesión.

No estoy seguro de que el señor Zapata deba dimitir. Me resulta imposible ponerme en su pellejo. Quede a su conciencia y que lo resuelva. Hay pocas dudas de que los adversarios están aprovechándolo con una evidente y sucia intencionalidad política de la derecha.
 
Tercera.  La derecha rabiosa, que no sabe perder y ve toda derrota electoral como un expolio de lo que le corresponde por designio divino, está en pie de guerra. Desde el minuto uno. No ya la tradición de los cien días. Ni cien segundos está dispuesta a conceder a los nuevos gobernantes esta banda de ladrones, recién desalojada de los consistorios en los que lleva veinte años esquilmando los recursos públicos. Inmediatamente de conocerse el asunto de los siniestros tuits, ya estaba Aguirre empujando, apabullando y exigiendo medidas ipso facto aun sin conocerse los hechos por entero. La consigna es debilitar al adversario, acogotarlo, no dejarlo respirar para ver de hundirlo antes de que pueda empezar su tarea.
 
Aguirre, la insoportable verdulera que desprecia a los agentes municipales, a los enfermeros, a los profesores, a todo el mundo que no sea de su clase; la que miente más que habla; la que ha gobernando Madrid rodeada de ladrones nombrados y protegidos por ella, que se han enriquecido a costa de los ciudadanos; la que insulta a los adversarios sin parar; la que se encaramó en el poder mediante el tamayazo; la que no condena el genocidio del franquismo y vive tan contenta en un país con más de 100.000 personas asesinadas y enterradas en fosas comunes por la dictadura racista y fascista de la que son herederos ideológicos ella y el partido en el que milita, fundado por un ministro del delincuente dictador; el partido en el que militan criminales que justifican los asesinados en las cunetas y que levantan el brazo en recuerdo, memoria y honor de los asesinos y su jefe; esa Aguirre carece de cualquier autoridad moral par exigir nada a nadie.
 
Si Palinuro fuera el gobierno municipal dejaría el asunto al sentido de la responsabilidad del interesado y haría en este caso lo que hacen y siguen haciendo las derechas con las denuncias de sus demasías: oídos sordos. Los medios machacarán la historia hasta que tengan otra sustitutoria, porque lo suyo es provocar y azuzar sin límites para que no se hable de lo que le importa: el saqueo a que han sometido al país. Pero la corporación no puede dejarse distraer de su función esencial que es levantar las alfombras y realizar una auditoria pública de las cuentas. Lo único que de verdad teme esta asociación de malhechores que lleva veinte años estafando a la gente.

martes, 24 de marzo de 2015

Moción de censura a esta tropa.

El juez Ruz ha concluido su instrucción del caso Bárcenas, la caja B, los sobresueldos y otras presuntas mangancias del partido incompatible con la corrupción. Solo se trata de una pieza de ese gigantesco entramado de presunta delincuencia que ha erigido en veinte años el PP. Una construcción tenebrosa, grotesca, casi gótica, como una de esas cárceles imaginarias de Piranesi, pero cuyo descubrimiento ha conmovido el sistema político español. El reino de España reducido a la peripecia personal de un presidente que debió haber dimitido desde el primer día, pero que se ha empeñado en apurar las heces de la copa y hacérselas tragar al conjunto de la sociedad.

De este auto de Ruz seguramente no se derivarán consecuencias jurídicas de importancia dado que el comportamiento más reprobable moralmente, la financiación ilegal, no es delito y muchos otros posibles han prescrito y, de poder juzgar alguno, sería por fraude fiscal. Una situación similar a la de Al Capone en su día.

Pero si, jurídicamente hablando, el auto de Ruz tiene solo un valor informativo, dadas las peculiaridades de nuestro ordenamiento, políticamente es una narración explosiva. El escrito del juez es un relato que podría incorporarse a la gloriosa historia de la literatura picaresca a gran escala. El PP lleva por lo menos 18 años financiándose ilegalmente a través de una caja B o doble contabilidad oculta en la que gestionaba los fondos que recibía sin deber y de los que se nutrían los más diversos cargos, mordidas, chanchullos, comisiones, pagos en negro, sobresueldos. El reino de la corrupción extendida e impune.

El responsable político por partida doble de este quilombo de cimarrones de la ley es Rajoy, como presidente del partido y del gobierno. En cualquier otro país del mundo, un mandatario en esta situación procesal, presidente de un partido al que un juez imputa delitos, hubiera dimitido ya. Aquí, no. Aquí es al revés y es el sospechoso de corrupción el que trata de hacer dimitir a los jueces o que los inhabiliten.

En su célebre comparecencia parlamentaria del 1º de agosto de 2013, que tachonó de mentiras, Rajoy aseguró enfáticamente que en el PP no había caja B. El juez la da por probada. Solo por eso, Rajoy debiera haberse ido. Pero espérense ustedes no pague el juez caro su atrevimiento. No pudo negar los sobresueldos, pero los equiparó a los pluses de productividad de las empresas, lo cual es tan verosímil como comparar el PP con Cáritas. Al no colar lo de los pluses de productividad, los perceptores de sobresueldos en el PP, empezando por Rajoy, callan; no afirman ni deniegan haber estado forrándose. En esa sesión tuvo que admitir la autoría de unos infamantes SMS a Bárcenas ya en la cárcel que revelan un talante de absoluta complicidad.

Y, después de esto, colorín colorado. Ni una explicación más sobre la corrupción que ha seguido creciendo hasta inundarlo todo y ser la segunda preocupación de los españoles. Es lo que Hernando, portavoz parlamentario de esta asociación de sobre-cogedores, llama "haber dado suficientes explicaciones". O sea, ni una. Pero el gobierno se ha dedicado a obstaculizar la acción de la justicia de mil maneras a fin de impedir que se aclaren los hechos. Ha destruido pruebas, demorado su entrega, se ha personado en la causa en posible fraude procesal, ha presionado a los jueces, maniobrado en todas las instancias con el único objetivo de impedir que el presidente se siente en el banquillo y ha embarullado cuanto ha podido. Todo el aparato del Estado al servicio de la defensa procesal del presidente, desde la presidencia del Congreso a la Agencia Tributaria.

Presidente que sigue y seguirá negándose a comparecer en sede parlamentaria o a dar ruedas de prensa abiertas con proguntas libres y no pactadas. La oposición, muy enfadada, casi indignada, anuncia que estrechará el cerco sobre Rajoy y pedirá, como cada martes, su comparecencia que su guardia pretoriana negará en redondo también como cada martes. Bueno, además, se freirá a preguntas al ministro Montoro cuyas andanzas, recientemente descubiertas, darían para un segundo Buscón don Pablos. Hasta es posible que se pida su reprobación. Vale igualmente. Montoro contestará lo que le dé la gana y de reprobación, ni se hablará.

Si la oposición mayoritaria socialista quiere que se la tome en serio, tendrá que hacer algo más consistente que lamentarse sentada en el zaguán de su grupo parlamentario o chivarse a los periodistas de que no la dejan hablar.

Tendrá que presentar una moción de censura, como es su derecho y su obligación en una situación de emergencia crítica, con un gobierno únicamente pendiente de que no lo enchironen.

Palinuro se niega a explicar las ventajas e inconvenientes de la moción de censura. Ya lo hizo en su día. Basta con refrescar. Solo una moción de censura puede clarificar la situación y devolver al electorado la confianza de que hay un recambio. Es el momento de Sánchez para consolidar su posición. Puede aprovechar las sinergias de la victoria de su partido en Andalucía, en donde ha derrotado rotundamente al del gobierno y ha detenido el avance de los novísimos que se han limitado a destrozar el huerto de la familia.

Permítase por un momento a Palinuro interpretar uno de los papeles dramáticos más impresionantes, el de Lady Macbeth cuando le dice a su marido: ¿No te atreves a hacer lo que deseas? Y escúchese si Sánchez responde, como Macbeth: Me atrevo a lo que deba atreverse un hombre. Quien se atreva a más, no lo es.

lunes, 9 de febrero de 2015

Vuelve Max Weber.

Podemos cerró ayer la campaña de primarias previa a las autonómicas de Madrid en la Plaza del Reina Sofía. Hacía frío y los cronistas señalaron que la asistencia no fue la de otras veces, unas doscientas personas. El día anterior había hecho cierre la candidatura alternativa, encabezada por Miguel Urbán en el Ateneo de Madrid en donde probablemente hay un aforo similar, aunque sin duda la temperatura era más agradable.

