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viernes, 9 de diciembre de 2016

Al final, es el dinero

Impresionante la lista de actividades mercantiles de todo tipo y muy lucrativas que realiza Felipe González. Empresas, asesorías, conferencias, informes, intermediaciones, un verdadero torbellino que, según parece, le deja una pasta al año a él y a sus familiares. 

Por supuesto, algo inobjetable. González hace bien en ganar dinero con sus actividades lícitas. Por lo demás, tampoco parece tanto en comparación con lo que se levantan otros con actividades ilícitas o directamente criminales. O en comparación con otros políticos cesantes que parecen máquinas de ganar dinero.

Está claro. González hace muy bien en vivir bien. Lo haríamos todos si pudiéramos. Nada que objetar. También hace muy bien en manifestarse en la vida pública en asuntos en debate tanto de índole general como en los que afectan a su partido. Es ciudadano y militante del PSOE. Puede (y muchos creen que debe por adjudicarle el valor añadido de la experiencia) dar su opinión. Sin duda. Y esa opinión suele tener eco y hasta movilizar acciones como la que muy recientemente descabezó al PSOE preventivamente, por sostenerse que Sánchez iba a pactar con los "neobolcheviques" y los "separatistas". 

Insisto, nada que objetar. Solo advertir que el Felipe González que habla hoy es un "optimate", un hombre a quien la vida, la fortuna y su propia decisión han puesto del lado conservador de la sociedad. El misterio de la identidad humana hace que llamemos del mismo modo al Felipe González, abogado laboralista lampante que se puso al frente del PSOE y al Felipe González, potentado que gestiona millones, influye en los medios de comunicación y tiene amigos poderosos. Pero no es la misma persona. Ni mucho menos. Sus palabras no se escuchan de la misma forma. Él mismo tiene una idea del PSOE muy distinta de la que pudo tener al comenzar su carrera. Ahora se ha convertido en aquello contra lo que decía luchar.

Y la diferencia está en el dinero.

lunes, 18 de mayo de 2015

Más sobre la lógica empresarial
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Un par de asuntos más que se me quedaron ayer en el tintero en referencia a la descarada avaricia de la patronal y su deseo de seguir expoliando a la gente con retórica barata de máster del Opus.

En castellano puro "lógica empresarial" quiere decir maximización del beneficio, del lucro privado del empresario, al precio que sea. Ahí empieza y acaba la "lógica empresarial" que de lógica no tiene nada. ¿Qué factor, qué consideración social cabe aquí? Ninguna. Todas las que se aduzcan aumentarán costes y reducirán el beneficio privado. Empezando por los salarios. ¿Cuál es la lógica empresarial? Salarios, cero. Que los trabajadores trabajen por nada, que sean esclavos, que no tengan derecho a nada, ni festivos, ni puentes. Nada. ¿Coste de materias primas? Cero, también. ¿Por qué comprarlas a los pueblos que las producen si se puede robarlas y, de paso, esclavizar a los nativos y venderlos a buen precio a otros empresarios lógicos? Hubo un tiempo de oro en que la "lógica empresarial" era imperial.

Lo divertido es que, aplicando esa "lógica", con los trabajadores sin dinero para comprar los productos que ellos mismos fabrican y los empresarios les arrebatan por una fracción de su valor o, simplemente, si pueden, por nada, la producción se para, viene la crisis y los "lógicos" empresarios se arruinan. Porque la "lógica empresarial", la de la avaricia y la codicia sin límites, lleva a todos al desastre por ser profundamente estúpida. Y es entonces cuando hay que echar mano al Estado y pedirle que intervenga para poner orden en el espantoso quilombo que organizan estos parásitos condenados, como todos los parásitos, a destruir aquello de lo que se alimentan.

Curiosa la relación de los empresarios "logicos" con el Estado, vale decir, con la Ley. En principio la necesitan porque no hay seguridad económica ni posibilidad de cálculo racional ni planes ni nada si no hay seguridad jurídica. Los empresarios, como todos, necesitamos que la ley nos ampare en nuestros derechos, garantice que los pactos se cumplan y se castigue a quien actúa ilegalmente y en perjuicio de otros. Pero tampoco quieren mucho Estado y claman por el "Estado mínimo", el que menos interfiera con la libertad de las transacciones en el mercado y, sobre todo, el que menos interfiera en sus ilegalidades y hasta sus delitos cuando la "lógica empresarial" les dice que hay que cometerlos. Porque el análisis de costes-beneficios que lleva al empresario a maximizar su lucro puede aconsejarle correr un riesgo (¿acaso el romántico emprendedor no es el que corre riesgos?) y quebrantar la ley porque así se enriquece más y antes. En resumen: su idea del Estado es un sabio juste milieu: Estado máximo para los demás, que no puedan lucrarse ilícitamente y Estado mínimo, incluso, desaparición del Estado, de la ley, la policía, los tribunales y la cárcel para él, que es un representante de la lógica empresarial.

¿El paradigma? A la vista está. Bueno, no está a la vista porque se encuentra a la sombra y entre rejas, pero es el antecesor de Rosell en el cargo, Díaz Ferrán. De la presidencia de la CEOE directamente a la cárcel. Su sucesor no se corta un pelo para formular la misma doctrina por la que el otro sinvergüenza está en el talego. Y no lo hace porque la legión de granujas, vendidos, mercenarios y sicarios a sueldo de la patronal en fundaciones, think tanks, universidades, centros de estudios, medios de comunicación, se encargan de tergiversar el lenguaje y el significado de las palabras para que expresiones como "lógica empresarial" se asocien con eficacia y eficiencia, prosperidad y alto nivel de vida y no con explotación, engaño, robo, miseria y, en último término, delito.

Es un repaso semiótico total. Los patronos ya no son patronos; ni siquiera "empresarios". Ahora son "emprendedores", como si esta cuadrilla de mangantes, al estilo de Díaz Ferrán o Arturo González, hubieran emprendido algo alguna vez que no fuera mirar el BOE y darse comilonas en las que hacen chanchullos con sus amigotes de la derecha en cargos públicos, todos tan granujas como ellos.

Así se hace con todo y se convence al personal de que el que roba es un creador de riqueza y el robado, un vago perezoso que merece su destino. Cuanto más estúpido es el auditorio, más éxito tienen estas monsergas. ¿No han escuchado nunca al sobresueldos balbuciendo que son los "emprendedores" los que crean riqueza? No, buen hombre. La riqueza la crea el trabajo humano. El capital lo que hace es explotarlo y, en una relación dialéctica que usted jamás entenderá porque le falta con qué, también lo potencia. Es una relación antagónica, la trasposición de la dialéctica del señor y el siervo. Dejado a su libre albedrío o "lógica empresarial" (y a la verdadera, no a la de estos enchufados parásitos del Estado) el capital acaba con el trabajo, con la riqueza y consigo mismo. Por eso debe intervenir el Estado, la Ley, para proteger los derechos de los verdaderos creadores de la riqueza, los trabajadores y, de paso, irónicamente, también a quienes los explotan. Porque, si el Estado no interviniera no hay duda de que el señor Rosell acabaría hablando de "lógica empresarial" con el señor Díaz Ferrán en Soto del Real.