En su discurso en el Reina Sofía, Iglesias, que ya tiene maneras de candidato a presidente del gobierno, interpeló directamente a Rajoy pidiéndole elecciones anticipadas y no mencionó siquiera al PSOE. Cuando se piden elecciones anticipadas uno quiere ganarlas y cree que puede hacerlo. Oposición frontal al gobierno. Elecciones anticipadas es lo primero que pidió el PP nada más perder las de 2008. Porque siempre se actuará en oposición al gobierno sin compromiso alguno. Igual que Podemos: quiere quemar etapas; llegar cuanto antes a la confrontación electoral y sustituir a los que mandan. Frente a esto, el PSOE sigue ofreciendo un aspecto desmadejado. En Baleares, en una convención de su partido, Sánchez aseguró que el PSOE es el que mejor sabe cómo ganar a la derecha y que es al PSOE a quien el PP verdaderamente teme, aunque no se ve por qué pues no pide elecciones anticipadas ni presenta moción de censura. Y si tanto le temen, es incomprensible que la señora Aguirre, entrevistada en Salvados (ver más abajo) no lo mencionara y, en cambio cerrara contra Podemos.

A su vez Podemos tampoco lo menciona, pero carga contra el PP. Aquí alguien está descolocado y da la impresión de ser Sánchez.

No obstante, el discurso de Iglesias tuvo también una faceta muy digna de mención y fue su duro ataque a IU, ahora que esta se ha escindido por enésima vez. La crítica señalaba que “se vive muy cómodo en el 12% siendo un partido bisagra del PSOE, siendo fiel a tus principios, sabiendo que vas a ser minoritario". Es una crítica al apoltronamiento, la indolencia, los intereses creados de IU. Pero tiene un elemento muy característico que habla más del crítico que del criticado y se observa en esa indirecta referencia a Max Weber.

Cuando el PSOE ganó las elecciones de 1982 traía en la mochila una promesa de convocar un referéndum para sacar a España de la OTAN. Al llegar al poder, sin embargo, los socialistas empezaron a ver las cosas de otro modo. Gobernar no era discursear en la oposición sino que implicaba tomar decisiones en una sociedad conflictiva, sometida a presiones de todo tipo, tanto internas como externas. En poco tiempo cambiaron de parecer y lo que en un principio iba a ser un referéndum para sacar a España de la OTAN se convirtió en otro para dejarla dentro de ella.

Los socialistas justificaron este giro de 180º echando mano de la famosa distinción de Max Weber en El político y el científico entre la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción. La disyuntiva es clara: llegas al poder imbuido de tus convicciones pero, luego, la realidad te obliga a hacerlas a un lado porque se espera que aceptes la responsabilidad que implica gobernar y lo hagas con el más amplio beneplácito posible.

Pero esa observación reza siempre para quienes están en el poder. No se predica de quienes todavía están luchando por llegar a él. Y, sin embargo, es ahora el caso con Podemos, que critica la fidelidad de IU a las convicciones por entender que es un subterfugio para la inacción y, en consecuencia, hemos de entender que él ejerce la ética de la responsabilidad, es decir, las convicciones pasan a segundo plano. Da la impresión, sin embargo, de que el ataque tiene otra finalidad, en concreto, evitar toda fusión entre IU y Podemos a fin de que este no pierda votos de los electores que, siendo de izquierda, no votarían nada relacionado con el comunismo. De ahí el refugio en la ambigüedad y la renuncia a hablar de la organización territorial del Estado, la Iglesia, la República o la oposición izquierda-derecha.

Al margen de si es más o menos justo acusar de pereza y conformismo a quienes ponen por delante sus convicciones a su conveniencia, queda por considerar si la prevalencia de la "responsabilidad" sobre los principios y las convicciones no nos deja en el pragmatismo y el relativismo más absolutos. ¿Quién ha dicho a los de Podemos que la falta completa de principios que no sean ganar conduce a algún sitio distinto de la justificación del poder por sí mismo y de su ciega reproducción también en interés de sí mismo, con olvido de las gentes en cuyo nombre se decía actuar?

lunes, 25 de noviembre de 2013

Dimitir como Dios manda.

Nada es como debiera ser. Todo es una farsa, una pantomima. Rajoy ha ido a ver al Rey a su residencia habitual en la planta del hospital Quirón. Pero no, como parece lógico, a presentarle su dimisión, sino a pasar la tarde del domingo de charleta. Como si en el país que tiene la desgracia de verse bajo su gobierno, no pasara nada.

El silencio espeso ha seguido dominando el finde. Los móviles, seguro, estarán echando humo. Pero en el ágora, en la esfera pública, silencio frente al auto del juez Ruz dando por sentado el carácter ilegal del PP de arriba abajo, del comienzo al final, de la cruz a la fecha. Un auto como un ariete que derriba un muro de engaños, trapicheos, sobresueldos, financiación ilegal, caja B, erigido a lo largo de los años. Dieciocho exactamente. Con Aznar, con Rajoy. Silencio.

Solo se oyó el extraño balbuceo de González Pons que pretendía exculpar al PP y, en realidad, lo inculpaba más, al decir, que el PP y sus dirigentes son 'tan honrados como todos', lo cual equivale a tratar de quitarse de encima la ñorda esparciéndola. Luego salió un oscuro portavoz de Justicia (sic) del PP en el Congreso, afirmando que lo revelado hasta la fecha carece de la más mínima relevancia procesal. Bien pudiera ser y estoy seguro de que todos nos alegraríamos de ello pues a nadie gusta ver a otro camino del trullo. Pero es que el problema no es la relevancia procesal sino la política. Déjese a los tribunales decidir si, al cobrar sobresueldos de la caja B Rajoy delinquió o no. Lo que está claro ya es que cobró sobresueldos y eso es, moral y políticamente, inaceptable. Que hubo una caja B. (¿Quizá sigue habiéndola?). Que el presidente mintió al Parlamento al afirmar que no la había.

Asuntos de la máxima relevancia política cuya única respuesta razonable en el espíritu de las democracias es la dimisión. Una dimisión como Dios manda. Dimisión de todos los directamente implicados en los papeles de Bárcenas, Rajoy, varios de sus ministros, Cospedal, en fin, el sursum corda. Dimisión de la cúpula del PP, incluidos, me consta que con especial insistencia divina, sus insufribles portavoces, voceros y correveidiles.

Se quiera o no, la vida política española gira en torno a Bárcenas y, en la segunda parte de la legislatura lo hará aun más por dos razones: 1ª) porque el propio proceso contiene ya la suficiente metralla para ponerlo todo patas arriba; 2ª) porque está en la estrategia de Bárcenas reservarse las peores andanadas para más adelante.

Las cortinas de humo del gobierno mudo no han servido de nada. Gibraltar se ha desinflado como globo de feria y está claro que de la crisis no se sale, diga lo que diga la propaganda del gobierno, y los únicos brotes verdes que este puede mostrar es ese kilo de marihuana que ha pillado la policía a dos concejales del PP de León.

La verdadera cortina de humo, con la que Rajoy el taciturno está jugando irresponsablemente, es Cataluña. Con Mas en la India, convertido en Gandhi por metempsicosis, el porcentaje de partidarios de la independencia superior al cincuenta por ciento y la ANC (Assemblea Nacional Catalana), que cuenta con más afiliados que todos los partidos catalanes juntos, pidiendo al Parlament que fije fecha y pregunta de la consulta, es evidente que España tiene un problema serio. Un problema de envergadura constitucional.

Y ¿está el gobierno de Rajoy, quien debiera haber dimitido ya, en condiciones de hacer frente a ese problema? Con Bárcenas mordiéndole los tobillos, la respuesta es "no".

Según los realistas no conviene pedir la dimisión porque la perspectiva de elecciones anticipadas (para las que nadie está preparado) supone un factor de distorsión e inestabilidad a cuyo socaire lo más probable es que la "cuestión catalana" explotara. Nada de elecciones, nada de dimisión, nada de inestabilidad. El nacionalismo catalán tiene que encontrar un interlocutor firme en el gobierno central, legítimo, con prestigio, con autoridad. Y esa es exactamente la cuestión: no lo hay.

Cabría pensar que, de tener Rajoy una cintura política de la que carece, se intentara un gobierno de gran coalición, incluso (¿por qué no?) con más de dos partidos para gestionar una situación excepcional, esto es, un gobierno que abriera el camino a una reforma de la Constitución que replanteara la organización territorial del Estado bajo la forma, por ejemplo, de una Convención.

Tal cosa podría hacerse a condición de que el gobierno paralizara su proceso de fascistización y retirara la reforma del Código Penal y la #LeyAntiProtestas, una ley pensada por un demente para garantizar la impunidad de la policía a la hora de machacar ciudadanos en cumplimiento de la obsesión represiva de la autoridad. Y, de paso, detuviera las privatizaciones de la sanidad y la educación, enviando la LOMCE al baúl de los malos recuerdos. Es decir, que reconociera que no ha sabido gobernar como Dios manda y que, si no quiere verse obligado a dimitir como Dios manda, debe enmendar sus  yerros

Rajoy no puede atar el país a su destino procesal. 


(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

jueves, 14 de noviembre de 2013

El desprestigio del Prestige.


Ignoro todo sobre los aspectos jurídicos de la sentencia de la Audiencia Provincial de A Coruña, primero porque no puede uno ir leyendo todos los documentos de trescientas páginas con que los tribunales riegan la vida pública y porque además no soy especialista en asuntos jurídicos. La ley tiene doctores y a su juicio me remito. Por todo cuanto sé, esa sentencia está escrupulosamente ajustada a derecho; es justa porque se atiene a la ley. Y, si no lo es, ya nos enteraremos prestamente.

Pero que sea justa según la ley no quiere decir que sea equitativa, que sea justa según otro principio de justicia, que algunos llaman "natural", un territorio en el que interviene la moral y hasta la política. Palinuro entiende que, lo primero de todo, aquí hay un problema político y en ese terreno cifra su discurso. De lo que se trata es de ver la situación política en la que esta sentencia se produce. El ámbito de la opinión, del juicio de la ciudadanía.

Dejamos de lado el hecho de que sea difícil explicar a esa ciudadanía que una catástrofe de estas dimensiones no tenga culpables ni responsables y deba entenderse como una catástrofe natural. Y ello en un tiempo que tiende a negar la existencia de esas catástrofes al dar por supuesto que todas tienen un elemento humano. Pero difícil no quiere decir imposible. Es tarea de los exégetas aclarársela al común en términos que este entienda.

También dejamos de lado que la decisión judicial recae en un tiempo en que no es infrecuente ver cómo presuntos delincuentes de todo jaez (pero mucho monto) se libran del procesamiento con las más diversas triquiñuelas o se benefician de la prescripción de sus delitos o simplemente son indultados. Y lo dejamos de lado porque los tribunales no tienen que actuar mirando las contingencias en su entorno.

Pero no podemos dejar de lado que el aspecto de las responsabilidades políticas está pendiente, que no se substanció en su momento y que, además, no prescribe. La catástrofe del petrolero tuvo unas dimensiones y consecuencias medioambientales enormes, desastrosas, ha cambiado los ecosistemas de kilómetros y kilómetros de costa gallega y alterado radicalmente la forma de vida de cientos de personas. Y eso no puede quedar sin explicación.

Un breve repaso a la memoria y la hemeroteca nos muestra una situación de crisis y catástrofe que fue gestionada de un modo irresponsable por los políticos encargados de ella, directamente el ministro de Fomento, Álvarez Cascos, e indirectamente el entonces protavoz del gobierno, Mariano Rajoy. No debe de haber español que no recuerde aquella comparencia para dar cuenta de la peor catástrofe ecológica de la historia del país que le ganó el sobrenombre de señor de los hilillos.

El no depurar las responsabilidades políticas en su momento y no tener la menor intención de hacerlo retroactivamente es lo que de verdad daña el prestigio de las instituciones. La idea generalizada, convertida en amarga experiencia, de que el poder político en nuestro país, especialmente el de la derecha, goza de impunidad en todos los órdenes. Sus cargos pueden provocar las mayores catástrofes por su incompetencia; o meter al país en aventuras militares absolutamente temerarias; o estar hasta las cejas en las más turbias corrupciones; o aparecer involucrados en la presunta comisión de delitos; o no tener ni idea de lo que hablan. No dimite ni uno. Nunca. Su idea, al parecer, es que la política es así.

Como lo del Prestige.

martes, 24 de septiembre de 2013

La democracia es cosa de mesura.


El gobierno de la derecha es un desafuero en todos los terrenos. El nombramiento de ese presidente del Tribunal Constitucional, militante del partido al mando, no puede justificarse bajo ningún punto de vista político, moral o jurídico. Tiene una consecuencia perversa inminente. El Tribunal Constitucional será el órgano al que el gobierno envíe cualquier contencioso con Cataluña y sus instituciones. Y ¿qué juicio merecerá el de un tribunal presidido por una persona recusada de antemano por la parte catalana por su falta de imparcialidad? Falta de imparcialidad patente. Y hasta falta de independencia pues ¿cuál es la de un militante con respecto a su partido, sobre todo el militante que debe el cargo al partido, a pesar de haber ocultado su militancia en él, prueba obvia de que la acusación es razonable?

Pero todo son desafueros. Lo de los medios públicos de comunicación es un atropello increíble. Ahí están Echenique y Somoano, hundiendo la audiencia de los informativos de TVE que los van a dejar como los de Telemadrid. Y en sanidad, en educación, en derechos de las mujeres. Si alguien tiene alguna duda al respecto, mire lo que decían el presidente del gobierno y varios de sus hoy ministros sobre el copago en sanidad. Todos coinciden en términos escandalizados y justicieros en que el copago sería una arbitrariedad, un abuso de los más débiles, una monstruosidad que el PP jamás haría ni hará. No se rían (habría de ser una risa sardónica) y escuchen a Rajoy, Sáenz de Santamaría, Gallardón, Cospedal, Pons. Está claro que el copago sería un desafuero. Exactamente el que han cometido ellos: un copago, repago, privatización y expolio.

O consideren el birlibirloque de las pensiones que han ideado los expertos a sueldo de la banca y la ministra Báñez tiene que escenificar como puede de vez en cuando. Es ya célebre su vaticinio de cómo vendrán los pensionistas a agradecerle con lágrimas en los ojos que les haya dado un 0,25% de subida y tope anual y una bajada también anual equivalente a la diferencia entre ese 0,25% y lo que realmente suba el IPC del que las pensiones quedan desvinculadas. Se puede llamar como se quiera, pero es una confiscación de rentas por adelantado, un empobrecimiento en diferido.

Y si esto es en el ámbito de las políticas públicas, no se hable de los desafueros en la forma de gobernar. El presidente está oculto o ausente, no da explicaciones de sus actos, no admite preguntas de los periodistas, no comparece en sede parlamentaria y hace literalmente lo que le da la gana. El comportamiento de la presidencia del gobierno no es de recibo bajo ninguna concepción mínima de democracia. Es un abuso, tanto más indignante cuanto quien se lo permite es alguien acusado de prácticas corruptas. Si, a pesar de todo, se sale con la suya, se debe a tres factores:

1º) Una batería de medios de comunicación (todos los públicos que controla y buena parte de los privados) dedicada a embellecer su forma de gobernar y justificar sus más clamorosos desafueros.

2º) Una mayoría parlamentaria absoluta que funciona como una guardia pretoriana al servicio exclusivo de la seguridad personal de los generales. Todas las iniciativas de la oposición para conseguir que el Parlamento cumpla su función de controlar al gobierno se estrellan contra la cohorte del pretorio que no deja pasar ni una pregunta, interpelación, moción o simple iniciativa que pueda molestar al emperador. 

3º) La dudosa calidad, eficacia, eficiencia de esa oposición a la que no permiten ejercer como tal a base de argucias y triquiñuelas reglamentarias, tan manifiestamente impertinentes que puede exponerlas la señora Villalobos con su peculiar estilo. "En realidad", viene a decirse, "debiérais estarnos agradecidos, so pringaos, de que os demos explicaciones y no os hagamos un corte de mangas."

Es patente que el Congreso se ha convertido en una cámara de bloqueo y aplauso, mero disfraz de un gobierno autoritario, que no informa, ni da explicaciones, ni admite responsabilidades de ningún tipo. En esas condiciones, la pregunta es: ¿presentará ya el PSOE la moción de censura o buscará otro subterfugio, otra logomaquia para forzar la comparecencia parlamentaria de Rajoy, aprovechando que 2013 es el año de la serpiente en el calendario chino? Es cierto que la moción de censura tiende a verse como el último cartucho en la recámara y el combatiente experimentado procura no malgastarlo. Pero alguna vez hay que disparar. La moción de censura será derrotada, por supuesto, pero tendrá su utilidad política. Permitirá anunciar al país cuál es el proyecto del PSOE y este podrá exponer cuál será su actitud a partir de entonces si se mantiene el bloqueo parlamentario cerrado. 

Es ahí en donde la oposición debe salir de su marasmo. Si el Parlamento no es sino una cámara de legitimación y bloqueo, la oposición solo dejará de cooperar en esa mixtificación abandonándolo. Lo viene diciendo Palinuro: la retirada al Aventino es una actitud muy honrosa de la oposición, que no puede ser cómplice de su silenciamiento. 

Por supuesto que Rajoy debe comparecer y explicar por qué mintió en sede parlamentaria. Y dimitir.

Quede para mañana comentar la reciente declaración de González en el Ritz (creo) de que la independencia de Cataluña es imposible. Si acaso porque esto ya aburre a las ovejas. 

lunes, 2 de septiembre de 2013

Nunca pasa nada.


Después de la versión rajoyana del "NO decíamos ayer" en Soutomaior, el curso se inaugura con esa reunión de un importante órgano colectivo del PP para encarar el tiempo inmediato. La tónica, según vaticinios, será el silencio sostenido, la falta de aclaraciones, explicaciones, comparecencias. En algo se ha de notar que el gobierno es sensible al hecho de vivir en la era del intercambio ilimitado de información. En realidad, piensa Rajoy, con tanta información, la del Gobierno, la suya propia, puede excusarse. Solo aportaría mayor confusión. La realidad no existe. Bárcenas no existe. Los discos duros no existen. Bueno, esos tienen una doble no existencia: no existen como discos ni existen como discos borrados. Las acusaciones públicas de delincuente al presidente del gobierno, tampoco existen. Iban a querellarse contra quienes hablaran de la caja B y ni siquiera responden a la acusaciones directas de delito.
 
A continuación, Rajoy, provisto de un buen Baedeker en español, recorrerá medio mundo en septiembre y no pasará por La Moncloa ni para cambiarse de muda. El día a día de la política quedará encargado a los segundos y segundas. Puede ser entretenido disfrutar de sesiones ampliadas de Cospedal, Floriano, González Pons y nada digo si, rompiendo su insólito silencio, Arenas enjareta algunas explicaciones. Son el pábulo de las redes sociales. Por las tardes, fútbol sin descanso y las fiestas de guardar, corridas de toros en las que se condensa el espíritu de la raza inmortal, esa que, según Vasconcelos, hará hablar al espíritu. Aunque parece que tarda.
 
La guardia pretoriana de la mayoría absoluta en el parlamento protegerá al ausente sin vacilación alguna, con espíritu de falange macedónica y, si necesario es, con el de la otra, la de verdad, la que se siembra en los huertos de las Nuevas Generaciones de calabazas, calabacines, boniatos y lechuguinos. La oposición, singularmente la izquierda, deberá pensar qué hace y si sigue legitimando este estilo autoritario, represivo, censor, caciquil de manejar las instituciones o toma alguna medida para salir de este marasmo. La moción de censura ante tanta irresponsabilidad es ya obligada. Su interposición no tiene por qué interrumpir una visita de Estado de Rajoy a las cataratas del Iguazú, pero dará la oportunidad a Rubalcaba de explicar al país cómo está la situación, ya que aquel se obstina en mantener silencio y en no afrontar los problemas.
 
Las vísperas catalanas estaban ayer en plena efervescencia. En más de cuatrocientas ciudades del mundo se habían convocado cadenas humanas por la vía catalana y, según parece, La Vanguardia no encontraba el asunto noticiable. Hoy sabremos el resultado pero no hay duda de que la internacionalización del asunto, del issue de la independencia catalana,  es un hecho.
 
Al parecer hay unas 400.000 personas apuntadas a la cadena en Cataluña. Es impresionante y también será de ver cuántos apuntados al final comparecen. Cada día gotean nuevas adhesiones e incorporaciones de nombres relevantes en la cultura y la sociedad civil catalanas. La Generalitat planea incorporar una partida a los presupuestos para la consulta. Y aquí vamos a tener un problema. Pero, segun está gestionándose este asunto, no será más que una sucesión de problemas.
 
Ya se estará argumentando que el independentismo ha alcanzado un punto en el que entra en funcionamiento la espiral del silencio. Es muy posible y, en tal caso, el asunto pinta mal para el nacionalismo español. Al fin y al cabo la espiral del silencio se produce siempre y es moralmente indefendible la posición de que solo sea criticable si me perjudica pero no si me beneficia. Es más, si me beneficia, no hay espiral del silencio. Es la pura libertad. Algo tan primitivo como esa actitud de quien solo considera nacionalistas a los demás pero no a sí mismo.
 
En fin. Es lo que hay. 

miércoles, 3 de abril de 2013

Abril es el mes más cruel.

Es el celebérrimo primer verso de la Tierra baldía, de T. S. Eliot. The Waste Land. Le terrain vague. El solar. El terreno baldío en que se ha convertido España en los últimos años gracias a la manga de sinvergüenzas aupados a todo tipo de cargos públicos, semipúblicos y privados. Ladrones de guante blanco y guante negro. Estafadores, empresarios trileros, políticos con los bolsillos llenos de dinero expoliado de las arcas públicas y mentalidad de trolls fascistas. Un parking lot en el que las nobles verduleras y demagogas alternan con policías delincuentes, curas ultratramontanos, abarraganados, trabucaires y pederastas. Un barbecho en el que crecen enchufados de todo tipo, pelaje y condición, desde meros carteristas hasta asesinos a sueldo, malversadores, auténticos imbéciles a cargo de la cultura y la educación, el pan y los toros, ministras analfabetas, cagahostias porra en mano, presidentes corruptos más parecidos al fantasma de la ópera y reyes truhanes, zascandiles y mangantes, la ópera bufa del régimen postfranquista.

Un terreno baldío donde la gente sencilla, normal, pasa necesidades y estrecheces o se ve reducida a la nada por obra de unos gestores públicos corrompidos y ladrones cuya voluntad de servicio público consiste en robar al pueblo sus ingresos y su pitanza, expoliar lo público, malvenderlo entre sus amigotes, todos ellos enchufados en la administración pública o en empresas privadas que viven de esquilmar los presupuestos del Estado. Un terreno baldío en el que unos bancos rescatados con el dinero de todos al haber sido literalmente asaltados por los ladrones que nombraron los politicos, dejan a la gente sin casa, la embargan, la empujan al suicidio.

Un terreno baldío en el que los responsables del orden público tienen un espíritu represor, franquista, fascista que los lleva a enfrentarse a la crítica y la normal protesta ciudadana con amenazas, detenciones, multas, montajes policiacos, denuncias falsas, calumnias y embustes; a responder con crispación, odio y más amenazas a las legítimas aspiraciones al autogobierno y la independencia de las minorías nacionales, probablemente hartas de compartir destino con una manga de sinvergüenzas desalmados que oprimen, explotan y exprimen a la gente en nombre del desarrollo, el orden público, la religión y una Corona desacreditada y desprestigiada por sus odiosas prácticas.

En la cúspide de este erial moral, la caterva de parásitos con ínfulas aristocráticas, los últimos vestigios de una dinastía instaurada por un dictador genocida, sin dignidad, sin nobleza, sin gallardía. Unas sombras que fueron de un régimen tiránico cuartelario a su incondicional servicio y que han heredado de él sus peores usos, empezando por la de hacerse ricos al precio que sea.

No creo que Iñaki Urdangarin -con todo lo que el Rey finge escandalizarse por su comportamiento siendo el suyo probablemente peor- haya hecho nada que no haya visto hacer en casa de su suegro. Comisiones, repartos, mordidas, negocios, pelotazos, intermediaciones, enchufes. En definitiva, corrupción a lo grande. Pues él, pensaría el plebeyo entroncado con la realeza vía conyugal, con su buena planta, sus aires entre piragüista de Cambridge y héroe de Gunga Din, sus privilegiadas conexiones, no tendría por qué ser menos sino más, mucho más. Además, ¿no disponía de la ayuda incondicional de la niña de los ojos del Rey, de la infantita que, por amor o por lo que fuera, estaría dispuesta a hacer lo que se le dijese incluso a riesgo de que Lucía Etxebarria se preguntara en público si es tonta?

Esos jueces, esos jueces... Servidores públicos con sus trajes de trapillo, su barbas cerradas, sus cuellos de camisas arrugados. Esos funcionarios que se desojan leyendo atestados, informes, pliegos y pliegos, esos grises representantes de una moral cívica, esas bocas que pronuncian las palabras de la ley, como decía Montesquieu, pero no las bravatas, las gazmoñerías, camanduleos, embustes, desvergonzadas falsedades, trucos y trilerías de unos políticos que ya lo han perdido todo excepto el honor porque este nunca lo tuvieron. Esos hombres frágiles en su grandeza y grandes en su fragilidad, son el último y formidable bastión del interés público, el que intentan dinamitar todos los imputados -y son cientos- en innumerables latrocinios y sus responsables políticos que debieran estar todos dimitidos. Son la esperanza de la democracia, del Estado de derecho, de la libertad de sus conciudadanos, los custodios de su dignidad.

Que se lo pregunten a Mariano Rajoy, oculto en su cueva monclovita y sin atreverse a salir si no es en exposición como el Santísimo Sacramento que probablemente sus amigos los obispos estén paseando por ahí en petición de una buena, santa y, sobre todo, pronta muerte de Luis Bárcenas, también llamado el Cabrón, con el elegante lenguaje que se gasta esta caterva de chorizos que hoy decide lo que haya de ser este país. Procesiones, rogativas, misas y gorigoris para que los delitos prescriban, las pruebas desaparezcan de los sumarios, los testigos enmudezcan o los jueces perezcan todos de una epidemia.

Palinuro no desea mal alguno a nadie, ni, por supuesto, a la infanta Cristina que ojalá pueda demostrar estar limpia de forma fehaciente. Pero tampoco acepta tratos de privilegio bajo concepto alguno. Cristina de Borbón y Grecia tiene derecho a la presunción de inocencia y, en el interín, a un trato esperemos que más justo, equilibrado, caritativo y solidario que el que han tenido otras mujeres como Pilar Manjón o Ada Colau que, dicho sea de paso, le parecen (y está en su derecho pues es un juicio subjetivo) infinitamente más humanas y nobles que esa hija del Rey.

Y como, por mucho que la mierda flote, la mar es siempre bella y hermosa, cierro con toda la primera estrofa del poema de Eliot y mi torpe traducción para que se vea en dónde está cada cual:

 April is the cruellest month, breeding
Lilacs out of the dead land, mixing
Memory and desire, stirring
Dull roots with spring rain.

Abril es el mes más cruel, el que cría
lilas en la tierra muerta y mezcla
memoria y deseo y despierta
raíces  adormecidas con la lluvia de la primavera.

martes, 5 de marzo de 2013

Un gobierno mudo, ciego y sordo.

Nadie del PP salió el lunes, cuatro de marzo, a dar la habitual rueda de prensa posterior a la reunión de la cúpula del partido. Silencio sepulcral. Los otrora desafiantes Cospedales, Florianos, Ponses, se han esfumado. Los no menos gárrulos Aguirre y Aznar parece habérselos comido la tierra. El partido ha enmudecido de modo clamoroso. Ley del silencio, decretada por Rajoy en enero. Omertà. El que hable se pierde. El único en romper el sigilo es Feijóo, desde Galicia, pidiendo explicaciones sobre Bárcenas, por quien dice sentirse engañado. Bárcenas, un nombre impronunciable en el PP y en el gobierno del PP, sobre el que ha caido anatema, entredicho, proscripción. El partido no habla y el gobierno, preguntado por las bravatas de aquel sobre Bárcenas, remite al partido. Las dos bocas, pues, la de Génova y la de La Moncloa, están mudas. Silencio total.

Un silencio paralelo a una ceguera absoluta. Además de mudo, el gobierno está ciego. No ve a Bárcenas, ni sus papeles, ni los jaguares en los garajes, ni los sobres, ni la Gürtel. Tampoco ve la protesta social creciente, la creciente desafección y cólera de la ciudadanía. No ve los sondeos ni los baremos, en donde cosecha juicios francamente devastadores. No ve los parados, ni la evasión fiscal. Por no ver, no ve ni el déficit y se inventa uno tres puntos y pico por debajo del real, por si cuela. Es un gobierno ciego a la realidad que se supone debe regir y parece que solo iluminado por la luz interior de le experiencia mística. La ministra Báñez, como el santo Job, sigue confiando en la intercesión de la Virgen del Rocío; la alcaldesa Botella impetra asimismo la ayuda del Cristo de Medinaceli que registra estos días colas más largas que las del INEM; la secretaria general del PP y la vicepresidenta del gobierno, Cospedal y Sáez de Santamaría, fueron a lucir peineta al Vaticano, también en solicitud de protección; el presidente del gobierno se presentó en persona a devolver el Códice Calixtino al apóstol Santiago con la intención de congraciarse con él para que eche una mano; el ministro del Interior, directamente iluminado por el Señor, pide que la religión (la suya, la católica, apostólica y romana) sea obligatoria en todo el sistema educativo, probablemente incluida la Universidad, que es donde la juventud se pierde; y el ministro de Educación, atento al quite y a las indicaciones de los obispos, también en contacto con su Dios, está tomando las medidas oportunas para que así sea por los siglos de los siglos.

Lo anterior no es un trozo sacado de una novela de Anatole France o de Eça de Queiroz o de Roger Peyrefitte, ni una farsa valleinclanesca, ni un escrito del marqués de Sade o un alegato de Voltaire. Es el espíritu mismo de un gobierno solo atento al criterio de su religión, creencia o superstición compartidas, pero ciego a la realidad de una sociedad abierta, democrática, tolerante, multicultural y plurinacional. Un gobierno empeñado en devolver España a una época de caciquismo y corrupción, como en los tiempos de la primera restauración y todo ello adobado con un discurso sedicentemente neoliberal que no pasa de ser nacionalcatolicismo, pero imposible de refutar porque, además de mudo y ciego, el gobierno es sordo.

No solamente no escucha. Probablemente ni oye los argumentos contrarios a sus políticas. No oye a los sindicatos, ni a los expertos, ni a las otras opciones políticas, ni instituciones financieras nacionales e internacionales, ni a los mandatarios de otros Estados, ni siquiera las indicaciones de los mercados que solicitan atemperar el rigor presupuestario con políticas expansionistas. El gobierno no oye nada pues está literalmente teledirigido desde Berlín. Es, en realidad, un encargado de negocios y podría ser un autómata. Pues no quiere o no puede hablar, ver u oír, Rajoy se ha echado en brazos de Angela Merkel, un angelus novus a su medida. Esta táctica minimalista, de huida y refugio, tiene un pequeño inconveniente: su corto plazo. Es año de elecciones legislativas en Alemania. Si Merkel las pierde o se ve obligada a una nueva coalición con los socialdemócratas, la voz de Berlín previsiblemente cambiará y Rajoy se verá en la enojosa situación de Rip van Winkle cuando, al despertar de su largo sueño, se encontró que todo había cambiado en torno suyo.

¿Tiene sentido un gobierno que no habla, no ve y no oye? Porque, ¿cómo gobierna ese gobierno? A la vista está.

(La imagen es una captura del vídeo de El País.

viernes, 11 de enero de 2013

Váyase, señora Botella

Que Botella es de una incompetencia clamorosa lo saben los madrileños por lamentable experiencia propia. Que todo cuanto tiene de incompetente lo tiene de soberbia, creída y cursi, también. Que únicamente se ocupa de su persona y de enchufar a sus amig@s y clientes es un hecho ya comprobado. Que a su incompetencia añade una irresponsabilidad e insensibilidad pétreas que le permiten largarse a un spa de lujo mientras en su ciudad tiene lugar una catástrofe con resultado de cinco muertes es notorio. Que su afán de aferrarse a un cargo no alcanzado por votación directa la lleva a adoptar decisiones inexplicables y arbitrarias con sus subordinados resulta patente. Que su torpeza política la tiene enfrentada a sectores enteros de su propio partido, una realidad incontestable.
Y, no obstante, nada de lo anterior es motivo suficiente para que la dama presente su dimisión, como resulta obligado de los usos y costumbres en países democráticos.
Es preciso, pues, explicarle las pautas de la representación política y el servicio público. Hacerle ver que es derecho de los madrileños tener un/a alcalde/esa que no se dedique en exclusiva a escurrir el bulto, hacer el ridículo en Londres con dinero de todos, buscar chivos expiatorios por su inutilidad y tratar de salvar su pellejo político a cualquier coste. Y no lo tienen.
Madrid es este momento una ciudad desgobernada. Ayer había sobre la capital una nube tóxica densa y negra que probablemente superó todos los índices de contaminación, producto no solo de la actual desatención de la alcaldesa sino de la herencia de su propia inoperancia como concejala que fue de medio ambiente; la circulación es un caos; los servicios funcionan mal y todo es una mezcla de estúpido boato y administración sórdida, con intentos de echar de sus casas a vecinos de pocos posibles para sacar adelante algunas de esas oscuras maquinaciones especulativas a las que tan aficionada es la derecha, y otras vergüenzas.
Es imposible gobernar una ciudad de cuatro millones de habitantes mientras se lucha por sobrevivir y no verse arrastrada a los tribunales por manifiesta deficiencia en la gestión. Lucen poderosos los dos argumentos que suelen esgrimir aquell@s, poc@s, que en el país dimiten en estos trances: tener tiempo para su propia defensa si ya están imputad@s y no perjudicar a su partido. A estos se añade un tercero, primero en orden de importancia: no ser un obstáculo al bienestar de los ciudadanos bajo su jurisdicción. Los madrileños tienen derecho a que su alcalde/esa se ocupe y resuelva los problemas de la ciudad, que para eso la pagan, y regiamente por cierto, y no de los suyos propios.
Váyase, señora Botella.

lunes, 5 de noviembre de 2012

¿No hay responsables?

La piel de las autoridades es de paquidermo. Y su moral, de mármol de Carrara. No recuerdo que nadie haya dimitido, nadie haya asumido responsabilidad alguna por casos tan graves como el Prestige, el Yak 42 o el metro de Valencia. Nadie. Y nadie parece que va ahora a sentirse aludido con esta desgracia de Madrid-Arena. Un "nadie" como el de Ulises. Un nadie que es alguien.
Porque hay cosas que claman al cielo. Han muerto cuatro personas, una de ellas, una menor. Está prohibida la presencia de menores en esos eventos. La organización dice que era la única menor, afirmación merecedora de un crédito regulín; sobre todo por cuanto parece que la empresa no tenía las necesarias licencias. Ya solo este hecho debiera dejar encarrilado el caso en la vía penal y en la política. Sin embargo, el asunto cada vez se lía más porque no se sabe qué licencias son o cómo se concedieron o a quién o por parte de quién. Esa fabulosa capacidad que tienen las empresas y la administración para liarlo todo y hacerlo incomprensible.
Como si fuera Alejandro Magno, Ana Botella ha cortado el nudo gordiano: prohibidas las macrofiestas, incluidas las que ya están autorizadas para las próximas fechas navideñas. Eso es algo tan absurdo y arbitrario que no se puede consentir. Que prohíba las corridas de toros cuando uno de estos empitone a un diestro, o las autopistas cuando haya un choque. El temperamento autoritario es así y resulta muy difícil hacer comprender a la alcaldesa que, antes de prohibir, el Ayuntamiento debe vigilar la seguridad de las instalaciones cuyo uso autoriza y debe proceder contra quienes atenten contra ella, incluido él mismo si ha sido negligente o, incluso algo peor, cómplice en alguna ilegalidad.
En lugar de prohibir, Botella debe colaborar activamente en el esclarecimiento de los hechos, pedir responsabilidades a quien las tenga, empezando por ella misma que es la responsable última de que el Ayuntamiento cumpla su propia normativa.
La fiesta continuó unas dos horas más después de que se produjera el desgraciado hecho. A primera vista parece una decisión muy reprobable por indicar falta de sensibilidad. Quizá pueda admitirse el argumento de que fue una decisión tomada de buena fe, en el intento de evitar una catástrofe mayor que podría haberse producido en el caso de interrumpir la fiesta abruptamente. Es algo que nunca se sabrá pues las cosas solo pasan una vez. A la hora, sin embargo, de pronunciar un juicio moral, conviene recordar que, al parecer, la inmensa mayoría de l@s asistentes (una cantidad, por lo demás, que tampoco está clara pues oscila entre l@s 10.000 y l@s 20.000) no se enteró de nada. Solo lo sabían la empresa, los que estaban presentes en los hechos y los servicios de evacuación, empezando por la policía. Estos tomaron la decisión de no interrumpir y es posible que no haya sido mala.
Pero la decisión de autorizar una macrofiesta en un lugar sin las correspondientes licencias es del Ayuntamiento, con la alcaldesa Botella al frente.

jueves, 16 de abril de 2009

Una historia española.

Cogieron los sesenta y dos cadáveres de unas personas que posiblemente murieron por la incuria y la negligencia si no algo peor de las autoridades de que dependían para la seguridad de su vuelo y las metieron de cualquier forma en sesenta y dos ataúdes. Treinta de los cadáveres iban sin identificar. Pero el señor ministro de Defensa, el señor presidente del Gobierno, el señor rey del Reino no podían esperar. Habían organizado un solemne funeral de Estado en el que pensaban lucirse y convocado a los familiares, los deudos, amigos, la prensa. No iban a permitir que tan importante ceremonia se desluciera por una futesa de una identificación más o menos. Así que entregaron los féretros cerrados a los familiares y les ordenaron no abrirlos, no fuera a descubrirse el macabro pastel que aquellos granujas habían cocinado.

El funeral resultó de cine. Discursos emocionados, palabras sonoras y grandiosas, consuelo y solidaridad, dolor compartido, la Patria invocada, el valor de los muertos no hace falta decirlo, chorreo de medallas, toques fúnebres, emoción contenida, camaradería de la milicia, heroísmo, sacrificio. Todo de pacotilla, todo de mentira, todo una macabra burla que varios (¿cuántos?) de los allí compungidamente presentes sabían de sobra. El ministro, el presidente y el Rey quedaron como pinceles y pasaron a más importantes asuntos a que sus altas responsabilidades los llamaban.

Pero las familias no se resignaron y hace casi seis años iniciaron diversas acciones primero para saber de cierto la horrible verdad: que a treinta de ellas les habían entregado féretros con cuerpos de otros y, aun más siniestro, a algunas con trozos de varios cuerpos. Luego para exigir las correspondientes responsabilidades. Porque esta es la hora en que en esta canallada sin nombre nadie todavía ha admitido la menor responsabilidad penal ni política. Se enfrentaron entonces las familias a una actitud oficial de engaño, desprecio, ocultación o llano desplante. Nadie les dijo la verdad. Todos intentaron siempre encubrir el desaguisado. El señor ministro de defensa, Federico Trillo Figueroa, quien finalmente pidió disculpas a los familiares con la boca chica, no solamente tuvo gestos que no habría tenido un matón de taberna, como arrojar un euro a una periodista que le preguntó por el caso, sino que como hemos sabido ahora intentó anular el caso Yak moviendo todos los resortes del Estado que pudo, es decir, intentó, presuntamente, obstruir la acción de la justicia.

No sirvió de nada. Con una tenacidad ejemplar las familias se impusieron a la falta de colaboración y las actividades de desvío de las administraciones públicas y a una actitud reticente cuando no francamente hostil de unos tribunales de justicia que, en principio, hubieran debido ampararlas. La última muestra de esto se tiene en el hecho de que el juez que juzga el caso, señor Gómez Bermúdez, se había negado a escuchar las declaraciones de unos testigos turcos que han resultado decisivas para esclarecer responsabilidades y han sido las familias quienes han tenido que costear el desplazamiento de dichos testigos, los dos forenses turcos que han probado que los militares imputados en la causa probablemente han estado mintiendo para salvar sus pellejos. Ahora está claro y claro ante un reticente tribunal de justicia, ante el que, al parecer, los imputados han mentido cuanto han podido y han trasladado las presuntas mentiras del señor Ministro, que la historia es la narrada más arriba: los cadáveres llegaron a España sin identificar a sabiendas de los altos mandos militares que los repatriaron y que por tanto mintieron a las familias y, con las familias, al país entero, afirmando que estaban todos identificados. El funeral fue una farsa y una burla. Los militares, probablemente, serán condenados por los delitos que el fiscal les imputa. Hasta la fecha, el señor Trillo también ha sabido salvarse cucamente del proceso penal pero ya es inverosímil que él no supiera nada de este atropello y más que, en buena lógica, tendría asimismo que responder en un procedimiento penal. Igual que el señor Aznar de quien tampoco es razonable pensar que no supiera nada, aunque no me extrañe que ambos intenten salvarse dejando a sus subordinados en la estacada. Es su estilo.

Y eso en cuanto a lo penal. En cuanto a lo político es pasmoso que el citado señor Trillo tenga el rostro de seguir siendo diputado de la nación española de la que supuestamente se mofó con el asunto del Yak. Como pasmoso es que sus compañeros de partido lo amparen y que la portavoz parlamentaria de éste pueda decir que basta con aquella lejana (y sin duda falsa) petición de disculpas del señor Trillo por lo que, también pasmosamente, el señor Rajoy llamaba un error. De error nada, un presunto delito. Pero lo verdaderamente pasmoso es que los demás diputados de los otros grupos parlamentarios todavía no hayan declarado al señor Trillo persona non grata.

En fin, una historia española, una historia de españoles, gentes acostumbradas de siglos a que los poderosos los vilipendien y los maltraten. Pero esta vez, aunque sólo fuera por estar a la altura de estas dignísimas familias, los señores diputados de la izquierda podrían sacudirse su miedo servil, mostrar algo de coraje y tomar las medidas que el abominable proceder del señor Trillo merece.


La imagen es una foto de Público, con licencia de Creative Commons)

martes, 31 de marzo de 2009

Setenta y cinco muertos por error.

En la balbuciente y demagógica melopea con que el señor Rajoy regaló ayer a los espectadores de TV1 tuvo la desfachatez de calificar de error la ignominiosa chapuza del señor Trillo en relación el accidente del avión Yakovlev 42. Un error en el que perecieron sesenta y dos militares españoles así como 12 tripulantes ucranianos y un pasajero ruso, que suelen olvidarse en los recuentos. En total setenta y cinco personas perdieron la vida como consecuencia de una desastrosa cadena de decisiones que llevó a contratar para un vuelo una aeronave completamente inadecuada para ello y todo para beneficio de los intermediarios. De esas setenta y cinco personas, una cantidad que no sé si podrá llegar a determinarse alguna vez, entre veinte y treinta, sufrió una posterior afrenta cuando, a consecuencia de las órdenes perentorias del señor Trillo, las autoridades, rizando el rizo de la incompetencia y la chapucería identificaron erróneamente los cuerpos. ¿Cómo se puede calificar de error esa cadena de tropelías, deaguisados, indiferentes a la dignidad de las víctimas y el dolor de sus allegados? Eso no es un error; eso es una monstruosidad, una muestra de inhumano desprecio por los semejantes, una canallada. Y el responsable de ello no es digno de estar en política ni un segundo más y mucho menos comparacer pidiendo en tono indignado dimisiones ajenas por hechos infinitamente más fútiles que los que él cometió.

Porque, ¿es este señor Rajoy el mismo señor Rajoy que hace veinte días pedía a gritos la dimisión del señor Fernández Bermejo por algo que sí que era a todas luces un error y un error minúsculo, comparado con la masacre del Yak 42?

¿Unos errores reales inflados en atropellos a base de dar alaridos se castigan con la dimisión y unos innobles atropellos desinflados en errores se premian con puestos políticos de relieve? ¿Cree este hombre que demostrando tan poco carácter como desprecio por la inteligencia de los electores puede ganar unas elecciones?

Dice el señor Rajoy que el señor Trillo ya pidió perdón. ¿Sí? ¿Ha pedido perdón a la periodista a la que arrojó un euro cuando le hacía una pregunta sobre el Yak 42?

El señor Trillo debe abandonar la política definitivamente y, si no lo hace, los diputados del PSOE y de los otros grupos políticos (incluidos aquellos representantes del PP que crean que la condición de diputado tiene cierta dignidad) deben declararlo "persona non grata", "persona indigna". O resignarse a ser unos pelanas.

(La imagen es una foto de Público, con licencia de Creative Commons)

martes, 24 de marzo de 2009

Falta el señor Trillo.

En el juicio por el lamentable asunto de las identificaciones falsas de los cadáveres de los militares españoles muertos en el accidente del avión Yakovlev 42, que se inicia hoy en la Audiencia Nacional resulta obvio que falta el señor Trillo. Era el ministro de Defensa cuando se produjo el accidente y tuvo lugar el pandemonium posterior que desembocó no solamente en una gran injusticia al entregar a unos familiares los restos de otros sino en un desaguisado administrativo típicamente español en el que las cosas se hacen de cualquier manera para dar la impresión de que se cumplen las normas y los planes, con desprecio absoluto a los derechos de las personas vivas o muertas. Un ridículo de consuno con una canallada. Y es justo que alguien responda ante los tribunales por todo ello, a pesar de que han pasado seis largos años y ha sido necesario luchar con denuedo contra todo tipo de trabas para conseguir que se haga justicia. ¿Se hará ésta si en el proceso ni siquiera comparece el máximo responsable político y administrativo de aquella situación y a quien obviamente se debe imputar la responsabilidad última de la decisión de repatriar unos cuerpos de cualquier modo, resultando que estaban erróneamente identificados?

Ya sé que el asunto es perfectamente legal y se ha preparado a conciencia. Ya sé también que el señor Trillo ha respondido a todas las requisitorias de los tribunales. Es cierto que por escrito y acogiéndose a todo tipo de privilegios; pero lo ha hecho. Ya sé asimismo que si el tribunal no ha considerado precisa la presencia del señor Trillo en el procedimiento ni como testigo habrá actuado correctamente. Pero todo ello no evitará la obvia sensación de que, al final, como siempre, van a pagar los subordinados sin que a partir de cierto punto en la jerarquía se admita no ya culpabilidad sino responsabilidad alguna. Y eso, dado el carácter jerárquico de la administración, especialmente de la militar, es poco creíble.

En su defensa dice el señor Trillo a quien quiere oírle que él es el único que "ha dado la cara por los militares" y que otros los han dejado solos. A primera vista parece lo contrario. Que el señor Trillo no hizo nada porque los familiares de las víctimas, convertidos a su vez en víctimas por la gestión de departamento, recibieran justicia es evidente y, si no lo fuera, lo evidenciará para siempre aquel innoble gesto suyo de arrojar un euro a una periodista que preguntaba por el asunto.

Retrasar el la solución al problema cuanto se pueda y tratar de que no se lleve ante los tribunales puede entenderse como un modo de "dar la cara" por los militares implicados, el modo de la España tradicional de la picaresca. El de la nueva España democrática consiste en exigir que se aclaren todas las responsabilidades desde el primer momento, facilitar el funcionamiento de la justicia y presentarse al frente del pelotón de los hombres bajo su mando asumiendo la parte de responsabilidad en sus actos que le corresponda incluso aunque objetivamente no la tuviere. Que está por ver.

Por todo ello resulta sarcástico que sea el señor Trillo el encargado después en el PP de exigir en los demás comportamientos que él no ha tenido.

(La imagen es una foto de Público, con licencia de Creative Commons)

jueves, 5 de marzo de 2009

La dimisión es cultura de la izquierda.

Los malos resultados electorales del pasado domingo se han llevado por delante a los señores Emilio Pérez Touriño y Javier Madrazo y probablemente hagan lo propio con el señor Anxo Quintana, del BNGa. Los malos resultados electorales, igualmente, se llevaron por delante en 2008 a los señores Josep Lluís Carod Rovira y Gaspar Llamazares. Todos de izquierda. En algún caso también dimiten políticos nacionalistas, como el señor Unai Ziarreta de Eusko Alkartasuna este domingo pasado. Pero ya se sabe que los nacionalistas, sólo por el hecho de querer separarse de España, tienen algo de rojos aunque sean más meapilas que los del PNV.

¿Alguien ha visto alguna vez dimitir a algún dirigente de la derecha por cosechar un fracaso y hasta dos fracasos electorales consecutivos? El señor Aznar ganó por los pelos a la tercera vez, habiendo perdido en dos ocasiones antes sin que se le pasara por la cabeza la dimisión. El señor Rajoy parece querer imitarle: ya lleva cumplida la primera parte del reto, dos elecciones generales perdidas; le queda la segunda parte y la más difícil, esto es, ganar la tercera. Pero si no lo hace tengo para mí que tampoco dimitirá; serán los suyos quienes lo echen... y trabajosamente. En la derecha no se dimite porque toda dimisión tiene siempre algo de elegancia caballeresca, la que manda respetar al enemigo caído, no abalanzarse sobre él a dentelladas y de esa la derecha sabe poco.

Tampoco se dimite por otros motivos. En los gobiernos de Felipe González dimitieron, que yo recuerde, los ministros y vicepresidentes siguientes: Alfonso Guerra, José Luis Corcuera, Narcís Serra, Julián García Vargas, Julián García Valverde, Antoni Asunción y Vicente Albero. En algunos casos dimitieron por escándalos de corrupción propia o ajena (Guerra, García Valverde, Albero) y en otros por escándalos políticos de diverso tipo (Corcuera, Serra, García Vargas, Asunción); igual que acaba de hacerlo el señor Mariano Fernández Bermejo en el gobierno actual. ¿Cuántos ministros de los gobiernos de Aznar presentaron su dimisión? Que yo sepa, únicamente el señor Manuel Pimentel y por razones tan confusas que probablemente la mayoría del país le hubiera pedido que se quedara. De los demás, ni uno y no será por falta de escándalos de uno u otro tipo. Por menos de lo que habían hecho los señores Piqué con sus declaraciones de la renta o Zaplana con sus tejemanejes valencianos, los ministros socialistas hubieran dimitido. Y ¿qué decir de los señores Álvarez Cascos y Mariano Rajoy que continuaron en sus puestos literalmente cubiertos de chapapote por su directa (caso del Álvarez Cascos) e indirecta (caso de Rajoy) responsabilidad en el desastre? ¿Qué de Fraga que, aunque no era ministro, era Fraga, toda una institución, cazando, como el señor Bermejo, con las costas a su cuidado repletas de chapapote? Alguno de aquellos ministros aznarinos que hubiera tenido que dimitir si sus puntos de honor se asemejasen a los de los socialistas, que ni de lejos, como el señor Trillo, con sus militares muertos y mal identificados a su espalda, todavía está tiempo de hacerlo pues es tal su inverecundia que, lejos de dimitir, sigue enganchado en el cargo y tratando de aleccionar a los demás... en materia de dimisiones. Y termínese transitoriamente la nómina recordando que cualquier ministro del interior europeo al que le organizan un atentado como el del once de marzo de 2004 en Madrid hubiera tardado menos de media hora en dimitir y todavía hubiera llegado el segundo, siendo precedido por el presidente del Gobierno, señor Aznar López. Sin embargo el señor Acebes siguió en su puesto, perdió las elecciones y continuó en política, tratando de enredar lo que pudo las investigaciones sobre un atentado terrorista del que era él políticamente responsable.

Pero no, la derecha no dimite. Eso no está en su modo de ser. Como no dimite el señor Fabra, ese "ciudadano ejemplar" según el señor Rajoy que acabará siendo el icono por antonomasia de la corrupción y el caquismo. Como no dimitirá el recientemente electo señor Núñez Feijóo a quien el diario Público ha pillado en una situación moralmente peor que aquella en la que él puso demagógicamente al señor Touriño.

La dimisión es cosa de la izquierda. La derecha no dimite jamás. ¿Acaso no está en política para hacer lo que hace?

Y decía la señora Aguirre, la presidenta de una Comunidad cuyos consejeros espían y están involucrados en casos patentes de presunta corrupción, que nada avala la idea de la superioridad moral de la izquierda.

De aquí a Lima, señora, de aquí a Lima. Y deje de hacer trampas con la comisión de investigación y de encubrir a la trama corrupta y espía de su Comunidad.

(La imagen es una foto de 20 Minutos, con licencia de Creative Commons).

miércoles, 25 de febrero de 2009

Cuestión de (in)dignidad.

Ahora que el señor Fernández Bermejo ha hecho lo que la elegancia, el decoro, la ética y el espíritu de izquierda ordenan, esto es, dimitir, ha dejado de ser un lastre, una hipoteca moral para su Gobierno y su partido. Ambos deben recuperar la iniciativa y responder a los ataques continuos de sus adversarios en su propio terreno. No se trata solamente de volver a plantear los casos de presunta corrupción y supuestos espionajes del PP, que éste pretende silenciar a toda costa y deben seguir su curso procesal. Se trata de que los dos, Gobierno y partido, respondan en la misma onda en que se les está atacando.

Para ello lo primero será plantear cómo sea posible que la ofensiva ética y jurídica contra el PSOE y su Gobierno la lleve un personaje como Federico Trillo, pues esa es cuestión previa a toda otra acción.

Este Trillo es aquel que, siendo presidente del Congreso mandó un coche oficial a recoger en secreto las vacunas contra la meningitis para sus hijos cuando éstas no estaban disponibles para e conjunto de la población dada su escasez y las autoridades sanitarias insistían en que no se vacunase a los niños.

El mismo señor Trillo bajo cuyo mandato como ministro de Defensa se contrató en condiciones rayanas en la infamia un vuelo de un Yakovlev 42 para trasladar fuerzas armadas españolas. En ese vuelo se produjo un accidente en el que murieron los sesenta y tres militares del pasaje. El mismo bajo cuyo mandato se procedió a una identificación apresurada y errónea de los cadáveres originando posteriormente un sinfín de problemas, conflictos, procedimientos judiciales y un calvario para las familias. El mismo que, preguntado acerca de esta cuestión por una periodista, tuvo la desfachatez y la falta de hombría de bien de arrojarle una moneda de un euro.

Ese mismo señor Trillo no dimitió jamás por estos vergonzosos hechos, demostrando con ello ser una persona sin pundonor democrático. Ese mismo señor Trillo, además de no dimitir como ministro tampoco abandonó su puesto de diputado por lo cual numerosos familiares de los militares muertos en el accidente del Yakovlev 42, empezando por el entonces presidente de su asociación, señor Carlos Ripollés, consideraron que es una persona indigna para la política.

Ese mismo señor Trillo, a día de hoy, esgrime dos líneas de defensa cuando le afean los comportamientos descritos, a cual más indigna si cabe. Según la primera ningún juez ha encontrado responsabilidad penal suya en el innoble asunto del Yak 42. Se confunde aquí (probablemente de forma deliberada) responsabilidad penal y responsabilidad política y se toma al auditorio por una manga de imbéciles pues, si algún juez hubiera hallado tal responsabilidad, la cuestión de dimitir o no dimitir no estaría abierta. Ningún juez ha encontrado responsabilidad penal en el señor Fernández Bermejo quien, no obstante, en un gesto tan honroso para él como deshonroso es el suyo para el señor Trillo, ha presentado su dimisión. Porque lo que está en juego aquí no es la responsabilidad penal (objetiva y forzosa), sino la política (subjetiva y voluntaria), si bien solamente cuando se tienen principios.

Por la segunda línea argumental su responsabilidad política se resolvió cuando su partido perdió las elecciones en 2004 y se ha solventado definitivamente cuando, sin embargo, él obtuvo su escaño de diputado por Alicante. Sofisma que avergonzaría a cualquiera excepto al señor Trillo ya que su responsabilidad política era individual, no se sumía en la colectiva del partido en 2004 y debió substanciarse ipso facto del accidente con su dimisión en 2003. Y los escaños, en nuestro sistema electoral, no los consiguen los individuos sino las listas de partidos. Sería muy de ver cuántos votos hubiera obtenido el señor Trillo de presentarse sólo, no en las listas de un partido. Por estos motivos, lógicamente, la asociación de familiares del Yak 42 ve “insultante” que Federico Trillo exija explicaciones a Bermejo por su dimisión. Así lo reitera el actual presidente de la Asociación de familiares del Yak 42 en carta de hoy en El País titulada ¿Y Trillo habla de dimisiones? Es que en verdad es demasiado.

Por otro lado ninguno de estos juicios denigratorios formulados por las víctimas y las gentes de bien harán mella en el ánimo del señor Trillo. Éste es muy consciente de lo indigno de su proceder pues su comportamiento es una mera estrategia procesal: no dimite para no dejar de estar aforado y no tener que dar cuenta de sus actos ante su juez natural. Una actitud cuca y astuta, de escurrir el bulto, de sustraerse a la acción de la justicia, poco más o menos como en su día lo hizo el señor Ruiz Mateos, postulándose como eurodiputado con el mismo objetivo de no dar cuenta de sus actos. Y en esta actitud indigna lo apoya firmemente su partido.

En consecuencia, una vez dimisionario el señor Fernández Bermejo, el Gobierno y el PSOE no pueden admitir que, a continuación, el problema sea el señor Garzón; no pueden admitir que haya siquiera un "caso Garzón". Es obvio y clamoroso que lo que hay es un "caso Trillo" y de eso debe hablarse. Dicho en román paladino: este individuo es indigno (como dicen los familiares de las víctimas del Yak 42) de estar en política, de presidir comisión alguna y mucho más de exigir responsabilidades a nadie.

Y como el único lenguaje que este tipo de personas entiende es el suyo, el Gobierno y el PSOE deben romper toda interlocución con el PP en materia de justicia en tanto quien esté al frente de la otra parte sea un individuo como el señor Trillo y en tanto éste no dimita de todos sus cargos, empezando por el de diputado. Que ya está bien.

(La imagen es una foto de Público, con licencia de Creative Commons).